LillyHaggard
Rango6 Nivel 25 (783 ptos) | Novelista en prácticas
#1
    Partes:
  • #2

He fracasado tantas veces que no sé cómo me mantengo viva.
Estoy destinada a perder todo aquello que amo.
Hace un par de meses rescaté a una gatita de la calle. Nos enamoramos mutuamente, pero decidí llevarla al veterinario para que le colocaran sus vacunas y la esterilizaran. Cuando fui por ella me la entregaron muerta porque “tiene un feo golpe y los órganos dañados; es lo que sucede con los animales callejeros, señora; ya se iba a morir, tenía anemia”. La culpable de todo fui yo por no fijarme antes que ese hombre era un fraude. No me devolvió mi dinero a pesar del show que le hice. Claro, lo denuncié junto con más víctimas, pero nada me podrá devolver a Gris.
Las personas como yo no deberían vivir.
Yo no debería estar viva ocupando un espacio, dinero, aire.
Debería estar muerta.
Nunca logro lo que quiero por más que me esfuerce. Siempre estoy a un paso, pero no lo consigo. Caigo estrepitosamente y de la manera más dolorosa posible.
¿Por qué entonces tengo esta sensación? Es como si el hueco donde se supone debería estar el corazón, tuviera un residuo aceitoso de esperanzas.

Hace más de 4 años Compartir:

2

12
Flaneta
Rango11 Nivel 52
hace más de 4 años

Un perdedor quejica, menudo rollo.


#2

Pero no es posible, simplemente no lo es. ¿Por qué habría de querer vivir después de tantas estupideces que cometo?
—Señora —me llama el mesero—. No puede fumar aquí dentro.
Con mucha más fuerza de la necesaria restriego el Marlboro en el plato que ahora sólo contiene migajas de bolillo y mantequilla.
—Lo siento —gruño para que el hombre se marche.
Coge el plato con migajas y se va, pero continúa mirándome desde la barra de la cafetería, así que me muevo para quedar frente a la terraza.
Solo un grueso cristal me divide de mi mesa favorita donde sí puedo fumar sin que me moleste nadie.
Observo a la mujer que me ha ganado el lugar y me percato de que su tinte es malísimo, quizá algún par de días antes fue rubio; tal vez sólo se lo decoloró y prefirió dejarlo así. Qué mal. Fuma mi misma marca y se está terminando un capuchino. No alcanzo a distinguir el título del libro que tiene en las manos.
Me siento enojada incluso porque esa mujer me ganó la mesa que me encanta. Allí se lee bien, sin que el sol llegue directo y las corrientes de aire se quedan atrapadas en las plantas que cantan mientras sueltan su deliciosa fragancia. Incluso odio su cabello, porque debería ser al contrario; sí, ella debería envidiar mi rubio natural.
Tengo unas intensas ganas de llorar.
—Señora —Es ese mesero otra vez, ¿por qué insiste en llamarme señora? Ni soy mayor de treinta ni estoy casada ni tengo hijos—. Lo siento, pero no tenemos jamón de pavo para su sándwich. ¿Gusta ordenar otra cosa o le pongo jamón normal?
Solamente cierro los ojos. Ordené hace quince minutos y apenas me lo dice.
—No importa, usa el jamón que tengas.
—Muy bien —dice y se marcha sonriendo.
Así son los hombres. Creen que las mujeres somos idiotas.
Tal vez lo somos.
Más bien lo soy. Soy idiota. ¿Cómo había podido pensar si quiera en que Daniel me amaba? Estaba loca; no, más bien era estúpida. Aquella charla melosa sobre que dejaría a su esposa por mí... Demonios, incluso pensarlo me hace sentir aún más idiota. Él solamente me usaba. Punto. Yo era su trapo. ¿Cuál amor? ¡Por Dios! ¿Tanta necesidad tenía yo? ¿Y necesidad de qué, después de todo? ¿Sexo? ¿Dinero? Ahora bien, podía empeñar las alhajas, eran muchas y de calidad. Mínimo eso me había dejado el muy imbécil.
El mesero llega con mi café americano, deja dos galletitas en el plato y se marcha. Al beberlo me percato de que no es descafeinado. Creí que el muchacho había entendido que lo quería descafeinado. ¿Acaso ni siquiera eso puedo obtener?
Me trago las dos galletas para evitar gritarle. La última vez que grité me fue muy mal. Le grité a Daniel y, en lugar de parecer inteligente, me eché a llorar. Daniel me corrió de su casa después de hacerme el amor. ¡Maldita basura de vida que tengo!
Tal vez es mi cara de puta. Tengo PUTA en toda la puta frente.
Comienzo a toser y bebo otro trago del café para relajar mi garganta.
Al menos le amenacé con decirle a su esposa.
Pero, ¿la verdad?, no vale la pena. Tienen una hija preciosa de diez años que no merece saber que su padre es un infiel. Echaría a perder su vida.
La esposa ya debe de saberlo. Daniel no es tan bueno para mentir. Ella ha de ser más valiente que yo.
Miro a través del vidrio y descubro al chofer de Daniel, el nuevo, en la entrada de la terraza. No puedo verlo bien porque hay macetas que me tapan la vista. Sin embargo, lo reconozco. Es él.
En fin. Ya no tengo por qué preocuparme por Daniel.
Pero me llama la atención que esté allí, así que lo observo, él no puede verme porque la luz del sol no es propicia para ver a través del vidrio semi oscuro.
Él camina hacia la terraza y se acerca a la rubia falsa.
—¿Usted es Elizabeth Toledo?
¿Elizabeth Toledo? Esa soy yo. Me levanto para protestar por el error, pero la mujer asiente y acepta ser Elizabeth Toledo.
El hombre saca un arma y le dispara directo a la cabeza.
Lo que me hace gritar es la masa ensangrentada que se estrella contra el vidrio que me protege de ensuciarme.

Hace más de 4 años

4

3
DreamxAlchemist
Rango13 Nivel 64
hace más de 4 años

.__________________________. ¡BUE-NI-SI-MO! Esperaré ansioso la próxima parte :3

LillyHaggard
Rango6 Nivel 25
hace más de 4 años

Gracias! :) .. solo que no hay más. Estoy preparando la siguiente parte, pero por ahora ese es el final.. !^^

girandosinfin
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 4 años

Me encanta lo que leo!! Se nota que sabes mucho de gramática. Simplemente atrapante, llevadero y nos deja con muchas ganas de massssss