PaulinaRCP_0731
Rango9 Nivel 43 (3840 ptos) | Escritor autopublicado
#1

Los retratos son bajo mi perspectiva ventanas al pasado. Aquellos que son pintados a mano, no solo representan a una persona, este mismo encierra su espíritu, sus recuerdos, una parte de su ser queda grabada para la eternidad.

Mi nombre es Charlotte y tras obtener una enorme casa como herencia, descubrí un tesoro de retratos, un sinfín de historias y un mundo por descubrir dentro de las paredes de la antigua residencia.

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eleachege
Rango17 Nivel 83
hace más de 3 años

Me encanta el contenido de la introducción y estaré pendiente de la continuación. Un cordial saludo @PaulinatheMoon_0731


#2

Capítulo 1: La Condesa.

Apenas había terminado de bajar todas las cajas del camión. Mi difunta tía abuela de parte madre me había dejado como la heredera de su enorme casa. Sinceramente no iba a rechazar aquella oferta, buscaba independizarme de mis padres y esa casa me venía de maravillas. Pero algo me sigue pareciendo extraño, ¿Por qué los demás nombrados en la herencia aceptaron que yo obtuviese la casa?

Como sea, me encontraba organizando las cajas en el vestíbulo, tendría mucho que hacer, la casa estaba con unos aires de no haber sido limpiada en eras, como si fuese una casa abandonada de esas que aparecen en las historias de terror. Pero bueno, era amplia, estaba en una buena zona y quedaba cerca de mi universidad y el trabajo, en pocas palabras, perfecto.

Pero esa misma noche... tras encender todas las luces, empecé a sentir una rara sensación de incomodidad. No sé porque, pero esta provenía del ático, algo que me llamaba y me pedía que me alejara. Tras subir al segundo piso y llegar finalmente al ático, lo que encontré en su interior jamás lo podre olvidar.

Retratos, montones y montones de retratos, pintados unos iguales a otros, pero con diferentes personas. Justo en ese segundo paso por mi mente: "¿Era retratista?". Fue lo único que se me paso por la mente mientras les dabas ligeros vistazos a todos ellos.

En medio de mi inspección, uno llamo mi atención, estaba muy bien cuidado, a excepción de las marcas del tiempo. Una hermosa mujer de cabello negro, sus ojos tenían un resaltante brillo violeta, o creo que era rojo vino, no podría decirlo bien, no había buena luz ahí, pero aun así, me sentía atraída a ella, sentí ganas de hablar con ella...

Tome el retrato y lo puse en un lugar donde le diera más luz, de repente aquella sensación acabo, y ahora que tenía más luz, pude ver una firma en ese retrato: "Tal vez sea un hasta pronto, pero jamás nos diremos un adiós. Espero verte pronto Condesa ******", sea cual fuese el apellido, estaba muy desgastado como para leerse.

Sentía curiosidad por la Condesa y sobre todo, curiosidad por mi difunta tía abuela, no dejare de buscar. Tal vez encuentre más indicios de la historia de su vida si busco más a fondo.

Hace alrededor de 3 años

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#3

Capítulo 2: Encuentros entre Sueños.

Esta semana fue muy estresante en la universidad, sentí como si alguien me estuviese observando pero cuando daba la vuelta una vez la sensación era insoportable no encontraba a nadie. Así transcurrió mi rutina hasta que llego viernes y me encontraba de nuevo entre las paredes de aquella casa. Es como si esa presencia se sintiese inquieta cuando salía del hogar, pero… ¿Quién o que sería esta presencia? Y la pregunta más importante, ¿Por qué yo?

Estaba empezando a pensar que todo esto comenzó cuando descubrí esos retratos, pero posiblemente se trataba de una simple paranoia al cambiarme de residencia, o tal vez no… Esa misma noche me fui a dormir temprano, mañana recibiría la visita de mis primas en celebración de mi nuevo domicilio propio y tendría muchas cosas por hacer.

-…tori… Vic…- Una voz lejana estaba llamando, el nombre era difuso y mi cuerpo se sentía liviano por un segundo, cuando me encontré sentada con la cabeza recostada en un mueble de madera. -¡Victoria!, ¿hasta cuándo piensas dormir?- Aquella voz se hizo clara llamándome Victoria.

Fue entonces que la vi, era aquella hermosa dama de la pintura que había visto, la condesa. Era justo como estaba en la pintura, cabello negro y ondulado recogido en una cola de caballo alta, piel tan pálida como el marfil, sus ojos tenían un intenso brillo carmesí con la luz de la habitación y estaba ataviada como… ¿un joven noble?

Me levante del asiento claramente confundida ya que recordaba haberme quedado dormida en mi propia cama y note que mis vestimentas eran contemporáneas con las de la condesa, un enorme y elegante vestido en tonos rosa y blanco, me mire en el espejo que estaba a mi izquierda y aquel rostro me sorprendió, era yo pero sin serlo a la vez.

-¿D-dónde estoy?- Pregunte mientras dirigía mi mirada hacia la condesa nuevamente, esta soltó un pesado suspiro y organizo los cabellos que se había movido al estar dormida.

-¿Qué voy a hacer contigo, Victoria?- La condesa termino de ponerme presentable y coloco suavemente su mano sobre mi mejilla. –Nos encontramos en tu sala, me habías invitado a tomar el té ya que tenías algo importante que decirme, y al ver que no bajabas subí hasta aquí a buscarte.- Explico mientras me observaba a los ojos.

Ella estaba a punto de decir algo cuando un fuerte sonido invadió mis oídos, todo se volvió negro y la imagen de aquella hermosa dama desapareció. Me desperté sobresaltada, sentada en una silla de madera con la cabeza recostada en el mueble, mis primas me estaban llamando a gritos y sacudiéndome para despertarme.

Al parecer me había quedado dormida y no solo eso, también había sido sonámbula, mis primas me dijeron que me quede parada en ese lugar durante 10 minutos y luego me senté a descansar y como si estuviese hipnotizada.

Cuando mire detenidamente el lugar donde estaba encontré una vieja foto de una hermosa joven, fue casi un espanto el notar como era idéntica a mí, fue entonces que mi prima María me dijo que de toda la familia la que más se parecía a la tía Victoria era yo.

Victoria… si ese era el nombre por el que me llamaba la condesa en ese sueño… eso significa que hay una conexión entre mi tía abuela y yo… y lo más importante, una conexión entre la condesa y ella.

Hace alrededor de 3 años

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#4

Capítulo 3: Es como si ya no Fuese yo Misma.

La siguiente semana se desarrolló como la anterior, cada vez que colocaba un pie fuera de la gran casa me invadía la sensación de que alguien vigilaba todos mis movimientos. La universidad fue incluso peor, por alguna extraña razón me sentía incomoda en compañía de los muchachos de mi sección, eso nunca me había pasado antes.

Ojo, yo nunca he sido del tipo de chicas que solo vive para coquetear con los hombres, pero su presencia por primera vez me molestaba al punto de tener que salir de la habitación donde me encontraba para dejar de sentirme incomoda, no entendía que me estaba sucediendo. La idea de que todo estaba relacionado con esa casa se hacía cada vez más fuerte, pero no únicamente con esa casa…

Una vez más la semana llego a su fin y cuando puse el primer pie dentro de la casa, es como si mi cuerpo entero hubiese suspirado de alivio, como si un enorme peso se me hubiese levantado de encima. A pesar de vivir sola ahí, no me sentía sola en lo absoluto, pero no acompañada incomoda como sería el caso de una presencia, era más bien como la compañía de algún viejo conocido.

Me prepare un poco de té y me serví de una galletas que había traído mi madre el fin de semana pasado, últimamente me gustaba pasar largos ratos en el salón tomando el té y haciendo cualquier cosa así, desde escribir hasta practicar costura, y yo jamás había tenido interés en ese tipo de cosas. Cuando el té estuvo listo y las galletas en un pequeño plato, fui hasta ese pequeño salón y me senté a leer en un cómodo asiento estilo victoriano a la luz de la tarde.

Muchas personas de mi edad fácilmente dirían que he empezado a tener hábitos y pasatiempos de vieja, pero extrañamente ya no me estaba importando la gente que empezaba a murmurar cosas a mis espaldas… Muchas de mis compañeras me dijeron claramente que ya no era la misma, pero poco me importo. Incluso la compañía de ellas empezó a disgustarme ya que andaban constantemente rodeadas de muchachos.

Mientras más me acostumbraba a esta nueva forma de actuar mía, más me acostumbraba a la sensación de inquietud de estar lejos de la casa, era casi una sensación insoportable, como si estuviese haciendo esperar a alguien importante en esa casa. Fue a partir de la quinta semana en esa casa que hasta mi familia empezó a notar que me aislaba de todo lo demás.

Mi abuela en persona vino a decirme un fin de semana que había empezado a actuar como mi bisabuela Victoria, una persona en su mendo, poco sociable salvo por una persona con la que siempre estaba y nunca se separaba. Era obvio que el origen de esto fue aquel sueño en el salón, cuando tuve mi primer encuentro con la condesa.

Llego el fin de semana de la sexta semana y ya era de noche, después de mi ahora típica rutina de leer en el salón comiendo galletas, fui hasta mi habitación y me deje caer en la enorme cama, cayendo profundamente dormida. Fui rodeada otra vez por el vacío y cuando me sentí ubicada en un espacio concreto estaba de nuevo ataviada elegantemente, esta vez sí estaba en mi recamara, esta vez los ropajes eran más complejos y hermosos, es como si me hubiesen arreglado para una fiesta.

De repente alguien toco la puerta, sin poder controlar mi propia voz dije “Adelante” y ahí estaba de nuevo la condesa, tan elegante y majestuosa como en mi último sueño, vestida para la ocasión igual que yo. Tras los típicos saludos termino de darme los toques finales y me entrego una invitación.

-Sinceramente me sorprendiste, Victoria… de todo este tiempo que llevo conociéndote jamás pensé que aceptaría una invitación para un baile de máscaras.- Dijo la condesa colocando gentil mente una máscara de plumas a juego con mi vestido sobre mi rostro.

-Seamos nosotras mismas esta noche donde nadie pueda saber nuestro nombre.- Dijo mi voz por si sola haciendo una reverencia en frente de la condesa, ella en respuesta se colocó su propia mascara y me ofreció su brazo para escoltarme hasta la salida de mis aposentos.

Hace alrededor de 3 años

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#5

Capítulo 4: El Baile de las Máscaras.

Sin saber cómo o en qué momento salí de la casa, me encontraba en un carruaje de camino a un lugar completamente desconocido, la condesa se encontraba sentada a mi lado mientras lo único que se escuchaba en el trayecto era el galopar de los caballos.

Mire levemente por la ventana y la noche en la que nos encontrábamos era hermosa… casi mágica. En plena apreciación del brillo nocturno del camino, la condesa me llamo repetidas veces hasta que por fin caí en cuanta de que estaba hablándome.

-Es increíble la facilidad con la que te despegas de la realidad Victoria.- Dijo la condesa con un tono suave de voz mientras levantaba levemente mi mentón con su mano, haciendo que nuestras miradas se encontrasen. –Pero sinceramente es lo que más me ha llamado la atención de tu persona, pronto llegaremos al evento así que no habrá necesidad de que ocultes lo maravillosa que en realidad eres.- Tras terminar de decir aquello, el carruaje se detuvo.

Habíamos llegado al baile de disfraces, todos estaban saludándose cordialmente a medida que iban ingresando a la mansión, no podía evitar sentir una dominante sensación de incomodidad que desapareció rápidamente una vez la condesa lo noto y tomo suavemente mi mano para que me tranquilizara, el efecto fue de inmediato.

-Aun no logro acostumbrarme a todo esto, para ti debe ser fácil estar en frente de tanta gente…- Dijeron mis labios para luego sentir como la condesa me ofrecía su brazo para entrar juntas al salón de baile.

-No es que haya sido confiada toda mi vida, si te soy sincera… en estos momentos estoy realmente nerviosa, creo que casi tanto como tú, el hecho de que tu estés aquí me trae mucha paz.- Respondió mientras entrabamos al gran salón.

Todos se encontraba bailando en un desfile de vestidos hermosos y trajes elegantes, las máscaras en los rostros de todos daba la ilusión de que aquel baile era un sueño de una noche que al finalizar la última cuerda de la orquesta que tocaba solemnemente para los invitados, todos seriamos arrastrados a la amarga realidad, de nuestras vidas diarias.

Esa noche no sería de Victoria, sería la noche de una doncella enamorada, bailando sin para con la persona que más amaba… Justo cuando comenzó una pieza lenta y de armonía dulce, ya me encontraba en el centro del salón, bailando una pieza de vals con la condesa. Fue entonces que todo se volvió negro a nuestro alrededor y tras el último sonido del acorde del violín, beso suavemente mi mano y desperté.

Los pájaros cantaban suavemente en la ventana mientras yo miraba aquel brillo de sol matinal que traspasaba mi ventana cada sábado, con un aire de melancolía fui al baño y me quede en la tibia agua de la tina por casi una hora, pensando en aquel sueño.

Tras terminar todas mis rutinas del sábado, subí al ático y me puse a buscar entre las cosas de mi bisabuela que seguían ahí guardadas. Descubrí muchos hermosos vestidos que aún permanecían intactos, como si fuesen ajenos al tiempo largo que llevaban guardados, también encontré un viejo álbum de fotos y varios libros.

De entre todas las cosas lo que más llamó mi atención fue un hermoso cofre, por su tamaño podría deducir que se trataba de un joyero, pero su interior aun permanecería en secreto para mí, ya que requería de una llave para ser abierto, ya que no quiero salir de la casa en todo el fin de semana, me pondré manos a la obra para encontrar esa llave.

#6

Capítulo 4: El Baile de las Máscaras.

Sin saber cómo o en qué momento salí de la casa, me encontraba en un carruaje de camino a un lugar completamente desconocido, la condesa se encontraba sentada a mi lado mientras lo único que se escuchaba en el trayecto era el galopar de los caballos.

Mire levemente por la ventana y la noche en la que nos encontrábamos era hermosa… casi mágica. En plena apreciación del brillo nocturno del camino, la condesa me llamo repetidas veces hasta que por fin caí en cuanta de que estaba hablándome.

-Es increíble la facilidad con la que te despegas de la realidad Victoria.- Dijo la condesa con un tono suave de voz mientras levantaba levemente mi mentón con su mano, haciendo que nuestras miradas se encontrasen. –Pero sinceramente es lo que más me ha llamado la atención de tu persona, pronto llegaremos al evento así que no habrá necesidad de que ocultes lo maravillosa que en realidad eres.- Tras terminar de decir aquello, el carruaje se detuvo.

Habíamos llegado al baile de disfraces, todos estaban saludándose cordialmente a medida que iban ingresando a la mansión, no podía evitar sentir una dominante sensación de incomodidad que desapareció rápidamente una vez la condesa lo noto y tomo suavemente mi mano para que me tranquilizara, el efecto fue de inmediato.

-Aun no logro acostumbrarme a todo esto, para ti debe ser fácil estar en frente de tanta gente…- Dijeron mis labios para luego sentir como la condesa me ofrecía su brazo para entrar juntas al salón de baile.

-No es que haya sido confiada toda mi vida, si te soy sincera… en estos momentos estoy realmente nerviosa, creo que casi tanto como tú, el hecho de que tu estés aquí me trae mucha paz.- Respondió mientras entrabamos al gran salón.

Todos se encontraba bailando en un desfile de vestidos hermosos y trajes elegantes, las máscaras en los rostros de todos daba la ilusión de que aquel baile era un sueño de una noche que al finalizar la última cuerda de la orquesta que tocaba solemnemente para los invitados, todos seriamos arrastrados a la amarga realidad, de nuestras vidas diarias.

Esa noche no sería de Victoria, sería la noche de una doncella enamorada, bailando sin parar con la persona que más amaba… Justo cuando comenzó una pieza lenta y de armonía dulce, ya me encontraba en el centro del salón, bailando una pieza de vals con la condesa. Fue entonces que todo se volvió negro a nuestro alrededor y tras el último sonido del acorde del violín, beso suavemente mi mano y desperté.

Los pájaros cantaban suavemente en la ventana mientras yo miraba aquel brillo de sol matinal que traspasaba mi ventana cada sábado, con un aire de melancolía fui al baño y me quede en la tibia agua de la tina por casi una hora, pensando en aquel sueño.

Tras terminar todas mis rutinas del sábado, subí al ático y me puse a buscar entre las cosas de mi tía abuela que seguían ahí guardadas. Descubrí muchos hermosos vestidos que aún permanecían intactos, como si fuesen ajenos al tiempo largo que llevaban guardados, también encontré un viejo álbum de fotos y varios libros.

De entre todas las cosas lo que más llamó mi atención fue un hermoso cofre, por su tamaño podría deducir que se trataba de un joyero, pero su interior aun permanecería en secreto para mí, ya que requería de una llave para ser abierto, ya que no quiero salir de la casa en todo el fin de semana, me pondré manos a la obra para encontrar esa llave.


Capítulo 5: El Joyero de Victoria.

Así trascurrió mí fin de semana. Buscando en cada rincón de la enorme casa en busca de la llave que abriría aquel joyero. De vez en cuando me tomaba un descanso de mi búsqueda para analizar mejor la decoración del mismo. La caja estaba forrada en un genuino terciopelo rojo y los bordes estaban decorados con acabados metálicos que parecían estar hechos de plata para ser coronados en la tapa con un hermoso detalle de pedrería verde. Otras de las cosas que note es que la posible llave para abrirlo sería de diseño artesanal ya que el orificio por donde debería entrar era muy… de película.

Por la forma en la que se había mantenido a pesar del paso del tiempo, demostraba que había sido cuidado con mucho cariño. Me pregunto si este habrá sido un regalo de la condesa para mi tía abuela. Cuando reanudaba mi búsqueda, no dejaba cajón sin abrir o mueble sin revisar. Se imaginaran cuanto tardé en una ENORME casa que para colmo tenía en su interior muchos de los muebles que usaba su dueña anterior. En aquí hay como una fortuna en antigüedades, muchos de los muebles que hay aquí dejaron de fabricarlos hace décadas y siguen en perfecto estado.

Buscaba, tomaba un descanso leyendo un libro, buscaba, tomaba otro descanso comiendo unas galletas con un poco de té, buscaba, tomaba otro descanso más leyendo un libro en el salón. Así fue todo mi fin de semana, incluso me pareció un alivio que nadie decidiera visitarme ya que no estaba de ánimos de recibir a nadie y en la búsqueda deje la casa un poco patas arriba. Si… tendré que pasar otro poco de tiempo limpiando después de encontrar la dichosa llave… si es que consigo encontrarla…

Fue entonces que se me ocurrió un posible escondite perfecto para un objeto así. Fui a mi habitación, y busque detrás del retrato de la condesa. Después de la segunda semana viviendo en esa enorme casa, decidí que sería mejor tenerla de nuevo bajo la luz que confinada en un ático solitario, en realidad había colgado todos los cuadros alrededor de la casa pero el de la condesa era el único que estaba en mi recamara… sentía que ella debía estar ahí. Bueno como decía, revise detrás del retrato y justo como sospechaba, ahí se encontraba la llave. De un hermoso diseño clásico artesanal.

Después de limpiar la casa, cosa que me tomo más tiempo del que pensé, me senté en el pequeño asiento victoriano que era mi único testigo de mis avances en costura y lectura, y tan pronto tuve mi nuevo plato de galletas y un té que me envió mi abuela servido en un juego de té que ahora era mi preferido para la tarde, pude finalmente usar la llave para ver el interior del joyero.

Tras ver lo que había adentro mis ojos quedaron abiertos como platos. Un hermoso collar de lo que parecían ser esmeraldas incrustadas a lo largo de la hermosa cadena de plata, estando en el centro un hermoso dije con el grabado de una rosa. Un anillo de jade cuya argolla estaba hecha de la misma plata que la cadena del collar, un par de aretes de perlas que permanecían lustrosas y un brazalete de motivos florales que hacia juego con todo lo demás. La cabeza me dio vueltas de solo imaginar el precio de todo aquello. No tenía que ser una experta para saber que todo aquello era autentico. Y al final de todas esas hermosas joyas había una pequeña carta, cuyo sobre ya había sido abierto. La carta en su interior decía:

“Querida Victoria, no tienes idea de lo feliz que me haces.
El conocerte no fue solo una casualidad, estoy absolutamente segura que encontrarnos aquella maravillosa tarde fue el destino.
Cada día que paso contigo es un nuevo día en el que descubro que a pesar de estar atrapadas en una época tan sofocante como lo es esta… aún se puede observar el mundo con inocentes ojos llenos de asombro.
No solamente eres maravillosa, sino que para mí eres una en un millón.
Mi madre me incito a comprar esto para “una persona especial” pero para mí esa persona solo puedes ser tú, se perfectamente que no eres muy fanática de estas cosas, pero me honraría que lo aceptaras.
Siempre tuya, Agatha Velvet.”

Leer esa carta y luego reanalizar el contenido del joyero me lleno el corazón no solo de una profunda melancolía sino también de una sensación tan familiar de nostalgia que es como si yo fuese la dueña de esa pequeña cajita de terciopelo. Fue cuando de repente me paso por la cabeza… ¿Velvet?... ese apellido le sonada de algo…

La investigación continua, y si mi corazonada es correcta, creo que pronto descubriré quien fue la condesa del retrato…

Hace más de 2 años

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