SheilaMares
Rango9 Nivel 40 (3172 ptos) | Escritor autopublicado

«Kilómetros de asfalto se extienden frente a mí. Los destellos de las farolas me ciegan y presiono el acelerador. Los demás coches no existen, solo los veo desde mi retrovisor. Ciento veinte… ¿en serio? Ciento sesenta, ciento ochenta… Doscientos... esto me gusta más. ¿Dónde está el límite? Cuando la aguja ya no puede avanzar más. ¿Quién tiene miedo a las multas? Y ¿a la muerte? Ya no temo a nada».

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eleachege
Rango17 Nivel 83
hace más de 3 años

Vaya manera de conducir. ¿Huye de alguien? ¿Le espera alguien? Esperamos respuestas en próximas cajas. Un saludo @SheilaMares y te sigo.

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Intentaré subir la caja hoy, pero voy un poco justa de tiempo. Gracias @eleachege . Saludos.

ValeValerioV
Rango3 Nivel 14
hace más de 3 años

Cuando ya se rebasaron todos los límites y no se le tiene miedo ni a la misma muerte, triste, muy triste; pero que buen texto.


#2

Parte 1

Paso al lado de un coche de policía que me persigue con las sirenas puestas y subo el volumen de la música para ocultar el ruido. La adrenalina se apodera de mí. Poco a poco mi mente olvida lo sucedido estos últimos días. De pronto, un coche se cruza en mi camino, al frenar derrapo. Dando varios giros, el coche se empotra contra una señal haciendo que se detenga. Salgo con torpeza. Un policía me agarra del brazo para meterme en un coche de policía y me lleva a comisaría. Me hacen la prueba de alcoholemia y de drogas. No sé si es mejor o peor que no haya bebido. Al poco de llegar a la comisaría, vienen a verme. Sus caras de buenos padres, de su magnífica perfección. Los odio. Me han destrozado la vida. Me reciben entre lágrimas y abrazos. Al ser menor no me dejan en el calabozo y me mandan a casa pendiente de juicio. Durante el camino no me hablan, saben que solo ellos tienen la culpa. En cuanto llegamos a casa me obligan a escucharles, mi madre me pregunta:

—¿Por qué has hecho eso? ¿Querías matarte?

—Yo ya estoy muerta.

Al instante mi padre alza la mano para golpearme; pero mi madre lo detiene preguntándome:

—¿Tan mal te hemos tratado?

—Sí, no soy vuestra hija y me lo habéis estado ocultando tanto tiempo.

Ambos suspiran, y mi padre mirándome sorprendido me dice:

—Lo has hecho por eso. Te hemos dado todo. Nunca te ha faltado de nada.

—Es verdad, un padre es así. Me estabais comprando. A mis amigos sus padres no les dan todo. Os doy pena porque mi familia no me quiso. No os preocupéis pronto os desharéis de mí.

—No te vamos a aguantar más este comportamiento —dice mi padre furioso.

—Y ¿qué vais a hacer? ¿Devolverme?

—Estás agotando mi paciencia, Denisse.

—En cambio, la mía hace tiempo que se agotó. Te odio.

Me levanto sin permiso y voy directa a mi habitación mientras a mis espaldas les oigo chillar:

—¡No hemos terminado! ¡Vuelve aquí!

Cierro la puerta de un portazo y me pongo los cascos con la música a tope. Sé que no me molestaran haga lo que haga. Siempre evitan los conflictos. De pronto, oigo un estruendo en mi salón y salgo asustada. Y veo a mi padre tirado en el suelo y varios jarrones hechos añicos en el suelo. Mi madre chilla:

—¡Cariño, responde! ¿Que te pasa?

Me quedo petrificada viendo la escena tan irreal. Hasta que mi madre me grita:

—¡Llama a una ambulancia, corre!

Nerviosa marco el 112:

—Manden una ambulancia, mi padre se ha caído y no responde.

Mientras mandan una ambulancia nos dicen qué hacer. En el hospital nos toca esperar. El médico se acerca a nosotras y nos dice que su corazón había sufrido un infarto. Ahora tengo que vivir con lo último que le dije a mi padre. No puedo acudir al funeral. Solo preparo mi maleta y esa mañana mientras todos están venerando a mi padre, olvido. Olvido quién fui y quién soy. Me convierto en otra para sobrellevar el dolor y la culpa.

Hace más de 3 años

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eleachege
Rango17 Nivel 83
hace más de 3 años

No es fácil explicarle a un niño su identidad de adoptado. Lo que está claro, es que debe ser después de los cinco años y mucho antes de entrar a su adolescencia. En este caso hubo un fallo y bien nos relatas @SheilaMares las consecuencias. Un saludo y te sigo

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Gracias @eleachege. Seguramente tendré algún error ortográfico porque los he revisado rápidamente. Volveré a revisar por si acaso. Quería mostrar ese confusión de identidad que sufren los niños adoptados junto al egoísmo de los niños malcriados. Continuaré el relato. Espero no tardar mucho.


#3

Parte 2

Dos años después…

—Vamos Denisse, vamos a llegar tarde al concierto.

—Estoy cansada del trabajo, ir sin mí.

—No podemos ir sin ti. Además, fue idea tuya.

—Sí, pero cambié de opinión.

—Venga, Denisse es posible que venga Javier. Sabes que estás deseando venir.

No ha pasado por alto el interés que tengo por ese chico, pero no sé si eso me basta. Me quedo pensando un instante lo que necesito y quedarme en casa en mi estado no es aconsejable, siendo el aniversario de su muerte. Me arreglo un poco y me voy al concierto. Bailo durante largo rato, con Javier y mis amigas. Bebemos y nos divertimos. Pero me paso de copas, y las pesadillas del pasado inundan mi mente. Doy tumbos por el bar y decido volverme a casa. En el camino alguien me sigue y al girarme veo un chico encapuchado. Cuando mis ojos chocaron con los suyos, su mirada tenebrosa hace que mi cuerpo se hiele y corro con el corazón disparatado hacia mi casa. A la vuelta de la esquina me alcanza, intento chillar, pero me tapa la boca. Me mete en un callejón, forcejeo con él en todo momento. Le oigo susurrar:

—Para, nos van a descubrir por tu culpa.

Es un psicópata, me va a matar. Le muerdo la mano y soltándome salgo corriendo de nuevo. Pero sigo teniéndolo detrás, se abalanza sobre mí cayendo los dos al suelo y oigo un estruendo en el cielo. Seguido el suelta un quejido y se toca el hombro. Me agarra bruscamente del brazo y me chilla mientras nos levantamos del suelo.

—¡Vas a conseguir que me maten! Está me la vas a pagar.

Estoy demasiado aturdida para comprender que sucede. Llegamos a una calle más iluminada y puede ver el desgarro de su chaqueta ensangrentada, ese ruido horrible ha sido un disparo. No tengo valor para huir aunque me suelte. Y creo que él lo sabe porque no duda en separarse de mí al llegar a una moto. Le veo sacar el cableado y montarse en ella. Cuando arranca extiende su mano y me dice:

—Vamos, monta conmigo.

Le miro asustada y vuelvo a oír un disparo. Lo oigo cada vez más cerca, pero no nos da. Miro hacia atrás y veo otro hombre que vuelve a apuntarnos con el arma. Me monto sin demora y corre por las calles a gran velocidad. Me aferro a su cintura por miedo a caerme. Mi vida está en peligro. ¿Por qué sucede esto?

Siento sus manos intentando soltar las mías. Me separo sobresaltada y resopla profusamente.

—Bueno, supongo que necesitas saber que está pasando.

—Me quieren matar.

—No, aunque los disparos así pareciesen. Se supone que solo te iban a raptar, pero al interponerme yo se les complicó la situación.

—¿Quién eres tú? ¿Quiénes son ellos?

Me vuelve a agarrar de la mano y entramos a un almacén parece abandonado y le suelto con brusquedad.

—Me llamo Francisco, pero me puedes llamar Fran. Bueno, ellos son los malos.

—¿Qué quieren de mí?

—Necesitan utilizarte para que tu madre cante.

—¿Mi madre? ¿Qué tiene que ver con esto? Hace años que no la veo.

—No tu madre adoptiva, tu madre de verdad.

—Las madres de verdad te cuidan y están a tu lado de verdad.

—Entonces tú nunca fuiste una hija de verdad. Escúchame tu padre desapareció con cierta información muy importante y creen que tu madre sabe su paradero. Harán lo que sea para conseguir que confiese.

—Y ¿tú por qué me ayudas?

Hace más de 3 años

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SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Gracias, @eleachege . Espero que en enero tenga mas tiempo y ponerme al dia con todo. Un saludo.

DayDreamingLastNight
Rango20 Nivel 99
hace alrededor de 2 años

Me encanta la accion que se ve que viene...
Estoy en algo parecido con "La dama de la noche".


#4

Parte 3

Le veo que saca una cartera del pantalón y me enseña una placa parece de policía. La cojo y la toco como si tuviera idea de cómo identificar una falsa. Incluso intento morderla y él me la arrebata.

—¿Estás loca? Me costó mucho ganármela.

—Si te hubieras identificado como policía desde el principio hubiera sido más fácil.

—Como si me hubieras creído. Vamos, sígueme. Tengo un sitio preparado.

—Sigo sin entender muchas cosas, ¿no me vas a dar más explicaciones?

—Creo que te he dado suficiente.

—¿Quiénes son los que me persiguen?

—Es gente peligrosa, es lo único que necesitas saber. Conmigo estás a salvo, no te pasará nada mientras confíes en mí.

Le veo quitarse la cazadora y la camiseta para examinarse la herida. Saca de un cajón un botiquín. Le pregunto más curiosa que preocupada:

—¿Te hace falta puntos?

—Solo me ha rozado. ¿Qué haces ahí parada? Cúrame.

—No soy enfermera.

—Ya lo sé. No es que sirvas de mucho, pero tendrás que empezar a hacer algo con tu vida.

—Que sabrás tú de mi vida —no pude evitar ponerme a la defensiva por mucho que me hubiese salvado la vida.

—Mucho, niñita desagradecida. Después de todo lo que te dieron tus padres y así se lo pagasteis. No pensé que fueras tan egoísta.

—Pues déjame que me cojan y me maten —mi rabia y asco se dirige hacia sus ojos esperando que no continúe esta conversación.

—Puede que tú me caigas mal, pero no puedo hacerle eso a tu madre —me dijo sin mirarme ni una sola vez a la cara.

—Si tan amigos sois quizás me puedas decir por qué me abandono.

—Acaso ¿caíste en malas manos?

Volví a recordar las últimas palabras que le dije a mi padre y la culpa se convierte en odio hacia este chico, un desconocido que indaga en mi vida. Él me mira supongo que esperando una respuesta, pero solo quiero pegarle y eso tampoco es muy maduro que digamos. Continúa hablando inconsciente de lo que puede desatar en mí.

—Te daban todo lo que querías y más. Aunque igual ese fue el fallo. Ahora eres una caprichosa cobarde.

No pienso escucharle más y me dirijo a la puerta con decisión, hasta que él me agarra.

—Déjame en paz.

Hace más de 3 años

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eleachege
Rango17 Nivel 83
hace alrededor de 3 años

Muy sobrios e interesantes los diálogos @SheilaMares. A entender que papel jugará eses chico en la vida de Denisse. ¿Y Javier? Un saludo y te sigo.

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 3 años

Gracias @eleachege. De momento este chico le ha salvado la vida. Javier es el chico que le gusta, pero aun no sé si saldrá más en la historia. Un saludo y yo tmb te sigo.


#5

Parte 4

Una sonrisa burlona aparece en su rostro y eso me cabrea más. Me obliga a sentarme en un sofá marrón viejo y desgastado. Y dándome las gasas y el agua oxigenada en la mano me explica:

—Si te atrapan, te torturaran para que tu madre hable. Dudo que puedas aguantarlo.

—Créeme llevo aguantando muchas torturas.

—La culpa de la muerte de tu padre. No te diré que no la tienes, no se me da bien mentir. Aprende a vivir con ello.

Al instante, le echo un buen chorro de agua oxigenada en la herida y prieto con fuerza la gasa. Su chillo de dolor alivia un poco mi rabia y sonrió satisfecha.

—Demasiado odio contenido y dirigido a la persona equivocada. Mira, vamos a dormir y mañana continuamos la conversación.

Le tapo la herida con vendas y espero que me lleve a casa. Me saca una manta de un cuarto continuo y con repulsión le digo:

—No pienso dormir aquí. No te conozco, vayamos a un hotel y cogeremos habitaciones separadas.

—¿Aún crees que soy un psicópata? No te preocupes, si quisiera matarte ya lo habría hecho.

—Y por eso me tengo que fiar.

—Le hice una promesa a tu madre, nadie te haría ningún daño.

—¿Qué favor te hizo para tu ofrecerle tal lealtad a costa de tu vida?

—Calla y duerme. Mañana intentarán buscarnos y hay que idear un plan.

—Mañana iré a la comisaría.

—Soy policía y te estoy protegiendo aquí porque no estás segura en otro sitio. Si te intentas escapar te amarraré al sofá. ¿Quedo claro?

—Mañana discutiremos esto.

Se marcha a otro cuarto y eso me deja más tranquila. Me duermo rápido aunque tengo varias pesadillas. Al día siguiente me despierto y veo a Fran enfrente de mí en una silla mirándome fijamente.

—Sabes lo tenebroso que es que me mires mientras duermo.

—Estabas teniendo pesadillas, chillabas mucho, no me has dejado dormir. Así que ¿qué pretendes que haga? Vamos a desayunar.

Me lleva a otro cuarto con las paredes negras y sucias; veo una nevera y una cocina de gas. Me dice:

—Sírvete y come lo que quieras.

Abre la nevera y saca unos croissants rellenos de chocolate. Prepara café y me da una taza para mí. Volvemos al sofá y me fijo como desayuna Fran. Se come el relleno de chocolate primero y luego el croissants. Sorprendida le digo:

—Eres la primera persona...

—Si ya sé, el único que se come así los croissants.

—No, yo los como igual. Eres la primera persona que he visto comerlos igual. Resulta extraño. —Al decir eso me mira fijamente, sin ninguna expresión. Me desconcierta, vuelvo a centrarme en lo que me preocupa— ¿Qué haremos hoy? ¿Qué tienes planeado?

—Ponerte a salvo.

—Después de ayer debo ducharme. ¿Puedes llevarme a casa?

Me mira entre molesto y sorprendido, pero no me contesta. Vuelvo a preguntar:

—¿Me vas a llevar a casa?

Hace alrededor de 3 años

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SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 3 años

Gracias @eleachege. Esta vez quiero hacer algo diferente, no estoy cómoda, pero quiero retos. Te sigo leyendo. Un saludo.

eleachege
Rango17 Nivel 83
hace alrededor de 3 años

Los retos son desafíos a la inteligencia, amiga @SheilaMares y cuando se tiene imaginario y pluma para escribir, como en tu caso, los buenos resultados son evidentes. Tu historia es interesante. Buen argumento y esplendidos diálogos que le dan realismo. Un saludo y estoy pendiente de la continuación.

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 3 años

Muchas gracias, la verdad que me sorprende que les guste mis relatos porque aun me veo muy novata. Con muchas cosas que corregir. Gracias @eleachege de verdad. Un saludo y nos leemos.

SylvieDupuy
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 3 años

Ninguno de los dos se aguanta, eso está más que claro jaja.
Me gusta la narración, es ligera y el relato y los sucesos son entretenidos también. Continúa la historia, ya tenés otro votito. ;)
Un beso.

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 2 años

Gracias @DayDreamingLastNight Espero que sigas enganchada en todo el relato, a veces me cuesta seguir manteniendo la idea que tengo en mi cabeza.


#6

Parte 5

—No puedes volver. ¿Qué parte de que van a por ti no has entendido? Tienes el baño allí, con ducha y demás. Me imagino que también querrás mear.

—No sabes ser menos...

—¿Menos qué?

—Desagradable —le señalo con cara de asco.

—Contigo me sale natural. Ve a ducharte.

Le fusilo con la mirada, y le digo furiosa:
—No tengo ropa para cambiarme. Llévame a casa.

Sin hacerme caso se va al cuarto continuo y vuelve con ropa me la tira a la cara mientras me dice:

—Aquí tienes. Intenta no mancharla es de mi novia.

Me meto al baño y veo todo lo que ha dado. Un vaquero talla 38, el cual me entraba justo y una camiseta ancha y larga con una chaqueta a juego. Cuando enciendo el grifo llama a la puerta y me dice:

—Toma. Me imagino que esto lo prefieres sin usar.

Abro la puerta y me da una caja roja. Miro en su interior un conjunto de ropa interior con la etiqueta puesta. Veo el precio y le chillo:

—¡Cómo me voy a poner esto! Era para tu novia.

—Le compraré otra. Póntelo y deja de dar guerra. No tenemos todo el día Denisse.

Suspiro levemente y vuelvo a mirar el interior de la caja. Esto me resulta muy incómodo; aunque no debo usarla, no tengo más opciones. Me termino de duchar, salgo afuera y le veo sentado en el sofá con un montón de papeles sobre la mesa. Sentándome a su lado mientras me seco el pelo con la toalla le pregunto:

—¿Qué haces?

—Intento buscar un lugar donde no te buscarán y luego ir a rescatar a tu madre.

—No dijiste que tenía que estar a tu lado para estar a salvo.

Me mira de arriba abajo y me dice:

—Pensaba que no te iba a valer la ropa. No debo dejarte sola, pero si me acompañas serás una carga.

—Sé defenderme.

—Sí, como ayer.

—Nunca había estado en esa situación. Pero aprendí defensa personal en el trabajo. Nos obligaban por los ataques que había habido a mujeres al salir. También con mis amigos juego al paintball.

Se rio descaradamente de mí y me señaló:

—Esto no es un juego es la vida real. Aquí si mueres no tienes otra vida para gastar.

—Pruébame.

—Está bien, te haré una prueba. Si me tiras al suelo, te dejaré ayudarme.

Sonrió como si me hubiera dado el mayor regalo del mundo. Y me preparo para atacarle, alzando mis brazos enfrente de mi rostro, le muestro mis puños. Él se ríe por mi comportamiento y me dice:

—Adelante, ataca.

Hace alrededor de 3 años

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eleachege
Rango17 Nivel 83
hace alrededor de 3 años

Asistiremos entonces, a un simulacro de defensa personal de Denisse. No aflojes @SheilaMares y trata de mantener la expectativa.

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 3 años

Lo intentare pero ya lo veo algo flojo. Un saludo y muchas gracias por seguirme @eleachege

DayDreamingLastNight
Rango20 Nivel 99
hace alrededor de 2 años

A mí me encanta. Las notas de humor que le pones también son para apreciar.


#7

Parte 6

Me acerco a él con lentitud, el corazón se me dispara de solo pensar que puedo fallar y me acuerdo de que solo sé defenderme. No sé cómo atacar y salir victoriosa. Decido soltar un puñetazo al aire y él me agarra del brazo. Esto sí que me lo sé, me giro y con todas mis fuerzas golpeó mi brazo contra el suyo. Haciendo que me soltase y le oigo decir:

—No está mal. Vamos a ver qué haces con esto.

Me aferra por el cuello con fuerza. Y hace el gesto de apuntarme con una pistola en la sien. Actuó rápido pisándole el pie y luego le doy un buen codazo en el estómago. Le agarro de un brazo y contrapesándolo con mi cuerpo lo paso por encima mío y le suelto contra el suelo. En cuanto lo veo comienzo a chillar y saltar de la alegría:

—¡Sí, sí, lo he conseguido!

—Digamos que sabes algo, pero esto no te valdrá para sobrevivir —contesta mientras se levanta con agilidad.

—¿Qué significa eso?

—Que puedes venir conmigo. Vamos, sígueme, tenemos que investigar unas cosas antes.

—Lo sabía. Ahora necesito mi teléfono —le ordeno algo inquisitiva, mi ego y confianza en mí misma ha subido en esos instantes.

—Ya me he encargado de avisar a tu compañera de piso y amigos, no se preocuparán por ti. Si quieres mantenerles a salvo no contactes con ellos. Y ahora sígueme.

—¡¿Quién te crees para controlarme así?! —le chilló furiosa agarrándole con todas mis fuerzas del brazo en un intento por hacerle daño.

—Yo te he salvado la vida niñata. Eres una desagradecida. Venga, muévete.

No puedo evitar enfoscarme con él, y con cabezonería me cruzo de brazos. Me agarra de la muñeca obligándome a acompañarle. No pienso moverme. Me suelta con brusquedad y agarrándose de la nuca suspira profundamente.

—Mira, lo siento, no debí avisarles sin preguntarte antes. Todo esto es por tu bien, pónmelo fácil ¿vale?

Tuerzo el labio con gesto de desagrado, le miro con fijeza y le digo:

—Está bien, vamos entonces. Pero la próxima vez puedo no ser tan benevolente.

Se ríe para dentro y burlándose me señala:

—¿Benevolente? No sabía que sabias lo que significaba esa palabra.

Al salir afuera no veo por ningún lado la moto y le pregunto extrañada:

—Y ¿nuestro transporte?

—No pretenderás que vayamos por la ciudad con una moto robada. Iremos en metro. Debes taparte la cara, no es seguro. Toma.

Me pasa una gorra que me pongo sin rechistar, supongo que tendré que empezar a hacerle algo de caso. Se mueve con rapidez y le sigo de cerca, pero no lo suficiente. Me agarra de la mano y me señala:

—Vas demasiado lenta y cuando lleguemos al metro estará petado. No puedes perderte. Vamos, aprieta el paso.

Bajamos al metro mientras él no para de mirar hacia todos los lados. Intento seguir su mirada adivinando que está buscando. Entonces me mira para sacarme la lengua. Me desconcierta su comportamiento, aunque me ayuda a tranquilizar mis nervios. Mi cuerpo se tensa cuando vuelvo a verle intensificando su mirada en la entrada. Su mano me aprieta con más fuerza tirando hacia la puerta del primer metro que se detiene. Miro por la ventana a través de muchas personas veo a unos hombres acercándose sin éxito para entrar. A pesar de que las personas nos aprisionan Fran se puso delante de mí, impidiendo que tanto los hombres como yo nos viésemos.

Hace alrededor de 3 años

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#8

Parte 7

Le tiro de la manga a Fran y le susurró:

—¿Qué sucede?

—Nos siguen. No sé cómo han podido localizarlos tan rápido. Supongo que será por las cámaras del metro. Habrá que bajarse en la siguiente parada, y correr. ¿Estás preparada?

—Sí —mi voz se quebró un instante.

—Sabía que no ibas a poder con esto. Pues ya es tarde para echarse para atrás.

—No, de verdad. Lo haré, es mi vida.

Miro hacia la puerta del metro y él me agarra la mano con fuerza. Oigo avisar de la siguiente parada y en cuanto las puertas se abren echamos a correr. Siento el corazón salirse de mi boca, mientras mi cuerpo huye despavorido de un perseguidor invisible. En la calle continuamos varias manzanas así, hasta que paramos en una calle poco transitada. Ambos respiramos entrecortados, su mano me vuelve a aprisionar para correr, pero ya es tarde unos hombres nos rodean.

—Fran, hagamos un trato. Nos das a la chica y no sufrirás ningún daño —dice un hombre de mediana edad con perilla.

—¿No sufriré ningún daño? —me rodea con el brazo la cintura en un intento de protegerme con su cuerpo de las posibles amenazas.

—No le debes nada a ella. Es más, ella te engaño, no deberías ayudarla. Eres policía y tu deber es cumplir órdenes —le dice mientras se acerca poco a poco.

—Esto es lo correcto y lo sabes. Los policías tienen que proteger a los civiles.

—No me hagas dispararte —saca su pistola y nos apunta sin dejar de mirar a Fran a la cara.

—Sé que no lo harás. Ayer si hubieras querido ya estaría muerto.

—No es fácil tapar la muerte de un policía. Siempre podemos persuadirte con tu prometida.

—Como le pongas un solo dedo encima...

—No deberías amenazarme o se te olvida que te estoy apuntando a la cabeza. Chicos atraparlos, a ella la necesitamos viva.

Cuatro hombres se acercan a nosotros y Fran me susurra:

—Recuerda es tu vida, lucha por ella.

Mantengo la sangre fría y cuando uno de los hombres me agarra del brazo le golpeó. Los otros tres han ido a por Fran y aunque suene mal eso me tranquiliza, porque dudo que pueda con uno. El hombre no me suelta así que decido morderle el brazo y patearle la espinilla. Se agacha tocándose la rodilla dolorida y aprovecho para darle un puñetazo en la cara haciéndome mucho daño en la muñeca. Además, no ha servido para nada, con miedo voy a patearle, pero me agarra la pierna haciendo que caiga al suelo. Al instante veo que Fran le apunta con la pistola al hombre que me atacó y dice:

—Venga Manu, deja que nos vayamos.

Comienza a reírse con descaro, y rascándose la perilla le dice:

—Tú lo matas, tú tienes la culpa.

Después de decir eso, Fran dispara al pie del hombre y le vuelve a gritar:

—¡Manu último aviso!

Oigo chillar al hombre y el cuerpo se me hiela. Tiemblo, sé que Fran está de mi lado, pero en este instante siento miedo.

—Vete, pero esto no ha terminado aquí.

Salimos corriendo de nuevo y nos metemos en la biblioteca pública. Me lleva a la parte más escondida de ella y llama por teléfono.

—Laura, ¿dónde estás?... ¡Te dije que no te movieras!... Ven a la biblioteca ya. Corre...

Hace alrededor de 3 años

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#9

Parte 8

Le veo tirarse al suelo agarrándose la cabeza y le digo:

—Esos eran polis como tú.

—Como yo, no, son policías corruptos.

—Van a ir a por tu novia, ¿no? —me mira con frialdad.

—La he llamado viene de camino.

—¿Por qué la pones en peligro por mí?

—Es mi deber, es mi promesa.

Sus palabras suenan más a reproche, que a una razón. Me mira furioso y me lleva hasta otro punto de la biblioteca donde le veo enredar muchos libros. Y entonces le preguntó:

—¿Qué haces?

—Tu padre estaba de infiltrado en una galería de arte, se estaban vendiendo cuadros falsos. Aquí nos dejaba sus informes entre libros de arte.

Sin dudarlo me pongo a buscar con él sin éxito. Al rato una chica de corta melena aparece y se lanza a los brazos de Fran.

—Me estás asustando. ¿Qué pasa? Y ¿por qué está lleva mi ropa?

—Laura, vamos a hablar en otro sitio.

Entonces veo un libro que se titulaba Goya 1992, lo cojo y examino hoja por hoja. Fran me pregunta:

—¿Qué pasa? ¿Qué has visto? —veo en sus ojos mucha preocupación.

—El título de este libro Goya 1992. No puede ser.

—¿Qué tiene de especial esta fecha?

—Es mi fecha de nacimiento. ¿Me lo puedo llevar?

—Claro. Vamos a pedirlo a la bibliotecaria.

Ambas, le seguimos, noto como Laura me mira de reojo, parece molesta. Volvemos al escondite. Llegando al almacén, se sienta en el sofá con el libro y comienza a ojearlo.

—¡Fran! —grita cruzándose de brazos—. ¿Qué se supone que estás haciendo? Me tendrás que dar alguna explicación.

No puedo evitar reírme y decirle:

—Será por las que a mí me ha dado.

—Soy su prometida, no me compares contigo.

—Laura, tranquilízate. Vamos a hablar, ven.

Se marchan al cuarto juntos y oigo chillar a Laura:

—¡No lo entiendo! ¡Soy tu prometida! ¡¿Por qué la ayudas?!

Hace alrededor de 3 años

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#10

Parte 9

Me acerco a la puerta para escuchar la conversación completa. Entonces oigo a Fran:

—Sabes que esto no es una competencia. No voy a elegir entre las dos. Yo te quiero a ti.

—Ese no es el problema. No la conoces, te puede traicionar. No es que haya tenido un pasado ejemplar de lealtad.

—No deberías juzgarla tan duro, soy el primero que no confía en ella, pero debo protegerla. Se lo prometí.

—¿Seguro que es por eso? O ¿por ti? —le pregunta con ira en su voz.

—¿Qué quieres decir?

—Sabes muchas cosas sobre ella. Sé que eres un sentimental y te afectan todo lo que te han contado de ella. Una parte de ti seguro que la compadece.

—Creció lejos de sus verdaderos padres... eso la ha marcado.

Lo que menos me esperaba era su defensa, pero no me gusta que ella se piense que puede haber algo entre nosotros.

—A todos nos marca algo, no tengas compasión por ella porque te hará perder la vida. Si tienes que elegir, tú eres primero.

—No eres justa Laura.

—Lo sé, pero yo debo mirar por ti, por nosotros. Esa mujer solo se preocupa por esta niña egoísta.

Dejó de oír más y oigo la puerta abrirse. Me alejo corriendo e intentó disimular.

—Bueno Denisse, lo mejor es que miremos lo del libro. Laura ahora sale.

—Fran, no quiero causar problemas con tu novia, lo mejor es que me vaya a otro sitio.

—Solo cerca de mí podré protegerte, son demasiados listos y tú demasiado estúpida para dejarte sola.

—Sabes que no merezco esa protección. Y no me llames estúpida, imbécil.

—No, tú no, pero tu madre sí.

Se asoma Laura por la puerta y con cara de asco añade:

—Ni esa mujer merece tanto.
—Laura, hazlo por mí.

—Lo siento Fran. Me callaré. Revisar lo del libro.

—Laura…

—No pienso ayudaros. Fran, no me crees, pero esto te traerá problemas. No quiero participar en esto.

Se cruza de brazos echándome miradas acusadoras, como si todo esto fuese culpa mía. Mis padres biológicos han causado esto y tengo que soportar encima a este policía maleducado y a su novia consentida.

—Igual es mejor que me asignen otro policía.

—Eres más tonta de lo que esperaba, es la policía quien te quiere. Son ellos los que tienen a tu madre. Abre los ojos —contesta Laura más enfoscada que antes.

Miro a Fran esperando una explicación, pero se queda en silencio. Entonces Laura me manda sentarme:

—La policía cree que tu padre se ha corrompido y por eso no pasa la información van a hacer lo que sea necesario sin importar que para conseguirla. Y tú eres un medio para ello. Se piensan que contigo el corazón de tus padres se doblegará.

—Mientes.

Miro a Fran que no deja de tocarse el pelo, nervioso suspira y añade:

—Es cierto, siento no haberte dicho toda la verdad. Pero pensé que tu reacción iba a ser problemática.

—Creo que mi reacción es lo de menos cuando mi padre biológico podría ser un corrupto y mi madre podría estar apoyándole —le escupo las palabras como si me quemarán por dentro.

—No vuelvas a decir eso. Tu madre aunque no sea policía es una grande y buena mujer —sus ojos me mostraron dolor, algo incomprensible para mí.
—Y ¿qué es? ¿Narcotraficante?

—Ella es directora de arte en el museo del Louvre.

—¿Qué? Deja de inventarte cosas —contesto más molesta que al principio. Parece ser que no puede dejar de mentirte.

—Tu madre sabe de arte por eso le vino perfecto el trabajo a tu padre, aprendió mucho de arte de ella.

No podía creerle ya nada. Mire a su novia que sonríe satisfecha, aunque no tengo claro por qué. Tal vez ¿por mi sufrimiento? o ¿mi confusión? O simplemente por la desdicha de seguir deseando estar muerta después de oír que el otro padre que aún no conozco puede ser un corrupto. Me vino a la mente otra vez mi padre adoptivo, que tanto quería.

—No hay tiempo para esto Denisse. Entiendo que te puedes sentir extraña incluso dolida; pero...

—¿Entiendes cómo me siento? ¿En serio? —intento reflejarle todo mi odio en mi mirada y en mis palabras —Me has engañado, me has mentido.

—No, te equivocas solo quería protegerte.

—Creíste que era una niña estúpida que podías engañar y manejar a tu antojo mientras protegías la verdad acerca de mi familia.

—Reconozco que me aproveché de tu confianza. Pensé que era mejor que no supieses si quería que todo saldría a mi manera. Pero de verdad que me arrepiento.

Clavo mi mirada en él. Realmente quiere que le crea y seguro que se piensa que le perdonaré.

Hace alrededor de 3 años

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#11

Parte 10

—Fran, necesito estar sola. Tengo que pensar. Voy a salir un rato afuera. Ahora vuelvo.

En cuanto me encuentro fuera cojo varias veces aire; pero aun así sigo sin poder respirar. Miro hacia la puerta del almacén y sin decirles nada me marcho. Vuelvo a mi casa y al llegar mi amiga me abraza y me dice:

—Pensaba que te habías vuelto loca. Me llamó un chico, que no es Javier diciéndome que te quedabas con él.

—Tuve un problema ya está solucionado, él me ayudó.

—Menos mal. Javier te dejo un mensaje que lo llames en cuanto llegues. Es algo importante me dijo. Creo que está molesto porque te fuiste con otro.

—No me fui con otro. Bueno, da igual. Me voy a la cama, luego le llamo.

Aunque me meto a la cama no puedo dormir y comienzo a llorar. Al rato oigo el timbre y mirando por la mirilla veo a Javier. Me acicalo un poco y abro la puerta.

–¿Qué ha pasado? Me tenías preocupado —me pregunta mientras entra a la casa sin invitación.

—Nada, me cruce con la persona equivocada. Pero ya todo está bien. ¿Qué haces aquí?

—Estaba muy preocupado, me dicen que no estás en casa, que te has ido con un chico.

—Me fui con un chico, pero no por lo que tú piensas. Me surgió un problema, solo él podía ayudarme.

Me mira molesto, sentándose en el sofá me pregunta:

—Y ¿para que estoy yo? ¿No podías pedirme ayuda a mí? Denisse ¿cuéntame que sucede?

Veo en la mesilla de la entrada varias cartas y una con la dirección de mi madre. La escondo debajo de las demás y suspirando me siento a su lado:

—Javier siempre te he dicho que mi pasado es complicado y doloroso. Y creo que ahora se va a complicar más que nunca.

—Solo quiero ayudarte, estoy realmente preocupado.

Me aferra entre sus brazos y separándome de él le confieso:

—Sí te cuento puede que te decepciones.

—Eso nunca pasaría.

—Soy una cobarde. —Un nudo de garganta aparece y le digo: —Tenía 16 años y le provoque un infarto a mi padre y lo maté. Desde entonces he huido de mi familia y mi casa.

—Denisse ¿a qué te refieres con que mataste a tu padre? —me preguntó sorprendido.

Volví a suspirar y él me agarro la mano para que cogiese fuerzas para hablar:

—Cuando me dijeron que era adoptada comencé a hacer locuras, hasta que me pillo la policía. Mis padres siempre me habían dejado hacer lo que quisiera, pero ese día estaban muy molestos. Les dije cosas horribles, y por culpa de eso su corazón…

—No fue tu culpa, Denisse. Fueron las circunstancias.

—No es así. Yo lo maté. Si no le hubiera dicho que lo odiaba, cuando era mentira.

—¡No! ¡Tú no lo mataste! Que te entre en la cabeza Denisse. Nunca le hubieras hecho daño. Le querías, era tu padre.

—Pero estaba tan confusa. ¿Por qué me adoptaron? ¿Por qué mi madre adoptiva me abandonó?

—Sí tienes tantas dudas pregúntale a tu madre. No creo que ella te culpe.

—Y no lo hace, y no entiendo por qué. Merezco que me castiguen por lo que sucedió.

—Creo que te has castigado suficiente, ven.

Me abraza con fuerza y me aferro a su pecho, con lágrimas desbordando de mis ojos.

—Y ahora ¿por qué estás en peligro?

—Mi padre adoptivo es policía tiene información importante para sus jefes y me quieren para que mi madre hable.

No debo contarle tanto, le estoy poniendo en peligro, pero quiero que él me proteja.

—¿Cómo sabes eso?

Le miro a los ojos y continuó soltando todo lo que sé.

—Me lo dijo el policía que me salvo de que me secuestraran.

—Y ¿puedes confiar en él? No lo conoces, ¿no?

—Creo que es de confianza ha arriesgado su vida y la de su prometida por mí. Pero creo que no merezco esa protección y tú tampoco deberías dármela.

Mis últimas palabras tensaron la conversación y molesto me dijo:

—No quiero que te pase algo. Vamos juntos a la policía e intentamos solucionar esto con ellos.

—¿Qué? —Contesto, alarmada— No puedo hacer eso.

—¿Por qué? Ellos nos podrán ayudar. Tu supuesto amigo es de la policía.

Su tono cambia, se encuentra molesto conmigo o está demasiado celoso; pero me incomoda esta situación. Sin poder evitarlo me pongo a la defensiva, tomo distancia y le contesto:

—Hay mucho corrupto dentro de la policía.

—Y eso ¿te lo ha dicho tu amigo?

Su voz suena cada vez más áspera y le miro intentando conectar para relajar el ambiente, pero no tiene pinta de estar por la labor. Entonces intento defender a Fran:

—Sí, pero Fran me ayudó y…

—Ya veo, confías en él y lo conoces de un día. ¿No confías en mí? —se levanta del sofá mientras me clava la mirada con furia.

#12

Parte 11

Su comportamiento me desconcierta e intento explicarle la situación lo mejor que puedo:

—Esto no tiene que ver con lo que siento por ti. Él es policía me ha salvado la vida y los otros agentes de policía que me encontrado le han amenazado tanto a él como a mí.

—Le han amenazado tal vez porque se está pasando la ley —su aspereza es más que evidente.

—No sé por qué te pones así. Si quieres hablamos con él. Así te quedaras más tranquilo.

—Porque ese hombre te está poniendo en peligro, no te está salvando. Si la policía quiere hablar contigo, deberías poner de tu parte. Involucrarte con él no te va a hacer ningún bien.

—Entonces ¿tú me protegerás?

—Por supuesto, te quiero Denisse. No permitiré que nada te pase.

Pensé que nunca me lo diría, le miro estupefacta y él se sonroja apartando la mirada de la mía. Le agarro de la barbilla para que vuelva a mirarme, mostrando una sonrisa leve le digo:

—Yo también te quiero Javier. Pero no te convengo.

—Eso lo decidiré yo.

Al decir eso nuestros labios se fusionan en un intenso beso, sus brazos me rodean la cintura. Oímos llamar a la puerta con brusquedad y nos separamos sobresaltados. Al abrir la puerta Fran se encuentra furioso y entra echando pestes por la boca:

—¡Bueno, no ibas solo a tomar el aire! ¡Te dije que no podías volver a casa! ¡Vamos!

Me agarra del brazo y tira de mí, pero Javier se lo impide agarrándole del brazo.

—¿Quién eres?

Mi cuerpo se tensa al notar como Javier se pone a la defensiva, temiendo la reacción de Fran.

—Tú eres Javier, ¿Verdad? —pregunta con tono amigable, dejándome desconcertada—Yo soy Francisco, policía. Estoy protegiendo a tu novia.

—No la toques. Suéltala ahora —contesta Javier más agresivo y autoritario que al principio.

—Me la tengo que llevar —aparece de nuevo su personalidad dominante.

—He dicho que la sueltes.

El rostro de Javier se muestra rudo y veo cómo aprisiona con más fuerza el brazo de Fran. Este se ríe con desdén y le pregunta:

—¿Por qué quieres que la suelte? ¿Qué quieres de Denisse?

—Soy Javier, soy el novio de Denisse y debo protegerla.

Suspira, mientras sus ojos se claven en mí para regañarme:

—¡En serio! Con este tipo. Tienes muy mal gusto. Bueno me disculpo con ambos, pero tendréis que dejar para otro día el juego de las parejitas. Tienes que venirte conmigo Denisse.

—Si ella se va, yo me voy con ella —vuelve a insistir Javier, sin disminuir su enfado.

—Mira que te lo has pillado cabezón —dice con sonrisa burlona. Añade poniéndose serio:
— Te equivocas tú te quedas aquí. Obedece, soy de la policía.

—Enséñame la placa.

Javier suelta una risotada y Fran me suelta para agarrarlo del cuello de la camiseta.

—Fran, suéltalo.

—Yo no soy el que tiene un problema con la autoridad. Por qué no me cuentas que te pasa con Denisse.

—Es mi novia.

Veo como el rostro de Javier se va enrojeciendo de la fuerza que emplea Fran.

—Si me mientes, lo sabré. ¿Qué quieres de ella?

—Fran, ya. Déjalo, por favor— mi voz se quiebra por temor a que sigo ahorcándole.

—¿Te fías de este chico? ¿de cuánto lo conoces?

—Él es de confianza, daría su vida por mí y yo la mía.

#13

Parte 12

Lo suelta con brusquedad y dándose la vuelta hacia la puerta me dice:

—Espero que no te equivoques. Moveros.

Ayudo a levantarse a Javier del suelo que aún está aturdido. Y con torpeza salimos del piso. Nos lleva a un escondite nuevo. Al no ver a su prometida le pregunto:

—¿Qué sucedió con Laura?

—Le busqué otro escondite. Bien, sigamos con lo del libro. Luego intentaremos aclarar un poco la situación.

Javier enfoscado le dice:

—Ahora aclaremos la situación. ¿Qué sucede? ¿Por qué pasa todo esto?

—¿Por qué no cierras la boca? Ella sabe lo suficiente.

Ambos, mi novio y yo nos miramos asombrados. Parece ser que hay más información que ha preferido ocultarme.

—Cuéntamelo Fran.

—No te vas a sentir liberada al saber toda la verdad, al contrario. Y viendo lo mal que te estás adaptando a los problemas no deberías preguntar nada más.

Aunque tiene razón sus palabras solo lograron enfadarme más. Pero no con él, sino conmigo misma. No creí que fuese tan débil. Agarro el brazo de Javier para que no insistiese y le digo:

—Tiene razón. Lo mejor es esperar a que esté preparada. Sea lo que sea que me diga no reaccionaré bien, prefiero no saberlo.

Al instante Fran me pasa el libro que cogimos en la biblioteca y vuelvo a revisar. Está vez dedico un tiempo a cada página. En un costado del libro veo unas letras en mayúsculas MNLS. También encuentro varias palabras subrayadas dentro del libro como: cuadro, museo del Louvre, retrato de la condesa del Carpio. Entonces les digo:

—Debo ir al museo. Estoy segura de que allí hay una pista.

—¿Eres consciente de todas las personas que te buscan?

Vuelvo a mirar el libro, señalo lo del museo con el dedo mientras se lo enseño a ambos.

—Sí, ha quedado claro que quieres ir al Louvre. Y la policía nos está buscando, en cuanto pongas un pie allí te atraparán.

Doblo la página para no perder los apuntes de vista y sin esperar su permiso comienzo a revisar todos los armarios.

—¿Qué estás buscando?

—Sí queremos entrar al museo necesitamos un buen disfraz.

Fran suspira profundamente y pasando a otro cuarto saca varias pelucas, sombreros. Me da una rubia y refunfuñando me dice:

—Si nos pillan estaremos perdidos.

—Y si no actuamos también. Venga, no tenemos todo el día.

Los tres nos cambiamos completamente. Creo que es imposible que alguien nos reconozca. Volvemos a meternos en el metro con más gente que antes. Javier me agarra de la mano para no perderme mientras Fran me agarra el brazo. Creo que la guerra no ha terminado entre los dos. Al llegar al Louvre, vemos que hay un montón de vigilancia, policía, detectores de metales. Conseguimos entrar sin problema. Una vez dentro decido buscar el cuadro mencionado por mi padre, examino cada detalle en busca de cualquier pista.

—Estamos buscando mal. Este cuadro nunca fue importante para tu padre —señala Fran.

—¿Qué quieres decir? —le pregunto.

—Nunca le oí hablar de este cuadro. Y le gusta el arte, pero este cuadro nunca le pareció importante. Tiene que ser otro. Déjame el libro.

Le paso el libro. Ambos lo miramos con mucha atención, mis ojos se clavan en cada palabra, letra. En cambio Javier sigue examinando el cuadro.

—Es esto. —Sus dedos señalan a las cuatro letras en mayúsculas que se encontraban en el libro— Esta es la pista. MNLS, Monalisa, así la llama.

—La llama así ¿quién? ¿por qué?

—La abuela era una amante del arte y se enamoró de ese cuadro por eso le puso ese nombre a mamá, Lisa. Y papá la llama así, por los secretos que oculta. —Su entusiasmo le brotaba por los poros.

—¿Papá? ¿Mamá? ¿La abuela? ¿Mi madre se llama Lisa?

—Vamos, tenemos que buscar el cuadro. Ahora todo encaja.

Me agarra la mano y parando en el cuadro de Monalisa lo mira de arriba abajo. Javier decide quedarse a seguir mirando el otro cuadro por si estábamos equivocados. Decidimos echarle un par de fotos por si no llegamos a encontrar algo y nos quedamos durante unos minutos viéndolo. Entonces oímos barrullo por los pasillos. Al girarnos vemos varios policías.

Hace más de 2 años

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#14

Parte 13

Fran me coge de la mano y corremos con todas nuestras fuerzas hasta la salida del museo. Nos dirigimos al metro. Me cuesta hablar y las palabras me salen a trompicones por la falta de aire.

—¿Cómo han podido encontrarnos? Y ¿Javier?

—Seguirá en el museo. Pero no te preocupes por él, como no estaba con nosotros no le harán nada.

—¿Seguro? —pregunto dubitativa, incluso algo molesta por su falta de preocupación.

—Sí, luego aparecerá.

Mientras íbamos hacia el escondite Fran no dejaba de mirar las fotos y al entrar le digo:

—Ahora me vas a explicar lo de papá, mamá, la abuela. ¿Por qué hablas de ellos como si fueran tu familia?

De pronto entra por la puerta Javier diciendo:

—Eso Fran cuenta ¿por qué dijiste eso en el museo?

Se lanzaron miradas asesinas, Fran parece petrificado por mi comentario y vuelvo a insistir:

—¿Qué tienes que ver con mis padres biológicos?

—No es obvio, Denisse. Te consideraba más inteligente —Javier lanza su mirada asesina hacia mí.

Le miro estupefacta, indago en cada expresión, cada palabra, cada gesto de Fran desde que le conocí y con un nudo en la garganta afirmo:

—Son tus padres.

—Sí, son mis padres. Lisa y Remi se casaron, a los pocos años ella se quedó embarazada de mellizos. Te secuestraron, pero nunca apareciste.

Siento que el suelo se hunde y mis piernas caen junto a todo mi cuerpo. Noto unos brazos que me agarran, veo a Fran a mi lado. Busco a Javier sin éxito, hasta que oigo un chasquido. Mis ojos siguen ese ruido y lo veo empuñando un arma.

—Sentaros en esas sillas, ahora.

Me ayuda a levantarme y obedecemos sin poner nada de resistencia. Consternada por todo lo ocurrido le pregunto:

—¿Qué haces Javier?

—Cierra la boca. Aquí yo hago las preguntas y vosotros como buenos chicos contestaréis todo sin rechistar. Decirme ¿dónde está vuestro padre?

Fran comienza a reírse jocosamente y le dice:

—Así que esta es tu cara. ¿Policía secreta? ¿Interpol?

Javier menea la cabeza con disgusto y nos lanza unas cuerdas.

—Hazme el favor, preciosa. Agarra a tu hermano a la silla. Crees que la Interpol se iba a interponer, ¿no? No soy de esa empresa, ni de la policía secreta. Llevaba unos meses intentando acercarme a ti, Denisse. Total para descubrir que no sabes nada de tu familia. Ahora me diréis todo y no os mataré.

—Tendrás que disparar, porque no vamos a hablar.

De pronto, Javier encañona el arma contra mi frente, estremeciéndose todo mi cuerpo y Fran se enfurece.

—Sabes que si le haces daño no conseguirás nada de mí, ni de mi madre.

—Créeme ni ella ni tú aguantaríais una tortura. Cantaríais muy rápido. Pero creo que ninguno de los dos sabéis aun donde esta vuestro padre, ¿no?

Ambos nos miramos y él riéndose añade:

—Bien, he dado en el clavo. Pero sois los únicos que podréis adivinarlo.

—Escucha Javier. A mi padre le han tendido una trampa. Hay policías dentro corruptos que son los responsables de esos cuadros falsos —dijo Fran con tono desesperado.

—Claro que lo sé. ¿Quién te crees que me ha contratado a mí?

Miro a Fran intentando encontrar sentido a todo esto, sin embargo, su rostro se tensa produciéndome más intranquilidad.

—No eres de la policía, no eres de la Interpol —al decir eso su voz se quebró.

—No, soy un mercenario. Tengo dos objetivos: encontrar a vuestro padre y eliminar posibles amenazas.

—Entonces ¿nos mataras? —pregunto Fran recobrando la compostura.

—Por supuesto, es un buen trato. Me pagaran muy bien. Al fin y al cabo son cuadros muy caros los que han robado o eso tengo entendido. Y ahora os toca hablar a vosotros. Toma asiento, preciosa.

Rechino los dientes, furiosa e intento negarme, pero él me agarra del hombro y a la fuerza me obliga. Va pasando las cuerdas a mi alrededor y apretándolas. Cuando termina conmigo se acerca a Fran, golpeándole con dureza en la cabeza mientras le coge el móvil del bolsillo. Le veo manejar con detenimiento, me imagino que las fotografías y pregunta:

—Os dejo verlo, y me dais vuestra opinión.

Vemos que nos enseña la imagen de la mona lisa completa y nos pregunta:

—¿Qué pequeño detalle se os ha pasado? Decirme.

Ninguno contestamos, no sabemos que decir y él busca en mi chaqueta el libro. Abriéndolo por donde deje la marca lo examina y nos lo enseña a nosotros. Intento mantener la cabeza fría para adivinar el mensaje de mi padre. Vuelvo a mirar a Fran buscando una respuesta y que él niega con el rostro.

—Bueno, ya veo que tengo que poner un poco de presión —Apunta con su pistola a mi pierna y me pregunta jocoso: —¿Tú? O ¿él? Decide.

Hace más de 2 años

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#15

Parte 14

—Apúntate a ti, imbécil —contesta furioso Fran.

—Y aun tienes ganas de vacilar.

Le veo alejar el arma de mi pierna y le oigo disparar dirigiéndose a Fran. Este suelta un quejido. Su hombro está sangrando. Lucho contra las ataduras sin éxito. El miedo y la furia se apoderan de mí, pero el subidón de adrenalina no consigue darme las fuerzas ni la habilidad para liberarme. Javier dirige el arma hacia mí. Sin poder controlarlo comienzo a llorar desconsolada y le suplico:

—No, no, no me dispares. No me mates. No sé nada.

—Es una pena que no hayas sido entrenada como tu hermano. ¿Verdad, Fran?

—Cierra la boca —le dice con asco.

Javier le da un codazo en la cabeza sin dejar de apuntarme a mi cabeza. Veo que cambia la dirección a mi brazo y temo lo peor.

—Déjala en paz, y métete con alguien de tu tamaño.

Girándose para mirarle y apuntarle con el arma le dice:

—No te cansas, ¿verdad? Bueno, si tanto quieres que te golpee te daré el gusto.

Vuelve a soltar el puño contra su rostro, sin embargo, Fran lo esquiva echando la silla para atrás. Le agarra del brazo y le golpea con todas sus fuerzas en el codo. Oigo un crujido, pero aparto la vista temiendo ver sangre o algo peor. Notó que me está soltando las ataduras y me dice:

—Vamos, tenemos que salir de aquí. No sé cuánto tiempo estará inconsciente. Venga Denisse —no puedo moverme y me zarandea— ¡Denisse, muévete! —Sigo sin poder mover un músculo, aunque quisiera poder hacerlo. Oigo un disparo y mi cuerpo se estremece— Ahora vámonos.

Me levanto en cuanto tira de mi brazo y le sigo a donde sea que me lleve. Corremos durante largo rato y cuando llegamos a otro almacén, me suelta. Se quita la camiseta y le veo examinar la herida. A los segundos veo salir de otra sala a su novia, muy exaltada:

—Sabía que esto iba a ocurrir. ¿Ya estás contenta Denisse? Y ¿tú, Fran eres imbécil? ¿Quieres que te maten?

—Sabes que no estás siendo justa, Laura.

—Eso es lo único que oigo. No eres justa, no eres justa. Y ¿tus padres son justos contigo? Y ¿ella es justa? —Me fusila con la mirada y me dice furiosa— Si mona, tus padres no son justos. A ti te alejaron de este mundo. Viviste sin saber de dónde provienes, como son tus padres; pero a Fran le hicieron el gran favor de meterle en todo esto.

—No fue culpa mía.

—Déjala, Laura. Y ayúdame a curarme.

—No debería ayudarte. Así aprenderás en no juntarte con personas egoístas.

—Laura por favor, contrólate.

—No me digas que me controle, solo no quiero perderte.

Sus últimas palabras salieron con congoja y Fran la aferro es sus brazos mientras le susurraba:

—No moriré. Nunca te dejaré sola. Estaré contigo siempre.

—Eso no lo puedes saber, hoy podías haber muerto. Dejarlo estar, no continúes con esto.

—Me perseguirán y lo sabes. Y no puedo abandonar a mi familia, tú no lo harías, aunque se lo mereciesen.

Ella comenzó a llorar desesperada y se aferró a su cuello. Me sentía un poco fuera de lugar, pero intente que mi presencia pasara inadvertida. A mí también me convenía que solucionaran sus problemas. Cuando ya se tranquilizó y dejo de llorar, cogió el botiquín y comenzó a currarle la herida de bala.

—Tampoco puedo decir nada de esta herida reciente que tienes.

—Me dispararon.

—Eso ya lo sé, y me imagino que por ella.

—Laura…

—Ya lo dejo Fran.

Curándole ambas heridas le tapo con vendas y le agarraba de la mano mientras le preguntaba:

—¿Ella ya lo sabe?

Hace más de 2 años

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#16

Parte 15

—Sí, ya sabe toda la verdad.
Me mira incisiva y sin poder evitarlo aparto la vista. Entonces me pregunta:

—Eh, Denisse, ¿qué opinas de todo esto?

—Estaría mejor excluida de todo esto, pienso. No sé nada de mi familia ¿por qué no ha podido seguir así?

Al instante, Fran me lanzo una mirada de asco y Laura agarrándole del brazo contesta:

—Por esto le dije que no te ayudará. Eres la típica persona que solo se preocupa por sí misma. Ellos te quieren. Revolvieron cielo y tierra para encontrarte. Y así se lo pagas.

—Ellos me han metido en este problema –contesto furiosa.

—No, ellos te están ayudando a salir de él. ¿Qué sucedió con tu padre adoptivo y madre adoptiva?

—No te metas –alce el puño sin poder controlar mi enfado.

—Tu conciencia te atormenta, aunque intentes callarla.

Fran se interpuso entre las dos, creo que teme una pelea entre ambas, ya que me agarra de la mano.

—¡Chicas, es suficiente! Necesitamos solucionar esto, no entorpecer más la situación. Deberíamos poner a salvo a tu madre.

—Se supone que la tienen secuestrada –no reduzco mi furia ni dejo de mirar a Laura.

—Nuestra madre no. Tu madre adoptiva, puede que vayan a por ella para amenazarte. ¿Sabes dónde vive?

—Sí, no ha cambiado de piso –suspiro y tiemblo cuando pasa por mi cabeza la idea de enfrentarla después de tantos años.

—¿Por qué estás tan segura? –Pregunta dubitativo.

—Ella no ha dejado de escribirme. Supongo que quiere reconciliarse conmigo. La dirección que aparece en el remitente es la misma.

Noto como se distancia de nuestra conversación y se queda pensativo. Entonces agarrándome del brazo me dice:

—Nos vamos ahora mismo. —Se centra de nuevo en su novia que le oigo susurrarle— No salgas de aquí. Si ves algo raro, ya sabes que tienes que hacer. No te expongas. Escúchame, volveré a por ti. No permitiré que nada te pase.

Ella le agarra del brazo y le pide:

—Déjame ir contigo. Por favor, no me dejes aquí esperándote.

Se separa de ella con brusquedad. Agarra sus hombros, la mira con fijeza a los ojos para mandarle:

—Tienes que quedarte aquí. Necesito que estés a salvo.

—Sabes que puedo ayudarte —le reniega soltándose de sus brazos.

—No quiero que te metas en esto. Ya no haces misiones, lo dejaste por algo.

—Lo deje porque quería estar más tiempo contigo. No quería pasarme meses infiltrada sin verte. He dicho que voy e iré.

Así que es policía supongo que por eso es tan fría en esta situación. Veo cómo ambos continúan discutiendo.

—Necesito que te quedes y busques el paradero de mi padre. Cuando lo encuentres iremos juntos a buscarle.

Reaccionando mal a ese comentario se marcha a la habitación continua, pero él la sigue no sin antes soltar algún que otro juramento. Al rato sale más cabreado, pero no me atrevo a preguntar. Le sigo hasta a fuera y le digo la dirección de mi madre antes de que pague conmigo la pelea con su novia. Montándonos en un coche de las cercanías, llega a mi antigua casa. Aparca un par de manzanas más lejos, pero hasta que no nos acercamos al portal no entiendo el por qué. Veo a mi madre dirigida por dos hombres meterse en un coche de policía. Fran me agarra antes de que pueda correr a socorrerla. La situación me desborda de nuevo y le suplico a Fran:

—Hay que salvarla, no puede morir.

—No la matarán. Pero estoy de acuerdo contigo. La única manera de hacerlo es encontrando a papá. Él podrá ayudarnos.

—¡Papá no puede ni salvarse a si mísmo y nos va a salvar a nosotros! —le empujo y vuelvo hacia casa.

Al instante, él me agarra y pegándome a la pared me detiene:

—El único que tiene algo para negociar es nuestro padre. Así que no vayas de sobrada. No sabes dónde te estás metiendo.

—No. No sé dónde me habéis metido. Es muy diferente. Yo no he recibido ninguna formación como vosotros, soy una simple civil.

—No seguiré discutiendo contigo.

Me agarra del brazo con más fuerza y me obliga a meterme en el coche. Llegando al almacén encontramos en la mesa armas y tres mochilas con suministros para unos días.
Al oírnos entrar Laura nos dice:

—Todo está listo. He encontrado a vuestro padre. He cogido todo lo necesario. ¿Nos vamos?

Fran agarra unas esposas mientras mira de reojo a Laura. Ella ya está armándose con una pistola y algún cuchillo.

—Ni se te pase por la cabeza Fran. Te acompañaré.

Fran me pasa un cuchillo para que me lo guarde. Suelta el cargador de su pistola reglamentaria y revisa las balas. Suspira, estirando el cuello, haciendo unos ruidos desagradables añade:

—Entonces vámonos. Estoy deseando acabar con esto.

Hace alrededor de 2 años

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#17

Parte 16

No puedo evitar tener miedo. No estoy preparada para esto. Pero al montarme en el coche, ya es demasiado tarde para echarme atrás. Conduce Laura durante varios kilómetros mientras explica como encontró a mi padre.

—Solo hay que llegar a Montpeyroux que es donde nacisteis vosotros. Me imagino que se esconderá en la antigua finca de vuestros abuelos.

—¿Cómo sabes todo esto?

—Encontré las fechas de un viaje a Montpeyroux en tren de tu padre por la fecha de vuestro nacimiento. Además, a las pocas semanas se hizo una denuncia de dos bebés desaparecidos en esa zona. Corresponde con vuestra historia.

Al oír eso último mis pelos se erizan y pregunto algo asustada:

—¿Pone algo más respecto a la denuncia de mi desaparición?

—Tengo una copia en la carpeta, mírala tú misma.

Coge los papeles Fran y abriendo la carpeta rebusca en los papeles. Me los pasa sin mirarlos, supongo que ya sabe que pone. Leo y releo cada frase y palabra. Examino la perfecta caligrafía del documento y todos los datos de mi verdadera familia. Fran me indica:

—No vas a contarme nada.

—¿No sabes que pone?

—Esos documentos nunca habían estado en mi poder.

—Refieren los padres, Lisa y Remi que la noche del jueves, 5 de marzo unos ladrones entraron a su casa. La madre se escondió con ambos bebés en la habitación de invitados, mientras su marido, actual inspector de policía, intenta detener a los ladrones sin éxito. Dos de los ladrones entran en el cuarto donde está con los bebés. Golpeando a la madre la dejan inconsciente. Huyen con ambos bebés y varios cuadros. Ambos padres refieren que poseen una colección más valiosa en una caja fuerte dentro de la casa, que inciden que los ladrones la querrán a cambio de la vuelta de sus hijos.

—Ambos fuimos secuestrados. ¿Por qué mamá nunca me lo dijo?

—Denisse lee los siguientes informes de la policía.

Pasó varios papeles y veo un informe del hospital y de la policía.

—Paciente Francisco, hallado después de un mes de búsqueda en las inmediaciones de la casa de los padres. Secuestrado por una familia de ladrones de antigüedades, que refieren no saber nada del otro bebé. No ha sufrido ningún daño. En la casa de los ladrones se encuentra la ropa del bebé desaparecido. Pero ninguna pista de su posible situación.

No puedo continuar leyendo un nudo se ha creado en mi garganta. Y Fran se gira para mirarme y agarrarme de la mano.

—Denisse, Denisse, tranquila. Las recuperaremos a ambas. Nadie volverá a separarnos.

—No entiendo nada. ¿Por qué nos hicieron eso? Nuestros padres estuvieron mucho tiempo sin saber nuestro paradero.

Laura me indica:

—Encontré la investigación de tu padre sobre vuestro secuestro y a las dos semanas hubo una llamada exigiendo ciertos cuadros de la caja fuerte. Ellos se las dieron, pero los secuestradores nunca cumplieron su palabra. Supongo que se les fue de las manos cuando encontraron a Fran y no pudieron pedir los demás cuadros que deseaban. Y decidieron darte en adopción para no exponerse.

—Quieres decir que no encontraron a todos los secuestradores.

—Estoy segura de ello. Es más, lo más probable es que a los secuestradores les una algún tipo de relación familiar.

—¿Por qué piensas eso?

—Creo que tienen alguna implicación en este caso, y la única razón por la que un ladrón volvería a atacar a los mismos sería por venganza.

—Pero eso no es seguro. Aunque es una teoría plausible.

—Este caso me huele mal. ¿Qué tienen en vuestra contra la policía? ¿Por qué hasta ahora no os han atacado? Ha habido muchos casos de obras de arte y hasta que no vino Manuel; no supimos donde estaba Denisse. Creo que no es casualidad.

—¿Qué te refieres? Yo ya me he perdido —pregunto algo confusa.

—Yo tampoco lo tengo claro, así que no quiero adelantar acontecimientos hasta que no este con vuestro padre. Creo que con él podremos atar cabos.

Por fin llegamos a la villa, y antes de bajarnos del coche Laura me indica:

—Ponte siempre detrás de nosotros, no hagas ruido y si ves algo extraño nos avisas. Sé que estás pensando que no deberías estar aquí porque eres una civil, pero siento que tú sabes algo que nosotros desconocemos que nos ayudará a solucionar todo esto.

—No estoy ocultando nada.

—No me refiero a eso. Cuando llegue el momento lo sabrás. Vamos a inspeccionar la casa.

Mientras Fran forzó la puerta de la casa, Laura apuntaba con su pistola y vigilaba. Poco a poco entramos y ambos inspeccionaron la parte baja de la casa. Continuamos subiendo las escaleras sin encontrar rastro de nadie. Entonces lo vi un cuadro familiar en medio del pasillo, Fran se me acerco para decirme:

—Esta es tu familia. Bueno, nuestra familia. Nuestros padres. Pidieron un autorretrato el día de su boda.

De pronto, oímos un ruido detrás de nosotros, nos giramos y vimos una sombra.

Hace alrededor de 2 años

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#18

Parte 17

—¿Qué hacéis aquí? ¿Quién es esa?

—Papá ¿eres tú? —contesto Fran intentando divisar su rostro.

—Fran, Laura, ¿quién es ella?

—La encontré papá. Natalia, está viva.

De pronto, con rapidez le veo acercarse a mí, por miedo me echo para atrás. Se para justo enfrente de mí y me mira a los ojos.

—Natalia.

Me abraza con tanta fuerza que me cuesta respirar, noto como tiembla. Se separa de mí y veo su rostro lleno de lágrimas.

—No me lo puedo creer. Te hemos buscado tanto tiempo. Y ahora… estás aquí. Tenemos tanto de que hablar.

—Remi, no hay tiempo, tienen a Lisa y a su madre adoptiva como rehén —contesta Fran algo inquieto.

—Fran ¿qué has hecho? Te dije que no te involucraras en esto. Lo voy a solucionar muy pronto.

—Sí mamá muere no habrá nada que solucionar.

—No hay tiempo de reproches. Que falta de profesionalidad de tu parte.

—Bien. Entonces Inspector le informo de cómo está la situación.

La tensión se siente en el ambiente y en tal momento incómodo, no pude evitar enfadarme.

—Sí, claro. Discutir. Como ahora mismo no nos persiguen policías corruptos y un sicario. Os recuerdo que soy una civil. No debería estar metida en esto.

—Tiene razón, Natalia. Ya es hora que actuéis como es debido y os dejéis de enfrentamientos.

Esto era nuevo en ella, que me diese la razón, pero no pude pasar por alto como me llamo.

—Me llamo Denisse, no Natalia. No volváis a llamarme así.

Remi cogió una bocanada de aire llenando todo el pecho y se tocaba la nuca como si algo le pesará.

—Estoy de acuerdo. Busquemos un sitio más seguro para hablar. Puede que os hallan seguido.

—Que dudes de mí, es insultante inspector. Pero supongo que debido a lo que nos enfrentamos, es posible que nos puedan hallar aquí.

—Veo que se te ha pegado la misma prepotencia que a mi hijo.

—También la profesionalidad.

Me estoy cabreando otra vez por las tonterías que se les ocurría en momentos tan críticos. Parece ser que mi familia real era más falsa que la anterior. Note a Fran inquieto, pero intentando distanciarse de la conversación. Cogiendo la carpeta que llevaba en la mano se la entregó a Remi, que cogiéndola, metió unos papeles que llevaba y le dijo:

—Entonces vayamos a un sitio más seguro para hablar. A mí tampoco me gusta hablar aquí.

Bajamos hacia la bodega y abrió una especie de pasadizo. Nos llevo andando un buen tramo, que ya me estaba cansando. La humedad y el frio de las rocas de las paredes se metían en mi cuerpo. Llegamos a varios cruces y cogiendo el de la derecha llegamos a otra bifurcación. Y así durante media hora. Por fin llegamos a una trampilla que se abría hacia un bosque frondoso. Una cabaña se deslumbraba a lo lejos. Nos dirigimos hacia ella, mi padre continuaba con la carpeta en la mano, sin examinarla en ningún momento. Al entrar encendió unas velas y puso los papeles sobre la mesa. Me acerque a la ventana e intente abrirla y todos me chillaron.

—¡Estate quieta!

—¿Qué pasa? No se ve nada con esas velas.

—No queremos que nadie sepa que estamos aquí. Si vosotros habéis sido capaces de llegar a la conclusión de mi escondite. Estos ya lo habrán adivinado.

Saco los papeles que había metido en la carpeta cuando estaba en otra casa, y los deja en una esquina de la mesa apartados. Pone la información que encontró Laura y la examinó. Luego miro a Fran y Laura, y les pregunto:

—¿Habéis llegado a alguna conclusión con estos papeles?

Noto como Laura le mira con severidad.

—En serio, ¿eso es lo único que le preocupa?

—No entiendo, a ¿qué te refieres?

—Para que molestarme. Aparte de que le habéis ocultado a Fran que el también fue secuestrado, no tengo ningún problema.

—Así que ella habla por ti —contestó mirando a Fran— No es lo que pensáis. Queríamos evitar que sufriese más. Todo lo que hicimos Fran, es porque te queremos. Si Natalia hubiera crecido con nosotros le hubiéramos dado el mismo trato.

—¡Eso no es cierto! —gritó Laura.

—Gracias a que fuimos tan duros ahora estás vivo. Y nos preocupábamos por Natalia más porque no sabíamos que fue de ella. No le enseñamos a defenderse, no tuvimos la oportunidad.

Vuelvo a romper la disputa y les digo molesta:

—Bueno, podéis empezar a idear un plan o solucionar esto. Os recuerdo que tienen a mi madre.

—Lisa está a salvo, mientras ellos no obtengan lo que quieren.

—No es de Lisa de quien estoy preocupada. Por mucho que os duela no la conozco y no la reconozco como mi madre.

Remi me miro furioso y me regaño:

—¿Qué educación te dieron? No te voy a permitir que vuelvas a hablar así de tu madre.

—Remi, tu falta de profesionalidad —contesto Fran algo jocoso.

—¿Esto es lo que habéis tenido que aguantar estos días? —me miro y me señalo una silla al fondo del cuarto— Siéntate allí, en cuanto sepamos que hacer te diremos.

—Pero me crees estúpida.

—No, estúpida no. Solo una niña malcriada. Así que cuando te comportes como un adulto te trataremos como tal. Mientras tanto las niñas al rincón.

Tanto Fran y Laura me miraban disfrutando ese momento. La rabia me recorrió todo el cuerpo, pero decidí no dejarla salir. Me acerque a la mesa y le explique:

—Lo primero sería hablarle del sicario contratado por la policía.

—No creo que sea un sicario, pero sin duda es un mercenario. Vino a sacarnos información, para después matarnos. Parece ser que Denisse tenía una relación romántica con él.

No pude evitar mirarle molesta y me defendí ante tales acusaciones:

—Es un amigo. Mis amigas también lo conocían. Nunca sospeche nada raro.

—Por eso te engañó. Bueno por lo menos ahora sé de que pasta estás hecha. Y no estás preparada para lo que va a venir. Tenías que haberla dejado en lugar seguro Fran.

Hace alrededor de 2 años

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#19

Parte 18

—Seguimos con la misión y luego nos encargamos de ella—contestó Laura.

—Bien, centrémonos —mandó Remi con severidad.

—He llegado a la conclusión —prosiguió Laura— que estos ladrones podrían tener algún parentesco familiar. Es más, creo que se ha causado este revuelo por algún tipo de venganza.

—¿Qué te hace pensar eso Laura?

—No me dirás que algo no te huele mal. ¿Tenéis en vuestro poder más cuadros?

—Sí. Pero no están aquí.

—Creo que es la segunda parte que esperaban recibir. Y como encontrasteis a Fran tuvieron que renunciar a ellos. Pero si no me equivoco, ellos solos no pudieron hacerlo.

—Alguien más les ayudo, pero cuando entraron a la casa solo había dos ladrones, justamente los que atraparon.

—¿Tenían familia? Hermanos, tíos, padres, hijos, cualquier familiar vale.

—En el informe había un hijo, lo llevaron a servicios sociales. Tendría cinco años. Su única familia vivía fuera del país y no quisieron hacerse cargo de él.

—Recuerdas como se llamaba.

—No lo sé, han pasado muchos años. Pero se le interrogo y no sabía nada del otro bebé. Estaba en shock por la muerte de su padre, le dispararon por oponerse al arresto. El crio debía estar delante cuando sucedió.

—Ese niño… —se quedó pensativa—. No consigo unir las piezas, pero algo no encaja.

—Laura, entiendo que quieres decir. Pero no tenemos tiempo para esto, hay vidas en peligro. Y yo tengo información.

—¿A qué te refieres?

—Tengo videos, documentos que inculpan a la policía. A Manuel, por ejemplo.

—Sabía que estaba metido en el ajo, y creo que esconde mucho más.

—¿Instinto femenino Laura? —pregunta Remi.

—Llámalo como quieras, pero ese hombre oculta algo gordo. Nos conviene saber que es antes de que nos ataque.

—Entonces ¿vamos a empezar a hacer algo? —pregunté, aunque sin ningún cambio en ellos.

—Debemos llamar más arriba, al fiscal y enseñarle las pruebas. Él enviara la orden para detenerlos, pero antes debemos saber dónde las ocultan. Porque si ellos se enteran las mataran.

—Y ¿cómo piensas enterarte? —preguntó Fran con poca confianza.

—Ya lo sé.

—A ¿qué te refieres?

—Tu madre lleva un dispositivo GPS implantado bajo lo piel. Siempre sé dónde está, a ti quisimos implantártelo, pero debido a tu trabajo de infiltrado podrían matarte por ello.

—Y ¿por qué no has ido ya?

—Había quedado con el fiscal hace media hora en la casa y no ha llegado. He recibido un mensaje suyo del retraso, pero creo que algo va mal.

—¿Por qué no nos has contado esto desde el principio? Puede que también sea corrupto.

—No lo creo, pero creo que lo están siguiendo. Y él lo ha notado por eso igual los está intentado despistar. La cuestión es que habrá que separarse. Unos salvaran al fiscal junto con las pruebas y otros salvaremos a las chicas. El problema aquí es que por lo que veo Natalia, digo Denisse no nos puede ayudar.

—Es raro que lo diga papá, pero es más dura de lo que parece. Pruébala, te sorprenderá. Supongo que la frialdad de algo le sirve.

—Perdona —contesté ofendida.

—No tranquila. Estoy acostumbrado, no es necesario que te disculpes.

—¿Quién se está disculpando, imbécil? Soy dura porque me enseñaron a defenderme.

—¿En serio? —contesta riéndose de mí.

—No te rías. Vosotros no lo entendéis. Habéis pertenecido a algo, teníais un pasado. Yo nunca he estado vinculada a nada.

—Porque no pusiste de tu parte. Tuviste una familia y la desaprovechaste.

—Si realmente te hubiera importado tu investigación te hubiera llevado a mucho más, que a unos padres responsables y maravillosos. No sabes lo que sucedía dentro de la casa.

—Que tú los tenías locos con tus caprichos. Que te castigaban sin salir y tú te escapabas.

—Nunca te preguntaste el porqué. Solo me escapaba cuando mi madre me dejaba sola con mi padre.

Capte la atención de todos, que me hizo sentirme incomoda. Y Fran serio me preguntó:

—¿Por qué huías entonces?

—Siempre había una buena excusa para taparlo. Cuando era pequeña, lo llamaban niña torpe y cuando fui mayor parece ser que solo quería llamar la atención. Y eso no era lo malo. No, lo malo es que ella no lo sabía. Mi madre se pensaba que él me quería. Pero un día me di cuenta, él siempre me vio como una extraña y me odiaba. Me costó verlo, incluso ahora me sigo echando la culpa de lo que paso ese día y sigo creyendo que merecí cada uno de sus golpes. Huí, si, deje sola a mi madre porque detestaba oírla alabar a ese hombre que tanto daño me hizo. Que nunca le desee la muerte porque en mi ineptitud le quería como si fuera mi padre.

Volví a la esquina y me senté. Fran se acercó a mí y Remi se encontraba detrás de él. Me abrazo y me susurraba:

—Perdóname.

No me moví ni un centímetro, todo esto era tan incómodo para mí. Y Laura añadió:

—Denisse, aquí esta tu verdadera familia. Sé que nunca cambiara el pasado, pero podemos cambiar tu futuro.

Aparte a Fran, y le dije:

—Siento deciros que aun así para mí no es lo mismo. Creo que será difícil consideraros mi familia.

Remi dice sonriendo:

—No te preocupes la de las reconciliaciones es Lisa, ella se encargará de poner los lazos que faltan.

—Creo que hay cosas que nunca cambiarán.

De pronto, oyen ruidos fuera de la cabaña, se agachan y me mandan que haga lo mismo. Entonces se oye una voz:

—Remi, Fran. Sé que estáis dentro. Hagamos un trato.

Aunque ellos los notaba confusos, reconocí su voz, tan ansiada para mí y volvió a hablar.

—Ustedes me dan todos los documentos que tienen en su poder, me entregan los cuadros y podrán irse ilesos. Y ambas madres sobrevivirán.

Hace alrededor de 2 años

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#20

Parte 19

Al instante me acerco a donde estaban los demás agachados y les pregunto:

—¿Qué vamos a hacer?

Entonces Remi chilla:

—¡¿Quién eres?!

—En serio inspector, esa es tu mayor preocupación. Deme lo que pido y le juro que la policía dejará el caso. Es más, le daremos pruebas de que usted no tuvo nada que ver con el robo de las piezas de arte.

Arrastrándose hacia la puerta abrió un poco intentando ver al hombre, pero disparo a la puerta. En un arrebato me levante cogí varios documentos de la mesa y salí de la cabaña, sin poder evitar que Remi me agarrase del pie y caí al suelo. El hombre armado era Javier, que apuntando hacia mí disparo a la puerta de nuevo. Con eso consiguió que Remi apartara la mano y yo le grite:

—¡No dispares llevo los documentos!

Me acerque poco a poco. Cuando estuve lo suficientemente lejos de la cabaña, él me dio una mochila, donde metí todo. Se la colgó a la espalda y mirándome fijamente me dijo:

—Ya está. Lo hemos conseguido. Me ha dicho mi hermano que hemos clavado el papel. Tienen grabado todo lo que paso en tu casa. Nunca sospecharán nada. Vámonos.

—Espera. Avisa a tu hermano. Y dile que tenemos la ubicación de los cuadros. Remi ha dejado demasiadas pistas.

—Tranquila. Ahora mismo lo hago.

Marco un número y al coger:

—Manuel, tenemos las pruebas. Todas. Y los cuadros también. Te dije que ella cumpliría… No es necesario que vengas… Te dije que no… Con esto nos vale. Manuel como vengas, no seré responsable de lo que haga.

Colgó y apago el teléfono, me dijo con el rostro algo blanquecino:

—Tengo malas noticias. Manuel está viniendo hacia aquí.

—Busca venganza, no podemos dejarles en esa cabaña los mataran.

—Y ¿qué quieres que haga Denisse? Y han soltado a tu madre adoptiva, a Lisa quieren matarla.

—Pero Javier me dijiste que esto no iba a pasar.

—Me equivoqué, pensé que para Manuel era más importante su trabajo. Lo siento.

—No lo sientas. Debemos hacer algo. Tienen que saberlo.

—No vas a volver a esa cabaña. No te involucres. Ellos son policías.

—Debo hacerlo. Deséame suerte. Volveré a ti.

Le bese y él me rodea la cintura con los brazos. Nos alejamos y me dijo:

—No permitiré que mueras.

Volví a la cabaña, todos se encontraban aun agachados y al verme se quedaron pálidos. Sé que no podían haber oído nada de la conversación, pero creo que sentían que yo había destruido su único puerto para salvar a los dos rehenes y no iban mal encaminados. Entonces Laura se puso de pie y me abofeteo:

—Niña estúpida.

Entonces le agarra de la muñeca y empujándola contra la pared le dije:

—Vienen Manuel y sus hombres. Debemos huir.

—Si huimos ahora nunca podremos volver. Ya no tenemos pruebas.

—Vienen a matarnos. Debemos coger el coche.

Todos la miraron raro, y entonces oyeron una voz, pero esta vez más cerca.

—Soltar las armas y os contaremos todo.

—No vamos a soltar las armas.

Sin poder sostener más esta falsa dije con confianza:

—Javier, cariño, no se van a rendir —Las miradas se clavaron en mí. Y volví a añadir para no dejar dudas—: Ellos no se fían de ti. Y ahora no se van a fiar de mí. Tienen a Lisa y van a matarla en cuanto os maten a todos.

—¿Qué quieres decir Denisse? —me pregunto Fran consternado.

—Soltar las armas y os explicaré. Pero antes tenemos que ir a otro sitio más seguro. Me tenéis que dar vuestra palabra de que no le haréis daño a Javier.

Todos se miraron, pero el primero que lo afirmo fue Fran. Javier enfundó el arma. En cuanto Fran salió de la cabaña se abalanzó sobre Javier y lo empotro contra la pared para decirle:

—Como nos traiciones tu cabeza rodara por el suelo. Como le hagan daño a alguien de mi familia, te descuartizaré.

—Suéltalo Fran.

—No te preocupes Denisse. —contestó Javier— No pensaba haceros daño a ninguno. Solo queríamos los cuadros.

De pronto, oyeron ruidos de motores. Soltando a Javier este les dirigió hasta su coche. Montándonos todos, Remi me pregunto:

—Cuéntanos la verdad.

Javier conducía y me dio la mano para cobrar valor para contarles:

—Os engañe todo este tiempo. Si soy vuestra hija, pero yo sabía de vuestra existencia y de todo lo que pasaba. Javier me puso al tanto. Él me dio en adopción, es el hijo mayor de la familia que me secuestro. Manuel es su hermano pequeño, el único de que tuvisteis constancia. Ellos no querían hacer esto.

—Mi hermano quería vengarse, pensé que con obtener los cuadros le serviría. Había superado todo el pasado, se había convertido en policía. Pero el volver a verle Remi, le destrozo por dentro. Recobró sus antiguos recuerdos y con ellos el deseo de venganza. Él no sabía la existencia de Denisse, hasta que yo se lo dije. Yo os aleje de vuestra hija.
Veo como Remi desenfunda el arma y la apunta contra Javier.

Hace alrededor de 2 años

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#21

Parte 20

Mira para atrás y le chillo:

—¡Remi, por favor baja el arma! —Obedece al instante, aunque no creo que sea por mí—- Por favor, yo le quiero. Él me protegió desde pequeña y me enseñó a ser fuerte.

—Nos engañaste en todo —dijo Fran con el rostro desencajado.

—No tuve elección. Ante todo, soy tu hermana. Sé que estuvo mal que te disparase, pero Manuel debía creer que estábamos de su parte.

Fran se quedó pensativo, mi padre me miraba aun con el arma en la mano, pero ya lejos de la cabeza de mi novio.

—Se llama síndrome de Estocolmo, a muchos rehenes les pasa. Has pasado mucho tiempo con tu agresor y has creado un vínculo afectivo —contestó Laura con superioridad.

—Sé lo que siento. Él tampoco me creyó y me dijo lo mismo que tú. Pero es la verdad. No bromearía con algo así, nos estamos jugando la vida.

—¿Cómo sucedió todo esto? —preguntó Fran aun consternado por la noticia.

—Javier nunca se separó de mí y me enseño muchas cosas. Ambos hemos hecho varios trabajos relacionados con el mundo del arte. Cuando ascendieron a Manuel y le cambiaron de puesto, se encontró con Remi, y le vinieron todos los recuerdos olvidados. Y quería vengarse. Quería matar a toda la familia, Javier le convenció de terminar el trabajo de sus padres robándoos todos los cuadros. Pero no hay forma de que se sienta satisfecho. Ahora todos estamos en peligro.

—Denisse tiene razón. Será capaz de matarme a mí con tal de lograr su cometido. Por tanto, deberíamos buscar alguien con poder que dé la orden de arrestarle antes de que nos encuentre él y sus hombres.

—Tengo un contacto con un fiscal que debo entregarle los documentos para que mande a la caballería contra Manuel. Los papeles que te ha entregado ella —dijo Remi.

Dándome una señal Javier, le devolví los documentos a mi padre.

—Sois asquerosos ladrones —dijo Fran —. Volveremos y les enfrentaremos. No podemos seguir huyendo.

—Si los enfrentas mataran a tu madre.

—No tienen por qué. Y si llamas tú, pidiendo que la suelten Javier. Tu voz es muy parecida a la de tu hermano.

Dando un giro al volante se dirigió de nuevo a la casa:

—Está bien. Dame el teléfono. Escucharme este es el plan. Remi, entrega los documentos a tu contacto y luego recogerás a Lisa. Sé dónde la tienen y nosotros nos quedaremos aquí a combatir a mi hermano. Si mi hermano no te ve creo que tendremos más oportunidad de escapar.

Paro el coche un poco lejos de la casa y llamo a los secuestradores. Pidió que la soltaran en un lugar público. Dándole la ubicación exacta Remi se fue con el coche, pero antes nos dijo:

—Fran, creo en ti. Y Natalia, sé que no te gusta que te llamen así, pero siempre serás mi hija. Has traicionado a tu familia, el desenlace de esto decidirá si mereces ser perdonada o no.

Montándose se marchó con el coche. No pude evitar que esas palabras se clavaran en mi como una daga. Sin duda, les he traicionado. Javier me toco el hombro y mirándome con decisión me animó:

—Podemos con esto, Denisse. Hemos estado en situaciones peores.

—Ahora me gustaría que me recordaras una sola peor.

Mostré una ligera sonrisa que él respondió con ternura con un beso en mi frente. Laura suspirando firmemente desenfundo su arma y dijo:

—Creo que no es necesario que lo diga, pero no podemos matarlos. Son policías, algunos son corruptos, pero otros solo reciben órdenes.

Javier se rio y añade:

—No voy a empezar a matar ahora, nosotros no somos así. Vamos cariño.

Mire con cara de asco a Laura, creo que nunca me va a caer bien. Entramos a la casa con cuidado por un pasadizo oculto. En la parte de arriba se oían ruidos. Fran empezó a indicarnos por donde ir para pillar a los nuevos inquilinos por sorpresa. Sinceramente no me apetecía enfrentarme a nadie. Pero como me dijo Javier hemos estado en peores. Poco a poco subíamos las escaleras y entramos en la primera habitación, escondiéndonos detrás de la puerta. Fran y Laura se quedaron pegados a la pared, intentado adivinar cuantos hombres había. Atenta les oíamos hablar, por lo menos debía haber cinco. Fran nos indicó que marcháramos a la otra habitación Javier y yo. Un hombre armado miraba por la ventana mientras decía:

—No creo que estén ya aquí. Creo que lo del coche aparcado aquí es un señuelo. ¿Qué opinas Derek?

—Que no te pagan por dar tu opinión. Así que cierra la boca.

Esa persona se encontraba lejos de nuestro campo de visión. Pero esta era nuestra oportunidad de derribar a unos de los policías. Con lentitud Javier se acercó a su espalda y agarrándole del cuello, le apretaba dejándole sin respiración. Logrando que se desmayara por la falta de oxígeno. Le registre, supongo que, por costumbre, pero no tenía nada interesante. Lo escondimos detrás de unas cajas de cartón. El otro hombre volvió a hablar:

—Ya era hora que obedecieses, Hanks. Te habrá costado morderte la lengua… Hanks… Hanks Venga no te lo tomes tan a pecho. Hanks, en serio. Informa.

Oímos como Derek avisaba:

—Creo que Hanks está herido, revisaré la planta de nuevo.

—Le mandamos refuerzos. En la cabaña no haya nada ni nadie,

Entrando a la habitación le empotro una lampara de cerámica en la cabeza, cayendo de bruces contra el suelo, perdiendo la conciencia. Ahora debíamos esperar a los refuerzos. Escondimos también a Derek.

Hace alrededor de 2 años

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#22

Parte 21

Pronto vemos a tres hombres más a lo lejos. Fran vuelve a indicarnos que nos pongamos en posición para atacar. Me escondo detrás de un mueble. Fran lo bloquea golpeándole con dureza en la cabeza con la culata de su arma. Dejándole inconsciente lo escondemos, pero entonces aparecen por la puerta los dos hombres. En cuanto nos ven comienzan a dispararnos, nos ponemos a cubierto. Javier no se separa de mí, y sacando el arma dispara hacia ellos sin darles. Entonces me dice:

—Escúchame Denisse, tú corres y yo te cubro.

Asiento con la cabeza y comienza a disparar. Corro hacia el otro extremo de la habitación saliendo por la otra puerta. Ellos no me ven, así que tengo la oportunidad de pillarlos desprevenidos por detrás. Me acerco con lentitud, me sigue Laura, que me indica para agarrar entre ambas a los dos hombres. Con sigilo nos encontraos detrás de los dos hombres, cogiendo dos jarrones que hay en una esquina en la entrada de la habitación le paso uno a Laura. Ambas nos miramos y señalándole atizamos a los hombres en la cabeza con los jarrones. Javier se acerca a nosotras rápido para decirnos.

—Vienen diez hombres, hay que salir y buscar a mi hermano. Seguir aquí sería peligroso.

Fran sale el primero hacia el piso de abajo. Evitamos la puerta principal para no cruzarnos con aquellos hombres y Javier sin hacer ruido abre la ventana del salón, con cuidado salimos fuera. Oímos un disparo y miro a Javier que aún se encuentra en el interior de la casa. En su brazo hay sangre, sonríe levemente y cierra la ventana sin salir de la casa. Me acerco a la ventana e intento abrirla, Fran me agarra y tira de mí para alejarme de los disparos.

—Fran, suéltame. Javier está herido.

—Él ha decidido quedarse allí, luego volveremos a por él. Su hermano no lo matará.
Recobro el sentido común, y agarrando el hombro a Fran le confirmo.

—Vamos a por Manuel.

Laura me sigue en todo momento, y nos dirigimos hacia la casa continua al caserón que es desde donde vienen los hombres. Vemos varios hombres rodeando la casa. Decidimos neutralizar primero a los que están en el lugar más alto. Evitando que los demás me vieran, me pongo detrás del hombre y lo golpeo con una piedra que recogí en el suelo, lo agarro para que no hiciese ruido al caer. Fran y Laura ya han neutralizado a dos más. Nos quedan tres más, me dirijo hacia otro de los hombres para dejarlo fuera de combate. Entonces oigo varios disparos y miro hacia dentro de la casa, sale por la puerta Manuel que chilla:

—¡Sé que estas aquí! ¡Hermano da la cara! ¡Traidor!

Miro hacia el caserón, donde hemos dejado a Javier. De pronto, veo que está a unos metros de Manuel. No puedo creerme que haya neutralizado tan rápido a diez hombres, pero así es Javier. Veo a Manuel desenfundar su pistola, apunta hacia su hermano. Corro para abalanzarme contra él y ambos caemos al suelo, poniéndonos en pie comienzo a golpearlo con todas mis fuerzas, logro hacerle sangrar de la nariz. De un golpe suyo caigo al suelo, hiriéndome en la cabeza. Oigo a Fran gritar mi nombre y otro disparo. Alzando la vista veo a Javier tirado en el suelo, no se mueve. Una furia recorre mi cuerpo y solo quiero matar a ese hombre. Sin contemplaciones, comienzo a propinarle puñetazos, pero no sirve de nada. Me golpea con rudeza, y me apunta con su pistola. Oigo un disparo, mis ojos se cierran por inercia y al rato siento que alguien me agarra.

—Denisse, Denisse. Reacciona.

Le miro anonadada y vuelvo a mirar hacia Javier. Corro hacia él y solo veo sangre en su camiseta.

—Javier responde. Javier.

Tose y con voz ronca me dice:

—Denisse, te quiero. Quiero pedirte perdón...

—No —digo acongojada— no quiero.

—Denisse, escúchame —tira de mi brazo y yo me aferro a su mano intentando retenerlo— siento haber sido egoísta y no dejarte ir con tu familia. Te quiero y quiero que seas feliz.

Me besa con ternura mientras acaricia mi rostro. Y ya no noto la fuerza de su mano, ni su respiración, le abrazo desesperada y solo puedo sollozar:

—No, perdóname. Vuelve.

Fran intenta apartarme de él, pero no quiero. Y los oigo discutir a Laura y Fran. Este se queda conmigo, hasta que se me pasa la congoja. Con cuidado nos ponemos a resguardo en la casa llevándonos a Javier. Laura no se encuentra con nosotros. Y sin dejar de mirar el cuerpo inerte de Javier, le pregunto:

—Y ¿dónde está Laura?

—Estaba bloqueando a los demás hombres, nos tiene que sacar de aquí.

Me aferro a las manos de Javier que van enfriándose por momentos y le susurro:

—Te necesito, vuelve a mí.

—Denisse.

—No quiero oírlo, Fran –contestó molesta.

—No oírlo, no cambiará el hecho...

—Nada lo cambiará, Fran —le chillo furiosa.

—No lo dudo, pero...

—Déjame Fran —me aferro a su pecho intentando buscar algún ápice de vida.

—Denisse

Oímos sonar un teléfono, parece ser que es de Javier. Rebuscamos en sus bolsillos y encontramos una carta que pone mi nombre y su teléfono móvil. Fran descuelga y le oigo decir:

—Si estáis a salvo mandar una ambulancia.

—…

—No tranquilos Natalia está bien. Es Javier.

—…

—Papá, ahora hablamos, pero manden refuerzos ya. Se ha puesto todo muy mal.

Cuelga el teléfono y me mira:

—Ahora vienen. Debemos movernos.

—No lo voy a dejar aquí.

—Denisse.

—Él no lo haría.

—Lo sé, pero céntrate.

Miro la carta y a Javier, le beso con delicadeza y los ojos rebosantes de lágrimas mojan su rostro. Vuelvo a decirle acongojada:

—Volveré a por ti. Espérame.

Hace alrededor de 2 años

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Parte 22

Fran tira de mí y salimos de esa casa. Se me acongoja el corazón en cada paso que me alejo de Javier y noto más presión en la mano de Fran. Creo que en ese momento me lee la mente, porque estoy a punto de correr de nuevo hacia Javier. Llegamos al caserío donde varios coches de policías rodean la zona. Laura se encuentra hablando con un agente. Fran acercándose a la ambulancia les dice que vayan a ver a Javier, ninguno de los dos le miramos las constantes, pero el disparo encajó en el corazón, no hay dudas de que está muerto. Supongo que quiere que alguien se encargue de su cuerpo por respeto a mí. Acercándose un oficial nos da orden de llevarnos a todos a comisaría. Una vez allí me avasallan a preguntas, acerca de mi pasado, de mi presente.

—Bien, ¿desde cuándo conocía a Javier?

—De siempre. Él era uno de los secuestradores, pero para mí es algo más.

Ambos policías se miran sorprendidos y me preguntan:

—¿Tiene alguna unión afectiva con este sujeto?

—Es mi novio.

Ambos vuelven a mirarse y siguen el interrogatorio.

—¿Qué sabías de la muerte de los agentes Francis y James?

—Nosotros no matamos a nadie, solo somos unos ladrones vulgares.

—Eso lo tendremos que valorar nosotros. Ponte cómoda aun tenemos mucho que preguntar.

Me quieren dejar en el calabozo por mi implicación en el caso, pero tantos mis padres como Fran y Laura hablan a mi favor. Y me dejan salir bajo fianza hasta el juicio. Entonces llega el momento más incómodo, mi madre adoptiva está allí y también mi madre biológica. Poco a poco se acerca Lisa hacia mí y yo me echo para atrás. No quiero su consuelo, quiero a mi madre, la que me crio y sepa ayudarme a soportar este dolor que me desgarra por dentro. Entonces Lisa como si me hubiese leído el pensamiento deja pasar a mi madre y ella abriendo los brazos corro hacia ella. La abrazo y no puedo parar de llorar.

—Mamá, mamá.

Ambos sollozamos y ella me susurra en el oído:

—Perdóname, hija. Siento que estés sufriendo tanto.

—Quiero ir a casa.

Nos dirigimos hacia la puerta y Fran nos detiene.

—Tienes que venir con nosotros, no puedes ir con ella. Estamos todos bajo sospecha, sobre todo tú —Se dirige a mi madre—: Lo siento, Teresa, pero no podemos arriesgarnos con esto.

Mi madre se separa de mí y mirándome a los ojos me asegura:

—Iré a verte hasta que pase todo esto.

Fran extiende su mano hacia mí, aunque no quiero ir hacia él, termino yendo a su lado. Él me sostiene del brazo mientras vuelvo al lado de mis padres biológicos. Lisa me abraza con fuerza y me mira de arriba abajo sin dejar de hacer preguntas:

—¿Cómo estás? ¿Te trataron bien tus padres? Natalia, tenemos tanto de que hablar.

—Mi nombre es Denisse.

Al instante Lisa mira a Remi que solo supo encogerse de hombros ante mi respuesta. Fran me separa de ellos y les dice:

—Darle tiempo, para ella somos desconocidos —Tira de mí y me lleva hasta el coche, de cerca nos sigue Laura. Y añade al abrirme el coche—: No te preocupes, Laura no viene con nosotros. Solo estaremos los tres en casa. Voy a despedirme de ella y nos vamos.

Montándome en el coche le veo acercarse a Laura, se abrazan un buen rato, y no puedo evitar envidiarlos. Si tan solo Javier no se hubiera hecho el valiente. Dejándose de abrazar le oigo decirle a Laura:

—No quiero retrasar la boda, pero la situación como puedes ver no es la más apropiada.

—Lo entiendo, siento no haber sido más comprensiva con todo lo que ha pasado.

—Estabas preocupada por mí, no hay nada que perdonar. Y gracias a ti hemos terminado con esta situación. Solo espero que ella pueda estar bien.

—Es fuerte, Fran. Lo superará.

Me quedo pensado en esas últimas palabras y aparto la vista de ellos cuando se comienzan a besar. Sé que soy fuerte, pero la única persona en quien he confiado siempre ha sido Javier. Me acuerdo de la carta que me dejo y la saco del bolsillo. Menos mal que la policía no le ha parecido importante. Comienzo a abrirla de un extremo con cuidado y temor. Entonces oigo la puerta abrirse y veo a Fran mirarme estupefacto. Se sienta a mi lado y me acaricia el rostro. Le aparto de una manotada y él me dice:

—Vuelves a llorar. No creo que quieras que ellos te vean así, se pondrán pesados contigo.

—No es que pueda controlarlo.

—Solo hasta llegar a casa. Entonces les controlaré para que te dejen tu espacio y llores.

Me pasa unas gafas de sol que se encuentran en el coche y poniéndomelas, entran Lisa y Remi. Nos llevan con el coche hasta un piso. Como promete Fran consigue que me dejen tranquila y sola en una habitación. Decido darme un baño antes de leer la carta, y metiéndome en la ducha noto como el agua caliente resbala por mi cuerpo al igual que mis lágrimas sobre mi rostro. Intento contenerlas sin éxito y salgo de la ducha por miedo a desmayarme dentro. Sin secarme bien me visto y me siento en el suelo apoyando mi espalda en la cama. Vuelvo a tener la carta entre mis manos y la observo con detenimiento. Las lágrimas siguen brotando de mis ojos, no siento dolor, solo vacío. Entonces oigo:

—¿La abrimos juntos? —Miro hacia arriba, sorprendida y veo a Fran mirando muy serio. Y añade—: He llamado a la puerta y no contestabas. Déjame ayudarte.

Le entrego la carta y señalo a mi lado para que se siente conmigo. Con lentitud le veo acercarse a mí, abre poco a poco la carta y comienzo a sentir que el aire me falta en los pulmones. Al abrirla, estoy segura que el corazón se me para y él comienza a leer:

#24

Parte 23

—«Señorita Denisse,

Siempre me ha gustado ver tu expresión de enfado cuando te llamaba así. Mi pequeña ladronzuela. Comenzaste robando pequeñas piezas de oro y acabaste robándome el corazón. Sé que las cursiladas no son cosas nuestras, pero es algo que siempre quise decirte. Eres el tesoro que más aprecio. Y no me importa que me pase a mí, si tú estás a salvo. Te pido perdón por haberte arrebatado a tu familia, por no haberte permitido crecer con ellos. Pese a lo que puedan parecer, sé que te quieren, cada uno de ellos. No pierdas la oportunidad de conocerlos. Tu pasado nunca debe condenar tu futuro. Engrandeces todo lo que tocas, por eso yo cambié a mejor. Por esa misma razón cambiaras tu vida a mejor.

Denisse, Natalia, mi ladronzuela te amo.»

Las lágrimas salen más deprisa de lo que me da tiempo a limpiar y Fran me abraza, sollozo entre sus brazos. La congoja ahora me desgarra el corazón. Me presiono el pecho intentando calmar el dolor sin éxito. Y oigo a Fran susurrarme:

—No intentes calmarte. Solo llora.

Acabo quedándome dormida sin dejar de llorar en ningún instante. Despierto al día siguiente sobre la cama. Me levanto consternada y con los ojos dolorosos junto a un dolor punzante en la cabeza. Me viene el recuerdo de Manuel apretando el gatillo, y vuelve la angustia a mis entrañas como una bofetada cruel. Las lágrimas vuelven a salir y eso me enfurece. Fran se asoma por la puerta y me dice:

—Levanta, vamos a desayunar.

—No, no me apetece.

—Escúchame, Denisse. Solo tomar algo caliente y te dejo en paz.

—Está bien. Gracias, Fran. ¿Están Lisa y Remi?

—Sí, pero han prometido no atosigarte.

Me levanto y me aparto las lágrimas de nuevo. Él me vuelve a decir:

—No es bueno que te contengas.

—No voy a estar llorando en cada esquina como una mártir.

Él me da la mano, pero se la aparto. Y con furia salgo de la habitación, al llegar a la cocina los veo a ambos. Deseo salir corriendo, esta situación no es natural. Sentándome me sirven leche caliente en una taza y ambos no dejan de mirarme fijándose en todos mis movimientos. Fran carraspea y añade:

—Hoy tenemos que volver a comisaría, quiero acelerar el proceso. Así podremos enterrar cuanto antes a Javier. ¿No te parece Denisse?

Asiento con la cabeza mientras me bebo la leche. Vuelvo a mi cuarto con un objetivo, terminar cuanto antes esta falsa. Durante los días siguientes me centro en ser clara con los oficiales en mi testimonio y poco a poco se van aclarando las cosas. Y consigo que me dejen enterrar a Javier. Mi madre en ningún momento se separa de mí, durante ese día todos me apoyan, pero sé que no puedo continuar así. Debo escapar ya. Preparo mis cosas para volver a mi casa con mis compañeras de piso y Fran me detiene en la puerta.

—Sabía que te ibas a ir sin avisar, pero ¿a dónde?

—A mi casa, seguiré viniendo.

—Denisse, antes quiero hablar contigo.

Nos sentamos en el sofá y apesadumbrado me dice:

—Como bien sabes Laura y yo nos vamos a casar. Estamos con los preparativos. No quiero que por una promesa que le hiciste a tu novio te quedes aquí sufriendo. Si quieres huir, huye. Sé que volverás, y ahora necesitas ser libre. Necesitas olvidar. Todos lo entenderemos, yo les haré entender. Aléjate de lo que te recuerde a él.

#25

Parte 24

—Eso es imposible, hasta respirar me recuerda a él. Quiero ir a tu boda, me alegro por ti, de verdad… —Agacho la cabeza algo entristecida — Pero tienes razón, necesito ser libre y olvidar lo que sentía por él. Y veros a vosotros no ayuda.

Sonrió levemente sin dejar de embargarme la tristeza y él me abraza para susurrarme:

—Te echaremos de menos. Pero no puedes seguir sufriendo.

Nos separamos con lentitud, me muestra una sonrisa muy leve. Me acompaña a la estación de autobuses. Dejándome sola elijo un destino, los acantilados de Etretat. Había oído maravillas es momento de descubrir si es cierto. Durante el tiempo allí recorrí senderos, me ganaba algo de dinero en trabajitos esporádicos. Y recobre las fuerzas perdidas para volver a mi hogar. Para volver a empezar. Su recuerdo sigue en mi mente, incluso el dolor, pero ahora sé que podré lograrlo. Siento que lo vivido solo fue un mal sueño.
De vuelta a mi ciudad me hospedo en el hotel más cercano al centro, disfruto de una breve ducha. Abro la maleta, sacando un vestido azul marino lo cuelgo en una percha, con una plancha de vapor poco a poco le quito las arrugas. Sacando las planchas y el secador me arreglo el pelo en ondas bien marcadas. Decido maquillarme en tonos suaves. Me pongo el vestido de tirantes finos con escote corazón y corte hasta la rodilla y unas sandalias azules con brillantes. Preparando el bolso a juego con los zapatos, salgo del hotel y cojo un taxi. Me lleva a una iglesia y bajándome del coche veo de lejos a mis padres y mi hermano. Me ve mi hermano que sonríe ampliamente. Me acerco a mi hermano que me abraza con fuerza.

—Me alegro de que hayas venido.

—No me lo perdería por nada del mundo —le miró de arriba a abajo y añado: — Estás echo un pincel.

Sonríe y me dice:

—Uno no se casa todos los días.

Vemos llegar el coche de la novia y me alejo un poco de Fran este le abre la puerta y noto que mamá me agarra del brazo. La miro algo extrañada sin poder evitarlo, pero ella no se da cuenta e intento quitar esa expresión de mi cara. Veo que papá lo ha visto porque noto su expresión de desaprobación. Y vuelvo a sentirme fuera de lugar, como esos días en su casa. Alejo ese pensamiento de mi mente, le hice una promesa a Javier y la cumpliré. La felicidad radiaba en los rostros de ambos. Durante el baile me intentaron sacar a bailar varios invitados, pero los rechacé con amabilidad. Se acercó Remi a mí y sentándose a mi lado me susurró:

—Perdona por lo de antes. Aun me cuesta ponerme en tu lugar. Seguimos siendo unos extraños.

—Mi intención es que no lo seáis por mucho tiempo.

—¿Quieres bailar con tu padre?

Su sonrisa me da una confianza, que hasta entonces no he sentido. Pero algo me aprieta el pecho, mi miedo hacia esta situación puede conmigo.

—Yo no bailo muy bien, pero... debería...

—Sí deberías. Venga, yo te llevo.

Extiende su mano, me arrastra hasta la pista a bailar, sin que ejerza ninguna oposición de mi parte. Y no puedo explicar la satisfacción que siento en ese momento. Estoy bailando con mi padre, no lo conozco, pero me siento protegida. Él me dice mientras sonríe:

—Lo ves no es tan malo. De momento no te he pisado.

—Remi, gracias por esto.

Le vi sonreírme, volviendo a sentirme estúpidamente segura. Cuando terminamos de bailar se me acerco Laura, con su esplendido vestido de novia con encajes en mangas y cintura; y me dijo:

—Te agradezco que estés aquí. Es muy importante para ambos. Él se sentía algo incompleto sin ti, es lo que tienen los mellizos me imagino.

—No, Laura. Yo soy la que tengo que agradeceros, no pensé que pudiera sentirme así nunca.

Nos abrazamos. En cuanto puedo me escaqueo hacia la puerta de salida, pero antes de poner un pie fuera aparece mi hermano.

—No te vas sin despedirte de mí.

—No pensaba hacerlo, solo necesitaba aire.

Ambos nos sentamos en las escaleras del restaurante y él agarrándome la mano me dijo:

—Siento haber sido egoísta cuando hablamos por última vez.

—Te equivocas, no lo fuiste. Supiste que era lo mejor para mí. Creo que tu mujer tiene razón los mellizos tiene una conexión especial.

Entonces tira de mi brazo para abrazarme con fuerza y me susurra:

—Dejará de doler, y mientras estaré a tu lado para superarlo.

Me separo de él, mirando a su rostro, veo tristeza por mí y le regaño:

—Sonríe Fran, es tu boda.

De pronto, aparece un amigo de mi hermano preguntando por el novio y agarrando su brazo lo vuelve a meter para adentro. Antes de desaparecer de mi vista me guiña un ojo. Asegurándome que no viene nadie más, entro a una puerta de la derecha del restaurante y terminando un pasillo cojo la tercera puerta, que está llena de productos de limpieza. Me cambio de ropa por un traje negro, me meto en el tubo de ventilación y subo todo lo que puedo. Llegando a la salida de la tercera planta me acerco a una de las ventanas, puede ver el museo junto a la pieza más cara de todas, una daga decorada con varias piedras preciosas. Será uno de mis mejores golpes. Los planos me han venido de perlas por no hablar de los códigos de seguridad. ¿Quién sospecharía de mí? Nadie sería tan tonto como para robar tan cerca de la pasma. Lanzo la cuerda con el gancho hacia el balcón. Saltando con más habilidad de la que esperaba caigo sobre el balcón del segundo piso. Sacando mi móvil apago las alarmas de ese piso y entro con cuidado de no hacer ruido. Aun se encuentra el hombre de seguridad y no quiero que se mueva de la primera planta. Me acerco a la vitrina donde se encuentra la daga y la observo con detenimiento. Hermosa, esplendida y también me viene una sensación de nostalgia y dolor. ¿Quién apreciará mi hazaña? ¿A quién quiero impresionar? Solo a Javier, y eso no es lo que él quiere. Llevo semanas preparando el golpe y siento que le estoy traicionando. Miro la daga por última vez y vuelvo hacia el balcón. Pero esta vez no me agarro bien de la cuerda y me resbalo. Alguien me coge de la mano y le veo, un hombre con esmoquin, en mi mente se cruzan recuerdos pasados. Me sube con delicadeza y mirándole con fijeza por fin lo reconozco, me dice:

—Me enteré lo de Javier, pensé que dejarías este mundo. Ya veo que me equivoque.

#26

Parte 25

Cada gesto y movimiento solo me reafirma que no venia a colaborar con mi robo, sino a boicotear. Su visión exhaustiva hacia todo mi equipo, no pasa desapercibida para mí, aunque creo que tampoco espera encontrar algo a simple vista. Molesta le digo:

—No he robado nada.

—Menos mal, sería un suicidio con tanta policía ahí abajo.

—¿Qué haces aquí, Marcos? —le pregunto cruzándome de brazos en plan amenazante.

—Pensé que serias más amigable —me contesta sin dejar de sonreír.

—Teníamos un gran golpe entre manos y te rajaste.

—Puede ser que te lo tomases así, pero mi mujer y mi hija me necesitaban.

Al oír eso último no puedo seguir a la defensiva y relajándome un poco le contesto:

—Siento mucho lo de Cecilia.

—Y yo lo de Javier, para mí era como mi hermano.

—Lo sé, Marcos. Siento no haberte avisado del entierro. ¿Vienes de una boda? Vas muy elegante.

—Pues puede que te sorprenda, pero mi mujer era familia de la novia, Laura.

—Que coincidencia.

—Sí, era su tía, es decir, Laura es mi sobrina.

—¿Has traído a Sofia entonces?

—Sí está abajo con sus tías. ¿Te gustaría verla? Está muy grande no la vas a reconocer.

Ambos bajamos a ver a la niña, por supuesto me puse de nuevo el vestido. Marcos me saca a bailar en diferentes ocasiones y también bailo con Sofia, su hija de tres años. Cuando acaba la boda y los novios ya se van al hotel, Marcos se me acerca para invitarme:

—Las tías de Sofía se la van a llevar a dormir. Quieres que salgamos a tomar algo y nos ponemos al día.

Asiento y nos vamos tranquilos a un bar. Nos sirven dos chupitos recomendación de la casa dice el camarero, que me quema la garganta.

—Esto me trae viejos recuerdos. Si Javier se hubiese enterado de las borracheras que me he cogido contigo…

—Seguramente me hubiera matado.

Ambos nos reímos sin controlarnos. Y él me acaricia el rostro.

—Tan hermosa como el día que te conocí.

—Creo que ya te has pasado de copas.

—No puedes negar que si no hubiera sido porque Ceci se quedó embarazada tú y yo estaríamos juntos.

—Pero serás… si para mí solo existía Javier.

—Sí al paso de los años. Cuando me conociste vi tu cara. No soy tonto.

—Bien, si reconozco que cuando te conocí me llamaste la atención, pero nada más. No te emociones.

Él se jacta y le miro mal. Entonces me reconoce:

—Cecilia estaba celosa de ti, de nosotros. Por eso se alegro tanto de que Javier te empezara a interesar. Sinceramente a mí me entristeció.

—Que falso.

—Javier me amenazo para que no me acercará a ti. Mi mala fama…

—Eras tú el culpable. Te inventabas tantas historias y Javier era tan inocente. Además, tú estabas enamorado de Ceci, tampoco es que tuviera oportunidad.

—No, cariño. ¿Por qué te crees que Ceci estaba celosa? No era infundado.

—¿Te enamoraste de mí? —pregunto algo sorprendida.

—Perdidamente, si no me hubiera entrampado Ceci con lo del embarazo, estaríamos juntos.

—Y ¿ahora?

—No diré nada, prefiero esperar.

—¿Esperar? ¿A qué?

—A que te enamores de mí.

Suelto una risotada molesta y añado:

—¿Lo dices en serio?

—Dos chupitos más camarero —le dijo al camarero mientras alzaba la mano para llamar su atención.

—Oye, no me ignores.

—Ey no pasa nada. He esperado cuatro años podre esperar unos pocos más.

—Eres un descarado.

—Eso ya lo sabías, cariño.

Sus palabras suenan aun en mi cabeza, esperará hasta que me enamore de él. Sin duda sabe cómo confundirme, lo que dice es tan absurdo como atractivo. Pero solo puedo beber un par de chupitos más deseando que el dolor siga mitigándose. Sé que él podría hacerme olvidar, ya que una vez lo quise. Desecho esa idea de mi cerebro tan rápido como viene, esto es algo que debo hacer sola. ¿Cuándo dejará de doler? Él me nota despistada y me dice:

—Deja de pensar en los pros y los contras, ahora no estoy pidiendo nada. Solo quiero ayudarte a sobrellevarlo.

—Siento que me he perdido, estoy con él en esa tumba.

—No te puedo prometer que lo olvidaras, eso es imposible. Lo que si estoy seguro que el día menos pensado te levantarás y el dolor disminuirá. No desaparecerá, pero eso es lo que te recordará que vuestro amor fue real.

—Gracias Marcos.

Se bebe el chupito de un trago y lo pone boca abajo sobre la barra.

—Haber quien aguanta más.

—Otra vez no, por favor.

—Tienes miedo.

Me guiña un ojo. Cogiendo el chupito trago rápido y le digo:

—Siguiente.

—No esperaba menos de ti.

FIN