Likur
Rango10 Nivel 46 (4732 ptos) | Fichaje editorial

Desde que tengo conciencia, mi vida ha sido siempre un autentico caos. Nací hace poco más de veinte años, en una humilde casa en la ciudad de Amaltea. Por culpa de mi nacimiento mi madre murió, no sé muy bien las causas y la verdad es que no quiero conocerlas. Me da miedo saberlo. Así que he vivido toda mi vida con mi padre, con algunas de sus numerosas novias y en algunas temporadas con mis abuelos paternos. Cuando mi madre murió, mis abuelos maternos no quisieron saber nada de mí, y aquí estoy yo, sin haber visto jamás a esos señores.

Actualmente vivo en un piso, con mi padre. La casa nos la embargaron por culpa de los múltiples impagos que tenía. Así que deje de estudiar, para poder trabajar.

No es malo trabajar, pero tener un trabajo a veces puede ser lo peor, sobre todo si tiene que ver con algo a lo que tienes fobia, como la necrofobia.

Desde que nací tuve que presenciar la muerte de mi madre y durante mi infancia y adolescencia la muerte de otros familiares cercanos. Estas muertes me provocaron miedo hacia la muerte.

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Angelgabriel
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Inicia bien, hay buena presentación del personaje central, la situación que presenta es la de mucha gente que ha pasado por una orfandad. estaré pendiente para ver más.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Todas la tememos, a ninguna parte es bienvenida,
realmente excelente tu relato, pasa si quieres por mis romances, a ver si te gustan.

nugraco
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 3 años

Muy interesante...


#2

Y aquí estoy yo ahora mismo, trabajando en una funeraria. Soy maquilladora de cuerpos muertos. Los maquillo como si tuviesen que ser fotografiados o fuesen modelos a punto de salir en escena.

¿Lo bueno de esté trabajo? Que no hablan. Mi trabajo es un completo silencio durante todo el día. Mientras hago mi faena lo único que escucho son mis pulsaciones, el material de maquillaje cuando lo uso y la música que pongo en mi móvil.

Más de una vez el jefe me ha llamado la atención por estar escuchando música mientras trabajo, ya que con los auriculares puestos tan sólo me entero de lo que pasa cerca de mí.

Quizás os preguntaréis porque escucho música. Muchos pensaréis que es porque no me gusta el silencio y la tranquilidad, pero no es así. Al contrario, adoro el silencio, la tranquilidad, la paz y la relajación. Pero al estar en ese trabajo, estoy siempre muy tensa, por lo cual me es imposible no estar pensando miles de veces si el muerto se levantara, si abrirá los ojos, si escucharé una respiración que no sea la mía o cosas de estas.

Por culpa de todo esto, varias veces me he llevado algún que otro susto mientras trabajaba. En alguna ocasión se ha acercado hacia a mi alguna persona sin que me enterase.

Ahora mismo estoy maquillando a una mujer de unos cincuenta años. ¿La causa de la muerte? Se ha suicidado, por lo que me han dicho se ha colgado de una cuerda, después de que su marido la dejase por una chica de veinte años más joven que ella.

En ocasiones como estás me pongo a pensar en el porqué. ¿Cómo alguien puede suicidarse por algo así? Pero en seguida lo entiendo, porque el amor ciega y cuando se quiere a alguien con locura te entran ganas de hacer lo que sea por él o ella.

Me pregunto sí yo habré tenido esa clase de locura por alguien, y cuando lo pienso en seguida me doy cuenta de que sí. Fue hace unos cuatro años, pero lo tengo tan presente que es como si fuese ayer.

Karlerin
Rango10 Nivel 49
hace casi 4 años

Y es por eso que yo seré forense :v Me gusta mucho como escribes, felicidades :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

La segunda caja genial,
te seguiré leyendo en cuanto pueda.


#3

Después de mi trabajo, que suele terminar a las dos de la tarde o a las tres en caso de alguna emergencia, siempre voy a casa comer y luego me voy al funeral de la persona que maquille el día anterior o ese mismo día. Pero nunca voy sola, siempre voy con mis dos amigas.

Quizás os preguntaréis porqué voy a los funerales, ¿acaso es que conozco a todos los muertos? Pues no. Ninguno lo conozco, pero como lo he maquillado el día anterior, siento que tengo la obligación de ir con esa persona. Al maquillarlo, que no suele durar más de treinta minutos, nace un vinculo entre él y yo que me obliga a ver como es enterrado.

Debe sonar muy macabro todo lo que estoy diciendo, pero es la verdad. Voy a cada uno de los funerales. En una semana soy capaz de ir a mínimo siete funerales. Hubo una semana que tuve que ir a diecisiete funerales. En parte fue estresante, pero me gusto estar en ellos.

Me siento relajada en los funerales. Gente unida por un mismo sentimiento, llanto amando a la persona desaparecida, miles de flores con recuerdos guardados, muchas palabras de amor y dolor.

La primera vez que fui al psicólogo, fue después de la muerte de una de mis tías, mi psicóloga me dijo que debía afrontar el miedo a la muerte y gracias a este trabajo la estoy afrontando, pero es difícil. Por mucho que me haga la fuerte mientras los maquillo o mientras les digo el último adiós, mis piernas quieren huir de ahí, quiere echarse a correr, llorar y gritar de miedo. Porque eso es lo que siento: miedo. Tengo mucho miedo cuando estoy cerca de un muerto.

Estoy muy aterrada. Pero mi psicóloga sigue diciéndome que es normal, para superar un miedo hay que aceptarlo y yo desde luego no lo he aceptado aun. Sé que suena absurdo ya que trabajo en algo relacionado con mi miedo, pero es así.

- ¡Idalia, ya ha terminado tu horario! –me dice mi jefe quitándome el auricular de una de mis orejas.

Pego un pequeño salto del susto y le observo.

Pensé que era mucho más temprano, sino ya habría recogido todo en mi maleta y estaría a punto de salir por la puerta.

Esta tarde debo ir al funeral de Ignasio, un hombre que murió pasado ayer, a causa de un accidente por la montaña. Iba con su perro por un sendero complicado y al final la cosa salió mal. Por suerte el perro está bien, aunque echa de menos a su dueño.

Desde hace un par de semanas, cada vez que subo al autobús para volver a mi casa, me encuentro un chico el cual su cara me parece muy familiar, mientras toca su guitarra y canta una canción de amor.

Amor. Suspiro tanto por el amor. Mis dos mejores amigas me dicen que es tontería que suspire por eso, ya que mi mejor amigo será mi amor en el futuro. Pero yo no estoy tan convencida.

- ¡Pero si te cuida mucho! –dice siempre Ada.

- Si fuese por él haría años que seríais novios –comenta Carolina- Seguro que ya tendríais varios niños –y las dos se ríen.

Tienen un sentido del humor, en algunas ocasiones, muy malo pero consiguen hacerme sacar sonrisas en todo momento. Será por eso que son mis amigas, las que formamos el club de los funerales o así es como nos llaman en el pueblo y, sobretodo, el cura que nos ve cada día en su iglesia.

jrodriguezl
Rango8 Nivel 35
hace casi 4 años

Muy bien @Likur Te Sigo. También te invito a pasar por mi perfil.

morocha_67
Rango6 Nivel 29
hace más de 3 años

Me encanta. Si gustas puedes pasar por mi efímera luna roja. Bendiciones.

nugraco
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 3 años

UAU, cada vez más interesante!

Saru
Rango9 Nivel 40
hace casi 3 años

Que bueno, me tienes enganchado, la muerte, puede que sea también un tema al que recurro mucho. De una manera u otra forma parte de mi vida.


#4

Estoy delante de la iglesia desde hace media hora, me gusta llegar temprano a los lugares, sobre todo en los funerales. Me gusta ver como los familiares y amigos van llegando y uniendo sus tristes sentimientos.

Delante de la puerta, junto con la caja fúnebre, esta su perro, Trasto, que observa la caja deseando que Ignasio la abra y le abrace, pero sabe que no va a pasar. Tiene miedo. Tiene miedo de tener que seguir viviendo sin su dueño, se le nota en la mirada.

Al llegar Ada y Carolina me siento más aliviada. Tenerlas a mi lado ante mi miedo me ayuda a sentirme con más fuerzas para seguir hacia delante.

- Esta noche tenemos que ir a casa de Aitor, ¿te acuerdas verdad? –dice la chica rubia.

- ¿Hoy? –Preguntó volviendo al mundo real- No me acordaba de que era hoy.

Aitor es mi mejor amigo, ese del cual mis amigas creen que será mi futuro marido y el padre de mis hijos. Yo no estoy tan segura de eso, pero no lo descarto.

Él me ha ayudado en muchos momentos, ha sido como el hermano mayor que nunca tuve o como el padre que siempre quise tener. Me protege cuando todo va mal y me anima cuando mi llanto me inunda en la tristeza.

Más de una vez nos han confundido por una pareja. No voy a negar que no lo hayamos sido nunca, hemos tenido nuestros pequeños roces de amor y me han gustado, pero no hemos llegado a mucho más.

- Va, que ya empieza –dice Carolina feliz cual niña en navidad.

Entramos en la iglesia, como siempre, detrás de todos los familiares y amigos. Estoy segura de que Ignacio estaría muy feliz de ver a sus seres queridos a su lado, aunque estén tristes. En ocasiones la felicidad para unos puede ocasionar la tristeza para otros.
El cura al vernos nos saluda, ya somos como de su familia para él.

El funeral empieza como todos y cada uno de los que he ido. En parte es un poco aburrido y tostón, pero al final le acabas cogiendo gusto a escuchar siempre la misma canción.

- ¿Vamos ya para casa de Aitor? –pregunta Ada.

Salimos del cementerio, ese en el cual ya me sé todos y cada uno de los nombres de las tumbas, y nos vamos con el coche de Carol.

- A ver si Aitor se te declara ya –dice la chica mientras conduce.

Y Ada, como no, le da la razón.

- Eso nunca pasara, sólo somos amigos. Así que no os hagáis imaginaciones.
Ellas se ríen, con esa risa tan maléfica y a la vez agradable.

Al llegar a casa de Aitor él nos espera justo delante de su casa, junto con su perro. Nos saluda a las tres y nos invita a pasar a su casa.

- ¿Cómo es que habéis venido las tres? –pregunta él confuso.

Ada y Carol se miran entre ellas y se ríen.

- ¿No nos habías invitado a nosotras dos? –Pregunta Ada- ¿Quieres que os dejemos solitos?

- No es necesario –comentó yo.

Sé que mi contestación quizás ha hecho daño a Aitor. Él quedo sólo conmigo y yo le he llevado a mis amigas también. Pero no tenía ganas de quedarme a solas con él. Últimamente cada vez que nos quedamos solos terminamos hablando de cosas relacionadas con las parejas. No me molesta hablar de eso, pero siento que no estoy preparada para ello. Siento que cada vez que saca el tema debería darle las gracias, por lo que paso hace cuatro años.

#5

Hace cuatro años mi vida cambio. Quizás os debéis preguntar si ese cambio fue causado por algo relacionado con la muerte, ya que toda mi vida está gestionada por la muerte, pero no. Fue algo diferente, a la vez que cercano al fin de la vida.

Tenía dieciséis años y delante de mis ojos se reflejaba un verano inolvidable, junto con mis amigas y Aitor. Íbamos a pasar el mejor verano de nuestras vidas. Queríamos pasarlo bien, disfrutar y no pensar en ataduras. Tanto Ada como Carol querían liarse con el máximo de chicos posibles. Yo, a diferencia de ellas, no quería liarme con nadie, tan sólo quería vivir el verano con ellas, disfrutar y no pensar en chicos. Aunque a decir verdad, en un par de ocasiones me lié con Aitor.

Aitor no estuvo con ninguna otra chica, y no es porque fuese feo o no tuviese la oportunidad, todo lo contrario. Aitor era, y sigue siendo, un chico muy guapo. Sus ojos verdes han enamorado a varias chicas, pero él nunca ha querido nada con ellas. Siempre ha estado obsesionado conmigo. En ocasiones me he sentido culpable por ello, ya que le he dado comida a su corazón, pero jamás pensé que todo ese amor que sentía por mi fuese tan real como decían mis amigas.

La primera gran fiesta del verano, era San Juan, con miles de petardos, fuegos artificiales, alcohol para dar y vender, la playa de noche, estrellas iluminando nuestra juventud y muchas ganas de vivirlo.

Esa noche conocí a un chico, Erik. Su cuerpo se movía al ritmo de la salsa y sus ojos observan los numerosos cuerpos de chicas que no se alejaban ni un momento de él. Cuando me fije en él, lo último que me esperaba es que estuviese mirándome a mí. Creo que Aitor lo vio y quizás fue por eso que me agarro de la mano y me sacó a bailar. No se despego de mí ni un momento.

En un momento de distracción de Aitor, Erik se me acercó. Yo estaba junto a la barra del chiringuito.

- ¿Te lo estás pasando bien? –me pregunto ese chico.

Sus ojos azules penetraron en mis pupilas cual flecha de Cupido en mi cuerpo.

- Sí –dije tímidamente- ¿Y tú estás disfrutando?

- Muchísimo. Pero mucho más ahora que acabo de conocer a una belleza como tú.

No sé si esas palabras se las decía a cualquiera, aunque tenía pinta de que sí, pero aun así me sentí especial al escucharlas.

- ¿Vienes? –me dijo mientras tendía su mano para que se la cogiera.

No estuvimos mucho tiempo bailando, apenas dos canciones y media, pues Aitor cuando me vio en medio de la playa bailando con ese chico, se me acerco y me pidió irme con él a su casa porque le dolía la cabeza.

Como no, según mis amigas, todo eso había pasado porque Aitor estaba pillado por mí.

- Es muy celoso, deberíamos de dejar de salir con él cuando vamos de fiesta. Te arruina los ligues, tía –decía Ada.

- Además, ¿por qué siempre viene con nosotras? Que se eche amigos chicos. Parece que sea nuestro guardaespaldas –comentaba Carol.

- Cierto, aparte de que no me gusta ir a todos lados con un tío. Se deben pensar que es novio de alguna de nosotros y entonces ninguno quiere intentar ligar con nosotras por si la caga –añadía Ada.

- No sé si te gusta Aitor o no. Pero justo anoche tuviste la oportunidad de poder ligar con el chico más guapo de la playa y va y te aplasta el plan –me dijo Carol- No sé tú, pero si no quieres nada con él díselo claro, que deje de joderte el futuro.

Sabía que a Carolina y a Ada jamás les había caído muy bien Aitor, pero no le podía hacer nada. Le conocía desde que apenas gateaba, era mi vecino, era como un hermano para mí y cuando estaba lejos de él me sentía desprotegida.

No sentía el mismo amor que sentía él por mí, así que al final me arme de valor y le dije lo que tenía que decirle, lo mismo que me habían dicho mis amigas. Al decirle todo eso se alejó de mí, me dejo de hablar por completo y apenas sabía nada de él. Cuando coincidíamos por la escalera, el ascensor, la calle o por donde fuese, me evitaba y ni me miraba a la cara.

#6

A la tercera mayor fiesta del verano, por las fiestas del pueblo volví a encontrarme con Erik. No se había olvidado de mí, y desde luego yo no me había olvidado de él. ¿Cómo podía haberme enamorado de un chico como ese? Fuerte, con ojos azules, pelo perfecto, mirada penetrante, labios apetecibles y sonrisa inolvidable. Todo él era digno de ser nombrado perfección.

- Por fin vuelvo a coincidir contigo –dijo cuando tuvo la oportunidad de alejarse de las chicas, que como la otra vez, no se alejaban de él.

Le sonreí, no sabía que decir. Yo también estaba deseando volver a verlo, pero no quería parecer una chica más, igual que las que le rodeaban.

Me sacó a bailar, otra vez, pero esta vez sin que nadie nos interrumpiese a mitad de canción.

Sus manos posaron sobre mi piel, sus labios sobre mi cuello y su cuerpo estaba tan cerca de mí que podía sentir su calor corporal. Jamás había estado tan cerca de un chico, por entonces aun no había tenido mi primer beso ni mi primera relación.

Después de esa noche magia, donde conocí lo que era el amor, el placer y la sensualidad, seguimos quedando de vez en cuando. Yo, desde luego, quería verlo todos los días, pero ese verano estaba trabajando junto a su padre en una tienda de electrónica.

- Este Septiembre empezaré a estudiar informática, me hace mucha ilusión –me comentó un día- ¿Y tú qué quieres ser de mayor?

- No lo sé –confesé- Pero me gusta mucho todo lo relacionado con la estética y esas cosas. Me gustaría poder trabajar para alguna gran marca de moda, poder maquillar a sus modelos. O mejor aún, me gustaría maquillar a famosos de Hollywood, eso sería un gran éxito.

Por suerte no sabía que mis sueños se cumplirían, acabaría siendo maquilladora, pero lo que no sabía es que sería de muertos. Si ese día hubiese sabido eso, quizás me habría replanteado mi respuesta y habría intentado encaminar mi futuro hacia otro lado.

- Cuéntame de ti –dijo él- ¿Qué cosas te gusta hacer?

- Pues me gustan muchas cosas, lo típico de todo el mundo, supongo: salir con mis amigas, la música, la fiesta, vivir al máximo y esas cosas que se suelen decir. ¿Y a ti, Erik?

- Como tú dices, lo típico de todo el mundo. Es decir, lo mismo que has dicho tú. Aunque debo añadir una cosa más.

Erik me observo, me acostó delicadamente sobre su cama y se poso encima de mí. Su cuerpo rozaba el mío. Su mano derecha acariciaba mi vientre, mientras su mano izquierda me acaronaba la mejilla. Sus labios palpaban los míos. Nos fundimos en uno sólo.

- La otra cosa que me gusta mucho hacer es estar contigo, cerca de ti.

Sus palabras parecían tan creíbles, que me obligaban a estar embobada de amor por ese chico. Ese chico que me cambio la vida.

A mediados de Agosto, antes de que el verano se diese por finiquitado, quisimos celebrar nuestro primer mes. Íbamos a quedar debajo del reloj del parque del centro de la ciudad, luego iríamos al lago a dar un paseo en barca, comeríamos bajo un árbol con comida hecha por mí, daríamos un paseo por el centro, comeríamos algún helado y, por la noche, cenaríamos a la luz de las velas en el mejor restaurante de la ciudad.

Hace más de 3 años

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#7

Pero nada fue así. Erik no se presentó. Le estuve esperando cinco minutos, diez minutos, treinta minutos, una hora, tres horas y hasta seis horas. Le estuve llamando todo ese tiempo, pero no me lo cogía, ignoraba mis llamadas y al final acabo cerrando el móvil. Me asusté mucho. Erik no se presentó, me abandono y desapareció.

Cuando llegue a casa ya era de noche, mi padre no estaba en casa había quedado con su novia para ir al cine. Me pasé la noche llorando, desconsolada, quería desaparecer. Me sentía traicionada y utilizada.

¿Cómo me podía haber hecho esto a mí? Yo que le había dado todo lo que quería de mí: mi primer beso, mi primer encuentro sexual, mis primeras palabras de amor, mis pensamientos, mis deseos, mi cuerpo… Mi todo. Todo eso se lo había quedado para él, me lo había robado. Me había robado el corazón.

Perdí mis fuerzas para vivir, mis ganas de mantenerme en pie y mis ilusiones. Tan sólo quería morir. Sí, quería hacer eso que me daba tanto miedo: morir. Descansar en paz y no tener que pasar el resto de mi vida recordando esos malos momentos.

Pero por suerte, creo yo, Aitor me paró antes de hacer esa locura. Ya lo tenía todo preparado: las pastillas, las cartas de despedida, la ropa que quería para mi funeral, el lugar concreto donde quería que esparcieran mis cenizas, las canción para que se despidiesen de mi e incluso la caja que quería que me depositarán durante mis últimos momentos de que mi cuerpo siguiese existiendo.

Todo estaba preparado, iba a ser el mejor funeral del mundo: con velas, grandes éxitos de la música actual, vestidos sacados de galas americanas e incluso maquillajes de escándalo. Pero todo eso no se pudo cumplir, Aitor arruino todo ese tiempo perdido para mi funeral.

Bueno, en verdad no lo arruino, me alegré de que parara todo eso. Aunque me sentí mal. Después de decirle todo lo que le había dicho unas semanas antes:

- Aitor no quiero estar contigo tal y como tú quieres. Te quiero, pero como mi mejor amigo o como mi hermano mayor. Lo siento. Pero siento que cada vez que intento enamorarme de alguien tú me lo prohíbes. Quizás es porque me quieres proteger, cosa que entiendo, pero ya soy bastante mayor como para protegerme yo sola. La otra noche me enamore de Erik, ese chico de la fiesta de San Juan, y me gustaría poder reencontrarme con él y poder tener recuerdos con ese chico.

Me sentía muy mal por haberle dicho todo eso. Aún así me salvo de la muerte y me dio su hombro para mi llanto y sus palabras para alegrarme.

Hace más de 3 años

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#8

Volviendo al presente, sigo estando en casa de Aitor, junto con mis dos amigas. Ellas, al fin y al cabo, han empezado a aceptar a Aitor como uno más del grupo, aunque les cuesta al ser chico, siguen pensando todo eso de que no quieren ir con él porque no es nuestra guardaespaldas y todas esas tonterías.

Después de la cena nos hemos ido a la azotea de nuestro bloque de pisos. Del desván, Aitor ha sacado varios colchones viejos de inquilinos que los dejaron tirados. Por suerte no están muy sucios, sino ninguna de las tres se habría acercado a esos objetos.

- ¿Cómo os ha ido el funeral de hoy? –pregunta Aitor.

- Bien. A sido entretenido, como todos –comenta Carol- Aunque me ha dado mucha pena el perrito. No se separaba de la caja. Yo creo que aun debe estar en el cementerio protegiendo a su dueño.

- Yo también lo creo. Los perros tienen mucho afecto a sus dueños –añade Ada- Yo creo que Trasto ha llorado más que todos los asistentes juntos.

Afirmo su respuesta. Ese perro tiene sentimientos igual que cualquier humano, pero él es quien más los ha mostrado ante los ojos de su difunto dueño.

- Sólo espero que no se muera en un par de días –dice Carol.

- ¿Por qué se va a morir? Si parecía muy sano –añado yo.

- Me refiero a que no se muera de tristeza. La añoranza de un ser querido también puede provocar la muerte –afirma Carol.

Los tres nos reímos ante la frase de Carol. Parece imposible pensar que alguien puede morir de tristeza o de añoro por otro ser. Aunque luego lo pienso y recuerdo cuando me quise suicidar por culpa de Erik, al fin y al cabo me iba a suicidar por tristeza, tal y como dice Carol. Pero es diferente, yo soy humana y me iba a quitar la vida yo sola. En cambio, un perro no se la puede quitar el sólo, ¿no?

- ¿Mañana tenéis otro funeral? –pregunta Aitor.

- Sí. Mañana voy al funeral de la mujer que he maquillado hoy –le contesto y les cuento la historia de su muerte.

- Wuau, flipo con la gente capaz de suicidarse por esas cosas –dice Ada, pero en seguida cierra la boca.

Sabe por lo que pase, y que sus palabras pueden haberme hecho recordar el pasado. Estoy segura que si hubiese seguido con la frase se habría metido con la gente así. Se habría metido conmigo.

Yo acepto que fue estúpida al pensar en suicidarme, pero aún así me mantengo en pie. Con ese pie que me fallaba en ese momento y que me da miedo que se tuerce, y me ahogue la vida.

- Si tan mal te parece que alguien se suicide por algo así, no creo que sea apropiado que vayas al funeral de esa señora, ¿no? –comenta Aitor con tono de enfado.

Ada se lo queda mirando. Sabe que la ha cagado diciendo esas palabras. Me observa a mí como si quisiera pedirme perdón y se lo doy con un pequeño pestañear de ojos.

- De acuerdo, no iré. De todas formas mañana no puedo ir. El viernes tengo un examen y si no apruebo no podré ir a la selectividad –le responde al chico- Sí quieres puedes ir tu.

Aitor me mira a mí.

- ¿Te parece bien que vaya? –me pregunta ilusionado.

Le respondo que sí con un movimiento de cabeza.

Hace más de 3 años

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#9

Aitor jamás me ha acompañado a ninguno de los funerales en que he ido. Incluso no asistió a funerales de mis familiares, aunque se lo perdono. A él esas cosas no le gustan, aunque su disgusto por todo esto no es el mismo que el que tengo yo. Él simplemente pasa de estas cosas, como suele decir:

- La muerte es algo que tiene que suceder en algún momento. Un día estás bien y otro mal. Ahora ves la vida pasar y de repente desaparece. Tú no puedes obligar a que aparezca antes o después de su momento, viene sin avisar. La muerte se presenta delante de ti cuando le da la gana. Y aunque sea tu vida la que está en juego, tú no debes pensar en ello. Si dejas que la muerte condicione tu vida, es cuando estás muerto de verdad.

Y después de esas palabras, siempre añade:

- No me gustan los funerales. No me gusta ver a la gente triste. Desde mi punto de vista, cuando alguien muere se le debe dejar en paz. No creo que al difunto le guste que lloren por él. Si alguien que conozco se muere prefiero recordarle por lo que hizo en vida y no por cómo fue su último adiós.

Siempre le he dado la razón a sus palabras. Pero siempre he pensado que el funeral es, quizás, lo más importante de la vida de una persona. Es tu último momento junto a tus seres queridos, es lo último que recordaran de ti y debe ser perfecto, aunque sea lo más triste del mundo.

Los cuatro observamos las estrellas posar por nosotros en el cielo. Son magnificas esas pequeñas bolitas de luz. Te hacen ver que por muy insignificantes que las veamos, juntas pueden formar una gran constelación de luz que emboba a cualquier ser.

Aitor se sienta a mi lado y se acuesta junto a mí. Nos sonreímos y posa su brazo debajo de mi nuca. Me siento protegida junto a él, como ya he dicho en alguna que otra ocasión, pero siento que esta vez es diferente. Como si algo me obligase a sentirme más que protegida, como arropada. Como si estuviese en los brazos de un familiar querido. Su cuerpo caliente hace desaparecer el frío de esa noche de primavera.

Hace más de 3 años

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rossanakar
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 3 años

Hay una historia que no debes perder...


#10

El despertar para mi es algo odioso. Cada vez que oigo la alarma de mi móvil sonar, me entran unas ganas inmensas de inventarme cualquier enfermedad, sólo para no tener que ir al trabajo y tener que estar rodeada de cuerpos muertos. Por suerte, el café mañanero me saca ese mal gusto del trabajo.

- Hoy no vendré a comer, ni a cenar –dice mi padre, como casi todos los días.

Su vida es un autentico desastre. En parte creo que es por mi culpa. Repite una y otra vez que soy la culpable de la muerte de mi madre, y no lo niego, aunque no sé el porqué exacto de su muerte. A este hombre es mejor darle la razón, antes que negarle las cosas que salen de su boca.

Para mi jamás ha sido como un padre. Siempre ha estado ocupado, pero no ocupado como la mayoría de padres que siempre están con el trabajo por aquí y por allá, no, sino porque siempre estaba ocupado de ir de bar en bar, de mujer en mujer, de casa en casa y del sofá a la cama. Su vida descarrilada no tiene unas vías del tren que le enderecen.
En ocasiones me gustaría que me tratara como un padre de verdad.

Desde pequeña, siempre he visto al padre de Aitor comportarse como tal. Las veces que me quedaba a dormir a casa de él, su padre le daba un beso de buenas noches y le contaba un cuento. También le solía cantar nanas, de vez en cuando, y le preguntaba cómo le había ido el día, que cosas había aprendido en clase y se contaban un montón de cosas. Su madre era igual.

Tanto él como ella, siempre me han tratado como una hija más. Siempre que es mi cumpleaños me hacen una pequeña fiesta, igual que a Aitor. En cambio mi padre, ni se acuerda de la fecha de mi nacimiento. Es mi padre, y supongo que lo sabrá, pero le debe recordar a la muerte de mi madre, por lo cual no debe querer celebrar nunca nada.

¿Qué puedo hacer si el día de mi nacimiento coincidió con el día de la muerte de mi madre? Nada, no puedo hacer nada. Aun así, mi padre me ha tenido siempre martirizada, pensado que toda la culpa de su vida es mía.

En algunas ocasiones, antes de irme a dormir, he imaginado como sería mi vida con otra familia o al menos con mi madre a mi lado. Pero la verdad, es muy difícil imaginar esas cosas cuando nunca has tenido algo así. Aunque los padres de Aitor me hayan tratado siempre como su propia hija, el amor que le tenían a Aitor ha sido siempre superior que el que me tenían a mí, como es normal, claro.

- De acuerdo –le respondo, como casi todos los días, también.

Su rostro cada vez es más viejo. A veces me pregunto cómo puede seguir ligando tanto. Casi cada semana lleva a una chica o mujer diferente, me pregunto que le verán a este hombre. Sé que es mi padre, y desde luego encontrarle un lado sexy a él es difícil, pues me tomarían por una enferma mental. Pero aunque lo mire desde la perspectiva de no familia, jamás le he visto nada de guapo. Yo desde luego no soy una chica muy guapa, pero no voy a negar que entre él y yo, la guapa soy yo.

- Hoy empezamos un nuevo día con los grandes éxitos del momento. Estate atento durante el día de hoy, porque sorteamos, ni más ni menos que, un fin de semana gratis a Freesia, la Capital –dice el locutor de radio muy animado, mientras me propongo subir al autobús para ir al trabajo- Además, en esa pequeña estada, dormiréis en el mejor hotel del país: El Delux Royal Hotel.

Mis ojos se vuelven unas naranjas inmensas. Lo he entendido bien, ¡ha dicho El Delux Royal Hotel! Siempre ha sido mi sueño poder pasar, mínimo, una noche en ese lugar. Por lo que dicen, es el mejor hotel de todos, incluso es el mejor del mundo. Sus habitaciones son puro lujo, la comida del restaurante está hecha por el mejor chef del momento: Alex Morrión, por no olvidar que tienen piscinas climatizadas y unos jacuzzis que ni el hombre más rico del mundo podría comprarse.

Escucho penetrar por mis oídos una canción de la radio. Observo el autobús, hay poca gente, como todos los días a estas horas de la mañana. Debería de ser un delito madrugar tanto. Observo la calle pisada por el vehículo, mientras mis labios tararean en silencio la canción.

- Que aunque pienso en abrazarte, que aunque pienso en ir contigo. El doctor me recomienda que no me quite mi abrigo, que no esté ya más contigo y yo no puedo negarme pues el tipo soy yo mismo.

Siento de fondo. Me quito los auriculares de mis orejas. Alguien está cantando la canción que justo estaba escuchando por la radio. Observo al chico, es el mismo chico de los demás días.

Posa aguantándose en una de las barras del autobús, mientras sus manos sujetan una guitarra y sus labios cantan apetitosamente esa canción. Una canción que conocí hace tanto tiempo que ya forma parte de mi vida.

Le observo. Me observa. Sonrío. Sonríe. Bajo la cabeza.

Al terminar la canción, el chico recorre por todo el pasillo, buscando algún tipo de recompensa por su buen trabajo realizado. Al terminar, vuelve a recorrer el pasillo y se sienta a mi lado.

- Buenos días Idalia, preciosa –dice él con una sonrisa.

Sabe mi nombre, ¿cómo puede ser?

Hace más de 3 años

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#11

Bajo del bus, junto con ese chico moreno, el mismo que me ha dado ese buenos días, que cualquier mujer querría escuchar tan sólo levantarse.

- ¿Cómo sabes mi nombre? –le preguntó mientras espero que el autobús se vaya para poder cruzar la calle.

- Soy adivino, por eso lo sé –y suelta una pequeña carcajada.

Es simpático, a la vez que muy familiar. Cruzo la calle, él me sigue hasta el otro lado, y me paró delante de la puerta de la funeraria.

- Los adivinos no existen. Así que o me dices quien eres, o llamo a la policía –terminó diciendo.

Sí. Le estoy amenazando, pero es que quiero que me aclare de una vez de qué me conoce y de qué me suena.

- ¿No te acuerdas de mí? –pronuncian sus labios mientras mete su guitarra en la funda.
Y es entonces cuando me doy cuenta de quién es. Observo sus ojos, me pierdo en ellos. Son como un océano profundo, del cual caigo y me hundo hasta el fondo, observando miles de especies de peces y barcos hundidos. Pero las estrellas de mar, me sujetan de las manos y me ayudan a subir hacia la superficie, donde vuelvo en el mundo real y necesito pronunciar su nombre o me volveré a ahogar.

- Erik.

Él me mira y sonríe. Mi mente no ha olvidado su mirada, aunque haya crecido, y el cambio no haya sido mucho desde entonces, tan sólo sus ojos han sido los capaces de hacerme recordar quién es.

Mi corazón empieza a latir a gran velocidad. No sé porque, no lo entiendo. Debería de estar pidiéndole explicaciones, culpándole de todo el dolor que me causo y dándole hostias hasta matarlo. Pero no puedo. Mi corazón me lo impide. No tengo fuerzas.

Pero tampoco quiero quedarme ahí, ni puedo, claro está.

- Lo siento, pero tengo que ir al trabajo –añado- Hasta otra.

Después de decir esas palabras lo único que quiero es que él me lo impida, que me diga:

- Por favor, Idalia, necesito hablar contigo. Me apetece mucho. Te he echado de menos todo esté tiempo sin ti.

Deseo, que me coja del brazo, me obligue a acercarme a él y me plante un beso en todos los morros.

Pero no es así. Simplemente me dice adiós y me indica que ya me llamará.

Aunque, antes de que entre en la funeraria, se acerca a mí.

- ¿Trabajas en una funeraria? ¿Acaso en esa funeraria hay estrellas de Hollywood para ser maquilladas? ¿Ahora Hollywood está en Amaltea?

Sonrío. Se acuerda de mi sueño, de mi deseo de maquillar a famosos. Pero a la vez mi mente decae. Me siento mal. Me sabe mal darme cuenta de que él, el único al que le había contado mi sueño, ve que no se ha hecho realidad. Tan sólo soy una maquilladora de muertos. O mejor dicho, una maquilladora de sueños rotos.

Hace más de 3 años

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#12

Al entrar en el vestidor del trabajo, me encuentro a una de mis compañeras que me saluda con un alegre “buenos días”. A veces, me parece raro como alguien se puede despertar tan alegremente para venir a ver muertos y gente triste.

Me quitó el pantalón y la camiseta, mientras mi compañera me cuenta la guerra que le han dado sus hijos antes de ir al colegio.

Os podría describir a Martina con tan sólo una palabra: alegre. No sé de donde se saca esa alegría que le da la vida, pero siempre lo está. Es capaz de hacer animar a los familiares de los difuntos en los peores momentos. Algo que jamás he conseguido hacer yo, pero claro está que ese no es mi trabajo, sino el suyo.

Pero como os he dicho, no sé de donde se saca esa inmensa alegría que va derrochando por donde pasa. Principalmente porque no es que haya tenido una vida muy bonita, que se pueda decir.

A los diecisiete años se quedo embarazada, de su primer novio. El cual la dejo a los dos años y medio. Y, como os podéis imaginar ese hombre jamás ha vuelto a ver a su hijo.

A los veintitrés empezó a salir con un chico africano, el cual le concedió dos preciosas gemelas, que parecen trocitos de chocolate con leche. Pero cuando las niñas apenas habían nacido, lo exportaron del país por no tener papeles. E igual que el primer novio, este tampoco ha vuelto a saber nada de sus hijas ni de Martina.

Y por último, cuanto tenía veinticinco, conoció a un chico, se enamoraron, soñaron juntos muchas cosas y también tuvieron un hijo. Y os preguntaréis ¿y con esté que le paso? Pues bien, sé que puede sonar sacado de una película de Hollywood o de cualquiera libro de drama, pero se ve que ese hombre era su hermano. Al parecer, el padre de ella había tenido una aventura con otra mujer, que dio fruto al nacimiento de ese hombre. El niño nació con problemas de salud o algo así, y a los tres meses murió. Cosa que dio resultado a que el hombre, es decir el hermano de Martina, se largara del país. Era el primer hijo que iba a tener y estaba muy ilusionado, por lo cual le causo una gran depresión y quiso alejarse de Martina, ya que le recordaba al niño.

Martina es como la viuda negra, pero sin matar a los hombres. Parece que tiene un don para quedarse embarazada pero luego ser abandonada. Y me da mucha pena, pero cuando la veo sonreír a más no poder, me doy cuenta que a pesar de los problemas que ha tenido, siempre se ha mantenido en pie y ha sabido salir adelante con tres niños y con el recuerdo del difunto hijo.

- Oh, perdón –dice uno de los compañeros al abrir la puerta del vestuario.

Es Gustav, o como le llamamos todos: Gus. Él es un chico muy raro, pasa muy desapercibido, por lo cual a veces ni te das cuenta de que está ahí. Es más, si no llega a disculparse, yo al menos, ni me había enterado de que había entrado.

Gus cierra la puerta después de recorrer el vestuario, cabizbajo, hasta su taquilla y sacar su cartera. Gus es el que gestiona los coches fúnebres. Se podría decir que es el jefe de los chóferes, aunque él también conduce casi cada semana.

- ¿Has visto como te ha mirado el chico? –dice Martina casi chillando.

No es la primera vez que el chico entra mientras me estoy cambiando, pero no le doy importancia. Aunque Martina siempre dice que lo hace aposta.

- Este chico cuenta todo el tiempo, y cuando sabe que es el momento justo para entrar y verte desnuda es cuando entra. Y, ¡plaf!, te encuentra en sujetador y bragas –dice ella- Que por cierto, siempre llevas ropa interior muy sexy, cualquiera diría que lo haces aposta para que lo vea él –añade entre risas.

Sonrío junto a ella, pero no digo nada. Jamás me he puesto ropa sexy para que algún hombre pueda deleitarse. Al contrario, siempre me la he puesto para verme bonita yo misma. Aunque en ocasiones, si me la he puesto para que, en alguno de nuestros encuentros, Aitor me desee mucho más de lo normal. Pero esto es un tema aparte.

Hace más de 3 años

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#13

Al salir del vestuario, me encuentro al director de la funeraria, es decir mi jefe, apoyado en la pared, justo al lado de las maquinas de refrescos y comidas.

- ¡Por fin sales! –Dice al verme, parece que me estaba esperando- Tenemos prisa, Idalia. Esta noche ha muerto el presentador del telediario de la noche, y necesito que me lo tengas preparado para antes de las nueve y cuarenta y cinco. A las diez en punto tenemos que tenerlo listo para llevarlo a la sala VIP.

Observo mi reloj, son casi las nueve y cuarto, apenas tengo media hora. Normalmente suelo tardar ese tiempo exacto, pero bajo presión y, encima, siendo un famoso que lo va a venir a ver, quizás, hasta el alcalde de Amaltea y el presidente del Estado, tengo que dejarlo perfecto.

Corro hacia mi sala de maquillaje y saco todas mis herramientas encima de la mesa, para no tardar en buscarlas.

Robie ha sido asesinado de un balazo en la frente. Mientras lo maquillo, mi jefe está a mi lado, contándome todos los hechos. Por lo cual no puedo estar escuchando música, que es lo único que me relaja en cualquier momento, sobre todo con tanta presión encima.

Daría lo que fuese para chillarle y decirle que se largara, que me dejará en paz y me dejará de hablar, pero si digo eso me juego un despido. Su voz en mi oreja me está empezando a poner nerviosa y sus prisas me están agobiando mucho.

Hasta que se me cae un pincel al suelo y el polvo de él se esparce por todo el parquet.

- ¿Pero qué haces? No tenemos tiempo de limpiar ahora esto –dice mientras me agacho para cogerlo e intento limpiarlo un poco- Tienes que darte prisa, Idalia por favor.

Hago caso a mi jefe, y vuelvo a mi trabajo. Ahora mismo ya no es sólo el agobio, la presión y los nervios, es también la herida de bala. Es casi imposible de tapar, y, encima, tal y como lo estoy dejando parece que le haya salido un enorme grano en medio de la frente. Da risa más que pena.

- Idalia, necesito que me lo hagas bien. Es un famoso de un telenoticias, son gente seria. No es un payaso de la televisión.

Un nudo en la garganta empieza a nacer y me impide tragar la saliva. Los nervios se están apoderando de mí y no soy capaz de luchar contra ellos, hasta que derramo una lagrima.

- ¿Y ahora por qué lloras? ¿Tanto le admirabas? –pregunta sin apenas respirar.

- No. Es que me estás agobiando y poniendo nerviosa. Y, cuanto más nerviosa me pongo más tardo en realizar mi trabajo. Por favor, déjame hacer el trabajo a mi sola.

Está a sido la forma más suave de decirle que se largue de una vez por todas. Pero aún así, me siento mal por haberle “echado” de esa sala. Una sala horrible y que ahora mismo se me hace grande.

Me pongo los cascos y pongo música. Pongo la misma canción que estaba escuchando en el autobús y que Erik cantaba y tocaba con su guitarra.

Erik. ¿Por qué has tenido que volver a mi vida? ¿Por qué, Erik?

Hace más de 3 años

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#14

Al terminar de maquillar al presentador, salgo corriendo de la sala para avisar a mi jefe de que ya he terminado y ya se lo pueden llevar.

Mientras espero que se lo lleven, me escondo en el comedor de los trabajadores. Y me hago una infusión. Sigo muy nerviosa, el jefe me ha obligado a ponerme así. Mis dedos tiemblan y no soy capaz de dejar de mover los pies, dando pequeños toques de punta con el suelo.

- ¿Estás bien? –Dice Gus mientras se sienta enfrente de mi y estira el brazo derecho con una caja de galletas- Ten para ti, comer te calmara un poco.

- ¿Comer? Con estos nervios no soy capaz ni de masticar, no me entraría en el estomago –le respondo.

Se me queda mirando unos instantes, deja la caja en medio de la mesa y aparta la mano hasta su mejilla.

Recorro con la yema de mi dedo la parte superior del vaso, mientras observo la bolsa de la infusión en medio de él.

- ¿Crees que me despedirán? –preguntó asustada.

Gus suelta una pequeña carcajada. Lo observo. Gus esta riéndose, jamás lo había visto hacerlo. Tiene una sonrisa muy bonita a decir verdad.

- ¿Por qué te iban a despedir? ¿Por agobiarte en el trabajo? –Afirmo con la cabeza- No te van a despedir por eso. Es algo normal. Mujer, si te estresases siempre entonces quizás, pero no creo. No digas tonterías. Como mucho te echaran por haber echado el jefe de un lugar que es de su propiedad –dice con una pequeña risa.

No sabía que Gus tuviese ese pequeño lado de humor y sonrisas. Le convierte en alguien muy simpático, y además no le hace parecer tan raro.

- Cuidado –dice- Viene el jefe, escóndete bajo la mesa por si viene a despedirte, que no te encuentre –comenta.

Sonrío ante su frase. Me giro y veo al jefe venir hacia nosotros en paso firme. Parece que está muy serio. Quizás sí tendría que haberme escondido bajo la mesa antes de que me viese, aunque seguro que ya me vio al entrar en la sala.

- Idalia –dice el hombre poniendo su mano en mi hombro- Has hecho un muy buen trabajo, te felicito. Y por cierto –sigue diciendo- no pasa nada porque me echases de la sala, te entiendo y te pido disculpas.

Le observo sin responder ante sus palabras. Tan sólo dibujo una pequeña sonrisa.

- Por hoy ya es suficiente. El resto del día lo tiene libre -añade.

- ¿Ya? Pero si apenas es media mañana -contesto al final.

Sonríe y con una mirada me indica que no pasa nada, que me merezco ese pequeño descanso.

- Ves como no ha sido para tanto -dice Gus cuando el jefe ya se ha vuelto a ir- Y, encima, has conseguido un día libre. ¿Qué más quieres?

No sé lo que quiero. Me apetece tener tiempo para mi misma, pero ahora mismo no lo quiero. Tengo tantas preocupaciones en mi cabeza, que tener tiempo para mi me obliga a pensar en ellas y martirizarme.

- Bueno, entonces aprovechare esté tiempo que me dan libre -termino diciéndole- Pero no sé en que aprovecharlo.

- Si quieres te puedo llevar a un lugar muy bonito para pasar el rato -comenta Gus.

Observo al chico. Creo que es la primera vez que mantengo una conversación tan larga con él. Todas nuestras conversaciones, hasta ahora, tan sólo habían sido de salutaciones y poco más.

Acepto su propuesta.

Hace más de 3 años

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#15

Gus conduce el coche fúnebre hasta los afueras de la ciudad. Él no tiene coche, por lo cual siempre usa el coche del trabajo para ir donde sea. No me quiero imaginar lo que debe pensar la gente cuando le ven yendo a comprar comida con él.

A mí, personalmente, me daría mucho mal rollo tener que ir a todos lados con ese coche. Un coche oscuro, alargado y triste. Un coche que ha llevado centenares de difuntos, flores y vidas. Un coche, el cual cada persona que lo ve por la calle, se lo queda mirando dudando de si dentro habrá algún cadáver o estará vacío.

Subir en él siempre me da mucho respeto. Me daría mucho miedo conducirlo. Tendría miedo de echar la vista atrás y encontrarme como el cadáver ha resucitado o escuchar golpes en la caja y gritos de auxilio. Es muy aterrador a mi parecer.

Gus recorre el coche y me abre la puerta. Todo un caballero. Observo el lugar, nunca había estado en él. Estamos en medio del bosque y en medio de él hay un puente que hace la función de camino que penetra el bosque, parece que no tenga fin. Lo recorremos, uno al junto del otro.

- Es muy bonito este lugar –comento.

El silencio de la naturaleza inunda nuestras orejas y provoca un estado de relajación a mi piel, que hace que me entren ganas de no irme nunca de ahí. Oigo pájaros cantas, ruidos en la profundidad del bosque y nuestros pasos pisar madera.

Al final del camino llegamos a una pequeña casa de madera. Su fachada es de colorines, muy alegre. Me recuerda a la casa del cuento de Hänsel y Gretel. Una casa pérdida en un bosque, apetecible a simple vista pero que dentro puede esconder muchas sorpresas.

- ¿Es tuya la casa? –pregunto.

- Sí, bueno… -dice y se queda callado como si intentará encontrar la respuesta correcta a mi pregunta- No es mía, es de un amigo mío. La usamos cuando queremos tener tranquilidad. Bueno, mejor dicho la usábamos. Hace tiempo que la alquila para turistas y parejas. Así que lo siento, pero no tengo llaves para entrar en ella –dice con una pequeña risa forzada, se siente decepcionado consigo mismo. Parece que sabe que me apetecía entrar en ella, pero no ha podido complacer mis expectativas.

- No importa –le digo para que no se sienta mal- Podemos estar en el porche al menos, ¿no?

Digo al observar un pequeño porche con un sofá enorme, un par de hamacas, luces apagadas y un montón de flores por todos lados.

- Sí, claro. Además, creo que hoy no hay nadie dentro, por lo cual no molestaremos a nadie. Si lo hubiese sabido habría pedido las llaves a mi amigo –parece que no para de darle vueltas a lo de entrar dentro.

- No importa, hace buen tiempo. Es mejor estar aquí fuera, junto a la naturaleza, antes que estar encerrados, ¿no?

Afirma mi frase con la cabeza. De su mochila saca un par de cervezas y me pasa una. Le doy un largo sorbo, estaba sedienta.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? –le digo para romper un poco el hielo y sacar algún tema de conversación.

No es que me aburra estar ahí sin decir nada. Me gustan mucho los ruidos de la naturaleza. Pero quiero aprovechar que estoy ahí con él para poderle conocer mejor, para que pierda el miedo de hablar libremente.

- Depende –dice mientras se pone bien las gafas que le han caído hasta la punta de la nariz- ¿Es la pregunta que me acabas de hacer? –sonrío.

- No, es otra.

- Entonces, adelante –contesta.

- ¿Por qué eres tan silencioso? ¿Cómo es que te gusta pasar tan desapercibido?

Se me queda mirando unos instantes, como intentando pensar las palabras correctas para responder mis preguntas.

- Mmm… Eso son dos preguntas, no una –termina diciendo con una sonrisa- Nunca me había dado cuenta de que fuese silencioso. Quiero decir, ¿acaso tengo que ir pisando el suelo de forma brusca para que la gente sepa de mi presencia? –Le da un sorbo a la cerveza- Prefiero que si alguien me ve que sea porque se ha fijado en mi, con los ojos, no por los ruidos. Y… Acerca de lo de pasar desapercibido, pues supongo que con la respuesta anterior ya te lo he respondido.

Observo un pájaro que viene volando y se posa en una rama mientras canta una canción. Me recuerda al pájaro de Shrek cuando canta con Fiona, pero espero que esté al cantar no termine explotando y muriéndose.

- No me gusta ser el centro de atención, ¿sabes? –Añade- Me gusta ser yo mismo. No ser el típico chico al cual lo observan por sus grandes músculos, sus ojos azules (que posiblemente son lentillas), o por su pelo engominado hasta el cráneo. Me gusta ser sencillo, porque esta es la mejor forma de pasar desapercibidito. Y así, cuando alguien se fija en mi es por lo que soy, no por lo que aparento ser frente los demás.

Dentro de ese chico despistado y tímido, reside un hombre que en el fondo quiere ser alguien pero tan sólo para una persona, no para miles de ellas.

Afirmo sus palabras, sin dudarlo en ningún momento.

- ¿Puedo hacerte ahora una pregunta yo? –añade.

- Sí, claro. Yo te he hecho un par, tienes todo el derecho a hacer preguntas tu también –respondo con una sonrisa mientras acaricio el cuello del bote de cerveza.

- ¿Alguna vez te has sentido desplazada, como si nadie se preocupase por ti, como si fueses invisible y aunque te pusieses de puntillas nadie te hiciese caso?

Su pregunta me deja un poco descolocada. No sé muy bien que responderle, ni cómo empezar la respuesta. Es un tanto complicada y, si fuese por mí, sería tan extensa que me pasaría media hora para responder ante ella. Prefiero resumirla en tan sólo una palabra, o mejor dicho, un monosílabo.

- Sí.

Es más, ¿quién no se ha sentido así alguna vez? Incluso algún chico con grandes músculos, ojos azules (posiblemente por lentillas) y pelo engominado, se habrá sentido así en algún momento de su vida. Por qué al fin y al cabo, ¿qué somos? Personas. Personas que tienen sentimientos y en ocasiones pueden sentirse lo más inferior que han estado.

Hace más de 3 años

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#16

Observo a Gus mientras conduce el coche hacia la ciudad. Es hora de volver a casa, tengo que comer cuanto antes e ir con Aitor al funeral.

Estoy muy nerviosa. No sé porque, pero lo estoy. Supongo que es porque es la primera vez que Aitor me acompaña a un funeral. Las primeras veces siempre provocan ese gusanito que te da cosquillas en el estomago y que parece imposible de matar desde fuera.

- ¿Por qué vas a todos los funerales de los difuntos que maquillas? –pregunta Gus mientras su pelo baila al ritmo del viento que entra por la ventana.

- ¿Qué tiene de malo? –le respondo con otra pregunta- Siento que estoy en deuda con ellos.

- Yo no iría. Es decir, tú tienes la suerte de no estar obligada a ir, y siempre te veo en ellos –responde- Yo en cambio tengo que estar a la fuerza, aunque sólo sea esperando fuera de la iglesia.

- ¿No te gusta tu trabajo? –pregunto confusa.

- Sí, me gusta. Me encanta. Aunque preferiría evitar esa parte. Me gusta conducir y llevar a gente a los sitios que tiene que ir.

- ¿Y no te da miedo tener que llevar a un difunto al cementerio?

Hacía tiempo que quería hacerle esta pregunta, pero nunca sabía cómo hacerlo. Obviamente no me iba a presentar delante de él y preguntarle, pues nunca antes habíamos hablado tanto y me habría tomado, quizás, por una loca. Pero ahora que tengo un poco más de confianza con él, y el tema ha ido por ese carril ha sido el momento indicado para preguntarlo.

- A veces –responde y añade más- Por eso cuando subo al coche hago ver que soy taxista y le pregunto al difunto donde quiere que le lleve –me echo a reír- y durante el trayecto me invento alguna cosa para hablar –se echa a reír él también- Aunque nunca obtengo una contestación, me la imagino o pongo otra voz haciendo ver que me responde.
- ¿Y nunca nadie te ha visto hacer eso? –preguntó mientras me limpio una lagrima de la risa.

- Sí, un montón de veces. Deben pensar que estoy loco, pero cuando me ven cojo el móvil, para que piensen que estoy usando el manos libres –responde- Incluso un día me vio el jefe.

- ¿Y qué te dijo?

- Nada. Se echo a reír y luego se fue. Si en el fondo el jefe es muy majo y simpático. Sólo que al tener el sobrenombre de “jefe” ya lo ponéis todos como él malo.
- Yo no le pongo de malo –respondo- Esta es mi calle –digo señalando la calle donde vivo.

Gustav para el coche a un lado de la calle y para la radio. Una radio de la cual no me había dado cuenta de que estaba encendida, pues nuestra conversación me ha hecho olvidar todo lo demás.

- Muchas gracias por llevarme y por haber pasado este rato conmigo. Bueno, y también por haberme llevado a ese lugar, era muy bonito –le respondo.

- No es nada. Gracias a ti por aceptar mi propuesta.

Antes de que baje del coche, Gus se acerca a mí y me da un beso en la mejilla. Yo le devuelvo el beso y bajo del coche.

Hoy no sólo ha sido la primera vez que Gustav se ha abierto un poco ante mí, por lo que hace lo de hablar y esas cosas, sino que también me ha dado un beso en la mejilla. Jamás habría imaginado que me daría un beso. Con lo tímido que parece, tiene pinta de no haberse acercado nunca a una mujer.

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#17

Salgo del coche en dirección al portal donde vivo. Ahí, enfrente de él, me encuentro con Aitor que me esta observando, parece algo triste.

- ¡Aitor! -le digo mientras me acerco a él para darle un par de besos- ¿Qué haces aquí?
Tarda en responder a mi palabra, se le ve confuso o enfadado.

- Estaba esperándote en la parada de autobús, pero como no habías llegado con el que vas siempre me preocupe. Pensé que te había pasado alguna cosa.

Es tan adorable cuando Aitor se preocupa por mi, me gusta que lo haga, aunque me siento mal cuando lo hace. Su reacción a muchas situaciones es la que tendría un novio. Un novio... Él sólo es mi mejor amigo.

- Pero ya veo que has llegado perfectamente -añade- Con ese chico.

Aitor me da la espalda, saca sus llaves abre la puerta y penetra en el edificio. Yo le sigo.
¿A qué viene esa forma de hablarme? Parece que lo diga como si yo hubiese hecho algo malo. ¿Acaso lo he hecho? No. Me respondo a mi misma.

- Aitor -le digo antes de llegar a nuestro piso- Gustav es mi compañero del trabajo y hemos salido a dar una vuelta.

Él no contesta nada. Sigue andando hasta llegar a nuestro piso, abre la puerta de su casa y se encierra en ella. Yo hago lo mismo, pero con mi casa.

¿Por qué se ha enfadado?

Siempre dicen que las mujeres no hay quien las entienda, pero yo creo que son mucho más complicados los chicos.

Dejo mis cosas en mi habitación y me tiro encima de la cama. No tengo hambre. Y, me están entrando muchos nervios. Aitor se ha enfadado conmigo, sin ninguna razón, aunque si la hay la desconozco. Y él me iba acompañar esta tarde en el funeral. Tengo miedo de afrontar la muerte yo sola. Tengo impulsos de llamar a mis amigas, pero ya quedamos que hoy no podían y que me acompañaría él. Pero no será así, tendré que ir sola. Sola por primera vez a un funeral. ¿Hay algo más terrorífico que esto? No lo creo.
Observo la pantalla del móvil, quiero llamarle y preguntarle acerca de lo de antes, pero me mantengo lejos del botón de llamar.

Cuando estoy apunto de que se me cierren los ojos me acuerdo de algo que dijeron mis amigas:

- Aitor es un celoso -comento una de ellas.

Celos. Esta celoso. ¿Aitor esta celoso de Gus? Tengo muchas ganas de echarme a reír, es absurdo que esté celoso de él. Además, es la primera vez que llego a casa con mi compañero del trabajo. Creo que jamás lo he mencionado delante de Aitor, ya que nunca he tenido nada que contarle acerca de él. Siempre que hablo de mi trabajo, como mucho hablo de Martina o del jefe, pero nada más. No tiene sentido que se ponga celoso.

Pero de repente mis ganas de reír se esfuman, igual que una vela se apaga cuando se queda sin oxígeno. Tengo un nudo en la garganta, me estoy empezando a sentir culpable. Culpable de haber "obligado", si es que se le puede llamar así, a Aitor a ponerse celoso.

Un par de horas después, cuando por fin me he recompuesto emocionalmente, salgo del piso y justo delante, sentado en las escaleras, me encuentro con Aitor. Me observa de arriba a bajo, yo hago lo mismo con él y se levanta del suelo. Observo sus ojos rojos e hinchados, parece que haya llorado durante un buen rato. No me dice nada, pero entiendo sus miradas y sus gestos. Si que va a acompañarme. Esbozo una pequeña sonrisa, pues me alegra saber que no tendré que ir sola ahí. No tendré que ir sola al infierno de mi vida.

En menos de un cuarto de hora llegamos a la iglesia con el coche de él. Y, nos esperamos a que empiece todo.

- ¿Y por qué fuisteis a dar una vuelta? ¿No trabajabas hoy? -pregunta al fin.

Pensé que no abriría la boca en toda la tarde, y aunque me alegra que lo haya hecho al fin, habría preferido que hubiese dicho otras palabras y no hubiésemos vuelto al mismo tema de antes.

- Sí trabajaba. Hoy he tenido que maquillar al presentador del telediario -y le empiezo a contar toda la historia con el estrés que me ha causado el jefe, la conversación de Gus y la propuesta de salir a tomar el aire en un lugar nuevo.

Asiente con la cabeza, se le ve más tranquilo. Incluso a sonreído un par de veces, por fin.

- ¿Has estado llorando? -le pregunto justo cuando el coche fúnebre llega a la iglesia.

No contesta, solo me observan y luego desvía la mirada hacia el conductor, hacia Gus, y le inspecciona de arriba abajo, como si no quisiera perderse ni un detalle de ese desconocido.

Cuando Gus me ve, me saluda con un gesto de mano. Aitor en seguida se pone de morros y me coge de la mano. Como si quisiera marcar su territorio.

Hace más de 3 años

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#18

Este funeral ha sido diferente al resto. Estar junto a Aitor ha causado ese efecto. Y me gusta.

- Me gustaría que vinieras más a menudo conmigo -le comentó mientras salimos del cementerio y nos dirigimos hacia una cafetería- Me refiero, que vinieras más a menudo conmigo a los funerales.

Él no dice nada. Nos sentamos en las sillas de una mesa que está en una esquina del local, alejada del resto del mundo. Y pedimos un par de cafés.

- Aitor... -le digo sin querer forzar sus palabras y me observa- ¿Estás bien?

- Sí -no añade nada más, ni parece tener ganas de hacerlo.

Al salir de la cafetería nos dirigimos hacia nuestras casas, respectivamente. Pero antes de que Aitor desaparezca de mi vista, le invito a venir a mi casa un rato. Me apetece estar con él, aunque no me hable, por su enfado, pero quiero hacer algo con él: ver una película o alguna cosa. Él acepta y entra en mi casa. Nos sentamos en el sofá.

- No. No estoy bien -dice sin que le vuelva a preguntar nada.

Aitor se acerca a mí y me observa la cara. Acaricia mi mejilla derecha y se acerca a mí. Siento nervios. Está a punto de besarme, y al final me besa. Siento su cuerpo ardiendo encima de mí, mientras sus labios recorren mi cuerpo con deseo.

- Te quiero -añade Aitor mientras estamos tumbados en mi cama, abrazados bajo mis sabanas.

Le observo la cara. No sé qué contestarle. ¿Qué debo decirle cuando alguien te dice eso? ¿Corresponderle? ¿Corresponderle sin estar segura de lo que siento yo? No puedo. No puedo decirle nada. Me callo. Me callo para no tener que mentirle. No quiero hacerle daño. Pero al callarme, me doy cuenta que más daño le estoy haciendo que si le mintiese.

Aitor me besa la frente, se levanta de la cama y se pone su ropa. Observo como su cuerpo desnudo desaparece bajo su ropa. Es guapísimo y tiene un cuerpo excelente, pero aun así no estoy segura de decirle lo mismo que él ha dicho.

Se aleja de mi habitación, sin despedirse. Abre la puerta de mi casa y la cierra. Dejando atrás un portazo de tristeza y un ambiente de malestar en mí casa.

No sé cómo ni porque, pero terminó llorando. Llorando por hacerle daño.

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Lluna
Rango6 Nivel 26
hace más de 3 años

Me ha encantado tu historia

Kicye
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Me tienes atrapada con tu historia. De principio a fin. Es excelente, pensé que por su extensidad me aburriría pero es todo lo contrario. Deseo leer más de ti. Tienes algunas faltas (tildes); sin embargo mi deseo por seguir leyendo el resto no desaparaece. Me encantaría que me dieses tu opinión de mis historias.


#19

Este sentimiento que siento es doloroso. Me apuñala el alma y el corazón, como si quisiera que muriese cuanto antes, y encima sufriendo de forma muy bestia.

¿Qué suele hacer la gente cuándo le dicen “te quiero”? Supongo que lo normal es corresponderle, decirle “y yo a ti” o alguna cosa por el estilo, o simplemente, decirle “lo siento, pero yo no”. Pero aunque sé el tipo de respuesta que se debe dar a estas dos palabras, no fui capaz de responderle. ¿Por qué tienen que existir estás dos palabras juntas? Tan sólo sirven para joder a las personas, a no ser que sea correspondido, que no suele pasar muy a menudo, si lo comparamos con los rechazados.

- ¿Por qué no fui capaz de responderle? –me pregunto en voz alta, mientras el agua de la ducha recorre mi cuerpo.

No fui capaz porque no sé lo que siento. Hay momentos que siento que debo corresponderle y decirle que quiero vivir con él. Pero otras veces… Otras veces es todo lo contrario. Otras veces imagino en conocer a otra persona. O me imagino volviendo con Erik. No es normal que diga lo que acabo de decir, Erik me hizo mucho daño, pero aun así, en mi imaginación, en mis sueños lejanos, en mis expectativas de futuro lo veo a él junto a mí en fotos, en recuerdos, en una misma casa y compartiendo algún hijo.

Soy estúpida. Lo sé.

Salgo de la ducha y me tapo con el albornoz.

Ha pasado casi una semana desde que Aitor me dijo que me quería. Desde entonces no hemos vuelto a hablar, no hemos coincidido en ningún lugar y, aunque le deje mensajes de voz al móvil, él no me llama y ni me contesta. Esta enfadado. Y este enfado me está recordando al de la otra vez, al de la vez en que le dije a Aitor que no le quería y que me había enamorado de Erik. Es todo tan parecido a entonces.

Al salir del portal, en el banco de enfrente de él, me lo encuentro. Me encuentro con la mirada simpática e ilusionada de Erik. Con la ropa que lleva parece un vagabundo, pero un vagabundo pijo. Su pelo, que parece de recién levantado, ondea junto el aire mañanero. Me tapo con la bufanda la nariz, antes de que se me vuelva roja.

- Buenos días, Idalia –dice él mientras se acerca a mí y me da un par de besos- ¿Vas para el trabajo?

- Buenos días. Sí, voy para allá. ¿Y tú? ¿Tú que te vas a tocar la guitarra en busca de limosna?

No sé porque he dicho lo que acabo de decir. En seguida me avergüenzo de ello y desearía haber terminado mi frase en la primera pregunta. Me sonrojo.

Erik se ríe.

- No –añade- Hoy tengo suficiente dinero para hacer lo que quiera.

Sonrío de forma sutil, y empiezo a andar en dirección a la parada de autobús. Él, como no, me sigue a menos de medio metro de mi. Siento como si se hubiese vuelto mi sombra, pero una sombra diferente, una sombra parlanchina y con una guitarra en sus manos.

- ¿Cómo es que al final preferiste maquillar a cadáveres en vez de a Jennifer Lawrence? –dice mientras subimos al autobús.

- Supongo que, preferí maquillar a cadáveres porque así no me daba tanta vergüenza. Me pondría muy nerviosa teniendo que maquillar a Lawrence, o a cualquier otro famoso –al terminar mi frase me siento al final del autobús.

- Así que tu plan es esperar a que todos los famosos se vayan muriendo, y que vayan pasando por tus manos. ¿No? –Dice con una risa bastante contagiosa- Pues la verdad, Idalia, es muy buen plan ese. Así, al fin y al cabo podrás maquillar a un montón de famosos.

- Aunque no podré volverlos a maquillar luego –añado.

Erik ha cambiado. Antes no era esta clase de chico. No era de hacer bromas con las chicas. Para él, las chicas eran para lo que eran y si tenía que hacer bromas, de este tipo, ya tenía a sus amigos para eso. Ahora se le ve más maduro, más crecido y, hasta parece, más guapo. Aunque bueno, lo de guapo ya lo tenía antes, pero ahora esa belleza en él se ha multiplicado por infinito.

Observo su cara pensativa, mientras con sus dedos juega con la púa y las cuerdas de la guitarra. Intentando crear una canción, una melodía que vaya a enamorar a miles de chicas más.

- Dime una canción –dice, y aparto mi mirada de él.

- No lo sé. ¿Quieres tocar alguna canción? ¿No decías que hoy no ibas a por limosna?

- No –dice sonriendo- Hoy sólo voy para cantar para ti. Dime cualquier canción, y yo te la cantaré.

- No creo que conozcas las canciones que me gustan, no son tu estilo. No te veo escuchándolas.

- Deja de negar tanto lo que dices. Estoy seguro que cualquier canción que me digas me la voy a saber.

Empiezo a pensar alguna canción. Y no es fácil, quiero que sea alguna que no pueda conocer, quiero hacerle ver que mis negaciones están justificadas.

- “El último día” de Lagarto Amarillo.

Sé que no me he lucido mucho pensándola. Es un grupo famoso y es muy posible que haya escuchado muchas canciones de ellos, incluso esta. Pero por probar no pierdo nada, ¿no? Bueno sí, pierdo justificar mis anteriores negaciones.

Erik se pone en posición de tocar las cuerdas y se aclara la voz. Parece que sí la conoce, se le ve decidido a tocarla y cantarla. Su voz inunda mis oídos de amor, de sueños y de recuerdos. Recuerdos que él destrozo y rompió en pedazos.

Hace más de 3 años

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#20

Salgo del trabajo, casi cuarenta y cinco minutos tarde. Hoy me ha tocado maquillar a un hombre que pasado ayer sufrió un accidente de coche y termino ardiendo en llamas. Él hombre ha quedado totalmente irreconocible. He tenido que usar como diez fotos suyas, para poder dejarlo casi exacto a como era antes de que el fuego quemara su piel.

Cuando su mujer me ha dado las imágenes, me ha rogado que por favor se las devuelva intactas y que deje a su marido exactamente a como era antes, no quería que su hija, de cinco años, se asustara al ver a su padre con esa cara, ya que no quería que terminara con algún trauma.

A mi parecer, yo si fuera esa mujer, no me habría atrevido a dejar que mi hija viese a su padre. No porque tuviese la cara quemada, aunque he tenido que usar mucho maquillaje, demasiado diría yo, sino porque no me atrevería a enseñarle a su padre muerto. Preferiría que mi hijo o hija, recordase a su padre tal y como era cuando estaba vivo, y no en su último momento en este mundo.

Salgo del trabajo corriendo, tengo que pillar el autobús que pasara ahora, o si no tendré que esperar al siguiente, y para el siguiente aun faltan treinta y tres minutos, es mucho tiempo y no quiero perderlo.

Al llegar al autobús me siento en el mismo lugar donde me he sentado por la mañana, junto con Erik. Al terminar de cantarla me ha dicho:

- ¿Quedamos esta noche para cenar? Tengo la suficiente limosna para pagarte una cena digna.

Sin pensármelo dos veces le he dicho que sí, que aceptaba. Bueno, no lo he pensado al decirlo. Pero cuando he bajado del autobús y durante toda la mañana, he estado pensando en lo tonta que he sido aceptando esa propuesta. ¿Acaso soy masoca? Sí, Idalia, lo eres. ¡Y mucho!

Al bajar del autobús veo a Aitor entrar en el portal. Bajo corriendo para poder alcanzarlo. Pero antes de llegar ahí, la puerta ya se ha cerrado y observo, mientras saco las llaves de mi bolso e intento abrir la puerta, como él desaparece hacia arriba por las escaleras.

- ¡Aitor, espera! –digo cuando por fin consigo entrar.

Él se asoma por la barandilla y al verme se vuelve a esconder, y vuelvo a escuchar sus pasos hacia arriba, cada vez más lejos de mí. Yo, empiezo a correr cuesta arriba, pero como era de esperar, termino cayendo. Miro hacia arriba, y veo a Aitor asomarse otra vez. Me salta una lágrima y me pongo a llorar del dolor que me he hecho, pero ese no es motivo por el cual Aitor baje a rescatarme, simplemente se vuelve a esconder y sigue su camino hacia su casa.

Espero no haberme roto nada, aunque al andar me hace daño la rodilla derecha. No le hago caso y sigo mi camino hacia arriba. Tengo que comer e ir al funeral de esta tarde, o llegare tarde.

Hace más de 3 años

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faviodegradable
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

muy buena narrativa, mueatra cada vez mas lo que hay dentro de su protagonista! tienes mi like! pasa por mi historia la gran pausa a ver si merezco el tuyo! suerte!

Kicye
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Soy súper fan de esta historia. Me has atrapado, no puedo esperar más para la siguiente parte.


#21

Estoy delante la iglesia, esperando a mis amigas, que en principio, aunque no les he llamado, tienen que venir al funeral del hombre del telediario. Espero que no se hayan olvidado de mí. Observo la multitud de gente. Hay famosos, familiares, personas de altos cargos políticos, profesores de las mayores universidades del país y mucho, pero demasiados, curiosos.

Aunque suelo tener miedo en los funerales y no tener ganas de asistir, en algunas ocasiones, esta vez es diferente: no tengo absolutas ganas de estar ahí. Esta vez es diferente, el sentimiento de tristeza no es tan unido como el de los demás funerales. Hay gente que apenas había hablado con el hombre, e incluso gente que lo odiaba, hace un rato he visto el hombre del telediario de la noche, que trabaja en la cadena adversaria a la del difunto, y siempre se habían odiado.

Todo esto me hace pensar en que no tiene sentido ir a un funeral de alguien a quien odias. ¿Por qué cuando un famoso se muere todos van a su entierro sin apenas conocerlo? Van ahí para dar una condolencia a los familiares, una condolencia que les da igual. Seguro que muchos están ahí para escaquearse del trabajo.

Pero lo peor no es todo esto. Lo peor es que sus enemigos ahora van diciendo lo bueno que era y lo buenos amigos que habían sido. Que, además, se arrepienten de no poderlo haber conocido más a fondo. Normal que no pudieran haberse conocido más a fondo, si el poco tiempo que teníais para hablar lo usabais para discutir.

Esto es tan absurdo que me están entrando ganas de irme de ahí. Huir de esta farsa antes que terminar siendo una más de ellos. Aunque al fin y al cabo, ¿no formo parte ya de esta farsa? A todos los funerales que he ido, jamás he conocido a la persona. Pero lo mío es diferente, al menos a mi parecer.

El coche fúnebre llega delante de la iglesia, conducido por Gus, y aparca delante de la puerta. Gus sale del coche, abre la puerta de detrás y con la ayuda de un par de familiares sacan al difunto. Introducen la caja dentro de la iglesia, para ser expuesto delante del altar.

El funeral está a punto de empezar y mis amigas aun no están aquí. Este funeral no puede empezar sin el club de los funerales presente. Observo a banda y banda de la calle, pero no aparecen y me estoy empezando a poner nerviosa. Necesito que alguien venga a mi rescate.

Al final alguien llega. Es él. Aitor llega a mi rescate.

- ¡Aitor! –Digo al verle- ¿Qué haces aquí?

Estoy alegre de que haya aparecido, pero a la vez confusa. ¿Por qué él está aquí? ¿Por qué no están Ada y Carol conmigo?

Una gota choca contra mi nariz. Observo el cielo nublado, mientras espero alguna respuesta de él. La cuál no obtengo. Apenas me ha mirado y apenas mira el resto de gente. Sigue con los ojos rojos. Sin decirme nada empieza a andar en dirección a la iglesia. Corro detrás de él, acordándome del pequeño golpe de mi rodilla, me duele al hacer fuerza.

Nos paramos delante de la puerta, dejando entrar al resto de gente. Y, cuando por fin todos han entrado, saludo al cura que entra el último. Vamos hasta el final de la iglesia, donde hay una gran multitud de personas de pie. Faltan muchos bancos y mucho espacio por la gente que hay.

- Buenas tardes –me saluda Gus al verme.

Le correspondo el saludo y le añado una sonrisa. Aitor observa mis palabras y mi gesto. Se apoya contra la pared, está serio como si le afectara el funeral de verdad.

- Sí que hay gente, ¿no? –Dice Gustav mientras se acerca a nosotros- Como se nota que es un famoso. Por cierto, al final te quedo genial el maquillaje, apenas se nota la herida de bala.
Sonrío.
- Muchas gracias. Sólo faltaría que el estrés que tuve para esconderlo no hubiese servido de nada –le contesto.

Gus observa a Aitor. Parece como si esperara a que los presentase. Lo que no sabe Gus, es que Aitor ya le conoce, y a decir verdad, no le cae muy bien. Se sujeta las gafas para que no le caigan, mientras mete las llaves del coche en su bolsillo y me sonríe.

Aitor, que parece que lo observa todo, me pasa su brazo derecho por encima de mis hombros, haciendo que su brazo me impulse hacia su cuerpo, sin que quede ninguna separación entre los dos. Gus al observar el gesto de mi amigo, se despide y se va. Parece que se piense que estaba molestando, y me duele que lo piense ya que no es así.

Últimamente las reacciones de Aitor son extrañas y raras en él. Jamás había hecho todo eso. Cuando sentía celos o alguna cosa, prefería cogerme de la mano y alejarme del lugar, como cuando conocí a Erik. Pero ahora sus gestos han cambiado, prefiere mostrarse cariñoso conmigo, aunque esté totalmente enfadado, y que todo el mundo vea que le pertenezco. Pero no es así, no soy de nadie. Sólo soy de mi misma.

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#22

Este ha sido el funeral más largo de mi vida. Más de veinte personas han subido al altar para decir unas cuantas palabras del difunto. Palabras vacías, sin sentido y por obligación. Es el funeral más triste en el que he estado, pero no triste por el dolor y el llanto. Si no triste por los presentes, por la falsedad de sus emociones y palabras. Nadie merece que el último adiós que le dan, sea como esté.

No me he atrevido a ir al cementerio, en parte porque Aitor, al terminar el funeral se ha ido sin apenas decirme nada. Ni me ha mirado. Con el que si me he cruzado varias miradas ha sido con Gus, parecía enfadado y molesto, supongo que por el gesto de Aitor.

Durante las casi más de dos horas que ha durado esta petraña, Aitor no ha separado su brazo de encima de mi hombro.

Aitor antes no era así. Parece que se quiera parecer a los chicos malos, a Erik cuando me enamore de él. Pero él nunca será así, siempre seguira siendo el chico dulce con el que crecí.

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#23

Al volver a casa recorro las calles de la ciudad, que la separan de la iglesia. Necesito dar un paseo, no coger el autobús y olvidarme de lo que me rodea, de la gente y de los pensamientos.

Entro en una tienda de ropa, donde hay un vestido negro que me ha enamorado desde el escaparate. Quizás estaría bien comprármelo para esta noche. La noche en la que ceno con Erik. Me pruebo el vestido y enseguida me gusta aun más que antes. Lo compro.

Me pongo los cascos mientras sigo el camino hacia mi casa. Observo el cielo, aún nublado, parece que intenta sujetar la lluvia lo máximo, pero en cualquier momento explotara y empezara una lluvia de las grandes.

Al llegar al piso, antes de entrar en mi casa, observo la puerta de casa de Aitor. Me quedo embobada mientras la miro.

Justo cuando saco las llaves del bolso, la madre de Aitor aparece por el ascensor.

- ¡Idalia, cariño! -dice la mujer que carga con varias bolsas- ¿Cómo estás? Hace días que no vienes por casa.

- Buenas tardes, Lucía -le digo mientras le sujeto una bolsa que casi se le cae- Estos días he estado muy liada con el trabajo -sonríe.

Lucía intenta coger las llaves de su bolso, le ayudo cogiéndole varias bolsas más. Me hace un gesto de que le deje las bolsas dentro de la cocina y así lo hago.

- Buff -suspira- Muchas gracias por ayudarme, cielo.

- No es nada -le respondo.

- Tengo una idea -dice la mujer mientras empieza a meter las cosas que ha comprado en sus respectivos sitios- ¿Por qué no vienes está noche a cenar? Voy a preparar pollo, del que más te gusta, ¿te parece bien?

Observo a la mujer ilusionada. Me apetece poder comer ese pollo tan rico que hace, pero no quiero dejar plantado a Erik, no quiero ser como fue él en el pasado.

- Lo siento, pero es que ya he quedado esta noche. Pero si quieres puedo venir otro día a cenar.

- Oh, no pasa nada, cielo. Cuando tu quieras, ¿de acuerdo? Cuando quieras me avisas, para poder hacer el pollo.

- De acuerdo -le digo mientras sonrío.

- Por cierto, ¿sabes si le pasa alguna cosa a mi hijo? -le niego con la cabeza y con la cara parece que le pregunto el porque de su pregunta- Es que últimamente esta muy triste y esta empezando a suspender exámenes, no tiene ganas de estudiar, ni de hacer trabajos ni de nada. Y me preocupa bastante -dice mientras me pone una mano encima de la cabeza y me la acaricia- Bueno, no quiero molestarte con mis tonterías -sonríe.

- No son tonterías. No sé que le pasa, pero si es verdad que últimamente esta más diferente de lo normal, para un extraño.

- Eso mismo pensamos -se refiere a ella y a su marido- Bueno, serán cosas de la edad supongo.

- Sí, supongo.

Al salir de la casa de Aitor, me despido de su madre con un par de besos y un largo abrazo que parece que queda en vacío.

Al llegar a mi casa empiezo a prepararme para esta noche, una noche que quizás no olvide nunca o no quiera recordar jamás.

Mientras hago todo eso, no paro de pensar en las palabras de la madre de Aitor. No soy la única que ve que ha cambiado y se esta comportando de una forma diferente, sus padres también se han dado cuenta. Ya no es lo que era.

¿Pero qué puede hacer que una persona cambien tanto de la noche a la mañana?

Mientras pronuncio esa frase, una y otra vez en mi cabeza, la respuesta a ella va uniéndose poco a poco.

- Es mi culpa, por eso esta cambiando -me digo en voz alta delante del armario mientras me observo con el nuevo vestido- Él me quiere, yo no sé darle una respuesta a sus palabras y, para terminar de unir el cambio, me ve con otro chico que apenas conoce.

No sé si todo lo que digo son imaginaciones mías o qué, pero sí es así me siento la persona más culpable del mundo, y con razón. No quiero que Aitor esté así por mi culpa, ¡no lo quiero!

Hace más de 3 años

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#24

Justo cuando termino de ponerme el rimmel, mi móvil empieza a sonar, me están llamando y es un número desconocido.

- ¿Sí? -respondo confusa.

- Hola, Idalia. Soy Erik -me saluda y se presenta.

- ¿Erik? ¿Cómo es que tienes mi teléfono móvil? -le preguntó aún más confusa.

- Pues nada, te quite el móvil antes un momento, me hice una perdida al mío y por eso lo tengo -dice entre risas- ¿Era esta la respuesta que esperabas? -afirmo- Pues entonces te has equivocado, monada, lo tengo desde hace tiempo, desde que nos conocimos y me diste tu teléfono, me lo guarde e imagine que aun tendrías el mismo número.

- ¿Cómo estabas tan seguro de que tenía el mismo número? -pregunto.

- Porque sigues en este país. Si te hubieses ido a Holywood entonces si habrías cambiado de número. Pero al seguir aquí, no creo que sirviese de nada cambiar de número de teléfono para que luego tengas que dar el nuevo número a todo el mundo, ¿no?

- Hay mucha gente que se cambia el número de móvil cuando compra un nuevo móvil. Pero bueno, da igual, ¿qué quieres? ¿Por qué me has llamado?

Erik se queda en silencio varios segundos y se hecha a reír. No entiendo muy bien el porque, pero su risa es tan contagiosa que termino imitándole, hasta que me duelen las mejillas.

- Bueno, que te llamaba porque ya estoy debajo de tu casa, esperándote. ¿Estás lista, hermosa?

- En cinco minutos bajo.

Cuelgo el teléfono y termino de arreglarme.

Estoy nerviosa, demasiado diría yo. ¿Por qué estoy nerviosa por salir a cenar con Erik? ¿Acaso cuando vuelves a ver alguien que te gusto en el pasado te pones así? Si es así no tendría sentido, si ya no se siente nada hacia esa persona, no se debería de estar nervioso al estar cerca de ella.

¿Acaso sigo teniendo sentimientos por él?

- ¡Pues claro, Idalia! -me chillo a mi misma mientras termino de ponerme los tacones- Tú eres la que sueña en tener un futuro junto a Erik e incluso te planteas darle tu barriga para que nazca vuestro hijo.

Soy estúpida y mucho, me repito a mi misma por dentro, una y otra vez.

Al terminar, me observo en el espejo, me encanta como me queda el vestido y los rizos en el pelo. Hacia tiempo que no me veía tan guapa conmigo misma.

Bajo loa escalones, casi dando saltitos, hasta que recuerdo la caída del otro día y el pequeño dolor que siento en algunas ocasiones y sigo bajando normal. Delante del portal, Erik, me espera. Lleva una camisa negra y unos vaqueros también negros. Su pelo, medio engominado, me recuerda al Erik del pasado. Aunque ha cambiado, sigue pareciendo el chico ligón que tiene a muchas chicas a donde va.

- Wuau, estás preciosa, Idalia -dice él mientras me coge de la mano y me da una vuelta sobre mí misma.

Me sonrojo bastante y le digo que él también está bien, aunque a decir verdad está mucho mejor de lo que yo le digo, pero no quiero que piense lo que no es.

Erik me da un casco y subimos en su moto. Como siempre va en autobús y cantando por todos lados en busca de limosna, no me esperaba que tuviera una moto y menos una moto tan bonito y ,a mi parecer, tan cara.

Erik pone rumbo hacia las calles de Amaltea, hasta el final de ella y se mete en la carretera, en sentido oeste. Veinte minutos después Erik para la moto, y bajamos en ese lugar. Es un polígono alejado de Amaltea, no tiene ningún otro pueblo más cerca.

Me ayuda a bajar de la moto y al hacerlo nuestros cuerpos se rozan. Le sonrío y me aparto de su cuerpo. Sus labios querían ir directos a mi boca, y no creo que fuera lo más apropiado, al menos por ahora.

- ¿Dónde vamos? -le pregunto mientras él empieza a andar por las calles de ese lugar y me sujeta mi mano derecha.

- Vamos a un local que hay aquí. No tengas miedo -dice entre risas.

Hasta entonces no tenía miedo, pero ahora es cuando si tengo. Me arrepiento de no haberle dicho a nadie que me iba a cenar con Erik, en un lugar desconocido. O mejor dicho, me arrepiento de no estar en casa de Aitor cenando con su familia como años atrás.

Al fin llegamos. Es un local con una fachada llena de colores. Erik me mira y sonríe.

- Aquí es, ¿verdad qué es bonito? -me pregunta muy alegremente.

Los dos entramos en él, donde un camarero nos acompaña a una mesa, que parece ser que esta reservada para nosotros.

- Esté es el lugar donde te quería llevar cuando íbamos a cumplir un mes -indica.

Me quedo sin saber que decir. Desde que le volví a ver, hace apenas unas semanas quería preguntarle acerca del pasado, pero mi corazón me lo había prohibido. Porque intuya que si lo hacia acabaría mal, llorando y, otra vez, con la consolación de Aitor, aunque esta vez seguro que no la tendría.

El camarero se acerca a nosotros y nos presta un par de cartas para ver que queremos para el menú.

Hace más de 3 años

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#25

Cuando el camarero por fin se vuelve a la cocina con las cartas y sabiendo lo que queremos comer, Erik me vuelve a observar.

- Supongo que te preguntaras que paso, ya debes saber a lo que me refiero, ¿no?

Sabe lo que voy a responder, por lo cual no entiendo el porque de su pregunta. Durante unos segundos me cuestiono la respuesta que le quiero dar, pero más que esto me cuestiono el tono en el que le quiero decir las cosas.

- ¿Te refieres hace cuatro años? ¿Cuándo, como has dicho antes, íbamos a celebrar nuestro primer mes? ¿En el cual quedamos al parque del centro de la ciudad, debajo del reloj, donde me estuve esperando segundos, minutos y varias horas, y me quede como una tonta en medio de ese parque, mientras la gente me observaba? ¿Ese día en el cuál estuve esperando como mínimo un mensaje que dijera “te dejo” o “llego tarde” o alguna cosa de ese estilo? ¿Ese día en el que me intente suicidar?

Erik se me queda observando. Ve el dolor en mis palabras, en mis manos que sujetan el tenedor y en los ojos que se me inundan de tristeza. Me siento patética, pero no por haber contado mis sentimientos y estar a punto de llorar en público, sino por haber venido, por estar en este lugar con la persona que más odio en el universo.

Cojo un papel de mi bolso, me limpio las lagrimas antes de que me destrocen el maquillaje y me sueno los mocos.

Cuando el camarero viene a traernos el primer plato, escondo mi cara debajo de mis manos, no quiero que nadie me vea en ese estado. En ese estado tan bajo que me ha obligado a estar, si es que así se puede llamar.

- Lo siento, Idalia -dice al final él varios minutos después, cuando casi ya hemos terminado el primer plato.

La verdad no me importa que él lo sienta o no, no necesito que sienta pena por mí, sólo quiero que alguien le haga pasar lo que me han hecho pasar a mí, aunque esa no quiero ser yo.

Al terminar el segundo plato, el postre y el café, aún seguimos en silencio. Él no ha sido capaz de decir nada, supongo que para no ofenderme o hacerme sentir mal. Y yo, no he sido capaz de decir nada, porque sabía que si decía alguna cosa sería algo malo, por lo cual terminaría llorando.

Andamos hasta la moto de él y me da un casco, pero no lo acepto.

- Prefiero volver andando -le digo.

Él me observa, como si fuera la primera vez que me hubiese visto hablar.

- ¿Dónde vas a ir de noche? No se ve nada, y no puedes ir por la carretera. Te pueden atropellar o hacerte alguna cosa. Déjame al menos llevarte a tu casa, por favor, Idalia.

Le observo los ojos, parece arrepentido o dolido. Pero eso ahora no me debe importar.

Al final acepto que me lleve hasta casa, aparca su moto en la calle y me acompaña hasta el portal.

- Siento que esta cena no haya salido tal y como yo quería.

- ¿Y cómo pretendías que acabara, Erik? ¿Siendo buenos amigos? Después de lo que me hiciste es difícil que volviéramos a ser como antes, o al menos, como he dicho, amigos. Nada podía salir bien.

- ¿Estás segura de que nada podía salir bien? -responde él.

- Segura no, estaba segurisima de que acabaría mal.

- Sí tan segura estabas entonces ¿por qué has venido a la cena? -dice él- ¿Acaso es qué eres masoca? En ese caso lo entendería, porque habrías venido sabiendo que lo pasarías mal, como si disfrutaras sufriendo. Y, por lo que conocí de ti hace cuatro años, no se te veía una persona de este tipo, sabias a lo que ibas y que si en algo tenías que pasarlo mal no lo hacías desde el principio. Aunque según mi teoría algo no encaja, como todas las teorías supongo.

Observo sus ojos que miran al infinito, intentando resolver la pieza que no encaja en su teoría. No quiero seguir escuchando sus palabras, sus suposiciones y sus “teorías” de crío. No quiero seguir sabiendo nada de lo que sale de esa boca, de esos labios tiernos y que antes me volvían loca, y para que engañarnos, aun sigo deseándolos, pero no con la misma intensidad ni con el mismo deseo.

- ¿Sabes lo que no encaja de mi teoría? -niego con la cabeza- Que aunque sabías que yo iban con muchas chicas, quisiste estar conmigo, te empeñaste en ser mi novia aunque sabías que tarde o temprano terminaría. Todos los amores de verano y de adolescencia terminan en algún momento, aun así quisiste que fuera tuyo. ¿Por qué?

Rompo en llano. No sé que responder a sus palabras, a sus preguntas, a sus suposiciones y a sus “teorías”, son tan ciertas la mayoría de ellas, que jamás me había parado a pensar en ellas. Siento que no puedo parar de llorar y él no hace nada para pararlo.

De repente una perra se me acerca y empieza a acariciarme las piernas, es Gummy, quiere subirse encima de mi, que le dé caricias y que juegue con ella.

-Hay algo en lo que no has cambiado en nada, es que sigues siendo bastante llorica -añade Erik- Cuando sepas responderme a mis preguntas y a tus contradicciones, entonces me llamas y me quedamos, porque la verdad es que necesito saber como alguien que sabe que le van ha hacer daño, sigue con el juego sólo porque sí, sabiendo el final que iba a tener todo esto.

Sin despedirse ni nada, Erik se gira, dándome la espalda. Observo como el dueño de Gummy, Aitor, observa al chico y luego observa mi cara llena de lagrimas, me giro precipitadamente, no quiero que él también me vea como la llorica y subo corriendo hacia mi casa.

Hace más de 3 años

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#26

Entro en casa apenas sin poder respirar. Mi padre no esta, como de costumbre. Voy hacia el baño y me desnudo. Me meto en la bañera con agua casi ardiendo.

No puedo más. Estoy volviendo a mi fin, a mi pasado. ¿Cómo unas palabras pueden hacer tanto daño? Y eso que tampoco han sido para tanto, pero siento que mis fuerzas caen al mar y se inundan hasta el fondo del océano.

Quizás no puedo más porque pensaba que la cena sería perfecta, sería la mejor cena de mi vida. Quizás pensaba que él me contaría alguna excusa para el pasado, yo le entendería y acabaríamos volviendo a estar juntos. En una noche mágica. Y al no ser así mi cuerpo a decaído.

Observo la espuma de la bañera, flotando sobre mi cuerpo. Parece tan abundante la espuma, pero luego la tocas, la palpas y la intentas coger y te das cuenta de que no es nada, que se rompe en seguida y que deja de existir, igual que los sentimientos de algunas personas.

Meto la cabeza bajo el agua, haciendo que todo mi cuerpo quede bajo el agua, bajo la espuma blanca que se ve desde abajo. Al volver a subir respiro profundamente y observo mis manos. Subo las piernas y observo mis pies. Con las manos intento sacarme el jabón de la cara, y me encuentro como mis manos están negras, del rimmel y de la sombra de ojos.

Recuero una de mis últimas sesiones en el psicólogo, con diecisiete años, donde el hombre me hablo sobre el amor. Me preguntó sí alguna vez había estado enamorada, si había querido a alguien y si había dado mi primer beso. En todo eso yo le dije que no, que no había sentido nada de eso, ni había tenido impulsos por tenerlo o hacerlo.

Como él sabía que era buena amiga de Aitor, me pregunto sobre él, ya que pensaba que él era mi novio o alguna cosa por el estilo. Le respondí que no.

Esa sesión no me gustaba mucho, hasta que al final me hipnotizo y me obligo a volver al pasado. Recordando una tarde de verano, cuando teníamos seis años. Yo había ido con Aitor y su familia de vacaciones un fin de semana, a la casa de la playa de unos familiares suyos. Íbamos a pasarnos todos los días en la playa, jugando con la arena y viendo juegos artificiales por las noches.

Aunque mi padre estuvo en contra de que yo fuera, ya que según él:

- Eres un estorbo, no puedes ir ahí. No son tu familia. Yo soy tú familia y te vas a quedar todo el verano aquí, conmigo en casa.

Después de pasarme toda la semana llorando, al final, la novia de mi padre, que por entonces era Ruth, consiguió que mi padre me dejara ir. No sé como lo hizo, pero le estuve agradecida, aunque cuando volví del fin de semana ella ya no vivía con nosotros, sino que entonces mi nueva madre era otra, una tal Katy o Paty, una mujer muy rara.

Bueno, volviendo al fin de semana. Fuimos con el coche del padre de Aitor, y nos pasamos todo el viaje cantando las canciones de la radio: Britney Spears, Maddona, Chayanne, Spice Girls y esas cantantes que estaban de moda por entonces.

La primera noche, fuimos con sus padres al paseo marítimo donde había muchas personas que esperaban la función de los fuegos artificiales. Habían un montón de parejas y, en un pequeño despiste de sus padres, Aitor y yo quisimos imitar el beso que se daban los demás entre nosotros. Cuando terminamos de darnos el beso en la boca, los fuegos artificiales iluminaron el cielo.

Me desperté de golpe de la hipnotización.

- ¿Mi primer beso fue con Aitor? -me toque mis labios pensando en lo que acababa de recordar- Si así fue, ¿por qué no me acuerdo de ello? -le pregunté al psicólogo.

- Bueno, tiene un razonamiento muy fácil. Porque justo cuando os distéis el beso, empezaron los fuegos artificiales, y supongo que os asustaron, por lo cual recuerdas más el susto que el beso.

- Sí, es verdad que del susto si que me acuerdo, casi nos meamos por culpa de él y los dos nos echamos unas risas durante días por su culpa.

- Ves, porque hay momentos del pasado que nublan los otros momentos. También puede ser porque no le diste la suficiente importancia.

Hace más de 3 años

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Ana0430
Rango5 Nivel 22
hace más de 3 años

me tiene enamorada esta historia.


#27

El sol entra por la ventana y se entrecorta con las cortinas de mi habitación. Observo como se reflejan los rayos del sol en mi habitación, aunque son pocos.

Después de vestirme y desayunar me pongo rumbo al trabajo. Mientras cierro la puerta de mi casa, Lucía aparece.

- Idalia, ¡cariño! -dice la mujer como siempre tan animada- Necesito que me ayudes.

- ¿En qué? -le preguntó- Es que ahora tengo algo de prisa, sino llegaré tarde al trabajo.

- Oh, cierto, tienes que ir al trabajo. Bueno, cuando puedas agradecería que te pasaras por casa, hoy supongo que estaré todo el día. Es sobre Aitor, necesito hablar de él con alguien, y creo que eres la persona indicada.

Observo la cara de preocupación de la mujer. ¿Yo soy la más indicada? No sé porque tengo que ser yo, pero quiero saber lo que le pasa a él y lo que tiene que decirme Lucía.
- ¿Quieres que venga a cenar hoy? -le preguntó.

Ella afirma sin pensárselo dos veces, se nota que tiene ganas.

Sigo mi camino hasta el trabajo, hoy por suerte no me he encontrado a Erik en el autobús. Si lo hubiese encontrado no habría sabido que decirle, habría sido un tanto extraño hacerlo, la verdad.

- Buenos días, preciosa -dice Martina cuando me ve entrar en el vestidor.

Me cambio de ropa junto con ella, mientras, como todos los días, me cuenta sus aventuras con sus hijos. Es agradable ver como unos seres tan pequeños, pueden llenar de felicidad a alguien que lo ha pasado tan mal. Diría que de mayor quiero ser como ella, pero no creo que lo quiera de esa manera y menos sufriendo como ha sufrido.

- ¿Hoy sabes a quién tengo que maquillar? -le preguntó.

Martina siempre es la primera que llega en el trabajo, sin contar al jefe y al vigilante. Por lo cual siempre es la primera en enterase de quién a muerte.

- Sí, y no creo que te haga mucha gracia.

- ¿Por? ¿Por que no me va a hacer mucha gracia?

- Es una niña.

Esto si que no me lo esperaba. Llevo unos dos años y poco trabajando aquí, y jamás había tenido que maquillar a ningún niño. Siempre habían sido personas de más de veinticinco años como mínimo. Va a ser raro tener que maquillarla.

- Pero... ¿y cómo maquillo a una niña? - le pregunto a Martina.

- No lo sé, hija. Pero espero que lo hagas mejor a como te lo has hecho tu -añade de broma.

Me observo en el espejo. Mis ojos aun poseen maquillaje de ayer junto con el hinchazón y la rojez del llanto.

- ¿Estás bien, hija? -me pregunta la mujer, mientras me pone los brazos por la cintura para que me gire y me pueda abrazar.

No sé como estoy, no sé que responderle. No entiendo nada de la vida, de mi vida, de mis pensamientos y sentimientos. Es todo tan confuso. Me salta una lágrima.

- Oh, no, cielo -dice ella mientras me limpia la lagrima- Ni se te ocurra llorar, para eso ya están los familiares de los muertos. Tu no debes llorar nunca, ¿vale? -me aparta el pelo de delante de la cara- Además, si la chica más guapa del trabajo llora entonces ¿qué hacemos las feas como yo? -dice entre risas.

Al salir del vestidor me encuentro al jefe y a Gus hablar en el pasillo. Parecen entretenidos hablando del partido de fútbol de ayer, y eso que no sabía que a Gus le gustaba ese deporte.

Me voy hasta la sala de maquillaje, ahí dentro me encuentro con la niña encima de la camilla de maquillaje, con los padres de ella y los cuatro abuelos.

Les saludo a los seis y luego les doy las condolencias. Empiezo a trabajar con ellos alrededor mirando. Debo decir que jamás maquillo delante de los familiares, principalmente porque muchos de ellos no quieren ver el rostro desfigurado, en la mayoría de ocasiones, sino el rostro que tenía la persona antes.

- Sabes, tenía cuatro añitos. Era muy pequeña para perder la vida, tenía una vida larga hacia delante -dice la madre mientras no suelta la mano de la pequeña- Se cayó de la azota. Siempre jugaba ahí, no pensé que le fuera a pasar nada. Pero ayer si paso, y yo ingenua con que no pasaría nada, pues me quede en casa mientras cocinaba la comida. Hasta que vi a la niña volando hacia bajo -la mujer empieza a llorar cada vez más, no lo puede controlar.

El marido, y padre de la niña, se acerca a su mujer y le tiende su hombro mientras le pide que se tranquilice, que no es su culpa y que todo saldrá bien.

- Nada puede salir bien ya, se ha muerto mi pequeña, mi princesita.

La puerta de la sala se abre y de ella aparece Martina, mi salvadora. Se lleva a los familiares, aunque le cuesta convencerlos de que es mejor salir de ahí y poder dejarme a mi trabajar, para así dejar a su princesa como la princesa más bonita del reino.

Hace más de 3 años

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#28

Al terminar mi trabajo voy hacia la cafetería, donde Martina me espera con una taza de chocolate caliente.

- Es para ti -dice acercándomela a donde me he sentado.

- Muchas gracias, pero no hacia falta -le digo.

- Venga, cielo. Cuéntame que te pasa.

Pensé que durante la mañana se habría olvidado de la pequeña escena que había montado en los vestidores.

No sé si quiero hablar de ello, ya que creo que no hay solución a ello pero Martina, como no, consigue convencerme de que le cuente mis problemas. Le cuento uno a uno con detenimiento, mientras ella me observa con curiosidad a la vez que asombro.

- Hay que ver la de problemas que tienes con tan sólo veinte años, hija -dice la mujer- Yo la solución la veo clara: deja de hablar con ese tal Erik hazlo desaparecer de tu vida, líate con tu vecino, vete de tu casa para no aguantar a tu padre y disfruta de la vida con tus amigas, que de vida sólo tienes una.

Martina sonríe, y yo la imito. Es tan simpática. Daría lo que fuera para que fuese mi madre o mi hermana, lástima que no pueda ser así. Aunque no lo es, para mi es como si lo fuese, me cuida como una hija suya más.

Cuando he tenido discusiones con mi padre, ella siempre me ha dejado quedarme en su casa, aunque sólo fuese para comer o dormir una noche.

- Bueno, y no hablemos más que es la hora de irse, hija. Yo me voy volando que los niños me esperan delante la puerta del colegio, y si no voy rápido me reprochan de que soy una tardona -dice entre risas.

Me despido de ella y me voy a cambiar.

- ¿Ya te vas para casa? -me pregunta Gus mientras salgo del vestíbulo hacia la calle.

- Sí, ya toca irse -le sonrío.

- Eh, Idalia te quería hacer una pregunta -dice mientras baja la cabeza sonrojado- Bueno, me da un poco de vergüenza pedírtelo, pero me haría mucha ilusión.

- Tranquilo, dime -digo con una sonrisa.

- Bueno, es que... No sé, da igual. Te-tengo que irme, a-a-a-antes me buscaba el jefe y tal. Lo siento -dice nervioso y quebrando en las palabras una y otra vez.

Al irse hacia dentro del edificio, se le cae una hoja del bolsillo de detrás. Me agacho para cogerla, pero cuando quiero avisar a Gus ya ha desaparecido de mi visión.

Parece que es una carta y es de color rosa. Cualquiera diría que es una carta de amor. O quizás si que es una carta de amor. No quiero parecer una cotilla ni una ladrona, pero cojo la carta y me la guardo, no pienso leerla pero mañana se la daré a Gustav.

Subo al autobús rumbo hacia mi casa. Erik sigue sin estar en él, nadie canta ninguna canción ni toca la guitarra. El autobús es como los demás, con personas hablando y la radio de fondo sonando muy bajo.

Abro el bolso y cojo la carta de Gus, daría lo que fuese para saber que dice en ella. Me intriga saber lo que piensa Gus o lo que piensa la persona que se lo ha dado, quién sabe quizás no es suya y alguna chica se la ha dado. Si es así, seguro que harían buena pareja, pues al hacer una carta es por vergüenza de decirlo en persona, y seguro que entonces es tímida como él.

Al llegar a mi parada bajo de ella. Observo el portal, recordando la escena de ayer y me entristezco. No quiero pensar en ello, pero no soy capaz de dejar de hacerlo. Al subir las escaleras, delante de mi puerta encuentro a Aitor, cabizbajo y sentado.

- Aitor -le digo.

Aitor levanta lentamente la cabeza. Observo su rostro dañado, tiene un moratón en el ojo derecho, y un par de rasguños en las mejillas y en el labio.

Rápidamente me agacho hacia él, le observo detenidamente, sin tocarle las heridas, no quiero hacerle daño.

- Aitor, ¿qué te ha pasado? -le pregunto.

Me entran ganas de llorar al verle de esa forma.

- ¿Qué te han hecho, Aitor? -le digo abrazándole, aunque él no me corresponde el abrazo.

- Ayer -empieza a decir pero se para en seco, su voz se quiebra y sus ojos se inundan- Ayer -vuelve a decir- Anoche, cuando te vi con él en el portal. Y tu llorando. Y... Y... Y no sé que me paso -Aitor se pone a llorar- No pude aguantarme. Y... Te vi mal, sufriendo. Y, no sé, me desahogue con él.

- Aitor, por Dios, tu no eres así.

Vuelve a bajar la cabeza, como estaba cuando llegue al piso. Esconde su rostro entre sus piernas y sus brazos.

- Lo siento, yo no quería -dice entre sollozos.

Le cojo de una mano y me lo llevo dentro de mi casa. No quiero que los vecinos le vean así y empiezan a decir cosas que no son.

Aitor se sienta en el sofá, pero sigue escondiendo la cabeza.

- Ya sé que no soy así. Pero es que parece que tú sólo te fijas en idiotas. Por lo cual debo parecerme un idiota para que te guste, ¿no? -dice aún llorando- Porque si soy como los que te gustan y no te gusto entonces es que te doy asco. Porque sino no entiendo nada. No te entiendo, Idalia. Nada de lo que haces tiene sentido, cualquiera diría que juegas con mis sentimientos, y yo... Yo no puedo más, lo siento. Estoy aguantando mucho y mis fuerzas no son infinitas, Idalia.

Observo los ojos de Aitor, mientras analizo sus palabras. Son tan parecidas a las que Erik me dijo ayer. Quizás todos tienen razón, quizás no sé lo que quiero y no sé lo que me hago. O quizás son ellos que no me entienden a mi, pero algo no tiene sentido.

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Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace alrededor de 3 años

Hasta aquí por ahora. Pronto me pongo al día y te hago un comentario más detallado. Que me está gustando está claro habiendo llegado hasta aquí. Un saludo!


#29

Salgo a la calle sin apenas ganas, pero debo ir al funeral del hombre de ayer. Hoy quizás conozca a la niña, por la cual la madre no quería que su hija la viese en ese estado.

Al llegar delante de la iglesia, Ada y Carol me saludan con ilusión.

- Tía, que de días sin verte -dice Ada.

- Como exageras, tan sólo hace un par de días -añade Carol.

- Bueno, sea como sea llevamos días sin hablar contigo, y estamos seguras de que tienes mil cosas que contarnos, ¿no? -dice Ada guiñándome el ojo.

No entiendo el guiño del ojo, pero cualquiera diría que sabe cosas que debo contarle, o se las imagina.

La gente llega toda a última hora, a las cinco en punto abren las puertas de la iglesia mientras los familiares y los amigos entran en ella. Parece que hay mucha gente, aunque no se puede comparar con la gente que había ayer en el funeral del presentador, pero eso es normal. Para que en tu funeral haya mucha gente, debes conocer a mucha gente o que ella te conozca a ti, por lo cual o eres famoso o en tu funeral irán sólo los más cercanos.

Gus me saluda cuando vuelve hacia fuera, pero antes le presento a mis amigas. Pocas son las veces que se queda dentro de la iglesia escuchando el sermón, pocas son las veces que las palabras cambian.

Al terminar nos vamos a la cafetería del centro, como casi todas las veces.

- ¿Y ese chico de las gafas quién era? -dice Ada guiándome el ojo.

- Gus, ya te lo he presentado -le digo mientras le doy un largo sorbo al café con leche- Es un compañero del trabajo.

- Parece muy tímido, ¿no? -pregunta Carol.

- Sí, un poco. Pero últimamente esta empezando a soltarse, al menos conmigo.

Las chicas sonríen, como siempre malinterpretando las situaciones.

- Bueno -termino diciendo para cambiar de tema- ¿Cómo te han ido los exámenes, Ada?

- Bien, o eso espero. Aún no me han dado las notas -dice mientras se termina su zumo de naranja.

- En nada estarás haciendo la selectividad y empezaras la universidad -añade Carol- Nuestra pequeña se hace mayor -le dice mientras le acaricia la cabeza de broma.

Ada se aparta de Carol y le regala una gañota.

- Por cierto, Idalia -dice Ada- El otro fin de semana me encontré a alguien que conoces en una fiesta universitaria.

No necesito que me diga el nombre, ni que me diga nada más sobre esa persona que conozco, estoy segura de quién es. Persona de la cual no me apetece hablar ahora mismo, pero son mis amigas y sin ellas ¿cómo soluciono mis problemas?

- ¿Erik? -pregunto al fin mientras empiezo una de las galletas de sabores que hemos pedido.

- Sí, ¿cómo lo sabes? -pregunta la chica mientras se sujeta las gafas bien cerca de la nariz.

- La pregunta no es como lo sabe -dice Carol- La pregunta es: ¿qué hacías en una fiesta universitaria si aún vas a bachillerato?

Afirmo la respuesta y pregunta de Carol con una risa. Carol me conoce desde hace mucho más tiempo, y cuando no quiero hablar de alguna cosa se da cuenta en seguida. Cualquiera diría que es mi madre y que me ha parido, me conoce incluso mejor que yo, por eso ha intentado cambiar de tema en seguida.

- Bueno, es que las chicas de clase -dice Ada mientras se sonroja- Me dijeron que si quería ser la más “guay” de la universidad debía ir a todas las fiesta. Y me propusieron ir a esa.

- ¿Te lo pasaste bien? -pregunto.

- Bueno -empieza decir no muy convencida- No estaba mal, había mucha música, bebida que no me gustaba y mucha gente.

- Algo que no va para nada contigo -añade Carol.

- Exacto -dice riéndose la chica rubia- Pero luego vi a un chico, y dejo de parecerme una mierda la fiesta -dice sonrojándose más que antes.

Carol y yo nos miramos fijamente y sonreímos. Ada jamás ha hablado de chicos de esta forma, es más tanto ella como yo, pensábamos que quizás era lesbiana, aunque no tiene nada de malo, ya que siempre ha sido tan reservada por sus cosas.

- ¿Y paso alguna cosa entre vosotros? -pregunta Carol.

- No -dice a la vez que lo niega con la cabeza- Luego me enteré de que ese chico era el primo de Erik, y se me quitaron un poco las ganas.

- ¿Cómo sabes que era su primo? -pregunto.

- Porque le pregunté a una de las chicas de mi clase, esa siempre va a todas las fiestas universitarias desde tercero de la ESO, por lo cual conoce a todo el mundo siempre. En el insti siempre la llaman “la falsificadora de DNI”, se ve que cobra por hacer DNIs falsos.

- ¿Así que ahora te juntas con las malotas de clase? -pregunta entre risas Carol- Ada, tu molas mucho como eres y eres muy simpática. Estoy segura que podrás hacer amigas sin tener que ir a las mil y una fiestas de la uni.

- ¡Mierda! -chilla Ada mientras se esconde detrás de la carta de postres que hay en la mesa.

Carol y yo nos observamos y vemos entrar por la puerta a un chico. Es pelirrojo, con ojos color caramelo, un piercing en la oreja derecha y lleva colgando de su brazo izquierdo una mochila que parece pesar bastante.

- ¿Qué pasa? -le pregunto a la chica mientras intento que se deje de esconder debajo la carta de postres.

- Es él -dice ella- Es el primo de Erik. Le agregue ayer en la red social y me da vergüenza que me reconozca.

- ¿Vergüenza por qué? -pregunta Carolina.

- En esa fiesta... -dice mientras la recuerda- Me emborrache por primera vez e hice un poco el ridículo -dice avergonzada- Me da vergüenza que Unai me vea y sepa quién soy.

Unai, como ha dicho Ada, se acerca a la barra donde parece que tan sólo pide una botella de agua. El chico observa las mesas y cuando a terminado de verlas vuelve a mirar hacia la nuestra. Tanto Carol como yo estamos atentas a sus movimientos, por lo cual debe ser la principal razón de que su mirada haya vuelto a nuestra mesa.

El chico pelirrojo se acerca a nosotras, sonriéndonos a las dos que le miramos, aunque parece que él no tiene la mirada fija en nosotras, sino de Ada que sigue medio escondida bajo la carta de postres y observa detenidamente una galleta que parece que hace una hora que la tiene entre la mano.

- ¿Ada? -dice él confuso.

Ada levanta la cabeza mientra observamos su cara de color rojizo, mientras su mano, con la galleta, tiembla por momentos.

- Hola -dice tartamudeando ella.

- ¿Estás mejor? -le pregunta- Menuda fiesta te pegaste el otro día. No esperaba que fueras de ese tipo de chicas -le dice él.

Ada parece que no sabe que decir y menos sabiendo que sus dos mejores amigas no le quitan ojo de encima.

- Sí, estoy mejor -dice sonriendo nerviosa- Bueno, uno no puedes saber como es hasta que le conoces de verdad -y nos mira a nosotras pidiendo ayuda para que la salvemos de la situación.

- Bueno -digo al fin para ayudarla- Siento cortaros, pero tenemos un poco de prisa ahora mismo.

- Sí -añade Carol- Con esto de sentarte a tomar el café y tal se te va el tiempo volando.
Las tres nos levantamos de la silla, mientras nos ponemos las chaquetas y cogemos nuestras cosas.

- Entonces no os molesto más -dice él- Ya te he agregado a la red -dice él con aun sonrisa- Espero poder hablar contigo algún día por ahí y salimos por hay.

Ada afirma con la cabeza, sigue como un tomate y parece que eso no se le va a ir. Unai se acerca a ella y le da un par de besos, luego se despide de Carol y de mi con un saludo y se va.

Las tres nos miramos, Ada que parece que esté a punto de explotar de vergüenza en seguida dice:

- ¡Callaros! Ni se os ocurra decir nada, ¿vale?

Carol y yo nos miramos y empezamos a reírnos, en contra de las indicaciones de la pequeña del grupo. Ella pone morros y no nos vuelve a dirigir la palabra hasta que nos separamos, para ir cada una a sus respectivas casas.

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#30

Al llegar a casa observo el salón desordenado. Mi padre a vuelto, y para saberlo no hace falta oír su voz ni sus ruidos, con tan sólo ver el camino de suciedad que va dejando por donde pasa, ya sabes que está ahí.

- Hola -saludo sin ganas, ni sin esperar ninguna contestación borde de ese señor que me trajo a la vida.

Voy hacia mi habitación. Encima de mi cama me encuentro una caja envuelta en papel de regalo, de color rosa con flores. Pero a diferencia de como suelen ser todos los regalos, esté es diferente, el papel de regalo esta roto y la caja parece ser que ya ha sido observada por dentro.

- Es un regalo, para ti -dice mi padre asomándose a la puerta de mi habitación- Para que veas que me preocupo por ti.

Quito el papel de regalo, no me hace falta quitar mucho pues la mayoría de él es inexistente. Abro la caja y me encuentro con un vestido de color morado. Lo saco de ahí. Es un vestido bastante sencillo y, por lo que se intuye, muy barato, quizás hasta robado cosa que no me extrañaría para proviniendo de mi padre.

- ¿Te gusta o no? -dice él- Es bastante cortito -dice mientras le da un sorbo a su cerveza ya casi terminada- Quizás ganarías más dinero poniéndote esto que trabajando maquillando a fiambre.

Observo a mi padre. ¿En serio me está proponiendo que me vuelva prostituta?

- Siento decirte que no me quiero dedicar a un trabajo como ese. Me alegro por las mujeres que lo hacen, si ellas son felices pues bien por ellas. Pero yo no me voy a rebajar a ese nivel, y menos si sé que tengo que soportar a personas como tú.

- Muchas de esas chicas trabajan de eso porque no tiene nada de lo que vivir.

- Estoy segura de que si fueras una mujer, esté sería tu trabajo. Pero como eres un hombre y no esta tan extendido este negocio para hombres, tienes que quedarte en el sofá, yendo el bar y haciendo el ridículo por las calles.

Mi padre se acerca a mi, me levanta la mano queriendo provocarme más enfado hacia él, pero no me arriesgo. Su fuerza es superior a la mía, acabaría perdiendo contra él. Al final baja la mano, termina la cerveza y la tira con fuerza contra el suelo de mi habitación, haciendo que se rompa en pedazos.

Cuando por fin se larga, recojo su destrozo, dejo el vestido en su caja y lo meto debajo la cama para que nadie lo vea.

Estoy más que segura de que este regalo no era para mi. Era para alguna de sus “novias”, si así se les puede llamar. Pero como le habrán rechazado el regalo, por lo cual debe haber pensado que antes de tirarlo, mejor regalarle a su hija “querida” y así que me reboto y poder discutir. Porque sin duda, si algo le gusta a él es discutir. Si pudiese vivir de ello sería la persona más feliz del mundo.

Desearía que mi padre conociese a alguna mujer que le hiciese cambiar la vida, pero por lo que veo pido mucho. Si encontrase a alguien, estoy segura de que cambiaría mucho y sería muy buena persona. Dejaría de ser el asqueroso padre que es, para ser el mejor padre del mundo y, con un poco de suerte, querría arreglar todo lo que hizo mal en el pasado. Sé que es mucho lo que ha hecho mal y tardaría siglos en arreglarlo, pero mejor empezar a hacerlo a no hacerlo nunca.

Hace más de 3 años

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#31

Observo el reloj rojo que tengo la mesita de noche. A veces, el tiempo pasa volando en él, y otras veces pasa tan lento que parece que el tiempo se haya detenido en seco para hacerte sufrir.

Es la hora de ir a cenar. Cualquiera diría que el destino se ha puesto a mi favor, mi padre ha venido y puedo escaquearme de la cena con él. Si es que se le puede llamar cena a lo que hace él, que es nada. Aunque tampoco quiero alegrarme mucho de ir a cenar a casa de Aitor, después de la preocupación de su madre y de las palabras que me ha regalado, en el mal sentido, Aitor esta tarde.

Voy hacia el salón, donde mi padre sentado en el sofá y con varias cervezas a su alrededor me inspecciona.

- ¿Ya te vas de fiesta? ¿O te vas a ligar con el vecino? -son sus típicas preguntas cuando me ve lista para salir- Que asco dais las mujeres, cada vez te pareces más a tu madre.

Cuando me empezó a decir estas palabras me solía picar y le soltaba algunos insultos, intentando que quedara mal. Pero ahora ya paso, ya soy mayor y no quiero rebajarme a su nivel. Un nivel tan bajo que ni él mismo puede ver la luz.

Doy un pequeño portazo, no lo suficiente fuerte para que no se rompa nada ni los vecinos se quejen. Salgo y llamo a la puerta del lado, donde en menos de dos segundos Lucía me abre la puerta ilusionada.

Hacia tiempo que no iba a comer a casa de Aitor. Han cambiado el sofá y la televisión, cosa que era de esperar ya que la última vez que vine ya estaban las dos cosas muy viejas y apenas servían.

Lucía me da un par de besos y un fuerte abrazo, igual que su marido. Aitor, en cambio, ni se inmuta, se queda sentado en la mesa esperando que traigan la cena.

La comida transcurre principalmente en silencio, los hombres apenas hablan. Lucía en cambio me hace preguntas acerca de mi trabajo, mi padre, mi casa, mis amigas y si me gustaría seguir estudiando.

El tema de los estudios siempre ha sido muy importante para ellos, siempre lo han visto como la mejor escapatoria para poder vivir en la vida, y que sin ellos no eras nadie. Por esa razón, cuando se enteraron que iba a dejar el bachillerato para poder trabajar, y así pagar las cosas de casa, me hicieron reflexionar seriamente la decisión. Es una cosa que si la dejas puede que te cueste mucho volver a retomarlo.

- Me alegro de que te vaya también en el trabajo, cielo -dice Lucía- Y ya sabes, si quieres volver a estudiar yo te puedo ayudar -dice con una sonrisa característica de ella.

Le devuelvo la sonrisa sin decir nada más, lo único capaz de decirle seria que de momento no puedo volver a estudiar por mucho que quiera hacerlo. Pero para Lucía el poder no significa nada, sino que para ella lo que importa es el querer.

- ¿Podéis callaros de una vez? -dice Aitor enfadado, harto de oír hablarnos.

- Pero cielo, ¿qué te pasa? -dice Lucía.

- Nada, que quiero cenar en paz como siempre. Quiero cenar en silencio, sin que un par de cotorras estén estorbando. ¿Tan difícil es? -dice mientras se levanta de la mesa y coge su plato- Además, ¿qué coño hace ella aquí? -dice señalándome- ¿Acaso no tiene una casa? Pues que se vaya de aquí, ¡joder!

Aitor deja las cosas en la cocina y de un portazo, mucho más fuerte que el que he dado yo antes en mi casa, se encierra en su habitación.

Lucía y yo nos miramos, no entendemos nada. Su comportamiento no es este, ya no es él.

- Siento que tengas que ver esto -dice Lucía avergonzada- No sé que le pasa últimamente, pero esta así todos los días.

- Será cosa de la edad, mujer -dice su marido que ya esta en el sofá mirando un programa de humor.

- No -le dice y luego me mira a mi- No es un problema de la edad. La adolescencia ya la ha pasado. Ahora ya es un adulto y que yo sepa no tiene ningún tipo de retraso.

- No digas tonterías, ¿cómo va a tener el niño un retraso? -dice el hombre- Venga, no te líes que hablabas de otras cosas. No inventes enfermedades, mujer.

Lucía no dice nada, me guiña un ojo y me indica que vayamos a la cocina, mientras recogemos la mesa. Su madre siempre ha sido así, cuando quería hablar conmigo a solas me hacia ese gesto, a veces lo hacia involuntariamente y cuando me presentaba en la cocina me decía que hacía que no estaba jugando con Aitor.

- Yo no quería decir que Aitor fuera retrasado -aclara mientras cierra la puerta de la cocina- Lo que me refiero es que no creo que estás hormonas de adolescente le salga a esta edad, ¿me entiendes?

- Sí, lo entiendo -digo mientras le ayudo a fregar los platos- Pero si es verdad que esta diferente, estos últimos días han cambiado por completo a Aitor.

- Ya lo puedes bien decir, por completo y mucho, cielo. Lo que no sé es porque. Como ayer, me llego a casa llorando con sangre en las heridas que tiene en la cara y diciendo que le dolía horrores el ojo, y esta mañana le ha salido el moratón. Sabes, Idalia, tengo miedo.

Observo a la mujer, sus ojos brillan de tristeza, tiene ganas de llorar pero sé que no lo hará delante de mi. Siempre ha querido ser una mujer fuerte y luchadora delante de mi. Sabe por todo lo que he pasado, por esta razón ha querido demostrarme que las mujeres son un pilar fundamental por la sociedad, para que no me afecten los comentarios machistas de mi padre o de cualquier otra persona.

- ¿De qué tienes miedo? -le pregunto antes de que sus garganta le impida hablar.

- No lo sé. Tengo miedo de esa cosa que hace que mi chico esté así. Temo que esté metido en drogas, en bandas callejeras o vete a saber en que. No lo sé, cielo. Pero esa cosa me da miedo.

Yo también le tengo miedo a eso. Me tengo miedo a mi. Estoy más que segura que esa cosa que tanto teme Lucía esté delante de ella, y sea yo. Últimamente no he hablado mucho con Aitor, pero las pocas palabras que hemos intercambiado han tenido que ver con cosas entre nosotros dos, cosas que le han puesto triste, enfadado y decepcionado por mi culpa. Así que el principal y gran problema de Aitor soy yo.

- Además, está empezando a faltar a clases, no hacer los deberes, no se pasa las tardes estudiando, ha dejado de hacer clases particulares a los niños, se encierra en su habitación y no habla con nadie, suele salir de casa sin decir donde va y vuelve a las tantas, aunque a veces va con Gummy. Por eso pienso que esta metido en cosas raras. Aunque según mi marido todo esto son imaginaciones mías, y que sí el niño ha cambiado es porque ya le tocaba, no porque esté en cosas raras. ¿Tú qué piensas de todo esto, cariño?

Observo a la mujer, ha podido calmar su llanto y sus ojos ya no brillan tanto. En ellos ahora tan sólo se reflejan los platos limpios.

- Hace unas semanas que Aitor y yo estamos distantes. Últimamente estoy muy liada con el trabajo y con mi padre -me excuso para no decirle que no nos vemos porque su hijo me digo que me quería y yo no supe que responderle- Pero estoy segura de que Aitor no esta metido en cosas de bandas callejeras, drogas o cualquier otra cosa de estás. Supongo que si Aitor esta cambiado, quizás es porque, como dice tu marido, esta cambiando y quizás se empieza a dar cuenta de cosas que antes no veía -Lucía me mira con una cara un poco preocupada, como si no entendiera mi explicación o mis palabras no respondieran a su pregunta- Bueno, no lo sé. No sé como explicarlo, yo estoy igual de confusa como tú.

Quería aclararle mis palabras, pero no sabia como hacerlo. No me veo capaz. Lucía tiene un poder de convención enorme, por lo cual es capaz de que con tan sólo una mirada, consiga que le diga todo lo que le pasa a su hijo en un minuto.

- Siento no poderte ayudar mucho -añado- Pero si quieres puedo intentar hablar con él, ¿te parece bien?

Ella afirma con la cabeza y me indica que lo haga cuanto antes.

Salgo de la cocina y voy directa a la habitación de Aitor. Toco un par de veces la puerta y después la abro. Aitor está sentado encima del cojín y con las piernas encima de su cama, se quita los cascos rápidamente y me observa.

- ¿Qué quieres?

No contesto a su pregunta y me acerco más a él. Le acaricio los rasguños y luego, con mucha fragilidad la yema de mis dedos recorre su ojo morado. Encima de la mesita de noche, tiene hielo y se lo acerco al ojo. Él no dice nada, tan sólo deja que el hielo le calme el dolor del ojo.

Aitor me pone uno de los auriculares en mi oreja izquierda, mientras el otro se lo vuelve a poner en la suya. Y, le da a reproducirse la canción que estaba escuchando, observo que tiene indicado en el reproductor que se escuche una y otra vez: quédate de Funambulista.

Sus labios cantan la canción en silencio, mientras su mirada, bueno el ojo que tiene libre, me observa mis ojos. Se muerde el labio inferior. Diez centímetros nos separan el uno del otro. Ninguno de los dos quiere que esos centímetros existan, sólo queremos hacerlos desaparecer, romperlos y estar tan cerca como se pueda el uno del otro. Poco a poco y con cuidad, me acerco a él hasta llegar a sus labios. Nos juntamos en un beso, que no conllevara la paz entre nosotros dos.

Hace más de 3 años

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#32

Al volver a casa todo sigue igual de sucio, mi padre no ha pensado en ningún momento recoger nada. Debe pensar que la suciedad se limpia sola. Para el colmo, en vez de irse a su cama a dormir, se ha quedado durmiendo en el sofá, como siempre.

En ocasiones me alegro de que se vaya de casa, que desaparezca durante unos días y no vuelva, así la casa esta limpia y da gusto vivir en ella, no como ahora. Nadie podría vivir en esas condiciones. Cuando esta él por ahí es imposible limpiarlo, se queja de todo y encima añade de que no tiene sentido limpiar si en seguida se vuelve a ensuciar, lo que no sabe es que si no ensuciara tanto no habría apenas nada para limpiar, pero él no ve las cosas como yo, eso ya se sabe.

Voy directa hacia mi habitación, donde me desnudo y me meto en la cama. Cierro los ojos y no dejo de pensar en la canción que escuchaba Aitor. Sus labios cantaban esa canción, aunque en silencio, mientras sus ojos no dejaban de mirarme. Me estaba perdiendo en esos ojos y en esa música, por eso necesitaba besar sus suaves labios.

Echaba de menos estar cerca de él, sin discutir, sin hablar y sin pasarlo mal. Su rostro parecía más feliz cerca de mi, igual que el mío aunque no sé si se me notaba, pero en el corazón lo notaba y mucho.

Sin darme cuenta mis ojos están dejando de ver a Aitor como lo hacían antes. Ahora lo ven como un hombre, no como el niño frágil que era antes. Lo ven como ese chico que me protege ante todo y ya no sólo ante las avispas. Un chico que ya no se calla sus pensamientos, sino que los expresa con intensidad. Igual que expresa su amor hacia mí.
De repente el móvil empieza a sonar, es una llamada. Observo la pantalla del móvil es Erik. No quiero cogerlo, así que le cuelgo. Una vez más me llama y le vuelvo a colgar, y así cinco veces, hasta que el final se lo cojo.

- ¿Qué quieres? -pregunto sin saludarle.

- Necesito hablar contigo, baja.

Me levanto de la cama y observo entre las cortinas el rostro de Erik observándome. Esta en frente del portal, con su moto en medio de la acera y tiene la guitarra enfundada encima del asiento de la moto.

Salgo de la habitación y, luego, bajo las escaleras hasta llegar al portal interior. Antes de cruzar la puerta me pregunto a mi misma si esto es lo que quiero, y en seguida lo niego. No quiero salir, pero aún así mis piernas han bajado volando por las escaleras cuando él les ha pedido.

Al final decido salir a la calle. Hace frío, se nota que la noche a refrescado el ambiente, así que cruzo los brazos intentando pasar el mínimo frío posible.

- ¿Qué quieres? -le vuelvo a preguntar igual que antes y sin saludar.

Erik se acerca a mi y me da un par de besos en las mejillas. Se quita la bufanda y me la pone alrededor de mi cuello. Luego, se me queda mirando fijamente, cualquiera diría que tengo algo en la cara. No dice nada, y yo no pienso decir nada más ya he empezado la conversación y no he obtenido respuesta, por lo cual lo dejo pasar.

Me sujeta los brazos con sus manos y luego me tira hacia él, para poder abrazarme. No sé si lo que hace es para que no pase frío, porque quiere estar cerca de mi o porque se aburre, aunque estoy segura que la última opción es la correcta.

Me sonríe con esa sonrisa que enamora a las mujeres, pero conmigo ya no le va a servir. Ya consiguió lo que quería en su momento, y ese momento no volverá a ocurrir nunca más, o eso espero.

- ¿Me vas a decir lo que quieres o no? Porque yo paso de estarme en medio de la calle con este frío -le digo al fin.

- Quiero que me respondas a lo que te pregunte el otro día. Te dije que cuando supieras la respuesta adecuada a mi pregunta y a mis teorías me llamarás, pero no lo has hecho.

- Quizás no te he llamado porque no sé que responderte, o directamente porque no me interesa volverte a ver, ¿no lo has pensado en ningún momento esto?

Erik se calla. Observo como en su cara también tiene rasguños, lo más seguro es que sean de la pelea que tuvo con Aitor hace un par de días. Por suerte, no siento pena por él, no como con Aitor, por él si sentí pena.

- No he pensado en ello. He pensado que no me has llamado porque tu novio celoso no te ha dejado -responde él.

- ¿Quién es el celoso ahora?

Erik me observa y hace una gañota que rápidamente contesto con otra. Parecemos dos niños pequeños, dos niños que se lo pasan bien haciendo el tonto con algo que acaban de conocer, pero tan sólo lo parecemos, ya no somos los críos que fuimos.

- Entonces entiendo que no me responderás a lo que te dije, ¿no? Supongo que es porque yo, como siempre, tenía razón -dice mientras me quita la bufanda y se pone la guitarra con la funda en su espalda, como si fuera una mochila- paso de perder mi tiempo con crías como tú.

- Si tan cría soy y tu tiempo es oro, no sé para que has venido aquí, pudiendo estar liándote con alguna. O no, ¡mejor aún! Quedando con otras, creandoles falsas ilusiones y luego dejándolas tiradas sin avisarles, porque Erik es el más guay de la ciudad y debe hacerse notar. ¿No?

Erik no contesta a mis palabras. Lo que si puedo notar en su rostro es como le han dolido, como le han tocado fondo, algo que parece que nadie le ha hecho: daño.

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#33

Hoy es sábado, y como todos los sábados me levanto pensando que es un día cualquiera de la semana, por lo cual maldigo mi vida y me entran ganas, como siempre, de inventarme cualquier enfermedad con tal de no ir a currar. Pero luego, como todos y cada uno de los sábados me doy cuenta de que hoy no tengo que trabajar. Durante el fin de semana hay otra chica trabajo, es lo que tiene esté negocio no se puede descansar nunca, ya que los muertos son los que eligen si hay trabajo o no.

Aunque a veces parezca mentira, en algunos fines de semana ha habido más muertos que durante la semana, algo un tanto extraño ya que el fin de semana se compone de dos o tres días, si cuentas el viernes, y durante la semana suelen ser entre cuatro y cinco días. Pero como seguro que estás pensando, es porque los fines de semana la gente sale más, se divierte más, bebe más y hace el loco por las carreteras, por lo cual el número de muertes sube a lo bestia.

Hace un par de años, con la crisis inmobiliaria creció bastante el número de suicidios, ya que a muchos de ellos los desahuciaban o como no podían pagar la luz, el gas o el agua preferían escoger el camino fácil: el suicidio. Fue entonces cuando empece a trabajar, me asombro bastante el número de personas que escogían esta vía por culpa del dinero.

Me acuerdo que algunos días teníamos hasta diez muertos, contando suicidios, muertes por accidentes y causas naturales. Por suerte, para entonces, había otra chica que me ayudaba.

Hace un año y medio abrió otra funeraria cerca de aquí, hasta entonces ya eran tres las que había en la ciudad y se movían por barrios. Cuando la otra funeraria abrió hubo piques entre esa y esta funeraria, ya que ellos les quitaban los clientes. Por esta razón mi compañera dejo de trabajar con nosotros, ya que se fue a trabajar a ahí, a parte que el volumen de trabajo descendió casi en picado. Aún así se mantiene en un pequeño crecimiento de clientes.

Oigo el timbre de mi casa sonar un par de veces, nadie abre. Mi padre no es capaz de levantarse y abrir, como siempre.

Me levanto de la cama, me pongo a corre prisa la ropa y voy volando hacia la puerta y la abro. Es Aitor. Él entra cabizbajo y va directo hacia mi habitación, sin decir apenas ninguna palabra.

Observo como mi padre sigue durmiendo la mona en el sofá, como si fuera tan sólo suyo. Supongo que esa es la razón por la cual Aitor ha ido hacia mi habitación. Nunca le ha caído bien mi padre, ni mi padre a él, son como el perro y el gato. Pero a decir verdad, ¿qué persona puede caerle bien a mi padre? Y en seguida se la respuesta: sus múltiples novias y mamá. Sólo espero que en el pasado él no fuera así, sino no entiendo que le vio mi madre a ese hombre.

Entro a la habitación, Aitor esta sentado en mi cama y me observa. Su cara triste me parte el alma. Mete su mano en el bolsillo y de él saca una carta. Es la carta que se le cayo a Gus ayer cuando intentaba decirme alguna cosa.

- ¡Ostras! -digo tan sólo verla- Se le cayo ayer a Gustav y tenía que devolvérsela hoy, no pensé que hoy sería sábado -me acerco a él y le intento coger la carta pero no me deja.

- ¿En serio crees que soy tan ingenuo como para creerme que se le cayo? -dice él mientras abre la carta- ¿Esta enamorado de ti? -veo como una lagrima le recorre la mejilla hasta caer en la carta- Si es así dímelo, necesito saber la verdad, Idalia. No puedo más con este sufrimiento, acabaré poniéndome malo o loco.

¿Ponerse malo? No entiendo porque se va a poner malo. ¿Y loco? No sé si ya lo esta pero se comporta como tal, como un auténtico loco. Esta malinterpretando las cosas, pero parece que su locura le impide ver la verdad, lo autentico y que no le miento.

Aitor empieza a leer la carta delante de mi, es de amor, como me imaginaba:

“Hola, soy Gustav, aunque me suelen llamar Gus la gente cercana. No tengo mucha gente cercana, así que si me llaman Gus me suena raro.

Ahora que ya me conoces, por fin jaja, me he atrevido a escribir esta carta. Se que es algo anticuado y muy de chicas, pero no soy capaz de decírtelo en la cara. Como debes haber podido ver soy bastante tímido y vergonzoso con todo el mundo.

Sé que apenas hemos podido hablar nosotros dos, y mucho menos a solas, pero desde el primer momento que te vi me enamore de ti.

Estoy seguro que no sientes nada por mi, pero necesitaba decirlo. Necesitaba sacar fuera todo eso que siento por ti. Daría lo que fuera para que estuvieras conmigo, aunque sé que eso no pasara, ya que tu no eres como yo.

No espero que me contestes esta carta, ni intentes acercarte a mi por pena ni que seamos buenos amigos, sólo que lo supieras. Aunque estoy seguro que después de estas palabras te alejaras de mi. Bueno, nunca hemos sido cercanos por lo cual no tendrás que alejarte de mi, simplemente no acercarte más o seguir como hasta ahora, sin tener apenas contacto.

Te quiero, de parte de Gustav.”

Hace más de 3 años

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#34

Aitor me observa después de leer la carta. Ninguno de los dos dice nada. Coge la carta y la arruga con su puño, hasta que se convierte en una bola de papel y me la quiere tirar en la cara, pero en el vuelo cae en el suelo, quedando así entre él y yo.

Noto la furia, la tristeza y el miedo en sus ojos. Ahora mismo querría chillarme y decirme de todo pero no lo hace, prefiere sellar sus labios. Sabe que con la mirada le entenderé, igual que me entiende él a mi.

- Esta carta no va para mi -le digo.

- ¿A no? ¿Entonces por qué la tenías en tu bolso? -pregunta en voz baja.

- Ya te lo he dicho antes. Se le cayo y me la guarde para dársela el siguiente día.

Aitor se echa a reír. No se cree mis palabras.

- ¿Desde cuando te quiere? ¿Ha pasado alguna cosa entre vosotros?

- No me quiere. No ha pasado nada entre nosotros -no sé como hacerle entender que se esta equivocado- Aitor, esta carta no indica el nombre a quien va dirigida. Posiblemente vaya para otra persona, bueno posiblemente no estoy más que segura.

- ¿Y cómo estás tan segura que va para otra persona?

Pienso en la respuesta que le tengo que dar. Sé que tengo que medir mis palabras o él no me creerá y si no lo hace ahora, no lo hará nunca en este tema al menos.

- No conozco mucho a Gus, por lo cual no puedo decirte a la persona exacta a la que va. Pero ya sabes que hace unos días pase un rato con él y pudimos conversar. Cuando un chico le gusta a una chica me doy cuenta, más si le gusto yo porque va a por mi en todas.

- Espera -dice cortándome- ¿Qué va a por ti por todas? ¿Pero a cuántos chicos les has gustado?

- Aitor, esto no tiene nada que ver. Estamos hablando de Gus. Y con esto me refería a ti.

Aitor hace una gañota, mostrando que no me creer en esto tampoco.

- Bueno, a lo que iba -sigo- Gus es diferente, no sé en que. Pero lo veo diferente, yo creo que nunca le he gustado, aunque según Martina sea que sí, pero eso son tonterías.

- ¿Martina dice que le gustas? -me pregunta confuso.

Le cuento lo de los vestuarios y los comentarios que suele hacer ella acerca de las entradas de Gus. Aitor afirma que tiene sentido y piensa igual que Martina, pero yo no lo veo igual.

- ¿Y por qué no? -me pregunta.

- Porque cuando un chico le gusta una chica, si la ve desnuda no se comporta como él hace. Si fuera así intentaría mirarme o algo por el estilo, ¿no crees?

- Pues no, Idalia. Me contaste que era tímido y vergonzoso, si no te intenta mirar ni nada por el estilo, como dices tú, es muy posible que sea porque le da vergüenza.

Aitor tiene razón, pero aún así no lo veo igual. No veo en el aire esa química, no veo su amor hacia a mi, como puedo ver el de Aitor. Es algo completamente diferente.

- Deja de buscar excusas, Idalia. Lo mejor sera que se lo preguntes a él directamente. Y luego me cuentas.

- No lo haré -le digo- Yo sé que no le gusto, por lo cual no me preocupa ni quiero meterme en sus asuntos. Tu eres el que quiere saber más acerca de esto, así que se lo preguntas tú.

Aitor se queda callado, no espera esa respuesta y lo sé porque lo veo en su cara. Una cara que sigue triste y con miedo. ¿Miedo de qué? ¿Miedo de perderme? Sonrío bajo mi nariz, sin que él lo note. Coge la bola de papel en la que se ha convertido la carta y, sin despedirse, se va hacia su casa, no sin antes dejar un portazo detrás de él.

Me tiro en la cama de espaldas. Estoy agotada, cansada, perdida y desanimada. Me siento fatal. Quiero que Aitor y yo volvamos a ser los mismos que antes, volver a ser amigos, poder quedar por las tardes, ir de fiesta, salir a cenar, ir al cine, poder contarle mis problemas, refugiarme en sus brazos cuando discuto con mi padre... En fin lo que suelen hacer los amigos. Aunque bien mirado, parece ser que es lo mismo que suelen hacer los novios en algunas ocasiones, ¿no?

Hace más de 3 años

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#35

Mi móvil recibe un mensaje, por lo cual lo cojo de la mesita de noche, sin moverme ni un centímetro de encima la cama. El mensaje es de Carol y dice:

"¡Guapi! ¿Salimos a comer por ahí tu y yo solas? Y luego por la noche nos vamos de fiesta con Ada, ¿te parece bien?"

Le respondo en seguida con un "Ok" y luego me manda el restaurante para comer.

Me levanto de la cama y recojo la carta, hecha una bola, del suelo. Intento que las arrugas creadas por el enfado de Aitor se vayan, pero parece imposible. Cojo de mi estantería una enciclopedia, pongo la carta encima del escritorio y la enciclopedia encima, a ver si para el lunes ya la tengo bien. Aún así no estará como antes, supongo que tendré que contarle a Gus que paso.

La verdad, no quiero contarle a Gus la discusión surgida por su carta, pero es la única forma para pedirle perdón.

Antes de irme observo como mi padre sigue durmiendo la mona en el sofá, y sin hacer ruido salgo de la casa. Aunque me encanta que no esté él en casa, me gusta que lo poco que esté sea para dormir como si estuviese muerto, pienso entre risas.

Como aún queda una ahora para comer, decido ir andando hacia el sitio, mientras paso por delante del escaparate de diferentes tiendas del centro. Estás últimas semanas han sido bastante raras, confusas y duras, por lo cual no he tenido mucho tiempo de salir de comprar o, simplemente, ver los escaparates de mis tiendas preferidas.

Entro en un par de tiendas de ropa, donde encuentro miles de prendas de ropa que me gustan. Y sin poder evitarlo me compro un par de camisetas, una americana, tres tejanos cada uno de un color, una falda y un vestido de color negro, que me ha enamorado tan sólo de verlo.

Como no, tal y como hacia desde hace muchos años, no he podido resistirme en comprar alguna prenda de ropa para Aitor. Antes siempre le compraba alguna cosa cuando salia de compras, ya que cuando llegaba a casa siempre solía quedar con él para hacer cualquier cosa. Él nunca ha sido de comprarse ropa, por lo cual siempre me ha gustado ser yo la que le comprara alguna cosa. Aunque desde luego no le compro toda la ropa que lleva. Simplemente es una forma de agradecerle todo lo que hace por mí y por como me cuida. Bueno, lo que hacia por mí y como me cuidaba, debería decir ahora.

Al final, en vez de comprar una camisa para Aitor, he comprado dos. Una para él y la otra para Gustav. La de Gus la he comprado para poder recompensar el destrozo de su carta de amor. No creo que sirva de mucho, pero quería tener algún detalle con él.

Cuando por fin es la hora de la comida, me encuentro con Carol y nos damos un par de besos. Ella igual que yo se ha ido de compras por ahí, por lo cual entre las dos llevamos unas diez bolsas, no sé donde vamos a meterlas en el restaurante.

- Deberíamos haber ido de compras juntas -dice ella.

- Pues sí. No te he dicho nada porque pensé que estarías ocupada -le digo mientras entramos en el restaurante.

El camarero nos acerca a una mesa para dos. Nos sentamos ahí y luego nos acerca las cartas, donde pedimos nuestros platos.

- ¿Cómo estás? -me pregunta Carol.

No sé si se refiere a como estoy ahora mismo o a lo demás. Siendo ella estoy segura a que se refiere a lo demás.

- No lo sé -le digo, no hay ninguna contestación más acertada acerca de mis pensamientos y sentimientos- Estás últimas semanas han sido muy raras para mí. La verdad no tengo ya ni fuerzas para seguir.

- ¿A qué te refieres con esto último? -pregunta mientras le da un sorbo al vino tinto.

- Estás últimas semanas han pasado muchas cosas, tanto con Aitor como con Erik. Y siento que mi cuerpo no soporta más este estrés constante -le respondo y luego le doy un sorbo a mi refresco- A ver, sé que la culpa de todo esto la tengo yo, por no decir las cosas claras a quien debo decírselas, pero es que no sé que quiero, que siento, que pienso ni que hago. Estoy tan confusa.

Después de que nos trajeran el primer plato, le he contado a Carol todo lo que ha pasado estos días, con pelos y señales: el encuentro con Erik, la cena que conllevo una discusión con Erik y su llamada de anoche. También los ratos que he pasado con Aitor, nuestras discusiones, el beso de la pasada noche y la pelea de esta mañana por la carta de Gus. Tampoco me olvido de contarle algunas cosas de Gus, pero son tan pocas que apenas duro un minuto hablando de él.

Carol se me queda mirando sorprendida, como si fuera tan raro que en tan poco tiempo me hubiesen podido pasar tantas cosas.

Ella siempre ha sido el cerebro del grupo. Ha sabido llevar a sus dos mejores amigas hacia el buen camino, por lo cual hablar con ella es como hablar con una psicóloga. Cuando terminas de hablar con ella siempre te indica hacia donde seguir, y creo que jamás se ha equivocado al indicarnos un camino u otro.

- Idalia, creo que lo primero que tendrías que hacer es aclarar tus pensamientos, pero no aclararlos mientras te ves con uno o con otro, sino a solas. Jamás podrás saber lo que sientes si no pausas por unos segundos tu vida, tienes que dejar fluir tus pensamiento y sentimientos. Tienes una acumulación de cosas en la cabeza, que a decir verdad, no sé como te dejan pensar.

- ¿Entonces me encierro unos días en mi habitación? -le digo en broma.

Carol sonríe hacía mi tontería.

- No es eso, aunque no vas mal encaminada. Debes dejar, al menos una semana, que ninguno de los tres te hable por unos días. Tú sigue haciendo tu vida: ve al trabajo, queda con tus amigas, sal de compras, mira la televisión, come y, sobretodo, respira -dice con una risa.

Ahora soy yo la que sonríe ante la tontería de su amiga.

- Pero espera -digo un momento que paro en seco- ¿Qué no hable con los tres? ¿A quiénes te refieres?

- A Aitor, a Erik y a Gustav.

- ¿Gustav? ¿Pero él que tiene que ver con todo esto? -le digo confusa- Él no tiene nada que ver en todo esto.

- Quizás no tiene nada que ver, pero si últimamente se te ha acercado más y, de repente, te encuentras una carta de amor, es que algo pasa. Quizás no tiene nada que ver contigo, pero mejor tomar precauciones, ¿no crees? Además, tu misma me has dicho que apenas habláis, no creo que se note mucho que pasas de él esta semana.

- Ya, Carol. ¿Pero y si me pide alguna cosa del trabajo? -pregunto.

- Entonces se lo contestas. Idalia, no hace falta que no le dirijas la palabra, simplemente dile en pocas palabras.

- No sé. Yo no creo que haya nada entre Gus y yo, por lo cual con él seguiré igual.

- Bueno, tu verás lo que haces -contesta con una sonrisa.

Sé que su sonrisa no es verdadera. Quiere que haga las cosas bien, y si me salto una de las normas no va a salir bien, pero tengo la intuición de que si me salto esta norma todo salda mejor, aunque quien sabe.

- Por cierto -le digo cuando ya estamos con el segundo plato- ¿Y Ada?

- Está estudiando, así que lo aproveche para quedar contigo y hablar de estás cosas.

Ada tiene un par de años menos que nosotras y aunque es muy madura para su edad, hay conversaciones que preferimos tenerlas nosotras dos a solas, sin la pequeña de por medio. Siempre hemos sido como tres hermanas inseparables, por lo cual hemos querido proteger del mal a la pequeña.

Cuando ya estamos por el postre mi móvil suena, es un mensaje de mi padre, donde me pregunta donde estoy y el porque de que su plato de comida no esté en la mesa.

- Termino esto rápido y me voy hacia casa, mi padre está como un loco por comer.

Carol no dice nada. Siempre ha querido ayudarme en este tema, ya que es el que más le preocupa de mi vida. Igual que yo, no entiende como ese hombre puede ser así conmigo.

- ¿Quieres que vaya contigo? -me pregunta.

- No, no hace falta. Puedo salir de esté lío sola -digo sonriendo.

Si quiero que venga conmigo, pero me da vergüenza que vea el estado de mi padre y la casa sucia incluso debajo las baldosas por su culpa.

Nos despedimos con un par de besos.

- Entonces a las once delante de tu casa, ¿vale? -dice Carola antes de que me vaya.

- De acuerdo, hasta la noche, guapi.

Y me voy corriendo hasta el primer autobús, junto con mis múltiples bolsas. No quiero imaginarme como me ve la gente corriendo con tantas cosas encima, cualquiera pensaría que robado todo eso y me están siguiendo.

Me siento al final del autobús. Apoyo mi cabeza contra el cristal y,otra vez, me pongo a pensar en la canción que escuchaba anoche Aitor.

Hace alrededor de 3 años

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#36

Cuando llego a mi parada de autobús se lo que me espera: la gran discusión del día, o al menos una de ellas.

Subo las escaleras de los pisos, sin cruzarme con ningún vecino, hasta llegar a mi rellano. Observo la puerta de Aitor, tengo impulsos de llamar a la puerta y hablar un rato con él, a ver si se ha calmado de la discusión de esta mañana. Pero pienso en lo que me ha recomendado Carol: no mantener contacto ni con él ni con Erik. Así pues me olvido de la puerta y abro la mía.

Dentro me encuentro a mi padre viendo un partido de fútbol de hace un par semanas. Al verme me mira con cara de asco, como era de esperar y dice:

- ¿Dónde estabas? ¿Crees que puedes irte donde quieras?

No contesto. Voy a mi habitación a dejar mis cosas y vuelvo al salón. Mi padre ahora se ha levantado del sofá y me vuelve a preguntar lo mismo de antes.

- ¿Por qué, coño, no respondes? -dice chillando.

- Estaba con una amiga.

Me dirijo hacia la cocina y empiezo a prepararle unos macarrones, su plato preferido.

- ¿Quién te ha dicho que quiero comer macarrones? -dice mientras escupe en el suelo- Todas sois iguales, os pensáis que tenemos que comer lo que a vosotras os da la gana y no es así. Quién manda es el hombre y si el hombre dice no es que ¡no!

Paro el fuego, para no malgastar los macarrones, y le pregunto que quiere comer.

- ¿Qué quiero comer? Nada. Se me han quitado las ganas de comer al verte.

Observo su rostro. Su contestación no ha sido de mi agrado y lo sabe. Espera una contestación contra él, pero no lo va a conseguir. No le voy a dar el placer de conseguir lo que él quiere.

Se me inundan los ojos al recordar lo que ha dicho, pero sigo sin decir nada.

Intento irme de la cocina, pero él lo impide mientras sigue diciendo tonterías acerca de las mujeres, acerca de mí pero sobretodo acerca de mamá.

Me coge del brazo y me empuja hacia atrás, por suerte no me tira. Lo que no veo a venir es que me va dar un puñetazo en el hombro. Caigo al suelo, rendida. Observo su rostro de satisfacción, mientras de mis ojos caen al fin las lagrimas que estaba aguantando dentro de mí.

Acto seguido, sale de la cocina, se pone su chaqueta y da un portazo al salir de casa. Seguro que se irá a comer por ahí o a buscar alguna chica para hacerle pasar un mal rato, como hace siempre.

Me quito el jersey, debajo llevo una camiseta de tirantes, por lo cual dejo, casi, mi hombro al descubierto. No parece que tenga nada, ni se me ha quitado el hueso de lugar, pero, por experiencia propia, sé que me va a salir un morado en unas horas o mañana.

Voy hacia el baño, me quito toda la ropa y me meto en la bañera con agua caliente.

Nunca he contado este tipo de discusiones que tengo con mi padre a nadie. Principalmente porque él es el mayor, por lo cual le creerán a él antes que a mi. Suceden desde hace años, desde que no tenía memoria.

De pequeña pensaba que lo hacia por mi bien al hacer alguna cosa mal, por lo cual no le daba mucha importancia. Durante unos años, en cambio, se volvió una costumbre casi diaria, pero al no ser tan bestia lo que me hacia y poco visible, la profesora siempre pensaba que era de jugar en el parque.

Desde hace unos años ya no lo hace tanto, supongo que porque he crecido, soy un poco más fuerte y ahora soy mayor de edad. Aunque todo esto no quita que de vez en cuando lo haga.

Como os he dicho, jamás se lo he contado a nadie todo esto, ni a mis amigas, ni a mis abuelos, ni a otros familiares, ni a la psicóloga que iba antes, ni a Aitor, ni a sus padres. Aunque, estos últimos, alguna que otra vez lo han intuido pero cuando me han preguntado lo he negado siempre, ya que no quería poner en problemas a mi padre, el que se podría decir que es mi único familiar.

- Idalia, no te calles las cosas, sobretodo si son cosas muy malas, cielo -me dijo una vez Lucía- Sabes que en esta casa te queremos como a una hija, puedes quedarte siempre que quieras y si hace falta vente a vivir con nosotros.

Nunca le conté la verdad, pero ahora lo pienso y me viene a la mente que habría pasado si lo hubiese contado en su momento. Quizás ahora estaría estudiando una carrera, tendría una vida llena de ilusiones y sueños, Aitor sería como un hermanastro y podría vivir la vida como una persona normal. Recordando un pasado que fue como una pesadilla y que no volvería a suceder nunca más. O quizás ya estaría muerte por haber contado la verdad y mi padre me habría matado por ello.

Me inundo en el agua de la bañera, mientras dejo que mi cuerpo se reboce entre el jabón. Al subir hacia arriba observo mi hombro, esta empezando a ponerse morado.

Pienso en la fiesta de esta noche, he hecho bien comprándome un vestido con cuello y no con escote, así podré disimular mejor el morado que nace en mi piel.

Oigo mi móvil sonar, es una de las alarmas que tengo puestas.

Hace alrededor de 3 años

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#37

Salgo de la bañera y me pongo el albornoz. Busco el móvil y cuando lo encuentro observo el porque de su sonido. Es una alarma recordatorio: hace cinco años que mi tía, Julia, murió.

Julia fue lo más parecido a una madre que tuve, sin pensar ahora mismo en Lucía que también lo fue. Pero Julia, al ser parte de mi familiar paterna, es más cercana como madre.

Hace cinco años le diagnosticaron cáncer de hígado, los médicos intentaron hacer lo posible para que se recuperara, pero cuando se dieron cuenta el cáncer ya era tarde.

En parte, según mi abuela, fue culpa de ella ya que se había encontrado mal durante mucho tiempo pero no había querido ir al médico, así pues cuando no pudo aguantar más si que fue y le salió mal la espera de sufrir.

Julia, que es la hermana gemela de mi padre, nunca se ha parecido a él. Julia estudio mucho y vivió durante diez años en Oslo.

Jamás se caso ni tuvo hijos, aunque en sus últimos años de vida tenía una relación sería con un hombre, que era genial. Al no tener hijos, me trato a mi siempre como una hija suya.

Observo el reloj, se me ha pasado la hora, tenía que ir al funeral y se me ha ido de la mente por completo. Aún así podré llegar a tiempo para ir al entierro en el cementerio.

Me visto en seguida, cojo una mochila, meto el vestido y todo lo que necesito para esta noche y me voy. No quiero ver a mi padre en todo lo que queda de día, así pues me vestiré en algún baño y luego iré a la fiesta.

Al salir de casa cojo el autobús y me dirijo hacia el cementerio. Esta lleno de gente, observo que aun están en el proceso de entierro aunque no le hago mucho caso, le doy el pésame a la familia y me mantengo alejada.

A un lado de la tumba a punto de ser cerrada veo a Gustav que me saluda. Me acerco a él y, de golpe, me acuerdo de la carta de amor. No había pensado que se la podía dar ahora, aunque tal y como esta su estado, mejor dársela el lunes, a ver si con un poco de suerte puedo arreglarla.

Gustav me cuenta un poco como ha ido el funeral. Se ve que por el llanto de la madre, el cura ha tenido que parar de hablar un par de veces. La mujer se ponía a chillar y a pedir que le devolviesen a su hija, que no quería enterrarla y la quería en su casa, quería a su princesa con ella para siempre. Por suerte, el padre ha podido calmarla pero ha tenido que sacarla fuera de la iglesia.

Al terminar el entierro me he sentado en uno de los bancos de la plaza que hay en medio, mientras observaba como los familiares y los amigos se iban hacia sus respectivas casas a seguir con el llanto.

Gus se ha despedido de mi con la mano a lo lejos, le he imitado y luego se ha ido.

Observo el cementerio por unos instantes. Me cuesta pensar que todas estás personas, que ahora están a metros bajo tierra, han hecho todo lo que han podido por su vida, han luchado para salir adelante, han tenido una vida alegre y, muchos de ellos, han hecho el bien en todo, pero aún así la vida no les ha dejado elegir entre seguir con su estupenda vida o morir, como es el caso de mi tía Julia.

Me levanto del banco y voy hacia la tumba de mi tía. De mi mochila saco una rosa que he cortado del tiesto del balcón de casa, y la pongo al lado de las demás que traigo cada mes.

Limpio un poco, con cuidado, la tumba para dejarla brillante y sin polvo. Me da pena pensar que muchos de los que están ahí, no tienen a nadie que les limpie lo que son ahora.

Me siento encima de la tumba. A mi padre nunca le ha gustado que haga eso, ya que dice que es irrespetuoso, pero luego pienso que más irrespetuoso es lo que hace él con su hija, así que no le hago caso.

De pequeña siempre solía estar encima de las piernas de mi tía, así que ahora esto es lo más cercano que tengo para estar a su lado, notando su calor y su antigua vida.

Saco de la mochila una libreta y un bolígrafo, y en ella escribo una carta para ella:

"Querida tía, soy yo, Idalia.

Siento que el mes pasado no pudiese venir, estuvo lloviendo casi todo el mes y el poco tiempo en el que había sol lo aproveche para salir con mis amigas.

Durante esté tiempo han pasado muchas cosas, de las cuales la gran mayoría son malas. No sé si te acuerdas de Erik, pero ha aparecido otra vez en mi vida, aunque ahora mismo no quiero hablar de él. Igual que tampoco quiero contarte nada de Aitor, como hago siempre. Ni de nadie más que no sea de nosotras o de familiares.

Hoy he tenido una discusión con mi padre. Sé que no te gustaba como me trataba y, a veces lo hacia lo peor posible, pues hoy ha sido como antes. Hacia tiempo que no pasaba. Sé que nunca te lo he contado, igual que nunca se lo he contado a nadie, pero a veces mi padre me ha hecho daño físico. Aunque las dos sabemos que el daño que se le da mejor es el psicológico. Ahora mismo no me duele mucho el hombro, pero puedo notar como el morado va creciendo en mi piel, y aunque no molesta, no quiero que nadie lo vea. No quiero poner en problemas a la familia.

Hecho de menos estar contigo y que me ayudaras con mi padre en la mayoría de ocasiones. Me duele pensar que una de las personas más importantes de mi vida, tú, ya no esté aquí para hacerme fuerte.

Por cierto, esta noche he soñado con mamá. Bueno, no con mamá sino con la imagen que tengo de ella, de las fotos que me diste cuando yo era pequeña. Aún las guardo como si fueran el mayor tesoro de mi vida. Recuerdo cuando me contabas lo estupenda que era mi madre y eráis muy buenas amigas.

Me he llevado conmigo las fotografías que me diste y me he fijado en una de ellas. Es una en la que sale mamá embarazada de mí, me ha hecho gracia que mamá tuviese la barriga tan grande, ya que según las fotografías de mi primer día de vida yo no era un bebé enorme. Pero bueno, que más da eso ya.

A lo que venia principalmente a decirte era que te echo de menos, y daría lo que fuera para que estuvieras aquí conmigo. Ojalá me pudieras decir donde esta mi mamá, al menos para ir a llevar alguna rosa en donde su cuerpo yace. Pero tranquila, no te pongas celosa, seguiré viniendo cada mes a verte a ti, porque tu eres la mejor tía de todas.

Tía, espero que estés en el cielo muy bien, pues aquí abajo no estamos tan bien la verdad.

Te quiero mucha, Julia.

Hasta el mes que viene".

Al terminar la carta, la arranco de la libreta y la doblo. Cojo la flor que he puesto junto con las otras y clavo la carta en ella, luego vuelvo a poner la flor en su tiesto. Ya hay bastantes flores, todas con una carta diferente de todos los meses desde que se fue de mi vida.

Hace alrededor de 3 años

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#38

Al salir del cementerio me encuentro con Gus, me pego un pequeño susto ya que pensaba que se había ido ya para casa.

- Pensé que te habías ido.

- No. Bueno, iba a irme, pero quería hablar contigo sobre lo de ayer.

Me quedo pensando unos instantes, ¿sobre lo de ayer? No recuerdo a que se refiere, hasta que recuerdo el momento antes en el que se le cayó la carta de color rosa, que guardo en mi habitación hasta el lunes.

- Por eso te he estado esperando -me indica- No quería molestarte. Sé que a veces te quedas un rato por el cementerio, para estar con tu tía.

- ¿Cómo sabes que es mi tía?

Gustav se sonroja, como si hubiese adivinado un secreto que mantiene bajo tierra.

- Bueno, porque un día fui a ver de quién era esa tumba y vi que tenía tu mismo apellido, así que imagine que era tu tía. ¿Me equivocado?

- No, para nada -digo con una sonrisa.

- Perdón si te ha molestado -se excusa él- Sobre lo de ayer, lo siento mucho. Quería hablar contigo de algunas cosas, pero no me vi capaz de hacerlo y por eso me fui tan rápido. Sé que es de mala educación, así que discúlpame, no volver a pasar.

- Oh, no te preocupes, Gus. Le puede pasar a cualquiera. ¿Quieres hablar ahora acerca de eso tan importante de lo que querías hablar antes?

Gus no dice nada. Sigue con su cara sonrojada. Baja la cabeza y observa sus pies. Luego niega con la cabeza sin mirarme en la cara.

- Bueno -le digo- No pasada nada. Pero no olvides que para lo que sea estoy aquí, así que puedes contarme lo que sea, ¿de acuerdo?

Él sube la cabeza. Su color rojo ha desaparecido un poco. Ahora me observa sorprendido, como si no esperara esa contestación. Como si viera en mi a una amiga que jamás ha visto en su vida.

- Gracias por tu amabilidad, Idalia. No quiero parecer raro, pero es la primera vez que alguien me dice esto. Muchas gracias por tenderme la mano para cuando lo necesite -me indica él.

Puedo ver en su rostro como recuerda el pasado con dolor, ya somos dos.

Por una vez, me alegra saber que hago alguna cosa bien, que alguien se siente bien conmigo y que no le causo problemas. Es un placer saber que soy una persona que vale la pena en algo, aunque sólo sea en eso. Bueno, y en maquillar soy muy bien maquillando, pienso entre risas por dentro.

- ¿Quieres que te acerqué a algún lugar? -me dice mientras señala el coche fúnebre.

Afirmo con la cabeza. La verdad no sé donde ir, lo que sí sé es donde no quiero ir: a mi casa.

Le indico que me lleve por el centro y, a partir de ahí, ya iré hacia el lugar donde quiero ir. Un lugar incierto en mi cabeza.

Al llegar al centro aparca donde puede para que pueda bajar.

- Gus -le digo- ¿Tienes alguna cosa que hacer esta tarde? -pregunto.

Él se lo piensa un par de veces y me indica que no, que hoy no tenía nada importante que hacer.

- ¿Quieres que vayamos a dar un paseo por aquí?

Gus acepta, esta vez sin pensárselo dos veces, así que deja el coche bien aparcado y luego sale de él.

Empezamos a andar por la avenida principal, la misma que he recorrido esta mañana después de la discusión con Aitor y antes de la comida con Carol.

Paramos delante la cafetería Brooklyn, entramos en ella y nos sentamos en una de las mesas. Arriba se oye un poco de ruido, parece que hacen alguna charla literaria o alguna cosa así. Pedimos un par de capuchinos.

La cafetería Brooklyn existe desde que tengo conciencia, aunque desde entonces ha tenido muchos cambios, los cuales siempre han ido a mejor. Ahora mismo consta de dos plantas, la primera donde hay la cafetería de toda la vida, y la parte de arriba donde hay una sala de estudio y cientos de libros para estudiar o simplemente para leer mientras tomas un café.

- ¿Hace mucho que murió tu tía? -me pregunta Gus.

Observo su rostro, a diferencia de otras personas me encanta hablar de mi tía, aunque al recordarla quiera decaer en el llanto.

- Sí, hace cinco años -le respondo- Murió de cáncer de hígado.

- Vaya, lo siento mucho -dice él- ¿Puedo preguntarte algo un poco más personal?

- Sí, claro -digo con una sonrisa, aunque me da miedo lo que vaya a preguntar.

- Martina me contó que tu madre murió cuando naciste. ¿Es cierto?

Abro los ojos un poco más de lo que los tenía. Le doy un largo sorbo al capuchino y, al fin, encuentro que responder.

- Sí, es cierto. Dice mi padre, bueno, y la familia de él, que murió cuando yo nací. Así que jamás la pude ver, ni hablar, ni nada. Me habría gustado haber podido conocerla.

- ¿Tu padre te habla de ella?

- En algunas ocasiones, pero siempre es para hablar mal de ella. Mi padre en ocasiones es bastante machista y maleducado, por lo cual no me he llegado nunca ha creer lo que dice de ella. En cambio, mi tía Julia, me contaba cosas extraordinarias de ella, se ve que eran muy buenas amigas y que gracias a ella conoció a mi padre. Aunque siempre que lo decía, parecía que le dolía decir que fue gracias a ella, como si se culpara por alguna cosa. Supongo que se culpa de que se conocieran y decidieran tenerme, ya que esa fue la razón de su muerte. Pero, a diferencia de mi padre, ella nunca me culpo de la muerte de ella, sino que se autoculpaba.

- ¿Tu padre te culpa de su muerte?

- Sí, mucho. Me lo suele recordar cada poco tiempo, para que no olvide que mi nacimiento fue el que destrozo la familia. Molesta bastante que me culpe por algo que yo hice sin darme cuenta.

- Idalia, tu culpa no es. En los partos puede haber cualquier tipo de complicación, hay veces en las que es el bebé el que muere.

- Lo sé, pero mi padre no lo ve así. Lo ve diferente al resto del mundo. Además, nunca ha querido celebrar mi cumpleaños ni me ha felicitado.

- ¿Y eso por qué? -pregunta mientras se termina luego el capuchino.

- Porque le recuerda a mi madre. Para él no es el cumpleaños de su hija, es el día que le indica los años que hace que mi madre murió.

- Suena duro esto.

- Y lo es. Lo es mucho. Daría lo que fuera para que se hubiese muerto él y no mi madre.

- Son palabras duras estás -afirma él.

Afirmo su frase con la cabeza e igual que él me termino el capuchino.

Después de pagar, salimos de la cafetería y seguimos andando por la avenida. Nos paramos un par de veces en tiendas para ver ropa. Nunca habría pensado que a Gus le gustaba tanto ir a tiendas de ropa. Cada vez que entrabamos a una, más si era de chico, se ponía como loco en busca de camisas, pantalones y mil prendas más de ropa.

Gus no es el típico chico que le ves por la calle y piensas que es un fanático de la ropa. Siempre suele ir bastante normal al vestir, no suele llevar ropa a la moda e intenta pasar desapercibido. Al pensar en eso me acuerdo en nuestra conversación en el bosque, donde dijo que prefería que alguien se fijara en él por los ojos, no por el ruido e intuyo que tampoco quiere que le observen por la ropa que lleva.

Se prueba varias prendas de ropa. Yo en cambio no me pruebo nada, me da miedo coger alguna prenda de ropa, probármela y que se me vea el moratón de mi padre.

Al final compra algunas cosas, de las que nunca le he visto puestas.

Seguimos por la avenida hasta llegar en un parque enorme, donde nos sentamos para descansar los pies. Esto de ir de compras cansa bastante.

- Por cierto, ¿tú tienes hermanos? -le pregunto.

- Sí y no.

- Vaya, ¿es un medio hermano o algo así?

- No -dice entre risas- Cuando nací murió mi hermana, se ve que eramos gemelos y ella no sobrevivió. Para que veas que en los partos también se pierden los hijos y no solo las madres -indica.

- Lo siento mucho -le digo.

- Me habría gustado conocerla, jugar con ella, crecer juntos y esas cosas que hacen los hermanos. Ahora mismo tengo algo parecido a un hermano, pero no nos llevamos muy bien que se diga. Mi madre se separo de mi padre antes de que naciera, así que me crío sola, lo que no quiero imaginarme como sería si tuviera que habernos criado a mi y a mi hermana a solas. Volviendo al tema del hermano, mi madre lleva un par de meses saliendo con un hombre, es muy simpático y me cae genial. El que no me cae bien es su hijo, Alex, nos llevamos fatal.

- Ostras. ¿Y no habéis intentado llevaros bien?

- Yo sí lo he intentado, pero no le caigo bien por otras razones. Así que paso de intentarlo más. Él hace su vida y yo la mía -confiesa.

Por sus palabras, al decir "por otras razones" puedo notar como no le apetece hablar de eso ahora. Aunque me come la intriga por dentro por saber esas razones. Soy mujer y la verdad es que soy muy cotilla, por lo cual tengo un gran interés en saberlo. Aún así no insisto.

- Como te he dicho antes, si necesitas hablar de alguna cosa aquí estoy para lo que sea. Aunque perdieras a tu hermana al nacer, yo estoy encantada de ser como una hermana para ti. ¿Vale?

Gus acepta con la cabeza y nos fundimos en un largo abrazo, en el que puedo notar que él esta a gusto.

Hace alrededor de 3 años

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#39

Después de haber pasado la tarde con Gus y haber visto lo genial que es, aunque la gente diga lo contrario, le he invitado a la fiesta. Así pues me he podido cambiar la ropa en el baño de su casa y hemos ido los dos hacia mi casa, para esperar a las chicas.

La casa de Gus me ha gustado mucho, su madre tiene muy buen gusto por los muebles y por las paredes, gran parte de ello es de color azul y verde pastel, por lo cual parece una casa de fotografía, ojalá pudiese vivir ahí. Por mala suerte no he podido conocer a nadie de su familia, ya que no estaban.

Cuando mis amigas han llegado, les he presentado, por segunda vez, a mi compañero de trabajo. A Ada le ha sorprendido que estuviera con un chico que no fuera Aitor, pero no le he dicho nada. Sin pensárselo dos veces, las chicas han aceptado de que él viniese de fiesta con nosotras.

- La verdad es que no soy de fiestas -declara Gus.

- ¿No? ¿Y eso? -pregunta Ada interesada.

Gustav no contesta, supongo que su respuesta es porque nunca ha tenido amigos o que nadie le hubiese invitado nunca fiestas, pero al final responde:

- Soy bastante tímido y me da vergüenza soltarme delante de los demás. Por lo cual, si no estoy con gente que me siento muy a gusto no me lo paso muy bien.

- Seguro que con nosotras te sentirás muy a gusto -le contesto.

Sonríe y no dice nada más.

Hemos ido los cuatro con el coche de Carol al lugar de la fiesta. Es un chalet del pueblo del lado, que esta en una urbanización, justo al lado de un grande bosque.

Al entrar hemos felicitado a la cumpleañera, la cual tan sólo la conocía Ada, ya que la había conocido en la fiesta universitaria en la que fue hace unos días atrás.

La casa esta llena de personas, han puesto varias luces de colores por la casa y la música a tope, parece una discoteca de verdad.

Recorremos el salón, hasta llegar a la cocina donde nos cogemos un cubata para cada uno. Luego volvemos al salón donde Carol intenta animarnos a bailar, y lo consigue con Ada que es la primera en salir ahí en medio. Observo a Gus, parece ansioso por pasárselo bien, así pues le invito a bailar y él acepta. No nos tocamos apenas, pero tan uno como él otro sigue el mismo ritmo de la canción.

Cinco canciones después me separo de él, mientras Ada y él bailan juntos. Carol me guía hasta la cocina, donde nos cogemos otro cubata.

- ¿Cómo es que has invitado a Gus?

- Bueno... He pasado la tarde con él, hemos ido de compras y hemos estado hablando. Y he creído que era una buena idea.

- ¿Pero no te he dicho que te alejes unos días de los tres?

- Sí, Carol, pero él no es como Aitor o Erik, él es un amigo y estoy segura de que él me ve así. No me preguntes porqué, pero tengo la intuición de que hago bien haciendo esto.

- Mmm, espero que tu intuición sea buena, porque sino te vas a meter en un lío mayor.

Luego cojo a Carol del brazo y me la llevo con nuestros amigos al salón, donde parece que se lo pasan mejor que nosotros. Ada esta en la derecha y Gus en la izquierda, y no sé como pero en medio se ha metido ese tal Unai que tanto le gusta a nuestra pequeña. Los tres bailan animadamente, parece que no les importa para nada bailar juntos, es más se lo están pasando genial.

Carol y yo decidimos tomar un poco el fresco, así que salimos al jardín donde hay una enorme piscina y un jardín con miles de flores.

- Guau, yo quiero este jardín en mi casa -le hago saber a mi amiga.

Ella afirma con la cabeza que también quiere uno.

Nos sentamos en un banco con el cubata en las manos y observamos, desde fuera, como sigue la fiesta por dentro y por fuera. Un par de chicos se desnudan delante la piscina y se tiran en ella.

- Están locos, con el frío que hace aquí fuera no me quiero imaginar como esta el agua -le digo.

- Tampoco hace tanto frío, además bebiendo un poco el frío se te olvida. ¿Nos metemos también? -dice Carol animada mientras se quita la chaqueta.

Observo como poco a poco se va quitando la ropa, hasta que se queda en ropa interior y me indica que quiere bañarse. Parece que se la ha subido un poco la bebida, conociéndola jamás haría eso, ella siempre es la que cuida de Ada y de mí, por lo cual hoy tocara cuidarla a ella.

- Yo no quiero meterme -le digo.

Carol no acepta un no por respuesta. Me quita la chaqueta y luego los tacones.

- Quítate el resto tú, que sino pensarán que soy lesbiana -dice entre risas mientras se termina el cubata que hace nada que hemos ido a buscar.

- No me apetece -le vuelvo a decir.

No quiero meterme en la piscina, no quiero quiero beber más, no quiero meterme en el agua con dos desconocidos, no quiero quitarme la ropa y, sobretodo, no quiero que nadie vea mi moratón, el cual después de cenar ocupaba gran parte de mi hombro.

Carol se acerca a mí y me abraza, me dice que salte con ella a la piscina ya que esta cogiendo frío. En un descuido, no sé como, me arrastra hasta la piscina y me tira en ella con el vestido.

En el fondo del agua puedo ver el cuerpo de Carol helándose, igual que el mío. Ella se me acerca, nos abrazamos y empezamos a flotar hacia arriba. Nos tiramos agua la una a la otra. Los dos chicos que se han tirado antes en la piscina se nos acercan.

- ¿Qué, coño, haces tú aquí? -decimos Erik y yo a la vez al vernos.

Hace alrededor de 3 años

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#40

Carol se ríe ante la situación. Su borrachera le ha hecho olvidar lo sensata que es siempre, si no estuviera borracha ahora mismo me sacaría de esa helada agua y se me llevaría a otro lugar, lejos de ese chico, pero no lo va a hacer. A diferencia de mis pensamientos, Carol se acerca a Erik, le da un par de besos y luego se acerca al otro chico, un tal Jorge, el cual luego se acerca a mí a presentarse.

Durante un rato largo jugamos a tirarnos el agua, aunque entre Erik y yo, más que agua nos tiramos miradas casi asesinas, por decirlo de alguna forma.

Pienso la mala suerte que tengo, por un sábado que salgo de fiesta después de tantas cosas que me han pasado, y voy y me encuentro a una de las personas que me ha hecho sufrir y de las cuales tengo que evitar al máximo para, como dice Carol: aclarar mis sentimientos.

Salgo de la piscina en cuanto puedo, bajo la mirada indiscreta de Erik, que parece que tenga que observar cada uno de mis pasos. Carol, por el contrario, sigue en la piscina tonteando con ese tal Jorge. Quiero sacar a Carol de ahí, pero tal y como tengo el hombro no creo que pueda arrastrarla.

- Carol, ¿vamos a por algo de bebida? -le pregunto cuando ya he salido de la piscina y la observo desde el césped.

- No -dice riéndose a carcajadas- Ve tú, yo estoy muy bien aquí -y luego se pone a mirar al amigo de Erik.

- Genial -pienso dentro de mí en tono irónico.

Me alejo del trío para entrar en la casa. Llevo todo el vestido mojado y me estoy helando por segundos, como no me cambie de ropa voy a coger una pulmonía.

Recorro el salón y luego busco el baño, cuando por fin lo encuentro abro la puerta, pero me encuentro a una pareja a punto de hacer al amor, les pido disculpas y cierro la puerta. Me tapo la cara, que vergüenza me daría que me vieran hacer eso ahí.

Observo que al final del pasillo que lleva a la cocina, hay unas escaleras, así que voy hacia ellas y las subo. Busco, otra vez, el baño, esta vez, por suerte, no hay nadie dentro.

El baño esta cubierto de baldosas azules, blancas y grises, con relieves de flores, la verdad es que me gusta mucho. Veo que tienen un albornoz detrás de la puerta. Me quito la ropa y en seguida me pongo el albornoz.

Luego busco si tienen algún secador por ahí. En el primer cajón tienen sólo peines y gomillas para el pelo. En el segundo cajón hay varios miles de cremas. En el tercero encuentro maquillaje de marca buena, quizás luego me maquille con él. Y, en el cuarto, me encuentro con el secador, también de buena marca. Lo enchufo y empiezo a secar mi vestido con él.

De repente la puerta se abre, de ella aparece Erik. Observa lo que hago y entra en el baño. No me dice nada. Sin que lo observe puedo entender que se va a poner a mear, y así es. Él se ríe.

- Sí quieres puedes mirar, total ya la viste hace unos años -dice sin para de reírse.

No digo nada ante su frase, le ignoro. Prefiero seguir secando mi vestido nuevo.

Al terminar de mear, se lava las manos y luego se sienta encima la tapa del váter, observándome.

No sé que es lo que quiere pero yo, estoy segura, de que no quiero. Supongo que querrá que le conteste a sus preguntas y a sus estúpidas teorías. Y así es.

- ¿Por qué no quieres contestar a mis preguntas, Idalia? -pregunta él.

No digo nada, simplemente muevo los hombros en señal de desconocimiento. Al hacer el movimiento puedo notar el dolor de mi hombro, pero no digo nada, prefiero sufrir en silencio.

- ¿No piensas hablarme? -me dice ahora.

- No, no vaya a ser que la llorica se ponga a llorar -le digo con tono de reproche.

Erik no dice nada, se ríe como hace rato.

- ¿Sabes por qué los amores de verano terminan siempre? -pregunta él.

Ahora soy yo la que quiere reírse a carcajada suelta, pero no lo hago. ¿En serio ahora se va a poner amoroso o filosófico? La verdad es que no tiene desperdicio escuchar su charla. Estoy segura de que si alguna de sus antiguas novias escuchara eso se quedaría a cuadros.

- ¿En serio sabes el por qué? -le pregunto.

- Sí, ¿y tú? -pregunta ahora él.

- Sí, sobretodo en tu caso.

- ¿En mi caso? -dice mientras se levanta de la tapa del váter y se me acerca. Los dos nos quedamos observándonos desde el espejo- Cuéntame.

- En tu caso, los amores de verano que has tenido, han fallado todos porque nunca has querido que duraran. Tengo tres teorías acerca de ello. La primera es por miedo, miedo a enamorarte, a sentirte amado o a que tu te enamores y la chica solo te quiera para pasar el rato, cosa que es graciosa porque luego eres tu quien hace eso con todas. Mi segunda teoría es por aburrimiento, te cansas en seguida de las chicas y cuando encuentras a una mejor dejas a la anterior, eres como un niño que siempre quiere juguetes nuevos y cuando se cansa de uno se va a por otro. Y, mi tercera teoría es porque tienes una regla o una fecha o una lista o lo que sea, en plan no que no vas a salir con cada chica más de ese determinado tiempo, o que quieres salir con el máximo de chicas o alguna cosa rara de estás que hacéis algunos chicos.

Erik no dice nada, ahora ya no se ríe, ahora soy yo la que se ríe. Por lo cual me hace intuir que, quizás, una de mis teorías es la acertada, lo que no sé es cual ya que mientras las decía iba observando mi vestido para no quemarlo. Si lo hubiese mirado a él, habría visto su cambio de cara en la teoría correcta.

- Por lo cual nuestro amor no le deberías de llamar amor de verano. Deberías llamar amor y ya esta, ya que haces lo mismo durante todas las épocas del año, no creo que vayas llamando amor de invierno, amor de primavera y amor de otoño a los demás. Ya que la típica frase es amor de verano, amor que viene y se va, los demás amores no se suele decir que terminan tan rápido -le sigo diciendo.

Durante un par de minutos los dos estamos callados. Sólo se oye el ruido del secador sobre mi vestido, el cual poco a poco va dejando de estar mojado.

- ¿Así que esta es la impresión que tienes de mí? ¿Que tengo una lista o una fecha límite para salir con las chicas? -no se ríe, yo sonrío y afirmo con la cabeza- Pues no es así.

- ¿No? -le contesto- Entonces la tercera teoría queda descartada. Quedan aún dos teorías, ¿cuál de ellas es?

Erik no responde, me mira a través del espejo con reproche. Al final decide no seguir hablando y se va del baño, por suerte.

Al final, me quito el albornoz, el vestido ya esta seco. Observo desde el espejo mi hombro, el morado parece casi negro de lo oscuro que esta, supongo que a partir de ahí no va a empeorar más. La mancha es bastante grande, ocupa gran parte del hombro hasta casi llegar al pecho.

Hace alrededor de 3 años

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#41

La puerta se abre, vuelve a ser Erik. Me encuentra desnuda y con el moratón en el hombro. Se me queda mirando sorprendido, preguntándose como ha llegado ese morado en mi hombro. Luego me mira el resto del cuerpo, donde durante unos segundos se queda mirando mis pechos. Me tapo con el albornoz todo lo que puedo.

- ¿Qué haces? ¿No sabes llamar a la puerta? -le pregunto en tono de enfadada.

- ¿Y eso? -dice él señalando mi morado.

Intenta quitarme el albornoz para volverlo a ver, me hace daño y chillo un poco.

- Perdón -se disculpa- ¿Cómo te has hecho esto?

- Con una puerta -le digo.

- Sí, claro. Y yo soy Papá Nöel -contesta- Todas decís lo mismo, que casualidad, ¿no? En serio Idalia, ¿quién te ha hecho esto?

- ¿Por qué supones que alguien me lo ha hecho? Me lo he hecho yo sola con una puerta -le vuelvo a aclarar. Pero él tiene razón, todas siempre dicen que es con una puerta o al caer de las escaleras.

- Pues porque conozco tu padre, no en persona, pero en el pasado me contaste cosas de él y no vería muy raro que fuera él quien te hiciera eso. ¿O acaso a sido tu novio celoso?

Ya vuelve a estar otra vez con lo del novio celoso.

- No tengo novio, y deja en paz a Aitor, ¿vale? -le digo enfadada- Y esto me lo he hecho, como te he dicho, con una puerta.

Erik no responde, se acerca hacia mí y me abraza por la cintura, intentando no hacerme daño en el hombro. Durante unos instantes nos quedamos así, cuerpo contra cuerpo, dolor contra dolor. Mientras recuerdo las palabras de esta mañana que mi padre me ha soltado, no valgo nada, las mujeres no valemos nada como suele decir él siempre. Una lagrima se me escapa del ojo derecho, él lo nota y me abraza con más fuerza. Una fuerza que hace que mi llanto aumente por segundos.

Pienso en todo esto, parece absurdo que hace unos minutos y unos días estuviéramos discutiendo como un perro y un gato, y ahora él me esta consolando.

Erik se aleja un momento de mí y coge papel de váter para que me suene los mocos, mientras que con sus manos me quita las lagrimas de las mejillas. Se vuelve a sentar en el váter y me dice que me siente sobre él, le hago caso, y me vuelve a abrazar.

Su abrazo es cálido, cercano y consolador.

- Tengo que irme -le digo al final.

No quiero seguir llorando delante de él, al final es verdad que soy la niña llorica.

Me levanto de encima de sus piernas, me quito el albornoz y me pongo el vestido, luego las medias, los tacones y la chaqueta. Me peino con los dedos el pelo y me limpio la cara con agua. El maquillaje me ha manchado gran parte de la cara, así que tendré que bajar abajo sin que nadie me vea.

Erik no dice nada en todo momento. Salgo del baño y él va detrás. Me pongo a buscar a mis amigas y a Gus, pero no les encuentro. Miro el móvil y tengo un mensaje de Ada que dice que ella ya a vuelto a casa y que Gus iba con ella. Suspiro al pensar que al menos sé algo de una de ellas. Ahora toca buscar a Carol. Me paseo por todo el salón, el jardín y la cocina, pero no hay rastro de ellas.

- ¿A quién buscas? -me pregunta Erik que no pensé que siguiera siendo mi sombra.

- A mi amiga Carol.

- Se ha ido hace rato -me indica él- Ha ido con Jorge a tomar un par de cubatas en una discoteca.

Le observo e intento llamar a mi amiga que no me lo coge.

- Deberías descansar, Idalia. Tus amigas son mayores, estoy seguro de que no les pasara nada a ninguna de las dos.

Intento confiar en sus palabras, pero yo soy la que va menos bebida, por lo cual debía cuidar de ellas y no he cumplido con mi responsabilidad, me siento mal conmigo misma.

- ¿Te llevo a casa? -me pregunta él.

Afirmo con la cabeza. Es eso o ir andando por la carretera o coger el primer bus el cual falta unas horas para que pase.

Los dos nos vamos hacia la calle hasta llegar a su moto. Observo el cielo, esta más estrellado que nunca. Me pongo el casco y él empieza a darle gas, dirección Amaltea.

Al llegar a delante de mi portal le doy las gracias y nada más, y luego me adentro en el edificio.

Hace alrededor de 3 años

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#42

Ya es domingo, el último día de la semana. Siempre lo he visto como el fin de algo nuevo, como una página más de tu vida. Una página que empieza de nuevo pero teniendo un principio ya empezado, una historia que nunca se termina.

Al despertarme ya eran las doce de la mañana, por lo cual he pasado de desayunar. Y, me he ido hacia la cocina a tomarme un zumo de naranja.

Mi padre volvía a estar ahí, pero no solo, esta vez con una mujer que parece que tenga cuarenta años o cincuenta, la edad no le ayuda a ser bonita. Les he saludado y me he metido en la cocina.

Después de hacerme y beberme el zumo, he observado como mi moratón seguía ahí, más vivo que nunca. Sin querer me lo he tocado y no os podéis imaginar el dolor que me ha hecho.

Luego he bajado a la calle, quería dar un paseo e ir al cementerio. Ese lugar que tanto miedo me da y a la vez tantos momentos he pasado en él.

Al llegar me he sentado encima de la tumba de mi tía, Julia.

A muchas personas les parece raro que pase tiempo en el cementerio, que vaya a los funerales de mucha gente y que "hable" con mi tía acerca de mis cosas. Yo, la verdad, no lo veo tan malo. Aunque la persona ya no esté aquí, aunque quizás no te oiga y mucho menos te pueda contestar, es agradable saber que puedes contarle tus cosas a una persona como si estuviera viva.

Mi tía, como ya he dicho, fue un gran apoyo para mí, me ayudo en los estudios y con mi padre. Es por esta razón, por la cual no quiero cambiar algo de mi pasado: hablar con ella de mis problemas.

Me sabe mal saber que nunca podrá responderme, ni podrá decirme un "te quiero" como hacia antes, pero en mi corazón siento como su alma respira en mi oreja y susurra lo que quiero oír.

Un ser muerto no esta del todo muerto porque no exista físicamente, pues sigue existiendo pero nos lo apartan de nuestra vista ya que no es agradable. Nadie a muerto nunca, ni nadie lo hará, mientras en nuestros recuerdos y en nuestras conversaciones queden sus anhelos, sus sueños, sus huellas dejadas en el camino y sus emociones plasmadas en las personas.

Desde aquí, puedo contemplar el paréntesis que es la vida entre dos nadas, dos eternidades o dos cosas inexploradas. Nadie ha podido venir de fuera del paréntesis para contarnos lo que hay detrás de la vida, pues es imposible, una vez entras no hay escapatoria, igual que en el amor. Es curioso como el amor y la muerte pueden parecerse en cierta manera.

Observo la lápida de mi tía, rozo con la yema de mis dedos la inscripción que hay en ella: "La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente."

Cuando mis abuelos paternos eligieron esta frase del escritor francés, François Mauriac, pensé que no era la adecuada para una tumba, ya que todo el mundo siempre ha puesto "no te olvidaremos" o "siempre te querremos" o cosas así para hacer ver que ese difunto era un ser querido. Por esta razón, la inscripción que eligieron sus padres me pareció rara.

Mi tía y yo, en ocasiones habíamos hablado de la muerte, y ella había dicho que le gustaría tener otra frase del escritor Jorge Luis Borges que decía "la muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene." Es por esto que al preparar el funeral me opuse con la frase que iba a quedar inscrita para toda la eternidad en la tumba de mi tía.

- No entiendo la frase -le dije a mi tía cuando me la dijo.

- ¿No? Es muy fácil cariño -dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja mientras tenía miles de tubos en el cuerpo- La gente que ya ha vivido le toca morir, pues los demás también deben tener su momento de vida. Yo he vivido muchas cosas, y aunque me sabe mal irme de aquí, mi cuerpo me indica que esto tiene que terminar. Ya he hecho mi función en la vida. Ahora los que vengan para vivir entenderán que deben vivir al máximo antes de morir, no vaya a ser que les pille de imprevistos como conmigo -digo sonriendo.

Sus palabras siempre habían sido muy filosóficas y positivas. Por esto me sabía mal dejar que su corazón dijera adiós, sin antes haberme enseñado a ser una mujer de verdad.

De repente aparece en el cementerio una familia vestida de negro, hay un entierro. Hay que ver, aunque esto sea una ciudad pequeña, todos los días muere alguien.

Me acerco hacia Gus y le saludo.

- ¿De quién es el entierro? -le pregunto.

- De un anciano -dice él con una sonrisa.

- ¿Qué tal anoche? -le pregunto por curiosidad.

- Bien, ¿y a ti?

- ¿La verdad? Habría preferido quedarme en casa, estoy segura de que lo habría pasado mejor. Carol cogió la mayor borrachera de su vida y Ada estuvo contigo y Unai todo el rato, así que no me divertí mucho -le digo entre risas.

Él no dice nada, vuelve a sonreír y se disculpa, para poder ayudar en el entierro.

Al terminar el entierro me despido del jefe, mientras Gus vuelve para hablar conmigo.

- Idalia -dice él- ¿Ada te ha contado alguna cosa de la pasada noche? -pregunta con miedo.

- No, ¿por qué? -pregunto con curiosidad.

- No, por nada. Es tu amiga, así que ella te lo tendría que contar ella.

Gus se gira, dándome su espalda y se aleja hacia la puerta de salida.

- ¡Gus! -le chillo mientras corro detrás de él- Tú también eres mi amigo, me lo puedes contar, ¿no?

Él me observad y esboza una sonrisa entre sus labios, parece que le ha gustado que le diga que es mi amigo.

- Puedo contártelo, pero por favor no le digas a Ada que te lo he contado.

Hace alrededor de 3 años

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#43

Durante la noche de domingo a lunes apenas pude dormir. Después de lo que me había contado Gustav acerca de la noche de sábado, me dejo sin palabras y son la mente fría. Una parte de mí intuía que Gustav era homosexual, pero eso desde el luego no me importaba, al contrario siempre había querido tener un amigo gay, ya que en las películas siempre son los máximos confidentes de las chicas y te ayudan a elegir la ropa mejor que cualquier otra mujer, en algunas ocasiones.

Lo que me causo más frío en las venas fue que se lío con un chico, pero no con uno acabado de conocer, uno del cual no supiese nada, no. Gus se lío con el chico con el cual nunca se debería de haber liado.

Pensé en como afectaría esto a una de mis amigas, a Ada para ser más concreto, no creo que le hiciera mucha gracia. Ada nunca ha sido de enamorarse tan rápidamente de alguien, siempre ha preferido conocer antes la persona para saber como es, pero esta vez su amor fue a primer vista. Un amor a primera vista que le va a destrozar el corazón.

Cuando a Ada le preguntamos como es que se había enamorado a primera vista, nos dijo:

- Es que la vida es muy corta, chicas. Y, llevo un tiempo pensando que quizás es mejor que cuando Cupido me lance una flecha de amor al corazón le haga caso. No debo desperdiciar los disparos cuando me enamoro. Y como él me enamoro en seguida con su mirada, sus ojos, sus labios, su todo... No me pude resistir chicas.

Se le notaba enamorada, enamorada más que cualquier otra persona en el mundo. Así pues no sé si contarle, supongo que debería contarle lo que paso, pero me da miedo. No quiero joderle la vida, además que esté es su último año antes de la universidad y debe estudiar mucho.

Llego al trabajo sin darme cuenta, con tantos pensamientos en mi mente no me he dado cuenta de que he cogido el autobús y ya estoy en el vestuario con Martina y sus anécdotas de cada mañana.

- ¿Sabes qué me ha dicho mi hija hoy? -dice ella muy animada- Pues que a ver si me busco a un hombre para vivir -dice entre risas- Lo que no sabe es que soy la mujer que no puede tener marido.

Sonrío ante la frase de Martina, como siempre tan alocada, risueña y encantadora. Si fuera por mi daría lo que fuese para que tuviera a un hombre en su vida, alguien que la hiciese feliz. No como Unai a Ada, que le va a romper el corazón.

Al terminar de cambiarme la ropa me adentro a mi sala de maquillaje, donde me encuentro a un hombre de unos cincuenta años en la camilla. Un policía se sienta en una de las sillas de la sala y se me queda observando.

- ¿Te importa que me quede aquí? -dice él mientras bebe de su café- Es que tengo que vigilarlo -refiriéndose al cadáver.

- ¿Vigilarlo? -pregunto confusa- Tranquilo que no creo que se escape de aquí -dijo con una sonrisa.

Él me devuelve la sonrisa.

- No es por eso. Es que lo han asesinado -me indica mientras empiezo a maquillar- y la persona o grupo de personas que lo ha matado quieren su cadáver.

- ¿Su cadáver? ¿Alguien es tan macabro como para robar cuerpos muertos?

- Eso parece -dice riéndose- Llevamos un par de semanas con estos asesinatos en la ciudad. Se ve que es o son asesinos en serie, y están matando a muchas personas que trabajaron, en el pasado, por el Estado.

- Suena un poco raro todo esto. En todo caso, si los matan, ¿para qué quieren luego el difunto?

- No lo sabemos. Al principio, cuando aun no sabíamos que todos habían formado parte del gobierno del Estado, pensamos que era porque querían quitarles los órganos y venderlos al mercado negro o, simplemente, hacerse pasar por ellos y robarle todo el dinero y terrenos.

- Y luego os distéis cuenta de que tenían alguna cosa en común y era el lugar donde habían trabajado, ¿no? -le digo interrumpiéndolo.

- Eso mismo -afirma él.

Al terminar de maquillar al difunto me despido del policía, el cual no se separa ni un segundo de él.

Recojo mi maletín de maquillaje y me voy hacia la cafetería, donde me encuentro con Gus, y nos saludamos.

- ¿Se lo has contado ya a Ada? -me pregunta en tono de preocupación.

- No, tranquilo -le contesto.

La verdad, es que no sé si contarle y si lo hago no sé como hacerlo. Debería pedirle ayuda a Carol en este caso, ella sabrá decirlo de tal forma que no duela tanto.

- Por cierto -le digo al chico antes de que se vaya- Tengo algo que es tuyo.

Los dos nos vamos al vestuario y de mi bolso saco la carta que se le cayo el viernes. Se puede notar en ella algunas arrugas de la bola que formo Aitor, pero esta bastante mejor.

- Se te cayo el viernes, cuando querías decirme eso tan importante -le digo- Siento que esté tan arrugado, lo tuve todo el fin de semana en el bolso y no me he dado cuenta de ello. Estuve metiendo cosas encima de ella sin querer.

- Pe-pero... -dice él nervioso- Esta abierta la carta, Idalia.

Abro los ojos como dos naranjas, había olvidado de que al caerse iba con un sobre rosa.

- Sí, es que se me mojo el sobre y tuve que quitarlo, pero tranquilo que no he leído nada.

Gustav me mira con cara de decepción, por haber leído lo que ponía en ella. Se sienta en uno de los bancos del vestuario y me mira fijamente. Me cuenta para quién iba la carta y porque la había escrito y, como no, me quedo otra vez helada.

Hay que ver la que tiene montada Gustav en su vida, nadie diría que esté chico tan tímido y vergonzoso tendría esta vida tan llena y con tantas emociones. Su vida parece una montaña rusa, pero una mucho más bestia que la mía.

Hace alrededor de 3 años

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#44

Al salir del trabajo me paso por el súper para comprar un par de cosas para la comida. No sé si mi padre estará o no en casa, así que mejor comprar el máximo para que no se queje.

Al llegar al rellano de mi piso observo la puerta de casa de Aitor. Quiero llamarle y contarle la verdad acerca de la carta, pero no soy yo quien tendría que contárselo, sino Gustav, ya que él escribió la carta.

Entro a mi casa y mi padre no esta, igual que tampoco esta la mujer que estaba ayer y esta mañana con él. Suelto un suspiro de alivio y rápidamente me pongo a cocinar.

Al terminar miro un rato la televisión y luego me voy hacia la habitación. De debajo la cama saco una caja de flores y la subo en mi cama. Me tiro en la cama y abro esa caja. Ahí tengo mi mayor tesoro, mis fotografías de mamá, yo con la tía Julia, yo con papá cuando era bueno y yo con otros familiares.

Debajo del todo de la caja me encuentro una cinta de vídeo, de la cual no recordaba su existencia. Es de color negro y tiene una pegatina de color blanco pegada donde pone: la muerte. La verdad es que leer eso me hace entrar un escalofrío de miedo, ¿alguien puede ser tan macabro como grabar una cinta que tenga que ver con la muerte? ¿habrá muertos grabados en ella? Tengo miedo. Suelto la cinta en seguida y la dejo en la caja.

Vuelvo a poner mi mirada en las fotografías. Mi madre era muy guapa, espero que de mayor me parezca tanto a ella, envidio su rostro, su mirada y su agradable sonrisa. Estoy segura de que habría sido una madre fantástica y me habría sentido toda una princesa a su lado.

- Mamá -suelto con un suspiro.

Observo el reloj, en nada empezara el funeral, debo ir en seguida.

Cuando llego a la iglesia, mis amigas no están. El miedo, que tuve la otra vez para afrontar la muerte sola, ha vuelto. Miro a banda y banda y no llegan. Al final alguien llega, y no son ellas, es Aitor.

¿Qué hace Aitor aquí? Si Carol se entera de que está aquí se enfadara conmigo, ya que la reflexión que debo pasar esta semana no va a funcionar.

Nos saludamos, sin sonrisas ni complicidad. Simplemente nos saludamos, a secas.

En ese momento me acuerdo de la camisa que le compre el sábado para él, pero no se lo digo.

Al terminar el funeral vamos hacia el cementerio, sin decirnos nada.

Cuando Gustav nos ve nos saluda, Aitor no le devuelve el saludo. Puedo observar en su cara los celos que tiene. ¿Cómo puede ser tan celoso sin saber la verdad de la carta? No lo entiendo.

Al salir del cementerio volvemos a casa, uno al lado del otro, sin decirnos ni una palabra. Y, cuando llegamos al rellano es cuando me atrevo a decirle algo:

- ¿Quieres pasar a mi casa? -le pregunto.

El niega con la cabeza. No voy a obligarle, es un cabezón a veces.

Entro en mi casa, cojo la bolsa con la camisa que le compre y vuelvo a salir de mi casa. Llamo la puerta de Aitor, y de ahí sale Lucía con su simpática sonrisa de oreja a oreja.

- Buenas tardes, cariño -dice ella sin borrar su sonrisa, cualquiera diría que tiene chinchetas para que no se le caiga- Pasa, pasa, pasa.

Le hago caso y entro en la casa. La mujer me invita a comer alguna cosa, pero me niego, he venido tan sólo a ver a Aitor.

- Esta en su habitación -la mujer se acerca a la puerta de la habitación de Aitor y llama- Cariño, ha venido Idalia a verte -y la mujer abre la puerta.

Aitor esta tirado en la cama, boca abajo, con los cascos puestos y el ordenador con la música puesta. Se gira de golpe y se asusta al vernos ahí dentro, no se había enterado de nuestra presencia.

- ¿Qué coño hacéis? -dice él en tono de enfadado.

- Te he llamado a la puerta, hijo, y te he dicho que esta Idalia.

Una vez ha dicho esto, la mujer se aleja y nos cierra la puerta.

Aitor y yo nos observamos. Me duele ver que no es el mismo, me duele ver que no puedo decirle lo que quiere acerca de mis sentimientos, me duele ser como soy.

Me siento a un lado de la cama. Él, en cambio, vuelve a acostarse boca a bajo, sin decirme nada. Luego se pone boca arriba, con los ojos cerrados y se pone en una esquina de la cama. Dejo mis cosas en el suelo y me acuesto junto a su lado, pero de lado mirándole. Él me pasa el brazo por encima del hombro que toca la cama. Le quito uno de los auriculares y escucho la canción: Naufrago de Sober.

Hace alrededor de 3 años

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#45

Esta canción me encanta y él lo sabe. Es una de mis canciones preferidas. Me recuerda el pasado, uno de los mejores momentos de mi vida: cuando me acosté por primera vez con él.

Fue pocos meses después de que Erik me dejara tirada. Era otoño y quedaba poco para las Navidades. En la sala de fiestas del pueblo organizaron varios conciertos, el mejor y más esperado iba a ser el de Sober, sin duda. Muchos lo esperábamos con ansias, sobretodo Aitor, ya que era su grupo de música favorito y no se lo iba a perder ni en sueños.

Aitor me invito a ir al concierto con él. Al principio no me pareció buena idea, pues ese grupo no me llamaba mucho la atención, pero pensé en que Aitor me había ayudado mucho durante esos meses y quise recompensarle yendo a ese concierto.

La sala de fiestas estaba llena de adolescentes y de adultos, parecía el mayor evento de la ciudad en años, jamás habíamos visto a tantas personas juntas en ese lugar.

Mientras el grupo tocaba la canción de “Naufrago”, Aitor me cogió de la mano y cantaba la canción mirándome, sin pestañear:

- Fue tal vez, una historia incapaz de olvidar, de las que siempre acaban con un oscuro final. Sueños que están rotos y otros se partieron por la mitad. Labios que están secos pero que aun siguen inquietos por querer besar.

Y fue en ese momento, después de decir la palabra “besar”, cuando Aitor me beso. Me beso apasionadamente, como si ansiara que esté momento hubiese ocurrido de una vez por todas. Yo, por mi parte, no me separé de él, me deje besar.

El que parecía ser nuestro primer beso, ya que no recordábamos el primer beso de pequeños, había sido el mejor que nos habíamos dado. Fue espectacular.

Al terminar el concierto, entre bromas y mimos nos paramos en un parque. Durante el concierto habíamos bebido un poco. Nos tumbamos en el césped. De fondo aún se podían escuchar canciones del grupo, ya que la terminar el concierto habían puesto su disco para quien quisiera quedarse un rato más en la sala.

Aitor y yo nos besamos apasionadamente, otra vez. Sus manos se metieron por debajo de mi camiseta y me toco el pecho. Yo le copie, y también le metí la mano por debajo de su camiseta, tocando toda su espalda. La tenía bastante caliente.

Me senté encima de él con las piernas abiertas, él se bajo la bragueta y, por debajo de mi falda, entro en mí. Estuvimos durante un buen rato disfrutando los dos juntos, hasta que a la vez llegamos al máximo placer.

Al terminar nos quedamos unos segundos observándonos, con pequeñas sonrisas de vergüenza y besándonos en el cuello.

Desde el fondo volvimos a escuchar la canción de “naufrago” y la cantamos los dos a la vez, sin separar nuestros cuerpos aún.

Esa noche la pasamos juntos en mi habitación, sin separarnos. Lo que no sabíamos, es que lo que habíamos hechos iba a convertirse en una costumbre muy apasionada, pero que al final podría conllevar a mal entendidos.

Hace alrededor de 3 años

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#46

Volviendo al presente, observo a Aitor. Sus labios cantan la canción y yo le imito. En el momento que él canta la parte que dice “Te seguiré esperando, un año, un siglo, la eternidad. Mantendré encendido el fuego, por si piensas venir”, se acerca a mi oído para cantarlo.

Aitor me abraza con sus fuertes brazos y yo me escondo en su pecho. Puedo olerle. Su olor es tan especial que nunca he podido olvidar. Huele a sueños, a esperanzas, a fe en sí mismo y a protección, pero sobretodo huele a amor. Amor hacia mí.

Él con su cuerpo me arrastra más hacia su cuerpo, para que tenga contacto con su piel, pero me duele esa posición. El hombro me está haciendo bastante daño y sin darme cuenta un suelto un:

- ¡Ay! -de dolor.

No dice nada, se queda callado y me observa queriendo que le diga que ha pasado. No se lo digo, si quiere saberlo que me lo diga con palabras y al fin lo hace.

- ¿Qué pasa? ¿Te he hecho daño?

- No es nada -le contesto.

Aitor parece que se olvida de las palabras y me besa. Me vuelve a besar apasionadamente, como la primera vez que lo hizo: con muchas ansias de quererlo. Yo me dejo hacer, me gusta que lo haga y como lo hace.

Me dejo llevar por la pasión y las ganas, sin recordarme del morado de mi hombro.

Él me quita la camiseta y cuando ve el morado se asusta.

- ¿Qué es esto? -me pregunta preocupado- ¿Quién te lo ha hecho, Idalia?

Esta conversación me recuerda a la misma que tuve con Erik el sábado por la noche.

- Me dí con una puerta -le respondo.

- Ya y yo soy Papa Nöel -responde.

Su respuesta me hace sonreír por dentro, fue la misma que me dijo Erik cuando le dije lo de la puerta.

- Idalia, en serio ¿quién te ha hecho esto? -me vuelve a preguntar- No habrá sido ese imbécil, ¿no?

Por unos segundos dudo en quien se refiere, pero luego me viene a la mente que debe pensar en Erik. ¿O quizás se refiere a mi padre?

- ¿Ese imbécil? ¿A quién te refieres? -le pregunto confusa.

- Pues a tu padre, ¿a quién me iba a referir sino? -pregunta, ahora confuso él- ¿O acaso a sido el otro imbécil? ¿A sido Erik?

Cierro los ojos por unos segundos. ¿Cómo ha podido adivinar tan rápidamente que fue mi padre?

- Idalia, responde -dice mientras me abraza fuerte- ¿Quién te ha hecho esto?

- Mi padre.

- ¿Otra vez? -me pregunta.

¿Otra vez? ¿A qué se refiere con otra vez? Nunca le había contado que él me hacía esas cosas. Entonces, ¿por qué razón dice eso? Las veces que mi padre me ha hecho daño, nunca nadie lo ha visto ya que lo he escondido bien. Es imposible que él supiera que me hacia eso. Y en el caso de que lo supiese, ¿por qué nunca me había preguntado acerca de esto?

- ¿Por qué dices otra vez? -le pregunto yo ahora.

- Pues porque en el pasado te lo había hecho. Y, las demás veces que te lo hacía no querías ver a nadie o simplemente no querías desnudarte cuando estábamos a solas.

- Espera, espera, espera -le digo mientras me pongo mi camiseta- Por empezar, ¿cómo sabias que mi padre me hacia eso?

- Pensé que sabias que lo sabíamos.

- ¿Sabíamos? ¿A quiénes te refieres?

- A mi y a mis padres, ¿a quién sino? Nunca nos contaste nada, así que pensé que era porque ya sabías que lo sabíamos.

- ¿Puedo saber cómo lo sabíais?

- Por tu tía, Julia -observo el suelo, mientras cojo su mano para reconfortarme- Unos días días antes de morirse, no sé si te acuerdas, pero mis padres y yo te acompañamos al hospital. En un momento en que tu y yo salimos a comprarle unas flores, tu tía les contó a mis padres esto. Les pidió que te protegieran y si había algún problema llamasen enseguida a la policía. A mi me lo contaron mis padres más adelante, cuando ya tenía doce años. Desde ese momento me fije en cada momento como estabas, no podía quitar ojo de ti.

No soy capaz de decirle nada. Mis cuerdas vocales parece que se hayan desvanecido y mis ojos tan sólo son capaces de echar a llorar. Me acercó a él mientras me abraza.

- No te preocupes -me dice él- pero debemos ir al médico.

- ¿Qué? No, no, no, ¡no! No puedo ir al médico, ¿estás loco, Aitor? -le digo mientras me suelto de su abrazo- si vamos al médico sabrán que mi padre me lo ha hecho y entonces lo denunciarán. Se va a enfadar mucho si se entera, me pegara mucho más. ¡No quiero!

Mientras le digo todo eso no puedo dejar de llorar y pensar en el dolor que me va a provocar mi padre si se entera.

- Idalia, tu padre no tiene porque enterarse. Tenemos que ir al menos a que te lo miren, por si te hizo daño en alguna parte importante del cuerpo.

- No puedo -le digo mientras él me limpia las lágrimas de las mejillas.

- Me da igual que no quieras. Yo quiero que vayas y si hace falta te obligo a que lo hagas. Idalia, es tu salud. Tu tía nos dijo que te cuidáramos y eso es lo que voy ha hacer, vamos al médico.

Aitor no dice nada más y yo no tengo fuerzas para hacerlo. Coge mi bolso y me ayuda a poner el jersey. Luego coge la bolsa que he llevado, donde tengo la camiseta que le quería regalar.

- ¿Lo dejamos en tu casa? -dice refiriéndose a ella.

- No, era un regalo para ti -le digo- Déjala aquí.

Aitor la saca de la bolsa, la observa varias veces y me indica que le gusta mucha, me da las gracias con un beso en la frente. Se la pone y salimos hacia su coche, para dirigirnos al hospital.

Hace alrededor de 3 años

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#47

Al llegar al hospital, nos han indicado que nos esperásemos en la sala de espera principal. Aitor me ha tenido con la mano sujeta todo el tiempo, encima de su rodilla. Aunque no ha dicho ninguna palabra en todo momento.

Media hora después nos han indicado que pasásemos a la sala seis, donde un enfermero nos esperaba. El chico, que no creo que tuviese más de veinticinco años, me ha pedido que me sacara la camiseta, para poder contemplar el moratón.

- ¿Tienes algún otro moratón? -me pregunta.

Le respondo que no y me indica que me vuelva a poner la camiseta.

- Tenéis que ir a la sala cinco. Esta al final del pasillo hacia la derecha, encontraréis varias salas pero están bien numeradas. Cuando lleguéis ahí os esperáis y os volverán a llamar.

Salimos de la sala. Aitor se me acerca y me vuelve a dar la mano, suavemente y con delicadeza de no hacerme daño. Sonrío. Parece que se piense que soy una muñeca de porcelana y en cuanto me toque la va a romper.

Al llegar a la sala cinco nos encontramos varias personas más, parece que la espera va a ir para largo.

Aitor coge una par de revistas del revistero, y me deja una que es de moda, mientras él sujeta una de motos. Así pues empiezo a leer la revista donde hablan de la nueva colección de este año, parece que se vuelven a llevar los tonos pastel en la ropa. Perfecto, porque me encantan, pienso.

Veinte minutos más tarde sale una chica y entra otra que estaba esperando con nosotros. Observo a Aitor. La chica que acaba de salir lleva toda la cara con moratones.

- Aitor -le digo en voz baja- ¿No será esta una sala para las chicas maltratadas? -le digo mirando a las otras cuatro chicas que hay en la misma sala.

Él se encoge de hombros y sigue leyendo la revista de motos.

Tengo miedo de saber donde me estoy metiendo. Mi padre me va a matar si se entera. No sé como van los hospitales en estas cosas, pero posiblemente tengan un policía ahí para que las chicas denuncien a sus maltratadores, pero este no es mi caso. Él tan sólo me ha pegado en algunas ocasiones y siempre con alguna razón, como que lo hacia mal o que la había liado. Eso no es maltratar, ¿verdad?

Observo a Aitor, sin decirle nada.

Un par de lagrimas me recorren las mejillas, tengo mucho miedo.

De mi bolso cojo el móvil y los auriculares, le pongo uno a la oreja de Aitor y el otro para mí. Me mira y sigue leyendo. Y, le doy al play. Suena en nuestros oídos la canción Fukin' Perfect de la cantante Pink.

Al terminar la canción Aitor me mira, otra vez, y me dice:

- Pues ya sabes, eres malditamente perfecta para mí, Idalia.

No le digo nada. Una sonrisa dibuja mi rostro. Y, ahora es cuando más mal me siento. Mil pensamientos recorren mi cabeza y me están destrozando las neuronas.

¿Por qué siempre he sido tan sumamente mala persona con él? Él que siempre me ha ayudado, me tendió la mano cuando más lo necesitaba, él que supo sacarme de la oscuridad y me ayudo a renacer como el ángel que me ha convertido.

¿Por qué no puedo ser capaz de decirle lo mismo que él me dijo? ¿Por qué no puedo decirle que también le quiero? No necesito darle más vueltas en mi mente, sé que le quiero y que daría lo que fuese para estar con él, pero no soy capaz de decirle. Aunque dentro de mi lo piense y lo grite, por fuera no puedo. Mis labios sellan mis pensamientos y mis emociones, me privan de que haga lo que quiero desde lo más profundo de mi alma.

¿Por qué? No entiendo nada.

Suelto un suspiro y Aitor se gira para observarme. Una chica aparece de la nada y me indica que pase dentro, pero que él no puede entrar, sólo yo. Antes de entrar dentro, me acercó a él y le digo:

- Tu también eres malditamente perfecto, Aitor.

Saca una sonrisa y me alejo de él. Me alejo con el pensamiento que al salir ahí estará, para seguir tendiéndome la mano por y para lo que necesite. Porque él es así, una alma caritativa que sólo es capaz de hacerme feliz a mí, a mí y a nadie más en este mundo.

Hace alrededor de 3 años

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#48

Antes de que se cierre la puerta de la sala, doy un último vistazo a Aitor y observo como su silueta me espera a la vuelta.

Dentro de ella hay varios médicos y como bien creía hay una policía. Primero me llevan en una pequeña sala, donde la doctora me indica que me desnude por completo.

- ¿Tengo que desnudarme toda? -le pregunto- Tan sólo tengo el moratón en el hombro.

La mujer me mira con una sonrisa y afirma la pregunta, quiere que me desnude toda.

- Mi compañera me ha pasado tu historial, por lo que he visto no es la primera vez que sufres maltratos físicos. Y, aunque hacía tiempo que no venias por aquí, necesito que te desnudes toda para comprobar que no tengas ninguna otra herida que no pueda ser vista desde la superficie.

No entiendo nada de todo lo que me dice, pero le hago caso y me quito la ropa, hasta terminar en ropa interior.

- ¿Cuándo te hizo el moratón del hombro? -me pregunta.

- Hace dos o tres días. Al principio no tenía ninguna marca, pero durante el día se me fue oscureciendo -le contesto mientras me observa detenidamente el hombro- ¿Puedo hacerle una pregunta?

La mujer asiente con la cabeza, pero antes me indica que me estire en la camilla.

- ¿A qué se refiere con mi historial? ¿Y lo de hace tiempo que no venía? -le pregunto directamente.

- ¿No te acuerdas de haber venido nunca aquí?

- La verdad es que no, ¿acaso había venido más veces? -intento recordar la sala, pero no me suena de nada- Sé que de pequeña había venido varias veces a este hospital, pero no me acuerdo para que, era muy pequeña entonces.

- Te llevaba tu tía, por lo que he leído en el historial se llamaba, si no me equivoco, Julia.

Una mujer un poco más mayor que la doctora se me acerca y ayuda a la otra mujer con la inspección.

- Tu tía era muy simpática -dice esta última- Pero no hizo bien sus cosas.

- ¿A qué te refieres? -le pregunto.

- Muchas veces venia aquí contigo y muchas de estas estabas sangrando. Le dijimos que tenía que denunciar a su hermano, pues la forma de tratar a su hija, es decir tú, no era la apropiada y menos con los daños que te estaba causando. Aunque la advertimos en todo momento no nos hizo caso. Luego murió y no volvimos a saber nada ti. Yo y mi antigua compañera intentamos buscar tu rastro, para ayudarte a salir de ahí, pero por normas del hospital no pudimos acceder a tus datos personales.

Me quedo callada mientras me siguen inspeccionando.

No recordaba que mi tía me hubiese llevado en este hospital otras veces y menos por esa razón. Pensé que todas las heridas me las había curado ella en casa. Supongo que mi memoria habrá olvidado estas pequeñas partes que forman mi vida. Ya que como se suele decir: a veces, la memoria olvida ciertas partes de nuestra vida que no deben ser recordadas.

Al salir de la sala la policía que hay en la entrada me indica que me acerque a ella. Me indica si necesito denunciar a alguien, le digo que no. Al menos de momento no.

No sé si hago bien al decirle que no, pero mi tía tampoco quiso hacerlo. Si no lo hizo debió ser por alguna razón, ¿no? O acaso, ¿ella también tenía miedo de mi padre? No lo sé, pero de momento no quiero liar más las cosas.

Tan sólo tengo miedo. Miedo de lo que pueda pasar. Miedo del dolor. Miedo de la vida.

Hace alrededor de 3 años

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#49

Al salir de la sala voy corriendo hacia Aitor. Y, apenas al levantarse salto a sus brazos. Necesito fundirme en su calor y sentir que no estoy sola en este mundo.

Un mundo que me pone baches por todos lados, que no deja que haga mi vida tranquila y feliz. ¿Acaso me porte tan mal en otra vida para sufrir esto? Quizás en otra vida fui Hitler o vete a saber quién, si es así entonces entiendo que mi vida actual sea tan mala.

Aitor me pasa el brazo por encima del hombro, sin hacer mucha fuerza y nos vamos andando hacia su coche.

- ¿Vamos a tomar alguna cosa? -me indica él.

Afirmo con la cabeza.

Hacía días que no estaba tanto tiempo con él, lo echaba de menos.

Aitor para el coche en la calle principal y nos dirigimos hacia la cafetería Brooklyn. Nos sentamos en la primera mesa que encontramos vacía, uno al lado del otro. Él me acaricia la mejilla, yo tan sólo soy capaz de estarme quieta. Mi corazón late a cien por hora, ¿por qué hace esto ahora mi corazón? Debería de estar más que acostumbrada a estar cerca de él. Se podría decir que me he pasado la vida entera a su lado.

Una camarera nos acerca los dos cafés y un par de pastas para merendar, luego se vuelve por donde ha venido.

- ¿Qué te ha dicho la doctora? ¿Te ha dado alguna crema o alguna cosa para el moratón?

Le cuento todo lo que ha pasado ahí dentro, sobretodo lo de mi tía Julia, él no se extraña ante ello. Luego le cuento lo de la policía y la denuncia.

- Deberías haberle denunciado, Idalia -me indica él.

- No puedo hacer eso, no lo entiendes.

- Sí, lo entiendo perfectamente, por esto digo que deberías de haberlo hecho. ¿De qué tienes miedo? ¿De qué te vuelva a hacer daño? Eso no lo volverá a hacer si tiene una denuncia y en el caso de que lo haga yo te protegeré, yo estaré ahí para intercambiar los golpes que te quiera dar a ti.

- No es solo esto -le digo.

Sujeto su mano con la mía. Me ha gustado lo que ha dicho y eso hace sentirme segura a su lado.

- ¿Entonces qué más es, Idalia? -pregunta un poco enfadado.

- Son más cosas. Él es el único familiar que tengo en mi vida y no tengo donde vivir si me echa de casa. ¿No lo entiendes?

- Idalia -dice él poniéndome las manos una en cada mejilla para que le observe- Mis padres y yo hemos estado siempre a tu lado, igual que tus amigas, Ada y Carol, y también Martina. Que todos nosotros no tengamos tu misma sangre no significa que no formemos parte de tu familia, te queremos igual y, sabes de sobras, que todas estas personas han estado a tu lado en todo momento y si tu caes los demás también caemos. Además, yo sería el primero en ofrecerte mi casa para hospedarte, te dejaría mi habitación entera si hiciese falta y yo me quedaría en el sofá. Haría cualquier cosa para que no te sintieras sola.

No soy capaz de decir nada, me ha dejado sin palabras. Sus palabras me han emocionado y me están entrando ganas de llorar, pero no puedo hacerlo aquí. No en público.

Al terminar la merienda nos volvemos hacia el coche y luego hacia casa.

Hace alrededor de 3 años

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#50

- ¿Puedo pasar? -dice él mientras abro la puerta de mi casa.

Afirmo con la cabeza. Entramos los dos juntos. En el salón, otra vez, está mi padre que nos observa con cara de asco. No sé si siempre nos mira así o es que esa es su cara, la verdad.

Nos dirigimos hacia mi habitación, sin apenas saludar a mi padre. Lo que si puedo ver es como Aitor le mira con cara de odio.

- Ojalá pudiera darle una buena hostia a tu padre -dice cuando ya estamos dentro.

- Te puede hacer daño.

- ¿Te piensas que me importa el daño que me vaya a hacer? -pregunta él- ¿Te piensas que me importo que Erik me hiciera daño cuando le pegue? No, porque cada vez que te veo sufrir, yo sufro aún más, y no me importa que me peguen o me hagan más daño, es la única forma para darme cuenta de que sigo vivo y que eso que he hecho es por ti, Idalia.

En este momento no sé si sentirme halagada o con miedo. Aitor hace todo lo que puede por mi, me ayuda, pero para esto se mete en violencia, aunque él nunca haya sido de pelear.

- Aitor, tu nunca has sido violento. No te gustan las peleas -le recuerdo.

- Cuando alguien esta enamorado no le importa lo que le pueda pasar. Lo único que le importa es que la otra persona sea feliz y, si no es así debe luchar para que así sea.

Las palabras de Aitor me hacen pensar. Si lo que él dice es verdad, significa que yo a él no le quiero. En mis manos está hacerle feliz pero no lo hago, ¿entonces no le quiero tanto como él a mi?

Las dudas me mutilan el corazón cada segundo que pasa. Cada vez tengo más y más, son insoportables e insufribles. ¿Por qué no pueden desaparecer? Desearía que se fueran de mi vida, que todo fuera como soplar pompas de agua y jabón, como cuando era una niña. Las preocupaciones tan sólo me llevarán a la tristeza y no quiero. Quiero ser feliz y dejarme de tonterías. ¿Cómo puedo hacerlo?

- Ven -dice Aitor que esta acostado en mi cama sin sus zapatos- ¿Te importa si me quedo esta noche?

Niego con la cabeza, no me importa para nada, todo el contrario.

- No quiero dejarte sola con ese hombre.

Me quito las botas y me acuesto a su lado, mi espalda esta pegada a su pecho y a su barriga. Los dos miramos por la ventana de mi habitación. El sol se esta poniendo, mientras la oscuridad reina en el cielo. Observo como los pájaros vuelan al mismo sentido que el aire les lleva. Es curioso, ellos son unos de los seres más frágiles en la vida terrestres, son tan pequeños, pero cuando vuelan son los seres más libres del planeta, capaces de ir donde sea con sus propias alas. Ojalá tuviese alas, así podría ir con ellos donde fuese, pero sin duda sería en un lugar muy lejano a Amaltea.

Aitor me acaricia el pelo con la mano, acerca sus labios a mi oreja y me la muerde. Me quejo de la mordida y se hecha a reír. Luego empieza a acariciarme la oreja, vuelve a acercar sus labios pero ahora no me muerde, simplemente susurra la canción “quédate” de Funambulista. Cuando llegamos a la estrofa canto con él. Él usa mis costillas como si estuviese tocando el piano, mientras yo uso su mano derecha como la guitarra. Somos un dueto un tanto extraño pienso.

Al terminar, me giro hacia él. Nuestros ojos se miran, podemos vernos reflejados en los del otro. Nuestras narices se tocan, casi aplastándose. Y, nuestros labios se rozan, pero no se besan, simplemente los tenemos uno junto al otro, sin espacio de separación.

Pienso que la vida es muy curiosa, puede hacer que dos personas enfadadas o dos personas que no se entiendan, puedan estar tan cerca como cualquier otra pareja normal.

Me muerdo el labio inferior, con el diente toco su labio blando que le hace tener un escalofrío. Sonrío y él me imita. Separo mis labios, pero no para besarle los suyos, sino para morderle el labio, es tan apetitoso. Luego es él quien me muerde.

Hace alrededor de 3 años

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#51

La mañana siguiente nos levantamos abrazados el uno del otro y sonreímos.

- Buenos días, guapa -dice él después de un bostezo.

- Buenos días, guapo -le contesto.

Dudo unos momentos de todo lo que estoy haciendo ahora mismo, principalmente de aceptar sus mimos, sus caricias, su protección y su amabilidad hacia mí. No estoy segura de si lo que hago lo hago bien, de sí debo hacer todo esto. ¿Y si me estoy equivocando?

Me levanto de la cama, igual que Aitor y nos ponemos la ropa. Anoche tan sólo nos dimos besos y caricias, nos quedamos dormidos enseguida, no cenamos.

Al salir de la habitación, Aitor pasa delante de mí, para ver si mi padre está ahí o no. Por suerte no lo esta, y me deja ir sola a la cocina. Y, desayunamos juntos.

Luego nos despedimos en el portal, donde cada uno tiene que coger un autobús diferente.

- ¿Seguro que no quieres que te acompañe hasta el trabajo? -me dice él.

- No, no te preocupes -y nos despedimos con un beso en la mejilla.

- Qué vaya bien el día, preciosa -me dice desde el fondo mientras corre para no perder el autobús.

Siete minutos después llega mi autobús y subo en él. Me siento por el final del vehículo. A la siguiente parada se sube un chico con la guitarra, es él. Y, se pone a tocar la canción “pienso en aquella tarde” de Pereza.

Al terminar de cantarla todos le aplauden y le dan muchas monedas para que pueda seguir cantando.

- ¿No me das nada, Idalia? -pregunta él cuando pasa por el lado de mi asiento.

Niego con la cabeza. Erik se va y vuelve a pasar por todo el autobús a ver si le cae alguna propina más, pero ya no le dan. Luego se vuelve hacia a mí y se sienta a mi lado.

- No importa que no me hayas dado nada, con que me des tu amor me basta -me susurra.

Su frase me hace sonreír, pero no de gracia, sino de que me ha puesto nerviosa diciendo esto. ¿Debería aceptar que me dijera esto? Me pregunto dentro de mí y creo que la respuesta es negativa.

- Siento decirte que mi amor no te lo voy a dar -le respondo.

Erik no dice nada, parece ser que haga ver que no lo ha oído. Mete la guitarra en su funda y vuelve a dirigirme la palabra.

- ¿Quieres quedar hoy? -me pregunta con una sonrisa de oreja a oreja.

Ahora soy yo la que no dice nada.

¿Por qué me pide salir? Acaso no se dio cuenta en la fiesta que no quería nada con él. En serio, a veces no entiendo a los hombres y eso que dicen que son más fáciles que nosotras, no sé si creérmelo.

- Venga, Idalia, tan sólo será un rato. Tomamos una cerveza y ya esta, ¿vale?

No sé que contestarle, parece interesado en quedar conmigo, pero yo no sé si quiero. Estoy indecisa.

Llegamos a mi parada, no le digo nada y bajo del autobús, él me sigue y baja conmigo.

- ¡Eh, Idalia! -dice mientras ando lo más rápido posible para no tener que contestarlo- ¡No me has respondido! -viene corriendo hacia a mí y me coge del brazo- Idalia, ¿no me oyes?

Me giro hacia él. Pienso en lo que me dijo Carol y en el poco caso que le he hecho en eso, desde que me lo dijo he visto tanto a Aitor y a Erik mucho más que los demás días. Mi plan de desenvolver el lío que tengo en la mente no va a funcionar, y todo por culpa de ellos dos. ¿Por qué no me pueden dejar en paz unos días? No soporto que estén tan encima de mí en todo momento.

Pienso detalladamente las palabras que le quiero decir, de tal forma que se quede a cuadros y en ese momento pueda huir hacia la funeraria sin que me pille.

- No quiero quedar contigo, no me apetece. Vete a buscar a otra chica, Erik.

Sé que mi contestación no ha sido para dejarlo a cuadros, ni mucho menos, pero al menos me ha dado tiempo de huir de su conversación.

Entro rápidamente en la funeraria. Y, me adentro en seguida en el vestuario para cambiarme, donde Martina ya ha salido.

Hace alrededor de 3 años

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#52

Entro en la sala de maquillaje, mi jefe esta dentro junto con Martina, y antes de que pueda ver a la persona que debo maquillar me sacan fuera de la sala. Y, me sonríen.

- ¿Cómo estás, Idalia? -me pregunta Martina en tono de preocupación.

- Bien -digo sonriendo- ¿Por qué?

Martina no responde, mira a mi jefe y con la cabeza le niega alguna cosa de la cual no tengo constancia.

- ¿Por qué? -le vuelvo a preguntar- ¿Qué pasa?

Me están empezando a poner nerviosa. El ambiente es muy tenso y que no me digan nada de lo que pasa aun hace que me tense más. ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué no me responden a lo que yo pregunto?

Ninguno de los dos dice nada, aún. Martina se funde en un abrazo conmigo y luego es el jefe quien lo hace. Acepto los abrazos sin reproches, pero agradecería saber que es lo que está pasando. Es todo tan confuso y extraño.

Martina me acompaña a la sala donde suele estar ella con los familiares de los muertos. ¿Por qué me lleva ahí? Me pregunto mientras andamos hacia la puerta. Martina abre la puerta, ahí me encuentro a mis abuelos paternos junto con hermanos y sobrinos suyos que apenas conozco. ¿Por qué están ahí todos ellos?

Me indican que me siente en uno de los sofás, al lado de mi abuela que no para de llorar y llorar, tiene el pañuelo entero mojado de mocos y lágrimas.

- Idalia, tus familiares tienen algo que decirte -me indica mi compañera de trabajo.

Observo a mis abuelos, que con tanto llanto no parecen ser capaces de decirme que está pasando ahí.

Mi abuela se me acerca y me abraza, lo hace tan fuerte que incluso me hace daño en el hombro. Al fin, es mi abuelo quien tiene el valor de decirme que está pasando ahí.

- Hija, tu padre a muerto -me dice él.

Después de la noticia no sé que decir, me quedo callada, pensando y reflexionando acerca de la frase. ¿Me están tomando el pelo? Porque si es así no hace ninguna gracia, todo lo contrario daría pena que mi propia familia me montara una broma como esta, es una broma muy pesada.

Mi primer gesto después de la noticia es una sonrisa. No es de alegría, aunque quizás lo tendría que ser, sino de una mezcla de confusión y tristeza.

- ¿Cómo que mi padre a muerto? ¿Cuando? -les pregunto- Anoche estaba en casa, en su sofá como siempre y no dijo nada de que le doliera ninguna cosa.

- Murió en un accidente -contesta mi abuela al fin- un accidente de tráfico.

- ¿Un accidente de tráfico? Pero si papá no tiene coche ni carne de conducir -les contesto- Si es una broma dejadlo ya, porque no hace gracia -les informo.

Martina se me acerca, me tiende su mano, yo enseguida se la cojo y no la quiero soltar por nada del mundo. Esa mano me esta dando la protección que en esté momento necesito, me esta dando la confianza para ser fuerte ante la situación. Cruzo la mirada con Martina, una mirada de complicidad y que me indica que todo lo que me están diciendo es cierto.

- Tu padre salió anoche a la calle y mientras cruzaba una calle un coche lo atropello. Murió en el acto -me informa Martina que parece ser la única que me va a contar la verdad de todo.

- ¿Y quién lo atropello? -le pregunto.

- No lo sabemos, se dio a la fuga en el momento del acto. Por suerte había una mujer paseando el perro y aviso a la ambulancia. Cuando llegaron los médicos ya era demasiado tarde, tu padre ya no respiraba.

- Todo esto parece sacado de una película de Hollywood -respondo con una media sonrisa- ¿Puedo verlo?

- No, hasta que no esté maquillado y todo esto no puedes verlo -me responde ella.

- Entonces tengo que ir a maquillarlo, es mi trabajo.

- Hoy no. Hoy descansa, ha venido la chica de los fines de semana para maquillarlo, no te preocupes que lo va a dejar muy guapo -dice ella con una sonrisa.

Hoy es la primera vez que veo el trabajo de Martina desde dentro. Intenta que todos focalicemos el dolor en algo bueno, en que ahora mi padre entrara en una nueva vida que le hará feliz. En que pensemos que él querría que fuésemos felices y que nos cuidásemos unos a otros para no sufrir.

No sé si estas palabras le funcionan con todos los familiares y amigos de los difuntos, pero a mi al menos no me funciona para nada. Me levantó del sofá, todos se me quedan mirando.

- ¿Dónde vas? -me pregunta Martina.

- A tomar el aire, lo necesito.

Martina acepta mi propuesta de salir un rato, me indica si quiere que le acompañe ella o algún familiar, lo niego y salgo de la sala. Me dirijo hacia el patio trasero de la funeraria, un lugar que tan sólo conocen los empleados.

Hace alrededor de 3 años

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#53

Respiro profundamente durante unos cuantos minutos, necesitaba sentir el aire fresco de la mañana en mis pulmones y en mi mente. Refrescar el cuerpo a veces es lo mejor para que tu mente piense con claridad.

Me pongo pensar en él, en mi padre. Parece mentira que hace menos de doce horas me estuviera mirando con cara de asco y ahora esté en el otro mundo. Bueno, en el otro mundo no, esta muerto y punto. No creo que el otro mundo exista, es simplemente una manera para calmar a los familiares.

Recuerdo cuando mi padre y mi tía me enseñaron a montar en bicicleta, ese día volví a casa con mil rasguños y mi padre me los curo, aunque a regaña dientes con mi tía, ya que él no quería curarme las heridas, dijo:

- Que aprenda a curarse las heridas sola, así sabrá de que va la vida.

Esas palabras me dolieron bastante, pero aún así seguí mostrando una sonrisa de oreja a oreja cada vez que veía a papá.

Una de las navidades, cuando tenía ocho años, me regalo un vestido de color rosa. Me enamoré de él, me lo puse y no quise sacármelo en días. Al final me obligo a quitármelo mi padre, pero no de buenas manera, sino arrancándomelo y rompiéndolo.

Cada fin de trimestre, cuando le llevaba las notas que había sacado, cogía el papel y lo rompía en mil pedazos e indicaba:

- Esto no te va a valer para nada. El futuro es de los trabajadores, no de los empollones.

Y le contesté:

- ¿Y por qué no trabajas? De empollón no tienes nada. ¿Acaso eres un inútil?

Esa vez, me dio tal paliza que tuve que quedarme en la cama de mi tía Julia durante días, ya que apenas me podía mover.

Tengo varios ejemplos más de esté tipo acerca de mi padre y su forma de ser. Es por esta la razón que no sé como sentirme ante la noticia de que ya nunca más estará conmigo.

¿Debería llorar como los demás? Sería lo apropiado y lo que espera la gente de mí, que me vea llorar por haber perdido a mi padre, el hombre, que representa, que me dio la vida, me cuido y me pago todos mis caprichos. Aunque muchos no es que los pagara él, sino yo o Julia.

¿O debería sonreír? Aunque esto no es lo más apropiado en este momento, es lo único de lo que tengo ganas a hacer. Mi padre nunca me ha tratado bien, me ha tenido como una esclava y ha aprovechado cualquier ocasión para pegarme. Ahora, por fin, soy libre.

Soy libre de la persona que peor me ha tratado en toda la vida. Por fin, soy libre como los pájaros que veo por la ventana intentando volar libremente.

Aún que me río ahora mismo y no esta bien hecho, me siento culpable así que dejo de hacerlo. Parezco una persona bipolar.

Hace alrededor de 3 años

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#54

Minutos después, vuelvo a entrar en el edificio, pero no entro en la sala de psicología. Me quedo fuera esperando a que salgan, no sé porque lo hago, pero siento que debo cumplir como familiar que soy.

Gustav se me acerca en cuanto me ve y me da el pésame e indica que si en algún momento necesito algo que ahí estará él para tenderme la mano.

- Gracias, Gus -le respondo- Aunque no hace falta que te preocupes tanto, mi padre y yo nunca tuvimos una buena relación.

No me pregunta el porque de ello y me indica que nos sentemos en las sillas de la sala de espera. No sé porque razón, pero siento que debo contarlo todo lo que me ha hecho mi padre durante todos los años de vida, así que le cuento.

- Ostras -contesta- No sabia esto. Siento mucho que te haya hecho pasar por tanto. ¿Cómo es que no le denunciaste cuando fuiste al hospital?

- Por miedo, ya sabes que todas las maltratadas tienen miedo del maltratador y por esta razón, muchas de ellas, no denuncian.

- Cierto -afirma él- Aunque en tu caso lo veo diferente. Eres mayor de edad, tienes un trabajo, sales de fiesta y esas cosas, muchas de las maltratadas no pueden decir lo mismo. Por esta razón podrías haberte ido a vivir a otro lugar o haber pedido ayuda, y estoy seguro que cualquiera te habría tendido la mano.

Gustav tiene razón, pero no es tan fácil como parece, es complicado todo eso.

- Además, si le hubiese denunciado en el hospital y ahora se entran de que ha muerto atropellado, podrían pensar que he sido yo la que lo ha hecho.

- O, pueden pensar que no denunciaste porque lo tenías todo planeado y denunciar sería perder el tiempo -responde él.

Lo miro fijamente, ¿está refiriendo que yo lo he matado? No puede ser.

- Tranquila -dice al verme preocupada- Que no pienso que seas una asesina -y se echa a reír.

- Eso espero -le respondo y me echo a reír yo también.

Justo en ese momento salen mis abuelos de la sala, me encuentran riéndose y se quedan mirando a Gustav.

- ¿Tantas gracia te hace que se haya muerto tu padre? -dice sin quitar la mirada de Gustav.

- No -le digo a mi abuela- Para nada.

- Mejor -dice la mujer- Y, a ver si dejas de juntarte con malas compañías -dice con la mirada apuñalando a Gustav- ¿Quién es este chico?

- Es Gustav, un compañero del trabajo -le contesto.

- A ver si te buscas nuevas compañías -vuelve a decir- O mejor cambias de trabajo, con este chico aquí no creo que sea bueno trabajar aquí.

No sé a que vienen estas palabras hacia Gustav, pero parece que me quedo tan confusa como Gustav y como Martina que lo ha escuchado todo.

- Es buena compañía este chico -añade Martina- Además, es bueno reír después de una mala noticia, así el dolor se va antes.

Martina parece que trata de convencer a la mujer que mi compañero de trabajo es bueno y que tan sólo me estaba ayudando a sentirme mejor. Mi abuela no le hace caso y me obliga a ir con ella a ver a mi padre que ya esta preparado para ser visto. Así que me despido de Gustav y me voy con mis familiares.

Hace alrededor de 3 años

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Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace alrededor de 3 años

En estas últimas cajas suceden cosas más graves, pero hasta aquí me has traído lleno de cotidianidad y eso me encanta. Conocer distintos personajes, formas de pensar, de sentir, preocupaciones. Tú relato está lleno del misterio que es "el otro" y "una misma". Escribes de una manera sencilla, diría incluso dulce. Leerte ha sido como dejar cogerse de la mano y echar a andar. No veas en esto nada de crítica, es halago, la veo una escritura muy sincera, muy directa. A la espera de la continuación quedo. Un saludo!
PS cuando encuentres un momento podrías darle un repasillo de tildes y alguna errata. Nada grave ni que despiste demasiado, pero es una pena encontrarlas.

Likur
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 3 años

Gracias por leer hasta aquí @Sixto_GS, supongo que eres el único que ha llegado a leer tanto de mi historia. Gracias por tu comentario, la verdad es que es mi forma de escribir y, aunque se que es muy sencilla, es la forma en la que me gusta hacerlo, ya que así siento que es más mía. Acerca de las erratas lo sé, cometo bastantes y mientras lo escribo intento rectificar las que encuentro, aunque a veces se me pasan algunas, o muchas. Espero que las que hayas encontrado no te hayan hecho mucho daño en la vista :) Aún así, gracias por tu halago y por recordarme de rectificar las faltas.


#55

Mi padre, bueno mejor dicho el cuerpo de mi padre, esta tendido en la caja y vestido con traje. Es la primera vez que le veo en traje y me parece hasta gracioso verlo con él, no se parece en nada a la ropa que suele comprarse y viste.

- Este era el traje de su boda -me indica mi abuelo.

- No sé para que tuvo que casarse con esa estúpida -dice mi abuela- Seguro que le dejo solo aposta, para que tuviera que criar a esta mocosa -dice señalándome- seguro que ni ella era capaz de tratarla.

No digo nada ante sus palabras, Martina, que sigue con nosotros en todo momento, me mira con cara de pena e intentando decirme que no me preocupe por lo que dicen de mí.

Durante media hora más la familia se queda ahí, y mi abuela no deja de decir cosas malas acerca de mi y de mi madre. Daría lo que fuese porque mi madre estuviese aquí y me consolara, pero ahora debe estar con mi padre en el otro mundo. ¿Se habrán encontrado ya?

Me levanto de la silla, una de las que hay alrededor de la caja de mi padre, y me marcho. Martina se levanta.

- ¿Dónde vas, Idalia? -me pregunta.

- Necesito ir a pasear o ir a casa. Lo siento -le digo a punto de echarme a llorar.

Martina no niega mi salida, pero me indica que si necesito su ayuda que la avise cuanto antes, que vendrá corriendo donde esté.

Me voy hacia el vestuario y me pongo mi ropa, luego cojo mis cosas y salgo a la calle. Me voy corriendo hacia donde sea, no pienso hacia donde voy, pero no paro ni dejo a mis pies pausados.

Llego al rio del pueblo y cruzo el puente que va hacia la montaña. Empiezo a andar por un sendero, olvidando todo lo que ha dicho mi abuela de mi. Acabo de perder a mi padre y de lo único que es capaz es de echarme mierda por encima, ¿acaso esto es normal? Yo no lo veo así. No sé como puede ser capaz de decirme todo esto, ni que la muerte fuera mi culpa.

Lo peor de todo no es que haya dicho cosas malas de mí, sino que se haya atrevido a hablar mal de mi madre. Estoy segura que mi madre era buena, simpática y habría sido la mejor madre del mundo, pero mi abuela la odia por morirse, cuando miles de mujeres mueren en partos. Mi madre no murió aposta, murió por mi culpa y ahora me echan la culpa de la muerte de mi padre.

¿Tengo la culpa de la muerte de mis padres? ¡No, no, no, no, no puede ser!

Me echo a llorar, no quiero saber nada del mundo, de mi familia ni de nadie. Quiero estar sola, llorar, echar todo lo malo que siento en el pozo del vacío. Quiero olvidar que soy yo, que no valgo para nada y que soy la culpable de todo. Mis padres han muerto por mi culpa, los dos. Soy la culpable de todo, de todo, de todo y de mucho más.

Culpable por nacer. Si yo no hubiese nacido nunca posiblemente mis padres ahora mismo estarían en una casa juntos, sonriendo y siendo felices solos, o quizás con algún perro, pero sin mí. Tan sólo soy capaz de llevarles desgracias a todos los que se acercan a mí.

No puedo dejar de llorar, ni quiero, porque ahora mismo es lo único que me calma y me hace feliz.

Pienso en la frase que quería mi tía para su lápida, la del escritor Jorge Luis Borges y la digo en voz alta, no sé si lo hago para reconfortarme:

- La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.

Al terminar de decirla, me doy cuenta que no es para reconfortarme, sino para darme cuenta de lo irónica que es la frase. Mi padre apenas había vivido, era mayor, pero no había experimentado en la vida, no había viajado y nunca había tenido el sueño de hacer alguna cosa que le llenara la vida. Él aún tenía que vivir de verdad, conocer a gente buena y culturas que le llenarían la vida. ¿Qué sucede si una persona no ha vivido y muere? Entonces la frase de Borges sería diferente si nos referimos a mi padre quedaría: la muerte es una muerte vivida y la vida una muerte que estuvo siempre ahí.

Hace alrededor de 3 años

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#56

Después de pasarme casi toda la mañana en el bosque aislada de la humanidad, he decidido unir mis fuerzas para volver en ella. En el autobús de vuelta a casa, me he encontrado con Gustav sentado en la segunda fila. Nos hemos saludado, y me he sentado junto a él.

- ¿Estás bien? -me pregunta.

- Estoy mejor -le digo.

Se debe haber fijado en mi cara roja e hinchada de tanto llorar, debo estar horrible. Antes de entrar en la ciudad, en la orilla del rio he intentado limpiarme el maquillaje que manchaba mi cara, pero no ha servido de mucho mi intento, así que Gus se debe haber dado cuenta de ello.

Cuando llego a mi parada cojo mis cosas y le digo a Gus:

- ¿Quieres venir a comer a mi casa? -le invito- No me apetece comer sola, aunque no tengo mucho hambre.

Él acepta sin dudarlo, así que subimos hacia mi casa y en el rellano me encuentro con Aitor, que esta esperando sentado delante de mi puerta.

- ¿Qué hace este aquí? -pregunta en tono enfadado.

- Hola -le digo sin ánimos- No sabia si estarías por aquí ahora, así que le he invitado a comer a casa.

- Si molesto me voy -añade Gustav- He venido para que no estuviera sola después de lo que ha pasado con su padre.

- ¿Le has contado? -me pregunta Aitor refiriéndose a los maltratos.

- Sí, le he contado que me maltrataba -contesto- pero no está aquí para esto. Si no para otra cosa que ha pasado con mi padre.

La verdad es que no tengo fuerzas para decir lo que ha pasado, aún no me he hecho a la idea. Tengo la esperanza de abrir la puerta de casa y encontrarme a mi padre sentado en el sofá, con el fútbol de fondo y varias cervezas tiradas en el suelo.

Abro la puerta de casa, mientras Aitor me pregunta que es lo que ha pasado esta vez y el motivo por el cual Gustav lo sabe antes que él.

Observo el sofá, aunque tenía esperanzas de encontrarlo, no está aquí. Parece que es verdad que ha desaparecido, que no volverá a plantar su culo ahí ni roncara por las noches mientras ve películas de disparos. Es curioso como algo que puedo odiar tanto, lo acabaré echando de menos en un tiempo.

Dejo mis cosas en mi cuarto y saco la bolsa con la camisa que le compré el otro día a Gus, esa que es igual a la de Aitor, y al salir se la doy.

Gustav mira la bolsa con curiosidad y al sacar la camisa me lo agradece.

- ¿En serio? -indica Aitor- ¿Le compraste una camisa igual que la mía?

No tengo ganas de discusiones, ni de hablar.

- Bueno, me da igual -añade el chico- ¿Me podéis decir que ha pasado?

Yo no soy capaz de decirle, así que Gustav se lo cuenta.

- El padre de Idalia ha muerto esta madrugada.

Aitor se queda sin palabras, igual que yo al enterarme de la noticia. Él pregunta algunos detalles de como ha pasado, y mi compañero de trabajo se los indica.

Yo no tengo ganas de volver a escuchar la misma conversación, así que me voy hacia la cocina y me relleno un vaso con agua helada. Es lo único que necesito en estos segundos. Me lo tomo todo entero de golpe. Ojalá el agua fuera mágica y pudiese hacer que mis problemas desaparecieran.

Me quedo pensando un rato en mi último pensamiento. Llevo tantos días pensando en olvidar todos y cada uno de mis problemas, que cualquiera diría que alguien me ha hecho caso y ha quitado de en medio uno de ellos. En seguida pienso en lo que acabo de reflexionar y pienso que eso es imposible.

Aitor entra en la cocina, mientras Gustav sigue en el sofá y se prueba la camisa que le he regalado. Mi vecino se acerca a mí y me da un abrazo fuerte. A veces un gesto puede ayudar más que dar el pésame, y él lo sabe. Luego me da un beso en la frente y me dice:

- Tranquila, pase lo que pase aquí estaré para todo, ¿vale?

Afirmo con la cabeza y le regalo una pequeña sonrisa de agradecimiento.

- Te quiero mucho, Idalia, no lo olvides nunca -me indica él.

No contesto ante su frase, otra vez me ha vuelto a decir lo mismo y yo no soy capaz de decirle lo que siento. Además, no creo que este sea el mejor momento para hablar de amor, justo acaba de morir mi padre.

Hace alrededor de 3 años

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#57

Después de la comida, los dos me dicen de ir al funeral del hombre que maquille ayer, pero les digo que no tengo ganas, que si quieren vayan ellos solos.

Apenas he comido nada, ellos dos en cambio parecía que viniesen de África, han dejado los platos más que limpios, así que cuando Aitor los ha fregado en dos minutos había terminado.

- ¿Qué te apetece hacer? -pregunta Gustav.

Me encojo de hombros, porque así es: no sé que quiero hacer. Ahora mismo estoy como vacía por dentro y por fuera, no tengo ganas de nada.

El timbre de mi casa suena, observo a mis dos amigos. Gus va hacia el interfono y abre la puerta.

- ¿Quién era? -le pregunto.

- No lo sé, dice que es amigo tuyo y que había quedado contigo hoy -contesta Gustav.

Aitor me observa confuso, preguntándome con la mirada con quién he quedado y yo negando que eso fuera verdad.

Una vez que la persona esta en el rellano vuelve a tocar el timbre y Gustav va a abrirlo. Es Erik. Aitor me observa defraudado. Erik me observa con una sonrisa. Y, Gustav observa lo guapo que es este chico que no conocía.

- ¿Qué haces aquí? -le pregunto confusa.

- Habíamos quedado para tomar un par de cervezas, ¿no te acuerdas? -dice Erik.

- Te dije que no quería ni verte, ¿no te acuerdas? -le intento vacilar.

- Ya lo has oído, vete -se mete en medio de la conversación Aitor.

- No quiero, ¿qué estabais haciendo?

- El padre de Idalia ha muerto -contesta Gus.

Erik se queda callado, igual que Aitor y que yo al saber la noticia. Me observa con cara de pena y se sienta a mi lado en el sofá.

- Lo siento mucho, Idalia. No sabia que hubiese pasado antes, habría venido antes o te habría llamado para preguntarte que tal estabas. Siento no haber estado ahí cuando te daban la noticia, debe ser duro que te digan una cosa así, aunque bueno, con el padre que tenías quizás es incluso un alivio, nunca acepto nuestra relación cuando eramos jóvenes. Así que... Si quieres que volvamos a salir juntos, ahora será mejor, no tendremos impedimentos por parte de tus padres.

No digo nada ante sus palabras. No creo que esté sea el mejor momento de hablar mal de mi padre, ni de intentar salir conmigo, es igual que Aitor en esté aspecto, casi.

Erik se me acerca para darme un par de besos y un abrazo, pero antes de que pueda hacerlo Aitor le para los brazos:

- ¿Por qué no te vas? Así tendremos la fiesta en paz -le dice Aitor.

La verdad es que mi vecino no parece él cuando dice estás cosas. Parece enfadado y con ganas de pegarle, pero sé que no lo hará. Si es inteligente no lo hará.

- Creo que tendría que ser Idalia la que dijese de irme o no, a fin de cuentas esta es su casa, ¿no? -responde el chico rebotado.

Aitor me observa, luego mira a Erik y a Gustav, como si quisiera que todos ellos se fueran de esta casa y nos quedáramos los dos solos. No sé que decir, no quiero meterme en peleas ni en más dudas de las que ya tengo, no quiero dar pasos en falso.

Me levanto del sofá y me encierro en el baño. Me siento en el suelo y me pongo a llorar.

Oigo de fondo a Gustav que llama a la puerta del baño, e intenta abrirla, pero no puede.

- ¿Vosotros veis normal lo que acabáis de hacer? Lo último que necesita Idalia es que la metáis en presiones. Acaba de perder a su padre, y aunque no fue buen padre como muchos otros, merece un respeto, la crío durante años y le dio la educación que pudo. ¿Y de qué le sirvió? De que cuando se muriese lo único que consiguiese es que un par de chicos se peleasen por su hija, en vez de consolarla y hacerla distraer de sus pensamientos -oigo decir de la voz de Gustav- No sé que historial tenéis con Idalia cada uno de vosotros, ni que os tenéis entre manos, ni si sois amigos, novios, ex novios o lo que sea, pero ahora mismo agradecería que dejarais las tonterías a un lado e intentaseis que Idalia fuese feliz y olvidase lo sucedido.

Después del discurso de Gustav hacia los otros dos chicos, ninguno dice nada. Parece que haya pasado un ángel por delante las caras y se hayan quedado sin aliento ni saliva.

- Muy bien -oigo decir a Aitor- ¿Y qué hacemos para que se distraiga?

- Vosotros no se que vais ha hacer, ya que la conocéis mejor que yo. Yo desde luego me la llevo un par de días de viaje.

Hace alrededor de 3 años

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Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace alrededor de 3 años

Seguiré leyendo, pero habiendo llegado como he llegado hasta aquí una caja me sabe a poco. Te daré algo de ventaja y luego leeré. Saludos


#58

Después de oír lo que acaba de decir Gustav me quedo sin palabras. ¿Me quiere llevar de viaje un par de días? ¿A mí? No me lo puedo creer, supongo que lo habrá dicho para que ellos dos se pongan las pilas para sacarme de la tristeza.

Gustav llama a la puerta un par de veces y me dice que salga, que tengo una maleta para hacer. Abro el pestillo y salgo del baño, observo a los tres chicos, dos de los cuales no pueden creer que hablando de viajes haya abierto la puerta.

- Venga, ve ha hacer la maleta, Idalia -me dice mi compañero de trabajo.

- No puedo irme -le indico- Tengo que ir mañana al funeral de mi padre e ir a trabajar.

- No te preocupes por el trabajo, hablo con el jefe y entenderá la situación. Y sobre el funeral, ¿en serio ibas a ir?

Pienso unos segundos en su pregunta, tiene razón, no quiero ir a ese funeral. Así pues, le doy un fuerte abrazo y voy hacia mi habitación a hacer la maleta.

Aitor me sigue hasta la habitación.

- ¿En serio vas a ir? -pregunta confuso.

- Si, quiero despejarme y creo que está es una buena oportunidad. Además tan sólo son dos días, en nada estoy aquí para besarte.

Al terminar de decirlo, Aitor me observa con una sonrisa.

- ¿Para besarme? -pregunta casi tartamudeando.

- Sí -y me acerco a él y le doy un largo beso en los labios.

- ¿También le vas a dar este beso a Erik? -pregunta celoso.

- No, sólo a ti -le declaro.

- Bueno -dice mientras saco la maleta del armario y empiezo a meter ropa como loca- Aun así no me parece bien que vayas con él. Sólo quiere que vayas con él para tenerte a solas, para que ni Erik ni yo estemos ahí, para impedir lo que quiere hacer contigo.

- ¿Y qué es lo que representa que quiere hacer conmigo? -le pregunto confusa.

- Quiere declarase, es el momento justo.

- ¿Es el momento justo para declararse? ¿Es por esto que antes me has dicho que me querías? ¿Es por esto que luego Erik me ha dicho de volver a salir?

Si tuviese fuerzas me echaría a reír, ya que ganas tengo un montón, pero no quiero hacerlo.

- No quería decir esto, yo tan sólo te he mostrado mis sentimientos, no te he pedido nada más -intenta disculparse.

- En todo caso, Aitor. Gustav es gay. Yo no le gusto, le gusta otra persona. La carta que leíste y por la cual te enfadaste conmigo no iba para mí, sino para ti.

Aitor no dice nada y se echa a reír. Oigo un portazo y, luego, Gustav aparece por la puerta de mi habitación.

- Vuestro amigo se ha ido -nos informa- parece que le ha sentado mal que os lo pasaseis bien.

Le explico a mi compañero del trabajo lo que ha pasado y que Aitor no se lo cree. Gus se pone rojo, tanto que parece que vaya a explotar de sangre su cabeza. Baja la cabeza y afirma lo que le he contado a Aitor acerca de que le gusta.

- Pero tranquilo -dice Gus- se que no eres homosexual como yo y se que te gusta mucho Idalia, así que no te preocupes que no voy ha hacer nada ni ha intentar romper vuestra relación. Es más, me parecéis una pareja perfecta, sois los dos estupendos y muy simpáticos, me dan envidian los niños que van a salir de vosotros.

Aitor y yo nos miramos, sonreímos y nos sonrojamos ahora nosotros.

- Gracias -dice él- pero no somos pareja, aún -dice y luego me observa.

- Ya surgirá entonces -indica mi compañero de trabajo- Bueno, nosotros dos nos vamos a mi casa que tengo que coger mi maleta. Y, tranquilo que voy a mantener a tu novia a salvo.

- ¿Dónde la vas a llevar?

- A Freesia, al Delux Royal Hotel. Me toco en un sorteo, aunque era para fines de semana pedí a ver si se podía entra semana y me lo aceptaron. Así que me la llevo a ella, ya que es mi primera amiga.

Gustav coge mi mochila y se va hacia el salón.

Aitor me observa, me mira tímidamente.

- Ya sabes, vamos a tener unos hijos muy guapos -dice él- Así que tienes que tenerlos conmigo, sino no creo que sean guapos, y menos si son de ese estúpido -dice refiriéndose a Erik.

Sonrío ante sus frases, pongo mis brazos encima de sus hombros y él pone sus manos en mi cintura. Me acerco a él y le doy un beso en los labios, él se deja besar. Luego, me acerco a su oreja y le confieso lo que siento por él:

- Yo también te quiero, Aitor. Te quiero desde la primera vez que me tendiste la mano para ayudarme, desde que me llevaste de concierto, desde que nos besamos por primera vez, desde que me ayudas en todo, desde que no dejas de luchar por mi, desde que eres capaz de mover cielo y tierra para hacerme feliz. Como dice la canción de Sober, “Naufragaré contigo, y unidos conservaremos nuestro calor, y juntos emprenderemos una ruta sin destino, un romance en el camino”.

Hace alrededor de 3 años

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#59

Después de la despedida más cálida que he tenido con Aitor, me he ido con Gustav hacia su casa, donde ha cogido algunas cosas y hemos cogido el primer tren que salia hacia la capital, Freesia.

Parece mentira que hoy me haya enterado de un hecho tan triste y ahora esté tan bien con uno de mis mejores amigos, Gus. Aunque creo que lo que me hace sentir mejor, es haberme declarado de una vez por todas a Aitor.

Durante mucho tiempo he tenido los pensamientos confusos y los sentimientos no sabían donde iban, pero sabía en lo más profundo de mí que Aitor tenía una parte de mi corazón atrapada y ocupada por él. Al fin y al cabo él se lo ha ganado con su forma de ser y su perseverancia. Sé que haberme confesado no ha sido un error, sino el mejor acierto que he hecho en mi vida.

Aunque por otra parte, me sabe mal por Gustav. Por la carta que escribió parecía muy enamorado.

- Siento que Aitor no sea homosexual. Estoy segura que también haríais una buena pareja -le digo para animarle al ser rechazado por el chico que quiere.

- No importa -dice con una sonrisa- sabia desde el principio que estaba enamorado hasta las trancas de ti. Además, estoy empezando una relación con alguien.

- ¡Muchas felicidades! -le digo a mi amigo- ¿Conozco el afortunado?

- Por mala suerte sí -dice él.

- ¿Por qué dices esto? -digo con cara triste.

- Porque es Unai.

Es entonces cuando me acuerdo de mis amigas, no les he dicho nada de la muerte de mi padre, ni del viaje, así que les envío un mensaje: “¡Hola, guapis! Siento no poderos decir esto en persona. Ahora mismo no estoy muy bien, mi padre ha muerto en un accidente, y mi compañero del trabajo, Gus, me ha invitado de viaje con él, para olvidar todo esto y despejarme un poco de mi casa y de la ciudad. Me gustaría mucho que estuvieseis aquí conmigo ahora mismo, sois las mejores para consolarme la tristeza, pero quería cambiar un poco de ambiente. En dos días estoy aquí y nos vemos. Besos, preciosas.”

Cuatro horas después llegamos a la capital, ya es casi de noche, pero aún así se pueden ver los altos edificios, los mil anuncios de las fachadas y mucha gente por la calle. Cogemos un taxi para ir hacia el hotel, ese el cual quería ir desde pequeña: Delux Royal Hotel.

Desde fuera es impresionante, parece que no tenga fin de las muchas plantas que tiene. Observo el cielo, la parte más alta del edificio parece que esté pinchado al cielo. En ese momento pienso en mi padre, quizás le esta pinchando a él, como si no tuviera suficiente con haber muerto.

- ¿Vamos? -me indica Gus.

Entramos los dos, cada uno con su maleta en la mano, en el edificio. La recepción es enorme y tiene un suelo tan brillante que incluso te reflejas. La araña de luces que cuelga del techo, también brilla. ¿Acaso hay alguna cosa que no brille en este edificio?

La recepcionista nos indica la habitación y un chico jóvenes nos acompaña a ella. Es enorme, tiene dos camas separadas y el baño contiene un jacuzzi, es el sueño de cualquier persona.

Salgo al balcón, mientras Gus deshace un poco su maleta, observo las vistas ya que estamos en la planta veintitrés. Se puede ver casi toda la capital e incluso los monumentos más importantes de ella.

Me encantaría poder estar aquí con Aitor y disfrutarlo con él, tengo que venir alguna vez con él.

Cojo el móvil, saco una fotografía a las vistas y a la habitación y se las mando a Aitor, para que vea que no me he olvidado de él.

- ¿Vamos a dar un paseo? Quiero presentarte a mi familia -indica él.

- ¿Tus padres no vivían en Amaltea?

- La verdad es que no, viven aquí. La casa donde estoy viviendo es la que tenía antes mi abuela. Pero cuando nací, mi madre se vino a vivir aquí con mis abuelos.

Hace alrededor de 3 años

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#60

Los dos salimos de la habitación juntos. El día es fantástico, hace mejor tiempo que en Amaltea. Gus me guía hasta la parada de metro más cerca, y en ella cogemos el tren de la línea azul, la que nos lleva hacía su pasado.

Al llegar a su antiguo barrio, puedo ver como Gus esta feliz de volver a sus raíces. En casa paso que damos que cuenta alguna anécdota del lugar.

- Si eras tan feliz aquí, ¿por qué te fuiste a vivir tan lejos?

Gustav se queda callado durante unos segundos, que se me hacen eternidades.

- Te va a parecer una tontería el porqué me fui a vivir en Amaltea -contesta.

- Si me lo dices podré juzgar si es o no una tontería.

Antes de contestar, me observa durante unos segundos.

- Fui a vivir ahí por ti.

La frase de Gus me dejó descolocada. No me la esperaba para nada y él lo sabía. No sé qué cara puse, pero no creo que le hiciese mucha gracia a él, ya que su rostro se entristeció en seguida.

- Perdón -dijo él- Me has pedido el porqué y te lo he dicho. Siento si te ha molestado.

- No, no es eso -conteste- No me ha molestado. Simplemente es que no lo entiendo.

Los andamos durante unos minutos en silencio por una calle principal llena de tiendas de ropa y de bisutería. Luego nos metimos por una calle más pequeña, la cual apenas tenías locales y, acto seguido, nos metimos en otra, hasta llegar en una pequeña urbanización. Gustav me llevo hasta un chalet de madera, ahí toco el timbre y entramos luego.

La casa es bastante parecida a la que tenía Gus en Amaltea, los muebles eran casi los mismos. La diferencia es que en esta había un montón de retratos, tanto de Gus de pequeño, como de la que parecía ser su madre y el resto de su familia.

Él me invito a sentarme en el sofá y me trajo un té verde.

- ¿Me vas a explicar eso? -le pregunto recordándole la conversación anterior.

Gustav asiente con la cabeza. Se le ve nervioso. Cómo si tuviera miedo de que al explicar lo que me fuese a explicar, yo me tuviese que ir corriendo de miedo o de alguna cosa por el estilo. Le cojo la mano derecha con la mía, se la acaricio.

- Puedes contarme lo que sea, no te preocupes que sea lo que sea voy a estar aquí contigo, ¿vale?

El chico asiente con la cabeza. Le da un largo sorbo a su té rojo y luego empieza:

- ¿Te acuerdas que te conté que cuando nací y mi hermana gemela murió? -asiento con la cabeza- Pues se ve que no es así -me lo quedo observando extrañada, ¿por qué me iba a mentir en una cosa tan bestia como esa?- A ver si me explico, desde pequeño mi madre me ha dicho eso, pero más adelante me contó la verdad.

- ¿Y cuál es la verdad? -le interrumpo.

- La verdad es que mi hermana gemela esta viva. Eres tú.

Después de esas dos últimas palabras no sé que decir. Me quedo en silencio y él no interrumpe mis pensamientos. ¿Soy su hermana gemela? Eso es imposible, mi madre murió en mi parto y jamás me han dicho que tuviese un hermano gemelo. Este tío esta muy mal de la cabeza, quizás por eso lo ven cómo el chico raro, porque en cuanto tiene una oportunidad se inventa lo que haga falta para atrapar a sus presas, ¿y luego qué hace con ellas? ¿Las mata?

Me levanto de golpe del sofá, cojo mis cosas y sin terminarme el café le digo:

- ¿Te importa si voy a dar un paseo? Necesito asimilar tus palabras.

Él asiente con la cabeza, indica que si quiere que me acompañe y le digo que no, sin pensármelo dos veces.

Hace alrededor de 3 años

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#61

Salgo de esa preciosa casa, observo hacia la derecha y hacia la izquierda, no sé hacia donde ir. No me conozco la ciudad. Al final voy hacia la derecha, ya que es donde veo un parque medio vacío.

Cuando llego ahí, llamo en seguida a Aitor. Necesito hablar con él y me diga que hacer. Él es el único que me puede ayudar. Cuando por fin me coge el teléfono, le cuento a toda prisa lo que ha pasado y lo que me ha dicho.

- Tranquila, Idalia. No le tengas miedo, no creo que te pueda hacer nada.

- Eso es lo que piensan las personas cuando ven a alguien más débil que ellos.

Aitor se echa a reír. Al final me contagia su risa.

- Idalia, no creo que te haga nada, en serio. Pero si quieres tomar precauciones, entonces dile que quieres hablar con él, pero en un sitio público. Con gente alrededor no te hará nada.

- Vale. Aunque preferiría que estuvieses aquí, te echo mucho de menos.

- Y yo a ti, Idalia. Te quiero mucho.

- Te quiero, Aitor.

Después de una larga despedida por teléfono, típica de adolescentes en la cual ninguno de los dos quiere colgar, ya que prefiere seguir hablando con la pareja, me propongo a volver hacia la casa de Gustav.

Me lo encuentro delante de la casa, sentado en un banco. Esperándome. Me disculpo con él por haberme ido de esas formas y le indico que podemos seguir la charla, pero que prefiero ir a alguna cafetería o algo por el estilo, así pueda conocer algunos locales de la ciudad. Él acepta mi propuesta con una sonrisa.

Llegamos a una cafetería envuelta de madera por todos lados y con mesas de todos los colores. Nos sentamos en una de las mesas y pedimos un par de cafés. Tanto té y café no sé si es bueno.

- Si quieres puedes seguir -le indico.

- ¿Por dónde me quede? -se pregunta a sí mismo y luego sigue- Ah sí, que eres mi hermana gemela.

- Exacto, por ahí íbamos -le interrumpo.

- Cómo te he dicho me dijeron que tenía una hermana gemela y que murió cuando nací. Luego más tarde me entere de que tú, mi hermana gemela, estaba viva.

- ¿Por qué tu madre te dijo eso?

- Supongo que por la misma razón por la cual tu padre te dijo que tu madre murió cuando naciste y jamás te hablo de mí.

La verdad es que no entiendo nada. Es todo tan confuso. Tan raro. Estoy indiferente. Si al menos pudiese comprender algunas de las cosas que me esta contando. Pero parece que todo ha salido de una película americana, de esas que tienen tanto éxito. Cualquier podría usar mi historia para llevarla al cine, estoy segura que con todo lo que me pasa se sacarían una buena pasta.

Sonrío. Una sonrisa de confusión.

- Entonces -extraigo un largo suspiro de dentro de mis pulmones- ¿Me estás diciendo que mi madre esta viva? -antes de terminar lo rectifico- O sea, ¿qué nuestra madre esta viva?

Él afirma con la cabeza y luego termina su café que se lo ha bebido en un solo sorbo. Puedo notar por su cara que estaba amargo y quemaba.

- Sigo sin entender muchas cosas -le aclaro.

- Te las puedo aclarar, si quieres.

- Claro que quiero, cuéntamelo todo.

Así fue como empece mi primera gran charla con Gustav. Iba a ser una charla más larga que las otras que habíamos tenido. Por primera vez le iba a ver como un hermano. Un hermano del cual no tenía constancia de su existencia, pero que se había metido en mi vida de un día por el otro y con un gran corazón. Porque supongo que eso es lo que hacen los hermanos, escuchar los problemas, lo que sucede y las emociones que pueden llevarte a hacer lo que nunca harías en tu vida. Cómo hacer mucho daño a alguien cercano, como intentar conseguir que las personas que quieras no sufran más. Aunque tengas que quitarte de en medio a alguien que les hace mal para la vida.

Hace alrededor de 3 años

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#62

La noche la pasemos de bares, por lo cual el día siguiente no nos levantamos hasta las tantas de la mañana. Justo a tiempo para tener la gran comida del día. Iba a ser la primera vez que vería a mi madre, a esa mujer que creía muerta.

Cuando llegamos a la casa, a esa que me había llevado el día anterior Gustav, parecía otra. Ahora estaba llena de vida. La mesa estaba puesta, olía a a comida recién hecha, había velas que daban un toque de acogida al hogar y de fondo la música de la radio.

Al entrar una mujer mayor se acerco a mí. Intuí que era la abuela, la misma que creía que no me hablaba por culpa de la “muerte” de mi madre. Luego se me acerco un hombre mayor, que debía ser el padre de mi madre. Los dos me abrazaron con mucha fuerza e ilusión. Cómo cuando un niño se reencuentra con su madre después del primer día de clase.

La pareja mayor me acompaño hacía el sofá, el mismo donde ayer Gustav me dio la mayor noticia que me habían dado en mi vida. Bueno, la muerte de mi padre también había sido una gran noticia, pero esta en diferencia era la mejor que alguien me podía dar.

Encima del sofá, la mujer mayor me puso en el regazo un álbum de fotos y empezó a contarme cada detalle de las fotografías. Las primeras que me mostraron fueron de la boda de mis padre, aunque tan sólo había fotos de mi madre con el vestido blanco. Mi padre no salía en ninguna de ellas, se notaba que el odio que tenían hacía mi padre era muy grande, y por esa razón habían recortado su cara y su presencia en todas y cada una de las fotografías. Incluso, el hombre mayor, me indico que algunas fotografías tuvieron que quemadlas, ya que era imposible sacar a mi padre de ellas.

Luego, me enseñaron la imagen de la primera ecografía, donde Gustav y yo salíamos cogidos de la mano. Era nuestra primera foto y parecía que no nos queríamos separar, aunque por lo que parece a nuestros padres eso les dio igual.

La siguiente imagen, era del nacimiento de los dos. Salíamos recién nacidos, aunque yo aún iba sucia de sangre ya que nací unos minutos después de mi hermano, y él ya estaba limpio. Nuestra madre nos cogía en brazos. Conocía esa imagen, la tenía en mi caja de recuerdos, la que me dio Julia, pero recortada, sólo salía mi madre y yo, Gustav no estaba.

Las siguientes fotos que fueron pasando ya tan sólo salía Gustav de pequeño, con amigos, con la familia, creciendo, su primer diente, su primera bicicleta, su primer juguete, su primer fiesta de aniversario, su primero todo. Me dí cuenta de todo lo que había tenido mi hermano gemelo y de lo poco que había tenido yo en la vida. Le salió bastante bien quedarse con mamá y yo con papá.

Cada vez que veía una fotografías con Gustav con una sonrisa de oreja a oreja, pensaba porqué él y no yo. ¿Por qué no me quedé yo con mamá y él con papá? Siempre han visto a los chicos como los fuertes, entonces ¿por qué dejaron que mi padre se quedara conmigo? ¿Con la débil? Estoy segura que Gustav no habría pasado por lo mismo, él habría sabido defenderse y tenía más fuerza que yo, si hubiese estado en mi lugar. Pero de entre los dos, fui yo la que caí en la desgracia, en la mala vida, en no terminar los estudios, en no tener todo lo que mi hermano había tenido. Simplemente en tener una infancia diferente a la de mi hermano gemelo. ¿Por qué? No sé porqué él podía ser feliz y yo, en cambio, triste. Una mala vida que no le toco vivir a él.

Sentí que mis celos no eran buenos, que no debía sentirme mal porque él sí y yo no. Pero me sentía así, porque es lo normal cuando ves que unos mucho y otros poco. No entendía la diferencia que tenia el uno con el otro. Eramos gemelos, de pequeños eramos idénticos, sólo cambiaba nuestro sexo. Entonces, ¿por qué elegir uno u otro? ¿Fue a suerte? ¿Fue pensado y meditado? O simplemente fue para joder a uno y no al otro.

En ese momento todo me parecía una mierda, hasta que ella entro. Su mirada se poso en la mía. Sonreímos. Nos fundimos en un abrazo. Nos besamos en las mejillas. Nos volvimos a mirar. Nos volvimos a sonreír. Nos hicimos miles de preguntas en nuestra mente, pero no las soltamos por los labios. Sólo seguimos con el reencuentro, con la primera vista, con el amor y con la comprensión. Le saltó una lágrima de los ojos. Vi la tristeza de lo sucedido en el pasado. Cómo si intentará pedirme perdón por lo sucedido. Pidiendo perdón por haberme dejado con el monstruo de la familia, el que me iba a hacer daño, el que arruinaría mi vida. El que no debía tocarme. El que me jodió todo.

Hace alrededor de 3 años

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#63

Toda la familia, incluidos el novio de mi madre y el que iba debía ser mi hermanastro, nos sentamos en la mesa. Mi madre había preparado mi plato preferido: canalones. Supuse que mí tía Julia, le solía contar todas mis cosas antes de morir, por lo cual le debía haber contado lo que me gustaba comer, mis aficiones, mis gustos y toda mi infancia. Me sabía mal darme cuenta que mi madre se había perdido mi infancia, pero no era mi culpa. Era la culpa de ella y de mi padre, pero no quise culparla.

Después de comer y del postre: un enorme pastel de chocolate, mi madre quiso tener un rato conmigo a solas. Nos metimos en su habitación. Parecía que quería recuperar todo el tiempo perdido, ese tiempo que jamás íbamos a poder recuperar, porque así son las cosas. Porque si pudiese recuperarlo quizás ahora no estaría aquí y tendría una mejor vida.

- Siento haberte dejado con tu padre -afirmo ella con resentimiento.

No conteste. No sabía que decir. No sabía como reaccionar. La verdad es que todo esto me había pillado de improvisto. No me esperaba que de un día por el otro alguien me dijese “hey, tu madre sigue viva, ven que te la presento”, porque así no son las cosas. Todo esto tan sólo pasa en las películas, y en ellas mismas los protagonistas no saben como reaccionar, ¿por qué iba a reaccionar diferente?

- Julia me contaba todo lo que hacías -lo sabia, pero no dije nada, luego siguió hablando- ¿Te contó Gustav el por qué de todo esto?

Afirme con la cabeza. No quise hacer preguntas acerca de ello. O bueno sí, sólo quise hacer una en concreto.

- ¿Por qué tuvo que ser yo y no él?

Mi madre se quedo callada. Esbozo una sonrisa, le devolví la sonrisa. Mis ojos pedían a gritos su respuesta, la cual parecía que no iba a llegar hasta que no aclarase sus propios pensamientos en su cabeza.

- Porque él lo quiso así -contesto.

Él. Se refería a mi padre. No era necesario que dijese a quién se refería, lo sabía de sobras.

- ¿Y por qué me prefirió a mí?

- Porque te vio fuerte al nacer. Apenas llorabas y decidió quedarse contigo. Gustav siempre lloraba de pequeño, así que tu padre no lo había soportado. En cualquier noche lo habría cogido y lo habría matado.

No respondí. No contesté. No tuve el valor de soltar mis pensamientos, mis deseos y todo lo que sentía por esa estúpida elección.

Pensé en lo que me contó Gustav ayer. Era gracioso que después de lo que había hecho, aún tuviesen el valor de decir que él era el débil, el llorón y el que habría muerto en manos de mi padre. Cuando todo esto al final había pasado, pero del revés.

Mi familia me había dejado de parecer de película americana, a ser una película de miedo. Parecía que todos estaban locos.

- ¿Sigues pensando que papá era el malo después de lo que hizo tu hijo? -le pregunte con un poco de odio acumulado.

- ¿Qué ha hecho? -se pregunto ella extrañada.

Me levanté de la cama. Me puse mi chaqueta y cogí mi bolso. No respondí a la pregunta de la que decía ser mi madre. Salí de la habitación y me despedí de los demás. Pero antes de que pudiese salir de esa casa y dar un fuerte golpe con la puerta, mi madre lo paro y me volvió ha hacer la misma pregunta:

- ¿Qué ha hecho?

Gustav se acerco a nosotras. Me miro a los ojos, le devolví la mirada. Sabía lo que pasaba.

- Mamá -Gustav iba a confesarse- Mate a papá.

Hace alrededor de 3 años

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#64

Llegué a Amaltea casi a las nueve de la noche. Por suerte Aitor me esperaba con los brazos abiertos en la estación de autobuses. Había preferido volver sola, sin Gustav. Me apetecía estar con mis pensamientos en silencio, sin que nadie me molestase.

Cuando vi a Aitor, me fundí con él en un beso infinito. Parecía que no tenía fin. Le había echado de menos, aunque tan sólo habían sido un par de días, no más. Al fin y al cabo, cuando quieres a alguien no eres capaz de estar sin él. Echas de menos sus manos, sus abrazos, sus besos, sus miradas, sus ánimos, sus canciones, su cuerpo y su amor.

Al entrar en mi casa me la encontré tal y cómo la había dejado. El silencio se apoderaba del salón. Ahora ya no habría nunca más televisiones encendidas con el fútbol a todo volumen, cervezas tiradas por el suelo o a medio terminar, cristales rotos en el suelo, olor a sudor y a humo. Y, el mal ambiente que había siempre que él estaba aquí. Ahora ya no volvería. Ahora se había esfumado todo eso que odiaba tanto hace apenas una semana, pero que quizás en el futuro lo echaría de menos, aunque fuese muy adentro de mi corazón.

Los dos nos sentamos en el sofá. Nos volvimos a besar, cosa que no habíamos parado de hacer en todo el tiempo que nos habíamos reencontrado. Aitor cogió su móvil, y como era tradición en nosotros puso una canción. Justo fue la canción que nos gustaba bailar y cantar a la vez, juntos. Sin separar nuestros cuerpos el uno del otro.

- Siéntate aquí, en el suelo así, en esta sala que pintaremos, felices de no querer nada más -empezamos a cantar la canción de Laura Pausini.

Mientras nuestros pies bailaban a la vez, entre sonrisas y risas. Entre más besos y más amor.

A mitad de canción, Aitor cayo encima del sofá. Yo me senté encima de él. Me abalance sobre él y le bese los labios, la comisura de ellos, el cuello y luego le mordí la oreja y acto seguido el labio. Él metió su mano por debajo de mi camiseta, rozando así las yemas de sus dedos con mi espalda. Poco a poco, a medida que la canción iba siguiendo, nos íbamos quedando desnudos. Igual que hacía unos días, unas semanas, unos meses y unos años. Llevábamos tiempo jugando a ser novios sin serlo. Ahora por fin eramos lo que queríamos ser desde que empezamos con el juego de amor. Aitor entro dentro de mí, nos fundimos en uno. Entre más caricias, más besos, más mimos y más placer.

Hace alrededor de 3 años

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#65

Observo el reloj, son las once de la mañana pasadas. El jefe me ha dado una semana de descanso, a causa de la muerte de mi padre. La verdad es que se lo agradezco, ya que quiero quitar de esta casa todo lo que me recuerde a mi padre. Aunque en ocasiones fue mala persona, sé que lo voy a echar de menos y si sus cosas siguen en este hogar, no será fácil deshacerme de su recuerdo.

Miro como Aitor sigue durmiendo junto a mi lado, con el torso desnudo. Le acaricio los hombres y los brazos. Me acerco a él y lo intento abrazar, sin despertarlo. Tengo mi oreja encima de su corazón, oigo como late, como suspira, como respira y como sueña dentro de su cabeza. Luego le peino un poco el pelo revuelto.

Me alegra que al llegar a Amaltea, Aitor no me haya pedido explicaciones de todo lo que ha pasado con Gustav. Supongo que se imaginaba que no quería hablar de ello, ya que sino habría vuelto con él, con mi hermano. La verdad es que se me hace raro decir que es mi hermano. Me he criado como una hija única y jamás pensé que tendría un hermano, es algo que me pillo por sorpresa. Así que hasta que me acostumbre a esa palabra, quizás quiera evitar cualquier tipo de contacto con él, quizás sea lo mejor.

Aitor abre sus ojos. Nos miramos. Sonreímos. Nos fundimos en un largo beso.

Después de desayunar, Aitor se va hacia la biblioteca a estudiar, aunque le he dicho que se puede quedar a estudiar en mi casa. Ya que no haré ningún tipo de ruido. Pero ha preferido irse.

Durante el día he limpiado toda la casa, sacando de ella todo lo relacionado con mi padre. Lo más difícil ha sido el dormitorio. Ahí mi padre me había contado muchas historias e incluso me había abrazado para que me durmiese cuando tenía pesadillas. Aunque también me había dado muchas hostias en ese lugar. Hacía años que no entraba en esa habitación, y estaba igual que siempre, no había cambiado nada. El color gris oscuro pintado en la pared, la cama de madera deshecha, el armario con las puertas rotas y una silla haciendo la función de perchero con muchas prendas llenas de manchas de bebidas y de quemadas de cigarro.

Ese lugar huele a él. A mi padre. Abro las ventanas, para que una parte de mi vida se vaya volando hacia el horizonte. No quiero seguir oliéndolo, ni recordándolo.

Al quitar la colcha de la cama y sus sábanas, me he encontrado con una caja debajo la cama. La caja es de madera de color negra. La he abierto. Dentro contenía una caja de cigarros y varias fotografías de mi madre. En ella no solo sale ella y él, sino que también salimos Gustav y yo. Pienso en las palabras de Gustav mientras me decía que él era mi hermano, y encima gemelo, me habían parecido una locura, pero ahora parecen tan reales. Detrás de una de las fotografías, donde salen mi madre y Gustav hace apenas un par o tres de años, hay un escrito. Supongo que es la letra de mi madre, donde le cuenta como le va la vida y lo mucho que ha crecido su hijo. Me pregunto si mi padre habrá hecho lo mismo con alguna fotografía de él y mía, y le habrá contado lo mucho que me odia por la partida de mi madre y los golpes que me regala de vez en cuando.

Pienso en cómo nunca me he dado cuenta que mi padre recibía cartas de una mujer. De mi madre. Yo siempre he sido la que recogía el correo en el vestuario y lo subía. Luego lo separaba según fueran facturas, cartas para mi padre o para mí. Yo nunca tenía nada, como era de esperar. Él en cambio tenía siempre alguna carta, al menos una vez al mes, en el cual el nombre del destinatario, el de mi padre, estaba escrito con letra fina, precisa y femenina.

Siempre que llegaba esa carta con la letra fina, precisa y femenina, mi padre se iba hacía su habitación, se encerraba en ella y no salía hasta pasadas cuatro o cinco horas. Cuando volví le notaba los ojos rojos, suponía que de llanto, y además olía a tabaco como nunca lo había hecho.

Jamás llegue a pensar que fuesen cartas que le enviaba mi madre. Principalmente, porque me había dicho que ella estaba muerta y jamás me había mencionado un gemelo. Por lo cual, en algunas ocasiones había pensado que era de alguna exnovia que tenía, la cual viajaba por el mundo y le iba mandando cartas de vez en cuando para decirle donde estaba.

La verdad no sé que historia prefiero, si la imaginaria exnovia viajera o la de mi madre presuntamente muerta. Quizás me habría gustado más la primera opción, por el simple hecho de no haber vivido engañada durante años acerca de un tema importante de mi vida y que me la podía cambiar mucho. Me habría gustado saber que tenía una exnovia o una novia viajera, y poder viajar, en un futuro, con ella. Así habría podido conocer miles de lugares, de culturas, de tradiciones y de comidas. Lástima que la verdad fuera otra.

Hace alrededor de 3 años

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#66

Esta noche he preparado una cena, pero no solo con Aitor, sino que también con Ada y Carol. Creo que ellas son las que merecen más esta cena, necesitan que las informe de todo lo sucedido en estos últimos días. Y quizás, hablar de ello, ayude a aclarar mis pensamientos.

Cuando Gustav me contó la verdad, sufrí un choc. No fui capaz de entender lo que me decía, y quizás esa fue la razón de mi mala educación al irme de ese lugar sin apenas despedirme. Pero ya esta hecho y ahora no lo puedo arreglar.

El primer en llegar es Aitor, el cual ha estado toda la mañana estudiando y por la tarde haciendo un examen muy importante para la carrera.

- ¿Cómo ha ido el examen? -le pregunto después de darle un largo e intenso beso.

- Muy bien o eso creo -me dice devolviéndome el beso- ¿Qué has hecho de cena?

- Ya lo verás.

Mientras esperásemos a que llegasen Ada y Carol, estuvimos recordando algunas escenas e historias que habíamos tenido con mi padre.

Durante años he estado trabajando como maquilladora de muertos y he tenido la suerte, o la desgracia, de poder tener contacto con los familiares de los difuntos. Durante todo este tiempo he ido aprendiendo que aunque alguien se va, le seguiremos teniendo en nuestros corazones por lo cual seguirá viva su imagen. A parte de eso, en muchas ocasiones me he puesto al lugar de los familiares, por lo cual entendía su dolor, aunque hacía lo posible para que fueran fuertes. Quizás la fuerza que les daba ante estas situaciones, me ha ayudado a ser más fuerte conmigo mismo en estos momento. Posiblemente si no hubiese trabajado nunca ahí, ahora mismo estaría tirada en el suelo, llorando, gritando y odiándome, porque mi padre ya no esta conmigo. Por suerte no lo estoy haciendo e incluso soy capaz de hablar de mi padre, reírme de él e incluso recordar viejos tiempos, tanto los buenos como los malos.

Cuando mis amigas han llegado, hemos empezado la cena. Ellas me han preguntado miles de cosas acerca de la muerte de mi padre, de Gustav y de mi familia materna, la cual no conocía apenas de su existencia.

- ¿Gustav mató a tu padre? -pregunta sorprendida Carol- No tiene pinta de asesino.

- Suele pasar -afirma Aitor- En las noticias, siempre que hablan de asesinos, todos dicen que si era buena persona, muy callado y cosas de estás.

Mis amigas afirman con la cabeza y luego le dan un largo sorbo al vino.

- Lo peor de todo es que se dio a la fuga -les confieso- Por eso no está en la cárcel.

- ¿Y por qué te lo contó? -pregunta Carol confusa- Si te lo dice a ti, su coartada y su inocencia cuelga de un hilo.

- Sabe que no lo voy a entregar a la policía -digo.

- Pero podrías hacerlo. Igual que podemos hacerlo uno de nosotros ahora mismo -dice Aitor.

- Es más, cuando te dijo que lo había matado y que era tu hermano, tú perfectamente podrías haber pensado que era un loco.

- Y lo pensé -digo interrumpiendo a Carol.

- ¿Entonces por qué no lo has hecho? ¿Y si te esta mintiendo en todo esto? -pregunta ella.

- Creo que no me miente -y les cuento acerca de la caja de debajo la cama de mi padre, donde tenía fotografías y algunas cartas de mi madre, donde salía con mi hermano gemelo.

- ¡Uau! -exclama Ada- Todo esto parece sacado de una película americana.

- Pero no está sacado de ahí -le aclaro a la pequeña.

Después de la cena hemos subido a la azotea, como hace un par de semanas, y hemos visto las estrellas. Mis hombros en ningún momento se han separado del brazo derecho de Aitor. Puedo sentir su calor cerca de mí y me hace feliz.

Hace alrededor de 3 años

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#67

Esta noche a sido especial, al menos para mí. Después de unos cuantos días he podido reencontrarme con mis dos mejores amigas y se lo han pasado bien con la presencia de Aitor, eso es todo un logro.

Aitor, una noche más se ha quedado a dormir en mi habitación, para hacerme compañía. Antes de que nos acostásemos he recibido un mensaje de texto en el móvil, era de Gustav. Me indicaba que quería verme mañana por la mañana a las diez y que pasaría por mi casa a recogerme. Le he contestado diciendo que estaba de acuerdo, pero que mi novio tenía que venir conmigo. Aunque eso me lo ha pedido Aitor, no quiere que me vaya por ahí con un chico que dice ser mi gemelo, a la vez que es el asesino de mi padre.

Me ha costado mucho pegar ojo, en parte por las conversaciones de esta noche y, por otra parte, porque siento que aunque he perdido un pilar fundamental de mi vida, sé que no estoy sola.

En ese momento cojo la mano de Aitor, me la acerco a mi cara y le doy un suave beso de buenas noches.

Pero esta no es la única causa de no ser capaz de pegar ojo. Desde el mensaje de Gustav, estoy pensando miles de preguntas que hacerle, tanto acerca de su vida, como de la de nuestra madre y de mi padre. Quiero dejar de tener confusiones en este tema y espero que él me las aclare una por una.

Oigo como Aitor respira, mientras en su cabeza sueña alguna cosa. Observo en la oscuridad sus ojos cerrados y su boca medio abierta. Incluso sin verlo, puedo notar como su perfil es perfecto.

Cuando era pequeña y no podía dormirme, me levantaba de la cama e iba hacía la habitación de mi padre. Aunque solo lo hacía cuando no tenía ninguna de sus novias en ella. Me acostaba a su lado y le cogía el brazo y me lo pasaba por encima de los hombros. Me sentía protegida y notaba que los monstruos no podían sobrepasar ese brazo, el cual formaba una barrera invencible.

Algunas veces, cuando mi padre me encontraba a media noche en su cama, me abrazaba fuerte y oía como lloraba. De pequeña pensaba que era porque no quería tener una hija tan miedosa, por esta razón intentaba ir menos a su cama. Más adelante comprendí que era porque, a medida que crecía, cada vez me parecía más a mi madre y a sus fotografías de pequeña. Pensaba en ella y lloraba por su perdida. Yo le decía que podría reemplazar a mi madre y que haría todo lo posible para ser mejor que ella si hace falta, pero me decía que eso era imposible, nadie podía ser mejor que mi madre, ella había sido lo mejor que había habido en toda su vida. Al final acabábamos llorando los dos juntos en la misma cama, soñando una vida con mi madre.

Estos eran uno de los pocos momentos en los que me sentía hija de verdad de mi padre, donde nuestra conexión era infinita y podíamos notar la tristeza de uno y del otro. Lástima que no pudimos conectar mucho más a menudo y más a fondo.

Cuando estoy a punto de coger el sueño, noto como un suspiro penetra mi oreja derecha. Giro la cabeza hacia ese lugar, que es el contrario al que esta Aitor. No hay nadie, tan sólo el armario y una estantería repleta de libros. Vuelvo a cerrar los ojos e intento dormirme otra vez. Y vuelve a suceder, pero esta vez no es un suspiro, ahora es una caricia en mi mejilla derecha. Abro los ojos, sigo notando la mano helada en ella pero no veo a nadie. Saco mi mano de debajo las sábanas y hago el intento de coger eso que me toca, pero no lo consigo. Es una mano invisible e intocable. Giro el cuerpo hacia Aitor y luego me abrazo a él, quiero sentirme protegida con él y así es.

Hace alrededor de 3 años

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#68

Anoche, al final, pude coger el sueño aunque me costo hacerlo y en varias ocasiones desperté a Aitor para que me hiciera compañía en la noche. Pero no le conté lo de la presencia de una mano rozando mi mejilla, no quería que pensará que estaba loca y lo más seguro es que fuese por falta de sueño y de cansancio.

A las nueve de la mañana oigo como el timbre de mi piso suena sin parar. Voy corriendo desde la cama y dejo entrar a la persona. Cuando esta llega al rellano, le abro la puerta y de ella entra Erik. Me abraza de forma brusca.

- Hacía días que no te veía, pensé que te habría pasado alguna cosa.

Con su abrazo puedo oler el alcohol de su boca y el olor a humo que contamina su ropa. Parece que ha pasado una noche muy divertida, a diferencia de mí.

Erik se acerca a mí y me intenta besar. Yo me alejo de ese beso y de su eterno abrazo.

- ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?

- He venido a verte -dice con una sonrisa picara- Estaba preocupado, después de la última vez que nos vimos... -se queda callado unos segundos, como si pensará como seguir la frase.

- ¿Sí? ¿Qué pasa con la última vez? -le pregunto, a la vez que le interrumpo los pensamientos.

- Pues que me dijiste que tu padre había muerto y luego te metiste en tu habitación con tu vecino. Entiende que me sentí celoso -dice riéndose.

- Te lo dije porque te presentaste en mi casa. Sin permiso.

- O sea, que si no me presento ¿no me lo cuentas?

- Exacto, veo que lo has pillado al momento -y justo en ese momento le cojo del brazo para echarlo de mi piso, pero no lo consigo.

Erik consigue enjaularme contra la pared, justo al lado de la puerta. Con sus brazos me coge las caderas y me las acaricia, intento huir pero no lo consigo. Luego, sus labios se acercan a mi cuello. Puedo notar como huele mi piel, mi esencia y mi vida. Luego me da un beso en esa parte del cuello. Su rostro empieza a subir, haciéndome cosquillas con su respiración y su nariz, hasta llegar a mis labios. Me acaricia la comisura de los labios con los suyos, pero no llega a besarme.

- Creo que sería mejor que te fueras -le indico.

No responde a mis palabras. Lo único que hace es observarme en los ojos, cerca de mi cara y con su respiración aún cerca de mí. Puedo notar como su corazón late deprisa, haciendo mover gran parte de su cuerpo.

De repente noto como una fuerza la empuja. Es Aitor. Erik se cae justo al lado del sofá. Aitor lo observa desde lo alto y le da una patada en una de sus piernas.

- ¿Qué coño haces aquí? -le dice gritando.

Erik no responde, pero se echa a reír, como si la situación le hiciera gracia. Luego se levanta del suelo, se pone enfrente de Aitor y le dice:

- ¿En serio quieres pelea conmigo?

Estoy a tan sólo uno o dos metros lejos de ellos, pero desde aquí puedo notar la tensión, la rabia y las ganas de pelea que contienen los dos chicos.

- No sé si te has dado cuenta -sigue diciendo Erik- Pero te saco un par de palmadas y muchos músculos. Si nos peleamos ganare yo.

- Por mucho músculo que tengas, yo tengo mucha más inteligencia.

- ¿Y eso te hará ganar una pelea? -pregunta entre risas Erik.

- Una pelea no -Aitor le da una patada entre las piernas con mucha fuerza- Pero esto si lo puedo ganar, imbécil.

Aitor se pone las manos entre las piernas y suelta algún que otro grito de dolor. Puedo notar como sufre y como Aitor se alegra de ello.

- ¿En serio? ¿Con una patada en los huevos me puedes ganar? -pregunta el chico que intenta levantarse.

- No es solo una patada en los huevos. No tendré tus músculos de imbécil, pero tengo la inteligencia que me da improvisación, distracción y muchas ganas de pegar a alguien que se mete conmigo.

Aitor se levanta, se echa a reír y luego se acerca lentamente a Aitor, con el puño levantado.

- ¡Parad! -les grito.

Los dos me observan y se miran entre ellos.

- ¡No! -responden gritándome los dos a la vez.

Hace alrededor de 3 años

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#69

Erik y Aitor se observan uno al otro, sin dejar de mirar sus ojos mientras van dando vueltas por el salón de mi casa. No se tocan, pero sus miradas son asesinas y con mucha rabia. Intento que paren, que dejen de hacer el tonto, pero me ignoran, no me escuchan y eso me pone de los nervios. No sé que hacer, ni como reaccionar.

El comportamiento que están teniendo se parece a cuando mi padre se enfadaba conmigo y antes de que me diera una paliza me escapa de sus brazos, dando vueltas por toda la casa. Recuero que la única forma para que parara de dar esas vueltas, era cuando mi padre tiraba una botella de cerveza al suelo, ese era el momento en que me asustaba más y creía que cuanto más tardase en cogerme peor sería el castigo.

- ¡Lárgate a tu casa! -chilla Aitor.

Doy un bote al escuchar su grito, me asusto. Nunca había visto tan enfadado a Aitor, incluso tan violento y con tanta rabia acumulada. Siento que el Aitor que tengo delante no es el que conocí, con el que jugaba de pequeña, con el que aprendí a sumar, con el que crecí y con el que me besé por primera vez.

Erik, en cambio, es idéntico a como lo conocí, aunque esta vez cuando lo volví a ver había cambiado, era bastante calmado pero ahora esta sacando el genio que tenía antes y la rabia que comparte con Aitor.

Me siento delante de la puerta, abrazo mis rodilla y escondo mi cabeza entre ellas. Tengo ganas de llorar, de llamar a la policía o de hacer algo para que paren, llevan así un buen rato, y no lo soporto.

- No pienso irme de aquí -contesta Erik con tono calmado- Eres tú el que debería irse, Idalia seguro que quiere que esté con ella.

No los veo, pero intuyo que ahora mismo los dos me están mirando y esperando una respuesta para la última frase dicha. No van a conseguir lo que quieren, al menos hasta que se vayan.

- Lo dudo mucho. Ella y yo estamos saliendo, somos novios. Ya no tienes posibilidades -le aclara Aitor con tono vacilante.

Oigo pasos corriendo y pocos segundos después oigo el doble de pasos correr por el salón. Deben estar siguiéndose, como el perro y el gato, o como el gato y el ratón, o como dos críos, porque eso es lo que son: dos críos.

El timbre de mi casa suena. Saco mi cabeza de entre mis rodillas y observo a los chicos que me miran confusos, como si se preguntarán quien esta llamando. Dudando de si he llamado a la policía.

- No abras -me obliga Aitor- Hagamos ver que no estamos.

Ignoro sus ordenes y me levanto del suelo, abro la puerta. Es Gustav. Había olvidado que había quedado con él en la cafetería con Aitor, para que me pudiese aclarar algunas dudas acerca de toda la historia que me contó en Zinnia. Pero no creo que este sea el mejor momento.

Gustav saluda a los chicos, observa el ambiente tenso y luego me mira a mi, como si me preguntase que esta pasando aquí.

- Habíamos quedado, Idalia. ¿Vamos? -dice él.

Asiento con la cabeza, intento dirigirme hacía mi habitación para coger mis cosas, pero Aitor me coge del brazo. Me hace daño y suelto un pequeño gemido de dolor, él lo oye y me suelta un poco.

- No vas a ninguna parte con ese tío. Antes de todo aclara a ese estúpido que tú y yo somos novios, y que te deje en paz.

Miro los ojos de Aitor. No es él, él no es así. Se esta comportando como se comportaba mi padre y me da miedo. No sé que debo aclarar, creo que los sentimientos que había aclarado durante estas últimas semanas ya no sirven, se han roto y se han mezclado con otros sentimientos, ya no pienso igual, al menos al ver el comportamiento de Aitor en estos momentos.

- ¡Vamos, Idalia! No me jodas -chilla Aitor.

Suelto del todo el brazo atrapado en la mano de Aitor. Noto como mis ojos están a punto de soltar lágrimas y como la situación esta pudiendo conmigo. No quiero que esta conversación sea más fuerte que yo, que mis sentimientos y mis pensamientos. Pero ahora mismo no puedo, estoy aturdida, muerta, cansada y triste. Sobretodo triste.

Me dirijo hacía Gustav y me largo con él escaleras abajo, hasta llegar a la calle. Espero que cuando vuelva ninguno de los esté en mi casa.

- ¿Los vas a dejar ahí en tu casa? -pregunta Gustav mientras me guía hacía su coche fúnebre.

No respondo.

- Espero que no te la destrocen al menos. Si quieres llamo a la policía y les digo algo para que vayan a tu casa y los saquen.

- No, tranquilo. Confío en que no me la van a destrozar. No quiero meterlos en problemas.

- ¿No te están metiendo en problemas a ti al hacer lo que están haciendo? -pregunta él.

Gustav enciende el coche y empieza a conducir hasta la cafetería donde vamos a desayunar.

- No lo sé. No puedo más, Gustav. Mi vida es una mierda y no entiendo nada de ella.

- ¿Puedo ayudarte para entender tu vida?

- Creo que tu puedes ayudarme en ello -le digo con una sonrisa.

Hace alrededor de 3 años

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#70

Cuando llegamos a la cafetería nos pedimos cada uno un café diferente y un mini bocata. Durante el recorrido en coche, tanto Aitor como Erik me han llamado al móvil, incluso desde el fijo de mi casa. Parecen desesperados para que vuelva, para que les aclare eso que no soy capaz de aclarar en mi propia mente, o quizás para ver como se matan a hostias por mi, como si eso fuera romántico. Suelto un suspiro y observo a Gus, que se ha sentado enfrente de mí.

- ¿Qué quieres que te cuente a parte de lo que ya te conté?

- Hay algo que no me contaste, ¿por qué se separaron?

- Eso te lo conté -contesta- Porque nuestro padre la maltrataba y se harto de ello, por esta razón se separaron.

- ¿Y qué sentido tenía dejar una de sus hijos con el maltratados? -pregunto enfadada.

Sé que Gustav no tiene la culpa de que yo fuera la elegida, pero le tengo celos y envidia porque mi madre le prefirió a él para tener la buena vida, mientras que a mi me dejaba con el maltratador, como si me lo hubiese merecido como castigo por llorar en el parto y Gus no.

- Se ve que tu padre -aclara su voz- ¿Te importa si digo tu padre? Es que como nunca he tenido ninguno se me hace raro llamarlo papá -afirmo con la voz, no me importa que diga eso, ya que solo yo he sido su única hija de verdad- Pues a lo que iba, tu padre quería denunciar a mamá por abandono de hogar y varias mentiras más, así que decidieron que no habría dinero de por medio en la separación pero si a uno de sus hijos. Así que al verte nacer, mi madre te vio más fuerte que yo, así que pensó que tu podrías soportar con más fuerza todo eso que te sucediera en la vida, a diferencia de mí.

Observe a Gustav. La verdad es que era una historia muy triste y empezaba a recordar cuando me la contó, aún así había muchos espacios en blanco que no acababa de rellenar.

- Más adelante mamá intento ponerse en contacto con tu padre, ya que quería conocerte y que tu y yo fuésemos amigos sin saber que eramos gemelos, principalmente porque no nos parecíamos en nada y no tendríamos ningún tipo de duda acerca del otro. Tu padre acepto, pero cuando llego a nuestra casa se presento sin ti, se ve que te había dejado con tu tía Julia. Tu padre intento besar a mi madre, la cual se negó y antes de que le echásemos de casa monto un número acerca de tu abandono, de lo mal que lo habíais pasado sin nosotros y esas cosas -Gustav se queda en silencio unos segundos, tratando de pensar que venía ahora- Hace unos años me enteré de que eras mi hermana gemela y mi madre me contó la verdad acerca de que ese hombre que vino a casa era mi padre. Al principio no me la creía, tuvo que mostrarme fotografías, cartas y testigos para que me creyese esa estúpida historia. Cuando entendí todo decidí salvarte de esa tortura.

- Y ahora viene cuando viniste a vivir a Amaltea, ¿no? -le digo interrumpiendo.

- Exacto. Al llegar a ti me costó mucho adivinar tu paradero, pero en seguida lo encontré cuando vi a tu padre montar uno de sus típicos espectáculos en un pub de los afueras. Lo seguí hasta llegar a vuestra casa. Durante unos días estuve investigando cual eras de todas las chicas de ese edificio, y la verdad es que cuando te vi por primera vez supe que eras tú. No sé si era por tu forma de andar, de arreglarte el pelo con los dedos, de sonreír, de saludar o de que era, pero me recordaste a mi mismo, así que acerté.

- Pero, ¿cómo fue que terminaste trabajando al mismo lugar que yo?

- Investigue -dice él como si estuviese resoplando de tanto hablar- Me enteré de que a tu padre lo habían embargado hacía un tiempo y que en la casa que vivíais apenas podías pagarla, por esta razón imaginé que estabas dejando currículums por todos lados para encontrar trabajo. Como hacía apenas dos meses que estaba trabajando en la funeraria y mamá me había contado que querías ser maquilladora, pensé que sería una genial idea hablarle de ti al jefe.

- Pero el jefe contacto conmigo a partir de mi teléfono móvil, si no recuerdo mal -digo confusa.

- Exacto, contacto contigo a través de vía telefónica. Me las tuve que ingeniar para conseguir tu número de teléfono a partir de tu padre.

- Seguro que no fue difícil -sonrío- Papá siempre perdía el móvil por todos lados, sobretodo cuando se peleaba en los bares y en los pubs.

Gustav sonríe, parece que he acertado en su forma de conseguir mi número de teléfono.

- Estas en lo cierto. Se le cayo en una de las peleas y lo cogí -le da un sorbe a su café- Bueno, mejor dicho lo robé. Suerte que no me vio cogerlo tenía miedo de que me cambiara la cara en un segundo.

Los dos nos reímos durante un rato largo. Ahora mismo siento que puedo confiar más en Gustav, sobretodo porque soy capaz de creerme todo lo que me esta contando.

- Por cierto -dice de repente y saca de su mochila una bolsa de varios colores- Esto es para ti, me lo ha dado mamá para ti.

Observo la bolsa. Creo que es el primer regalo que me hace con cariño un progenitor. De dentro saco una camiseta de color rosa y luego una bolsita pequeña en la cual hay una pulsera con mi nombre puesto.

- Yo también la tengo esta -dice él con una sonrisa y me la muestra- Ahora ya somos gemelos de verdad. A mi me la regalo mamá hace ya diez años.

Me pongo la pulsera con la ayuda de mi hermano gemelo.

- ¿Y te ha durado tantos años?

- Sí -dice sonriendo- Nunca me la puse, hasta que me enteré de que tu existías y que mamá tenía guardad una para ti. Así que quería que el momento en la que te la pusieses yo también la tuviera, para notar como mi hermana es de verdad y nada de eso es mentira.

Después de la conversación y de tomar el desayuno, los dos nos dirigimos por el centro hasta llegar a un parque enorme. Nos sentamos en unos de los bancos y es ahí donde le hago la pregunta más importante de todas:

- ¿Por qué decidiste matar a mi padre? ¿Qué te hizo?

Observo el rostro de Gustav, veo como quiere llorar y no es capaz de soltar la respuesta a mi dura pregunta.

Hace alrededor de 3 años

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Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace alrededor de 3 años

¿Me vas a dejar así? No puede ser, parecía que llegábamos al final.
Venga que me enfrío!! Saludos @Likur

Likur
Rango10 Nivel 46
hace casi 3 años

@Sixto_GS Siento haber tardado tanto, he estado un tiempo ausente. Saludos y muchas gracias por leer mi historia :)


#71

Un par de perros seguidos por su dueño pasan por delante nuestro sin decir nada, tan sólo el aire que golpea sus cuerpos hace despistar a Gustav.

- ¿Por qué lo mataste, Gustav?

Me mira durante unos segundos, yo a él no le miro, pero de reojo puedo ver su mirada clavada en mis ojos, en mi cara y en mi pelo. Gustav me aparta un mechón del pelo y lo sujeta detrás de mi oreja. Estoy nerviosa, siento que cada segundo que pasa es una eternidad. Una eternidad la cual no me da respuestas ni esperanzas de la vida.

- Contesta, por favor.

Siento que voy a empezar a llorar si no me lo cuenta, como si fuera mi culpa que lo hubiese matado.

- Tranquila que no es tu culpa -dice él como si hubiese leído mis pensamientos más miedosos- Esa noche en la que él murió nos encontramos en un bar, a los afueras del pueblo.

Se queda durante unos minutos en silencio, como si no hubiese tenido suficientes antes.

- Yo estaba en la barra bebiendo un cubata y él se sentó a mi lado, pidió una cerveza. Al principio no me reconoció, supongo que porque no me miro a la cara ni nada de eso. Estuvo durante un rato observando a un par de chicas de más o menos nuestra edad y la invito a un cubata. Se dio cuenta que lo estaba observando y entonces fue cuando me miro, descubrió quien era. Las dos chicas se marcharon, ya que se imaginaron que era su hijo, no sé porqué y le dijeron que era muy triste salir de fiesta con tu propio hijo.

Una ventada remueve la arena del suelo que hace callar, una vez más, a Gustav. Cuando termina me arreglo el pelo y él sigue contando.

- Empezó a hacerme preguntas acerca de porque estaba aquí, de nuestra madre y de si ella tenía algo que ver con todo esto. Además, también me pregunto por ti, por si nos conocíamos y si tu sabías toda la verdad. Se le veía que tenía miedo de que lo supieras, temía que te fueras con nuestra madre y lo abandonases. De repente, sin haberle dicho nada, se puso muy furioso. Cuando se termino la cerveza rompió por la base la botella y me la intento clavar en el cuello. Por suerte no lo consiguió ya que pude escaparme. Pero me siguió por todo el bar y luego por el aparcamiento, subí a mi coche. Él me siguió corriendo y en un momento, sin darme cuenta, sin saber lo que me hacía lo atropelle.

- O sea, que lo atropellaste porque ibas borracho -aclaro con la voz.

- No, no iba borracho. Apenas me había bebido dos vasos del cubata. Era imposible que ya se me hubiese subido todo, Idalia.

- Si es así, ¿por qué huiste? ¿Por qué no llamaste a una ambulancia?

- Lo hice. Primero baje del coche, observe que nadie me hubiese visto y me puse muy nervioso. Luego vi que no respiraba, no supe que hacer y llame a la ambulancia desde una cabina de teléfono. Empecé a tener miedo a lo que me fuera a pasar y me empecé a encontrar mal, así que decidí huir. Sé que hice mal en esto, pero creo desde muy adentro de mi corazón que las cosas pasan por algo.

- Sí, y esto te ha pasado porque en tu destino estaba escrito que tenías que pasar una larga temporada en la cárcel, ¿no? -empezaba a enfadarme.

Sabía que la reacción de Gustav ante el accidente habría sido la misma que la mía y la de muchas personas más. Pero sentía que la muerte de mi padre era culpa suya, quizás si no lo hubiese dejado solo seguiría vivo.

- No. Me refiero que esto a pasado por algo, como por ejemplo para que ya nadie más te haga daño tal y como te lo hizo tu padre. Por favor, Idalia no te enfades conmigo, fue un accidente, no tenía preparado hacerle daño y mucho menos matarlo.

No soy capaz de responder o de decirle algo que le haga sentir mal. No soy capaz de nada ahora mismo.

Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace casi 3 años

Bienvenida de nuevo! Buena entrega. Ya pensaba que me quedaría sin el final. Un saludo!


#72

- Vale. Sé que ha sido un accidente, pero eso no niega que pueda que esté un poco enfadada contigo. En parte quiero darte las gracias por haber echo desaparecer mi pesadilla. Pero por otra parte, siento que voy a echar de menos a la única persona que ha estado siempre a mi lado, me ha llevado al colegio y me ha tratado como su hija de verdad, no como mamá.

- Lo entiendo -dice él entre suspiros. Parece que se ha quedado un tanto aliviado después de escuchar que no voy a vengar la muerte de nuestro padre.

- Pero la verdad, ahora mismo quiero tener un tiempo para mi sola. Sin familiares, es decir sin ti y mamá. Quiero replantearme mi vida, a cambiado mucho durante estos últimos días y no creo que vuelva a ser la misma a partir de ahora.

- Vale, no te preocupes. Pero que sepas que si necesitas alguna cosa aquí estaré, tanto yo como mamá. Nosotros te dejaremos el espacio que necesites. Además, voy a irme del trabajo, por ahora al menos.

- ¿Y eso por qué? -la verdad es que no me esperaba que fuese a dejar el trabajo por mi culpa- No hace falta que dejes el trabajo por mi, podemos vernos en el trabajo pero sin hablar mucho, sé que será difícil pero podemos conseguirlo.

- No es por eso, Idalia. Me han llamado de la funeraria más prestigiosa de Zinnia, me quieren contratar de director y llevan un tiempo esperando mi respuesta. Creo que ahora que sé que estarás bien aquí sola, puedo irme y crecer profesionalmente.

- Ah -suelto un suspiro- Es un alivio escuchar esto, pensé que era por mi culpa.

- No, tranquila.

Gustav se levanta del banco y yo le imito. Sin pensarlo y sin decirlo nos fundimos en un largo y hermandado abrazo, el cual noto que ha creado un enorme vínculo entre los dos.

Hay personas que dicen que es mejor malo conocido que bueno por conocer. Yo no soy de esa clase de personas, si sé que va haber algo mejor que desconozco quiero luchar para conseguirlo. Quedarse con lo malo conocido es perder una batalla y morir en el intento de ser mejor persona y vivir mejor. Sé que la vida que me depara con mi nueva familia va a ser buena y el pasado malo conocido va a ser historia. Va a formar parte de una página del libro de mi vida, la cual voy a tener presente pero, por suerte, no voy a tener que rememorar.

- Bueno, hermanita -dice él con una sonrisa- Voy a irme ya para la capital. Espero que vaya todo bien y cuando quieras llámame.

#73

Después de que Gustav terminara de empaquetar toda la ropa y sus objetos, los pone dentro del coche fúnebre. Parece ser que no era de la funeraria, sino que era suyo el coche. Suelto una sonrisa al pensar el gusto raro que tiene por comprarse un coche así, quizás solo trabaja en una funeraria para poder llevar este tipo de coches.

Los dos nos despedimos con un largo abrazo y me quedo en su calle hasta que se sube en el coche y desaparece de mi visión. Gustav ya no esta en mi horizonte, al menos hasta ahora. Más adelante, cuando me vea segura de mi misma y termine de reaccionar hacia todo lo que me ha sucedido, entonces será cuando vuelva a verlo y lo tenga todo claro. Lo tendré todo claro para aceptar una nueva vida diferente a la que me había imaginado toda mi vida.

Subo al primer autobús que pasa, para volver a mi casa. Tengo miedo de volver a ella, no sé que me puedo encontrar. Lo más seguro es que si no esta la policía estén tirados por el suelo, ensangrentados y con más ganas de pelea. Pienso en el montón de horas que me llevara limpiar toda la sangre y quizás cambiar el sofá o algún que otro mueble.

Cuando llego a mi calle, bajo del autobús y me despido del conductor. Abro el portal con la llave, desde bajo al menos se oyen gritos, ni hay policías por alrededor. A ver si se habrán matado, pienso de repente. Subo las escaleras corriendo, hasta llegar a mi piso y abro la puerta con las llaves.

Observo el salón y me los encuentro en el sofá, con un par de cervezas y riéndose de vete tu saber que. Ellos dos me miran como si hubiese aparecido un ángel por la puerta y no supiesen que decir.

- Pensábamos que ya no volvías -dice Erik riéndose.

- ¿Qué habéis hecho? ¿Desde cuándo sois tan amigos? -pregunto confundida acercándome a ellos.

- Desde que nos hemos dado cuenta de que tenemos una cosa en común -los dos se echan a reír.

- ¿Qué cosa? -pregunto aunque me da miedo saberlo.

- Díselo tú Aitor.

- No, dile tu Erik.

Durante unos cuantos segundos repiten estás dos últimas frases, como si fuesen una pareja de enamorados que no se atreve a colgar el teléfono al otro.

- Pues -dice Erik que al final es quién lo dice- Tenemos en común que los dos te queremos tanto y te queremos ver feliz que no nos importa, al final, si te vas con uno o con otro.

Los dos se echan a reír sin parar.

- Pero si os odiáis mutuamente, no os podéis ni ver en pintura. Si estoy con uno al otro le jode mucho y viceversa.

- Ya, Idalia. Pero nos hemos dado cuenta, al final, que eres tu quién debes elegir a quién querer y con quién estar. Aunque nos peleemos, que por cierto tu novio Aitor me ha echo mucho daño entre las piernas, pues que no nos servirá de nada, porque la última palabra siempre la tendrás tú, ¿no?

Observo a Aitor, después de esas frases parece la persona más madura del mundo, aunque en cualquier momento eso puede cambiar.

- Así que elige a quién quieres, Idalia, y aceptaremos tu respuesta -añade Aitor.

- Ya sabéis cual es mi respuesta.

- ¿Cuál? -dicen los dos mientras se levantan del sofá para oír bien la respuesta.

- Os quiero mucho a los dos. Pero Erik me hiciste mucho daño cuando te fuiste y no apareciste. Me dolió mucho eso y desde entonces te odio profundamente -digo con una risa.

- Pero Idalia, yo me fui porque tenía miedo.

- ¿De qué? -le preguntó, no me puedo creer que Erik tenga miedo a algo, con lo fuerte que parece o hace parecer a los demás.

- De ti. De perderte. Al principio te veía como las demás, una simple chicas más de la lista, como tu dijiste, pero en pocos días empecé a verte diferente. Soñaba con un futuro contigo, despertarme todas las mañanas a tu lado, viajar por todos lados y fue entonces cuando me dí cuenta que para mí ya no eras como las demás. Me había enamorado de ti y no sabía como debía controlar ese amor, que debía hacer para mantenerte y hacerte feliz.

- Sí tanto me querías, ¿por qué no te quedaste? Lo estabas haciendo genial durante ese tiempo que estuvimos juntos -le aclaro.

- Que más da ya -interrumpe Aitor- Él te dejo tirada, casi te suicidas por ello y lo pasaste fatal. Yo te ayude a salir adelante. Y, sabes que no es la primera vez que estuve a tu lado en los malos momentos, sino que siempre estuve ahí desde que eramos dos críos hasta ahora.

Observo a Aitor, no sé que contestar. Tengo las neuronas corriendo de un lado para otro de mi cerebro huyendo de esta situación.

- Déjalo ya Aitor. Deja de decir esto una y otra vez a Idalia. ¡Dile la verdad de eso que me juraste no contar nunca! -dice chillando Erik.

#74

- ¿La verdad? ¿De qué verdad estás hablando Erik? -pregunto confusa.

- De porqué huí de la situación. De porqué te deje tirada en el parque. De porqué abandone a la única persona que me he enamorado por primera y única vez -contesta mirándome a los ojos y buscando mi mano para sujetarla.

Me giro mirando hacia Aitor, el cual no dice nada y tiene los ojos rojos.

- ¡Venga díselo! -le presiona Erik.

- ¡No! ¡No tengo porqué decir nada! Yo hice lo correcto. Estuve toda mi vida protegiéndola de las malas personas, la ayude en todo tanto en los estudios como con su padre y ¿para qué? Para que de un día por el otro aparecieses tú, un niñato que tiene las tías que quiere y cuando quiere, el cual no necesita esforzarse para nada para conseguirlo todo. Y lo peor es que se enamorase justo de la chica que más quiero en el mundo, la única que parecía que iba a ser para mí para siempre. ¡Me jodiste los planes! ¡Todos! No te podía ver, me dabas asco y me lo sigues dando.

- Para Aitor -le digo agarrándole la mano para que se tranquilice- Pero todo esto que tiene que ver con esta supuesta verdad de la cual estás hablando, ¿Erik?

- El día que quedamos... -empieza a contar Erik pero es interrumpido por Aitor.

- ¡Cállate la boca, imbécil! -chilla Aitor.

Vuelvo a sujetar a Aitor más fuerte y le pido que se calme.

- Pues eso, el día que quedamos en el parque llegue casi dos horas antes. Estaba muy nervioso ya que quería decirte eso de que era la primera vez que me enamoraba de alguien. Espere durante diez minutos y al ver que tardarías aun una hora y pico en llegar decidí ir a un chiringuito del parque a tomar un refresco. Cuando te vi llegar me puse muy nervioso. Estabas tan preciosa que sentía que yo no iba arreglado ni preparado para la ocasión ni para contarte mis sentimientos, era la primera vez que lo iba a hacer y no sabía por donde empezar.

- Entonces... Sí estabas en el parque, no te fuiste -añado.

- Sí, estaba ahí. Cuando empecé a ir hacía ti Aitor se cruzo conmigo. Iba con un hombre más mayor, tu padre. Los dos me cogieron de los brazos y me llevaron a una furgoneta sin llamar mucho la atención. Me obligaron a que no me pusiera más en contacto contigo, que te dejase tirada y no apareciese nunca más por la ciudad ni en ninguno de los lugares que tu fueses. Les dije que no podía hacer esto, que estaba enamorado de ti, pero dijeron que eso era una tontería de críos que nadie puede querer a nadie tanto a esa edad. Luego me pincharon alguna cosa, supongo que alguna droga o algo para que me quedara dormido y me dejaron a los afueras de la ciudad, con un carnes falsos y con algo de dinero para subsistir un tiempo.

- ¿En serio? ¿No te estarás inventando todo esto? -le pregunto confusa.

- Sí, se lo esta inventando -responde Aitor.

- No. No me lo invento y si quieres pregúntale a tus amigas ellas estaban en la furgoneta obligadas y ellas decían que me dejarán en paz, que no podían hacernos esto pero también les pincharon alguna cosa, aunque cuando yo desperté ellas no estaban conmigo.

- ¿Mis amigas estaban ahí? ¿Ada y Carol? Nunca me han contado nada.

- Sí, ellas mismas. Es posible que no lo recuerden porque quizás se les olvido de la memoria con lo que les pincharon. Hace unos días quede con ellas y les pregunté si recordaban esto, decían que no, pero a medida de que pasaron los días fueron recordando detalles de esa furgoneta y de lo que me dijeron Aitor y tu padre, cosas que yo no recordaba y que sino fuese por ellas no recordaría.

- Entonces, ¿no viniste a nuestra cita por qué te lo prohibieron?

- No es solo que me lo prohibiesen, Idalia. Me amenazaron con matar a mis padres y luego a mí. No quería arriesgarme. Intenté ponerme en contacto contigo, pero supongo que las cartas que te mandaba las rompía tu padre cuando llegaban.

La verdad es que esto de las cartas me recuerda a las que mandaba mi madre. Mi padre era experto en esconderme las cartas y todo lo que llegaba a mi nombre o podía tener indicios de alguna cosa.

- ¿Por qué hiciste todo esto Aitor? -y me giro para ver su cara.

- Porque te quería y te sigo queriendo, Idalia.

Likur
Rango10 Nivel 46
hace casi 3 años

@Sixto_GS me alegro que te haya sorprendido xD Por cierto, mañana ya cuelgo el final de la historia y debo decirte que muchas gracias por leerla ya que la principal motivación por haberla seguido escribiendo a sido gracias a ti, sino lo más seguro es que lo hubiese dejado a medias o la hubiese borrado... Así que muchas gracias por formar parte de mi historia :) Un saludo enorme!

Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace casi 3 años

De nada, mujer. Yo encantado de haber leído esta historia. No es fácil para las historias largas en este lugar, pero siempre me gusta seguir alguna. Nos ha llevado tiempo, claro que a ti mucho más. Me alegro de saber que el final está a la vuelta de la esquina. Mañana con el final te comento mis impresiones e intentaremos comprobar cómo ando de memoria. Un saludo!


#75

Aitor suelta la mano que sujeta a la mía. Luego se la mete en el bolsillo y de él saca una caja pequeña de color rojo. Se arrodilla ante mía y la abre. Es un anillo.

- No, Aitor. Levántate, por favor.

Él no acepta mis palabras y me dice:

- Por favor, Idalia. Te quiero mucho y siempre te he querido. Te necesito como el aire para respirar y no me imagino una vida lejos de ti. Por favor, cásate conmigo, te haré la persona más feliz del mundo.

Miro a los ojos llorosos de Aitor, luego la mirada desconcertada de Erik que no esperaba esto.

- Lo siento, Aitor. Ahora mismo no estoy preparada para darte una respuesta y mucho menos después de escuchar lo que hiciste. Sabías que quería mucho a Erik y aún así rompiste mis sueños de estar con él. Le amenazaste y yo no quiero estar con alguien que se parece a mi padre.

- Yo no soy como tu padre, Idalia. Yo soy buena persona, pero la locura de amor que tenía por ti me llevo a cometer errores. Sé que el error que cometí fue muy grande, pero es que te quería mucho y no quería ver mi vida sin ti. Iba a estar apagada y triste.

- Pero Aitor, por culpa de lo que hiciste casi me muero.

- Ya, pero pude llegar a salvarte. Ves como soy bueno -dice con una sonrisa de oreja a oreja aunque se le ve la tristeza escondida en ella.

- Lo siento, Aitor. Ahora mismo no tengo ganas de nada y menos de tener contacto contigo, necesito estar sola un tiempo.

- ¡No puedes! Tienes que decidirte ahora mismo por uno de los dos -chilla Aitor- No puedes dejarnos con la incertidumbre. Dile que me quieres y que nos vamos a casar.

- No. Lo siento Aitor. Necesito mi tiempo y si ahora mismo me pides que decida a alguien, ese alguien no vas a ser tu, va a ser Erik.

FIN.

Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace casi 3 años

Hasta aquí hemos llegado. Te agradezco el esfuerzo por terminar la historia. Te has dado algo de prisa, pero estamos en verano y se está mejor al sol ;-)
Lo que más me gustó de tu historia fue el comienzo, luego te digo por qué. En ningún momento has perdido fluidez. Tienes un narrar ligero y con ritmo. Las escenas se suceden y Me agrada cómo haces hablar a los personajes en los diálogos. Aquella maquilladora de cadáveres que asistía a todos los funerales. Su grupo de buenas amigas, su compañera/madre, su compañero que se intuía gay pero no mellizo, su amigo/vecino enamorado protector, el amor de verano, su padre alcohólico. Me gustó conocer a los personajes, como charlaban, cómo se relacionaban. Me gustó sentir tu mano como autora explicando cómo entiendes algunos de los secretos de cómo se relaciona la gente. Todo esto quedó luego algo de lado, porque una trama tan llena de sorpresas y giros, acaba provocando que la acción tape aquellas preocupaciones cotidianas qu tenían al principio (hace más de tres meses fue aquello para mí!).
Más que relato ésta fue ya una novela corta. Todo un trabajo. Te felicito otra vez por ello. Un placer haberte acompañado.
Que tengas buen verano @Likur!

Likur
Rango10 Nivel 46
hace casi 3 años

@Sixto_GS Muchas gracias por haber estado hasta el final. La verdad es que esto que dices que lo del principio se ha quedado atrás también me he dado cuenta. Yo al menos habría preferido que lo relacionado con Idalia y sus amigas (el club de los funerales) tuviese bastante más trama y pasasen más cosas relacionadas con ello, pero mientras iba escribiendo la historia fui tirando hacia otros caminos aunque no me han desagradado. Es cierto que hay muchos giros, muchos de ellos no los tenía pensados desde el principio y aparecieron a medida que la historia cobraba vida en mi mente. Por otra parte, gracias por lo de los diálogos intento siempre escribirlos así. En general mil gracias, sé que no te lo paro de decir pero es que sin ti, en serio, esto no habría llegado aquí y se habría quedado en nada, así que te lo agradezco de corazón :) Un placer que alguien me haya leído y le haya gustado. Espero que también tengas un muy buen verano :D Saludos!