amongreveries
Rango3 Nivel 11 (107 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
    Partes:
  • #2

Una vez estuve en un barco que quería montar el horizonte. Navegaba cada día, más bien cada noche, tratando de sacarle algo de ventaja a la negrura caliginosa para, tal vez, llevar unos segundos de ventaja en el próximo amanecer y poder tirarle de la túnica a Aker. A veces paraba en algún puerto perdido y se iniciaba un baile de pasajeros por el cual variaban los cuerpos pero se mantenía el peso en proa de esa carne sombría enferma de esperanza crónica. Sus figuras estaban desnutridas, su ropa sucia, pero sus ojos brillaban con lucidez luminante. Cuando subí a la embarcación supe que mi determinación estaba hecha de vaho y que tarde o temprano se evaporaría, mas eso no me impidió jugar durante muchas noches a creer en lo increíble. Al bajarme, ni tan siquiera sabía cómo tenerme en pie en el mundo real, pero aprendí, igual que había aprendido a creer una vez. En ocasiones, aún oteo el río en busca de ese barco pintado de verde desgastado. Sé que nunca más subiré.

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David_escritor
Rango7 Nivel 30
hace casi 5 años

Me ha encantado, me gusta mucho tu estilo :)

amongreveries
Rango3 Nivel 11
hace casi 5 años

(: Muchas gracias. Seguiré intentándolo un poquito con los microrelatos.


#2

La princesa de Mamihlapinatapai sólo comía tarta de pistachos: era el único postre que podía ingerir su delicado y sibarita estómago. El pistacho era el elemento fundamental de la dieta de la princesa: lo desayunaba, comía y cenaba de una forma u otra, siempre acompañado de las mejores viandas cocinadas por los más excelsos cocineros. Pero ahora la princesa de Mamihlapinatapai está lejos de casa. Su vestido está sucio, y corre la voz de que comienza una nueva era lejos de las princesas y los reinos. Las grandes capitales europeas no valoran la cultura del pistacho tan popular en Mamihlapinatapai, así que cuando ojea la carta de los restaurantes sólo puede comer decepción. Tras recorrer toda la ciudad a pie, rompe a llorar ante la última negativa ¿será posible que en ninguna parte preparen tarta de pistachos? Pero entonces un mozo de almacén se levanta y habla. "Yo tengo unos pistachos. Si quieres, puedo dárselos al cocinero para que los ponga en tu tarta." Ella sonríe y lo acepta, sin sospechar aún que esta concesión del destino no detendrá la caída hacia lo irreparable.