Jean
Rango7 Nivel 32 (1834 ptos) | Autor novel
#1

Yago, en la cama, frágil como una muñeca de porcelana. Mi ritmo cardíaco aminora por cada bocanada de aire. El tiempo se me echa encima, a la vez que la parca, con aquella bella guadaña. ¿Qué estoy diciendo? Veo bella a la muerte. Estoy perdiendo poco a poco la cordura. Me desmayé del agotamiento.

Cuando desperté, lo primero que pude ver a mi alrededor, fue una obscuridad absoluta. ¿Estoy muerto ya? Me pregunté con miedo. Entonces, una mano suave como la seda, cálida como un rayo de sol que penetra entre las rendijas de la persiana, tocó mi cara.

-Cariño, estoy aquí.
+O yo estoy allá. -Respondí-.

Con muchos esfuerzos, entreabrí los ojos y la vi, tan destrozada. No parecía que fuera yo el que estuviera en sus últimos momentos. Cada lágrima que florecía de entre sus ojos, era para mí como una puñalada. Y me maldije, tantas veces como pude, por entristecer aquel angelical rostro.

Y ahí estaba yo. Un alma en pena al borde del abismo, con la soga acariciándome el cuello.

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#2

No pasó ni siquiera un segundo, cuando me vi en una sala, no más grande que un granero. Allí estaba ella, la manera más bonita de morir. Desprendía energía. Era alta, esbelta, con un cuerpo envidiable y con unos ojos de gato pardo. Erradiaba confianza y a la vez miedo. Así es, la muerte también fue vida en su momento.

A lo lejos, pero a la vez cercano, empezó a sonar un vals. Ella, me miró como mira un ciego. Con todo, menos con los ojos. Se me acercó dando saltitos, no... No eran saltos. Estaba bailando, lentamente hacia mí.

-Muerte es mi nombre. ¿Y el tuyo muchacho?
+S-s-sebastián. -Contesté con tartamudeo-.
-¿Bailas?

Sus brazos me rodearon, con delicadeza, como cuando una madre abraza a su recién nacido, y empezó a llevar las riendas de aquel baile. Entrañable la manera de moverse, con suavidad, con morbosidad.

+Para ser Muerte, eres demasiado bella. Dime ¿fuiste un ángel?
-No. No me hagas reír, chico. Muerte, es decir, yo, supuré vida por los poros, también. No fue sino la decisión de alguna deidad el ser lo que soy ahora. O la simple broma de un Dios jocoso. Eso, o una interminable pesadilla.

No entendía muy bien quién fue. Pero sí quién era. El silencio, ahogó los gritos de desesperación que mi desgarrado pecho bramaban.

Muerte, en cambio sonreía, mirándome fijamente con ojos espectantes. Parecía devorarme entre pestañeo y pestañeo. Sus labios, en cambio, susurraban que la besara, lenta y apasionadamente.

No sé lo que pasó, pero justo ahí, me entraron deseos, ansias, ganas de hacerla mía aunque eso supusiera morir. Ya no existía otra alternativa para mí. Perdí completamente la cabeza.

En un paso en falso, la acosté en el suelo. Lo tenía claro, si lo hacía, quería hacerlo ahí y con ella. La besé, dejándola así sin habla. Como si mi vida dependiera de aquella acción.

-Estás loco. -Me dijo, con la cara rojiza-.

Y nos desvanecimos entre miradas, sonrisas y aquel vals que poco a poco se distanciaba.

Blason
Rango4 Nivel 17
hace casi 5 años

Nunca dejas de sorprenderme, hilvanas de un modo envidiable, cada párrafo es un bucólico placer, sigue así

Jean
Rango7 Nivel 32
hace casi 5 años

Deje usted las formalidades. Y sobretodo el obligarme a ponerme su altura. He dicho.


#3

El olor a suero, medicinas y a camilla me invadían pausativamente. El incesante ruido del electrocardiógrafo me despertó. Entre sudores, náuseas y el exhausto dolor que me impedía mover siquiera las cejas. ¿Que cómo había llegado al hospital? Supuse que mi mujer, asustada, me había trasladado. Quizá para tenerme más monotorizado. O para encontrar solución alguna que pudiera hacerme mejorar.

En primicia oía cómo los médicos hablaban con mi querida esposa, cuya sonrisa había sido rota por semejante imbécil. Oí claramente, que ya no me quedaba mucho, que tratarían de paliar cual sea la aflicción que tuviera. Cualquier suplicio era mejor que escucharla llorar. Me rompía por dentro.

Entre voces y voces, me quedé dormido. No recordaba lo que era descansar sin notar congoja alguna. Sentía paz por doquier. Juraría que aquella vez sonreía.

El susurrar de Marta, penetraba directamente a mi tímpano. -No se puede hacer nada. -Sollozó-. Quise reponderla, pero el nudo en la garganta no me dejaba articular palabra. ¿Qué iba a hacer? Hacía unos escasos segundo que moría besando a Muerte, haciendo así que cayera en enamoramiento. Olvidando por completo a mi amada cónyuge.

La soga se ceñía lenta, pero inexorablemente. Ya no había marcha atrás. Daría cualquier cosa, por volver a besar aquellos gélidos labios, por contemplar asimismo esos felinos ojos. Por volver a bailar aquel vals.

El electrocardiógrafo, inundó de estrepitosos ruidos la silenciosa sala. Ya menguaban mis últimas fuerzas, y la esperanza parecía haberme abandonado. Hora de partir -me dije-. Exhalé mi último aliento, en símbolo de despedida. Marta, en cambio, atrapó aquella última exhalación besando mis ya fríos labios y sin esencia. Y lloró, desconsolada y descompuesta.

Ahí quedé, tumbado en la camilla. Anhelando sus rasgos, sin entender cómo algo tan bello podía ser sinónimo de fin.

escritor_1345
Rango1 Nivel 0
hace casi 5 años

No tengo palabras para describir la historia.

Jean
Rango7 Nivel 32
hace casi 5 años

Y yo no tengo palabras para agradecer comentarios como e tuyo. Gracias, gracias.

Sof
Rango10 Nivel 45
hace casi 5 años

Es increíble, nunca se me habría ocurrido nada ni parecido

Jean
Rango7 Nivel 32
hace casi 5 años

Soy muy trágico, supongo. Increíble son tus escritos, Sof. Ag, verte por los míos es... No hay palabras. Gracias por leerlo.

Sof
Rango10 Nivel 45
hace casi 5 años

Jajaja yo también, pero es que tú lo cuentas de una forma tan bonita, ay. Lo mismo digo, en serio.

Jean
Rango7 Nivel 32
hace casi 5 años

Jajaja, bueno, bonita. Si tú lo dices... Eres increíblemente adorable, Sof.

Sof
Rango10 Nivel 45
hace casi 5 años

Jajajaja no tanto, pero gracias aw.