Roger
Rango10 Nivel 49 (5752 ptos) | Fichaje editorial
#1

GANADOR DEL 1ER LUGAR NACIONAL DE NARRATIVA.

Duérmase pequeño, duérmaseme ya,
Porque viene el coco y te comerá,
Duérmete mi niño, duérmete mi amor,
Duérmete pedazo de mi corazón.

Ésa era la canción que mi papá siempre me cantaba todas las noches antes de dormir. No puedo comparar cómo me sentía en aquel tiempo. Era algo... Mágico, sí. Tener a tu familia junto a ti, cuidándote, regalándote todo su calor envuelto en amor, envuelto en abrazos y besos. Era lo que más me hacía feliz.
Pero eran abrazos y besos que mi papá nunca más me había vuelto a regalar...
Aquella vez, mientras gritaba y se golpeaba la cabeza con las paredes, se había encerrado en su cuarto a llorar. Nadie sabía las razones del porqué lloraba tanto. Ni siquiera yo sabía el porqué se había encerrado en aquel cuarto que ya era como suyo. No quiso salir más a comer, ni ir al baño... Ni a ver, aunque sea, la luz del sol.
Muchos atardeceres y amaneceres eran los que se había perdido por no querer salir de allí. El cuaderno, donde yo anotaba cada vez que conmigo los veía, tenía tiempo sin que un lápiz marcara una raya sobre el...

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Roger
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 3 años

@MIRTA_B_MINEO ya está disponible la parte dos, me encantaría que lo leas! Gracias.

AdyLuna
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 3 años

waw, siempre me atrapas a la primera, seguiré leyendo ya que se encuentra la segunda parte.


#2

2
Mi papá había estado tanto en aquel cuarto, que sentía que lo había vuelto tan suyo, como si las paredes fueran su piel y la puerta su rostro; muchas eran las veces en que mi mamá limpiaba el agua que salía por debajo de la puerta, porque las lágrimas que mi papá lloraba eran muchas.
Una noche, antes de que mi mamá me llevara a dormir -si es que podía-, me había acercado al cuarto en el que mi papá se encontraba. Y allí, frente a la puerta, observé la madera que empezaba a humedecerse, como si adentro todo fuera agua, como si adentro todo fuera lágrimas y dolor. Estaba un poco negra por las orillas, podrida. Parecía que mi propio soplo podría tumbarla fácilmente.
Sin poder aguantarme un poco más, le dije a mi papá, en voz baja y dulce que cuándo pensaba salir de ahí, que quería que me viniera a dormir, porque tenía miedo de soñar con arañas y monstruos.
No probé con abrir porque él había cerrado por dentro, y según parecía, tenía las llaves consigo; nada más me acerqué y pegué el oído a la puerta para poder escuchar algún ruido o alguna señal de que había escuchado mis palabras. Por un momento mi corazón se había alegrado al percibir un murmullo de algo que cada vez se hacía más fuerte, pero al entenderlo, solo me había entristecido aún más de lo que estaba.
−No puede ser... No me puede estar pasando, ellas no pueden estar aquí... Perdónenme... Perdónenme...
¿Qué le habrá pasado?, me pregunté en aquel tiempo. Quería saber la respuesta y a la vez no. Era como si su respuesta me fuese a dañar, convirtiéndome en un globo, que al soltarlo, no haría más que irse volando y perderse en el cielo; mi mamá por aquel tiempo me decía que era mejor que no lo supiese, pero sin embargo, quería saberlo. Sé que, al igual que yo, ella no soportaba la idea de sentirlo sufrir y no poder hacer nada.
En alguna parte leí que eso era impotencia. Impotencia... La repito y me imagino a una cuerda atada en mis pies y en mis manos.
Alejé el oído de la puerta y la observé de nuevo. No sé si me creerán pero, aquella vez vi que la puerta estaba más triste que nunca; me quedé allí un largo rato. Quizás mirando la puerta, quizás pensando en papá, quizás queriendo abrazarlo y darle muchos besitos... o quizás todo junto, como el cereal con leche y fresas que siempre revolvía en mi plato todas las mañanas.
Sin saber qué más hacer, le dije cuánto lo quería y alzando los brazos le demostré cuán grande era mi amor por él.
»Siempre te voy a querer, pase lo que pase, ¿oíste papá? Quiero que salgas pronto, que me vuelvas a ver... Ya he crecido más. He marcado mi estatura en la pared yo misma... También he aprendido a dibujar corazones y a pintarlos de rojo sin salirme de la línea, como siempre me habías dicho...Y a hacer corazones de papel como los que tú hacías... Y a leer... Ay, papá, tengo tantas cosas qué mostrarte. Tanto que contarte... Te extraño mucho... Buenas noches, y que duermas bien, papá...
Aquello se lo había susurrado tan bajito y tan amoroso, con la voz casi ahogada por el nudo que se formaba en mi garganta, que el escucharme así me puso el corazón como una pasa. Creí que con estas palabras podía conmover hasta la roca más dura sobre la faz de la tierra. Pero me equivoqué, porque dentro se escuchaban unos gritos ahogados, como de dolor... Entonces pude notar que todavía seguía llorando y no sabía cuándo iba a parar. Me gritaba una y otra vez que me fuera y al mismo tiempo que lo perdonara y que lo dejásemos en paz.
No entendía por qué nos decía eso, claro que lo perdonaba. Pero, ¿perdonar qué? Tanto sentimiento junto hizo que algo resbalara por mi mejilla; supe que era una lágrima inmensa, una de dolor. Al verla no pude más que seguir llorando. Fue como si por dentro se me empezaran a hacer pequeños agujeros, para dejar salir poco a poco las lágrimas, y que por fin, todo se desbordara dentro; lloraba porque mi papá no quería salir, porque quería abrazarlo y porque lo quería mucho; lloraba porque solo me gritaba y me decía que me alejase de él.
Recuerdo que salí corriendo a mi cuarto y cerré la puerta de golpe. Esa noche mi mamá fue a dormirme. Pero como pude le dije que tenía mucho sueño, que gracias. Yo creo que lo notó, pues no insistió y se fue a dormir a otro cuarto.
Sabía que necesitaba llorar.
No encontraba el motivo de que mi papá estuviese así, me daba tristeza verlo en ese estado. No sabía qué hacer y solo quería que todo se solucionase rápido.
Lloré tanto que mis lágrimas se hundieron entre las sábanas y almohadas, entre mis miedos y preocupaciones, para luego caer en un mar de extraños sueños: había voces, oscuridad, mi mamá gritaba y yo lloraba y mi papá también y nos pedía perdón, que no nos quiso haber hecho eso y que lo perdonara... Y veía como se encerraba en su cuarto más y más, y se iba hundiendo en una esquina de la pared, deteriorándose en ese rincón oscuro... Cantando una y varias veces...

Piensa que este infierno se terminará,
Y que cuando amanezca nada será igual.
Sueña que no has muerto,
Sueña que es real.
Duérmete pequeño,
Duérmeteme ya.

Y seguía llorando, hasta que poco a poco se iba volviendo tan débil como un papel mojado, sin salir más... Nunca más... De aquel rincón.

Hace alrededor de 3 años

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AdyLuna
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 3 años

Y que pasa luego? D:, Ya deseo saber que le sucede al papá, porqué estará así? :c

Roger
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 3 años

@Ady ya llegó la tercera parte ;) y más tarde publico la última, y así comprenderás el misterio...


#3

Una noche mi papá nos gritó que porqué seguíamos aquí, que no nos quería escuchar, que el ruido de nosotras le molestaba, que nos fuéramos lejos, muy lejos y que lo dejaran solo. Yo no entendía por qué decía esas cosas. Ésta era nuestra casa y no teníamos otro lugar a donde ir. Y si lo tuviésemos, no me iría. Me torturaría pensar que mi papá seguía ahí solo y encerrado.
Pero me torturaba aún más la idea de que estando yo en la casa, no pudiese hacer nada por él.
Mi mamá sólo me decía que no le hiciera caso, que estaba enfermo pero que pronto se curaría. Sólo me quedaba aferrarme a esta idea como una raíz a la tierra. Porque dentro de mí, me decía que algo andaba mal; mi mamá había propuesto que caminásemos un poco más despacio y sin pisar muy fuerte. Así le ahorraríamos la tortura que le producía los ruidos. Pero entonces si así lo hacíamos, la madera crujía a cada paso.
Decidimos caminar tan suave, tan despacio, que parecería que estuviéramos rosando el piso o levitando... y de hablar tan bajito que se confundirían con susurros. Luego ya de un tiempo, nos acostumbramos tanto a caminar sin pisar el suelo, que era como si tuviéramos volando por la casa, y de hablar bajito, casi como en susurros.
Y así, los gritos de mi papá muy pronto cesaron...

Hace alrededor de 3 años

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rossanakar
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 3 años

Un escenario de tristeza infinita. Sigo leyendo.

AdyLuna
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 3 años

:c me provoca mucha tristeza u.u seguiré leyendo...


#4

Recuerdo que llegó un tiempo en que dejó de gritarnos, de insultarnos y de tratar de corrernos. Ya no se le oía llorar, ni quejarse por nada. Dentro de aquel cuarto se sentía una soledad terrible, como si no existiera nada allí. Todo esto me había parecido muy extraño.
Un tanto nerviosa, decidí entrar a la fuerza. Quería saber sobre mi papá; mi mamá se mostraba indiferente cuando le preguntaba, y quedarme sin respuesta, solo aumentaba aún más mi ansiedad.
Así que sin pensarlo dos veces, me fui al cuarto donde mi papá estaba. Cuando me detuve ante la puerta, noté que estaba tan delgada, tan suave y fina, que podía traspasarla sin ningún problema. Decidí empujarla y se abrió al instante. Ya estaba demasiado débil como para resistirse a no abrir, y quería pensar que mi papá también lo estaba como para tener aún la idea de seguir encerrado.
El resonar de la puerta pudo haberlo despertado, pero no lo hizo. No escuché ningún grito, ningún sonido que me indicara que estaba alerta. Así que decidí abrir la puerta más y más, y más... Hasta que por fin se abrió de par en par; la luz a mi espalda hizo que mi sombra se alargara dentro del cuarto. Todo estaba muy oscuro, muy oscuro, como si la oscuridad se hubiera puesto espesa, como la niebla, y no dejase ver nada dentro.
Entré y dejé que mis ojos se adaptaran a la oscuridad, mientras susurraba papá.
Seguí caminando sigilosamente, apretándome las manos con nervios y el corazón latiendo con fuerza como una pelota de goma, temiendo que mi papá me gritara o que mi mamá -la que muchas veces me había dicho que lo dejara en paz-, me descubriera. Así que con todo el valor de mi misma seguía llamándolo. Pude observar que en la cama había dos personas durmiendo, aquella vez pensé que una de esas, era él, y por eso me acerqué. Pero no lo era. Era una mujer y al parecer una niña. No las quise despertar. En aquella oscuridad no supe quiénes eran.
Seguí observando el cuarto, estaba bastante desordenado: la lámpara que estaba a un lado de la cama, estaba rota sobre el piso, que estaba lleno de agua; había ropa regada por donde quiera y la ventana completamente cerrada. Había mucho sucio y mucha humedad viviendo entre las paredes, como los nidos en los árboles.
Sólo al final, en una esquina, que parecía estar muy lejos, se hallaba mi papá con los pies recogidos y con los brazos alrededor. Mirándome con lágrimas en los ojos, sorprendido y asustado a la vez. Estaba sucio, flaco, con la piel pálida como el papel, sus manos huesudas... Y esas ojeras tan grandes como mi esperanza de sacarlo de allí. Poco a poco fue pronunciando unas palabras que débilmente podía oír, hasta que de pronto recobró el aliento y gritó. Gritó tanto que su garganta no podría resistir tanto dolor.
Lo único que pude pensar en aquel momento fue en regalarle un abrazo. Corrí hacia él y me tiré al piso para abrazarlo, en aquel rincón, por largo rato. Me decía una y otra vez que lo perdonara, que no lo quiso haber hecho, que me quería mucho a mí y a mi mamá y que le alegraba un montón de verme. Yo también le dije lo mucho que lo quería, que cualquier cosa que hubiera hecho por lo cual me estuviese pidiendo perdón, lo perdonaba. Pero que volviera a salir, que lo necesitaba, que lloraba por él, que lo quería sentir vivo en la casa, liderando, sonriendo como siempre... Y no en este cuarto, fundiéndose en este rincón, desconchándose, como si fuera la misma pared...
Mi mamá había entrado poco a poco en la habitación, llorando, mientras lo veía. Cómo quien presencia un milagro. Se tiró al suelo junto a mí, para también abrazarlo. Le decía que lo había extrañado mucho, que él no tenía la culpa, que todas las noches lloraba por sentirlo así, lejos de nosotras, y que lo perdonaba una y mil veces.
No sé cuánto habíamos durado así. Pero me alegré de tenerlo cerca, y me alegré de verlo con una luz de esperanza en sus ojos. Nos había agarrado el rostro para llenárnoslos de besos, diciéndonos lo mucho que nos quería. No se cansaba de repetirlo y de besarnos: era como una oración.
Luego de un tiempo, se calmó y le pregunté qué había pasado. No quiso decírmelo. Sólo nos dijo que durmiéramos con él, que lo acompañara porque pronto se iba a reunir con nosotras y volveríamos a ser felices. Estas palabras al principio me habían parecido extrañas, pero tiempo después, cuando supe en dónde me encontraba y qué éramos, logré entenderlas... Y creo que ustedes ya lo sabrán.
Aquella vez me dormí en los brazos de los dos, llenos de amor, mirando los ojos de mi papá, colmados de alegría. Ya no estaban como en sus últimas semanas, tristes, cuando vivía encerrado entre 4 paredes. Antes de dormirme, logré escuchar una pequeña parte de la canción que acostumbraba a cantarme por las noches. Decía así:

Duerme tú primero, yo te alcanzaré
Cuando te des cuenta todo va a estar bien,
Duerme tu primero, cierra los ojitos,
No quiero que mires como lloraré.

FIN

Hace alrededor de 3 años

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rossanakar
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 3 años

Me he quedado pensando en su significado o dirección...es como para armarlo desde la misma casa, el padre...

Roger
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 3 años

@rossanakar y qué es lo que dedujiste que había pasado?

AdyLuna
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 3 años

Llore, literal... :'( no me lo esperaba, mi corazón me dolió, pero al menos ya están juntos de nuevo...

rossanakar
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 3 años

Percibo que están atrapados en una casa donde habían sido felices y donde sucedió una tragedia.

Roger
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 3 años

Sii, es así @rossanakar, excelente punto de vista! @Ady ay amiga, ahora es que viene drama para regalar!