Lennon_Dezz
Rango4 Nivel 16 (275 ptos) | Promesa literaria
#1

“El amor es impredecible ya que no obedece planes, ni tampoco sigue reglas, el amor se le debe aceptar pase lo que pase mientras siga siendo amor”. Y es así, pero no es un pensamiento que Katherine Evans comparta. Para ella el amor debería llegar dentro de tres o cuatro años cuando esté en la Universidad, como si lo hubiese agendado. Lo que ella no sabe es que el amor no juega de esa manera.
Su vida ha girado en torno a planes y proyectos a corto y largo plazo. Una vida que no parece pertenecerle, pues ha permitido que su madre decida su futuro y maneje su vida como ha querido y hasta el título de propiedad le ha entregado.
Sus miedos e inseguridades son el resultado de vivir en una burbuja, y gracias a eso teme tomar riesgos y decisiones por sí misma. Hasta que un maravilloso tropiezo la hará cruzarse en el camino con Mateo Wyatt, un jovencito lleno de sueños y amor por la vida, que le mostrará su mundo y la hará conocer el amor; un amor que llegará antes de lo previsto en sus planes.
Katherine comenzará de ahora en adelante a cuestionarse muchas cosas. ¿Saldrá por fin de su burbuja de “perfección” y estará dispuesta a seguir por sí misma? ¿Permitirá que el amor entre a su vida, aún cuando hizo una vista inesperada?

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Lennon_Dezz
Rango4 Nivel 16
hace alrededor de 3 años

No te pierdas el nuevo capítulo. Gracias!

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace alrededor de 3 años

Interesante introducción para una historia de amor entre Mateo y Katherine. Saludos @Lennon_Dezz y bienvenido a esta página web.


#2

“Lo que parecía ser un mal día podría terminar siendo el más maravilloso de su vida…quizás el que nunca olvide”

Su mirada se paseó por los pequeños apartamentos de color rosado, blanco, verde, amarillo, azul; cada uno en tonos pasteles y techos empinados, característico de la ciudad que la vio nacer. Pasó a las personas que caminaban en la aceras frente a las tiendas y cafés que bordeaban la calle principal.
La brisa cálida de primavera entró por la ventana y elevó un poco su cabello castaño; algunas ondas cayeron sobre su frente, pero ella no se molestó en apartarlas. En la expresión de su rostro era notoria la molestia que cargaba.
El chofer levantó su mirada hacia el espejo retrovisor y constató por el reflejo, que Katherine no iba de buen humor.
—¿Contenta por ir a clases? —Una sonrisa se dibujó en sus labios.
Ella apartó la mirada de la ventana y la dirigió hacia el espejo para así poder ver su cara. Se cruzó de brazos, aún con el ceño fruncido.
—Si. Mírame —Katherine fingió una enorme sonrisa, mostrando sus alineados y blancos dientes.
—Es una linda mañana. ¿Por qué el mal humor? —preguntó él, sin quitar la mirada de la carretera.
Ella se inclinó y extendió los brazos sobre la parte superior de los asientos. —¿Puedes creer que tengo terminantemente prohibido hablar con Valerie? Está más que claro, Amanda desea verme infeliz.
Él negó con la cabeza al tiempo que sonreía. —Ella no quiere eso para ti. Es tú mamá.
Katherine hizo una mueca pensativa. Luego, abrió sus ojos cafés de par en par como si hubiese hecho un gran descubrimiento. —¿Y si en verdad no es mi mamá? ¿Y si me encontró en un orfanato o me recogió de la calle? Tal vez mi verdadera familia está en algún lugar de esta ciudad.
—Si eso fuera así, entonces deberías considerarte una niña muy afortunada por la familia que te acogió.
—¿Afortunada? Mi madre no me deja vivir —se quejó, luego hizo una breve pausa—. Nelson, ¿Y si me adoptas? Puedo ser una gran hija.
Nelson rió. —Estoy muy bien con mis dos hijos. —Giró el volante para doblar la calle.
Katherine resopló con desesperanza y se tumbó de nuevo sobre el asiento trasero. Luego dejó escapar su mirada por la ventana. —Hoy no es un buen día.
Valerie era su amiga desde el jardín de infancias. Ella siempre irradiaba una energía que hacía que cualquiera deseara estar junto a ella. Valerie tenía alas para volar con total libertad, algo de lo carecía Katherine.
La clase de libertad que Katherine deseaba no era la clase de libertad que Valerie tenía. Katherine se regía por principios y tenía claras sus prioridades.
—Amiga, ya no soy virgen. —Había confesado Valerie hacía unos días atrás
A Katherine se le desencajó la mandíbula por la noticia.
—¿Estabas preparada para hacerlo? —preguntó.
—Ahm…pues...si. Solo sucedió y como él me lo pidió.
—¿Y cómo te sientes? —quiso saber Katherine, tratando de ser cautelosa.
—Bien —respondió con cierta inseguridad.
Katherine había notado que su amiga no estaba bien. Al parecer no había resultado como ella esperaba. Momento después rompió en llanto.
—Creo que se lo diré a mi mamá —añadió, mientras sus lágrimas corrían por sus mejillas.
Valerie por ser sincera con su madre, ahora la mamá de Katherine no quería verla más cerca de ella. Sus madres asistían al mismo club y podría decirse que eran amigas, aunque existía una latente rivalidad entre ambas, respecto a cuál tenía el mejor matrimonio, cual criaba mejor a sus hijos, cuál tenía el mejor vestido… Tan pronto la mamá de Valerie se enteró de lo que hizo su hija, fue a desahogarse con Amanda en el club.
—Esa niña es una mala influencia para ti y ni hablar de su madre que no tiene carácter para controlarla —había expresado Amanda dos días atrás.
En los 16 años de su vida, Katherine siempre había hecho lo que su madre decía. A veces esperaba de ella un poco de confianza, pero eso era lo que no recibía de su parte.
— ¿En dónde estuviste Katherine? —preguntó con tono de reproche hacía un día.
A pesar de que Katherine le contestaba con honestidad, no terminaba creyéndole completamente.
—Hoy después de clases, te quedarás en casa. No quiero que asistas a tu clase de ballet — le ordenó Amanda esa mañana antes de ir al colegio.
Katherine y Valerie asistía a la misma academia de danza desde los cuatro años y esa era precisamente la razón por la que Amanda no quería que fuera.
Desde pequeña su madre había tenido reglas estrictas para Katherine, posiblemente hubiese sido porque era hija única y la sobreprotegía.
—Hija, sabes cómo me molesta que me mientan. Por favor no lo hagas, te lo pido —repetía con frecuencia.
Casi nunca salía de casa. Vivía en el mismo techo con una mamá desconfiada y un papá que para ella era adorable; pero la mayoría del tiempo se sentía encadenada. No había logrado vivir su propia vida; su mamá tenía casi todo el control sobre ella. En más de una oportunidad había deseado cortar el cordón umbilical y ya no depender tanto de su madre; pero eso implicaba asumir las consecuencias de sus decisiones, y es allí donde el miedo terminaba por apoderarse de ella y prefería quedarse en la orilla en lugar de caminar hacia aguas más profundas.
—Hemos llegado al colegio, señorita —anunció el chofer, mientras colocaba el brazo sobre el asiento y se volvía para mirarla.
La voz de Nelson la alejó de sus pensamientos.
Katherine aún recostada sobre el asiento, fingió un puchero.
Nelson rodó los ojos y dejó escapar una risa como si fuera la expresión más graciosa que hubiese visto, aunque ya estaba acostumbrado a verla —No querrás llegar tarde.
—Supongo que no —dijo ella sin mucho entusiasmo. Se deslizó por el asiento, tiró de la manilla y descendió del auto; no sin antes tomar su mochila, una par de libros y su agenda.
Se despidió de Nelson con un gesto de la mano y caminó hacia la entrada del colegio.
Comenzó a introducir sus libros en la mochila… cuando de pronto, sin advertirlo… tropezó con un chico de ojos color miel. De mirada profunda. Un lindo desconocido.
13 de abril. Un día que recordaran…¿por siempre?

Hace alrededor de 3 años

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eleachege
Rango17 Nivel 82
hace alrededor de 3 años

Una buena descripción de la madre sobre protectora @Lennon_Dezz, pero que no hablan a la joven, acerca de lo que deben saber sobre el amor y el sexo. El encuentro se dio y veremos el desarrollo de ese noviazgo. Saludos.
Consejos porque todos pasamos por eso al ingresar.
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#3

“Aprende que un tropiezo no es una caída. Aunque eso puede ser relativo, pues…ella tropezó con él y no pudo evitar caer; caer en su mirada”

Sus libros y la agenda alcanzaron el suelo de empedrado.
—¡Oh! Discúlpame. —Ella no apartó la mirada de sus ojos y permaneció en silencio. Él continuó—: Lo siento... de verdad.
Katherine había conocido chicos lindos en el colegio, pero ninguno que se viera tan dulce como a quien tenía al frente.
Él era alto, pero no tanto, sólo un poco más que ella. Llevaba pantalones de vestir azules, ajustados con una correa negra. La camisa blanca no muy ceñida a su delgado cuerpo, mostraba en su bolsillo una insignia de una escuela que Katherine no pareció reconocer. Su cabello castaño oscuro estaba un poco húmedo y bien peinado, pero no como si hubiese pasado horas arreglándolo. A pesar de que vestía uniforme modesto, lucía elegante e impecable. Este chico no era uno del montón. Podría ser similar a muchos otros, pero si alguien le permitía dejarse abrazar por su mirada se darían cuenta que no era una persona común.
Él esbozó una pequeña sonrisa al tiempo que se arrodillaba. Comenzó a recoger los libros.
Katherine se agachó, dejando caer largas ondas de cabello sobre su rostro, mientras recuperaba sus cosas.
Ambos se incorporaron casi al mismo tiempo. Katherine colocó los libros contra su pecho y continuó su camino.
Una mueca de extrañeza se dibujó en los labios de él y se quedó mirando a Katherine por el camino que se extendía hasta la enorme puerta de entrada al colegio.
Ella sintió la extraña sensación de que la mirada de ese chico estaba clavada en ella mientras entraba al colegio.
Una vez que la perdió de vista, bajó la mirada y observó curiosamente una libreta de cuero pequeña delante de sus pies.
Y lo que parecía un encuentro sin importancia… al siguiente día no pareció ser así. Por lo menos para él.
Katherine descendió del auto e hizo un guiño en forma divertida para Nelson, mientras lo veía marcharse. Cuando emprendió su camino hacia la entrada del colegio… allí estaba él, de nuevo.
Miraba de un lado a otro y sobre su mano llevaba una pequeña libreta de cuero verde. Una agenda. La agenda de Katherine.
Ella apresuró sus pasos para que él no la viera. Sin embargo, él no tardó mucho en darse cuenta de que había llegado, y a los pocos segundos, ya estaba delante de su camino. Katherine se detuvo en seco, ejerciendo presión sobre las libretas que aferraba contra su pecho. El chico la ponía nerviosa.
—Eh... creo que ayer dejaste caer tu agenda. Te la vine a entregar —dijo él con timidez.
—Ah…—Las palabras no salían de su boca—. Gracias —dijo al fin, y tomó la agenda.
—Pensé que estarías preocupada. —Sus labios se curvaron en una sonrisa dulce y sincera.
Katherine ni siquiera había notado que no tenía la agenda con ella. Si la perdía no iba a ser tan importante; pero eso él no lo sabía
—Me llamo Mateo —agregó y extendió la mano en dirección a ella.
—Yo soy... —comenzó a decir ella, al tiempo que estrechaba su mano. La mano de ella era suave y delicada como la piel de un bebé, en comparación a la de Mateo que tenía una sensación un poco áspera.
—Katherine. Ya lo sé —interrumpió él—. Destellos de sorpresa y confusión salieron de los ojos de Katherine, mientras continuaban apretados de la mano. Luego, Mateo prosiguió—: Ahm…lo sé porque en la portada de tu agenda aparece tu nombre. No pienses que estuve revisándola.
Katherine separó lenta y delicadamente su mano de la de él.
—Gracias de nuevo. No te hubieses molestado. —Entró con prisa al colegio, echando un vistazo rápido hacia atrás antes de cruzar la entrada.
Dos días más tarde, vio pasar al Mateo en la acera frente al colegio, mientras ella bajaba del auto. Él le sonrió; su sonrisa era uno de sus mayores atractivos. Katherine sonrió de vuelta, y por un momento se sintió tonta.
Algunos días después, cuando el timbre del colegio había sonado, los estudiantes comenzaron a aborrotarse en la entrada. Katherine no esperó a que se despejara y se aventuró a entrar. De pronto se topó de frente con Mateo, quien había logrado pasar entre la gente para llegar a ella.
Mateo le provocaba un desorden de emociones que la hacían sonrojarse sin razón y luchar por no dejar escapar una sonrisita.
—Eh…—Bajó la mirada por un instante y luego la levantó tímidamente. —Hola. Primero quiero que sepas que… es la primera vez que hago algo como esto. Y sé que no me conoces. —Su voz temblorosa—. Pero…yo… quisiera saber si…si…te gustaría…eh…si te gustaría salir alguna vez conmigo.
Sus ojos se abrieron de par en par y estaba casi perpleja.
—No puedo —logró decir, mientras se tambaleaba un poco debido a que los demás estudiantes chocaban con ella para entrar.
Mateo apretó los labios y luego le sonrió con desesperanza.
—Tenía que intentarlo. —Se encogió de hombros y se le veía decepcionado. Esbozó una sonrisa y continuó maniobrando entre los estudiantes para poder salir de esa marea.
Katherine estaba en conflicto. ¿Por qué no? ¿Acaso tengo miedo? ¿Qué tenía de malo? ¿Pero si… . Alejó esa última interrogante de sus pensamientos y cruzó el mar de personas para poder alcanzarlo.
—¡Hey! —llamó a su espalda. Mateo se volvió hacia ella. Katherine se acercó más a él y continuó—: Cambié de parecer. Si puedo. ¿Qué tal la próxima semana?
Una sonrisa cuidadosa se extendió por sus labios en una delgada línea. —Claro.
A la siguiente semana, se quedaron de ver en la entrada del colegio, a la hora de salida.
—No puedo tardar mucho. Solo tengo media hora —le dejó saber a Mateo, al tiempo que miraba de un lado a otro por si Nelson ya había llegado.
—Bien —dijo él tranquilo.
Cruzaron corriendo hacia la acera del frente y comenzaron a caminar uno al lado del otro, a ningún lugar en especial. Pasaron varios minutos charlando y charlando.
—En las mañanas asisto a la escuela y en las tardes voy al trabajo —comentó Mateo.
—¿Trabajas? —preguntó ella.
—Si, trabajo en una tienda de películas llamada M&G
—¿Y cómo haces con la tareas?
—Las termino en la noche.
Mateo le comentó a Katherine que solo vivía con su padre y que su madre había muerto hacía mucho. Pero no dio muchos más detalles.
Katherine había encontrado en Mateo a un amigo. Su única amiga verdadera era Valerie, pero tenía prohibido volverse acercar a ella. Katherine no pasaba desapercibida en el colegio, de hecho era bastante conocida. Era el sueño de muchos chicos, pero nunca se había propuesto a salir con alguno, porque tenía planteado que lo haría cuando llegara a la universidad. Consideraba que los noviazgos en secundaria nunca llegaban a nada serio… o eso era lo que decía su madre. En fin, la verdad era que solo tenía conocidos, pero no amigos. La gran mayoría eran muy superficiales, y ya estaba cansada de personas así.
Continuó frecuentando a Mateo durante un par de semanas más. Pese a que era muy cautelosa cuando se veía con él, sus escapadas después de clases dejaron de ser un secreto cuando llegó a oídos de su mamá. Al parecer algunas mamás de sus compañeros le llegaron con el chisme cuando la vieron con Mateo después de salir de clases.
Katherine le confesó la verdad y le dijo que solo era un amigo. Su madre completamente inflexible, le prohibió volverlo a ver, tal y como lo había hecho con Valerie.
—Si te vuelves a escapar del colegio con ese jovencito, vas a tener graves problemas conmigo Katherine —amenazó su madre.
Su madre era frustrante. Las cosas para ella eran blanco o negro, bueno o malo; no había intermedios. Katherine estaba por explotar y deseosa de disfrutar las mieles de la libertad, aunque no tenía muy claro qué hacer cuando alcanzara esa libertad, tal vez le iría a pedir ayuda a su mamá para que se lo aclarara.
Un poco después de una semana, Katherine recibió un mensaje de Mateo en su teléfono móvil, mientras estaba en clases.

Hola Katherine! No se sí hice algo malo, para que me hayas dejado de hablar. Si es así por favor quisiera saberlo.

Cómo podía ella explicarle a Mateo que no tenía permitido hablar con él, porque su madre se lo había prohibido. ¿Qué pensaría Mateo? Ya no era una niña pequeña y no quería que él la viera como la chica a la que su madre tenía controlada, lo cual era cierto.

Hola Mateo. Lo siento… No tiene que ver contigo. Es que he tenido algunos problemitas personales. Te parece si nos vemos hoy a la salida??

Hace alrededor de 3 años

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eleachege
Rango17 Nivel 82
hace alrededor de 3 años

Interesante la narrativa y bien esquematizado la trama y los diálogos. Un saludo @Lennon_Dezz y nos leemos. Me anotaré como tu seguidor para estar pendiente de tus nuevas entregas.


#4

“Pasa el tiempo con quienes quieren pasarlo contigo por quien eres, y no por quien podrías ser”

La hora de salida había llegado. Nelson estaba frente al colegio, con la espalda recostada sobre auto leyendo un mensaje en su teléfono móvil, mientras esperaba a Katherine para llevarla a casa.
Ella salió del colegio confiada de que él aún no había llegado. Iba con prisa, pero cuando se lo encontró de frente se frenó de golpe.
Arrastró una mano por su frente. Su cara se desplomó al igual que la emoción que tenía por ver a Mateo.
Se aproximó hacia Nelson y se puso las manos sobre las caderas.
—¿Qué haces aquí? — preguntó ella con un ligero tono de reproche.
Nelson levantó la mirada de la pantalla de su teléfono y la miró inquisitivo. —Se supone que soy tu chofer y vengo a buscarte como lo hago todos los días. ¿Qué sucede contigo, niña? —Nelson guardó el celular en el bolsillo del pantalón y le dio un suave coscorrón en la frente; luego rodeó el auto por delante.
Katherine dejó escapar un suspiro de frustración y comenzó a seguirlo. —Eso lo sé. La pregunta es…¿Por qué llegaste más temprano?
Nelson se volvió hacia ella dejando la puerta entreabierta.
—Porque su madre así me lo pidió.
Ella alzó las manos en el aire y después la dejó caer a los lados. —Uff… mi madre de nuevo —dijo obstinada.
Nelson entró al auto, estaba frente al volante y antes de que pudiera cerrar la puerta, Katherine lo detuvo.
—No puedo subir al auto aún, porque…ah…necesito ir al parque para… tomarle fotos a unas plantas para un muy importante proyecto de biología —improvisó.
—La orden es que tengo que llevarte directamente a casa.
—Por favor Nelson —rogó, haciendo un puchero.
—No hagas eso, porque no voy a ceder —dijo con una expresión seria, pero sin sonar molesto.
—Es de vida o muerte. —Ahora tenía ojos suplicantes.
Él deliberó por un momento que pareció eterno. —Solo cinco minutos.
—Diez —trató ella de negociar, mientras caminaba de retroceso hacia la acera del frente.
—Cinco —dijo inflexible.
—¡Diez! —gritó, desde la acera ahuecando sus manos alrededor de su boca, antes de girar sobre sus talones y alejarse con prisa hacia el parque.
Nelson la miró con los ojos estrechos, movió la cabeza, dejando escapar una sonrisa. —Esa niña siempre termina burlándose de mí —se dijo para sí.
Nelson era para ella como un tío consentidor. Tenía 34 años, era alto y delgado. Llevaba trabajando para la familia unos diez años; así que conocía a Katherine desde que era pequeña y cada una de sus tácticas de manipulación: pucheros, lindas sonrisas y los ojitos tristes. La mayoría del tiempo ella terminaba convenciéndolo para hacer cosas a espaldas de su mamá, como… ir a la heladería antes de la comida, dejar de ir a clases de ballet para escaparse con Valerie al centro comercial, o comprarle frituras.
A los pocos minutos Katherine estaba en el parque, después de haber corrido algunas calles. El parque no quedaba muy lejos del colegio. Se apoyó en las rodillas, jadeando. Pasó los dedos por su cabello para tratar de ponerlo en su lugar. Agitó una mano frente a su cara como un abanico para generar un poco de brisa. Luego, alisó con las manos su falda negra y paseó su mirada alrededor del parque buscando a Mateo.
—¡Hey! —llamó Mateo a su espalda. Katherine dio un respingo.
Katherine se inclinó para saludarlo con un beso en la mejilla. Ella sintió su olor a champú. Él respiró de ella la dulce fragancia de vainilla y frambuesa que llevaba.
—Hueles muy bien —dijo Mateo impulsivamente.
Katherine colocó un mechón de cabello detrás de su oreja. —Gracias —dijo tímidamente y comenzó a caminar por el sendero de empedrado antiguo.
—Y… ¿cómo estás? Estabas desaparecida. — Mateo se igualó a su paso.
—Ah, es que…tenía mucha tarea —mintió.
—Tienes cara de estudiosa. — La miró con reparo, dejando escapar una sonrisilla.
—¿Te estás burlando porque soy estudiosa?
—Claro que no. Yo también estudio mucho. —Pateó una piedra pequeña que tenía al frente.
—Necesito mantener mi promedio, porque planeo entrar a la Escuela de Medicina.
—¿Ah si? Qué interesante. —Mateo comenzó a caminar de espalda delante de ella—. Así que estoy frente a una futura doctora.
Katherine sonrió tímidamente. —Mi mamá sueña con que sea médico. Desde pequeña sabía que quería serlo —dijo distante. Se quedaron en silencio por un momento. Luego ella prosiguió:— ¿Qué tal tú? ¿Qué estudiarás en la Universidad?
—No iré. Deseo hacerlo pero debí haber entregado las solicitudes y no lo hice.
—¿Por qué? —quiso saber ella.
—Bueno... porque decidí que era mejor buscar un trabajo a tiempo completo. La Universidad requiere tiempo y dinero.
—Mi madre me mataría si decido no ir a la Universidad por dedicarme a trabajar. —Ella tiró del brazo de Mateo, apartándolo del camino para que no se golpeara con la rama de un árbol.
Mateo giró para caminar a su lado.—¿Es estricta?
—¿Mi mamá? —Mateo asintió y ella prosiguió:— Estricta es una palabra que le queda muy pequeña. Es mucho más que eso —dijo, rodando los ojos.
—Exagerada.
—Si, también es exagerada.
—No hablo de tu mamá, sino de ti.
—¿De mi? No exagero. Tendrías que conocerla para darte cuenta de cómo es. Pero no te lo sugiero. —Katherine le echó un vistazo a la pantalla de su celular. —Ya se me fueron los diez minutos. Tengo que irme.
—Yo igual. Debo llegar temprano al trabajo.
Se dieron un cálido y rápido abrazo.
Katherine se giró para regresar hasta donde se encontraba Nelson esperándola. Mateo tomó el camino contrario.
Mateo se giró sobre sus talones en dirección a Katherine. —¿Te veré mañana? —preguntó.
—Claro. ¿A la misma hora? —dijo ella, una vez que se volvió.
—Ni un minuto más, ni un minuto menos —dijo, caminando de retroceso. Las comisuras de sus labios se arquearon.
Finalmente ambos se giraron y comenzaron a correr en direcciones opuestas.

Hace alrededor de 3 años

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#5

“El amor te elige a ti. Por lo misterioso que es el amor, cuando entra en tu vida, todo cuanto realmente puedes hacer es aceptarlo”

Al día siguiente estaban los dos en el parque, reposando sobre la hierba. Uno al lado del otro, pero en sentido contrario.
Katherine le inventó a Nelson la misma excusa de las fotos para el proyecto de biología, con la intención de que la dejara ir de nuevo al parque. Sin embargo, él no era tonto, sabía que esa no era la razón por la que iba con tanta insistencia a ese lugar. El se imaginaba algo, pero prefería no saber mucho, así no tendría que mentir en caso de que la mamá de Katherine llegara a interrogarlo.
Ellos contemplaban el cielo azul totalmente despejado; estaban esperanzados con que alguna nube en forma de algo apareciera.
—Ha muerto mi esperanza. Las nubes desaparecieron —dijo Katherine, mientras su mirada permanecía fija hacia el cielo.
—Te rindes fácilmente. No llevamos ni cinco minutos aquí —dijo Mateo mirando hacia ella con fingida decepción y luego hacia arriba nuevamente.
—Amo estar así de tranquila. Desearía tener más tiempo para solo estar así. Dejando de lado, un poco, las responsabilidades—. Katherine colocó las manos detrás de su cuello—. Cuento los días para mi graduación. Ya quiero viajar por Europa y tomar un descanso antes de comenzar la Escuela de Medicina.
Katherine hablaba con Mateo sobre restaurantes, universidades, viajes… y no lo hacía por presunción, simplemente lo decía como si fuera lo más normal. Las posibilidades de Mateo para comer en uno de esos restaurantes de los que ella hablaba, de ir a la universidad o de hacer un viaje al exterior, eran limitadas. Katherine gozaba de comodidades y Mateo no, pero eso no le afectaba a él demasiado.
—¿Qué harás en tus vacaciones después de graduarte? —preguntó ella, moviendo la cabeza para mirarlo.
—Trabajaré —respondió, volteando a mirarla.
Katherine levantó nuevamente la mirada al cielo al sentirse intimidada por él. —¿Trabajar? —Ella hizo una mueca—. ¿Para qué trabajas tanto?
—Es que necesito reunir dinero para comprarle un regalo a alguien.
¿Trabajar en las vacaciones para comprar un regalo? Debe ser muy importante esa persona a quien se lo dará, pensó ella.
—¿Es para tu novia? —preguntó impulsivamente. Tan pronto lo hizo se avergonzó de haberlo hecho. Apretó los labios.
Mateo se sentó con las piernas delante de él, cruzando los tobillos y apoyando los brazos detrás de su espalda. La miró interrogante, mientras ella seguía recostada en la hierba. —Curiosa ¿no? ¿Quieres saber si tengo novia?
—¿Qué? —Rió nerviosa y se sentó a su lado—. No…¿Para qué me importaría saberlo? —Ahora estaba sonrojada.
—Tú debes saberlo .Por algo lo preguntaste —Mateo la miró curioso— ¿Y por qué tienes la cara como un tomate? —Pasó con rapidez el dorso de su mano por la mejilla de Katherine. Ella se apartó por el contacto.
—No es cierto —Katherine se cubrió las mejillas con sus manos. Mateo rió con diversión. Ella agregó:— Debe ser por el sol. ¿Y por qué te ríes?
—Soy feliz. Por eso río. Y la respuesta es no. No es para mi novia. Porque no tengo una. —Cuando Mateo atrapó sus ojos, su expresión estaba llena de simpatía.
Katherine trato de ocultar una sonrisa de satisfacción por la respuesta. Después apartó las manos de su cara y adoptó una actitud seria. —¿Y para quién es el regalo?
—Es para…
La conversación se vio interrumpida por una llamada que entró al celular de Katherine. Era su madre. Abrió con rapidez su mochila y comenzó a hurgar entre sus cosas para encontrar el celular. Liberó espacio dentro de la mochila, sacando libros, un monedero, una agenda, llaves, bolígrafos de colores, una libreta. Cuando por fin logró dar con el teléfono, presionó la pantalla y contestó.
—¿Sí mamá? —Resopló con fastidio—. Sí, sí… ya voy para allá. Lo sé mamá. No tienes que repetirme las cosas mil veces. —Rodó los ojos. De pronto vio como la mirada curiosa de Mateo se clavó en una de sus fotos viejas que se encontraba dentro del monedero que hace un momento había caído sobre la hierba. Mateo que aún seguía sentado, giró la cabeza en dirección a ella y extendió una sonrisa maliciosa por toda su cara.
Katherine cubrió el receptor con su mano, apuntó a Mateo con un dedo amenazador y articuló: Ni te atrevas a tocar ese monedero.
Ella colocó el celular de nuevo en su oreja.
—¿Aló? ¿Aló? —Ella fingió que había interferencia y colgó la llamada. Dejó el celular sobre la hierba.
Mateo ignoró su amenaza, se levantó con impresionante rapidez, tomó el monedero y antes de que pudiera escrutar la foto, ya ella se había abalanzado encima de él tumbándolo sobre la hierba.
—Mateo ¡No puedes ver eso! ¡Es muy vergonzoso! —dijo ella mientras trataba de arrebatarle el monedero de las manos.
—Déjame verlo. ¿Qué tiene de malo? —dijo Mateo entre risas.
—¡Suelta eso!
En medio del forcejeo, sus rostros se aproximaron a pocos centímetros. Se detuvieron por un momento. Mateo paró de reír súbitamente y la expresión de su rostro se tornó seria. Dejó caer el monedero sobre la hierba, tomó el rostro de ella entre sus manos, cerrando los ojos. Ella estaba aterrada por lo que estaba a punto de ocurrir. Tenía los ojos abiertos hasta el instante en que los labios de Mateo tocaron los de ellas. Los dos se fundieron en un tierno beso. Su primer beso.
Muchos pensamientos comenzaron a revolotear en la mente de Katherine: ¿Qué hago encima de ese chico, besándolo cuando apenas lo conozco? Todos me deben estar viendo ¿Qué dirá mi madre de esto? ¿Estás loca?
Se separó de Mateo y se puso de pié. Estaba pálida, pasándose la palma de la mano por la boca. Con la otra mano se alisó la falda.
Mateo se puso también de pie, pasándose una mano por el cabello.
—¿Por qué hiciste eso? —preguntó Katherine, al tiempo que miraba a su alrededor con vergüenza.
—Porque si no lo hacía iba a enloquecer. Lo siento.—Su corazón palpitaba de forma acelerada. Abrió los labios para continuar, pero por un momento las palabras parecían no querer salir—. Me gustas. Me gustas demasiado. —Su era voz temblorosa y la expresión de su rostro estaba llena de miedo, preocupación; por dentro rogaba a Dios no haber echado todo a perder por su acto impulsivo.

Hace alrededor de 3 años

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#6

“El amor y el miedo…
¿Qué es el amor? La ausencia total del miedo
¿Y qué es a lo que le tenemos miedo? Al amor”
Anthony de Mello

—¿Acaso estás bromeando? —inquirió ella. En la expresión de su rostro se evidenciaba su mortificación.
—¿En serio crees que bromearía con esto? —Katherine pasó las manos por su cabeza, alisándose el cabello y tratando de ocultar los nervios. Mateo agregó:—. Katherine no puedo evitar sentir esto… que no sé ponerle nombre. Me gusta cómo eres y como soy cuando estoy contigo. Me gusta verte cuando me hablas, cuando ríes, cuando estás distante. Me gusta estar aquí contigo. Me gusta la sensación que dejas en mí al marcharte. ¡Dios! Pensarás que estoy loco, y de cierta manera lo estoy…lo estoy por ti.
Katherine no respondió ante eso. Mateo no le era indiferente en lo absoluto. Él era todo lo que ella hubiera deseado encontrar en un chico; era dulce, atento, sencillo, responsable, atractivo…pero en su planificada vida se suponía que el chico de su vida no debería llegar aún, sino después de dos o tres años, cuando estuviera en la universidad. Ella creía que el amor era así.
Al cabo de un momento, Mateo tomó el rostro de Katherine entre sus manos. Buscó sus ojos y su reflejo estaba en ellos, viéndose tan asustado como se sentía. Luego preguntó con un hilo de voz:
—¿Sientes algo parecido por mi?
Ella hizo una extensa pausa y luego decidió responder.
—Si —susurró por lo bajo—. Pero no puedo tener nada contigo. —Alejó las manos de Mateo y retrocedió.
—¿Por qué? —preguntó con decepción.
—P-Porque no puedo —respondió con voz entrecortada—. Salir con un chico ahora… no está en mis planes.
Él apretó los labios.
Se quedaron en silencio como por un minuto.
Las ilusiones de Mateo se desplomaron en un instante. Le había abierto su corazón por primera vez a una chica. Algo que no hubiese hecho por alguna otra chica sino estuviese seguro de que lo que sentía era real. ¿Pero qué era eso que sentía? Tal vez esperaba descubrirlo junto a ella, junto a la chica que no quería tener nada con él; la que le había cerrado la puerta en la cara sin ofrecerle tan siquiera una oportunidad.
—No me arrepiento de nada de lo que hice ni de lo que te dije. —Mateo esbozó una sonrisa triste—. No me iba a sentir bien si me lo hubiese guardado solo por miedo a que me rechazaras. Admito que apunté muy alto al fijarme en una chica como tú, pero me siento afortunado de que me hayas permitido conocerte un poco. De que abrieras un pequeño espacio en tu vida para mí, cuando ni siquiera lo veía como una posibilidad.
Había tristeza en los ojos de Katherine. Su garganta se sacudió cuando se atragantó. —Ha…hablas de mi…como si fuera una estrella famosa o…alguien inalcanzable. Y no es así.
Una sonrisa se deslizó a través de los labios de Mateo. —Ahora no es así. Pero antes si lo parecía.
Katherine bajó la mirada y colocó un mechón de cabello detrás de su oreja. Segundos después la levantó, mirándolo a los ojos. —Quiero que sepas que… no salgo con chicos, porque… tengo apenas 16 años al igual que tú, y… a esta edad aún somos muy jóvenes para comenzar una relación que nos lleve a algo. Estamos en una etapa en la que las hormonas prácticamente toman el control, y una pisada en falso puede arruinar todo mi futuro.
—Entiendo lo que dices, pero no siempre puede ser así.
—No hay garantías para saber si resultará bien. Mi mamá me ha recalcado muchas veces eso y debe tener razón; ella ha tenido más experiencia.
—Averígualo por ti misma. Eres inteligente.
—No lo voy hacer.
—¿Por miedo? —inquirió él.
—No. Porque hay un tiempo para todo y este no es mi tiempo para tener novio.
—Porque tu mamá lo dice —soltó él, sonando casi como una afirmación.
Los labios de Katherine se abrieron en protesta. —¿A qué viene eso? Solo estoy tomando su consejo. Y lamento que no te parezca mi decisión —dijo ella, a la defensiva.
—No quiero presionar, pero es que…no puedo evitar darme cuenta de que lo que tienes es miedo. No sé si a sentir algo por mí, o por lo que dirá tu mamá, o…a equivocarte —expresó él con tranquilidad.
De pronto pareció molesta, sus ojos brillaban enojados. —No tengo miedo. Lo que pasa es que para ti es muy fácil, porque el único plan que tienes para tu vida es encontrar un trabajo de tiempo completo, quizás mal pagado, en lugar de esforzarte por estudiar en la Universidad y tener una profesión. No tienes nada que perder.
Mateo la miró con el ceño fruncido. —¿Y por qué tendrías que perder algo?
—Porque así es. —Ella pasó las manos por su cabello y lo colocó a un lado; por encima de su hombro—.Tengo planes importantes para mi vida y metas fijas que no voy a echar por tierra solo por distraerme con un amorío de adolescente que solo me hará perder el tiempo. Cumplir mis sueños es lo primero para mí, cosa que al parecer tú no tienes y no te importa.
Él soltó un suspiro pesado y, tolerantemente—Claro que me importa. Yo también tengo sueños.
—¿Y en dónde los dejas? ¿En tu almohada? —Katherine seguía a la defensiva—. Necesito a alguien que camine a mi lado, no que me haga retroceder. Alguien con expectativas de vida, con…
—¿Dinero? —finalizó por ella—. ¿Se trata de eso? — Al no recibir respuesta de ella, decidió continuar: —¿Lo que dijiste de "salir con un chico ahora no está en mis planes” era simplemente una excusa para ocultar la verdadera razón por la que no quieres tener algo conmigo? —dijo desconcertado.
—Ah…—Katherine no consiguió las palabras para refutarlo. Dejó caer la cabeza en sus manos.
—Cuando… dices que… no quieres a alguien que te haga retroceder es porque piensas que yo lo haría porque no tengo dinero —dijo con voz entrecortada.
Ella apartó las manos de su rostro y su cara estaba llena de culpa. —No me refería solo a eso.
—Pero eso es importante para ti. —Ella permaneció en silencio. Mateo continuó: — Siento mucho no tener un papá o una mamá con dinero. Es triste que por eso no quieras aceptarme.
—Mateo…
—Sabes, es triste que tu silencio hable por ti. No creí que la linda chica que tengo enfrente fuera de las que pensara de esa manera. Hubiese sido menos doloroso escuchar de tu boca que no sentías nada por mí.—Sus ojos estaban llenos de tristeza.
Katherine dio un paso más hacia él, deseando abrazarlo y borrar lo que había dicho, pero no hizo nada. Solo lo miró; sus brazos permanecieron a los lados.
—Debo irme —dijo él, después de un silencio que pareció eterno. Pasó a su lado rozando ligeramente su brazo con el de ella.
Katherine se giró.—Mateo. No te vayas —murmuró sin sonido, moviendo los labios, mientras su silueta se perdió en la distancia.

#7

“No te preocupes por los fracasos, preocúpate con las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”
Jack Canfield

Una vez que salió de la clase de matemáticas, en la que por cierto no prestó ni el más mínimo de atención, Katherine decidió sentarme en una banca, a solas, en el lugar más apartado que encontró en el patio del colegio. No podía sacarse de la cabeza lo que debería estar sintiendo Mateo en ese momento por aquello que le había dicho el día anterior.
Transcurridos algunos minutos, sin voltear a mirar, oyó a alguien sentarse a su lado. Era Valerie.
—Hola amiga—saludó, al tiempo que golpeaba su hombro con el de Katherine en forma juguetona.
—Hola —respondió Katherine, esforzándose por ocultar su tristeza detrás de una sonrisa.
—¿Qué te pasa conmigo? —dijo Valerie después una larga pausa—. Me has estado evadiendo todos estos días. Ya no vas casi a las clases de ballet y no sé qué fue lo que hice.
Katherine volteó a mirarla e hizo una mueca. —Mi mamá ya sabe que perdiste la virginidad.
—¿Qué? —dijo sorprendida, los ojos verdes abiertos de par en par—. ¿Se lo dijiste?
Katherine negó con la cabeza. —Tu mamá se lo contó hace días cuando estaban en el club.
Valerie se cubrió la boca con una mano. La expresión en su rostro reflejaba vergüenza y la vez preocupación. —Mi mamá debe estar loca. ¿Cómo le fue a contar algo tan íntimo a la arpía de tu madre? —Colocó una mano sobre el hombro de Katherine—. Disculpa que diga eso de tu mamá, pero es la verdad.
Katherine se encogió de hombros, despreocupada. —Mi mamá me prohibió relacionarme contigo, después de que tu mamá le contó lo que hiciste.
—¡Ugh! —gruñó la castaña—. Yo si fuera tú buscaría la manera de emanciparme.
Katherine suspiró pesadamente. —No sería mala idea.
Por un momento corto se formó un silencio entre ellas. Los dedos de Valerie sujetaron el codo de Katherine y luego la miró con suspicacia. —No dejaremos de ser amigas ¿cierto? No puedes permitir que nuestra amistad se acabe por un tonto desliz de mi parte.
—No te preocupes por eso, Valerie. Seguiremos siendo amigas, aunque no nos podremos ver tanto como antes. Amanda se pondría como loca si se entera que seguimos hablándonos.
Valerie colocó una mano sobre su sien. —El solo hecho de hablar acerca de tu madre me produce jaqueca.
Una risita se deslizó a través de los labios de Katherine.—Entonces no hablemos más de ella.
—Si. Concuerdo contigo. —Valerie se quedó mirándola y luego empujó su hombro contra el de ella—. ¿Y a ti qué te pasa?
—Nada—dijo Katherine, tratando de sonar convincente.
—Somos amigas ¿no?
—Si…
—Y las amigas se cuentan sus cosas ¿cierto?
—Si... ¿A qué quieres llegar Valerie?
—Cuéntame qué te sucede.
—Nada —dijo nuevamente.
—Entonces ya no eres mi amiga —dijo infantilmente, dándole la espalda y cruzándose de brazos.
—No digas eso —replicó, mientras colocaba la barbilla sobre el hombro de Valerie—. No quiero hablar de ello.
Valerie se volvió hacia Katherine, con las cejas fruncidas.—No quería hablar de ella, pero…¿Ahora qué hizo tu madre?
—Mi mamá no hizo nada. Se trata de otra cosa. —Katherine bajó la mirada y comenzó a jugar con una pulsera plateada que tenía en su muñeca.
—¿Y me piensas contar? —Miró a Katherine con ojos curiosos, después que ésta levantó la mirada.
—No lo sé —su tono llegó dudoso.
—Cuéntame —rogó y luego hizo un puchero. No solamente Katherine usaba esa táctica para conseguir algo.
Katherine dejó caer la cabeza hacia atrás por un momento y luego la levantó. —Está bien. Pero no se lo puedes contar a nadie. —Paseó su mirada alrededor para cerciorarse de que nadie la fuera a escuchar.
—Lo prometo —dijo, mientras hacían la acostumbrada señal, enganchando su dedo meñique con el de Katherine.
Valerie se acomodó en la banca, sus ojos brillaban con interés.
—Bueno. Conocí a un chico. —Hizo una mueca de vergüenza—. Nos vemos a escondidas después del colegio.
—¿Sales con un chico a escondidas? —gritó Valerie, levantándose con sobresalto de la banca.
Katherine agrandó los ojos y tiró del brazo de Valerie hacia abajo.—Pudiste haber gritado más alto, creo que las personas que están a diez calles de aquí no alcanzaron a escucharte —dijo Katherine en voz baja.
Valerie volvió a tomar asiento y colocó una mano en su pecho para intentar calmarse. Solía ser muy exagerada.
—Se supone que tu madre te prohibió seguir siendo mi amiga porque yo era una mala influencia. Ahora, vives una historia de amor en secreto sin ni siquiera haberme enterado. —Valerie tomó el rostro de Katherine con sus manos y le dio un beso en la mejilla—. Te felicito. Has crecido. Si te llegas a perder, asegúrate de hacerle saber a tu madre que yo no tuve nada que ver.
Katherine rodó los ojos como si Valerie hubiese dicho una cosa muy divertida.—No me perderé. Porque no tengo ningún romance.
Valerie la miró confundida. —Si no tienes ningún romance, entonces... ¿para qué se ven a escondidas? ¿No me digas que se ven para estudiar?
—Claro que no.
Valerie respiró aliviada. —Ya decía yo, mi amiga no puede ser tan nerd. ¿Y entonces qué son?
—Somos amigos. O por lo menos eso éramos ayer. —Katherine hizo una mueca triste.

#8

“Sólo se vive una vez. ¿Estás viviendo tu vida, o estás esperando vivirla?”

Valerie hizo una mueca de confusión.—Explícame, porque no te estoy entendiendo en lo absoluto.
—Él me besó. Me habló de sus sentimientos hacia mí... y yo... entré en pánico. No sabía qué hacer. Me llegaron miles de cosas a la mente y lo arruiné todo. —Apretó la cara con sus manos.
—¿De qué manera lo arruinaste? —quiso saber Valerie, luego apartó el flequillo de su frente.
Katherine apartó las manos se su rostro y las colocó sobre su regazo. —Lo rechacé rotundamente. Sabes que no he salido con nadie porque quiero esperar.
Valerie rodó los ojos. —Lo cual me parece una completa estupidez y ya te lo he dicho. Todos necesitamos enamorarnos como bobos cuando estamos en secundaria y eso debería ser una ley que se promulgue. Te estás perdiendo de eso amiga.
Katherine suspiró con desesperanza. —Sí, creo que tienes razón.
Valerie movió la cabeza pestañeando varias veces. En la expresión de su rostro se le veía sorprendida. —¿Te estás lamentando? ¡Aleluya! Ha despertado la bella durmiente —expresó en tono exagerado, alzando las manos al cielo. —¿Y desde cuándo ese repentino cambio de opinión?
—Creo que desde ayer. —Katherine sonaba distante—. No debí haberme quedado callada.
—¿Callada con respecto a qué?
Katherine tardó en responder. —Él hizo un comentario que me hizo en verdad molestar y… terminé diciéndole algo como… que era una persona sin aspiraciones de vida y que en lugar de avanzar me haría retroceder. Luego, me preguntó si la razón por la que no salía con él era debido a que no tenía tanto dinero y yo… no supe qué decir y me quedé callada.
Los labios de Valerie se abrieron, desconcertada. —¿Por qué hiciste eso? Fue muy cruel.
—Lo sé. Y por eso me siento tan mal —se lamentó Katherine.
Valerie colocó sus manos sobre los hombros de Katherine y buscó sus ojos.
—¿Te gusta?
—Si —respondió Katherine, sin dudar.
—¿El lo sabe?
—Si.
—Te conozco y sé que no eres una persona prejuiciosa. Pero no entiendo por qué le dijiste eso.
—Porque en el fondo creo que me importa eso y no sabes lo mala persona que me siento por pensar así. —Su mirada se veía abatida.
—¿De dónde lo conociste?
—Lo conocí por accidente en la entrada del colegio. Después me invitó a salir.
—Si ambos se gustan, entonces… ¿Cuál es el problema? Vive tu romance de secundaria y no lo pienses tanto. Tampoco es que se van a casar.
—Esa es tu manera de pensar Valerie, no la mía. Yo no quiero salir con un chico y luego con otro y otro. Quiero salir con alguien seriamente.
La mirada de Valerie de pronto se llenó de picardía. —Sé que este chico te gusta en verdad, porque lo puedo ver en esos ojitos brillantes —Valerie apuntó a sus ojos con su dedo índice en forma juguetona y Katherine la miró con escepticismo, Luego continuó:—Te he visto rechazar a otros galanes, pero con ninguno te has puesto así. ¿Te imaginas que pasen tres, cuatros, cinco años y no te llegue a gustar nadie igual? Eso sería trágico.
Katherine negó con la cabeza. —No puedo salir con él. Mi mamá me mataría. Él no es el tipo de chico con el que ella me hubiese querido ver nunca.
—¿Solo porque no tiene dinero? ¡Vive tu vida de una buena vez! Si dejas que tu madre se siga entrometiendo en tu vida, entonces en algunos años terminará eligiendo el novio más adinerado y con más clase para que se case contigo y tu por miedo a como reaccione lo aceptarás. ¿Y si no lo amas? Eso sería aún peor.
—No accedería a eso por más que me lo impusiera.
—Entonces... ¿Qué harás? ¿Dejarás ir a este chico que quieres? —preguntó Valerie, frunciendo el ceño.
—¿Qué quieres que haga? ¿Y si es un error estar con él?
—Cómo lo sabrás si no lo intentas
—No lo sé —dijo, al tiempo que colocaba una mano sobre sus sienes.
—Pues, es hora de que sepas qué hacer. No me parece que sea justo, que ese pobre chico, el cual no sé cómo se llama, se esté sintiendo poca cosa por lo que le dijiste —le recriminó Valerie.
—Mateo —dijo después de una pausa.
Valerie la miró confundida. —¿Cómo dices?
—El chico se llama Mateo.
Valerie se rascó la frente y se estaba comenzando a sentir ligeramente frustrada por no poder convencer a Katherine. —Creo que deberías hablarle a Mateo de tus sentimientos hacia él, sacando a tu madre de todo esto. Eso tal vez ayude a hacerlo sentir menos miserable, como supongo que se debe estar sintiendo ahora —aconsejó.
—¿Y si mi madre se entera de algo?
Valerie suspiró exasperada y luego inhaló aire por la nariz para calmarse.—Bueno... tal vez le dé un soponcio. Pero no creo que muera.
—Hablo en serio Valerie.
—Yo también. Si te gusta tanto ese chico y no fuma, bebe o se droga, entonces inténtalo. Deja de darle tantas vueltas al asunto. Tal vez la vida hizo un cambio de planes y trajo a tu chico antes de lo que esperabas. Tu y yo no lo sabemos, pero quizá pueda ser el correcto, y si no lo es… qué importa, puedes seguir adelante.
Katherine contempló la idea por una cantidad de tiempo no muy largo.—¿Sabes? No suelo tomar muy en serio tus consejos. Pero, esta vez creo que tienes razón. —Una sonrisa cuidadosa se desplegó a través de sus labios—.Lo buscaré y le diré lo que siento por él.
Valerie se levantó de golpe—. ¡Así se hace amiga! —exclamó, rodeándola con sus brazos.

#9

“Decídete a volar…Abandona tu comodidad, enfrenta tus miedos e inseguridades, y solo así, comenzarás a volar”

—Katherine. No podemos hacer paradas en ningún lugar. Tu madre me ha recalcado mucho estos últimos días, que debo llevarte directo a casa —expresó Nelson, mientras su mirada estaba centrada en la carretera. Luego disminuyó la velocidad debido a que el semáforo estaba en rojo.
Ella se inclinó, con los brazos cruzados sobre la parte superior de los asientos. —Se pone fastidiosa a veces ¿no?
—Y la entiendo porque sé que lo que quiere es cuidarte.
—Pero me quiere cuidar como si fuera una niña de cinco años. Cree que todo alrededor de mi es un peligro.—Después de quejarse hizo una pausa breve—. Por fa Nelson. No me llevará más de quince minutos. Solo entro a la tienda, compro las películas y listo —dijo con voz suplicante.
—¿Acaso quieres que me echen de mi trabajo?
Katherine sabía que ponía a Nelson en una posición difícil. Él sólo estaba cumpliendo con su trabajo. Pero después de haber hablando con Valerie el día anterior, estaba convencida de que debía buscar a Mateo y disculparse. No quería prolongarlo por más tiempo, así que ese era el día en que debía hablar con él y lo haría buscándolo en su trabajo.
—Por favor Nelson —continuó, sacando una de sus mejores sonrisas para que Nelson la viera por el espejo. —Te quiero —expresó con voz tierna.
Nelson actuó con indiferencia. —¿En dónde está esa tienda de películas?— tardó él en decir.
Katherine sonrió triunfante. —Está a cinco calles de aquí. Se llama M&G. —Se hundió en el asiento de nuevo.
Nelson continuó concentrado en la carretera. Pocos minutos después, disminuyó la marcha al aproximarse a la tienda que le había indicado Katherine. Detuvo el automóvil al frente.
—De acuerdo Katherine. Pero que no sean más de quince minutos —pidió él.
Ella brincó de emoción encima de asiento y luego lo besó en la mejilla. —Gracias, gracias.
—¿Te pones así de emocionada por comprar una película? Me estás haciendo sospechar que es por otra cosa a la que vas a esa tienda.
—Claro que no.
Descendió rápidamente del auto y caminó algunos metros. Al llegar a la puerta de la tienda desaceleró sus pasos y comenzó a sentir un nudo de miedo en el estómago.
¿Y si mis palabras no son suficientes? Tal vez no me perdone, pensó.
Sacudió la cabeza para apartar ese pensamiento de su mente.
Cuando por fin entró, intentó calmarse, respiró hondo y esbozó una sonrisa.
Alcanzó a ver a Mateo detrás del mostrador. Él llevaba una camisa color plomo con líneas azul celeste al borde de la manga. Era su uniforme de trabajo. En ese momento se encontraba hablando de forma amena con otro joven que iba vestido al igual que él.
Katherine se abrió paso hacia la tienda. Sin saber qué hacer, se decidió por tomar dos películas al azar de los anaqueles y se dirigió al mostrador con pasos lentos.
Cada paso que daba hacía que sus nervios aumentaran. Las piernas le estaban comenzando a fallar y un escozor caliente se formó en su estómago. Sintió que su mente se estaba poniendo en blanco.
—Me llevo estas dos —anunció ella, al tiempo que colocaba las películas en el mostrador.
Mateo levantó la mirada sin advertir que se trataba de ella. Se inmovilizó por un instante. La miró inexpresivo.
Después de unos segundos reaccionó.
—¿Te llevarás éstas? —preguntó él, haciendo un ademán a las películas— ¿Por lo menos le echaste un vistazo a los títulos? —preguntó con sequedad.
Katherine apretó los labios.
Los ojos de él reflejaban enojo y los de ella se veían aterrados.
—La verdad… vine para hablar contigo. Las películas solo fueron una excusa para acercarme al mostrador —confesó, con una pizca de temblor en su voz.
—No puedo hablar. Estoy trabajando —dijo él, cortante.
—No te quitaré mucho tiempo —trató de persuadirlo.
—No creo que tengamos algo de qué hablar —dijo, sin mirarla a la cara, mientras introducía las películas en una bolsa de plástico.
—Yo creo que sí.
Mateo colocó la bolsa sobre el mostrador. —¿Pagarás en efectivo o con tarjeta? —preguntó con frialdad.
Al no escuchar respuesta de ella, Mateo la ignoró y comenzó a ordenar algunas cosas en el mostrador. Katherine se sentía humillada y quería salir corriendo de allí. No debí haberle hecho caso a Valerie, pensó.
Mateo pasó más de dos minutos simulando estar ocupado y en ese tiempo no volteó mirarla.
—Mateo —lo llamó ella, con tono suplicante.
Él levantó la mirada en dirección a ella, su expresión seria seguía allí en su rostro. —Tienes que irte Katherine.
—No sin antes hablar contigo.
—¿Qué parte de estoy trabajando no entiendes?
—Sé que estás enojado conmigo, pero no tienes por qué ser grosero.
Mateo apretó los labios; destellos de culpa surgieron de sus ojos. Dio un paso atrás y luego se giró dándole la espalda. Se acercó a su compañero de trabajo, con el que hacía un momento estaba hablando. Ella pudo ver que le decía algo, pero no alcanzó a escuchar qué.
Se volvió hacia ella, con el ceño fruncido.
—Podemos hablar afuera. Pero solo por algunos minutos. Le pedí a un compañero que me cubriera por un momento —dijo con aspereza.
Katherine pensó: ¿Afuera? Nelson está al frente de la tienda y se dará cuenta de las verdaderas razones por las que vine.
Mateo se encaminó hacia la salida, pero Katherine permaneció inmóvil. Se mordió el labio inferior preocupada.
Mateo ya había accedido hablar con ella. No podía ponerse exigente. Al fin y al cabo era ella la que lo había ido a buscar a su trabajo.

#10

“Asume la responsabilidad de tus acciones, nadie más que tu tiene culpa de sus consecuencias”

Cuando ella casi obligó a sus pies a caminar hacia la salida, ninguno de los dos pareció ser capaz de moverse ni de hablar. La atención de Katherine se centró, por un momento, en mirar por el rabillo del ojo el auto en donde se encontraba Nelson. Estaba acabada.
—¿De qué quieres hablar? —comenzó Mateo, goteando frialdad en su voz.
Katherine parpadeó un par de veces y trató de mantener su atención en Mateo. Estaba allí por él ¿no? Después le contaría a Nelson lo que sucedía y tal vez le rogaría para que no se lo fuera a decir a su madre. Al fin y al cabo, Nelson le debía lealtad a Amanda más que a ella, aunque no siempre fuera así.
—Ah... eh…quería decirte que... lo siento —dijo, casi sin poder hablar. Mateo sólo se limitó a mirarla con una expresión endurecida. Ella prosiguió:—Siento mucho haberte hablado de esa manera. Sé que trabajas muy duro porque te ha tocado vivir una vida diferente a la mía. Soné como una prejuiciosa y no soy así, en verdad. Por favor, perdóname.
Mateo se mantuvo en silencio por un momento largo. Bajó la mirada hacia el pavimento, segundo después la levantó lentamente atrapando sus ojos.—No tengo nada que perdonarte. Perdóname tú a mí, por haber interferido en tu perfecta vida, en tus perfectos planes y hacerte pasar por esto. Mi intención no es poner tu mundo de cabeza. Lo mejor para ambos es seguir adelante con nuestras vidas, sin mirar atrás. Tú por tú lado y yo por el mío. Hacer como si no nos hubiésemos conocido —declaró él, con el ceño fruncido y con algo de tristeza en su voz.
—No digas eso. Mi vida no es perfecta. Creo que nunca lo será. Sé que mi vida está envuelta en muchos planes, pero quiero que tú también formes parte de ella.
—¿Para hacerte retroceder y que termines reprochándomelo? —preguntó dolido.
Katherine dejó escapar un suspiro triste. —Sé que no puedo borrar lo que te dije y pretender que serás el mismo después de eso. Estoy aquí porque en verdad me importas, me importas mucho. Perdóname. Dame otra oportunidad para arreglarlo —su voz sonaba casi como un ruego.
—¿Cambiaste de opinión tan rápido?¿Por qué haces esto? ¿Porque te sientes culpable? —cuestionó—. Me decepcionaste Katherine, porque eres como esas personas que dicen amar el viento, pero cierran la ventana cuando el viento sopla. ¿Es real lo que dices? ¿Lo sientes? Porque… he estado pensando y creo que… en verdad no querías ni siquiera ser mi amiga. Pareciera como si yo hubiese sido tu distracción en medio de la rutina, alguien a quien querías para que te escuchara, pero nada más.
—¿Crees que soy una hipócrita?
—No lo sé. ¿Lo eres?
—Cuando te dije aquello era porque estaba muerta de miedo y a la vez enojada. Me sorprendiste con tu declaración y de mi boca salieron todas esas estupideces —señalo ella, mientras pasaba las manos por su cabeza, colocándose el cabello detrás de las orejas.
—Que al parece revelaron tus pensamientos —agregó Mateo.
Katherine lo miró, sus ojos reflejaban culpa.—¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que diga? ¿Cómo hago para remediarlo? —preguntó ella tratando de contener las lágrimas.
—No tienes que hacer ni decir nada. Deja de perder tu tiempo conmigo. Puedes irte por donde viniste.
—¿En verdad no quieres arreglar esto? ¿No merezco otra oportunidad?
—Todos merecemos otra oportunidad. Pero… no sé si quiera tener algo que ver con alguien que piense de esa manera.
—Todos cometemos errores ¿no? —refutó—. Me equivoqué y lo siento. Lo siento mucho.
—Déjalo así Katherine. Tengo que regresar al trabajo —dijo después de permanecer unos segundos en silencio.
Mateo se dio la vuelta para regresar a la tienda. Katherine tiró suavemente de su brazo. Mateo se volvió.
—No te puedes ir dejándome así. ¿Crees que se me hizo fácil venir para acá? ¿No puedes dejar tu orgullo de lado?
Mateo hizo una fingida mueca de indiferencia, pero al darse de nuevo la vuelta la expresión de su rostro se llenó de compasión.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas.—Mateo. Quédate... por favor —dijo ella con un hilo de voz.
Mateo se detuvo en seco. Se mantuvo casi inmóvil por un momento. Por alguna razón sabía que Katherine estaba llorando. Tal vez fue su voz que reveló un indicio. Se volvió hacia ella con lentitud y miró su rostro lloroso. Su expresión endurecida se suavizó con una sonrisa comprensiva. Acortó la distancia que los separaba, ella se apoyó contra su pecho y la estrechó entre sus brazos.

#11

“Sé humilde para admitir tus errores, inteligente para aprender de ellos y maduro para corregirlos”

Lloró sobre su pecho por un largo rato, hasta que retrocedió y lo miró con los ojos húmedos. Mateo secó sus lágrimas con ternura.
—En verdad me importas. Perdóname por haberte herido. No soporto tu indiferencia —dijo ella con voz entrecortada. Las lágrimas no cesaron, seguían corriendo por sus mejillas.
—No llores más, por favor —dijo Mateo con dulzura, mientras tomaba el rostro de Katherine con sus manos—. No debí tratarte de esa manera. Lo siento tanto.
Katherine esbozó una sonrisa, le rodeó el cuello con sus brazos y él la rodeó por la cintura; dejando que todo el enojo que los mantuvo distanciados hace unos minutos se disolviera. Ambos desearon que ese abrazo nunca hubiese acabado.
Se separaron nuevamente. La intensa mirada de él se fijó en ella.
—¿Estás bien? —inquirió Mateo. Ella asintió.
—¿Me perdonas? —dijo ella con ternura.
Una sonrisa compresiva se dibujó en los labios de Mateo. —Por supuesto que sí.
Katherine mordió su labio inferior con timidez. Miró a Mateo a los ojos como si estuviera esperando que él dijera algo.
Mateo la miró curioso. —¿Por qué me miras así? —preguntó sonriente.
Katherine bajó la mirada, sintiéndose cohibida—. ¿No tienes algo que preguntarme?
Mateo puso un dedo bajo su barbilla para obligarla a alzar la cabeza y mirarlo de nuevo a los ojos. —¿Algo como qué?—La miró divertido.
Katherine no pudo esconder una enorme sonrisa que se había dibujado en su labios —Olvídalo.
—Dime. ¿Qué es lo que se supone que debo preguntarte? —El dedo de Mateo continuaba debajo de su barbilla.
—Nada —dijo, restándole importancia.
Mateo apartó la mano de su cara y se cruzó de brazos. Hizo una mueca pensativa, luego sacudió la cabeza. —Ah, ¿Hablas de toda esa tontería de que estoy loco por ti y que deseo que seas mi novia? —dijo él, haciendo una mueca como si fuera la cosa más ridícula.
Katherine soltó una risita. —¿Así que es una tontería?
—Uno suele decir muchas tonterías cuando está nervioso —bufó—. Aunque esta vez todo lo que dije fue una total y absoluta verdad.
Katherine apretó los labios nerviosa al ver que Mateo se aproximó a ella. Buscó su mirada y estaba a pocos centímetros de su rostro. Él susurró:—¿Quieres ser mi novia?
Katherine hizo una expresión como si se lo estuviera pensando. —Mmm…
—Por favor, no te atrevas a rechazarme de nuevo —advirtió Mateo, mientras le sonreía.
Katherine parecía disfrutar verlo esperar por una respuesta. —Sí. Si quiero —dijo al fin.
Una sonrisa enorme se expandió por el rostro de Mateo. Se le veía emocionado, como si no fuera real lo que había escuchado. Acortó la distancia que lo separaba de rostro de Katherine y la besó con ternura en la mejilla; luego la abrazó con fuerza.
Momento después se separó de ella. —¿Qué pasará con tú mamá? ¿Se lo dirás?
—Por ahora no lo creo. Ella es muy cerrada.
Mateo arqueó las cejas—¿Se lo ocultarás?
—No quiero hacerlo, pero si se lo digo me obligará a que te deje. No es la primera vez que le oculto algo—dijo ella, pasándose las manos por el cabello.
—No, no, no —replicó Mateo—. ¿Estás escuchando lo que dices? ¿Crees que está bien ocultarle cosas a tu madre?
—Ella no te conoce y aún así no quiere ni siquiera que me acerque a ti como amigo.
—¿Le hablaste de mí?
—Si. Le dije que tenía un amigo. Se molestó porque estaba escapándome después de clases para verte.
—Con justa razón se iba a molestar. No me conoce.
—No la justifiques. Mi mamá se molesta por todo. A veces pienso que me odia.
Mateo sacudió la cabeza con incredulidad.—Tu madre no te puede odiar. Quizá solo quiere protegerte.
—Entonces ya estoy cansada de que lo haga de la manera en como lo hace —dijo ella frunciendo el ceño.
Mateo la tomó de las manos y continuó mirándola con esos hermosos ojos que la hacían sentir única.—No quiero estar contigo a escondidas, como si tuviera algo que ocultar.
—Déjame buscar una solución ¿sí? Solamente necesito tiempo —dijo ella.
—De acuerdo —respondió con dulzura después de una corta pausa.
—Gracias.
—¿Te puedo decir un secreto? —preguntó en tono conspirador.
—Si —quiso saber ella.
—Aún con los ojitos empapados te ves como la más dulce y hermosa chica que he visto —ella se sonrojó y él añadió:—Pero nunca más quiero que llores por mí causa.
—Lo sé — dijo ella, con su mirada fija en la de él.

#12

“Disculpas aceptadas, confianza denegada”

De camino a casa, Katherine prefirió no hablar de nada con Nelson. Luego de mirarla con decepción al subir al auto, ella no se sintió capaz ni de pronunciar una disculpa. Pensó que una simple disculpa de su parte no cambiaría el hecho de que le había mentido y de que además le podría ocasionar un problema en casa con su madre.
Una vez que llegó a casa Nelson no volteó a mirarla. Katherine decidió continuar un momento más en el auto.
—¿Me odias mucho? —preguntó ella con tristeza.
—No. Pero si me has decepcionado. —Ahora la miraba a través de espejo retrovisor—. Te di mi confianza y me mentiste —dijo sin sonar molesto.
—Lo siento —expresó afligida.
—Puedes decirme mil veces lo siento y puedo disculparte todas esas veces, pero no esperes que siga confiando en ti.
Katherine hizo una mueca triste, luego descendió del auto y se enfiló hacia la casa.
Nelson bajó del auto segundo después. Dejó la puerta abierta y colocó un brazo en el techo. Cuando Katherine iba en la entrada del pórtico él dijo a su espalda:
—Si sabes que tendré que informárselo a tu madre ¿cierto? —Katherine se detuvo en la escalera—. Ella me preguntará la razón por la que estamos llegando a esta hora y yo estoy obligado a decírselo.
Katherine había pasado más de media hora hablando con Mateo, y sumado al congestionado tráfico que había, tardaron en llegar a casa un poco más de una hora.
Katherine se volvió hacia él.—De acuerdo. Haz lo que tengas que hacer —dijo ella, haciendo una mueca de desesperanza.
Ella continuó con la marcha y se detuvo nuevamente pocos segundos después. Se volvió hacia Nelson.
—Perdona. En verdad no quería causarte ningún problema —se disculpó ella.
Nelson no dijo nada más. Subió al auto nuevamente y aceleró para aparcarlo.
Katherine finalmente entró a la casa. Se estaba preparando para escuchar los reproches y sermones con los que llegaría su madre a la habitación, una vez que Nelson le contara todo lo que sabía.
La espera fue larga. Katherine pensó que tal vez Nelson se había puesto creativo y había agregado pedazos a la historia, ya que no tenía mucho conocimiento al respecto; O que posiblemente su madre no había creído ni una palabra de lo que él le hubiese contado, porque confiaba mucho en ella y no la hubiese creído capaz de algo así. ¡Si claro! Esa no era ni siquiera una posibilidad. Una última opción que se le vino a la mente era que Nelson se había apiadado de ella y había decidido no contar nada.
Sea lo que sea que estuviese pasando, ella deseaba que todo hubiese acabado pronto.
Nada. Absolutamente nada sucedió. La incertidumbre fue su compañera esa tarde y parte de la noche, cuando por fin logró conciliar el sueño.
Al siguiente día, en la mañana, su mamá estaba actuando aparentemente normal mientras desayunaban.
Katherine tenía los ojos fijos en Amanda, quien estaba sentada frente a ella untándole mantequilla a su tostada. Observaba a su madre como si la estuviera estudiando.
“No parece molesta. Pero tampoco se ve feliz. ¿Por qué no me ha sermoneado? ¿Estará disimulando? Mi mamá no es buena para eso. Ella no debe saber nada. Y no sabe nada porque Nelson no me delató.”, analizaba Katherine.
—¡Katherine! ¿Me estás escuchando? —Katherine dio un respingo. Estaba absorta en sus pensamientos.
—¿Cómo dices? —preguntó.
—Te pregunto si vas conmigo al club hoy.
—Eh… no. Terminaré mi tarea —. Ella tenía tarea que terminar, pero no era precisamente esa la razón por la que no iba con su mamá. Amanda siempre se reunía con sus “amigas” los sábados en el club y solo se ponían a chismear, y como ahora Katherine tenía prohibido hablar con Valerie, sabía que si iba al club se aburriría horrores con esas mujeres.
Katherine le dio un último bocado a su cereal, luego tomó el tazón y lo colocó en el fregadero. Salió del comedor con prisa hacia la entrada de la casa.
—Katherine, no dejes ese tazón así. Tienes que lavarlo —gritó su mamá a su espalda.
—Ya lo hago. —Hizo un gesto con la mano sin voltear a verla.
Cuando llegó a la entrada, vio que Nelson estaba limpiando el capó del auto con un pañuelo. Corrió en dirección a él. Nelson estaba por el lado de la puerta del chofer y ella se detuvo por el lado del copiloto. Apoyó los codos sobre el capó.
—¿Te había dicho que te quiero? —dijo.
Nelson apoyó los codos en el capó al igual que ella y la miró con ojos estrechos. —Si…me los has dicho.
—Entonces te lo vengo a recordar. ¡Te quiero! —Katherine corrió por delante del auto y se abalanzó sobre él para abrazarlo.
—¿Y esta vez por qué?—quiso saber Nelson
Katherine se separó de él y lo miró a la cara.
—Por no haberme delatado. Gracias. —Ella lo volvió a abrazar.
—¿Por qué tanta felicidad si se puede saber? —interrumpió Amanda, quien estaba de pie en la entrada del pórtico.
Katherine se apartó de Nelson. —¿Ves? No soporta verme feliz —murmuró. Él rió.
—¿Puedes entrar, lavar el tazón y quitarte esa pijama? —ordenó Amanda.
—Si mamá —rezongó—. Gracias otra vez. Te debo una —le susurró a Nelson.
—Me debes miles —susurró él. Ella le sonrió.
Katherine corrió al interior de la casa, pasando al lado de su madre con una sonrisa enorme.
Amanda miró hacia donde Katherine pasó, luego observó a Nelson con suspicacia. —¿Por qué está tan feliz? —le preguntó.
Nelson se encogió de hombros. —Amaneció de buen humor, supongo —respondió.
Amanda lo miró escéptico. —Tú sabes más de lo que me dices.
Nelson levantó las manos haciendo un gesto inocente.
Katherine llegó a su habitación. Su teléfono móvil sonó. Acababa de recibir un mensaje. Era de Mateo.
Colapsó sobre la mullida cama. Rodó sobre su estómago, apoyándose de los codos y comenzó al leer el mensaje.
Mateo
¿Será posible que esa hermosa dama que lee este mensaje, me conceda una cita para este próximo sábado? PD: Me rehúso a aceptar un NO como respuesta.
Katherine
Supongo que tendré que decir que sí.
Mateo
\o/ \o/ \o/ ¡Genial! ¿Te parece a las 3 de la tarde en el Dolce café?
Katherine
Si. Allí te veré.

Rodó sobre su espalda, miró hacia el techo con una enorme sonrisa que se había dibujado en su rostro.