FrancoLFernandez
Rango7 Nivel 34 (2278 ptos) | Autor novel
#1

PARTE 1

"Hollow...Hollow...Hollow"

La música entraba por sus oídos retumbando en su cabeza casi como yendo al compás del latir de su corazón. La melodía le inundaba los sentidos y en su cabeza transcurrían difusas y diversas escenas en escala de grises. Su habitación como siempre estaba a oscuras pero sin embargo, aun en la penumbra, se podía ver posters de bandas que adornaban las paredes, la computadora que, encendida, emitía un resplandor titilante que constaba de la única luz que adornaba la habitación, en un rincón se podía ver una guitarra eléctrica y a su lado tirados un sinfín de papeles que parecían ser partituras.
Abrió los ojos y salió de su letargo, camino torpemente hacia la computadora y la apago. Había pasado la noche en vela, sin embargo el joven no sentía cansancio alguno. Busco algo de ropa en su armario y entro al baño para ducharse.

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#2

Una vez limpio se vistió con sus mejores ropas (unos jeans desgastados adornados con cadenas y una camiseta negra ajustada al cuerpo) y como pudo peino su alborotado cabello. Tomo entre sus manos la rosa que había comprado aquella noche, y a paso presuroso atravesó el umbral de la puerta aventurándose en el frio amanecer.

Era una caminata de alrededor de quince minutos hasta su casa si es que se apuraba, sin embargo él quería tomarse todo el tiempo que le fuera posible. La noche anterior había querido visitarla por su cumpleaños pero ella había insistido en que se quedase en casa debido a que estaba muy cansada e iría a acostarse temprano. Por lo tanto, no quería ir corriendo a despertarla porque tenía la certeza de que se enojaría con él, aunque seguramente después de unos minutos y unas cuantas muecas de fastidio ella le sonreiría y le besaría.

Si lo pensaba bien, de aquella fecha serian ya dos años de conocerse, fue precisamente durante su fiesta de cumpleaños que la vio por primera vez. Iba vestida poco usual para una chica de su edad: unas medias negras que le llegaban a la altura de la rodilla, un pantalón jean corto deshilachado a los bordes, una musculosa roja estampada con motivos de calavera y una chaqueta de cuero negra cubierta de tachas. Esa visión tan peculiar fue la que lo decidió a hablarle, y toda esa noche se lo pasaron compartiendo gustos y palabras y para cuando hubo salido el sol se compartieron el uno al otro en un arrebato de pasión.

Sin embargo con el paso del tiempo su ropa había cambiado, y también sus gustos pero aun así compartían aquella pasión y sobretodo compartían amor. Con una sonrisa de oreja a oreja, que se empezaba a asomar por su rostro, estrecho la rosa contra su pecho y prosiguió con el pequeño trecho que restaba.

Por aquel barrio la noche aun mostraba rastros de haber sucedido, varios jóvenes caminaban totalmente abatidos procedentes de alguna fiesta, algunos bien pero notablemente cansados mientras que otros se tambaleaban y a duras penas podían mantenerse en pie, a lo lejos se escuchaba la música que sonaba de la casa de alguno que aún no había comprendido que el sol estaba por salir.

A lo lejos distinguió una pareja que caminaba torpemente entrelazada entre si y que iba compartiendo besos apasionados de cuando en cuando. Lo que le pareció raro es que, si bien no conocía al hombre, la chica le resultaba extrañamente familiar, pero no podía ser porque ella estaba durmiendo en su casa, sin saber que esperaba que el la sorprendería con la rosa que llevaba apretada contra el pecho.

Una fuerza que no podía controlar le mantenía estático mientras la muchacha volteaba la vista hacia donde él estaba. El color de la piel se perdía mientras una mueca, mezcla de culpa y miedo, aparecía en su semblante. La chica extendió su mano llamando su nombre pero el ya no escuchaba sino que corría lo más rápido que podía con lágrimas que le brotaban de los ojos y se perdían en la oscuridad.

“Hollow…Hollow…Hollow”

La música resonaba nuevamente en su cabeza mientras sentía como lentamente se desplomaba hacia el abismo.

Hace alrededor de 3 años

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#3

PARTE 2

Caminaba lentamente por la calle oscura mientras expulsaba nubes de humo por la boca, las únicas luces de aquel lugar eran el tenue resplandor de la luna y el brillo chispeante del cigarrillo que poco a poco se acercaba más al filtro.

Pocas veces se había sentido plenamente satisfecho de sí mismo, y es que en aquella ocasión no podía esperar sentirse de otra manera. Aquella mujer que había dejado en el motel era realmente hermosa, de piernas largas y firmes que lo deleitaban desde sus pies hasta las caderas que describían una curva casi perfecta que terminaba en la fina cintura, todo eso sin mencionar sus pechos que, desnudos y a la luz de la luna, lograban cautivarle con una belleza casi hipnótica. Casi valía la pena comprar otro paquete de cigarrillos, ese que le había prometido, y volver a acostarse a su lado acariciando cada parte de su cuerpo, antes de poseerla salvajemente una vez más, sin embargo él sabía bien que debía resistirse a hacerlo, no pensaba caer en el error de compartir más de una vez el lecho con la misma mujer.

#4

Y, de repente, le vino a la mente aquel muchacho, el de ropa negra y pelo alborotado que le había descubierto a lado de su novia. Recordó su rostro pálido y las lágrimas que no podían ser contenidas deslizándose lentamente por su rostro; por un instante sintió un atisbo de pena por él, sentimiento que inmediatamente se transformó en rabia: le frustraban mucho los hombres como aquel, que derramaban lagrimas por una mujer, por un deseo, por un amor… al menos él sabía que él no cometería esa equivocación una vez más. La mujer ni siquiera fue algo que hubiese valido la pena, si después de todo ni se inmuto ante la presencia del chico y aun así dejo que entrara en ella y le poseyera. Grito de placer como ninguna antes lo había hecho pero, para él, no fue tan placentero.

La última ceniza del cigarrillo cayó al suelo, y la luz se extinguió por completo. Había llegado a una calleja desierta donde ni siquiera los bichos que pululaban por las calles o los animales que escarbaban la basura hacían ruido alguno. Fue entonces que escucho detrás de el una respiración, pero al dar vuelta no pudo ver nada. El corazón se le acelero y empezó a caminar rápidamente cuando chocó contra algo.

Y lo vio, oscuro como la misma noche, de pie totalmente inmutable, lo único que se podía ver de el eran los atisbos de piel blanca que se asomaban por el ropaje negro, y también aquella sonrisa de oreja a oreja que llevaba puesta, muy distinto al muchacho sollozante que había huido cuando lo vio junto a la mujer. Tambien se veía el cuchillo, cuya hoja plateada reflejaba el brillo blanco perlado de la luna.

#5

ULTIMA PARTE

Era un trabajo duro, sin embargo sabía que no le llevaría mucho tiempo, tan solo era cuestión de cortar por ahí, cortar un poco más por allá y un poco por aquel lado. Sabía que el tiempo no le apresuraba porque la luna aun brillaba en lo alto. Sus ojos le facilitaban mucho el trabajo, aquellos ojos de bestia que le ayudaban a ver en la penumbra. Lo más difícil de aquello era la sangre, que se volvía pegajosa en sus manos y eso le molestaba, y también los gritos aunque aquellos ya se habían apagado tras la segunda puñalada.

Había querido jugar al papel de valiente, pero al verlo a los ojos su valentía se esfumo completamente dando paso a la típica cobardía de una presa, justo lo que la bestia quería. Lo dejo correr por unos segundos, dejando que piense que la suerte estaba de su lado y cuando ya estuvo a varios metros de distancia lo alcanzo con aquella agilidad innata. El cuchillo atravesó suave como si de una caricia se tratase y fue ahí cuando grito, tras lo que simplemente se dejó morir mientras la bestia hacia su trabajo y manchaba las manos de sangre.

No sabía realmente porque le había cazado, y para ser sincero consigo mismo no le interesaba ya, tan solo sabía que debía de matarlo. Lo había observado ya varias noches antes que aquella para saber cómo se movía su presa, pero aquella noche en particular supo que debía hacerlo cuando lo vio pasear campante por el callejón, alegre y orgulloso de sí mismo.

#6

-Hollow…Hollow…Hollow- tarareo alegremente mientras terminaba su trabajo, un poco por allí y otro por allá. El único problema era la sangre, que borboteaba a montones mientras el cortaba los últimos vínculos que unían el órgano al cuerpo. “Un poco aquí, otro allá” se repetía mientras el cuchillo zigzagueaba de aquí a allá y la sangre seguía molesta, la sangre, la maldita sangre.

El muerto ya estaba perdiendo el color de la piel, que se tornaba pálida, recordándole a alguien de su pasado aunque no estaba seguro de quien. Antes de dar el último tajo se detuvo un momento a comprobar a su presa. Era alto y fornido, y si le hubiera agarrado a plena luz del día talvez podría haber evitado la caza, pero nada de eso le sirvió en las tinieblas cuando la bestia lo agarro entre sus garras. Miedo… miedo era la expresión de su semblante cuando lo vio, no aquel miedo que le lleva uno a defenderse o a correr sino un miedo paralizador, tal vez por eso las piernas le fueron pasadas al alejarse y tal vez por eso le resulto tan fácil alcanzarlo. Miedo… miedo en aquel rostro que le resultaba tan familiar.

Lanzo el último tajo de cuchillo, y una vez terminado sostuvo el órgano en sus manos y se
limitó a observarlo. Estaba totalmente inerte, aunque aún emanaba de el un poco de la sangre que había contenido. Sin ningún reparo, la bestia arrojo el corazón de la presa a un lado y observo su obra.

El hombre estaba tendido en el suelo totalmente pálido, con los ojos apuntando a la luna que ya no podían ver. Las extremidades estaban tiesas y en el medio del pecho tenía un hueco sanguinolento.

La bestia no sintió nada, ni enojo ni pena, ni siquiera orgullo por aquella obra suya. Ni siquiera una pequeña brisa, un atisbo de emoción en aquel hueco dentro suyo donde antes, él también había tenido un corazón.