MikJaeL
Rango7 Nivel 30 (1490 ptos) | Autor novel
#1

Estoy en mi cuarto, parado frente al equipo de sonido que ha comprado mi padre como “incentivo” para esforzarme por pasar como invicto este último año. He puesto TRÉ! de Green Day, me he dejado la camisa desabotonada y acabo de rociarme un poco de Axe en las axilas.
Ahora mismo está sonando Missing You.
He puesto frente a mí las letras de la canción y estoy cantando el coro.
Es el baile de promoción de Susan y, sí, me ha escogido como su pareja. Lo bueno de ella (espero no sea lo único) es que también le encanta Green Day. Y lo malo (espero sea lo único) es que le fascina hasta los tuétanos el k-pop.
Nos hemos asegurado de que el color de mi corbata combine a la perfección con el de su vestido. Sí, lo hemos hecho hace tres días. Fue algo difícil dar con el color exacto de mi corbata porque para mí solamente era rojo pero (después de un larguísimo sermón, imposible de reproducir aquí, acerca de la diferencia entre los miles y miles de rojos que no sabía que existían en esta tierra) ahora sé que el nombre correcto del color de la corbata que llevo puesta es rojo vino.

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Flaneta
Rango12 Nivel 56
hace más de 4 años

Mikael, nada, desearles que se lo pasen ustedes bien en el baile. Luego nos lo contará todo. Eso, intente besar a Susan; así tendrá algo interesante que contarnos. Por último, el momento axe me ha gustado; solo por eso le doy el corazoncito.


#2

Si el amor no se tratara de señales, sería más fácil.
Pero el amor no sólo se trata de señales en sí, sino de saber interpretarlas.

Estoy sentado en una de las gradas que dan hacia la avenida Díaz Bárcenas. Y, sí, la fiesta se está realizando en la carpa del Hotel de Turistas. Justo ahorita acaban de poner (increíblemente) La Locura Automática de no sé quién y al poco rato noto que algo más de frío recorre mi espalda mientras espero a que Susan se aparezca en alguna carroza hecha de calabaza gigante para entrar juntos al baile.
Un taxi se estaciona y me levanto de un salto. Ni es una carroza de calabazo gigante, ni estamos en un cuento y mucho menos soy un príncipe azul o algo así.
Pero ella, ella sí es una risueña y maja princesa.
Su sonrisa tras la ventana es lo primero que reconozco. Claro, también está todo ese rojo vino del que ahora mismo está enfundada. Me quedo observándola por unos segundos, y caigo en la cuenta de que pasan tan rápido que ya no parecen segundos.
Corro al coche para abrir la puerta y ella sale.
¡Dios! Se ha puesto esos zapatos que me encantan. Y, de verdad, me alegra que los traiga puestos porque se lo he estado pidiendo toda esta semana. Me paro a un lado de ella y doblo mi brazo asegurándome de dejar un espacio para que pueda poner el suyo. Esta vez no trae bolso, lo que de por sí ya es bastante extraño, en vez de eso ha traído un inadvertido pero encantador neceser que combina casi a la perfección con mi corbata.
No soy bueno haciendo esto, pero trataré lo mejor que pueda de describir cómo luce para esta noche.
Trae el pelo algo ondulado. Las cejas perfectamente depiladas y las pestañas muy bien dobladitas. Un poco de rubor en los cachetes y eso me encanta porque (al igual que yo) ella odia cuando alguien hace exactamente todo lo contrario. Un carmín brillante cubre sus labios y esto le sienta muy pero muy bien. Hay un tirante del que pende su vestido y (¿cómo se le dice?), la caída de la escotadura es, sencillamente, admirable. La parte de la falda está completamente plisada y le llega justo a las rodillas.

No sé que sucederá luego, sólo sé que de todas maneras esta será una gran noche.

Hace más de 4 años

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#3

Empieza a murmurar. La fiesta, oficialmente, todavía no ha empezado. Así que la escucho mientras dice con tono de fingida admiración: “¿Pero a quién tenemos por aquí?”.
Entonces me jala del brazo y empieza a decir: “¿Alguna vez te he presentado a mi ex?”
¿Es en serio? ¿De verdad quiere que el primer saludo que voy a dar esta noche se lo dé a su ex? ._. Creo que debí escuchar a mi madre y solamente quedarme en casa a ver ocho o diez capítulos grabados de la última temporada de The Big Bang Theory, pero ya estoy aquí.
Ni modo.
Ella está hablando con el tipo en mención. Él es alto, quiero decir —para ser odiosamente sincero conmigo mismo—, es más alto que yo. Tiene el pelo con ese peinadito que detesto, al que yo llamo estilo “cresta de gallo”. Está bien, no es algo que utilice a menudo en público, es sólo para uso doméstico.
Entonces Susan empieza con las presentaciones, tira un poco de mi brazo y a los segundos me dice:
—John, —mira a su ex y prosigue—: él es Ronald.
Ronald me tiende la mano y yo hago lo mismo.
—La mayoría me dice Logan —yo asiento casi imperceptiblemente al ver su apariencia y luego de escuchar esta bronquedad en su voz concluyo rápidamente que los de Marvel seguramente se toparon con algunas de sus fotos de perfil y entonces debieron al menos pensar en él cuando hicieron la película—. Pero, en realidad, es sólo para los amigos —sentencia.
—Pues —pienso en aclarar que mis amigos también tienen un supernombre para mí, pero sé que no hay un supernombre para mí. De hecho, ni siquiera hay una cantidad suficiente de amigos que puedan conformar esa “mayoría” que quiera utilizar ese inexistente supernombre para mí. Entonces pienso en decirle que soy solamente John.
—Él es John —Susan interviene. En mi rescate—. John para los amigos, John para el mundo y John para mí —envuelve mi brazo con los suyos. Y… ¡Santo Dios! En este mismo instante quiero proponerle matrimonio, pero sé que sería una decisión un tanto precipitada, además su ex como que no estaría algo de acuerdo con la idea, así que no lo hago.
Luego nos alejamos y Susan me dice por lo bajinis algo al oído:
Ella: ¿Te asustó?
Yo: …
Ella: Es mi primo.
Me echa una de sus miradas asesinas y aunque deseo decirle lo que siento por sus ojos desde la primera vez que los vi (que son los más hermosos que jamás he visto), sólo atino a admirarlos en silencio y a decirme a mí mismo una vez más que esta noche tiene que ser "La Noche".

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Jennli
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Me gusta cómo va!

MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

!Me alegra! Espero que con lo que sigue también te guste, @jennli ;) ¡Gracias!


#4

Estamos en una mesa y la fiesta tiene como dos horas de haber empezado. Susan ha ido al tocador a mirarse por millonésima vez al espejo, sólo que no lo ha dicho de ese modo cuando se ha marchado de su sitio. En realidad las chicas nunca te dicen que van al baño para eso. Supongo que es como cuando quieres ir a tu cuarto y entonces solo les dices a tus padres que quieres ir a tu cuarto y es todo. No explicaciones, no interrogatorios, ni nada. Pero, en realidad, la cosa no es que solo quieres ir a tu cuarto y ahí se acaba el cuento. Tú y yo sabemos que cuando uno va a su cuarto es porque quiere estar en su cuarto y porque quiere y puede hacer cosas que solamente se hacen en un cuarto-universo o cuartoverso, como quieras llamarlo. Cosas que pueden ir desde quedarse recostado en la cama hasta emular un superduperarchimegaconcierto de rock con la camisa abierta. Supongo que las chicas encuentran este tipo de intimidad en el tocador. Claro, cuando Susan vuelve y se sienta a mi lado por millonésima vez, no le digo nada.

—Muévete un poquito más —me susurra al oído Susan. Estamos bailando esta música coreana que ha estado intentando cantar toda la semana—. Pareces Frankestein —sonríe y prosigue con las clases aceleradas de baile personalizado—: Sólo siente la música y déjate llevar.
He escuchado esa frase desde inicial y, probablemente, hasta el día de hoy han sido unas tres mil doscientas setenta y cuatro veces en total. Nunca en mi vida he sentido eso que se dice sentir cuando uno escucha una música. Al único lugar al que he dejado que me lleve la música es a mi asiento o a algún escondite fuera de la pista de baile.
Entonces sucede algo increíble cuando termina la canción que estamos bailando.
Susan se despega de mí y va directo a donde se encuentra el disc-jockey y mientras voy de camino a mi refugio veo que ella le dice algunas cosas al oído y luego vuelve a la pista.
Las luces blancas se apagan nuevamente y sólo quedan estas motitas de luces multicolores navegando en todo el recinto.

Hace más de 4 años

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#5

De repente, empieza a sonar Brutal Love de Green Day y busco con la mirada a Susan y, sí, ella está mirándome y una dulce y atesorable sonrisita aparece en sus labios.
Ella viene directo hacia donde estoy. Yo miro mi desolado asiento y, aunque tengo ganas de estar ahí, (y lo sé porque ahora mismo siento que mi trasero está extrañando ese lugar como nunca antes había extrañado otro), también sé que Susan pretende hacer algo. Siento que el frior de sus dedos roza la palma de mi mano, tomo sus dedos con los míos y los entrecruzamos como nunca antes los habíamos hecho y ella me conduce, me guía y yo dejo que lo haga. Alzo la visto y me encuentro en el mismísimo centro de la pista de baile.
No hay nadie parado.
Somos solamente los dos.
¿En serio? ¿Sólo los dos?
¿A nadie más le gusta esta canción?
Ella conduce mis manos hasta su talle, las deja descansar ahí y entrelaza las manos tras mi nuca.
Y como si fuera algo increíble, por primera vez empiezo a sentir el son de la música y solamente quiero dejarme llevar y ser mansamente mecido al compás de Susan.
Dejo de mirar mis zapatos y levanto la vista. Miro los ojos de Susan y caigo en la cuenta de que ellos también están mirando los míos. Ahora observo los pendientes lunados que cubren sus orejitas y ella sonríe y yo me esfuerzo por devolverle esa sonrisa trazando en mi boca una que espero sea parecida a la de ella. Mis ojos ahora están tratando de examinar el collarcito que ella tiene y llegan hasta donde no deberían llegar.

Hace más de 4 años

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#6

Vuelvo a mirar a Susan y, por primera vez, tengo todo claro.
No sé qué es. No sé si es algo en especial, el lugar, la noche, la música, el excepcional y exquisito aroma a té verde que emana de su piel y despierta mi nariz, o quizá es todo.
Veo cómo las motitas de luces multicolores acarician su piel, y veo sus ojos cerrados, su nariz que reluce deliciosa, sus labios brillantes que parecen luchar por continuar juntos pero que en realidad solo están durmiendo.
Y, sí, la música.
Dicen que al final, las canciones tienen dos historias: las que te cuentan de por sí, y las que quieres que te cuenten. Supongo que acabo de conseguir la segunda historia de esta música, la que quiero que me cuente.
Entonces llegamos a la parte del solo de guitarra y ella pone el rostro cerca de mi pecho y quiero respirar mejor pero no puedo. Y cierro los ojos y quiero que mi corazón lata más despacio pero no puede. Así que supongo que solo me queda una cosa por hacer: abrazarla; me doy cuenta que sí puedo y entonces la abrazo.
Y, aunque no creo en las epifanías, sé que estoy ante una. Ahora lo entiendo, ahora lo tengo todo claro, ahora sé que me gusta.
Sí, Susan, la del vestido rojo vino me gusta.
Y esta, esta es mi historia.

Hace más de 4 años

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