NSanchez
Rango7 Nivel 30 (1415 ptos) | Autor novel

SINOPSIS
Ari, una chica de diecisiete años llega a la ciudad dispuesta a pasar los dos meses de verano realizando un curso preuniversitario sobre “El sueño”.
En esa academia conoce a dos chicos totalmente opuestos: David, amable y tranquilo y Neo, descarado y misterioso. Pronto se dan cuenta de que este curso va a cambiar sus vidas y que el destino de los tres está más unido de lo que nunca hubieran pensado.
¿Por qué sus sueños están conectados? ¿Qué ocurriría si estos fueran una puerta a otras vidas ? ¿Y si en alguna de esas vidas, necesitaran su ayuda? Futuros distópicos, amor, riesgo y mucho más, convertirán lo que parecía un tranquilo verano en una arriesgada aventura en la que se descubrirán a sí mismos y conocerán la importancia de cada decisión que tomen.
OBRA REGISTRADA EN SAFE CREATIVE.

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Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 4 años

Me parece hasta simpática la autopromoción dentro de la misma historia. La última frasecita, bueno..., dadas las circunstancias, hace la función de mosca en los ojos del lector.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

@Flaneta disculpa, pero me gustaría que me aclararas exactamente a qué te refieres con lo de "autopromoción".

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

¿Alguien me puede decir si opina como @Flaneta y cree que estoy haciendo autopromoción en la sinopsis de la obra? Es la primera vez que me encuentro con este problema por poner que la obra está registrada. En las otras plataformas en las que publico es habitual hacerlo para que quien tiene costumbre de copiar ideas de otros sepa a lo que se atiene. Gracias.

RichardKelevraSaez
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 4 años

Al menos esta pagina se encargan de revisar las historias y ver que no hayan plagios o inspiraciones demasiados notorias.Hasta ahora creo que sos el unico que he visto que agrega el Obra registrada @NSanchez

RichardKelevraSaez
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 4 años

Con respecto a la autopromocion que menciona es mas la forma de escribir que tenes.Al menos en mi opinión era innecesaria y tranquilamente podrías introducir a los personajes de otra manera.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

Gracias por dar tu opinión @RichardKelevraSaez. Sigo sin entender que eso se considere autopromoción. Vi que otros comenzaban con la sinopsis y me pareció lo adecuado ya que no hay un espacio como tal para ponerla y es la única forma de hacerse una idea general de la historia. Soy una recién llegada a esta plataforma y vengo con las costumbres de otras. En cuanto al plagio, el problema no es que la copien aquí. Puedes encontrar en otra página una copia descarada de tu obra. Ya lo he visto, por suerte no con una mía, pero al final por costumbre colocas esa frase al final de la sinopsis. ¡Un saludo!

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

Gracias @RichardKelevraSaez. Espero que sigas leyendo pues es una historia que va evolucionando, con muchos giros. En otras plstaformas está gustando. Por supuesto que me pasaré por tu perfil. ¡Nos leemos!

Zaciel
Rango8 Nivel 38
hace alrededor de 4 años

probablemente se refiera a lo de Safe Creative.
por mi poarte solo quiero comentar que encuentro un poco extraño que teniendo un "David" que es un nombre bastante común, haya nombres como Neo y Ari, exista da una pequeña sensación de conflicto con el mundo planteado si se habla de un universo que aparenta ser tan cotidiano como puede ser uno que tenga preuniversitarios. a menos claro que sean de otras culturas reales o ficticias, cosa que solo podre saber mas adelante, pero por lo pronto queria hacer esa observación.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

Hola @Zaciel, gracias por dejar tu comentario. No quiero desvelar nada de la trama, solo te aclararé que la historia comienza en nuestro tiempo y nuestra realidad, por eso los nombres son comunes. En el caso de Neo se trata de un apodo. Espero que sigas leyendo y estaré encantada de leer tu opinión. Un saludo

Meggara
Rango8 Nivel 39
hace casi 4 años

Me encanta cómo lo has expresado, lo resumes muy bien... ¡Espero seguir leyendo más!

morocha_67
Rango6 Nivel 29
hace casi 4 años

A mi me gustó y la portada es linda. Tienes mi like. si gustas puedes pasar por mi efímera luna roja. Bendiciones.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@Meggara mil gracias!! Espero que sigas leyendo. Te aseguro que es una historia diferente, mezcla de géneros que va ganando según avanza la trama. Un saludo!!

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@morocha_67 me alegro de que te guste y la portada... es una pena que aquí no se pueda ver entera... es aún mejor!! Gracias por el like y por supuesto me pasaré por tu historia. Muchas gracias y un saludo!!

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@YerimayAngel gracias por pasarte por mi historia. Espero que te animes a seguir leyendo. Me pasaré por tu perfil, claro. Un saludo!!

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Te doy mi voto merecido, espero que la mía te guste. Saludos. Te espero.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS mil gracias. me alegro de que te guste. Me paso por la tuya!! Un saludo.

tejo
Rango4 Nivel 15
hace casi 4 años

me encanto tu historia. si quieres puedes pasarte por mi perfil, espero que te guste la mia. saludos!

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@tejo ¡mil gracias! Me paso por tu perfil. ¡Un saludo!

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Excelente,he llegado a una historia plena de interés literario. Un saludo,
¿HAS LEÍDO MI NUEVO RELATO LA VELA ENCENDIDA?

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 ¡Gracias! De momento, he leído "Desde mi tumba" y "Los zapatos" y me han gustado mucho. Me pasaré por tu nuevo relato. Un saludo.

le3
Rango4 Nivel 18
hace casi 4 años

A ti te va el shojo eh? Me voy a poner a leer ya que me gustaría saber si has conseguido transmitir o mejor dicho detallar la idea en un ralato

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@le3 Me has pillado. ¡Me encanta el shojo! Jajaja Me alegro de que le des una oportunidad a mi historia. La trama va evolucionando y poco tiene que ver con lo que pueda parecer en un principio... espero que te guste. Un saludo

MaxLeiend
Rango9 Nivel 43
hace más de 3 años

Una buena sinopsis para la obra.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

@MaxLeiend gracias. La verdad es que es difícil resumir sin explicar más de la cuenta y lo que lees es solo la punta del iceberg de una historia que va más allá.

MaxLeiend
Rango9 Nivel 43
hace más de 3 años

@NSanchez Lo sé, escribir una sinopsis es un verdadero arte, seguiré introduciéndome en la historia :)

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

@MaxLeiend estaré encantada de conocer tu opinión. ¿Me recomiendas algo de lo que escribes?

MaxLeiend
Rango9 Nivel 43
hace más de 3 años

@NSanchez Y yo encantado de leer buenas historias, si tuviera que recomendarte algo de lo que he escrito por aquí te recomiendo "Los libros no le dieron la felicidad" y "Epilepsia poética". Es de lo que mas me gusta y quiero ampliar sus partes, gracias por interesarte, un placer compartir entre devoradores de letras :)


#2

SENSACIONES

Reconozco esa sensación…
Parece un sueño. Sí, es un sueño, pero mientras estás inmersa en él, es tu realidad, tu única realidad… es difícil explicarlo pero sé que muchas personas entenderán de qué estoy hablando.
No recuerdas en qué momento te has quedado dormida, ni cómo has llegado al punto en el que te encuentras en ese momento y aunque parece tan real como el día que acabas de vivir porque todo se parece a la vida que ya conoces, sabes que algo no encaja. Continuamente ves a tu alrededor variaciones, pequeñas modificaciones que te hacen pensar que estás soñando.
Las sensaciones son tan intensas… te despiertas llorando o con un enorme sentimiento de euforia y durante unos segundos, incluso unos minutos estás convencida de que ha ocurrido de verdad. En esos momentos confundes tu realidad con tu sueño. Porque era un sueño ¿no?

Hace alrededor de 4 años

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#3

1. DIMENSIONES

Me despierto. Bostezo… ¿por qué nuestro cuerpo hace este tipo de cosas involuntarias? Está visto que incluso ha sido un bostezo sonoro porque cuando comienzo a cerrar la boca me encuentro con el gesto de reproche de la señora que tengo sentada en frente y aunque le sonrío tímidamente para ganar puntos con ella, sé que ya me ha tachado de maleducada para toda la vida. Cuando le pregunten qué tal el día, ella hará alusión a la antipática muchacha que ha conocido hoy y seguramente empleará su preciado tiempo en hacer un larguísimo discurso hablando de esta juventud de hoy en día que no tiene ni la más mínima educación. Ya estoy divagando… ¿qué más da? No la voy a ver nunca más. Ha sido una casualidad coincidir con ella, podría haberse tratado de otra persona, o más fácil aún, no haberme despertado bostezando…
Salgo de mis pensamientos apartando la vista de mi querida acompañante de cubículo y al mirar por la ventana recuerdo que estoy en el tren. Hay que ver lo desubicada que te encuentras cuando te despiertas en un lugar extraño, y yo ahora mismo estoy en un tren…
Voy a la ciudad, a hacer un curso preuniversitario que muy pocos privilegiados tienen oportunidad de hacer. Los dos meses de verano en un lugar que apenas conozco, lejos de mis padres, compartiendo clase con un montón de desconocidos…
No estoy muy convencida pues tengo por costumbre sentirme fuera de lugar, pero el curso lo imparte una eminencia de la neurociencia, el doctor Victor Walsh y sólo por eso ya tiene que merecer la pena. Sería una tonta si dejara pasar una oportunidad así.
Saco el folleto que llevo en el bolsillo y lo observo, intentando convencerme de que esto va en serio : “El sueño: estudio y demostración”. Dicho así parece poca cosa, pero el sueño influye en nuestra existencia más de lo que nos imaginamos y en este curso, lo estudiaremos desde todas las perspectivas: filosófica, médica, psicológica...
Siempre tuve claro que quería estudiar filosofía. Mientras a otros les resultaba tremendamente aburrido estudiar a los filósofos yo los leía en mi tiempo libre, disfrutando de cada página de esos libros, meditando sobre las fascinantes ideas que esas mentes privilegiadas intentaban mostrar. Lo que más adoraba de la filosofía era que te enseñaba a pensar y a desarrollar tus propias ideas. A ser visionario. Aunque a día de hoy eso signifique ser diferente, bicho raro, friki…
Por eso se supone que ahora debería encontrarme cómoda, porque por fin no me tengo que esconder, y puedo participar en algo que realmente me apasiona.
Veo por la ventanilla que el tren está entrando en una gran estación así que me apresuro a recoger mi escueto equipaje y salir del compartimento la primera, deseando poder bajar por fin y estirar las piernas. ¿Y ahora qué? Recuerdo que me comentaron que me recogerían en la misma estación para llevarme a la academia, así que me dirijo hacia la salida buscando a la persona con el “cartelito” adecuado pero dada mi buena suerte no consigo encontrarlo y para más desgracia me pierdo y vuelvo a aparecer en el andén del tren. “Esto es desesperante. Ni siquiera sabes salir de la estación“. Emprendo de nuevo el camino hacia la salida y al llegar a la puerta principal veo subir a un autobús un hombre con un cartel en el que a duras penas consigo leer “Academia Foucault“. Echo a correr como si me persiguiera el mismísimo diablo pero ya sé que no voy a llegar a tiempo porque las puertas se están cerrando y el autobús se ha puesto en marcha. Llego al borde de la acera a la vez que otro chico, que totalmente enfurecido suelta su maleta y comienza a farfullar mientras intenta recuperar el aliento.
—¡Maldita sea! Podía habernos esperado, ¿no crees? Además estoy convencido de que el conductor nos ha visto y aun así no ha querido esperar. ¿Qué pasa, que llegábamos un minuto tarde? Tampoco es una academia militar, no creo que les costara tanto…
Ya no le estoy escuchando. Veo cómo mueve los labios, aunque ya no estoy prestando atención a sus palabras. Me he quedado sin aliento pero no es por la carrera, sino por él. Es alto, bastante más que yo y tiene un bonito cabello castaño claro, casi rubio, que lleva despeinado, no se si a propósito o por las prisas… y unos maravillosos ojos verdes. Me doy cuenta de que ha dejado de hablar y de que yo debo tener cara de una completa idiota, mirándole embobada. Por su expresión creo que me ha preguntado algo.
—Perdona, ¿qué decías?
—Decía que por tu carrera he supuesto que querías coger el mismo autobús que yo, que por lo tanto tu también vas a participar en el curso del doctor Walsh y que igual estabas interesada en compartir taxi para llegar a la academia. Por cierto, me llamo David.
Me tiende la mano a la vez que esboza una fantástica sonrisa y me doy cuenta de que vuelvo a poner la misma cara de boba que hace un momento. “Si sigo poniendo esta cara cada vez que hable va a pensar que soy tonta. Bueno pero entonces no me habrían invitado a un curso tan exclusivo como este. Así que tiene que pensar que como mínimo soy más inteligente que la media… Ya estoy hablando conmigo misma otra vez.¡Eh! Reacciona, está esperando una respuesta”.
—Ari, me llamo Ari. Es una buena idea lo del taxi, siempre que seamos capaces de encontrar uno libre…
Antes de que haya terminado la frase le veo silbar a la vez que levanta el brazo y en menos de un segundo tenemos un taxi al borde de la acera. Que envidia, siempre he querido hacer algo así… pero ni siquiera sé silbar.
El trayecto hasta la academia resulta de lo más interesante. David no deja de hablar, parece entusiasmado con este curso y me sorprende, porque es demasiado guapo para que pueda estar interesado en algo así. Me dedico a escuchar la mayor parte del viaje mientras me cuenta que es la primera vez que está sólo en una ciudad tan grande cosa que ya tenemos en común. Me habla de su familia, de sus tres hermanos y de su perro Nerón un mastín de proporciones descomunales del que no se había separado nunca. Es sorprendente ver con qué cariño habla de todos, da la impresión de que son muy importantes en su vida. Una familia muy unida.
—Vaya parece que estamos llegando -me dice mientras señala con el dedo hacia la ventanilla.

Hace alrededor de 4 años

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BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Escribes bien, en esta ultima caja tampoco esta nada mal. Tienes ese buen talento. Espero que te guste mi historia sobre Annie Bell en la caja uno y dos ya publicado. Saludos. Me superas en la escritura, eso es bueno. Se nota tu experiencia.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Muchas gracias, te aseguro que la historia va ganando según pasan los capítulos. Espero que sigas leyendo, yo seguiré con tu historia, por supuesto. En la escritura tengo aún mucho que mejorar, con la práctica y el tiempo, espero conseguirlo. Un saludo.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Yo también estoy igual que tú, adquiriendo experiencia. Voy a entrarle a Amazon con la auto publicación solo con novelas cortas.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Yo también tengo en mente Amazon. Una vez tenga pulidos mis textos, probaré suerte allí.


#4

Cruzamos una verja de hierro adornada con el típico cartel que anuncia “ACADEMIA FOUCAULT” y el taxi reduce velocidad mientras se adentra en una zona boscosa. La estrecha carretera discurre flanqueada por gigantescos árboles que no dejan traspasar la luz del sol y al final del camino se alza el imponente edificio de piedra de la antigua institución. Vemos que el autobús se encuentra a la entrada y la mayoría de sus pasajeros están aún recogiendo sus maletas. Parece que no nos han sacado mucha ventaja. Bajamos del taxi rápidamente y veo que David paga al conductor antes de que me de tiempo a reaccionar. Mientras nos acercamos al resto del grupo con nuestras pertenencias le recuerdo lo del taxi.
—Dime cuanto te debo por el viaje y te lo pago ahora mismo.
Me mira con cara de extrañeza y acto seguido esboza una sonrisa que yo ya he catalogado de encantadora.
—No hace falta, ha sido más que suficiente que hayas escuchado todo lo que te he contado. Después del largo viaje en tren necesitaba alguien con quien hablar. De todas formas si te sientes en deuda conmigo puedes invitarme a un café y te prometo que incluso te dejaré hablar.
—Si, claro, por supuesto, un café estará bien. —No puedo evitar pensar en lo extraño que me resulta que alguien como él pueda querer seguir manteniendo contacto conmigo, pero supongo que será porque al igual que yo, no conoce a nadie más. Seguro que en cuanto pasen unos días ya tendrá otros amigos y se olvidará totalmente de mí.
Miro alrededor fijándome en el resto de compañeros y la verdad es que la mayoría tiene una pinta un poco friki, vamos que parecen programadores informáticos que hace mucho que no ven la luz del sol y eso me hace pensar si no tendré yo esa misma pinta o me parezco más a David y no encajamos en este ambiente.
Aparece un hombre de mediana edad con unas hojas en la mano y da varias palmadas para llamar nuestra atención.
—Buenos días, —Vaya, tiene una voz de lo más agradable— soy el profesor Martin y quiero daros a todos la bienvenida a esta institución. Durante las próximas semanas realizaremos un duro trabajo que esperamos sea muy satisfactorio para todos y por eso lo mejor será que empecemos cuanto antes con el programa. Os iré nombrando uno a uno y os facilitaré vuestro número de habitación. La residencia se encuentra atravesando esta puerta de aquí detrás. En la planta baja los salones, el comedor etcétera y en la plantas superiores las habitaciones. Una vez os facilite el número podéis ir a dejar vuestras cosas y a las doce debéis estar en el aula 214 para la presentación. Las aulas están en ese edificio que veis a la derecha. Bueno eso es todo de momento. Comencemos…
La retahíla de nombres hace que me despiste porque me doy cuenta de que sólo somos tres chicas entre más de cuarenta chicos. ¿Significa eso que nos estamos moviendo en un territorio mayoritariamente masculino? Me asquea esa idea y espero que realmente no sea así. Oigo como llaman a David y este se acerca a mi oído y me dice:
—Luego nos vemos, guardarme un sitio en el aula.
Y se va. Yo me quedo mirando cómo se aleja pensando en qué suerte o giro del destino lo ha puesto en mi camino…
No se si alguna vez he dicho que no debería pensar tanto. Resulto totalmente ridícula cuando me doy cuenta de que están repitiendo mi nombre varias veces y teniendo en cuenta que ya no queda ninguna chica más, sólo puede estar refiriéndose a mí. Los que quedan me miran esperando una reacción por mi parte y yo, totalmente embobada pensando en David. No tengo remedio.
Hago un leve gesto con la mano y mientras noto cómo mi cara arde de la vergüenza oigo alguna risita a mi alrededor.
—Habitación 111.
Recojo mis cosas e intento desaparecer lo antes posible de allí, porque como siempre parece que tengo que empezar dando la nota. Entro por la puerta que nos ha indicado el profesor Martín y no puedo menos que disfrutar de cada detalle del interior del edificio. Paredes empapeladas, grandes columnas de mármol, enormes ventanales, suelos de madera noble. “Es increíble. Como en las películas”. Cuál es mi sorpresa cuando subo a la segunda planta y después de recorrer la mitad del largo pasillo abro la puerta de mi habitación. “No me lo creo“. Salgo de nuevo y miro el pasillo: madera en el suelo, cuadros en las paredes, puertas clásicas… Vuelvo a entrar en la habitación y sigo pensando que algo no encaja. “Demasiado moderna, vacía, aséptica”. Paredes blancas y lisas sin ningún tipo de adorno. Una cama, mesilla y escritorio con silla es todo el mobiliario que encuentro en ella. Todo blanco. Un pequeño armario empotrado con un espejo en su interior. Y no hay baño. Supongo que habrá uno común en alguna parte de esta misma planta. “Ya lo buscaré”. Me acerco a la ventana, lo único de la habitación que mantiene su formato original además de la puerta. Veo el patio de entrada en el que nos encontrábamos hacía unos minutos, más allá hay un césped con mesas y bancos de piedra donde me imagino que los estudiantes comerán y estudiarán los días de buen tiempo. Por último está el bosque, grande y frondoso, tanto que ni siquiera puedo ver dónde acaba. “Seguro que es un buen sitio para esconderse si necesitas estar tranquilo”.
Miro el reloj y son ya las doce menos cuarto. Como no voy a poder deshacer la maleta la guardo dentro del armario junto a mi otra bolsa y antes de irme saco de ella a “Alfie” mi peluche favorito. Pienso que resulta un poco infantil, en realidad mi madre se empeñó en que lo llevara conmigo, pero ahora me alegro de tenerlo. Lo coloco sobre la cama como un acto de rebeldía contra esta habitación impersonal y fría. Miro el peluche desde la puerta. “Como estar en casa”. Bajo a la carrera la escalera y veo que no soy la única que me acerco al edificio en el que se encuentran las aulas, así que me resulta muy fácil encontrar la nuestra ya que somos los únicos en la academia —en este momento no se imparte ningún curso más— y todos nos dirigimos al mismo sitio.

Hace alrededor de 4 años

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Louis
Rango13 Nivel 64
hace más de 3 años

¿Qué opinas sobre la escena de mi relato, cuando el vecino graba en la plaza con su teléfono móvil a su familia?


#5

Odio llegar tarde y este es el caso. El aula ya está bastante llena y sólo quedan algunos sitios libres desperdigados aquí y allá. Recuerdo la última frase de David e intento encontrar dos asientos libres juntos. Estoy a punto de desesperarme cuando le veo a él en la zona de la izquierda, haciéndome gestos y señalándome con la mano la silla que se encuentra a su lado. Mientras me acerco me doy cuenta de que lleva ropa distinta, una camisa azul que le queda estupenda y unos vaqueros. “Seguro que incluso se ha duchado. Y aquí estoy yo con la misma ropa después de un largo viaje y sin haberme peinado siquiera. Debo resultar patética”. No puedo evitar tener este pensamiento y más al ver su maravillosa sonrisa. “Y yo perdiendo tiempo analizando la habitación. Nota mental: Tengo que empezar a preocuparme por mi imagen. Por lo menos mientras siga tratando con alguien con aspecto de modelo de anuncio”. Me siento a su lado intentando parecer lo más digna posible teniendo en cuenta las más que visibles diferencias entre ambos.
—Gracias por guardarme un sitio.
—Los he elegido cerca de la ventana con vistas al bosque por si el curso resulta tan aburrido que necesitamos distraernos.
“Y además tiene buenas ideas. Está claro que este chico es perfecto. No me quedaré tranquila hasta que le encuentre algún fallo que le haga parecer más humano”.
Dudo si preguntarle por su habitación, pero me armo de valor porque me imagino que serán todas iguales y no que me han dado a mí esa porque tengo pinta de esquizofrénica.
—Oye… tu habitación… no sé. —a ver cómo lo digo sin parecer una loca—. ¿No es un poco rara?
—¿Lo dices por esa mezcla entre celda y laboratorio?
—¡Exacto! —exclamo levantando la voz, la vuelvo a bajar cuando veo que varios compañeros se giran para mirarnos y añado— Ya sabía yo que me recordaba a algo… Si es que solo faltan los barrotes en las ventanas. ¿Por qué las habrán amueblado así? No tiene ningún sentido viendo el resto del edificio.
David se queda pensativo durante un momento.
—Quizás les resulta más cómodo dado el alto número de estudiantes que realizan cursos aquí a lo largo de un año…
—Sí, puede ser, pero me sigue pareciendo un poco raro. ¿Qué opinarán el resto?
Miro a nuestro alrededor y veo a varios compañeros hablando entre ellos pero la mayoría no se relaciona, simplemente están sentados en sus asientos entretenidos con su netbook, tablet, mp4, móvil y tecnología varia.
—Muchos de aquí son tan raros que yo creo que no les extraña nada.
Todavía nos estamos riendo de su comentario cuando se abre la puerta del aula y un gran silencio lo invade todo inmediatamente. Victor Walsh entra con paso seguro y se dirige a su atril con un montón de papeles bajo el brazo. Mi primer pensamiento es que las fotografías que aparecen en las revistas de divulgación científica donde publica sus estudios no le hacen justicia. Parece bastante más joven e irradia tal energía a su alrededor que inmediatamente sientes interés por cada uno de sus movimientos o palabras. Aun sabiendo que ya estamos preparados para prestar atención se toma su tiempo para ordenar sus papeles y mirarnos uno por uno a todos. Me da la sensación de que con ese primer vistazo ya sabe quienes somos cada uno de nosotros ya que habrá estudiado personalmente todos los expedientes. Seguimos esperando a que comience a hablar y cuando lo hace entiendo que el tono pausado y ese volumen perfectamente modulado son el resultado de muchos años de clases, conferencias y cursos.
—Buenos días a todos. Soy el profesor Victor Walsh, profesor de filosofía científica y neurociencia y durante las próximas semanas voy a impartir el curso “El sueño: estudio y demostración”. Este curso va a constar de dos partes: una de estudio y desarrollo y otra de investigación y demostración. Es decir la primera parte será el estudio filosófico y psicológico del sueño y la segunda, la demostración científica y médica de las ideas planteadas. Tendréis clase seis horas al día, cuatro por la mañana y dos por la tarde con diversos descansos y tiempo para comer.
Comer. En cuanto oigo la palabra mis tripas emiten un rugido de queja y casi estoy deseando que termine la presentación para poder comer algo. “Yo con el estómago vacío no funciono bien”.
—Os habréis preguntado el porqué de vuestras asépticas habitaciones. Eso forma parte del programa de experimentación. Todos los días por la mañana, vuestra primera tarea será escribir lo que habéis soñado con la mayor cantidad de datos y detalles que podáis recordar. Muchos no habréis hecho esto nunca pero según pasen los días y vayáis ejercitando vuestra memoria veréis que sois capaces de dar un mayor número de detalles. Esta tarea es obligatoria e indispensable para participar en el curso al igual que la asistencia a clase y el cumplimiento de las normas. Todos los días traeréis el escrito a la primera hora de clase y lo entregaréis en sobre cerrado para que tengáis la tranquilidad de saber que sólo yo evaluaré lo que hayáis escrito. Vuestras habitaciones han sido preparadas para que estén exentas de todo tipo de estímulo ya que eso facilitará vuestro descanso y por tanto la calidad del sueño. Intentad no saturar vuestro espacio llenándolo de objetos personales ya que resultará contraproducente.
Al decir esas palabras recuerdo mi peluche sobre la cama y pienso que quizá no ha sido tan buena idea dejarlo allí.
—Todos los que estáis aquí habéis sido elegidos por vuestros trabajos relacionados con el sueño y su interacción en la vida de cada persona. En este curso daremos respuesta a algunos de los enigmas planteados. Espero que estéis motivados para trabajar duro y que el resultado de este curso sea satisfactorio para todos. No quiero aburriros más por hoy ya que imagino que todos estaréis cansados después del viaje, así que podéis dirigiros al comedor que como imagino, ya sabéis que se encuentra en la planta baja de vuestra residencia. No tiene pérdida. El resto de la tarde la tenéis libre para que descanséis y organicéis vuestro equipaje. Nos vemos mañana.
Nuestros compañeros comienzan a moverse perezosamente. Algunos siguen tecleando sus ordenadores y otros parecen tener dudas sobre qué hacer. Yo me levanto y evito estirar los brazos y las piernas porque es de mala educación, aunque estoy deseando hacerlo porque el asiento me ha dejado totalmente agarrotada.
Sin esperarlo noto que David me agarra de la mano y tira de mí.
—Vamos, rápido, estoy hambriento. No voy a esperar a que todos estos conectados a la red hagan cola delante de mí y tener que esperar.
Me río mientras me dejo arrastrar por él encantada de que me lleve de la mano, una mano grande y cálida que envuelve la mía con fuerza y determinación.

Hace alrededor de 4 años

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#6

No se cómo, pero encuentra el comedor rápidamente sin dudar ni un momento de qué camino tomar, y al llegar vemos con alivio que sólo tenemos a tres compañeros en la cola.
Cogemos las bandejas y comenzamos a mirar la infinidad de posibilidades. La verdad es que todo tiene una pinta estupenda y aunque hay tal variedad de platos que durante un momento dudo, me termino decantando por una enorme porción de lasaña con patatas, una ensalada y como soy una golosa sin remedio, tarta de chocolate. No hay que pagar ya que el curso es un “todo incluido” como el mejor de los hoteles y cuando cojo la bebida veo que David está abriendo una puerta que da al patio mientras me hace señas con la cabeza. Intento olvidar que soy la persona más torpe del mundo y que ahora llevo una bandeja rebosante de comida y le sigo. Me lleva varios pasos de ventaja y sin dudar se dirige a las mesas de piedra de la zona de césped. Me parece muy buena idea ya que hace un día estupendo y sería una pena estar encerrados en el comedor. Bastante duro será pasar el verano estudiando en vez de disfrutar de unas vacaciones como Dios manda.
Cuando llego y consigo colocar la bandeja en la mesa sin haber tirado ni una sola patata, todo un logro, miro por primera vez la suya y mi cara de asombro debe hablar por sí misma.
—¿Qué pasa? ¿Te sorprende lo que he elegido?
No puedo evitar reírme.
—Lo que has elegido no. ¡Todo lo que has elegido! ¿Has dejado algo para los demás?
Su bandeja está tres veces más llena que la mía, repleta de platos de lo más variados: ensalada, pollo, patatas fritas, macarrones a la carbonara, unos rollitos que prefiero no saber qué contienen, macedonia de frutas y dos porciones de tarta de chocolate.
—-¿No has comido en un mes? Y luego a mí me llaman tragona…
Mueve la cabeza resignado.
—Pues imagínate, soy el que menos como de mis hermanos. —Cambia la voz intentando parecer trágico—. Mis padres tienen que trabajar horas extras para poder llenar nuestros estómagos. —Señala mi bandeja—. De todas formas tú tampoco te vas a quedar con hambre.
Noto cómo enrojezco mientras examino mis platos.
—Bueno, siempre he sido una tragona. Soy muy nerviosa así que lo quemo todo —decido cambiar de tema—. Por cierto, que rápido has encontrado el camino al comedor, no has dudado ni un momento.
Engulle varias patatas mientras me mira con cara traviesa.
—Eso es porque antes de ir a la presentación revisé toda la planta baja, así que digamos que sabía a dónde dirigirme. Ya sabes, lo principal para la supervivencia es encontrar una fuente de alimento y agua.
“Dios mío. Yo no tuve tiempo ni de darme una ducha y él incluso inspeccionó toda la planta y además llegó antes al aula”. Está claro que va a seguir sorprendiéndome.
Seguimos comiendo y veo que somos los únicos que nos hemos sentado fuera, el resto ocupan diversas mesas dentro del comedor. Parece que David me ha leído el pensamiento porque comenta con voz baja y misteriosa…
—Son como vampiros, pasan tanto tiempo encerrados en sus casas que están acostumbrados a que no les dé ni un rayo de sol. Por eso ni se han planteado comer aquí fuera. Ellos se lo pierden.
Para cuando nos damos cuenta llevamos dos horas hablando y decidimos que ya es hora de movernos de allí ya que todavía no hemos pasado por las habitaciones a organizar nuestras cosas. Me acompaña hasta mi puerta y no quiero que se sienta obligado así que digo desinteresadamente:
—Bueno, ha sido un placer comer contigo, quizás coincidamos a la hora de la cena.
Realmente no le quiero obligar a nada, me parece que ya ha hecho la buena obra del día aguantándome hasta ahora.
—Sí, claro. Esto es lo suficientemente pequeño para que nos encontremos. De todas formas te guardaré un sitio, por si acaso.
No me lo puedo creer. Le hago un gesto con la mano y entro en la habitación. Me apoyo contra la puerta recién cerrada y no puedo evitar pensar qué he hecho para que alguien como él me esté prestando tanta atención. Vale, soy la primera persona a la que ha conocido. Y hay que decir que comparando, la mayoría parecen bastante raritos. Aunque me ha parecido que una de las chicas era bastante mona… “Bueno, no quiero darle muchas vueltas, en realidad no es tan importante. En cuanto pasen estas semanas cada uno volverá a su casa y tendré suerte si nos volvemos a ver”.

Hace alrededor de 4 años

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#7

Me da una pereza horrorosa deshacer la maleta así que saco mi portátil —en el fondo soy igual que el resto— y abro mi correo esperando descubrir que alguien ya me ha echado de menos. Como no podía ser de otra manera tengo un mail de May, mi mejor amiga, por no decir la única. El mail está lleno de preguntas y termina con un “Llámame”. Busco en mi bolsa el móvil, lo saco y veo que tengo más de diez llamadas perdidas de ella, está claro que lo suyo no es la paciencia.
Doy a llamar y antes de que suene el segundo toque una voz chillona sale del otro lado del teléfono.
—Ya te vale. No me digas que hasta ahora no has tenido tiempo de llamar a tu mejor amiga. Si es que unas cuantas horas lejos de aquí y ya te has olvidado de mí. Cuando vuelvas vas…
—Ey, tranquila —la interrumpo—, realmente no he podido llamar antes. Además no te quejes, ni siquiera he hablado con mis padres lo que significa que de momento sigues siendo la primera.
—¿De momento?
—Venga, no seas así.
Utilizo mi tono más conciliador con ella y parece que funciona ya que deja de mostrarse rencorosa y pasa a ser la cotilla de turno.
—Bueno, cuéntame ¿Qué tal? ¿Cómo es el sitio? ¿Hay muchos chicos guapos por ahí? ¿Compartes habitación con alguno?…
Es tan interminable su lista de preguntas que termino por resumirle todo el día, intento no darle mucha importancia a David pero está claro que si algo tienen las buenas amigas es que te conocen y no se les escapa nada.
—Bueno, bueno, vamos a lo importante entonces. Y ese tal David ¿es guapo?
Resoplo. Siempre pensando en lo mismo.
—No creo que eso sea importante.
—¡Ajá, te pillé! —Una risita a través de la línea— no es guapo, es muy guapo ¿verdad?
Me resigno, está claro que es imposible ocultarle nada.
—Sí, es muy guapo, alto, inteligente, amable, simpático… y ya está. Es un amigo.
—Ya… —Me parece que no me cree. Oigo una voz lejana a través de la línea— Oye, te tengo que dejar, vienen a buscarme, vamos a ir a la playa a celebrar… no sé, algo. Bueno, qué más da, cualquier excusa es buena. Te dejo. ¡Sácale una foto y mándamela! Quiero ver cómo es, ¿vale? Llámame pronto.
Y cuelga.
May… ¿Sacarle una foto? ¡Está loca! Pero es mi amiga de toda la vida. Somos vecinas y sé que si no la tuviera a ella no tendría amigos ya que no se me da muy bien relacionarme. No soy popular y muchos me consideran un bicho raro, así que May es la única que hace que no me aísle de todo y de todos.
Un día fuera de casa y ya echo de menos estar allí. Aprovecho ese golpe de nostalgia para llamar a mis padres. No hay nadie en casa. No quiero llamar a sus móviles por si están ocupados, ya volveré a llamar más tarde.
Apago el ordenador y por fin me decido a deshacer la maleta y colocar mis cosas. Haciendo caso omiso a las recomendaciones del profesor Walsh dejo un montón de objetos a la vista, muchos libros, revistas, alguna foto, el ordenador, un neceser, algún bolso y foulard… “Lo siento, pero necesito sentirme como en casa”.
Cuando termino decido ir en busca de los baños para poder darme una ducha. Los encuentro al fondo del pasillo, en el lado opuesto de las escaleras. La puerta de los chicos es un ir y venir de gente mientras que el baño de las chicas parece desierto. Y así es, entro y compruebo que está totalmente vacío. Claro, siendo sólo tres chicas en el grupo qué más se puede esperar. “Será un milagro si alguna vez coincido con alguien”.
Miro alrededor y enumero varios lavabos, puertas que esconden inodoros y a la vuelta de estos, las duchas.
Me doy una larga ducha aprovechando la tranquilidad de estar sola y me arreglo frente al espejo sopesando qué hacer con mi pelo. Lo tengo tan largo que comienza a ser un verdadero estorbo pero sé que me arrepentiré si me lo corto. Finalmente me hago una coleta alta y negándome a perder más tiempo frente al espejo, regreso a mi habitación.
Mientras me cambio de ropa —elijo unos vaqueros y camiseta— comienza a oírse ruido de pasos por el pasillo e imagino que serán mis compañeros bajando para la cena. Al poco el ruido es más intermitente y cuando ya me dispongo a salir oigo unos suaves golpes en la puerta. Abro y me quedo totalmente sorprendida al ver a David. Este me mira un instante a los ojos y acto seguido baja la mirada. ¿Me parece a mí o está un poco incómodo?
—Veras… —Duda y veo que está decidiendo qué decir— ya sé que habíamos quedarnos en vernos en el comedor, pero al pasar frente a tu puerta he pensado que podíamos bajar juntos, si te parece bien.
“May no se lo creerá cuando se lo cuente”. Todavía estoy un poco sorprendida pero no voy a desperdiciar la ocasión.
—Sí, claro, ahora mismo iba a bajar.
Veo que mira por encima de mi hombro hacia el interior y por su expresión deduzco que él no ha “decorado” su cuarto. Siento la necesidad de justificarme.
—Tengo que sentirme como en casa, sino no puedo dormir, así que digamos que en mi caso es necesario que la habitación esté así para poder cumplir con el encargo del profesor Walsh. No creo que le sirva de mucho si sufro insomnio.
—Sí, claro, me parece genial —añade mientras bajamos por las escaleras— pero tu rebeldía demuestra lo incapaz que soy yo de incumplir una orden.
—Oye, no seas tan crítico. —Seguro que su habitación sigue tan aséptica como cuando llegó—. Lo que pasa es que yo no tengo remedio.
Los platos de la cena resultan igual de apetecibles que los del mediodía. Nos surtimos bien de provisiones y nos sentamos en una mesa al fondo del comedor. Charlamos animadamente y aunque estoy muy a gusto nos retiramos pronto a nuestras habitaciones porque David ha oído algo sobre un toque de queda.
Una vez en la habitación me derrumbo sobre la cama y me doy cuenta de lo cansada que estoy. Me fijo en el escritorio y me llaman la atención varios papeles que sé que yo no he dejado ahí. Me acerco a ellos con curiosidad y veo que son instrucciones.

-Despertador 7:00
-Redacción sueño 7:00 - 7:30. Utilizar las hojas adjuntas y entregar en sobre cerrado.
-Higiene 7:30- 8:00
-Desayuno 8:00 - 8:30
-Clases 8:30 - 10:30
-Descanso 10:30 - 11:00
-Clases 11:00 - 13:00
-Comida y descanso 13:00 - 15:00
-Clases 15:00 - 17:00
-Libre 17:00 - 20:30
-Cena 20:30
-Toque de queda 22:00

“Uff. Peor que una academia militar”. Aunque lo que más me mosquea en estos momentos es que hayan entrado en mi habitación para dejar las hojas. Eso significa que no tenemos ningún tipo de intimidad, es más, seguramente habrán revisado nuestras cosas y no dudo de que también habrán tomado nota de la “decoración” de mi habitación.
Decido que es mejor no darle vueltas a esto de momento y dado que estoy tan cansada no me lo pienso dos veces, me pongo un camisón y me tumbo en la cama dispuesta a “soñar con los angelitos”.
Me quedo dormida al momento. Pero no sueño con los angelitos. Sueño con David. Estamos en la academia y parece que llevamos varios días en el curso. Salimos al patio con nuestras bandejas, debe ser la hora de la comida. Desde una de las mesas de piedra un chico nos hace señas sonriendo. Nos sentamos con él y hacemos bromas sobre la clase de la mañana. Parece que los tres somos buenos amigos…

Hace alrededor de 4 años

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#8

Me despierto sobresaltada. Suena música de Vivaldi. Me imagino que creerán que es una buena forma de despertarnos, pero si estás dormido profundamente, como yo, te puede dar un infarto. Me tapo la cabeza con la almohada. “No puede ser. Si parece que sólo he dormido cinco minutos”. Estoy tan atontada que decido darme primero una ducha y luego escribir la redacción. Cuando me dirijo a los baños veo que el pasillo está desierto. “Claro, todos estarán escribiendo sus redacciones. Panda de borregos. Y yo como siempre saltándome las normas”. Está claro que no tengo remedio. Pienso en volver a la habitación pero con el tiempo que ya he perdido tendría que prescindir de la ducha y eso no puede ser. Sigo mi plan inicial, me ducho rápidamente y vuelvo a la habitación. Elijo otra camiseta y los mismos vaqueros que ayer —me parece que mi ropa es un poco limitada— y por fin me siento en el escritorio para describir con todo lujo de detalles mi sueño y sobre todo, me centro en el chico desconocido: alto, moreno y de ojos oscuros. Viste con ropa oscura y parece algo habitual en él. Para cuando me quiero dar cuenta, he rellenado tres folios y ya es hora de bajar a desayunar.
Abro la puerta y me encuentro a David al otro lado. “Pero bueno, ¿es que este chico se pasa el día aquí?”
—Hola, ya sé que no debería convertir esto en una costumbre, pero como tu puerta me pilla de camino no he podido evitarlo.
Si es que es encantador.
—No, si por mí genial. Puedes pasar a buscarme cuando quieras.
Veo que lleva su sobre en la mano, cojo el mío del escritorio y nos dirigimos al comedor. David tiene gesto de preocupación y no puedo evitar preguntarle.
—¿Ocurre algo?
—No. Bueno, si ¿qué tal te ha ido con lo de redactar tu sueño? —Al ver mi cara de extrañeza, añade—. No me refiero a que me cuentes de qué va, sólo que me digas si te ha resultado fácil.
—Sigo sin entenderte….
—Verás, es que prácticamente no recuerdo nada de lo que he soñado. Sólo pequeños detalles e imágenes sueltas y sin sentido así que me he limitado a describir eso. ¡Qué desastre!
Parece ser el típico chico que siempre saca buenas notas y que algo escape a su control le hace sentir que no está haciendo bien las cosas.
—Eso no ha de preocuparte, es normal. No todos los días se recuerdan los sueños con nitidez. El profesor Walsh dijo que era algo que se ejercitaba. Así que ya sabes, a practicar.
Ya vamos cargados de comida y cuando estamos llegando a nuestra mesa —aunque sólo nos hemos sentado en ella durante la cena ya la considero mía, igual que la del patio— casi se me cae la bandeja de la impresión. “No puede ser”.
Recupero la compostura y me siento frente a David esperando que no haya advertido ningún cambio en mí. Él sigue hablando y yo intento prestarle atención pero no puedo evitar mirar de reojo hacia otra mesa en la que está sentado un chico que me resulta más que familiar. “Es el que aparecía en mi sueño de esta noche. Pero no puede ser. No lo había visto nunca, ¿o sí? Quizás ayer le vi de pasada y aunque no fui consciente en ese momento está claro que mi cerebro lo registró”.
Estoy tan concentrada en mis pensamientos que no me doy cuenta de que le estoy mirando fijamente. “Es más guapo de lo que me pareció en el sueño, pero no es una belleza obvia, sino una vez que te fijas… entonces ves su encanto. Además esos ojos tan oscuros…”. En ese instante levanta la vista y me mira. Primero, con sorpresa, después con reconocimiento y por último con interés. Retiro la mirada, totalmente abochornada porque me haya pillado mirándole de una forma tan descarada y continúo desayunando. Pero sé que ya no deja de mirarme.
Nos dirigimos al aula y al entrar dejamos nuestros sobres en la mesa del profesor y nos sentamos en los mimos sitios que el día anterior. Veo que la mayoría repiten ubicación y busco al chico desconocido que se sitúa varios asientos más atrás. Me sonríe descaradamente y yo me giro pero mi gesto ha sido tan forzado que David mira en su dirección extrañado.
—¿Conoces a ese chico?
No se si hacerme la despistada es una buena opción pero, no me apetece explicárselo y que me tome por loca.
—No, que va. Ya te dije que no conocía a nadie aquí -no parece muy convencido y sigue mirándole.
— Pues no te quita la vista de encima.
—Bueno, ese es su problema.
Pero la verdad es que también es el mío ya que durante toda la mañana estoy notando su mirada sobre mi nuca, lo que hace que me cueste más trabajo prestar atención en las clases.
Siento un enorme alivio cuando por fin puedo huir de allí y alejarme de su mirada. David y yo nos sentamos a comer en la misma mesa que el día anterior y cual es nuestra sorpresa cuando apenas unos minutos después, el desconocido se dirige inequívocamente hacia nosotros con su bandeja. Sin dudar ni un momento la apoya frente a las nuestras, toma asiento y sonríe.
—He soñado contigo —me dice tranquilamente, como si fuese lo más normal del mundo, mira un segundo a David y añade—. Bueno, contigo también, pero ella me resulta más interesante. Me llamo Neo.
Y así se queda, esperando algún comentario por nuestra parte pero estoy tan sorprendida que me cuesta reaccionar. Si ya resultaba curioso el que yo hubiese soñado con él sin conocerle, el hecho de que a él le haya pasado lo mismo es totalmente inverosímil.
—Yo soy Ari y él es David. —Decido que lo menos que puedo hacer es presentarme. Veo que David se muestra un poco reticente.
—Así que has soñado con nosotros ¿y cómo es eso?
Mientras comemos Neo nos cuenta su sueño. Está completamente fascinado ya que dice que no se fijó en nosotros en absoluto, sin ánimo de ofender, claro, y cuál fue su sorpresa cuando nos vio en el comedor durante el desayuno.
—No me lo podía creer, ahí estabais los dos, sentados charlando, igual que en mi sueño. No me había pasado nunca algo así.
Prefiero no hablarles de mi sueño, pero me llama la atención que el suyo parece una continuación del mío, como si yo hubiera soñado una parte y él la siguiente.
—Me pregunto si esto tendrá que ver con la parte de experimentación… Os dejo, tengo unas cosas que hacer antes de las clases de la tarde. Ha sido un placer —añade mirándome solamente a mí—. Nos veremos en clase.
Cuando ya está lo suficientemente lejos David se gira hacia mí.
—¿Qué opinas de lo que nos ha contado? Resulta un poco raro. Yo creo que se lo ha inventado todo para tener una excusa para hablar contigo.
—¿Una excusa para hablar? —Veo el gesto contrariado de David y entiendo que realmente cree que se ha tratado de una artimaña para acercarse a mí—. No sé qué interés puede tener en hablar conmigo, y por qué se iba a inventar una historia como esa…
—A ver, es muy fácil. —Parece que le fastidia tener que explicarse—. Es como cuando intentas ligar con una chica y le dices: “Tu cara me suena”. En un sitio como este lo original es decir: “Tu cara me suena. Ah, es que esta noche has aparecido en mis sueños”.
No puedo evitarlo. Me da un tremendo ataque de risa porque no sé qué me hace más gracia, si lo absurdo de la situación o que él esté realmente molesto.
—No entiendo por qué te ríes.
—Es que no puedo creer que pienses que quería ligar conmigo. Además —decido sincerarme con él—, yo sí le creo.
Ahora es él el que me mira totalmente perplejo.
—Verás, no te lo he contado antes porque no le quería dar importancia pero en mi sueño aparecía él.
Me quedo esperando alguna reacción por su parte pero como no la hay entiendo que quiere que me explique mejor.
—Es como si su sueño fuese una continuación del mío. Comíamos y hablábamos los tres en esta misma mesa como si fuéramos grandes amigos.
—Pero ¿le habías visto antes?
—No, por lo menos, no conscientemente, hasta esta mañana durante el desayuno. Me he llevado el susto de mi vida. Pensándolo fríamente y de una forma más científica, creo que mi cerebro lo registró inconscientemente ayer y por eso ha aparecido en mi sueño. No hay otra explicación.
—¿Y lo de la continuidad de los sueños?
Se nos están escapando muchos detalles.
—Será casualidad. De todas formas estamos en el curso ideal para encontrar respuestas a todas estas preguntas.
—Bueno, por lo menos yo también aparecía en tu sueño.
Regresamos al aula para las clases de la tarde y veo que el asiento de mi derecha está ocupado por Neo. “Está claro que no nos vamos a librar de él fácilmente”. Nos sentamos en nuestros respectivos sitios y le miro directamente.
—Hola —dice esbozando una sonrisa.
—Tú no te sentabas aquí -intento ser lo más seca posible pero él sigue sonriéndome descaradamente.
—He considerado oportuno cambiarme de sitio y hacer compañía a mis nuevos amigos —dice esto último mirando a David y yo también le miro pero él gira la cabeza ignorando el comentario.
“Que bien, como niños. Y yo en medio. Esto va a ser divertido”. Pero no resulta divertido, sólo tenso, ya que ninguno de los tres hablamos. Finalmente opto por prestar atención al profesor Walsh. No es fácil seguirle ya que lleva todo el día explicándonos las diferentes fases del sueño, cómo se producen y que qué mecanismos cerebrales entran en funcionamiento en cada una de ellas. Se nota que el tema apasiona a algunos de mis compañeros y por sus preguntas está claro que sus trabajos se basaron en esta vertiente científica.
A mí en cambio me aburre. Entiendo que haya gente que necesite saber cómo se producen las cosas pero a mí me gusta ir más allá y plantearme cuestiones que aún no se han resuelto.
Al terminar las clases me despido de Neo y David y subo a mi habitación a repasar los apuntes ya que como no entiendo mucho de estos temas no quiero quedarme atrás. No he quedado con David pero me imagino que pasará a buscarme para la cena. Me tumbo en la cama y comienzo el repaso, hemos dado mucha materia y tengo dudas de poder llevarla toda al día. “No entiendo nada de lo que estoy leyendo…”.

Hace alrededor de 4 años

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#9

Me he dormido. No sé en qué momento ha sucedido pero creo que sólo he leído unas cuantas líneas y me he dormido. No recuerdo haber soñado, pero miro el reloj y son más de las ocho. “He perdido lo que me quedaba de tarde”.
No hago más que levantarme de la cama y desperezarme cuando llaman a la puerta. Por supuesto es David tan puntual como siempre. Me mira con gesto preocupado.
—¿No estarías durmiendo? —Centra su atención en mi pelo lo que me hace pensar que estoy despeinada—. Pensaba que era buena hora para bajar a cenar.
—Me acabo de despertar, pero no hay problema. —Abro la puerta del todo— pasa un momento y ahora mismo bajamos.
Duda durante un instante, mira a ambos lados del pasillo y finalmente entra.
—¿Esto no irá contra alguna norma?
Me resulta gracioso lo poco que le gusta saltarse las normas y lo pienso durante un momento pero no recuerdo haber leído que estén prohibidas las visitas a las habitaciones de otros compañeros.
—No lo creo.
—Vale.
Me siento en el borde de la cama para calzarme y veo que observa cada detalle de la habitación, hojea mis libros, mira mis fotos…
—Oye, ¿estás haciendo una inspección?
Levanta su mirada y me observa durante unos segundos.
—Bueno es una forma de saber más de ti.
Me miro en el espejo y me asusto de mi propia imagen. Tengo todo el pelo revuelto y cara de dormida “No quiero saber que se le habrá pasado por la cabeza cuando he abierto la puerta”. Me recojo el pelo en una coleta y hago el siguiente comentario sin pensar.
—Si sigues revisando así mis cosas me he ganado hacer lo mismo e investigar tu habitación.
—Por mí perfecto. Serás bien recibida.
Lo dice sin mirarme, prestando atención a unos muñequitos que tengo sobre el escritorio, sin darle importancia pero noto algo en su tono, una segunda intención en esa invitación que me hace apartar la mirada y cambiar de tema.
—Eh, bueno, ya estoy lista. Podemos ir a cenar.
Unas horas después, estoy tumbada en la cama intentando dormir pero sigo pensando en sus palabras. Sé que no debo darle importancia a que me hable así. Creo que es un don que tiene, el hacer sentir importante a quien tiene a su alrededor, y no se da ni cuenta. Pero me siento tan cómoda… cada vez que estamos juntos se me pasa el tiempo volando, parece que nos conocemos de siempre… “Ari, no seas tonta, le conoces desde hace un par de días y piensas en él como una idiota enamorada”. ¿Pero cuánto se tarda en sentir algo por otra persona? ¿Tiene que pasar un mínimo de tiempo para que tus sentimientos sean reales? No lo sé, al fin y al cabo nunca he estado con nadie en serio, un par de tonteos sin importancia y poco más. “Que vida amorosa más desastrosa. Y no va camino de mejorar. Siempre me gustan los que no están a mi alcance. Si pudiera cambiar eso de alguna manera…”.

Aunque para no estar a mi alcance, parece que busca mi compañía. Al día siguiente después de las clases, decido sentarme a leer en la mesa del patio donde solemos comer. “No hay nada mejor que leer al sol”. Para mi sorpresa no pasa ni media hora cuando David aparece. Si no fuera algo totalmente imposible, pensaría que no puede evitar estar conmigo. De todas formas no seré yo la que me queje.
—¿Te interrumpo? —pregunta deteniéndose frente a mí.
—Sí, aunque no importa. —Cierro el libro, pero él se sienta a mi lado y me lo quita de las manos.
—Filosofía. —Me mira de reojo-. ¿Por qué será que no me extraña?
Vaya, ¿tan predecible soy?
—¿Eso es bueno o malo? —Quiero saber a qué atenerme con él.
—Bueno, por supuesto. No conozco a muchas chicas con verdadero interés por los libros.
—Pues eso es un poco triste. Será que no te relacionas con el tipo de chica adecuada.
—Probablemente. —Fija de nuevo su vista en el libro—. Parece que lo has leído varias veces.
—Es uno de mis favoritos. Aunque he de decir que soy capaz de leer casi cualquier libro. Otra cosas es que al acabarlo me haya gustado o no. Soy bastante exigente.
Frunce el ceño.
—Vale, dime un tipo de libro que no te guste.
Lo medito un momento, pero rápidamente recuerdo uno.
—Muchos me tacharían de loca si me oyeran decir esto —dudo, pero al final lo suelto—. No soporto las historias de terror.
Ahora sí que me mira extrañado.
—¿De verdad?
—No me gusta la sensación que me produce leer un libro de ese tipo. Me inquieta. Me pasa lo mismo con las películas de terror. Intento evitarlas a toda costa.
David continúa en silencio y entonces me doy cuenta del motivo.
—Ay, no. —Me tapo la boca con la mano—. Dime que no es uno de tus géneros favoritos.
—Así es. Tanto libros como cine. En tu favor diré que prefiero los clásicos.
Intento arreglarlo.
—Bueno, es sólo mi opinión. Me parece genial que te guste. Al fin y al cabo mis gustos son un poco raros.
Me mira a los ojos y su gesto se suaviza.
—Me da la sensación de que te consideras un bicho raro.
Aparto la mirada y me retuerzo los dedos con gesto nervioso.
—Es que lo soy.
—Pues a mí me pareces de lo más normal. Bueno, eso no es del todo cierto. Me pareces mucho más interesante que la mayoría de las personas que conozco.
Eso sí que es un halago.
—Prácticamente no me conoces. No soy popular, ni estoy en ningún club, no me relaciono mucho y si no fuera por mi amiga May, viviría recluida en mi habitación. Es la que me arrastra a las fiestas y hace que mi vida social exista. Si no la tuviera a ella me pasaría el día escondida leyendo, escuchando música y yendo al cine a ver películas independientes.
David sacude la cabeza.
—Nos parecemos más de lo que tú te crees. La única actividad social que hago es jugar en el equipo de hockey, más por obligación que por vocación y toda mi popularidad se basa en ello ya que mis amigos están en el equipo y ellos me incluyen automáticamente en sus planes. Muchas de las chicas con las que he salido, se escandalizarían si supieran que mi habitación está repleta de libros, que no me gustan las personas superficiales y que me importa muy poco su físico o los temas sobre los que hablan.
No me puedo creer lo que estoy oyendo.
—Vaya —De repente me siento mucho más cómoda con él-, me gustaría ver tus libros.
Suelta una carcajada.
—Creo que eres la primera chica que se interesa por algo que me gusta de verdad.
—Lo mismo digo.
Y seguimos hablando.

Hace alrededor de 4 años

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#10

El resto de la semana pasa rápidamente. Casi todo el día estamos ocupados con las clases y el estudio y nos queda poco tiempo libre. Por fin consigo hablar con mis padres y aunque dicen echarme de menos yo creo que están tan ocupados con sus trabajos que no notan mi ausencia.
Al acabar las clases del viernes nos comunican que el fin de semana es de libre ocupación, que hay diversas charlas programadas pero son optativas, así que de repente me encuentro con dos días libres que no sé en qué ocupar. “Quizás pueda aprovechar para conocer la ciudad. Tendré que comprar un mapa y mirar qué puedo visitar”. Como de costumbre David me ha leído el pensamiento.
—¿Has pensado ya qué vas a hacer mañana? Podíamos ir a pasar el día a la ciudad, estuve no hace mucho así que creo que te podré servir de guía.
—Es una buena idea. —No puedo evitar sonreír—. Me apetece mucho.
—Perfecto, lo organizaré todo.
Nos encontramos de nuevo a la hora de la cena, David me está comentando varias ideas que tiene para el sábado mientras hacemos cola para coger nuestra comida. Me sorprende ver que Neo se dirige hacia nosotros. Todos estos días ha seguido apareciendo en mis sueños pero él nos ha estado ignorando y prácticamente no nos ha dirigido la palabra. Un único comentario se repetía todas las mañanas al sentarse a mi lado en clase. “Hoy también he soñado contigo”. David refunfuñaba y yo centraba mi atención en tomar apuntes.
Por eso me resulta tan raro tenerle frente a mí en estos momentos.
—Hola Ari. Estaba pensando que mañana podíamos hacer algo juntos.
Abro la boca para contestar pero no tengo oportunidad. David se me adelanta.
—Lo siento pero ya tiene planes.
Neo le mira con cara de fastidio pero no se da por vencido. Continúa ignorándole y se centra en mí.
—¿Y el domingo?
—También tiene planes.
En ese momento la sorprendida soy yo ya que en ningún momento hemos hablado nada del domingo y está decidiendo por mí. No entiendo a qué viene esa actitud tan desafiante. Neo insiste.
—Ya sé que la familia es importante pero no creo que debáis pasar todo el tiempo juntos.
Ahora sí que no sé de qué habla.
—¿Familia? —Esta vez he sido yo la primera en hablar.
—Si, claro. Yo entiendo que tu hermano quiera protegerte y estar contigo la mayor parte del tiempo pero tiene que dejar que conozcas a otra gente, no es bueno que te aísle así.
De verdad que no salgo de mi asombro. No sé qué pretende conseguir Neo con todo esto pero David se acerca a él amenazante.
—No soy su hermano. No sé de dónde has podido sacar una idea así pero estás equivocado. Déjala en paz de una vez.
Neo levanta las manos en un gesto de disculpa.
—Eh tío tranquilo. Lo siento, pero es que estáis todo el tiempo juntos y hasta os parecéis: pelo castaño, ojos verdes, delgados… Cualquier otro hubiera llegado a la misma conclusión.
Pero David sigue molesto. No parece que le sea suficiente esa explicación.
—¿Te parece que mi actitud hacia ella es la de un hermano?
—Bueno… sí.
—No puedes estar más equivocado.
Neo se dirige de nuevo a mí ignorando el comentario.
—Todavía no te he oído decir si estás ocupada los dos días.
Abro la boca para contestar pero David se me adelanta de nuevo. “Me parece que hace unos minutos he pasado por esto mismo”.
—Está ocupada, así que olvídalo. No va a quedar contigo.
“No me lo puedo creer. Está decidiendo por mí”.
—Espera, soy yo la que tengo que decidir eso, ¿no?
A Neo se le dibuja una sonrisa triunfal en la cara.
—¿Y bien?
—Lo siento Neo, pero la verdad es que estoy ocupada los dos días.
—Está bien. —Ha conseguido mantener la sonrisa aunque se nota en su voz que está decepcionado—. No voy a insistir más. Ya coincidiremos por ahí.
Se aleja de nosotros y yo por fin respiro aliviada. Nos ponemos de nuevo a la cola y cenamos casi sin hablar. Parece que a David no le ha sentado muy bien lo sucedido, aunque no termino de entender muy bien porqué.
Me acompaña hasta la puerta de mi habitación. Está claro que las buenas maneras no las pierde. Abro la puerta y cuando me giro para despedirme me interrumpe con una pregunta.
—¿Tu sabes que yo no te trato como a una hermana, verdad?
Aunque no me lo esperaba decido responderle con sinceridad.
—Tú eres todo lo contrario a un hermano para mí. —Me arrepiento al momento de haber sido tan clara—. Bueno, aunque tampoco sé cómo es la relación con un hermano ya que no tengo ninguno.
No sé si lo he arreglado, pero a él parece bastarle ya que sonríe abiertamente y decide cambiar de tema.
—¿Te parece bien que mañana quedemos a las diez en la verja de la entrada? Me han dicho que a esa hora pasa el autobús. Así podremos aprovechar el día.
—Por mí bien. Nos vemos a las diez.

Hace alrededor de 4 años

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#11

Esa noche no consigo dormir bien y por la mañana no recuerdo nada de lo que he soñado. Sólo se repiten las palabras de David en mi cabeza: “¿Te parece que mi actitud hacia ella es la de un hermano? No podías estar más equivocado”. No se a donde nos lleva todo esto pero no puedo evitar estar contenta.
Me ducho y me arreglo sin dejar de canturrear y en ese momento me doy cuenta de que llevo casi una semana aquí y todavía no he hablado con las otras chicas. Vuelvo a mi habitación y aquí es donde empiezan mis dudas. “¿Y ahora qué me pongo?”. Lo peor de todo es que no he traído mucha ropa y no hago más que pensar en las cosas que he dejado en casa y que en estos momentos me vendrían genial.
Ya que parece que va a hacer buen día me decido por uno de los pocos vestidos que tengo a mi alcance. Es vaquero con pequeñas flores. Lo suficientemente informal como para encajar en cualquier actividad.
Me miro en el espejo que hay detrás del armario y me doy por satisfecha. Un poco de colorete, máscara de pestañas, pendientes -no soy de llevar muchas joyas- y por último unas bailarinas. Vuelvo a echar un vistazo por la ventana y decido añadir una chaqueta de punto ya que parece que todavía hace frío. Estoy terminando de meter unas cuantas cosas en el bolso cuando llaman a la puerta. “Que extraño. Si no he quedado para que me pase a buscar, ¿habrá cambiado de idea?”.
Pero al abrir la puerta me encuentro con Neo. “¿Es que todo el mundo sabe cuál es mi habitación?”. Me mira de arriba abajo y sonríe con satisfacción.
—¿De verdad se merece que te lleves tantas molestias?
—Se empieza diciendo Hola.
Se apoya en el marco de la puerta con los brazos cruzados mientras observa mi vestido.
—Hola. Estas muy guapa, bueno como siempre.
Decido ignorar el comentario.
—¿Qué haces aquí?
Durante unos instantes parece dudar pero finalmente me responde.
—Verás, ya sé que dijiste que estabas ocupada pero he pensado que igual tenías tiempo de desayunar conmigo.
No estoy muy convencida y él lo sabe.
—Vamos, ¿qué tiene de malo? Seguro que pensabas bajar a desayunar ahora y yo también. ¿No podemos hacerlo en la misma mesa y así nos hacemos compañía?
Pensándolo bien tiene razón porque me he acostumbrado a comer acompañada y no veo que pueda ser un problema estar un rato hablando con él.
—Está bien, pero rápido que no tengo mucho tiempo. —Cojo mis cosas y nos dirigimos al comedor.
Cuando nos sentamos en una mesa veo que él solo lleva una taza de café lo que contrasta bastante con mi habitual bandeja llena de comida.
—¿Sólo vas a desayunar eso?
Mira la taza durante unos instantes y después sonríe.
—Verás, no te voy a mentir. He decidido que contigo voy a ser todo lo sincero que me sea posible. La verdad es que ya he desayunado.
Pienso que cada vez debo ser más tonta porque no entiendo a estos chicos. “Yo pensaba que era una rarita pero desde que trato con estos dos, se llevan la palma”.
—¿Qué ya has desayunado? ¿Y por qué me has pedido que desayune contigo si ya lo habías hecho? —le pregunto mientras muerdo mi croissant.
—He bajado a comer algo hace un rato y he visto a David sólo en esta mesa. He imaginado que habíais quedado más tarde y puesto que a ti no te he visto he supuesto que bajarías después. Y no iba a desaprovechar una oportunidad como esta de estar a solas contigo sin tu guardaespaldas.
—No hables así de él. Es un gran chico y nos hemos hecho buenos amigos.
Neo deja escapar una risita.
—¿Amigos? Andas un poco despistada, ¿no?
“Pues va a ser que sí porque otra vez que no se de que habla”. Al ver mi cara de “no entiendo nada”, añade.
—Me parece que David no quiere ser tu amigo precisamente.
Noto que me empiezan a arder las mejillas.
—No sé porqué dices eso.
Apoya los codos en la mesa y se acerca a mí como si me iría a contar una confidencia.
—Vamos a ver, fíjate en su reacción de ayer. ¡Ya sé que no sois hermanos! Lo dije para fastidiarle. Y mira si lo hice. Además recuerda sus palabras, me parece que lo dejó bastante claro.
—Bueno, no es tu problema.
Me doy cuenta de que no me apetece seguir hablando de David con él, tengo la sensación de estarle traicionando, así que intento cambiar de tema.
—¿Sigo apareciendo en tus sueños?
Una sonrisa se dibuja en sus labios.
—Vaya ¡qué pícara! ¿Quieres los detalles morbosos?
“De verdad que con este chico no se puede”. Resoplo.
—¿Y yo sigo apareciendo en los tuyos?
Me pilla tan de sorpresa su pregunta que estoy convencida que me lo ha notado en la cara pero no quiero contarle nada así que no respondo.
—Venga, no te hagas la difícil, estoy convencido de que aparezco en tus sueños. No tengo prisa, llegará un día en que tú misma me lo contarás todo.
Sigo sin dar mi brazo a torcer.
—Cuéntame ¿has sacado alguna conclusión de porqué se repiten?
—No, estás equivocada, no se repiten —Frunce el ceño—, tienen una continuidad. Es como si se tratara de una vida paralela.
Una voz de alarma salta en mi cabeza. Esa última frase me ha recordado algo, pero no, es demasiado absurdo y decido no darle importancia.
—¿Y los tuyos?
-Los míos también tienen una continuidad —añado sin revelar si él aparece o no— y no me hubiera dado cuenta de ello si no los estuviera escribiendo todas las mañanas.
—Sí, es cierto. —Parece que ahora se ha puesto serio. Esto le interesa de verdad—. Al escribirlo me doy cuenta de muchos detalles que de primeras me habían pasado desapercibidos… y eso es lo que más me extraña.
—¿Por qué?
—Verás, sobre todo recuerdo gestos tuyos, frases, tu risa… sabía cómo sonaba tu voz antes de oírte porque ya la había oído en sueños…
“Tierra trágame”.
—No te creo.
Se inclina hacia delante y me coge las manos.
—Créeme. Conozco cientos de detalles tuyos. Como te colocas el pelo detrás de la oreja, que duermes de lado, que siempre estás rodeada de libros porque no sabes vivir sin ellos… no sé porqué sueño contigo, pero ahí estás todas las noches.
Me he quedado tan sorprendida con sus palabras que no reacciono. Ni siquiera suelto mis manos de entre las suyas. Mi cabeza comienza a repasar cientos de pequeños detalles de mis sueños de esta semana. “Tiene razón, sino cómo sabe todos esos detalles de mí. Yo también sé cosas de ellos que de otra manera no conocería”.
-Creerás que estoy loco pero no es así. Esos sueños hacen que me sienta más cerca de ti.
Alejo mis manos de las suyas con delicadeza.
—Tengo que pensar en todo esto.
—Me vale con que te tomes un café conmigo cuando hayas sacado tus propias conclusiones.
No me está pidiendo mucho así que acepto.
—De acuerdo. Hablaremos. Ahora me tengo que ir.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Excelente relato has escrito, espero que tengas mucha suerte en el concurso. Pasa si lo deseas por mi relato Ante mi tumba, saludos.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 gracias por pasarte por mi historia. No me presento al concurso pero espero que me sigas leyendo. Me pasaré por tu perfil, por supuesto. Un saludo. ^.^


#12

Mientras salgo del comedor miro mi reloj y veo que son casi las diez. “No voy a llegar a tiempo”. Echo a correr pero la verja parece estar a kilómetros de distancia. Aun así consigo llegar justo cuando se acerca el autobús. Hay varios chicos esperando para cogerlo y entre ellos distingo a David con gesto de preocupación.
—Hola, por fin llegas. Pensaba que te habías quedado dormida.
—Lo siento, me he entretenido -digo intentando recuperar el aliento.
Subimos al autobús y nos sentamos al fondo, alejados del resto. David me mira sin disimulo.
—Estás muy guapa con ese vestido. Te favorece.
Noto que enrojezco mientras le doy las gracias. Me fijo en él y también está muy guapo. Como siempre. Lleva un polo verde claro a juego con sus ojos y unos vaqueros grises.
—Bueno, ¿qué has planeado para hoy?
—A ver, no es definitivo. Si alguna de las cosas no te apetece podemos cambiar, no estás obligada a nada.
No puedo evitar sonreír.
—Primero iremos al museo a ver una exposición. Después a comer a un restaurante italiano que conozco y por la tarde nos podemos acercar a un parque que hay en el centro.
—Has pensado en todo.
Miro por la ventana y veo que ya estamos a las afueras de la ciudad. No es muy grande comparando con otras y además conserva gran parte de sus edificios antiguos, perfectamente restaurados. “Me encantan las ciudades así”.
Hace unos años se la nombró la mejor ciudad del país por su nivel cultural, su tecnología e infraestructuras de vanguardia, y sobre todo por sus grandes zonas verdes.
—Es una maravilla una ciudad como está rodeada de montañas… y el mar tan cerca. Qué más se puede pedir. Es perfecta.
David asiente sonriendo. Nos bajamos en la tercera parada, justo en el centro de la ciudad y me guía a la entrada de un edificio antiguo que está conectado a otro más moderno por unas pasarelas. Debe ser el museo. Nos pasamos las dos siguientes horas paseando por sus infinitos pasillos, entrando a todas y cada una de sus salas. Me asombra ver lo mucho que sabe de arte y se nota que le entusiasma estar allí.
Cuando ya creemos haberlo recorrido entero decidimos salir. Mientras caminamos por las calles hacia el restaurante no puedo evitar preguntarle cómo sabe tanto de arte.
—Mi madre estudió historia del arte. Trabaja en una pequeña galería -se le dibuja una sonrisa al hablar de ella-. Siempre nos ha llevado a museos y me gustaba ojear sus libros de arte. Cuando algo te apasiona es fácil contagiar a los demás y eso le ocurre a ella. Hace que quieras saber más.
—Me encantaría conocerla. —Lo he dicho sin pensar.
—Mis padres dijeron que igual se acercaban a visitarme mientras estuviera aquí. Si vienen te los presentaré. Seguro que les gustas.
“Seguro que no”. No se me dan nada bien esas situaciones. Me pongo nerviosa y parezco tonta.
Estamos paseando por la avenida principal, está llena de gente haciendo compras y no me extraña porque está llena de tiendas de todo tipo.
Giramos en la siguiente calle y no puedo evitar quedarme parada en seco. Mi parada ha sido tan brusca que a David no le ha pasado desapercibida pero mi sorpresa ha sido demasiado grande para poderla disimular. Conozco esa calle. La conozco pero no he estado nunca en ella. Me fijo en que a mi izquierda está la estación de tren a la que llegué, pero cuando salí de ella apenas estuve unos minutos y en ningún momento miré en la dirección en la que lo estoy haciendo ahora. Estoy convencida. Es una calle bastante ancha, acera a ambos lados y cuatro carriles para coches. En la acera de la derecha, en la que nos encontramos, hay edificios con tiendas en sus bajos y la de la izquierda va paralela al muro de la estación de tren.
—¿Qué pasa? Te has quedado pálida.
—Todavía no lo sé. ¿Está por aquí el restaurante?
—Sí. —Señala un poco más adelante—. Es por esa calle de ahí a la derecha.
Empezamos a andar y miro hacia la carretera. La calle está ligeramente en cuesta, se nota en cada paso que damos. Me recuerda algo, pero la carretera no termina de encajar. Me detengo de nuevo y cierro los ojos. “David me estará tomando por una loca pero me da igual. Tengo que saber qué está pasando”. Me concentro e intento repasar imágenes de mi mente que me recuerden a este sitio. “Si… ahora lo veo. Ahí está la diferencia”. Abro los ojos mirando al frente y recordando.
—¿Se puede saber que está pasando? Espero que tengas la suficiente confianza como para que me lo cuentes.
—He soñado con este sitio.
Parece no darle importancia.
—Te fijarías el día que llegamos en el tren.
—No, te equivocas. No vi la calle, recuerda que salí intentando alcanzar el autobús, nos conocimos y cogimos el taxi. Qué fueron ¿dos minutos? Y todo el tiempo estuve de espaldas a esta calle. Desde allí prácticamente no se ve. Señalo la entrada de la estación. El sigue mi dedo y me vuelve a mirar.
—Igual la has visto en televisión.
Lo medito durante un momento.
—No lo creo. Además lo raro no es eso. He soñado con esta calle pero era diferente. Más ancha, con un solo carril en cada sentido y en medio había un río enorme. Pero este no discurría por un cauce normal sino que el agua bajaba por unos escalones de piedra como si se tratara de una fuente gigantesca. Nunca he visto nada así. Sólo en mi sueño. No se, es muy raro.
Me sigue mirando con ciertas dudas.
—Vale. Que te parece si vamos a comer y seguimos hablando de esto.
Asiento con la cabeza y le sigo. Giramos por la calle que antes me ha señalado y a pocos metros encontramos un restaurante llamado “Toscana”. Muy italiano, de eso no hay duda.
Entramos y veo que David incluso ha reservado mesa. Me pongo un poco nerviosa porque parece el sitio perfecto para llevar a tu pareja en una cita. El local es pequeño y acogedor. Butacas de terciopelo y grandes lámparas lo decoran pero a la vez tiene un toque sencillo y familiar.
Nos sientan en un pequeño rinconcito y el camarero comienza a parlotear una mezcla de varios idiomas mientras nos comenta los platos destacados de la carta. Haciendo caso de sus recomendaciones pedimos verduras a la plancha especialidad de la casa y lasaña de carne con setas. Como buen italiano le parece que hemos pedido poco ya que ellos están acostumbrados a comer tres platos y postre así que se va refunfuñando.
Al poco aparece con un plato de nochis a la carbonara invitación de la casa. Ya ha conseguido que tengamos nuestros tres platos. No podemos evitar reírnos y he de confesar cuando pruebo el primero que hubiera sido una pena perdernos ese plato.
Aun así no puedo dejar de pensar en lo que acaba de pasar en la calle.
—No puedes evitar seguir dándole vueltas, ¿verdad?
Me ha pillado.
—Es que tengo la sensación de que desde que estamos en este curso mis sueños se están volviendo un poco raros. Llenos de coincidencias con la vida real. Voy a pensar que están manipulando nuestros cerebros. —David me mira tan serio que tengo que añadir—. Tranquilo, es broma. No lo decía en serio. Es solo que me extrañan algunas cosas. Como lo de Neo, o lo de la calle. Normalmente tu cerebro ha tenido que captar la imagen para luego reproducirla, ¿no?
—Es lo que hablamos. El subconsciente registra cosas sin que nos demos cuenta y estas pueden aparecer en un sueño. Es como la sensación de deja vû. Parece que has pasado por esa situación pero realmente es un fallo del cerebro.
—Parece que entiendes mucho de eso - este chico no deja de sorprenderme.
—El trabajo que presenté trataba de eso. Sobre la recepción de imágenes por parte del subconsciente.
Se me escapa una risita.
—¿Qué pasa? ¿Te resulta gracioso?
—Realmente eres todo un empollón…
Tuerce el gesto y acto seguido sonríe.
—Está bien, me has pillado. Cuéntame de que iba el tuyo.
—¿El mío?… De cómo afecta en la vida cotidiana lo que se sueña.
Se queda valorándolo durante un segundo.
—¿Crees que es así?
—Creo que es muy difícil que no te afecte lo que sueñas. Por ejemplo, si tienes un sueño angustioso que llega a crearte malestar, esa sensación te va a acompañar todo el día porque para tu cerebro es como si hubiera sucedido de verdad.
—Sí, entiendo lo que quieres decir. Las emociones que generamos en un sueño no desaparecen al despertar.
“Bien, lo ha entendido”.
—No sólo eso, sino que si te fijas, afectan mucho más las emociones negativas y estas perduran más tiempo.
—Interesante… no me extraña que eligieran tu trabajo.
Me alegro de que me considere inteligente. No soporto que piensen que soy una tonta.
De postre tomamos un tiramisú casero que está riquísimo y cuando salimos del restaurante tengo dudas de si podré caminar con lo llena que estoy.
—¿Has comido bien?
—Buf… —Me froto la tripa—. Más que bien, ha sido estupendo. Además el local es maravilloso. Eso sí, creo que será mejor que ya no coma en lo que queda de día.
—Eso se soluciona paseando.
Nos acercamos al parque del que me habló y pasamos el resto de la tarde allí. Como hace buen día está lleno de gente: grupos jóvenes sentados en la hierba, niños corriendo por todos lados y parejas acarameladas ajenas a todo. Por un instante pienso si alguien nos verá a nosotros como una de esas parejas, pero lo deshecho rápidamente.
“No pienses en eso. No hay nada en lo que pensar. Un chico como él no elige a chicas como tú. Olvídalo”.
Ya de vuelta en el autobús me doy cuenta de lo cansada que estoy. No puedo ni con mi alma, así que hago todo el trayecto de vuelta dormitando sobre el hombro de David.
Cuando bajamos decido que no quiero ni cenar, sólo dormir así que me despido de él, llego dando tumbos a mi habitación y me tiro sobre la cama sin cambiarme siquiera de ropa.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Excelente, más que interesante historia sobre ese experimento sobre los sueños. Gracias por el regalo de tu arte, ha sido un placer pasar por tu relato,
pasa si lo deseas por mis historias.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 muchas gracias. Te puedo decir que aún no has visto nada... la historia va mucho más allá. Ya he comenzado con tus historias. Muy interesantes y me ha llamado mucho la atención las imágenes que has elegido. ¡¡Un saludo!!


#13

No sueño. Me despierto y al momento sé que no hay nada que recordar. No tengo ninguna imagen y me parece raro porque siempre suelo recordar algo por mínimo que sea. Intento no darle importancia pero estar en un curso como este hace que sea inevitable.
Me desperezo y me siento sobre la cama. Todavía tengo los zapatos puestos y no puedo evitar reírme. Por lo menos he descansado y me encuentro como nueva. “¡Como para no estarlo! ¡Si son las doce y media! Vaya no sólo me he saltado la cena sino también el desayuno”. El ruido de mis tripas confirma mis pensamientos y creo que lo mejor es que me arregle y baje a comer algo.
Cuando me pongo de pie me fijo en el papel que asoma por debajo de la puerta. Lo recojo y veo que es una nota de David.
“Hola dormilona. Tengo un plan para hoy. Te paso a buscar a la una. Ponte ropa cómoda”.
Media hora. Ni me lo pienso. Me doy una ducha rápida y en 20 minutos consigo estar arreglada. Lo de la ropa cómoda ayuda ya que es fácil escoger unos vaqueros, camiseta y zapatillas. No me creo que incluso me hayan sobrado unos minutos.
Seguro que David ya tenía algo pensado, pero como me despedí a toda prisa no le di tiempo para que me lo contara. Me alegro de que haya buscado un plan para hoy ya que le dije a Neo que estaba ocupada y no tenía ganas de encontrarme con él y que viera que le había mentido.
Vuelven a sonarme las tripas. “Espero que el plan incluya comida”. En ese momento llaman a la puerta. Abro y me encuentro a David cargado con una enorme mochila.
—Vamos.
Qué prisas. Bajamos y salimos por la puerta principal. Veo que pasamos de largo las mesas dirigiéndonos hacia los árboles. Mira disimuladamente por encima de su hombro hacia el edificio y cuando parece convencido de que nadie nos mira, me coge de la mano y tira de mí mientras nos adentramos en el pequeño bosque. No sé a dónde nos dirigimos, pero dejo que me guíe ya que aunque me cueste admitirlo, me encanta el detalle de que no me haya soltado la mano.
El bosque es mucho más grande de lo que parecía a simple vista y mucho más sombrío ya que los árboles son frondosos y apenas dejan pasar la luz del sol. Seguimos andando varios minutos en la misma dirección y sin saber cómo, de buenas a primeras nos encontramos en medio de un pequeño claro iluminado por el sol.
—Vaya…
Estamos cogidos de la mano, uno al lado del otro mirando aquel pequeño Edén.
—Encontré este sitio hace unos días y pensé que no podía perder la oportunidad de enseñártelo.
Me suelta y da unos pasos hacia el centro del pequeño espacio.
—Espero que tengas hambre.
Se quita la mochila y saca de ella una manta que extiende sobre la hierba. Estoy demasiado atónita para reaccionar pero él me hace un gesto para que me acerque.
—Vamos, siéntate.
Me siento frente a él con las piernas cruzadas y miro la mochila expectante. El saca un montón de envases y envoltorios de diferentes tamaños mientras me explica.
—Sándwiches de pollo y de atún, ensalada de tomate con queso, patatas fritas, aceitunas, macedonia de frutas, zumo, agua, pan… y por último, tarta de manzana.
—No me lo puedo creer ¿todo eso entraba en la mochila?
—El secreto está en saber organizar el espacio -y lo dice tan tranquilo.
Miro nuestro picnic y todo tiene una pinta estupenda. Cojo un triángulo de sándwich de pollo y le doy un mordisco.
—¿Cómo has conseguido todo esto? —El sándwich está riquísimo y en tres bocados me lo he acabado.
—Verás, anoche soborné al tío de la cocina para que me lo preparara.
Pincho un poco de ensalada mientras añado:
—Ha debido de ser un soborno muy caro si el menú incluye tarta de manzana.
Y nos reímos. En ese instante me doy cuenta de hasta que punto me he acostumbrado a él. A su compañía, a sus conversaciones.
“Te echaré tanto de menos cuando esto acabe…”.
—Te has quedado pensativa. ¿Se puede saber qué está pasando por esa cabecita?
—Nada importante. Oye, ¿qué tienes pensado hacer cuando termine este curso? Es decir, no me has contado en qué carrera te has matriculado.
—Medicina.
Casi me atraganto. Ahora sí que ha conseguido sorprenderme.
—¿Medicina? —Veo extrañeza en su mirada ante mi sorpresa, así que decido explicarme—. No se me hubiera ocurrido que querías ser médico.
David se ríe.
—Quiero especializarme en neurología y ya sabes que el estudio del subconsciente es una parte muy importante. Por lo tanto, el temario que aquí damos resulta muy interesante para mí.
Visto así tiene razón.
—Así que médico. Me parece genial. Me encantaría poder dedicarme a algo así, pero yo pertenezco al grupo de los cobardes. Sólo con ver sangre me mareo.
—Eso no es malo. No todos podemos ser iguales. Cada uno de nosotros estamos hechos para destacar en cosas diferentes. Es como los deportes a cada persona se le dan mejor unos u otros en función de sus habilidades.
—O ninguno —añado en voz baja.
—Venga ya. Eso no me lo creo. Algún deporte se te dará bien…
Niego con la cabeza para darle más énfasis.
—No, es más, soy de las personas más torpes que conocerás en toda tu vida.
—No te preocupes. —Se ríe—. No te voy a poner a prueba. ¿O sí? —Parece pensarlo durante unos segundos—. Por lo menos serás capaz de trepar a un árbol. No me creo que cuando eras pequeña no treparas.
Tiene razón, en el jardín de mis padres hay un viejo y enorme castaño pero no consigo recordar si subía a él o no.
—Sí, pero aunque así fuera, con los años —intento excusarme— he perdido el centro gravitatorio. Ya sabes, la edad no perdona.
Se pone de pie y extiende su mano hacia la mía. Se me escapa una sonrisa nerviosa.
—¿No lo dirás en serio?
Me levanto sin mucha convicción y veo que se dirige a uno de los árboles cercanos. Comienza a trepar con rapidez y sin titubear y sé al momento que para mí no va a ser tan fácil. Cuando se ha asentado en una de las ramas más bajas me señala y sonríe.
—Vamos, te toca. No te quejarás, me he sentado en la primera rama para no complicarte mucho las cosas.
¿Complicarme las cosas? Está claro que no acaba de entender el significado de la palabra torpe. Resoplo y me acerco al tronco ya que tampoco quiero parecer una mojigata pero en cuanto empiezo a trepar un enorme miedo a caerme comienza a crecer en mi interior. Me quedo quieta, a un metro y medio del suelo, aferrada al tronco del árbol como si bajo mis pies se abriera el más grande de los abismos. Creo que no podré moverme nunca. En ese preciso instante, cuando ese pensamiento cruza mi mente, unos brazos fuertes, me cogen, me suben con una facilidad asombrosa y en unos segundos me encuentro sentada en la gruesa rama de árbol con David detrás sujetándome.
—¿Estás bien? No lo sabía, si lo hubiera sabido no habría insistido tanto para que subieras.
—¿Si hubieras sabido el qué? —Miro hacia atrás sin querer moverme mucho en la rama y sus ojos muestran preocupación.
—¿El qué? ¿Lo de tu vértigo? Me lo podías haber dicho y ahorrarnos el susto.
—Ah, vértigo. Sí, claro, eso ha sido. Verás, es que hasta este momento no lo sabía. Suelo moverme a ras de suelo…
Es cierto que no lo sabía. Quizás es porque como no soy dada a hacer cosas extremas no me había encontrado en la situación hasta ahora.
—Bueno, no importa. Conmigo estás segura. Yo no dejaré que te caigas. Confías en mí, ¿no?
Y confío en él, lo que pasa es que no termino de encontrarme cómoda en esa rama y tengo miedo a tambalearme.
—¿Quieres bajar?
Lanzo un suspiro.
—No ya que he subido… pero es que no sé cómo mantener el equilibrio sin estar en tensión.
David duda un momento y noto en el tono de su respuesta un leve miedo que no logro identificar.
—Puedes girarte sobre la rama y apoyar tu espalda en mí.
¿Miedo al rechazo? Lo parece, pero no tiene ningún sentido ya que estoy segura que alguien como él no sabe lo que es eso.
—Vale. Voy a moverme. Tú no dejes que me caiga.
Comienzo a girar las piernas y él baja sus manos hasta mi cintura para sujetarme mejor. Notar sus manos hace que se me acelere el pulso. Me acerco a él y apoyo mi espalda sobre su pecho. Espero que no note que se me ha acelerado la respiración, o que por lo menos piense que es por el miedo y no por estar tan cerca.
—Tienes razón así estoy mucho más cómoda.
Noto cómo se relaja un poco.
—Bueno, ¿y cuáles son tus planes?. Cuando esto termine. Ya te he contado los míos así que te toca.
—Filosofía.
Un leve silencio.
—Sí, bueno, pero qué vas a hacer con eso. Quiero decir, ¿te vas a dedicar a escribir libros y dar conferencias?
Se me escapa un largo suspiro. No tengo costumbre de hablar con nadie de mi vida y mucho menos de mi futuro. Pero creo que la confianza que tenemos se merece que me abra a él aunque sea un poquito.
—Buff… pues verás… es que te no quiero resultar absurda.
—¿Más?
Le doy con el codo en las costillas mientras se le escapa una risotada.
—Mi plan es dar clase a chicos de instituto.
Lo suelto de golpe como si se tratara de algo horrible.
—¿Fieras de instituto? ¿De verdad? ¡Qué valiente eres!
—Sí lo sé, pero si llegas a uno sólo de ellos, aunque sólo sea a uno, puedes inspirarle, hacer que su forma de pensar cambie. Y eso ya haría que mereciese la pena.
—Por tu voz diría que eso fue lo que te pasó a ti.
No puedo evitar sonreír.
—Más o menos.
El sol se filtra entre las hojas de los árboles. Seguimos hablando pero el calor hace que empiece a adormecerme.
—Qué bien se está aquí. Es tan agradable, el sol, las hojas meciéndose con el viento…
—Sí, se está bien.
Oigo su voz lejana y aunque noto que me estoy durmiendo no puedo evitarlo, no tengo fuerzas y en el fondo tampoco quiero evitarlo. Sólo será una pequeña siesta…

#14

Me despierto al notar que la temperatura ha bajado unos cuantos grados y tardo unos segundos en recordar que sigo subida a un árbol. El sol se ha ocultado y está oscureciendo rápidamente. Sigo apoyada en David y él se ha tomado la libertad de rodearme con sus brazos lo que hace que me sienta muy a gusto y sobre todo, protegida. Cada vez tengo más miedo, porque no puedo evitar ilusionarme con esto y si él no siente lo mismo, no sé qué haré…
—Creo que ya es hora de que bajemos de aquí.
David no contesta y me extraña, así que me giro levemente, lo justo para ver su cara y descubrir que está plácidamente dormido. No puedo evitar sonreír. El rostro de una persona dice mucho cuando está dormida y él tiene un gesto tan tranquilo y relajado que no hace sino confirmarme lo buena persona que es. Podría estar mirándole durante horas.
Noto que comienza a moverse y aprovecho para despertarle.
—David, tenemos que bajar. Está oscureciendo y dentro de poco no se verá nada.
Se hace un poco el remolón.
—Déjame un poco más. Se está tan bien aquí arriba…
Abre los ojos y me mira fijamente.
—No sé si será tu compañía, pero no había dormido así de bien ningún día desde que estoy aquí.
Pienso que tiene razón. Yo tampoco había dormido tan relajada en toda la semana.
—Está bien. Si quieres repetimos la siesta, pero otro día que sea a ras de suelo. Además, tengo una pregunta, ¿y ahora cómo bajo yo de aquí?
Lo digo convencida de que no voy a poder bajar sin caerme y romperme dos costillas pero resulta más fácil de lo que hubiera pensado. David me agarra y él mismo me descuelga hasta una altura en la que con dar un pequeño salto aterrizo en el suelo sin problemas. Mientras baja, miro la altura de la rama y he de reconocer que desde el suelo parece ridículo tener miedo a estar ahí sentada. Pero el caso es que ese miedo existe y no voy a ponerme a prueba otra vez.
Recogemos las cosas y volvemos a la residencia mientras mordisqueamos parte de la comida que nos ha sobrado.
Nos despedimos como de costumbre en la puerta de mi habitación y una vez dentro noto que ya le estoy echando de menos. “Esto no es bueno. Eres una tonta”. Por más veces que me lo diga a mí misma, soy la primera en reconocer que hay cosas que no se pueden evitar pero sigo pensando que esta situación es momentánea y no quiero aferrarme a él porque luego notaré aún más que me falta.
Me cambio rápidamente de ropa y me tumbo en la cama tapándome con las sábanas hasta la cabeza, como si eso ayudara a ahuyentar mis fantasmas internos.
“Ya vale de darle vueltas por hoy”. Me lo digo como una orden pero sé que no va a ser así. Me paso las siguientes dos horas pensado en el fin de semana. Y en David. Su risa, sus brazos rodeándome en el árbol, su relajada expresión mientras dormía… A pesar de haber dormido buena parte de la tarde al final el sueño me vence, pero por algún motivo no es una noche tranquila.

valu_97
Rango8 Nivel 37
hace casi 4 años

Excelente relato, me encanta. Felicidades..!! Espero seguir leyendote, te dejo mi voto.
Si deseas lee la segunda parte de un amor como el nuestro, espero te guste.
Un abrazo.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@valu_97 ¡Muchas gracias! Me alegro de que te guste y espero que los próximos capítulos consigan mantenerte enganchada a la historia. Me pasaré por tu perfil. ¡¡Un saludo!!


#15

LA OTRA REALIDAD

Abro los ojos y un escalofrío recorre mi cuerpo. No sé dónde estoy. Hay muy poca luz y mis ojos tardan en acostumbrarse a ella. Otro escalofrío. Me siento y miro mi ropa. Está húmeda. De ahí lo del frío. Miro a mi alrededor. Estoy en una cueva, frente a mí, a unos metros puedo ver la boca de entrada. Fuera es de noche y el ruido de la lluvia hace eco en el interior. Veo una pequeña fogata que es el único punto de luz que ilumina la cueva. Hay bultos en el suelo, alrededor del fuego: son otras personas que duermen acurrucadas entre sus mantas. Agarro la mía y su tacto es áspero. ¿Dónde estoy?
—¿Estás bien?
Me sobresalto al notar una mano en mi hombro pero me relajo al ver que es David.
—Sí estoy bien. Me acabo de despertar y no sabía muy bien dónde estaba.
Me aparta un mechón de pelo de la cara.
—Tranquila. Dentro de poco podremos irnos de aquí.
Un ruido de fondo, lejano, retumba cada pocos segundos. ¿Una tormenta?
Me levanto y me acerco a la entrada para mirar a la oscuridad. Parece que estamos en lo alto de una montaña y los árboles ocultan nuestro escondite. De nuevo se oye el ruido, parece un trueno pero no lo es, ya que el fogonazo no se ve en el cielo, sino en el suelo, a bastantes kilómetros de donde nos encontramos.
—Han vuelto a empezar, está claro que no les interesa darnos tregua. Pero estamos a salvo, aquí no nos podrán encontrar con facilidad. Estamos en nuestro territorio, no el suyo.
Me abraza, haciendo que apoye mi cabeza en su pecho.
—Conseguiremos salir de esta y nos organizaremos de nuevo. Haremos lo que sea necesario, no descansaré hasta que encontremos la forma de recuperarle.
Otra explosión. Tengo una sensación horrible oprimiéndome el pecho.
—Tengo miedo. No sé qué haría si no estuvieras conmigo. Si tuviera que pasar por todo esto sola.
David sonríe, pero es una sonrisa cansada.
—Eres más fuerte de lo que tú crees. De todas formas ya sabes que siempre estaré para protegerte.
Lo dice tan convencido que le creo y eso me hace sentir segura.
Y entonces sucede. Me acaricia la mejilla, despacio, tomándose su tiempo mientras me mira a los ojos, sin miedo, sin duda. Y me besa. Un beso largo y pausado. Noto su boca contra la mía y sé que este no es nuestro primer beso, que ha habido otros muchos antes, aunque ahora mismo no me es fácil recordarlos. Y por eso para mí es como si fuera el primero. Tan intenso, tan cálido que por un momento me hace olvidar todo lo que está pasando. Me olvido de la cueva, del frío, del ruido de los estallidos. Sólo estamos los dos, y ese largo beso…

Me despierto. Tengo el pulso acelerado y un cosquilleo en el estómago. Paso los dedos por mis labios porque todavía perdura en ellos la sensación de los suyos besándome. Ha sido tan intenso, tan real que el cosquilleo se convierte en un escalofrío que me recorre todo el cuerpo.
Un nombre viene a mi cabeza. Dani. No sé quién es, pero siento una mezcla de miedo, preocupación y responsabilidad al pensar en ese nombre. Algo me dice que es la persona a la que se refería David, pero ¿Quién será? ¿Qué relación tiene conmigo? ¿Y por qué todo parecía tan real? No puedo creer que mi cerebro se haya inventado semejante historia… Cuanto más pienso en el sueño, más inquieta me encuentro. Parecía tan real, lo recuerdo todo de una forma tan nítida, cada olor, cada sonido, tantos detalles… como si fuera mi vida.
Decido escribirlo todo cuanto antes y con el mayor número de detalles ya que según pasen los minutos sé que los recuerdos se irán difuminando y distorsionando. Así que me pongo a escribir y aunque me da un poco de vergüenza ya que lo va a leer otra persona, no omito ningún detalle, ni siquiera mi beso con David.
Guardo las hojas en el sobre y voy corriendo a darme una ducha ya que he sobrepasado el tiempo que tenía para escribir la redacción. Vuelvo a la habitación y miro el reloj: “Llego tarde al desayuno”. Bueno, en realidad tampoco tengo hambre, así que no me importa. Pienso en que David habrá pasado seguramente a buscarme y le habrá extrañado no encontrarme. Casi mejor. Después del sueño no sé con qué cara mirarle. Hasta que se me pase la sensación para mí es como si hubiera sucedido de verdad, y aunque no pueda leerme la mente, mi cara es como un libro abierto y seguro que sospechará algo.
Termino de vestirme, cojo mi redacción y voy directa al aula para la primera clase. David ya está en su sitio y al acercarme veo en él una expresión diferente. “Igual está enfadado porque no he desayunado con él”. Me siento y nos saludamos pero no tengo tiempo de añadir nada más porque comienza la clase. Esas dos horas se me hacen eternas y no puedo evitar seguir dándole vueltas. La actitud de David no ayuda a que me relaje ya que en ese tiempo no me mira ni una sola vez y tampoco está muy atento a la charla que nos están dando. Se pasa prácticamente las dos horas con la mirada perdida en el bosque. ¿Qué le rondará la cabeza para que esté tan pensativo? Pero yo también tengo mis dudas y estoy hecha un lío. “Quizás debería hablar con Neo”.
Cuando terminan las dos horas veo que David abre la boca para decirme algo pero inmediatamente aprieta los labios mientras mira por encima de mi hombro. Me giro y veo que Neo está justo detrás de mí.
—Ari, necesito hablar contigo ¿puedes ahora?
—Si claro. —Parece que me ha leído el pensamiento. Miro a David—. ¿Te importa?
Se encoge de hombros.
—No claro. Yo también quería hablar contigo pero supongo que puedo esperar. Además tengo cosas que hacer.
Se va. Miro cómo se aleja y sigo pensando que está raro. “Bueno ya lo resolveré más tarde”.
Neo se sienta a mi lado y me mira fijamente. Parece intentar descubrir algo en mi expresión pero no sé qué.
—Vamos al grano. —Pero duda. Parece que no sabe por dónde empezar. Mira a ambos lados para asegurarse de que nadie está escuchando y aun así se acerca más a mí y baja el volumen de su voz—. He tenido un sueño muy raro esta noche. Quería saber si tú también.
El corazón me da un vuelco. ¿Qué ha podido soñar? ¿Tendrá relación con mi sueño? ¿No habrá visto…? Decido ser sincera pero sin dar detalles.
—La verdad es que sí. Ha sido muy diferente a otras noches… ¿Tú que has soñado?
—Verás. Te contaré lo más importante… Formaba parte de un equipo de búsqueda. Estábamos en una zona montañosa llena de árboles y zonas frondosas. Éramos unas ocho personas. Es curioso porque para ser un equipo de búsqueda parecíamos un grupo corriente de hombres y mujeres que se han visto en esa situación sin poder evitarlo- hace una pausa intentando recordar más detalles- Llevábamos mochilas con comida y agua pero eran unas provisiones más bien escasas como si nuestros recursos fueran limitados. Y también llevábamos armas. Todos íbamos armados. No lo entiendo muy bien.
—¿Y pudiste ver a quién estabais buscando?
Neo sonríe.
—Si… a vosotros.
Casi no consigo que me salga la voz.
—¿Nosotros?
—Sí, imagínate mi sorpresa. Después de varias horas caminando llegamos a una gruta en lo alto de una colina. ¿Y sabes quién salió de la cueva? Tú. Me miraste y echaste a correr hacia mí. Nos abrazamos y te susurré al oído “Te dije que te encontraría. Da igual dónde estés. Sé buscarte”. Al separarnos del abrazo vi a David a la entrada de la cueva y…
—¿Y? —No entendía por qué paraba en algo tan importante.
—Pues que su cara era de pocos amigos. Ya sabes, como si lo del abrazo le hubiera molestado. Simplemente dijo “Voy a despertar al resto” y volvió a entrar en la cueva. Y ahí se acabó el sueño.
Mi mente va a mil por hora intentando pensar en cuantas posibilidades hay de tener una conexión así mientras se sueña, de tener sueños relacionados y me resulta imposible pensar que sea cierto. Pero lo es.
—Ahora quiero que me cuentes tu sueño.
Por su expresión sé que no se va a dar por vencido, así que le resumo el mío, esquivando el asunto del beso, ya que no creo que eso sea de su incumbencia. Su cara de sorpresa va en aumento según le voy relatando mi historia.
—Entonces… están conectados. ¡Hay una correlación entre ellos!
Parece que le entusiasma la idea.
—Eso demuestra mi teoría. —Por mi expresión interrogante entiende que le estoy pidiendo una explicación más clara.
—Mi estudio trataba de cómo los sueños se ven afectados por las relaciones reales.
Sigo sin entenderlo.
—A ver. Creo que cuanto más te relacionas con otra persona, más posibilidades hay de una coincidencia en los sueños, ya que si comparten muchos momentos eso afecta directamente a lo que se sueña.
Sonríe satisfecho de su explicación.
—Pero ¿hasta el punto de coincidir en un sueño ficticio como este? No sé pero me parece que hay algo en tu teoría que falla.
Está claro que no acepta mi comentario e insiste.
—Incluso hice pruebas con algunos compañeros de instituto…
Veo que el descanso ya ha terminado ya que la mayoría de los alumnos han vuelto a sus asientos.
—Vamos a pensar en todo esto, ¿vale?
Neo sonríe y asiente con la cabeza. Regresa a su sitio justo cuando David llega a mi lado. Buf, ahora incluso parece más molesto que antes ya que ni me saluda.
Intento no darle importancia, ya que no le he hecho nada y estoy tan sorprendida después de hablar con Neo que no puedo hacer otra cosa durante las dos horas siguientes que pensar en cada detalle e intentar poner en orden mis ideas.

#16

Al acabar la mañana David se queda esperándome, un detalle que me hace albergar esperanzas, al margen de su cara de pocos amigos. Vamos al comedor en silencio y una vez hemos llenado nuestras bandejas, salimos al patio a sentarnos en nuestra mesa.
—Es curioso que siempre esté libre para nosotros ¿no?
Hago el comentario por decir algo, por romper el hielo ya que su silencio me incomoda pero él no responde, así que me preocupo un poco más.
Después de unos minutos en los que lo único que hacemos es mirar nuestras respectivas bandejas oigo por fin su voz.
—Tenemos que hablar.
Me ha puesto tan nerviosa esos minutos en silencio que no puedo evitar saltar.
—Sí, la verdad es que me gustaría que me dijeras a qué viene este cambio de actitud conmigo. Me había parecido que podía confiar en ti, pero me he debido de hacer una idea equivocada. De repente prácticamente no me hablas y me miras con esa expresión… ¡como si yo fuera una persona horrible! No lo entiendo ¿qué te he hecho?
Me muerdo el labio para no seguir hablando. Tengo que pensar más las cosas antes de decirlas pero no lo he podido evitar y al acabar ya me empiezo a arrepentir de haber sido tan franca. Noto mis mejillas ardiendo mientras mantengo la mirada clavada en la bandeja.
—He soñado contigo.
Lo dice tan secamente que me doy cuenta de que le ha afectado.
—¿Me lo quieres contar? —No lo digo muy convencida ya que me imagino que no me va a gustar lo que voy a escuchar.
Cuando comienza no doy crédito a sus palabras.
—Es todo bastante confuso pero intentaré contártelo. La luz de la mañana me despierta y veo que estoy en el interior de una cueva. Miro a mi alrededor y consigo distinguir los bultos de otras personas durmiendo envueltos en mantas alrededor de los restos de una fogata. Ya solo quedan las brasas. Entonces te veo. Estás agachada y parece que estás calentando algo aprovechando el calor que todavía desprenden. Me levanto y el ruido te asusta, pero al ver que soy yo me sonríes. Cuando me acerco a ti oímos ruido fuera de la cueva y el murmullo de unas voces. Te acercas a la entrada intentando hacer el menor ruido posible y yo te sigo. En cuanto consigues ver de quién se trata, tu expresión cambia, sonríes y echas a correr. Me asomo a la luz del día y veo a Neo, cómo tú te echas a sus brazos y él te susurra algo al oído. Eso es todo. En ese momento me desperté. -hace una pequeña pausa- Lo siento, sé que no eres responsable de lo que sueño, pero como tú misma dijiste, hay veces que las sensaciones perduran y sigo sintiéndome mal al recordarlo.
David me mira fijamente esperando mi opinión pero estoy segura de que mi reacción no es la que él esperaba.
—¡Esto es genial! Nunca hubiera pensado que algo así pudiera suceder. ¿Te das cuenta de lo importante que es esto?
—Está claro que no.
Intento tranquilizarme pero no dejo de pensar en Neo.
—Tenemos que hablar con Neo, no se lo va a creer.
—¿Por qué hay que contárselo a Neo?
Recuerdo que él no sabe nada de nuestra anterior conversación así que se lo resumo todo pero sin contarle nuestro beso en la cueva.
David se muestra mucho más escéptico de lo que yo esperaba.
—Es imposible que se dé una coincidencia como esa.
—¿Por qué no quieres creerlo? Él me contó su sueño ¡y coincidís en un montón de detalles!
Por su cara sé que no va a dar su brazo a torcer.
—Puede que haya leído mi redacción.
—¿Y con qué fin iba a hacer eso? —Está claro que tengo mucha mejor opinión de Neo que él.
—Para tener un motivo que haga que le prestes atención. Seguro que también ha leído tu sueño.
Lo medito durante unos segundos pero me doy cuenta de que es imposible.
—No puede ser. Entregamos las redacciones a primera hora y yo he hablado con Neo en el descanso de media mañana. Han estado todo el tiempo en la mesa del profesor Walsh a la vista de todo el mundo. Así que olvídalo. La explicación tiene que ser otra. De todas formas deberíamos hablar con él.
Estoy tan alterada que me sobresalto al oír una voz a nuestro lado.
—Walsh quiere hablar con vosotros.
Es uno de sus ayudantes y ni tan siquiera nos ha saludado. “Directo al grano”-
—Es la hora de la comida —respondo cogiendo una patata frita. Hasta ahora no había probado bocado—. ¿Te ha comentado cual es el asunto?
El chico suelta un bufido.
—Yo sólo soy el mensajero. Os está esperando en su despacho.
Y dicho esto se va. Recuerdo que es uno de los ayudantes universitarios del profesor, seguramente elegido de entre los primeros de la clase y le fastidiará enormemente tener que estar haciendo recados de este tipo. Para él no somos nadie.
¿Qué querrá el profesor? “Oh, claro”. Seguro que ha leído nuestras redacciones y estará atando cabos…
—¿Qué es lo que te preocupa?
Como siempre me hace salir de mis pensamientos. Carraspeo.
—¿Por?
—No sé, le has preguntado a ver de qué iba el asunto ¿Qué te preocupa?
Ahora la que suelta un bufido soy yo.
—Es obvio. Habrá leído nuestras redacciones y pensará que se trata de alguna broma pesada. Estará esperando una explicación.
David mira hacia la entrada principal.
—Pues lo único que podemos hacer es resolver esto cuanto antes. Le explicaremos que nosotros sólo hemos hecho lo que nos han pedido. No sé por qué tendría que desconfiar.
—Sí claro, es tan normal que tres personas que se conocen desde hace una semana tengan un sueño correlativo que se produce en un lugar totalmente ficticio…
Hay veces que no entiendo cómo puede ser tan inocente. Cojo un sándwich y lo voy apurando mientras nos dirigimos al despacho del profesor Walsh. Como siempre, David se conoce el camino.
—Verás, aunque no estemos mintiendo, no podemos explicar lo de la coincidencia. Tú eres el primero que dudas de Neo. Imagínate lo que tiene que pensar el profesor…

Nuestras voces deben de oírse desde dentro porque antes de golpear la puerta, esta se abre, y un sonriente profesor Walsh nos invita a pasar.
—Bien, ya habéis llegado. Siento haber interrumpido vuestra comida pero tenemos mucho de qué hablar.
Su sonrisa me tranquiliza y al entrar vemos que hay un tercer invitado. Neo ya está sentado en una butaca. En cuanto David le ve le cambia el gesto pero en estos momentos me parece que eso es lo menos importante de la situación.
El despacho es amplio, con grandes estanterías rebosantes de libros. Tengo costumbre de valorar a las personas por el número de libros que tienen. No puedo evitarlo. En un lado hay una zona de despacho con una mesa perfectamente organizada. La verdad es que no esperaba menos de él. Al otro hay un enorme sofá de cuero, dos butacas a juego y una mesita donde nos espera café y un apetecible plato de pastas caseras. Me recuerda a las visitas a casa de mi abuela.
Como Neo ocupa una de las dos butacas, David y yo nos sentamos en el sofá, pero aunque el ambiente parece distendido yo estoy tensa y no puedo evitarlo. Para colmo debe ser más que evidente.
—No estés nerviosa. Esta es una reunión informal. Importante, pero informal. —No me gusta cómo ha recalcado la palabra importante. Me sirve una taza de café aunque no me ha preguntado y me la acerca. También sirve el resto de las tazas, después coge una y se sienta tranquilamente. Nos mira mientras revuelve le azúcar y da un pequeño sorbo antes de empezar a hablar—. Supongo que ya os imagináis porqué os he llamado. —Otro sorbo—. He leído vuestras redacciones de esta mañana y doy por sentado que vosotros ya habéis hablado del tema así que me gustaría saber qué opináis.
El primero en hablar es David.
—Espero que no crea que se trata de un engaño. Yo soy el primero que tengo dudas sobre lo que está sucediendo y…
—¿Dudas de qué? —Neo ha saltado como un resorte—. No somos los primeros en tener sueños conectados ¿sabes?
El profesor fija su mirada en mí.
—¿Y tú, Ari? ¿Qué opinas de todo esto?
No sé qué contestar. Tengo la mente bloqueada y aunque seguramente haya una explicación sencilla para todo esto, no la encuentro. Ante mi silencio, insiste.
—Ari, piensa un poco. Tú mejor que nadie deberías saber lo que está sucediendo.
Ahora son tres pares de ojos los que me miran fijamente. No acabo de entender a qué se refiere.
—¿Qué sabe ella más que nosotros? —Neo se recuesta sin apartar su mirada de mí.
El profesor deja su taza en la mesa y yo aprovecho para hacer lo mismo. Estoy demasiado nerviosa como para seguir sujetándola sin derramar su contenido.
—Esto es un tema muy serio. Para empezar os diré que en ningún caso creo que me estéis engañando ya que mi equipo de investigación y yo estábamos esperando que algo así sucediera. —Hace una pausa y vuelve a dirigirse a mí—. Ari ¿recuerdas el trabajo que nos enviaste para entrar en este curso?
Apenas hace dos días estuve hablando de ello con David.
—Sí, claro. De cómo afecta lo que se sueña a nuestra vida real. Pero no entiendo qué relación puede tener con todo esto.
El profesor se acerca a la ventana y durante unos instantes parece ensimismado mirando algo que sucede en el patio, pero pronto pierde el interés y vuelve a dirigirse a nosotros, a mí.
—Ese trabajo no, el anterior.
Durante un breve instante no sé de qué me habla, pero de repente mi mente se aclara y cientos de detalles y recuerdos me sacuden. Comienzo a sentirme mareada y estoy segura de que he perdido el poco color que tengo en la cara.
Me acerca un vaso de agua.
—Veo que ya sabes a lo que me refiero. No deberías tomarte la noticia así. Tu teoría es cierta.

le3
Rango4 Nivel 18
hace casi 4 años

Hola! Si que tienes material eh? Por lo que veo mucha gente se quedo en la sinopsis. Poco a poco iré leyendo prometid.

NSanchez
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

@le3 ¿Material? Pues... 421 páginas para ser exactos. Jajjaja Te aseguro que merece la pena pasar los primeros capítulos, si lo haces te prometo que la historia te enganchará. Espero leer tu opinión. ¡Un saludo!


#17

Sus palabras retumban en mis oídos. “Pero no entiendo ¿Cómo puede ser?”.
—No puede ser. Me convencí, me convencieron de que eran pensamientos de una cría de 15 años. Fantasías absurdas.
Me tiemblan tanto las manos que aprieto los puños apoyándolos sobre las rodillas con fuerza. Las caras de Neo y David pasan de la sorpresa a la incredulidad y por último al desconcierto. Neo parece el único dispuesto a querer saber más.
—¿Os podéis explicar mejor? ¿Qué trabajo? ¿Qué teoría?
—Sí, claro. Esta no era la primera vez que Ari nos enviaba un trabajo. Hace dos años intentó acceder al curso y nos envió un trabajo muy interesante, pero era muy joven para que la aceptáramos. Necesitaba un tiempo para madurar.
Ahora lo que empiezo a estar es un poco enfadada.
—¿Interesante? ¿Mi trabajo era interesante? No fue eso lo que dijeron. Recibí una carta en la que hablaban de la poca relevancia de una teoría como la mía. No, mejor dicho, dijeron que era absurda. ¡Me sentí como una estúpida!
El profesor asiente.
—Queríamos que te olvidaras de momento de ello, que desecharas la idea. Pero desde que leí tu teoría me puse a trabajar en base a ella. Busqué financiación al margen de la universidad y después de tanto tiempo de trabajo puedo decir que ha comenzado a dar sus frutos.
—Bueno, no sé si os habéis dado cuenta de que David y yo también estamos aquí y no entendemos de qué estáis hablando. —Neo se inclina hacia delante expectante—. ¿Nos puedes contar de una vez tu teoría?
Dedico unos momentos a pensar por dónde empezar. No es fácil ya que hace mucho que no pienso en ello e intento recordar cómo lo plasmé cuando escribí el trabajo.
—Verás. —Me dirijo directamente a Neo porque en estos momentos necesito contárselo a alguien a quien veo con verdadero interés—. ¿Sabes esa sensación, cuando estás soñando y de repente te despiertas con una sacudida? Parece que acabas de caer del techo a la cama e incluso tienes el pulso acelerado al despertar. Mucha gente ha desarrollado teorías acerca de la posibilidad de que el alma salga del cuerpo y esa sacudida es la que notamos al regresar. Lo llaman “viajes astrales”.
Hago una parada para mirarles uno a uno porque según estoy hablando creo que tengo que parecer una loca, pero así como no sé definir la expresión de David, la de Neo es puro entusiasmo.
—Sigue, sigue.
—Bien, obviamente yo no creo en que el alma salga del cuerpo, pero sí en la posibilidad de que cuando entras en ciertos sueños, no son sueños sino dimensiones paralelas.
Las dos últimas palabras las pronuncio con miedo.
—Desde la antigüedad, los sabios han hablado de los viajes astrales -aclara el profesor- pero la teoría de Ari nos desvelaba detalles que hasta ahora no tenían explicación y nos daba una base desde la que partir.
—Increíble, ¿cómo llegaste a esa conclusión?
El ver su interés hace que yo misma me anime.
—Ya sé que hay gente que la mayoría de las veces no recuerda lo que sueña. Pero yo no. Siempre he tenido la capacidad de recordarlo todo muy bien. Eso me hizo darme cuenta de que aunque soñaba situaciones diferentes, cada cierto tiempo algunos de los escenarios se repetían. ¡Y eran lugares ficticios! Aunque en mis sueños siempre mantenían la misma forma. Comencé a escribirlos para comparar los detalles y los puntos en común y después de varios meses vi que los sueños que se desarrollaban en un mismo escenario, no eran una repetición, sino una continuidad, como si el tiempo discurriera igual que en nuestra vida. Es complicado de explicar. Las llamé líneas de sueño. Imaginaos que en un mes, los sueños del día 2, 15 y 23 formaban una línea de sueño. Los del 4, 9, 14 y 25 otra. Había sueños que necesitaban varios meses para crear una línea de sueño y otras líneas se daban en apenas pocas semanas. Comencé a barajar la posibilidad de que no fueran simples sueños ya que aunque sabemos que el cerebro trabaja mientras duerme, me parecía demasiado complicado inventar lugares que no existen y personas que no has visto nunca a un nivel tan complejo.
Hago una pausa para beber un poco de agua ya que me he quedado con la garganta completamente seca.
—¿Dices que todo lo que soñamos son otras dimensiones?
—No, Neo, no estoy diciendo eso. Claro que el cerebro sueña. Pero los sueños generados por nuestra mente son más cortos, nunca tienen continuidad y resultan inverosímiles.
—¿Y realmente distingues unos de otros?
—A ver, es más fácil de lo que parece. Cuando son simples sueños los recuerdas peor, más fragmentados y te cuesta darles sentido. Además hay que contar con la parte emocional. Mirad el sueño de ayer, no sólo lo recordamos perfectamente. Decidme alguno de los dos si al despertar no teníais la sensación de que había sucedido de verdad. Que lo habíais vivido. Si incluso nos ha afectado…
Veo que los dos asienten aunque David lo hace imperceptiblemente. Parece que por fin comienzan a aceptar la idea.
—De todas formas hay muchos detalles que se me escapan… si tengo razón ¿lo que vivimos esta noche era real?
Ahora es el profesor Walsh el que decide tomar la palabra.
—Para eso estoy yo aquí. Para resolver todas las dudas que se nos planteen. Desde que leí tu trabajo no pude dejar de pensar en ello así que puse en marcha un estudio en base a tu teoría. Desde entonces hemos realizado muchas pruebas que nos han ayudado a ver más claras algunas cosas.
No puedo evitar preguntarlo.
—Entonces ¿es cierto que viajamos a otras dimensiones?
—Así es, lo que pasa es que ni nos damos cuenta. Es como si fuéramos espectadores de nuestra propia película. Sabemos que durante el sueño se realiza esa conexión pero todavía no sabemos por qué sucede ni cómo gestionarla. Hemos descubierto que es algo que se da durante el sueño superficial. Lo que hasta ahora creíamos que eran sueños se dan durante el llamado sueño paradójico o sueño REM y en el último ciclo este tiene una duración más larga. Pero tampoco se da en todos los individuos, sólo los que son conscientes de que esta conexión sucede son capaces de realizar estos viajes. También creemos que la mayoría de las otras dimensiones a las que tenemos acceso no son tan diferentes de nuestra realidad. ¿Me seguís?
Hago un gesto afirmativo aunque noto que ya me empieza a doler la cabeza con tanta información.
—Quiero que lo entendáis pero no resulta fácil explicarlo. Como sabéis en las dimensiones paralelas pueden haberse dado circunstancias que hagan que aunque el salto se produzca al mismo día, del mismo año todo se vea diferente. La sociedad ha podido avanzar o retroceder en función de cómo se sucedan acontecimientos trascendentales.
—El efecto mariposa. —Entiendo lo que dice—. Si en una vida igual que esta, en el pasado una guerra tuvo un desenlace diferente, en el presente podríamos encontrarnos con una sociedad totalmente diferente. Se podrían dar tanto utopías como distopías.
—Exacto, lo que hace que pueda haber vidas muy similares a la nuestra y otras completamente diferentes. Lo que hemos comprobado y vosotros nos lo habéis confirmado es que un individuo tiene varias personas clave en su vida a las que está unido por unos lazos emocionales más fuertes que al resto. Pues bien, estas personas también estarán presentes en su vida en la mayoría de las otras dimensiones.
Neo no parece estar muy de acuerdo con esto último.
—Pero eso sería decir que el destino existe.
El profesor Walsh asiente.
—Me está diciendo que si una persona forma parte de mi destino ¿es así en todas mis vidas paralelas?
—Excepto cuando se da algún tipo de variación irremediable. Como que uno de los dos haya muerto o que cada uno viva en un continente diferente. Eso obviamente, reduce las posibilidades.
Aunque todo lo que está explicando me resulta apasionante, una pregunta me ronda la cabeza.
—Disculpe profesor. Está dando a entender que en nosotros se da esa coincidencia dimensional y por eso estamos aquí hablando de todo esto. Pero si no hubiera sido así ¿nunca habrían hablado conmigo para decirme que estaba en lo cierto?
—Por supuesto que se te hubiera informado —Esboza una sonrisa que pretende ser tranquilizadora pero no me convence— a su debido tiempo. El que se haya dado una coincidencia en vosotros sólo ha hecho que se precipiten los acontecimientos. Nada más.
No confío en sus palabras pero no puedo hacer nada al respecto.
—¿Hay más sujetos como nosotros?
—Hasta ahora sólo hemos encontrado casos independientes. Es más, entre vuestros compañeros hay varios con esa capacidad. Pero ya hemos hecho muchas pruebas a nivel individual, por eso buscábamos dar un paso más, consiguiendo encontrar sujetos conectados entre sí.
—Pero para eso podrían realizar ensayos con voluntarios y no utilizarnos a nosotros como conejillos de indias
Es David el que ha pronunciado esas palabras aunque no me sorprende ya que entiendo que para mí todo esto es una revelación pero para él solo es un problema.
—Tienes razón David y tienes que saber que realizamos parte del estudio con sujetos anónimos pero entenderéis que necesitábamos a gente que estuviera interactuando entre sí para que hubiera la posibilidad de una conexión. Además hay más posibilidades de avanzar con vosotros que estáis preparados para moveros en este terreno.
—¿Avanzar?

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

De nuevo aquí para disfrutar de tu talento narrativo,
enhorabuena, un saludo.


#18

Neo y yo hemos preguntado al unísono. ¿Avanzar hacia dónde? ¿Y cómo?
—Ahora que hemos visto que el salto a la misma dimensión se puede dar en los tres, debemos ver cómo podéis interactuar en otra dimensión además de otros muchos parámetros que debemos estudiar. Pero eso son detalles técnicos que ya tendremos tiempo de comentar. Antes de nada necesito vuestro consentimiento para participar en esto.
Nos acerca unos documentos para firmar.
—Es pura rutina, pero tengo que presentarlos para que no haya ningún problema.
Los leo por encima y hay muchas cosas que no entiendo pero eso no me frena a la hora de estampar mi firma. No lo dudo ni un instante. Neo tampoco se demora y veo que el único que duda es David pero al ver que nosotros firmamos, él también lo hace aunque su expresión es de preocupación. El profesor recoge los papeles.
—Mañana por la mañana comenzaremos con el estudio así que os quiero en mi despacho a las nueve. Ya no tenéis obligación de asistir al programa del curso, aunque se os facilitará todo el material, por si os interesa. Lo prioritario ahora es avanzar en el estudio.
Salimos del despacho y no sé cómo se sentirán los demás pero yo me encuentro bloqueada.
—Disculpadme. Necesito estar sola.
Me voy a mi habitación antes de que alguno de los dos trate de impedírmelo porque necesito alejarme de ellos para poder pensar y organizar mis ideas. Acelero el paso y cuando me doy cuenta estoy corriendo. No paro hasta que he cerrado la puerta de la habitación tras de mí. Pero una vez en mi cuarto comienzo a dar vueltas como un animal enjaulado. “Es real. Todo es real”. Cada vez siento más claustrofobia. “Necesito respirar. Necesito aire”.
Salgo del edificio con prisa y no me detengo hasta llegar al pequeño claro del bosque. Me agacho porque estoy totalmente mareada e intento dar grandes bocanadas de aire. Poco a poco consigo relajarme y me siento en la hierba. Tengo tal lío en la cabeza que no sé por dónde empezar. Es una sensación extraña, saber que algo que has intentado demostrar durante mucho tiempo, ha resultado ser cierto. “Tengo razón. He tenido razón durante todo este tiempo”. Un descubrimiento como este puede cambiar tanto las cosas…
Y David. Y Neo… de pronto todo se ha complicado en exceso. “Agg… ¡me estoy volviendo loca!”.
Estoy tan frustrada que arranco puñados de hierba con las manos y golpeo el suelo con mis talones repetidamente. “¿Cómo te has metido en este lío?”. Como si fuera fácil tener una relación sin complicaciones. Todavía no sé si hay algo entre David y yo y ahora tengo que incluir a Neo en la ecuación. Por no olvidar la posibilidad de que mi futuro en todas las dimensiones me una a ellos irremediablemente.
—¿Cómo te has metido en un lío como este?
Hago la pregunta en voz alta convencida de que me encuentro sola, pero un ruido de hojas me sobresalta y miro a mi alrededor intentando escudriñar entre las hojas si hay alguien escondido.
—No te asustes, soy yo.
David. Como no. Tenía que haber pensado que a él también se le ocurriría venir aquí… por más que miro sigo sin descubrir dónde está.
—Arriba.
Alzo la mirada siguiendo el sonido de su voz y le veo encaramado a una rama mucho más alta que la del día anterior. Comienza a bajar y me asombra la facilidad que tiene para deslizarse por el tronco. Antes de que me haya dado cuenta se sienta frente a mí.
—Veo que estás igual de frustrada que yo.
Recuerdo la pataleta de apenas hace un minuto y enrojezco al instante.
—¿Lo dices por mi rabieta? Digamos que todo esto me sobrepasa un poco.
Por primera vez en el día de hoy, me sonríe y me doy cuenta de cuanto he echado de menos ese gesto.
-Pues imagínate a mí. Al fin y al cabo es tu teoría, pero a mí todo esto me pilla de nuevo. ¡Para mí es ciencia ficción!
—Si sólo se tratara de eso…
Otra vez pensando en voz alta.
—¿Qué quieres decir?
Buff… quizás haya llegado el momento de sincerarme con él.
—Digamos que si todo esto ya es complicado de por sí, cuanto más sabiendo que el destino de los tres está irremediablemente unido.
Una sombra cruza el rostro de David.
—Sí, sobre todo que Neo esté incluido en el paquete. Aunque eso sólo me incomode a mí.
Ya estamos, Neo otra vez.
—No entiendo por qué te molesta tanto. Se está portando como un amigo y está claro que es importante para nosotros en otras dimensiones. Por eso forma parte de esto, nos guste o no.
—Para ti —aclara. Cada vez parece más enfadado.
—¿Qué?
—Importante para ti. No para nosotros.
—¿A qué te refieres?
—Te lo he dicho antes. En mi sueño te abrazabas a él como si fuera la persona más importante de tu vida.
Lo dice sin mirarme, con los ojos clavados en la hierba. “Le importo. Soy más importante para él de lo que pensaba”. Ver su expresión hace que entienda cuál es el problema.
—Eres un cabezota. —Y no puedo evitar reírme—. Y un tonto por no hablar conmigo antes.
Levanta la vista y me mira totalmente sorprendido.
—No sé por qué te hace tanta gracia. ¿Soy un tonto porque no me gusta verte con Neo?
Dejo de reírme.
—Para empezar, se trata de otra dimensión, por lo tanto de otro yo y otras circunstancias.
Resopla.
—Eso no hace que me sienta mejor.
—Pero es así, no debería importarte lo que pasa en tus otras vidas sino en esta. Esta es la tuya. Esta y ninguna otra. Lo que importa es lo que hagas aquí a cada momento. ¡Nada más! ¡No puedes preocuparte por otras dimensiones, es absurdo!
—Tienes razón.
Hace ademán de levantarse, duda un momento y finalmente se inclina hacia mí. Tan rápido que no tengo tiempo de reaccionar. Y no me importa. Me besa. Coge mi cara con sus manos y me besa. Suave, dulce, tranquilo…
Al dejar de notar sus labios, abro los ojos con miedo pero ya no está. Levanto la vista y miro hacia atrás viendo su contorno alejarse entre los árboles.
“Y me deja así”. Pero da igual porque siento mi corazón desbocado todavía con la sensación de sus labios contra los míos. Entonces ¿todo su enfado era porque pensaba que yo estaba con Neo? ¿En un sueño? ¿En otra realidad? Sonrío pensando en que algo así pueda preocuparle. Claro, él sólo sabe lo que han visto sus ojos, que era a mí abrazando a Neo. Al no conocer toda la historia se ha hecho una idea equivocada. Quizás sea mejor que se lo cuente todo y salir de este embrollo. Pero me da miedo hablar de todo esto y de lo que siento por él porque todavía no tengo las cosas muy claras, así que en vez de salir detrás de él, me quedo donde estoy y paso el resto de la tarde intentando organizar mis ideas sobre el estudio, ya que es en lo único que puedo concentrarme.
Está anocheciendo así que me pongo en pie y con paso decidido regreso a la residencia. Muchos de mis compañeros están entrando en el comedor. Dudo qué hacer. Si paso de la cena no tendré que ver a nadie y creo que será lo mejor. Mantener las distancias con los dos.
Convencida de volver a mi habitación y desaparecer del mapa hasta el día siguiente, abro la puerta del edificio y al entrar me encuentro cara a cara con David que baja de los dormitorios. “Vaya. ¿Qué posibilidades había de coincidir con él?”. No sé qué decir así que me quedo esperando mientras se acerca.
—He pasado a buscarte, pero ya veo que acabas de volver del bosque.
Me siento tan tonta pensando que hace apenas unas horas me ha besado, que no me atrevo a levantar la vista del suelo.
—Estaba barajando la posibilidad de saltarme la cena…
—De eso nada. —Neo se asoma por la puerta del comedor—. No os vais a escapar de nuevo como habéis hecho antes. Tenemos que hablar antes de la sesión de mañana.

#19

David suelta un bufido pero la cuestión es que le seguimos obedientes. Cogemos algo de comer y aunque no hay mucha luz en el exterior, salimos fuera para estar más tranquilos. Una vez sentados nos miramos en silencio durante unos instantes pero está claro que Neo no quiere perder el tiempo.
—Bueno, ya vale. No sé qué os pasa pero me da igual. Quiero saber qué opináis sobre todo esto.
—¿Quieres saber qué opino? Que si tú no formaras parte de esto sería todo perfecto.
Ante el ataque de David, Neo frunce el ceño y se me hacer raro verle así porque hasta ahora nunca le había visto enfadado.
—¡Mira niñato, me estás cansando ya con tus escenitas de celos! Estamos hablando de algo más importante, más trascendental que el mero hecho de si Ari siente algo por ti o no.
Ha empleado un tono tan agresivo que el silencio a nuestro alrededor parece aún más intenso. Cuando continúa parece el de siempre, con su característico tono sarcástico.
—De verdad que me gustaría seguir con este juego, ponértelo difícil con ella, e incluso conquistarla y dejarte con un palmo de narices. Pero de momento hay otras cosas más importantes, así que te lo pondré fácil. -hace una pausa para tomar aire- Ella está contigo, no conmigo.
David le mira con extrañeza.
—¿Qué quieres decir?
—Buff… en esa otra dimensión. Ella está contigo. No puedes fiarte sólo de lo que tus ojos han visto.
No salgo de mi asombro.
—¿Cómo sabes tú eso? —Pienso si me habrá ocultado algo de su sueño como hice yo con ellos.
—No es algo dicho. —Su tono cambia y noto una ligera tristeza en su voz—. Pero yo sentía que estabais juntos, que lo mío era una batalla perdida. No podía aspirar más que a ser un buen amigo. Lo notaba en mi interior y no era algo reciente porque ya lo tenía asumido. ¿Verdad que no me equivoco? Tú también sabes que estabais juntos…
Bajo la mirada mientras David me interroga con la suya.
—Sí, así es —admito—. Pero no creo que sea algo que tenga que hablar contigo.
—Eso es cierto. Ya le darás las explicaciones necesarias a quien consideres oportuno. Dicho esto, espero que tú —Señala a David con el dedo— puedas dejar de lado tus rencores hacia mí para poder continuar todos en el proyecto. No me gustaría quedarme fuera de esto por nada del mundo.
Sonrío al ver que a alguien más le pueda resultar todo esto apasionante.
—De todas formas espero que el profesor nos dé mañana la respuesta a unas cuantas preguntas —añado—. No sabemos nada. Ni cómo funciona el ensayo, ni los riesgos que entraña… no me creo que todo sea tan fácil. Además no tenemos ni idea de lo que nos vamos a encontrar.
Neo se ríe.
—Si… hay cientos de dimensiones, algunas parecidas, pero otras… vete tú a saber lo que puede haber. Sólo hay que mirar unas cuantas películas del género y tomar nota.
Quizás algunos lugares no resulten divertidos.
—Aun así quiero participar —admito.
—Sólo faltaba. —Su mirada es de total complicidad—. Al fin y al cabo es tu teoría.
—Si… todavía no termino de creérmelo. Cuando comencé a pensar en todo esto, creí que estaba equivocada, que no podía ser verdad, pero me puse a investigar y vi que siempre ha habido indicios de que esto ocurre. Veréis, los sacerdotes egipcios sabían de la existencia del “cuerpo astral” y lo llamaban “Kha” o “Ba“. Hay muchas representaciones en sus jeroglíficos de “Kha” como una bola de luz. En la antigua Grecia, Plutarco cuenta la historia de Arisdeu, un individuo de mala reputación que un día se golpeó la cabeza y estuvo dos días en coma. Durante ese tiempo, Arisdeu se percibió fuera del cuerpo y durante esa experiencia, también vio otra dimensión que era habitada por gente mala y se quedó a examinarlas. En un determinado momento, sintió una fuerza tirando de él hacia el interior de su cuerpo físico. ¡Se despertó en su realidad justo en el momento en el que estaban enterrándole! Desde esa experiencia, dicen que Arisdeu cambió su ética, valores y comportamiento y se convirtió en un respetado ciudadano valorado por su comunidad. Después de leer muchos otros documentos con historias similares, ya no me parecía una idea tan disparatada. Durante bastante tiempo estuve convencida de que tenía razón, por eso me animé a presentar mi trabajo, pero cuando lo rechazaron… —Miro hacia los árboles perdiendo la vista en ellos—. Pensé… pensé que estaba loca.
Otro instante de silencio. Cuando vuelvo a mirar hacia la mesa veo que los dos me observan con preocupación. ¿Preocupados por mí? Ni en mil vidas hubiera creído que dos chicos como estos podrían estar pendientes de mí.
Neo vuelve a romper el silencio.
—Bueno, es mejor que me vaya a descansar. Y vosotros deberíais hacer lo mismo. Antes de irme sólo quiero que acordemos que tomaremos las decisiones juntos, que no nos perjudicaremos y que siempre intentaremos decidir lo mejor para todos.
—¡Qué noble! —David no ha hablado en todo este tiempo y lo hace con tono sarcástico.
—Lo digo en serio. Deja de lado tus diferencias conmigo porque en esto tenemos que ser un equipo, queramos o no. No creas que a mí me hace más gracia que a ti.
—De acuerdo —Lo dice apretando los dientes pero al margen de su mal humor lo importante son sus palabras.
Y de nuevo las miradas se dirigen a mí.
—Confío en vosotros… en los dos. Además me alegro de no tener que hacer esto con unos desconocidos.
Neo sonríe abiertamente mientras se levanta de la mesa.
—Bien. Mañana nos vemos. ¡Espero que soñéis cosas agradables!
Se aleja. Me quedo mirando mi bandeja llena de apetitosa comida pero sigo sin tocarla. Tengo un nudo en el estómago.
—¿No vas a cenar?
—No es tan fácil. Debería, pero tengo el estómago cerrado. —Levanto la vista con miedo pero me encuentro con su afable rostro de siempre.
—Mañana te hará falta toda la energía posible. Así que venga —Me coge una patata y me la acerca— no me iré hasta que lo acabes todo.
Cojo la patata y mientras la mastico me doy cuenta de lo hambrienta que estoy. Comienzo a devorar toda la comida y él me observa divertido.
—¿A qué viene ese apetito tan repentino? No te he amenazado ni nada por el estilo.
—No, pero verte de buen humor me ha animado. No me gusta que estés enfadado.
Me mira fijamente como queriendo leer mis pensamientos.
—Es que no puedo con Neo, siempre está fastidiando y después de lo que sucedía en el sueño… eso no ha hecho que mejore mi opinión sobre él, no puedo evitarlo pero es que no me gusta pensar que lo que vi pudiera llegar a suceder.
Me resulta imposible no quedarme embobada mientras me habla y al ver que no digo nada añade.
—-Por cierto, me gustaría que me aclararas eso de que tú sabías que en el sueño estábamos juntos.
“Tierra trágame”. Sí que ha tardado mucho en sacar el tema. Está claro que no se va a andar con rodeos.
—Lo que no sé es como tú no lo sabías. ¿No lo sentías así?
Le miro pero él desvía la mirada.
—Yo sé lo que sentía, pero eso no significa que entre nosotros hubiera algo. Cuando te gusta otra persona, no quiere decir que sea recíproco. Hay veces que sí y veces que no. Así que ¿lo tuyo fue una sensación o hubo algo más?
Clava su mirada en mí y de verdad que no sé dónde meterme. Noto mis mejillas encendidas y rezo para que la poca luz del lugar haga que él no pueda distinguirlo.
—Bueno… eran ambas cosas. Digamos que notaba que estaba unida a ti, pero también hubo algo que me ayudó a que me quedara claro.
Me mira atentamente, esperando que continúe con mi confesión, porque eso es, una confesión ya que llevo todo el día ocultándole los hechos y veo que ya no tengo escapatoria posible. “Vamos allá”.
—Me besas. —Lo he dicho tan bajo que incluso tengo dudas de que me haya oído.
Clavo la mirada en la mesa para no ver su reacción. Pero su tono deja clara la sorpresa.
—Te beso. ¿Te beso? ¿Por qué no me lo has contado antes?
Resoplo. Como si fuera tan fácil ir contando esas cosas por ahí.
—No quería darte tantos detalles. No me pareció que necesitaras saberlo. Quería guardarlo para mí.
—¿Y fue real? Porque cuando yo me desperté era como haber regresado de allí. Todavía notaba el frío de la cueva, el olor a moho, la luz del sol. Y la rabia por tu abrazo con Neo. Deseaba que me hubieras abrazado a mí así.
Ya no hay motivo para ocultarle nada.
—Fue muy real.
Se queda pensativo durante unos instantes pero su respuesta no es la que esperaba.
—Entonces el beso de antes, para ti no era el primero conmigo.
Vaya, no esperaba que algo así fuera importante para él.
—Sí, ha sido el primero. Aunque en su momento pareció muy real no tuvo para mí la misma intensidad que el de antes. Al fin y al cabo, el beso se lo estaba dando tu “yo dimensional” a mi “yo dimensional”. En parte me sentí como si estuviera suplantando una identidad y además le estuviera robando un fragmento de su vida. Y más ahora que sabemos que no son simples sueños.
—No me lo había planteado así. ¿Crees que a ellos les afectará que nosotros ocupemos su lugar aunque sea durante unos instantes?
Miro hacia el cielo y veo que está plagado de pequeñas y luminosas estrellas.
—No lo sé y no sé si podremos averiguarlo. Uf, es mucho más complicado de lo que parece a simple vista.
—Sí, tendremos que pensar cada paso que damos porque esto también va a cambiar nuestras vidas.
Pienso si todo esto que está comenzando entre David y yo se puede estropear por lo que pasará en los próximos días, pero está claro que tendremos que ir improvisando.
—Ya me lo he comido todo. —Pongo cara de buena—. ¿Me puedo ir a dormir?
—Sí, vamos. Tenemos que estar preparados para lo que nos espera mañana.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Mejor que excelente tu historia,
un saludo, ha sido un placer pasar y disfrutar de tu talento literario.
Te invito a pasar si quieres por mi relato LA VELA ENCENDIDA que ya tiene tres partes publicadas.


#20

Como siempre me acompaña hasta la puerta y nos quedamos dudando unos segundos. Finalmente se acerca y me besa suavemente. Se separa un poco y aún con las manos en mi cintura, me susurra al oído.
—No sé si debería haberte besado de nuevo, porque no tengo claro si es esto lo que quieres. Pero ya está hecho. Este momento me pertenece.
Me hace un gesto de despedida con la mano mientras se aleja y noto una punzada en el corazón por tenerle lejos de mí.
Entro en la habitación y me apoyo en la puerta recién cerrada. Toco mis labios y no puedo evitar sonreír. La cabeza me da vueltas por el subidón así que me tiro sobre la cama y me recreo en la sensación, aún reciente del beso.

Estoy tan relajada que no noto en qué momento me quedo dormida y aunque parece que han pasado minutos, han sido horas porque de nuevo me retumba en los oídos la música.
—Maldita música clásica —mascullo. En otras circunstancias la apreciaría pero así es imposible.
Voy a los baños corriendo para ducharme y arreglarme y veo que todos me ignoran al igual que yo a ellos. “Paso totalmente desapercibida”. Se me escapa una risita mientras pienso en lo que darían ellos por participar en el experimento. “Que tranquilos se pasean sin saber lo que se están perdiendo”.
Mientras me cambio de ropa en la habitación, siento que estoy de un humor estupendo, no sé si por David, por la expectativa del ensayo o por ambas cosas.
Llaman a la puerta y al abrir me llevo la primera sorpresa de la mañana ya que al otro lado están David y Neo juntos.
No puedo evitar reírme mientras cierro la puerta detrás de mí.
—Buenos días chicos ¡si parecéis amigos y todo! Sí que os habéis tomado en serio lo de la tregua.
Oigo un resoplido que por supuesto ha salido de David.
—Si eso implica ser tres en todo momento no sé si estoy dispuesto a tanto.
Veo que Neo coloca la mano sobre su hombro y aunque David le fulmina con la mirada, no la retira.
—Tranquilo, ya os daré momentos de intimidad. Es sólo que me pareció buena idea desayunar juntos el primer día.
Y eso hacemos. Desayunamos los tres tranquilamente y parece que ellos están del mismo buen humor que yo por lo que intuyo que les motiva participar en algo así. Sus risas hacen que me acuerde de la primera vez que soñé con ellos y la sensación era muy parecida a la de ahora. Como si los tres fuéramos buenos amigos.
Puntuales llegamos al despacho del profesor Walsh pero nos sorprende encontrarlo vacío. Justo cuando nos estamos planteando qué hacer, aparece a nuestras espaldas el mismo chico de los recados de ayer.
—Seguidme. El profesor nos espera en las instalaciones de investigación.
Le seguimos sin protestar y nos lleva a una zona del edificio más allá de las aulas en la que ni siquiera nos habíamos fijado.
Se para frente a una puerta de apertura electrónica y veo como saca una tarjeta identificativa que introduce en la ranura. Cuando la puerta se abre nos corta el paso y nos mira con cara de pocos amigos.
—Quiero saber si os dais cuenta de lo importante que es todo esto. No se trata de un juego y quiero que entendáis que hemos invertido mucho tiempo en este proyecto y que algunos daríamos lo que fuera por poder participar a vuestro nivel y no como meros espectadores.
Asentimos con la cabeza mientras atravesamos el umbral y por fin entiendo por qué el chico es tan arisco con nosotros. Si yo me tuviera que quedar al margen, estaría igual de enfadada que él.
Lo primero que me llama la atención al cruzar las puertas es la intensa luz que nos deslumbra, reforzada por el blanco de todo lo que nos rodea. No hay ninguna posibilidad de error. Estamos en un laboratorio.
Vemos a través de una cristalera situada en la pared de la izquierda del pasillo a varios individuos en camas, durmiendo plácidamente. Lo único discordante son los sensores colocados en la cabeza y en el pecho y que los mantienen monitorizados. En la habitación de al lado, hay varios chicos mirando unas pantallas y parecen estar vigilando los resultados que se reflejan en ellas. De vez en cuando toman algún apunte y cuando descubren que les estamos observando cierran la puerta precipitadamente.
Nuestro acompañante nos mira y por primera vez esboza algo parecido a una sonrisa.
—Aquí todos somos muy celosos con nuestro trabajo.
En ese momento vemos asomar por otra puerta al profesor Walsh.
—Estupendo. Ya estáis aquí. Pasad. Espero que estéis tan ansiosos como yo de empezar con todo esto. Alex, no les entretengas más.
Alex. Por fin sabemos su nombre. Ha perdido tanto tiempo mostrándose antipático que ni se ha presentado.
—Además —añade— te esperan en la sala tres. Parece que un sujeto tipo dos es apto y acaba de entrar en una dimensión.
Se nota que a Alex todo esto le entusiasma porque esboza una gran sonrisa y se va atropelladamente, sin despedirse.
—¡Vuelve en diez minutos! Necesitaré que me ayudes a prepararles. Bueno —Nos mira a los tres— no perdamos más tiempo.
Entramos en una pequeña sala. Parece una zona de relax. Tiene una cocina a la izquierda y a la derecha una mesa con varias sillas y un sofá.
—Veréis, algunos pasan tantas horas aquí dentro que ni utilizan el comedor general.
Después de esa pequeña aclaración que ninguno de nosotros habíamos pedido, nos sentamos alrededor de la mesa y como siempre Neo es el primero en hablar.
—¿Quiénes eran las personas de la otra habitación?
El profesor nos mira y responde sin vacilar.
—Es una parte del proyecto. Evaluamos el sueño de sujetos que se han presentado a este programa. Se les paga una pequeña cantidad por cada día de ensayo. Evaluamos su sueño y en algunos casos encontramos saltos dimensionales. El sujeto que lo consigue pasa a otro nivel del ensayo en el que evaluamos la repetición de las dimensiones y si se da esa circunstancia, ver cómo actúa con plenas facultades.
No puedo evitar preguntarlo.
—¿Se refiere a tener libre albedrío? ¿A no ser un simple espectador? —Al ver que Walsh asiente añado— ¿Qué es lo que hace posible un libre albedrío?.
—Hay tres fases diferentes. La primera y más común, es la “visita superficial”, por así decirlo. Es la que la gente confunde con sueños corrientes. La segunda es de mayor profundidad, en ella hay una conexión directa con esa dimensión y cuando ocurre el individuo lo siente como si estuviera en su propia realidad, aunque sus acciones son realizadas por su “yo dimensional” y no por él mismo. En la tercera fase, es posible actuar, tomar decisiones, etc.
—¿Y cómo se consigue? —No me parece algo fácil—. No recuerdo haber tenido ningún sueño en el que haya conseguido elegir lo que hacer.
—Bueno… después de muchas pruebas, parece ser que la única forma es un coma inducido.
Veo como David se inclina hacia delante sobresaltado.
—¿Pero no resulta peligroso? Es decir, ya no se trata de dormir sin más…
El profesor sonríe para tranquilizarnos.
—Como sabéis en medicina es muy común esta práctica. En ningún caso resulta perjudicial. Pero creo que os estoy dando demasiada información junta y os será más fácil asimilarlo todo sobre la marcha. Seguidme.
Se levanta y le seguimos fuera de la habitación. Mientras avanzamos por el pasillo David me agarra del brazo para que aminore el paso. Una vez que estamos a un metro de ellos me dice en voz baja.
—No sé si me fío de todo esto.
Sé que tiene razón, pero no puedo quedarme al margen. No ahora que sé que es posible.
Pongo mi mano sobre la suya para tranquilizarlo.
—Hagamos una cosa. No estamos obligados a nada. Así que en cuanto veamos algo que no nos gusta o que creamos peligroso, lo dejamos. ¿De acuerdo?
No espero a oír su respuesta ya que veo que Neo y Walsh se han detenido frente a una puerta.
Entramos y vemos una habitación similar a la de antes. Tres camas alineadas y unos monitores para la frecuencia cardíaca y las ondas cerebrales. En una de las paredes hay una enorme cristalera. Es la sala de observación donde se toman las mediciones de los sujetos.
Alex entra con una bandeja con instrumental que deposita en una mesa cercana. El profesor nos mira sonriente y comienza con las instrucciones.
—Bien. Esto se trata de una primera toma de contacto. Tumbaros cada uno en una cama y Alex os colocará los sensores que medirán vuestras ondas cerebrales y vuestro pulso. Además os colocará una vía para inyectaros los fármacos. Tranquilos, lo único que tenéis que hacer es relajaros y el resto lo haremos nosotros.
Alex va realizando todas las tareas con total eficacia lo que me hace pensar que ya son muchas las personas que han pasado por sus manos antes que nosotros. Una vez nos ha colocado la vía en el brazo y ha conectado el gotero, se hace a un lado esperando instrucciones.
Vemos al profesor Walsh a través de la ventana y oímos su voz por un altavoz que no consigo ubicar. Parece que hay eco.
—De acuerdo. Todo listo. Primero un somnífero hará que entréis en la fase de sueño rápidamente y por lo tanto, en otra dimensión. Como os habéis sincronizado, entraréis en la misma. Una vez registremos que vuestro cerebro ha realizado el salto, os induciremos al coma durante un corto periodo para ver qué sucede. Intentad recordar el mayor número de detalles posibles.
Lo siguiente que oigo es una puerta cerrarse. Entiendo que ha sido Alex que ha salido de la habitación. Reina un silencio absoluto y eso me incomoda un poco. Pienso en estirar mi mano y coger la de David que está tumbado a mi derecha pero por algún motivo creo que también debería dársela a Neo que está a mi izquierda, ya que somos un equipo y todo eso. Ante la duda, decido no hacer nada.

#21

Un parpadeo. Sólo eso. Un parpadeo y lo que mis ojos enfocan son las mesas del patio. Es curioso porque el somnífero me ha hecho efecto pero no me he dado cuenta. Estoy andando hacia nuestra mesa de siempre y al mirar a mi lado veo a David y Neo que van charlando tranquilamente. Se ríen.
—Y bien. ¿No me vais a contar de qué os estáis riendo? —Es mi voz la que ha pronunciado esas palabras pero no he sido consciente hasta que ya las he dicho. Siento como si mi mente estuviera ocupando el espacio de otro.
—Venga Neo, cuéntaselo tú que no quiero que se enfade conmigo.
Sonrío, aunque sé que no ha sido decisión mía y les miro sorprendida de lo bien que se llevan.
Durante unos segundos mi vista se nubla y siento tal mareo que me paro. Me quedo quieta y esta vez ha sido mi orden la que ha obedecido mi cuerpo. Me agacho y tomo aire mientras intento enfocar la vista de nuevo. Cuando lo consigo, la mano de David está sobre mi hombro.
—¿Estás bien?
Asiento con la cabeza, con el sabor de la náusea aún en mi boca.
—¿Qué ha pasado? —agito la cabeza para intentar quitarme el aturdimiento pero no lo consigo del todo.
—Ey miradme.
Levanto la vista y Neo está subido a la mesa de piedra.
—¿Se puede saber qué haces? —Me parece que no es el mejor momento para tonterías.
—¿No lo veis? Lo hago yo. —Y se ríe a carcajadas mientras añade—. Libre albedrío.
Tiene razón. Somos nosotros los que actuamos y eso quiere decir…
—¡Lo hemos hecho! ¡Lo hemos hecho! —grita Neo desde lo alto de la mesa.
No puedo evitar sonreír y miro a David.
—Así que el mareo se ha producido por la conexión a la tercera fase. Vaya viaje —resopla.
—Espero que no sea siempre tan malo entrar. Es una sensación… —No consigo terminar la frase. De golpe en mi cerebro se comienzan a acumular cientos de imágenes de mi vida hasta el día de hoy. Es como un flash y muchas de las escenas me suenan pero otras son diferentes, como si estuviera viendo la vida de otra persona. Solo que es la mía y los sentimientos de todos esos momentos me golpean. Resulta tan apabullante que hasta me cuesta respirar. Oigo la voz de David lejana, aunque sé que está a mi lado. Pongo todo mi empeño en prestarle atención para salir de esa amalgama de imágenes que está a punto de volverme loca.
—¡Mírame! Ey, mírame.
Alzo la vista y al mirarle a los ojos me relajo.
—Ya ha pasado. Estoy bien.
Neo también parece preocupado.
—¿Qué te ha pasado? Tenías la mirada perdida. Pensábamos que habías entrado en shock.
Me siento en el banco de la mesa en la que momentos antes Neo daba saltos como un loco.
—No lo sé. —Respiro hondo e intento poner en orden mis ideas—. He visto mi vida y es como…
Neo termina la frase por mí.
—Como si te hubieras sobrecargado como un ordenador.
—Sí, algo así. ¿No os ha pasado lo mismo?
Ambos asienten.
—Quizá en tu caso el aluvión de recuerdos ha sido mayor. Tendrá que ver con el número de acontecimientos diferentes de una vida a otra.
Sonrío al escuchar a Neo ya que me asombra su verborrea científica.
—Parece mentira que el descubrimiento sobre estos viajes lo hiciera yo. Pareces todo un experto en la materia.
—Intento seguirte el ritmo, nena.
Me hace gracia el comentario pero está claro que a David no.
—Bueno, no te pases- añado para zanjar el tema.
David resopla y mira a nuestro alrededor.
—¿Y ahora qué se supone que debemos hacer? No sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí.
Neo se pone de pie de un salto.
—Yo creo que deberíamos hacer algún tipo de experimento para ver hasta dónde llega nuestro control con estos sujetos.
Me da la risa.
—¿Sujetos? ¿Eres capaz de utilizar ese término? Somos nosotros mismos.
—Sí pero no. Es otro “yo” así que en realidad no soy yo.
Esto está empezando a tomar una vertiente filosófica.
—Pero al ser un “yo” tuyo deberías tenerle cariño. Es como un clon, tu misma genética y una parecida forma de ser, excepto por las modificaciones de personalidad dadas por unas vivencias diferentes, claro está… —Estoy divagando— Me estoy desviando. En el momento en que sientes lo que ha sido tu vida en esta dimensión es como si hubieras vivido esta vida también, ¿lo entiendes?
—¿Y a dónde quieres llegar con esto?
—En que ¿cómo quieres poner a prueba tu nivel de control? ¿Dejándote atropellar por un autobús? Pero dañarías a tu “yo dimensional”, puede que incluso lo mataras. Eso es peligroso.
Neo sonríe lo que hace que me dé más miedo pensar qué se le puede estar pasando por la cabeza. Mira a David y después a mí.
—¡Es más fácil que todo eso! —Pero durante un momento duda—. ¡Bah! En realidad no pierdo nada.
Y antes de que me dé tiempo a reaccionar, tira de mí para conseguir ponerme en pie, me acerca a él y me besa.
Estoy tan sorprendida que ni siquiera me aparto y en realidad no hace falta porque ya lo hace David. Le aparta de un empujón y sin pensárselo dos veces le propina un fuerte puñetazo en la cara. Agarro a David del brazo y veo que Neo está sangrando. “Le ha partido el labio”. Pero para David parece no haber sido suficiente porque consigue zafarse de mí y se lanza de nuevo contra él. Noto de nuevo un fuerte mareo.
Despierto. Estoy un poco atontada y desubicada al encontrarme de repente en otro lugar. Me siento en la cama y al recordar la última imagen miro nerviosa a ambos lados. Neo se está despertando y parece estar perfectamente.
—Neo ¿estás bien?
A mis espaldas oigo ruido y me giro para ver a David que también se está despertando. Pero él no enfoca su mirada en mí sino en alguien más allá de mí.
—Tú…
Se quita la vía del brazo y los sensores y se abalanza por encima de mi cama para llegar hasta Neo.
—¡No! Para… —Intento frenarle pero está tan enfadado que es imposible.
—Ey tío, no quiero sangrar de verdad ¡era sólo un experimento!
En ese momento entran Alex y el profesor Walsh y sujetan a David.
—Chico, cálmate. Me parece que tenéis bastante que contarnos. Os sacamos del coma cuando vimos que vuestros ritmos cardíacos se disparaban. ¿Se puede saber qué demonios estabais haciendo?
Unos minutos después nos encontramos de nuevo en la sala de descanso y yo les he resumido lo que ha ocurrido de la mejor forma que he podido. David sigue enfadado pero por lo menos ya no parece empeñado en matarle. Alex nos mira con gesto reprobatorio y el profesor ha tomado cientos de apuntes. Después de unos minutos repasando sus notas mira a Neo fijamente.
—¿Se puede saber qué pretendías exactamente?
Este se apoya en el respaldo de la silla y nos mira uno por uno.
—-Seguramente os habéis hecho todos una idea equivocada. No besé a Ari por nada en especial, lo importante era que lo que ese hecho iba a desencadenar serviría para averiguar ciertas cosas.
David suelta un bufido.
—¿Piensas que nos lo vamos a creer?
—Mira, para empezar, en esa dimensión tú y yo somos buenos amigos, está claro que no como aquí. Por lo tanto lo del beso era una forma de demostrar hasta qué punto teníamos nosotros el control. Si hubieses estado influenciado por tu “yo dimensional” no me hubieras atacado. Lo segundo que quería comprobar, una vez conseguida la reacción que buscaba por tu parte, era si una agresión en otra dimensión tendría alguna repercusión en esta.
Ahora lo entiendo.
—¿Querías ver si al despertar tenías el labio partido?
—Exacto. Te aseguro que me dolió a horrores ese puñetazo y los dos me visteis sangrar. Pero al despertar ya sólo era un recuerdo.
—Muy interesante. Aplaudo tu iniciativa, aunque supongo que tu otro yo no te lo agradece nada en absoluto. Piensa que a él aún no se le habrá pasado el dolor.
Walsh está impresionado pero por la expresión de David a él no le ha sido suficiente con la explicación. Al parecer Neo es consciente de ello porque añade:
—¿Me hubieses pegado si te lo hubiera pedido? Tenía que buscar una forma para que reaccionaras así.
David se levanta y se dirige a la puerta.
—La próxima vez pregunta. Te aseguro que no dudaré en pegarte sin más.
Se va sin esperar a que la reunión termine pero al profesor no le importa y aprovecha para dar por zanjada la sesión de hoy.
—Bien, chicos. Vamos a dejarlo por hoy. Para ser el primer día lo habéis hecho muy bien. No hace falta que acudáis a las clases de la tarde. Aprovechad para descansar. Vuestra prioridad a partir de ahora es esto, ¿de acuerdo?
Asentimos y salimos de la habitación. Mientras camino al lado de Neo no puedo evitar recriminarle.
—¿En qué estabas pensando? No vuelvas a hacerlo. —Por el rabillo del ojo le veo sonreír y eso me enfurece más todavía. Le agarro del brazo para que se detenga—. Lo digo en serio. La próxima vez seré yo la que te pegue.
Neo se ríe. Parece que no le he intimidado ni lo más mínimo.
—¿Qué es lo que te hace tanta gracia?
—No sé por qué quieres parecer tan enfadada con todo esto. —Acerca su cara a la mía hasta que puedo notar su aliento—. No te apartaste.
Su tono me hace pensar que para él ha sido un triunfo y no una falta de reflejos por mi parte.
—¡No me dio tiempo a reaccionar!
—Sí claro. Esa es la respuesta fácil. Además acabas de decir, “la próxima vez”. Eso es que cuentas con que habrá otra vez.
“Argg. De verdad que cuando quiere puede resultar insoportable”.
—¡Es una forma de hablar! Yo no espero que suceda de nuevo. ¡Está claro que no se puede hablar contigo!
Me voy sin esperarle y una vez en el exterior no sé qué hacer. Es hora de comer pero no tengo nada de hambre. Todavía tengo el estómago revuelto por el viajecito. Aunque tampoco quiero estar en la habitación dándole vueltas a todo esto.

#22

Me asomo en el comedor pero David no está allí. Decido ir a buscarle a su habitación, así que me acerco al tablón de anuncios en el que dejaron puesto el listado de las habitaciones. Veo que la suya es la 121. Está en el mismo pasillo que la mía.
Subo por las escaleras y me acerco hasta su puerta. No sé qué voy a decirle pero sé que es mejor hablar con él cuanto antes. Cojo aire y golpeo suavemente la puerta con los nudillos. No hay respuesta. Insisto, pero el resultado es el mismo.
“¿Dónde puede estar?”. No termino de formularme la pregunta cuando ya tengo la respuesta. Además en un lugar como este no hay muchos sitios donde esconderse.
Salgo de nuevo al patio y me dirijo a los árboles, asegurándome como siempre de que nadie me ve. Al llegar al borde del claro veo a David en la hierba tumbado al sol. Parece dormido. Me acerco a él intentando hacer el menor ruido posible y me siento sobre mis rodillas a su lado. No puedo dejar de observarle. Su pelo castaño parece más claro con la luz del sol, desprende destellos dorados. Me fijo en su cara , la nariz fina y los pómulos marcados y no puedo evitar pensar lo guapo que es. Estoy tan absorta mirándole que me sobresalto al oír su voz.
—¿Es divertido mirarme? —Abre los ojos y al momento se coloca la mano delante a modo de visera para mirarme sin que le moleste el sol.
—Pensaba que estabas dormido.
Se sienta frente a mí con las piernas cruzadas.
—Solo estaba intentando tranquilizarme para poder pensar. Estoy saturado.
Lo medito durante un instante.
—Saturado, no enfadado.
Me mira a los ojos.
—Enfadado…¿con Neo? Si, por supuesto. Y me parece que las cosas siempre van a ser así con él. Pero tampoco puedo hacer que no sienta nada por ti, sólo intentar que no haga muchas tonterías como la de esta mañana. —Hace una pausa—. ¿Contigo? Te diré la verdad, me gustaría que te hubieras apartado de él al instante y que le hubieras propinado un buen golpe. Pero una cosa es lo que yo quiera y otra la que tu hagas. No te juzgo.
Me siento frustrada con todo esto.
—Yo, veras… tardé en reaccionar… no quería que me besara. No quiero que pienses que yo, yo…
Noto el calor en mis mejillas. No sé cómo hacerle entender.
—No tienes que explicarme nada.
Cojo una brizna de hierba para distraerme.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
Asiento con la cabeza mientras rezo para que no tenga nada que ver con mis sentimientos hacia ellos.
—Todos te llaman Ari. Pero tu nombre… ¿es Arien?
Ahora sí que estoy sorprendida.
—¿Cómo lo sabes? Nunca utilizo mi nombre entero…
Se relaja y me sonríe.
—Es curioso, es una de las cosas que recuerdo de la dimensión de esta mañana. Todos te llaman Arien. Incluido yo. No utilizas el diminutivo.
Me quedo pensándolo.
—No recuerdo la última vez que alguien me llamó así. Incluso mis padres me dicen Ari. Lo único que me recuerda mi nombre es un medallón que me regaló mi madre.
Intento recopilar datos de esa otra vida y él tiene razón. En todos los momentos que acuden a mi mente me llaman Arien.
—Es un nombre muy bonito, no digo que Ari no —aclara—. Pero es una pena que no lo utilices.
Me mira a los ojos de una forma tan intensa que no puedo mantenerle la mirada y bajo los ojos abochornada.
—Será mejor que te deje sólo, creo que ya te he molestado suficiente.
No me da tiempo a levantarme. Me coge la mano y me detiene.
—No, no te vayas. Quédate. —Duda un instante—. Si no tienes nada mejor que hacer, claro.
Qué voy a tener que hacer mejor que estar con él toda la tarde…
—Vale. —Y le devuelvo la sonrisa.
Disfrutamos del sol mientras charlamos de cientos de cosas. Lo que nos gusta, lo que no, anécdotas, momentos importantes de nuestra vida… le cuento cosas que prácticamente nadie conoce y sé que él también está siendo sincero conmigo.
“Así que esto es lo que se siente” pienso mientras le miro. Esta complicidad, el querer saberlo todo de la otra persona, el morirme por tenerle cerca, porque me mire, porque me roce…
—Espero que sea bueno eso que estás pensando.
Me sonrojo porque no se qué pensaría si supiera las ganas que tengo de que me bese.
—Yo siempre pienso cosas buenas de ti. —Intento hacer el comentario restándole importancia para que no insista.
“Tienes que dejar de pensar así”. No sé en qué punto estamos y lo mejor será que deje pasar algo de tiempo para ver a dónde nos lleva todo esto.
Vamos al comedor y cogemos algo para cenar. Ninguno de los dos hemos comido así que estamos hambrientos. Mientras nos atiborramos a comida me fijo en que Neo no está por ninguna parte y me extraña porque aunque no se acerque a nosotros, solemos verle por el comedor. Mejor así, no quiero que David recuerde lo de esta mañana y lo enfadado que está con él.
Por suerte terminamos de cenar sin que él aparezca y David me acompaña a mi habitación. Cuando nos paramos frente a mi puerta, no sé qué esperar.
—Me lo he pasado muy bien hablando contigo. Gracias por la compañía —dice mientras me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Sí… lo mismo digo.
“Uf, odio estos momentos, como cuando vuelves de una cita y no sabes qué hacer, ¿un gesto con la mano, un abrazo, un beso en la mejilla?”.
Pero él tiene las ideas más claras que yo. Me arrincona contra la puerta apoyando el brazo en ella. Acerca su cara a la mía y sus labios están a pocos centímetros de los míos. Se me entrecorta la respiración.
—¿Crees que sería una buena idea si te…? —Se interrumpe al oír ruido en las escaleras. Parece que varios compañeros suben por ellas charlando.
Sin dudarlo, abre la puerta y me arrastra dentro de mi habitación. Me apoya contra la puerta y ya no hay pregunta que formular. Me besa y al ver que respondo a su beso, pone sus manos en mis caderas y me acerca más a él. Esa proximidad y lo cálido de sus besos hace que se me ponga la piel de gallina y que un escalofrío me recorra de arriba abajo. Tengo el pulso acelerado y sin darme cuenta mis manos actúan con voluntad propia. Suben por su pecho hasta el cuello para hundirse en su pelo. Tengo el juicio nublado por la intensidad del momento y me dejo llevar. Nos besamos durante unos minutos y cuando separa sus labios de mí, es como si me faltara algo. Sin quitar la mano de mi cintura, abre la puerta y se asoma.
—Bien, pasillo despejado. —Me mira y me acaricia la mejilla—. Este rubor te sienta bien.
Acerca de nuevo sus labios a los míos, pero esta vez sí es una despedida.
—Duerme bien. Nos vemos en sueños.
Sale por la puerta sin esperar a que yo responda y de buenas a primeras me encuentro sola en la habitación. Me acerco a la ventana y miro hacia la oscura noche. He pasado de no ser besada por nadie, a que en un mismo día lo hagan dos chicos. “Agg. No debería pensar así”. Sobre todo por Neo. No quiero que se haga una idea equivocada y yo siento algo por David, de eso no tengo duda. Pero ahora que lo pienso fríamente, algo que en todo el día no he querido hacer, el beso de Neo no me ha resultado tan indiferente como debiera y eso me hace sentir molesta conmigo misma. “No debo darle importancia. No ha sido nada. Na-da”. Espero que a base de decirlo me convenza de ello.
Me cambio de ropa y una vez en la cama noto cierta ansiedad al pensar que quizás mientras duerma visite otra de mis vidas.

#23

Pero cuando despierto por la mañana, mi mente está en blanco. No tengo ningún recuerdo. Qué raro. Eso sí, por lo menos estoy descansada.
Me preparo a todo correr, aunque al final me demoro más tiempo de lo acostumbrado mirándome en el espejo, valorando si merecería la pena arreglarme un poco más. ¿Un cambio de peinado? Llaman a la puerta así que mi cambio de imagen tendrá que esperar.
Mientras vamos a desayunar, miro a David con disimulo y me encanta ver lo relajado que parece. Estamos cogiendo el desayuno cuando Neo se acerca a nosotros precipitadamente.
—¿Soy el único que no ha soñado nada o a vosotros os ha pasado lo mismo?
—¡Buenos días para ti también! —Intento sonar sarcástica—. Tranquilo, yo no recuerdo nada.
Ambos miramos a David esperando su respuesta.
—Eh, no me miréis así, yo tampoco recuerdo nada. Pero eso es normal en mí. Lo raro es que recuerde algo.
Nos dirigimos a la mesa y Neo no duda en sentarse con nosotros.
—¿No nos vas a dejar tranquilos ni durante el desayuno? —Su buen humor está desapareciendo.
—Venga tío. ¿Todavía me guardas rencor por lo de ayer? Hay cosas más importantes que tu ego herido, ¿no te parece?
David se levanta y se inclina hacia él amenazante.
Yo también me pongo de pié y empujo con mi mano el pecho de David para que vuelva a sentarse.
—Chicos, me estoy cansando de esto. Parecéis machos marcando su territorio. Os pido una tregua. —Miro a los dos esperando a que asientan y cuando lo hacen vuelvo a sentarme.
—¿Habrá sido casualidad el no acordarnos o tendrá que ver con el estudio? —Neo está hablando para sí mismo—. Quizá mientras participemos en esto, nuestras noches sólo servirán para el descanso.
Creo que tiene razón.
—Es mejor así. Imaginad lo que sería visitar una vida paralela durante el día y otra durante la noche. —Hago una pausa para pensar—. Seguramente nuestro cerebro no lo llevaría nada bien. También necesita recuperarse.
—Tampoco sabemos si podremos participar mucho tiempo en esto sin efectos secundarios —añade David en tono sombrío—. No creo que sea bueno sumergirnos a diario en un coma inducido y por si acaso no se han molestado en darnos muchas explicaciones.
Hemos sido un poco ingenuos con todo esto. Nos ha podido más el entusiasmo por participar que nuestra propia seguridad.
—Tendremos que ir averiguando todo lo que podamos. —Estoy decidida a hacerlo—. Y bien chicos, ¿qué pensáis que nos espera hoy?
Neo no tarda en dar una respuesta.
—¿Os imagináis una dimensión en la que haya arañas gigantes?
Frunzo el ceño, una dimensión así no me gustaría nada.
—¿O una en la que pudiéramos volar?
David y yo nos miramos y nos echamos a reír.
—¿Tú has visto muchas pelis de serie B, no?
—Ey, lo digo en serio. ¡Sabéis que es posible! Con que se hubiera dado una mínima variación hace cientos de años, se podrían dar dimensiones así.
Me quedo pensativa. Dimensiones. No me gusta como suena.
—Ari, despierta. —Neo agita su mano frente a mis ojos.
—Perdona, te estaba escuchando, pero estaba pensando que no me gusta nada la palabra “dimensión”, suena demasiado científico. Casi prefiero pensar en esos lugares como “otra vida” u “otra realidad” – les miro a los dos – Por lo menos así lo siento yo. Es como estar viviendo otra vida.
—Tienes razón —David me coge de la mano.
Neo duda pero finalmente asiente.
—Vale. Entonces quizás tendríamos que buscar también otra forma de referirnos a nuestro “otro yo” para no decir continuamente “mi yo dimensional”… —Medita unos segundos—. ¿Qué tal “mi alfa”?
Sonrío al oírlo.
—Estás loco.
Rato después nos encontramos ya tumbados en nuestras respectivas camas y conectados a los monitores. Alex, tan eficiente como siempre nos inyecta el somnífero y antes de que me dé cuenta estoy dormida.
Lo primero que noto son los rayos de sol sobre mi piel y un suave rumor. Respiro profundamente con los ojos aún cerrados y huelo a sal. “El mar”.
Abro los ojos y me molesta tanta claridad. Poco a poco se acostumbran y por fin veo frente a mí la inmensidad del mar. Mis dedos notan la arena y los muevo despacio para enterrarlos un poco más. Me encanta esa sensación.
Noto el mismo mareo del día anterior, así que agradezco muchísimo estar sentada ya que me es más fácil pasar el mal trago. Se me va pasando el aturdimiento y esta vez consigo tener antes el control sobre mí misma.
Sacudo la cabeza intentando despejarla y ese movimiento ya es mío. Miro a David que está a mi lado, hasta ahora no me había dado cuenta.
—¿Qué tal estás? —me pregunta—. Parece que ha sido más fácil que ayer, ¿no?
Asiento.
—Sí, debe ser que nos estamos acostumbrando. ¿Crees que estamos en la misma vida que ayer?
—No lo sé. —Mira a su alrededor—. De momento no veo arañas gigantes.
Se me escapa una risita. Si le oye Neo…
—¡Neo! —Me había olvidado de él—. ¿Dónde está?
La playa parece desierta, sólo estamos los dos, así que puede que hayamos venido aquí solos y él esté en otro lugar. Intento recordar porqué estamos aquí pero mi memoria está un poco borrosa.
—Está claro que hemos venido solos —afirmo—, puede estar en cualquier lugar. Me pregunto qué hacemos aquí.
Me coge de la mano y me gusta que lo haga.
—Disfrutar del paisaje y … de la compañía.
Me acaricia la mejilla y se acerca un poco más a mí. Me sobresalto al notar una vibración en el bolsillo del pantalón. Hurgo en él y saco mi móvil.
—Es curioso, es un modelo diferente al que yo tengo. Una pequeña variación. —Miro la pantalla—. Es Neo.
—Que oportuno.
Le doy un codazo cariñoso en las costillas mientras descuelgo. Me atrona su voz por el auricular.
—Eh, ¿dónde estáis? Me he despertado y no estaba con vosotros, sino en clase, rodeado del resto de nuestros compañeros escuchando una aburridísima charla.
Claro, es miércoles. Deberíamos estar en el aula. Así que estamos faltando a clase.
—Enseguida vamos. Luego te cuento. —Y cuelgo.
David me mira expectante.
—Está en clase. Y nosotros no.
No sale de su asombro.
—¿De verdad? No he faltado a clase en mi vida, esta debe ser la primera vez.
Me río.
—En esta vida igual no.
Y sé que tengo razón porque aunque las diferencias sean pequeñas, puede haber cientos de ellas.
Nos levantamos y andamos hacia la salida de la playa para coger un autobús.
—Qué curioso que Neo tuviera tu número.
Creo ver una doble intención en su tono de voz.
—Será que somos buenos amigos.
Intento pensar cuál puede ser la diferencia entre una vida y otra y una imagen muy clara se forma en mi cabeza.
—Ya lo entiendo. La diferencia es que en nuestra realidad tu y yo nos conocimos en la estación porque habíamos perdido el autobús que nos tenía que llevar a la academia.
—¿Y?
—Pues que en esta, Neo también lo perdió, por lo que nos conocimos a la vez, compartimos el taxi y nuestra relación con él por tanto se desarrolló de otra forma.
Veo que se frota la frente con los dedos como si él también intentara recordarlo.
—Sí, tienes razón, aunque me cuesta bastante pensar qué recuerdos pertenecen a esta vida y cuáles a la mía. Algunos son comunes en las dos.
Sonrío.
—¿Quién iba a decir que esto sería tan divertido, eh? —Mi tono sarcástico es más que patente—. A ver qué efectos secundarios conlleva todo esto…
Nos subimos al autobús y durante el trayecto intento no pensar mucho para no sobrecargarme de recuerdos. Al rato estamos atravesando el centro de la ciudad.
—Vaya, creo que teníamos que haber cogido otro autobús. Este no va directo. Ahora perderemos un montón de tiempo…
Pero yo ya no le escucho, mi asombro hace que me olvide de todo lo demás. Estamos pasando por la entrada de la estación de tren, me fijo en la calle que nos cruza y veo los dos carriles para el tráfico y en medio, el río discurriendo por grandes escalones. Le cojo del brazo, emocionada, para que me preste atención.
—Mira, esa es la imagen de mis sueños, la que te conté. —Hago una pausa para coger aire ya que sin querer he aguantado la respiración—. El río, mira el río. ¡Es increíble!
Veo que él también tiene cara de asombro. Igual aquél día me tomó por loca, así que me siento genial viendo que el lugar existe.
—Eso quiere decir que has viajado aquí más veces.
Asiento.
—Yo creo que estamos conectados a una serie de vidas, no a todas y por eso algunas de ellas se repiten constantemente.
Noto de nuevo el mareo y esta vez soy consciente de lo que eso significa, que me traen de nuevo a mi realidad.

Me encuentro en la cama y oigo el pitido de nuestras constantes vitales. Abro los ojos y me siento muy despacio, aunque no me encuentro mareada. David y Neo también se han despertado. Es de agradecer que esta vez no intenten matarse.
—A ver —dice Neo dirigiéndose a los dos—, ¿se puede saber dónde estabais?. Para perder el tiempo asistiendo a clase no me hace falta irme a otra vida. ¡Me basta con esta!
Se me escapa una risita.
—¡Siento que no hubiera arañas gigantes! Tienes que entender que no siempre nos vamos a encontrar los tres en el mismo lugar. Incluso en alguna de estas realidades puede que no nos conozcamos.

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#24

Pasamos la siguiente hora hablando con el profesor de lo que ha pasado hoy y él se afana en apuntar hasta el último detalle.
Aprovecho la situación para hacer una pregunta que me lleva tiempo rondando. Espero que mi interés no les resulte sospechoso.
—Profesor Walsh, ¿hay alguna forma de mantenerse en esa dimensión?
Levanta la mirada sorprendido.
—¿Qué quieres decir?
Voy a intentar explicarme lo mejor posible.
—Estaba pensando… vosotros nos devolvéis aquí al sacarnos del coma. No es una decisión nuestra. Me gustaría saber la mente puede luchar contra eso y decidir si regresar o quedarse.
El profesor sonríe.
—Has sido muy lista en tus deducciones. Realmente el cerebro puede hacer barrera y no reaccionar a los estímulos exteriores. Pero eso sólo lo puede hacer una mente fuerte y bien entrenada.
Neo no puede evitar opinar.
—Entonces, esas personas que permanecen durante meses o años en coma, que de repente despiertan y cuentan que han tenido vivencias… ¿estaban en otra realidad?
Walsh asiente.
—Eso indican los estudios. Veréis, nosotros tuvimos un caso no hace mucho. Uno de los individuos que llevaba más tiempo colaborando con nosotros no despertó uno de los días. Intentamos todo lo posible y estábamos convencidos de que el error había sido nuestro. Pero al de dos meses despertó. Nos contó que había decidido quedarse en aquella vida. Dijo que noto nuestro intento para hacerle regresar, pero se concentró en seguir con lo que estaba haciendo y la sensación se pasó.
No lo entiendo.
—Entonces ¿por qué regresó?
—Fue muy curioso. No nos quiso contar cual era la vida que había elegido, quizás en ella vivía en otro país, o era rico, el caso es que él la consideraba mejor que la suya. Por eso tomo la decisión de quedarse. Pero un día se cruzó con una mujer y algo se removió en su interior. En su realidad ella era su mujer y tenían un hijo juntos. Pero en esa otra no. Al verla la reconoció y se acordó de ellos. Eso le hizo regresar. No se había dado cuenta hasta que la vio, de cuanto les echaba de menos.
—¡Vaya idiota! —exclama Neo. Se le ve contrariado—. ¿Les echaba de menos? Si los había abandonado… había preferido otra vida de la que ellos no formaban parte…
—Bueno, siempre se puede rectificar. Ese mismo día dejó el experimento y regresó a su casa.
Intento retomar el tema inicial.
—Así que vale con concentrarse ¿y ya está?
—Eso parece.
Lo medito durante unos instantes. Pero esta vez es David el que toma la palabra.
—Pero si el coma ya no es inducido, sino que es el subconsciente el que lo mantiene ¿cómo hace para regresar? ¿Lo piensa y ya está?
—En parte sí. Por lo que nos contó, por las noches no soñaba, sino que el cerebro siempre regresaba a su vida real, pero de forma superficial. Cuando se despertaba, su único recuerdo era estar tumbado en una cama de estas, conectado a los monitores. Incluso alguna vez nos oyó hablar. Así que el día que tomó la decisión de regresar, se durmió como un día más, pero cuando notó que estaba en esta realidad, se concentró para despertar y lo hizo.
Neo está asombrado.
—Increíble.
—Sí, no te voy a engañar. Para nosotros fue una sorpresa cuando nos lo contó. —Hace una pausa y nos mira a los tres—. Ya es suficiente por hoy. Id a comer y descansad lo que queda del día. Sé que todo esto es agotador y os quiero en plena forma.
Nos dirigimos al comedor pero al llegar, noto que me puede el cansancio más que el hambre, así que decido no comer con ellos y descansar un rato.
Subo a mi habitación y me siento en el borde de la cama. Me fijo en el escritorio y veo sobre él mi móvil. “Madre mía”. He estado tan ocupada con el ensayo que he desconectado del resto del mundo. Me acerco a cogerlo con miedo. Tal y como me imaginaba tengo varias llamadas y mensajes de May, los últimos ya, me tachan de traidora y utiliza un tono amenazante. “Uf, no sé si hablar con ella. Demasiadas cosas que no puedo contarle”. También veo varias llamadas de casa. Pero con ellos es más fácil. No son tan inquisitivos. Así que primero les llamo a ellos.
Al final entre las dos llamadas he perdido más de una hora, en la que no he hecho otra cosa que decir sí y no al interrogatorio que me han hecho todos. Además no me gusta ocultarles nada y no poder hablar del ensayo con ellos me incomoda.
Noto rugir mi estómago. Tengo que bajar a comer algo, al final no he descansado nada, pero está claro que la comida no la puedo demorar más.

El comedor está ya vacío así que no tengo que hacer cola, lleno mi bandeja con varios platos y salgo fuera para sentarme en nuestra mesa. “Para no perder la costumbre, ¿no?”.
Mientras como la ensalada miro el asiento de enfrente, en este momento vacío y no puedo evitar pensar en David. Echo de menos estar con él hasta en momentos tan cotidianos como este. “No es bueno. Esto no es nada bueno. Te estás haciendo dependiente de él”. Aunque tengo claro que tiene cierto interés en mí, ya que no creo que vaya por ahí besando a la que se cruza en su camino, no sé hasta dónde llega ese interés y eso me preocupa.
Estoy tan absorta en mis pensamientos que me sobresalto al ver una figura frente a mí. Levanto la vista y me relajo al ver que es Neo.
—Qué raro tú aquí sola. ¿Dónde has dejado a tu guardaespaldas?
Ya estamos. Qué gracioso.
—No hace falta que te comportes así cuando no está él. Yo ya te tengo calado y sé que sólo dices esas cosas para fastidiar. Y conmigo no funciona.
Neo sonríe. Y la verdad es que tiene una sonrisa fabulosa. ¿Cómo no me había fijado?
—Lo sé. Pero a él le lleva a los demonios que haga comentarios de ese tipo. No tiene sentido del humor.
Niego con la cabeza.
—¿Y no será que no resultas gracioso?
Se acerca y se sienta a mi lado. De pronto se me hace raro tenerle cerca.
—Pero a ti te gusto…
“¿Cómo puede ser tan descarado?”. Me aclaro la garganta.
—Ejem… bueno, tanto como gustar… es mucho decir. Aunque te aseguro que no me caes tan mal como le caes a él.
Me mira a los ojos, como si buscara una respuesta en ellos, pero no debe encontrarla porque al final formula la pregunta.
—Y bien, ¿a qué venía lo de hoy?
Cambio de tema radical. Eso sí, no sé de qué me habla. Al ver mi ceño fruncido añade:
—Lo de quedarse en una dimensión. ¿Qué estás tramando?
Ahora soy yo la que le mira fijamente. “Es más listo de lo que yo pensaba”. Ha sido capaz de atar cabos y saber que mis preguntas no eran simple curiosidad.
Como tardo en responder insiste.
—Te conozco mejor de lo que crees. Sé que ya tenías preparadas las preguntas de antemano. Quiero que me cuentes porqué. —Acerca su rostro al mí—. Seguro que David no se ha dado cuenta de nada.
No puedo evitar defenderle.
—Eso es porque él no tiene tu malicia y no ve dobles intenciones en la gente.
—Pero no me equivoco contigo, ¿verdad?
“Buf, si no puedes con el enemigo, únete a él”.
—Vale, sí, tienes razón. Estoy pensando en una posibilidad…
Al ver que me callo frunce el ceño y estando tan cerca puedo ver las pequeñas arrugas que se le forman alrededor de los ojos.
—¿Voy a tener que sacarte la información con cuentagotas? Eres de lo más frustrante. —Resopla—. ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal por contármelo a mí antes que a él?
-No digas tonterías. Es sólo que no tenía intenciones de deciros nada, porque todavía no hay nada seguro.
Niega con la cabeza.
—No te creo. Eres muy mala mintiendo. Así que cuéntamelo todo o sino no me pienso separar de ti, incluso dormiré contigo si hace falta. Al final terminarás confesando.
—Ya te gustaría… lo de dormir digo. —También yo sé hacer comentarios sarcásticos—. Está bien. Todo sea porque me dejes tranquila.
Me acaricia ligeramente la mejilla.
—Ya sabes que tus secretos están a salvo conmigo.
Odio que se comporte así, hace que me confunda y durante un segundo he perdido el hilo de la conversación.
—Eh, bueno, veras… ¿recuerdas el primer sueño que tuvimos los tres?
—El de la cueva.
—Sí, no soy capaz de quitármelo de la cabeza. Tengo muchas preguntas sin respuesta y si en uno de esos saltos entramos en esa realidad… —Le miro a los ojos— me gustaría averiguar unas cuantas cosas.
—Y eso lleva su tiempo.
Sonríe y no puedo evitar devolverle la sonrisa.
—Exacto. Como imagino que no será algo que se produzca mañana mismo, tenía intención de hacer varias pruebas en los días sucesivos…
—Para entrenarte y estar preparada.
Me sorprende su rapidez para entenderlo.
—Eres muy listo, ¿no?
—El primero de la clase. —Lo dice con modestia, como si para él no fuera algo relevante—. Y me puedes decir ¿por qué no nos querías hacer partícipes de ello?
—Esto es cosa mía.
—Bah, tonterías, ya sabes que David no se separará de ti ni un momento. Y yo —Hace una pausa para mirarme—, yo también iría a donde me pidieras.
—¿Ves? Justo es esto lo que quiero evitar. No necesito que me cuidéis, ni que me protejáis. Soy mayorcita y sé cuidarme sola.
—No insistas, la decisión de quedarnos contigo será nuestra. No podrás evitarlo. Así que dime, ¿qué quieres averiguar?
—Lo que me extraña es que no tengas tú la misma curiosidad que yo. Quiero saber qué pasa en esa realidad. De qué estamos huyendo, porqué hay explosiones, porque llevamos armas, dónde están nuestras familias… y sobre todo, ¿quién es Dani? Porque siento una enorme presión en el pecho cuando pienso en él y no sé por qué.
Veo su cara de asombro pero se repone rápidamente y al hablar la sorpresa me la llevo yo.
—Sólo te puedo dar respuesta a una pregunta, pero me parece que es la que más te interesa. —Hace una pausa—. Sé quién es Dani.

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#25

—¡Cómo que lo sabes! ¿Por qué? ¿Quién es?
Se rasca la cabeza como gesto de extrañeza.
—Lo raro es que no lo sepas tú. —Me coge la mano antes de continuar—. Dani es tu sobrino.
Intento asimilarlo pero no es fácil. Al verme bloqueada, añade:
—El hijo de tu hermana.
Arrugo la nariz.
—Sé cómo van las líneas de parentesco, gracias. Así que tengo una hermana y un sobrino…
Neo me aprieta la mano.
—Bueno, la verdad es que tu hermana murió. No sé cómo, pero fue así. Desde entonces estáis intentando recuperar a tu sobrino, pero no sé más.
Siento pena al pensar que mi hermana en esa realidad está muerta, porque siempre he querido tener una con la que compartirlo todo. Ahora tengo más interés en saber qué pasa allí.
—Oh, Dios. Por tu expresión me parece que he aumentado tus ganas de quedarte, aunque no sé muy bien porqué.
—¿Y si podemos ayudar?
—¿Qué crees que podemos hacer mejor que ellos? Porque si somos iguales, harán las cosas lo mejor que puedan.
Tiene razón pero aun así…
—Puede que nuestras vidas nos hayan dado conocimientos diferentes y que podamos aportar algo. No me quedo tranquila sabiendo que lo están pasando mal y no hacer nada al respecto.
Me estoy alterando. Al acabar la frase estoy apretando los puños contra la mesa.
—Tranquila, te ayudaré, ¿vale?
—Además si vemos que no podemos hacer nada, regresamos lo antes posible, ¿vale? —Levanto la vista y miro sus oscuros ojos—. Gracias, Neo.
Y lo digo de verdad.
—De nada. Después de todo también se trata de mi propio bienestar, ¿no?
Y nos reímos.

Pasamos gran parte de la tarde hablando de las otras realidades y en ese tiempo mejora considerablemente la opinión que tengo de él. Está claro que es muy inteligente, pero su forma de razonar me confirma que también es una persona sensata. Mi lengua me traiciona y antes de que pueda evitarlo ya lo he preguntado.
—¿Por qué no te muestras a los demás cómo eres?
Neo baja la mirada.
—¿A qué te refieres?
—Ganas mucho cuando se te conoce. Pero creo que no le das una oportunidad a casi nadie. Estoy viendo en ti a alguien distinto… y me gusta lo que veo. Así que no entiendo por qué te escudas en esa fachada de pasotismo y sarcasmo.
Se encoge de hombros. Parece… ¿triste?
—Es más fácil ser el malo, así la gente te deja en paz.
Intenta ser sarcástico pero algo en su tono no me convence. Le han debido hacer mucho daño para que se haya creado ese personaje para los demás cuando él es totalmente diferente.
—Pero ahora ya sé cómo eres. —Le golpeo con un dedo en el pecho—. A mí no me engañas.
—Deja de psicoanalizarme, Ari —Una suave reprimenda. Se acerca más hasta estar a unos centímetros de mí- igual no te gusta todo lo que descubres.
Tengo intención de añadir algo más pero veo que fija su atención en algo a lo lejos así que sigo su mirada. Y no me gusta lo que veo. No me gusta nada.
En el patio está David, con una de las chicas del curso que por supuesto no sé ni cómo se llama ya que no me he molestado en hablar con ella. Veo como ella se agarra a su brazo y sin darme cuenta he empezado a apretar los puños.
—Vaya —exclama Neo— eso sí que es una sorpresa.
Me mira para evaluar mi reacción y debe ser obvia ya que me da un consejo que no esperaba de él.
—Que no note que te importa tanto. Muéstrate indiferente.
Qué fácil es decirlo. Soy como un libro abierto y en este momento me hierve la sangre. Pero de golpe mi mal genio se desinfla como un globo. ¿Qué derecho tengo a sentirme así? ¿Porque me ha besado? Me ha prestado tanta atención que he llegado a pensar que era especial para él, pero igual no es así. Además, es normal que las chicas de aquí también se hayan fijado en él y aprovechen la más mínima ocasión para acercarse. Incluso pensarán que le he acaparado en exceso. Lo que me preocupa es que cualquiera de ellas es más guapa que yo y si están aquí, es porque también son listas, así que tengo todas las de perder. “Ja. Eso se llama confianza en ti misma, ¿eh?”.
En ese momento se gira y nos ve, como si hubiese notado que le estábamos mirando y su sonrisa desaparece. ¿Es porque le hemos pillado? Sin embargo me doy cuenta por su expresión que no es por eso. Miro a Neo y me da la risa. “Que malo es”. Estaba tan concentrada en lo que hacía David que no me he fijado en que él se ha acercado todavía más a mí y ha apoyado su mano en el banco de forma que parece que me está rodeando la cintura. Estoy tan furiosa, que hasta me parece bien y no le digo que la retire.
Me centro de nuevo en David que se despide de la chica precipitadamente. Parece que incluso la deja con la palabra en la boca, pero ella en vez de darse por vencida le vuelve a coger del brazo para frenarle y poniéndose de puntillas le planta un beso en la cara. “La mato”.
—Tranquila.
—Vale. —Respiro profundamente. David sigue intentando zafarse de ella.- No le cuentes nada de lo que hemos hablado. Le diremos que vamos a practicar mantenernos en las dimensiones como parte del proyecto pero que no sepa con qué propósito.
Acerca sus labios a mi oreja.
—Me encantan los secretos. —Pero al apartarse me mira intrigado—. ¿De verdad no le vas a contar nada?
—No. El día que saltemos a esa realidad, no quiero que él se quede. Es una cuestión mía. —Suspiro—. De verdad, no quiero involucrarle.
—Pero sabes que yo me quedaré contigo.
Lo daba por hecho.
—No quiero deberte nada. Si lo haces es tu decisión. Que no sea por mí, ni siquiera te tenías que haber enterado de mis planes.
—¿Qué planes?
La voz de David nos sobresalta a los dos y sin pensarlo me separo de Neo un palmo.
—Eh tío, ¿quién era la chica?
Neo como siempre fastidiando.
—Se llama Kat, tenía curiosidad por saber por qué no he ido a clase los dos últimos días. Le he tenido que decir que nos han puesto en un nivel avanzado. Lleva un buen rato interrogándome.
—No parece que eso te haya supuesto mucho problema. —Sonríe y le guiña un ojo.
Yo opto por seguir callada porque si hablo del tema seguro que no digo nada bueno y no quiero parecer celosa.
David se sienta cerca de mí y me mira.
—He ido a buscarte a la habitación. —Me coge la mano pero yo la retiro. Ante la sorpresa se queda dudando unos segundos—. No esperaba encontraros aquí.
¿Por qué he retirado la mano? Ha sido un acto reflejo. Pero creo que he hecho bien, tengo que demostrarle que conmigo no se juega. Mejor que tenga las cosas claras.
Neo me vuelve a echar un cable.
—Simplemente estábamos haciéndonos compañía igual que hacías tú.
—Ya veo… —No está conforme pero decide dejarlo pasar— volviendo a lo de antes ¿de qué planes estabais hablando?
Ahora que cambiamos de tema ya puedo hablar.
—Hemos decidido probar a quedarnos en otras dimensiones.
—¿Estáis locos?
Tengo que intentar restarle importancia para que no sospeche.
—Me he explicado mal. Sólo queremos probar si es difícil hacer barrera a los estímulos de aquí y quedarnos por propia voluntad. En cuanto lo consigamos, regresamos. —Fuerzo una sonrisa para parecer sincera.
—Al fin y al cabo se trata de ir descubriendo nuevos datos y eso sólo lo conseguiremos probando —me ayuda Neo.
David parece extrañado pero termina asintiendo.
—De acuerdo, pero no hagamos nada peligroso.
Cenamos los tres juntos y organizamos cuáles serán nuestros pasos a seguir. No me siento cómoda al no contarle la verdad a David pero lo hago por su bien. Como la situación con él es un poco rara, me despido de ellos y me voy a la habitación antes de que les dé tiempo a seguirme. En estos momentos no quiero estar con David a solas porque sé que seré débil y no quiero perdonarle tan pronto que tontee con otras chicas.

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