OhHannie
Rango5 Nivel 22 (556 ptos) | Escritor en ciernes
#1
    Partes:
  • #2

"El pequeño niño corría sin mirar atrás. Sabía que si dejaba de correr en algún momento, eso que lo perseguía en aquella profunda oscuridad, lo alcanzaría. Debía encontrar una salida, pero cada vez que lo hacía… las puertas desaparecían".

–Nate ¿estás despierto?

Una enfermera apareció en la habitación, atrayendo la atención del chico que hasta entonces había mantenido su vista clavada en el techo. Sus ojos se posaron en los de ella.

–Tienes visitas– indicó la joven.

Detrás de la enfermera, Nate alcanzó a divisar una figura alta y delgada que se adentró lentamente en la habitación. Era un chico de tez blanca, vestido con jeans negros rasgados en las rodillas, una playera gris con cuello en V y una chaqueta negra.

Su visitante avanzó hasta él con las manos en los bolsillos de sus jeans, deteniéndose frente a su cama. Sólo entonces pudo ver su rostro.

–Los dejaré solos– informó la enfermera antes de cerrar la puerta con un sonido seco.

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Angelgabriel
Rango10 Nivel 45
hace más de 4 años

Puede ser su enemigo el que lo visite, que descuido de la enfermera dejarlos solos, sin cerciorarse cual es el propósito del visitante. La historia va bien. Espero saber más. Te invito a leer Palestina Sangriento. Opina. Te dejo un link porque me gusta este inicio.

MikJaeL
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Eso mismo: ¿dormido o despierto?

OhHannie
Rango5 Nivel 22
hace más de 4 años

Ya veremos lo que sucede, quizá se lleven una sorpresa...


#2

Unos ojos tan grises como el mercurio observaban a Nate con demasiada intensidad. Su mirada era lo suficientemente penetrante como para que se sintiera intimidado y casi asustado.

Pero a pesar de que un escalofrío recorría su espalda en ese momento, se dio la libertad de sonreír al joven que jaló un banco y se sentó frente a él.

–Hola Jer.

El chico bajó la mirada al suelo y comenzó a patear levemente una de las patas de la cama como modo de distracción. Nate sabía que Jer no podía quedarse quieto cuando se encontraba a su alrededor.

–¿Cómo te sientes?– preguntó Jer, con aquella voz ligeramente ronca que lo caracterizaba.

Nate hizo un mohín.

–Bien, creo. Volví a tener pesadillas.

Esta vez, Jer volvió a posar su vista en él y dejó de patear la cama, lo cual indicaba que toda su atención acababa de centrarse en Nate una vez más. Pese a que su rostro estaba inexpresivo, había algo en su mirada que delataba angustia.

–Siempre regresan. Es lo mismo una y otra vez– añadió Nate.

Jer frunció el entrecejo.

–¿El somnífero no surte efecto?

–Sí, pero si la dosis aumenta no voy a poder despertar.

Las palabras surgieron por sí solas de la boca de Nate, como si acabara de perder control de su hablar. Y cuando cayó en la cuenta de ello, Jer ya se había inclinado sobre él y susurraba a su oído:

–Tal vez estás dormido.

“El niño corre, tropieza y se vuelve a levantar. Algo en la oscuridad lo persigue, no hay salida por ningún lugar. El monstruo, tarde o temprano, lo va a encontrar”.

Abrió los ojos de par en par, se incorporó en la cama de golpe y miró en todas direcciones con el corazón bombeando fuertemente contra su pecho.

Estaba solo.

La puerta se abrió una vez más y quien ingresó esta vez en compañía de la enfermera, era su madre. Retrocedió por puro instinto, aferrándose a las sábanas.

–No. Vete– dijo con firmeza, a punto de entrar en histeria.

–Hijo, pero soy tu madre. Tienes que dejar que te vea al menos por una vez– dijo la mujer, suplicándole con la mirada.

–¡No! No quiero verte, te odio– dijo Nate, procurando alzar mucho la voz.

La persona a quien menos quería ver era a su madre. Ella era la culpable de que estuviera allí, por su culpa su vida se había vuelto un infierno. La detestaba.

Su madre estaba al borde del llanto, las lágrimas asomaban por sus ojos.

–Al menos deja que…

Nate le dio un manotazo antes de que siquiera pudiera tocar su mano, a lo que la enfermera reaccionó inmediatamente presionando el botón de emergencia para que le ayudaran a sedar al muchacho.

–¿Van a sedarlo?– preguntó su madre, para a continuación llevarse una mano a la boca.

–¡NO! ¡¿Dónde está Jer?!- exclamó Nate alterado, exigiéndole a su madre una respuesta.

Los doctores ingresaron velozmente en la habitación, ayudando a la enfermera a sostener al chico, que forcejeaba por liberarse.

–¿Jer?– preguntó su progenitora, confundida.

–¡JEREMY! ¡¿DÓNDE ESTÁ JEREMY?!

La garganta se le desgarró después de aquel grito y terminó inconsciente sobre la cama. No era que el suero hubiera surtido efecto al instante, sino que el chico acababa de perder la conciencia. Se había desmayado.

“Un niño es acechado por la noche, la bestia que lo observa tiene sed de sangre. Perecerá al abrir los ojos y no habrá quien lo rescate”.

Los ojos de Nate se abrieron con pesadez. Volvía a estar solo.

–¿Cómo te sientes?– preguntó la enfermera, abriéndose paso en la habitación.

El chico se limitó a negar con la cabeza y dejó que la joven hiciera lo que tuviera que hacer al insertar medicamento vía intravenosa. Mientras la jeringa entraba en contacto con su piel, Nate inhaló el delicioso perfume que emanaba de la enfermera.

Cuando ella finalizó su trabajo, hicieron contacto visual, se sonrieron y acortaron la distancia entre ambos hasta que sus labios se rozaron.

Nate cerró sus ojos, sintiendo que el sueño volvía a vencerlo.

–Esto no es real– susurró una ronca voz contra sus labios.

“El niño tiene que huir si no quiere morir. El niño tiene que esconderse, mas no debe perderse”.

Nate abrió los ojos. Estaba sudando frío y temblaba espasmódicamente sin razón alguna. Lo único que recordaba era que había vuelto a tener una pesadilla.

Era de noche, había un hedor extraño que no sabía de dónde provenía, pero lo percibía muy cerca, así que se levantó de la cama para disponerse a inspeccionar.

Cuando salió al corredor ahogó un grito con su mano.

Las paredes estaban manchadas de sangre, así como el suelo.

Le entraron ganas de vomitar.

Alguien acababa de ser asesinado, su enfermera no se veía por ninguna parte y el asesino estaba cerca.

–Esto es real– susurró aquella ronca voz que sería incapaz de confundir.

“El niño está sollozando. El niño está asustado. El niño está temblando, pues está siendo… devorado”

–¿Jeremy?

Hace más de 4 años

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