Yhradil
Rango7 Nivel 33 (1965 ptos) | Autor novel
#1

Broovendur un nigromante encarcelado por los cinco magos hace quinientos años, temido por todos los pobladores de Kaivilian. Su cárcel se desmorona, al igual que lo hará el mundo cuando sus ejércitos resurjan de las tinieblas reclamando lo que una vez gobernó.

«En este tablero soy yo quién dicta las normas, por más bandido, asesino o princesa seáis. Mis cuerdas ya os agarran, sois mis marionetas. Y si osáis desobedecerme preparaos para sufrir.»

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Elayha
Rango15 Nivel 72
hace alrededor de 3 años

esta interesante yo tambien estoy haciendo una obra de un villano

Elayha
Rango15 Nivel 72
hace alrededor de 3 años

esta interesante yo tambien estoy haciendo una obra de un villano

Yhradil
Rango7 Nivel 33
hace alrededor de 3 años

No es tan solo de él, en la historia hay cuatro protagonistas ^^.

Elayha
Rango15 Nivel 72
hace alrededor de 3 años

sii lo se sino no tendra sentido si te centras en un prota

Hvit
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 3 años

Wuo. Vas a subir por aquí Cuerdas de Sangre?

Yhradil
Rango7 Nivel 33
hace alrededor de 3 años

@Hvit puede que sí ^^ Al menos un sencillo borrador con el que poder desarrollar la trama y el mundo.


#2

Entre la espesura de la noche, los cascos de un caballo rompían el silencio que abundaba en aquel bosque. En un lugar que se creía tierra de nadie, descansaba junto a una de las rutas comerciales más importantes uno de los campamentos más temidos y ambicionados por cualquiera de los mayores buscadores, así como de los pertenecientes a la milicia.

Aquel ave de blancas e inmaculadas plumas seguía con discreción al sujeto que entre risotadas huía de quienes osaban reclamar la recompensa que a su cabeza pertenecía. Movía sus alas con cuidado, en ocasiones acercando más su presencia al joven, pero, sin ser percatada por aquel bandido. Era como si en los rojizos ojos de aquel majestuoso animal se reflejaran la iris de quien en realidad lo manejaba.

— ¡Alto ahí, cobarde! —La voz de unos de los buscadores tronó.

Tan rápido como escuchó esa frase, el joven saltó del caballo, quien siguió galopando hasta donde Deinon bien sabía que se dirigía su compañero. Los dos hombres que lo perseguían se detuvieron frente al rubio, y con una sonrisa en sus rudas caras bajaron de las sillas de montar.

— ¿Acaso me has llamado cobarde? —pronunció molesto el bandido mientras arqueaba una de sus cejas.

— ¿Con que tú eres el tan buscado y orgulloso niñato? Me esperaba a alguien más inteligente —rió uno de los caza-recompensas.

Mientras aquella extraña discusión se daba a cabo, el cuervo posó sus patas en la rama de uno de los árboles que coronaban el Bosque de Guradian. Emitió un pequeño graznido, imperceptible para los tres hombres que discutían, pero escuchado por alguien que se encontraba muy lejos de aquel territorio.

« Ya he visto bastante, es hora de posar nuestra vista en el siguiente. »

Desplegando nuevamente sus alas, avanzó apretando la velocidad, hasta desaparecer entre un círculo rosado.

— ... es allí a donde quizás te dirijas ¿verdad? —Aquella voz provenía de un hombre que aparentaba rozar los treinta, alguien que con tono frío y sereno entablaba una conversación con su persona.

Observando desde las sombras, dos esferas rojizas brillaban entre la negrura. Mas aquel asesino no sabía que unos grilletes se iban acercando poco a poco a él, dirigidos por quien controlaba a esa bestia en forma de tan hermosa criatura.

— Condrem, de nariz aguileña pero apuesto semblante, ojos tan claros como su pelo, y edad rozando al pozo de los cincuentones —murmuraba Víktor, mientras movía con esmerada precisión y delicadeza el lápiz apresado entre sus dedos—. Queda poco para finalizar el libro de tu vida, en donde su epílogo relatará como mis manos comandaba el acero que te arrastró a los brazos de la muerte.

Tras despegar el lápiz del papel, agarró el retrato con delicadeza y lo guardó entre telas raídas y comidas por el tiempo. Elevó su vista hacia una bolsa y preparó sus armas.

— Las flechas silbaran, rozando tus orejas, y la cuchilla será la que te haga decir adiós.

Antes incluso de que la voz le indicara que hacer, alejó su presencia de aquel sicario, puesto que bien sabía que con aquellos minutos su señor ya había elegido el destino de éste. Recorrió con suavidad las calles iluminadas por las lunas y el fuego de las antorchas, las cuales llenaban algunos callejones de monstruosidades inexistentes con las que los borrachos mancharían sus calzones. Y asentándose en el balcón del lugar más hermoso de aquella ciudad, admiró a la joven que descansaba entre sedosas mantas.

«La ventana está abierta, no temas mi criatura, pues nadie se dará cuenta de ti.»

Penetrando en aquella sala, en dónde un delicioso perfume embriagaba el aire, sobrevoló en silencio a la muchacha. En su rostro, unas lágrimas aún frescas recorrían desde sus cerrados ojos a su barbilla. Todo aquel que observara a tan bella dama, se preguntaría el por qué, alguien como ella, la menor de los tres hijos del rey, sollozaba en las noches.

«Su dolor es notable, su corazón y alma están despedazados, defraudados. Quizás, un ignorante le hizo daño y por esta razón observa la noche mientras llora. Que grata sorpresa encontrarse así a tan importante reina, una pieza delicada y a la vez poderosa. Adelante mi pequeño vuelve conmigo, puesto que al fin es el momento. El juego se pone en marcha, y mis tres figuras más importantes no tardarán en moverse, puesto que yo, quien tiene el poder de hacerlas mover, me encargaré de amarrarlas con lazos y cuerdas de sangre. »

Hace más de 2 años

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Hvit
Rango6 Nivel 25
hace más de 2 años

Me está gustando cómo lo has hilado cielo
MUCHO ÁNIMO CAMPEONA
Me gusta ésta historia 🙌

Yhradil
Rango7 Nivel 33
hace más de 2 años

@Hvit Aish muchas gracias, tú sí que eres una campeona y maestra <3

Hvit
Rango6 Nivel 25
hace más de 2 años

@Yhradil , no soy maestra de nadie, solo una humilde servidora (~UuU)~♥


#3

Capítulo 1:

El metálico sonido de la hoja de afilar resonaba en el campamento, un conjunto de tiendas de lona que eran rodeadas por un cercado. En la parte del norte, una montaña se alzaba cubriendo con su descomunal sombra al sol de la mañana y permitía el acceso a sus entrañas mediante una cueva. Hombres se movían por la zona, montando guardia en los exteriores o entrando y saliendo del rocoso y profundo lugar.
El herrero, quien se encargaba de afilar las espadas de los muchachos, alzaba sus ojos de vez en cuando para saludar y conversar con sus compañeros. Con sus grandes y cayosas manos trabajaba el blanquecino metal, otorgándole el filo y la forma perfecta con la que aumentar la probabilidad de matar a los enemigos que se opusieran a los suyos; aunque también, fruncía el ceño y sacaba la lengua con concentración. Los líderes siempre decían que la muerte había de llegar a paso ligero, pero nunca corriendo. Las armas que usaban acababan con la vida de sus contrincantes, pero de una forma sangrante y lenta.
—¿Sabes dónde está Sadul? —preguntaba una voz dirigida al trabajador, cuya concentración se vio mermada por tales palabras. Soltó la espada y se puso en pie, no sin antes pasar un paño por su sudorosa frente.
—¿Aún no lo han encontrado? —dijo con preocupación. Sus ojos, antes puestos en su trabajo, ahora eran unas brillantes cavidades que se disponían a limpiar con lágirmas sus mejillas. En cuanto el otro negó, se llevó las manos a la cabeza—. Deberíamos iniciar una búsqueda, esto no puede quedar así.
—La cosa, es que si te he preguntado es porque los superiores me han pedido que te haga hablar. —Esto tomó por sorpresa al herrero, quien dio un paso para atrás y apretó los puños agarrando sus propios mechones.
Sentía como la furia se hacía dueña de su cuerpo, consiguiendo que su cuadrada mandíbula se tensara. La decepción era obvia, y aunque el otro supiera que él no tenía culpa alguna, los líderes habían tensado el arco en la dirección del trabajador del metal. El muchacho alzó las manos, interponiéndolas entre su cuerpo y el del otro y lo miró con tristeza.
—Quiero que quede claro que yo no te veo culpable, mas Davor y Deinon me han mandado llevarte con ellos. Mira, si hay algo que no desee es usar la fuerza, la cual se me ha permitido usar si es necesario. Garinon, acompáñame. O de lo contrario, será más que evidente que has podido tener algo que ver con la desaparición de nuestro hermano de armas.

Hace más de 1 año

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#4

Resignado, el hombre accedió con la cabeza gacha. Se deshizo del delantal, ensuciado por numerosas manchas de grasa, aceite y hollín, y junto al otro emprendió la marcha. Algunos ojos curiosos observaron al par, mas, desconocedores del por qué de sus pasos, volvieron a sus quehaceres y conversaciones.

La cueva era un lugar espacioso en la parte más externa, en donde los bandidos descansaban sus cuerpos y se relajaban gracias a las bebidas que con mimo servía el tan querido y respetado Sainon. El tabernero, de baja estatura pero anchas espaldas, solía escuchar con una sonrisa las historias que narraban los borrachos; al igual que él mismo relataba épicas acerca de tiempos antiguos. Composiciones que, debido a su gran obsesión por los poderes perdidos, siempre estaban llenas de grandes personajes que podían controlar las mentes de los seres vivos.

Sainon acariciaba su mejilla mientras que con la mano restante se peleaba con el bidón de alcohol. Da igual de qué manera lo pusiera, últimamente habían tenido una mala cosecha y el líquido había decidido agotarse. Frunció su ceño y levantó con levedad la parte derecha de su labio inferior, sentía malestar ante el problema que tenía.

—Oye Sainon, ¿hay algún problema? —preguntó Sorinon quien, ante la tardanza, había recostado sus brazos y barbilla en la mesa. Su melena se desparramaba por la pegajosa madera, fruto de un descuidado camarero que no parecía haberse dignado a limpiar la barra desde hacía días.

—Creo que os va a tocar esperar, hasta que no se planee un asalto o Deinon se digne a entablar relaciones comerciales con algún asentamiento cercano, no tendré con lo que emborracharos. —Un suspiro lleno de pesadez se escapó de entre sus labios, levantando un poco los cabellos que crecían sobre estos—. Si tan solo hubiera rebajado el brebaje con agua, podría haber sacado hasta dos pequeñas garrafas, que aumentando el valor, habrían durado al menos otra semana.

Sus quejas cesaron en cuanto otro de los bandidos tomó asiento en la barra, el tabernero lo miró y negó con la cabeza. No había nada que servir, y tampoco tenía el permiso como para entregar comida a la hora que deseara. El joven se limitó a corresponder a su mirada, pero de una manera serena y despreocupada; no parecía haber venido a por algo que llevarse a la barriga.

—Escuché algo el otro día, así que venía a cerciorarme de que eran palabras verídicas —comentó, entrecerrando los ojos y alzando la comisura de sus labios en una ladeada sonrisa—. Sabes que soy alguien de confianza, y que no intentaría hacerte daño. Pero todo esto me huele raro, ¿tienes algo que ver con la desaparición de nuestro compañero?

Sorinon levantó la cabeza, frunciendo el ceño con molestia. Gariol estaba acusando a Sainon de un posible asesinato, cuando era evidente que aquel hombre nunca rompería la promesa de las manos blancas. El otro, carraspeó y soltó una gran carcajada a modo de respuesta.

—¿Yo? Mira Gariol, nunca se me pasaría hacer algo así, nunca acabaría con la vida de un hermano.

—Pero, ¿y si no le has arrebatado la vida?

La conversación se cortó en cuanto vieron pasar al herrero y a uno de los oficiales cerca de ellos, el joven acusador dio un chasquido con la lengua y se puso en pie. Sus castaños ojos admiraron con cautela los rostros que los dos sujetos poseían, y tras acariciar la trenza de raíz que vestía su dorado cabello, optó por abrir la boca.

—Quedas exento pues, parece ser que los líderes han desvelado lo que nos llevamos preguntando desde hace varios días.

Hace más de 1 año

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