YessGuill
Rango12 Nivel 58 (12823 ptos) | Ensayista de éxito

Una gota de agua que bajó por mi mentón, siguió sin rumbo con sensual lentitud, hasta llegar al centro de mi pecho que divide mis senos. Él me desnudó descaradamente con su mirada, mientras Hugo ponía cara de bobo. Yo continué hablando para no tensificar más el bochornoso momento. Me limpié con sutileza, sin dar mayor atención, pero la Sra. De Montero no estaba muy agusto.

-Buenas noches, ha sido un placer cenar con ustedes. Que descansen, permiso. -me levanté y Tania me acompañó.
-Gracias por venir amiga, nos vemos mañana en el cole. -me abrazó y subí al taxi que había llamado. Llegué a casa y me encerré en mi alcoba, emocionada por el bien recibido beso en la mejilla, del padre de mi mejor amiga.

«Se ve muy simpática Ana. Definitivamente, toda una señorita». Esa frase se repetía en mi mente una y otra vez. Puse la cabeza en la almohada e Ignacio aparecía nuevamente.

«Amiga, mi papá dice que si quieres, pases por el consultorio mañana» La emoción me invadió.

“Sé que es un imposible, pero ¿qué pasaría si existiese alguna posibilidad?”.

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SergioPR
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Otra gran interesante historia @YessGuill. Esperando la continuación. Saludos.

SergioPR
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Una cosa más. En esta frase, "Puse la cabeza en la almohada (Y) Ignacio aparecía una y otra vez", rectifica por (E). Por lo demás, genial. Un saludo @YessGuill.

YessGuill
Rango12 Nivel 58
hace más de 2 años

Si, justo antes de leer tus comentarios lo noté. Ya lo corregí, gracias. @SergioPR


#2

Y antes de ir al colegio, pasé por el consultorio del papá de Tania, con la excusa de que me dolían dos muelas. Me recibió con brazos abiertos, permitiéndome pasar antes que sus otros pacientes. No recuerdo el momento exacto en el que dejó de ser un "viejo" y se convirtió en mi amor platónico.
-Buenos días Sr. Montero -le saludé con un sutil beso en la mejilla.
-Buenos días Ana. Pasa adelante y cuéntame, qué te acongoja -sonrió mostrando su perfecta dentadura blanca. Subí mi falda del colegio mucho más de la medida usual, y no abotoné completamente mi camisa. El consultorio era tan blanco como sus dientes. Frente a la puerta, a cinco pasos, está su escritorio perfectamente ordenado. Y junto a este, va el sillón electro-hidráulico del mismo color. Un ventanal con persianas a las que Ignacio se dirige a cerrar. Sus títulos universitarios guindados en la pared y una fotografía de su familia "soñada"; mamá, papá, e hijos simpáticos.
Me hizo un gesto invitándome a sentar, y acepté.
-Un dolor en este diente, al morder -señalé mi canino superior izquierdo mientras él observaba con atención.
-Oh, creí entenderle a Tania, que eran las muelas -“cierto...”.
-Sí, ellas también... Eh... Aunque hoy también me duele el colmillo -Sonreí apenada.
-Vale... Entonces, vamos a examinarte. Toma asiento en el sillón. -obedecí, y al acostarme rodé un poco la abertura de la camisa para dejar al descubierto mi sostén. Ignacio Montero se coloca sus guantes de látex y un tapaboca. Se sienta junto a mí y comienza a urgar mi encía con una sonda y luego mete un espejo para estudiar mejor. Mis ojos solo lo admiraban. Entonces se detuvo y me miró con aquellos ojos interesantes. Contempló mi pecho fijamente por unos segundos más, entonces volvió a ser el papá de mi amiga- el dolor puede ser ocasionado por una ligera inflamación en tus encías, y tienes una carie poco profunda en el segundo premolar. Tendrás que venir otro día para arreglar eso. La última vez que viniste no tenías caries -continuó hablando y volvió a examirarme. Aunque me avergonzaba un poco, que me detallara demasiado, me excitaba estar cerca de él.
-Sí... Fue hace un par de años... Era una niña entonces -hizo un gesto de confusión y rió mientras se sacaba el tapabocas.
-Ana, aún eres una niña -sus palabras me hirieron. Me senté de golpe sin importar que tan educada parecía. Separé mis piernas de forma vulgar, sin intención de nada, pero era de esperarse que se sorprendiese.
-No me diga así señor Montero. Suelo enfadarme por ello, porque no me considero una niña. Tengo diecisiete años, y este año me gradúo del bachillerato. -él me miraba sorprendido. Noté que mi camisa seguía abierta y dejaba mucho para ver.
-Claro. Discúlpame por pensar así -se puso de pie y tomó mis piernas, juntándolas. Luego subió a mi camisa, paseando primero sus manos por mis brazos. La abotonó pero no se alejó- Debes comprender que tienes la edad de mi hija, y a ella la veo como una niña. Es cuestión de asociación -giñó un ojo- Pero sin duda estás creciendo... Aún más rápido que Tania -puso sus manos a mi alrededor apoyándose del sillón- Cada vez más cerca de la madurez.
-Yo soy madura... Pruébeme -sonrió con picardía. Alcé mi rostro tan cerca del suyo que podía besarlo- Odio que me digan niña. No lo soy... Podría comprobárselo a cualquiera que me lo cuestione... -susurraba con sensualidad.
-Ay Ana... Mejor vivir las etapas a su debido momento. Así duelen menos y se disfrutan más. -se alejó y volvió a su escritorio- Te recetaré un jarabe bucal para disminuir la inflamación, y para el lunes hacemos el tratamiento con resina, para la muela. Coméntale a tu madre del costo -arrancó unas hojas- Aquí le coloco el presupuesto. Y hoy corre por cuenta de la casa -sonrió con dulzura.
-¿Y ya...? ¿Eso es todo? -soné irritada y él parecía no entender mis acciones. Tomé mi bolso, el récipe y el presupuesto que me entregaba.
-Si. ¿O deseas otra cosa? -el ambiente se tensó.
-No. Gracias por todo Sr. Ignacio, me encantó platicar con usted -se levantó y me acompañó a la puerta colocando una mano en mi espalda baja. Le regalé un beso cerca de la comisura de sus labios, que fue tan tentador que parecía que él esperaba otro.- Nos vemos.

SergioPR
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Poco a poco va enseñando sus cartas. Ahora a esperar, si Ignacio cae o no cae a la tentativa. Pero es un juego muy peligroso. Genial @YessGuill

YessGuill
Rango12 Nivel 58
hace más de 2 años

Así es @SergioPR
Mucho @Prometeo
Totalmente, eso pasa mucho, después de que inician en el juego, se quieren retirar en media partida @IGnus


#3

-¿Cómo te fue con papá? -preguntó Tania mientras mordía con sus dientes la borra del lápiz.
-Bien... Pero tengo caries y encías inflamadas. Debo regresar. -anuncié con ligera emoción mientras recogía mis libros de química y física.
-Estás loca. Eres la única persona que conozco que le gusta ir al odontólogo -rió. “Porque Ignacio es el hombre de mi vida...”- Oye, ¿has hablado con Hugo? Ayer estaba muy entusiasmado de que hayas ido a cenar a casa. Le gustas mucho -me hizo muecas de burla.
-Ay no... Hugo es lindo y me gustaba, pero ya no.
-Es que ustedes iban tan bien y de pronto, le cortaste. Nunca entenderé -observó curiosa mi reacción.
-Ya te he dicho que intenté verle como un novio, y nunca pude. Solo como amigo y como tu hermano... Además es raro, besarlo. Es como si te besara -ambas nos descuajamos de la risa a la vez qur abandonábamos el colegio. Hugo y ella son mellizos, pero él tuvo excelentes notas en su tercer grado de primaria y le adelantaron un año. Ahora va a la universidad.

Dejó de gustarme Hugo, el día que por torpeza resbalé un escalón y caí en los brazos del Sr. Montero. Al ver que sus ojos me buscaban con agrado, y algún guardado secreto aparecía detrás de esa careta de padre ejemplar, despertó ese sentimiento de querer estar con él. Desde entonces intento coincidir en sus actividades, estar más tiempo en su casa y aprovechar para que deje de verme como una niña.

Llegué a casa y le entregué el presupuesto a mi madre, quien después de una plática ruidosa por teléfono con papá, me dijo que al día siguiente él me llevaría. Mis padres están divorciados porque papá mantenía una relación con una chica de 24 años, desde que mi madre se enteró, ha sido muy conflictiva para hablar con papá.

Desperté emocionada para alistarme e ir con Ignacio. Le había escrito a Tania la noche anterior, para que su padre estuviese enterado de mi visita. Mi padre, Rafael, me esperaba en si coche para llevarme al consultorio. Me había colocado un vestido sport, ceñido al cuerpo, unos botines y una chaqueta. Maquillaje sutil pero que me hacía lucir mayor. Papá sonrió al verme «Cómo ha crecido mi princesa» expresó. Una vez llegamos, le pedí que no entrara porque me ponía más nervosa, y que mientras comprase desayuno ligero para masticar.
-Ana Longa, ya puede pasar al consultorio 7-A -anunció la recepcionista.
-Gracias -me levanté y fui hasta la puerta blanca, con un anuncio 'ODONTOLOGÍA. DR. IGNACIO MONTERO AYALA. 7-A'. Luego de golpear dos veces, pasé- Buenos días.
-Buenos días Ana. Has venido pronto, pensé que demorarías un poco más. Toma asiento -se puso de pie mientras me sentaba frente a él. Hoy estaba muy atractivo, quizás porque traía el cabello batido.
-Mejor un madrugonazo que lamentarse con un trabajo de conducto, ¿cierto? -Sonreí y me saqué la chaqueta dejando al vestido gris plomo, marcar mis curvas. Me puse de pie y caminé a la pared detrás de él, para ver los títulos y esperar a que Ignacio me detallase. No decía nada. Le miré y noté que sus mirada estaba puesta en mis nalgas.

galactic_inspiration
Rango6 Nivel 29
hace más de 2 años

Muy interesante ! Me atrapo esta historia. Espero con ansias la siguiente caja.

Saludos !


#4

Salí de la consulta con mucho desánimo. Había creído en la idea de que Ignacio iba a hacer algo, luego de ver mis curvas marcadas por el vestido, pero sucedió lo contrario. Durante la colocación de la resina, ni habló, y al despedirse, me dijo "hija".

Subí al auto con papá, y la curiosidad me invadió.
-Pa... ¿Por qué te separaste de mi mamá? ¿Por qué Hilary? -su rostro se palideció, y su frente se arrugó. Mis preguntas le habían incomodado, pero luego de un par de segundos en silencio, respondió.
-Dejé a tu mamá, porque nuestra relación había perdido la magia... Emm... Ya no era lo mismo, hija... Es difícil explicarlo. -nos miramos fijamente. Continuó- Y entonces conocí a Hilary... Una joven cautivadora, llena de vida, de sueños, de risas... Me enamoró.
-Ok... Entonces viste que la jovencita te... -intervino
-Me revitalizó. Pero no es porque sea " jovencita"... Es que esa es su personalidad...
-Entiendo... -“quizás si hago eso, conquiste a Ignacio ”.

Llegué a mi clase de spinning en el gimnasio donde solía entrenar con Tania y otras dos amigas. Durante una hora estuve pedaleando sin detenerme, e intentando llenar mi mente de otros pensamientos que se alejaran de la idea de tener a Ignacio Montero. Si me atrevía a seducirlo, iba a generar grandes problemas en mi familia y en la de mi mejor amiga.

Al término de la clase, salí del gimnasio y le marqué a Tania, para ir a su casa a que me entregase las notas de la clase.

Estuvimos estudiando por un par de horas hasta que Hugo entró a la habitación sin tocar.
-Hey herma... Oh, disculpen. ¿Cómo estás Ana?
-Bien.
-Eh... Yo... -Tania nos miró y con un gesto de entender que necesitábamos un tiempo, se puso de pie.
-Iré por algo de comida. Ya vengo... -salió de la habitación y Hugo entró sin cerrar la puerta.
-Ana... He querido que hablemos...
-Lo sé. Pero no quiero Hugo... No entiendes. No quiero tener nada contigo... -soltó un suspiro de tristeza. Vi que su padre estaba al final del pasillo soltándose el reloj de la muñeca. “Entonces le daré celos...” Me levanté y fui con Hugo.- No te pongas así... Yo te quiero... Pero... Estoy confundida... -tomé sus manos.
-¿Por qué estás confundida? Déjame darte razones para que estés conmigo.
-¿Cómo cuál? -cada vez Ignacio se acercaba más al pasillo. Su habitación queda a mano derecha de la habitación de Tania. Yo miraba la boca de Hugo, y pasaba mi lengua sobre mis labios, incitándolo a que me besara. Efectivamente eso hizo.
-Ésta es una... -me besó apasionadamente, pegándome a su cuerpo mientras yo aceptaba lo que él hacía. Realmente lo disfrutaba, y más al notar que el Sr. Montero se había detenido frente a la puerta. Lo miré a los ojos para que supiese que me importaba que nos viese. Por un segundo pensé que diría algo, pero permaneció allí, mientras Hugo me apretaba las nalgas, y besaba mi cuello. Ignacio estaba inmóvil. Serio.

#5

-¡Hugo! -llamó Ignacio, con gesto ofendido. Hugo me soltó sobre exaltado.
-Papá...
-Ana, por favor déjanos a solas... Sería mejor que te marcharas a casa... -asentí y caminé apresurada por el pasillo, y antes de bajar la escalera, giré y noté que Montero me miraba con decepción. “Oh... Mala idea”. Pasé por la sala directo a la puerta principal, en cuanto Tania me haló del brazo.
-¿Qué sucedió? Oí a papá gritarle a Hugo... Estás ruborizada...
-Debo irme... Nos vemos luego -abrí la puerta y me marché sin voltear.

Pasé toda la noche recordando el rostro del Sr. Montero, y la forma como me miró decepcionado. “¿Qué estará pensando..?” Le pasé un texto a Hugo, para saber lo que su padre había dicho y me contestó “Mañana hablamos”.

De nuevo en el colegio, divagaba entre posibles respuestas ante posibles reacciones de Hugo, y de Ignacio. “Debo llamarle”. En el receso cogí el teléfono de Tania y le marqué a su papá.
-'Tinita', cuéntame. -dijo emocionado.
-Eh... Sr. Ignacio... -solté temerosa.
-Ana... -respondió algo cansado.
-Estoy muy apenada con usted... Quería disculparme... -interrumpió.
-Estoy trabajando en este momento Ana. Quizás podamos hablar de Hugo después. Cuidate. -colgó, haciéndome sentir peor que antes de marcar. Borré el registro y guardé el celular en la mochila de Tania. “Por qué tengo que ser tan apresurada...”
-Amiga ¿qué vas a colocarte el sábado?
-Sábado... Ah, si. La fiesta en casa de Junior... Ehh, no sé. Le diré a papá que me lleve a comprarme algo.
-Vale, yo también le diré a papá... Por cierto, está enojado contigo y con Hugo. Mi hermano me contó que se estaban besando y un poco candente -rió apenada- ya se le pasará.
-Estoy muy avergonzada con tu papá...
-Tranquila. Se le pasará como aquella vez que tumbaste uno de sus reconocimientos -Sonreí.
-Esto es distinto...
-Tranquila... -me abrazó.

Desvié camino a casa, para ir al consultorio de Ignacio. Esperé a que pasara el último paciente y entonces entré. Al verme puso cara de aburrido.
-Hija, te dije que luego conversábamos...
-Pero quiero hacerlo ahora... -me miró.
-Entonces explícame ¿qu... qué pretendes?
-¿Yo? ¿Con qué? -permanecimos en silencio. Pareció dudadar, pero entonces se levantó, pasando sus manos sobre su cabellera encanecida.
-¿Te gusta mi hijo? -tartamudeé sin decir nada concreto- No quiero volver a ver escenas iguales o similares en mi casa... Mi esposa puede molestarse aún más que yo. Por ahora no quiero hablar más. -se quitó su bata y fue hasta el baño. Apenada, salí del consultorio. Derrotada otra vez por ese hombre tan interesante para mí.

Llegó el viernes en la noche. Tania se veía radiante con un vestido ceñido al cuerpo poco más abajo de las rodillas, color piel, con sandalias altas doradas a juego con sus accesorios. Yo vestía un short alto turquesa con una camisa sin mangas de seda blanca. El cabello liso, una gargantilla dorada con detalles en turquesa, y unas sandalias de tacón corrido blancas. Ambas estábamos espectaculares, y nuestros compañeros nos lo hacían saber con sus miradas y coqueteos. Bailamos, reímos, nos fotografiamos, cantamos y bebimos. Al final de la noche, el cóctel se había apoderado de Tania así que llamé a su mamá. A la media hora llegó a buscarnos Ignacio. Parecía que también tenía unos tragos encima, estaba alegre.
-¡Ana! ¿Y Tania?
-Está allí en la silla -parecía dormida así que su papá la tomó en brazos y le metió en la parte trasera del auto.
-¿Vienes?
-Claro... -subí al asiento del copiloto, y él encendió el coche.
-Ana, debo reconocer que te ves hermosa.
-Gracias... ¿Sigue molesto?
-Bueno, ya no tanto... Aunque sigo sin entenderte
-¿Entenderme?
-Cometería un error si lo exteriorizo... -me puse nerviosa y ansiosa.
-Me gusta otro hombre que no es su hijo... -se dibujó una sorisita en su boca- Pero es imposible y lo sé...
-¿Por qué? -Verifiqué que Tania siguiera dormida.
-¿Le parezco atractiva? -todo quedó en silencio, me miró y puso su mano en mi pierna.
-Por supuesto hija...

DandA21
Rango5 Nivel 20
hace más de 2 años

O...O, atrapado en otra historia


#6

“¡¿Hija?!” le miré con tristeza.
-No soy su hija... -solté en tono irritante. Quitó su mano de mi pierna, pareciendo recapacitar de lo que había dicho y hecho.
-Discúlpame Ana. No quiero que me mal interprete... -guardamos silencio hasta llegar a su casa- Permíteme llevar a Tania adentro, y vuelvo para llevarte a casa -asentí. Descendió del auto y sacó a Tania en brazos. Después de varios minutos regresó- La dejé en su cama, bien arropada.
-Sr. Ignacio, me dijo que sí le parezco atractiva... ¿No? -arrancó y asintió sin intenciones de coquetear- Vale... ¿Lo suficiente como para dejar de verme como una "hija"?
-Ana... ¿Qué quieres de mí? -sentí vergüenza, pero parecía ser el momento para abrirme a él.
-Bien... Sr. Ignacio... Estoy muerta de vergüenza pero se lo diré... -inhalé y exhalé- Usted es el hombre que me gusta... -frenó de golpe y un gesto confundido aparecía en su rostro- Yo... No sé...
-Ana... Eres una niña y estás ilusionada... -movía sus manos.
-¡No! No es eso... Yo lo pienso... Lo imagino... Oh por favor Ignacio, dígame que no se ha dado cuenta... Además yo también le gusto a usted... -abrió los ojos como platos.
-Ana, ¿por qué dices eso...? Nos puedes meter en un problema.
-Pero es cierto lo que digo... ¿O no? -suspiró. Se pasó la mano por el cabello y me miró. Negó con la cabeza y encendió la marcha otra vez- Conteste por favor.
-Esto va mal Ana...
-No soy una niña... Puedo demostrárselo. -vi como su cuerpo se tensó. Me miró las piernas y luego aceleró. Al llegar a mi casa, permanecimos en silencio varios minutos, entonces descendí.

Desperté el sábado al medio día. Mamá organizaba la casa para recibir a sus amigas. Me dejó comida en el microondas. La calenté y volví a mi habitación. Revisé el celular y vi varios mensajes de amigos y uno de Tania, «Amiga, desperté con un súper malestar. Papá me dijo que me recogió desmayada. ¿Tú como amaneces?» Le marqué y estuvimos hablando unos treinta minutos antes de preguntarle sobre Ignacio, a lo que respondió que daría consulta medio día. Como pude colgué y me alisté muy rápido para alcanzarlo antes de que se marchara. Al llegar al Centro Médico Profesional Privado Metropolitano, él iba saliendo. Me bajé corriendo del taxi y le llamé.
-¡Sr. Montero! -me miró y pareció lamentarse. Se acercó.
-Ana... -puso sus manos dentro de sus bolsillos.

SergioPR
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

¿Conseguirá Ana que Ignacio caiga, a pesar del peligro que conlleva? Sigue enganchando @YessGuill, aunque sea un juego peligroso. Jeje. Saludos y gracias por avisar.

DandA21
Rango5 Nivel 20
hace más de 2 años

(Emtonces me dijo que daña consulta medio dia) solo en esa pequeña parte se leyó raro jajaj pero aquí seguimos esperando por mas:)

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Muy tentador para un hombre maduro @YessGuill Una tentación que puede resultar fatal... Me encanta tu historia. Muy atrapante

YessGuill
Rango12 Nivel 58
hace más de 2 años

@SergioPR ya veremos en las siguientes cajas.
@DandA21 gracias, corregido.
@Prometeo gracias, me alegro que te guste. Un tentación que ha muchos lleva a la locura.


#7

El sudor producido por los nervios de que él estaba sobrio y en conocimiento de mi atracción, comenzaba a notarse en los poros de mi piel.
–Sr. Ignacio... Yo, estoy muy ehh... -el corazón me latía de prisa- apenada.
–Ana, si no te detienes, vas a meternos en un problema. Tú eres una niña, una hija para mí... -hice un gesto para reclamarle, pero me tomó del brazo y haló hasta su auto- Por favor sube... Hablaremos en otro lugar, aquí no.
–Está bien. De acuerdo -subimos y nos llevó a un parque a media hora de la clínica. En el trayecto no dijimos nada. Lo veía hacer gestos como quien discute consigo mismo. Me vi a través del retrovisor, despeinada y con maquillaje regado en los ojos. Antes de bajar del coche, me limpié la cara con la manga del suéter y me hice un moño alto. Entonces me vi que el short que llevaba era una pijama y no el blanco de entrenar que pensé, había tomado. “Me veo ridícula... Y así salí de casa”.
–Ana, esto no puede continuar... Es normal que en este momento de tu vida, sientas que yo te... -interrumpí.
–No Ignacio Montero. No es así. Usted me gusta... De verdad... Y usted también siente cosas por mí. Lo he notado. El domingo en la cena, usted quiso desnudarme, cosa que hizo con sus ojos... -tomé su mano y la coloqué en mi pierna, haciendo presión para que no se marchara.
–Has interpretado mal mis actitudes.
–Entonces explíqueme ¿por qué estamos aquí? ¿Por qué no simplemente me ha dado un "para'o" en lugar de estar aquí, a solas? -cerró sus ojos con fuerza, y al abrirlos, había algo en su mirada. Como la vez en la que me sostuvo en la escalera. Quité mis manos de encima de las suyas, y aún seguía tocándome. Me apretó- Sé bien que es un problema... Pero... Tan solo déjeme... Besarlo... Solo un beso...
–Estás en pijama... -solté una risa burlona. Y miré a nuestro alrededor para notar que estábamos solos- Y si te doy un beso Ana, ¿pararás ésta locura? -guardé silencio- Tienes 17 años, tan solo 17... Esto es un error -se levantó y volvió al auto. Lo alcancé y acorralé con la puerta del piloto, tomando sus manos y colocándolas en mi cintura. Él tanteó con miedo, hasta que sus manos se desplazaron a mi espalda.
–Voy a ser mayor de edad en unos meses. Entonces no habrá problema
–Estoy casado y con hijos. Tu ex y tu mejor amiga.
–Entonces hagamos que esto no sucedió jamás. Yo no le he dicho nada... -me alejé de él, y entré al coche por la otra puerta.

Me dejó en la puerta de mi casa, y nuevamente no me despedí. Pasaron tres semanas desde ese sábado. No había vuelto a ir a casa de Tania. Comenzamos a estudiar en mi casa. Hugo me escribía cada noche, para saber de mí, e intentar volver conmigo. Pero era imposible entonces, algo se había desatado dentro de mi cuando Ignacio me palpó con manos temerosas. “¿Por qué siguió? ¿Por qué no se detuvo?”

Era viernes en la noche, cuando mi celular timbró y al atender, era el padre de Tania.
–Ana
–Sr. Montero... -me levanté del sofá, alejándome de la pequeña reunión familiar que teníamos en casa- ¿Sucede algo? -permaneció en silencio un par de segundos.
–Esto es una locura... Pero ¿por qué no ha ido más a la casa?
–Porque comprendí que usted no quiere nada conmigo. Y que sería peligroso y que ni le gusto...
–No...
–Soy poca cosa para usted, un hombre adulto.
–No Ana... Usted no es poca cosa para mi... Emm. ¿Podemos vernos mañana?
–¿Mañana? ¿Dónde?
–Si, mañana. Veré algunos pacientes hasta el medio día. Podemos ir a aquel parque otra vez.
–De acuerdo... Vale. Estaré afuera esperándolo.

Me desperté y alisté como si de una gran salida se tratase. Radiaba sensualidad y estaba dispuesta a besarlo hoy. Llegué a las 11:09am, y esperé hasta que lo vi salir y comencé a acercarme a él, cuando de un taxi, recién llegado, se bajó la esposa de Ignacio. La cara se me calentó.
–¡Hola Ana! Te ves bella. ¿Estabas en consulta?
–Si... -respondió Ignacio regalándole un beso en la boca. Quise vomitar y creo que se notó.
–Oh, ¿estás bien? Estás pálida hija... ¿Te llevamos a tu casa, o ibas a ir a ver a Tania? -dijo Sofía. No podía creer la casualidad.
–Yo me siento mal... Prefiero ir a casa... -me llevaron con ellos, y dejaron frente a mi domicilio. En un segundo giré a ver Ignacio, y su rostro estaba achicopalado.

YessGuill
Rango12 Nivel 58
hace más de 2 años

Me alegro que te guste @MR_Castillo8 bienvenida, y si quieres saber lo que continúa, no dejes de leer :)


#8

Lloré tanto como mis ojos permitieron. Papá pasó por mí unas horas después del incomodo momento con los Montero, para quedarme con él en la noche. Luego de la cena, aprovechamos de conversar y de conocer más a Hilary. Y en lo que estuvimos a solas, le conté sobre Ignacio pidiéndole consejos.
–Es un tema complejo, mami. No fue fácil para mí aceptar que me había enamorado de un hombre que dobla mi edad, y que además estaba casado. Entiendo que Ignacio también está casado y con hijos de tu edad. Sería irresponsable si te digo “Hazlo” sin decirte que eso conllevaría perder a tus amigos, y posiblemente a tu madre, si se entera. -prestaba mucha atención a lo que explicaba- y que aún así, no te garantiza que él quiere lo mismo que tu. Y que tú querrás lo mismo en unos años. Si es algo de momento, pasajero, vívelo con cuidado e inteligencia, siempre que ambos coincidan en lo que buscan. Tu eres una jovencita muy madura para tu edad, pero aún inmadura para una relación de este tipo...
–Comprendo... -conocía bien que yo estaría iniciando la tercera guerra mundial, entre una familia que me había recibido tan bien.
–Piénsalo, y si aún así ambos quieren, entonces coloca condiciones. Pero eso sí Ana, no te acuestes con él antes de ser mayor de edad... Y si pudieses alargar los besos para después de tu cumpleaños, sería ideal. Recuerda que esto es un problema legal. -asentí. Esa noche medité mucho sobre el tema, pero ver a mi papá y a Hilary tan felices, encendía una esperanza dentro de mí.

Desperté sobresaltada al escuchar mi celular sonar. Lo revisé para comprobar que era Ignacio.
–Buenos días.
–Hola Ana, ¿cómo amaneces? -sonaba muy serio.
–No me llame más. He entendido que ni el destino apoya que usted y yo conversemos...
–¿Podemos vernos hoy? -un calambre recorrió mi vientre.
–Señor...
–Dime Ignacio, por favor. Voy a pasar por ti a tu casa -parecía necesitar hablar conmigo.
–Estoy en casa de mi padre... Eh, ¿puede recogerme en la estación de trenes Cielo Azul?
–Perfecto. Voy en camino. -colgué y me metí en la ducha. Me alisté de prisa, y salí sin despedirme de mi padre. Llegué al lugar acordado y él ya estaba allí. Subí a su coche y condujo en silencio hasta el mirador del sur. Un lugar vacío los domingos en las mañanas– Ayer... Fue muy incómodo.
–¿Por qué se incomodó? -“si no le gusto ”.
–¿Usted no?
–Señ... Ignacio, acepta que te gusto y que quieres besarme. No importa edad ni terceros, es lo que usted y yo sentimos. Me gustas desde hace tiempo, pero he creído últimamente, que yo le llamaba la atención desde antes de caer en sus brazos. ¿O me equivoco?
–Ana...
–Acéptalo... -me aproximé a su rostro mientras él me miraba los labios, y se sacaba el cinturón de seguridad para bajar del auto. Le seguí para detenerme frente a él- ¿Le gusto? -acaricié su mejilla, y llevé su mano a mi cadera- Dígalo –suspiró conteniéndose pero me apretó a él.
–Ana... Esto será peligroso, pero me está volviendo loco no poder tocarte cuando te me acercas así.
–Tócame... -llevé su otra mano temblorosa a mi cintura. Pero me giró y pegó del coche. Sus ojos parecían encenderse y se estrujó contra mi entre pierna, excitándome como nunca antes- Ahh... -gemí involuntariamente y me sonrojé de inmediato.
–Esto es lo que has buscado Ana... -volvió a estrujarse a mi- Volverme tan loco que acepte hacer esto, eh... -tomó mi cara en sus manos y me besó apasionadamente y de una forma que las piernas me temblaron y acalambraron.
–Ummmm... -no podía creer lo que estaba sucediendo. “¡Sí!” Continuábamos comiéndonos las bocas y las lenguas. Él estaba desenfrenado tocando mi cintura, mi espalda y mi cuello. Cuando quise quitarle la camisa, se detuvo. Se separó y me miró colocando sus manos en la cabeza. Caminó alejándose bastante de mí. Permanecí sosteniéndome del auto recobrando la cordura y calmando la locura de mis pensamientos.

DandA21
Rango5 Nivel 20
hace más de 2 años

Valió la pena la espera para este momento, gracias por las 2 cajas 😘👍


#9

La brisa enfriaba con su toque, nuestros cuerpos y el momento de pasión desenfrenada entre nosotros. Ignacio navegaba en su mente, con la mirada perdida hacia la ciudad. Yo le observaba a la distancia sin intención de romper el silencio que quizás ambos necesitábamos para comprender lo que había ocurrido. Realmente es una situación compleja ya que ese hombre me ha visto crecer desde que yo era una niña de 8 años. Aún me encontraba recostada del coche, a unos metros de distancia de él, mientras que el día se nublaba más y más.

–Va llover... -dijo mientras se ponía en pie.
–Si, he visto -se aproximó, pero no lo suficiente para tocarlo- ¿Estás bien?
–Si... ¿Y tú? -parecía apenado.
–También... ¿Quieres hablar?
–No... Realmente, no. Lo mejor es que esto no ocurra de nuevo. No puedo aceptar nada de esto, ni tu tampoco. Tu y yo debemos continuar como antes, tu eres la amiga de mis hijos y yo soy el padre de tus amigos, tu odontólogo y amigo de tu madre.
–No... Ya va... Por favor, vamos a llegar a otro acuerdo... -me miró con tristeza- Ignacio, ¿qué acabó de suceder? Hay demasiado entre los dos...
–Podrías ser mi hija
–Pero no lo soy... -me acerqué a él y acaricié su cuello con mis manos frías, esperando que me abrazara- Esto es una locura... Lo sé, pero estoy que no quepo dentro de mí, ahora que sé que es recíproco... -lo besé- Anda Ignacio... -volví a besarlo- Luego pensamos en consecuencias... Pero ahorita vamos a disfrutarnos.
–Eso que dices es demasiado tentador Ana... Si sigues no podré parar...
–No lo hagas... -me cargó mientras me besaba, y llevó al auto, pegándome de él. Su paquete chocaba con mi sexo, una y otra vez. Quería desvestirlo pero no lo permitía. Comencé a sentirme húmeda- Ah... Ignacio... -bajé mis manos a mi camisa, y con un movimiento me la saqué, dejando mi sostén al descubierto.
–No... Sube al auto. Esto debe parar... -recapacitó, alejándome con el brazo, y subiendo al coche. Lo vi sacar una botella de agua, y beber un poco, mientras intentaba calmar su respiración acelerada. Me vestí, y subí. Podía notar su erección, pero él la ignoró como a mí. Prendió la marcha y me dejó en el mismo sitio donde me recogió- Por favor, que quede entre nosotros.
–¿Y ya?
–Si... Baja ya por favor. -acepté y me fui.

Volví en la noche a mi casa, y fui directo a la cama. Mamá me siguió para interrogarme sobre mi actitud. Después de explicarle que no era por algo relacionado a papá, se fue a su habitación y la escuché discutir con él por celular.

–¡Longa! ¿Está prestando atención? -gritó el Prof. Raimundo. Tania me hizo un gesto de preocupación, y otras dos amigas.
–No, disculpe. No me siento bien...
–Pues ponga atención porque la exposición de la próxima semana, es de éste tema. -continuó con la clase de economía. Guillermo, un compañero, me lanzó una nota. Al abrirla decía «Te veías hermosa el viernes. ¿Quieres salir conmigo en la tarde?» Él fue uno de los chicos con los que bailé en la fiesta. En la misma misiva, le coloqué «Gracias. Está bien». Al salir de la clase le conté a mis amigas, quienes emocionadas saltaron de alegría, ya que Guillermo es del grupo de los más guapos del colegio. Tania me invitó a dormir en su casa esa noche, y así contarle sobre la salida, con la excusa de que debíamos estudiar para el examen de Psicología del día siguiente.

Llegué a casa y mi madre iba de salida.
–Mamá, mañana hay examen y quiero estudiar con Tania, ¿me das permiso de quedarme en su casa?
–Por supuesto hija. Justo ahora voy a ver a Sofía, quedamos en tomarnos algo luego de ir al spa.
–Ah... Qué bien... Le dices entonces, eh, y también quiero pedirte permiso para salir ahora...
–¿A dónde? -decía, mientras peinaba su cabello a capas, color amarillo teñido.
–Un chico me ha invitado a salir. Y acepté -me miró con una sonrisa en el rostro.
–Ah... Bueno. Un ratito, ¿si? Y antes de irte a la casa de los Montero, llámame para saber de ti.
–Vale mamá... Oye, ayer te escuché pelear con papá... No le eches mis culpas...
–Hija, con él es otro tema. Ahora me voy. Anda con cuidado -me dio un beso en la frente y se marchó.

#10

Guillermo intentan por tercera vez darme un beso, pero yo fingía que volteaba. Durante la película él solo me hacía conversación para que yo tuviese que verle de frente. Luego de un par de horas, salimos de la sala y lo primero que vi fue un anuncio de una película nacional llamada "La manzana del pecado de Hannah". Parecía una indirecta. Guillermo tomó mi mano y enredó sus dedos con los míos.
–Gracias por aceptar venir al cine conmigo -sonreía de oreja a oreja. A pesar de que el Sr. Montero no salía de mi mente, podía notar que mi compañero es muy bien parecido. Alto, fornido en los brazos y hombros, pero delgado. Con cabello negro y piel tan blanca que hace un contraste llamativo. Entonces sus ojos color gris, bordados en sus pestañas negras, y la boca con forma de corazón. “Oh, agregaré a la lista que tiene buenas nalgas”.
–No, realmente la agradecida soy yo. De verdad me hacía falta salir con alguien que no fuese Tania -reímos.
–Si... En la fiesta estuvo muy ebria -sin dejar de reír, asentí- A mi me encantó bailar contigo, pero no te había dicho nada hasta que el viernes te vi, y no sé si era el peinado o el maquillaje...
–Por favor, me estás mintiendo. Yo no tenía nada distinto el viernes... Lo único distinto es que tuvimos que hacer el taller juntos.
–Quizás me hacia falta un momento como ese, para atreverme a decirte que me gustas. -con ojos bobos le miré y sonreí- Al menos dime algo -rió nervioso.
–Pues... No sé qué decir... Tu también eres lindo... Y guapo...
–Nunca dije que eres linda o guapa -reímos- pero veo que es algo que ya piensas de mí. Eso me gusta. Pero quiero saber si te gusto -dudé.
–Ehh... Es... Es posible -lo miré con pena.
–Bueno, eso es algo... Aunque me gustaría insistir...
–No tienes que insistir mucho... -me miró y agarró mi barbilla para sostenerla. Se acercó más y me besó. Le correspondí.

Tania abrió el portón principal de la casa, permitiendo que Guillermo entrase a dejarme frente a la escalera.
–Nos vemos mañana en clases, preciosa. –se despidió con un provocativo beso en la mejilla, y el sonido del motor de la mota, advertía que se alejaría. Tania con la boca abierta, miraba a Guillermo. Subí y la abracé de la cintura.
–Era solo una salida -me dio sutiles golpes en el brazo, mientras reía desesperada- ¿se besaron?
–Si... Pero no sé...
–¿Qué no sabes?
–Es que no sé si es apresurado... Además, quizás a Hugo no le guste... -pasamos y fuimos a la cocina por algo de comer.
–¿Eres tonta? Hace mucho que ustedes no andan... Además, Guillermo es precioso... Te envidio un poco -vi a Ignacio sentado en el jardín, frente a la piscina- ¿Crees que Maximiliano voltee a mirarme ahora?
–Creo que sí. Oye, voy a saludar a tu papá... Ya vengo -salí y a la distancia le saludé con la mano.
–Ana... ¿Dormirás aquí hoy?
–Si. Con Tania. Tenemos un examen mañana. Mi mamá está con su esposa...
–Sí. Eso sé... Bueno... Aprovechen el rato y estudien bien -se levantó y se lanzó a la piscina.

#11

Di tantas vueltas en la cama que perdí la cuenta y el cuerpo comenzaba a sentirlo pesado. Me levanté y fui hasta la ventana, con el fin de que la brisa aplacara la angustia anónima que me atormentaba. Pensaba en todo y en nada, pero principalmente en la frialdad con la que Ignacio me recibió esa noche. Las luces de la urbanización encandilaban mi vista. Entonces, en medio del silencio de la noche, escuché a dos personas discutir; no presté mayor atención hasta que el sonido de una puerta cercana, me hizo caer en cuenta de que era el matrimonio Montero-Sanoja. Aguardé detrás de la puerta de la habitación de mi amiga, en la indecisión de cruzar el umbral y curiosear, o de quedarme e intentar nuevamente conciliar el sueño. Me atreví y salí.
Bajé hasta la cocina por un vaso con agua, y al llegar vi a Ignacio bebiendo frente a la piscina. Tomé agua y tomé valor para acercarme y hacerle compañía.
–Hey... ¿Tampoco puede dormir? -inquerí acercándome.
–Es tarde para que estés despierta, hija -“nuevamente esa palabra”.
–Digamos que su verdadera hija, ronca un poco... -Sonreí- A la vez que no dejo de recordar...
–¿Qué recuerdas Ana? -tomó un sorbo del licor.
–En el tema que pretendemos ignorar... -mi tono de voz fue muy bajo. Él me miró y terminó de beberse su trago.
–No hay nada que pretenda ignorar, porque la verdad es que usted me dijo que si la besaba, se detendría... Y por lo que escuché en la cena, ya has salido con alguien -parecía enfadado.
–No... O sí... No es lo que... Sí es... -tartamudeé nerviosa.
–Ana... -susurró- No me debes explicaciones. Tu eres una jovencita soltera y libre. Yo no soy tu padre... -dudó.
–Pero...
–No podemos mezclar las cosas... -movía sus manos.
–Ignacio... ¿Por qué me parece que quieres pensar en lo que sucedió, como si nunca hubiese ocurrido? -hice una pausa- Nos besamos...
–No tiene importancia... -interrumpí.
–¿Qué? -irradíaba molestia a traves del rostro, que comenzaba calentarse. Ignacio se acercó.
–Ana... Por favor... Baja la voz... Estamos en mi casa...
–Eres como todos los hombres... -le empujé, y me tomó de los brazos acercándome a su pecho.
–Me quieres volver loco niña...
–Deja de decirme así... No soy ninguna niña, ni tu hija, ni tu sobrina, prima, nieta, amiga... Nada. Usted y yo no tenemos nada... -me soltó.
–¿Por qué haces esto?
–¿Hacer qué? -se puso las manos a la cintura- Hoy salí con un chico, y nos besamos, y me invitó a salir de nuevo... Pero usted... Usted no tiene comparación... -su gesto se enterneció- Me gustas mucho.
–Ana... No lo hagas... -me aproximé y sin decir nada, lo besé e inmediatamente me correspondió. Me tomó de la cintura y luego profundizó su lengua en mi boca. Me guindé de su cuello, y luego ambos paramos. Él suspiró como si estuviese satisfecho- Me estás enloqueciendo Ana.
–Y usted a mí Ignacio...
–Esto debe parar. Está mal... -parecía preocupado.
–¿Qué te limita? -esa pregunta originó una reacción de sorpresa en él- Sé que tu matrimonio no está en el mejor momento.
–Por favor, no hablemos de eso, querida. Muchas razones tengo que me limitan... La primera y más importante es que eres una niña para mí...
–¿Seguro...? Entonces eres un pedófilo. O la verdadera razón, es que te parezco una mujer -hice hincapié en la última palabra- muy atractiva... -le besé.
–Quizás... -la luz de la escalera se encendió y nos soltamos de golpe.

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Sentí adrenalina cuando lo leí. ¡Dios que agallas tiene Ana! Es totalmente emocionante.


#12

–Ignacio... -dijo Sofía abriéndose paso en la sala. Me mantuve oculta detrás de un arbusto mientras que Ignacio caminaba para encontrarse con ella- Tienes razón mi vida... Debo dejar de beber tanto...
–No es que "bebas tanto", es como te pones cuando te dan celos -ella abrazó su cuello.
–Pero mi vida... Tu también te pones celoso con Hudson -se la quitó de encima.
–No son las mismas cosas. Yo no tengo amantes... No debemos hablar esto ahora...
–Ignacio. Tenemos veinte años juntos, y eso sucedió hace tanto... Sé que tu no me engañarías... -hubo silencio. Sentí el estómago revolverse- Perdoname mi vida.
–Basta Sofía... Aún estás ebria. Vamos a la cama... -la tomó de la cintura y caminaron de vuelta a su cuarto. Yo permanecí en el arbusto, con las náuseas a florecer y la tristeza carcomiéndome en silencio.

A la hora del desayuno, todos estábamos a la mesa conversando. Ignacio me miraba ocultando ese secreto que sólo yo entendía. Hugo no me quitaba la mirada de encima. Tania me mostró su celular con un texto de Guillermo que le decía para salir hoy con Maximiliano.
–¿Qué le digo? -miré a Ignacio y recordé.
–Dile que sí. Seguro hoy me pide que sea su novia -reímos. Hugo escuchó y con rapidez se levantó de la mesa y se alejó. Yo le seguí en busca de mi bolso de la escuela.
–Eres una tonta... ¿Por qué no me elegiste, a mí? -Hugo parecía molesto.
–No empieces. Te dije que estaba confundida... Y después de que tu papá nos vio, actuaste tan indiferente, que entendí. Conocí a alguien y me gusta. Fin del comunicado. -tomé mi morral del mesón y él se interpuso.- ¡Quítate!
–Eres una regalada... He visto cómo ves a mi papá-le di una fuerte bofetada y lo empujé.
–Eres un enfermo asqueroso. No te quiero cerca.
–¿Es mentira que te gusta? -volví a empujarlo, y entonces aparecieron sus padres.
–¡¿Qué sucede?! -exclamó Sofía y Tania me miró confundida.
–Lo lamento... Debo irme -salí corriendo. Avergonzada de todo aquello. Caminé hasta el colegio, y al llegar, Tania me esperaba en la entrada.
–Ana... Lo siento mucho. El tonto de Hugo me dijo lo que pasó. Está muy celoso... Discúlpame... -me abrazó.- Papá le castigó.
–Tu no te preocupes... Entremos... -al llegar al salón, Guillermo se acercó con Maximiliano y se lo presentó a Tania, para luego darme un pequeño beso en los labios, causando el revuelo de todos en el salón.
–¿Qué tal tu noche, mi bella Ana? -nos apartamos y sonreí con cara de tonta “lo mejor es que deje de buscarme problemas... Éste chico es lindo”.
–Bien. ¿Y la tuya?
–No podía dormir extrañando esa boquita tuya... Más tarde saldremos los cuatro, ¿cierto?
–Claro... Por supuesto.
–Buenos días. Hoja, lápiz, borra y sacapuntas sobre el pupitre. El resto de sus cosas, a los casilleros. -anunció la profesora. Antes de guardar mi celular, recibí un mensaje del Sr. Montero.

#13

«Me gustaría que hablásemos en la tarde. Como dos personas adultas. Por favor llámame cuando salgas» decía el texto. Lo había releído más de siete veces. Estábamos en el parque comiendo helado y platicando. Tania y Maximiliano a veces se apartaban para conocerse mejor, quizás, porque había química entre ellos.
Guillermo es chico muy atento, no había dejado de acariciarme y mimarme. Luego de unas horas, cada uno se encaminó a su casa. A pesar de la invitación de Guillermo de llevarme hasta la casa, no acepté y decidí irme caminando.

“Esta mal todo... Muy mal... Es el papá de Tania... Es amigo de mis padres. Es un señor... Es... ¿Ignacio?" Al llegar a la casa vi al Sr. Montero en la sala, platicando con mamá.
–Buenas tardes... -dejé el bolso en una silla. Ignacio se puso de pie.
–Hola Ana, quería que pudiésemos platicar.
–Toma asiento hija. Él quiere saber qué les pasó, y yo también -palidecí.
–¿A... A qui... Quiénes? -tartamudeé e Ignacio sonrió ligeramente.
–Bueno hija, a Hugo y a ti...
–Ah... -respiré- Ehmmm. No le gustó que esté saliendo con Guillermo, mamá. Lo lamento Sr. Ignacio, pero él dijo cosas que no voy a permitir.
–¿Qué cosas Ana? -hubo un largo silencio- Finos por favor.
–Me da un poco de vergüenza... Emmm, dijo que yo... Que a mí. Dijo que yo le veía raro a usted... Aseguró que usted me gusta -Ignacio cambió el gesto de inmediato. Su mirada guardaba algo de miedo.
–Oh, vaya... Qué grosero Ignacio, ¿cómo se atreve a decir eso? Entiendo que le hayas golpeado hija... -anunció mi madre.
–Lo lamento Ana. Gracias por lo que nos has contado. Tomaré cartas sobre el asunto. Ahora debo irme. Muy rico el café Mireya, que tengas buenas tardes -se puso de pie. Tomó sus cosas y mi mamá le acompañó hasta la salida. Durante otro largo rato, ella y yo hablamos del tema, pero nunca dijo algo que me hiciera pensar que creía en lo dicho por Hugo.

Al cabo de un par de horas recibí la llamada que esperaba de Ignacio.
–Alo
–Estoy esperándote una cuadra abajo. Dile a Mireya una mentira, y ven -colgó. Quedé perpleja con cara de sorpresa. Sonaba serio. Me vestí para el encuentro y salí.
–Ma, Guillermo me vino a invitar un helado en la plaza. ¿Puedo ir? -vio su reloj.
–Tienes una hora, nena. Apresúrate. No quiero que se hagan las diez y no hayas llegado. -asentí, y salí de prisa. Al llegar a una esquina de la calle en cruz, vi su auto. Subí y de inmediato arrancó llevándonos a un nuevo lugar. Cerca. Solitario. Bajamos y nos fuimos a la parte frontal del auto.
–Esto debe acabar aquí y ahora Ana. Me estoy comportando contigo, de forma muy irresponsable. Caí en este absurdo juego que puede poner en peligro a mi familia. Y meterme, además, en un gran pleito con tur padres quienes son abogados. -respiró enfadado- Hugo cree que te gusto, nada más. No voy a arriesgarnos, porque quien realmente tiene qué perder, soy yo.
–Estoy de acuerdo Sr. Ignacio. Y me disculpo si he sido insistente, por lo de anoche, por el inconveniente de hoy. Tiene razón y estoy de acuerdo. -nos miramos como quien no cree en lo que cada uno dijo.

Hace más de 2 años

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MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

"Como dos personas adultas" ¡Ay señor Ignacio! ¿Quién lo entiende? Primero le dice que es un niña y luego que quiere hablar como adultos, alguien empieza a dudar de si mismo lalalalala. No se, es raro, pero de cierta manera admiro a Ana por lograr que ese hombre "hecho y derecho" ponga en duda todo su manual de moralidad. No se porque me da gracia mi propio pensamiento.

¿Ana llevara esto a otro nivel?
Chan chan chaaaaan.

YessGuill
Rango12 Nivel 58
hace más de 2 años

Jajajaja me causa gracia que te de risa @MR_Castillo8
Veremos qué sucede en las próximas cajas


#14

–Perfecto. Te agradezco entonces que lo sucedido quede entre los dos, por favor. Si realmente te importo y te importa Tania, esto lo guardarás para ti -sentí un nudo en la garganta.
–Te lo prometo. Ahora por favor llévame a mi casa -me sentía ofendida por dudar de mí.
–De acuerdo. Sube al auto -durante el resto del camino no hablamos. Me dejó en la misma esquina donde me buscó y desde aquella noche no volvimos a hablar.

Llegó el día de mi cumpleaños dieciocho. Recibí muchos regalos. Para entonces Tania y yo habíamos terminado la escuela. Mi noviazgo se formalizó con Guillermo, y el de Tania con Maximiliano. Ambas decidimos estudiar en la misma universidad carreras diferentes y empezaríamos en un par de meses.

Mi mayoría de edad llegaba con mi cambio de niña a mujer. Luego de salir de la disco, Guillermo me llevó a un hotel de lujo donde había reservado una habitación para ambos, con el fin de estar juntos por primera vez. Luego de una ducha con una plática larga conmigo, salí al encuentro.
–¿Lista? -preguntó acostado sin camisa sobre el colchón.
–Sí. -me quité la batola, para quedar completamente sin ropa. Guillermo se aproximó y me tomó de la cintura halándome hasta él para besarme el abdomen. Poco a poco comencé a excitarme. Un flashazo invadió mi mente, mostrándome a Ignacio acorralándome con el auto y pegándo su miembro de mi cuerpo- Ahhh... -me tumbó en la cama y comenzó a besarme, a la vez que me tocaba. «Me quieres volver loco niña...» sonó en mi cabeza- Ahh... Ah... -mi excitación comenzaba a mostrarse en mis mejillas. Mientras Guillermo hacía lo suyo, Ignacio también a través de sus recuerdos. Reaccioné cuando me susurró.
–No temas mi reina... -lamió mi oreja- Será como sentirte llena -repitió la acción- respira y me adviertes si hay dolor.
–Dale... -en un susurro que casi no se escuchó. Y entonces el miedo me invadió cuando comenzó a tantear con su pene- Oh... Guille...
–Tranquila. Aguanta... Dolerá un poco -me puso de espalda a él, y apoyando mis manos y rodillas sobre el colchón- Entraré desde atrás, así dolerá menos- los nervios me carcomían. Volví a imaginar a Ignacio conmigo- Me encantas princesa... Tu cuerpo, que rico... Ana, me fascinas -besaba mi espalda y entonces entró. Temblé y chillé de dolor.
–Aauu... Ahhh... Guille... -no se movió aún dentro.
–Voy despacio... –lentamente salió y entró. Mientras apresuraba sus movimientos sin detenerse; yo jadeaba y me aferraba a la cama. Me giré y tomó mis manos para continuar con su exploración.

En la mañana desperté adolorida, cansada y con un ligero odio hacia él. “No sé si a todas les pasa”.
–Buenos días dormilona. Te traje unos analgésicos... Sé que quizás te duela todo. Pedí comida.
–Gracias bebé. Pero quiero saber ¿por qué sabes tanto de esto? -me senté y me acercó la comida.
–He tenido sexo con varias chicas que nunca estuvieron con nadie... Una de ellas me contó cómo se sintió. Me odia por cierto. Por eso quise ser especial contigo. Estar preparado.
–Eres lo máximo, novio. Aunque si siento como un poco de rencor o rabia.
–¿En serio? -abrió sus ojos como plato ¿Por qué?
–No lo sé. Creo que es normal. Igual no dejaré de quererte. Gracias por ser tan lindo -lo besé y comí. Reviso mi celular y leo un texto de Ignacio.
«Feliz cumpleaños. Tengo un regalo para usted»

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Me emociona mas saber el regalo de Ignacio que el del Guillermo :v
#TeamIgnacio
¿Podrías mencionarme en la próxima caja, por favor?
Saludos!

PedroSuarez_80
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

No me gustó que le haya dado la virginidad a ese Guille :(


#15

Volví a casa de mi padre, pensativa con respecto a la noche que pasé. Tuve sexo por primera vez en mi vida, con un chico estupendo; a la vez que el mensaje de Ignacio me había despertado un susto en el estómago.
Luego de platicarle los detalles a Hilary, y conversar luego con papá, fui a descansar. Había hablado con mamá para decirle que estaba bien y con Tania que desesperada quería saber cómo había sido. Sonó mi celular y al atender, supe de inmediato que era el padre de Tania.
–Supuse que no ibas a contestarme... Pero igual te tengo un regalo, Ana -“¿por qué cambió de idea?”
–Hola Ignacio. Estoy bien, ¿y tú? Por muy "adulto que seas" rápido pierdes la educación -hubo silencio.
–Vaya... Tienes razón. Discúlpame nena.
–Ajá... No puedo aceptar obsequios de su parte...
–Quiero verte. Ahora si es posible...
–Ignacio... Son un cuarto para las diez. Es tarde. Además, entendí claramente el mensaje estos meses.
–Por favor. Dime si es posible, y si tienes hambre... -parecía ansioso.
–De acuerdo. Si, tengo hambre. Estoy en casa de mi papá. Venga por mí....
–Llego en diez. -colgó. A veces me pregunto cómo llegué a este punto con él. Fui por mi papá y le comenté que me habían invitado a comer a casa de Tania, y que volvería en unas horas. Él puso peros, pero Hilary intervino y entonces aceptó.

Subí al auto de Ignacio, y le saludé con un beso muy inocente en la mejilla. Temía que mi papá estuviese viéndonos.
–Así que ya eres mayor de edad... -arrancó el auto.
–Si. ¿Cuál es mi obsequio? -sonrió.
–Primero lleguemos y entonces te muestro -luego de media hora, llegamos a La Güaira. Entramos a un hermoso restaurante y de inmediato nos recibían la orden. Yo no estaba hambrienta, sino nerviosa.- ¿Cómo has estado? ¿Qué tal tu novio?
–Hicimos el amor anoche. Por primera vez para mí -solté lo dicho, con una frialdad que la cara de Ignacio fue de sorpresa. Parecía que no sabía qué decir.- Ay Ignacio... ¿Podrías explicarme qué quieres? Me pides que olvidemos todo, pero me traes hasta aquí...
–Woow... Discúlpame. Me estoy comportando como un muchacho, nervioso y celoso.
–¿Celoso? -llegó la cena- Gracias.
–Gracias amigo -se alejó el mesero- Nuestra relación es una locura... Pero Ana, te voy a regalar la verdad -no comprendía- Cuando llegaste a mi casa por primera vez, sentí algo por ti que no quise reconocer, eras entonces una criatura. Pero con los años no se disipó ese sentimiento... No sé, yo te quería de distinta forma, pero nunca imaginé o deseé tenerte como mujer, hasta aquel día que caíste en mis brazos. Ese día tu mirada... -interrumpí.
–¿Estás loco? ¿Qué exactamente puede sentir un hombre de más de 30 años por una niña de 10? -quería vomitar, pero la curiosidad no me dejaba levantar.
–Ana, es difícil de explicar... No era algo sexual entonces, pero no te quería como una hija... Era diferente. Y ese día en la escalera, despertaste todo lo que estaba dormido... -“¿qué cosa?”

Hace más de 2 años

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#16

–... Y no supe entonces controlarme. Y empezó a notárseme que me causabas algo -bajó más la voz y se puso las manos en la boca con nervio- Tenerte cerca y no tocarte me desquicia pero eres una niña... Estoy luchando con lo que siento y lo que es correcto. Y todo iba bien hasta esa mañana en mi consultorio, cuando te me insinuaste, y estuve a nada de corresponderte.
–Ignacio, por favor ¿dime qué hacemos aquí? ¿qué quieres? -tomó mis manos y las besó.
–Vamos a comer
–¿A qué juegas...? Me voy -me puse de pie, y él me detuvo.
–Te quiero de vuelta conmigo. Quiero que seas mía... Me fascinas Ana... Me estoy conteniendo para no poseerte aquí mismo. Y tu también lo deseas... -me zafé de su agarre.
–Has enloquecido.
–Ana... Nos están viendo. Por favor vuelve a la mesa, y vamos a comer. Hablemos de otra cosa si deseas... Pero quiero que pasemos un rato agradable en honor a tu cumpleaños. Por favor. -miré al rededor, y acepté. Permanecimos en silencio comiendo, hasta que alabé la opción que tomé de pescado. Al terminar de cenar Ignacio canceló el total, y volvimos a la camioneta- Antes de irnos, ¿quieres dar una vuelta en la playa?
–Vale... -comenzamos a caminar. Jugueteaba con los pies, en la arena de la orilla. Su frescor me relajaba. Ignacio me tomó de la cintura e hizo que nos detuviéramos. Subió con mucha lentitud sus manos hasta mi espalda, y se acercó para besarme. Solté las sandalias que tenía en mis manos, y le correspondí. Acariciaba su cuello, y entonces volví a sentir ese desorden de sentimientos. Nos besábamos cada vez más apasionadamente- Vamos al auto... -accedí. Una vez dentro, sin dudarlo entendí que su regalo era cumplir mi deseo de que me hiciera suya- No te detengas Ana. No quiero pensar en si es lo correcto o no.
–No es lo correcto... Pero igual no quiero detenerme -entendí que nunca había querido ir más allá antes, porque era menor de edad. Me saqué la camisa mientras nos besábamos. Y un ligero malestar ante el tacto de su mano en mi entre pierna, me hizo detener- Auch...
–¿Te hice daño? -preguntó curioso deteniéndose en seco.
–Creo que... Debo estar inflamada... No sé... Me duele. -bajó su mirada, respiró y me sonrió.
–Este no es el momento. Voy a devolverte a tu casa.
–Gracias Ignacio... -me alisté- Gracias por entender.
–Tranquila nena... -sorió- En la guantera está tu obsequio. -me alegré como una niña, y al sacar la cajita con lazo rojo, al abrir, vi una llave.
–¿Qué es esto?
–La llave de mi apartamento... Ahora también será nuestro -abrí los ojos como platos.
–¿Apartamento?

DandA21
Rango5 Nivel 20
hace más de 2 años

mucho sin leerte yessi..como siempre me siguen encantando tus maravillosos escritos

YessGuill
Rango12 Nivel 58
hace más de 2 años

Gracias @DandA21 me encanta que siempre estás al pendiente de las historias.

@mpshh jajaja pronto sabremos qué pasa

CelestialSoul
Rango7 Nivel 33
hace más de 2 años

Me voy a aventar un clavadito en ella ;)


#17

No fue hasta que volví a casa de mi padre, cuando salí de la impresión que me generaron las declaraciones de Ignacio. Pasé la noche dándole vueltas al asunto, creyéndome el cuento de su amor por mí desde antes.

No hablamos más esa semana. Él esperaba mi respuesta, ya que en el momento de su obsequio, me negué a dar otro paso. Pero todo cambió esa mañana en casa de los Montero, cuando Tania y yo nadábamos mientras que Maximiliano y Guillermo preparaban las bebidas.
–Iré al baño... -le dije a mi compañera, quien me sonrió.
–Anda rápido -salí y me coloqué una toalla, para luego darle un beso a mi novio y emprender mi camino. Al abrir la puerta del baño sentí un abrazo que me obligaba a alejarme de la habitación, llevándome a una esquina solitaria de la casa. Era el odontólogo. Me tomó el rostro y destinó su boca a la mía sin preguntar. Mis sentidos se despertaron, y los nervios de que alguien nos viese, me excitaba.
–Ana... -susurraba.
–Estás loco...
–Por ti...
–¿Ahora si te atreves a decirme esto...? -estaba excitada de su cercanía.
–Sí... -jadeaba- Ana, acepta mi propuesta...
–Es que tengo miedo...
–¿De qué? ¿Después de seducirme es que te da miedo lo que venga? -sonaba burlón. Recapacité.
–No... O sea... ¿La dejarás por mi? -se tensó.
–Vamos paso a paso... Ana, no es fácil... Tengo mucho que perder... Pero no resisto ahora, necesito de tu boca, de tu cuerpo, de tu olor -me apretó a su miembro y en automático me pegué para sentirlo duro y erecto.
–Ignacio... Yo tampoco resisto ya... Las barreras se han caído...
–Entonces ¿qué dices? -me besó, doblegando mi negativa.
–Acepto... -sonrió, me abrazó, y comenzó a besarme el cuello, sediento de mi olor.
–Te busco en la mañana, ¿quieres? -quería estar con él.
–Acepto. Sí...
–Perfecto. Anda -me besó y se alejó de prisa al piso superior. Yo me debilité de la emoción, cayendo al piso y recomponiendo mi cordura. Al ponerme de pie, Guillermo apareció jalándome hasta él.
–Princesa, estás toda roja... Has bebido mucho. Mejor te llevo a tu casa...
–Sí por favor -me tomó por la cintura y acompañó hasta la alberca para despedirnos y vestirnos. Al cabo de una hora, ya estaba en mi casa.

Me alisté y desayuné para esperar a Ignacio, quien llegó rápidamente unos minutos después. Con ese atuendo fresco, se ve más atractivo. Después de conducir por una hora, llegamos a su apartamento. Me concedió la llave que me regaló para que abriese.
–Oh qué lindo. Me gusta Ignacio -muy sencillo, y con muchas ventanas.
–Todo tuyo -Sonreí. Di un paseo para conocer el lugar, y salí para encontrarme con él, quien me recibió con brazos abiertos. Me senté sobre sus piernas- ¿Te gustó?
–Me encanta -no dejaba de sonreír.
–Me alegro... -me besó- ¿Quieres algo de beber?
–Nop. Estoy bien... -me acomodé mejor sobre él, y sin esperar nada más, comencé a mover mi cadera para excitarlo. Sus ojos me miraban fijamente, mientras que sus manos se apretaban a mis nalgas- Quiero hacer el amor...
–Me encanta escuchar eso... -me besó, y comenzó a quitarme la camisa. Sus manos apretaban mis senos, hasta que me quitó el brasier. Se bajó la cremayera del pantalón, y de ver su paquete, me asusté. “Ahora sí... No hay marcha atras”. Me bajé de sus piernas para quitarme el jean y la blumer. Me senté de nuevo mientras él me tocaba, encendiendo motores, entonces poco a poco se introdujo dentro de mi sexo- Si...
–Ahhh... -nos empezamos a mover rápido- Ahmm... -se quitó la camisa y pude detallar su pecho, plano, fuerte, con bellos encanecidos. Comencé a saltar encima, mientras él me azotaba con sus manos.- ¡Siii! Aaahjh...- me cargó y llevó al cuarto. Me hizo girar en la cama, para sostenerme con mis manos y rodillas.
–Te va a doler un poco... Pero te gustará. Preciosa... Que rica eres Ana... Que rico tu cuerpo... Ana, deliciosa- un fuerte calambre me enderezó. Había entrado en mi ano.
–¡Ahhhh!

Hace más de 2 años

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DandA21
Rango5 Nivel 20
hace más de 2 años

seco...adentro sin miedo y preparación, en corto a lo que va jajaja ese SR. montero si que le traia ganas.

MR_Castillo8
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Y he aquí una faceta oculta de Ignacio que hasta ahora sale a luz.
Excelente trabajo @YessGuill

mpshh
Rango10 Nivel 47
hace más de 2 años

Pobre, Ana... Sin previo aviso, sin estimulación, seco... Adentro.

galactic_inspiration
Rango6 Nivel 29
hace más de 2 años

Auch! Este Ignacio, sin compasión de una y seco jajaja.. Excelente , se puso más interesante la historia!


#18

Como pude me lo quité de encima pero me detuvo y con sus besos en mi cuello, me mantuvo a su disposición otra vez. Esta ocasión, con mucha más delicadeza que la anterior. Se escabulló invadiendo el espacio estrecho por naturaleza.
–Ahhr... -me quejé pero no me distancié, y le permití continuar sus movimientos cada vez más desesperados, a la vez que yo buscaba el placer en aquello. Hasta que ambos coincidimos en postura y movimiento. Él se vino dentro y yo le seguí, sin notar antes, que Ignacio me estimulaba con fuerza el clítoris. Con la boca abierta y escuchando a Ignacio jadear, nos tumbamos en la cama desordenada por las sábanas. Luego de respirar para amansar el incontrolable sonido de nuestras respiraciones, me acercó a él.
–Levántate y ve al baño, para que te laves y botes ese líquido -obedecí. Y una vez de pie, sentí como si algo bajase desde mis entrañas buscando salir. Aproveché para ducharme queriendo entender lo que había ocurrido, pero fui interrumpida por mi odontólogo quien se presentó en el baño para hacerme compañía.

Comimos y luego me llevó a casa. No habíamos dicho mucho después del encuentro.
–Que rico que aceptaste, Ana... -me miró con un brillo que no había visto en sus ojos antes.
–Que rico encuentro, Ignacio -Sonreí- Debo irme.
–Hablamos luego. -bajé del coche y volví a mi hogar.

Desde aquel instante algo había cambiado para mí. Quizás era la forma como veía al padre de Tania o como me veía a mí. También sentía que debía dejar a Guillermo, a quien no quería lastimar. A la vez, debía que pensar en cómo iba a manejar mi amistad con la hija de mi (ahora) amante.
Pasaba mucho tiempo en el nuevo apartamento, conociéndome a través de Ignacio. Experimentando más que simple sexo. Era algo complejo, donde el dolor y el placer coincidían en su justa medida.
Mis padres pensaban que salía con amigos, y no quise que pensasen lo contrario.

Pasó un año desde aquella primera vez, coincidiendo con una nueva invitación a cenar en casa de los Montero. Asistí con mi mejor vestido y mejor actuación, fingiendo ser la misma Ana de unos años atrás. Mi cuerpo era mucho más maduro que antes de mis dieciocho y todos lo notaron esa noche.
–Está delicioso mamá... -dijo Tania.
–Qué bueno que te guste... Ana, ¿y la universidad te gusta? ¿La carrera qué tal es? -mi vestido color piel con escote en el pecho, me hacía lucir muy sensual. Hugo y su padre me detallaban sin disimular. Pero a nadie importaba o nadie más lo había notado. Quise repetir el bochornoso episodio de la gota, por simple placer, pero una vez Sofia se retirara de la mesa. Y cómo si me hubiese leído la mente, ella y Tania recogieron la vajilla para llevarla a la cocina, mientras yo respondía a su pregunta en voz alta. Tomé agua de la copa pero más que una gota, se derramó un hilo de agua regándose en mi pecho, haciendo que me inclinara para no mojarme más. Sin procurar mirar a otro lado, los dos hombres disfrutaron aquello e Ignacio me lo hizo saber con su mirada ya conocida para mí; quería hacerme suya. Y cuando ya todos se sabían dormidos, me escabullí de la habitación de mi amiga y bajé a la sala, donde me encontré con él. Entonces pensé que todo marcharía "correctamente". No imaginé lo que se avecinaba.

Hace alrededor de 2 años

6

9
Lonelygirl
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 2 años

Basta de tener tan buenas historias, basta de escribir tan bien, basta de atraparme con todas tus historias @YessGuill me lei todas las cajas en menos una hora, espero con ansias otra caja, saludos genia.

DandA21
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 2 años

alfin, jajaja rayos ana cada vez se esta poniendo entonces mas sexy ¬u¬

Lonelygirl
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 2 años

Quiero nuevas cajas 💔


#19

Iba de camino al salón de clases en lo que Hugo me tomó del brazo.
–¿A qué juegas? -parecía reclamarme.
–¡Suéltame! ¿Qué te sucede..? ¿De qué hablas?
–Te he visto... Te he seguido... Sé que te estás acostando con él... Pero sé que anoche jugaste sucio para ambos...
–... No entiendo... -los nervios se apoderaron de mí.
–Ven... -nos alejamos de todos- Termina con él ahora... No me importa que sea mi padre... Te quiero conmigo... Quiero que te comportes igual que con él -me apretó a su cuerpo, mientras yo intentaba alejarme- No le des motivos, sólo déjalo. Tus padres lo matarían si se enterasen, igual mi madre... Y Tania... Tania haría trizas tu vida... -un hoyo negro en mi estómago me comia- y no lo pienses mucho -le empujé y lo golpeé.
–¿Nos has espiado?
–Si... Y tengo pruebas... Te nos entregaste anoche en la cena... Me tientas y te gusta... Entonces asume las consecuencias -mi mente iba a mil por hora. “¿Y ahora qué hago?”
–Eh... Hugo... No hagas esto... Por favor.
–Debí haberlo hecho hacen mucho tiempo... Tienes hasta mañana para pensarlo... Si te acostaste con mi papá, conmigo también lo harás... -se dio la vuelta y se alejó.

Hace más de 1 año

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DandA21
Rango5 Nivel 20
hace más de 1 año

noooo.... espera no hay mas cajas??? porque ?? u_u