LillyHaggard
Rango6 Nivel 25 (783 ptos) | Novelista en prácticas
#1

I

Patricia miró a través del vidrio empañado de su ventana. Distinguió sólo luces y alguno que otro borrón avanzando rápido para cruzar la calle.
Vació el cenicero en la basura y encendió otro cigarro. La ventana abierta era pura costumbre, no estaba su gemela para regañarla. Miró el reloj de la cocina, tal vez ya había llegado a Veracruz.
La tetera comenzó a sonar y Patricia apagó la lumbre. Colocó su taza sobre la barra y, mientras sacaba una cucharita, estiró la mano izquierda hacia la tetera, la cual retiró de inmediato al sentir el acero caliente.
Por un segundo se dedicó a revisar la quemadura de sus dedos, luego el ardor la obligó a meterlos debajo del chorro de agua. Cerró la llave para contestar el teléfono.
—¡Pat! —gritó con emoción su hermana—. Esto es el paraíso.
—Hola, nena —saludó chupándose los dedos.
—¿Qué tienes?
—Me quemé.
—Por tonta, de seguro —rió burlona.
—Ay, Di. En lugar de que te preocupes. Ya, dime como está Veracruz.
—Genial. La casa es enorme. Imagínate una de esas mansiones embrujadas. Un laberinto de pasillos y habitaciones. Tiene una hermosa vista a la playa.

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David_escritor
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Esta gente que no ve películas de terror y no sabe lo que una casa enorme esconde... :P Buen comienzo @LillyHaggard, me gusta.

LillyHaggard
Rango6 Nivel 25
hace más de 4 años

Jajaja sí.. :) Gracias por comentarme.


#2

—¿Tiene vista a la playa? —repitió Pat, no lo podía creer. Antes de irse, su hermana no sabía bien a qué lugar llegaría. Aquello sonaba muy bueno como para ser cierto.
—Y lo mejor de todo es que me dijeron que puedo pasear por donde quiera.
—Pues está bien, vas a estar sola.
—Bueno, eso es lo que no me gusta. La casa sí que da miedo.
—Ay, no empieces.
—No, sí. Es bien raro este lugar. Para llegar a esta playa es necesario ir en coche. Tengo víveres para un mes así que no necesito salir a comprar, pero… no me gusta.
—Nena, tienes playa para ti solita.
—Sip. Y, ¿sabes qué? Ya la estoy disfrutando.
—Ay, maldita, te odio. ¿Y la niña a la que ibas a cuidar?
—Está en su habitación, dormida. Ya le revisé sus signos vitales. Sigue estable.
—Sigue en coma —precisó Pat.
—No es eso… bueno, sí. Creo que esta niña ya no va a despertar.
—¿Y todavía no sabes qué le pasó?
—No. Dicen que es por una enfermedad, que luego se puso muy mal y ya no despertó.
—Pero está bien.
—Estable. Ay, no. Empezó a llover. Tengo que meter algunas cosas. Te dejo. Luego te marco, ¿va?
—Cuídate, Diana. Bye.

II

El teléfono comenzó a sonar justo cuando Pat metía su ropa a la lavadora. Encendió el aparato y corrió a contestar, pero fue muy tarde, Diana había colgado. Intentó marcarle, pero el mensaje de “el teléfono que usted marcó está apagado o fuera del área” comenzó a sonar y colgó. Así que esperó a que Di marcara de nuevo. Mientras tanto vertió suavizante de ropa en una cubeta. Luego la ropa estuvo lista, la sacó de la lavadora, la puso en la secadora.
Fue por la noche, mientras doblaba las prendas, que el teléfono volvió a sonar.
—¿Qué tal tu primer día?
—Genial, me perdí.
—¿Te perdiste?
—Sí, tú crees. Esa casa es más grande de lo que pensé. Pero me fue bien, encontré la biblioteca.
—¿Apoco tiene biblioteca?
—Y está bien surtida. Ya me llevé una pila de libros a mi cuarto. Le empecé a leer a la niña.
—¿Y sí hay mejoría?
—Na.
—Mientras no se muera.
—Pues sí. Casi no agarra bien la señal este teléfono. Tengo que salirme de la casa para poderte marcar.
—Ah, con razón me dice que está apagado.
—Sí. Y de hecho, no te escucho bien. Se oye entrecortado.
—Si quieres ve a descansar y ya mañana hablamos.
—Va. Te marco temprano. Me da miedo estar afuera en la noche. Hasta siento que va a venir algún animal. Esto parece jungla.
—No le hagas. Mejor vete a dormir. Ya mañana hablamos.

Hace más de 4 años

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#3

III

Pat leía en la sala así que sólo debió estirar la mano para contestar el teléfono.
—Sí, claro. Yo te hablo mañana temprano. —la regañó Pat. Escuchó a su hermana riéndose—. Estuve esperando todo el día.
—Ay, Pat. Perdón. Es que pasó algo emocionante.
—¿Había una jauría de perros salvajes allá afuera y no pudiste salir a contestar?
—No. Andrea abrió los ojos.
—¿Está despierta?
—Pues, no. Cuando estaba revisando sus signos vitales en el monitor vi, de reojo, que se movió. Y cuando volteé tenía los ojos abiertos, pero seguía en la misma postura, boca arriba. Sus signos no cambiaron, sólo tenía los ojos abiertos.
—¿Entonces... Seguía dormida?
—Ajá. Le cerré los ojos y comencé a leerle.
—¿Y nada?
—Nada. Siguió igual. Pero estuve alerta en caso de que despertara.
—Tal vez fue un reflejo.
—No. Yo creo que está consciente. Cada vez que le leo y hablo con ella sus gestos cambian ligeramente. Ayer la bañé y se movió, aunque no fue gran cosa.
—Ojalá que despierte. ¿Cuántos años tiene?
—Seis. Te dejo, ¿vale? Está haciendo un poco de frío.
—¿Frío? ¿En serio?
—Sí, baja mucho la temperatura por la noche. Ayer llovió y amaneció con mucha neblina y no subió la temperatura. Y ahorita sí está haciendo frío.
—Está bien. Me llamas temprano. TEMPRANO.
—Ay, ya, sí. Hasta mañana.
—Cuídate.

Hace más de 4 años

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#4

IV

Patricia levantó la mirada hacia el reloj de la cabecera. Eran las ocho de la mañana. Diana ahora sí se había pasado. La podía imaginar riendo con el auricular en la mano mientras esperaba a que ella contestara. Hundió la cabeza en la almohada y esperó a que el teléfono dejara de sonar.
Diez minutos después Diana volvió a llamar.
—Mmmh…
—¡Pat!
Ese grito la despabiló, su hermana no parecía reírse por una broma.
—¿Di, qué sucede?
—Pat. Esta casa da miedo.
—Ay, Di. No empieces. Es muy temprano. Ve a dormirte.
—Toda la maldita noche escuché ruido de pasos en el piso de arriba. ¿Cómo me voy a dormir así? Se supone que estoy sola.
—Igual y es porque la casa es vieja. Ruidos de tuberías y eso.
—No. Yo oí pasos.
—Te estás sugestionando.
—Además, la casa no es vieja.
—Las tuberías hacen ruidos aunque sean nuevas. Tú concéntrate en tu paciente. ¿Qué tal si se despertó y tú toda miedosa te encerraste en tu cuarto?
—Te recuerdo que la niña tiene el monitor de signos vitales y también el suero. Cuando yo la fui a ver estaba igual.
—¿Lo sigues oyendo?
—Pues… no, ya no.
—Te aconsejo que vayas a dormir, necesitas descansar. A parte de vigilar a la niña, ¿qué más tienes qué hacer?
—Lavar mi ropa, cocinar, limpiar lo que ocupo. Mejor voy a la playa un rato.
—Di. Me prometiste que serías valiente. Ya sabías que ibas a estar sola. Si es difícil que alguien entre en la propiedad no te preocupes.
Patricia escuchó a su hermana respirar hondo.
—Está bien —le dijo—. Tienes razón, me estoy sugestionando.
—Ve a la playa y disfruta del sol, ¿ya no está haciendo frío?
—No, ya se despejó. Ahora está el día muy caluroso. Yo creo que estamos como a treinta o más.
—Pues aprovecha, métete a nadar un rato.
—Bueno.
—Háblame por la noche.

Hace más de 4 años

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Angelgabriel
Rango10 Nivel 45
hace más de 4 años

He leído todo de un tirón y me ha encantado, la historia va bien fluida, los diálogos la hacen ligera, y comprensible, la intriga, el suspenso hasta llegar al terror, van tomando forma a medida que continua la historia. La ambientación esta bien descrita, los personajes son redondos. ¡¡¡¡¡¡¡¡EXCELENTE!!!!!!!!!!!


#5

V

Esta vez Diana cumplió su promesa. A penas dieron las siete de la noche cuando sonó el teléfono. Patricia bajó el volumen al televisor y contestó.
—¿Ya mejor?
—Sí, y ¿qué crees?
—¿Despertó?
—Na. Encontré lo que hacía ruido. Bueno, quien sabe si esto era, pero igual me entusiasma.
—¿Qué es?
—Encontré a una gatita y sus bebés en el sótano. Se ve que es de aquí. Es hermosa. Negra y de ojos verdes. Sus bebés también son negros, excepto uno, tiene las patitas blancas, como si tuviera calcetines.
—Ah, qué bonito. ¿Cuántos son?
—Cuatro bolitas peludas. Me los llevé a mi cuarto para darles de comer. Hoy les di leche. Ya mañana veo qué les doy.
—¿Apoco la mamá es dócil?
—Sí, se deja agarrar.
—Qué bueno, así vas a tener compañía.
Al otro lado de la línea se escuchó un fuerte ruido y Pat se sobresaltó al mismo tiempo que su hermana.
—¿Di, qué fue eso?
—No sé, vino de la habitación de Andrea. Iré a ver. Tal vez ya despertó.
—Anda, ve. Me vuelves a hablar en cuanto te desocupes.
—Sí.

Hace alrededor de 4 años

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#6

VI

Patricia se quedó despierta hasta las tres de la madrugada. Una punzada de miedo le invadía el pecho y no dejaba de pensar en Diana. Su hermana era más chica que ella tan solo por algunos minutos y se preocupaba como si fuera diez años mayor y hubiera tenido que criarla sola. Ambas habían vivido en casas de cuna y, como no querían separarse, nunca fueron adoptadas.
Se acostó boca abajo y trató, con todas sus fuerzas, no pensar tanto en Diana, mas fue imposible. Sintió tal desesperación que comenzó a llorar.
El teléfono volvía a repetir el mismo mensaje. No había más opción que esperar.

Hace alrededor de 4 años

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#7

VII

—Di, me asustaste mucho. Ya pasa de media noche. Casi me vuelvo loca pensando que algo te pasó.
—No, todo está bien. Andrea despertó y se levantó asustada. Tiró todos los aparatos. Me costó trabajo tranquilizarla.
—Pero, ¿está bien?
—Sí. No deja que me acerque. No la he podido revisar. Tiene un golpe también. Le di de comer y… Bueno, ya, lo que importa es que está bien y ya la acosté. No le puse los aparatos, porque no se deja, pero creo que no los va a necesitar. Espero.
—Di, ¿ya le hablaste a sus padres?
—Ya, pero no me puedo comunicar con ellos. La maldita señal está cada vez más nefasta.
—Te escucho mal, Di. ¿Qué pasó?
—Nada —expresó con voz cortada.
—Algo va mal con la niña, ¿verdad?
—Es que… No sé, Pat. Creo que su enfermedad es más de tipo psiquiátrica. Sus padres no me dijeron nada sobre eso.
—¿Psiquiátrica?
—Ajá. Se comporta muy raro. Estaba revisando el monitor y dice, antes de que lo desconectara, que tuvo un ataque respiratorio. Tal vez por eso estaba aventando las cosas en su habitación, porque no podía respirar. Y ahora, aunque no habla ni me pone atención, no parece que tenga dificultad respiratoria. Pat, ¿y si tiene alguna lesión cerebral?
—No, tranquila. No estaría despierta como si nada. ¿Se comporta como si tuviera autismo?
—Sí. Algo así.
—Entonces es eso.
—No, Pat. Tendrías que estar aquí para ver lo rara que es. Es que no es sólo eso. No sé cómo explicarlo. Ni siquiera yo sé lo que vi.
—Di. Relájate. No pasa nada. Es sólo una niña.
—Pat. La vi golpearse el codo con la puerta y no reaccionó. Se golpeó la cabeza varias veces en la pared… como… como si fuera divertido. Ah, no sé. No sé.
—Di. Pásame los teléfonos de sus padres. Yo me comunicaré con ellos.
—Me mordió.
—¿Qué?
—Me lastimó —dijo entre sollozos—. Pero estoy bien.
—Di, ¡cómo vas a estar bien!
—Ya me curé la herida. Sólo quiero ir a dormir.

Hace alrededor de 4 años

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#8

VIII

—Di. Ya hablé con los papás de la niña. Van para allá. Di, ¿me escuchas bien?
—Pat. Encontré muertos a los gatitos. También la mamá estaba muerta.
—¡Dios, Diana!
—Fui a revisar a Andrea y… No estaba en su cuarto.
—Pero los gatitos estaban en tu cuarto, ¿no?
—Sí, pero no los encontré allí. Estaban por todo el pasillo. Era una alfombra de sangre y vísceras.
—¡Ay, Diana! ¡Oh, Dios! Quédate en tu cuarto. Enciérrate allí como puedas, ¿sí?
—No sé… que está pasando. Creo que la niña está loca.
—¿La encontraste?
—No te escucho bien.
—¿Dónde está la niña?
—Estaba al final del pasillo. Pat, esto… no sé lo que vi. No puede ser real. No es real.
—Di, estás en tu cuarto, ¿verdad? ¿Di?
—Sí. Pero Andrea está allá afuera. La escucho.
—¿Puedes salirte por la ventana?
—Está muy alto. No hay forma de escalar. ¡Pat! ¡Pat! ¡Está abriendo la puerta!
—¡Di! Trata de escapar. ¡Di!
—¡No! ¡Pat! ¡Quítamela!
—¡Di!
—¡Quítate! ¡Vete! ¡No! ¡Déjame!
—¡Maldita sea! ¡Diana! ¡Diana!

Hace alrededor de 4 años

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LillyHaggard
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 4 años

Gracias.. me pasaré con gusto, de hecho ya está en mi lista de lectura; hace unos días me pasé por tu escritos, son muy buenos, por cierto. :)