NoahLoran
Rango9 Nivel 40 (3281 ptos) | Escritor autopublicado
#1

Octavia leía detenidamente cada frase escrita en la pantalla de su ordenador, tratando de memorizar los textos para, más adelante, poder repetirlos en caso de mantener una conversación. Llevaba ya casi dos semanas intentando aprender chino mandarín, era su cuarto idioma después del francés, el inglés y, por supuesto, el español. Pero, a pesar de su experiencia, este nuevo idioma se le estaba atragantando más que los demás, sobre todo por la pronunciación.

―¿Qué haces, Octavia? ―preguntó con curiosidad su compañero Sergio, quien la observaba desde su silla―. ¿Usas el descanso para aprender otro idioma?

Octavia giró su silla y le dedicó una amplia sonrisa.

―Me he enterado de que en los colegios ya empieza a impartirse el mandarín como lengua optativa, algo obvio teniendo en cuenta la cantidad de empresas chinas que invierten en nuestro país. ¿Por qué estudio el idioma? Porque cuando esos niños crezcan, serán más útiles para la sociedad que nosotros. Así que solo tomo precauciones contra futuros problemas. ―Octavia volvió a girar su silla para continuar―. Si me disculpas, tengo cosas que hacer.

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Troyler_Larry_1994
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

Y yo...la ciudadana no productiva que se dedica a engordar de Nutella y a criar gatos... :v

NoahLoran
Rango9 Nivel 40
hace más de 2 años

Jajaja.

Bueno, la protagonista de este relato tiene que ser productiva a la fuerza. Una caja se me ha quedado pequeña para poner la introducción, si puedo escribir la sigiuente, ya entenderás por qué.


#2

Octavia miró su reloj, ya era la hora de que su jefe saliera de su despacho, por lo que debía levantarse de su asiento para que este se percatara de que ella aún estaba en la oficina a pesar de que tendría que haberse ido a casa hacía casi una hora. Octavia llevaba varios meses haciendo horas extra y quería que su jefe se fuera dando cuenta de la clase de trabajadora dedicada con la que contaba en la oficina. Así que se levantó de su despacho para ir a fotocopiar algún documento aleatorio, asegurándose de que su jefe la viera durante el proceso.

Su jefe caminó con paso firme por delante de ella, la saludó y se fue. Octavia le dedicó una amplia sonrisa, pero él apenas reparó en ella, pues iba hablando con alguien por el teléfono móvil.

Con su jefe ya fuera del edificio, Octavia cogió sus cosas y se fue al baño para retocarse un poco, pues había quedado con sus compañeros para tomar unas cervezas en el bar de la esquina.

Al salir a la calle se encontró en la puerta a un antiguo compañero de trabajo.

―¡Diego! ¿Cómo tú por aquí? Qué alegría verte, ¿cómo te va? ―preguntó Octavia.

―Yo, eh, verás... ―balbuceaba con nerviosismo―. Yo... Necesito tu ayuda, no he encontrado trabajo ―contestó Diego con cara de preocupación. Le temblaba el labio y parecía que en cualquier momento se iba a poner a llorar.

―¿Aún no has encontrado trabajo? ¿Hasta cuándo es tu tiempo máximo de inactividad?

―Hoy es mi tope, por favor ayúdame. Tienes que hacerlo.

―¿Has estado todo un año inactivo? Ya sabes lo que toca. ―Octavia rememoró la holgazanería de su compañero―. Ya te lo advertí, ahora no puedo hacer nada.

―¡Contrátame! De lo que sea, de cocinero personal, de asistente, haré cualquier cosa ―suplicaba el antiguo compañero de Octavia.

―¿Estás loco? Sabes que no puedo hacer eso. ¿Cuánto tiempo tardarían en descubrir que te he contratado solo para salvarte el pellejo? Tú acabarás como empezaste y yo podría acabar en la cárcel. ―Octavia apartó a Diego de su lado―. Tuviste tiempo de sobra, ahora atente a las consecuencias. La vida es así.

―¡Octavia, por favor! ―imploraba Diego.

Octavia siguió su camino sin mostrar demasiado interés en su antiguo compañero, por lo que este decidió implorarle a otra persona que pasaba por la calle, pero esta persona le prestó incluso menos atención que Octavia. Por lo que Diego, abatido, se arrodilló y asimiló su destino: Al cabo de unos minutos, su corazón se detuvo, pues ya había pasado un año de inactividad, el tiempo máximo del que disponía.

Octavia llegó al bar, pero antes de entrar vio cómo los del servicio de saneamiento se dirigían a la posición donde se encontraba Diego, por lo que entendió que iban a recoger su cuerpo sin vida. Cuando el vehículo desapareció de su vista, Octavia entró en el bar. La televisión estaba a todo volumen, en ella se podía ver a Eleanor Guzmán, una presentadora muy bella que ya llevaba como cinco años siendo la cara del noticiario. Aunque Octavia pensaba que la edad comenzaba a hacer estragos en su rostro.

―¡Aquí! ―exclamó Sergio para llamar la atención de su compañera.

Octavia lo saludó, esbozó una sonrisa y se sentó junto a ellos. En el bar se encontraban Sergio, Teresa y Ricardo. Los tres estaban bebiendo una cerveza.

―¿Os acordáis de Diego? ―preguntó Octavia―. Me lo he encontrado a la salida del trabajo, resulta que era un despojo.

―¿Se le ha acabado el tiempo? ―preguntó Sergio.

―Supongo, aunque no he llegado a verlo ―respondió Octavia.

―Yo últimamente he estado pensando mucho en esto. Los jóvenes de ahora vienen más preparados que nosotros, y obviamente cuentan con esa juventud que nosotros ya estamos perdiendo. ¿Cuánto creéis que podremos aguantar hasta que nos cambien por alguien mejor? ―preguntó Ricardo.

―¿En verdad os preocupa este tema? Que yo sepa todos nuestros padres llegaron a la edad de jubilación, quien no es capaz de llegar hasta ahí es porque no vale nada ―espetó Octavia.

―Sí, pero ahora hay casi el doble de población que en tiempos de nuestros padres. Hay mucha competencia y cada vez la lucha es más intensa ―comentó Teresa, integrándose en la conversación―. Hace poco leí un artículo que decía que la esperanza de vida de la población podría reducirse hasta los cincuenta años por culpa de nuestros chips ocupacionales.

―Si le dedicarais al trabajo tanto esfuerzo como le dedicáis a quejaros, no temeríais tanto por vuestro futuro ―comentó Octavia antes de darle un trago a la cerveza que le acababan de traer―. Yo tengo muy claro que no voy acabar como Diego, así que en cuanto me beba una cerveza me iré para casa. Mañana quiero brillar en mi trabajo. Seguiré siendo una ciudadana útil y productiva para la sociedad.

Hace más de 2 años

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artguim
Rango13 Nivel 63
hace más de 2 años

Una idea muy interesante, @NoahLoran. Veamos cómo la desarrollas.

Un saludo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Tal vez con la superpoblación en un futuro no muy lejano pueda pasarnos esto @NoahLoran Veamos cómo sigue!!!!

NoahLoran
Rango9 Nivel 40
hace más de 2 años

Muchas gracias por vuestros comentarios.

@GerGERTZEN Gracias por las correcciones tanto en este como en el anterior capítulo. Intento ir mejorando poco a poco en esto y este tipo de correcciones se agradecen mucho.

Un saludo a todos !!


#3

Octavia observaba, con incomodidad e impaciencia, cómo su jefe se preparaba un café. Había sido llamada a su despacho por un motivo que desconocía, por lo que estaba algo nerviosa, estado no solo producido por la incertidumbre, si no también por sus pensamientos de un futuro mejor, pues Octavia creía que por fin iba a llegar ese ascenso tan deseado. Su esfuerzo durante los últimos meses al fin le iban a dar resultados significativos.

Su jefe terminó de servirse el café, dio un pequeño sorbo y tanto él como Octavia tragaron al mismo tiempo, aunque la segunda se tuvo que conformar con degustar su propia saliva.

―Estás despedida ―espetó su jefe.

Octavia se forzó a sonreír.

―No, no lo estoy ―dijo Octavia.

―Sí, sí que lo estás. ―Su jefe miró la hora―. Tengo muchas cosas que hacer, sal de aquí cuanto antes.

―¿Y se puede saber por qué me despides? ―preguntó Octavia.

―Porque te he estado observando estos últimos días y me he fijado en que necesitas quedarte una hora extra diaria para completar tu trabajo. Así que hemos decidido prescindir de ti y buscar a una persona más productiva y competente.

―Pero yo he hecho esas horas extra para ayudar a la empresa. Lo sabes, ¿verdad?

―Tu rendimiento no ha aumentado. Sin embargo, cada hora extra que haces le cuesta a la empresa un dinero, por lo tanto será mejor que te vayas de aquí para que podamos abaratar costes.

―Pero yo me he sacrificado mucho por esta empresa.

―Debes entender que no eres rentable. ―Su jefe se levantó de la silla y abrió la puerta del despacho para invitarla a salir―. No pierdas el tiempo aquí, ya he mandado tus datos a la oficina de desempleo. Tienes tres días para pasarte por allí a que actualicen el estado de tu microchip.

―No me lo puedo creer ―murmuró Octavia mientra trataba de tragarse su propia ira―. Está bien, qué importa. Ya encontraré algo, estoy altamente cualificada para encontrar un trabajo.

―No lo dudo ―dijo su jefe mientras cerraba la puerta de su despacho.

Tras sus palabras, Octavia se dirigió a su mesa y, mientras recogía sus cosas, se percató de que todos sus compañeros la miraban y cuchicheaban algo sobre ella, hecho que la hizo sentir muy incómoda; pero no iba a permitir que las habladurías alterasen su estado de ánimo.

―No os preocupéis, en dos días volveré a estar trabajando ―dijo con voz alta para acallar los cuchicheos de sus compañeros a la vez que trataba de aguantar su ira.

Octavia pulsó el botón del ascensor y trató de calmarse mientras este subía a su posición. Una vez se abrieron las puertas, entró y se giró para dedicarle una última sonrisa a sus antiguos compañeros de trabajo.

Hace más de 2 años

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#4

Octavia llevaba ya más de cuatro horas esperando en la oficina de desempleo. Se sentía impaciente y se estaba volviendo más y más irascible a cada minuto que pasaba, pues odiaba que la hicieran esperar. A pesar de todo, ya se iba calmando, pues solo quedaba una persona por delante de ella.

―Siguiente ―dijo la funcionaria desde detrás del mostrador.

El hombre que estaba por delante de Octavia se apartó y esta esbozó su mejor sonrisa ante la funcionaria.

―Hola, ayer perdí el trabajo y... ―comentó Octavia antes de ser interrumpida.

―Sí, sí, sí... ―murmuró la funcionaria―. Alargue el brazo. ―Octavia alzó su brazo derecho para que escanearan su microchip―. Muy bien, un momento. ―La funcionaria comenzó a teclear durante un par de minutos―. Tienes un periodo máximo de inactividad de seis meses.

―¿Seis meses? Creía que era un año ―dijo Octavia.

―Lo es normalmente, pero aquí pone que has sido despedida por baja productividad. La nueva ley del trece de enero dice que los ciudadanos que pierden un empleo por baja productividad deben ser sancionados con la mitad de su tiempo.

―¡Pero eso es injusto! ―exclamó Octavia con alteración―. Llevo diez años sin parar ni un minuto, no puede ser que ahora solo me deis seis meses de inactividad.

―Lo siento, pero yo no puedo hacer nada, la ley es así. ―La funcionaria sonrió―. Ahora, por favor váyase, hay mucha gente esperando su turno.

―No, espere un momento. ―Octavia intentó guardar la compostura―. ¿Y el plus de tres meses por abandonar el lugar de trabajo con una buena actitud?

―Eso es algo que se abolió con la nueva ley del trece de enero.

―¡A quién coño le importa la ley del trece de enero! ―exclamó Octavia con alteración.

―Señorita, deje pasar al siguiente.

―No, los demás pueden esperar. ―La funcionaria observaba a Octavia con cara de pocos amigos―. ¡¿Es que no puede escucharme cinco minutos?! Usted ya está un poco mayor, ¿le gustaría ser tratada así cuando tenga que pasar por aquí?

La funcionaria echó su vista hacia el fondo de la sala.

―Seguridad, por favor ―dijo.

Octavia observaba con horror e incredulidad como un corpulento señor se acercaba hacia su posición.

―Eh... Ah ―balbuceó Octavia, pues no le salían las palabras.

―Desorden público y negación a aceptar su tiempo de inactividad. Llévensela de aquí, por favor ―dijo la funcionaria.

―Extienda su brazo ―ordenó el guardia de seguridad.

―¡No! No, esto un malentendido. No hay por qué llegar a esto ―suplicó Octavia.

―No lo vuelvo a repetir, extienda su brazo ―volvió a ordenar el guardia de seguridad.

Octavia se resignó y extendió su brazo. El guardia de seguridad pasó el detector por el brazo de Octavia y modificó los datos de su microchip.

―Estamos autorizados para modificar el tiempo de su microchip si así lo vemos oportuno. La voy a quitar un mes más, así que la aconsejo que se comporte y que centre sus esfuerzos en encontrar un buen trabajo.

Octavia fue acompañada a la puerta de la oficina de desempleo y, pese a todo lo que acababa de ocurrir, decidió respirar hondo y tranquilizarse. Tenía cinco meses para encontrar un trabajo, tiempo más que de sobra para una mujer tan preparada como ella.

Hace más de 2 años

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artguim
Rango13 Nivel 63
hace más de 2 años

Se intuye que no le será tan sencillo como piensa, @NoahLoran. Veamos cómo se desarrollan los acontecimientos.