Kaeli
Rango10 Nivel 46 (4800 ptos) | Fichaje editorial
#1
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¿Qué hay después de la muerte?
Para el cristianismo, un tránsito desde la vida terrenal hacia Dios, donde en el camino serán juzgados por sus obras.
Para el hinduismo, existe vida después de la muerte en forma de reencarnación.
Para culturas más antiguas como la egipcia, tu corazón sería puesto es contrapeso de una pluma.
A decir verdad, todas ellas tienen algo de razón. Pero lo que ninguna cuenta, es que no siempre son válidas las buenas acciones terrenales, sino la edad de tu Dillium antes de presentarte en la gran corte.
¡Deseaba morir! Cada noche rogaba al cielo por paz eterna, mi sufrimiento me estaba consumiendo bajo el llanto de mi madre. ¡¿Qué me queda ya?! Pensé, no permitiría que los míos derramasen más lágrimas en mi nombre.
Ahora comprendo que debí aferrarme más a mi vida terrenal, porque aquí, ahora...no me queda tiempo ya para aferrarme a mi última gota existencial, sino lo encuentro a tiempo, ni siquiera podré presentarme a la corte. Sin mencionar que ahora todos me buscan por lo único preciado que me queda...¡Mi Dillium!

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#2

Mi vida en la tierra no era mejor que la de cualquiera de ustedes. Trabajaba 12 horas al día para ayudar a mamá con los gastos de la casa y con las medicinas de papá. El tiempo restante cuidaba de mi hermana.
Trabajaba como camarera en el café Giogia por las tardes después de mi turno en el zoológico de la ciudad.
Ese dinero siempre nos fue muy útil, en especial cuando Tulia entró en la primaria. Era un primero de Junio cuando los niños de su primaria irían al zoológico donde trabajaba, me dejaba más tranquila saber que podía observarla desde mi trabajo, o por lo menos ese día colaborar con su seguridad.

-¡Lory! ¿¡Ya alimentaste a los leones?!.- Gritaba mi tacaño jefe molesto.

-No señor, es que es Pascal quien los alimenta.

-¡Te lo he dicho a ti niña! Pascal está con los niños del recorrido...

-Señor si me lo permite me gustaría ayudar también con el recorrido de los niños de hoy, es que mi herma...

-¡¿Para qué envié a Pascal entonces?! ¡Haz lo que te digo y gánate con esfuerzo cada peso que recibes!.- Dijo marchándose hacia la salida del zoológico.

Tenía que hacerlo, de otra forma iba a correrme y no podía darme el lujo de buscar otro empleo. Solo deseaba haber terminado la universidad. Mi única esperanza era reunir lo suficiente para culminar mi último año de Biología.

Ese día le mandé una de mis mejores sonrisas a metros de distancia a la pequeña Tulia, antes de seguir con mi trabajo, ella no hizo más que responderme con su tierna manía de cubrirse la nariz al sonreír. No la vi más, los niños ya se habían ido del zoológico cuando terminó mi turno.
Al llegar a Giogia, los clientes abundaban y mi labor comenzó casi de inmediato. Servir un plato por aquí, tomar una orden por allá y mirar al cliente con una sonrisa en el rostro aunque por dentro estuviese agotada.

-¿Señorita? ¿Que hace un cabello en mi café? ¡¿Viene incluido con la orden?!

-Le ofrezco una una disculpa señor, se lo cambiaré de inmediato.-Le respondí, pero ¿Dónde estaba mi lazo que llevaba siempre al trabajo? Siempre lo usaba, jamás me pasó algo así

Aquel día tan largo y agotador finalizó sin problemas mayores. O al menos eso creí hasta que llegué a casa.

-¡Lory! ¡Tulia no a llegado de la escuela aún! ¡Vamos a buscarla!

Mi corazón se heló al darme cuenta que Tulia llevaba ya 8 horas desaparecida. Sus compañeros y maestros afirmaron que después del zoológico ella y todos los demás ya estaban en el auto bus de regreso a la escuela. Pero al llegar ahí, como por arte de magia, ella ya no se encontraba.
Horas de angustia más tarde, mientras la policía pedía más tiempo para buscarla, su pequeña amiga nos comentó que ella bajó del auto bus para regresarme el lazo azul que había encontrado en el suelo del zoológico. Pero no volvió a subir, nadie se percató de la situación y la amiga de Tulia temía ser castigada si avisaba a sus maestros.

Un 3 de Junio, Tulia mi pequeña hermana tan solo tenía 8 años cuando un desquiciado abusó de ella y dejó su pequeño cuerpecito desnudo al aire libre por la carretera 58 Nuevo León. Traía varios golpes en el rostro y su cabello fue sujetado con el mismo lazo color azul que pretendía regresarme.

La noticia fue un golpe muy duro para todos nosotros. En especial para mí que sentía culpa por ser la dueña de aquel lazo azul.
Todos veían a la pequeña Tulia sentada junto al creador, o corriendo quizá por verdes pastos en el cielo. Yo simplemente me negaba a aceptar su partida.
Preguntas venían a mi mente como ¿Por qué ella, si era tan joven? ¿Por qué no fui yo en su lugar?
Y así, deseaba ver la muerte cara a cara muy pronto para poder reencontrarme con mi hermana.

Pasaron dos largos años de los que aún sentía el dolor latente. Me encontraba en el autobus regresando de una jornada agotadora cuando dos hombres armados comenzaron a atacarnos a todos. Murieron dos personas, y otras estábamos heridas. Según pude escuchar la voz ronca de uno de los paramédicos, era yo la que tenía menos posibilidades de vivir.
Desear la muerte era una cosa, estar justo frente a sus puertas era muy distinto. El miedo comenzaba a invadirme y poco a poco mis fuerzas se iban agotando.
Aún recuerdo los cálidos besos de mi madre en el frío dorso de mi mano. Ya no podía devolverles la mirada ni mucho menos cruzar una palabra. Todos mis intentos por mover aunque fuese solo un músculo, fueron en vano.
Fueron tres largos días de agonía donde mi madre se negaba a desconectar la vida artificial que me mantenía en tierra. Por otra parte, yo al siguiente día de mi desgracia pude hacerme a la idea que sería mejor marcharme y no verlos sufrir más así.

-Descansa mi amor, te veré pronto.- Dijo mamá apoyando sus temblorosos labios sobre mi frente.- A Dios...

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