PedroWarg
Rango9 Nivel 44 (4142 ptos) | Escritor autopublicado
#1

Capítulo 1: Nunca juegues con lo desconocido
-BUM... BUM... BUM- los golpes en mi ventana eran tan fuertes que en varias ocasiones pensé que se partiría en mil pedazos, pero tenía que seguir fingiendo estar dormido, las reglas eran claras, el juego comenzó en cuanto cerré las cortinas y solo terminaría una vez que el sol apareciera en el horizonte, si realmente me llegaba a dormir o si dejaba de fingir estar dormido mi vida terminaría esa misma noche, a manos de algo sobrenatural.
Todo comenzó en una de las tantas páginas existentes en las redes sociales dedicadas al horror. Fantasmas, demonios y espíritus habían sido siempre algo aterrador y a la vez fascinante a mis ojos. Una noche, igual a cualquier otra, uno de los tantos "juegos sobrenaturales" que inundan la red llego hasta mis ojos, yo ya había hecho otras pruebas con juegos sobrenaturales, entre ellos el "Hitori Kakurenbo" o también llamado "One Man Hide-n-seek", todas ellas sin resultado alguno más que otra noche aburrida. A pesar de dichos fracasos mis ansias de vivir una experiencia sobrenatural no se desvanecerían tan fácilmente.

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29
Lonelygirl
Rango10 Nivel 49
hace 10 meses

Nunca es bueno jugar con esas cosas... Muy buen comienzo, me encanto, quiero saber que pasará, saludos

Mascaranonimo
Rango5 Nivel 22
hace 10 meses

Me recuerdas a Dross jeje, excelente forma de comenzar una historia y mejor aun con juegos actuales que se creen reales ^^

PedroWarg
Rango9 Nivel 44
hace 10 meses

bueno, el hitori kakurenbo data del periodo edo en japón @Mascaranonimo mas o menos unos 200 años, pero se popularizó hace poco por Internet

PedroWarg
Rango9 Nivel 44
hace 10 meses

de echo la razón por la que no debes dar al muñeco tu propio nombre o el de una persona querida es porque realmente es un ritual de maldición

Mascaranonimo
Rango5 Nivel 22
hace 10 meses

Si comprendo pero por curiosidad ese juego si es real? osea de verdad ocurre lo que se dice?

PedroWarg
Rango9 Nivel 44
hace 10 meses

el hitori kakurenbo ddicen que si es de verdad, pero la verdad es que yo mismo no le he intentado, esto es solo una historia inspirada en ese tipo de cosas, en cuanto al de la ventana, lo intenté un par de veces pero por fortuna no funciono porque no puerifique mi cuarto antes XD
@Mascaranonimo

Touka_Kirishima
Rango3 Nivel 13
hace 8 meses

¡Conseguiste atraparme! Muy buena historia, me gusta :33


#2

El juego se presentaba con un nombre simple, "El juego de la ventana", la información del juego indicaba que, después de purificar la habitación con agua, detergente y sal pura y lanzar el líquido restante a la calle, se debía cerrar las cortinas de la habitación de la forma más cuidadosa y sospechosa que me fuera posible, para así llamar al componente sobrenatural, y solo en los últimos días de cada mes.
Precisamente cuando juegue al "Hitori Kakurenbo" decidí comprar e instalar varias cámaras nocturnas en mi departamento, ubicado en un cuarto piso, para registrar cualquier cosa que pudiera suceder por lo que solo tuve mover una de ellas justo fuera de mi ventana. En los foros en los que investigue un poco más a fondo sobre el asunto nadie sabía lo que era, algunos hablaban de demonios, otros más escépticos hablaban de bromistas que se daban cuenta sobre el juego y trataban de dar un buen susto a quienes lo intentaban, en todo caso yo quería descubrir de que se trataba.
La primera noche que lo intenté un 31 de marzo no pasó absolutamente nada fuera de lo común, excepto tal vez por unas cuantas pesadillas, lo cual siempre me sucedía cuando me decidía a hacer este tipo de cosas, por lo que no me extrañó en lo absoluto, aun así lo seguiría intentando, la información decía claramente que el juego se solía producir después de seis a doce intentos. No fue hasta la última noche de octubre que todo empezaría, ahora que lo pienso puede que tuviera algo que ver, ya que se dice que en esa noche, cada año, las barreras entre este mundo y el otros se debilitan.
Me desperté algo desorientado, casi tenía ganas de vomitar, y entonces lo oí un pequeño golpeteo en mi ventana, primero suave, casi imperceptible, pero pronto se fue haciendo más y más fuerte, se detenía en algunos momentos, pero pronto los golpes regresaban, y cuando lo hacían, se volvían más rápidos, casi como si lo que los producía se estuviera empezando a impacientar, o a enfurecerse. Poco antes del amanecer oí un ruido completamente diferente: de cristal y plástico rompiéndose y de concreto desmoronándose para finalmente golpear la carrocería de algún auto estacionado debajo.
"¡La cámara!" pensé impaciente por abrir los ojos, pero el aparato, que posiblemente estaría destruido ya había registrado todo, ya que estaba conectado inalámbricamente a mi computador, esto sería el furor de los foros de terror, de eso estaba seguro.
Una vez sonó mi alarma a las seis y treinta de la mañana, salte de mi cama y baje para ver qué es lo que había sucedido con la cámara que había instalado, no solo estaba destrozada, era como si una enorme mano la hubiese aplastado como si fuera una lata de cerveza, corrí a mi computador para revisar el video, sentía una extraña mezcla de miedo y emoción, una sensación tan peculiar como lo había sido la noche anterior, pero al ver el video el miedo más profundo y horrible que una persona puede sentir se apoderó de mí por completo.

Romahou
Rango19 Nivel 92
hace 10 meses

Tremendo

Y coincido, el 31 de marzo siempre han pasado cosas extrañas

Saludo


#3

Las grabaciones de tres cámaras se mostraban en forma de un mosaico en mi pantalla, la primera que apuntaba hacía la ventana por fuera, la segunda hacía mi cama y la tercera hacia el único pasillo que tenía mi departamento, esta última solo estaba allí porque me había dado pereza quitarla.
Los video de las dos primeras cámaras iniciaban a las diez y cuarenta y cinco de la noche, momento en el que activé el sistema de vigilancia desde mi computador, y no pasó absolutamente nada hasta las tres y treinta de la madrugada, en ese momento había dado inicio el juego. Cuando el reloj marcó aquella hora las cámaras empezaron a recibir mucha estática, pero no se llegaron a apagar por completo, tres minutos después, a las tres y treinta y tres, comenzaron los golpes. La hora de inicio no me sorprendo, ya había oído algo sobre que a esa hora es cuando el mundo real y el espiritual se solapan de forma más evidente.
En la cámara exterior solo se veía una especie de sombra, a pesar de la visión nocturna no le pude distinguir rasgo alguno, por lo que adelanté el video hasta poco antes del amanecer antes de que se rompiera la cámara.
Con los primeros rallos de sol de la mañana pude ver mejor a lo fue fuese que se encontraba ahí afuera, tenía e cuerpo largo y muy delgado brazos y piernas humanoides pero desproporcionadamente largos en comparación a su cuerpo, calculé que de pie podría medir aproximadamente unos dos metros y medio, tal vez incluso tres, su rostro era casi esquelético, sus caninos inferiores sobresalían de su boca de forma grotesca, sus ojos parecían brillar ferozmente, no tenía nariz, pero si dos agujeros justo en el centro de su rostro y sobre su cabeza crecía una espesa mata de cabello muy oscuro y desordenado, su cuerpo estaba cubierto por una especie de capa muy raída lo cual le daba un aspecto completamente siniestro.
El video mostraba como la criatura golpeaba mi ventana y en algunos momentos parecía como si se riese cuando los golpes eran más fuertes. Fue cuando la luz del sol apareció en la pantalla cuando más miedo, un miedo aún mayor al que pude haber sentido durante la noche que había pasado. Cuando los primeros rayos de sol golpearon a la criatura algo pareció distraerla por lo que dirigió su vista hacía donde estaba la cámara. A pesar de lo aterrador de su aspecto, su expresión hasta ese momento había sido de disfrute, un rostro burlón como el de un niño que le juega una broma a un amigo, pero en ese momento cambió a una ira asesina.
Durante casi dos minutos la criatura miró la cámara directamente, sin dejar de golpear mi ventana en ningún momento y después, alrededor de las seis y treinta de la mañana se oyó en el video como esa cosa gritaba.
-¡TRAMPOSO!- Fue la palabra que oí, el grito fue tan fuerte que por un momento pareció como si los parlantes de mi computadora fuesen a explotar, la voz de aquella criatura era ronca y grabe, muy, muy grave, tanto que dudo que una persona pudiese imitarla sin importar cuanto lo intentara. Pero eso no tenía sentido, hace apenas unos minutos que eso sucedió y no había oído ningún grito. Después del grito la criatura estiro uno de sus desmedidos brazos hacia la cámara y después, solo estática, así que supuse que fue en ese momento que la cámara fue destruida.
Para entonces yo estaba aterrado, temblaba y sudaba frio, sin embargo comencé a reír histéricamente, no era el miedo lo que me hacía reír, sino el hecho de que me había arriesgado demasiado con este juego que resultó ser real pero aún así lo había logrado, había ganado, y esto se había terminado... o eso creí yo.
Fin del Cápitulo 1

Molix
Rango6 Nivel 27
hace 10 meses

Buah, buen capitulo, me ha gustado. Sigue así, quiero saber más.


#4

Capítulo 2: Clases, café y ojos verdes
Decidí olvidarme del asunto de la ventana, después de todo, en Internet, todo el mundo estaba de acuerdo que el juego terminaba una vez llegado el amanecer y luego se podían olvidar del asunto como si de un mal sueño se tratase.
Ese día, afortunadamente, tenía clases a partir del mediodía, por lo que volví a mi cama con la intención de dormir por unas dos o tres horas antes de tener que alistarme, cosa que no logré, la voz de aquella cosa retumbaba en mi cabeza como una campana a la que hubiesen golpeado con demasiada fuerza.
Finalmente, después de dar vueltas en mi cama por unos treinta minutos, decidí que sería mejor preparar algo de café bien cargado y alistarme para ir a la universidad, salí a eso de las once de la mañana, normalmente hubiera salido un poco más tarde, pero pensé que no sería buena idea ir en mi motocicleta en el estado en el que me encontraba, dicen que es peor manejar con sueño que borracho.
Llegue tarde a clases, como sucedía casi siempre que tomaba el autobús, y el profeso no me dejó entrar a su aula, mi siguiente clase sería a eso de las tres de la tarde, por lo que decidí ir a una cafetería a la que solía ir con mis amigos y comprar todo el café que pudiera con el poco dinero que tenía, a pesar de ser mi tercer año en la universidad, nunca había probado una bebida energizante y no tenía intenciones de hacerlo, al menos no desde que mi mejor amigo del colegio muriese de un paro cardíaco a sus veinte y dos años por tomar demasiadas de esas cosas.
Ahí fue que la vi por primera vez, su largo cabello era completamente negro y sus ojos eran verdes como esmeraldas y tan penetrantes que parecían poder ver hasta el rincón más oscuro de tu corazón.
Ahora bien, yo nunca fui muy bueno con las chicas, siempre fui muy tímido y las pocas vece que había logrado siquiera salir con alguna fueron gracias a mis amigos, que ahora no estaban allí para ayudarme, y nunca hubiera tenido el valor para hablarle de no ser por lo que pasó después.
Apuré mi café para salir de allí, su... presencia por decirlo de alguna forma, me hacía sentir incomodo, no de la forma como cuando algo te es molesto, la verdad no sabría explicar cómo me sentía realmente, era una especie de ansiedad por acercármele pero a la vez un gran miedo de hacerlo, la mayoría creería que es simple timidez, pero esto era completamente diferente, no sabría decir cómo, pero así era. Mientras me dirigía a la puerta, con la cabeza agachada y caminando rápidamente, como siempre que hay alguna chica atractiva cerca mío, ella llevaba una charola con su orden a una mesa done la esperaban un par de sus amigas. Lo que sucedió no fue tan cliché como se podría esperar, aunque si creían que yo chocaría con ella tampoco estarían tan lejos de lo que sucedió realmente.

#5

Ella fue la que tropezó primero, mientras yo, en mi nerviosismo, no me fije por donde iba y terminé resbalando con un trozo de pastel que cayó al suelo, cayendo sentado justo frente a ella.
-¿Estas bien?- preguntó ella medio preocupada, medio tratando de contener la risa, sus amigas estallaron en carcajadas, yo conocía a una de ellas, tomábamos un par de clases juntos, aunque nunca habíamos hablado.
-S… si- respondí, cualquier atisbo de nerviosismo había desaparecido para entonces, todo en lo que podía pensar era en el intenso dolor que se extendía por mi espalda. Me levanté, sentí que mis piernas temblaban por el esfuerzo, pero se movían y eso era lo que importaba, una caída así puede dejarte paralitico.
-Lo lamento mucho, me tropecé y se me cayó lo que llevaba y...- empezó la chica de los ojos verdes, mientras me ayudaba a ponerme de pie.
-Fue culpa mía por no fijarme por donde iba no te preocupes- la interrumpí yo, mientras el dolor menguaba, mi nerviosismo iba lentamente reapareciendo y no quería que esa conversación siguiese hasta el punto en que yo estuviese tan nervioso que se me dificultara articular mis palabras, muchos dirían que era un idiota, pero es que cuando uno es tan tímido como yo, el hablar con una mujer tan hermosa y a la que no conozco de nada... solo diré que estaba casi tan asustado como lo había estado esa misma mañana al ver lo que las cámaras de vigilancia habían captado, aunque tal vez este exagerando un poco.
-Vamos necesitas sentarte, te están temblando las piernas- Dijo mientras me guiaba hasta la mesa en la que estaban sus amigas. Me senté, pero incluso con los cojines del asiento terminé haciendo una pequeña mueca de dolor.
- Daniel ¿verdad? ¿Estás bien?- pregunto Sofía, la chica con la que compartía clases, era también bastante bonita, tenía cabello rubio y corto hasta los hombros, sus ojos eran marrones y su piel muy blanca, pero si con ella no estaba tan nervioso es que, lo único que sabía de ella es que era lesbiana, no pregunten la lógica detrás de ello, ni siquiera yo me lo eh podido explicar, simplemente el saberlo hacía que no me sintiera tan incómodo como con otras chicas, aunque no es que aquella sensación desapareciese por completo.
-¿Se conocen?- preguntó la otra chica a la vez que su amiga de ojos verdes se sentaba junto a mí, tenía el cabello castaño recogido en una cola de caballo, sus ojos del mismo color de su cabello y la cara llena de pecas le daban un cierto aire infantil y a la vez muy atractivo, al fijarme en ella y con su amiga junto a mí creí que mi pecho iba a explotar de los puros nervios.
- Mi nombre es Priscila, Pry para los amigos- se presentó después de que Sofía terminara su explicación – ella es Christina, pero prefiere Christine, por un libro de Stephen King que leyó hace tiempo, no entiendo por qué le gusta que la llamen como a un auto poseído, pero ya que.- yo sabía de qué libro hablaba, además del ocultismo otro gran hobby que tenía era la lectura- Y, bueno ya conoces a Sofy-
-Mu… Mucho gu… gusto- respondí tartamudeando, para ese momento el dolor ya casi había desaparecido por completo y no había nada que me distrajese del pánico que por poco estaba a punto de experimentar en ese momento – Me... me llamo Daniel-
-Te invito un café como disculpas, Daniel. Regreso en un instante- y antes de que yo pudiera decir nada Priscila ya estaba de nuevo frente a la caja registradora haciendo el pedido, la verdad, es que aunque necesitaba el café, en ese mismo momento prefería estar en cualquier otro lugar, incluso la jaula de un león hambriento me hubiese parecido menos aterradora.
Cuando la orden estuvo lista el encargado dijo algo y después de un corto intercambio de risas, que a pesar de mi timidez debo decir, me desanimó, llevó la bandeja hasta nuestra mesa y m e pasó un vaso de café helado, era mi favorito, lo cual me sorprendió, solo un par de amigos míos lo sabían y sin embargo Priscila simplemente lo adivinó
Tomé el café en silencio mientras las chicas hablaban, respondí a sus preguntas de la forma más concisa y rápida que me fuese posible, siempre evitando hacer contacto visual. Al terminar mi bebida le agradecí a Priscila y me retire, pero antes de que me fuera me detuvo por un momento.
-Espera- dijo mientras me levantaba -¿me puedes dar tu número de teléfono?, ya sabes para poder mandarnos textos y eso- Eso me sorprendió, esperaba que la cosa quedara simplemente con las disculpas, un corto dialogo (o más bien yo oyendo su conversación) y nada más. Le extendí mi celular con mi número guardado en la agenda mostrándose en la pantalla. –Gracias, hablamos luego- dijo ella dirigiéndome una cálida sonrisa.
Salí de la cafetería, completamente aliviado de que acabase. Más tarde me reí de mí mismo, podía realizar diversos rituales ocultistas sin prácticamente sentir miedo alguno, poro no podía ver a una chica a los ojos sin temblar como si fuera una maraca.
Aún faltaba casi una hora para la próxima clase, por lo que decidí sentarme en una banca que se encontraba justo fuera del aula en la que tendría clases para leer un libro, tratando de olvidarme del ridículo episodio de hace unos instantes. No habían pasado ni cinco minutos cuando llego Fabián, nos conocíamos desde la escuela, él era casi tan tímido como yo. Se había mudado a un departamento poco antes de iniciar clases y luego se había desaparecido por casi dos semanas, lo hacía cada vez que podía desde que éramos niños, por lo que no me preocupé.
-Hola Daniel ¿Qué le pasó a tu pantalón? - pregunto sentándose junto a mí, la pregunta era prácticamente una burla, pero yo siempre era el que reía al final. -¿Te bañaste con café o solo te measte encima?-
-No sé- le respondí -¿Qué le pasó a tu cara? ¿Así naciste o te la arroyó una aplanadora?- con eso los dos rompimos a carcajadas –Pero ya en serio- continúe -¿pasa algo? te vez raro-
-No es nada- respondió con tono tranquilo -volvieron las pesadillas de cuando era niño. ¡oh! y la chica que vive a lado mío, la de los ojos celestes de la que te hablé la otra vez, resulta que estamos juntos en una clase, no te imaginas la sorpresa que me llevé el primer día -
Hablamos hasta que fue hora de entrar a clases, era una materia en la cual a ninguno de los dos no iba particularmente bien y ese día hubo una prueba sorpresa… en serio nos sorprendió.
Esa fue la noche en las que comenzaron mis propias pesadillas, por primera vez entendí por qué Fabián solía despertar gritando. Si hubiese sabido el miedo que uno puede sentir por una pesadilla jamás lo habría llamado cobarde como solía hacerlo cuando éramos niños.
Fin del capítulo 2


#6

Capítulo 3: ¿Sueño o realidad?
Aunque creo que fue un sueño, realmente nunca he podido estar cien por ciento seguro de ello, a lo que me refiero es que desperté en mi cama, pero lo que esa noche vi parecía demasiado real, y lo que paso cuando desperté en mi habitación solo complicaba el distinguir el sueño de la realidad.
En el “sueño”, unos suaves golpes en mi ventana me despertaban, tal y como había sucedido la noche anterior. Seguro de que el juego había terminado, me arrodilles sobre mi cama, deslicé ligeramente la cortina… Nada, no había absolutamente nada fuera de mi ventana, por lo que decidí volverme a acostar y olvidarme de aquello. Al cubrirme de vuelta con las mantas, el ruido regresó, pero esta vez venia de la puerta del baño, el sonido el más fuerte, pero también más pausado, como si lo que lo estuviera provocando quisiera estar seguro de que lo oyese. Me levanté, en este punto estaba seguro de que era un sueño, no sería la primera vez que tenía un sueño lucido y yo ya sabía cómo reconocer uno, por lo que tenía total seguridad de que esto solo estaba pasando dentro de mi mente, o eso creía. Me acerque a la puerta del baño pero antes de que la abriese el origen de los golpes cambió una vez más, esta vez a la puerta de entrada, “este sueño me está empezando a asustar de verdad” pensé, pero aun así quise continuar, las pesadillas son una cosa pero un sueño lucido que comienza como una pesadilla puede resultar muy divertido (más aterrador que cualquier pesadilla, como tu propia película de terror personal).
Salí de mi departamento de una habitación y los golpes se oyeron desde debajo de las escaleras, me estaban guiando, pero, ¿A dónde y para qué? Eso no lo sabía, de haberlo hecho, jamás habría seguido aquel sonido, por más que fuera un sueño. Finalmente los golpes me llevaron hasta un parque, el cual tenía un pequeño lago artificial en el centro del mismo. Cuando llegué a la orilla del estanque una pequeña luz roja flotaba sobre su superficie, exactamente en el centro. La mire por un rato, tal vez unos diez minutos (o ese es el tiempo que me pareció que pasó dentro del sueño), luego la luz se acercó volando hasta mí, giró tres veces alrededor de mi cabeza y salió volando a toda velocidad hacia el bosque, donde una espesa neblina comenzaba a formarse.

#7

No debería ser necesario decir que pare ese momento yo ya estaba aterrado, no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba pasando, a pesar de que era solo un sueño (o eso es lo que creía) algo en mi interior me decía, no, más bien me gritaba que regresara, que no era buena idea ir más allá, pero aun así quería saber que era esa luz. Caminé hacia la niebla y por unos instantes no pude ver nada en frente de mí, por fin llegué a un claro en el bosque pero ya no estaba en el parque, este bosque era muy diferente del grupo de árboles rectos y bien cuidados del parque, no, este lugar era un bosque más oscuro, mucho más espeso y definitivamente no se encontraba ni siquiera cerca de la ciudad. Sentía el sudor correr por mis sienes, la tierra bajo mis pies (en algún momento, no sé cuándo, perdí mis pantuflas), las pequeñas hiervas rozando mis tobillos y el aire helado en mi pecho. Después de caminar largo rato llegué a un claro noté que el cielo empezaba a aclarar y algunos pájaros comenzaban a trinar, pero en cuanto puse un pie dentro del claro todo se oscureció y sentí un viento helado en mi nuca, me di la vuelta pero detrás mío solo vi una infinita e insondable oscuridad, luego la luz, la misma que había visto en el lago apareció de la nada, se retorció, cambió, y se agrando cubriendo el lugar, que ahora no era más que vacío a mí alrededor. Pero de repente me encontraba rodeado de fuego y el fuego me cubría completo, quemándome, haciéndome sentir un dolor como nunca antes había sentido en mi vida, rodé en el suelo inútilmente intentando apagar las llamas.
Antes de que me diera cuenta las llamas habían desaparecido y la luz que cubría el lugar ya no era roja, sino azul y me encontraba bajo el agua, traté de nadar hacia la superficie pero pude sentir claramente como unas manos me jalaban de los tobillos hacia abajo, impidiéndome salir a la superficie, regresé la vista para intentar luchar contra lo que sean que me estuviera atacando en ese momento, y allí estaba, aquella horrible criatura de la noche anterior, sus brillantes ojos rojos me miraban con una furia ciega. Intenté gritar, pero solo logre que el aire de mis pulmones escapara en forma de burbujas hacia la superficie, note el sabor de agua salada en mi boca y entonces perdí el conocimiento.
Desperté en mí cama, el reloj marcaba las once y media de la mañana, ya estaba tarde para ir a clases, pero en ese momento esa era la última de mis preocupaciones. Estaba cubierto de pies a cabeza en agua marina.
Fin del Capitulo 3

#8

Capítulo 4: Llamadas, mensajes y miedo
No recuerdo nada de lo que sucedió en los minutos que siguieron a mí despertar, era como si todo el mundo se hubiese desvanecido, y a lo lejos se oyesen gritos de terror. Sé que era yo quien gritaba, pero en ese momento no lo sentía así, era como escuchar una grabación, era mi voz y a la vez me parecía que era una voz extraña, completamente desconocida
No sé cuánto tiempo habré pasado en ese estado antes de perder el conocimiento (por la hiperventilación, supongo, o tal vez por el mismo miedo) pero recuerdo haber despertado con el timbre de mi celular. Estaba desorientado, la cabeza me daba vueltas y parecía como si una capa de dos centímetros de vaselina estuviese cubriéndome los ojos, además sentía las manos entumecidas y heladas como dos bloques de hielo. Intente levantarme, pero mis piernas parecían echas de caucho, aunque incluso el caucho podría ser más firme. El teléfono seguía sonando, siempre odié los mensajes de texto, pero todos me los enviaban de todos modos, ahora que estaba medio muerto (creo que literalmente) a alguien se le había ocurrido respetar mi forma de pensar y hacer una llamada de voz.
Traté de contestar, pero el aparto se me deslizó por entre los dedos en dos ocasiones, finalmente, y con la ayuda de ambas manos pude sujetarlo y con la pantalla casi pegada a mi cara deslice el pequeño rectángulo verde de la pantalla táctil.
-¿Hola? ¿Danno? ¿Estás ahí?- Era Fabián, en su voz se percibía miedo, pero yo no me daría cuenta de ello hasta mucho tiempo después.
-Viejo, no puedo hab…- comencé a decir
-Tranquilo, solo llamo a decirte que me largo de aquí- dijo sin esperar a que yo terminase de hablar- no puedo explicarte nada, pero me voy, algún día te lo contaré todo, y estoy seguro que te fascinará esta historia, con lo metido que estas en esas mierdas sobrenaturales, pero por el momento necesito pensar.-
-¡Espera! yo no…- colgó antes de que pudiera responder, lo último de lo que quería saber en ese momento (y en cualquiera a partir de entonces) era de nada que tuviese que ver con el mundo paranormal.
Me quedé ahí, sentado en el suelo, con las manos cubriéndome la cara, creo haber llorado, o tal vez fueran risas histéricas, no sabría decirlo con seguridad, y es que en ese momento no estaba seguro de nada, tal vez simplemente ya había perdido la cabeza. Al cabo de un rato mi celular sonó otra vez, pero ahora se trataba de un mensaje de texto, lo abrí y en la pantalla apareció una burbuja blanca con algo escrito, traté de enfocar con algo de dificultad y finalmente logré leer:
“Hola ;-)”
Tal como estaban las cosas en ese momento, quería ignorarlo, tal vez incluso, tal vez ir a la cocina, tomar un cuchillo y terminar con todo abriéndome las muñecas, pero algo me jaló e hiso que respondiera el mensaje.
“hola ¿Quién eres?” respondí
Al cabo de un momento llegaron tres mensajes más a mi teléfono
“Pry, de la cafetería, ¿recuerdas?”
“Sofíe dijo que no fuiste a clases hoy”
“¿estas bien? ¿no te duele la espalda?”
Levanté la vista, la cual ya se me había aclarado casi por completo, por supuesto no había ido a clases, en la ventana ya de mi habitación ya se podían ver los últimos rayos de sol de la tarde y en algunas ventanas ya comenzaban a encenderse las luces. ¿Qué podía hacer? estaba muy seguro de lo que había visto, pero en algún lugar había leído de algo como sueños dobles, en los cuales después de un sueño lúcido se continúa con uno normal y aunque nunca me hubiese sucedido, cabía la posibilidad ¿no? Me aferre a esa, aunque realmente no la creyera, y respondí al mensaje:
“Sí, estoy bien, mejor que nunca”
Fin del capítulo 4

#9

Capítulo 5: Una extraña tranquilidad
En cierta forma, lo que escribí en aquel mensaje no era del todo mentira, conforme iban pasando los minutos, mi mente se comenzó a despejar y a aceptar la ridícula idea del "sueño doble" como algo cada vez más real. Pero ese no era el único miedo que se iba desvaneciendo, de alguna forma ya era como si aquella maldita inseguridad que me había caracterizado durante casi toda mi vida se estuviera desvaneciendo, pero sin desaparecer del todo.
Esperaba que la cosa quedara allí, tal vez con Priscila más tranquila, después de todo, seguía estando seguro que lo que la motivaba a hablarme era más que nada la preocupación por lo que había sucedido el día anterior, tal vez incluso un poco de culpa por ello, pero después de un momento llegó otro mensaje.
"Mañana vamos a ir a la cafetería a eso de las dos de la tarde, si quieres, para que nos veamos allí, si estas libre claro"
Fue una sorpresa bastante agradable, considerando como me había comportado la primera vez que nos habíamos visto, por lo que respondí al mensaje casi enseguida.
"Por supuesto, nos vemos mañana" respondí, por respuesta solo recibí un sticker de una cara feliz bebiendo café que me arranco una sonrisa.
Aquella noche dormí como un bebé, por lo que no tuve problemas para llegar a clase temprano, y más me valía lograrlo ya que tenía clases a las siete en punto de la mañana y el profesor de aquella materia era un verdadero ogro, si llegabas tarde te obligaba a pasar todo el tiempo libre de ese día con él, ayudándolo con las clases, organizando documentos y haciendo otras tareas para así no perder la nota que daba por la asistencia y que terminaba pesando casi un diez por ciento de la nota final del semestre, por suerte el trafico estuvo bastante suave en mi camino a la universidad, pero no así el de mi profesor y fue el quien llego tarde a clase.
Tuve clases con diferentes profesores hasta la una de la tarde, sin absolutamente un minuto libre entre horas, los miércoles eran definitivamente el peor día de la semana aquel semestre.
Al final las clases se alargaron bastante, por lo que llegué casi media hora tarde a la cafetería, Sofía parecía algo enojada, mientras Christine trataba de calmarla, Pry estaba sentada de espaldas a la puerta por lo que no pude ver su rostro.
-Hasta que llegas, ¡pero que desconsiderado!- gritó Sofie cuando me acerque saludándolas, al sentarme me pude percatar que Priscila se había estado matando de risa con la discusión de sus dos amigas.
-Lo siento, las clases se alargaron al final y no pude llegar antes, perdón- me justifique mientras Sofie me veía con la duda reflejada en su rostro, Christine fue la que habló después.
-No te preocupes, solo ella se molestó, pero creo que Pry si estaba disfrutando la conversación.- dijo en un tono que parecía el de una madre justificando las travesuras de su hija -y ahora que me doy cuenta ya no tartamudeas, el otro día apenas me pude enterar de lo que decías, y eso que casi todo era un "s… s… si" o un "n...n...no"-
-ja… ja… ja que graciosa- respondí con tono sarcástico -nos conocemos desde hace apenas dos día y ya te burlas de mí, pues acabas de romper el récord- pero era cierto, yo mismo estaba sorprendido de poder hablar con tal naturalidad con chicas tan lindas sin tartamudear en lo más mínimo.
Mientras yo hablaba la risa de Priscila se volvía cada vez más fuerte, e incluso pude ver un par de lágrimas brotar de sus ojos por tanto reír. Al momento ella tomo un largo sorbo de café para tranquilizarse y poder hablar más normalmente.
-Pero debes admitir que tiene razón, Daniel- dijo Pry aún medio riendo.
Mientras conversábamos tranquilamente de diferentes cosas, en la televisión de la cafetería comenzaron a dar las noticias, en ellas informaba sobre un incendio producido en un edificio de apartamentos llamado "torre blanca", ese era el edificio en el que vivía Fabián, "Así que esa maldita está muerta" pensé, pero no sabía que era lo que significaba, la idea asalto mi mente como si no me perteneciera, como si algo más dentro de mí lo hubiese metido en mi cabeza.
-Oye Dan, ¿ese no es el edificio donde vive Fabián? tampoco lo he visto desde ayer, ¿estará bien?- preguntó Sofie, con una clara preocupación en su voz, después de todo se llevaban bien, y a Fabián casi le dio un infarto cuando se enteró de sus preferencias.
- Si, hable con él anoche, iba a salir de la ciudad, no me dijo porque- le respondí con mucha tranquilidad, tal vez demasiada.

#10

Aunque, debido a la noticia, se había producido un pequeño momento de tensión, esta desapareció casi de inmediato. La conversación siguió por un buen rato, hasta que tanto Sofy como Christine se levantaron y se despidieron, alegando que tenían clases a las cuatro. Terminamos quedándonos solo Priscila y yo.
-¿Tú no tienes clases?- le pregunté, aunque la ansiedad no era tan grande, aún estaba ahí, y quedarme a solas con ella seguía poniéndome algo nervioso.
-No, ya termine por hoy, ¿Y tú?- respondió ella, en ese momento no pude más que fijarme en sus hermosos ojos que parecían escudriñar a fondo todo por donde pasasen, en su pequeña y delicada nariz que encaba de forma tan armoniosa con el resto de sus facciones, y sus preciosos labios con ese brillo tan atractivo que no se igualaba tan fácilmente y que cuando se extendían mostraban una blanca y alegre sonrisa. -¿Hey, Danny, estas ahí?-
-¿Eh?... sí, digo no, ¿qué me preguntaste?- La pregunta vino completamente de la nada para mí, me había perdido completamente en ella, y fue como si despertara de un sueño cuando sentí el chasquido de dedos frente a mi nariz. Esta situación tan ridícula la hizo volver a soltar unas cuantas carcajadas más.
-Pregunté si tú tampoco tenías clases pronto- dijo ella mientras trataba de contener la risa. Yo no tenía más clases ese día por lo que nos quedamos conversando durante un buen rato.
-¡Mira la hora!-exclamó Pry de la nada mientras veía la pantalla de su teléfono -ya son más de las ocho, creo que deberíamos irnos ya, ¿no crees?-
-tienes razón, ¿quieres que te vaya a dejar en tu casa?- le pregunté, no sé exactamente en lo que estaba pensando, pero había algo que me hacía no querer separarme mucho de aquella chica, en ese momento creí que simplemente era que en serio me gustaba, pero en retrospectiva me doy cuenta de que había algo diferente, y estoy seguro de que ese algo fue la razón de que las cosas hayan resultado como sucedieron después.
Al salir de la cafetería no había ni un solo auto en el estacionamiento y el único vehículo estacionado allí además de mi motocicleta era la bicicleta del chico que trabajaba allí, al ver esto Priscila pareció preocuparse. –Tu carro esta estacionado más arriba ¿verdad?- preguntó ella mientras estiraba un poco su bufanda para que no le estorbara al hablar.
-No tengo carro, iremos en mi moto, ¿o tienes miedo?- respondí yo en tono burlón, lo cual la hizo ponerse roja de repente.
-¡No!- respondió de un grito -no es que tenga miedo, es solo que… - su voz se fue haciendo más débil hasta el punto de que yo ya no era capaz de oír nada de lo que dijo después. Viendo que de hecho sí era precisamente miedo lo que ella sentía decidí tranquilizarla un poco.
-No te preocupes- le dije con voz tranquila y suave –prometo do ir muy rápido y sí aun así no lo aguantas pararemos y llamaré a un taxi para que te lleve ¿bien?- esto pareció calmarla bastante y ella se limitó a simplemente asentir en respuesta.
Le entregué el casco de reserva que siempre llevaba con migo por si se presentaba la necesidad, mientras ella se lo ponía noté como sus manos temblaban un poco, aunque bien podría haber sido por el frio que estaba haciendo en ese momento. Al subirnos y encender al motor Priscila dio un leve chillido y se aferró fuertemente a mí, con lo que sentí su pecho presionar contra mi espalda, no fue la situación más cómoda posible y estoy seguro de que si alguien hubiera pasado por ahí en ese momento podría haber pensado que yo era un semáforo en rojo y bien haber detenido su auto, pero para ser tan temprano, había muy pocos vehículos circulando en ese momento por allí.
Al llegar a casa de Priscila, la cual por cierto resultó estar bastante lejos del edificio de departamentos donde yo vivía, ella se bajó de un salto como si la motocicleta la fuera a morder si se quedaba más tiempo.
-Gracias por traerme- dijo ella en un tono algo nervioso pero también alegre después de haber dado un gran suspiro. –perdón si te hice desviar mucho-
-No mucho la verdad- mentí, no quería que después de haberla hecho pasar por tremendo susto en sima se sintiera culpable por haberme alejado de mi camino habitual
-Gracias, la verdad es que las motos me dan algo de miedo desde…- se interrumpió en medio de la frase.
-¿Desde?- inquirí yo algo preocupado de haberla hecho recordar algo desagradable.
-No es nada, no te preocupes- respondió ella con una gran sonrisa dibujándosele en el rostro –maneja con cuidado-
-Siempre- respondí yo, nos despedimos y me fui directo para mi departamento, había sido un buen día a pesar del horario de clases, pero aun así mes sentía extrañamente cansado.
Esa noche volví a oír los golpes
Fin del capítulo 5

#11

Capítulo 6: Una noche extraña y un extraño despertar
Los golpes me "despertaron" (por decirlo de alguna forma) a la misma hora, las tres de la mañana con treinta y tres minutos, la llamada hora de las brujas. Al igual que en la anterior ocasión me levanté y seguí el ruido por donde me guiaba. Trataba de resistirme a aquel impulso, ¡por todos los cielos como lo intenté!, pero era como si unas manos invisibles tiraran de unos hilos demasiado resistentes y yo no fuese más que una simple marioneta sin voluntad alguna.
Finalmente cuando abrí la puerta de mi pequeño apartamento alquilado, aparecí en un pequeño bosque atravesado por un río no demasiado grande, pero por el cual podría navegar un Kayak o una canoa sin ningún problema. A unos veinte o treinta metros a mi izquierda algo llamó mi atención: alguien estaba acampando a la orilla del río.
Al intentar acercarme para ver quién podría encontrarse en un lugar así sentí claramente como algo me tomaba de los tobillos y me hacía caer de bruces al suelo de aquel bosque, al regresar la vista para saber qué es lo que era tan solo pude ver unas manos blancas y huesudas y un poco más atrás unos enormes ojos rojos y brillantes. Ante Aquella extraña visión intenté gritar, pero fue como si mis cuerdas bucales hubiesen sido cortadas, por lo que de mi garganta solo salió un jadeo mudo.
Al mismo tiempo que yo luchaba por soltar aunque sea el más mínimo sonido, un alarido, agudo y ronco a la vez, como el sonido de una placa de metal al ser cortada con una sierra circular, aquel sonido cacofónico se mantuvo durante unos segundos solo para detenerse tan abruptamente como inició, al hacerlo criaturas, a las cuales solo pude ver como sombras sin forma definida, salieron volando de todas partes ocultando el brillo de la fogata casi por completo y produciendo un sonido similar al que las convocó, aunque con menor intensidad, a pesar de ello pude oír unos gritos, muy apagados por los ruidos que aquellas criaturas emitían pero supe que ahí estaban, los gritos de otro ser humano.
Lleno de miedo y al verme libre de aquellas mórbidas zarpas, corrí hacia el campamento, el fuego creaba un pequeño charco de luz y noté como una mano ensangrentada sobresalía de la carpa cuya "puerta" estaba cerrada pero con la cremallera abierta. Al acercarme tropecé con algo una vez más y caí sobre el cadáver, el cual, no tenía ni un solo centímetro de piel en el por lo que sería imposible saber quién podría ser.
Desperté a la mañana siguiente en la única habitación de mi departamento, cubierto de pies a cabeza con la sangre de quien quiera que estuviera acampando en ese bosque.

#12

Me levanté de la cama, sabía de debería haber estado aterrado, tal vez haber gritado o algo, pero aquella extraña tranquilidad que había estado sintiendo todo el día anterior dominaba mi mente, por lo que solo me limite a poner la ropa de cama ensangrentada en la canasta de la ropa sucia y entrar a darme un baño, aquel día solo tendría clases por la tarde así que pude tomarme algo de tiempo en ello. Apenas había terminado de vestirme cuando sonó el timbre.
Al abrir la puerta un hombre y una mujer que nunca había visto en mi vida. El hombre, de unos cincuenta y tantos, vestía un terno gris algo descolorido, su corbata iba floja, algo raro teniendo en cuenta que no eran ni las nueve de la mañana, sus ojos grises parecían analizar todo en lo que se posaban y se podía apreciar que ya estaba empezando a perder su cabello canoso. La mujer era bastante más joven, unos treinta, tal vez, tenía el cabello de color castaño claro hasta la altura de los hombros recogido en un moño, llevaba unos lentes sin armazón y vestía un terno negro con pantalón y zapatos de tacón bajo, su rostro parecía el de una persona muy tranquila y afable, pero, apenas se presentó, me pude dar cuenta de que se trataba de uno de esos casos en los que no puedes juzgar a un libro por su portada.
-Buenoz díaz, hijo- comenzó el hombre con un claro ceceo -Mi nombre ez Adrián Zolíz y ella ez...-
-Verónica Samaniego- completó la mujer mientras metía la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacaba una placa de policía -¿sabes por qué estamos aquí?
El oficial Andrade dio un suspiro y dijo: -Vamoz, no zeaz azí Verito, que no ez un zozpechozo-
-¡Ya lo sé!- respondió la mujer, casi gritando, lo cual me hizo dar un pequeño brinco por la sorpresa y provocó una risa de parte del oficial de mayor edad. – ¡No es mi primer día!-
-Tienez razón, pero aún no cumplez ni tu zegundo año- respondió él, aun medio riéndose. Yo los miraba completamente estupefacto, era como una de esas comedias policiacas de los años noventa que solía ver con mis padres cuando era niño, de esas en las que había un tipo obsesionado con las armas y otro que imitaba absolutamente cualquier ruido imaginable a la perfección. Después de esto La oficial Samaniego solo calló y se limitó a observar, al menos por un momento.
-¿Disculpen? ¿necesitan algo de mí?- pregunté, más por acabar con aquella ridícula situación que por verdadera curiosidad, no me importaba que dos policías se pusieran a hacer el ridículo, pero no quería que li hicieran en la puerta de mi apartamento.
-¡Oh! Zí, teinez razón, perdona, creo que zomoz una pareja algo dizpareja, ¿verdad?- yo reí nerviosamente, mientras él lo decía con una gran sonrisa en la cara. Su rostro era sincero, pero solo con verlo se podía ver que llevaba una gran carga sobre los hombros, y esa carga era una que nadie tomaría por iniciativa propia. Me di cuenta de que estaba pensando en todas esas cosas y me extrañe, siempre fui muy tímido, lo que hacía que también se me dificultara ser observador y discernir los sentimientos de las personas a no ser que fuesen demasiado obviosm pero en ese momento solo con verlo supe muchas cosas sobre el oficial Solís. - ¿Podemoz pazar un momento? Lo que tenemos que hablar ez algo delicado- Estuve a punto de negarme, pensé en la pijama ensangrentada y en las preguntas que harían si la veían y como no tendría forma de explicarlo, ya que ni siquier yo sabía que era lo que estaba pasando, pero de repente…
-Adelante, por favor- era mi voz, o al menos era igual a la mía, me llegaba como si estuviera muy lejos, como si alguien más la estuviera usando y ese alguien no fuese yo. Una vez dentro, yo me sentía muy nervioso, pero, o no lo notaron o yo no lo mostré, ya que la actitud de los dos policías seguía siendo la misma, amable y despreocupada por parte del oficial Solís y más sería y algo ansiosa de parte de la oficial Samaniego. Yo no tenía más que la silla de mi escritorio, por lo se la ofrecía a la oficial Samaniego, ella se negó –Mejor siéntate tú- dijo ella y fue en ese momento cuando comencé a preocuparme.
-¿Conoces a un chico llamado Fabián Andrade?- Preguntó la oficial, en su rostro no había acusación de ningún tipo, más bien preocupación o incluso lastima. Yo solo asentí, supuse que habría desaparecido como solía hacerlo desde que herimos niños, tal vez sus padres estuvieran preocupados o algo, pero estaba preocupado, nunca había pasado nada y siempre decía que el lugar al que iba era completamente seguro, pero era como si aquella tranquilidad extraña que había estado sintiendo durante los últimos .día hubiese desaparecido de repente.
-Somos amigos desde los diez años- respondí
-lo encontraron muerto anoche en el bosque que ha a las afueras de la ciudad, parecía que había ido de pesca- Dijo ella, siguió hablando un rato pero yo no la escuchaba, las lágrimas comenzaron a apelotonarse en mi garganta, pero logré contenerlas no quería llorar frente a desmoronarme frente a dos extraños. De repente sentí que alguien me tomaba del brazo.
-¿Me oíste?- era la mano de la oficial más joven, su tacto era algo tenso, pero estoy seguro de que su intención era que fuese tranquilizador. –dije que fuiste la última persona con la que se comunicó-
-Zi zabez algo ademaz de lo que dezia el menzaje de texto que te envió, noz ayudaría muchizimo- continuó el oficial veterano. Yo solo pude negar con mi cabeza.
-Co… ¿cómo pasó?- pregunté, tenía que saberlo, no quería, saberlo, no me interesaba, mi amigo estaba muerto y era la segunda vez que perdía a un amigo eso era lo único que me importaba, pero, el viaje de pesca no podía ser una coincidencia.
-Lo ziento hijo, no podemoz dezirtelo- respondió el agente -zolo créeme cuando te digo que es mejor así- esa fue toda la respuesta que necesité, la sangre que estaba manchando mi pijama era la de Fabián, mi mejor amigo desde la muerte de Andrés por las malditas bebidas energizantes, estaba muerto, y, aunque sabía quién era el asesino, no lo podía decir. ¿Cómo podría? ¿Quién me creería que un ente sobrenatural al que invoqué por un estúpido juego fue quien lo asesinó? No, y tampoco tenía idea de que debía hacer.
Unos minutos más tarde, y después de hacerme algunas preguntas más, a las que respondí de forma casi inconsciente, los oficiales se despidieron y yo me quedé en mi apartamento, del cual no salí por tres días, pero no por depresión, no, durante tres días pasé casi sin comer o dormir, buscando una respuesta a lo que estaba sucediendo, un búsqueda que, aunque no me guste admitirlo, no tuvo ningún resultado.
Fin del capítulo 6

#13

Capítulo 7: Discusiones Dolorosas
Apenas dormí durante esos días, y probablemente hubieran sido más de tres de no haber sido por Sofie y Christine. Deben haber sido cerca de las nueve de la mañana de aquel miércoles, ¿o fue un jueves? ¿Tal vez martes?, para ser honesto no sabría decirlo, debería ser más fácil recordar el día que la hora, pero mi estado mental no era el mejor en ese momento, y siendo realistas no creo que aún ahora habiendo pasado ya seis años de aquello mi mente se haya recuperado o llegue a recuperarse siquiera.
Bueno, como decía, deben haber sido como las nueve de aquel día cuando golpearon a mi puerta, mi cuarto estaba completamente a oscuras, tanto por las cortinas que estaban cerradas, como por el día que se encontraba muy nublado. Al abrir la puerta Sofie entró a mi departamento dándome un ligero empujón la pasar junto a mí.
-Hola- Saludó Sofie en un tono neutro. En ese momento pensé que era grosera conmigo a propósito, que yo no le agradaba en lo más mínimo por alguna razón, pero conforme fui conociéndola mejor me di cuenta de que lo que realmente hizo fue tratar, en la medida de lo posible, reprimir las emociones que tenía en ese momento, tal vez ella tuviera un temperamento duro y fuese algo irascible de vez en cuando, pero tanto Sofie como Christine llegaron a ser grandes amigas muy preciadas para mí.
-Hola- dije respondí con un tono que quería pareciese alegre, pero que se oyó más como si mi garganta hubiera estado llena de guijarros. – ¿Qué hacen aquí?-
Sofie abrió la boca para decir algo pero fue Christine que respondió en su logar.
-Estábamos preocupadas por ti- hizo una pequeña pausa y añadió –Las tres lo estamos, no has ido a clases en tres días ¿pasó algo?-
Me quedé callado, no sabía si sería buena idea involucrar a personas con las que apenas había hablado en un par de ocasiones en lo que estaba pasando.
-Supimos lo de Fabián- dijo finalmente Sofie, aunque su voz era firme vi una lagrima brotar de uno de sus ojos. Por alguna razón eso me enfureció, ella apenas lo conocía, la única vez que hablaron fue en la ocasión en la que Fabián la invitó a salir (así nos enteramos de sus preferencias)
-¡No llores por él!- Grité -¡No tienes ningún derecho a llorar por Fabián! ¡No lo conocías de nada, solo hablaron sola vez en la vida! ¡No te atrevas a llorar por el! ¡Perra hipócrita!- Esas fueron palabras por las que me terminé disculpando infinidad de veces y de las cuales hasta ahora me siento arrepentido, pero como dije, en ese momento me enfurecí, aunque supongo que solo estaba proyectando mi frustración por no haber logrado encontrar ninguna ayuda durante los últimos días.
-¡No lloro por Fabián! ¡Idiota!- replicó notoriamente molesta esta vez -¡lloro porque alguien que es importante para mis amigas y para mí está sufriendo!
-¡¿Importante para ustedes?!- eso lejos de hacerme dar cuenta de lo estúpida de mi reacción, o apreciar su preocupación y compasión, me enfureció aún más. -¡¿Qué mierdas saben ustedes de mí?! ¡¿Qué les importa lo que pase conmigo o lo que haga?! ¡Hemos hablado solo dos putas veces!-
-¡Cállense los dos!- vociferó Christine, aunque no había tratado mucho con ella, yo ya me había hecho la idea de que se trataba de una persona tranquila que siempre trataba de mediar en los problemas con una sonrisa y voz calmada, por lo que verla tan enojada y oírla gritar de esa forma me sorprendió sobremanera –Sofie, no tienes que empeorar las cosas buscando peleas, y Dany, no necesitas convivir con una persona por años para llegar a apreciar a alguien, y tampoco voy a permitir que insultes a mi amiga de esa forma ¿entendiste?
En ese momento me quedé frio, ¿cómo responder a eso? De repente tenía un fuerte impulso de estrangularlas a ambas, pero dejarse llevar por la ira no resolvería nada, por lo que solo asentí con la cabeza y luego se produjo un breve silencio que yo mismo rompí.
-Lo siento, no debí decir esas cosas, lo lamento- dije, avergonzado di unos pasos más hacia dentro de mi departamento –por favor, déjenme solo-
-No.- Respondió Christine –aún tenemos cosas que hablar contigo-

Nacho_Saavedra
Rango7 Nivel 30
hace 3 meses

Buenísima la historia. Te envuelve desde el primer momento.


#14

Mencione que busque información por tres días sin descanso ¿verdad? Bueno para ser totalmente honesto fueron más bien como dos y medio, ya que durante más o menos cinco o seis horas antes de que llegaran las chicas me había dedicado a fumarme la yerba que Fabián me había pedido que le guardase antes de que se mudara a su departamento nuevo, eso unos dos meses antes de su muerte.
-Anda date una ducha y vístete- la voz de Sofie al darse cuenta de lo drogado que estaba fue como una estaca de hielo clavándose en mi nuca cuando lo dijo a mi espalda –yo me encargaré de esta porquería por ti-
-¿Qué es eso?- Chris parecía muy confundida, como aquella bolsa hermética fuese alguna clase de aparato alienígena o algo parecido. Luego solo soltó una pequeña risa irónica.
-¿Qué te parece a ti?- respondió Sofie con la misma voz fría. No me atrevía verla a los ojos, ni tampoco a Christine, no solo por la droga, sino también por todas las cosas que había dicho antes. –Ahora haz lo que te digo y lleva tu culo a ese baño antes de que te deje un ojo morado para que combine con lo rojos que ya los tienes-
Agaché la cabeza y no pude hacer más que obedecer a lo que aquella chica de aparentaba tener una personalidad tan dura pero que realmente poseía un corazón de oro decía. Al entrar al baño no pude hacer más que llorar en silencio, no podía entender por qué se preocupaban tanto por alguien como yo, apenas me conocían y sin embargo ahí estaban, tirando a la basura la yerba y tratando de animarme. Aunque también me preguntaba sobre querrían hablar.
Mientras me regodeaba en mi miseria pude oír a las dos hablar afuera del baño.
-Nunca me imaginé que haría este tipo de cosas- decía Sofíe en un tono completamente diferente al que había usado conmigo solo unos segundos antes – ¿no dijo que ni siquiera usaba bebidas energizantes?-
-Lo de su amigo debe de haberle afectado mucho- aunque sus palabras fuesen de comprensión, la voz de Christine reflejaba claramente lo furiosa que estaba por ello. Oírlas en ese intercambio de roles en el que la usualmente dura Sofie se portaba de una forma tan amable mientras que la afable Christine dejaba oír sus ganas de golpearme en la nariz, no con sus palabras, pero sí con su tono, habría podido ser casi gracioso de no ser por las circunstancias. –De todas formas no le vamos a decir ni una sola palabra de esto a Pry, ese tonto ya le dio suficientes preocupaciones en estos tres días como para añadir esto-
Vi mi celular, cincuenta y dos mensajes de Priscila, y no había revisado uno solo de ellos. Abrí el último mensaje, decía: “Danny, me preocupas, sé que lo de Fabián te debe estar afectando, pero no puedes encerrarte y olvidarte de todo. Por favor contesta”. Leerlo fue como un bofetón que me hizo reaccionar sobre lo que había estado haciendo, sí perdía a mi mejor amigo, pero había otras personas que estaban ahí, conmigo, y compartían mi dolor, aunque no conocieran tan bien como yo a Fabián. Me duché rápidamente, me puse la ropa que había llevado con migo al baño y salí para disculparme con las chicas.
-No necesitas disculparte- dijo Chris tan solo al ver mi rostro, aunque lo dijo con el mismo tono molesto de antes. –Con que no te vuelvas a comportar de esa forma es suficiente-
Asentí
-Bueno ¿de qué querían hablar conmigo?- pregunté.

#15

El rostro dulce y tranquilo de Christine se había vuelto duro y serio, lo cual, aunque sabía que tenia razón en su actitud, no podía dejar de desconcertarme en cierta forma.
-Es sobre Pry- dijo Sofy -mira, no deberíamos ser nosotras las que te digamos esto, pero ella no lo va a hacer-
-Por favor, no la vuelvas a llevar en tu moto otra vez- continuó Christine, con una voz más suave que la de hace rato, parecía estarse calmando poco a poco. -Hace unos años ella y José, su hermano, tuvieron un accidente cuando iban en la moto de él-
-Pry estuvo tres semanas internada en el hospital una de las cuales pasó inconsciente- la forma en la que las dos tomaban turnos para hablar hacia que todo pareciera muy ensayado, pero con lo cercanas que eran esas dos no me extrañaba, incluso llegue a pensar que ellas dos eran más que solo amigas, aunque nunca me atreví a indagar en el tema. -Su hermano murió-
-Wow, bueno, debió ser difícil- dije sin saber cómo responder exactamente, -una vez vi un accidente, iba con mi papá en su auto, un chico y una chica, los había empujado un bus, perdieron el equilibrio y cayeron, nosotros los llevamos al hospital, la chica aun estaba despierta en el auto, pero se desmayó después de un rato, hasta donde nos dijo el doctor ambos iban a estar bien-
-No, el chico que llevaste murió luego de un par de horas de ingresar- los ojos de Christine ahora mostraban solo tristeza, ya no existía ni un rastro de la ira que había mostrado unos momentos antes -Dan... Fue el mismo accidente-
Me hubiera gustado poder ver mi cara en ese momento, a pesar del ambiente tan serio y la atmosfera cargada de tristeza, Sofy tuvo que reprimir una risilla, convirtiéndola en una especie de ronquido en la garganta, eso obviamente molestó a Christine.
-Ella nos lo contó todo después de que nos conocimos en la cafetería en aquella ocasión- continuó Christine después de lazar un suspiro y una mirada asesina a Sofy -Se dio cuenta de eso unos minutos después de que te fuiste, y si no te dijo nada es porque no sabía si tu lo recordarías, o la reconocerías y no quería que te sintieras responsable de ninguna forma por lo de su hermano.-
-Pero... dijiste que estuvo una semana inconsciente y la chica de mi auto solo se desmayó mientras la llevábamos al hospital, además la chica que yo lleve con mi papá al hospital tenía heridas por todos lados, y Pry no tiene una sola cicatriz- dije tratando de negar la historia, no me lo podía creer, habría sido demasiada coincidencia.
-Por suerte no le quedó ninguna en el rostro, pero ¿alguna vez la has visto usar manga corta o falda?- era cierto, en los últimos días desde que la había conocido nos habíamos encontrado unas pocas veces en el campus de la universidad, y siempre vestía blusas o buzos de manga larga y jeans.
-Solo se un poco lógico Danny- dijo Sofy mirándome a los ojos -¿tú crees que habría confiado tanto en ti como para aceptar ir en tu motocicleta después de un trauma como ese sin apenas conocerte?, Dan, ella se pone pálida con solo ver a alguien en moto por la calle-
No supe que responder, tendría que hablar con Pry, pero como podía abordar el tema, "hola me enteré que tu eres la chica a la que le salve la vida hace tres años" no le podía decir algo así, y tampoco podía olvidar a la criatura, ya que podría hacer algo y no quería que más personas conocidas salieran lastimadas por su culpa.
-Bueno, te dejamos- se despidió Sofy -habla con Pry por favor, y no le digas que nosotras te lo dijimos nosotras-
Negué con la cabeza, aùn mudo por la impreciòn.
-Yo me llevo esta porquería- Dijo Christine después de despedirse dándome un zape en la nuca, -no hagas algo tan estúpido otra vez, ¿sí?-
FIN DEL CAPITULO 7

#16

Capítulo 8: Nuevos y viejos amigos
Después de las palabras de Sofy y Christine decidí dejarlo en el pasado, supuse, que si lo que aquella criatura era hacerme sufrir por haber hecho "trampa" en aquel juego, lo había conseguido y probablemente me dejaría en paz desde ese momento. Puede que yo tuviese la culpa de lo que le pasó a Fabián y tendría que vivir con ello, pero la vida continuaba y tenía que seguir adelante.
En efecto nada paso relacionado a aquella noche durante unos meses. En ese tiempo me fuí acercando cada vez más con las chicas, sobre todo con Pry, la cual finalmente decidió contarme por su cuenta lo sucedido con su hermano y que ella era la chica a quien mi padre y yo habíamos llevado al hospital unos años antes. Al final, bueno, tal vez ya se lo imaginaran, terminamos de novios, solo desearía que eso hubiese podido durar un poco más. Pero también me acerqué más a Sofy y Christine, me di cuenta que eran más que dos chicas que parecían estar unidas por la cadera.
Sofy, aquella chica alocada, de emociones explosivas y que parecía que si trataba de quedarse quieta y callada por más de dos minutos explotaría, resultó que amaba ir de pesca, yo no me lo podía creer, el solo imaginármela quieta y callada en un bote con la caña en la mano era como tratar de imaginar a Donald Trump donando un millón de dólares a la caridad, era simplemente algo inverosímil para mí. Por otro lado Christine, la calmada voz de la razón y amante de la literatura de terror, resultó también ser una de las mejores reposteras que eh conocido, pero con lo perfeccionista que era, no era de extrañar que cada cosa que intentara saliera deliciosa.
En cuanto a Priscila, ¿qué puedo decir sobre ella?, además de hermosa también era la chica más inteligente que eh conocido, con ella el tiempo parecía detenerse y cada segundo era simplemente perfecto.
a pesar de toda esa felicidad que había en mu vida en ese momento no existía momento alguno en el que pudiera olvidar los golpes en mi ventana aquella noche de un treinta y uno de octubre y el rostro pálido y monstruoso que vi en el monitor de mi computadora a la mañana siguiente.