Iker_Salart
Rango12 Nivel 55 (9568 ptos) | Ensayista de éxito
#1

Si no la conociera diría que se ha vuelto loca. Dejemos a un lado lo ocurrido esta tarde en la oficina del banco. No tiene mucha importancia. No creo que regalar unos cuantos billetes entre la gente tenga mucho más recorrido. Siempre ha sido una persona desprendida, ya lo sabes. Estaba muy contenta, por otra parte. Exaltada. La gente la miraba admirada. Y no por el dinero. Tenía algo, un brillo, es verdad. Una determinación que no ha tenido en el último tiempo. Un carácter indomable se ha apoderado de ella. Y me ha arrastrado como un torbellino.
Después del show nos montamos en el coche aparcado a la vuelta de la esquina. La palanca rugió debajo de nosotras antes de salir disparadas hacia el oeste entre el humo de las ruedas quemadas. La circulación era densa y volábamos zigzagueando hacia el sol que se escondía al final de la calle, y yo veía, a través de la ventanilla, las luces de las tiendas convertidas en una sola, continua y ondulante.
Dos manzanas más allá el semáforo se puso en rojo, y oí como el gas entraba en el motor cuando ella apretó a fondo el...

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace casi 3 años

No se merecen

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Abrazos


#2

...acelerador. Mi línea de luz se rompió de repente, y apareció la luz de los focos de un camión. El conductor giró de repente, lo justo para que pudiéramos pasar por delante de él. Oí su grito de triunfo y el sonido de los cristales del camión, detrás de mí, chocando una y otra vez contra los coches que venían en sentido contrario.
Cien metros más allá una noche profunda llenaba el espacio, solo roto por las luces de nuestro coche. Me volví sobre el asiento para mirar a través de la luna trasera, y pude observar el brillante punto de luz de los coches ardiendo sobre el horizonte. Y mientras escuchaba en la lejanía las sirenas de las ambulancias que se acercaban, me di la vuelta y la volví a observar, las dos manos sobre el volante y la mirada fija en la oscuridad que se extendía delante de ella.

Circulamos en silencio a través de la carretera desierta una media hora hasta que apareció a un lado de la carretera la señal de entrada a Canadá, escasamente iluminada bajo una desvencijada farola.

#3

“Agárrate”, me dijo. Entonces frenó en seco, los neumáticos chillaron sobre el asfalto, el motor rugió de nuevo y nos detuvimos allí, en mitad de la nada, en medio de la carretera, en mitad de la noche, bajo la luz de la farola.
Entonces me miró de nuevo. Tenía muy abiertos los ojos, la mirada fija en mí. Y comenzó a reírse. A carcajadas. Todavía reía cuando comenzamos de nuevo a circular, introduciéndonos de nuevo en la oscuridad de la noche canadiense.
De verdad.
Si no la conociera, diría que se ha vuelto loca.