FrancoLFernandez
Rango7 Nivel 34 (2278 ptos) | Autor novel
#1

Antes de comenzar con mi relato quiero contarles primero acerca de un personaje muy particular que vivía en mi barrio, en los años en que yo iba a la secundaria. Don Alberto era un hombre de la tercera edad que atendía un negocio en su casa frente a la mía, esa clase de negocios que venden en lo que respecta a alimentos casi de todo y algunas cosas más. En la ciudad donde vivía era muy típico ver esa clase de negocios en los barrios alejados del centro de la ciudad, como si fuesen una especie de resistencia a la imponente presencia de las grandes empresas de supermercados.

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FrancoLFernandez
Rango7 Nivel 34
hace alrededor de 3 años

Aclaracion: este texto no es produccion mia. Un amigo me pidio que publicara su cuento en alguna comunidad virtual, con la esperanza de que pudieran opinar sobre la historia para asi el saber en que aspectos mejorar su escritura. Desde ya agradeceria a quienes se acerquen a leer esta historia, que me dejen sus opiniones para asi trasmitirlas al autor. Gracias


#2

Pues bueno, les contaré porque siempre lo etiqueté a don Alberto como un personaje.

Desde que lo conozco tiene la particularidad de abrir su negocio a las 8:00 am, ni un minuto más ni un minuto menos, como si se tratase de algún empleado de fábrica que tiene que pasar puntualmente su tarjeta para ser registrado. Siempre me llamó la atención, y no crean que me percaté de su hábito por ser un obsesivo con la gente; simplemente a esa hora esperaba el colectivo a un par de casas de la mía para ir al colegio, y lograba verlo mientras abría sus puertas para atender a la gente, siempre con una puntualidad impecable. A veces pensaba que lo hacía debido a que cuando uno se vuelve mayor tiende a seguir lo cotidiano de forma muy disciplinada, como si estuviese esperando que al no cambiar nada el tiempo deje de avanzar; al menos así lo veía entonces.

De todas maneras no era el único en notarlo. En el vecindario técnicamente era como una clase de reloj. A veces cuando a algún chico se le hacía tarde para ir al colegio se escuchaba a algún padre gritar “rápido que ya abrió don Alberto”, o a algún adulto a punto de salir para el trabajo a las corridas, “Menos mal, todavía no abrió don Alberto”. Era como la alarma del barrio que indicaba que ya eran las 8:00 de la mañana.
Otra cosa curiosa es que nunca hubo día que no abriera su tienda, solo se tomaba las mañanas del domingo, o salvo que fuesen fechas festivas. Aunque hubo años que lo vi abrir temprano en la mañana de Navidad. Siempre colocaba un letrero que decía “Don Alberto – De todo un poco – Abierto de 8:00 a 13:00 y de 16:00 a 22:00”. Pensaba que lo hacía como una broma para él mismo, ya que creo que todos en el barrio sabíamos a qué hora podíamos encontrarlo.

El hombre vivía solo, su mujer había fallecido unos años antes de que mi familia se mudase y sus hijos eran ya grandes, todos casados y con hijos. Lo visitaban de vez en cuando, incluso en esos momentos el no cerraba su negocio. Cuando sus hijos iban a su casa se lo podía ver con alguno de ellos tomando mates en la vereda sin despegar la vista de su querida tienda, o sino también, jugando con sus nietos o vigilándolos de cerca, siempre sin descuidar a la gente que iba a comprar algo.
Pues ese era Don Alberto, al menos el que yo conocí, siempre extremadamente puntual y sin ninguna escusa suficiente como para cerrar su negocio.

Hace alrededor de 3 años

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Romahou
Rango18 Nivel 89
hace alrededor de 3 años

El lenguaje es pulcro, atinado.
Y quedo con curiosidad mirando debajo de las letras para saber más sobre esa puntualidad-rutina que algo esconde.

Saludo


#3

Ahora voy a contarles lo que me sucedió en ese entonces, cuando era estudiante de secundaria. No pretendo que me crean si es que hay algo en lo que creer, solo quiero compartir esto para que, si alguien que le haya ocurrido lo mismo lee esto, sepa que no fue el único al que le sucedió.

En el 2008 cursaba el 3er año del colegio secundario, tenía 16 años. Era un adolescente bastante común, sin la más mínima idea ni interés respecto a que sería de mi futuro, pero muy preocupado de cosas tan frívolas como mi aspecto y la atención de los demás, pese a que jamás quise admitirlo. Si bien mis gustos e intereses eran los esperados de un chico de esa edad, habían algunas cosas rescatables que fueron las responsable de mi formación en la actualidad. Una de esas cosas era el gusto por la ciencia, en particular la física. En ese entonces no sabía más que lo divulgado en forma de documentales o informes en páginas de internet de interés general. No era muy fanático de los libros y mucho menos era lo suficiente autodidacta como para poder ilustrarme de forma más técnica con los temas que me interesaban. Esto limitaba a que mi conocimiento en ciencias pareciera solo un cuento de hadas, como la doctrina de una religión, pobre de fundamentos lógicos que lo respalden. Pero así como el adepto religioso, las pocas cosas que sabía eran suficientes como para capturar mi interés y ganarse mi fe.

Durante septiembre de ese año todo el mundo de la ciencia y gran parte de los medios internacionales hablaban acerca de la pronta puesta en marcha del acelerador de partículas más grande del mundo ubicado en Ginebra Suiza, el LHC (Large Hadrone Collider), el CERN (Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire), la máquina de Dios. Correspondía a uno de los eventos científicos más importantes del siglo y en todos lados se escuchaba acerca de lo que podría significar y las cosas que se podrían descubrir, pero también muchos hablaban de posibles consecuencias negativas que este podría provocar.

En ese entonces no entendía muy bien la significancia del inicio de tan soberbio y ambicioso experimento, si bien actualmente tengo un mejor entendimiento de todo lo ocurrido hasta ahora, siempre esta ese pequeño y molesto limite que no deja avanzar a mi curiosidad.

Quería escuchar todo lo que las noticias tenían que decir al respecto, quería leer todos los
artículos que pudiese entender, pero también no dejaban de llamar mi atención los rumores que circulaban acerca de que este experimento podría llevar al fin de la tierra.
En cualquier medio en el que se hablaba acerca del CERN siempre salía el tema del fin del mundo, sin importar que tan seria fuese la discusión; en si parecía más un tema para atraer audiencia o lectores, más que algo que debería ser tomado en serio.

Básicamente a lo que apuntaba este gran laboratorio era acelerar un haz de protones, partículas subatómicas cargadas positivamente, a lo largo de los 27 Km de diámetro que constituía el gran anillo que era el colisionador, a velocidades cercanas a la de la luz. Simultáneamente otro haz de protones acelerado estaría circulando el anillo pero en sentido contrario. En un determinado punto ambos haces se encontrarían, como consecuencia los protones colisionarían entre ellos con tal energía que estos se fragmentarían en pedazos mas pequeños, las partículas de las que están formados. A su vez estas partículas podrían seguir colisionando entre ellas y la fragmentación continuaría, revelándonos las partículas fundamentales de las que están hechas, y toda la materia en sí. Bueno, como verán esto suena muy apasionante, pero la gran inauguración solo iba a consistir en lograr que un haz de protones complete una vuelta entera al anillo a la velocidad de colisión. No suena muy sorprendente, pero representaría que todo estaba funcionando apropiadamente para los próximos experimentos, y que décadas de trabajo y esfuerzo conjunto de muchos científicos de todas partes del mundo habrían valido la pena.

Si bien, como acabo de mencionar, el primer experimento no iba a involucrar ningún tipo de colisión ni liberación de gran energía, sino solo un “simple” paseo de los protones alrededor del CERN, había mucha propaganda acerca de que el funcionamiento de estas instalaciones provocaría el fin del mundo. Existía una teoría, la cual nunca supe si tenía alguna base verdaderamente seria, que sostenía que el funcionamiento del HLC podría generar un agujero negro, una masa tan densa y pesada capaz de distorsionar el tiempo y el espacio de tal manera que nada podría escapar de su atracción gravitatoria; y que la tierra seria absorbida por este, llevándonos al fin de la existencia.

Hace alrededor de 3 años

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#4

Esto atrajo mi interés por saber un poco más acerca de los agujeros negros y la verdad que hasta el día de hoy no me deja de asombrar las cosas que descubro de ellos. Una cosa muy interesante de los agujeros negros es el “horizonte de sucesos”. Se trata de una distancia, con respecto a su centro, de la cual se dice que ya no hay retorno, nada puede escapar, ni siquiera la luz. Por esta última razón es que no sabemos lo que hay del otro lado de un agujero negro, porque es imposible que escape luz desde su interior para contarnos lo que hay allí. Esta duda por años ha dado noches sin dormir tanto a físicos como ha escritores. Pero hasta ahora lo que se sabe sin importar que tan lógico sea, solo forma parte de nuestra imaginación. Algunos piensan que puede tratarse de puertas hacia otras partes del universo, otros universos, otra “realidad”…

Volviendo a lo acontecido en ese entonces, todos los rumores que habían en torno al posible fin del mundo representaba para la vasta mayoría, ajena a la física teórica, un verdadero miedo. Tal vez no del tipo que genera pánico o histeria colectiva, pero si el del tipo de sentimientos encontrados. Por parte uno confía en lo que dicen los expertos, o le es indiferente el asunto, pero aun así esta esa pequeña voz, en algunos más sonora que en otros, que grita, advierte, nos recuerda la pequeña probabilidad de peligro y nos roba un suspiro cuando las cosas están aconteciendo. Cuando todo este evento estaba por ocurrir, esa voz no era ajena a mí.

Como era de esperar la prensa usaba cualquier elemento que tenía para poder llamar la atención para esta noticia, incluyendo las teorías apocalípticas. Habían charlas y entrevistas a científicos muy importantes donde no se escapaba la pregunta “¿qué posibilidad hay que esto provoque el fin del mundo?”. Incluso llegaron a haber manifestaciones para evitar que este experimento se lleve a cabo, pero de escasa concurrencia como para llamar demasiado la atención.

La “gran fecha esperada” era el sábado 10 de septiembre de ese mismo año. El gran colisionador iba a comenzar con su funcionamiento a las 9:30 de la mañana hora de Ginebra Suiza, en mi país serían entonces las 4:30 de la mañana. El 9 de septiembre por la noche, recuerdo ver los noticieros antes de dormirme, y la inauguración formaba parte de uno de los muchos títulos de esa emisión, nada más importante que el resto de las cosas que estaban pasando a lo largo del país o del mundo. Desde mi joven perspectiva creía que no se le daba la suficiente importancia, que tendría que estar entre los títulos principales y debería de haber algún tipo de transmisión en vivo con corresponsales, de alguno de los noticieros locales, en Ginebra y cosas así ¡Pobre y dulce ingenuidad juvenil la mía!

Esa noche del 9 de septiembre, antes de dormirme, activé la alarma de mi celular a las 4:25 de la mañana, con la esperanza de poder sintonizar en la televisión alguna transmisión en vivo antes del inicio del experimento. Estaba tan ansioso que debo haber tardado un par de horas antes de por fin dormirme. Por mi cabeza se cruzaban pensamientos muy fugaces, cada uno desapareciendo tan rápido como el anterior sobre la estela del siguiente. Pensaba en la llegada del hombre a la luna, el lanzamiento de los satélites Voyager, las primeras imágenes enviadas desde el Hubbel y muchos otros eventos científicos fascinantes, incluso cosas futuras que esperaría ver a lo largo de mi vida. Pero cada tanto esa pequeña voz ruidosa se hacía escuchar, junto con pensamientos que creía mi cabeza había deshecho totalmente, pero ahí estaba haciendo ruido, bastante silencioso pero presente.

El cansancio terminó por ganarme y caí dormido tan profundamente que no recuerdo sueño esa noche, poco común en mis momentos de ansiedad. El despertador sonó a la hora programada con su sonido polifónico bastante molesto y útil para su función. Tardé un poco en estirar la mano para poder apagarlo. Como siempre, existía un lapso de unos segundos en los que quería dejar que siga sonando hasta apagarse sin inmutar mi tan cómoda posición en la cama; pero el maldito sonido siempre lograba ganar a mi paciencia y comodidad. Torpemente busque el control del televisor en mi mesa de noche, al dar por fin con el encendí televisor y busque entre los canales de noticias más de una vez la esperanzada pero poco probable transmisión en vivo.

Luego de aceptar la desalentadora realidad esperé en uno de los noticieros de mayor popularidad. La noticia no dejaba de formar parte de uno los títulos del segmento de “resumen de títulos”, sin que se le dé alguna mayor importancia que el resto. Pasaron quince minutos desde que me había despertado y nada nuevo se informaba al respecto.
Cerca de las 4:50 de la mañana en un nuevo “resumen de títulos” informaban que habían surgido problemas con uno de los refrigerantes de los imanes superconductores del acelerador, por lo que la inauguración se retrasaría un par de horas. Me sentí bastante desilusionado, pero en parte satisfecho porque al menos se molestaron en informar eso. Para ese momento el cansancio había vuelto, así que programé el despertador de mi celular para las 7:00 de la mañana y volví a dormirme.

A partir de este punto es donde las cosas puedan diferir un poco de la realidad, sea lo que eso sea. No sé qué hora era, pero recuerdo que no había suficiente luz como para que el instinto me fuerce a despertarme. Me había despertado pero no quise abrir los ojos. No sabía que había cortado mi sueño, pero podría jurar que había sido una explosión, un estruendo, como si algún vehículo hubiese chocado. Pasaron un par de minutos y yo seguía sin querer abrir los ojos, cuando de repente empecé a sentir que la tierra se sacudía, al comienzo de forma sutil, pero pronto se convirtió en un sismo bastante enérgico. Si bien el lugar en donde vivía entonces era y es una zona donde un par de veces al año ocurre alguno que otro sismo, este era bastante fuerte en comparación a cualquier otro que hubiera ocurrido anteriormente. Y lo que más me inquietaba, era la voz en mi cabeza que gritaba “!Peligro!”, que resonaba por primera vez en mi vida como una multitud en pánico.

Tal vez haya sido el miedo, o la esperanza que todo fuese un sueño lo que hiso que mantuviera mis ojos cerrados pero, si algo era seguro, sin importar lo que pasase no iba a abrirlos.

No sé cuánto tiempo había transcurrido desde el inicio del sismo hasta que los siguientes eventos se desencadenaron, a mi parecer una eternidad, pero en situaciones como esa nuestra percepción del tiempo se ve bastante alterada por nuestro instinto de supervivencia, para poder tomar decisiones y actuar mucho más rápido. En mi caso, mi instinto solo me había encerrado en una jaula de la cual no podía salir, y donde el tiempo transcurría muy lentamente lo que solo lograba alargar el terror.

El verdadero miedo surgió luego, cuando el sonido del crujir de maderas empezó a hacer eco en mi habitación. Era mi cama, algo estaba haciendo que cediera ante su propio peso y el mío. Por mi parte, parecía como si estaría pesando varias veces mi peso normal, a tal punto que creía imposible poder levantar siquiera un dedo. Como dormía en ese momento boca abajo sentía que me iba asfixiando de a poco por la presión que hacia mi rostro contra la almohada. A todo esto el sismo seguía siendo más o igual de intenso que unos instantes atrás.

Llego un punto en el que la asfixia y la presión fueron tan grandes y desesperantes que empecé a sentir mucho dolor. Dolor porque sentía a mis músculos colapsar por su propio peso, a mis huesos crujir por su probable ruptura, y por esa voz que gritaba tan fuerte que parecía ser la responsable del sangrado en mis oídos. Aun así me negaba a abrir los ojos, aferrado a la para entonces pobre esperanza de que se tratase de un sueño. Eso no era un sueño.

“El CERN”, pensaba, “algo había salido mal”. Estaba seguro que algo muy malo había ocurrido. “¿Acaso todos esos ridículos argumentos tenían algo de razón?”. Lo cierto es que, en ese momento, estaba muriendo por algo que me empujaba con tanta fuerza al suelo que parecía que iba a fundirme con él y la cama pronto.

Mantuve con terquedad mis ojos cerrados, pero aun así empecé a ver un juego de colores a través de mis ojos. No sé si habrá sido consecuencia de la gran presión sentida por mi cerebro, pero todo un espectáculo de colores y luces se desplegó entre el espacio que existe entre mis ojos y mis parpados. En este punto el dolor en todo mi cuerpo se volvió extremadamente intenso. En cualquier momento iba a quedar inconsciente entre todo el caos que se desarrollaba a mi alrededor.

No se cuales habrán sido mis últimos pensamientos, ya que para entonces estaba muy aturdido por el infierno que sentía todo mi cuerpo, sin embargo en ese instante decidí abrir los ojos por última vez.

Hace alrededor de 3 años

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#5

Al abrirlos tarde un poco en vislumbrar lo que había a mi alrededor. Frote con una de mis palmas mis ojos y solo veía mi habitación sin ningún tipo de cambio en absoluto. Tarde unos segundos en percatarme de que tanto el sismo como todo ese horrible malestar habían desaparecido. Al mirar hacia mi ventana se podía notar algunos rayos de luz que se colaban a través de mis persianas, los suficientes como para hacer todo nítido en el lugar. Me sentía un poco aturdido pero no como consecuencia de todo lo ocurrido sino, al parecer, por una aparente profundo y buen lapso de sueño.

Al despertarme completamente busque mi celular en mi mesa de noche para revisar la hora. Eran las 8:00 am y no había sonado el despertador. Es muy difícil que ese maldito sonido no me despierte, por lo que revise las alarmas programadas y me extrañó ver que no tenía ninguna a las 7:00 am. Estaba seguro que había puesto la alarma para ese horario, pero jamás sonó, porque jamás la programé aparentemente.

La voz en mi cabeza volvió a gritar por dentro, “¡El CERN!”, retumbo en mi cabeza. Agarré el control y con desesperación prendí el televisor, y tuve que buscar los canales de noticias ya que aparentemente lo había apagado en un canal de películas (haciendo memoria, no recuerdo que haya sintonizado ese canal antes de dormirme). Al encontrar el último canal que había visto antes de dormirme por segunda vez, esperé hasta el resumen de títulos. Ahí apareció la siguiente noticia.

“La máquina de Dios. Esta madrugada el gran acelerador de partículas CERN logró hacer circular con éxito un haz de protones alrededor del colisionador en su prueba inaugural. Ampliaremos”.

El experimento, había tenido éxito. Aparentemente nada de lo que había vivido había sido real. En ese momento no sabía que pensar.

Me apresure a cambiarme y bajé las escaleras de mi casa hacia la cocina. Encontré a mi hermano desayunando mientras mi mamá adelantaba algunas cosas para el almuerzo, y mi papá revisaba la heladera que desde hacía un par de días atrás no encendía su luz al abrirse. Les pregunte si habían sentido algo raro durante la madrugada, como un sismo o al menos un choque, o alguna explosión. Ninguno había sentido nada, ni siquiera mi mamá que siempre se caracterizó por tener un sueño muy ligero.

Me sentía confundido más que alterado y al parecer así lo transmitía mi rostro, ya que nadie en mi familia se preocupó por lo que les estaba contando. Me senté en la mesa y desayune en silencio, con los recuerdos de esa noche reproduciéndose una y otra vez en mi cabeza. Por momentos prestaba atención a la radio, la cual siempre estaba prendida en mi cocina, para escuchar si había alguna noticia del gran sismo que había vivido, pero nada.

Termine mi desayuno y salí hacia la vereda de mi casa para ver si había ocurrido algo, algún cambio en el entorno. Esperaba notar entre los vecinos o la gente que pasaba si alguien hacia alguna mención de alguna cosa rara que hubiese pasado esa noche, aunque sea la más mínima. Pero nadie decía nada al respecto.

Cualquier persona que lea esto puede considerarlo ficción por el hecho de tratarse de un
cuento. Los que crean que no estoy inventando nada pueden pensar que solo se trató de un sueño, una pesadilla creada por mi susceptibilidad ante el gran bombardeo de teorías apocalípticas ridículas, llegadas a mi por la gran e influyente prensa. Pero eso no fue un sueño, fue real.

Las razones por las que digo esto son dos. La primera es porque jamás he tenido sueños tan vívidos, y es desde mi punto de vista no se sintió como un sueño, sino como realidad, sea lo que sea la realidad. La segunda razón y la más importante es que esa mañana cuando me asomé a mi vereda vi a don Alberto barriendo la suya mientras habría su negocio y ponía un letrero que decía:

“Don Alberto – De todo un poco – Abierto de 9:00 a 13:00 y de 16:00 a 22:00”

Hace alrededor de 3 años

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