HernanACalvo
Rango14 Nivel 65 (21143 ptos) | Best seller del año
#1

Invité a Laura, una compañera de trabajo, a una confitería a tomar algo, debido a que ya habíamos terminado nuestro horario laboral. Pero teníamos que quedarnos a una reunión de urgencia con el gerente. Este venía en viaje hacia la empresa, pero no llegaría hasta dentro de dos horas.
La confitería era una buena idea, nos venía bien, así nos despejábamos un poco del ajetreo de todo el día en la oficina.
Eran las seis y diez de la tarde, teníamos que esperar dos horas, fue cuando nos sentamos en el boliche, en la única mesa vacía.

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SDA_love50
Rango19 Nivel 94
hace más de 3 años

Caja nueva de "Secta" @HernanACalvo
Yo tambien escribi un libro con personajes argentinos se quedo en pausa porque un colega español como yo y viviendo en tu pais les daba tu acento y perdimos el contacto y yo lo deje donde se quedo @HernanACalvo
Ese libro es Eternos "Ella" y su parte contada por el.


#2

Parte II
Estaba contra la pared, la que estaba junto a un espejo grande (dónde uno podía ver bien de cerca, como le pasaron los años), por suerte nos ubicamos bien cómodos.
Llamé al mozo y tal cuál convinimos con ella, le pedí dos cafés cargados con leche y medialunas de manteca.
Mientras esperábamos el pedido le dije: - Laura te diste cuenta que somos compañeros desde hace más de veinte años y es la primera vez que nos encontramos juntos en un lugar distinto a la oficina, tenemos que festejarlo…
Se sonrió y me contestó que el culpable era yo, por no haberla invitado nunca antes a ningún lado, que siempre hubiera estado dispuesta a una invitación mía.
Me reí y le pregunté: - ¿Qué tal si hago el papel de psicólogo en una sesión que tendrá que durar dos horas, hasta la reunión con el gerente y mientras me haces conocer tu vida, de la cuál nunca supe nada de nada?
Me contestó: - Mejor cuéntame sobre la tuya, seguro va a ser más movidita, con tu esposa y su trabajo de profesora, las historias que tendrá de sus alumnos y tus hijos, pasando las etapas y experiencias del estudio y del crecimiento. Me imagino las cenas en tu casa, con toda la familia reunida contando cada uno situaciones, historias o anécdotas todos los días, ustedes sí, tienen vida de verdad...
Por favor señorita, le sugerí: - No se pierda tratando de evadir o tocar otros temas, la sesión ya ha comenzado; la escucho.
Me contestó: - Carlos, te conozco hace tantos años, eres un buen tipo y también excelente compañero de trabajo, como tampoco me cabe duda lo serás como marido y padre de familia.
Te hago saber con honestidad, que cuando llegamos a la confitería y comenzaste a hablarme, creí que ibas a hacerme una propuesta amorosa. - Qué pensamiento loco el mío… cuando iniciaste la conversación, al principio quedé como fría y te pido perdón, pero estoy tan desacostumbrada a estar con algún espécimen del sexo opuesto, que para mí una simple mirada de un hombre es una película de amor de por lo menos tres horas.

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Romahou
Rango18 Nivel 89
hace más de 3 años

Un vaivén de conversación

No tengo claro aún a quién pilla por sorpresa la revelación
Con esa naturalidad

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace más de 3 años

Sigue leyendo e iras viendo como se va desemvolviendo la trama. Gracias por leer


#3

Por favor señorita no mezcle una cosa con otra, está en sesión, comience de una vez, que se nos va el tiempo. Le repito, el tema es darme a conocer toda su vida...
Por fin comenzó: - Tenía tres años y me seguía haciendo pis en la cama, ya más de una vez, cuando mamá se levantaba con los cables pelados, me daba un chirlo en la cola, la miraba y se me escapaban algunas lágrimas, ella con su mirada dura de siempre, me decía: - ¡Mocosa sucia y malcriada!
Al poco tiempo superé lo del pis en la cama, no hubo más chirlos.
A los seis años entré a la escuela primaria. Desde que nací había vivido encerrada en casa sola, sin hermanos ni amiguitos del barrio, solo con algunas muñecas y otros juegos.
Las únicas salidas de ese tiempo eran a lo de mi abuela, que vivía con mi tía, la hermana mayor de mi madre.
El primer día de clases, lo recuerdo, ni bien me dejó mamá en la puerta de la escuela, mi maestra me tomó de la mano. Seguro me vió con pánico.
Ingresamos al colegio, una multitud de gritos, peleas y llantos en las galerías, en el salón un poco más tranquilo, pero no mucho.
Al poco tiempo se empezaron a formar grupos y yo fui quedando relegada al de las tontitas, en realidad éramos tan tontas que ni estábamos juntas. Eramos como hongos dispersos por el grado. En realidad sería cierto porque las dejadas de lado nunca nos juntábamos con otra en nuestra misma situación para no contagiarnos de la peste en la cuál estábamos inmersas.
Pasó toda la primaria y no cambió en nada la relación con los compañeros y compañeras, constantemente seguíamos aisladas, las tontitas de siempre.
Era muy estudiosa y en el último año hasta fui escolta de la bandera; para mamá, como si nada, papá en aquel momento, contento.
Por fin la secundaria, pensé que cambiaría mi situación, pero no, mi cuerpo cambió, mi primer período, el descubrimiento de un cuerpo nuevo, pero no tomó la forma que le interesaba a los hombres (era más bien delgaducha).
Para colmo la ropa que usaba era bien a la antigua, que por supuesto elegía mi madre diciéndome que una chica decente debía usar ese tipo de vestimenta.
Nunca le discutí nada, ni yo, ni tampoco papá que siempre complacía lo que ella hacía o decía; más de una vez pensé que le tenía miedo.
Las demás compañeras mostrando las piernas y todas escotadas, yo me veía como una monjita. Muchas se reían de mí.
Hasta llegué a creer que los compañeros me tomaban como otro macho más, contaban o decían lo que harían con tal o cuál amiga o compañera nuestra o con alguna de otra división, con total descaro adelante mío.
La verdad es que me sentía totalmente disminuida y hasta diría, me creía un ser asexuado, que tampoco compartía nada con mis compañeras.
Eran peor que los varones y contaban con lujo de detalles las cosas que hacían con los muchachos, la mayoría como diversión o directamente para quitarse la calentura. - ¡De terror!
Cuando estábamos por terminar quinto año me ilusioné pensando en el viaje de egresados a Bariloche. En mi fuero interno pensé que me soltaría tomando bebidas (es lo que se hace en esos viajes) o al menos lo intentaría.
Cuando llegó el momento de concretar dicho viaje, no se propusieron ni profesores, ni preceptores, ni familiares de nadie que nos acompañe y que se hagan cargo del contingente. La decisión fue ir solos, pase lo que pase…
Mi madre, lógicamente, pensaba distinto, intenté convencerla pero su negativa fue terminante y fue un ¡NO, TREMENDO!!!..
Desde ya, apoyado por el silencio de mi padre.
Tres idiotas, dos testigos de Jehová y yo, no fuimos, nuestros padres nos prohibieron el viaje, los demás dale que va, fueron todos.
Igual nos acercamos a despedirlos, como también a recibirlos a su regreso.

Hace más de 3 años

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#4

Cuando se calmó lo del viaje, seguí como atontada hasta que terminamos la secundaria, mientras todos los demás, hasta que finalizó el año, contaban anécdotas que pasaron en Bariloche.
Me consideraba la abanderada, sí, pero de la mujer marmota.
Terminada la secundaria comencé a estudiar Psicología, que creí era mí vocación.
En la facultad, cada uno hacía la suya, mucho individualismo, terminadas las cátedras algunos seguían en otras materias y muchos se retiraban a sus trabajos u otros compromisos.
Mucha gente grande, con trabajos importantes, concurrían a la facultad a la que tomaban como un hobbie o una válvula de escape, otros casados con hijos, la venían llevando de a poco, pensando en un futuro mejor.
Recién en segundo año, conocí mi primer amor.
Luis, que se acercó ofreciéndome unos apuntes, luego me pidió otros, comenzaron las invitaciones a tomar café, hasta que me declaró su amor, recuerdo que me puse roja como un tomate, sonreí y me dió un beso en los labios, lo que hizo que entre en un sueño tierno, que creía que nunca iba a tener en mi existencia.
Aceleró mucho las cosas e intentó que tengamos relaciones sexuales, yo por nada del mundo le permití llegar a tanto.
Sentía mucho amor por él, pero no estaba preparada para eso y él no quiso esperar y sin más cortó nuestra relación.
Me sentí deprimida y cada vez que iba a clases lo veía. Lo llegué a odiar.
El ya no se interesó más en mí. Al poco tiempo ya tenía un nuevo amorío con otra compañera, se notaba bien ligerita.
Luego pasé mucho tiempo con bajones y sufriendo, hasta que conocí a un hombre de verdad. Fue Gustavo, bastante mayor que yo, pero sin compromisos, su vida era su trabajo y en segundo lugar los estudios.
Un tipo simple, buen compañero, ya hacía tres años que nos veíamos en distintas materias, hasta que nos fuimos haciendo amigos.
Primero un café, luego unas caminatas, unos almuerzos y nunca ninguna proposición de nada.
Hasta que llegó el día que decidí invitarlo a cenar a casa.
Cuando se lo propuse a mi madre, por poco me mata y eso que yo, en ese tiempo ya tenía veintitrés años, ella buscó mil excusas para negarse. La primera semana buscó un pretexto y no pudo ser, la segunda tampoco, recién la cuarta y como si tuviera algo atravesado en la garganta, por fin aceptó que lo invite.
Ni bien lo vió estuvo a punto de no dejarlo entrar, argumentando que era un viejo para mí, Gustavo tenía en ese momento treinta y cinco años, era doce años mayor que yo.
En el mundo actual no creía que ese sea un problema, no era tanta la diferencia de edad.
Ni bien comenzamos a cenar, le buscó pelea toda la noche y puso una cara de culo que no podía disimular.
Mi padre, en cambio, trató de establecer una buena relación, conversaba sobre temas varios, fútbol, posibilidades de vacacionar y otros temas triviales, mientras mi madre con gestos y miradas a papá, que notábamos todos, lo quería matar.
Cortó la noche rápido diciendo que al otro día madrugábamos, yo no supe qué hacer. Gustavo, al despedirse, me pidió que no me haga problema, que eran situaciones normales y más cuando se era única hija.
Seguimos saliendo, pero por supuesto nunca más lo invité a casa, después de la noche que nos hizo pasar mi vieja.
Una tarde de lluvia estábamos tomando un café, me miró a los ojos y me propuso hacer el amor, en ese momento. Me sorprendió por lo insólito de la propuesta, me quedé mirándolo. No contesté ni que sí, ni que no...
Pagó el café y me tomó del brazo y me llevó sin palabras a un hotel alojamiento y con mucha delicadeza de su parte hicimos el amor, la pasé de maravillas, se me cumplió en aquel momento el sueño de lo que esperaba fuera mi entrega a un hombre.
Llegué a casa un poco más tarde de lo habitual y como si lo hubiera olido, empezó a los gritos: - Seguro que ya estarás revolcándote con ese viejo baboso. La miré y le contesté: - ¡Y si lo hiciera, qué!...

Hace más de 3 años

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#5

- Ya soy mayor de edad, tengo derecho a hacer lo que me plazca con mi cuerpo. Se acercó y me pegó tremenda bofetada, la miré con rabia y me fui a mi cuarto llorando y esa noche no cené.
Me quedé en mi pieza hasta el otro día, mientras escuchaba a la distancia otra discusión más entre ella y mi padre.
Esa noche pensé muchas cosas.
La primera, tengo que hacerme respetar y valerme por mi misma, no quiero depender más de ese ser helado, que es mi mal parida madre.
La segunda, al menos por unos años tengo que reducir las horas de cursos y de estudios en la facultad, para darme posibilidad en ese tiempo de ganarme mi sustento, quiero desde ahora depender económicamente de mi misma.
La tercera, decirle a Gustavo que definamos ahora mismo lo nuestro, y la única forma sería viviendo juntos y me propuse mentalmente que si no aceptaba me separaría definitivamente de él.
Al otro día, ni bien lo vi, le conté lo sucedido con mi madre y le pedí abiertamente que vivamos juntos.
Le pareció descabellado y como evasiva dijo que casi no nos conocíamos y que debería sumarle el desprecio de mi familia hacia su persona.
Le contesté que me importaba un rábano, mientras estuviéramos juntos.
Cortándome, me propuso que lo deje pensar mucho, que no se veía preparado para encarar una pareja estable o una familia.
Ante tal contestación le declaré la ruptura de nuestra pareja y lo dejé solo y me fui, diciéndole: - “Cobarde”.
Al irme caminando, me extrañó mi tranquilidad, me sentí aliviada. Esta conversación, pensé, produjo sacarme un idiota de encima y me reía de mi misma, diciendo: - ¿Con quién querías formar pareja? No sentías nada hacia él, ni tampoco te servía para nada.
Nuevamente sola y en pie de guerra contra mi madre.
Conseguí, por suerte, un trabajo de secretaria de un médico, todo iba bien y ya hacía un año y medio que trabajábamos juntos. En ese período, seguía en la facultad y aprobé tres materias, hasta que me harté y decidí no estudiar más, ya no me llenaba el estudio. No era lo mío.
Al poco tiempo, Federico el médico, me comenta que había decidido ir a radicarse a Córdoba, que era donde estaba su familia y amistades, que tenía un mes más para buscarme otro trabajo.
Presenté curriculum en varias empresas y me tomaron en la nuestra y a los tres años entraste tú también, siendo jovencito y ya desde aquel momento me caíste muy bien y fuimos lo que somos hasta hoy, buenos compañeros.
Desde que entré en nuestra empresa se normalizó mi vida laboral y mi libertad económica, la que siguió desbordada fue mi vida amorosa. Pasaron muchos, como Javier, Alejandro, Octavio, Guillermo y sigue la lista.
Algunos me sirvieron para pasar un buen momento, otros con engaño tras engaño hasta cansarme y cortar la relación, con otros comenzaban bien las cosas, pero cuando íbamos profundizando y conociéndonos, cortábamos por tener ideales de vida muy diferentes. Otros, al tiempo me enteraba que eran casados y…
Mientras, me fueron pasando los años, tanto a mí como a mis padres, con los cuáles seguía conviviendo.
Cuando mi padre llegó a los sesenta años, a los pocos días de su cumpleaños, lo echaron sin motivos de su trabajo, esto causó que caiga en una depresión tremenda de la cuál nunca pudo salir y cada día estaba peor de salud. Se vino abajo en todos los aspectos.
Decidimos internarlo en una clínica, le hicieron todos los estudios, nos dieron varios diagnósticos como posibles tumores, problemas de coronarias y esófago...
Pasaron los días y cada vez peor y un nuevo diagnóstico posible y los estudios se hacían interminables.
Hasta que un enfermero, Gerardo, del cuál me había hecho compinche, me dice, estando sola en ese momento con mi padre, que no tenía salida, que nos preparemos para lo peor. Dos días después, eso peor se dió, falleció en paz.
Mi madre no realizó velorio ni nada, de inmediato lo hizo incinerar y nos volvimos a casa con una urna con sus restos.

Hace más de 3 años

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#6

- Adiós papá, te liberaste de mamá...
Mi amistad con Gerardo el enfermero siguió. Cada tanto, nos encontrábamos a tomar un café y nos contábamos nuestras cosas.
Al tiempo de la muerte de papá, me confesó que a mi padre lo habían ayudado a morir en la clínica, porque ya no tenía salida y siempre lo hacían con todos los pacientes terminales, para evitarles el sufrimiento a ellos y a sus familiares…
Le pregunté que sistema empleaban para ayudarlos y me comentó que lo hacían con un polvito blanco muy fino, que en general lo incorporaban en el suero, el cuál actuaba hasta que cumplía su cometido y la gente se iba a mejor vida en paz, como se fue tu padre.
De inmediato me surgió una idea macabra, pero al fin, un acto de justicia y le pedí que me regale un frasquito con una cantidad de polvito blanco.
Me preguntó: - ¿Para qué lo quieres?
Al instante le contesté: - Es para mamá…
A los pocos días me entregó la botellita y comencé de a poco a incorporárselo en todos los condimentos que ella utilizaba.
En tres meses, tras su propio suicidio, la hice cremar y desde ese momento tengo las dos urnas en una repisa en el living de casa.
Muchas veces me pregunté, después de su muerte, qué rara es la gente, cada día se ponía más y más condimento en las comidas, mientras yo me cansaba de decirle que no le ponga tanto, que era muy fuerte. Para contradecirme, se ponía más y más. - ¡Qué gente loca!…
Desde ese momento vivo sola y ahora que estoy más viejita, ya me cansé de perder el tiempo buscando noviecitos, que lo único que hacen es ilusionarte y hacerte perder el tiempo.
- Esta es mi historia doctor, no tengo dudas que aunque un poco dura, usted esperaba que le cuente toda mi verdad. - ¡Ahí fue!…
Además, ya pasaron como dos horas y tenemos que ir a la reunión con el gerente. Vamos, se nos hace tarde, doctor.
Quedé como paralizado. Cuando reaccioné expresé: - Al final tu vieja era un gran pulpo que les cagó la vida a ti y a tu viejo.
- ¡En realidad yo pensaba que tenía como compañera a una mosquita muerta y me he enterando, después de tantos años, que tenías en tu familia a un pulpo gigante que acaparaba todo, pero a éste le salió un tiburón que se lo comió de un bocado! Del cuál soy compañero.
Mientras nos dirigíamos hacia la oficina pensaba que la sesión la comencé como un juego, para pasar el rato.
¡Con todo lo que me contó, desde ahora sinceramente a mi compañerita ya le pasé a tener mucho, pero mucho respeto y por qué no miedo!…

Hace más de 3 años

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Romahou
Rango18 Nivel 89
hace más de 3 años

Sorpresivo desde luego.

Coherente a su vez.

Buena historia.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace más de 3 años

Te agradezco amiga. Esta situación se da muchas veces cuando hay seres egoistas que n o dejan vivir ni a su propia hija.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace más de 3 años

Gracias por tu lectura. Trato de volar con mis letras. No vuelan tan alto como lo hacen las tuyas. Tus cuentos o libros tranquilamante podrian ser una historia sin fin. Genio.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace más de 3 años

Todos estamos aprendiendo si se quiere este oficio que es el oficio de escribir. Esto nos llena el alma, nos hace muy felices. Y justamente con la lectura de los demas es como poco a poco vamos evolucionando y de repente escribimos algo un poco mejor. Te comento que a mi me gusta como escribís y si tengo algo que decirte de tus escritos lo haré pero con todo respeto y tu tienes el derecho de incorporarlo o no. Cada uno de nosotros somos un mundo y a ese mundo hay que respetarlo.