SARACEN
Rango15 Nivel 74 (34492 ptos) | Estrella de la editorial
#1
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  • #2

Ha pasado tiempo desde la primera vez que llegué a este mundo, siete largas vidas han trascurrido desde la última vez que nací… Hoy nuevamente me encuentro al borde de la muerte.
Esta vez ya no existe escapatoria para mí.
A mi lado la puedo observar, de forma lamentable intenta parecer fuerte para no asustarme...
Lo que ella no sabe es que ya estoy acostumbrado a esto. A morir.
Solo podemos observarnos, y en sus ojos se proyecta la vida de todas las personas que he conocido en este raro mundo.
Pase por siete largas vidas, por siete largas historias.
Y lo único que sé… es que la vida puede ser más misteriosa que la propia muerte.

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Fenix
Rango4 Nivel 15
hace más de 2 años

Una gran historia repleta de grandes frases. Saludos.

PedroWerewolf
Rango10 Nivel 46
hace más de 2 años

muy bueno, sigue, por favor, ¡te lo ordeno! jeje XD


#2

1 historia 1 vida 1 muerte.
Cuando llegue por primera vez a este mundo, la vida en la tierra era nada a comparación de lo que uno se pueda imaginar. Mi primera vida fue sin dudas la más llena de emociones y la más difícil de sobrevivir, pero el solo hecho de recordarla lograba que me diera cuenta de que no todos los humanos habían cambiado.
Los hombres apenas andaban con trapos o hojas que apenas cubrían su desnudez, en ese entonces carecían ciertamente de inteligencia, pero como siempre, aun con el poco razonamiento que habitaba en sus cabezas, seguían creyéndose superiores a cualquier otro ser en la tierra.
Yo, tuve el honor de verlos por unos años convertirse en bestias sedientas de hambre y poder. Solo por estas dos razones, sus casi limitadas inteligencias fueron abriéndose paso en aquel mundo hostil.
Pero no todo era salvaje y terrible, cuando yo cumplía milagrosamente mis tres años de vida humana, pero que para mí era sin dudas 29 años gatunos, recuerdo que conocí a la que sería mi primera dueña, o como a mí me gustaba decirlo, mi primera humana.
Ella aparentaba tener siete años, y normalmente a esa edad los niños de aquellos salvajes apenas sobrevivían, pero ella era sin duda especial, antes de mostrarme a ella, decidí primero conocerla desde las sombras.
Todos los días cuando el sol salía ella se sentaba en lo más alto de la montaña donde vivía, y esperaba ansiosa la llegada de los primeros rayos del sol. Luego por las tardes cuando el sol comenzaba a ocultarse, ella se sentaba en el mismo lugar recibiendo los últimos rayos cálidos del imponente astro. Y en ocasiones cuando escapaba de la dominante mirada de sus padres, salía a mirar las estrellas, siempre fascinada al creer ver una nueva cada noche.
Cuidaba de algún pequeño animal herido, siempre a escondidas de sus padres, aunque la mayoría nunca sobrevivían ya que en aquel mundo era bastante difícil poder vivir luego de sufrir alguna herida, incluso hasta el rasguño más superficial podía causarte la muerte inmediata o la más dolorosa. Cuando aún con sus esfuerzos aquellos animales morían, ella los arrojaba al río. No podría decir a ciencia cierta porque lo hacía, pero podía ver que realmente sentía la perdida de sus pequeños amigos, aunque en ese entonces ella aun no sabía lo que era llorar.
El día que decidí mostrarme, fue también el día al que estaba destinado a morir, ella al verme se asustó tanto que había agarrado una piedra amenazándome con ella. Yo me mantuve al margen de la situación, y decidí sentarme en mi lugar a esperar que ella pudiera “verme” como realmente era. Incluso yo temblaba de miedo, ya que ella seguía siendo tan salvaje como cualquiera de los de su especie.
Pero la niña como había dicho anteriormente era diferente. Fascinada, dejo su piedra caer mientras lentamente se acercaba a mí, era quizás la primera vez que no encontraba algún animal muerto o herido, cuando la tuve a solo unos pasos pude apreciar su rostro redondo y su negro cabello terriblemente enmarañado, incluso en aquella vida los humanos siempre fueron muy feos, pero en especial en aquella.
Cuando acercó sus manos temblorosas a mi cuerpo, pude sentir una corriente maravillosa que recorrió todo mi ser, con el tiempo luego aprendería el significado de aquella sensación, y las consecuencias que traían con ella.
En todo el día no me dejo alejarme un segundo de sus robustos brazos, me mantenía pegado a ella, y con ronquidos y palabras sin sentido intentaba explicarme su vida y lo que para ella era cada pequeña cosa en aquel inmenso bosque. Sus pequeñas manos acariciándome, me relajaban y en aquel momento pude experimentar lo que era querer en tan poco tiempo a alguien, aunque el significado de esa palabra era tanto para mí como para ella aun inciertas.
Cuando por fin me dejo libre, decidí caminar a su lado, siguiéndola hasta su cueva. Ni bien su madre me vio llegar a su lado, la alejo de mí con miedo y horror, sus gritos alertaron a su padre y también a todos los humanos salvajes de aquel lugar.
Fui rodeado, podía escuchar los gritos de ella, pero no podía verla, los hombres más robustos me amenazaban con lanzas apenas afiladas, recuerdo que el miedo en ese entonces era tanto, que casi no podía respirar, sabía que moriría. Y aquello me aterraba, no quería dejar de vivir, sentía que todavía debía aprender más, que aun debía entender mejor el significado de aquel sentimiento que sentía por la humana.
Uno de los salvajes arrojó su lanza contra mí, pude sentir como mi pierna era atravesada, grité y ellos se asustaron al oírme, entonces otro arrojó otra lanza y esta dio directo a mi estómago, caí al suelo casi inerte, pero aún con vida, pero por sobre todo con un dolor que jamás había experimentado.
Sentí como uno de ellos me arrancaban las lanzas del cuerpo y me levantaba victorioso, mientras los otros danzaban felices a nuestro alrededor.
Entonces desde lejos pude verla, siendo sostenida por su madre, gritaba y luchaba por acercarse a mí y detener lo que estaban haciéndome. Entonces sucedió… sus ojos brillaron y comenzaron a ahogarse entre sus lágrimas, tocó su rostro y observo la humedad en sus dedos sorprendida de aquel nuevo descubrimiento, cuando alzo la mirada, no hubo necesidad de saber lo que pensaba, porque yo también lo sentía. Aunque no existiese en esa vida una palabra para lo que sentíamos, con el tiempo entendería que aquel sentimiento que experimentamos no era más que el dolor de amar en tan poco tiempo.
Ser diferente también era doloroso, ella miraba con ojos nuevos y llorosos todo a su alrededor, los salvajes no me soltaron en ningún momento, antes de soltar mi último aliento, decidieron arrojarme desde lo alto de la montaña.
Aquellos humanos no eran tan diferentes a los del futuro, mientras caía podía escucharlos gritar de alegría. Siempre regocijándose ante la muestra de sus grandezas, aun cuando sus hazañas no eran más que la de herir al más débil. No todos los humanos claro está, eran de esa manera, pero con el tiempo aprendería a saber que el alma humana era tan frágil y tan fácil de manipular, que casi era difícil encontrar a alguno realmente dispuesto a luchar por la libertad de sus creencias y pensamientos, en especial de luchar por la libertad de otros, eso era sin dudas lo más difícil para ellos, dejar de pensar solo en ellos.
Cuando abrí mis ojos por última vez sentí las lágrimas frías de aquella niña que me miraba desde el precipicio caer. Aquellas simples gotas tocando mis labios, dolieron tanto, porque sabían a muerte y también a olvido.
Desde aquel momento para mi próxima vida odiaría por siempre las lágrimas y todo lo relacionado con el agua. Ya que para mí de algún modo aquello significaba el dolor de ahogarme ante la muerte.

Hace alrededor de 2 años

2

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace alrededor de 2 años

Vaya inmersión.

Se siente terrible y bien narrado

Saludo

SMDavid
Rango8 Nivel 36
hace casi 2 años

Sin palabras. Me llegó.