ElisabetBuixadera
Rango7 Nivel 32 (1835 ptos) | Autor novel
#1
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Sentada en un banco, sola y mirando con gran admiración el horizonte que se refelejaba delante de sus ojos. Así es como estaba Cristina. Pensativa, cansada, ausente y quizá un poco feliz.

Aquel anochezer era más frio que los demás y se podia observar el mar un poco más enfurecido de lo habitual. El mar - pensó Cristina - ese gran regalo de la naturaleza que es a la vez  un gran enemigo de la humanidad. Sus ojos estaban inmersos en ese gran espectáculo como es el crepúsculo cuando se acordó de quién tenia a su lado. Tumbó su cabeza ligeramente hacia su derecha y se tranquilizó al ver que la gran película protagonizada por el sol también había cautivado a su hermano...

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#2

Raúl era aparentemente un chico muy normal. Estatura mediana, ojos marrones y no muy delgado. Le gustaba salir a correr y en contra de lo que la gente decía, Cristina siempre pensaba que no se parecían en nada. Todo lo que se pudiera decir sobre Raúl era normal excepto un cosa. Su manera de ver el mundo. Una manera muy sencilla pero a la vez muy complicada de entender. O no, quizá solo era complicada sólo para los que no les gusta quitarle todo el partido a la vida. Era capaz de hacer ver a todo el mundo la parte buena de las cosas y no dejar nunca que el pesimismo se apoderase de su mente.
- Precioso, verdad? - preguntó Raúl al cavo de un largo silencio -
- Pues si - respondió su hermana aún con la vista fija en el horizonte-
Raúl notó en ella un poco de tristeza, una tristeza que ya hacía demasiados días que duraba y se aventuró a decir:
- Tienes que dejar de pensar. Sólo te lo dejo hacer si cuando lo hagas tu cabeza piense en solo aquello que te está pasando ahora mismo. Y cuando digo ahora mismo no me refiero a la injusticia de esta mañana, a la pelea con tu amiga de la tarde o en lo que te espera mañana. Ahora es ahora. Es ese preciso instante que vives i que no volverás a sentir jamás. Pero no dejes de pensar antes de tiempo. Hazlo sólo cuando entiendas porque tienes que dejar de pensar.

Una fría brisa de aire acarició la mejilla de Marina. Cerró los ojos un instante y pudo oler el mar. Sintió como ese olor a sal se expandía por todo su cuerpo y le proporcionó una agradable tranquilidad.

- Todavía estoy muy lejos de entender tus palabras. Tu entiendes el mundo, yo ni siquiera he encontrado mi lugar en él. - dijo con un suspiro Marina
- Te equivocas. El mundo no está para entenderlo, ni mucho menos. No tienes que entender al mundo ni a los demás, sólo a ti misma. - respondió Raúl - Observa, critica, aplica y no dejes que tu cabeza invente cosas.
Marina le escuchaba atentamente con cara de admiración. No entendía cómo su hermano pudiera hablar así. Él, un chico tan sencillo e inocente. A veces creía que todas las palabras que salían de su boca las sacaba de algún libro, pero con el tiempo entendió que no.

Volvió a centrar su mirada en el crepúsculo y presenció que el sol ya casi no se veía en el horizonte y que la chaquetilla que llevaba empezaba a dejar que el viento helado calase en su cuerpo. Decidió que la interesante conversa que estaba teniendo con su hermano acabase y se levantó.
- Creo que el crepúsculo de hoy ha sido uno de los más bonitos que he visto nunca - dijo-
- ¿Porqué lo dices? - contestó Raúl aún sentado
- No lo sé, me ha transmitido algo, algún sentimiento de tranquilidad y positividad a la vez. Lo he sentido.
- Justamente eso es lo que tienes que hacer en la vida. Yo lo he visto como un crepúsculo normal y corriente aunque los dos hemos visto lo mismo. Eso significa que todo el mundo vive lo mismo, y lo que nos diferencia es la manera de sentir las cosas. Siente, porqué vivir lo hace todo el mundo. - dijo Raúl contemplando como el sol ya no se dejaba ver y los fanales de la calla se encendían, iluminando la fresca noche que se avecinaba.

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