MikJaeL
Rango7 Nivel 30 (1490 ptos) | Autor novel
#1

Esta no es, ni será una historia épica. Pero es —en parte— una historia de personas —muy a su modo— épicas. Es acerca de dos bandas de rock. Una famosa y la otra no tanto; bueno, nada famosa en realidad. De una al menos has escuchado algunas de sus canciones, de la otra no; y es que, la verdad, ellos hubiesen querido, pero al final no grabaron ninguna canción. De una quizá te suene el nombre, de la otra no. Green Day y The Pendeibis. Dos bandas de rock que no se comparan en nada, pero tienen una sola cosa en común —o tenían; bueno, al menos una de ellas todavía la conserva—: yo.

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jrodriguezl
Rango8 Nivel 35
hace más de 4 años

¡Bien! Te sigo. Te invito a mi perfil ¡Saludos!


#2

Corría el 2004. Estaba a un par de meses para acabar la secundaria. Fue cuando Green Day volvía a sonar en todas las radios. «Boulevard Of Broken Dreams» fue uno de los sencillos más sonados de aquel año.
Tenía un montón de compañeros alucinados con la onda reggaetonera —la palabra "flow" todavía no era de uso común; «La Locura Automática» llegaría unos meses después para formar parte de las más grandes excepciones—, algunos de ellos hasta se atrevieron a hablarme de Green Day y de lo magnífico que se sentía escuchar sus canciones. Yo empecé a odiarlos más, primero porque escuchaban reggaetón y segundo porque empezaron a escuchar Green Day.
No fue hasta agosto de aquel año cuando adquirí un disco de aquel memorable álbum: «American Idiot». No recuerdo del todo, pero sé que hacía hasta lo imposible por llevarlo conmigo a todas partes. Las maravillas del mp3 eran un mundo en pleno descubrimiento y la palabra USB casi nadie la conocía. El uso de los celulares todavía no era tan extendido y, si por ahí alguien lograba llevar uno al cole, era una noticia que se esparcía con animosa prontitud entre todo los quintos, sobre todo cuando el aparato podía emplearse para jugar Snake, además de enviar mensajes de texto, escuchar radio, grabar los peores treinta segundos de tu música favorita y la practicidad que la luz de una linterna integrada podía brindar. Toda una novedad para aquellos años.
Teníamos dos cortísimas horas de computación a la semana. Era uno de los pocos cursos —quizá el único— por el que había disposición más que suficiente para ponernos de pie y hacer columnas. Algunos llevaban a clases sus propios CDs de música, otros eran lecheros y les tocaba algún ordenador con música variada. Yo llevaba unos audífonos y, por supuesto, mi CD de Green Day.
Mi canción favorita de aquel álbum: «Wake Me Up When September Ends».
Aquel año llegué a contactarme con algunos muchachos con sueños de formar una banda. Yo había visto School of Rock, me sentía con las pilas bien puestas.
Me topé con uno de ellos en el patio de la escuela, yo llevaba un CD de Linkin Park en la mano cuando tropecé con él.

Hace más de 4 años

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MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

@Charlie_GTP, la verdad es que no, nunca antes alguien me había dicho que escribo estupendamente. !Muchas gracias! Me siento bien a leer este comentario. Nuevamente, te agradezco.

MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Muchas gracias @alenora me alegra mucho saber que te ha encantado. Espero que disfrutes el resto de la historia. Un saludo. ;)


#3

—¿Escuchas esa huevada? —preguntó.
No dije nada. No creí necesario informarle que su apreciación me había resultado ofensiva. Pero tenía que decir algo.
—Es lo más fuerte que he escuchado.
—Hay cosas más fuertes en esta vida, chibolo.
Hizo una pausa, como dándome unos segundos para que cuajara mentalmente su revelación.
—¿Has escuchado Black Sabbath?
Negué con la cabeza.
—¿Pantera?
—Tampoco.
—¿Slipknot?
—No.
—¿Korn? ¿Megadeht? ¿Sepultura?
Negué. Parecía ser lo único que sabía.
—Nirvana. He escuchado Nirvana.
—Todo el mundo ha escuchado Nirvana, chibolo.
El tipo era casi de mi tamaño. Llevaba el peinado más extraño que había visto hasta entonces: todo el pelo agrupado en pequeñas púas que apuntaban a todas partes. Un pequeño trozo de paja le horadaba la oreja derecha y no dejaba de intercalar entre tocarse el cabello engominado y aquel trozo de paja. Se llamaba Miguel, pero prefería "Micky". Era el bajista del grupo.
El segundo tipo de la banda al que conocí tenía el cabello negro y largo, su nombre era César, pero para fines artísticos era conocido por "Casius". Era el vocalista. La primera guitarra estaba a cargo de Ronald, mejor conocido en el ambiente rockero —al menos en el nuestro— como "Logan". También llevaba uno de los peinados que jamás logré olvidar: alborotado, alborotado al natural. Su cabello era lacio, pero daba la impresión de que solo despertaba y lo dejaba tal como estaba durante todo el día, sin peinarse, ni mojarse, ni nada. "El Chascoso" le decían algunas chicas que no se atrevían a hablar con él cuando estaba presente.
La primera vez que ensayamos intentamos tocar algo de Black Sabbath: War Pigs.
Antes de aquel primer ensayo Micky me había entregado unos cuantos CDs de Black Sabbath, Leuzemia, 6 Voltios, Ni Vos Ni Voto, Slipknot, AC/DC, Deep Purple y dijo: "Escucha bien la batería. Quiero que solo te concentres en eso."
Luego de unos dos meses de ensayos, logramos añadir dos canciones más a nuestro repertorio de covers: Paranoid y una de 6 Voltios: Wirito.
Micky era del tipo que llevaba polos negros con estampados de portadas de álbumes metal, pantalones ajustados, uno que otro cigarrillo en la mochila y una dosis de anarquía al sistema educativo de aquellos años.
Casius me parecía diferente. Solía decir que un metalero no necesita llamar la atención para ser un metalero de verdad. De hecho, una de sus frases era esta: "un verdadero metalero escucha de todo, pero conoce lo que escucha."

Hace más de 4 años

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Karlerin
Rango10 Nivel 49
hace más de 4 años

jajajaja me causa gracia, debido a que yo si he escuchado cada banda que has mencionado :) felicidades, síguela :)

MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Gracias, @Karlerin_HELL :D Me alegra saber que te ha hecho gracia. Seguiré escribiendo ;) ¡Nos leemos!

Gianfranco_1
Rango11 Nivel 52
hace más de 3 años

Eres peruano como yo @MikJaeL o al menos eso parece. Por la forma de hablar que tenemos jajaja


#4

Creo que todos tenemos una temporada en la que creemos que formar parte de algo nos hace importantes o, mejor que eso, diferentes. Y aquella era mi temporada. Creía que formar parte de aquel grupo realmente valía la pena, porque me permitía ser quien era en realidad, porque me permitía estar rodeado de personas a las que nos unía la misma afición, el mismo amor por hacer música.
Algunos días ensayábamos hasta muy entrada la noche y otros simplemente no llegaba a casa hasta la madrugada del día siguiente.
Una vez llegué a casa mareado, apestando a alcohol y con las ganas suficientes, pero sin las fuerzas necesarias para llamar a la puerta.
Mamá me vio y no dijo nada. Yo traté de disculparme, de recordarle lo mucho que la quería y ella empezó a sollozar.
Antes de ir a la cama me envió a la ducha.
Al día siguiente supe por primera vez lo que significa sufrir una auténtica resaca.
—¿Qué se siente?
—Horrible.
—¿Te gusta?
—No.
—Pues, nunca lo olvides —asentí—. No puedes repetir los pasos de tu padre. No quiero volver a pasar por esto —entonces me miró directo a los ojos—. No quiero que me vuelvas a hacer pasar por esto.
—Lo siento, ma.
—De verdad, ¿crees que me lo merezco?
—No. No es eso, ma.
—¿Entonces qué es?
—No lo sé... sólo quise hacerlo y ya.
—Pues, piensa bien antes de hacer tonterías. Piensa en cómo puede afectarme a mí y en el ejemplo que le estás dando a Daya.
—Lo entiendo, ma.
Me observó por unos segundos al rato que asentía y luego se marchó.

Hace más de 4 años

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MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Gracias otra vez. Te deseo un hermoso día. ;)


#5

Unos meses más tarde, mamá entró a mi cuarto, encontró los CDs que tenía y quemó todos los que tenían portadas que —en su opinión— eran "horribles" y "asquerosas". Al final me quedé solo con el de American Idiot.
Terminé alejándome de aquellos tipos y de toda aquella música por completo. Fue un deslinde "descomunal", como lo hubiera dicho César.

Hace más de 4 años

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#6

Cinco años más tarde, todavía con una resaca musical provocada por Whatsername y Letterbomb, Green Day publicaba su siguiente álbum de estudio: 21st Century Breackdown.
Dos de las canciones que me gustaron inmediatamente: Viva la gloria! y Murder City.
Para aquel año vivía en el la provincia constitucional del Callao, en la casa de una tía mía, hermana de mi madre.
Los primeros meses fueron los más difíciles. El cambio de ambiente, la sorna a la que un provinciano es sometido constantemente, el trajín capitalino, el insoportable bochorno de finales de año y el hecho de aprender a vivir una nueva vida, en un nuevo hogar, en una nueva casa y en una nueva ciudad. Pero todo aquello no hacía más que defenderme de uno de mis más grandes miedos de aquella temporada: tirar la toalla y huir.
A los seis meses de estar por allá ingresé como auxiliar de repartos en una distribuidora de golosinas, bocaditos, y toda una gama de productos de consumo masivo. Poco a poco fui familiarizándome con las calles y los barrios: Av. La Marina, Ventanilla, El Obelisco. Los fines de semana íbamos con mis primos a la playa, a veces a La Punta, y otras —si el presupuesto lo permitía—, hasta León Dormido. Los recuerdos de aquella temporada están salpicados de un detalle agradable: Studio 92. Me encantaba escucharla porque solían poner 21 guns casi a cada hora, otro tema de Green Day.
Era un viernes por la tarde. Estaba de regreso a casa. Iba en una combi, parado, abochornado, hacinado, ensimismado escuchando Green Day, como siempre.
—Cabezón —mi chapa. Hacía cinco años que no la escuchaba. Mi mente me regresó a Abancay, a aquel último año de secundaria, a aquella improvisada banda de rock, a aquella temporada que se negaba a abandonarme, pero que a la misma vez lo hacía lentamente. Levanté la vista. Era César Saldaña. Ex vocalista de “The Pendeibis”, mi ex banda.

Hace más de 4 años

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#7

—¿César? —me quité los audífonos.
—Qué chiquito es el mundo, carajo.
—Lo mismo digo.
Nos abrimos camino y nos abrazamos.
—A los años, carajo. ¿Y qué fue, Cabezón? ¿Cómo has estado? ¿Cómo está nuestra linda tierra?
—Bien, bien. Hace como ocho meses que estoy viviendo por aquí.
—¿En Lima?
—Sí.
—Bien pe', mierda. Bien. ¿Cómo está tu viejita? ¿Se curó?
—Mejorando. Sigue con las terapias y todo eso...
Hubo un silencio. El carro frenó, las puertas chirriaron, unos bajaron y otros subieron. Bocinazos a la derecha y a la izquierda.
—Y... ¿qué?, ¿chambeando?, ¿chancando?, ¿hueveando? —preguntó.
—De todo un poco. ¿Tú?
—También. Aquí la vida es más loca. Necesitas contactos, conocidos que muevan las cosas, los asuntos por ti. De lo contrario nadie lo hace y nunca consigues nada. ¿Te acuerdas de mi tía Eufrosina?
—¿A la que una vez le choreamos chelas de su tienda?
—Claro. Y estaban ranciadas.
—Ajá.
—Ya. Esa tía tiene unos nietos que chambean en una financiera, una que recién se está abriendo en Perú, de México creo.
—Bacán.
—Resulta que estos patitas me han hecho el favorcito y ahora estoy atendiendo en una ventanilla.
—¡Anda! ¿Tú?
—Yo pe', Cabezóncito. ¿Quién más?
—Bien por ti. Se ve que te está yendo bien por aquí, en la "Lema".
—Bueno, al menos por ahora.
—¿Sabes algo de la gente? ¿Del Micky o del Logan?
—Una vez me encontré con el Mickycha.
—¿Y qué fue? ¿Cómo así? ¿Aquí?
—Este, Cabezón. No cambia, carajo. Sigues igual de alterada. No te me presiputes, pues. Paciencia.
—Cuenta pe'.
—Me lo encontré hace unos... quince días, será pe'.
—¿De verdad?
—Justo bajaba de una combi y el huevón estaba en la vereda. Todo haraposo y mugriento. Podría jurarte que estaba limosneando. Tenía el cabello largo, así como de Bob Marley, ¿cómo le dicen?
—Rasta.
—Eso. 'Ta que me ha dado pena verlo ahí.
—Y, ¿qué? ¿Le ayudaste?
—Claro pe’, huevón.
—¿Qué hiciste?
—Nada. Me acerqué. No me vio, y me acerqué más, despacio, hasta estar como a un metro y le grité: ¡MICKYCHA CACHAO!
—¿Y qué hizo?
—Se levantó el huevón. Quería sacarme la mierda. Pero sus moneditas se cayeron al piso y al toque se puso a recogerlas.
—¿Estás hablando en serio?
—Claro pe'. Con esas cosas yo nunca bromeo.
—Pucha, no te creo. ¿Qué más?
—Le pregunté qué estaba haciendo. Me dijo: “Yo sé que tú crees que estoy limosneando. Pero no. Ahorita estoy en pleno período de prueba. Aquí tengo mi fiel compañera”. Luego sacó una guitarra no sé de dónde mierda, no me fijé. Yo siempre he creído que ese huevón sacaba cosas del culo. Debí haberlo comprobado. Luego me siguió contando: “Sandrita le digo yo. Como la última hembrita a la que me tiré”.
»Al final me contó una superhistoria, que había estado viajando por todo Sudamérica, guitarra en mano, tirándose a una hembrita en cada ciudad a la que llegaba y que justo lo había encontrado en un período de "reposo espiritual autoimpuesto". Puras huevadas. Al final lo llevé a donde vivo y le di comida por una semana. Luego el muy huevón se quitó.
—Pero, ¿cómo? ¿Así sin más ni más?
—Así mismo pe'. Llegué a mi hato por la noche y ya no estaba.
—Ese siempre ha sido así.
—Pero fue mejor para mí.
—¿Por qué?
—El huevón apestaba... ¿puedes creer que no se había bañado ni una sola vez esa semana?
Ya estaba a punto de llegar a mi paradero.
—¿Estás en el Face?
—Claro. Búscame como César Saldaña, nada más.
—Chévere.
Lo busqué, pero nunca lo agregué.

Hace más de 4 años

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MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Gracias, @alenora aprecio el elogio. Se siente como que el esfuerzo vale la pena. ;)


#8

Tres años después, Green Day publicó tres discos: UNO! DOS! y TRÉ!. Una colección de puro punk muy a su estilo y nada de óperas punk como antes.
Aquel 2012 descargué todos los álbumes de Green Day disponibles y me estanqué buen tiempo en su nueva trilogía musical.
Oh Love
Stay the night
Lazy Bones
Una de mis favoritas —hasta el día de hoy—: Stray Heart, cuyo videoclip encontré superimaginativo.
Amy, compuesta como un tributo póstumo para Amy Whinehouse y una de las pocas favoritas que tiene mi hermana Daya de Green Day.
TRÉ! es el mejor álbum de aquella trilogía.
Brutal Love

Aquel 2012 volví a Abancay.
Finales de año.
Era un sábado por la mañana. Había salido a hacer compras con mi madre y estaba en plan de espera. Y los vi. Los padres de César, preguntado por el precio de unas remolachas enormes.
—¿Señor Saldaña? —pregunté.
Sólo se quedó observándome. Él y su esposa estaban de luto.
—Yo conozco a César. Estudiamos la secundaria en el mismo colegio. Me enteré que tenía planes de casarse. ¿Cómo le está yendo?
El viejo de César se quedó mirándome, extrañado. Su madre no pudo más y dejó que sus ojos lagrimearan.
Entonces lo entendí, todo estaba claro.

Hace más de 3 años

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RedFoxes_24
Rango2 Nivel 8
hace más de 3 años

También me gusta mucho Green Day.
Buenas líneas las tuyas.
Sigue así.
;)


#9

—Lo siento. De verdad, lo siento. No sabía nada.
—Hoy se cumple un mes —dijo la señora, sorbiéndose los mocos—, exactamente un mes desde su partida.
Me opongo rotundamente a la idea de que los muertos parten a algún inhóspito e inaccesible lugar, fuera de nosotros. Pero comprendí que no era buen momento para pregonar mis creencias.
—Lo siento tanto. Sé que por mucho que me esfuerce, lo que les diga no puede equipararse en nada al dolor que sienten. Pero, sé que César fue un gran muchacho, tan grande como su corazón.
—Gracias por tus palabras —dijo su viejo.
Me dijeron que César había dado indicaciones para ser enterrado en Abancay. Quería estar cercar de la familia y amigos.
Les di el pésame y me despedí.

Aproveché la tarde de aquel día para ir al cementerio General, el lugar en el que se encontraban "descansando" los restos de César. Sabía que sus padres no estarían ahí. Me habían invitado a misa. Yo les dije que iría encantado, pero lo cierto es que a ese lugar no voy ni de muerto, como consta en el archivo que tengo en mi laptop, bajo el título: "Instrucciones para mi funeral", del que mi madre tiene conocimiento; le entregué una copia impresa, por si acaso.
Me tardé un par de minutos en ubicarlo, pero ahí estaba; limpio, con flores frescas y aromáticas: su nueva morada, como dicen algunos.
Empecé a recordarlo: dándome clases de música, explicándome en qué consistían los géneros y dónde radicaba la diferencia. Enseñándome riffs nuevos, contándome chistes sobre los demás del grupo y riéndonos. Y de la última vez que lo vi, en aquella combi, hace ya a tantos días luz de distancia, dándonos un último abrazo.
—Todavía me cuesta.
No me había dado cuenta, pero el ambiente se había llenado de un familiar aroma a tabaco y a algo más. Volví a recordar, a encajar aquella voz que había aparecido de pronto en mi periferia. Varios rostros aparecieron en mi cabeza, una serie de figuras borrosas, de antaño.
—No pensaba verte, Cabezón.
La voz empezó a acercarse y giré para ver si era el rostro que había quedado en mi mente. Entonces lo reconocí.
—Mickycha.

Hace más de 3 años

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#10

No nos dimos la mano ni nos abrazamos.
—¿Sabes cómo fue? —preguntó.
Negué con la cabeza. Continuaba mirando la foto en la que César aparecía. Era de cuando tenía diez u once años. Estaba junto a su mamá a orillas de la laguna del Mirador.
—Se mató —hubo una pausa, quizá sea redundante, pero fue una pausa sepulcral—. El muy huevón se mató.
No quería que siguiera, no quería escuchar. Pensé en dejarlo, parecía que estaba empezando a llorar, pero me quedé.
—Iba a casarse. Iba a casarse. Me lo había dicho.
Sentí ganas de preguntar, de saber más de los últimos días de César.
—Le quedaban sólo cinco días. Cinco días.
Micky se sentó en el suelo, se puso a llorar. Estaba vestido de traje. De un luto elegante. El luto jamás se había visto mejor en otra persona. Empecé a percatarme de su presencia, de sus facciones, de la persona que tenía frente a mí.
Era alguien diferente. No era el que conocía ni el que me había descrito César aquella vez en la combi.
Llevaba el cabello recortado, la cara limpia y tersa. Un nudo de corbata magistral en el cuello de la camisa. Zapatos impolutos. Un arreciado aroma a tabaco y a algo más.
—Su novia se había metido con uno de sus primos. ¿Puedes creerlo? ¿Que tu propia sangre te traicioné? Supongo que César no lo soportó. A mí me dijo todo. Me contó todo y, ¿quieres saber qué hizo después? Sí. Se mató. No pudo soportarlo. Esa noche se gastó todo lo que tenía en su billetera para emborracharse y se puso a manejar —hizo una pausa. Levantó la vista y empezó a mirarme—. El resto seguro que te lo imaginas. El muy huevón estaba enamorado hasta el ojete. Eso es lo que ganas cuando te enamoras.
Micky sacó su guitarra y, por enésima vez, no pude percatarme de dónde. Recordé lo que dijo César acerca de esto. Recordé muchas cosas sobre él, quizá por eso no pude notar de dónde rayos había sacado su bendita guitarra.
Intentó tocar algo, no sé, en inglés o en algún idioma del que nunca sabré de dónde proviene. Continuó dándole pitadas a su porro. Me lo ofreció un par de veces pero las rechacé todas. El humo que salía de sus labios parecía ido, como nosotros. Era como si bailase con lentitud aquella melodía todavía más lenta. Pareció cubrirnos, ahogarnos, pintar nuestro encuentro gris de un gris todavía más obscuro, denso e irrenunciable. Hasta que desapareció, de sopetón. La música había pitado hasta lo último de nosotros y ahora éramos sólo unas colillas de algún porro que alguien había tirado en el cementerio.
Micky empezó a golpear el suelo con su guitarra y a gritar. Algunas personas nos observaron. Parecieron un poco aterradas, por el loco de la guitarra y su amigo, supongo. Yo dejé que gritara, que hiciera lo que no me atrevía, que gritara por mí. Que llorara por mí.

Hace más de 3 años

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MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Tu comentario es increíble. Y nada, gracias otra vez.


#11

—Dicen que te crees escritor, ¿por qué no escribes sobre nosotros? —dijo luego de un rato. Acababa de darme cuenta que la habitual paz del cementerio ya había vuelto al cementerio—. ¿Por qué no escribes sobre César, Logan; sobre nosotros, sobre "The Pendeibis"?
Y sentí una mezcla misteriosa, algo que nunca antes había sentido. Dos canciones en una. Increíble. Quizá era el resultado de haber aspirado un poco del humo de aquel porro fúnebre.
Brutal Love y Missing You fusionándose en mi cabeza. Corriendo juntas, apretujadas, armoniosas. Retumbando en mi cerebro, coloreando el horizonte con sus notas, con su fuerza. Dándome lo que hacía ya varios años atrás no había recibido. Aquello que una vez César dijo que solo sienten los rockeros de verdad.
Y nunca más volví a ver a Micky, ni a hablar de "The Pendeibis", ni a sentir algo parecido al escuchar Green Day.
Hasta ahora.

***Fin***

Hace más de 3 años

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#12

Han pasado cerca de cuatro años de todo aquello. Llevo un año de estar felizmente casado y ya tengo una hermosa pequeña. Trabajo en una financiera como auxiliar de operaciones y parecía que mi vida estaba entrando en una etapa de confort que jamás había sentido.
Pero aquello cambió hoy.
Primero, Green Day acababa de publicar un nuevo álbum, “Revolution Radio”, y el tema que no dejo de escuchar es “Still Breathing”, la canción maldita que ha poseído mis oídos.
Segundo, he empezado a recordar a “The Pendeibis” y a todos sus miembros y me he puesto algo nostálgico. De hecho, creo que ha sido tanto porque cuando Fanny se acercó a mi cubículo esta mañana con la intención de decirme algo, vi que cambió de cara al verme y en lugar de eso me preguntó si me sentía bien. Le dije que no pasaba nada, que sólo estaba recordando cosas de cuando era chico.
—Bueno, a lo que vine —bajé el volumen de los parlantes—. Hay una persona buscándote.
—¿Cómo se llama?
—No sé, no quiso darme su nombre.
—¿Cómo que no quiso darte su nombre? Qué raro…
—Sí, no sé. Fue lo mismo que pensé, así que sólo me levanté para venir a buscarte…
—Pero, ¿no le volviste a preguntar por su nombre o algo? ¿Y si es un asesino?
—Sólo me dijo que te dijera algo.
—¿Qué cosa?
—“Cabezón”.

Hace más de 3 años

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MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Gracias por el comentario. No sé si seguirá encantándote lo que vendrá, pero gracias por seguir la historia hasta aquí.

RedFoxes_24
Rango2 Nivel 8
hace más de 3 años

¿Qué pasó? ¿Ya no hay más qué contar?