ksatie
Rango6 Nivel 26 (961 ptos) | Novelista en prácticas
#1

PRÓLOGO

La niebla lo inundaba todo. Era lo único que veían sus ojos, lo único que sentía su cuerpo, lo único que bebía su alma. Una bruma gris y mortecina.
¿Era de día o de noche?¿Había acaso alguna diferencia? Desconocía si soñaba, incluso si existía.
Se percató de que la niebla no llegaba sola: traía consigo recuerdos. Se encontraba en medio de una nube de memorias infinitas; de penas, de risas, de voces, de caos, de calma, de sueños, de delirios, de monstruos, de sombras… de vida. Solo que ninguna de aquellas vidas que lo rodeaban era suya.
Todos ellos se preguntaban quiénes eran, de dónde venían, adónde iban y por qué. En cambio, él, que no poseía ningún recuerdo, no sentía la necesidad de conocer la respuesta. Irónico, pensó. Y triste.
De pronto, la niebla desapareció, y con ella las sombras y los monstruos, y llegó un nombre: Jihan.
Cuando parpadeó de nuevo, se encontraba en medio de la noche, a las puertas del Oráculo. Sobre la grácil estructura brillaba la luz de nueve lunas llenas.
Aquella noche vio y sintió cómo el mundo entero cambiaba…
Y él era la voz de ese universo.

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace alrededor de 4 años

Realmente muy bien escrito, tu manera de escribir denota que te gusta la buena literatura y que has sabido elegir qué autores leer.
Un saludo, pasa si quieres por mis POEMAS DE LA LIBERTAD, nos seguimos leyendo.

ksatie
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Muchas gracias!
Me pasaré encantada


#2

CAPÍTULO 1: PROMESAS DE SANGRE

Eylem no conseguía dormir aquella noche. Por más que lo intentara, a sus sueños solamente acudían pesadillas, y estaba demasiado inquieta como para querer quedarse despierta. Sentía que algo no iba bien. Salió a su balcón y dejó que la brisa revolviera su corta melena rubia bajo la luz de nueve lunas llenas. Era la primera Noche de las Nueve que vivía, pero en Éire no se le prestaba mucha atención a los astros. En tierras lejanas, como Nívea o las Arenas Rojas, un acontecimiento de aquel tipo estaba cargado de significado.
Observó cómo la Ciudadela del Ángel, orgullo de los eirianos, dormía. Probablemente su propio ángel estaría también dormido. El vínculo que las unía iba más allá de un contrato. Habían crecido juntas, desde que encontraron al ángel en las calles de Arcadia, la Ciudad del Canal. Una hábil, ágil, fuerte y soñadora niña huérfana que se ganaba la vida haciendo recados peligrosos. Cuando se quitó la capa desgastada, sus alas, más blancas que las de ningún ángel que hubieran visto, se desplegaron y asombraron a la reina hasta el punto de elegirla como protectora de su hija. Habían pasado muchas generaciones desde que Hiria envió al último guardián alado a la Ciudadela, aunque los llevaba en el nombre . Juntas habían aprendido a vivir, a pelear, a reír, a no tener miedo de nada y a meterse en todo tipo de líos. Veyra era más que su guardiana, era su hermana. Aunque si hubiera sido su hermana de sangre, Eylem estaría en ese momento observando alguna de las ciudades gemelas de Hiria, tierra de valquirias y ángeles. Había tanto por ver en el mundo… pero no para una princesa. No para quienes luchaban por la libertad. No para la mejor guerrera de la nación de Éire, quizás de todo el continente de Rotmond. Al menos, la mejor guerrera humana. Porque, pese a sus dieciocho años de edad, juntas eran el temor de todos sus enemigos. Y no eran pocos.
Pero aquella noche… demasiada calma, se dijo Eylem. Demasiado silencio. Demasiados escalofríos que le recorrían la espalda de arriba a abajo en una sacudida y la perlaban de un sudor frío. Como un aliento helado en la nuca.
Desistió en su intento de relajarse y entró de nuevo en su cuarto. Un presentimiento la detuvo de camino a su lecho, y su mirada se clavó en la puerta. En medio de su impulso irrefrenable, cogió a Valor y a Furia, salió al pasillo y llegó hasta las escaleras, con las espadas gemelas enfundadas a la espalda. Se detuvo justo al borde.
Algo no marchaba bien.
Corrió hacia el ala norte del edificio, donde se encontraban los aposentos de su madre. Pasó junto a la habitación de Veyra.
La puerta semiabierta, aún moviéndose.
El sonido de una vasija al romperse.
Más adelante, el ruido de apresurados pasos alejándose.
La habitación de la reina estaba igual, con la ventana abierta y las cortinas ondeando al viento. Quienquiera que hubiera entrado lo había hecho a conciencia, con sumo cuidado de no dejar nada fuera de lugar, aunque los pedazos del jarrón estaban esparcidos por el suelo. Pero no estaba vacía. Al borde del balcón, una esbelta figura se recortaba contra el luminoso cielo nocturno de la Noche de las Nueve, con el largo cabello castaño ondeando al viento y la funda de una espada en la cintura. La figura giró sobre sí misma, y unos grandes ojos color malva iluminaron sus delicadas facciones al tiempo que se desplegaban unas grandes alas de plumas blancas en su espalda. Eylem suspiró, aunque le devolvió a Veyra la mirada de preocupación.
Un solo gesto de complicidad y descendieron hasta el suelo. Las escapadas nocturnas habían servido de algo. Eylem se deslizaba y saltaba con una agilidad felina. Veyra mantenía el equilibrio con sus alas. Una vez en el suelo, solo tuvieron que seguir el rastro de sangre. La reina destacaba por su audacia, y probablemente se habría cortado a propósito, dejando un camino de pequeñas gotas oscuras sobre las calles de piedra.
En su frenética persecución llegaron a un callejón sin salida, al final del cual las sombras que huían de ellos se detuvieron en seco, sin alternativa.
Acorralados. Perfecto.
Eylem oyó el sonido metálico de Viento al ser desenvainada, e hizo lo propio. Avanzaron un par de pasos mientras uno de los individuos salía de entre las sombras, dejando que las lunas proyectasen su luz sobre su rostro. Se trataba de un joven de constitución atlética y piel color caramelo que aparentaba su misma edad, quizá unos años más, de facciones juveniles aunque algo duras, y unos ojos afilados con una mirada maliciosa en ellos. Los mechones oscuros de su cabello caían sobre aquellos ojos crueles a los que la siniestra luz de aquella noche inquietante arrancaba destellos. No parecía tener intención de intimidarlas, o más bien no parecía creer necesitarlo, tal como apuntaba la media sonrisa que se formaba en su semblante. Vestía ropas oscuras y una capa larga negra, aunque no llevaba ningún arma a la vista. Para estar acorralado, lucía bastante confiado.
Una señal fue suficiente para que ambas se lanzaran como una sombra sobre el joven, completamente sincronizadas. Viento descendió como el rayo sobre él mientras Valor y Furia le cortaban el paso, pero solo hendió el aire. Él ya no estaba allí. Veyra batió las alas para equilibrarse, y Eylem giró sobre sí misma para localizarle.
Imposible.
El joven se encontraba de pie sobre el tejado de uno de los edificios, sin dejar de dibujar aquella media sonrisa en su rostro. ¿Un hechicero? En torno a su mano se materializaba una sombra negra, y él pareció sostenerla mientras tomaba una forma alargada y afilada.
Una espada negra.

Hace más de 4 años

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ksatie
Rango6 Nivel 26
hace más de 4 años

Primera parte del primer capítulo

David_Casado
Rango10 Nivel 49
hace más de 4 años

Me gusta el alarde imaginativo que haces, recreando todo un mundo diferente.

ksatie
Rango6 Nivel 26
hace más de 4 años

Gracias! :) espero ir mejorando

Didac
Rango4 Nivel 15
hace más de 4 años

¡Continúa con la historia! Escribes muy bien y la historia parece tener mucho potencial, aparte que la magia y la fantasía son mis favoritas a la hora de leer, y eso es mucho viniendo de alguien que no lee con mucha frecuencia. Te animo a seguir adelante con la historia con ese toque único que le das.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 4 años

Tienes imaginación. Tu narrativa es muy creativa. Aplausos para la autora. En un tiempo que tengo pronto, te doy algunas correcciones. Saludos con cariño. Sigue escribiendo siempre, aprenderás a ser una buena escritora.

ksatie
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Gracias Didac y Billy
¡Espero estar a la altura de vuestras expectativas!


#3

Veyra contempló lo último que vería de su pequeño mundo. Antes de dejarlo todo, antes de cambiar, antes de huir, antes de convertirse en alguien desconocido para ella misma.
Contempló los mil pedazos manchados de sangre que antes habían sido Viento, dibujando caprichosas formas sobre el suelo de piedra.
Contempló el callejón desierto, bañado en silencio por la luz de las lunas. Nueve lunas llenas. perfectamente redondas, reflejadas en el oscuro charco sobre el que estaba tendida Eylem.
Contempló el rostro de su amiga, su protegida, su compañera, su hermana. Sus ojos, helados, mirando hacia el infinito.
Y recordó.
Había durado un instante, pero jamás lo olvidaría.
La mirada del asesino. Su aura, sombría y extraña. Su terrible sonrisa.

En ese instante, Veyra hizo una promesa.
Estaba escrita en sus ojos. En el filo de Furia. En su gesto al dejar a Valor con suavidad al lado del cuerpo de Eylem. En el susurro al oído. En la caricia de despedida.
'Tú la necesitarás más que yo'.

Esa noche, Veyra hizo una promesa de sangre.

Hace alrededor de 4 años

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ksatie
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Siento haber dejado mi historia a medias, pero he tenido que abandonar sttorybox por un tiempo. Aquí está el final del primer capítulo.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 4 años

No te desanimes linda, créeme que si persistes serás una excelente escritora. Aquí estaré apoyándote y acosenjandote.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 4 años

¿Has leído Esperanza de amor de Annie Nell? Lo escribí con mucha fuerza de voluntad, al principio me desanimé, pero me animé a escribirlo con lagrimas en los ojos, no quería fracasar. Y mira, pude terminarlo. Espero que te guste las 8 cajas. Me dará gusto tu visita, saludos con cariño. Etiquetame cuando publiques.

ksatie
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

¡Gracias! Me pasaré por esa historia :)


#4

CAPÍTULO 2: ENCUENTRO

''Huele a lluvia'', pensó.
Un cielo gris pálido, casi mortecino, envolvía la ciudad en un lento abrazo. Los rostros de la gente desaparecían en las sombras de las capuchas. Los adoquines de piedra se quejaban del repiqueteo de los cascos de los caballos con un ruido sordo; pero sus pasos se escondían en el silencio, y sus suaves facciones pálidas, al descubierto, contrastaban con su cabello castaño oscuro. Aun así, no había mayor oscuridad que el temor de perderse en el vacío de sus ojos oscuros, tan profundos como las tinieblas del olvido.
A su alrededor, el mundo se eclipsaba entre la niebla, aunque no habría sabido decir hasta qué punto era real, hasta qué punto la soñaba o hasta qué punto la sentía en su corazón.
Los niños corrían, reían, caían, rebuscaban en las capas de los viajeros despistados. Niños como ella, niños muy diferentes. Estaban tan cerca que algunos la rozaron en su carrera, pero ella no habría podido estar más lejos de allí. Sentía sobre su cabeza cómo se alzaban los edificios, firmes y seguros. A punto de caer. Se erguían orgullosos. Se desmoronaban como la realidad.
Quiso tocar el aire, tan denso que asfixiaba; tan liviano que sentía como si su cuerpo flotara. Quería oír las voces, o tal vez el silencio. Quería dejarse acariciar por la luz de las nueve lunas llenas que le sonreían desde el cielo, pero ya no estaban allí. Acabó rindiéndose. Aquél no era su sitio.
Y, sin embargo, allí estaba. De pie, en medio de la calle, mientras el frenético vaivén de la gente y los coches la balanceaba suavemente. Zapatos, cascos, ruedas. Voces, risas, silencio. Campanadas, murmullos, cascos. Voces. Silencio.

Una paloma blanca cruzó la escena en un suave aleteo. Y ella ya no era una niña, y allí no había niebla, y las nueve lunas que brillaban en el cielo no estaban llenas. Pero…
''Huele a lluvia'', pensó.
''Como aquella vez''.

Hace más de 3 años

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#5

Entonces despertó, y vio todo lo demás. Seguía allí, de pie, en medio de la calle. La misma calle, pero todo era diferente. Aquella era la misma ciudad, pero no lo era. Se encontraba en el mundo en el que nació, y al mismo tiempo se sentía parte de otro universo. Un nuevo universo. El aire era distinto, se oían sonidos extraños, por todas partes había edificios de formas extrañas, reluciendo al sol, intentando alcanzar el cielo. Solo que ella era la misma... el ángel guardián que había huido de aquella ciudad, no estaba segura de cuánto tiempo atrás, que ya ni siquiera tenía el mismo nombre. Sabía que debería haber muerto con su protegida, como todos los de su clase. Sabía que había estado vagando por todas partes, buscando la muerte. Las respuestas dolían demasiado como para buscarlas. Pero cortar sus alas no había servido para volverse mortal, de modo que allí estaba, ocultando las cicatrices de su espalda bajo una capa raída, su mirada violeta bajo la capucha, Furia envainada en su cintura.
En ese momento, sin entender muy bien por qué, supo que habían pasado cien años... que seguía viva por una razón... y que era el momento de encontrarla.

Hace alrededor de 3 años

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#6

''Los Centinelas no nacemos. Llegamos, cumplimos y nos marchamos. Somos la luz contra las Sombras, la espada del destino, la salvación de los humanos. No nacemos, porque no estamos vivos.''
Y, sin embargo, Malia no podía dejar de pensar en la muerte.
En el horizonte, las primeras luces del alba arañaban las nubes. Contra aquel cielo gris se recortaban las figuras de los edificios de la ciudad de Shirennor. Agujas etéreas, torres de formas inimaginables, construcciones impresionantes que ya solo eran el recuerdo de una era pasada, cuando los Arquitectos y los brujos de sal erigían ciudades que parecían sacadas de los sueños. Con la muerte de los últimos de ellos, la ciudad empezó su lenta decadencia. Sus magníficas construcciones, que deberían haber relucido bajo el amanecer, se mostraban frías, inertes. Como si, con solo mirarlas, fueran a convertirse en polvo.
Más abajo, junto a los muelles, multitud de lucecillas centelleaban. La ciudad había empezado de nuevo en las calles sombrías y empedradas que había a ambos lados del canal, llenas de comerciantes buscando hacer fortuna. Al amanecer, se llenaban de vida. Pero la noche... la noche no era para los shirenses. Era el escenario de las Sombras y los Centinelas, en eterna guerra desde que la Era de los Brujos había terminado.
Aquél era el único propósito de los Centinelas: mantener a las Sombras a raya mientras la ciudad dormía. Theron decía que eran los nuevos antiguos guardianes, los ángeles renacidos que, en los tiempos anteriores incluso a la era de los Brujos, velaban por la vida de las personas.
Malia bajó la mirada hacia el cuerpo inmóvil de Nezara, entre sus brazos. Los ojos grises clavados en alguna parte, el cabello plateado derramándose como una cascada sobre el húmedo suelo de piedra.
Las alas negras envolviéndola, manchadas de una sangre tan oscura como sus plumas.
''No nacemos... y, sin embargo, morimos''.
Aquella noche, un Centinela había caído.

Hace alrededor de 3 años

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#7

Theron, el Asesino de Brujos, se estremeció. Ya se estaba acostumbrando al dolor que le provocaban las muertes de sus ángeles negros, pero nunca era agradable. La carga de decenas de almas vinculadas a la suya era algo con lo que no tenía más remedio que lidiar.
''Conque Nezara'', pensó. Tendría unas horas para preparar la llegada de un nuevo Centinela. Había, sin embargo, algo más. Algo que nunca había ocurrido. Uno de los Vínculos se debilitaba. Notaba cómo el corazón de Malia se distanciaba, aunque solo un milímetro, del suyo. Algo peligroso estaba arraigando en la mente de una de sus más prometedores guerreros... la duda.
Por supuesto, no podía permitirlo. Sabía a quién acudir.

Hace alrededor de 3 años

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#8

A la taberna El Oráculo no acudían muchos clientes. No después del toque de queda. Era medianoche, y la ciudad dormía. Sobre los tejados, esbeltas siluetas aladas se dejaban engullir silenciosamente por la bruma en la oscuridad de la noche. Algunos farolillos, como luciérnagas, adornaban las calles cercanas a los muelles, balanceándose levemente en el aire, proyectando sombras temblorosas. Su luz apenas llegaba a iluminar los adoquines mojados, pero no era necesario. La noche no era para los shirenses, y las otras criaturas que moraban en ella no la necesitaban.
Por ese motivo, solo había cinco personas en la taberna. Cinco personas suficientemente insensatas... o quizá suficientemente peligrosas.
El joven tabernero era uno de ellos, y conocía los nombres de los otros cuatro… aunque ellos apenas habían reparado en él. Estaban ocupados tratando de ahogar a sus demonios en licor de Aurath.
El ángel caído, la Centinela, la asesina, el desconocido. Todos llevaban consigo una carga importante, algo que los convertía en piezas del mismo rompecabezas. Una promesa, sangre negra, la daga, una pregunta.
Jihan sonrió mientras servía otra copa.
Pronto llegaría el momento.

Hace alrededor de 3 años

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#9

Ser un asesino en Shirennor tenía sus privilegios. Los mercenarios escaseaban, ya que debían actuar a plena luz del día, y ni siquiera las bandas mejor organizadas tenían los recursos necesarios. No merecía la pena correr el riesgo, al menos para la mayoría. Por ese motivo, a Rhya Thorne le pagaban bien.
Infundía temor y respeto a quienes conocían su nombre, y muy pocos vivían tras conocer su rostro. Jamás había fallado un encargo.
No mucha gente sabía cómo sobrevivir a una noche en la ciudad. Tras el toque de queda, si te descubría un Centinela estabas perdido. Si lo hacía una Sombra, estabas muerto. No había muchas más opciones.
El nuevo encargo de Rhya era inusual por su procedencia y por el objetivo. Tenía unas breves instrucciones. Sin ruido. Sin testigos. Utilizando la extraña daga que le habían proporcionado. Por supuesto, la recompensa estaba a la altura del riesgo que tenía que asumir. Por ese motivo no hizo preguntas.
Por ese motivo no vaciló al entrar en El Oráculo, la capucha ensombreciéndole el rostro, mientras desenvainaba la daga y se acercaba silenciosamente a la figura sentada en un rincón, con la mirada perdida y unas alas negras a su espalda.
Después de todo, no se rechazaba una petición del mismísimo lord Theron, el Asesino de Brujos.

Hace más de 2 años

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eleachege
Rango17 Nivel 82
hace más de 2 años

Trataré de ponerme al día con la lectura de tu historia @ksatie, escrita con buen sentido literario. Saludos.