CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37 (2706 ptos) | Poeta maldito

1
Sobreviviré

¿En serio este es mi fin? ¿Asfixiado en una cocina-cafetería para empleados de la planta 44 y vestido con el peor traje que tengo? Siempre imaginé que iba a morir en las Bahamas, rodeado de palmeras y con un tío cachas por marido. ¿Qué ha pasado? ¡Yo que sé! Solo que hace cuarenta minutos, mientras mi compañero Kevin Jones y yo tomábamos nuestro segundo café del día el edificio se inclinó casi seis grados hacia el río Hudson, nos caímos al suelo y con el vaivén del edificio la puerta se ha atrancado.

¿En serio este va a ser mi fin? ¿Con Kevin intentando tirar la puerta a patadas y con humo saliendo de los conductos de ventilación?

Miro la hora en el reloj: son las nueve y un minuto. El calendario, con el zarandeo del edificio se ha movido hasta el miércoles, día doce. Lo coloco en el martes, día once.

—Deja el maldito calendario y pon algo en el conducto de ventilación.

Tengo la mano en carne viva y muy roja. Me la he quemado cuando se me ha caído la dichosa cafetera casi llena encima.

Me levanto del suelo y miro por la ventana. Veo caer una chaqueta de hombre, es marrón.

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14

50
Tete
Rango13 Nivel 61
hace casi 3 años

Buen comienzo. Engancha.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 3 años

El tío cachas podría no ser el marido, sino un ligue, que para el caso es igual jajajajajaaj

Elilapiz
Rango5 Nivel 24
hace más de 2 años

Buena tu historia

NoahLoran
Rango9 Nivel 40
hace más de 2 años

No voy a comentar nada de momento pues es muy temprano para tener una opinión, pero te dejo algo que supongo será un error: "Me he la he quemado".

TroodonT
Rango8 Nivel 39
hace más de 2 años

Buen comienzo.

Se presenta de buena manera al protagonista sin alargues innecesarios.

Me ha llamado la atención ese detalle del calendario xD.

Continúo

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

Pues imagínate mientras escribía ésta parte de la historia @MIRTA_B_MINEO Casi me pongo una chaqueta y todo de los escalofríos que me entraron (no es mentira)

PlumBears_45
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Tu texto es lo que me ha sacado la primera sonrisa del día, y ya es de noche. La idea de Kevin dando golpes a la puerta es que la he visto 100% en mi mente. Muy bueno, continua


#2

—Atta, ayúdame.

Quiero ayudarle pero el calor y el miedo atenazan mi cuerpo y mi estómago. No sé lo que pasa. Pienso en la maldita hora en la que vine hoy a trabajar y en números. Tengo calor e intento que mi cuerpo reaccione... ¡Sí! Me estoy moviendo.

¡Madre mía, vaya día de mierda me espera! Y eso que acaba de empezar… se oye un nuevo estruendo, Kevin mira hacia arriba y el edificio empieza de nuevo a temblar pero esta vez hacia todos los lados, como si fuera un terremoto. ¿Un terremoto en Nueva York? Veintitrés años sin sentir un terremoto hasta hoy.

—No sabía que había terremotos aquí —grito. Kevin ríe con fuerza y mueve la cabeza hacia los lados, creo que está susurrando "terremoto".
—Tu concéntrate en abrir esta puerta. Tenemos que salir de aquí ipso facto.

Cojo una de las sillas y la estrello contra la puerta, ésta cruje pero no se abre. Pego la oreja contra la misma, oigo a alguien gritando y una puerta metálica cerrándose. Kevin dice algo que no escucho y se vuelve a reír. Parece que está perdiendo la cabeza. Le doy otro fuerte golpe pero los goznes aguantan como campeones. Me estoy mareando por el humo y pongo otro trapo en el asqueroso conducto, que parece una locomotora de vapor.

Pongo la mente en blanco y me digo "no vas a morir con solo veintitrés años, Atta". Me concentro mientras sudo como un aspersor estropeado. Me quito la americana, de color negro, y veo por la ventana que alguien ha tirado otra chaqueta... espera... ¡también han tirado los pantalones! Junto con eso caen cientos de papeles, carpetas ¡y hasta una mesa de despacho! ¿Qué coño está pasando?

Miro a Kevin Jones que está aturdido y con la boca abierta. Hostia, ahora lo he entendido... ¡mierda!

—Han explotado las cocinas del Windows* ¿verdad?
—Tú concéntrate en abrir la puerta, tenemos que salir de aquí. Sé de lo que hablo.

¡No sé que está pasado! Pero estoy con él, hay que abrir esa puerta ya. Concentro mi fuerza en la pierna y lanzo una poderosa patada, esta vez los goznes saltan y la puerta vuela hasta casi la mitad del pasillo.

Miro el reloj: son las nueve y cuarto. ¡Maldita la hora en que me levanté de la cama! El pasillo está oscuro y hay mucho humo, polvo y no sé cuantas cosas más. Huele muchísimo a gas, ¡lo sabía! Corremos hacia los ascensores y vemos que todas las puertas de las oficinas han saltado por los aires. Entro en una de las oficinas del NYSSA.

—¿Qué coño haces? —Dice Kevin desde la puerta.
—¿Hay alguien aquí? —Grito. Puede que haya alguien por aquí que necesite nuestra ayuda.

Miro al techo, los aspersores no están conectados... qué raro.

-------------------------
*El Windows on the World fue un complejo de locales situado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 3 años

Seguiré con la siguiente caja, bajo ahora mismo.

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace casi 3 años

Interesante e intenso.

TroodonT
Rango8 Nivel 39
hace más de 2 años

La historia se lee fácil y engancha rápido. Qué raro que opten por los ascensores en caso de incendio/terremoto, pero luego de ver el piso en el que estaban.

—Tu concéntrate en abrir esta puerta.

Ahí te faltó un tilde en tú.

TroodonT
Rango8 Nivel 39
hace más de 2 años

Imagino que están en un piso alto.

O se me fue algún detalle?

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

Lo dice en el primer trocito "¿Asfixiado en una cocina-cafetería para empleados de la planta 44 y vestido con el peor traje que tengo?" @TroodonT


#3

Los ordenadores, las estanterías y el falso techo están por el suelo. Miro los cubículos uno por uno y en el último veo un par de pies. Retiro toda la montaña de cosas... hay un muchacho bocarriba y mirando al infinito. Le miro el pulso y comprendo que está muerto. ¡Joder! Tiene más o menos mi edad y en su cara se puede ver sorpresa, tiene bastante sangre en la boca y aun más en la cabeza. Es como un escenario de una película gore. Miro por la estrecha ventana y veo cosas caer, sobre todo papeles. Otro traje se precipita pero este lleva zapatos y agita... sus... brazos... al... viento. Una náusea me invade y vomito en el suelo.

Al fondo de la oficina veo una ventana rota. Cojo una silla mientras escucho a Kevin preguntar por lo que estoy haciendo y empieza a correr. Le doy un golpe al cristal y lo rompo limpiamente, saco la cabeza y miro hacia abajo; todo está perfecto; no hay ningún incendio. Noto que Kevin me agarra de la cintura para que no me caiga por la misma. Miro hacia arriba y veo muchísimo humo y virulentas llamas que salen por las ventanas de la planta noventa y cuatro. Algo pasa cerca de mi cara, creo ver una mano de piel oscura. ¡Oh Dios mío! ¡Joder! Meto la cabeza y grito con todas mis fuerzas. No es posible lo que está pasando, no es real, es una puta pesadilla y despertaré enseguida, seguro que es eso. Kevin me agarra pero mi cuerpo se sacude con violencia.

—¿Qué pasa?

Solo me sale un grito agudo y me abrazo a mí mismo, no puedo dejar de temblar.

Kevin saca la cabeza por el hueco y la mete enseguida, me mira con una mueca de absoluto terror.

—¡Me cago en la puta! —Exclama apoyándose en la pared.
—También hay un incendio en la Torre Sur. ¡Vámonos! —Grito.
—¿Y si hay terroristas por los pasillos? —dice sin pensar.

¿Terroristas?

—Levantate, venga —me tira del brazo.
—Madre mía, habrá miles de muertos... —Entonces caigo en la cuenta— ¡Marizza!

Marizza Lione es mi mejor amiga y sabe más cosas sobre este edificio que el propio arquitecto. Por ello es guía turístico en el edificio.

Corremos por el pasillo y salimos hacia las escaleras, ante los gritos de Kevin y las otras personas diciéndonos que bajemos empiezo a subir y mis largas piernas responden a la perfección. Solo quiero saber cómo está Marizza; los pisos pasan rápidos. Hay gente tanto bajando como subiendo. Abro la puerta de la planta ochenta y entramos por las otras escaleras de subida hasta el ochenta y nueve. Detrás de la puerta se oye algo extraño.

—Atta, eso suena como cuando a mi madre le reventó la olla a presión.

¡Anda, exagerado!

—Pero Marizza…
—Es mala idea, hazme caso.

Hago caso omiso a sus palabras y cojo la manilla de la puerta, está fría, sonrío y miro a Kevin formando con la boca otro "exagerado". Bajo el pomo y la abro… el pasillo está a oscuras.

—¿Ves? No hay nada.

Al final del pasillo hay una luz amarillenta, seguro que es la luz del despacho de Rizza. Presiento que está allí. Se oye un silbido, será alguna luz que parpadea. ¡Espera un momento! Al intentar encender la luz en aquella oficina... ¡Joder! ¡No había luz! El ruido se intensifica, quiero correr pero mis piernas no responden ¿qué demonios me está pasando? ¡Vamos! ¡Oh Dios! ¡Mierda!

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 3 años

Hasta ahora ésta es la última. y debo decirte que es una delicia.
Espero más.
Sigo tu historia.

TroodonT
Rango8 Nivel 39
hace más de 2 años

Se mantiene una tensión constante.

Bien hecho.

Creo, sólo creo (y obviamente como crítica constructiva) que acá debe ir una coma o que el ves debe ir entre interrogación:

—¡Ves no hay nada!


#4

Una cosa, ayer lo publiqué pero me salía que no estaba publicado... ¿estaba o no? En fin, que aquí está la parte.
. . . - - - . . .

—¡Sal de ahí, Walt! —Grita Kevin.

¡Oh, joder! La luz que antes pensaba que procedía de la oficina de Marizza se acerca a mí, cierro la boca e intento apartarme pero la lengua naranja es más rápida y me abrasa la piel de la cara, Kevin cierra la puerta de una patada. ¡Joder, me estoy quemando! ¡Mi cuerpo está ardiendo! La gente que baja empieza a gritar, un hombre se quita la chaqueta y empieza a golpearme con ella. ¡Me quemo, me estoy abrasando vivo! Miro hacia abajo y sonrío, tengo ganas de reírme no sé por qué. El dolor es insoportable y veo puntitos negros bailando delante de mí, cada vez se hacen más o más grandes. Tengo sueño, mucho sueño… Entre tinieblas me parece escuchar la voz de Marizza, mis piernas no dan más de sí y me caigo de espaldas contra la pared. Jo-der.

—¿Atta? —Oigo a Marizza—. ¡Walt! ¡WALT! —Grita.
—Tírame el extintor... ¡rápido! —Grita Kevin a su vez.

Algo espumoso me sale por la boca y la gente que baja sigue gritando e intentando ayudarnos. La mancha negra de mis ojos ahora es naranja. El calor se atenúa un poco cuando la masa espumosa del extintor me apaga las pocas llamas de la ropa que quedaban por apagar pero un olor terrible me inunda las fosas nasales y pienso en un cerdo asándose en un horno de piedra. Qué asco.

Intento gritar pero el dolor es tan fuerte que me agarrota todos los huesos y músculos del cuerpo, tengo la ropa pegada a la piel y noto un dolor que jamás antes había experimentado, ni cuando me rompí tres costillas cuando era adolescente.

—No cierres los ojos, estamos aquí.

¿Dónde? No os veo.

—Bajemos.
—¿Qué ha pasado? —Le pregunta Kevin a Marizza.
—No lo sé, creo que ha pasado algo en el Windows. Las escaleras están destrozadas más allá del piso noventa y dos —contesta Marizza.
—Marizza, la Torre Sur también está en llamas.
—¿Qué? —Pregunta con un tono de verdadero terror— ¿En serio? No lo sabía. ¡Venga, bajemos!

Marizza me agarra del brazo. Empezamos de nuevo a bajar, veo todo como si fuera una película con un horrible fondo naranja. Espero que el fuego no me haya quemado las retinas. Lo bueno es que casi no siento dolor en la cara. Hace tiempo leí que las quemaduras de tercer grado no duelen porque los nervios quedan muy dañados.

—¿Dónde demonios estabas? —Le pregunta Kevin a Marizza mientras bajamos.
—En el Windows, estaba ayudando a las chicas a preparar las mesas. Hoy tienen un cumpleaños...
—¿Y has podido bajar por las escaleras del restaurante? —Pregunta Kevin, extrañado.
—Estaba en el piso noventa cuando todo se empezó a moverse. Pensé que había sido un terremoto pero alguien que bajaba me dijo que había sido algo parecido a un avión. ¡Qué tontada!
—¡Es lo más estúpido que he oído hoy! —Comenta Kevin con un tono divertido—. Un avión, no jodas.
—Y el tío seguía diciendo: "os juro que he oído el ruido de un avión antes de que se moviera el edificio." Si claro, y yo soy la Reina Isabel de Inglaterra.

Mucha gente está bajando... o subiendo, no puedo saberlo. Todos los que están detrás de nosotros gritan, lloran, tosen o las tres cosas a la vez. Tengo ganas de mear.

—Bajad rápido pero con calma —dice alguien que sube... o baja.

¿Y quién soy yo? Walter Atta, un gilipollas que no tendría que haber ido a trabajar hoy, este martes no se me va a olvidar jamás. Ni a mí, ni a la ciudad, ni al mundo.

Hacemos paradas cada ciertos pisos. Me recuesto contra la pared y una mujer, de acento italiano, le pregunta a Marizza que si quiere un poco de agua y ésta le responde con un sí y un débil gracias. Kevin suspira varias veces y noto como se recuesta contra la pared en la que estoy yo. La muchacha le da la botella de agua a Kevin y oigo el ruido de su garganta al tragar el agua.

—¡Joder! ¿De dónde viene toda esta agua? —Pregunta Marizza.

Noto que tengo los pantalones mojados pero no es por esa agua del que habla Marizza... me he meado encima, pero parece que a nadie le importa.

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace casi 3 años

Gran escena y buena historia

Me gusta el punto de vista interno.

Saludos

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 3 años

Sublime recreación literaria. eNHORABUENA.

TroodonT
Rango8 Nivel 39
hace más de 2 años

Muy buena narrativa.

Es raro cómo Kevin a veces pareciera estar en otro mundo, como si no hubiera tensión alrededor.


#5

Me siguen sin salir las partes que subo nuevas. Lloro.
. . . - - - . . .

—¿Quieres un poco de agua?

Respondo afirmando la cabeza y bebo un poco de la botella que pone Kevin cerca de mis labios, un dolor atroz me paraliza de la cabeza a los pies. ¿Me habré quemado la garganta? Ojalá que no. Una mujer está hablando por un teléfono móvil, se ha quedado quieta y habla bajo… grita algo en un idioma extraño y sigue bajando, lo sé porque oigo sus pies al descender.

¿Qué de qué trabajo? Soy auditor de cuentas en Lehman Brothers, demasiado tengo con levantarme a las seis como para ahora quemarme el puto cuerpo. ¿Y los demás…? ¿Me han dejado solo? ¿En serio? El miedo se apodera de mí y dejo caer la cabeza hacia atrás, me duermo... pero unos golpecitos hacen que me despierte. Creo que es Kevin.

—Perdón amigo, esto te va a doler.

Pone algo sobre mi cara que primero me alivia el dolor pero luego me empieza a quemar toda la cara como si me estuvieran clavando miles de dagas. ¡Dios, duele! Mi cuerpo reacciona y empiezo a gritar con todas mis fuerzas. Grito hasta desgañitarme y se me pone la voz ronca como la de un cantante de ópera pero ¡me duele mucho!

Me ha dejado (un poco) de doler pero ahora también cuesta respirar.

—Tenéis que bajar —comenta una voz nueva, es fuerte y tiene acento inglés... o quizá irlandés. No lo sé.
—¡Tiene quemaduras muy graves! —dice Marizza.
—Chico, intenta abrir los ojos.

Abro los ojos, noto que ya no me arden. Veo un poco mal al enfocar pero es un gran alivio. El hombre de acento irlandés no parece ser bombero ya que lleva una cazadora normal y una bombona de oxigeno a la espalda... Espera ¡Dios mío! El edificio se mueve otra vez y la gente grita aterrada, algo sube por el hueco de las escaleras y cierro los ojos. Noto como una especie de polvo se cuela por todos los orificios de mi cuerpo.

—¿Qué coño ha sido eso? —Pregunta Kevin.
—¿A dónde demonios vas? —Grita el hombre—. ¡Espera! ¡George, se nos ha escapado el muchacho!
—¡Joder! —gruñe.

Sabiendo cómo es Kevin, seguro que se ha ido a ver lo que ha pasado. Tarda mucho. El hombre bajito se apoya contra la pared y bebe agua. Tiene el pelo negro y como máximo mide uno con sesenta y cinco. Aunque puede que sea más alto de lo que parece desde mis dos metros con trece... y no, no me gusta jugar al baloncesto. Tengo escoliosis desde que empecé a crecer sin mesura.

Kevin llega hasta donde estamos, acompañado de dos personas más que por órdenes de su propio instinto de supervivencia empiezan a bajar. Miro a la pared, otra vez más en ese día estamos en la planta cuarenta.

—¿Qué ha pasado? ¿Kevin? —Pregunta Marizza, asustada.

Se empieza a reír, parece que está perdiendo la cabeza otra vez.

—Igual que si el jodido David Copperfield hubiera hecho el truco ese con el que hizo desaparecer la Estatua de la Libertad... impresionante.
—¿Qué coño estás diciendo?
—Ya no existe la Torre Sur.
—¿Qué coño estás diciendo? —Pregunta Marizza.

El hombre bajo y Marizza se meten por la puerta y me quedo con Kevin, que está llorando... o riendo, no puedo saberlo, ya que tiene los ojos tapados por su mano. Cierro los ojos y los abro cuando escucho pasos. Marizza está llorando.

—Se ha esfumado... pobre Corinna.

Y Joseph, Antonio, Ken, María, Christina... solo espero que estén bien.

—Por Dios, habrá miles de muertos —comenta el irlandés, como si no lo supiéramos ya.
—Esto no está pasando, esto no está pasando —digo como si fuera un mantra—. Tú no pareces bombero ¿qué has visto?
—No soy bombero, soy policía. Y si, estaba en la calle.
—¿Qué has visto? —Repite Marizza.

Hace caso omiso de la pregunta y se va hacia las escaleras.

—Bajemos.
—¿Qué hora es? —Pregunta Marizza, como si importara eso ahora...
—Las diez en punto. Todavía tenemos que bajar cuarenta pisos.

Con los ánimos por los suelos (nunca mejor dicho) bajamos uno a uno los cuarenta pisos, cada vez hay menos gente y hacemos paradas cada nueve o diez pisos.

—Venga, ya estamos más cerca de la salida.

Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro. Parada. Todos suspiramos, no puedo más, estoy deseando salir de aquí. Nos apoyamos en la pared. ¡No puedo más! ¿Pero qué coño...? Un crujido nos desgarra los oídos, algo baja por las escaleras además de la cascada de agua que no sabemos de dónde sale. Un trozo enorme de hormigón choca contra nuestro tramo de escaleras y Marizza grita. El policía mira al bombero y este a nosotros. ¿Qué coño está pasando? ¿Qué es eso? Se oye un ruido parecido a cuando se está quemando una bola de papel de aluminio. Es un sonido muy extraño. El policía mira por las escaleras y otro trozo de hormigón pasa a centímetros de su cara pero cae por el hueco, abre los ojos y nos mira de nuevo. Su menudo cuerpo tiembla como una hoja mientras el sonido se oye cada vez más cerca…

—¡Corred, bajad a la cuarta planta, rápido! —grita a la gente que está bajando.

Éstos saltan los pocos escalones que les separan de nuestro tramo de escaleras y se pegan a la pared. Todos lloran y gritan.

—¡Atta! —grita Marizza.
—¡Marizza!
—¡Al suelo! —Gritan al unísono el bombero y el policía.

El irlandés tira de mi brazo mientras el enorme ruido hace que nos elevemos desde el suelo, el hombre grita el nombre de Dios varias veces y el bombero grita con fuerza. ¡Oh Dios! ¡Dios! ¿Qué está...?

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace casi 3 años

No sale bien lo que cuelgas??

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace casi 3 años

Consúltalo con los administradores de la web, yo tuve problemas al colgar las imágenes un tiempo.
Me las borraba o difuminaba.

Que las tienes que colgar, dos veces?

Ya me cuentas

Saludos

Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Está increíble, describes de una forma muy vívida y enganchante :D!

TroodonT
Rango8 Nivel 39
hace más de 2 años

dEJO MARCADOR ACÁ para seguir otro día. Está buena por ahora.


#6

Abro los ojos, no sé cuanto he estado inconsciente pero me duele mucho la cara y otra vez he perdido la visión. Pero ahora no veo nada… y solo tengo ganas de toser. Me quito el trapo (que está lleno de tierra y polvo) y veo que cerca de mi cara hay algo. Le doy un golpe y se me encogen las pelotas…. parece una viga. Intento enfocar para saber donde estoy pero todo está oscuro como la boca de un lobo.

—Marizza... Marizza —grito.
—Estoy aquí Atta —grita Marizza—. ¿Estáis bien? Kevin, ¿bomberos?
—¡Oh Dios, oh Dios! —exclama Kevin entre toses.
—Estoy bien, tengo las piernas atrapadas. Pero estamos vivos —dice el del acento irlandés y acaba con una sonora carcajada.
—Hemos tenido una suerte de la hostia —comenta alguien que nunca había oído.
—¿Qué ha pasado? —Pregunto con el corazón en un puño—. ¿Dónde estamos?
—Los pilares se han venido abajo por culpa de las altas temperaturas —contesta George, el bombero.

Una oleada de gritos empiezan a sonar.

—¿Se ha derrumbado la torre c-con n-nosotros dentro? —Pregunta Marizza llorando y tartamudeando a la vez.
—Exactamente, estábamos en el sitio idóneo para poder sobrevivir. Hemos vuelvo a nacer —comenta de nuevo el bombero.

Y yo que pensaba que si te caía encima un edificio de ciento diez plantas te mataba. El bombero coge la emisora y dice su posición, pero no responde nadie. Estamos en tierra de nadie y atrapados entre escombros y vigas de acero.

—Tenemos que hacer algo para que nos oigan.

El irlandés empieza cantar en voz baja.

And it's no, nay, never
No nay never, no more.

—Venga, todos a la vez.

Cantan esta vez más alto y aplaudiendo. Me dan ganas de aporrear la viga pero amo demasiado mi vida para hacerlo.

—No golpeéis nada que no sean vuestras manos ¿entendido?

Siguen cantando esa vieja canción irlandesa en la que un vagabundo dice que jamás volverá a gastarse su dinero en cerveza... sí, claro.

Will I play the wild rover,
No never, no more.

Pero yo no canto, prefiero imaginarme que estoy en una discoteca bailando en la pista mientras tarareo por lo bajo.

Sé que este día nunca se me va a olvidar. Nunca olvidaré al irlandés bajito cantando aun teniendo las piernas rotas, ni a Marizza sollozando pero esforzándose por cantar en voz alta, ni a Kevin –mi mejor amigo- ni del bombero intentando que le respondan a sus llamadas.

Estaré eternamente agradecido a todos ellos... eternamente agradecido. Saco mi mano y dibujo en el polvo que hay en la viga: I WILL SURVIVE (sobreviviré)

Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Sobreviviré ;_; Muy bonito el trozo, poco a poco e titulo obtiene significado :D


#7

Lo he pensado seriamente y ¡que co**! si solo tiene 11 capítulos pues pondré la novela entera... bueno, el borrador. Disfrutad.

. . . - - - . . .

2
Cinco horas

Me quedo dormido cuando dejan de cantar y me despierto cuando oigo un ruido extraño, noto mis labios resecos y tengo sed. El dolor que siento vuelve a paralizarme y no se oye nada ni a nadie. Solo silencio y algún que otro crujido. Miro a Marizza que está tosiendo, veo como se quita el pañuelo del cuello y se lo ata alrededor de la boca.

La conocí mientras desayunaba en el Windows, ella estaba nerviosa por si hacía mal su primera visita turística, lo primero que me llamó su atención fue su acento y supe al instante que era italiana. Ventajas de vivir en Little Italy. Recuerdo que le di un consejo muy concurrido en la ficción: imagínatelos a todos en pelotas. Se empezó a reír y nos presentamos formalmente. Según me contó tiene un hermano llamado Seth que apenas sabe hablar inglés.

Creo que está llorando.

—Eh, tranquila. Saldremos de aquí.
—¿Qué pasa? —Pregunta el irlandés con su curioso acento— No vayamos a... perder la cabeza ahora. No pienses en nada más que en salir de aquí ¿está claro? —Le dice.

¿Me ha parecido a mí o ha estado a punto de decir "no vayamos a derrumbarnos ahora"? No me jodas.

—Vale —dice secándose las lágrimas.

Un sonoro golpe hace temblar todo durante un segundo ¿qué está pasando? ¡Joder, que día! Una luz avanza hacia nosotros y George, el bombero grita que "estamos aquí."

—¿Estáis bien? —La voz de alguien me asusta. Es pelirrojo y está reptando como un lagarto— ¿Cuánta gente hay?
—No lo sé —dice George.

A mi lado hay dos personas, no están sepultadas pero creo que están dormidas… creo.

—Id diciendo vuestros nombres —grita George.

Todos se van presentando uno a uno hasta contar trece personas, sí que está concurrido este tramo de escaleras.

—Mi padre es bombero —le digo al pelirrojo.
—¿Ah sí? ¿Cómo se llama tu padre?
—Antoine Atta.
—¿Eres el hijo de Antoine?

Me ilumina la cara con una linterna e intento sonreír.

—¿Está bien? —Le pregunto al pelirrojo.

Grita por la emisora que "hay un chico con quemaduras graves en la cara" el otro bombero le responde "¿dónde?" "En las escaleras del cuarto piso."

—Espera. Y no te muevas.

Se le olvidó añadir “o te caerá encima una viga de acero y te hará polvo”.

eleachege
Rango17 Nivel 81
hace casi 3 años

Excelente narrativa de una secuencia de hechos que involucra a tres personajes Kevin Jones, Walter Atta y Marizza Lione como supervivientes de la tragedia en el ataque a la Torre Norte del complejo World Trade Center el 11/09/2.001. Las escenas descritas casi que se constituyen en imágenes para el lector. Una muy buena historia @CristionaSchumacher. Un saludo y nos leemos.

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace casi 3 años

Te iba a dar solo las gracias pero no, te mereces un... muchísimas gracias. Me alegro que te esté gustando. Cuando la corrija y demás pienso mandarla a una editorial a ver qué me dicen...

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Yo también veo buena narrativa y un realismo atractivo.

Sigues entonces???

Estupendo

Saludo

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

Pues claro que sigo, como no con tantos lectores y lectoras que ya tengo. No puedo dejaros en la estacada.

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Ironía...??????

Es una web de muchos (muchísimos) escritores pero bastantes menos lectores....

Me alegra sigas..


#8

Os dejo aquí el bootrailer de la historia. Disfrutad.
https://youtu.be/MdMM8dDptcg
. . . - - - . . .

Una mujer grita de repente, es una de las dos personas que están a mi lado. ¡Qué bien, no están muertas!

—¿Qué ha pasado? ¿Pero no estábamos en la Torre Norte?

Me imagino que habrá estado inconsciente y no sabe lo que ha pasado. Disculpe señora, no hay Torre Norte ni Sur. Nos hemos quedado sin trabajo, posiblemente sin amigos y Nueva York se ha quedado sin skyline. El World Trade Center es historia… Finnito. La mujer vuelve a gritar lo mismo.

—Estamos debajo de la Torre —responde un hombre haciendo que la mujer grite.
—He oído que las han derribado con misiles —dice otro hombre de voz fuerte.
—¿Misiles, que misiles? —grita la mujer asustada—. Al final los árabes se han salido con la suya.

Otra cosa muy típica de Norteamérica, echarle la culpa a toda la gente cuando son solo unos cuantos, hacen daño, sí, pero son solo unos cuantos. Atta es apellido árabe y sí, soy musulmán, pero yo no malinterpreto las escrituras. ¿Es delito ser árabe? Después de lo que acaba de pasar lo será… Norteamérica, ese gran patio de vecinos. Además, ¿porque estamos hablando de terroristas árabes si todavía no sabemos si han sido esos engendros de lo que llaman Al Qaeda?

—Tú, chico alto ¿estás bien? —me pregunta el del acento irlandés.
—M-me duele la cara —respondo.

Un fuerte estruendo me hace estremecer, ahora es cuando me cae encima la viga y me despierto en el paraíso. ¡Adiós vida, hola jóvenes vírgenes! Me da un calambre en las piernas y los ojos se me inundan de lágrimas, no quiero morir. Siento una extraña opresión en el pecho y el corazón me va a cien por hora.

—Eh, eh ¡chico!

¿Yo?

—Respira varias veces hondo pero no te muevas ¿de acuerdo? Yo me llamo Glenn, ¿y tú?
—Walter…
—Cuando hagas las inspiraciones cuenta hasta cuatro.

Sigo los consejos del irlandés y mis pulsaciones bajan un poco pero aún siento la opresión en el pecho. Otro fuerte “crack” hace que me quede quieto. ¡No quiero morir!

—Walt, ¿sabes lo que es una cizalla? —pregunta para que no le preste atención a los ruidos.
—Lo que utilizan los bomberos…
—Exactamente, lo que se oye no es la viga. Es una cizalla.

El bombero reptador vuelve.

—Quiero que os quedéis quietos, ¿entendido?
—¿Y mi padre? —Le pregunto.

No me responde.

—¿Podrías llamar a mis hermanos? Estarán desesperados, diles que estoy bien. Por favor —dice el irlandés, Glenn—, se llaman Joseph y Ann.

“Antoine Atta no está en el parque número nueve” escucho decir a alguien por la emisora. O sea que está muerto. Pensaba que iba a deshacerme en lágrimas pero ninguna sale de mis ojos. Otro chasquido hace que tiemble como una hoja. El bombero se va y aparece otro, esta vez es moreno y se arrastra hacia nosotros. Sí que es grande el dichoso agujero. ¡El poder de las cizallas!

—¿Qué hora es? —pregunta George.
—Son las tres de la tarde, os sacarán enseguida. Os explico cómo va a ser, primero saldrán los más bajos y luego a los más altos.
—Yo soy bajo, pero estoy atrapado… —dice el irlandés.
—Dan me dijo que había un chico con quemaduras, ¿dónde está?
—Es Atta —dice Marizza.
—¿Y quién es Atta?
—El chico que está en las escaleras, justo debajo de la viga roja —el irlandés.

Me ilumina la cara y logro esbozar una sonrisa.

—¿Te llamas Atta?
—Walter.

Otro bombero pasa por el no tan angosto agujero.

—Los que estén libres, que empiecen a salir. De uno en uno.

Una mujer bajita y cubierta de polvo de los pies a la cabeza empieza a arrastrarse por el suelo cual serpiente hasta el bombero pelirrojo, antes de irse mira hacia atrás y le tira algo al irlandés. Este empieza a reírse al instante.

—Galletitas saladas… joder. Pero si no tengo agua... —suspira con fuerza y tose— A ver si nos sacan pronto, Gigante.

¿Gigante?

Hace más de 2 años

6

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Es novela o novela corta?

Ya la tienes completa???

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

Es novela corta, solo tiene 11 capítulos y sí, ya la tengo completa :) Gracias por leer.

Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Glenn? No fastidies! No pensé que se encontraran aquí. Creo que me perdí con eso de que leo el otro libro de forma muy lenta y se me olvidaron cosas. El booktrailer está muy bien, al igual que el capítulo :D

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

Por eso tendría que haber creado primero esta, que es la primera parte de la trilogía y luego la otra pero me salió al revés, querida @Pau858


#9

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© Todos los derechos reservados. Se encuentra expresamente prohibida su reproducción, copia (total o parcial), publicación o modificación en cualquier medio impreso y/o digital con (o sin) consentimiento del autor.

. . . - - - . . .

—Ojalá… —respondo.
—Esperad —dice al walkie, creo que lo llaman así—. Habla con tus hermanos, están muy nerviosos.

El bombero se lo da al irlandés y a mí se me humedecen los ojos mientras otros “bajitos y bajitas” salen por el agujero con el bombero moreno.

—Josh, Ann, estoy bien ¿me escucháis?

Se escucha un grito agudo. Los dos hablan al unísono haciendo que no se entienda nada. ¿En serio no estoy soñando y me voy a despertar ahora mismo?

—Tranquilos por favor, estoy bien. Creo que me he roto las piernas pero estoy cojonudamente —solloza—, estoy bien. No os preocupéis, nos sacarán pronto. ¿Cómo estáis vosotros?

Desde mi posición escucho algo que suena como “grises.” Él ríe.

—Ya me imagino que estáis grises. Yo estoy bien acompañado por un amigo, se llama Atta.

No es mi nombre, es mi apellido.

Gritan algo de Washington y de Pensilvania. El hombre, Glenn, se despide con un “hasta luego” y le devuelve la emisora al muchacho. Otro de los bomberos le tira una toalla y una botella de agua a un hombre que creo que trabaja en el piso cincuenta y que se llama Martin. Este las coge.

—¿Qué quieres que haga? —Pregunta Martin.
—Moja la toalla y quítale todo el polvo y la tierra.

Mientras me quita toda la suciedad, el dolor no es molesto pero sí siento algunos pinchazos muy fuertes ciertas partes de la cara.

—¿Quieres beber?
—Sí… gracias.

Doy un gran trago y noto cómo junto con el agua baja polvo por mi garganta.

“Tenéis que sacarlos rápido. El siete se está combando.”
Espera un momento ¿se va a caer? ¡Qué bien! Como no salgamos pronto, cenaremos pastel de Walter y de Glenn.

Un profundo grito hace temblar todo lo que hay a nuestro alrededor.

—¡Mi pierna! —Es Marizza— ¡Joder, mi pierna!
—Arrástrate con las manos, yo te ayudaré. Vamos —dice el bombero pelirrojo, creo que había dicho que se llamaba Don... o Dan.
—¿Van a suspender el rescate? —le pregunta el irlandés.
—No creo, todavía le quedan un par de horas.
—¿Pero se va a derrumbar?
—El incendio es imposible de apagar… Se caerá. Otra cosa, han cerrado los puentes de la ciudad, o sea que os tenemos que trasladar a hospitales de aquí, de Manhattan.

El hombre hace un ruido que puede ser desde un sollozo o una risa sarcástica.

—Yo no tengo seguro médico, si quieres puedes dejarme aquí.
—Es bueno que no pierdas el sentido del humor.

Yo creo que lo ha dicho en serio. El seguro de mi empresa pagará todo el tratamiento que necesite pero esta gente que no tiene seguro… ¡Qué pena! Algo tengo que hacer por el tío que me ha salvado la vida. Lo pensaré cuando esté libre de este agujero infernal y cuando no tenga tantos dolores.

Hace más de 2 años

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9
Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Trilogía de la mala suerte...???

Jajajajaja

me gustó el trailer, tengo que hacer algo parecido....

Saludo

Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Cenaremos pastel de glenn y walter AJAJAJA. Lo de la falta de seguro me dió algo de pena, es cierto lo que hacen con los sin seguro en américa, dejarlos tiraos. En fin, estuvo bien.


#10

Última parte del capítulo 2... disfrutad.

. . . - - - . . .

Veo como Marizza y Martin abandonan los escombros, ella entre quejidos de dolor.

—Nos hemos quedado solos.
—Eso parece —le digo.
—¿Eres de Nueva York? —Me pregunta.
—No, pero vivo en Little Italy. ¿Eres inglés o irlandés?
—Soy de un pueblo a quince kilómetros de Dublín. Estaba desayunando con mis hermanos en la plaza cuando pasó. Nos quedamos en estado de shock, estuvo a punto de caernos encima una ventana.
—¿Te gusta Nueva York? —Le pregunto.
—Sí, es mi segunda casa. He vivido aquí y debo decir que tiene los mejores cines, teatros, estadios, parques y ahora escombros.
—¿Tú crees que se ha enterado la gente de lo que ha pasado?
—¿Pero qué demonios piensas que ha pasado? —Me pregunta.
—Me imagino que ha sido algún tipo de ataque terrorista.
—Exactamente.
—¿Han tirado las torres con misiles? —Le pregunto.

Suspira.

—No quiero meterte miedo.
—Jamás he tenido tanto miedo como tengo ahora, dímelo.
—Te parecerá increíble pero las han derribado con aviones.

¿Aviones?

—Un hombre que bajaba con mi compañera le dijo que había oído un ruido de avión antes de que todo el edificio temblara por primera vez. ¿Fueron cazas o de pasajeros? —Le pregunto como si fuera lo más normal del mundo.

Vacila unos segundos.

—Creo que de pasajeros. No sé cómo serán los aviones aquí en Norteamérica pero eran plateados.
—Los de American Airlines son así. Lo que no entiendo es ¿por qué a nosotros? Solo somos unos muertos de hambre que nos ganamos, bueno, ganábamos el pan trabajando en las malditas torres estas.
—No lo sé, son terroristas. Yo creo que han sido los árabes esos que pusieron hace unos años un atentado en la embajada de Estados Unidos.

Es verdad, murieron más de doscientas personas. En las noticias dijeron que un multimillonario árabe había planeado los atentados.

—Yo soy árabe…

Oigo ruidos extraños procedentes de mi compañero y frunzo el ceño todo lo que el dolor en la cara me deja.

—¿Qué haces? —le pregunto.
—Liberar mis piernas de escombros, ¿algún día has visto una tibia al descubierto?
—Un amigo mío se rompió el codo y le desgarró la piel. Era blanco.
—¿Quién, el hueso o tu amigo?
—Los dos.

Reímos a la vez.

—Antes has estado a punto de decir "no vayamos a derrumbarnos ahora" o me lo ha parecido a mí.

El hombre ríe.

—Sí, estuve a punto de decirlo. Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.

Una canción pasa por mi cabeza, es una de mis favoritas del grupo irlandés "The Cranberries."

—This is not Hollywood, like I understood.
—Is not Hollywood, like, like, like —contesta Glenn.
—Run away, run away, is there anybody there?
—Get away, get away, get away.

Uno de los bomberos, nos hace señas con la linterna desde la salida del agujero.

—Creo que tenemos que salir.

El irlandés, con muchos esfuerzos, se pone bocarriba y empieza a arrastrarse con el trasero hacia la salida. Yo hago lo mismo, noto como los escombros y algún cristal me hacen daño en las manos pero logro agarrarme a las manos del bombero pelirrojo, es joven y tiene los ojos marrones. Me mira a la cara y sonríe, es guapo.

Parpadeo al ver la luz del día, no del sol. Una ovación se escucha cuando logro salir del agujero con la ayuda del pelirrojo, los bomberos, muy emocionados, aplauden y se abrazan a sus compañeros. Un hombre (casi) se abalanza encima de mí y entre varios médicos me ayudan a tumbarme en una dura camilla. A mi compañero de escombros le han puesto una especie de flotadores en las piernas y todavía sonríe. Tiene el pelo negro como las plumas de un cuervo y las extremidades demasiado cortas para ser de una persona de mediana edad, parece un adulto encerrado en el cuerpo de un adolescente.

—¿Cómo te llamabas, chaval? No soy muy bueno recordando nombres.
—Walter… Atta.

El médico me pone una aparatosa mascarilla de oxígeno y siento que puedo respirar tranquilamente y sin dolor de costillas. Miro el cielo, sé que encima de todo el humo y el polvo hay un sol precioso y el cielo es azul. La camilla empieza a rodar por el suelo plagado de escombros y miro hacia delante. Una estructura de acero está en pie como diciendo "esto es todo, amigos." Tengo ganas de llorar pero no puedo... creo que estoy en estado de shock.

Siento que alguien me toca la mano y escucho “adiós, Gigante” y esbozo una sonrisa.

Adiós, Leprechaun.

Hace más de 2 años

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9
Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Leprechaun, ajajajaja. Ese apodo será famoso. Normal que esté en estado de shock, menudo desastre. Seguiré leyendo :D


#11

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. . . - - - . . .

Capítulo 3
La maratón de Manhattan

Los médicos no paran de preguntarme por mi nombre, la edad, si me duele algo más que la cara, no, ¡solo duele la puta jeta! Me pusieron la vía antes de meterme en la ambulancia y encima de mi cabeza cuelga una bolsa de suero transparente. Conmigo van dos chicos y una chica y delante está el conductor, claro. Hablan entre ellos de mí y de “quemaduras de segundo y tercer grado”. Una enfermera me mira y sonríe, tiene los ojos brillantes, se da la vuelta y se tapa la cara con las manos. Veo como sus hombros suben y bajan, creo que está llorando. Soy feo, ¿pero tanto como para que alguien se ponga a llorar?

El vehículo se queda parado y empiezan a sonar bocinazos, el que conduce pita una y otra vez hasta que grita “vamos joder” pero el vehículo no se mueve ni un milímetro. Algo muy ruidoso pasa por encima (o al lado) de la ambulancia, no sé qué era pero ha dejado a todos con la boca abierta.

—¡Me cago en la puta! –Exclama uno de los médicos.
Hace sonar el claxon otra vez pero no pasa nada.
—¿Y si llamas al helicóptero? —Pregunta la muchacha al conductor.
—¿Con el espacio aéreo cerrado y con todos esos cazas por el aire? No digas tontadas, por favor.
—¿Y qué hacemos?

Me pregunto si Marizza y los demás han llegado bien, ojalá que sí. La enfermera me mira.

—Resolveremos este entuerto.

Es que no se qué está pasando pero me imagino que habrá un atasco, si no dejan pasar a una ambulancia con las luces encendidas me imagino que será gigantesco.

—¿Y si volvemos hacia atrás?
—Imposible, el Presbiterano está desbordado. Tenemos que ir hacia el Israel.

El hospital Monte Sinaí está donde Dios perdió la piedra del mechero, intento recuperar la calma e imagino que la enfermera se acerca y me dice “tranquilo, esto es una cámara oculta” pero no es así, aquí estoy yo: Walter Atta, dentro de una ambulancia, con una mascarilla de oxigeno puesta y en un puto atasco.

Noto una presión enorme en el pecho y mi cuerpo se sacude fuertemente, voy a morir, sé que voy a morir en esta puta ambulancia que huele a desinfectante. Voy a palmar, algo explotará bajo nuestros pies pero de aquí no salgo con vida, mis ojos se humedecen y empiezo a llorar. Voy a morir.

O no… puede que mañana o pasado, pero hoy no. No sé qué cojones me ha puesto la enfermera pero la sensación del pecho se me ha pasado un poco, es lo que tiene estar encerrado en una ambulancia. Cierro los ojos e imagino que algún día olvidaré todo esto… algún… día…

Me despierto cuando siento como el viento me golpea en la cara. El cielo es azul pero nubes negras lo oscurecen cada cierto tiempo, la camilla “vuela” sobre el suelo, la mujer es muy rápida y el médico aun mas. Ahora hay sol, ahora no, las nubes negras presagian lluvias… espera, no son nubes ¡es humo! En un despiste me quito la mascarilla que me cubre la nariz, huele a fuego y algo químico.

La enfermera cierra los ojos y una espesa niebla nos engulle, miro a la gente que está en la calle; algunos niegan con la cabeza, otros lloran sentados en los bordillos y la enfermera empalidece de los pies a la cabeza. Su ropa está teñida de gris, el cielo ahora no es azul, es blanco. A mi derecha veo un parque, el columpio que antes era verde, los coches, las calles y los edificios son blancos.

—¡Salid de aquí! Id a Central Park —grita la mujer.

Un hombre trajeado y con una cartera de piel en la mano casi se choca con la camilla, debajo de todo el polvo tiene sangre que resbala por su cara. La enfermera para y le tiende un pañuelo empapado en suero. Creo que se llama Jack, el hombre mira hacia la camilla y frunce el ceño.

—¿Atta?

Hace más de 2 años

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 2 años

Excelente como siempre tu manera de escribir.


#12

—¿Jack? ¿O era John? —Le pregunto.

—Jack... —contesta.

Creo que trabaja en Lehman... ¿o en Fuji Bank? No me acuerdo. No sé donde estamos, parece Wall Street pero no puede ser, el Sinaí está mucho más arriba.

—Siga andando, vaya al parque y pida ayuda.

—Si... claro.

La muchacha mira al médico y este afirma con la cabeza, la camilla empieza su recorrido de nuevo y el humo se va haciendo más espeso, veo la puerta de entrada a mi edificio.

—Walter ¡eh! —dice el chico para distraerme.

La camilla se eleva por culpa de un inesperado bache, hay muchos bomberos por la calle que parecen estar exhaustos.

—Rápido, rápido —grita uno señalando algo que no puedo ver.

—Me cago en la puta... —dice otro.

Un estruendo hace vibrar todo y por mis dos lados pasan los bomberos corriendo, algunos ya no pueden ni hacerlo. ¿Qué pasa? Giran la camilla hacia atrás... jo-der, un grito sale de mi boca pero lo disimula la mascarilla.

—¡Corran, corran! —dice la mujer en español, es latina.

Miro disimuladamente hacia atrás, la nube de polvo nos pisa los pies ¿Qué cojones ha pasado?

Una mujer que está con las manos en la boca grita pero no se pone a correr, sus piernas no responden. Estamos en la calle Fulton, donde vivo. O sea que me llevan al presbiteriano... perfecto.

La nube de polvo pasa encima de nuestras cabezas y nos engulle enteros.

—¿Qué ha pasado? —Pregunta la enfermera bajo su mascarilla.

—Yo que sé... —responde el médico.

—El 7 —susurro.

Al cruzar la calle no hay nadie, los coches atascan la carretera de doble carril y en la mayoría de ellos no hay nadie al volante, parece una puta película de terror.

Algo está pasando (que novedad)... la enfermera levanta una mano y grita varios "¡Eh!", el médico dice "¡la puerta!". El cielo blanquecino se transforma de repente en un porche con el techo de escayola blanca. Una mujer de bata blanca abre la puerta y un mar de llantos, gritos y ataques de pánico invaden mis oídos. Una negra llora abrazada la que parece ser su hija y repite "gracias a Dios" como un mantra, los ojos de la chica miran a un punto fijo en su mente. A sus pies descansa un caro bolso de piel negra.

Más adelante, un hombre discute con las enfermeras del puesto, ellos intentan hacerle caso y tratan de calmarle pero es imposible, chilla y les llama "tontas del culo" mientras tira una carpeta al suelo y pregunta "donde coño está su hijo" cada vez más alterado.

En una esquina, una mujer pelirroja llora abrazada a un hombre de identico color de pelo y hablan un idioma extraño, el hombre le acaricia la nuca con suavidad. Ella se levanta cuando pasamos y se acerca a la enfermera. Entre gritos oigo que preguntan por alguien, el pelirrojo dice "joder" y me mira, tiene los ojos muy oscuros y es guapo de cojones, aun más que Kevin Jones... y más hetero que él, lleva una alianza de boda dorada y una pegatina en un lado del pecho al igual que la chica, logro leer: "cumpleañeros." Pues no son pareja, parecen ser hermanos... gemelos. O mellizos, yo de esas cosas no sé.

Me quito la mascarilla y sonrío.

—Felicidades...

—¿Qué?

Señalo a la pegatina que lleva.

La chica se pone a reír... o a llorar, no lo sé.

Hace más de 2 años

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Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Felicidades! xD. Con lo que está pasando ahora en el hospital me esperaba todo menos eso, Walter me cae bien :)


#13

Última parte del tercer capítulo. Disfrutad.
. . . - - - . . .

—Virgo... —susurro, la muchacha me mira con pena.

El hombre habla bien en inglés pero tiene un extraño acento inglés... o irlandés... oh Dios. ¡Esa voz! Recuerdo las dos voces que hablaban al unísono por la emisora... puede que no sean ellos, o puede que si. La voz de él, fuerte, es idéntica.

—¿Está seguro de que estaba allí?

—Claro.

La enfermera se inclina hacia mi persona.

—¿Recuerdas si había contigo algún hombre llamado Glenn?

Hago un repaso mental de todos, Marizza, Kevin, George... ¿y el poli? No recuerdo como se llamaba el policía bajito.

—¿Es policía?

—Sí, ¿lo has visto? —Me pregunta la apenada mujer.

—Estaba allí, lo sacaron antes que a mí. Estaba bien.

—¿Cómo te llamas? —me pregunta el pelirrojo cumpleañero.

—Walter Atta.

—¿En serio? —Abre unos ojos como platos— ¡Corre! Avisa a Aline.

¿Ha dicho Aline? Mi... madre. Antes de que pueda verla me meten en urgencia, aquí se oye el doble de gritos y llantos, una chica en estado de shock y cubierta de polvo me mira y parece que susurra algo.

Alguien intenta hacer callar a la gente pero hacen caso omiso. Una adolescente grita fuertemente y dos enfermeras van corriendo hacia el BOX. Ataques de ansiedad por aquí, ataques de pánico por allí, el que me voy a volver loco soy yo.

Que exagerados somos los neoyorquinos, pienso, pero un segundo después me preguntó por qué coño he pensado eso, no somos exagerados, hoy no.

Por mi mente recorren miles de preguntas: ¿que voy a hacer cuando salga de aquí? ¿Dónde voy a trabajar? ¿Me quedare en la ciudad? ¿Aumentará el racismo en Norteamérica? ¿Me pegaran una paliza debido al color de mi piel? Y la más importante: ¿Olvidaré todo lo que he vivido hoy? El único consuelo que tengo es que mi madre es psicóloga y me ayudará a superarlo.

Los gritos se amortiguan al llegar a una habitación muy grande y parecida a un quirófano, me dejan debajo de la potente luz y los médicos empiezan a hablar entre ellos. Varias enfermeras, lo sé porque lo pone en las chapas que llevan, portan un carro con varios cientos de cosas.

—Te pondremos algo para el dolor ¿vale?

El dolor, me había olvidado del jodido dolor. De una puerta abatible aparece una muchacha de pelo negro y piel cobriza, es cirujana plástica.

—¿Cómo te llamas? -Me pregunta.

—Walter Atta.

—Yo me llamo Anjali, veamos esta cara.

Tengo sueño, me duermo unos minutos hasta que un terrible dolor me despierta de repente ¡no hagas eso! ¡JODER! Veo unas pinzas al lado de mis ojos y saca un gran trozo de tela, el dolor aumenta cuando me pone suero en las quemaduras ¡Dios! Aprieto los dientes y casi los oigo crujir, una muchacha más joven pone una inyección en el gotero...

La vida... ¿cuál es el sentido real de la vida? ¿Sufrir? Siempre dicen que si sientes dolor es que estás vivo... amarilla, la luz del techo se pone amarilla... unas manos invisibles me agarran y me desnudan a la fuerza, mis piernas se mueven solas y mis brazos también... ahora la luz es verde, luego roja, azul, violeta... debo de estar drogado o algo... seguro... puede... huele a productos químicos, a hospital y a fuego, a cerdo quemado, a salchichas a la parrilla ¿o son mis dedos? Tengo ganas de reír...

Hace más de 2 años

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Casi parece una abducción....
Me sigue gustando

Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Ya veo, ajajajaja, pobre con el dolor y todo. Parece que no le pusierom anestesia o no funcionó :c


#14

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Capítulo 4
Gran Quemado

Mis ojos se acostumbran a la potente luz y pienso: "bendito sea el tío que inventó la anestesia." Mis despertares normales son bastante peores que este. Me doy cuenta de que tengo la boca abierta e intento cerrarla pero algo me lo impide ¿qué coño está pasando? A mi lado una máquina pita insistentemente, tiene una especie de fuelle que sube y baja. Ahora que me fijo, el techo es azul... que raro. Un chico de bata blanca entra por la puerta, es un enfermero. Desde mi posición puedo deducir que es muy alto, de aproximadamente dos metros, me mira y sigue apuntando cosas en una tablilla. Se llama Osama, que en árabe significa león. Me quita la sábana... joder, soy una momia. Tengo todo el cuerpo envuelto en vendas.

Madre mía, que cama más rara, parece una atracción de feria... nunca he visto algo igual. El muchacho le da a algo que suena "clic" y siento que me elevo ¡esta cama es genial! La puerta se abre como las de los supermercados y pasa una mujer, en su identificación pone que se llama Katherine Valenzuela y es cirujana plástica, tiene el pelo negro igual que los ojos y es latina. Se acerca a hablar con el enfermero y este sonríe.

—Hola Walt, es normal sentirse confuso después de la anestesia. Estás en el hospital Monte Sinaí, me contó tu madre que en el otro centro hubo problemas.

Si, esos cabrones me empezaron a curar cuando aun no me había hecho efecto la anestesia.

—Se confundieron con la altura y no le cogió la anestesia —comenta el enfermero en voz baja. Me mira.

¿Qué? ¿Se confundieron con mi altura?

—Se nota a leguas, yo mido dos con uno y pusieron que medía uno noventa y cinco.

Ni que tuviera quince años...

—Vamos a ponerte algo para el dolor, vas a quedarte un poco grogui pero no vas a dormirte ¿entendido?

Cierro una vez los ojos, lo que significa sí.

—Perfecto.

Me elevo hacia el cielo... la cama gira mientras me cambian las vendas, no tengo ningún dolor. Primero quitan la venda del brazo izquierdo, soy yo o está de color rojo o morado... y amarillo. Colocan una especie de red y luego de nuevo la venda, repiten el proceso con la pierna derecha. Los dedos están vendados uno por uno, ¡oh Dios! ¿soy yo o me faltan algunas uñas? ¡Me han cortado las putas falanges de los dedos! Joder. No creo que fuera por culpa de la cafetera llena de café, leí hace tiempo que solo con quemaduras de cuarto grado te pueden amputar alguna extremidad, pero para que pase eso me tendría que haber congelado, no quemado. Lo miro con los ojos como platos.

—Cuando te sacaron del agujero tenías los dedos así, puede que te los cortaras al salir del agujero. La adrenalina actuó como un sedante y no te diste cuenta de ello —comenta Osama.

—Además hay técnicas para que queden como los demás. Te van a quedar mejor, ya verás.

La sala en la que estoy es individual y desde un gran ventanal me mira una mujer, es pelirroja y sonríe, a su lado está mi madre... sola. La pelirroja me guiña un ojo, cierro los ojos un segundo y mi madre ahora está de espaldas, está llorando. Creo que la chica es la cumpleañera que buscaba al policía de baja estatura. La mujer le da un pañuelo a mi madre. Me la imagino en su consulta, con preciosas vistas al "trabajo de mi hijo." ¿Qué habrá visto? ¿Habrá visto los aviones chocándose contra las torres?

Hace más de 2 años

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Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Casi sin dedos, arg D: Sigo leyendo a ver si acabo :)


#15

Me encanta que os guste tanto la historia. Gracias por leer, votar y comentar. Me hacéis muy feliz.
. . . - - - . . .

Auch, me ha dado un pinchazo en plena cara ¡que daño! El enfermero me mira y sonríe.

—Perdón, iré con más cuidado.

—Los injertos están perfectos y sanando muy bien —comenta la cirujana plástica—. Eres muy valiente.

Y tengo unos ramalazos de buena suerte del carajo, cuando tenga un hijo le explicaré que sobreviví a la caída del Mundo. Parece ciencia-ficción pero es la cruda (y puta) verdad.

El chico le da al regulador del calmante antes de seguir con mi careto y el dolor se alivia. Las cuchilladas pasan a ser pellizcos con manos de bebé.

Alabada seas morfina.

Varias enfermeras hablan con mi madre y luego entran, otra cara se suma a la de ella y a la de la pelirroja, me imagino que es el hermano de la muchacha. Tiene cuerpo y facciones de ser jugador de rugby o de bombero. Ancho de hombros, cara ligeramente cuadrada, alto... el hombre perfecto.

Ahora entran dos enfermeras más y cierran la cortina del ventanal, a ver qué putada van a hacerme ¿otro cambio de vendas? No creo.

Osama apaga una de las máquinas, aunque no es la del pitido constante, esa sigue taladrando mi cerebro con su "pi-pi-pi" pero me doy cuenta que el fuelle ha dejado de subir y bajar. Oh, oh, van a quitarme el tubo de la garganta... presiento que me va a molestar mucho.

La muchacha me pone una mascarilla y noto como se me relaja la garganta y luego coloca algo que suena como unos aspiradores de esos que usan los dentistas para la babilla que cae al tener la boca abierta.

—Expira fuerte cuando cuente hasta tres ¿entendido? Uno, dos, tres.

Dejo salir todo el aire que tenía en los pulmones y puedo ver claramente como sale el tubo de mi garganta, que asco, cierro los ojos y cuando sale la última parte empiezo a toser como un loco, voy a reventar... o a vomitar, no lo sé. El enfermero me limpia la boca con una gasa mientras sigo tosiendo como un fumador de toda la vida, me ponen una mascarilla de color verde que me tapa la boca y la nariz.

Dejo de toser.

Vuelvo a ser un ser vivo y noto como mis pulmones funcionan perfectamente, soy un poco más feliz y todo me da menos asco. Me limpian de nuevo la boca y abren de nuevo la cortina, mi madre está sonriendo por fin... pero mi padre no está con ella. A lo mejor está herido, seguro que está herido y en el mismo hospital en el que estoy yo. Ojalá sea eso.

—En unos días te subirán a planta, allí estarás mucho mejor.

Estoy deseando que llegue ese día.

Hace más de 2 años

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#16

Perdón por la tardanza, más pronto que tarde publicaré un nuevo capítulo de "Memorias de un superviviente" pero es que mi ordenador ha "petao" y hasta que no pasen las navidades (Nochebuena y Navidad) no me lo arreglan y no puedo subir ná porque tengo que estar con la tablet y allí no tengo los archivos.

Feliz navidad a todos mis lectores:

@Tete
@AngelMagat
@PatryZairaMishel
@eleachege
@jennyferarias
@Romahou
@ValdiviesoDaniel3264
@SandyTorres
@Pau858
@Lizzie115

Y si me he olvidado a alguien pues eso que feliz navidad.

Hace más de 2 años

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9
Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Felices fiestas

Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Que pena. Estaba muy enganchada. Espero que pronto te reparem el ordi. La historia está genial. :D


#17

Cierro los ojos y me quedo dormido en segundos...

Me despierto sudando a mares, he tenido una pesadilla horrible. Volvía a estar bajo los escombros pero yo solo, la viga roja amenazaba una vez más con caerme en la cabeza, gritaba y gritaba pero nadie me escuchaba. Me desperté antes de morir de inanición.

Detrás del cristal no hay nadie, mi madre se habrá ido a casa, como es normal. El tal Osama está revisando el suero, es moreno y tiene barba de tres días con tonos negros y blancos. Tiene los ojos oscuros, es el único del hospital que no sonríe... me mira.

—Duermes muy poco, mi madre dice que dormir lo cura todo.

Sonrío, él no.

—Pareces un chico listo —niega con la cabeza— no sé qué haces en esta ciudad.

Soy de Manhattan, nací en el hospital de Little Italy... soy cien por cien neoyorkino.

—Yo he pedido el traslado a Canadá.

Le miro con el ceño fruncido y me quita la mascarilla.

—¿Porqué?

—Hijo mío, nadie nos va a contratar jamás para ningún puesto de trabajo. Mira mis compatriotas, vendiendo rosas, conduciendo taxis... a uno de mis amigos le dispararon ayer por ser árabe. Menos mal que fue en la pierna.

—¿De dónde eres? —Le pregunto.

—De Pakistán.

—Yo nací aquí y he vivido aquí toda mi vida, no creo que me vaya.

—Como se nota que no has salido de aquí, si entras en un supermercado te miran como si fueras un terrorista, si vas en el metro se apartan todos de repente. Allí en Pakistán viví un atentado antes de venir al lado de mi casa y por eso me fui allí, la tierra de la libertad —ríe.

—Atentados hay en todo el mundo, mira en España con la ETA o Irlanda con el IRA... Yo viví el atentado del noventa y tres, primero pensamos que había sido alguna fiesta religiosa italiana, siempre salen a las calles con santos, tiran petardos y cosas de esas. Pero no, habían volado el aparcamiento subterráneo de la Torre Norte. Querían tirarla contra la Sur y matar a miles de personas.

—¿En serio? Eso no lo sabía...

—Al final lo han conseguido. Habrá que darles un medalla por ello, yo destrozado y quemado, mi padre en paradero desconocido, llevaremos las marcas y los traumas psíquicos por bastante tiempo. Bravo.

Me puso la mascarilla y se encendieron las luces. Era una de las enfermeras rubias.

—¿Ya estás despierto? Que poco duermes.

Tengo ganas de decirle "eso es culpa del café" pero aquí no hay eso así que le voy a contestar "eso es culpa de los medicamentos" cuando me doy cuenta que llevo la aparatosa mascarilla. Este sí que es uno de mis despertares normales, el odio hacia todo está más presente que nunca... ¡bien! Y estoy cansado de todo: de las reiteradas anestesias, de la máquina que pita a mi lado, del dolor de cara, de mi cuerpo quemado, de Yamasaki* por haber creado esas dos puñeteras trampas mortales y de las enfermeras que sonríen como si esto fuera un puto parque de atracciones y no un área de grandes quemados y como si no hubieran caído las torres. Nunca volveré a comer en la Esfera, no emitirán más el capítulo de Los Simpson en el que sale la ciudad, tampoco estrenarán Spiderman... como si lo viera.

This is america, my friends.

Madre mía... Marizza. Mi gran amiga está detrás del cristal, lleva dos muletas pero parece estar bien. También está Kevin, aunque me haya levantado de mala hostia intento sonreír mirando hacia el cristal. La italiana (de Milán) me saluda y me tira besos, luego se une a ella el bombero negro, él solo tiene un rasguño en la frente y me saluda con la mano.

Miro hacia arriba y pienso en que habría pasado si hubiéramos ido más rápidos o más lentos bajando por las escaleras. Nos salvamos gracias al policía bajo y su parada en la planta cuarta. ¿Si hubiéramos bajado más rápido hubiéramos muerto todos? Me imagino que si y seguramente mis jóvenes vírgenes serían feos como fea sería nuestra muerte, aplastados como unos vulgares sándwiches.

Los miro de nuevo y veo esperanza en sus rostros. Sé que seremos amigos por los siglos de los siglos y hasta que la muerte nos separe, esta vez para siempre.

. . . - - - . . .

*Minoru Yamasaki fue el arquitecto que diseñó el World Trade Center.

Hace más de 2 años

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Me gusta ese detalle simpático y simple de "los Simpson" o el estreno de "Spiderman"

La cabeza creo que realmente compartimenta así para desdramatizar...

Saludo

Pau858
Rango2 Nivel 8
hace más de 2 años

Que bello al final, nunca uno se para a pensar en lo mal que lo pasan los árabes, juzgados por todos lados. Y lo del capítulo de los simpson fue un toque divertido marca Walter. Habemus ordenador! :D. Ajajajaja. gracias por mencionarme, intentaré estar pendiente del siguiente :D

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

Ole mis bajos, repitiendo "Sé que seremos amigos por los siglos de los siglos y hasta que la muerte nos separe, esta vez para siempre" dos veces. Ya está arreglado XD


#18

Capítulo 5
Farah

¡Bien! Estoy de camino a mi nueva habitación, como los injertos están curándose bien han decidido subirme ya al área de quemados. Estoy mucho mejor físicamente pero bastante peor psicológicamente, ayer mismo volví a sentir los dolores en el pecho y creí que me moría. Sé que mi brazo izquierdo y la pierna derecha tienen mejor color pero me aterra como me haya quedado la cara, nunca he sido especialmente guapo (aunque todo el mundo diga lo contrario) pero me preocupa bastante esta parte del cuerpo.

¡Por fin! La habitación es grande e individual, abren las dos puertas para que entre la cama, no recuerdo como me dijo Osama que se llamaba este tipo de cama... circo algo. ¡Tengo una televisión! Pero ¿cómo demonios voy a pulsar el mando a distancia si no puedo moverme ni un milímetro? Suspiro.

—¡Waalt! —dicen Kevin y Marizza al unísono, llevan una bata azul encima de la ropa, cosas de la unidad de quemados y su "cuidado con las bacterias."

Kevin sonríe, tiene los dientes blanquísimos y está muy pálido. Marizza lleva la pierna enyesada y me doy cuenta de que no lleva nada debajo de la bata azul o sea que está ingresada aquí.

Kevin tose y luego lo hace Marizza, cogen sendas cosas extrañas y aspiran fuerte. Dejan de toser.

—¿Puedes hablar?

Me quito la mascarilla.

—Os he echado mucho de menos... mucho —miro hacia el lado contrario cuando noto que voy a abrir el grifo de las lágrimas. Últimamente lloro mucho.

—Y nosotros a ti, yo estoy en el área de traumatología. Me quedan dos días como máximo.
—¿Y vas a poder pagarlo?

Se encoge de hombros.

—Estoy pagando un seguro. Aunque es un poco mierda, solo cubre la operación y unos cuantos días de hospitalización. Nada más.
—Pero tiene seguro dental.

Lisa necesita un aparato.

—Poned la televisión, quiero ver algo —les digo.

La muchacha le da al botón de encender, MTV, pulsa al número dos y sale National Geographic, en el tres es la ABC pero no funciona, cuatro, no funciona... solo deportes y música, ¿eso es lo que pretenden? Aislarme. Una mierda... joder, el puto canal del tiempo no está censurado.

No me voy a volver más loco por ver las puñeteras noticias, solo quiero saber que está pasando en mi país ¿es mucho pedir? No sé ni que día es, solo sé que ingresé el día once pero nada más.

—Espera, tengo un truquito para esto.

Le dio a una serie de botones y se puso la AB, hablan de nosequé cosas, una invasión en... algún país. ¿QUÉ?

—Anda que no se ha dado prisa el hijo puta de Bush... no sé. ¿A quién quiere cargarse esta vez?
—A Afganistán.
—¿Pero qué coño? Que rapidez, a lo mejor no ha sido ningún terrorista de ahí.
—Parece que ha sido el mismo que atentó en la embajada de África, Osama Bin Laden.

Ahora entiendo al pobre Osama... el enfermero, yo también me iría si uno de los terroristas se llamara Walter.

Kevin apaga la televisión, le miro con odio pero veo que ha entrado una enfermera.

—Hola Wallace ¿qué tal estás?

¿Qué? Le miro con una mueca de confusión, no me apellido Wallace.... ese es el apellido de soltera de mi madre. Revisa un par de cables y se va

—¿Y eso de Wallace?
—Walt, han encontrado un carné...
—Esto es mejor decirlo de golpe y sopetón, han encontrado un pasaporte de un tal Mohamed Atta.

Me quito de nuevo la mascarilla.

—Es mi primo ¿le ha pasado algo?
—No, no es tu primo... es uno de los terroristas que estrellaron el avión contra la Torre Norte. Era egipcio.
—Mohamed... Atta. ¿ATTA?

Pues no tengo el nombre de un terrorista sino el apellido. Por cierto, Atta en árabe significa regalo... menudo regalo me ha hecho el hijo puta del egipcio.

—¿Donde han encontrado ese pasaporte?

Se encoge de hombros.

Si era de un tío que iba en un avión tendría que haberse reducido a cenizas con el propio aparato, que raro. ¡Qué raro me parece todo!

Un tío apellidado Atta derriba un avión contra una torre donde trabajaba otro tío apellidado Atta... de verdad que estoy flipando. Mi vida siempre ha sido un poco surrealista pero esto es pasarse demasiado.

—Dale al botón de la morfina, quiero dormir.

Antes de poder hacerlo entra mi madre, lleva un traje de raya diplomática precioso debajo del batín verde. La mujer intercambia unas palabras con Kevin y Marizza y estos se van después de dedicarme sendos "hasta luego." Mi madre coge una silla y se sienta a mi lado.

—Hola mamá. Me llaman Wallace ¿te lo puedes creer?

Ella sonríe. Veo que en la mano lleva un anillo que nunca había visto, se da cuenta de que estoy mirándolo y me mira.

—Es la alianza de tu padre.
—¿Te ha pedido que me la des?

Niega con la cabeza.

—No, hijo.

Me agarra de mano que tiene los cables del suero y demás cosas.

—¿Está en este mismo hospital?
—No, Walt... tu padre... —suspira— ha desaparecido... él y sus compañeros. Encontraron esto entre los escombros de la Torre Sur.
—¿Q-qué? Pobres chicos... —dijo.
—Sí, pobres chicos —responde ella.

Suspira una vez y sonríe brevemente, no creo que sea de alegría sino de alivio. O sea que mis sospechas eran ciertas; mi padre le maltrataba. Demasiadas caídas, demasiados moretones... pero no tiene que ser nada bonito morir aplastado como un vulgar sándwich.

Hace más de 2 años

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Pau858
Rango2 Nivel 8
hace alrededor de 2 años

Lisa necesita un aparato. JAJAJAJAJA. Menudo regalto lo de atta, al final casi me olvido de la página pero ya que estoy leeré unos poco. Amo el humor negro del protagonista.


#19

La última parte del quinto capítulo... ¿quién será Farah?
. . . - - - . . .

—Yo pensaba que los aviones eran un medio de transporte —comento.
—Y yo.
—Nos salvamos todos gracias a un policía que dijo de quedarnos parados en la cuarta planta para descansar.

Susurra un nombre: Glenn. ¡Es verdad! El policía bajito se llamaba Glenn.

—¿Está bien?
—¿Él? Se ha roto las dos piernas y como no tiene seguro no pueden operarle.

No me jodas. Algo que odio de este país es que haya que pagar tanto por la sanidad, gracias a Dios que existen los seguros privados que (a veces) pagan las empresas... ¡quién fuera canadiense! Sanidad totalmente gratuita y de calidad, debe de ser el puto paraíso.

—Quiero que saques todo el dinero que tenga ahorrado en el banco y le pagues todo lo que necesite... operaciones, estancia, que viva como un puto rey. Cubrirá todo, estoy seguro.
—No sé si podré hacerlo —suspira.
—Si dejo el trabajo me darán una indemnización más grande que el dinero que tengo en el banco. Y voy a dejarlo, claro está. También puedo poner el piso en alquiler y vivir de las rentas.
—No sé si me dejarán sacar tanto dinero.
—Para que no te digan nada sácalo poco a poco.
—Pero querrán saber porque quiero sacar tanto dinero... Walt, las cosas fuera han cambiado mucho.
—Lo sé.

Se muerde el labio de abajo.

—Tengo miedo —dice.
—Y yo —digo.

Me mira y suspira.

—¿Intentarás lo del dinero? —le pregunto.
—Claro.
—Y que ellos no se enteren, discreción, que nunca sepan quién fue.

A mí me lo paga todo (o casi todo) el seguro de Lehman o sea que no tengo que preocuparme por cuanto me va a costar todo. Maldita sanidad norteamericana. El móvil de mi madre empieza a sonar.

—Antes de irte aprieta el botón de la morfina, quiero dormir.

Antes de irse le da, siento como el dolor se va aliviando y mi madre sale de la habitación.

Cierro los ojos...

Me despierto cuando oigo abrirse la puerta, veo por la ventana que ya ha caído el sol. ¿Quién demonios es esta chica? Nunca la he visto, es morena de pelo, piel y ojos y camina como si tuviera algún defecto en una de sus piernas. Me mira y sonríe.

—Hola caballero enmascarado —ah, pues si llevo la cara vendada— ¿Puedo sentarme?

Afirmo moviendo la cabeza, coge una silla y se sienta a mi lado. Le miro con una mueca de confusión... tengo miedo.

—Me llamo Farah —tiene un acento bastante extraño, me recuerda mucho al de mi padre.
—¿Te conozco? —Le pregunto— ¿Trabajabas en el Trade?
—¿En el qué? —Mira hacia arriba como si estuviera pensando— Acabo de llegar a la ciudad —me mira—. ¿Qué demonios es el Trade?
—El World Trade Center.
—Ahh. Si, trabajo allí... ahora. ¿Cómo te llamas?
—Lo pone encima de mi cama. ¿Cuál es tu apellido?

La muchacha echa una mirada y sonríe.

—¿Qué? Abdulmalak. Atta... ¿eres turco?
—No, mi padre es... bueno, era de Damasco.

Dice algo que suena a gracias a Dios y sonríe aun más.

—Yo vengo de allí, de Siria. Era militar hasta que una granada me fastidió la vida.

Se agarra de la mano enguantada... ¡joder, que susto! Se ha sacado el brazo. Ahora entiendo su forma de caminar, me apuesto mis quemadas pelotas a que también le falta una pierna.

—¿Y porque has venido precisamente ahora?
—Me gusta ayudar. Acabo de estar con el chico... no sé como se dice en inglés —dice bajo en árabe— que es policía.
—Nos salvó de morir aplastados a trece personas.
—¡Qué suerte!
—No sé si es suerte, hubiera preferido quedarme en mi casita tranquilo.
—Lo mismo dije yo cuando lo de la granada "ay, si me no hubiera ido a trabajar" "ay, qué mala suerte la mía" pero tenemos que ganarnos el pan ¿no? Además lo que pasó ya no se puede remediar.
—Superman podría dar atrás en el tiempo y pegarle una patada en el culo a esos aviones.

La muchacha ríe.

—Es cierto, pero los aviones en si no tienen la culpa sino los terroristas que cogieron el mando de los mismos.
—Qué razón.
—Bueno, yo me marcho a dormir.
—¿Dónde trabajas? —Le pregunto.
—En la carpa de los equipos de rescate, les la comida, café, donuts... lo que coméis los norteamericanos. Hasta mañana, caballero enmascarado.

Sonríe y le devuelvo la sonrisa. Deseo que vuelva mañana... si vuelve.

Me despierto cuando noto que me elevo, floto en ese estado de felicidad narcótica mientras me cambian el vendaje. Coño, la piel del brazo parece la de un tío normal... ¡soy rojo!

Uno de los enfermeros, dice algo que suena a veinticinco por ciento pero la enfermera más joven niega con la cabeza y dice treinta y seis. Me mira con tristeza, ya podían cortarse un poco con eso ¿no? Tengo ganas de decirle que no, que tengo veintitrés años pero creo que por ahí no van los tiros. Me doy cuenta que estoy en la sala parecida a un quirófano, no hay televisión ni ventanas solo ese olor a desinfectante y a "hospital."

El chico árabe me venda nuevamente los dedos.

Me dan ganas de reírme al ver el carrito de la enfermera hasta arriba de rollos de venda y redes de esas que van debajo de la misma. Pobrecillos... no tiene que ser fácil vendar a un tío como yo, a mi lado derecho está Osama y a mi lado izquierdo dos enfermeras. La más bajita alza un poco más la cama para llegar perfectamente a lo alto de mi brazo.

De fondo escucho una voz y siento como mi sangre burbujea, asqueroso cabrón... él y todos esos idiotas que le votaron. Osama se da cuenta de mi gesto y pone otra emisora, mi odio a Bush se desvanece mientras la suave música Chill Out me transporta a otros mundos.

Hace más de 2 años

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Pau858
Rango2 Nivel 8
hace alrededor de 2 años

Lindo el gesto con Glenn, escierto que la sanidad allá da risa para quienes no tienen seguro y bush ya comienza con sus guerras, nunca me pareció buen método pero bueno, así era de "listo" el presidente entonces.


#20

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Capítulo 6
Secuelas

Mano izquierda, pierna derecha... mano derecha, pierna izquierda.

—¡Bien Walt, bien! —Me anima Gerald, uno de mis fisioterapeutas.

No estoy aprendiendo a caminar de nuevo gracias a Dios, pero haber estado tantos días (veintidós, creo) postrado en una cama me ha jodido los músculos pese a la fisioterapia que me hacían ya en la UCI. Con la ayuda de Ger y de Anna estoy recuperando la fuerza con rapidez, aunque los puñeteros injertos se encargan a veces de estirar dolorosamente mi piel.

—Agárrate bien —dice Anna, la joven fisioterapeuta. Es francesa y él es de... mmm... Cork, eso es, creo que está en Irlanda. Entre los dos medirán cerca de tres metros y medio. Y luego decía que mi madre era alta (mi madre mide uno con ochenta y cuatro y mi padre medía uno con noventa.) Aunque Anna no me lo ha contado sé que ella jugó en el NY Liberty. Kevin es algo más alto que ella, si ella mide uno con noventa, él mide uno con noventa y cuatro o cinco.

Lo confieso, a veces me da miedo. Pero no sé si es cosa de la fisioterapia de barras o me dan miedo ellos. Aunque es mejor, así no hace falta tanta gente para ayudarme si me caigo (ya me ha pasado tres veces.)

—Mira al frente, no hacia abajo.

Ups, no me había dado cuenta. Delante de mí hay una espaldera. Para moverme lo hago con una silla de ruedas, no me atrevo a mover mi envergadura sin ayuda. Ni de coña.

Me quedo quieto... no debí haberme saltado las advertencias. Santo Dios... Dios, no recordaba que hoy era once de octubre. Anoche vi un reportaje... jo-der, que maldad tienen algunos seres humanos para hacer semejante daño a gente normal y corriente. ¿No tienen familia, amigos? Por Dios.

—Atta ¿estás bien?

Al oír mi apellido una señora que está haciendo flexiones con las manos me mira, afirmo con la cabeza y sigo con los ejercicios, mano izquierda, pierna derecha...

No entiendo cómo demonios se dejan comer la cabeza de esa forma para tener el puto valor de coger un avión y derribarlo contra unos edificios plagados de gente currante... no me jodas. Ya me fastidia hasta que me llamen Atta, casi prefiero Walt o incluso Wallace.

—Llámame Walt, por favor.

—Claro, como quieras.

Divertidísimo el reportaje, gente de a pie grabando sin pudor a la gente saltando desde las ventanas del Windows tratando de escapar a las puñeteras llamas y al humo, como caía la Torre Sur (la segunda en ser atacada) como se caía la Torre Norte con todos nosotros dentro plegándose piso a piso... precioso. Mis ojeras me delatan, no he dormido ni un segundo.

—¿Has estado en Francia? —Me pregunta Anna.

—No, mi primera pareja era de Marsella.

—¿Cómo se llamaba?

—Jean Pierre, un buen tipo pero con demasiados pájaros en la cabeza... normal, teníamos dieciséis años y él estaba de intercambio.

Me habían cambiado la asquerosa mascarilla por las gafas nasales, lo que significaba que podía hablar mejor. Y yo hablo por los codos... y hasta debajo del agua.

Hace más de 2 años

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#21

A ver cuando vendrá Farah hoy. Ayer fue un día muy duro para todos los que trabajan allí, en la denominada Zona Cero (que idiotez de nombre, por Dios) mientras sacaban el cuerpo número quinientos todos se pusieron a llorar, era un bombero muy joven que aun llevaba su uniforme y su casco... ¡terrible! Hasta una militar experta como ella tiene momentos de bajón imaginaros mis momentos.

—Muy bien Walt, muy bien. Por hoy hemos acabado.

—Vale. Ya sé quién eres, Anna Lavigne, has jugado en el Liberty.

Ríe.

—Me has pillado, sí, pero no se lo digas a nadie.

Sonrío mientras me muevo hacia ellos. No es la primera deportista que acaba como fisioterapeuta. La nueva enfermera entra y me saluda.

—¿Cómo ha ido la sesión?

—Como la seda —contesto, su nombre es tan raro que la llamo Cha. Es blanca de piel y lleva el pelo liso con varias rastas por detrás agarradas en una coleta, parece una punki de la vieja escuela. Yo soy más de estética gótica.

Anna, Ger y la chica me ayudan a sentarme en la silla. La nueva enfermera es bajita, adorable. Creo que es española, pero yo de España sé que está en Europa, es una península, hace frontera con Portugal y que su capital es Madrid... ¿o es Barcelona? No, estoy seguro que es Madrid.

—Ahora a comer, ya verás que buena está la comida.

La silla se mueve por los pasillos, al llegar a la habitación huele cojonudamente. Creo que es una especie de sopa y algún tipo de pescado pero el olor es increíble. Mis tripas rugen y me ayudan a subirme en mi atracción de feria, digo, mi cama. Aprieto el botón para elevar el colchón y miro la hoja que venía con la comida, suspiro.

—No hace falta que toda la comida sea Halal... solamente no como cerdo, me da igual como hayan sido sacrificados los animales.

—Se lo diré a la cocinera.

Madre mía, mi olfato me ha traicionado, no es pescado sino pollo.

Agarrar el tenedor sin las puntas de los dedos es una putada y aun más con la poca sensibilidad que tengo en la mano derecha. Según la cirujana, algo me cortó las terceras falanges de los dedos y un trozo de nervio de esa mano cuando salí por el puñetero agujero. Normal, con la cantidad de cosas que había tiradas allí... también me han dicho que me he quemado el treinta y seis por ciento del cuerpo, las que más extensas son de segundo profundo y tercer grado. O sea que las cicatrices serán igualmente extensas y para minimizarlas necesito pasar por el quirófano tres veces más. Y puede que me quede alguna marca (pero no tan llamativas como las que tengo ahora) que sigo pareciendo un árabe con partes de turista blanco tostado al sol. Pongo la televisión, doce de octubre.

Mi "hermano" cabrón es otra vez primera plana. Han descubierto que tenía pasaporte belga y que vivió en un barrio de la capital donde hay muchos árabes. Pues muy bien... mi primo de parte de madre se llama así: Mohamed Atta y vive en el SOHO, me imagino que no ha salido de su casa si no hubiera venido a verme ya que soy su primo "preferido." ¿No dice el dicho que "cuando más primo, más me arrimo"? A mi él no me gusta pero yo a él sí. Si soy totalmente sincero, no me gustan los chicos árabes y solo he salido dos noches con uno. Prefiero juntarme con gente más blanca que yo. Joder, dicho así parezco un votante de Bush... me doy miedo a mí mismo.

Mejor empiezo a comer antes de que se enfríe... o antes de que me tire por la ventana.

¡Está buenísima! Para hacer bajar la misma voy a poner un poco la televisión, hablan de la puta guerra... puede que sea cruel que lo diga yo pero no haría una guerra por muchos edificios que tiraran. ¿Y si los terroristas no estaban en Afganistán? ¿No era Mohamed Atta de Arabia Saudí? Pues eso.

Farah...

—Hola caballero enmascarado. ¿Qué tal estás hoy?

—Mejor que ayer y peor que mañana —cada día le contesto eso— ¿Has visto a Osama?

Abre la boca y se queda parada, una sensación de risa se abre paso por mi garganta y por poco escupo lo que estoy comiendo. Bebo agua.

—El enfermero.

Suspira y ríe.

—Sí, lo vi ayer por la noche.

Él y ella habían quedado para cenar, me contó.

—¿Hubo algo más que cena?

—No, solo cenamos y luego vimos una película.

—¿En su casa?

—En el cine, claro.

—¿En la primera cita te vas al cine con un tío que ni conoces? ¡Huy!

—He sido militar, las patadas en los huevos son mi especialidad.

—No lo dudo. Él se llama Osama y yo apellido Atta, somos el colmo de las casualidades.

—Da un poco de mal fario, sí. Pero recuerda que eres un "regalo."

Rio.

—Hoy he estado en un sitio de esos de comida rápida. Está realmente buena.

—Ten cuidado con las hamburguesas, a veces mezclan cerdo con ternera y para los perritos pide de pollo.

—Ya lo sé, papá.

Mi madre...

—Hola Farah, ¿les gustó la comida?

—Mucho, señora Wallace. De parte de todos, gracias.

Aline, mi madre, ha estado toda la noche haciendo comida para que se la llevara Farah a la carpa donde le dan de comer a los equipos de rescate y a sus perros, claro, aunque cada vez hay menos perros porque ya no hay ninguna posibilidad de que haya supervivientes... qué coño, nunca los hubo. Solo sacaron a trece personas de debajo de los escombros.

Hace más de 2 años

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#22

¿Qué demonios? Mi madre tiene un golpe en la frente.

—¿Qué te ha pasado en la frente?
—¿Esto? Nada, me di un golpe. Tengo que llamar al tío Habib para que me ayude a subir los armarios de la cocina.
—¿Qué vas a hacer con los armarios?
—Subirlos.
—Lo que hay que hacer es reformarla de una vez.
—Si quieres te ayudo —comenta Farah.
—No hija, no hace falta. Lo que sucede es que la cocina es de tamaño italiano medio. Ayer casi me rompo la cabeza.
—Quédate a vivir en mi piso.

La cocina de mi piso es el puto paraíso, lo que me rio cuando alguno de mis amigos y amigas vienen. Épico. Mi piso es apodado "Gigantvilla" por mis amigos.

Amigos tengo muchos pero sólo ocho de ellos son íntimos: Joseph, Antonio, Ken, María, Christina, Vicente, Kevin y Marizza. Marizza y Kevin están ahora mismo en los funerales de Joseph, Ken y María. Christina, Vicente y Antonio están sanos y salvos, cuando dieron la alarma en la Torre Sur salieron como alma que lleva el diablo y vieron el fatal desenlace en sus casas. Ya he llorado mucho por ellos, no quiero abrir el grifo de nuevo.

—¡Esto es una putada! —digo dejando el tenedor en la bandeja, comer sin las terceras falanges es una puta mierda. Además se me ha quitado el hambre.

Hago los estiramientos de "dedos" que me mandan cada día mientras Farah y mi madre hablan entre ellas en voz baja. ¿Recuperaré la sensibilidad de la mano? Ojalá.

Malditas secuelas.

Hace más de 2 años

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#23

Ahora los pondré con un poco menos de espacio para que no decaiga la atención de nuevos (o viejos) lectores. Empezamos nuevo capítuloooo.

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Capítulo 7
El vuelo 587

Menuda sorpresa me llevé el otro día, vino a verme mi primo pequeño y aunque no pudo verme me trajo un regalo: unos prismáticos. Me he aficionado a contemplar el cielo con ellos, a veces me dejan subir con mi madre a la azotea y observó a los pájaros, en las ciudades sólo hay palomas y algún gorrión pequeño y barrigón. Lo confieso, a veces también observó a los otros pájaros, los de acero.

Miro hacia el Hudson, y cada día me pregunto qué demonios estoy buscando... Como si fueran a aparecer por arte de magia gritando: "eh ya estamos aquí. Sólo nos habíamos ido de vacaciones." Hago un pequeño recuento mental; septiembre, octubre, noviembre. Llevo más de tres meses en la dichosa Unidad de Quemados, estoy de los baños y demás tratamientos hasta los mismísimos cojones, cuando les digo cuando me darán el alta me dicen "ya veremos."

Anoche soñé con mi padre, volábamos por Manhattan. Todo era como esas animaciones que ponen cuando muere un cantante, el año pasado vi un concierto de Queen en el que Freddie Mercury era un holograma tan perfecto que parecía que aún estaba vivo. En mi sueño, los hologramas eran de mala calidad ya que la Torre Sur y sus fantasmas temblaban un poco, la gente hacía fotos con cámaras invisibles. Una jodida locura.

Me despierto cuando entra la enfermera de acento español, noto que hay mucho trasiego en el hospital, las enfermeras, los médicos y todos corren de un lado a otro "¿qué demonios está pasando?" pienso. Veo a varios paramédicos corriendo con sus bandoleras colgadas del hombro. Miro a la enfermera española y me sonríe diciéndome que "no pasa nada." Si no pasa nada ¿por qué corren todos?

—Ya queda poco para tu cumpleaños.

Yo cumplo los años el veinticinco de noviembre y hoy es el día doce. Me pone una botella más de oxígeno y me dice que hoy no me toca fisioterapia de barras si no otra especial. Yo de cosas médicas no sé mucho así que asiento.

Cuando la enfermera de pelo moreno abandona mi habitación pongo la televisión. ¿Qué ha pasado? Niego con la cabeza. Ha habido un grave accidente en Australia, exactamente en Queensland y parece que todo un barrio está ardiendo. Le subo unas décimas al volumen y el hombre que habla parece consternado, un titular aparece en los rótulos de abajo. ¡Un avión se ha estrellado! Espero que sea un accidente y que no haya víctimas... pobres australianos. Yo conozco un chico de Australia, son como nosotros los norteamericanos solo que con un acento más extraño... como los sudafricanos y los neozelandeses. Se estrelló en un barrio llamado... Rockaway... ¿Rockaway? Miro hacia los lados. ¡DIOS! Rockaway no está en Australia, está en Long Island o sea en Queens... no Queensland. ¡QUEENS! ¡Nueva York!

Una mueca se pinta en mi cara y empiezo a reírme con fuerza, mira que confundir Queens con Queensland. Noto como las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos, no sé si estoy riéndome o llorando. ¡No puede estar pasando! ¡Esto no puede estar pasando! Miro el letrero de la televisión y pienso en mi cabeza, en realidad pone Queens pero mi cerebro lo transformó en Queensland. Mi madre entra en la habitación y me ve riendo-llorando, corre hacia lo que yo llamo "el botón del pánico" y pulsa varias veces. Grito. Ella mira hacia la televisión y la apaga.

Un dolor enorme en el pecho me hace derramar aun más lágrimas, me duele mucho y empiezo a hiperventilar, me estoy quedando sin aire. ¡Voy a morirme! Grito, pero esto solo hace que me sienta peor. Cada vez me falta más aire y antes de se agrande el agujero que veo en mis ojos veo a una enfermera corriendo hacia mi persona, ya no sé si lloro, río o me estoy asfixiando. Cierro los ojos y me dejo llevar.

Hace más de 2 años

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#24

Capítulo cortito, sí :)

En la versión final es un poquito más largo.

. . . - - - . . .

No estoy dormido pero no puedo abrir los ojos y escucho a la gente hablando. Noto como me ponen las correas para mover la noria... digo, la cama circonoséqué. A lo mejor eso del atentado era solo una pesadilla que estaba soñando. O a lo mejor solo fue un accidente ¿no tienen también accidentes los coches, camiones, trenes, autobuses...? Pero, ¿un accidente de avión después de un atentado tan brutal? Esto es raro, muy raro.

Bien, creo que ya puedo abrir los ojos. Lo veo todo blanco unos segundos hasta que me acostumbro nuevamente a la luz, tengo algo en el brazo que se hincha a veces, retorciendo mi brazo con fuerza y se deshincha dejándome una sensación de alivio tremendo. Me imagino que es un tensiómetro de esos. ¿Me habrá dado una subida de tensión? ¿O un infarto? Ojalá que solo fuera uno de mis ataques de pánico o ansiedad. Prefiero esto último, el ataque de pánico es mucho peor que el de ansiedad. Yo, Walter Atta, que ni aunque trabajando once horas seguidas me había dado nunca ansiedad ahora tengo repentinos y horribles ataques de pánico y ansiedad. Creo que lo llaman "estrés postraumático" aunque esto sucede cuando alguien es testigo o sufre algo que pone su vida en peligro ¿haberte quemado el cuerpo y haber estado debajo de mi lugar de trabajo cinco horas se puede considerar como "algo que ha puesto mi vida en peligro"? Mejor no contestéis... sí, es una pregunta estúpida, lo sé.

Una mujer a la que nunca he visto entra por la puerta, parece inteligente y sonríe.

—¿Que tal estás?

—Bien —digo con la voz rara por culpa de la boca seca.

Se lava las manos, lo normal al entrar en la habitación.

—Te hemos puesto un calmante porque estabas muy nervioso.

—¿He gritado en sueños? Me lo imaginaba.

—No Walt, te dio un ataque de pánico.

Río.

—Se está confundiendo, ha sido una pesadilla...

—Es normal reaccionar así después de lo que has vivido.

Sí, pero me has atado como si fuera un Hannibal Lecter con quemaduras de segundo, segundo profundo y tercer grado.

—No voy a morder a nadie, suéltame.

—Más tarde, padeces lo que en psicología llamamos...

—O me sueltas o me pongo a berrear otra vez.

—Padeces el síndrome...

—Por estrés postraumático ¿ves? Hasta un auditor de cuentas puede ser psicólogo.

—Eres muy inteligente —sonríe, los arrebatos de ira simulada no funcionan con ella.

Mejor, no me gusta ser un gilipollas redomado.

—Ha venido alguien a visitarte.

Cuando se va la mujer entra una cara muy conocida para mí, su nombre es Louis (pronunciado Lu-í) y yo me cago en toda su vida. Tres putos meses en el hospital y no se ha dignado a venir por aquí. No me jodas.

—Walt, esto tiene una explicación.

—¿En serio? Ardo en deseos de escucharla —digo con ironía.

—No sabía que trabajabas en el Trade, te llamaba a tu casa pero pensé que te habías ido a Nueva Jersey.

—Si claro ¿y qué más?

—Te prometo que no sabía que trabajabas allí. Cuando ayer me contó tu madre que estabas herido...

—Quemado.

—No podía creérmelo, no he dormido ni un segundo. De haberlo sabido hubiera venido antes. Pensé que...

—Estaba en Nueva Jersey, lo sé.

Louis es un compañero de universidad, mi amigo y "algo más." Ni yo sé lo que es ese algo más. Pero en una cosa tiene razón, no le conté que trabajaba allí... creo.

—¿De verdad que no te conté que trabajaba en el Trade?

—No, no sé ni en que torre trabajas...

—Trabajaba, en pasado. En la Norte.

—¿Y lograste salir? Increíble.

—No, no logré salir. Es más, la torre salió conmigo.

—Los Wild Rover.

—¿Los qué?

—Dicen que encontraron a toda esa gente porque escucharon salir de la torre unas voces que cantaban "Wild Rover", ya sabes, la canción irlandesa del mendigo. Pero a la gente les gusta inventarse historias.

—No es ninguna invención, en serio se pusieron a cantar Wild Rover y yo pensaba en "I Will Survive."

Ríe.

—¿En serio?

—Sí, soy maricón hasta debajo de una torre de ciento diez pisos.

Ríe con más fuerza, se acerca a mí y me da un suave beso. Le quiero, no sé cómo pero me gusta estar con él. Ahora trabaja de taxista y sí, antes he pecado de "racista." Él es francés, de Nantes, pero casi toda su familia vive en la india y lleva ocho años en Manhattan.

—Tengo miedo —dice de repente—. No dejo de pensar en mi familia, los llamo cada día pero tengo miedo.

—Pero la guerra es en Afganistán, no en la India.

—Pero me da miedo. Les he dicho a mis padres que se vengan aquí, incluso les he dicho que les pago el billete pero tienen miedo al racismo y a subirse a un avión. Ahora con lo de Queens... que desastre de año.

—Y decían que el efecto 2000 iba a ser el fin del mundo, al final va a ser este año el fin del mundo. Un atentado "mundial" retransmitido en todo el mundo minuto a minuto, un accidente de avión en un barrio habitado, no sé donde habrá caído pero en Queens hay muchos barrios residenciales. ¿Qué será lo próximo? ¿Un ataque nuclear de Corea del Norte, la Tercera Guerra Mundial? Menuda entrada al milenio, nos hemos superado.

Me agarra la mano y noto como su cara de piel morena se va poniendo blanca poco a poco.

—Y eso que llevamos un año.

—He perdido algunas de mis uñas, me he quemado gravemente, huelo a cerdo asado, me he quemado el pelo, a veces de repente me huele todo a queroseno, no siento esa mano que me has agarrado porque me he cortado un tendón y varios nervios... lo dicho, un asco de milenio.

La enfermera española de nombre impronunciable entra a la habitación, debo admitir que me gusta mucho su pelo...

—Tenemos que llevarte al "matadero."

—Pues claro, como no. Louis, te presento a "chica española de nombre impronunciable."

—Encantada Louis, me llamo Itxaso.

—Cho para los amigos —le sonrío.

Otra veza fisioterapia ¿cuantas sesiones de fisioterapia llevaré ya...? ¡Quiero salir de aquí!

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#25

Empezamos nuevo capítulo, nos acercamos al final.

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Capítulo 8
Adiós Sinaí

¡Me voy a casa! Y caminando, bueno, más o menos. Estoy deseando volver a mi vida normal. No puedo evitar sonreír mientras recojo todo lo que hay en la habitación.

Las cicatrices están curadas, ¡se acabó el sufrimiento! Me preocupan mucho las de la cara, me han comentado que aunque me hagan alguna operación más se me notará bastante debido al color de mi piel ya que las cicatrices son bastante más claras que la piel. Ya pensaré que hacer con ellas... tendré que hacer algo para suavizarlas. Las del brazo están un poco más suaves pero se nota que hay piel injertada. Miro hacia abajo y me estremezco. Lo que odio en realidad es mi pierna, las marcas en ella no están suavizadas y en los muslos tengo dos socavones (donde me cogieron la piel para los injertos), menos mal que con el pantalón no se nota. Durante este tiempo he sido diagnosticado con estrés postraumático y ansiedad, así que deberé tomar unas pastillas y tendré que asistir a un psicólogo. Una enfermera llama a mi madre y sale de la habitación. Ojalá tuviera uno de esos teléfonos portátiles...

Oigo pasos por el pasillo y entra a la habitación un hombretón fuerte como un roble.

—Hola —dice saludándome con la mano.

—Hola —le respondo.

Creo que me suena de haberle visto otra vez...

—¿Puedo ayudarte en algo? —Me pregunta.

¡No, no te conozco! pienso pero simplemente me encojo de hombros.

—¿Quién eres?

—Joseph O'Hara.

Otra vez el apellido de "Lo que el viento se llevó." Ah claro, es el hermano del policía bajito del Trade. El pelirrojo guapo.... Y casado.

—Walter Atta. Eres el que vino con mi madre hasta aquí buscando a tu hermano ¿verdad? ¿Cómo está?

—Bien, hemos venido para que le quiten unas grapas. Está muy bien a pesar de que se haya roto las dos piernas.

—Siento la imagen que has visto de Nueva York.

Se encoge de hombros.

—Me ha gustado la ciudad. Además no ha tenido nada que ver esto con los neoyorkinos, que son bastante secos, todo hay que decirlo... Bueno, quería darte mi número de teléfono móvil por si quieres charlar o expresar tus sentimientos.

Me halaga mucho viniendo de un tío tan guapo. Mete la mano en el bolsillo del pantalón y me da una tarjeta en la que pone su nombre y número de teléfono. Una pena que no ponga su profesión, me imagino que será bombero... o policía como su hermano.

—Puede que lo haga.

Sonrío. Me ayuda a meter las últimas prendas de ropa en la maleta y me siento en la noria, digo la cama, estoy reventado... últimamente me canso mucho y me cuesta respirar. Según mi... especialista del aparato respiratorio tendré que llevar toda la vida una máquina de oxígeno ya que he perdido un veinte por ciento de mi capacidad pulmonar, creo.

Tengo ganas de volver a mi piso, quiero ver como se encuentra todo. Me imagino que estará bien ya que Farah, mi madre, Kevin y Marizza lo limpiaron en profundidad según me contaron. Entré en este hospital a los veintitrés años y salgo con veinticuatro, quien me lo iba a decir. Además hoy es mi cumpleaños, el día veinticinco de noviembre.

Cho entra en la habitación y me da una caja envuelta en papel plateado. Sonrío. Lo abro tirando del lazo, es un marco de fotos y... es... precioso. La miro y siento que me viene un ataque de llanto aunque logro detenerlo.

—Muchas gracias, lo conservaré para siempre. De verdad, habéis sido muy buenos conmigo.

Y sobre todo tú, querido seguro de Lehman Brothers. Como fui el único de la empresa que sufrió daños me han pagado los cuatro meses íntegros. Me quedé en blanco cuando me lo confirmó mi jefe, que vino a verme hace dos días.

—Hay un hombre en el área de trauma que también cumple años hoy. ¿Te recuerdas del "flautista"? Pues ha vuelto otra vez.

El flautista es un tío al que nunca he podido ver que divertía a los niños tocando música con una flauta y los niños le seguían como si fuera el flautista de Hamelín.

—Dale las gracias de mi parte por hacer tan felices a esos niños.

—Se lo diré cuando despierte de la anestesia. Ha sido un placer ser tu enfermera.

—Igualmente ser tu paciente, nos veremos más veces. ¿Desde cuándo llevas viviendo aquí?

—Desde agosto.

—Pues eres muy afortunada por haber visto la antigua ciudad.

—La antigua ciudad suena muy mal pero sí, soy afortunada. E hice fotografías del Trade.

El Trade ¿qué es eso? Lo mejor de los neoyorkinos que es pasamos página muy rápido así que hice mi trabajo. La spanish lady se va dándome un beso en la mejilla. Sonrío. Me he acordado de cuando era pequeño y le pregunté a mi madre porqué tenía esta piel y los demás niños no, me contó que era de un país muy lejano y por eso tenía la piel "casi" cobriza. Ella me contó que realmente no era de Nueva York, mi madre conoció a mi padre cuando ella enseñaba inglés (es profesora y psicóloga) en una ciudad de la lejana Siria llamada Alepo.

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#26

Otro capítulo corto :D

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Cuando salga de aquí viviré con Farah en mi piso por si acaso se me da la pinza otra vez e intento suicidarme. Yo no quiero morirme. Trataré de olvidar lo que me pasó aunque a veces sueñe con las llamas, el humo, el estruendo, el movimiento y el olor a cerdo asado.

Quiero empezar de cero, encontrar un nuevo trabajo (si puede ser en casa mejor) y buscar un hombre que me quiera de verdad, Louis no entra en mis planes de futuro. Lo siento por él, es un buen chico pero no quiere salir de esta ciudad ni aunque le apunten con una pistola. Yo he pensado en irme a vivir a Dublín, por lo menos Europa es tranquila y los irlandeses tienen pinta de ser buena gente.

Pienso en el pelirrojo y me pregunto donde vivirá. ¿En Dublín? ¿Cerca de la fábrica de Guinness? ¿O la fábrica esa no estaba allí...? No lo sé. Debo aprender más sobre Europa, solo sé cosas de España porque hay fiestas muy interesantes ¡hasta corren delante de muchos toros! Parece divertido pero un poco cruel, no creo que a un toro le guste correr casi hasta la extenuación.

Kevin y Marizza entran en la habitación y portan sendos regalos.

—¡Feliz cumpleaños Waalt! —dicen al unísono.

—Gracias —digo tímidamente, no me gusta que me agasajen tanto.

Abro primero el de Marizza, es un colgante con la mítica A de anarquía y plateada, me encanta. Siempre confundía la A esta con el logotipo de la paz y con la estrella de los vehículos Mercedes.

El de Kevin es un nuevo maletín con su calculadora, sus bolígrafos y una libreta... por cierto ¿dónde estará el mío? Ojalá lo encuentren y me lo devuelvan, además de valor económico (llevaba más o menos cien dólares en la cartera) tiene valor sentimental ya que me lo regaló mi madre cuando empecé las prácticas en la Torre Norte. Recuerdo que en mi primer día me preguntaron "¿qué hace un chico tan joven en un sitio así?" y le dije que haciendo las prácticas y así conocí a Kevin, un tío hecho y derecho. Lo de derecho va porque hizo esta carrera.

Yo empecé la universidad a los catorce años gracias a una beca, estuve a punto de no aceptarla ya que no me gusta que me traten como a un "cerebrito" o un "listillo" así que al empezar tan pronto pues acabé a los dieciocho. Y miradme aquí, con veinticuatro y volviendo a empezar de cero.

Suspiro y bajo de las nubes.

—Muchas gracias Kevin, eres muy amable.

—No hay de qué.

—Echaré de menos la vida de antes.

—Yo ya la estoy echando de menos... una pena —dice Kevin encogiéndose de hombros.

—El otro día me llamó Louis, no sabía que ninguno de nosotros trabajaba allí ¿te lo puedes creer? —comenta Marizza.

—Ya lo sé, me lo explicó cuando vino a verme. Pensaba que me había fugado a Nueva Jersey.

Los de habitantes de Nueva York y los de Nueva Jersey no se llevan muy bien, aunque no lo entiendo. Es como los de Springfield y los de Shelbyville, no entiendo esos odios entre ciudades.

—No sé si creérmelo.

—¿Lo qué?

—Lo de Louis, me sonó a excusa barata. No sé, no sé.

Como haya cortado conmigo por haberme dejado (literalmente) la piel en mi trabajo y parafraseando a ese gran drama que es "Lo que el viento se llevó": a Dios pongo por testigo que le rebanaré el pescuezo... en mis sueños, claro. Yo hago el amor, no la guerra, o sea, lo que tendría que haber hecho Bush en vez de invadir un país.

Bajo de nuevo al mundo real y les miro, también me han traído dulces, ella amaretti (galletas típicas italianas) hechas por ella misma y él muffins de arándanos y de chocolate. Será para que engorde un poco después de haber perdido casi diez kilos con todo este lío.

—¿Vas a vivir con Farah? —Me pregunta Kevin.

—Sí, ha sido idea de mi madre. Tiene miedo de que intente algo malo... una chorrada, por un estrés postcómosellame no voy a intentar suicidarme ni voy a caer en las drogas.

—Pues eso está muy bien —dice Aline riendo—. Hijo, eres un caso.

—Ya tengo veinticuatro años.

He sido criado para que no beba, no fume y no me drogue. Y eso me lo enseñó un hombre que se pasaba sus días libres borracho como una cuba. Decía "no bebas o Dios se enfadará" cuando se estaba bebiendo una botella de whisky delante de mí. Además, cuando era menor de edad tenía miedo de beber ya que un menor de piel oscura tiene más posibilidades de acabar arrestado (o algo peor) en Estados Unidos que un chico de piel clara.

—Papá me decía que no bebiera mientras él bebía. Que contradicción.

Luego se emborrachaba y perdía el control, una vez que mi madre estuvo fuera me azotó con un cinturón con tanta fuerza que me hizo un cardenal enorme en la espalda. En clase de natación estuvieron a punto de denunciarle porque se veía claramente la marca de la hebilla. Nosotros toda la vida callándonos lo que sufríamos pero "ojo por ojo, diente por diente."

Sonrío.

—Antoine era una contradicción de persona —afirma mi madre.

Suspiro.

La ciudad pasa rápido ante mis ojos, ya estoy de camino a mi piso ¡que nervios! El taxi para y un enorme camión pasa a nuestro lado, lleva algo detrás. Es muy grande y de color rojo, parece una de esas acojonantes vigas que vi allí abajo. Miro a mi madre y ella se encoge de hombros.

—Qué pena. Todo el día sacando toneladas y toneladas de escombros.

—Perdone ¿podría dejar de hablar de ello?

El hombre mira por el retrovisor y luego hacia la carretera. Veo que niega con la cabeza, ha atado cabos. Es más rápido que Lucky Luke.

Tengo ganas de gritar a los cuatro vientos que ¡por fin soy libre!

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SandyTorres
Rango13 Nivel 62
hace más de 2 años

"Los (de) habitantes de Nueva York y los de Nueva"
aquí sobra algo? :)


#27

Nueevo capítulo, gracias a todos por leer, por vuestros votos y por comentar.

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Capítulo 9
Una ciudad diferente

Me bajo del taxi jurando que jamás volveré a subirme en uno, que incómodos son. Mi madre me mira como pidiéndome perdón pero sonrío, no quiero que se sienta mal. Aunque el taxi era un buen coche me ha dejado las piernas rígidas como ramas, cosa que me pasa con casi cualquier coche, todo hay que decirlo. Me duele el cuerpo tanto que hasta mantenerme erguido me hace daño, esa cama-noria del infierno me ha destrozado entero.

El edificio en el que vivo ni es señorial, ni de lujo, ni bonito y está situado en el 110 de la calle Fulton. Es un pequeño edificio de ladrillo visto y con unos pequeños balcones y por detrás está la escalera de emergencia típica que tienen casi todos los edificios de la ciudad. Se entra por un lado. Cojo las llaves y abro el portal. Silencio. Qué raro. Huele a abrillantador de suelos y a algún otro producto químico de limpieza.

—Parece que no viva nadie...

Ascensor no hay pero bueno, vivo en un segundo. Intento tomarme mi tiempo al subir los escalones. Mi corazón se acelera e intento no pensar en la última vez que subí unos escalones como si me fuera la vida en ello ni cuando los bajé agarrado de la mano del policía irlandés. ¡Ya basta! Obligo a mi mente a pensar en algo bonito, en campos verdes y en playas paradisíacas.

—¿Estás bien? —Me pregunta mi madre.

—Sí, estoy nervioso por ver cómo está todo.

Cojo la llave más pequeña y la pongo en la cerradura, si esto fuera una película estarían dentro todos mis amigos en el salón con un cartel de "bienvenido a casa" pero esto no es ficción sino la pura realidad. El salón huele a limpio y no hay nadie dentro. Se escucha un crujido y un "pi-pi-pi" muy insistente. Me encojo de hombros.

Gigantvila me recibe con los brazos abiertos, los armarios de la cocina (que está en el propio salón) son de color rojo y no tienen ni una mota de polvo. Me imagino que la ventana que dejé abierta aquel día era la de mi habitación, soy muy despistado con esas cosas.

Suspiro de nuevo, creo que me costó demasiado el dichoso piso para tener tan pocos metros cuadrados. Abro la nevera, está llena de comida y otras cosas.

Me da a mí que Farah va a tener problemas para alcanzar los vasos. Le dejaré las baldas de abajo, mis cosas siempre tienen que estar arriba ya que no puedo forzar a mi espalda a estar siempre agachado. Ni de coña. Mi madre lo tiene este problema para alcanzar las cosas ya que es más alta que Farah.

¡Qué bonita sería la vida si midiera veinte centímetros menos! Uno noventa y tres no estaría nada mal. Nadie me miraría por la calle, podría comprarme un coche que no fuera tan grande como un Hummer, mi frente no tendría las marcas de los marcos de las puertas... sería el paraíso en la tierra.

Voy a mi habitación, aquí huele más a limpio y el ordenador personal aun tiene un poco de polvo oscuro detrás. Intento no hacer ni poner ninguna mueca pero huele un poco a combustible... ¿o es la pequeña secuela que me quedó en la nariz? No, huele de verdad. Arrugo la nariz.

Abro la ventana. Pi-pi-pi. Saco la cabeza pero no veo nada, nunca se ha visto nada desde este lado del edificio, solo la escalera de emergencia.

Vuelvo a la habitación, me acuesto en la cama con las piernas colgando y cierro los ojos...

Hace más de 2 años

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#28

¡Dios! ¿Qué hora es? Parece que he dormido un día entero, miro el reloj ¡son las doce! Espera, ¿del día o de la noche? Miro hacia la ventana y el sol sigue ahí... Estoy tapado y mis piernas ya no cuelgan, alguien me ha arrastrado hacia el interior de la cama y no me he enterado. ¡Increíble, que manera de dormir! En la mesa hay un vaso y una de las pastillas para los dolores. Me siento en el borde de la cama y me doy cuenta que en la mejilla y el mentón del lado izquierdo no tengo sensibilidad ninguna, cero, niente... Pero en la parte más alta, o sea en la ceja, el ojo y la frente si tengo. ¡Qué raro! Nunca me ha pasado esto. Me encojo de hombros, será normal... o no, no lo sé.

Miro hacia el ordenador, la cosa más estúpida que he comprado en la vida. Solo tengo instalado el Office, un programa de contabilidad y un par de juego, al cual más aburrido. Ahora que he perdido mi portátil es el único que tengo. Ojalá que me lo devuelvan si es que está de una pieza.

Me levanto hacia el salón y salgo al balcón, al lado izquierdo estaba mi antiguo puesto de trabajo del cual salen los insistentes pitidos y al derecho sigue la calle Fulton. Miro hacia arriba, el cielo es azul, los pájaros revolotean y dan vueltas. Parecen que están jugando. Empiezo a pensar en que ha sido un error volver tan pronto. Escucho un crujido horrible y se levanta una pequeña columna de polvo que se eleva hacia el cielo, un obrero dice algo y un camión enorme sale de la descomunal obra. Me quedo mirando los hierros retorcidos unos cuantos minutos más y luego entro hacia dentro. Alguien está llamando a la puerta. Abro. Es Farah. Me da un beso.

—¿Ya te has despertado?

—¿Cuánto he dormido?

—Doce horas... —mira su reloj de pulsera— doce y media.

Madre mía, ya sabía yo que había dormido de más.

Suspiro y me levanto, tengo que salir de aquí cuanto antes. La presión del pecho se hace más fuerte.

—Me voy a pasear al Central.

—¿Te acompaño? —Me pregunta Farah.

—No, no me voy a tirar al lago... tranquila. Solo voy a dar un paseo.

—Claro, como quieras.

La dejo poniendo las cosas que ha comprado y cierro la puerta con suavidad.

El Central Park es genial pero si te quedas en él por cuando cae el sol date por muerto, violado o lo que sea pero acabarás muy mal. Voy a entrar por donde está el edificio Dakota (el norte), sí, donde mataron a John Lennon a tiros. Otra cosa tan típica de Norteamérica como las guerras y el día de Acción de Gracias son los tiroteos, ¡hasta varios presidentes han muerto tiroteados! Luego se hace un funeral y todos se lamentan diciendo: ¡oh qué pena! Pero no hacen nada contra las armas porque ciertos tontos del culo se escudan con que "es un derecho constitucional" pero luego un pirado entra en un colegio y se carga a veinte niños y vuelta a empezar. Tócate los... Un coche hace sonar su bocina y levanta el dedo corazón. Gilipollas.

Entro por la puerta enrejada y me adentro en el parque... madre mía, que pronto me canso. Me siento en un banco de madera y cierro los ojos, me duelen mucho las piernas. Varias personas pasan corriendo por delante de mí, tienen en la cara un rictus de concentración. Ellas llevan el pelo recogido con una coleta y ellos ropas llamativas y zapatillas de deporte. Yo nunca he podido hacer ningún deporte porque todos los que me gustan (como el beisbol) no puedo practicarlos por mi altura, solo el maldito baloncesto, el deporte que más odio y me aburre a muerte. Los únicos deportes que he practicado han sido kárate, llegue al cinturón naranja y lo dejé, más tarde me apunté a taekwondo, en esta especialidad sí que llegué al cinturón azul-rojo pero lo tuve que dejar cuando tenía quince años porque ya medía dos con cinco y no tenía con quién pelear. Debo admitir que me ayudó mucho para la espalda. Luego hice natación y según mi profesor era muy bueno y daba unas brazadas que abarcaba (casi) la piscina entera. Dejé de hacer deporte al llegar a los dos metros diez o sea a los diecisiete años. El año siguiente crecí tres centímetros y me estanqué, al fin, en los dichosos dos metros con trece.

Espera... ¿qué demonios es eso? Se escucha una discusión. Me levanto con cuidado del banco y me muevo lo más sigiloso que puedo. Veo a una mujer llorando mientras varios hombres la emprenden con ella a insultos, la gente sigue corriendo ajenos a las barbaridades que le dicen a la mujer. Mi sangre hierve cuando la obligan a agacharse y pedir perdón por nosequé cosas.

—Eh, gilipollas.

Por favor, que no lleven pistola, pienso mientras mi corazón se acelera. Uno de ellos lleva algo en la mano, es verde y ondea al viento. Un hombre mayor se queda mirándolos pero no hace nada.

—Haga algo o váyase, que huevos... eh, que cojones —le digo mientras veo como mis mejillas arden de rabia.

—¿Qué coño te pasa?

—Dejad a la chica en paz, no os ha hecho nada malo.

—¿No? Mi padre murió allí —señala al Trade—, todos tenéis la culpa de lo que pasó.

La mujer me mira con los ojos llorosos, tiene los ojos negros igual que el pelo y la piel mucho más clara que la mía.

—Iros de aquí.

—¿O si no qué?

—Piraos de aquí, no lo repito más veces.

—¿O qué, Gigante?

Aunque sea bastante rápido no tengo buenos reflejos, no he visto venir hacia a mí una porra extensible... me... mareo. Noto como algo me baja por la espalda, está caliente... creo que es sangre. Le doy un golpe con la mano plana al idiota que tengo en frente y suena un audible "crack." Un hombre grita que va a llamar a la policía y saca su teléfono móvil. El chico se agarra la nariz mientras la sangre le baja por la mano. El que me dio el golpe intenta ayudar al de la nariz rota pero varios chicos le agarran de los brazos para evitar que se vayan. Menos mal que por el parque siempre patrulla algún que otra pareja de policías. Hablando de los reyes de roma...

—¿Que ha pasado aquí? —Pregunta el policía de pelo rubio.

Intento explicarlo pero los nervios y la conmoción no me dejan pensar. Me dicen si quiero ir a un hospital pero le digo que no, que estoy bien, aunque me duela la espalda.

Hace más de 2 años

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#29

Ya acabamos este capítulo, ya queda menos para el final. Hoy ss voy a contar un secretito, las rayas que uso para separar son las que se usan en código morse para hacer una señal de socorro (SOS)

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Me piden mi SSN*, me hacen algunas preguntas y luego hablan con la chica. Lo que pasó fue que cuando ella pasó por delante de los animales irracionales esos empezaron a insultarle e hizo lo peor que se le ocurrió: responderles. Pues claro, ellos se envalentonaron, le arrancaron el velo de la cabeza y le dieron una patada en el culo que la hizo caer... menudos cabrones.

—¿Walter qué?

Otro gilipollas más. No me jodas ¿qué coño pasa en esta ciudad tan multicultural?

—Atta, Walter Atta.

Me mira para achantarme pero le sostengo la mirada. Yo no tengo la culpa de apellidarme como un jodido terrorista.

Otro policía, esta vez negro, se los lleva de allí (me imagino que uno irá al hospital y el otro a comisaría) mientras la gente murmura hablando los unos con los otros. Seguro que piensan que fui yo quien atacó, bah, me da igual lo que piensen. La mujer se acerca a mí y me da las gracias en árabe y en inglés. Se las devuelvo en los dos idiomas, me doy media vuelta y salgo del parque.

Madre mía. Nunca me he sentido tan vivo, tengo la adrenalina por las nubes y suspiro. Miro mi mano, con la cual acabo de romperle la nariz a un hijoputa, es grande y perfecta aunque le falten las terceras falanges en algunos de los dedos.

Veo cabezas rubias, pelirrojas, negras, azules, violeta viniendo en todas direcciones mientras camino.

Me siento demasiado bien, me paro en el semáforo (que está en rojo) y silbo una canción. Una mujer mayor me mira y le sonrío, ella me la devuelve.

Miro hacia la izquierda y la derecha antes de cruzar, una racha de aire me revuelve el cabello y añoro el pelo medio-largo que tenía antes. Ahora lo llevo muy corto para ver si crece o me he quemado la raíz. Entro de nuevo a la estación de metro.

Llego a casa sonriendo, Farah me mira y me devuelve la sonrisa. No se ha percatado de la sangre de mi espalda, ya que está oculta por la chaqueta.

—Estás contento, ¿qué te ha pasado?
—He ayudado a una mujer que estaba siendo atacada por unos gilipollas.
—¿Porqué? —Pregunta.

Le explico la versión corta de la historia.

—Que hijo de puta, atacando por la espalda. Le habrás dado una buena ¿no?
—Creo que le he roto la nariz.

Farah ríe.

—Ven un momento.

Entramos en mi habitación y me quito la chaqueta, ella me mira la espalda y silba.

—¿Con qué demonios te han dado?
—Creo que era una porra extensible, la vi por el rabillo del ojo cuando ya me había dado.

Entramos en el lavabo y cierro la puerta, me quito la camisa botón por botón con su ayuda. Me mira de nuevo la espalda y coge una esponja suave, le pone un poco de jabón y agua y la posa en mi espalda. No puedo reprimir dar un salto y un grito. ¡Duele!

—Es un corte bastante largo pero no es muy profundo. Solo hay que curarlo.

Menos mal que en la espalda casi no tengo cicatrices. Pero igualmente duele mucho y me agarro al lavamanos hasta que limpia la última gota de sangre.

—Ya está, campeón. ¡Hala! A correr.

Me mira con una sonrisa, cualquier tío hetero se derretiría así que se la devuelvo.

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*El Social Security Number es un número que el gobierno de los Estados Unidos le asigna a los habitantes de dicho país.

Hace más de 2 años

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#30

Casi estamos llegando al final, que nerviooos :)

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Capítulo 10
La sorpresa

¡Qué rápido! Ya hemos celebrado la Navidad y aunque fuera un poco más triste que de costumbre por la ausencia de mi padre, no hemos dejado de celebrar nada. Hemos regalado cosas, nuestros familiares de fuera vinieron en vez de en avión, en coche pero estuvimos todos como siempre. Mi primito cada vez está más grande (miedo me da) y una tarde fuimos al Central Park para ver pájaros con los prismáticos que me regaló. El corte de la porra o lo que fuese aquello se me curó perfectamente y me dolió solo tres días.

Uno de enero. Vuelta a la rutina. Hoy haré la primera entrevista de trabajo desde que salí del hospital, encontré la oferta en el periódico, llamé y me dijeron que fuera hoy, día uno de enero. Me visto con mi mejor traje y cojo el metro. Me bajo en Brooklyn y miro la dirección, es en la planta baja, menos mal. Entro con una sonrisa y le digo a la chica que estoy aquí para la entrevista. Me mira de arriba abajo sin sonreír y me señala una silla donde espera otro chico... árabe. Le saludo y me lo devuelve. Qué raro.

Un hombre sale por la puerta, nos mira y frunce el ceño.

—Ya hemos cogido a un empleado, no necesitamos a más gente.

Me levanto como impulsado por un resorte. ¡No me jodas!

—Eso es mentira, si estamos aquí nos tienes que hacer la entrevista. ¿Tiene algún problema?

¡Qué asco de ciudad! De verdad, si no me quieren aquí que me deporten a Siria... capullos.

—Pasa.

Traga saliva, esta es la única ventaja de ser un pino andante: que a veces intimido un poco. Por ello nunca me han acosado en el colegio, ¿quién quiere meterse con un tío de catorce años de dos metros con cinco? Nadie.

El fornido hombre me hace una señal hacia un incómodo sillón y me siento. Me pide el currículum y se lo doy. Se pone unas pequeñas gafas con montura dorada (¿será oro auténtico?) y lo lee con atención.

—Es impresionante para un chico tan joven, carrera, prácticas... increíble.

—En breve empezaré un máster.

Bueno, todavía tengo que pensar en cual apuntarme.

—Trabajaste en Lehman Brothers ¿en la Torre Norte? Yo tengo un conocido que trabaja allí... bueno, trabajaba. ¿Te han dicho si te volverán a contratar?

—A parte de dejarle el seguro seco no he recibido ninguna noticia de ellos.

Se quita las gafas y me mira.

—Lo que le he contado antes era verdad, acabamos de contratar a un auditor de cuentas, negro —irrelevante—, pero puede que un amigo mío necesite uno. Le pasaré tu currículum, es impresionante, de verdad y perdón por el malentendido de antes.

No fue un malentendido, pedazo racista de los...

—Walter Atta ¿verdad?

—Sí.

—Gracias por su tiempo, ha sido un verdadero placer.

—Igualmente.

Salgo del despacho con la sensación de que ese tío no tiene ningún conocido de Lehman ni que le va a dar mi currículum a nadie. Suspiro y el otro hombre se levanta, seguro que le dice lo mismo. Qué asco...

Vuelvo a casa y abro el buzón. Propaganda de supermercados, centros comerciales, la factura de la luz (que pagamos Farah y yo a medias) y una carta equivocada a nombre de un tal Ramal nosequé. Miro en todos los buzones hasta dar con el tal Ramal y la meto.

La convivencia con Farah está siendo genial, se ha adaptado a mi piso como si fuera suyo y nos lo pasamos muy bien cuando nos juntamos con Kevin y Marizza. El otro día estuvimos viendo películas de Tarantino hasta las seis de la madrugada y acabamos la sesión comentando que "Jackie Brown" es la peor del cineasta. Mi madre también me visita cada día y ya hace más de una semana que me dio el último ataque de pánico, mi estrés postraumático va perfectamente aunque creo que me está durando mucho, no sé yo.

Abro la puerta del piso y paso al salón, huele muy bien. Creo que hoy comeré cordero.

—¿Que tal la entrevista?

—Una mierda, solo quedábamos dos y gracias a mi habilidad dialéctica logré que nos hicieran la entrevista.

—¿Dialéctica? Claro. O sea, que saltaste como una pantera.

—Sí, más o menos. Se acojonó, me prometió que llamaría a un amigo pero seguro que ese "amigo suyo" no me llama ni de coña. Casi se caga encima al verme.

—Es que un árabe gigante gritando no tiene que ser muy bonito de ver.

La miro con una ceja levantada y se ríe.

—Tu madre ha llamado, dice que hoy no va a venir. Tiene a muchos pacientes que atender.

Me encojo de hombros. Es normal, ha estado de baja más o menos por mi culpa.

Me tumbo con demasiado ahínco en el sofá y me llevo de regalo un fuerte golpe contra el cabecero de madera. Farah se ríe mientras adereza la pata de cordero con más salsa.

—No te tires así al sofá. Yo puedo hacerlo, tú no.

Me siento y pongo las piernas en la mesita de café, es de madera y está a casi dos metros del sofá. ¡Qué gusto! Pongo la televisión.

Mas noticias de la guerra en Afganistán: han muerto algunos soldados americanos más, bah, nadie les ha dado vela en ese entierro... Y luego ponen banderas estadounidenses por aquí y por allá como si fuéramos los mejores y más patrióticos del mundo. Como diría el abuelo Simpson: paparruchas. Menuda mierda de país.

Hace más de 2 años

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#31

—Con esas piernas se puede jugar a la comba perfectamente —comenta con sorna.
—Ya. ¿Recuerdas cuando fuimos al Burger King?

Debajo de mi piso hay un Burger King, una vez, al ir meter las piernas tiré la mesa. Cuando logré meterlas le daba con ellas a Farah así que al final comí con ellas hacia fuera. Todavía se reía cuando lo recordaba.

—Eres un caso. Imagínate ¿qué pasaría si tú y yo tuviéramos un hijo? ¿Sería igual de alto que tu o sería como yo? ¿Tendría tus ojos o los míos?
—Ni idea. Creo que eso depende de los genes.
—Molaría tener un hijo ¿te lo imaginas?
—Todavía soy muy joven para tener un hijo, y tú también.
—Eso es verdad.

Farah tiene veinticinco años.

—Además yo soy gay y tu bollera.
—Eso es verdad, ¿cómo llamaríamos al niño?
—Si es niña Farah y si es niño Bashir —comento.
—Me encanta el nombre de Bashir. Mi mejor amigo de la infancia se llamaba así.

El timbre de la puerta suena y me da un susto terrible. Me levanto del sofá y abro la puerta, el muchacho se sorprende. ¡Qué raro!

—¿Walter... —mira un folio— Atta?
—El mismo que viste y calza.
—Tiene una carta certificada.
—¿De dónde?

El muchacho uniformado mira la carta.

—Del juzgado.

¿Del juzgado? Espero que no sea por la pelea del Central Park, por favor, que no sea por eso. Firmo en donde me dice el chaval y me da la carta, es fina. Después de despedirme entro de nuevo y le tiendo la carta a Farah.

—Que no sea para declarar contra esos tíos. Ábrela tú, estoy demasiado asustado para abrirla.

La abre con un cuchillo y la lee, sus ojos aumentan de tamaño ¿que pondrá? Acaba de examinarla y me mira con la boca tan abierta como los ojos.

—Madre mía.

Casi le arranco la carta de las manos y mientras la leo imito su mueca, increíble. Es del juzgado porque mi madre solicitó un pequeño cambio en mi nombre... el apellido. Me piden ir al juzgado con el antiguo id para recoger el nuevo. ¡Qué locura! Me río.

—Increíble ¿verdad?
—Mi madre no me ha dicho nada, pero me gusta... me gusta mucho. Ahora entiendo los papeles que tuve que firmar en el hospital. Increíble.

Miro de nuevo mi nuevo nombre y suspiro: Walter Wallace (Wallace es el apellido de soltera de mi madre) con este nuevo nombre ya puedo empezar de cero. Adiós a mi apellido "de terrorista", adiós a que la gente me mire mal. Cuando me digan cómo me llamo diré con la cabeza alta: Wallace, Walter Wallace.

—No estoy a favor de esto pero fíjate, si tenemos una hija la ponemos Mía así será Mía Wallace.
—Es verdad —río.
—¿Te puedo llamar Wa-Wa?
—Por encima de mi humeante cadáver.

He estado pensando en hacer mi particular homenaje a "los trece" que nos salvamos aquel día once, ya no tengo miedo a nada. Si fuera un poco más valiente me haría un número trece tatuado o algo así pero me aterra el dolor, además no podría hacérmelo por la piel que tengo injertada. Miro a Farah, sonríe.

—¿Cuando te hicieron eso te dolió? —Digo señalando al piercing de su nariz, para que os hagáis una idea, es idéntico a los que llevan los búfalos.
—No. Más miedo me da que se enteren mis padres... Me matarían, como mínimo —Ríe, a mi no me hace gracia—. ¿Quieres hacerte uno? Conozco a un chico de aquí (de Manhattan) que los hace muy bien.
—Ya veré... lo que hago por cierto, ¿por qué estás en contra de que me haya cambiado el apellido?
—Nada, cosas mías. Déjalo.

Sonríe y me mira fijamente.

—En la oreja puedes hacerte tres o cuatro piercings si quisieras —me mira fijamente— y en el labio caben otros tres.
—¿Y qué tal cinco en cada oreja y tres en el labio?
—También. Pero primero hazte esas operaciones.
—Puñeteras operaciones. Creo que venderé mis trajes, estoy hasta los cojones de vestir como un señor mayor. Voy a hacer lo que nunca he podido hacer, cuando era adolescente no pude vestir como quise por el que dirán.
—Eres punketa... no, eres heavy... ¿motero?
—Tú sí que eres punketa, yo solo soy Walter Wallace.
—Yo soy una mezcla de estilos, eres joven todavía para adoptar el estilo que te salga de allí. Enséñame tu ropa.

Vamos hacia mi cuarto y se queda maravillada con mi cama, salta y se tumba de espaldas. Ríe con fuerza y rueda hacia todos los lados y no se cae, imposible que se caiga.

Hace más de 2 años

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#32

Señores. Señoras. Damas y Caballos... digo, caballeros. Con este pequeño trocito acabamos el capítulo 10 por lo que el último está al caer y será el último. Ahora la pregunta que decía en el anterior trocito: ¿lo pongo todo en uno o en dos trocitos para no aburrir al lector?

. . . - - - . . .

—¡Increíble! Nunca había visto una cama así ¿está hecha a medida?

Me encojo de hombros.

—Tengo la espalda tan jodida que tuve que gastarme una gran suma de pasta en esta monstruosidad. No me gusta pero bueno, la salud es lo primero. Y sí, está hecha a medida.

Suspira y cierra los ojos. Casi puedo oír sus pensamientos: "ojalá fuera más alta." Sonrío.

—Pues lo ibas a pasar mal.

—¿Qué? —Abre los ojos al instante, está sorprendida. A veces creo que oigo ciertos pensamientos de algunas personas, o es real o soy un esquizofrénico de la leche. Bueno, a lo mejor es que soy muy bueno interpretando los gestos de la gente.

—Ser alto no es nada del otro mundo, es más un inconveniente que una ventaja. Sé de lo que hablo, a los dieciséis años medía dos metros diez y tenía los brazos como dos putas ramas de árbol. Mi vida ha sido un camino de rosas, pero si quitas las rosas y quedan solo las espinas. Entre clases, tratamientos fallidos para dejar de crecer... es bastante terrible.

—Pues a esos capullos del Central no te tuvieron miedo.

—Estaban en pleno éxtasis de adrenalina... no tendrían miedo aunque llevara un cinturón de explosivos. Lo de las miradas de curiosidad lo tengo controlado pero odio que me tengan miedo.

—No entiendo ¿te tienen miedo?

—A lo mejor es una sensación, no lo sé.

—Pero si eres adorable, serías perfecto si midieras veinte centímetros menos —me vuelve a mirar a la cara—. No te preocupes, ya encontrarás a alguien que te quiera tal y como eres, ese gilipollas de Louis se inventó toda esa mierda (de que no sabía que trabajabas en el Trade y pensaba que te habías ido a Nueva Jersey) porque es un cobarde que se ciñe en el que dirán. Hay muchos peces en el mar, vales mucho más que ese. ¿Te gustan también las caballas o solo los caballos?

—Solo los caballos, lo siento.

Empezamos a reírnos en alto.

Se acabó vestir como si tuviera sesenta años, se acabó peinarme como un jodido yuppie. Ahora voy a empezar de cero y lo voy a hacer a lo grande, vestiré y me peinaré como siempre he querido y haré todo lo que no me han dejado o no he podido.

Hace más de 2 años

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4
SandyTorres
Rango13 Nivel 62
hace más de 2 años

Cómo quieras. De las dos formas lo voy a leer hasta el final.
:)

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Lo partiría
Opinión, claro.

También Leeré

Saludos

CristionaSchumacher
Rango8 Nivel 37
hace más de 2 años

260 votos, esto es un sueño hecho realidad. Nunca pensé que una página de Internet me iba a hacer tan feliz. Muchas gracias a todos, sois grandes. MUY GRANDES.


#33

Ya estamos aquí, en realidad estoy ilusionada y a la vez triste. Es una extraña sensación, primera parte del último capítulo. Y hoy tiene más sentido cuando otra nación ha sido castigada con esta lacra llamada terrorismo.

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Capítulo 11
Septiembre

11 de septiembre del 2002.

8:49 de la mañana. Suena una bocina y todos los que estamos aquí bajamos la cabeza. Una chica joven llora a mi lado, Kevin y Marizza mantienen la cabeza gacha y nos cogemos de la mano. No se oye ningún ruido, solo el de nuestra respiración. Unas filas más atrás veo a George McCain, está muy desmejorado pero mantiene el tipo como puede.

Mi cuerpo no ha cambiado apenas. Todavía no puedo casi mover la mano izquierda y las pastillas de los nervios me dejan noqueado cada noche, eso lo veo bien, sino no dormiría nada. Marizza me agarra de la mano con más fuerza, sabe que este va a ser nuestro último día juntos… bueno, hasta que sepan a dónde me he ido.

Este último año ha sido bastante duro, y una de las cosas más importantes que he aprendido es que el único Dios al que hay que venerar es a uno mismo. Todavía no le he pedido volver a Lehman Brothers ni tengo pensado hacerlo, y como me imaginaba, tampoco me llamó el amigo del tipo que me hizo la entrevista a regañadientes. Y también aprendí que el dinero no vale nada, ¿qué importancia tiene lo material si la vida se puede acabar en un solo segundo? Antes era así, todo el día trabajando y haciendo horas extra para tener lo mejor pero no era feliz. Ahora me siento mucho mejor tocando el violín en el Central Park y ganando poco dinero que trabajando de auditor de cuentas y manejando dinero a mansalva. Lo dicho, lo material no vale para nada. Ahora mi segunda casa son las tiendas de segunda mano. Tampoco volví a ver a Louis, desapareció del mapa y no he sabido nada de él. Se dejó llevar por el gran poder del qué dirán.

Me llevo la mano hacia la oreja, me pica mucho el último piercing que me he hecho. Ojalá no vuelva a tener una infección como me pasó con los anteriores... Tendré que desinfectarlo en profundidad cuando llegue a casa.

Alguien me toca el hombro y doy un respingo, sin abrir los ojos le agarro de la mano, es suave, está caliente y es menos pequeña de lo que me esperaba, pues no es mi madre, abro los ojos. Pelo, ojos y piel morenos, delgada... Farah. Tengo ganas de abrazarla. Hacía mucho tiempo que no la veía ya que después de estar viviendo juntos casi cuatro meses recibió una llamada de su madre, a su padre le dio un infarto y tuvo que volar hasta Siria. Su padre se recuperó y ella bueno, no sabía cuando volvía... hasta ahora, claro.

El alcalde arranca en aplausos y luego se oyen cientos de ellos. Abro los ojos y miro hacia arriba, el cielo es azul pero no hay nada más. Cierro los ojos sin bajar la vista y me imagino comiendo en la World Trade Plaza con Kevin y Marizza, saludando a todos los que conozco y que ya no están aquí... o sí, quién sabe si los desaparecidos siguen todavía por aquí.

—Joder... —dice Marizza y le miro— Lo siento.

El alcalde de la ciudad, Rudolph Guiliani, empieza a nombrar a todas las víctimas una por una, 2.801 nombres, 2.801 vidas perdidas por culpa de unos cuantos gilipollas; exactamente diecinueve.

Le paso el brazo a mi madre por el hombro. Va vestida de riguroso luto y yo llevo un traje y corbata negros con camisa blanca. Ponerse traje en verano es verdaderamente agobiante pero bueno... un día es un día. Ella lleva un ramo de rosas rojas, aunque no creo que a mi padre le gustasen las flores y una fotografía de mi padre. Miro la fotografía. ¡Caray! Debo admitir que me parezco mucho a él y cada día más... miedo me da. Antoine Atta, dice el alcalde.

—La acompaño en el sentimiento.

¿Pero qué cojones...? El hombre de pelo cano repite lo mismo y me estrecha la mano sin sonreír. Miro a mi madre pero no levanta la vista del suelo, a lo mejor estaba soñando pero, ¿George Bush en persona me acaba de estrechar la mano?

—¿Era Bush? —Le pregunto a Marizza bajando la voz.

Afirma moviendo la cabeza.
Miro hacia el suelo, que pena que no haya una piedra o algo más duro que su corazón...

Una mujer me sonríe, la ciudad ha vuelto más o menos hacia atrás y ahora vuelve a ser un poco más tolerante con los que no son blanco nuclear, blanco normal o moreno-blanco.

Empezamos a movernos por la pasarela, sin los escombros de las torres parece un descampado en el que nunca ha habido nada. Parece increíble que el año pasado hubiera aquí dos grandes colosos de ciento diez plantas ardiendo como dos velas de cumpleaños. Por esto me voy de la ciudad. No podría soportar otro aniversario más, que todos me miren como diciendo "se nota que sobrevivió al atentado, pobrecillo" y tener que ver en la televisión como ese maldito avión se choca una y otra vez contra mi lugar de trabajo. ¿Cómo se puede ser tan mala persona para atacar a gente trabajadora? ¿Acaso los terroristas no trabajaban antes de convertirse en esa escoria? No me jodas...

Hace más de 2 años

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#34

Feliz día del libro a todos, por eso he decidido poner el penúltimo trocito del último capítulo.

. . . - - - . . .

Mi madre tira las flores en el hueco donde estaba la Torre Sur, en la cual mi padre halló su muerte. Una mujer, llorando a mares, tira un osito de peluche al hueco donde estaba la Torre Norte ¡qué triste! Ojalá que las cien vírgenes de esos terroristas fueran cien tíos muy bien dotados y con ganas de juerga, hijos de puta. Y digo yo ¿qué harán después con todas estas ofrendas? Me imagino que las dejarán aquí... o no. No lo sé.

Cuando acaba el homenaje le doy el ansiado abrazo a Farah. Nos abrazamos casi dos minutos y noto las mejillas húmedas. Dios mío, la echaba tanto de menos…

Marizza dice de irnos a desayunar y nos vamos a una cafetería.
El pelo me creció bien por el lado derecho y por ello llevo el lado izquierdo casi rapado, debo admitir que el peinado me queda genial, pero como dicen Kevin y mi madre, es un poco gótico. Mi madre pide las bebidas en la barra y yo intento sentarme a la mesa. Farah ríe cuando se mueve la mesa debido a mis piernas, Marizza y Kevin también ríen y las saco por fuera... ¡qué placer más grande! Aunque siempre intento sentarme como una persona normal no puedo.

Un hombre mira a mi madre y luego a mí, se acerca a una mujer igual de mayor que él y le dice algo al oído. Mi madre también llama bastante la atención por su pelo rubio, sus ojos azules y por su estatura. La mujer mayor me mira y le sonrío, ella me la devuelve y el señor también. La ropa dice mucho de la persona que lo lleva puesto, ellos van vestidos muy parecido a nosotros. Seguro que también han estado en el homenaje.

Repaso mentalmente lo que debo de hacer cuando llegue a casa, pensaba que esto no me iba a costar tanto pero no puedo evitar suspirar. Los echaré de menos a todos; al bueno de Kevin Jones, el precioso acento italiano de Marizza Lione y a mi chica siria favorita: Farah Abdulmalak. Intento pensar en otra cosa pero no puedo. En la televisión está hablando Bush, el mismo tipo que me acaba de dar la mano. Me pongo en pie y voy hacia el lavabo, una mujer casi se choca conmigo y me pide disculpas con un hilillo de voz, tiene los ojos ligeramente rojos y va de luto. Me lavo las manos a conciencia y vuelvo a la mesa, coloco la silla en la posición correcta y cruzo una pierna sobre la otra.

—Os juro que pensé que no era Bush.
—Por eso se me escapó esa palabrota —dice Marizza—. Lo vi caminando hacia nosotros, a mí también me dio la mano.
—Yo me acabo de lavar las manos...

Kevin ríe.

—Eres de lo que no hay.
—Míralo, es que es para pegarle una patada en el culo —digo.
—Es un gilipollas redomado de eso no hay ninguna duda —dice el anciano que me miraba antes— Andy McWright. Perdón que te mirara así, es que te pareces a un conocido. Perdón si te molesto pero ¿trabajabas en el Trade?
—Si, en Lehman Brothers ¿y usted?
—En Fuji Bank. Aquel día estaba en casa. ¡Bendita gripe! Me acuerdo que siempre bajabas las escaleras, siempre me pregunté el porqué pero ahora lo entiendo —ríe.

No suelo bajar en ascensor porque toco el techo con la cabeza, así que prefiero hacerlo por las escaleras.

—Tuvo una buena escusa para invadir un país con petróleo, el tío es un genio —dice bajando la voz—. A lo mejor dentro de unos años sale a la luz que fue él quien las mandó a tomar por culo.
—¡Andrew! —Le riñe la mujer.
—Perdón —susurra él.
—Es un idiota pero no lo veo orquestando algo así —dice mi madre.
—¿Y sabéis lo peor? Que la gente le volverá a votar porque cree que ha hecho algo bueno. Invadir un país no es algo bueno —digo yo.
—Pero hay gente lo piensa —comenta el hombre, Andy.

Norteamérica es un país que nunca cambiará. Cuando había paz pensaba que era el mejor país del mundo pero durante este año he podido observar que está infestado de mala gente que cuando pasa algo se tira a la yugular de lo que sea diferente. No me jodas con el País de las Oportunidades, yo lo llamaría el País de las Des-oportunidades. No merece la pena vivir aquí. Además hay que pagar por cosas tan básicas como la sanidad, ¿y esto es lo que llaman «el primer mundo»? Mis días aquí se han acabado y creo que no pisaré más esta tierra. En este país he tenido todo lo que he necesitado pero ahora, de mayor, me lo ha vuelto a quitar.

Hace más de 2 años

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#35

Último capítulo de la novela. Gracias por leer y por votar y quedaos con el final (dónde acaba) pondré la siguiente novela de la Tetralogía de la Mala Suerte.

Y ahora necesito una ayudita, ¿podéis ayudarme a hacer la sinopsis o resumen? No me sale nada.

Muchísimas gracias a todos, sois geniales.

. . . - - - . . .

Miro el reloj: son las nueve y media de la mañana del día doce de septiembre del año dos mil dos. Hoy es el día, de mi boca sale un suspiro y un bostezo. A las diez vendrá mi madre a buscarme y me iré. ¡Estoy deseando llegar ya a mi nuevo destino!

Cierro los ojos…

¡El timbre! He oído el timbre, me muevo hacia la puerta y abro. Es mi madre.

—Vamos hijo, que pierdes el vuelo.

Cargo mi maleta en el coche y me siento en el asiento del copiloto. En menos de media hora paramos en el aeropuerto John F. Kennedy y entramos al edificio acristalado. Miro el panel y veo que tengo bastante tiempo para tomarme las pastillas contra el pánico que me dan esos malditos pájaros de acero, entro al baño y las saco. Pongo dos pastillas en la mano y las bebo con agua. Espero pacientemente hasta mi turno y me siento en un banco.

Una voz me llama, tiene la cara en tinieblas y lleva una especie de túnica negra. Ah... no es una túnica, es un vestido negro con el logo de la compañía DomAir. Que mal me han sentado las pastillas. Creo que me está hablando pero no oigo muy bien lo que dice. ¡Concéntrate! Me digo a mi mismo. Tengo que ponerme a la cola para pasar los controles.

—Espera un momento, por favor.

𝘔𝘢𝘮𝘢, 𝘭𝘪𝘧𝘦 𝘩𝘢𝘥 𝘫𝘶𝘴𝘵 𝘣𝘦𝘨𝘶𝘯,
𝘉𝘶𝘵 𝘯𝘰𝘸 𝘐'𝘷𝘦 𝘨𝘰𝘯𝘦 𝘢𝘯𝘥 𝘵𝘩𝘳𝘰𝘸𝘯 𝘪𝘵 𝘢𝘭𝘭 𝘢𝘸𝘢𝘺.

Saco el reproductor de música y le doy al botón de pausa.
Me giro hacia mi madre, está llorando. No por favor, no hagas eso… me… vas a hacer llorar a mí. Suspiro.

—No te pongas triste, te llamaré en cuanto aterrice. Te lo juro.
—¿De verdad que quieres hacer esto?
—Sí, mejor que seguir tocando en Central Park prefiero cualquier cosa…

Una vez me robaron el dinero que saqué y empecé a pensar en irme. Cuando me dieron la indemnización de Lehman comencé con los planes para marcharme al sitio más alejado de aquí.

—Te quiero mucho, cuídate.
—Yo también te quiero mucho, tengo que irme. Cuando consiga un teléfono te llamo, de verdad.
—Te quiero.

Paso los detectores de metales pese a todos mis pendientes y me voy por la pasarela.

Queen, con su “Bohemian Rhapsody” suena en mis oídos, como si hubiera escuchado la conversación con mi madre.

𝘔𝘢𝘮𝘢, 𝘰𝘰𝘩,
𝘋𝘪𝘥𝘯'𝘵 𝘮𝘦𝘢𝘯 𝘵𝘰 𝘮𝘢𝘬𝘦 𝘺𝘰𝘶 𝘤𝘳𝘺,
𝘐𝘧 𝘐'𝘮 𝘯𝘰𝘵 𝘣𝘢𝘤𝘬 𝘢𝘨𝘢𝘪𝘯 𝘵𝘩𝘪𝘴 𝘵𝘪𝘮𝘦 𝘵𝘰𝘮𝘰𝘳𝘳𝘰𝘸,
𝘊𝘢𝘳𝘳𝘺 𝘰𝘯, 𝘤𝘢𝘳𝘳𝘺 𝘰𝘯, 𝘢𝘴 𝘪𝘧 𝘯𝘰𝘵𝘩𝘪𝘯𝘨 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘭𝘺 𝘮𝘢𝘵𝘵𝘦𝘳𝘴.

No sé si voy a poder... tengo miedo. Dios mío. Veo ante mí el feo avión. Tengo que hacerlo, debo empezar de cero pero aquí en Nueva York no, ya lo he intentado pero soy incapaz.

𝘎𝘰𝘰𝘥𝘣𝘺𝘦, 𝘦𝘷𝘦𝘳𝘺𝘣𝘰𝘥𝘺, 𝘐'𝘷𝘦 𝘨𝘰𝘵 𝘵𝘰 𝘨𝘰,
𝘎𝘰𝘵𝘵𝘢 𝘭𝘦𝘢𝘷𝘦 𝘺𝘰𝘶 𝘢𝘭𝘭 𝘣𝘦𝘩𝘪𝘯𝘥 𝘢𝘯𝘥 𝘧𝘢𝘤𝘦 𝘵𝘩𝘦 𝘵𝘳𝘶𝘵𝘩.

Debo volar a la otra punta del mundo, cerca de Japón pero es en el propio Japón, no sé cómo explicarlo pero sé que allí seré feliz para siempre, hasta que la verdadera muerte me lleve con ella. Ojalá que sea igual de guapa que la azafata de piel de ébano.

𝘈𝘯𝘺𝘸𝘢𝘺 𝘵𝘩𝘦 𝘸𝘪𝘯𝘥 𝘣𝘭𝘰𝘸𝘴.

Me llamo Walter Wallace y mientras vuelo hacia mi nuevo destino siento que ahora de verdad empieza mi nueva vida.

12 𝒹ℯ 𝓈ℯ𝓅𝓉𝒾ℯ𝓂𝒷𝓇ℯ 𝒹ℯ𝓁 2002, 11:30 𝒹ℯ 𝓁𝒶 𝓂𝒶ñ𝒶𝓃𝒶.
𝒲𝒶𝓁𝓉ℯ𝓇 𝒲𝒶𝓁𝓁𝒶𝒸ℯ.

Hace más de 2 años

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#36

Dedicatoria

➣ A todas las víctimas del terrorismo y sus familias, de todas las nacionalidades y países (Francia, Irak, España, Bélgica, Turquía…) Nadie tiene que quitarle la vida a otras personas poniendo como excusa cualquier causa o religión.
➣ A algunas cafeterías y a la Biblioteca Pública, que han tenido la santa paciencia de aguantarme durante tantas (y silenciosas) horas de escritura, y de café.
➣ A diversos foros por haberme ayudado con mis dudas de escritora principiante.
➣ A Google, por haberme facilitado todos los datos sobre el 11-S.
➣ A todos los que me han apoyado, felicitado, votado, criticado en todas las páginas de Internet en las que he puesto esta historia.

Hace más de 2 años

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Felicidades por la historia

Abrazos

Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Tendría que leerla entera de nuevo y me es imposible.

Si que es cierto hay partes donde la acción se para mucho, y alternará pausas con eventos, para marcar ese tono que buscas.
Quizás jugar con el ritmo narrativo....

Por lo demás, define un poco más la bio y característica de cada personaje para que se noten mejor sus propias voces cuando dialoguen y sean reconocibles (está bien, pero es algo siempre a trabajar)

Espero te sirva

Abrazos

SandyTorres
Rango13 Nivel 62
hace más de 2 años

A partir de la #28 noté cierto desánimo en el protagonista. Inseguro quizá por alguna duda que frenó la historia. Desde la #1 hasta la #27
me gustó todo. Con la escena del parque en adelante pierde un poco la fuerza del principio.
Los cambios los harás el día que la vuelvas a leer. Pero antes dejala reposar un tiempo.

SandyTorres
Rango13 Nivel 62
hace más de 2 años

Atta, un joven auditor de cuentas afincado en Nueva York acude a trabajar un martes señalado. A las nueve de la mañana empezó lo que parecía un temblor de tierra y que se convirtió en un fatídico acontecimiento, el giro más importante de su vida. Bajo los escombros de lo que fueron las enormes Torres y rodeado por centenares de muertos, escribió sobre el polvo de una viga, IWOLL SURVEVE (sobreviviré), experiencia que conmocionó al mundo entero.


#37

Booktrailer de la novela, recién salido del horno:

https://www.youtube.com/watch?v=HS7hnNdkM7U

Hace más de 2 años

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#38

Sinopsis:

Son las 8:45 del día once de septiembre del año dos mil uno y estoy atrapado en la cafetería para empleados de la planta cuarenta y cuatro de la Torre Norte de World Trade Center, aquí, en Nueva York. No sé qué ha pasado pero parece algo grave, hay mucho humo y hace mucho calor. Sé que si no tiro abajo la puerta, todo el edificio se nos vendrá encima a mí y a mi compañero Kevin Jones. ¡Tengo mucho miedo!

Si no logro sobrevivir y encontráis esta nota; me gustaría que publicaseis este mensaje en la prensa. A todos los que me conocieron: os quiero y querré siempre. Un saludo.

𝒲𝒶𝓁𝓉ℯ𝓇 𝒜𝓉𝓉𝒶.

Hace alrededor de 2 años

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