MrOwlMan
Rango8 Nivel 38 (2891 ptos) | Poeta maldito
#1

PRIMA NOCTE

1-ELEKIAH DROW

Las páginas del libro de hechizos corrían como aves. Letras, símbolos, dibujos. Volaban. Las manos retorcidas y ambiciosas de Elekiah Drow, autoproclamado Estudioso de la Muerte, recorrían las líneas. Buscó por horas, hasta que finalmente encontró lo que buscaba.
Revisó todo su estudio, en lo alto de su torre, hasta hallar los objetos requeridos. Trazó las líneas, desangró las ranas, derramó el cebo. Y se puso a cantar. Su voz no era buena, no. Áspera y sucia, eso era. Por eso quizás todo salió mal. O quizás por el pequeño rostro de mujer que apareció en una rendija del techo, apuntándole una ballesta.
Sorprendido, Elekiah cayó hacia atrás. Cayó hacia atrás, sí, pero no sobre el suelo, no. Chocó con las velas, rompió el círculo. Y el libro se cerró de un golpe. Una nube de humo verde se alzó de los restos del altar, y fuego le siguió poco después. Mucho, mucho fuego.
Aterrorizado, Elekiah trató de huir de las llamas, pero éstas ya trepaban su ropa. Lo último que vio antes de morir fue al sendero fuego acercarse al jarrón donde guardaba la pólvora para sus rituales.

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Tete
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Esto es un buen comienzo!!!

MrOwlMan
Rango8 Nivel 38
hace más de 2 años

@Tete muchas gracias! Espero que lo sigas con gusto!


#2

2-YSABEL BOUCARD

Si Ysabel pudiera hacer que cualquier persona en el mundo sufriera el castigo infinito de Dios, ese sería el Misterioso Encapuchado. Él la había metido en este problema. Está bien, sí, le había pagado, pero ¡qué demonios! Ysabel era una ladrona. No podía, digamos, "resistirse" a tomar oro.
Y ahora estaba con una pierna quebrada, arrastrándose en medio de llamas verdes por un desván horroroso de un tipejo bien raro, con una mancha palpitante en un lado de su hombro izquierdo.
Resopló.
Le dolía todo. Líneas de luz rojiza recorrían su vista con cada palpitar. Un hilillo de sangre le resbaló por la mejilla, hasta caer en su boca. Su estómago rugió. Lamió la sangre, ansiosa, inconscientemente. Un madero encendido cayó cerca de ella, y el humo y las chispas le hicieron chillar.
Reptó, sintiendo al fuego calentarle la piel y a la mancha treparle por el cuello, hacia las escaleras. El arco de la puerta estaba quebrado, ya que un grueso tronco del techo se había estrellado contra el dintel. Maldita explosión.
Llegó al primer escalón con un esfuerzo titánico. Su mano derecha ya no le respondía, sacudiéndose en extraños espasmos, pero no iba a dejar que eso la detuviese. Ni por asomo. Ysabel Boucard no era de las que se rinden rápido, no señor.
Su boca, seca, pidió por más sangre. En realidad pidió por algo que beber, pero por algún motivo sangre parecía lo más apropiado ahora. Trató de deslizarse hacia el rellano, pero se apoyó mal y cayó rodando, golpéandose contra cada escalón y cada curva de la pared.
Gruñó. Intentó articular un insulto, pero solo salió un gorgoteo asqueroso.
Un grito, proveniente de abajo, le hizo alzar la cabeza. El mundo giraba, giraba y giraba. Era un mar de rojo, un océano de escarlata. Ysabel cogió su pierna agarrotada con la mano izquierda y la impulsó hacia delante, forzándose a rodar y rebotar de nuevo.
Chocó contra una columna, en lo que parecía una cocina o un comedor. Un hombre, flaco y alto, le miraba con cara de pánico. En el reflejo de sus ojos Ysabel se vio a sí misma, retorcida, babeante y con la cara deforme. Pero lo que más le importó fue el antebrazo del hombre. Se veía delicioso.
Oh sí, delicioso...

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace más de 2 años

Me llena de curiosidad.
Quiero leer más antes de comentar.....


#3

3-LIMPIO GREGGORY

Con un chillido agudo, de esos que quiebran el cristal, Limpio Greggory cayó hacia atrás por encima de la mesa. Volcó vasos, jarras, fuentes, derramando sus contenidos sobre el mantel y el suelo. El vino comenzó a gotear, y una manzana rodó por los ladrillos. El golpe contra el suelo hizo que el universo perdiese estabilidad, y la mesa, el techo y la sala en sí parecieron danzar frente a los ojos de Limpio.
Pero nada de ello era comparable con el dolor de su antebrazo. Un pedazo le había sido arrancado por la mujer enloquecida, y ahora la sangre le corría a ríos, bajando por su muñeca y sus dedos. La mujer masticaba el trozo que había mordido, soltando gruñidos y silbidos extraños cada tanto, aparentemente ignorando la presencia de Greggory retorcido tras la mesa y lloriqueando, mojado en su orín y su sangre.
Respirando agitado, con moquillo chorreándole de la nariz y las lágrimas mojándole la barbita incipiente, Limpio se arrastró hacia la puerta. Pensar que su obsesión por los muertos le había llevado hasta allí. Ojalá nunca hubiera escapado de ese marido furioso y terminado en el cementerio. Ojalá nunca hubiera conocido a Maese Drow.
La mujer torció la cabeza con brusquedad, en un ángulo imposible, al oírle moverse. El último trozo de carne colgaba entre sus dientes, y la sangre le embadurnaba el rostro, dejando fuera solamente a dos pequeños ojos blancuzcos, nublados.
Si hubiera tenido más orín dentro, Limpio se habría mojado los pantalones de nuevo. La mujer se puso de pie con lentitud, chasqueando la mandíbula. Hubo un silencio.
Y luego ella se lanzó sobre él.
Limpio gritó, el miedo llenando su ser hasta lo más profundo. Sintió sus calzones ensuciarse, pero ya nada importaba ahora. Tropezó, cayó, pero se levantó de nuevo. Dando saltos y aullando corrió hacia la puerta, y la abrió de golpe. Con tanta prisa iba que casi se lleva puesto a Elbroke, el guardaespaldas de Maese Drow, y queda ensartado en la espada desenvainada de éste.
-¡Oye!-gritó Elbroke, pero Limpio no podía detenerse. Mientras avanzaba a trompicones hacia la calle, oyó como la mujer y el mercenario luchaban. Pero ya era demasiado tarde para Limpio. La herida de su brazo se había transformado en una gran mancha verde. Y podía sentir como un hambre primordial llenaba su ser. Un hambre bestial. Hambre de carne...

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace más de 2 años

Brutal.

Es un despiece literario y que se devora con ansia....

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Resulta bastante aterrador... pero todavía no sé hacia dónde va la historia @MrOwlMan

MrOwlMan
Rango8 Nivel 38
hace más de 2 años

@Prometeo la idea es realizar una antología de relatos cortos, episodios, desde diferentes perspectivas, de una misma noche, una "nocte terribilis"


#4

4-LUKAS ELBROKE

Logró desprenderse de la perra de una patada, lanzando a la retorcida y monstruosa cosa que había sido antiguamente una mujer hacia la pared. La criatura gruñó al estrellarse contra el muro de roca, y se rebujó sobre sí misma en un desesperado intento de levantarse. Lukas tomó su espada, que había soltado cuando la mujer le había saltado encima, y se cuadró. Ignoró la mordida de su muslo, pues había tenido heridas peores antes. Sabía cómo manejar el dolor.
Veterano de diez guerras, Elbroke lo había visto todo. Y una puta con una maldición no era excepción. Sabía lo que había que hacer. Y también sabía que no tenía mucho tiempo. Si tan solo hubiera llegado antes...
Pero era inútil lamentarse. Maldijo a la mujer, a los dioses y a la vida. Y se arrojó sobre la abominación en cuerpo de moza. Esta rodó al verle venir, soltando mordiscos y rasguños a las piernas de Elbroke. Lukas le pateó la cara, logrando que chillara de dolor. Giró la espada en el aire y la bajó con fuerza, sin gracia. El metal se ensartó en el abdomen de la criatura, y de la herida brotaron borbotones de sangre esmeralda. La mujer aulló, sacudiéndose en un intento desesperado de sacar el metal de su cuerpo.
Feroz, decidido, Elbroke aplastó el cráneo de la criatura contra el suelo con su bota, sacando la espada y volviéndola a alzar. Descargó con toda su furia en la cabeza del monstruo, abriéndola en dos.
Para cuando la mujer se dejó de retorcer, espasmódica, Elbroke ya sentía el ardor horrible de la mordida en su muslo. Su mirada se volvía roja en los bordes y podía sentir a su corazón latiendo más y más rápido, casi hasta explotar. Salió al patio de la torre, dejando un rastro de sangre detrás de él.
En la calle, donde la noche había comenzado a caer, se oían gritos de horror. Forzando la vista y haciendo un gran esfuerzo Lukas distinguió a varias figuras corriendo desesperadas. Huyendo, mejor dicho.
Con un gran suspiro Elbroke aferró su espada y se preparó para un último esfuerzo. Parecía que al fin se reuniría con su familia.

lesvenezuela
Rango10 Nivel 48
hace alrededor de 2 años

Algunos errores ortográficos, pero no por ello deja de ser interesante.


#5

5-SIR EMERALD MACDUFF

Las órdenes eran claras: bloquear la Calle de los Tintoreros desde la Torre Horcada hasta la Posada de las Tres Banderas. Lord Segismundo había despachado a dos patrullas de piqueros, y al mando había puesto a Sir Emerald Macduff. Y como Lord Segismundo era el tío de la esposa de Sir Emerald, éste debía de seguir las órdenes al pie de la letra.
Y las órdenes decían que nadie, absolutamente nadie, podía salir del bloqueo. Deseoso como estaba del favor de Lord Segismundo, Macduff no se podía permitir ningún error. Por eso mismo ordenó a sus hombres que no permitieran el paso a la mujer y a su bebé, por más que éstos lo mirasen mal. Después de todo ¿Qué sabían de disciplina y ordenanzas esos sucios palurdos?
La mujer rogó casi a gritos, el pánico visible en sus ojos, pero Macduff fue inquebrantable. El bloqueo debía seguir hasta que volviese el emisario. Que, por cierto, debía haber regresado ya.
-¡Por favor, milord! ¡Mi niño, mi niño milord!-sollozó la madre, las lágrimas empapando el ropaje con que envolvía a su hijo-¡Al menos tomadlo a él!
Sir Emerald iba a responderle, cuando un griterío invadió el aire. Las voces provenían de calle abajo, donde la niebla reinaba impune. La luna, cortada al medio por el tajo del verdugo, apenas si bastaba para dar un poco de brillo al metal de las armaduras, así que nada se podía ver. Los ojos de la mujer se abrieron, frenéticos, en respuesta a las vociferantes voces, y se lanzó contra los escudos de los soldados, empujando y arañando.
-¡El demonio! ¡El demonio!-gritó un hombre, con la mitad de su rostro convertido en una pulpa deshecha, saliendo de la niebla. El caballo de Macduff resopló, moviéndose nervioso. Sus orejas se bajaron, con miedo, y corcoveó.
No importaba qué estaba pasando aquí. Nadie pasaría. Órdenes de Lord Segismundo.
-¡Hombres! ¡Firmes!-bramó, desenvainando su brillante espada. Iba a ser la primera vez que la usaba, desde que había conseguido el título de caballero y el puesto en la Guardia. Sus soldados aferraron los escudos, y uno de ellos empujó gentilmente a la mujer a un lado. Ésta chillaba cada vez más fuerte, el miedo desgarrándole la garganta. Su aullido era desolador, repleto de pesadillas hechas realidad e imágenes de ultratumba, y Sir Emerald se retorció, incómodo, al oírlo.
A punto estaba de pedir a sus guerreros que la callasen, cuando de la niebla salió una turba, siguiendo al hombre con el cráneo destrozado. No corrían como hombre. No. Éstos ya no eran humanos. Quizás, en un pasado ignoto lo habían sido, pero ya no. Eran bestias, seres de los peores sueños.
Se tropezaban unos con otros, sus mandíbulas chasqueando, las manos agarrotadas. Algunos tenían extrañas protuberancias que les salían por el cuerpo, infladas de pus y astillas de hueso.
Los guardias no lo dudaron un instante. Soltaron sus armas y echaron a correr de vuelta al castillo, ignorando los insultos de Macduff. Éste trató de seguirles, pero la mujer del bebé le cogió por la bota y tiró con fuerza, haciéndole caer.
-¡Hmmmff!-escupió Sir Emerald al golpearse, mientras la madre trepaba a la silla y espoleaba al corcel-¡No!
Trató de pedir ayuda.Su voz, atorada, no le respondió. Se arrastró sobre el lodo, sintiendo el retumbar de los pasos cada vez más cerca.
Su espada, olvidada ya, estaba a pocos pasos de distancia. Tan brillosa estaba, la espada nueva, que reflejó como la horda acababa con Macduff. Como acababan hasta el último trozo.

artguim
Rango13 Nivel 63
hace más de 2 años

Buen conjunto de relatos que, desde diferentes puntos de vista, narran los sucesos de una misma noche, encadenándose unos con otros. Me gusta formalmente, tanto en su estructura como en su redacción, y materialmente, en su contenido. Quedo pendiente de la continuación.

Un saludo.

MrOwlMan
Rango8 Nivel 38
hace más de 2 años

@artguim muchas gracias por tus palabras! Aprecio mucho que haya lectores interesados en lo que escribo. Espero no defraudar expectativas. Un saludo.


#6

6-DOGBERRY

Con sus manos firmemente apoyadas en los pechos de la mujer, Dogberry fue bajando cada vez más, dejando un rastro de besos a su paso. Por el cuello, el busto, el estómago, los muslos... La joven soltó varios gemidos de placer, suaves, profundos. Dado su oficio, Dogberry tenía amplia experiencia en ésto. Ser juglar podía no ser fácil (en especial con los maridos y los padres) pero tenía sus ventajas.
Recorrió a la chica con la lengua, acariciándola y sintiendo el calor de su piel contra la suya propia. Podía sentirse duro dentro de sus calzas. Iba a ser una buena noche.
Tomó a la mujer de la cintura y la giró sobre la cama, colocándola en cuatro. Acarició su trasero, embelesado, y estaba a punto de consumar el hecho cuando las campanas de la iglesia comenzaron a sonar.
No era el típico lento mugido de vaca que marcaba las horas, sino el furioso llamado de una loba madre. Metáforas poéticas, claro, pero todo en la mente de Dogberry funcionaba así. La chica se movió, sentándose con las piernas cruzadas.
-¿Qué sucede?-preguntó, y Dogberry se vio compelido a demostrar su masculinidad, irguiéndose para proveer a la dama de información. Para demostrar que tenía todo bajo control. Después de todo, era en su interés final que esas piernas se descruzaran.
Abrió las persianas de la ventana y se asomó fuera. Llamas ardían en varios edificios a lo lejos, y podía distinguir a gente huyendo hacia el castillo. Parecían soldados, aunque no llevaban sus armas consigo y corrían en desbandada.
-Parece que hay alguna especie de festival-dijo, volviéndose. Debía calmarla. Calmarla, tumbarla y...
-¡Detrás tuyo!-gritó la chica, con el terror desfigurando su cara. Dogberry se giró justo a tiempo para ver como una cara asquerosa, con tajos y cortes y golpes, se asomaba por la ventana. Retrocedió de un salto, esquivando un manotazo salvaje de la criatura. Decir manotazo es incluso demasiado, porque esa mano era más garra que mano, deforme y retorcida.
La cosa saltó dentro de la habitación, chasqueando los dientes. Sus ojos eran blancos, sin pupila y recorridos por líneas rojas. Pero habitaba en ellos un salvajismo intenso, un gran hambre.
Dogberry corrió hacia la puerta, pero la criatura era más rápida que él. Le aferró el brazo, clavando las uñas en su carne. El trovador trató de soltarse, pero la mano parecía de acero. A su lado, la chica se puso a gritar, aterrada, apretándose contra la esquina de la cama.
Dogberry intentó soltarse una vez más y, al fallar, decidió recurrir a métodos extremos. Cogió a la chica del largo cabello pelirrojo y la lanzó a los brazos del monstruo. Éste, intercambiando víctimas, soltó a Dogberry y clavó sus dientes en la mejilla de la chica, cuya garganta debía estar roja de tanto aullar de terror.
Suelto ya, Dogberry se lanzó hacia la puerta, cerrándola tras si y picando escaleras abajo.

#7

7-NELLY o NELLIONE PLEKARD

Nelly descargó el mazo. La carne hizo un sonido húmedo, blando, y se acható un poco. Otro golpe, luego uno más. Maldito carnicero. Le había dicho que sería la más tierna de las carnes, manteca para los dientes. Pero qué se podía esperar de un sureño como él. Malditos sureños.
Tomó los cortes y los dejó caer dentro de una gran olla. Iba a tener que hervirlos mucho, pues sino los parroquianos protestarían. "Menú del día: Carne dura". Nadie entraría a comer eso. Y los que dormían en las habitaciones de arriba se irían tan pronto probaran un bocado de esa carne. Maldito carnicero.
Estaba por poner la olla al fuego cuando escuchó un agudo grito, cortando el aire. Un golpe, portazo, y pasos desesperados por la escalera. Salió de la cocina empuñando el mazo para la carne y el cuchillo de trinchar. Estaba harta de los viajeros escandalosos. Fuera quien fuera, le daría una lección en buenos modales.
Había puesto un pie en el salón cuando de las escaleras salió el juglar que había llegado el día anterior, completamente desnudo. La empujó a un lado, su rostro trasfigurado de horror. Nelly sacudió el cuchillo en su dirección y le gritó que se detuviera. El hombre la ignoró y salió despedido hacia la calle, raudo.
Nelly estaba a punto de ir tras él, pero del piso de arriba vinieron unos ruidos muy raros. Gruñidos como de animales, y chasquidos. Chasquidos similares a cuando la gente traba la mandíbula o aprieta los dientes. Con el enojo llenándola y superando su sorpresa, Nelly subió al primer piso.
Lo que vio allí la habría sorprendido en cualquier otra circunstancia. Pero no en ese momento. Era tanto su enojo, con esto de la carne dura, de los gritos, del juglar desnudo y ahora los gruñidos (especialmente cuando ella siempre especificaba NO ANIMALES en las habitaciones), hacía que todo le viniera sin cuidado.
Un hombre y una mujer, deformados y mutados, estaban de pie en medio del pasillo, llenando la hermosa alfombra de sangre y suciedad. Nelly no iba a permitir eso en su posada, jamás.
Las criaturas, al verla, corrieron hacia ella. Nellione las esperó con las piernas firmes, separadas, y el cuchillo y el mazo listos para golpear. El hombre trató de morderle la mano, pero Nelly le ensartó el cuchillo por el ojo, desatando un torrente de sangre verdosa y apestosa.
La mujer era más astuta, al parecer. Atacó con sus manos, buscando aferrar a la posadera. Pero ésta no era la primera pelea de Nelly. Le quebró el brazo a la altura del codo con el mazo, y luego le tajeó el rostro con el cuchillo. La criatura retrocedió, chillando. Aprovechando ésto, Nelly la golpeó en el estómago con el mazo, logrando que se doblase. Apenas tuvo oportunidad, Nelly le hundió el cuchillo en el cuello, matándola casi al instante.
Demonios, que ahora sí su alfombra estaba bien sucia.


#8

8-JOCANNO

Sintiéndose todo un rebelde, Jocanno musitó un insulto a media voz. Si Maese Carno hubiera estado ahí le habría golpeado en la oreja. Nada de maldiciones en el taller de Maese Carno, y muchos menos de la boca de un niño.
Pero como Maese Carno había dejado el taller varias horas atrás, Jocanno estaba a sus anchas. Tomó una bota del montón y se puso a separar la suela del cuero, usando su cuchillo remendón.
Estaba tarareando una cancioncilla, cada tanto tirando un madero al fuego, cuando un aullido sacudió la calle. No era de lobo ni de perro, es más, no sonaba como de ningún animal que Jocanno conociera. Dejó caer la bota de vuelta en la pila, y se acercó a la ventana. Los aullidos continuaban, y cada vez sonaban más guturales.
En vez de abrir las persianas, apoyó su oreja contra ellas. Los ruidos le recordaban a los que hacía Tío Zanahoria cuando contaba sus historias de horror. El solo pensar en ellas le dio un escalofrío. Los monstruos de los que hablaba Tío no podían existir, ¿verdad? No era posible. Eso decía siempre Maese Carno, gruñendo mientras sorbía su sopa de patatas.
Sintiendo una leve desazón por dentro, Jocanno se acercó a la puerta. Quería asegurarse de que el pasador estuviese pasado. No lo estaba.
Cogió el madero de junto a la puerta, y se acercó a colocarlo, cuando ésta se abrió de golpe, lanzándolo hacia atrás. Una mujer apareció en el vano, armada con un cuchillo de trinchar y un mazo de madera. Estaba cubierta de sangre y suciedad, y un brillo asesino relucía en sus ojos.
-¡Corre, niño!-le gritó, saltando por encima de él. Se dirigió sin titubear a la salida del fondo, la que llevaba al callejón-¡Corre, desgraciado!
Jocanno se puso de pie apoyándose en la puerta, con la boca totalmente abierta. Mientras la mujer forcejeaba con el portón del fondo, Jocanno oyó un grueso gañido a su espalda. Se giró, y quedó congelado: una colosal mole informe, con dos brazos chorreantes de pus y ojillos blancos, se bamboleaba hacia él.
Jocanno apenas atinó a gritar, el orín inundando sus pantalones. Se dio vuelta y corrió hacia la puerta del fondo, desesperado. La mujer se había detenido, y estaba al parecer esperándolo.
-¡Corre!-le gritó, acercándose-¡Corre y no mires hacia atrás!
Jocanno obedeció. Se lanzó de cabeza a la oscuridad del callejón, su mente un remolino de pavor. No podía ser. No, esas cosas no existían. Eso decía Maese Carno. Y sin embargo allí estaba. Sacudiendo libras y libras de grasa y podredumbre por todo el taller del zapatero. Y una mujer pequeña, con cara de loca, le estaba haciendo frente.
El niño sacudió la cabeza. Lo sentía por la mujer, pero él quería irse a casa. Cerró la puerta tras de sí y se perdió en la oscuridad.

#9

9-PIOTR, EL CAZADOR

Oculto tras un carro volcado, Piotr observó los alrededores con atención. El tacto de la madera del mango de su hacha le reconfortaba, dándole una especie de anclaje en la noche. Había llegado a la ciudad apenas unas horas antes, buscando comprador para su presa del día...y se había encontrado con que media población deambulaba ahora convertidos en aterradores entes deseosos de carne.
Al principio Piotr no entendía qué pasaba. Pero cuando los vio caer sobre un pobre desgraciado perdido, lo entendió todo. Eran demonios. No había otra explicación. El fin del mundo había llegado, los diablos se había soltado del infierno y las almas buenas habían subido a los cielos.
Y él había sido dejado aquí.
Lo cuál lo enojaba bastante, si se detenía a pensarlo. Pero como no se detenía, ya que había sido perseguido casi constantemente por las últimas dos o tres horas, no le molestaba demasiado.
Y ahora estaba allí, tras un coche tumbado, con su hacha en una mano y una lanza que había encontrado en la otra. Esperando. Observando.
Un demonio solitario apareció en la esquina, olfateando el aire. Parecía llevar el ropaje de un guardia, pero las heridas y los cortes no ayudaban a distinguirlo. Dio un par de pasos, su mandíbula chasqueando, y se detuvo. Mala señal.
Pero en vez de ir hacia el carruaje tras el cual Piotr trataba de no respirar, se dirigió hacia el portal de una tienda destruida. Aguzando el oído, Piotr pudo distinguir una respiración agitada, cargada de miedo, dentro de la tienda. Había alguien allí.
El monstruo apresuró su paso, al parecer seguro de su presa. Quien fuera que se escondía en la tienda, no parecía muy preparado. Si Piotr podía oírle respirar, también podía la criatura. Debía hacer algo. Dios lo había abandonado sobre la tierra, pero al menos haría algún bien.
Saltó por encima de su escondite, haciendo un ruido que atrajo la atención de la criatura. Muy bien. Corrió hacia él, gruñendo y escupiendo baba. Piotr se plantó, y la esperó. Tomó su lanza y la clavó con todas sus fuerzas en el estómago del antiguo guardia, partiéndole luego la cabeza con un hachazo. Muerto.
Estaba sacando su lanza del cadáver cuando sintió un dolor agudo y punzante entre sus costillas. Bajó la mirada y se encontró con un puñal que se asomaba por fuera de su cuerpo.
-Lo siento-dijo el dueño de la daga, un niño vestido de aprendiz-Lo siento mucho.
Mientras Piotr se derrumbaba sobre la calle, pudo ver como el chico le robaba su hacha y su lanza, además de su macuto repleto de comida y su cantimplora.
Mientras Piotr se desangraba, pudo observar como el chico desaparecía por un callejón, llevándose todo.
Mientras Piotr moría, pudo oír el tumultuoso apresurarse de varias decenas de pares de pies, dirigiéndose a comérselo.