daimon_3442
Rango8 Nivel 37 (2754 ptos) | Poeta maldito
#1

Cerré un momento los ojos, cansado del tinte verdoso que tomaba todo bajo los fluorescentes que iluminaban el pasillo, de lo opresor que se volvía aquel lugar conforme pasaba más tiempo. Bajo esa luz, engullido por la continua monotonía de un blanco de hospital, descansando los ojos, aislandome, con los párpados cerrados, aunque sólo fuera por unos instantes de aquella sala de urgencias.
— Perdona, ¿eres tú el que ha traído al del coma? —
Era un enfermero con su típica bata blanca, blanco de hospital, echó una rápida mirada al pasillo desierto como confirmando que no había nadie más, para quedarse ahí, fijo, esperando alguna respuesta, como el gesto con el que me limité a darle la razón, para poder continuar con su pequeño discurso.
— Bueno ya está todo, tu amigo está bien, ahora duerme ya hemos llamado a sus padres. Así que puedes quedarte tranquilo, vete a casa, tú también deberías dormir, te hace falta y la próxima vez controlar más, de acuerdo. —
Dijo mientras me acompañaba hasta la salida. Fuera aún era de noche.
Deseaba salir del hospital, alejarme de esa sala de urgencias.

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#2

Al poco, empezó a amanecer, en lo que parecía ser un día no sólo de resaca para Javi sino también para mí, en que sólo me preocupa encontrar uno de esos lugares abiertos más allá de todo horario, donde uno puede tomar la última y trasnochada copa para después decidir en que bar acabar echando la pota, antes del primer café.

Julia siempre lo tomaba con leche, era toda una institución del cortado, estaba muy orgullosa de ser fiel únicamente a dos cosas "Los Rodríguez" y claro su café, así que no es de extrañar que ella y yo termináramos un día por encontrarnos, y fue esa misma tarde, mortalmente cansado, mortalmente aburrido, en que salí de casa después de comer; casi sin darle tiempo a mi madre a las acostumbradas quejas sobre su retoño, una crítica sobre el poco tiempo que pasaba en casa y que a mí tanto me recordaba ese anuncio de coches que no hacía mucho solían pasar por la televisión.

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Angelgabriel
Rango10 Nivel 45
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Interesante, habrá que ver más hacia dónde va la historia.


#3

Cuando Ángel me vio aparecer, sólo le faltó saltar la barra y echarme a la puta calle a patadas. Actitud muy poco civilizada que no suele mostrarse frente a un amigo, pero en ese momento Ángel no estaba para familiaridades, mucho menos conmigo. Para tomarme el café parecía que tocaba tener que implorar, caer de rodillas.

— Que no, que a ti, ni agua...— saludo mi amigo
— "Joder", Ángel... – le devolvía con cierta inocencia.
— No me cargues y ya te estas marchando...que no te quiero ni ver…—volví a suplicar — Un "cafelito", hombre...—

Ángel se giró hacia la máquina del café con falsa resignación— No, si es que donde hay confianzas da asco, ayer la "puta loca" de tu novia, que ya, ya te contaré ya, y hoy me entero de que llevaste a Javi anoche a urgencias con un pedo de caballo...— Empezó a soltar la mierda.— Bueno, ya sabes, las penas que flotan...— Fue mi respuesta entre medio divertido mientras intentaba escurrir el bulto.
— Menos "ostias", Alex, que te quedas sin el puto café y te vas con una leche calentita de regalo...— Ángel sonaba de verdad más cansado que enfadado— Bueno, pero me pones el café..— repeti con insistencia.
— "Coño" con el café ,que sí, pero ahora te "jodes" y esperas, a ver si por un día no "enculas" a nadie... ah y estate quietecito hasta que vuelva...eh, "cabrón"— me dijo con aire de perdonavidas mientras se perdía en el otro lado de la barra.

Cuando regresó venía, gracias al cielo, acompañado de mi taza.

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#4

— El café del "señor" — estaba jugando con el sobre de azúcar mientras Ángel se detenía en los detalles del según él, el espectáculo que Raquel había montado la tarde anterior.
— Fue doblar tú la esquina y ponerse a llorar, pero qué película te traes con a esa tía, Alex...— sólo al ir a echar el azúcar, después de marear tanto el sobre, fue cuando justo caí en la cuenta. — Ángel, qué es esto, yo no quería un cortado.— aquel café manchando en ese momento no me seducía nada — "Joder", como que no se nota, no me lo podías haber dicho antes, que pareces tonto...— empuje la taza hacia él con desgana— Tonto no, sólo un poco dormido...— Ángel empezó a rascarse la barbilla — Vale. Bueno, pero para quién era el cortado—
Mientras él hacía memoria al otro lado, a su espalda, una chica intentaba tímidamente llamar la atención de Ángel.— creo que te necesitan...—
Cuando Ángel la vio fue tranquilamente a su lado, hablaron un poco más de la cuenta, para volver sonriéndose.
— Ya está, caso cerrado Alex, se llama Julia y tú tienes su cortado—
Cogió el platillo y puso rumbo al final de la barra ignorandome.
— Ángel y mi café...—

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#5

Que a Ángel le fuera tan sencillo conocer a Julia se debía, según él, al efecto "camarero", ¨3 de cada 4 tías se gustan del tío que está detrás de la barra¨ ,aunque la verdad sólo funcionaba más bien con "niñas" y solía terminar en un amor platónico de temporada o hasta que terminaban desencantadas y decidían dejarlo todo de puro aburrimiento, el otro pilar fundamental de la teoría se resumía en el "morro" de la gente en general, ¨el cien por cien que te intenta ligar lo hace por la copa gratis¨, una promesa que no era muy próspera en una cafetería, pero a pesar de todo, incluso había veces en que Ángel pescaba o le caía algo elegante delante de las narices sin trabajárselo, no todo era soportar una cruz basada únicamente en la falsa idea de que con la copa viene también algo más que una conversación sobre el tiempo.
Esa tarde Julia no sólo se trajo de calle a Ángel sino que después de que rechazara como buen trabajador acompañarla al cine, terminó por decidirse e invitarme a mí, me llevaba a ver ¨Grito en el silencio¨ o algo así, el título no importaba, era lo de menos, en esa tarde de fin de semana era hasta ahora mi mejor y único plan.
22:30, 13º: Julia me ha invitado de nuevo, ésta vez a su casa; al acabar la película, rebuscaba en su bolso las llaves delante del portal, en la esquina había uno de esos rótulos que dan la hora y temperatura.
Vivía en un quinto sin ascensor, seguirla a su ritmo por las escaleras me desgastaba hasta quedarme sin aliento
— Falta mucho...— en ese momento era como si otro escalón me haría reventar — Ya casi estamos, sólo queda un piso...— me animo divertida— Un piso más...—resople— Dos tramos de escaleras. flojo, sólo dos más y se acabó—
Cuando apareció el descansillo fue todo un alivio, como al ver cumplida una meta, como cuando después de estar "puteados" durante horas los tíos esos, los alpinista; ponen su banderita y se hacen la foto para, perdiendo el culo, volver a bajar; pero casi sin aliento a punto de sacar la lengua, agarrado a la barandilla, sólo se podía festejar con un gruñido que se tratara de un descansillo en un quinto piso y nada que comparar con ningún Everest.
— …y esta es mi piso, dentro tengo agua mineral, apetece un trago...te lo has ganado —Julia compartía la atalaya donde vivía, tres cuartos con salón y cuarto de baño casi un lujo para un piso de estudiantes. El cuarto de Julia estaba lleno de estanterías, lleno de libros. Una mesa en la esquina sobre la que sólo se veían papeles. Los apuntes habían invadido, por pequeños montones, hasta la cama, el único lugar donde parecía haber orden gracias a las montañitas de hojas, Julia se había sentado delante de la mesa entre los apuntes. Ofreciéndome un trago de la botella de la que acaba de beber sus labios aún brillaban húmedos cuando comencé a besarla, ya sólo quedaba sonreír y hacer por una vez realidad una de esas historias que sólo aparecen en las cartas del Playboy o el Penthouse, romper el único orden en toda la habitación con nosotros en la cama y los apuntes, entre la ropa, por el suelo.

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#6

Había algo en esas esperas inevitables, cuando ella llega tarde, que dispara mis nervios como en la consulta del dentista justo antes de que me arranque alguna muela, porque a lo mejor es que tarde o temprano, un tipo nervioso en medio de la calle no tarda en llamar la atención sobre toda esa gente que pasa a su alrededor, o tal vez porque me siento realmente ridículo mirando siempre hacia la misma dirección, a esa única por la que se que ella, tarde o temprano, acabará apareciendo; quizás solamente sea un terrible impaciente y eso sea todo.
No me fue difícil distinguirla subiendo contra una corriente de personas calle abajo, me volví un momento ojeando el tráfico, aburrido de estar tan concentrado en una misma cosa, o ,como ésta vez, en una misma calle demasiado tiempo. Como en una especie de recuerdo de mi niñez, una reminiscencia de cuando guiado por las palabras de mi madre miraba a los lados antes de atreverme a cruzar o cambiar de acera, esa acera que marcaba la frontera y los límites de todo mi mundo infantil, por que más allá sólo me podía aventurar en su compañía, siempre cogido de su mano, mientras que con dulces palabras intentaba hacerme comprender "Alex ,cariño, mira antes de cruzar", una lección que incluso después de tanto tiempo sigue manteniendo aún todo su sentido, es que andar con cuidado y sobre todo mirar, observarlo todo, más justo en ese momento cuando uno se aleja, cambia de dirección y no sabe lo que se puede estar perdiendo, lo que deja atrás; si no se da la vuelta, se para a echarle un vistazo; porque nunca se puede dejar de temer que se queden tantas cosas en el tintero; fuera de todo alcance, lejos de mí; sólo por concentrar todo el tiempo, mi tiempo en una sola, como un niño sentado mirando el tráfico, soñando por encima de la corriente de coches, reuniendo el valor para el primer paso más allá de donde sus padres le dejarían ir, superando los límites de lo prohibido.

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#7

Una visión demasiado poética para lo que no es más que un consejo, una orden útil por el bien de un niño que una vez fuí.

Justo entonces me pareció verla, cuando estuve totalmente seguro de que era ella quien subía por la calle, como en un anuncio de colonia, a través de la gente, resplandeciente como un tulipán en un césped recién cortado. Me quede ahí, marcando el lugar, atento a sus movimientos, como un perro de caza haciendo una muestra, este era el efecto que tenía sobre mí; me podía poner en tensión de muchas maneras. Por lo menos me hacia olvidar todas esas estupideces en las que era capaz de pensar mientras la esperaba. Durante esos minutos en que me convertía en un histérico capaz de arrancarse el pelo de no aparecer ella.
Ahora que lo pienso, no he hablado de cómo es realmente, así que en cuanto a ella y sobre ella, aparte de que, como es fácil suponer, me encanta y la quiero con locura. Se tendrá que comprender que para mí es muy atractiva, como no podía ser de otra manera. Lo que me ha hechizado desde un primer momento de esta menuda pelirroja fueron sus ojos, y como llegan a transformar toda su cara. Puede mirarte con esa cara de niña traviesa, que a mí tanto me pone, o dejarte helado con un reproche que nace sólo de esos "espejitos verdes de su alma"; siempre con ese brillo tan inteligente porque "la cabrona" es muy lista os lo puedo asegurar. Una pequeña nota de color, un detalle que yo encuentro maravilloso, tiene mala leche un carácter casi de animal enjaulado, capaz de soltar tal bofetón; casi parecía más un derechazo que al imbécil aquella "tocada de culo" le costo un diente. Vamos, una fierecilla. Desde entonces me guardo las manos en los bolsillos, por no tocar su "fibra sensible" y, por que entre otras cosas, odio ir al dentista. Otra manía de la infancia, otro de mis recuerdos que vuelve para perseguirme, aunque por Mirian a veces me dejaría hasta sacar todos los dientes; incluso sin anestesia, de verdad; tiene esa constante, forma parte de ella al igual que de todas las mujeres por las que he sentido cariño, un cariño especial, las que para mi han significado algo.

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#8

Curiosamente tienen en común sus nombres bíblicos, pura casualidad o tal vez sus padres seguían alguna vieja y piadosa costumbre agarrándose a la Biblia antes del bautizo. Siempre se puede pensar que ésta es la causa y tiene mucho que ver con todas esas "Marías", no esa multitud de estatuas de escayola que llenan y ponen nombre a millones de iglesias por todo el mundo, sino de las otras "Marías"; eso si, sobretodo con nombre compuesto, aunque milagrosamente la mayoría no llegan a ser demasiado excesivos salvando al mundo de la pequeña transformación que sería necesaria para hacer pasar a la vida por un "culebrón venezolano". Bueno simplemente no es tan difícil encontrar a una mujer y que ésta termine llamándose María.

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#9

Miriam llego a mi lado con su perfume de violetas, ya estaba sonriéndome antes de abrir su boquita. Sería cuál sería la excusa, no importaba sobre todo si lo decía como justamente hizo, mientras utilizaba su mejor y más elaborada arma contra mí, la cara de nena. Desarmándome y dejándome más hundido que la Armada Invencible. Ante esto estaba completamente indefenso, lo que obligaba a una salida trasera y a ser posible elegante.
— Venga déjalo y vamos a tomar un café que esperándote se me ha helado hasta el culo— aunque puede que elegante sería lo último que fuera.
Me respondió con una de sus muecas, esas muecas suyas tan atractiva mente graciosas, esta vez una máscara de aspecto tiritante con cierto aire enojado, haciéndola parecer especialmente ridícula como si continuara alguna especie de broma, riéndose a su manera de mí, mientras me cogía del brazo y juntos giramos en dirección al café más cercano.
Charlando, sobre todas esas cosas tontas que sin importancia le pueden pasar a cualquiera en una mañana de invierno. Juntos, en esa pose, a los ojos de la gente debíamos aparentar una pareja de novios; me divierta pensarlo porque novios son también los que se casan y sólo con imaginar la escena de esa boda increíble; se me presentó como algo realmente ridículo porque nunca me he puesto un traje de "pingüino" y seguro que el camarero lo luciría mucho mejor que yo, pero el hecho de pensarlo, de estar absolutamente seguro, cien por cien, de que la gente podía vernos así. Tengo que reconocer que en el fondo me gusta, me gusta que esa misma gente imagine cosas, que hablen y por encima de todo que esos comentarios giren o se centren en mí.

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#10

Llevamos bastante rato en el bar; el lugar de grandes cristaleras como entrada, con mesas de mármol sobre hierro forjado y un mobilario de abundande madera. Esa tarde acogedoramente cálido; toda esa madera barnizada terminaba dándole un falso aire con clase como imitando un rincón de una tienda de antigüedades o una foto de uno de esos antiguos cafés, todo con una patina de antiguedad de no ser por las fotografías de grupos de jazz y pequeños cuadros, colocados como en una especie de exposición sin ningún orden aparente, entre los que estaba uno de mi propia cosecha un "Alex Arangunen" original que no valía mucho más que cualquiera de los dibujos que solía hacer el personaje del fondo de la barra; que en aquel momento devoraba un bollo industrial y lo ayudaba a bajar con un batido de chocolate, la merienda más apropiada para una encantadora niña de ocho años; que no era otra que Alicia, mi excepción de entre las chicas que adoro.
No creo recordar a ninguna Alicia en la Bíblia, a pesar que tengo que reconocer que no he leído mucho más allá de lo obligado en una clase de religión. Decididamente ella no cuenta, aunque sea una mujercita muy despierta y un angelote con gracia para dibujar, no deja de ser una niña y esto la desmarca totalmente del juego, aunque no le impide sangrarme a base de pastelitos a mí y a casi todos los que la conocemos.

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#11

Su hermano Angel, el camarero, que parece no estar muy deacuerdo con la actitud de su hermanita, siempre termina repochándomelo, así que aveces somos los dos, Alicia y yo, los que en una misma tarde tenemos que aguantar la misma regañina.
Ví aparecer a Raquel, cualquier cosa que dijese Angel no podría superar a la lengua de Raquel y lo que era capaz de llegar a decir en sus interminables broncas. Venía desatada, lo peor era que venía a por mí. Sus 50 kilos de carne bien moldeada en el gimnasio embutida en una mallas que junto a sus ojos azules y su rizado pelo rubio de bote la hacían muy apeticible.
Aunque parezca del todo vulgar, lo que me encantaba de ella y de lo que estaba completamente enamorado, era de sus pechos. Creo que ningún tío debería dejar atrás esa experiencia; el roce con su tersa piel mientras uno juguetea entre los labios con sus encantadores pezones, es casi como volver a mamar, algo que al bebé que llevo dentro le encantaría hacer de nuevo y repetir siempre ; sobretodo después de conocer a Raquel y a sus tetas.

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#12

Pero por esa tarde me olvide de mis pequeñas pasiones al ver que sus ojos parecían un mar hirviendo. No me hizo falta oir su voz chillona para comprender que para ella había sonado hace tiempo la campana y estaba dispuesta a destrozarme. Realmente es así, le gustan las peleas, discutir, sino hace tiempo ya que me hubiera largado, porque Raquel y yo nos "entendíamos". Yo siempre le daba motivos y de no habérselos dado creo que tampoco habría importado, ni las cosas serían muy distintas, era perfecto para ella. Siempre en algún momento la dejaba al punto de la indignación; lo suficiente para desatar una lluvia de peleas sin sentido de las que tanto parecía disfrutar y que a mí me daban asco. De no ser por nuestras, también al parecer, inmortales reconciliaciones. Ella no me aguantaba y yo no le podía perdonar que en el fondo no pudiera comprenderme, pero lo pasabamos muy bien juntos y eso era algo que ninguno de los dos estaba dispuesto a desperdiciar. Aunque, a veces, tuviera el precio de todas esas aspirinas que por su culpa terminaba por tragar otra vez.

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#13

Alex como casi siempre, había cometido el peor delito, la había dejado sola en la fiesta dedicándose a tontear con otras. Mientras, según ella, le "encasquetaba" a Javi para entretenerla, dándose el lote con cualquier "guarra". A Javi realmente no hacía falta pedirle que se pegara a Raquel. Era algo natural desde que la conoció; bueno desde que las conoció, a sus tetas claro, sobre las que estoy casi seguro que Javi y yo compartimos la misma opinión, aunque nunca me lo ha comentado. Es mi mejor amigo lo que significa que lo sabe todo sobre nosotros, pero nunca ha demostrado más curiosidad o interés del puro justo y normal. Aunque hay cosas que a uno no se le pueden escapar, eso puedo asegurarlo por su manera de mirar a Raquel, sé que la desea. Quizás no capta el mensaje de que no soy ningún obstáculo entre ellos dos, o no acaba de arrancarse. Nunca se puede saber con Javi, el que defiende que no hacer nada es casi lo mismo que hacer algo, el que puede parecer un muerto en el fondo de un bar para luego reventar con más energía que todo un equipo de primera junto.

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#14

Mientras tanto continuaba mi "juicio" y Raquel seguía enumerando, recordándome infidelidades y faltas. Esta última la había bordado, marchándome, dejándola sola, olvidada, como ella dijo... "tirada". Llevaría veinte minutos en silencio desde que cruzara las primeras y únicas palabras con Raquel, veinte minutos de reproches, cuando no aguante más, estaba bastante harto. En una tarde que parecía perfecta en compañía de ellas, mi amiga y la niña que nunca dejaría de sorprenderme. De no ser por el nubarrón de mi autoproclamada novia. Odia esa palabra, sus paranoicas ideas, esa suma de celos que venían a proteger todo eso entre nosotros que ella llamaba relación, algo que hacía rato no podía pasar desapercibido para la gente reunida en el bar. Entre los intentos de Angel para que se llegara a calmar, dándole pie a cambiar durante unos momentos de blanco y cebarse en él. Justo lo que estaba esperando. Presentándose mi oportunidad, sólo me bastaron unas miradas furtivas, a forma de despedida, hacia esas dos únicas personas que me importaban en todo el bar. Escapé afuera, a la calle, donde los gritos de Raquel se perderían mezclados entre el ruido de los coches.
Lo que no esperaba era la ayuda de mi pequeña cómplice, Alicia, que colocándose a medio camino de la puerta parecía dispuesta a cubrirme en mi retirada en busca de una salida. Cuando empuje la lámina de cristal para sentir de nuevo todo ese frío que me esperaba, rodeándome del todo cuando sali fuera, a la calle. ¿Debía temer por Alicia?, no. En esos momentos Raquel se habría encontrado con ella, jugando en la puerta, cortándole el paso, dándome un tiempo precioso. Mientras me alejo, de una Raquel furiosa pero que jamás la tocaría, que jamás se atrevería a tocar a Alicia. En lo que se refiera a Miriam se igualan en carácter y estoy seguro que ninguna de las dos se dejaría pisar, así que mientras yo me escabullía todo parecía estar atado.

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#15

Salvo por el vaso que casi rozándome pasó a mi lado empujado por los gritos de Raquel. Ahora, en la calle, sigue gritando a mis espaldas entre un murmullo de voces que empiezan a tener forma, rostro. Un cuadro que se dibuja ante mí al volverme, con el chasquido del vaso que se hace pedazos un poco más adelante al caer al suelo, para descubrir a Ángel forcejeando con Raquel en un especie de abrazo en las que lleva todas las de perder.
Unos tipos que no conozco parecen ir en su ayuda. Todo muy cómico, como en una escena de una película, una comedia. Alicia através del cristal los observa totalmente ajena y Miriam, dónde ésta Miriam. Quizás ,como yo, había decidido marcharse asqueada de mí, asqueada de todo.
Seguí adelante mientras recogía, a trazos, parte del mensaje del grito de Raquel—¡Te odio! ¡Te odio!...no lo hagas...no te atrevas a..te quiero..hijo puta...vuelve...— Luego, sólo sollozos. Para dejar paso a la calle y al crujir del cristal, bajo mis botas, de lo que había sido el vaso que casi me abre la cabeza. Mientras, ésta vez sin mirar, me abalanzaba. Cruzando la calle sin miedo a que el siguiente vaso acertara en su empeño. Sin volverme, sin volver la vista atrás. Cansado, las palabras de Raquel empezaban a tener sentido. Repitiéndose, ésta vez, sólo en mi cabeza. Me dejaba llevar por el camino que sabía acabaría dejando frente a ese portal, uno que guardaba unas escaleras que conocía muy bien, haciéndome entender que ya estaba en casa.
FIN

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