lesvenezuela
Rango10 Nivel 48 (5590 ptos) | Fichaje editorial
#1

Me transportaste al paraíso con cada roce de tu boca, de tus manos.

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Anectodas_adolecentes
Rango4 Nivel 18
hace alrededor de 3 años

me gusta tu lectura te invito a pasar por las mía y dejar unos me gusta y yo are lo mismo por ti.


#2

SANDRA

Nos quedamos en la casa a solas, las dos con el fuego calentado el ambiente, pero no nuestras ganas, porque esas estaban ardiendo desde que pisamos el lugar.

Como tú siempre dices, no tenía prisa, pues llegaría lo que tanto ansiaba, así que solo disfruté de ti, de tu mirada, de tu timidez, junto a la mía. Compartíamos el espacio que tanto deseábamos, no era fácil romper esa timidez, pero de a poco, lo estábamos haciendo, hablábamos, nos movíamos por la estancia buscando ese encuentro, ese momento tan deseado.

Pero las dos sabíamos esperar, sabíamos encender más ese fuego que ya nos quemaba el alma. ¿Qué cenaríamos? Las dos nos miramos y nos encaminamos a la cocina, yo sé que a ti no te gusta mucho el hacer nada, así que me adelanto, y busco algo en el refrigerador, noto que te acercas con esa sonrisa pícara, me miras, ¿qué preparamos? Preguntas, y las dos nos ponemos a inventar algo.

La cocina es espacio reducido, nuestros cuerpos se rozan, nuestras miradas gritan, las dos tomamos algo al mismo tiempo y las manos se rozan, no lo soltamos, me acerco a ti y te miro a los ojos, y mi mirada baja hasta tus labios, implorando que se junten con los míos, me abrazas, ¡oh! ¡Cuánto desee ese abrazo! Y me atrapas en tu cuerpo, en tu calor, tu boca escuchó mi ruego y se acerca suavemente a la mía tiemblo, tiemblas, pero no nos detenemos, el contacto ansiado, suave, tímido, cálido, por fin sentí tu aliento en mí, tus labios en los míos, tu lengua en mi boca, que agradable sensación, nuestros ojos se cruzan, esa mirada de amor, de deseo se junta con ese momento, no quiero que me sueltes, no deseo soltarla pero, volvemos a la comida, pero ya es otra cosa, ya nuestros cuerpos se buscan sin contemplaciones, nos rozamos en esa diminuta cocina, haciendo que el deseo, que el momento que esperamos, en el cual nos encontremos será eterno y único, maravilloso.

Hace alrededor de 3 años

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SergioPR
Rango12 Nivel 55
hace casi 3 años

Me encanta la historia, engancha desde el principio, por lo menos a mí. Saludos @lesvenezuela


#3

LILIAN

En el convencimiento de que sucederá lo inevitable, ambas sin hablarlo decidimos prolongar la espera (la timidez también juega en esa decisión, todavía no nos soltamos del todo) esa espera tiene algo de dulce tortura, y es muy excitante, sabernos ahí, estar sintiéndonos, pero no tocar, solo insinuar el roce. Te pregunto ¿qué puedo hacer? Y mientras tu mirada me dice una cosa tus labios se limitan a pedirme que corte la ensalada, tomo la cuchilla y me asalta el recuerdo reciente, cuando ambas la tomamos al mismo tiempo y ese roce desencadenó el primer beso, te observo, pareces concentrada en preparar la salsa de los fideos que decidiste preparar. No puedo dejar de verte, no sé que hechizo produces en mí, tu mirada me atrapa en el preciso momento en que me humedezco los labios y me pongo de un rojo subido, rápidamente reacciono y te digo que iré poniendo la mesa. La preparo para dos, nada rebuscado, solo lo necesario para cenar. Afuera el frío azota, adentro el calor que irradian nuestros cuerpos supera al del hogar, te asomas avisándome de que en unos minutos podremos sentarnos a la mesa, navegamos entre la confianza recién nacida y la vergüenza de tocarnos por primera vez, creo que ninguna puede resistir a la tentación de repetir el beso.

Porque sin quitarnos la mirada acortamos distancias y volvemos a juntar las bocas en un beso que comienza muy suave, reconociendo un lugar que imaginamos muchas veces y que apenas habíamos probado hace unos instantes. Mordisqueo tu labio inferior, busco que se rinda a mi deseo y lo hace. Tu boca decididamente me cede el paso junto con mi lengua que recorre su interior. Mis manos se instalan en tu cabello, acarician tus mejillas y empiezan un lento descenso por tu espalda. Soy renuente a separar mi boca de la tuya, pero tengo ganas de besar tu cuello señorita, tus manos no se quedan quietas tampoco y empiezan un recorrido por todo mi cuerpo, de pronto el sonido del fuego al volcarse el agua de los fideos nos trae a la realidad. Ambas corremos a la cocina y lo apagamos, buscamos un repasador para limpiar el lío y nuestras manos vuelven a tocarse (Ahí el dilema, señorita, ¿ordenamos, servimos y comemos o nos entregamos a otro tipo de apetito que empieza a ser imperioso satisfacer?)

Nota de la autora: lo que se decida estará bien, pero recuerde ¡solo tenemos tres días!

Hace alrededor de 3 años

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#4

SANDRA

Menos mal que la comida se pudo salvar. Una vez recogido el desastre inoportuno, que me separo de ella y de su sabor, la miré y sonreí, me devolvió la sonrisa, pero nuestros ojos seguían buscando los labios esos que teníamos ganas de volver a besar, a saborear esa lengua que recorrió mi interior y me hizo soñarte en la cama.

La mesa estaba puesta, la comida lista, así que aparqué mi deseo de sentirla dentro de mí, y colocando la comida en la mesa nos dispusimos a saborear esa comida, que realmente, no era lo que nuestro cuerpo estaba pidiendo, pero lo que tocaba hacer para ir rompiendo esa timidez que aún afloraba en el aire.

Estábamos frente a frente, con un plato delante de nosotras, la conversación salió fluida, usted tenía el don de hacerme sentir tranquila, y que mi conversación saliera sola, claro con ayuda de ti.

Recordamos cosas que hablamos por el PC, fue amena la conversación. Nos empezábamos a relajar. Estaba feliz, señorita, de sentirla así, cercana, risueña, viendo en todo momento su cuerpo, su cara, su expresión sus gestos. La noche iba pasando.

Se acabó la cena, usted recogió platos y mesa yo me detuve un momento en el computador y elegí una canción, nos sentamos en el sofá, y entonces puse la música. Mi cuerpo se acercó al suyo, mis manos tocaron las suyas y la música sonó.

"Deja la luz encendida quiero mirarte desnuda, ahora no hay ninguna prisa, y te amaré de punta a punta, palmo a palmo, beso a beso así, como imaginaba, las dos en silencio enredadas en la cama".

Señorita, sentí su estremecimiento, espero que usted haya sentido el mío. Mi boca busca la suya la que encuentro fácil, ávida, deseosa de mí. Mis manos se introducen por su blusa, le gusta, lo sé porque me mira y sonríe, toco sus pechos, los acarició, casi me mojo. Al sentirlos, los sentimientos están estallando, mi corazón está a punto de salirse de mí. Mis ansias no me dejan pensar solo disfruto de su lengua y sus manos, el sofá se está quedando pequeño. Ahora ya si que deseo tenerla desnuda, saborear por completo su desnudez. Deseo perderme dentro de vos, deseo hacerle el amor, hacerla mía, necesito explorar su cuerpo, hacerme dueña de cada rincón de él, saber en qué parte siente mayor placer y saborear su intimidad, sentirla en mis manos, en mi piel hacerla mía.

Hace alrededor de 3 años

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#5

LILIAN

No se equivocó, si estaba disfrutando mucho de sentir sus manos en mi cuerpo, mi respiración que se acelera es la prueba fehaciente de ello, pero la suya no se queda atrás, se le escucha entrecortada, podría jurar que sus ojos se oscurecieron. Me encanta sentir que con solo rozarte tengo ese poder sobre ti, el poder de hacer que me necesites, lograr que en ese instante el mundo desaparezca que solamente cuente la necesidad de darnos y recibir placer. Puedo percibir tu urgencia porque es la mía, yo también quiero tenerte desnuda únicamente para mí. Mis manos ya se perdieron en tu espalda, por debajo de tu remera. Te recorro despacio, sin dejar de besarte (Nota de la autora: por si no se dan cuenta, soy una gran besadora, ¡ja!,), mis labios se rehúsan a dejar tu boca, pero me separo un instante para verte no solo con mis ojos, las yemas de mis dedos dibujan cada uno de tus gestos, quiero aprender de memoria aquello que vi tantas veces por vídeo cámara. Bajo hacia tus pechos y apenas los rozó, sin embargo, siento su reacción. Quiero verlos, así que sin pensar demasiado (a esa altura es puro deseo e instinto, ya no pienso) te quito la remera por tu cabeza, solo el sostén separa ahora tu desnudez de mis manos.

Pero no apresuro despojarte de él, mis labios besan tus pechos sin apartarlo, y desciendo humedeciendo tu vientre. Acabo arrodillada frente a ti que sigues en ese sofá, como siguiendo un guión sin sentido no escrito. Ambas nos levantamos y casi sin soltarnos apenas, nos dirigimos al dormitorio ni sé cómo acabamos sobre la cama, lo cierto es que allí estamos. Yo aún totalmente vestida, tú sin tu remera. Me acuesto a tu lado, mi mano se introduce en tu pantalón, siento que con un movimiento involuntario buscas profundizar el contacto y ya no me resisto ni atraso ese momento. Desprendo el botón y el cierre separándolo lo necesario para meterme acariciando tu piel. Soy torpe, pero me ayudas y puedo despojarte de los vaqueros, parece injusto que estés solo en ropa interior y yo totalmente vestida. Señorita, mis manos se engolosinan en tus piernas, descienden y ascienden hasta casi llegar al centro de tu placer. Podría pasar horas acariciándote, pero no quiero esperar más, mis manos y mi boca se unen besando tu intimidad, te siento, apuro el ritmo y me detengo cuando estás al borde del clímax; quiero que goces tanto como nunca lo hiciste. Todos mis sentidos están puestos en ti, puedo olerte, saborearte, sentirte, escucharte, verte. Quiero entrar en ti, que seas mía señorita, solo mía. En esa cama no existe nadie más que tú y yo.

#6

SANDRA

Me trasportaste al paraíso con cada roce de tu boca, de tus manos. Si existe el paraíso, eso eras tú, con tu ternura infinita, con el amor que respiraba, con cada gesto, con cada roce de su cuerpo.

Me acerqué mucho más a ti para despojarte de tu ropa, te la quité poco a poco dejando que mis manos rozaran tu cuerpo, mirando tu expresión de timidez, de miedo al mostrarme tu cuerpo. Al caer la remera, mis ojos extasiados no podían dejar de mirar tu cuerpo, tus pechos que al igual que pajaritos hambrientos pedían que mi boca le diese sustento, y allí me dirigí cual madre protectora y los bese, lamí, succioné.

Me gustaron tus pechos señorita... grandes en mi boca, en mis manos; jugaba con ellos mientras tú te estremecías, te miro y te digo: te quiero señorita. Me encanta tu cuerpo, me encanta tu cara, tu risa tímida y pícara, tu mirada de inocencia. Mis manos se pierden por tu espalda, mientras mi lengua sigue jugando con tus senos, ahora mi lengua se pierde por tu cuerpo dejando su saliva, su calor por tu cuerpo, mis manos acarician tus nalgas señorita.

Y mi boca ya se encamina ansiosa, pero despacio al encuentro de tu sexo húmedo, tus latidos me dicen que estás excitada, tus suspiros que me deprisa, pero al llegar al filo de tu sexo y lamerlo suavemente, decido subir súbitamente a tus labios y mirarte a los ojos con todo el amor que soy capaz y te repito, te quiero, amor mío; eres preciosa, ni el oro más puro puede hacerte sombra, ni los tesoros más preciados podrían competir con tu atractivo, me miras, sonríes de mis ocurrencias (y como te conozco) antes de que puedas decir nada mi lengua busca tu boca que me recibe con las mismas ganas.

Ese beso me deja sin aliento, mientras mis dedos se abren paso en tu clítoris, noto tu pasión, pues tu boca me apresa en ese deseo, te miro y nuevamente te digo acercando mi boca a tu oído y besándolo suavemente y susurrando: me vuelves loca, te deseo, te quiero. Y mis dedos te penetran sin piedad, mi boca, mi lengua pasa por tu cuello, por tu escote, pero ya mi sed de ti es casi insaciable, y me voy a beber de tu sexo, abro con mis dedos el camino y bebo suave y lento, busco tu clítoris y me quedo en él saciando mi sed.

Tu cuerpo reacciona a mis ganas, mi alma se pierde en el espacio y tiempo deseando hacerte sentir. Mi boca no deja de necesitar tu néctar, tu humedad, tus movimientos me producen placer, tus gemidos ahogados, y tu respiración me inician en esa pasión desenfrenada de comerme tu ser. Casi empiezas a reaccionar a mis besos, a mis ganas y tu pelvis no puede dejar de bailar al son de mis ganas.

Me gusta señorita, me gusta que no puedas contener tus ganas, que empieces a sentir placer, gusto de sentirme dentro de ti. Mis roces empiezan hacer efecto, tu vientre se pone duro, queriendo aguantar el goce, mis manos tocan tus pechos, mientras mi lengua intenta alargar ese placer que tu cuerpo me dice que está sintiendo, es hermoso tenerte así, entregada. Estás a punto amor, de sentirme por completo. de ser yo quien te haga sentir ese orgasmo, esa explosión de placer infinito, soy yo quien enciende tu deseo, ese torrente de amor.

Ya estás a punto lo noto, tus manos me acarician sin control, porque estás a nada de estallar y es como si nada importara. Solo tú y yo ahí en esa cama, ahora si explotas en mi boca, dejo que termines de estallar y cuando por fin noto que caes extenuada, subo y te miro y te vuelvo a decir: te quiero señorita.

#7

LILIAN

Sí señorita, estoy cansada, plena, es lo más cercano al paraíso que experimenté. Tu "te quiero" termina de elevarme al cielo y no puedo evitar las ganas de besarte tiernamente, me quedo mirándote a los ojos, y apenas acariciando tus mejillas la vergüenza quedó atrás, me siento... no encuentro las palabras, es como si el mundo entero estuviera en mis manos, creo que es de esos momentos en que una siente que la vida tiene una razón de ser. Ambas estamos cansadas, nuestras respiraciones vuelven a su ritmo normal. Señorita, solo quiero abrazarte, refugiarme en ti, sentirte en mí. Nuestras piernas están enredadas y puedo sentir el roce de todo tu cuerpo. Más que besarte, te respiro en mi boca, pero no me aparto de ti. Poco a poco el deseo comienza a renacer, vuelvo a querer entrar en ti, esta vez nos tomamos más tiempo, bajo hasta tu pecho y me entretengo con especial atención en cada uno de ellos, los beso, mordisqueo suave, acaricio cada pezón y observo cómo responden a mis dedos y mi boca, bajo despacito por tu costado; mis manos se quedan imantadas a tus senos, mientras mi boca se engolosina con tu entrepierna. Poco a poco tu calor se intensifica y la humedad de tu cuerpo se hace presente. Mi boca te busca, tu sexo me recibe, y mis dedos descubren tu clítoris y deciden someterlo a una dulce tortura masajeándolo señorita.

Deseo hacerte gozar como nunca lo hicieron antes. Te penetro con mis dedos, inicio a un ritmo lento que se acrecienta a medida que tu pelvis se eleva profundizando el contacto. Señorita, estoy dentro de ti y me encanta, me fascina sentirte plena, ansío poder darte al menos la mitad de lo que tú me das... Necesito que me necesites (aunque suene egoísta), quiero ocupar tus pensamientos, tus sentimientos, ¡tú ocupas los míos! Estamos cansadas, pero es un cansancio lleno de energía. Te vuelvo a besar y me respondes, te abrazo, me anudo en ti y ambas nos rendimos al sueño; no sin antes mirarte a los ojos y sin cerrarlos decir: te quiero, ¿lo puedes leer en mi mirada? Yo lo busco en la tuya y ávidamente espero ver reflejado en ellos parte de todo lo que me diste en este encuentro. Señorita, puedo quererte de mil maneras, pero en todas ellas, pongo mi alma en tus manos. Quiero darte mi ternura, mi pasión, mi parte salvaje, mi parte dulce, mi intensidad, mis alegrías, mis dolores, mi música, todo lo que soy señorita.

Me despierto antes y gozo viéndote dormir plácidamente. Puedo ver huellas de la pasión que vivimos esta noche.

#8

SANDRA

No amor, soy yo la que despierta primero porque quiero saborear tu sueño, tu rostro relajado.

Me va a costar dejarte señorita. Me gusta sentirte a mi lado, me gusta compartir la casa, las horas, los minutos del día contigo. No sé si fue buena la idea de haberte encontrado, de habernos amado con tanta intensidad... Rozo tu cara con mis dedos como queriendo gravar tu tacto en mi piel, ¿cómo hago yo ahora para vivir lejos de ti? Mejor no pienso y me limito a disfrutar de este momento.

Su cuerpo, su cercanía, su calor, me hacen sentir relajada, me hace sentir arropada y protegida. Te mueves, te miro y sonrió, ¿con quién estarás batallando en tu sueño? No me contengo y beso tu mejilla suave, no quiero despertarte, sé que te gusta no hacer nada, y tenemos tres días para disfrutar la pereza juntas. Flojera compartida, con todas sus horas, minutos y segundos.

Estaba pensando qué haremos hoy. Iré a la cocina a preparar café para cuando despiertes, pero estoy tan bien a tu lado con tu cuerpo pegado al mío que me da pereza levantarme... pero si preparo desayuno, luego podríamos ducharnos juntas.

Espero que te guste ducharte conmigo, tengo tanto que aprender de ti, de tus gustos, preferencias, costumbres. Después de esa ducha podríamos ir a dar un paseo tengo ganas de ir de compras contigo.

De tomar algún café en un bar, de sentir el frío rozándome en mi piel para agarrarme a su brazo y sentir nuevamente su calor. Reírnos de cualquier cosa graciosa que pase a nuestro alrededor, mirarte a hurtadillas, y robarte una caricia en mitad de la calle o de donde estemos; De decirle con la mirada y mis gestos que estoy feliz que tú logras esa felicidad y que la quiero señorita.

Estaba pensando todo eso y no me di cuenta de que despertaste, me miras, sonrío, me acerco a tus labios, te planto un beso y unos buenos días, ¿dormiste bien? Me atraes hacia ti y me vuelves a besar ¡como me gusta sentirme entre tus brazos! Nos besamos y nos miramos, cada una se siente bien con esa mirada.

Me encanta, eres más de lo que esperaba de esta vida, te ruborizas, como me dijiste (te cuesta recibir elogios) te beso, una y otra vez ¿te apetece un café? Me miras, me aprietas más entre tus brazos. Sí, me dices y también preguntas ¿pensaste algo para hacer hoy?

#9

LILIAN

No espero respuesta, en mi despertar solo necesito volverte a besar para asegurarme de que esta vez no fue un sueño, que estás ahí, junto a mí. Me encanta respirarte, no tengo muchas ganas de soltarte, pero creo que ambas necesitamos una ducha. No sé si deba proponerte tomarla juntas... ¡Me encantaría! Pero un dejo de vergüenza me asalta, y solo digo que estaría bueno darse un baño. Me miras, tienes un brillo especial en tu mirada o tal vez solo sea el reflejo de la luz que siente mi alma. Lo cierto es que, sin hablarlo decidimos ducharnos a la vez. ¡Sorpresa! ¡Cambiamos la ducha caliente por un baño de inmersión! Te tengo desnuda junto a mí, el agua tibia nos cubre y empezamos a besarnos, es inevitable no hacerlo, creo que nunca van a saciarse mis ganas de ti. Esta vez, ambas llegamos juntas a experimentar esa sensación de morir y estar más vivas que nunca, fue increíble... Explotar a la mar simultáneamente. ¡Wow! nunca me había sentido así. Salimos del baño envueltas en grandes batas y mientras me cambio vas a preparar café (si no lo hicieras, no saldrías de la habitación y ya hace muchas horas que no nos alimentamos más que de deseo mutuo). Así que ya en la cocina disfruto de un riquísimo café que preparaste y mis manos se tientan al saberte desnuda bajo la bata, pero me detengo solo con unos besos y alguna caricia tierna. Te cambias y decidimos salir, no tenemos rumbo fijo, solo nos interesa no dejar de estar juntas. Te miro a los ojos, me pierdo en ellos, tomo tus manos, me siguen fascinando verlos y tu contacto con mi piel, me pierdo en ti, solo sé decirte que te quiero que no quiero dejar de estar contigo.

#10

SANDRA

Hemos pasado un día caminando, como usted dijo sin rumbo fijo, pero saboreando cada instante juntas y realizando diversas cosas, compras, almuerzo, paseo. Así que estamos un poco cansadas, pero es bonito cansarse junto a ti. Pasamos por una tienda de películas, te tomo de la mano, te miro y con un gesto te digo: ¿Entramos? Sonríes y nos metemos dentro a ver qué película nos llevamos. Tú tenías ganas de ver una película juntas, así que... ¿Qué vemos? Salimos de la tienda con una película bajo el brazo, hoy ya tenemos un plan.

La noche estaba cayendo, el frío arreciaba, nuestros cuerpos se juntaban para amortiguar ese frío. Nuestra casa nos esperaba calentita. Al llegar nos pusimos cómodas, zapatillas, pijamas, me costó dejarte poner el pijama, antes, saboreé tus labios y mis manos jugaron con tu intimidad, el deseo crecía, pero decidimos ver la película. Nos sentamos en el sofá pegadas mis manos a ti; la película comenzó. Estábamos relajadas viendo la película, a cada escena que nos gustaba nuestros ojos se encontraban y una caricia iba y venía hacía tu cuerpo, hacía el mío. Mi boca reclamaba la tuya de vez en cuando, a punto estuvimos de parar el vídeo y terminar la pasión inagotable que parecíamos tener la una de la otra... Señorita, definitivamente tengo que volver a poseerte. No puedo terminar de ver una película cuando mi cuerpo, mi mente, solo desea hacerte mía, volver a penetrarte a saborear tu cuerpo y a respirar de tu amor, así que, te agarro de la mano y te llevo a la habitación. Me gusta que no pongas pretextos que me lleves que tus manos me pidan lo que mi cuerpo y mi mente quieren darte. Suavemente te quito la remera, mis manos y toda yo, morimos ante tanta belleza.

#11

LILIAN

¡Señorita! ¿¡Cómo podría negarme a ir contigo a la habitación!? Si desde que volvimos del paseo, o si debo ser honesta, desde que salimos de casa tengo ganas de ti. Me pregunto si esas ganas, ese deseo se agotará o si poseerte hasta caer rendidas lo podrá saciar... pareciera que no. ¿Sabes? Hacerte el amor es siempre igual y distinto, mágicamente los roces pueden repetirse, las caricias, tocar tu cuerpo con mayor audacia, con menos timidez. Las sensaciones pueden ser las mismas, sin embargo, siempre es como la primera vez, nos hacemos el amor como si fuera la última vez y la primera, nada se guarda, nada se retiene. Me encanta tocarte, me fascinan tus labios y manos en mi piel, me olvido de vergüenzas, inseguridades. Te conozco, me conoces un poco más, sabes dónde tocar, sé cómo te gusta que lo haga; aprendimos a esperarnos, a contener el estallido. ¿Sabes dónde creo que está el secreto de que nos amemos tan perfectamente? En que cada una de nosotras piensa en la otra. Mi goce es mayor cuando puedo percibir que eres feliz entre mis brazos. Aprendimos a darnos placer, pero no tenemos sexo, hacemos el amor. Me encanta verte, podría pasar horas enteras mirando tus rasgos ¿te dije que me gustan mucho tu sonrisa, tus manos? Me gustan desde que las vi por Webcam, su tacto superó toda mi imaginación. Señorita, Amarte es un placer.

De pronto tu estómago hace un ruido... Ja, (¡el mío es más discreto o está acostumbrado a comer en menos ocasiones!) recordamos entonces que no cenamos que una película quedó girando en el DVD.

#12

SANDRA

Señorita, es impresionante tenerte a mi lado, sentir tu corazón latir, tus gestos, tu alma volar hacía mi. Cada movimiento que realizas es un sentimiento provocado para amarme. Como me gustaría poder hacerte sentir igual.

Tú sonrisa ilumina mi día, cada vez que te miro y se iluminan tus ojos me pierdo en la inmensidad de todo tu amor. ¿Cómo puedes almacenar tanto amor? ¿Cómo puedes volcarlo y proyectarlo en esta persona que no sabe cómo corresponder? ¿Tenemos hambre? ¡Ja! Tal vez tenga razón, pero yo recuerdo que cenamos fuera de casa, eso sí, el DVD está girando, pues no le dimos importancia. Te retengo, te abrazo, quisiera parar el tiempo, para no tener que dejarte.

Me gusta abrazarte, sentir que tú tampoco deseas salir de este instante. Así nos quedamos horas, solo sintiendo nuestros corazones, pegadas. Por un momento dejamos que el silencio nos envuelva, solo sentimos la protección, la seguridad de nuestro calor en nuestra piel. El latido de tu corazón, marca el ritmo del mío.

Sus manos siguen acariciando mi cuerpo y a cada roce, mi mente intenta gravar esa sensación, ese calor, esa suavidad, esa dulzura que derramas. Señorita, tanta tranquilidad nos hace quedarnos dormidas juntas, olvidando que nuestros días se acaban, y así juntas compartimos nuestro sueño, nuestra imaginación.

#13

LILIAN

Volvimos a amanecer juntas, en el hogar quedan cenizas. El frío parece hacerse presente en el cálido ambiente de la cabaña. Esta vez señorita, me despierto antes que tú. Sin abrir mis ojos una sensación de angustia me roba el aire, es tan solo un segundo que se diluye presuroso cuando puedo respirar tu aroma, ¡no fue un sueño! Estás ahí finalmente, después de tanto hablar por MSN, Skype y cuanto medio de comunicación pudimos tomar por asalto para satisfacer esa necesidad que fue creciendo sigilosa, a escondidas, con miedos, con dudas pero se abrió paso y aquí estamos, compartiendo nuestro segundo amanecer juntas. Conocerte fue fantástico, tenerte maravilloso, no quiero pensar, me niego a dejar entrar en mi mente la idea de que en pocas horas no estaremos juntas. La realidad se impone, eso dijiste hace tiempo y hoy sé que es verdad... Me salgo de la cama sin hacer ningún ruido, agrego leños en el hogar, preparo un café con leche para ti, y negro para mí, lo acomodo junto a unas tostadas con manteca y dulce, y vuelvo a la habitación. Aún duermes, juraría que una media sonrisa asoma en tus labios, no puedo resistirme a mirarte, quiero grabar tus rasgos, amo cada arruguita alrededor de tus ojos, el hoyuelo que ahora solo adivino se forma en tu mentón cuando sonreís. Debo haberte pensado demasiado fuerte porque te despertaste, casi no te permito abrir los ojos y te beso suave. Me salgo rápido de la cama, me cuesta, pero ¡señorita! Te preparé el desayuno. Quiero desayunar contigo, quiero apurar en unas horas todo lo que haríamos de poder estar cerca. Desayunamos, nos duchamos (sí, ducha, porque si no, no salimos más) nos sentamos un rato frente al fuego, pensamos si salimos a recorrer o nos recorremos a nosotras una vez más.

Ganó esto último, la verdad la ciudad no me importa demasiado... Nos amamos hasta el cansancio. Almorzamos lo que ambas cocinamos entre risas, hicimos sobremesa escuchando las mismas canciones que compartimos tantas veces, ambas apartamos la mirada cada vez que una sombra la oscurecía (Sin decirlo ambas sabemos que nos separaremos en unas horas) el tiempo es cruel a veces, y se fue veloz llevándose nuestro tiempo juntas. Es poca la ropa que ambas trajimos, menos la que usamos, así que las maletas se preparan en segundos, con diferencia de unas horas nuestros aviones parten en direcciones opuestas. Así que sabemos que en menos de 60 minutos partimos al aeropuerto. Quiero besarte, hacerte el amor, llevarme tu aroma, tu roce, tu calor. Señorita, te llevo conmigo; clavé tu imagen en mi retina, con cerrar mis ojos te veo. Sin hablar casi nos vamos rumbo a nuestras vidas. Tu avión despega primero, me juro a mí misma que no voy a derramar ni una lágrima, solo sonreírte al dejarte partir. No sé que sientes, pero imagino que tampoco tienes ganas de dejarme ir. Te invito un chocolate caliente en la cafetería del lugar, hay gente, pero no puedo evitar rozarte, no te rehúsas, el miedo se escapa por la ventana (como dice la canción) cuando nuestras miradas se cruzan. "Te quiero" lo decimos a la vez, por los parlantes anuncian la partida de tu vuelo. Te acompaño a la puerta de embarque, revisan tus documentos, todo está en orden. Es la hora señorita, un dejo de tristeza me invade, estoy a punto de pedirte que no te vayas que esperes otro vuelo, pero no lo hago. No nos prometemos nada, no eres de planificar y aprendí a no hacerlo. Dicen que el destino traza sus jugadas, yo espero que el destino nos tenga reservada una jugada magistral, una jugada final, en que nos encontramos para no dejarnos ir. ¿Por qué no?, soñar no cuesta tanto.

Te espero en nuestro próximo sueño.

Fin.