Gala_Sanchez_Montero
Rango10 Nivel 47 (5024 ptos) | Fichaje editorial

[N.A.: este arco flashback se incluye dentro del capítulo IV "Una nueva tripulación para una nueva era"; como estará dividido en dos partes he decidido ponerlo también aquí para poder seguir subiendo cajas, dado que el hilo principal de la historia de momento estará parado].
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El problema fundamental de estos dos es que eran machos alfas con personalidades muy parecidas y explosivas, y una potencia vital tan arrolladora que colisionaba sin remedio, se desbordaba y arrasaba todo lo que tenía a su alrededor. Mientras esa potencia suya se encauzara, no había problema, los cuantiosos tesoros que había encontrado con la tripulación daban fe de ello; pero si por algún motivo la sensible balanza se desequilibraba… entonces ponerse a cubierto era la opción más inteligente, por lo menos hasta que se calmasen los ánimos. Luego con un poco de psicología y estrategia todo volvía a su cauce, eran pura potencia, pero nada a lo que ella (o su Maestro) no estuviera acostumbrada.

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace alrededor de 2 años

Aún no tengo tiempo de ponerme en condiciones con tu historia completa, pero lo haré.

Como pirata, mi apoyo es incondicional

Gala_Sanchez_Montero
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 2 años

No te preocupes @Romahou que lo entiendo perfectamente!! El tiempo escasea y hay demasiadas historias por leer y por escribir =)

Elayha
Rango15 Nivel 71
hace alrededor de 2 años

lo leere apenas termino mi trabajo tiene buena pinta ;) ;) yo estoy haciendo un comic de mi obra de fantasia epica ;) ;)


#2

El Maestro la ayudó mucho en los grandes conflictos que hubo con la tripulación, lo que le permitió aprender sobre la práctica de una manera en la que ella se sentía segura; socialmente era como un pez fuera del agua, eso todo el mundo lo sabía. Su papel durante mucho tiempo cuando estaba con el resto de la tripulación fue el de sentarse con ellos y simplemente observar; hasta pasados unos cuantos meses no empezó a participar en las conversaciones, y ya había hecho el año con la tripulación cuando la comenzaron a considerar como un miembro más. El puesto en la cáscara de nuez se lo tuvo que ir ganando poco a poco, como todos, pero una vez que interiorizó a cada uno eso no fue ningún problema, solo se tenía que limitar a cumplir su deber, esta vez para con sus camaradas. Esa obligación, lejos de pesarle, era como una válvula de escape o un campo de experimentos donde poder ensayar lo que ahora se le venía encima. Hades, por supuesto, no tenía constancia de que el Maestro la ayudaba en estos menesteres, era demasiado orgulloso para eso; aún así, a riesgo de que se acabara percatando, a la par que limaba su relación con el resto de la tripulación, intentaba redondear también las aristas que Hades tenía como capitán.
Y ese fue sin duda el primer conflicto.
Se tiró muchos meses a la sombra, observando, interpretando, relacionando, extrapolando, se limitaba a escuchar las conversaciones, identificar las virtudes y los miedos, las aficiones y frustraciones, las potencialidades y debilidades… Y mientras tanto el Rojo, el segundo al mando, hacía lo mismo con ella; después de todo era su deber, él siempre tenía que tener los ojos y las orejas donde no las tenía su Capitán, él siempre tenía que ir por delante porque nunca se sabe lo que se puede necesitar para proteger la integridad del grupo, él tenía que vigilar las espaldas y la salida de emergencia para el resto, esa era su tarea en el cascarón. Y con ella la llevó a rajatabla, en gran parte porque notaba que su Capitán tenía una evidente debilidad por ella, por todo lo que hacía, decía, pensaba o aconsejaba; así que durante mucho tiempo fue objeto de su escrutinio. La Gestapo al lado del Rojo, poca leche.
En un primer momento dejó que hiciera todo lo que tuviera que hacer; sabía que había hackeado su ordenador, que estuvo un tiempo siguiéndola a todas partes, que preguntó a gente de su instituto (poco le podían decir de ella, salvo que era una marginada rodeada de rumores de lesbianismo), un día notó que alguien se había colado en su habitación y supuso que habría sido él, también intentó tenderle una trampa… pero ella superó todo el proceso sin una sola mancha en su expediente. Así que cambió de estrategia. Su cambio de estrategia coincidió, muy sabiamente, con su cambio de actitud con el grupo; ya participaba en las conversaciones, dejaba ver su personalidad en ellas, empezaba a tener gestos significativos con el resto de tripulantes, se atrevía incluso a dar su opinión en alguna que otra aventura… Y mientras tanto el Rojo se intentaba acercar a ella, hablar, sacaba temas polémicos que sabía que le tocaban la fibra para analizar su postura, le daba consejos para relacionarse con el resto, le pedía su opinión cuando planeaban los golpes… y de nuevo no encontró nada fuera de lugar, sin embargo, el vínculo tan especial que tenía con Hades le seguía resquemando. Por lo que volvió a cambiar de estrategia y decidió centrarse solo en él. Ahí es donde vino el gran problema.
Comprobó que más que unidos estaban conectados, que la confianza que Hades mostraba con ella era de naturaleza diferente a la que tenía con el resto de la tripulación, incluso con él, se dio cuenta de que tenían un mundo propio y un lenguaje que solo ellos dos conocían… y parecía ser perfecto porque nada turbaba aquella atmósfera. En un principio la envidió y tuvo celos, pero el Rojo, cuando quería, podía ser la persona más discreta del mundo, de la misma forma que podía venderte un barril de gusanos haciéndote creer que son un manjar propio de la alta burguesía. Así que siguió con su pantomima y pasó un tiempo sin que notaran nada más allá de su típica desconfianza; sin embargo, no pudo mantener el tipo y llegó un momento en el que siempre que hacía o decía algo él replicaba, rechistaba o salía por la tangente. Eso le acarreó numerosos problemas con Hades, al que ya le estaba tocando bastante los cojones porque sabía de sobra que su escrutinio con ella había sido excesivo y su desconfianza injustificada; tan tonto no era como para creer que ahí no subyacía un problema de mayor envergadura.
A pesar de todo, supo manejar los celos del Rojo, eran los mismos que Hades manifestó al tiempo de conocerla; por eso la primera fase había sido tan dura… había tenido que bregar con alguna que otra tempestad antes de llegar al Calm Belt con Hades. Al inicio de su relación la rivalidad entre ambos era casi insana, ella veía en él todos sus carencias y él veía lo mismo en ella; además, la forma en la que se conocieron tampoco fue la mejor, el Maestro podía ser muy cabrón a veces, pero, de nuevo, tenían que darle la razón a él y a sus extraños métodos. Consiguió que la cosa no se fuera a pique, con Hades fue mucho más sencillo, las hormonas lo dijeron casi todo en ese asunto… pero con el Rojo tuvo que actuar de forma más sutil.
Intentó acercarse a él, el resto de la tripulación la adoraba pero él… él se mantenía firme en su típica postura con los brazos cruzados; su ancha espalda se desplegaba como unas alas. Se limitaba a observarla como un halcón, por mucho que fingiera con sus encantadoras sonrisas, contándole chistes que le hacían llorar de risa o tomándole el pelo con alguno de sus múltiples personajes. Bajo esa fachada superficial, la tensión se cortaba con un cuchillo; no le hacía gracia que Hades tomara más en cuenta sus consejos, ni tampoco que se hubiera ganado al resto de una forma tan fácil, pero sobre todo lo que no le hacía gracia es que siempre tuviera razón en lo que decía y que nada, nada, parecía turbar aquel paraíso al que solo estaban invitados Hades y ella.
Ella no se caracterizaba por hablar mucho, una de sus máximas era el silencio, si lo que iba a decir no podía mejorarlo, mantenía la bocaza cerrada; el Rojo era todo lo contrario, su diarrea verbal era archiconocida, por lo que muchas veces metía la pata a causa de ella. Solo tuvo que aprovechar esas veces e ir minando su absurda postura a la vez que aguijoneaba implacable su conciencia; ella no había hecho nada para que desconfiara de esa forma, y eso lo sabía todo el mundo, por lo que estaba completamente solo. No fue difícil derrumbarle, era cabezón, impulsivo, temerario y con mucho carácter, pero si algo le caracterizaba (a parte de su bocaza) era su sentido de la justicia, igual de poderoso que su tendencia a la autodestrucción. Cuando por fin sacó la bandera blanca al comprender que le había tratado de forma injusta, su relación cambió cualitativamente, aunque empezó a insistir como un chiquillo en que tenía que ganarse el puesto dentro de la tripulación; lo dejó estar, era su pequeña victoria, el Rojo nunca se bajaba los pantalones hasta abajo, además ella era consciente de que tenía que hacerlo, dejarse de teoría e ir a la práctica.
Y de ahí surgió el segundo conflicto; ese del que nadie puede hablar porque formuló su Petición; el único momento de su vida que no pudo controlar.

Hace alrededor de 2 años

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G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 2 años

Noto distinto enfoque narrativo en cuanto al estilo con respecto a las anteriores. Caja orientadora de ubicación. Vale.

Gala_Sanchez_Montero
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 2 años

@G_Rurba Estas cajas son las mismas que están en el capítulo IV (cortadas y pegadas) así puedo seguir con el hilo de la antigua tripulación, porque en el capitulo IV ya tengo que volver al presente de la historia y eso aún está en proceso de ser pensado y diseñado, pero la segunda parte de este arco ya la tengo pensada, así que seguramente la siga por aquí y luego recoloque esas cajas en el hilo de la historia cuando tenga escrito el presente. (no sé si me explico bien)

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 2 años

=D. jaja coincidimos en directo.
Te explicas bien y se le relee perfecto. Cuando subas algo lo nuevo, por favor, mencióname.
Salu2!

Gala_Sanchez_Montero
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 2 años

@G_Rurba tengo muchísimas ganas de seguir escribiendo este arco, lo tengo ya todo pensado y (AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH ¡ya verás ya!) solo quiero escribir, pero abril-mayo ya es tiempo de hacer trabajos académicos, así que estaré un poco parada ahora.
Pero cuando vuelva............ ¡salseo!!! :D

PD: la historia en el capitulo IV continuará con el presente, que será ya la presentación de los miembros de la nueva tripulación, las pruebas que les harán para ver si encajan o no, los preparativos del nuevo local, los primeros movimientos que inicien su revolución... etc La idea es que el Rojo aparezca con Hades en el presente una vez esté hecho todo eso (en una fiesta inaugural o algo así); en ese momento es donde retomaría el flashback para contar cómo acabó esa historia de Hades-Manish-Rojo.


#3

Era un día normal en la cáscara de nuez, bueno muy normal tampoco porque ese día estaban preparando un gran golpe, por lo que el local fue un auténtico avispero durante casi todo el día. Una de las aventuras más peligrosas de sus vidas estaba a punto de comenzar y ellos estaban fumándose unos porros tranquilamente en el local, acabando de ultimar los detalles para aquella noche.
-¿Lo tenemos todo?, ¿qué nos falta? –inquiría Hades yendo de un lado para otro, mirando en la nevera portátil y las bolsas de deporte donde habían metido todo lo necesario.
-Está todo, igual que las otras doscientas veces que lo has mirado –lo agarró por el brazo y lo sentó en el viejo sofá amarillo.
-¿Y el dron? –dirigió su mirada al Rojo, sentado en el sillón de oreja a su derecha; aún manipulaba lo que fuera en su interior
-Estoy reforzando el soporte de las pinzas, ¿no querrás que cedan cuando cojan la mierda? Y mira... le he puesto goma en la parte inferior, para que no resbale la carga.
-Se suponía que este modelo podía cargar con 6 kilos ¿no?
-Y también está hecho en china –el Rojo le lanzó una de sus miradas y volvió al tajo con un suspiro.
-¿Por qué estás tan nervioso joputa?
El enorme corpachón de Caesar traspasó el arco que separaba la pista de baile de la barra; el local era un viejo pub abandonado, habían rastreado la propiedad por internet y hacía décadas que nadie la reclamaba, así que decidieron okuparlo y hacer de él su centro de operaciones. Le pasó una cerveza a su capitán y se sentó a su otro lado.
-Hay algo que no me cuadra, eso es todo; quizás deberíamos esperar, vigilar unos días más…
-… ¿Estás loco?, tienen planeada la distribución el martes, tenemos que dar el golpe antes de que acabe la semana, si esperamos más no tendremos margen suficiente por si algo sale mal y tenemos que volver a intentarlo.
-Tiene razón el Mario, Hades –el Rojo hablaba con dos pequeños tornillos entre los labios; el destornillador se movía frenético en una de sus manos.
-Si lo sé, coño…
-¿Qué te preocupa? –si Hades tenía una mala sensación era por algo.
-No sé, niña… todo ha resultado demasiado fácil; es una carga a tener en cuenta y, seamos sinceros, ¿no os mosquea que la tengan tan poco vigilada?
-Te rallas demasiado –sentenció Horus desde lo alto de su taburete con esa voz suya tan característica a mitad de camino entre un susurro y un suspiro- he vigilado la casa, día y noche, y a esos tipos… no son muy listos; no he percibido nada fuera de lo normal a parte de lo subnormales que son ¿y por eso los elegimos no?
-Le van a vender esa mierda a una panda de pringaos; son unos gilipollas que se creen gánsters, en peores plazas hemos toreao camarada –soltó el dron encima de la mesa y admiró su pequeña obra casi con ternura; el Rojo solía hacer eso con los aparatos que creaba o modificaba, sus pequeños caprichos, sus niñitas, como decía él- sería un desperdicio desaprovechar esta oportunidad; los cabos están atados, no tienes por qué preocuparte.
Ella había sido testigo de cada una de las fases del plan, la de reconocimiento, la de seguimiento, vigilancia, hackeo, planificación, preparación de materiales, entrenamientos… se sentía segura con la operación, pero el instinto de Hades raramente fallaba por lo que decidió mantenerse atenta a todo lo que ocurriera aquella noche.
Habían dividido el plan en dos fases, estaban a punto de comenzar la Fase A o, como a Mario le gustaba llamarla, la Fase del Escándalo. El objetivo era un grupo de cuatro cuarentones que habían decidido probar suerte en el negocio del hachís al escuchar rumores de que los iban a echar de sus trabajos; invirtieron una gran suma de dinero en comprar 4 kilos de hachís a un distribuidor que uno de ellos conocía en el puerto de Cádiz de sus últimas vacaciones; tenían fotos juntos en Facebook. Habían sido lo suficientemente listos como para guardar la carga en la casa de la sierra de uno de ellos; durante el día se quedaban dos, y durante la noche los otros dos. Aparte de fumar cigarrillos, beber whisky nacional y salir de vez en cuando a revisar el perímetro, tampoco es que vigilaran mucho. Por eso les había parecido un negocio tan fácil.
-Vaaaaaaaaaale, de acuerdo…
-Te rallas demasiado, joputa.
-Simplemente digo que estéis atentos, y tú sobre todo Horus.
-Siempre estoy atento.
-No deis las cosas por seguras, aunque parezcan fáciles.
-Oído, camarada, y ahora... ¿salimos a probarlo?
Salieron todos al patio de luces para probar por enésima vez el dron, el Rojo no se cansaba de enredar y hacer una modificación tras otra; lo cierto es que su vuelo hipnotizaba, como el de una abeja.
-¡Lo vamos a amortizar en tiempo record! –exclamó Mario.
-Este jueguetito… nos va a sacar de varios apuros de aquí en adelante, y cuando le ponga el infrarrojo ¡ja!...
La voz del Rojo retumbaba como si nada en su tímpano mientras ella repasaba el plan por enésima vez mentalmente. Llegarían al campo vecino, acamparían, harían una fogata, carne a la brasa, pondrían música, uno de los cuarentones se acercaría para comprobar la situación, le dejarían curiosear todo lo que quisiera, se iría tranquilo, son solo unos muchachos que se divierten; esperarían a que se fuera, a que entrara de nuevo en la casa, a que se relajara con una copa y unos cuantos pitillos, luego, a la señal del petardo, se encaminarían al campo, Caesar a la furgoneta para ir al punto de encuentro, Horus a su puesto de vigilancia y el Rojo a su localización de control; una vez en la parcela adecuada volverían a tirar los petardos, los tipos saldrían al oírlos más cerca, Hades, Mario y ella echarían a correr por su campo, fingiendo que están borrachos, obligándoles a salir de la casa; entonces el Rojo, desde su puesto (ni muy alejado ni muy cercano a la casa), manejaría el dron hasta el interior para coger la pequeña caja fuerte donde tenían metido el hachís (los muy gilipollas habían cantado su escondite por whatsapp); cuando el Rojo diera la señal de abortar saldrían a correr como hijos de puta en diferentes direcciones hasta el punto de encuentro, donde se subirían a la furgoneta alquilada y se marcharían.
-¿Todo bien? –los abundantes rizos pelirrojos del Rojo le taparon gran parte de su campo visual a la vez que sentía el contacto de su mano en el antebrazo; ya llevaba en la frente su inconfundible pañuelo de guerra rojo.
-Sí, solo estaba repasando mentalmente el plan.
-No tienes de qué preocuparte –en aquel momento no supo descifrar el brillo de sus ojos, lo interpretó como simple emoción por el momento- también vigilo tu espalda.
-¿Aunque siga sin merecerlo?
-¡Eeeeey que hoy estoy de buenas! –su enorme pecho se abrió junto con sus alas y una inesperada sonrisa afloró en sus labios- confía en mí… no hagas caso de Hades, ya sabes cómo se ralla a veces… -se apoyó contra la pared y se encendió un pitillo.
Ella se mantuvo en silencio, recordaba que por aquellos entonces aún sentía cierta tensión cuando estaba con el Rojo, por mucho que hiciera ya un tiempo que las aguas se habían calmado del todo. La tensión era recíproca, podía sentirlo, pero no identificaba exactamente a qué se debía, simplemente la incomodaba; suponía que era por el tipo de relación que habían llevado, no se podía esperar que se olvidaran de todo y siguieran como si nada, aunque la mayoría del tiempo era así, en momentos como aquel la tensión manifestaba todas las evidencias por ellos.
-¡A la mierda!, no aguanto esto más y menos esta noche; esta tensión ¿eh? –hacía como si la cortase con un cuchillo, el pirsing de toro de su nariz se balanceaba al ritmo del movimiento- ¿a qué viene?, ya aclaramos las cosas ¿no?, estamos en paz, ¿es o no es?
-Es.
-¿Entonces por qué coño siempre que estoy contigo estoy tan incómodo? ¡Como si acabara de robar algo y el segurata me hubiera visto!
-Con esos pelos normal que te vean… -la broma sirvió para aligerar el momento, el capullo volvió a brillar y el humo a salir por su nariz, esta vez lentamente.
-No… en serio; no me gusta –la sinceridad que creyó interpretar en su tono le hizo alzar los ojos hasta los suyos, dos hojas color otoño flotando en un cielo lechoso cubierto de marihuana- me caes bien ¿vale? Simplemente fui un poco paranoico, se me fue la pinza, ya te lo dije… no te lo tomes tan en serio, sabes que estoy jodido… ¡el más jodido de todos estos cabrones! –gritó partiéndose el culo, dentro lo secundaron risas.
-Aún no me has pedido perdón sinceramente –ni siquiera lo había pensado, simplemente salió por su boca- y no dejas de presionarme con la mierda esa de que me gane el puesto, ¿así quieres que esté receptiva?
-¿Así que eso es lo que te pasa? –la colilla se estrelló entre chispas contra el suelo.
-Tú eres orgulloso y yo cabezona, ¿crees que puede tener solución? –se dio la vuelta para meterse dentro, pero él la sujetó por los dedos y se detuvo.
-¿Me perdonas por haber sido tan gilipollas contigo? –no apartó sus ojos de los suyos ni le soltó la mano; le aguantó la mirada pero se mantuvo serio.
-Sí… supongo que te perdono –suspiró al fin, soltando su mano; se cruzó de brazos.
-Respecto a lo otro… -se ajustó la cinta- no te sientas presionada, lo digo para tomarte el pelo… por lo menos las últimas cientos de veces. Demostrarás lo que tengas que demostrar cuando llegue el momento, como lo hicimos todos.
Las palabras, pese a haberlas estado esperando tanto tiempo, le sonaron vacías, no supo por qué así que volvió a mirarle y comprendió que aquellas respuestas no eran las adecuadas para liberar la tensión existente entre ambos; no había interpretado las cosas de forma correcta, se dio cuenta en cuanto volvió a mirar en sus ojos.
-¿Confías en mí?, ¿sí o no? Ahora.
-Ya te he dicho que sí…
-¿Sí o no?
-Sí, confío –se cruzó de brazos y volvió a reclinarse contra la pared.
¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Hace alrededor de 2 años

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G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 2 años

Cap. IV. Una nueva tripulación... y las siguientes hasta caja XXII también está allí.
Creo entender que has abierto este nuevo arco para insertar cajas que vía flashback engarcen mejor la acción entre la bronca del Rojo y Hades, y la relación con Mneme (amén de insertar alguna mención sobre el Maestro pues se indica que la ayudó y quió a encajar en el grupo pero no se especifica).
Como indicas en tu N.A. la trama principal está parada pero este arco narrativo te da la posibilidad de montar una historia paralela que puede complementar la trama general, o bien una paralela con inicio y fin. Es complejo ensamblarlo todo con armonía y equilibrio. Suerte y adelante, no lo dudes.

Gala_Sanchez_Montero
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 2 años

Muy complejo @G_Rurba, pero creo que será efectivo como lo tengo pensado. Lo que quiero es mostrar el contraste entre la antigua tripulación (en la que eran inexpertos, en la que estaban aprendiendo a organizarse, a colaborar, a defenderse... en la que, en definitiva, estaban aprendiendo a ser un grupo con un objetivo en contra de todo y de todos) y la nueva (en la que se supone que ya han aprendido todo eso y que lo van a aplicar de forma correcta, sin secretos, sin autoritarismo, sin riesgos...).
Luego a la vez el Rojo será el primero de los cadáveres sentimentales de Manish en su búsqueda de equilibrio, el equilibrio de esas dos partes que ella cree tener y que al parecer siempre están en conflicto.

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 2 años

Si hay trayectoria definida la trama sólo se alterará si los personajes lo desean. El Rojo cadáver sentimental de Manish... interensante, esperaré el deceso y la causa de su muerte.


#4

Fase A. El escándalo.
Acababan de llegar al campo vecino, Mario y Caesar montaban las tiendas, Hades hacía el fuego, el Rojo escondía los pertrechos, Horus se marchaba a su puesto de vigilancia y ella mientras tanto dibujaba el escenario de la pantomima. Carne para asar, sal, aceite, la parrilla, las pinzas, la bolsa para la basura, las hamacas y la mesa, neveras con la cerveza, algunas latas por ahí vacías, la música en el radiocasete con pilas, las luces portátiles… Cuando el tipo vino a hacer su ronda de inspección los vio disfrutando de una amena y cuantiosa barbacoa: la grasa de la panceta chisporroteaba en las brasas, los pinchitos se doraban lentamente, los choricillos dejaban caer su jugo y desparramaban su intenso olor por sus fosas nasales… en las manos tenían latas de cervezas, de fondo sonaba un mix de Glam Metal de los ochenta, Caesar daba las vueltas a las brochetas, Hades reía reclinado en su hamaca, el Mario sorbía la espuma de la cerveza…
-Se acerca por las seis; llegará en dos segundos.
El susurro de Horus se deslizó como una lágrima en sus oídos. El Rojo siguió contando su chiste imperturbable, rieron a carcajadas cuando acabó, se resistió a mirar en la dirección marcada a sus espaldas, el hombre apareció entre los árboles que cercaban el pequeño claro.
-¡Hola muy buenas!
-¡Joder qué susto compadre! –Hades se dio la vuelta en la silla para hablarle- ¿este campo es suyo? Un amigo nos habló de él y decía que…
-No, no, tranquilo muchacho… soy el dueño de la parcela de al lado, vi humo y me acerqué por si se estaba quemando algo; no viene mucha gente por aquí.
-¡¡Ya pensábamos que teníamos que levantar el chiringuito!! –exclamó el Rojo y el resto reímos con él- ¿no quiere sentarse a tomar algo?
-Hemos comprado más carne de la que nos vamos a comer –la lata se estrujó entre los dedos de Hades que la encestó en la bolsa de basura.
-No no, muchas gracias, ya me voy –miraba a su alrededor, apenas un leve giro de cabeza, pero lo pudo percibir entre las sombras- ¡que lo paséis bien!
-¡Que tenga una buena noche compadre!, ¡a su salud muchachos!
Estrellaron las latas con la de su capitán en el centro de la mesa entre risas y silbidos, la cerveza se desparramó, las voces se volvieron a alzar y se reactivó la jarana; el hombre se perdió entre los árboles al ritmo de sus risas y las historias turbias de Caesar, que había relevado al Rojo.
-Ya está chicos, entró en la parcela; informo si hay novedad.
Se comieron unos cuantos trozos de panceta, tampoco iban a desperdiciar esa comida por cuatro cuarentones; por mucho que comieran y muy pesadas que llevaras las tripas, seguro que corrían más que ellos. Bebieron unas cuantas cervezas más (menos el Rojo, las campañas de la DGT le sudaban la polla, pero pilotar un dron borracho le parecía la peor de las ideas), alimentaron el fuego, hicieron unos cuantos pogos y tiraron el petardo.
-Se ha asomado uno a la puerta. Vuelve dentro.
El Rojo roía la corteza de la panceta mientras cogía el maletín del dron del interior de una de las tiendas; Caesar comía sin prisa pero sin pausa el último bocata de choricillo, la piel se rompía y la grasa roja empapaba el pan; Mario aún bebía en la silla; ella y Hades recogían como si de un decorado se tratase.
-¿Preparados? –estaban en corro en el centro del claro totalmente despejado, salvo por el monovolumen de Caesar
-¡Sí, mi capitán! –exclamaron todos.
-¡Máscaras!
Se pusieron sus máscaras de saqueo, eran bragas con calaveras pintadas, cada uno había diseñado la suya propia; debajo de la braga se ponían un antifaz que completaba el dibujo y dificultaba distinguir la forma de los ojos. Cada uno la llevaba a su manera: Mario se ponía su bombín; ella y Horus preferían las capuchas negras de la sudadera; la máscara de Caesar era enteriza, al igual que la del Rojo (para ocultar su característico pelo), pero Caesar la llevaba sin más, con lo grande que era imponía de cojones, mientras que el Rojo se ataba siempre su pañuelo de guerra granate oscuro alrededor de la frente; Hades por su parte se cubría el pelo con un pañuelo pirata especial que él mismo había diseñado con la bandera de la tripulación, de tal forma que en la oscuridad parecía que su máscara era doble.
-Ya sabéis lo que tenéis que hacer muchachos, cuál es vuestro papel en esta aventura, ¡disfrutad como hijos de puta! –a su exclamación le siguieron vítores- No perdáis de vista a vuestros camaradas, el único tesoro que importa es este –los brazos de su capitán intentaron rodearlos a todos, juntaron sus cabezas- ¡ESTE grandísimos cabrones!
-¡Ahú!
-¡Ahú!
-¡Ahú!

Hace alrededor de 2 años

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#5

Caesar se montó en el monovolumen y se marchó por el camino de tierra con las luces apagadas, escondería ese coche para que Horus pudiese volver y cogería la furgoneta alquilada; el Rojo se fue por la derecha hacia su puesto de control, se perdió a los pocos segundos entre los árboles y la maleza, podía hacer ese camino con los ojos cerrados; Hades, Mario y ella se dirigían al campo vecino, Hades cargaba con la tabla de tirar petardos. Todo estaba saliendo según lo planeado.
-¿Horus se ve el polvo? -preguntaba Caesar por el pinganillo.
-No se llega a levantar.
Habían mojado el camino para que el polvo no se elevara al pasar; el humo de la hoguera seguía su escalada hasta el cielo nocturno a sus espaldas, “Shout at the devil” de Mötley Crüe sonaba en el radiocasete.
-¿Cómo están las cosas en la casa? –preguntó Hades.
-Todo bien.
-¿Rojo está ya en el puesto?
-Estoy, dame un momento para acomodarme.
-Oko, a tu señal. Preparaos –sus ojos verdes velados por las sombras del antifaz brillaban como esmeraldas en las profundas cuencas de la calavera; Hades no paraba quieto, casi podía ver la adrenalina, como nitrógeno líquido, estimulando cada una de las partes de su cerebro.
-¡Al abordaje camaradas!

Fase B. El abordaje
Las palabras y la risa lokiana del Rojo le provocó un escalofrío de placer que le recorrió la espina dorsal de arriba abajo, el corazón empezó a bombear como un loco tras el estruendo de los petardos, y sus piernas, que no paraban de temblar, dejaron de hacerlo cuando echó a correr detrás de Hades, gritando y riendo, con Mario intentando pillarla por detrás.
-Salen.
-¡No me vais a coger cabrones!, ¡no pienso bañarme en cerveza esta noche!
-¡Oh vaaaaaaaaaamos!, ¿nos vas a privar de esa delicia, niña?
-¡Estáis borrachos y no me vais a coger ni de coña!, ¿lo sabéis no?
Ellos estaban en la parte baja del campo, los tipos tenían que bajar una pequeña cuesta para ver qué pasaba; asomaron en la cúspide las dos figuras, ellos seguían corriendo (a ritmo prudencial para no cansarse), Mario y Hades intentaban cercarla para cogerla, pero ella los esquivaba con agilidad en el último momento.
-¡Eeeeeey! –gritaba uno de los hombres- ¡eeeeeey vosotros!, ¿qué es este escándalo?, tenéis que iros de aquí.
-¿Qué? –gritó Mario, había que obligarles a bajar más.
-Que os tenéis que ir –las sombras, perfiladas contra la poca luz que llegaba de la casa, se hacían más grandes y nítidas a medida que se acercaban.
-Big Brother está llegando –volvió a reír el Rojo en sus orejas.
-No, no, dejadme que el señor está hablando, ¿qué dice usted?
-Os tenéis que marchar de aquí, podéis estar en el otro campo pero no aquí –estaban ya muy cerca, pero no lo suficiente para distinguir que llevaban las máscaras; el susto sería aparente.
-¡Big Brother va a entrar, camaradas!
-¡Detente! –la orden inesperada de Horus en sus oídos tensó sus cuerpos al instante y paralizó su corazón; la sacudida de la ola no logró tumbarla, ahí estaba, el imprevisto de aquella misión- hay otro.
-¿Cómo que hay otro?
-¿Qué dices chico? -el tipo creía que le estaba hablando a él.
-Mi capitán hay otro, lleva una escopeta de caza; está revisando el perímetro.
-¡Aborta, Rojo!
-¿Pero qué dices chaval? –los pasos se detuvieron muy cerca.
-Se dirige a la posición de control, ¿Hades? -Horus y todos ellos esperaban la orden que confirmara el ataque o la retirada.
Pero antes de que su capitán pudiera responder, y de que los dos tipos pudieran hacer nada, se escabulló entre ellos, que saltaron del susto cuando vieron de cerca los ojos de la muerte.
-¡Mneme!!
Escuchó a Hades gritar su nombre, y también percibió la autoridad implícita en el tono, pero aún así no se detuvo; siguió corriendo, zampándose a zancadas aquella cuesta, la posición del Rojo quedaba enfrente a su derecha, aún no podía ver al otro tipo. A sus espaldas, Hades y Mario chuleaban a los dos tíos con la verborrea que tenían preparada, los dos tíos respondían exactamente como ella predijo.
-Definitivamente se dirige a la posición de control.
Escuchó un “mierda” y “me cago en la puta” del micro abierto de Hades y Mario, viraron la conversación hacia la pelea, ella seguía corriendo, ya veía al tipo con la escopeta al fondo, de espaldas a ella, con el arma en paralelo al cuerpo, directo a la posición del Rojo.
-Está lejos, pero lo puedo alcanzar –el barullo a sus espaldas era ya un murmullo.
-No, Mneme vuelve aquí ahora mismo; ¡y tú Rojo aborta, me cago en la puta!
-Imposible, Big Brother está dentro pero aún no ha acabado.
-¡Me importa una mierda! –el susurro era contenido, Mario sonaba de fondo a voces con los tíos- abortamos misión.
-Podemos hacerlo mi capitán, estoy cerca, no puedo hablar.
-¡Mneme!! –le costó ignorarle y a él no ponerse a gritar, el más leve ruido podría alertar al tipo con el arma.
Cambió de ritmo, dejó de esprintar y anduvo a paso ligero en silencio, detrás de él, aprovechando para esconderse donde podía, lo tenía a unos cuantos metros era imposible que la oyera o percibiera su presencia; el Rojo estaba camuflado justo enfrente de ella, la acababa de ver, concentrado como estaba en el manejo de Big Borther ni se había enterado de lo que había pasando con exactitud. Le hizo gestos para que se fuera, menos mal que estaba muy bien camuflado, el tipo no se pispó.
-Estate quieto –susurró.
El tío seguía andando, con la recortada paralela al cuerpo; calibró la situación, no sería muy difícil pasar corriendo, quitársela de las manos, y correr en dirección opuesta a la posición del Rojo. Por los sonidos que le llegaban por el canal abierto de Hades y Mario, estaban apurando el momento antes de la dispersión, notaba a Hades muy nervioso, tenía que ser rápida, rápida y silenciosa… como un tigre entre la hierba alta, tenía que ser precisa y eficaz, no podía cometer ningún fallo, agarrar mal la escopeta, tropezar, chocar con el tipo… significaría estar en una situación fuera de control; y no le gustaba no controlar la situación, y menos si eso implicaba poner al resto en peligro.
-Mneme me da tiempo, estate quieta –el susurro del Rojo era contenido- me da tiempo, ¡joder no te muevas de ahí, es demasiado peligroso!
Las pulsaciones le iban a mil por hora, sus piernas se tensaron, calculó a toda velocidad la distancia que tendría que recorrer hasta llegar al tipo, cuándo aminorar, y cuándo volver a esprintar.
-¡Piraos de ahí joder! ¡ahora! –la voz de Hades sonaba entrecortada, ya estaban corriendo en dirección al punto de encuentro; bien.
-Estate quieta, es peligroso… -coreaba el Rojo.
-Calla…
-... Mneme…
-... es mi momento, no me prives de él...
-... ¡me ha visto!, ¡está escuchando! -el tipo estaba inclinado, escudriñando en la vegetación donde estaba escondido su camarada.
No había acabado la frase y ya había salido a correr, su sombra agachada se fundía en la noche, la calavera se desplazaba a toda velocidad, dejando tras de sí la luz e internándose presurosa entre las sombras; el tipo aún no había percibido su presencia, seguía pendiente del sitio donde se escondía el Rojo, ya estaba cerca, aminoró, bajó un poco más su posición; el tigre acechaba. No había tiempo para pensar, no podía dejar que el tío levantara la escopeta, le sería imposible cogerla, cuando estuvo a pocos metros se irguió, el arma permanecía aún paralela, esprintó, y de un zarpazo la muerte aferró el arma justo cuando el tipo se daba la vuelta, le dio con la parte roma en la nariz, notó a Big Brother pasar volando a unos metros, la sangre cayendo, tenía que sacar algo de ventaja, volvió a esprintar, el tipo intentaba correr tras ella con la mano en la nariz, Big Brother aterrizó en las manos del Rojo, ella siguió su carrera, cuando pasó a su lado sus ojos se cruzaron, ¿estaba enfadado?, ¿qué coño le pasaba?, ¡había salido bien!
Siguió su carrera, tenía que llegar al punto de encuentro.

Hace alrededor de 2 años

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#6

No había aire suficiente en la tierra para llenar en aquellos momentos sus pulmones. Prácticamente se lanzó en los sillones de la furgoneta y se limitó a intentar seguir viviendo después de aquella tremenda carrera; la recibieron con vítores y gritos de “¡hurra Mneme!”, pero no escuchaba entre ellos las voces de Hades ni del Rojo. Tampoco sentía las piernas, por el tremendo esfuerzo que habían hecho y porque se habían librado de toda la tensión de la batalla; se limitaban a caer flácidas. Hades se las puso encima y comenzó a masajearlas en silencio, pero podía ver cómo sus mandíbulas mascaban la tensión. Caesar y Mario seguían aclamando y ensalzando su carrera y su valentía como si nada, ella se limitaba a aceptar con sonrisas sus alabanzas y a intentar averiguar qué narices pasaba con los otros dos. El Rojo permanecía en silencio en el asiento del copiloto, no le veía la cara, suspiró y le tendió una botella de agua, Hades se la arrebató con fuerza, la abrió y se la dio. Bebió como si acabara de descubrir el agua.
-¿Y a ti qué te pasa?
-¿Que qué me pasa?, ¡que eres subnormal!
-Chiiiicos… -aún no había recuperado del todo la capacidad de hablar y respirar al mismo tiempo.
-¿Subnormal por qué, gilipollas?, ¡hemos cumplido el objetivo!
-¡A costa de ponerle en riesgo a ella!
Su voz, proyectada con autoridad y con fuerza, silenció al instante el coche; tan solo se seguía escuchando el ruido acompasado del motor, su respiración acelerada y estaba segura que su corazón. No entendía nada, ¿qué cojones estaba pasando allí?
-¿En qué mierdas estabas pensando? , ¿eh?, ¿para ti qué coño significa la palabra “abortar”?
-Hades… -el capitán casi cortó a Mario con la mano.
-¿En qué pensabas? –pronunció cada palabra más lentamente que la anterior, intentaba contener la respiración y el cabreo.
-En cumplir la misión, no pensé que la situación llegaría tan al límite.
-No pensaste, no pensaste… ¡obedece! Cuando estamos en una misión se obedece, no se piensa, ¿cuántas veces te lo he dicho? ¡Joder! –estampó su puño en el asiento de Caesar, que se llegó a mover por el impulso.
-Lo siento, mi capitán –el Rojo también apretaba las mandíbulas y la miraba de reojo a ella, no sabría decir de qué forma.
-Y tú… -le aguantó estoicamente la mirada y se reincorporó- ¿a qué cojones vino eso, eh? ¿Él te dice que no vales y tú como una niña pequeña haces una gran heroicidad para impresionarle?...
-… te estás pasando Hades…
-…. ¡No! Los dos, los dos… os habéis puesto en peligro a vosotros mismos y al resto del grupo ¿Qué la misión ha salido bien?, cierto ¿Qué habéis asumido riesgos innecesarios y desobedecido a vuestro capitán?, también cierto ¿Qué se supone que hacemos ahora?, ¿eh? En la próxima misión volvéis a hacer lo que os da la gana y puede que entonces, si el tío no está lo suficientemente sordo, me acabéis dando la puta razón.
-¿Qué querías que hiciera?, ¿dejar que llegara hasta él?
-Sé que no es tu culpa –su mirada, inusualmente penetrante y dura, la hizo pequeña contra el sillón- ¿ves lo que ocurre cuando haces lo que te da la gana? –ni siquiera necesitó mirarle.
-¡Era mi momento Hades!
-¡No así! –otro puño en el asiento- ¡no por él!
Nadie volvió a abrir la boca en lo que restaba de viaje; el olor del hachís llegaba desde la parte trasera de la furgoneta, recordándoles durante todo el trayecto la banalidad por la que habían arriesgado sus vidas. Su capitán tenía razón, el Rojo tenía que haber abortado, y ella no tendría que haber tomado la iniciativa sin consultar antes; pero no era eso por lo que estaba molesta (por mucho que le jodiera su fallo), en realidad estaba cabreada porque Hades no solo no había valorado su actuación, sino que además la había malinterpretado, no sabía por qué extraño motivo. El trayecto de vuelta se le hizo interminable, en su cabeza las preguntas se concadenaban frenéticamente: ¿por qué Hades le había dicho aquello?, ¿qué cojones quería decir con ese reproche?, ¿en qué momento estúpido decidió que salir a correr detrás de un tío con escopeta era buena idea?, ¿por qué lo hizo?, ¿por qué el Rojo se cabreó después con ella?, ¿no era eso lo que no se cansaba de pedirle, que se implicara, que demostrara su compromiso con la tripulación?, ¿qué cojones había pasado aquella noche?, ¿qué mierdas estaba pasando dentro de aquel coche?, y ella… ¿por qué se seguía sintiendo tan viva a pesar de haber escuchado esas palabras de boca de Hades?
El Rojo seguía rumiando la rabia consigo mismo en el asiento del copiloto; Caesar conducía a su lado, permanecía absorto en la carretera; ella, Hades y Mario estaban en la siguiente fila de asientos, le había quitado las piernas de encima y él evitaba mirarla, hablar y casi respirar, estaba muy cabreado, Mario enredaba con el móvil.
La autovía se le hizo eterna, su monotonía llenó gota a gota el vaso de su paciencia; Hades seguía mirando por la ventana, de vez en cuando se mordía el lateral de la muñeca, solía hacer eso para calmar la rabia sin necesidad de pegar a alguien o algo. Se pusieron a coger los macutos en silencio al ir entrando en el barrio del local para salir de aquella jaula lo antes posible; Caesar aparcó en frente, descargaron, dejaron todas las cosas de por medio (ya las colocarían mañana), escondieron la caja fuerte con el hachís (ya la abrirían también mañana) cogieron sus respectivos medios de transporte y cada mochuelo se fue a su olivo. En teoría ella y Hades iban a irse juntos a su casa, pero estaba demasiado cabreada como para subirse con él en la moto, así que emprendió su camino hacia la Casa del Terror a regañadientes mientras Hades aún estaba chapando el local.
-¿No te esperas? –le gritó para que pudiera oírle con el sonido de la puerta metálica.
-No –se limitó a contestar ella, le intuyó correr hacia la moto, escuchó cómo la arrancaba y a los pocos segundos ronroneaba entre sus piernas justo a su lado.
-Sube.
-No.
-¿Vas a decir solo eso?
-No.
-Pufff, ¿encima te pones en este plan?
-¿Encima? –se paró, él puso los pies en el suelo.
-Vamos a mi casa y hablamos.
-Yo me voy a mi casa –recalcó el “mi”- y tú a la tuya; esta noche no estamos en condición de hablar.
-¿Para un día que tenemos la casa sola y te vas a ir porque no te apetece hablar ahora?
-No es porque no me apetezca, es porque no quiero hablar contigo ahora –reanudó la marcha- Te has comportado como un gilipollas.
-¿Yo he sido el que me he comportado como un gilipollas?, ¿en serio? –no obtuvo réplica- sube.
-No.
-Suuuuuuuuuube.
Le miró duramente a los ojos y sus ojos le devolvieron una mirada igual de dura, aquella noche habría sainete; se agarró a su cintura pero no dejó caer su cuerpo sobre el suyo como solía hacer, él respiró hondo y arrancó. La moto de 150cc se perdió al fondo de la avenida en pocos segundos, dejando tras de sí un tremendo estruendo.

Hace alrededor de 2 años

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#7

Hades vivía en un piso de protección oficial junto con su madre y sus dos hermanos; era un barrio obrero y con mucha población inmigrante, pero a ella le parecía un barrio muy auténtico, castizo y amigable. Allí se sentía como una más, le habían acogido como a tal. Llegaron a altas horas de la madrugada, así que no había ni un alma por la calle, ni siquiera los barrenderos, solo se escuchaba la moto circular por la maltrecha avenida que ni necesitaba badenes, con los baches no se podía ir a mucha velocidad. Aparcaron justo delante del edificio, él puso la cadena a la moto y entraron en el portal; era la única motocicleta aparcada en toda la calle pero no le pasaría nada, en aquel barrio veneraban a Hades
-¿Una cerveza? –la nevera hacía un ruido raro cuando estaba abierta.
-Mejor no.
-Pues yo sí.
El frigorífico se calló de un portazo. Una mesa, pegada a la pared, se interponía entre ellos; la cocina era muy estrecha, una encimera, dos baldosas y la mesa pegada a la pared de enfrente con dos sillas a ambos extremos; apenas un pasillo para pasar. Hades estaba al fondo, justo delante de la puerta de la terraza, donde tenían el lavadero, y al lado de la nevera; ella estaba a la entrada de la cocina, sentada en la encimera. Podía ver desde allí la rojez que sus dientes habían dejado en el lateral de sus muñecas, aún no se había quitado el pañuelo.
-¿Me vas a explicar qué cojones ha pasado esta noche?, ¿a qué se debe tanta heroicidad?, ¡tanta estupidez! Te has puesto en peligro innecesariamente, te podría haber pasado algo Manish, ¿y si hubieras tropezado?, ¿y si se te hubiera resbalado el arma?, ¿y si chocas mal con el tío?
-Tuve todo eso en cuenta, hice lo que me enseñaste… -se puso de pie y se fue acercando- entrenamos tarde sí y tarde también ¿para qué?, ¿para qué, si no es para luchar por tus camaradas cuando están en peligro? –había llegado hasta él, notaba su respiración fuerte en la cara, sus ojos seguían brillando con dureza- Solo hice lo que me enseñaste –recalcó, y él apartó la mirada con rabia- ¿por qué apartas la mirada?, ¿por qué no reconoces mi esfuerzo, capitán?
Se escabulló de sus pullas pasando entre ella y la mesa y se marchó a su cuarto dando fuertes zancadas (la cocina daba a un patio de vecinos); iba mascullando en voz baja, no había llegado aún a su puerta y ya había elevado el tono de voz.
-Que por qué aparto la mirada… ¿Qué por qué aparto la mirada?, ¡me cago en la puta Manish!, ¿te crees que estoy ciego?
-No sé a qué coño te estás refiriendo.
-Lo sabes perfectamente.
-Pues no, no lo sé.
-Tú y el Rojo –casi escupió la frase.
-Sigo sin saber qué quieres decir –el corazón le latía con fuerza, ¿qué se suponía que había hecho para que se enfadara así?- ¿estás así porque no te he consultado lo que pensaba hacer en la misión?, ¿crees que es para ponerte de esta forma?
Su respuesta le hizo respirar hondo, se quitó el pañuelo, lo tiró al suelo y se apartó el pelo sudado de la cara, luego comenzó a hablar sin parar y sin apartar los ojos de ella; no se había sentido tan confusa en la vida, el torrente de información que vertió en sus oídos la desbordó por completo, ni siquiera se había percatado hasta entonces de las cosas que decía. Cada palabra, cada sílaba se proyectaba de forma contundente en su mirada, una mirada que nunca había visto en él, la mirada implacable de un dios iracundo; estaba muy confusa y aquellos ojos le hacían sentir tan insignificante… Él se lo recriminaba todo como si fuera intencionado, pero le acababa de sacar de una tremenda ensoñación con aquellos reproches, ya ni siquiera los escuchaba… los recuerdos ahogaron la voz de Hades, y en ellos podía ver que tenía razón en todo lo que decía. El ruido que hizo el botellín de cerveza al estrellarse contra el suelo la devolvió a la realidad, Hades sudaba a borbotones y permanecía delante de ella, completamente erguido, con los puños cerrados y la mirada pequeña, parecía un vikingo, un verdadero vikingo dañado en lo más profundo de su orgullo tras una ardua batalla; un vikingo que reclamaba justicia a sus dioses.
-… ¿vas a decir algo?, ¿qué no tengo razón, quizás?
Seguía sin entender nada, miradas, sonrisas, abrazos… ¿cómo era posible que tantas cosas hubieran escapado a su control?, ¿no se habrían malinterpretado?, ella no era consciente de haber hecho ninguna de aquellas cosas intencionadamente, sí que recordaba los momentos que Hades había desembuchado dolorosamente, sin embargo en absoluto sintió en ellos lo que su compañero le recriminaba...
-Es el contexto Hades… –no se le ocurría otra cosa.
-… ¿el contexto?, ¿me estás tomando el pelo?... –iba de un lado para otro como un animal enjaulado.
-…escúchame…
-... ¡No! Yo sé lo que he visto, no voy a dejar que me enredes con tus giros dialécticos ni que me pintes las cosas de un color que no son -como vikingo que era se negaba a escuchar, solo era capaz de ver el enfrentamiento- No soy imbécil.
-¿He dicho eso alguna vez?, ¿quieres parar un momento y escucharme, o ya has dictado tu sentencia? –no dijo nada ni dejó de moverse, lo interpretó como un “sigue hablando antes de que me arrepienta”- No te voy a negar que he hecho esas cosas que dices, pero no tienes razón si crees que han sido intencionadas –bufó y tiró para la cocina a grandes y pesadas zancadas, fue detrás- no tienes razón porque yo no tengo ningún interés en el Rojo…
-… cualquiera lo diría…
-… pero él sí…
-… ¿no me digas?, ¿te has dado cuenta tú solita?... –la chapa cayó al suelo.
-… me di cuenta anoche antes de irnos, gilipollas…
-…claaaaaaaro…
-… Hades –se acercó a él y le aferró la cara con las dos manos, para asegurarse de que la miraba a los ojos- no he hecho intencionadamente esas cosas que has dicho, el contexto y la actitud del Rojo te han hecho malinterpretar la situación ¿Cuándo te he mentido?, ¿eh? –sus pelos se agitaron y le rozaron las mejillas cuando le acercó la frente a la suya- dime solo una vez…
-No puedo… -masculló.
-¿Por qué iba a ser diferente ahora?, ¿de verdad me crees tan tonta de cometer una estupidez así? –se separó de él y lo volvió a mirar a los ojos, se licuaban bajo el peso de los suyos- ¿de poner en riesgo el Proyecto?, ¿lo que tú y yo tenemos?, ¿lo que hemos tardado tanto tiempo en construir? –extendió la mano palma arriba delante de él; el siguiente paso era suyo.
Se quedó plantado enfrente, mirándola a ella y luego a la mano; el gesto sería determinante, tenía que aclarar cualquier duda antes de completarlo, pero las palabras no acudían a sus labios. La seguía mirando entre el pelo enmarañado, con los ojos líquidos como el agua, la piel pálida perlada en sudor, ahora era el vikingo que acudía a casa tras un duro saqueo y veía en la orilla, esperando su llegada, a su amante, a su prometida, su esposa, su madre, su camarada… o a todas ellas; el aire del norte agitaba sus cabelleras y la fría espuma del mar bañaba sus pies descalzos, la lana y el cuero de los vestidos se pegaba a sus cuerpos, insinuando las curvas que sin duda le acogerían en amoroso abrazo.
-¿Por qué saliste a correr?, ¿por qué me desobedeciste?
-Ignoré a mi capitán, no a ti.
-¿Por qué lo hiciste?
-Porque un camarada estaba en peligro, y yo podía salvarlo –la mano, blanca como la nieve y firme como el hielo, seguía suspendida en el aire.
Él la volvió a mirar, ya no respiraba fuerte, completó el gesto con un suspiro de rendición poniendo sus tres dedos, índice, corazón y anular, encima de la palma de su mano. Aquel gesto simbolizaba la paz en una antigua fábula que narraba la disputa entre unas gallinas y unos zorros; la pelea se zanjaba con ese símbolo, la pata del zorro y encima la de la gallina. Fue una de las primeras historias que les contó su Maestro y tomaron la tradición de adoptar el gesto de las gallinas y los zorros para firmar la paz cada vez que se ponía en duda la palabra del otro; entre ellos era un símbolo que garantizaba la veracidad de lo que se había contado, una especie de juramento. Estrechó sus dedos y él la atrajo hacia sí para abrazarla. Su olor penetrante, lejos de incomodarla la reconfortaba, hundió la cara en su cuello y se limitó a estar allí; allí se estaba bien, aún seguía sin entender nada, pero allí se estaba bien.
-Siento haberme puesto así, el Rojo me saca de mis casillas; siento haber dudado de ti... –le dio un beso, lento y largo- siento no haber valorado tu hazaña en su momento –la agarró por la cintura y la aferró fuertemente contra él- ni tu valía… -la volvió a besar, pero esta vez ella no quería ir lento- y sobre todo siento haberme enfadado así, en vez de celebrar tu momento –introdujo los dedos en su vagina.
Se dejó arrastrar hasta la encimera. No se quería separar de su boca, la maldita ropa le estorbaba, necesitaba sentirle cerca, tocar su cuerpo y olvidar en él la confusión que habían provocado sus palabras. Él necesitaba aferrarla, comprobar que seguía siendo suya, demostrar que el Rojo no tenía nada que hacer... hundía las manos en sus caderas, la agarraba con fuerza, no desfallecía y buscaba su boca si quería aliento. Sus manos, su piel, su pelo… ya no existía más para ella y él lo sabía, aún a ahorcajadas la llevó hasta la habitación, la tiró en el cama y lucharon por el control; él ya solo veía a la guerrera que hoy se había jugado la vida por un camarada, y la deseaba muchísimo, aún más que hace unos instantes; ella solo quería seguir provocando aquella mirada, sus ojos recorriendola de aquella forma, sentir el pelo erizado en su cuello con los labios cuando lo llevara al orgasmo.
-Siento todo lo que ha pasado… –estaba ya medio dormida entre sus brazos, los dos estaban exhaustos, todo el cansancio del día pareció explotar como una bomba cuando acabaron- le dejaré las cosas claras al Rojo si quieres.
-mmmm… -ronroneó, su pecho subía y bajaba de forma acompasada, el reino de los sueños le invitaba a pasar- no hace falta... no se puede castigar al hombre por admirar la belleza de los dioses.

Hace alrededor de 2 años

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#8

Habían quedado al día siguiente con el resto de la tripulación para colocar el local; la mañana fue igual de intensa que la noche, así que llegaron tarde. Hades retiró el brazo de sus hombros al entrar, pero permaneció a su lado sin apartar la vista del Rojo, que estaba esperando junto a los demás en la barra con una lata de cerveza entre las manos. Los ánimos estaban por los suelos, a pesar del botín que rezumaba un poco más allá encima de la mesa, casi la mitad hecho ya bellotas de diversos tamaños.
Hades era por lo general un capitán generoso, afable, despreocupado de carácter, pero firme cuando debía y siempre atento, implicado y entregado a su labor, tremendamente liberal y tolerante había pocas cosas que le molestaran realmente y sus detonantes eran por todos de sobra conocidos, por lo que simplemente se evitaba caer en ellos. Por eso normalmente no tenía motivos para cabrearse y el ambiente del local era… pues eso, el ambiente de un local; sin embargo, cuando por algún motivo el Capitán explotaba… la onda expansiva afectaba a toda la tripulación, y eso él lo sabía. Era precisamente ese carácter que tenía como Capitán y la atmósfera tan estrecha de confianza y lealtad que generaba entorno a su figura la que le hacía conectar con la gente hasta un nivel muy profundo, por eso cuando alguien decepcionaba a Hades podía llegar a sentirse realmente mal, y eso se extrapolaba a toda la tripulación, que hacía piña con el fallo ajeno.
La cosa nunca quedaba entre dos si afectaba a la tripulación, todo se ponía encima de la mesa, las emociones no se ocultaban y las palabras no se retenían, todo quedaba de manifiesto y, en ese manifiesto, el juez era Hades. Esta vez todo el mundo sabía que tenía razón, y quizás por eso los ánimos estaban tan alicaídos, estaba claro que su Capitán no contemplaba haber “triunfado” en la misión, por mucho que apestara el hachís. El Rojo, como es lógico, estaba más alicaído de la cuenta, sus tremendas ojeras daban fe de que no había dormido en toda la noche y la caja fuerte de par en par y las bellotas sobre la mesa le indicaban que tenía la cabeza turbada; sabía que acudía a trabajos mecánicos o tareas sencillas para despejar la mente y poder pensar con claridad, por eso en parte era tan buen inventor.
-A la Cubierta.
En procesión, casi fúnebre por el silencio, se levantaron y se deslizaron por la sala y el patio de luces; atravesaron la puerta de hierro que quedaba a la izquierda y se fueron sentando uno a uno alrededor de la mesa redonda en el sitio que les correspondía, el último en entrar y sentarse fue el Rojo, que buscaba los ojos de su Capitán sin encontrarlos.
Llamaban a aquella sala “La Cubierta” por la mesa, una mesa redonda que la presidía y les daba cabida a todos en igualdad de condiciones. Estaba hecha con la madera de la cubierta de un viejo barco pesquero asturiano, llevaba con ellos desde que okuparon el local; la trajo Caesar ese mismo verano, hecha tablas, y la fabricó en apenas un mes. Aquella mesa era ya un símbolo para ellos, simbolizaba su camaradería y sus ansias de libertad, en aquella mesa todas las decisiones que se tomaban eran para perpetuar ese afán, para dar cobijo a los sueños que se perdían tan lejos del mar. Su madera era anciana y oscura debido a la brea, estaba llena de vetas y heridas y el tacto reiterado había pulido su superficie, sin embargo, su olor seguía evocando al mar, la sal, el viento, los gritos de los pescadores, el rugido de las olas, el frío en alta mar… Por eso era tan especial estar allí, porque estaban tocando con sus manos la misma madera que otros tocaron con sus pies, la misma madera donde estallaban las olas que zarandeaban su equilibrio, aquel material había permeabilizado la ira de Poseidón y había recogido el sudor de las frentes de los marineros que, día tras día, lo desafiaban por el mero hecho de existir y tener que alimentarse. Esa fuerza, ese coraje… era a lo que Hades siempre apelaba cuando estaban sentados alrededor de la Cubierta; aquella mesa les daba la fuerza y les inspiraba la voluntad necesaria para enfrentarse a cualquier enemigo, como quiera que fuese, independientemente de su tamaño, número o ferocidad… Sin embargo todo ello dependía de un hilo muy fino y endeble pero, gracias a su Capitán, también muy elástico y resistente: su capacidad de colaboración… Para que la colaboración funcionase lo primero que tenía que haber era sinceridad, confianza y respeto, esas eran las líneas rojas de Hades, las líneas rojas de la tripulación y los verdaderos límites de aquella mesa.
Todo el mundo lo sabía.
A Ella aún le parecía sentir el brazo de Hades sobre los hombros, se sentaba a su izquierda, el Rojo a su derecha, Hades aún no se había dignado a mirarle a los ojos pese a que el pobre diablo los llevaba buscando desde que entró en el local; los buscó también ella, pero los ojos verdes de su Capitán estaban ya muy lejos de allí. Todos estaban sentados, esperando a que empezara a hablar, supuso que estaría pensando la forma más adecuada de hacerlo, también supuso que le sería difícil abordar el tema, después de todo el conflicto del día anterior tenía raíces en lo personal y en aquella mesa no se trataban temas personales, solo los que atañían a la tripulación; lo personal se quedaba de puertas para afuera, y nunca había sido tan importante como para tener que llevarlo a la mesa, normalmente el asunto del ring, situado en el almacén para estos menesteres y para entrenar, no pasaba.
-Tenemos que aclarar lo que pasó ayer. Pero antes de eso… quiero pediros disculpas por cómo me puse en el coche… –detuvo su mirada en Mario y Caesar, ignoró deliberadamente al Rojo- no era el lugar ni el momento… pero ahora sí que lo es si tenéis algo que decir al respecto -todos los que estuvieron en el coche sabían perfectamente por qué hecho concreto estaba pidiendo perdón su Capitán, Horus lo sabría de oídas, como siempre- ¿Nada?
-No, mi Capitán –contestó Caesar- todo bien.
-Todo bien –secundó Mario; Hades levantó enérgicamente el brazo para acallar al Rojo, que ya iba a abrir la boca.
-Antes de que digas nada recuerda lo que es apropiado para esta mesa, como lo han hecho ellos –el Rojo se volvió a hacer pequeño en su silla- Bien… entonces hablemos de lo que pasó anoche. Creo que será más fácil empezar contigo, Mneme. Anoche fuiste impulsiva y temeraria, ni siquiera esperaste a que confirmara o pronunciara otra orden…
-…quería ver primero la situa…
-… Mneme –enmudeció ante la mirada firme de su Capitán- fuiste impulsiva y temeraria, ni siquiera me dejaste pensar si era adecuado ir a ver la situación o abortar directamente, saliste a correr sin más, con ello prendiste la mecha del resto del plan que ya era imposible de parar, sin contar con el hecho de que no sabías qué te encontrarías al subir la pendiente –calló por si quería añadir algo pero ella se mantuvo en silencio, después de todo tenía razón- De todas formas entiendo que tu “impulso” fue en defensa de un camarada que estaba claramente –recalcó- en peligro y que además se mostraba obstinado en abandonar…
-…¿cuál es mi castigo? –interrumpió antes de que se empezara a cebar con el Rojo.
-No será un castigo, será una sanción; no creo que tenga que castigar tu heroicidad, pero sí tu temeridad, deberías haber esperado a tener órdenes precisas. Había pensando en…
-… necesito ayuda en el taller con el Bólido –se pronunció Caesar- no me vendrían mal dos manos más.
-Había pensado en destinarla a comunicaciones… pero me vale –concedió Hades- ¿estás de acuerdo?
-Sí, mi Capitán.
-¿Quieres añadir algo?
-Solo que… lo siento por lo ocurrido, por haberos puesto en peligro –pudo ver cómo el Rojo apretaba sus mandíbulas en la penumbra de su posición- sé que estuvieron mal las formas… pero lo volvería a hacer, aunque no del mismo modo eso me ha quedado claro.
-Tú no los pusiste en peligro –apoyó los poderosos antebrazos en la mesa, su espalda se desplegó y su cabellera se iluminó a la tenue luz de la bombilla- fui yo, solo hiciste lo que debías cuando no debías.
-¿No necesitabas mi ayuda? ¿en serio? Te recuerdo escondido a menos de medio metro de un tipo con una escopeta más grande que mi brazo.
-Me las habría apañado sin necesidad de que intervinieras, solo digo eso…
-… ya tú es que dices y haces muchas cosas ¿verdad?... –no pudo evitar que de sus palabras se desprendiera cierto retintín preñado de rencor.
-…Callad…
-… no sé a qué te refieres…
-… ¿ahora eres Sócrates?...
-… callad…
-… yo no quería que salieras a correr así…
-… Mneme, Rojo…
-…claaaaro, porque tú eres un machote y lo puedes todo…
-… no es por eso… -se mordía las palabras.
-… ¿entonces por qué no? ¿eh?, ¿por qué no Rojo?
-¡CALLAD! –el fuerte golpe del Capitán en la mesa les hizo retroceder en sus sillas, habían llegado a un terreno límite que no atañía a la jurisdicción de aquella mesa- callaos ahora mismo. No estamos aquí para juzgar el por qué de la acción, sino la acción, igual que he hecho contigo Mneme; el motivo… -los músculos del cuello se le tensaron, pero evitó mirar hacia el Rojo, mantuvo la vista al frente- el motivo es otro asunto que no tiene lugar en esta mesa. Así que, por favor, centrémonos en lo que pasó anoche.

Hace alrededor de 2 años

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#9

Estuvieron en la Cubierta casi dos horas más a partir de ese momento, el Rojo no fue tan estúpido de mantenerse en una postura indefendible pero tampoco se puede decir que capeara el temporal sin hacer ruido, aunque acabó agachando las orejas y aceptando el castigo estoicamente. La postura del Rojo en el resto de la reunión se había limitado a encajar todos los golpes, aguantar que más que menos los reproches y mantener su mirada lejos de ella; su mirada, su atención, su actitud… básicamente hacía como si no estuviera allí. Y eso le cabreaba muchísimo. Había tenido una bronca horrible con Hades por salir a correr en su ayuda, una ayuda que, por supuesto, quedó claro en la Cubierta que no necesitaba, que era totalmente prescindible… Si no hubiera intervenido, ahora mismo estaría en el hospital con un agujero en la pierna como mínimo y todos los demás con una buena palera, pero en su versión de los hechos ella era la temeraria y él el sangre fría; todo el mundo sabía de qué pata cojeaba el Rojo por lo que no le sirvió de mucho su discurso. Al final acabó pidiendo disculpas sinceras por su temeridad, aunque Hades no le logró sacar el reconocimiento que ella merecía por su parte, le tuvo toda la reunión muy contra las cuerdas, así que al final dejó que ganara su cabezonería en ese punto más por hartazgo que por verdadera concesión.
-He pensado un castigo apropiado –fue el único momento en el que Hades se dignó a mirarle por fin; su cuello seguía tenso, en realidad la tensión en él no había desaparecido en ningún momento desde que entró por la puerta, aunque el castigo era por el riesgo en el que había puesto a la tripulación la dureza de su mirada y aquella tensión inusual parecían dejar claro que esta vez la metedura de pata del Rojo había tocado un límite personal que no estaba dispuesto a consentir- ya que te has jugado tu vida y la nuestra por esa puta mierda que apesta encima de la mesa… tú vas a ser el encargado de pesarla y venderla en menos de dos meses porque…
-… ¿Dos meses?? ¿has visto la de mierda que hay?... -el capitán alzó la mano y calló al instante.
-No tanta como la que casi dejas a nuestra puerta… -su mirada fue tan fulminante como lo había sido su gesto- necesito que lo hagas en dos meses porque además de eso te encargarás en exclusiva de las guardias del siguiente golpe… –de nuevo iba a protestar pero otro gesto igual de firme que el anterior lo achantó en la silla - de todas las guardias, me da igual cómo lo hagas ¿No te bastas tú solo? pues apáñatelas como veas pero quiero resultados cuando te pregunte. Como puedes apreciar tendrás muuuuucho tiempo para pensar…
-….¿Lo que quieres es que esté solo? –interrumpió por fin con cierto retintín que ninguno alcanzó a comprender- pues lo estaré mi Capitán, si es eso lo que quieres…
-No quiero que estés solo –le miraba fijamente a los ojos, ¿con otro cariz?- quiero que estés contigo mismo, que disfrutes de la experiencia.
-Ya…
-Tendrás tiempo para pensar –zanjó y devolvió la mirada al resto de la tripulación- ¿Votamos?, es un castigo, así que tiene que ser unánime.
El Rojo se irguió en la silla y cuadró los hombros aún con los ojos, rendidos, puestos en la Cubierta; Hades levantó su mano, luego Mario, Caesar, Horus y ahora ella, que era la encargada de cerrar el círculo. Hades mantenía la vista al frente y el Rojo le seguía rehuyendo el contacto visual desde el encontronazo al inicio de la conversación; si se le había pasado por la cabeza no ser tan dura con él, ese orgullo absurdo que demostraba le hizo descartar inmediatamente la idea, eso y el recuerdo fugaz de su mirada de reproche cuando pasó junto a él huyendo del tipo de la escopeta. Levantó la mano y salió de la sala; la siguieron los demás en estricto silencio, percibió que Hades tardaba más en levantarse, ya estaba fuera de la sala cuando escuchó que le decía al Rojo.
-Por cierto… cuando quieras puedes hablar conmigo de lo otro.
-¿Qué otro?
La única respuesta que vio de Hades, ya en la puerta de la Cubierta, fue su media sonrisa que esta vez le congeló la sangre, como seguro había hecho con la del Rojo. Salió del local y se dirigió a la moto con un semblante que no sabría calificar; el pelirrojo permaneció durante un rato tenso y abstraído en la oscuridad de su silla, con la mirada de nuevo clavada en la mesa y la presión de los dientes cuadrando su mandíbula.
Se pusieron a colocar los trastos del día anterior en silencio, las votaciones unánimes como aquella eran muy raras en la tripulación y siempre acarreaban problemas. Al rato el Rojo pasó como una exhalación entre Caesar y ella, que estaban sacando las cosas de los bolsos, y se dirigió hacia la puerta del local con paso pesado y decidido; allí seguía Hades fumándose un pitillo sentado en la moto al pie de la carretera. Desde donde estaba no podía escucharlos con claridad, pero estaban discutiendo, Hades seguramente le estaría diciendo que no era el momento, pero al Rojo eso le traía sin cuidado, cuando tenía algo encima tenía que soltarlo. Hizo ademán de acercarse, pero Caesar la detuvo del brazo.
-Sabes que es por mi culpa…
-¿Has faltado a la confianza de alguno de los dos? –pocas veces había visto a Caesar tan serio, normalmente era el que solía aliviar la carga en momentos como ese con sus típicos chistes de humor negro.
-No –musitó.
-Entonces es cosa de ellos –le guiñó un ojo- tienes que dejar que lo arreglen, si te metes en medio será peor.
Mientras ellos hablaban los otros dos ya habían superado el umbral de las voces y los espavientos y alcanzaban el clímax de tensión necesaria para soltar algún que otro golpe.
-¿Y esto es para ellos arreglar las cosas? Le está diciendo que le pegue, quiere ir al ring… –Caesar sonrió sin dejar de sacar cosas del bolso- esta situación es una soberana gilipollez… ¿así lo tienen que arreglar todo siempre?
-Ellos funcionan así, ya sabes, la paliza de la reconciliación… pero creo que Hades aún no está dispuesto a ceder en eso.
-¿A qué te refieres?
-A eso –señaló con la cabeza.
El Rojo cada vez estaba más alterado, Hades sin embargo parecía estar concentrándose para no partirle la cara, se le escapaban voces, apretaba los puños e incluso hacía ademán de levantarse, pero permaneció sentado en la moto mientras que el pelirrojo se movía de un lado para otro como un Shith enjaulado. Entonces el Rojo emperchó con rabia un largo monólogo que podía ver cómo crispaba cada vez más los puños de su Capitán, que se levantó de la moto como un resorte para encararle; ese monólogo estaba clamando sangre, la sangre siempre parecía tranquilizar a los hombres… pero Hades no estaba dispuesto a darle esa satisfacción tan pronto, supo frenar su rabia, se mordía la muñeca justo como la noche anterior aunque parecía estar susurrándole algo al Rojo, se alejó lentamente de él sin apartar sus ojos de los suyos y solo le dio la espalda cuando se montó en la moto para arrancar e irse entre el enorme estruendo de 125cc. El Rojo se lió a patadas con las cajas de cerveza y los bidones que había apilados en la entrada mientras se cagaba en todo lo que un ser humano podría cagarse, profano o divino. Sus ojos se cruzaron durante un breve instante, el suficiente para que tomara conciencia de dónde estaba, por si lo había olvidado. Dio una patada más, la que confirmaba por su potencia que se había dado cuenta de que la acababa de cagar otra vez, cruzó rápidamente la explanada de la entrada, evitando por supuesto pasar cerca de ella, cogió su chupa, su zippo y su paquete de cigarrillos de liar de la barra y se piró; sin mirar a nadie más ni decir nada, aún mascando su rabia y sus meteduras de pata. Cruzó la esquina y desapareció.
-¿Creéis que ha sido una buena idea dejarle con toda esa rabia dentro? –masculló el Mario a sus espaldas-
-La puede seguir cagando indefinidamente esta noche –suspiró- yo no puedo ir detrás de él… ¿os importaría…?
-Tranquila… -susurró Horus, siempre parecía que se generaba de la nada, no lograba acostumbrarse a su discreta presencia- yo me ocupo.
-Gracias… y supongo que aparte de quedarme al margen poco puedo hacer ¿no?
-De momento será lo mejor; deja que se templen los ánimos.
-¿Con estos dos? –Mario le había quitado la expresión de la boca.
-Son orgullosos, pero esto puede afectar a la tripulación, así que no creo que Hades permita que esta tontería llegue más lejos y el Rojo… con el castigo que le han puesto tendrá tiempo de pensar qué le conviene más, ¿no creéis?
-Puede… -aunque no estaba muy segura de ello, ni mucho menos de si lo que convenía al Rojo era lo mismo que convenía al resto de la tripulación.

Hace alrededor de 2 años

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#10

Los días siguientes fueron raros, raros de cojones. El problema no se había solucionado (es decir, aún no había corrido la sangre), por lo que el ambiente del local seguía tenso y enrarecido, sobre todo los primeros días hasta que el Rojo acabó de hacer las bellotas. Luego pasaba la mayor parte del tiempo pateando las calles y solo portaba por el local para coger más material y esfumarse en silencio de nuevo. Hades ante todo se mostraba como si nada, como si por su parte todo estuviera ya dicho, sin embargo, le conocía lo suficiente como para saber que estaba rumiando algo.
En el local se esforzaba por parecer como de costumbre, el Capitán atento a todo, siempre de un lado para otro, de cachondeo con este y con aquel… pero no podía disimular a todas horas y por aquellos entonces pasaban muchas horas juntos; ya fuera con el Maestro o de camino a casa de vez en cuando le pillaba absorto, distraído o perdido en la conversación. Lo raro es que él sabía perfectamente que se había dado cuenta de que algo le pasaba y aún así no había abierto la boca, cuando lo normal era que desembuchara a la primera de cambio todo lo que tuviera que desembuchar. Esa situación le recordó al inicio de su relación cuando los dos sabían que se gustaban, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso; aquello era igual, solo que había un tercero en discordia, un Voldemort que nadie se atrevía a nombrar. Ella consideraba que había quedado lo suficientemente clara su postura en la discusión, al parecer no había sido así, pero si Hades tenía alguna duda de su palabra… que la dijera, llevaban tres años juntos, ¿acaso no tenía la confianza suficiente para manifestar sus dudas? ¿para preguntar sin temor? Si vacilaba era porque rumiaba algo más, Hades era una persona segura por definición, si dudaba y tenía miedo solo podía ser por dos cosas: ella o la tripulación; apostaba a que en aquella ocasión eran las dos.
Decidió darle tiempo para pensar, entendía la carga que llevaba sobre los hombros, que en aquel “conflicto” habían chocado dos terrenos que normalmente estaban muy bien delimitados; mientras tanto se ocupó en silencio de las tareas que Caesar le encomendaba, intentando dilucidar lo que narices estaba pasando allí.
-¿Cuánto crees que seguirán así?
-No es una cuestión para solucionarla en un par de días… pásame el otro sillón que lo dejamos ya puesto para mañana–fue a por el sillón del Bólido (un Citroen ax GT sport que Caesar estaba preparando para competir), los habían traído a primera hora de la tarde de la tapicería, cuero rojo y negro, a Caesar le gustaban las cosas bien hechas- El Rojo necesita más tiempo para digerir las cosas y… la verdad, nunca había visto a Hades tan cabreado con él.
-Deberían hablarlo en vez de ignorarse.
-Aún no sabrán qué decir.
No se acostumbraban a verlos a cada uno por su lado, en el día a día del local ellos dos casi siempre estaban juntos, si buscabas a uno solo tenías que encontrar al otro; pero ahora incluso evitaban coincidir y si lo hacían se ignoraban por completo, como si el otro no estuviera allí. El Rojo no estaba mucho mejor que su capitán, Hades por lo menos intentaba fingir que estaba bien, al pelirrojo se le veía claramente cansado, sus ojeras no desaparecían, y aunque se esforzaba por entrar con el semblante imperturbable, si le mirabas a los ojos encontrabas todo lo contrario, una turbación fuera de lo normal en una mirada que normalmente era puro fuego y determinación. Entraba y salía y no hablaba con nadie, al segundo día acudió con la cara partida, le habían dado una buena tunda, no quiso contar nada de lo que le había pasado, tan solo decía que eran asuntos suyos; ya al cuarto día por lo menos saludaba a Caesar, al Mario y a Horus, pero Hades y ella al parecer seguían sin ser dignos de su atención. Hades, lo dicho, pasaba olímpicamente o fingía pasar, pero ella… ella podía ver el desgaste de ambos día a día, el Rojo ya aparecía pálido por la puerta, no podía evitar mirar a Hades cuando él no se percataba, luego volvía a hundir la mirada en el suelo, apretaba las mandíbulas y se iba por donde había venido; Hades por su parte los primeros días logró mantener el tipo, pero cada vez pasaba más tiempo a solas en la Cubierta; y a ella con cada día que pasaba se le hinchaban más las narices por aquella absurda pelea de machitos orgullosos. Por un lado no podía evitar que la mirada turbada del Rojo la turbara a ella también, pero no podía olvidar la espina que seguía teniendo clavada con el pelirrojo que ni siquiera le había dado las gracias como si lo que había hecho estuviera mal…. si no había ido a hablar con él era más por eso que por lo que pudiera pensar Hades; por otro lado, la introspección para nada habitual de Hades cada vez le mosqueaba más, eso de que se encerrara a solas en la Cubierta seguro que no traería nada bueno.
-¿Tenéis pensado arreglar esto alguna vez? –le había preguntado a Hades, y la misma pregunta al Rojo, los dos le habían respondido con el mismo silencio.
Se consideraba una persona con paciencia pero llegó el duodécimo día y la situación seguía igual, pensaba que tanto Hades como su Capitán actuarían como tales, pero esperaba y esperaba y allí no pasaba nada. El Rojo entraba y salía y Hades le ignoraba, el grupo estaba diseminado en trocitos; Caesar, Mario y Horus habían intentado hablar con ambos y se habían topado con un muro de infinito orgullo de grosor; ella se sabía la fuente del conflicto y aún se sentía demasiado implicada como para intervenir, pero al trigésimo día cuando llegó al local y vio exactamente la misma escena, como en bucle, de los días anteriores… no lo pudo soportar más, cogió a Hades por la pechera y lo casi arrastró a la Cubirta, lo sentó en su silla y lo abordó:
-Esta mierda que os traéis se acaba hoy, y es una orden –Caesar, el Mario y Horus les habían seguido, estaban en la puerta- es una puta orden dado que nuestro Capitán y nuestro segundo al mando están pasando por un momento de enajenación transitoria… -sus ojos verdes se clavaban abatidos en ella- ¿has entendido la orden camarada?
-Sí… pero antes de solucionar esa mierda… tengo que hablar contigo.
Un susurro de Horus y los demás se esfumaron de la puerta, ella la cerró y se sentó en su silla; había estado esperando aquella conversación, pero nunca habría imaginado que sucedería en aquella sala; si Hades no había aguantado el tipo aquel día hasta llegar a casa era porque ya estaba cansado, muy cansado…
-¿Qué pasa Hades?
-Que estoy hecho un lío joder... –se enmarañó el pelo tanto como lo estaban sus ideas, fue a colocárselo pero se reincorporó en la silla- hay tres cosas de las que nunca he dudado: mi familia, mi tripulación y tú… y ahora todo se va a la mierda.
-Hablas como si ya hubiera pasado algo.
-Pasará –casi espetó- le conozco a él… y te conozco a ti.
-Yo nunca…
-… no es eso…
-… entonces qué es, habla claro.
-Son ralladas mías… -se levantó, rodeó la silla, suspiró inclinado sobre el respaldo.
-Pues vamos a dejar que sigan afectando a la tripulación a ver en qué acaba esto –se irguió y apretó los párpados con fuerza.
-Igual que tú me conoces a mí y sabes más o menos lo que se me ha estado pasando estos días por la cabeza, yo te conozco a ti y me dices que no ha pasado nada y yo te creo pero… ¿tu curiosidad va a permitir que siga sin pasar nada?
-He reprimido mi curiosidad –recalcó la última palabra, ya habían hablado alguna que otra vez sobre esa “curiosidad”- en suficientes ocasiones como para saber que el Rojo no será una excepción. Si aún así mi curiosidad te inquieta… ¿por qué no ponemos las cartas sobre la mesa? –le pilló completamente por sorpresa el giro, lo pudo ver en sus ojos, si él había estado dándole al coco durante estos días ella le había dado aún más.
-¿A qué te refieres? –ella también se levantó de la silla.
-A que estoy hasta las narices de esta pelea de gallos de corral; ya has tenido celos antes, pero no como ahora… y me he preguntado por qué ahora es distinto ¿qué hay de especial? Y me he puesto a recordar viejos momentos hasta que he caído en la cuenta de que si en aquellas ocasiones se te acababan pasando los celos no era porque realmente confiaras en mí, sino porque sabías que ellos no eran “rivales” para ti.
-¿Lo estás diciendo en serio?
-Tanto como tú lo de la curiosidad ¿me dejas acabar? –él se puso a abrir un surco en el suelo de aquí para allá por respuesta- Ahora parece que te has encontrado con un gallo, no sé si dispuesto a pelear y por eso la bronca del otro día, o simplemente un gallo muy interesado con unas plumas muy brillantes y bonitas como las de un pavo real…
-…Manish…
-No he acabado… -se levantó- dime: ¿decides confiar en mí y en lo que tenemos o prefieres seguir rayándote la cabeza?; si no puedes confiar en mi… a las alturas a las que estamos… creo que tenemos un serio problema que no solo nos afecta a nosotros y a esta tripulación –se paró en seco-, sino también a lo que tú y yo queremos construir…
-¿Qué tiene que ver el Proyecto en esto?

Hace alrededor de 2 años

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#11

-¡Todo! –dio un golpe en la mesa- Todo joder… el Proyecto se reduce a nosotros y a nuestra confianza, esa confianza que creí que existía pero que hace trece días que no veo por ninguna parte… Quiero que pienses sobre esto –lo acalló con un gesto- quiero que lo pienses bien, y quiero que te quede clara una cosa… yo no soy tuya Hades, ya te lo dije hace unos años, y en el hipotético caso de que me fuera con el Rojo como no has parado de cavilar esta semana… tampoco sería de él. Lo único –ahora estaban muy cerca, él la miraba como aturdido- lo único que tú posees de mí es lo que siento por ti y lo que solo tú y yo compartimos, si eso no te basta… tenemos un problema porque para mí si basta… Yo confío en ti… y no he dudado nunca de lo que sientes por mi, aunque te hubieras acostado con todas las tías de esta ciudad seguiría confiando en lo que tenemos, para mí es algo real y evidente que siempre va a estar ahí sea de la forma que sea... Pero tú… tú pareces tener de repente, o a lo mejor es que me he dado cuenta ahora… una extraña idea de que solo soy tuya…
-No es así…
-Pues es lo que demuestras con tu puta actitud.
-Pues no es así…
-¿Seguro?
-Confío en lo que tenemos.
-No, no lo haces; porque si lo hicieras, no tendrías miedo de perderme… -los ojos se le humedecieron.
-Confío en lo que tenemos.
-¿Entonces por qué dudas? –él se mordió el labio.
-Te hizo sentir viva… Lo sé -ahora fue a ella a quien aplastaron las palabras- Te has fijado en otros tíos, es normal, joder, yo también me fijo en otras tías, eso me da igual, sé que esa gente ni siquiera podría entender lo que tú y yo compartimos como para ponerlo en peligro… pero el Rojo… solo yo te había hecho sentir así… –su mirada verde se cayó líquida y triste ante ella- Cuando saliste a correr, cada vez que me ignorabas, cada zancada que dabas… corrías detrás de él Manish, no para salvarle -el corazón se le cerró en la boca del estómago- ¡maldita sea! ¡el Rojo soy yo hace tan solo unos años! Esa curiosidad tuya… sé que nuestra relación no será así siempre, ya lo hemos hablado y te di mi palabra, pero… yo tan solo te pido que no sea porque el Rojo ha entrado en escena.
Los dos se sentaron, él abatido, ella aguantando el tipo como podía; por fin habían hablado claro, no estaba tan turbado ni tan confuso como había parecido al inicio de la conversación, al revés… lo había pensado todo muy bien, y al parecer ella no tanto. De nuevo Hades había demostrado bastante más empatía que ella, y sus ojos sufrían, él había llegado al fondo del problema y ella de nuevo se había quedado en la superficie.
-Él… llama mi curiosidad y sí… es cierto que me hizo sentir viva pero… ¿de qué manera Hades?, ¿de verdad piensas que eso es lo que quiero para mí?, ¿un huracán que destroce mi vida cada dos segundos?
-Un huracán muy magnético.
-Que al fin y al cabo solo sabe destruir–se dieron la mano, luego las entrelazaron y juntaron sus frentes- si te elegí a ti y no he necesitado a nadie más en este tiempo… es porque tengo todo cuanto quiero, todo cuanto necesito.
-¿Y estás segura de que no necesitas a nadie más? Hay cosas Manish… hay cosas que sé que no comprendo de ti, hay cosas en las que no sé por qué pero siempre he tenido la sensación de que no podía ayudarte…
-… y crees que son precisamente esas cosas las que el Rojo sí entendería.
-Puede…
-Pues no lo sé Hades, no sé si será el Rojo o será otro tío u otra tía que me encuentre dentro de 15 años… lo que sí que sé es que eso no cambiará en nada lo que tú y yo tenemos.
-No podría soportar… verte con otra persona que te hiciera sentir así y que además consiguiera llegar donde yo no puedo entrar… –las lágrimas se precipitaron en silencio, ella las recogió.
-Desde el primer día que ti vi, Hades… supe que tú eras en muchas cosas mejor que yo…
-Eso no es cierto….
-Eso sí es cierto y lo acabas de demostrar… si a ti te preocupa no poder estar conmigo en esos momentos, ni comprender lo que está pasando cuando estoy de esa manera… a mi me preocupa no ser lo suficientemente buena para ti, -intentó interrumprila pero se lo impidió- hay veces que siento que te estoy arrastrando hacia mi propia locura ¿sabes? Y no puedo soportarlo porque… tú mereces algo mejor de lo que yo puedo ofrecerte… ni siquiera sé lo que puedo ofrecerte Hades, si te soy sincera… -él apretó sus manos con fuerza.
-… hasta ahora ha ido de puta madre lo que me has dado –el muy idiota la hizo sonreír.
-Solo sé lo que siento cuando estoy contigo y sé que eso no lo puedo sentir por otra persona por mucho que llegue hasta donde tú no llegas… esa persona nunca serías tú ni la forma en la que tú me complementas…
-Pero llegará a donde yo no llego…
-Hades… -la miró en silencio durante unos instantes, él también sabía lo que significaba la metáfora de los ojos líquidos, y a ella se le derretían en esos momentos.
-Lo he entendido –la media sonrisa que esbozó la tranquilizó; fue sincera- solo… necesito procesarlo y… que me prometas una cosa… -se limitó a mirarle con la misma sinceridad con la que lo había hecho él- si algún día apareciera alguien así, alguien que realmente…
-… te lo contaré al instante –dejó que sus ojos se ahogaran vulnerables en los de él.
-Y si ese alguien es el Rojo…
-Hades, ¿crees que el Rojo podría estar manteniendo esta conversación conmigo?
-La verdad es que no… -suspiró.
-Los vuestro es una paradoja, os parecéis muchísimo y a la vez no tenéis punto de comparación.
-Si lo sé, es solo que… él me hace sentir inseguro, ¿sabes?
-¿Por qué?
-Él siempre toma sus propias decisiones sin tener en cuenta a nada ni a nadie, solo su pellejo… sabes que yo tengo unos límites, me asusta no saber dónde están los suyos.
-No voy a caer rendida por el juego sucio, Hades…
-Él te quiere Manish –sonrió cansado- aún no sabe hasta qué punto, pero te quiere; te mira de la misma forma que te miraba yo en los primeros meses, la que pintabas en tus cuadros… y él es como yo, me asusta no saber hasta dónde puede llegar, pero me consuela saber que sé cómo piensa… y lo siguiente que va a pasar... es que no va a poder estar sin ti –los dos se quedaron en silencio durante un instante sin saber qué decir, decidió no pensar lo que decía y simplemente decir lo que en aquel momento sentía, estaba segura de que Hades no ignoraría eso.
-Tú ya has conquistado lo que él tan solo está empezando a ver Hades… yo no puedo ofrecerte mucho…
-… ¿Y yo sí?... –sonrió lacónicamente.
-… pero si confías en mi, en lo que tenemos, puedo dártelo todo, al menos todo lo que hay en mi para ti… y lo tendrás siempre… siempre que no te canses de esta locura y lo mandes todo a la mierda, ya estemos solos, o rodeados de gente… siempre vamos a ser tú y yo -con una mano en la mejilla y la boca pegada a sus labios se lo volvió a repetir, como con miedo de que decidiera en ese mismo instante no creerla y salir huyendo- siempre vamos a ser tú y yo… -no podía estimar cuán hondo caería si eso llegase a suceder…
-… si te pierdo yo…
-… yo no me voy a ir a ninguna parte… -evitó en el último segundo que la voz se le quebrara- pero si tu… algún día te quieres ir lo entenderé, mereces a alguien que esté completo a tu lado, no a alguien que solo te puede dar una parte…
-… eso da igual, me contentaría con saber por qué no me dejas acompañarte cuando te vas… y no puedo seguirte…
Le dio un beso lento y codicioso por un momento, no pudo evitar que una lágrima huidiza y traicionera se colara entre sus labios, al sentirla él se alejó lo suficiente para mirarla sin parar de seguir respirando su aliento.
-Porque… te quiero demasiado… -él sonrió lacónico al no entender nada, ya estaban en esa línea impenetrable- y… porque no es lugar para alguien como tú…
-¿Alguien como yo? –le apartó el pelo de la cara y él recogió su mano.
-Es un lugar… en el que ni siquiera tu luz llega –se le quebró la voz.
-Pues guíame…
-Allí… allí no es como aquí… allí estoy perdida y no sé qué hacer, ni qué pensar… no sé qué decir –ahí estaba en su mirada una vez más la rabia fugaz de haberse topado con aquel maldito muro de un laberinto que ni siquiera llegaba a atisbar- no puedo guiarte por un camino que desconozco y que me da tanto miedo… que ni siquiera quiero que tú lo veas…
-Me alejas Manish… -suspiró.
-No te alejo Hades, te protejo…
-… ¿a qué te refieres?...
-… eso no importa, lo que importa es que tú no volverás a él y mucho menos por mi culpa.
Volvió a suspirar, seguía sin entender nada.
-¿Cómo que volveré? ¿a dónde?
Le besó con una sonrisa triste en sus labios y se dirigió a la puerta, justo antes de salir se volvió:
-Lo único que necesitas saber es que eres lo opuesto a ese camino, y que si realmente me quieres ayudar te mantendrás al margen de él porque necesito que así sea…
-¿Por qué? –casi parecía tener miedo de preguntar.
-Porque si tú también entras en él… no sabría encontrar el camino de vuelta.

Hace alrededor de 2 años

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#12

No volvió a pisar el local en todo el día; las palabras de Hades le habían dejado muy turbada, había estado tan preocupada en analizar los sentimientos de los demás para solucionar el problema que se había olvidado por completo de los suyos. “Corrías detrás de él Manish, no para salvarle” esas palabras resonaban en su cabeza como el tic-tac imparable de un reloj. Si se retrotraía al momento en que echó a correr ni siquiera pudo recordar en qué pensó cuando lo hizo, solo recordaba la maravillosa y aterradora sensación que invadió su cuerpo y la hizo sentirse tan ligera como el aire… y aquella jodida mirada, aquella mirada incomprensible que le puso los pies en la tierra al instante… ¿qué había esperado encontrar al mirar en aquellos ojos?, ¿complicidad? Él tan solo había prendido la mecha y ella la había seguido como una inconsciente, solo que normalmente el pellejo que estaba en juego era el de él y no el de una simple idiota que aún no entendía por qué se había dejado llevar de esa manera por la situación. Cuando echó a correr no calibró el peligro, la voz de Hades en el oído debió de ser suficiente para pararla, pero siguió hacia adelante, a riesgo de que algo saliera mal, era como caminar al borde de un precipicio, algo estúpido y absurdo, pero que logró espantar ese miedo que siempre la atenazaba; en ese momento fue como si una melodía disonante se afinara, como si todo lo que normalmente era caótico se ordenara en perfecto equilibrio… Entendía que Hades dudara de ese impulso porque hasta ella misma dudaba de él, ¿de dónde salía ese escándalo que tenía que ordenar de la forma más absurda?, ¿qué le había llevado a actuar de aquella manera? No lo sabía ¿o sí?, lo que sí que sabía es que por su culpa Hades estaba hundido como hacía tiempo que no le veía y el Rojo… el Rojo parecía más perdido que todos ellos, sin su Capitán y sin su tripulación era como un espectro que se esforzaba por ser corpóreo. El móvil le vibró en el bolsillo, era Hades, casi había llegado ya a casa, iba cargada con unos lienzos nuevos y pinturas, lo dejó todo como pudo en el suelo junto a la puerta y descolgó el teléfono:
-Dime.
-Ya está todo arreglado con el Rojo…
-Arreglado… ¿Cómo?
-No le he partido la cara si es lo que te preocupa –suspiró- simplemente he hablado con él y he dejado las cosas claras…
-¿En qué sentido?
-En que se tiene que mantener alejado de lo nuestro, si quiere seguir con la tripulación; no pienso consentir otro conflicto como este la partiría en dos.
-Hades un ultimátum no es la mejor idea con….
-… Manish… no me pidas más por hoy, por favor… -sonaba derrotado.
-Está bien, descansa… nos vemos mañana en el local.
Abrió la puerta y volvió a coger todas las cosas del suelo; pintar un rato seguro que le ayudaba a poner las ideas en orden, sí… siempre ayudaba, aunque tenía miedo de lo que el lienzo pudiera revelar.
-Hola mamá, voy a pintar.
-Pero si acabas de llegar de clases…
-Ya sabes… tengo algo que no se me quita de la cabeza –fue subiendo las escaleras.
-¿Quieres que te suba algo?
-No… no tengo hambre.
Entró en su habitación, dejó todas las cosas encima de la cama, movió el caballete hacia la ventana, le puso uno de los lienzos nuevos, preparó la paleta y se dispuso a pintar; tenía un nudo en el estómago que no la dejaba respirar, “corrías detrás de él Manish, no para salvarle”, acercó el pincel a la superficie blanca y lisa del lienzo, ¿nada? Se intentó concentrar un poco más; el lienzo la miraba expectante y silencioso, ahora podía ver las fibras, la gota de pintura negra como un péndulo en la punta del pincel… pero no era el único que le miraba, sentía la presencia del hombre de Vitrubio a sus espaldas, se giró, era uno de sus últimos cuadros, lo tenía colgado pese a que evitaba mirarlo… la piel cetrina se pegaba desesperada a los huesos del espantajo, aquellos ojos llenos de locura y rabia parecían invitarla a bailar de nuevo; si cuando lo pintó le pareció una figura en cierto modo inhiesta ahora se le antojaba frágil y patética. Volvió con dolor su mirada al blanco del lienzo y su mano trazó una línea vertical que lo dividió en dos, cambió a un pincel más grueso, siguió con el negro, miraba la línea, firme y respladeciente y la ensanchó hasta cubrir todo el cuadro, un espejo de oscuridad que no le devolvía ningún reflejo… ¿eso era? Miró el blanco y no pudo evitar pensar en Hades y en lo que le había dicho.
…es un lugar en el que ni siquiera tu luz llega…
Cogió otro pincel limpio, lo empapó en blanco y restituyó una de las mitades, que no volvió a ser blanca por mucha pintura que le diera, pero sí de un tono grisáceo que aunque no la tranquilizaba del todo… era más que suficiente. Cambió el lienzo, la pintura fresca lloraba sobre las telas del suelo. Repitió el mismo proceso, solo que esta vez cogió el rojo; la impresión en rojo y negro que le causó el cuadro al terminar fue suficiente para hacer caer los pinceles al suelo y a ella exhausta sobre la cama. Las mitades negras absorbían su mirada; las lágrimas grises se habían solidificado y ya no caían más; las rojas fluían gruesas y pesadas del caballete al suelo… casi le parecía estar escuchándolas, como si se hubiera disparado un arma y la sangre goteara lenta y parsimoniosa del cuerpo al suelo hasta que…
PIN
PIN
Alguien le hacía luces desde la ventana, se acercó.
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Estaban tirando piedrecitas, Hades no tiraba piedrecitas…

Hace alrededor de 2 años

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#13

-Mneme …
-Shhhhhhhhhhhhhhh -le indicó que bajara la voz- ¿qué narices haces aquí?
-Necesito hablar contigo…
-No me jodas, Rojo –el lienzo seguía goteando, cada vez menos, las gotas tardaban más en caer-, ya me lo dirás mañana.
-No… tiene que ser ahora –hizo ademán de cerrar la ventana- por favor quiero volver ya…
No pudo evitar que sus ojos se escaparan de nuevo a los lienzos, la figura del Rojo aguardaba al amparo de la tenue luz de los farolillos del jardín; era casi de noche, cenarían pronto.
-¿Has pasado de mi todos estos días y tiene que ser ahora?
-Lo puedo explicar…
-Claro… -murmuró- seguro que puedes.
-¿Vienes o no?
-Ahora bajo –cerró la ventana de un golpe y procuró salir de la habitación sin volver a mirar aquellos malditos cuadros.
Le puso una excusa tonta a su madre, de repente le apetecía mucho mayonesa para la tortilla de patatas, iría a por ella al 24 horas. El Rojo se escabulló hasta la verja por el jardín y la saltó. Se reunió con él al otro lado.
-No había necesidad de eso…
-No sabía si estaba… -levantó los cuernos en alusión a su padre.
-Y menos mal que aún no ha llegado, no eres discreto precisamente ¿luz, piedrecitas y voces?, ¿en serio?
-Aaaah… lo siento, estaba nervioso.
-Ya, claro… ¿tampoco podrías haber venido a hablar antes?, creo que no me merezco precisamente tu indiferencia dado que te salvé el pellejo…
-Tenía mis motivos para alejarme…
-… ya...
-Lo siento, ¿vale?, iba a ir a hablar contigo al día siguiente, de verdad, pero entonces te vi llegar con él, su brazo sobre tus hombros, mirándote con esa estúpida cara de haber acabado de echar un polvo… y me piqué ¿vale?, me piqué…
-¿Y qué me quieres decir con eso?, ¿esa excusa te hace parecer menos gilipollas?, ¿de verdad? –hizo el amago de volver a casa en aquel mismo instante, pero él la detuvo.
-Por favor no te vayas…
-Pues háblame, sé sincero, dime algo… déjate de ese blablablá que tan solo me pones de más mala ostia…
-… vale, vale, espera… -esperó y nada; dio media vuelta- espeeeeera –la agarró del brazo, se quitó la capucha, los rizos brillaban según moviera la cabeza.
-¿No sabes ponerte serio?...
-… no es eso…
-… porque si no sabes me piro.
-Lo siento, me… cuesta…
-¿Te cuesta admitir que te has comportado como un gilipollas?
-No… -resopló y fijó sus pupilas en las suyas y no las movió- me cuesta admitir que estoy celoso de ti porque tienes a mi capitán, y que estoy celoso de mi capitán porque te tiene a ti.
No se atrevió a quitar la mirada ahora que había conseguido que hablara con sinceridad, pero casi mejor que no lo hubiera hecho, porque la frase cayó sobre ella como un mazazo en la tripa que le costó aguantar de cojones; intentó que su cuerpo no se moviera ni dijera nada por ella, controlaba a duras penas la respiración y el nudo en la boca del estómago se hacía cada vez más pesado… El efecto que causaron sus palabras fue grande y su mirada que por fin dejaba ver algo la aturdía, pero aquella sensación extraña que no se le quitaba de encima desde que vio el cuadro gotear seguía ahí…
-¿Y qué se supone que hacemos ahora? –su voz salió más baja de lo que le hubiera gustado, echó a andar, sin darse cuenta apretó el paso.
Sin duda él no se había esperado esa reacción porque tardó en ir tras ella, que ni siquiera sabía por qué se quería ir, solo sabía que aquello podría estallar en cualquier momento y que a nadie le gusta estar al lado de las bombas cuando estallan. Iría a por la jodida mayonesa, luego a casa y pensaría en algo, en cómo abordar el asunto, hablaría de nuevo con Hades para ver cómo podían zanjarlo, se alejaría de la tripulación si hacía falta…
-… Mneme… por favor…
-…
-Mneme … no te vayas así… Mneme…
-…
-¿Me pides que sea sincero y reaccionas así?
Se dio la vuelta y volvió hacia él con paso decidido.
-Ya imaginé lo que dirías, es la sensación Rojo, la puta sensación que tengo ahora mismo…
-¿Y qué sensación es esa?, ¿eh? –no le estaba gustando por dónde iba la conversación, y menos le iba a gustar…
-La que tengo siempre que estoy contigo, desde que te conozco… la sensación de estar al lado de una bomba que está a punto de estallar, una granada en la mano, una mina bajo el pie, una mira láser en el pecho…
-Lo pillo, lo pillo… -se apartó el pelo de la cara con gesto furioso pero contenido.
-No es nada nuevo, no es la primera vez que te lo digo…
-Lo sé…
-¿Qué te hace pensar que eso que has dicho va a mejorar la situación en algo?, ¿eh? Hasta hace cuatro días como quien dice me odiabas a muerte, ¿y ahora me dices esto?, ¿ahora pasarás a odiar a tu Capitán?
-No…
-... ¡Eres inestable Rojo!, un puto coktel molotov. Apenas me conoces, te esforzaste durante demasiado tiempo tan solo en intrigar y joderme… pero yo durante todo ese tiempo te estuve observando… sé perfectamente cómo eres, tus defectos y tus virtudes, tus vicios y carencias, tus puntos flacos… Sé tus prioridades, lo grande que puede llegar a ser tu ego y tu polla, tu ambición y tu tendencia al riesgo, la autodestrucción y la complacencia… no quiero estar a tu lado cuando todo eso explote, ni mucho menos quiero que alcance a la tripulación, a Hades y a lo que él y yo tenemos…
-Te equivocas si piensas que yo no te observaba, y no solo para hacerte la vida imposible joder… eso me ofende.
-Vaya, pídele perdón a tu ego…
-Entiendo que estés cabreada, tuviste bronca con Hades, no te gusta lo que te he dicho y necesitas desahogarte por lo gilipollas que he sido estos días…
-… no te atribuyas tanto mérito…
-… pero quiero que por una vez, al menos por una vez, podamos hablar y comunicarnos en condiciones –esas palabras se las había dicho ella a él en multitud de ocasiones, le recogió la mirada apretando los dientes con fuerza para no saltar- ¿te crees que yo comprendo esto?, ¿que quiero que esté pasando? Me siento como si me hubiera enamorado de mi madre y mi padre lo supiera, joder…
-Qué poético.
-Respeto lo que tenéis Hades y tú Manish…
-… claro, por eso la bronca con Hades el otro día…
-… pero sé que la he cagado, la mayoría de las veces ni me daba cuenta joder…
-… y el resto de veces sí y te la soplaba.
-… -echó a andar por respuesta, le siguió.
-De nuevo porque te picas, o por ese orgullo tan grande que tienes, o por el enorme ego que te lo pisas… Un día te levantas y decides que todos los demás te están jodiendo, te están tocando la polla, y tu entonces decides hacer lo que te da la gana ¡porque te encanta tomarte licencias por tu mano!, ¡hacer de tu capa un sayo!, esperar al último jodido minuto aunque te lleves contigo a todos los demás…
-Lo siento…
-¿Cuántas veces vas a decir “lo siento”? –el silencio era tan pesado que solo sobrevivían las miradas; hurgó nervioso en sus bolsillos y se sacó un pitillo- ¿no te das cuenta de que el problema es siempre el mismo?
-El problema soy yo ¿no?, siempre soy yo el problema…
-Quizás porque lo eres. Mira Rojo… yo no soy tu madre, no estoy aquí para decirte lo que tienes que hacer y lo que no ni para cuidar que no te autodestruyas… tampoco soy tu novia, ni tu rollo ni tu chica como para estar aquí escuchando tus lamentos de macho herido… pero sí soy tu camarada y como camarada te digo que arregles esta mierda que se puede cargar la tripulación, y que empieces a madurar si quieres seguir en ella.

Hace alrededor de 2 años

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#14

-Ya me quedó claro Hades… -las caladas eran rápidas y nerviosas- que me mantuviera alejado de lo vuestro y de ti… dice que lo único que puedo hacer si voy por ese camino es ponerte otra vez en peligro, como el otro día…
-¿Y estás de acuerdo con eso?
-Sí… - dio una larga calada y dejó de andar- te puse en peligro… -sus palabras arrastraban cansancio, como si hubiera estado lidiando con ellas mucho tiempo hasta al final caer vencido por su peso- pero tú no deberías haber salido a correr así… ¿por qué lo hiciste?
-Porque lo necesitabas.
-Podría haber salido de allí… -una mirada bastó para que no continuara- a lo que me refiero es que no quería que te pasara nada y… te vi correr hacia ese tío por mi culpa… y… -tiró el cigarrillo y lo pisó con fuerza- Hades tiene razón… y tú también, soy un cócktel molotov que os pone en peligro a todos… me dijo que me alejara de ti por un tiempo pero no puedo… y no por lo que él piensa, ni por lo que piensas tú ahora mismo… sé que eso lo está jodiendo todo pero… sois mi familia, eres mi familia… no quiero estar solo, joder, y creo que ahora, con esto… eres la única que puede ayudarme.
-No veo cómo, Hades tiene razón, necesitas aclararte la cabeza Rojo –la franqueza de su mirada le empezaba a agujerear cada vez más el estómago.
-¡No! –ahogó el grito en el último momento- yo… sé –recalcó- lo que hay… sé que estoy fuera de lo que Hades y tú compartís, que nunca podré tener algo así contigo… algo como lo que tienes con él, pero aún no estoy fuera de la tripulación, joder… Te va a parecer raro lo que te voy a pedir pero te aseguro que no va con segundas –la miró directamente a los ojos para asegurarse de que lo entendía, se acercó, ella no se movió, extendió los brazos y juntó las manos- necesito que hagas por mí lo mismo que hiciste por Hades… por favor ayúdame a encajar… él era como yo, y en ocasiones lo sigue siendo, pero tú… tú le ayudaste a canalizar su rabia hiciste que… dejara de… -no esperaba en absoluto palabras como aquellas- hiciste que dejara de estar cabreado con todo…
Los recuerdos de Hades cuando lo conoció volvieron como un torbellino a su memoria, aquella ira, aquella rabia contra todo y contra todos, aquella voluntad desbocada como un río imparable que no va a dar a ninguna parte, que se pierde en el vacío y la oscuridad más absoluta en una caída interminable que acaba por ahogar todo murmullo.
-Lo de Hades surgió, no sé lo que hice, por eso no puedo volver a hacerlo.
-Mneme… sois mi única familia, no puedo perderos por algo así… tengo que demostrar a Hades que puede volver a confiar en mi, y a ti… ––la cogió de las manos y la miró desde arriba, parecía desesperado- yo… no quiero que vuelvas a estar en peligro por mi culpa nunca más…
-…Rojo…
-… Mneme… puedo controlarme con esto -soltó su mano y dio un paso atrás- no pondré en riesgo mi puesto en la tripulación por algo que sé que no puede ocurrir -parecía sincero, pero aquella sensación como de ir contrarreloj seguía ahí.
-La sensación sigue ahí… -suspiró cansada.
-Solo quiero que me ayudes, que me ayudéis… el límite está muy claro.
-Eso no quiere decir nada…
-Lo respetaré o me iré, ya se lo he prometido a Hades y te lo prometo también a ti –esa respuesta tan determinante la sorprendió.
-¿Estás seguro de lo que dices? No iba a apoyar a Hades en eso… no sería justo que te tuvieras que ir por algo así, no tendría sentido.
-Pues Hades cree que tendría bastante sentido… y si mi Capitán lo cree, yo también lo creo.
-Pero tú no lo crees…
Él dejó escapar un hondo suspiro y reemprendió el paso, ya tenían la tienda a la vista, tardó uno segundos en volver a hablar.
-Me iría porque me lo ordena mi capitán, pero eso no quiere decir que me fuera a ir muy lejos de vosotros, de la tripulación… -aún tenía el suficiente humor como para guiñarle un ojo- ya te he dicho que sois mi familia, no tengo nada más... Mira Manish… -se detuvo de nuevo y se acercó a ella pero esforzándose ya por mantener un límite- no pondré en jaque lo tuyo con Hades y… si no puedo cumplir con eso… yo mismo me iré hasta estar seguro de poder cumplir con mi palabra; eso es todo lo que puedo prometer, supongo.
Lo miró a los ojos largamente, llegaron al 24 horas en silencio, entró en la tienda sin perderle de vista, él se quedó fuera liándose otro cigarrillo. Lo observó desde el mostrador. “Su familia”, nunca se había referido a ellos así… en verdad se parecía a Hades cuando lo conoció, pero Hades… él era diferente… aún no sabía en qué sentido exactamente pero lo que sí que sabía es que con él nunca había tenido esa angustiosa sensación, por muy mal que estuviera la situación o lo estuviera él… ella estaba tranquila a su lado, con el Rojo tenía la sensación constante de tener que estar alerta, atenta y dispuesta a poner pies en polvorosa. Aún así no recordaba haberlo visto nunca tan… ¿desesperado o vulnerable?, ¿desde cuándo el Rojo tenía tanto miedo de quedarse solo?
-¿Es todo? -al dependiente no se le podía pedir más amabilidad a aquellas horas.
-Sí -le dio el dinero justo y salió.
El Rojo la recibió con una sonrisa y el sonido del zippo al cerrarse. Caminaron los primeros metros aún en silencio, solo se escuchaban sus pasos y las caladas nerviosas al cigarro.
-Hades no quiere que te vayas solo está confuso; ese ultimátum… lo acabará retirando él mismo si le das un poco de tiempo.
-Hades no es solo mi Capitán Mneme… es mucho más que eso, no puedo soportar perderle a él igual que no podría… -se interrumpió él mismo- pero le he dado motivos y ahora tengo que demostrarle que puede seguir confiando en mi… es la única manera de que todo vuelva a ser como antes; sé que la he cagado Mneme… y no es la única vez que lo hago, es solo que… siento por primera vez en mi vida que no me puedo permitir seguir cagándola. No quiero volver a… no sabes tantas cosas de mi que… -sonrió con tristeza y cansancio- es solo que no quiero perderos, ni a ti ni a mi Capitán ni a los demás…
-Antes has dicho que éramos tu familia, nunca te he oído hablar así.
-Hades cumplió su palabra… -sonrió, tenía los ojos llorosos- siempre cumple su palabra…
-¿De qué hablas?
-Hay ciertas cosas… que es mejor no decir, traen mucha mierda consigo; él lo comprendió –se había puesto extremadamente serio, se subió la capucha.
-Rojo… -le paró y le quitó la capucha- no quiero que tengas que marcharte.
-¿Me ayudarás entonces?
-¿Para eso no crees que tendría que saber primero quién eres?
-Creí que lo sabías…
-Al parecer no.
-Si le pedí a Hades que no dijera nada es porque no quiero que lo sepáis y mucho menos tú –ahí estaba de nuevo ese orgullo.
-¿Por qué? ¿entonces cómo quieres que te ayude? -su reacción la quedó pasmada en mitad de la calle.
-En realidad te estoy pidiendo ayuda y ni siquiera sé si podrás ayudarme… -se iba alejando de ella hacia atrás casi imperceptiblemente- sé que no soy como Hades, Manish… sé lo que soy…
-¿Y qué eres Rojo?
La miró aún durante un instante. Sonrió pero no era una de esas sonrisas suyas brillantes y reconfortantes, era una sonrisa desnuda e impotente; se volvió a poner la capucha.
-Yo solo… me limito a sobrevivir supongo.
Echó a correr y desapareció. Aún no había reaccionado, nunca había visto al Rojo con ese semblante tan serio y le causó una honda impresión pues en esos momentos, en ese breve intercambio de palabras, había sido la antítesis completa de lo que normalmente era… perdido, inseguro, temeroso… nunca lo había visto así, era como ver al anticristo al lado de la cruz... pero a la vez tenía la sensación de que en esa dicotomía podría encontrar su verdad, aquello que escondía o temía mostrar; entonces le llegó un sms al móvil: “no quiero que tú también me mires con esos ojos”. No entendía nada. “Solo tengo los mismos ojos para mirar a todas las personas”. No hubo respuesta.

Hace alrededor de 2 años

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#15

Apenas pudo conciliar el sueño aquella noche, no paraba de darle vueltas a la cabeza. Hades había aceptado pulpo por animal de compañía, pero no podía calibrar hasta dónde llegaría esa buena fe ni cuánto tiempo aguantaría dado que la raíz del problema era la inseguridad de su compañero, una inseguridad que no se había manifestado antes en él y que por tanto no sabía cómo manejar. El Rojo por su parte parecía sincero en su petición, sus últimas palabras le habían hecho creer en lo que decía, pero tampoco estaba cien por cien segura de no estar equivocándose al confiar en él. Los celos de Hades… no esperaba tener que lidiar con ellos de nuevo, y las incógnitas del Rojo… eran demasiadas como para ignorarlas, además tampoco quería hacerlo. Esa desesperación, ese miedo a quedarse solo que se filtró en su mirada castaña y que nunca había visto en él le habían descolocado, pero también le habían hecho empatizar… Para ella la soledad tenía un doble filo muy peligroso, por un lado la necesitaba y por otro lado la aterrorizaba, aunque solo la empezó a temer cuando tuvo gente a la que perder… si el Rojo tenía auténtico pavor a quedarse solo quizás era porque él ya lo había perdido todo y, como dijo, su tripulación era la única familia que le quedaba. Si eso era así, el problema que tenían delante era mucho más difícil de solucionar de lo que pensaba; suponiendo el caso de que decidiera ayudarle, necesariamente tendría que estrechar lazos con él, ¿a qué conduciría eso?, ¿cómo reaccionaría Hades? Pero Hades conocía su historia… y no era una persona visceral por definición, aunque sí en ocasiones, justo en las ocasiones que se presentarían si se diera esta extraña situación, aún así… estaba segura de que Hades no le negaría su ayuda, la cuestión era qué pediría a cambio para asegurarse de que la historia no se torcía, un ultimátum desde luego no era la mejor idea con el Rojo pero…
No había más remedio. Les preparó una encerrona en el local, les citó después de comer en el local a cada uno por separado, a Hades para hablar supuestamente del ultimátum y al Rojo para darle una respuesta sobre su petición. Como si no hubiera tenido suficiente con toda la noche también se pasó la mañana entera dilucidando la mejor manera de plantear aquel encuentro; aquel día su yo del instituto fue más espectro que nunca. Ya iba saliendo de clase cuando se le pasó por la cabeza hablar con el Maestro, le había contado lo mínimo porque tampoco quería que Hades se mosqueara por ello, pero el viejo intuía que algo pasaba entre los dos, bastaba con verlos. Aún así no había preguntado nada y se había limitado a observar y sacar sus propias conclusiones que, tal y como les conocía, seguro que no distaban mucho de la realidad.
-Maestro… tengo una pregunta un poco rara…
-Estaba esperando esta llamada.
-Así que sabes lo que te voy a preguntar.
-Adivino no soy, querida… -rió al otro lado- ¿en qué puedo ayudarte?
-Sin preguntas, ¿va?
-De acuerdo, como quieras.
-Si dos personas quieren mucho algo determinado, lo que les lleva a enfrentarse… ¿qué debería hacer para que no se pelearan por ese algo?
-Mantener ese algo alejado, pero supongo que eso no es posible…
-Maestro…
-... lo sé, lo sé, si en el fondo me divierte hablar en clave. Pues... si no se puede alejar ese algo, procura que el acceso de esas dos personas a ese algo sea lo más equitativo y justo posible para que no haya disputas.
-¿Y qué sería lo más equitativo y justo? Eso es muy relativo…
-Querida, ya te he dicho que no soy un oráculo.
-Pero como los oráculos tus respuestas tienen mucho margen de error, Maestro.
-Lo sé... pero si no fuera así, no sería tan divertido -volvió a reír al otro lado, su risa era honda y atronadora, como su voz.
-Es que no quiero que pase nada malo…
-Mi pequeña… el problema es que va a pasar… -lo imaginó sonriendo como siempre hacía cuando soltaba una de sus ingenuidades, una fila de dientes maltrechos tras su espesa barba blanca; esa sonrisa siempre la reconfortaba, quizás porque el viejo había olvidado durante demasiado tiempo cómo hacerlo hasta que los conoció y aprendió de nuevo, era una de las pocas cosas que podían decir que le habían enseñado, a ella en especial le llenaba de orgullo.
-... no voy a permitir que pase...
- … la cuestión está en qué haréis cuando eso ocurra; deberías pensar en lo que quieres, pequeña, en lo que quieres tú.
-Sabes que no puedo pensar solo en mí, Maestro…
-¿Y no crees que ahí está tu respuesta? -se quedó en silencio, ¿estaría sonriendo ahora también? Colgó.
En resumidas cuentas: tendría que hacer malabares; las palabras del Maestro la hicieron decantarse por el plan más arriesgado, también el más eficaz, pero sin duda el más arriesgado para ella. El camino hasta el local se le quedó corto, no estaba para nada segura de lo que iba a pasar aquella tarde por mucho que lo pensara, mucho menos de lo que pasaría después o lo que haría si todo fracasaba… Seguía teniendo en la recámara la idea de alejarse de la tripulación… pero sabía que Hades no aceptaría esa opción, él no dejaba a nadie atrás, solo por esa certeza seguía caminando hacia el local, igual que no la dejaría atrás a ella tampoco dejaría al Rojo. Cuando llegó al local el Rojo ya estaba allí (él no iba al instituto), bebiéndose una cerveza en la barra, enfrente tenía los restos de la comida en una bandeja: hamburguesas otra vez. Hades tardaría en llegar un ratillo más.
-¿Por qué no nos vamos mejor a la Cubierta?
-Aquí podemos beber unas cervecitas –tenía mejor cara que ayer, por lo menos había descansado; hacía como si la conversación de la noche anterior no hubiera tenido lugar, justo como habría supuesto, las heridas de su rostro de la pelea que no quiso contar ya estaban prácticamente cicatrizadas.
-Venga, deja la cerveza y vamos a la Cubierta, son cosas serias.
-Como ordenes…
-¿Qué hace él aquí?
Bien, ya estaban los tres; se giró, la figura de Hades con la mochila al hombro atravesaba la puerta.

Hace alrededor de 2 años

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#16

Si ni siquiera el momento inicial de la encerrona estaba yendo bien, cómo iría lo demás no quería ni pensarlo; la cara del Rojo había cambiado al instante de ver a Hades y los ojos de este no perdían de vista ni un solo movimiento del pelirrojo.
-Le he dicho yo que viniera, como se puede apreciar aún hay ciertas asperezas que es necesario limar antes de juntarnos con el resto de la tripulación, ¿no creéis?
Hades siguió con paso imperturbable hasta la barra y por encima cogió una cerveza del refrigerador, la abrió, se la bebió del tirón y se sentó, mirando directamente al Rojo con una sonrisa que, obviamente, le ponía incómodo.
-¿Y no podrías haberlo dicho a las claras?
-¿Habríais venido sin rechistar?
-Yo sí, pregúntale a él…
-Yo también gilipollas.
-¿No os dais cuenta de que parecéis dos hermanos enfadados porque uno le quiere quitar el juguete a otro?
-Tú no eres un juguete -saltó Hades al instante.
-Pues eso -le miró de forma tajante y puso rumbo a la Cubierta; aún pudo ver por el rabillo del ojo cierta mirada de Hades al Rojo que le hizo agachar la cabeza.
La siguieron a la Cubierta y cada uno se sentó en su lugar correspondiente. Aún en silencio, evitando mirarse mutuamente y con la atención puesta en ella, esperaban a que hablara; ella se limitó a observarles con los brazos cruzados hasta que alguno de los dos saltara, el Rojo apretaba su mandíbula y Hades le sostenía con firmeza la mirada como intentando dilucidar qué iba a pasar allí a la vez que le recriminaba la encerrona; siguió mirándoles, Hades se movía en la silla, la había dejado de mirar, evitaba con más esfuerzo volverse hacia el Rojo, al pelirrojo le sudaban las manos, ahora las entrelazaba con fuerza…
-Esto es muy incómodo Mneme, ¿no tenías algo que decir? -bingo para el Rojo.
-Sí que es incómodo sí… ¿verdad? La tensión se puede cortar con un cuchillo… pues imaginad lo incómodo que es para el resto -abarcó con un gesto las sillas vacías, Hades bajó la mirada con una mueca, seguro que acababa de caer en eso- imaginad lo incómodo que es para la tripulación que su Capitán y su segundo estén peleados por un lío de faldas dentro del mismo barco.
-Manish…
-Déjame hablar ahora, Hades, está claro que estos últimos días no has sido precisamente el Capitán que sueles ser… -balanceó sus ojos de uno a otro con igual dureza- ni tú el segundo al mando que todo Capitán necesita… Todo este asunto… me desagrada en primer lugar por lo que supone para vosotros como amigos, pero también por lo que supone para la tripulación y porque me coloca en medio de una disputa que no me gusta el rumbo que está tomando ni el fin que podría tener, aparte de que me siento como si fuera una especie de… trofeo, lo que me pone de muy mala ostia y me decepciona bastante teniendo en cuenta que sois mis camaradas; lo digo ahora por si a alguno de los dos os interesa mi opinión al respecto...
-... yo no lo veo así Manish… -saltó Hades al instante ofendido por la insinuación.
-¡Ni yo tampoco joder!
-Tal y como yo lo veo… Hades, tú pareces creerte el campeón imbatible, y tú Rojo el aspirante al título. Pues os voy a decir algo para que esta disputa se acabe aquí y ahora… como vuelva a tener la sensación de estar como en una final de la Eurocopa, juro por esta mesa -pegó un puño en ella y se aseguró de mirarles a los dos con idéntica furia-, que saldré por esa puerta y no volveré a entrar aquí.
-Manish…
-… me habéis convertido en el problema Hades, ¡los dos! Ahora yo soy el problema, así que como soy yo el problema, seré yo la que se pire como no cambiéis de actitud.
-Estábamos muy bien hasta que este empezó a meter las narices donde no le llaman.
-¡Yo no he metido las narices en ningún sitio, gilipollas!
-Ni voy a dejar que lo hagas, ¿ves lo que has conseguido?, ¡ahora ella se siente culpable!
-¿Eso también es culpa mía?
-Espera, espera…. -Hades se levantó de la silla al instante para impedir que se fuera- ¿lo siento vale? ¡Esta situación me pone de los nervios!
-¡Pues vais a tener que empezar a controlarla si no queréis que esta tripulación se vaya a pique! -se quedó de pie, Hades se tiró sobre la silla revolviéndose los pelos.
-Pues explícame de qué manera… -suspiró rendido, el Rojo no se atrevía a intervenir, o a lo mejor ya había captado el mensaje, o a lo mejor la otra noche iba en serio y él ya estaba empezando a comportarse, o era Hades que lo tenía amedrentado…
-Lo primero de todo -tomó asiento sin perderles de vista-, creo que por el momento y hasta que… logréis acostumbraros a la nueva situación, deberíamos establecer unas normas para una mejor convivencia entre nosotros y para recuperar el clima que tenía la tripulación antes de este… malentendido.
-Estoy de acuerdo -se apresuró a señalar el Rojo.
-¿Cómo qué? -preguntó Hades suspicaz.
-Vosotros, todos los días, tendréis que hacer alguna tarea juntos, me da igual el qué… lo que quiero es que con ello recordéis que sois camaradas, no rivales y que hacéis esto por la tripulación, no para tenerme a mi contenta.
-Yo no soy el que le ve como un rival -apostilló el pelirrojo sin poderlo evitar, Hades se giró al instante pero se mordió la lengua.
-Antes que camaradas erais amigos, aunque eso también parece que se os ha olvidado estos días; lo que quiero decir es que… entiendo que dos amigos, muy amigos de hecho, se han enfadado por una tontería, pero también entiendo que harán todo lo posible por reconciliarse… se esforzarán día a día porque al fin y al cabo siempre han sido amigos pasase lo que pasase, aunque ahora alguien les tenga que obligar a pasar tiempo juntos para que se decidan a resolver sus diferencias.
-Lo haremos ¿Qué más? -sus ojos verdes seguían mosqueados por la encerrona, pero también sabían que tenía razón, por mucho que las formas estuvieran dilapidando su orgullo.
-El siguiente punto creo que es extremadamente importante… ¿os habéis dado cuenta de dónde estamos?
-Manish… al grano por favor… -su pierna empezó a martillear nerviosa bajo la mesa.
-Por si no lo habías notado… Capitán… Segundo… estamos en la Cubierta, nuestra Cubierta, tratando temas personales…
-… porque no me dejó partirle la cara el primer día.
-¡Como si pudieras ni siquiera rozarme!
-¡BASTA! ¡ESTAMOS EN LA CUBIERTA JODER! Bastante hemos deshonrado ya este sitio con discusiones que no le pertenecen como para que ahora también corra la sangre… ¡sinceridad, confianza y respeto! Eso era lo que significaba esta mesa, ¿o también os habéis olvidado de eso ya? -había conseguido hacerles minúsculos contra las sillas- La siguiente norma lo único que pretende es mantener esos tres pilares… y sé que a ti Hades te va a molestar, y tal y como estás -cada vez más nervioso, la pierna horadaba ya el suelo- estoy segura de que pensarás cosas que no son… pero cuando te entren ganas de levantarte y partirle la cara a ese que tienes detrás… no lo harás porque entonces recordarás que yo saldré por la puerta y que el puño que darás sí… posiblemente derribe al Rojo, pero también esos tres pilares taaaaaaaaan importantes…
-Lo pillo, lo pillo, acaba con esto ya.
-La siguiente norma nos afecta a ti y a mi, y como consecuencia de ella la siguiente afectará al Rojo para mantener el quid pro quo ¿estamos? -asintieron, Hades la miraba fijamente, el Rojo con curiosidad- Las muestras de afecto, nuestra relación Hades… creo que lo mejor es que se queden de puertas para afuera de este local y en especial de esta mesa; dado que es lo que ha puesto en jaque a la tripulación estoy segura de que lo entiendes, a partir de ahora seremos dos camaradas más: sólo dos camaradas.
-Siempre ha sido así -se apresuró a apostillar y no pudiéndolo aguantar más se puso a andar de un lado para otro.
-A efectos prácticos sí, pero en realidad nos hemos comportado más como pareja que como camaradas y eso ha causado problemas -impidió que le interrumpiera- Si lo del hachís ha ido a tanto, Hades, es porque a quien el Rojo puso en peligro fue a mi… reconoce, reconoce… que no se hubiera montado este pollo si el que hubiera echado a correr fuera otro -Hades se mordió la lengua y el Rojo, muy sabiamente, también- por eso creo que esta decisión es la más adecuada e importante de todas. En la tripulación todos somos iguale Hades, la pérdida de ese equilibrio es la que casi acaba con ella estos días, y ese equilibrio se ha roto porque lo personal ha entrado en la Cubierta… -paró de andar y se volvió a sentar con un hondo suspiro, seguía sin poder parar de mover la pierna.
-Está bien, lo entiendo… aquí dentro eres mi camarada y a los camaradas no se les da besos en la boca no vaya a ser que eso moleste a otros camaradas…-sonreía por no llorar, el Rojo logró controlarse- pero quiero saber su parte -lo señaló directamente y por fin se dignó a mirarle.

Hace alrededor de 2 años

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#17

-Con esta primera norma no solo pretendo restaurar la equidad, sino también que el Rojo… no tenga que ver cosas que no le apetece ver en un sitio en el que además no tendría por qué verlas.
-¡Qué consideración! -no pudo evitar casi escupirlo.
-Contigo pienso tener la misma… A ti te incomoda no saber lo que él puede llegar a hacer por mucho que diga y prometa -esta vez tuvo que acallar al Rojo- y a mi… la verdad, eso también me inquieta… así que de momento el ultimátum que le diste seguirá en pie hasta que tú consideres que tenga que estarlo.
-¿Ponéis una garantía a mi palabra?, ¿eso es lo que confías en mí? -esa iba para Hades- ¿así es como pretendes ayudarme? -esa iba para ella.
-¿Ayudarte en qué?
-¿Me dejáis acabar?
-Hades me prometerá ahora mismo que ese ultimátum desaparecerá en el mismo instante en que vuelva a recobrar la confianza en ti en lo que a esta situación se refiere… -hizo un gesto inclusivo- Además, tú mismo, anoche, me dijiste que solo querías que tu Capitán volviera a confiar en ti como lo hacía antes… y también me dijiste que te esforzarías por respetar el límite o te irías hasta estar seguro de poder mantener tu palabra… -a Hades no le gustaba una mierda no haber tenido conocimiento de esa conversación hasta ese mismo instante, y al Rojo le desagradaba por igual que se hubiera hecho pública- ¿Acaso mentías?
-No -la desafiaba con la mirada.
-Pues entonces no te costará trabajo cumplir tu parte hasta que Hades se sienta seguro.
-¿Y qué pasa si no se siente seguro?, ¿hasta cuándo voy a tener que estar con un pie fuera?
-Confianza, sinceridad y respeto; sólo tenéis que recuperar eso y todo volverá a su cauce… y tal y como están las cosas, eso será lo único que os deberá preocupar de aquí en adelante, ¿estamos? Yo por mi parte mantendré la palabra que os he dado a ambos -los dos se miraron fugazmente, estaba claro que los mayores damnificados eran sus orgullos-, ¿qué parte de la palabra sinceridad no habéis entendido? Mirad… no sé si sois realmente conscientes de lo frágil que es esta situación, ahora mismo me siento como un maestro de orquesta en directo que no sabe cuándo sus acólitos van a desafinar… Todo lo que estamos diciendo aquí son palabras, palabras que se las lleva el aire y el único peso que pueden tener es la sinceridad con la que las decimos… o las demostramos. Así que sí… Hades, hablé con el Rojo anoche, y el Rojo me pidió ayuda, al parecer tu sabes mucho más que yo de sus circunstancias así que seguro que no te importará que preste mi ayuda a un camarada que me la ha pedido en uno de sus peores momentos, cuando tanto su mejor amigo como su Capitán le han abandonado… Y sí, Rojo, Hades me ha pedido que le prometa expresamente que no acabaré follando contigo sobre el capó de algún coche porque, al igual que yo, no puede dejar de tener la sensación de que eres una bomba a punto de explotar… -se apoyó en la silla para coger aire, no quería darles tiempo a que replicaran- Bien. Como podéis comprobar… tenemos mucho trabajo por delante, ¿estáis de acuerdo en estas medidas?, ¿u os parecen demasiado duras para vuestro grandísimo orgullo?
Silencio. Más silencio. Los dos se miraban con desconfianza y ninguno se atrevía a hablar primero.
-Es muy sencillo, tú respetas sus límites -señaló al Rojo- y él respeta los tuyos ¿Tenéis alguna aportación mejor?
Hades se levantó mirándola largo y tendido, seguía cabreado, muy cabreado, pero sabía, como Capitán, como amigo y como pareja, que tenía razón; luego miró largamente al Rojo a los ojos antes de extenderle la mano con un hondo suspiro de liberación.
-Cumpliré mi parte.
El Rojo también se levantó, ahora la miraba a ella, y luego a su Capitán sin saber que hacer…
-Es la mejor forma de que lo conserves todo, Rojo… -sus palabras terminaron al instante con cualquier duda que pudiera quedarle.
-Yo también cumpliré la mía -le estrechó la mano y Hades lo atrajo hacia sí con un gesto contenido.
-Hades…
-Solo me aseguro de que me estreche la mano con firmeza, niña… digo Mneme, como hacen los hombres de verdad.
Soltó su mano y se fue, el Rojo la miró inseguro.
-No han sido las mejores formas con él, Manish… -abría y cerraba la mano para que la sangre volviera a circular.
-Lo sé… solo necesita tiempo.
-Ya, yo también le conozco, sigo siendo su mejor amigo aunque le joda -se paró enfrente de ella, parecía que le iba a dar la mano, pero se las guardó en el bolsillo- Tendrá el tiempo que necesite.
-Ahora solo tienes que conservarla, Rojo -ya salía por la puerta, pero se volvió con una sonrisa.
-Gracias por esto, Mneme -su mirada ya lo dijo todo por él.
Escuchó al resto en la entrada, ya habían llegado, saludaban a su Capitán; salió de la Cubierta, Caesar y ella aún tenían mucha tarea por delante si querían llegar a tiempo para participar en las jornadas del Jarama. El Rojo cogía los chivatos para irse, la montañita de hachís había disminuido notablemente, pero aún le quedarían un par de semanas o tres; saludó a los demás y se despidió de Hades con un gesto… bueno, algo era algo, Hades se lo había devuelto.
-¿Qué tal mozuela?, ¿estás preparada? Hoy tenemos mucho curro ¡hay que lijar!
-Siempre lo estoy camarada, ahora voy para el taller.
-Va… oye -la detuvo- ¿qué le has dicho a esos dos? -Caesar era perspicaz, cerró la taquilla y anduvo con ella hacia la entrada- me ha perecido percibir cierto deshielo en la situación.
-Supongo que les he hecho entender… que esto es incómodo para todos -le guiñó un ojo y se dirigió a Hades, que estaba en el aparcamiento, sentado en la moto fumándose una enorme ele.
-Le estás pidiendo demasiado -la recibió con aquellas palabras pero por lo menos le extendió el canuto.
-No lo sé… eso lo dirá el tiempo, si le dejas; ¿y a ti?, ¿te estoy pidiendo demasiado Hades?
-No… a mi orgullo sí -sonrió abatido- le has pedido mucho la verdad, pero a mi no me pides demasiado teniendo en cuenta cómo te hemos hecho sentir… lo siento, de verdad -recogió su mirada y él el porro- De hecho lo que has propuesto hoy… creo que es justo, de una manera retorcida… pero lo es - miraba al suelo, estaba mucho más tranquilo, no sabía si por el efecto de la media ele que ya se había metido para el cuerpo o porque en verdad había empezado a asimilar la conversación- Supongo que lo que quiero decir es que… -se lo volvió a pasar- gracias por haber tomado las riendas de todo esto y no haber dejado que algo así, en fin, causara más daño del necesario a la tripulación…
-… Hades…
-… no he estado a la altura, Manish…, soy el Capitán, joder, y me he comportado como un auténtico crío…-por toda respuesta lo abrazó.
-Ahora no quiero que te flageles así porque no sirve de nada, todos cometemos errores… -se separó un poco de él para poderle mirar a los ojos mejor.
-He antepuesto mis deseos personales a la tripulación y eso ha tenido consecuencias, es lo primero que nos enseñó el Maestro que no debíamos hacer y es lo primero que he hecho ¿Y sabes qué? tan solo me he dado cuenta cuando tú lo has dicho.
-Quizás por eso él siempre dice que han de ser dos ¿no crees? -le sonrió para intentar animarle.
-Serías una buena Capitana… -resiguió sus labios con los dedos como solía hacer.
-Lo seremos, los dos -tomó sus dedos y los besó, él no pudo evitar besarla a ella, primero lento, pero luego no pudo parar.
-Tengo tanto miedo de perderte Manish que… -volvió a besarla, definitivamente no quería que se fuera- no podría soportarlo, ¿lo sabes verdad?
-Ya te dije... -le sujetó la cara con ambas manos, muy cerca aún- que nadie podría alejarme de ti salvo tú mismo; tú mismo y ese miedo tan absurdo que tienes que te hace ser quien no eres… Yo no quiero a este Hades temeroso del señor, ¿entiendes? Yo quiero al Hades de la otra noche, el que estaba seguro de que los humanos nada tenían que hacer en los asuntos de los dioses… -lo miró de tal manera que no le cupiera duda alguna de sus intenciones en aquel instante.
-Los dioses también son humanos al parecer -sonrió sin apartar los ojos de su boca- te dije que cumpliría las reglas, de verdad… -ya le miraba como ella quería que la mirase- y de verdad que lo pienso hacer, pero ahora mismo… -le dio un beso rápido, un suave aleteo- me resulta casi imposible, además el Rojo no está… ¿me perdonarías esta ofensa? -sus manos ya estaban en su cadera.
-Depende…
-¿De qué? -adoraba esa media sonrisa.
-De las veces que puedas pedirme perdón -escapó del beso y se montó en la moto.
Él se montó delante sin dejar de sonreír; ella se agarró dejando caer su cuerpo como siempre hacía y se perdieron entre el estruendo, le pareció ver a Caesar agitando las lijas con la mano en su dirección, pero no podría asegurarlo.

Hace alrededor de 2 años

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#18

Las charlas habían servido para que por lo menos no se ignorasen, pero Hades aún era reticente a pasar con el Rojo más tiempo del necesario; el pelirrojo se esforzaba por dejarle su espacio, pero era evidente que ya se estaba empezando a cansar de las evasivas y silencios de su Capitán, no era una persona que se caracterizase precisamente por tener paciencia. Si la cosa no había vuelto a explotar era porque a los dos les martilleaba en lo más profundo de la conciencia las palabras que ella había pronunciado en la Cubierta: por su pelea absurda había puesto en peligro los tres pilares que los sostenían a todos y de los que dependía su supervivencia como tripulación. Por eso los dos, aunque aún distanciados entre sí, se esforzaban por mantener la palabra dada; Hades no la había vuelto a tratar como pareja mientras estaban con la tripulación; y el Rojo guardaba tantas distancias para que Hades se sintiera seguro que se cortaba a sí mismo si la conversación que mantenía con ella era demasiado larga, cuando estaban con los demás intentaba que siempre hubiera alguien entre ambos, y procuraba no quedarse nunca a solas con ella, y si lo hacía, con alguien más cerca que pudiera verles.
Los dos parecían apreciar los esfuerzos del otro, pero ninguno se atrevía a romper el hielo aún, a recorrer la distancia que se había abierto entre ambos durante aquellos días; parecían incapaces de volver a tratar al otro como antes, como si ninguno de los dos se creyera con el derecho a hacerlo. Lo de hacer las tareas juntos… Hades solo buscaba excusas y el Rojo se limitaba a encajarlas; nunca parecía ser el momento oportuno. Lo más que había conseguido ella al respecto es que un día se quedaran los dos hasta tarde limpiando el local; los había espiado sin que se dieran cuenta pero no soltaron palabra sobre el asunto, solo habían hablado de banalidades y tonterías, lo que le confirmó que Hades había asumido que se había equivocado pero no encontraba el camino para volver a tratar al Rojo igual, quizás porque aún no había logrado desprenderse del todo de la rivalidad insana que les había llevado hasta ese punto o incluso, conociéndole, porque no se creía digno después de lo que había pasado. Si algo no podía aguantar Hades era el trato injusto a las personas y era precisamente lo que él acababa de hacer y seguía haciendo… aceptar la culpa no era difícil, lo difícil era digerirla. El Rojo por su parte sabía perfectamente que poco podía decir para que su Capitán confiase en él de nuevo y lo tratase como antes, así que prefería callar hasta tener la posibilidad de demostrarle que seguía siendo su mejor amigo y su Segundo al mando; además, al igual que ella, el Rojo conocía bien a Hades y podía ver la culpabilidad en sus ojos, que se sentía mal por lo ocurrido, pero él tampoco se creía digno de consolarle cuando era por su culpa por lo que estaba así. Un pez que se muerde la cola; uno que no es capaz de pedir perdón, el otro que no era capaz de decir lo siento, estaban llenos de orgullo y culpabilidad, y por más días que pasaban aquello no parecía solucionarse.
Se buscaban sin buscarse y sin encontrarse, se veían todos los días sin mirarse, se echaban de menos aunque estuvieran juntos, hablaban sin decirse nada... Todo era ridículo y ellos mismos lo sabían, pero eran incapaces de romper con aquella absurda inercia.
-Mira si está aburrido que se ha puesto a hacer ya las cuentas… y el Rojo ni siquiera ha acabado de pasar todas las bellotas -el apunte de Caesar era totalmente acertado; Hades se había puesto con las cuentas en la barra- le echa de menos pero su jodido orgullo no le deja darse cuenta.
-O no sabe cómo decírselo.
Ellos ya estaban casi acabando de lijar el coche, Caesar se ocupaba de la parte de arriba del capó, mientras ella estaba con las aletas, el Mario había ido a por la pintura y Horus estaba por la ciudad, reuniendo información para posibles golpes. El Rojo casi había acabado de pasar el hachís y en seguida empezarían con los preparativos para el siguiente objetivo, no podían permitirse que la tripulación siguiera a medio coser para entonces.
-No creo que aguanten mucho así; ya sabes… son como gasolina el uno para el otro, aunque se enfaden nunca han soportado estar sin hablarse durante mucho tiempo, al final siempre acaban por necesitarse mutuamente, pero claro, esta pelea ha sido totalmente diferente.
-Ya… eso es lo que me preocupa, ¿qué excusa te ha puesto hoy? ¿Cambio de lija? -Caesar se acercó a su zona.
-Sí, coge ya la fina. Pues… hoy no se ha inventado ninguna excusa, me ha dicho que en qué le iba a ayudar si de momento estaba cumpliendo el castigo.
-¿A ti no te cansa ya esta situación? Al final vamos a tener que posponer el siguiente golpe…
-No tanto como a ti… pero sí supongo que sí, yo también echo de menos que estén los dos haciendo el cabra por ahí.
El Rojo llegó de su penúltima ronda, les saludó con un gesto sofocado y fue directo a la manguera (al lado de la puerta del taller) para mojarse la cabeza y beber como si no hubiera un mañana, el calor ya empezaba a notarse; luego pasó al local a por una cerveza, depositó las ganancias en la barra y se puso a charlar con Hades, casi habían parado de lijar a la vez.
El local era una sala de fiestas que había sido construida sobre la estructura de una antigua fábrica, de esas con la fachada de ladrillo, tejado en eme, planta rectangular, ventanas estrechas en la parte superior y en uno de sus extremos una enorme chimenea (que habían retirado en su día y sustituido por un patio de luces). El local era bastante grande, con la sala de fiestas nada más entrar, la barra a la derecha, los sofás a la izquierda donde estaría la sala vip, en un espacio separado por arcos de medio punto de la pista de baile, y al fondo el patio de luces con la pared que da a la sala hecha de bloques de cristal de colores para que entrara más luz. Ya en el patio, a la izquierda, estaba la Cubierta, de frente los baños y a la derecha el almacén (donde tenían el ring además de sus más preciadas pertenencias) que daba a la cocina, también con acceso por detrás de la barra; como la cocina era bastante grande, habían tomado la despensa para hacer un pequeño dormitorio, por si alguien necesitaba quedarse a dormir allí alguna vez. El local tenía además en la parte delantera una amplia explanada pavimentada, lo que antes eran los aparcamientos; ellos habían ampliado el local tomando la parte izquierda de esos aparcamientos para hacer el taller (no querían ocupar toda la sala de bailes) y trasladaron la puerta principal a la parte derecha, por lo que quedó al lado de la barra. Caesar se encargó de reforzarla y el hueco de la puerta antigua lo convirtió en el acceso al taller desde el interior, que además tenía una puerta grande metálica que daba a los aparcamientos y desde la que podías ver la puerta principal y parte del inicio de la barra, justo donde estaban Hades y el Rojo.
Aunque era prácticamente imposible escucharlos desde allí habían parado de lijar como si por algún extraño motivo pudieran oírles, pero solo podían ver que intercambiaban algunas palabras, seguro que en relación con el negocio, se bebían la cerveza juntos y ninguno se atrevía a romper el hielo, ese maldito hielo que a este paso les congelaba a todos. Salieron a los aparcamientos a echar un pitillo, ahí sí que podían escucharles:
-No estés hasta muy tarde por ahí hoy… Horus dice que la cosa está revuelta con la Esvástica, por lo visto les ha desaparecido algo y andan por ahí preguntando.
-Podría indagar, Capitán…
-No… aún no sabemos con qué nos podemos encontrar, y con ellos hay que andar con cautela; tú ven pronto.
-Volveré antes de que cerréis.
El resto del cigarro transcurrió en silencio, luego el Rojo entró a por más mercancía y se volvió a ir, Hades regresó a las cuentas.
-Eso de la Esvástica no me ha gustado ni un pelo -susurró Caesar.
-¿A qué te refieres?
-En los últimos años han conseguido mucho poder en la calle… si les ha desaparecido algo se puede liar.
Hades siguió con las cuentas un buen rato, pero desde allí veía perfectamente que no estaba a lo que estaba, que parecía darle vueltas a algo; salió a fumarse otro cigarrillo, luego entró y volvió a coger el móvil, llamaba a alguien, golpeaba de forma nerviosa los papeles con el bolígrafo; colgaba y volvía a llamar.

Hace alrededor de 2 años

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#19

-¿A quién estará llamando?
-No sé… estará intentando averiguar algo más.
-¿Habíais tenido problemas con la Esvástica antes?
-Fue antes de que tú vinieras, antes incluso de que tuviéramos el local, cuando estábamos de aquí para allá porque no teníamos ningún sitio al que ir… Una tarde nos metimos sin saberlo en uno de los barrios de la Esvástica, íbamos a una fiesta a la que nos había invitado una muchacha amiga de la chavala que estaba saliendo por aquellos entonces con el Rojo. Nos pareció un plan muy divertido reventar la fiesta a aquellos pijo mierdas, así que fuimos… y cuando mejor nos lo estábamos pasando aparecieron ellos. Si nosotros por aquellos entonces teníamos… mmmmm… no sé… ¿trece o catorce años? ellos tendrían pues… dieciocho o diecinueve, así que imagina…
-¿Cuántos eran?
-Allí fueron cuatro, pero luego supimos que eran más; nos sacaron a ostias y Hades acabó reventado… una de sus grandes derrotas, así que no le saques el tema porque aún la recuerda. Tuvimos que salir por patas, el Rojo cargó con él, fue el único que logró sacarle de allí.
-¿Y por qué hasta ahora no he escuchado hablar de ellos? Conociendo a Hades no creo que se quedara a gusto dejando las cosas así; él solo se va de una pelea inconsciente.
-Y tienes razón -sonrió y también cambió de lija- Si no has oído hablar de ellos antes… es porque Hades asumió que nosotros solos no podíamos hacer nada, no quería ponernos en riesgo por una vendetta tonta, así que prefirió zanjar el tema e ignorarlo.
-Me cuesta creer que lo ignorase, fíjate.
-No lo hizo, bueno, a medias… -concedió Caesar con otra sonrisa- cuando el Círculo…
-…¿el Círculo?...
-… sí, el Círculo Anarquista, cuando los llaman porque hay pelea él y el Rojo van, nosotros pasamos… la Esvástica no es gente con la que te apetezca mucho enfrentarte ¿entiendes? Pero ya conoces a estos dos… son de sangre caliente; lo hacen al margen de la tripulación, a título personal.
-Así que a eso se debían las peleas… -ella era conocedora de esas peleas a las que iba con los Anarquistas, pero nunca la había dejado ir porque decía que era demasiado peligroso, ella un día lo siguió a hurtadillas y comprobó que en efecto lo era, así que no se molestó en discutirle más y cada vez que le preguntaba a dónde iba y respondía, “con los anarquistas”, se limitaba a dejarle marchar y a estar pendiente del móvil hasta que la volviera a llamar para indicarle que estaba bien, apaleado como un perro, pero bien. Ella nunca había entendido del todo la necesidad de aquellas pelas tontas que no llevaban a ningún sitio, sin duda esta nueva información daba cierta luz al asunto- pero hace tiempo que no van a ninguna.
-Eso es porque el año pasado los de la Esvástica consiguieron por fin arrebatar a los anarquistas el local que habían okupado, desde entonces andan desperdigados… Fue por la noche, de repente y sin previo aviso, una auténtica jugarreta; Hades y el Rojo se enteraron al día siguiente cuando ya era demasiado tarde, se habían atrincherado y era imposible recuperarlo. Desde entonces los Anarquistas andan desperdigados y los persiguen para no dejar que se reúnan, por si pretenden recuperar el local…
-¿Cuántos son para poder hacer eso?
-Bastantes… no sé con exactitud, pero demasiados para nosotros incluso aunque nos aliáramos con el Círculo; además, desde que les echaron del local su número ha mermado considerablemente…
-¿Por qué ha dejado Hades de ayudarles? -sabía que era algo que no pegaba con su carácter.
-Temía que los de la Esvástica acabaran sabiendo quiénes eran… y viniendo aquí a hacernos lo mismo que les hicieron a ellos; además los anarquistas andan descabezados… con luchas intestinas y tal…
-La izquierda siempre igual -suspiró de rabia.
-Si… para qué variar; además la Esvástica es cada vez más fuerte, antes se contentaban con el mercado de las drogas químicas, por eso tenían a casi todo el mundo en contra, pero ahora se están pasando también al hachís, la maría, el polen, el opio, las setas… y llegan a más barrios.
-¿Y nadie los para o qué?
-Ningún grupo es lo suficientemente grande, y aún no ha nacido quien ponga de acuerdo a tanto delincuente.
-Los de la calle se van a quedar sin negocio… y nosotros también si al final tenemos que acabar robándoles a ellos.
-¿Y qué pueden hacer?... pues nosotros menos, seamos realistas.
Acabaron de lijar el coche en silencio, ella rumiando lo que Caesar acababa de contarle y mirando de vez en cuando en dirección a Hades, que ya se había olvidado de las cuentas y estaba pegado al teléfono llamando a este o a aquel, de un lado para otro enfrente de la puerta principal. Era muy extraño que no hubiera sabido nada de toda aquella historia hasta entonces.
-No me gusta esto, Caesar… ¿Por qué Hades no me contó nada?
-¿Nunca lo ha hecho? -parecía sorprendido- La verdad es que cuando tú llegaste a la tripulación eso ya era agua pasada y le jodió bastante la derrota… así que procurábamos no sacar el tema, quizás haya sido por eso.
Si Hades, tal y como sabía que era, había decidido no involucrar a la tripulación con aquella gente tenía que ser por un motivo muy poderoso, y que no le hubiera contado nada al respecto durante todos aquellos años la mosqueaba aún más… Hades nunca le había ocultado nada, y menos algo así, tenía que haber algún detalle que aún no sabía y al parecer Caesar tampoco, ni siquiera al resto de la tripulación… si había alguien que sabía ese algo sin duda era el Rojo. Conocía a Hades , aquel suceso era demasiado importante como para que nunca se lo hubiera encontrado en alguna narración de su biografía personal, y era muy extraño que Caesar también lo hubiera casi borrado de su memoria, el Capitán se había esforzado mucho por eliminarlo de la memoria colectiva… ¿cómo era posible que nunca hubiera surgido en una conversación?
-Id chapando esto -se había acercado al taller, aún con el teléfono en la mano y un gesto tremendamente serio.
-¿Qué pasa Hades? -se atrevió a preguntar por fin.
-Id chapando y llamad al Rojo y al Mario, que vengan YA.
-Hades…
-Mneme por favor, obedece.
El móvil vibró en su mano y se alejó unos pasos para contestar; hablaba con Horus, estaba claro. Caesar se puso a recoger todo por encima, ella se encargó de llamar al Rojo, saltaba el buzón de voz, el Mario no contestaba; se lo hizo saber al Capitán con gestos, seguía extremadamente serio y eso le puso más nervioso, lo que a su vez la puso también nerviosa a ella; le indicó que volviera a intentarlo.
-¿Qué has encontrado?... sí, coincide con lo que me ha dicho el Apache… tenemos un buen marrón encima, ¡joder!... ya, y sin comerlo ni beberlo, me cago en la puta... el Rojo aún anda por ahí y no coge el teléfono, ¿tú dónde estás?... pues estás cerca, ve a por él y venid aquí ahora mismo… YA, Horus, es una orden… y tened cuidado de que no os sigan… me cago en la puta… -ella se dio la vuelta para mirarle- ya está aquí…
Hades enmudeció, ella dejó caer el móvil que se abrió en el suelo, Caesar salió a correr en dirección al Rojo que entraba balanceándose y perdiendo pie en el halo de luz de la farola del aparcamiento. La cara le chorreaba sangre, con el brazo izquierdo se rodeaba el costado que también sangraba, cojeaba del pie derecho… cayó al suelo y gimió de dolor, la sangre que resbalaba por su rostro enseguida creó un pequeño charco en el suelo…
-Ven ya, Horus, ven YA y localiza al Mario joder -colgó y salió a correr tras Caesar y ella tras él.
El corazón se le iba a salir del pecho y las piernas le flaqueaban, le costaba respirar y su campo visual se balanceaba… solo era capaz de ver al Rojo ahí tirado y la sangre caer, gota a gota, de su cuerpo al suelo.
-Rojo, Rojo… -gritaba Hades- ¿qué coño ha pasado? ¿eh? -Caesar lo tenía entre sus brazos y Hades le hablaba de muy cerca, la voz le temblaba, el sudor pegaba las hebras de pelo a su cara- Rojo… dime qué te han hecho… Casar, ve a por la furgoneta, tenemos que llevarle a un Hospital… -ocupó con cuidado su lugar- dime que no te han seguido hasta aquí…
-Me.. em… emboscaron -intentar hablar le hizo toser y al toser se quebró de dolor sobre sí mismo.
Le habían partido la nariz, la ceja y el labio, tenía feas heridas por los brazos y en las manos y le sangraba el costado; ella solo podía ver la sangre caer y su pecho agitado aún por la carrera subiendo y bajando con dificultad pero sin descanso posible, su mirada que se iba…
-Eh, eh, eh -Hades le dio palmadas en la cara para que no se durmiera- háblame, Rojo no me jodas… háblame -la angustia quebraba su voz, la miró y su mirada lo dijo todo: se sentía culpable, era una mirada totalmente desesperada- Rojo háblame…
-Rojo, mírame, Rojo… -se acercó a él y le cogió la mano- eh… mírame, soy yo -el pelirrojo intentó mirarla, pero sin fuerzas dejó caer la cabeza en Hades, la carrera con aquellas heridas debió de ser tremenda… aún así notó cómo le apretaba la mano- Rojo…, Rojo…
-¡Caesar me cago en la puta! ¡Vamos, venga! -Caesar había aparcado la furgoneta justo delante de ellos- ayúdame, cógelo mejor por aquí… Manish ¿puedes cogerlo por los pies? Tenemos que procurar no moverlo mucho… -cuando el Rojo notó que iba a soltarle la mano, la apretó con más fuerza y susurró algo- Caesar, coge mejor los pies, venga, a la de tres, Rojo todo irá bien… una, dos y ¡tres!

Hace alrededor de 2 años

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#20

Lo levantaron, no sin gran esfuerzo, el Rojo era alto y corpulento para su edad, ella le sostuvo como pudo con la mano que le quedaba libre por debajo de la espalda para mantenerle lo más recto posible, él no estaba dispuesto a soltarla, por lo menos seguía consciente. Lo tendieron en el colchón de la furgoneta, se quedó con él dentro, aún aturdida, la sangre seguía cayendo… Caesar se puso al volante, arrancó, Hades volvió a llamar a Horus, no contestaba.
-¡Me cago en la puta! ¿Dónde coño están?, ¿qué tal va, Manish?
-Aún está consciente… -susurró, Hades le puso una mano en el hombro, ella se volvió hacia él.
-No tengas miedo… esto no va a volver a pasar.
-Hades mira cómo le han dejado…
-E-estoy, b-b-bien -pudo articular el pelirrojo, intentó sonreír, pero su cara se quebró en una mueca de dolor.
-Shhhhh -le apretó la mano, incapaz de decir nada más, mirándolo a él y luego a Hades, el nudo en la garganta le impedía hablar- no hables, tan solo no me sueltes la mano.
-Esto no volverá a pasar -le reiteró y esta vez su mirada era aplastante; se volvió a dar la vuelta y marcó otro número…
No pudo escuchar lo que decía pese a que lo tenía al lado, el Rojo había dejado caer sin fuerzas el brazo que tapaba su costado izquierdo, algo le había quemado la camiseta en un punto, la tenía pegada a la piel alrededor de una feisima quemadura, tenía quemaduras similares en las palmas de las manos y de menor grado en los brazos… Toda aquella sangre y aquellas heridas le nublaron la vista, el muchacho tenía la cara perlada de sudor y le costaba mantener los ojos abiertos… pero su mirada, casi rendida y medio oculta entre los párpados, las pestañas y la sangre reseca no se apartaba de ella, obstinada, se mantenía consciente esforzándose por seguir contemplándola de tan cerca.
-Rojo… lo siento… -no pudo evitar que las lágrimas, que habían empujado como un ariete, rompieran sus defensas hasta caer encima de él; Hades seguía hablando por teléfono- lo siento…
-No… -fue lo único que pudo susurrar, soltó su mano e intentó secar sus lágrimas, solo se llevó una por delante antes de caer sin fuerzas…
Hizo un nudo con ellas en la garganta y volvió a coger su mano y a apretarla, como si así pudiera trasmitirle su energía de algún modo, Caesar iba a toda hostia pero procuraba no balancear mucho la furgoneta, al Rojo se le cerraban los ojos, incapaz de mantenerlos abiertos por más tiempo, aparte de apaleado estaba completamente fatigado…
-Hades… -gimió, y las lágrimas empezaron a caer de nuevo, Hades colgó y se giró.
-Caesar por tu vida, dale caña ¡joder!
Caesar apretó el paso, Hades se pasó a la parte de atrás entre los sillones, cogió la otra muñeca del Rojo y le tomó el pulso, le volvió a dar palmadas en la cara, ella solo podía escuchar los latidos de su corazón y el rugido del motor, el claxon… Hades le estaba diciendo algo pero no podía oírle, el sudor se resbalaba por su pelo, miraba al Rojo con ojos culpables, apretaba la mandíbula con rabia.
-Ya llegamos.
-Venga, venga, venga… Manish abre.
Soltó su mano que cayó sin fuerzas y abrió la puerta de la furgoneta que aún estaban en marcha, saltó y corrió hacia las ambulancias, abordó a un camillero y lo llevó con palabras ininteligibles en dirección a la furgoneta, Caesar ayudaba a Hades a bajar el colchón, el camillero al ver al Rojo corrió en su dirección llamando a sus compañeros, ella arrastró los pies tras ellos como pudo, las luces del hospital se clavaban en sus pupilas como agujas diminutas, el corazón le seguía bombeando las sienes con un latido hondo y pesado, Hades gritaba apremiando a los camilleros. A los segundos un auténtico hormiguero se había generado alrededor del Rojo, habían apartado a Caesar y a Hades, que se echaba las manos a la cabeza y se mordía la muñeca, Caesar lo sujetaba para que dejara a los médicos hacer su trabajo. Consiguió llegar hasta ellos, se llevaban al Rojo dentro, Hades no lograba tranquilizarse:
-¿Y dónde coño están el Mario y Horus? ¡JODER!
Caesar tenía el rostro desencajado, ella estaba paralizada, y Hades completamente deshecho, si se mantenía en pie era por la rabia que bombeaba en aquellos instantes a todas las partes de su cuerpo. El Rojo atravesó las puertas.
-Hades, Hades… -le quitó el móvil y le obligó a que la mirara- tenemos que entrar, y para eso tienes que calmarte ¿vale? -su mirada temblaba tanto como él, estaba segura de que ni siquiera le estaba escuchando- Hades… ¿me estás escuchando? -no podía apartar los ojos de la puerta que acababa de traspasar su amigo, su mejor amigo- Harán preguntas y tienes que estar en condiciones para responderlas ¿entiendes? -la respiración se le aceleraba por momentos, le cogió por la cara para obligarle a que la mirara- Capitán esto no es lo que el Rojo necesita ahora mismo, ¿entiendes?
-¡Aquí están! -gritó Caesar, ella suspiró de alivio, Hades no se movió y la siguió mirando como aturdido.
-Ahora solo podemos pensar en el Rojo -él asintió lentamente, pero la rabia seguía ahí, deseando una chispa y mucha más sangre de la que habían visto ya- no es tu culpa Hades… esto no es tu culpa -su mirada era tan líquida que se desparramaba en sus cuencas como lo había hecho la sangre del Rojo sobre el suelo- No es tu culpa... -le volvió a susurrar en el oído y lo abrazó con fuerza.
En aquellos momentos no deseaba otra cosa que sentirle sano y salvo entre sus brazos, debió notarlo en la desesperación de su abrazo porque consiguió calmarle un tanto; todo lo que era posible en una situación como aquella.
-¿Qué coño ha pasado? -preguntó Mario, quitándose su característica gorra roja para limpiarse el sudor; jadeaban, los dos habían llegado corriendo.
-Eso ahora no importa, tenemos que entrar –había recobrado algo la compostura y logrado concentrar la rabia en la tensión de su cuello, se dirigió al Hospital, a esas puertas, y ya de espaldas se limpió discretamente las lágrimas y emitió las órdenes necesarias- Casar, Mario, os tenéis que ir con la furgoneta -ninguno de ellos tenía carnet y de momento solo habían visto conducir a Caesar, así que era mejor que se fueran para no tener que dar explicaciones- no os quedéis solos y tened mucho cuidado de que no os sigan, no vayáis al local, dejadla aparcada en mi barrio por el momento - obedecieron inmediatamente a su Capitán y desaparecieron- Horus, que Manish te dé el móvil, haz las llamadas, ya sabes a quiénes y ni se te ocurra alejarte de aquí -se puso la capucha de la sudadera y también se fue- Manish no te separes de mi y vigila por si ves a alguien sospechoso…
-¿De verdad crees que estarán por aquí?
-No lo sé… -y realmente no lo sabía, sus ojos se perdían impotentes entre la gente, los puños se volvieron a crispar.
Se acercaron al mostrador de recepción, ella se mantuvo a su lado, ojeando a toda la gente de la sala de espera sin saber exactamente qué buscar. Hades respondía a las preguntas sobre el Rojo y lo que había sucedido con toda la paciencia de la que era capaz; mintió y dijo que lo había encontrado así en casa y que no sabía quién había sido. Esa mentira le puso los pelos de punta, si había mentido era porque tenía planeado vengarse, la miró para que mantuviera la boca cerrada, ella devolvió su mirada a las incómodas sillas de espera y sus diversos habitantes. No le gustaba nada cómo pintaba el asunto, todo el mundo les miraba, estaban llenos de sangre reseca, a ella aún le temblaban las manos, y no podía quitarse de la cabeza al Rojo cayendo al suelo, como un alfil derrotado.
-Muy bien y ¿quiénes sois vosotros?, ¿sus amigos?
-Sí.
-¿Y me podéis facilitar el número de algún familiar?
-Me temo que no… él… -pudo percibir cómo una mirada verde y fugaz, que acababa de darse cuenta de que la había cagado, se escapaba hacia ella; suspiró y siguió hablando- él es huérfano -se giró por completo para mirarle- su madre murió y… se ha emancipado este año.
-Entiendo… tendrá que aportar la documentación necesaria.
-Sí, sí… no se preocupe.
-Entonces ¿serás tú la persona de contacto?
-Sí, supongo que sí -esa respuesta la dijo mirándola a ella, que seguía sin poder apartar sus ojos de él y de los garabatos que la enfermera hacía en el historial.

Hace alrededor de 2 años

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#21

Una vez rellenos los datos, que Hades se sabía como un auténtico padre, les indicaron que tendrían que esperar, lo que le exasperó aún más; se sentaron en el sitio más apartado y donde menos gente había, aunque la sala estaba bastante llena. Al sentarse Hades se la quedó mirando, tenía que tener una cara horrible después de todo aquello, le acarició los labios como solía y eso pareció calmarle un tanto, aunque aún podía ver la rabia atrincherada en su cuello y latente en su mirada, parecía observar algo que tenía en la mejilla, se fue a tocar pero él se apresuró en limpiarla.
-Tenías sangre…
Cuando su piel estuvo lo suficientemente limpia aún se la quedó mirando durante unos instantes, luego devolvió la mirada con esfuerzo al resto de la sala, sus ojos peregrinaban en silencio de una cara a otra, la rabia seguía ahí, pero podía ver cómo luchaba contra ella con una fiereza silenciosa, cómo intentaba someterla para servirse de su poder en lugar de dejar que le poseyera. La batalla se libraba entre las paredes de su cráneo y en lo más profundo de su corazón, pero el precio siempre era su alma. Verle así, vapuleado como Capitán y sabiendo que de nuevo no había podido proteger a los suyos como tal, le rompía el corazón pues sabía lo importante que era eso para él. No tenía ningún golpe pero lo veía apaleado, aún así se mantenía inhiesto en la silla y apretaba sus mandíbulas con fuerza para imponerse, lo que sin duda causaba una gran impresión aunque no le conocieras de nada, quizás por eso aún eran el objeto de escrutinio de toda la sala. Una figura de negro con la apariencia de un demonio, de mirada ardiente para nada dispuesta a rendirse, firme allí sentado, imperturbable, la sangre reseca que manchaba su piel blanca y sudorosa, mirando sin rastro de compasión a cada individuo que tenía su alrededor… La rabia le hacía olvidar que era humano y, como una bestia, dejaba de distinguir amigo de enemigo, inocente de culpable. Los miraba a todos por igual, con el mismo desprecio, una mirada roja y sanguinaria que no estaba dispuesta a perder más. Cerró los ojos no sin cierto esfuerzo y dejó caer la cabeza en la pared, tras varias exhalaciones controladas y unos cuantos minutos los volvió a abrir… Seguían turbios, la rabia agazapada tras su voluntad, como si la hubiera reducido con unos cuantos latigazos rápidos, golpes que habían sido capaces de replegarla durante unos instantes, pero contra los que se levantaría con el doble de fuerza. Decidió aprovechar aquellos breves instantes de lucidez para intentar responder a alguna de las muchas preguntas que le avasallaban la cabeza. Tenía muchísima curiosidad respecto al Rojo desde que Hades pronunció la palabra “huérfano”, pero decidió plantear preguntas más acuciantes.
-¿Cómo es posible que nunca me hayas contado que hace años tuviste un encontronazo con esta misma gente que hoy ha dado una paliza brutal a uno de nuestros camaradas?
-¿Quién te ha dicho eso, Caesar?
-¿Qué pasó con esa gente?, ¿quiénes son?, ¿le han pegado esa paliza por una juerga de hace años?
-No… -volvió a cerrar los ojos y a apretarlos con fuerza y continuó del tirón- Horus llamó y me dijo que los de la Esvástica estaban preguntando por algo que les habían robado, aún no sabía qué era, así que le dije que siguiera investigando; pero me mosqueé, solo un idiota robaría a esos tíos, así que llamé a los Anarquistas para ver si ellos sabían algo del tema… y me dijeron que por lo visto les habían robado hachís…
-… y creen que ha sido el Rojo porque es el único que está vendiendo un hachís que nadie sabe de dónde coño ha salido, porque a esos jodidos cuarentones no los conocía ni dios…
-Exacto… es lo que pensé -suspiró- luego Horus me dio la misma información y… bueno el Rojo apareció allí de esa manera y… ¡joder! -fue a dar un puño en la pared pero le detuvo….
-¡Para!… ¿no querrás llamar más la atención? -se destensó, pero sus manos seguían crispadas bajo las suyas; la rabia luchaba por salir con sus propios latigazos- ¿tu crees… que al ver al Rojo se habrán acordado de aquella noche?
-Eso es lo que me preocupa…
-¿Por qué?
-Porque fueron muy explícitos con sus amenazas, Manish… -se levantó y se puso a andar de un lado para otro- y no creo que con la edad se hayan suavizado.
-¿A qué te refieres?
El enfermero que había atendido al Rojo salió a la sala y Hades prácticamente corrió hacia él, ella le siguió sin dejar de vigilar a la gente que tenían alrededor. El enfermero le decía que podía pasar a verlo.
-Solo la persona autorizada, lo siento
-Ella es su novia -mintió con una de sus encantadoras sonrisas- seguro que quiere verla después de algo así ¿no cree? -el enfermero les miró, suspiró y les dejó pasar a ambos.
Le siguieron por los pasillos, de atmósfera viciada, casi masticable, por puertas y más puertas a través de ese insoportable olor nauseabundo y penetrante a lejía y a enfermedad que lo impregnaba todo. Las mujeres de la limpieza pasaban a su lado con ojos indolentes empujando su carrito; los familiares de mirada cansada y alicaída mataban el tiempo en los incómodos asientos de los pasillos, rígidos y duros por ser demasiado viejos; por esta puerta un anciano intentaba cambiar el canal de la tele sin éxito, estaba rodeado de cables, su era piel muy amarilla; en la puerta siguiente la enfermera limpiaba a un paciente que no paraba de quejarse a voces; una niña con la pierna rota escuchaba música más adelante junto a su hermana gemela y su madre que ojeaba una revista; los médicos salían y entraban haciendo la ronda, las enfermeras pululaban de un sitio para otro; ahora una mujer de unos 50 tosía descontroladamente emitiendo un sonido espeluznante para nada halagüeño que dejaba adivinar años de íntima relación con el tabaco; en la siguiente puerta preparaban para el traslado a un muchacho muy joven en silla de ruedas, extremadamente delgado, con la mirada perdida en el suelo y las frágiles muñequitas apoyadas en la silla, cubiertas con vendas.
-Es aquí, la 213; el médico está dentro.
-Gracias -contestó Hades y empujó la puerta para entrar.
-Soy el Doctor Garrovillas -dejó de escribir lo que estuviera escribiendo y le tendió la mano, él se la estrechó con firmeza, ella también lo hizo- ¿cómo os llamáis?
-Queremos saber cómo está.
El Rojo estaba tendido en la cama con gotero, con las heridas de brazos y manos vendadas, al igual que el costado, le habían puesto tiritas de sutura en las heridas de la cara y le habían limpiado toda la sangre, ya lo único rojo era su pelo; les miraba desde su posición con mucha mejor cara pero aún pálido y completamente agotado.
-Le han dado una buena paliza…
-… doctor eso es evidente…
-… Hades… perdónele, está nervioso…
-Tranquila, es comprensible… El caso es que no ha sido una paliza cualquiera, las heridas que tenía en los brazos y en las palmas de las manos, y en especial la que tenía en el costado, no eran simples golpes, eran quemaduras.
-¿A qué se refiere? -pudo ver cómo evitaba cerrar los puños, la tensión volvió a su cuello y a su voz.
-Cuando le quitamos la camiseta para curarle la quemadura vimos que además había un importante hematoma, de hecho, su amigo tiene varias costillas dañadas… -se dirigió a la radiografía que colgaba en el panel de luz- como veis no han llegado a partirse, pero un golpe un poco más fuerte y esto hubiera acabado de una forma muy distinta.
-¿Está diciendo que le golpearon con algo que además quemaba?
-Intentó defenderse, de ahí las lesiones en los brazos, quemaduras de menor grado la mayoría… también tiene un esguince de primer grado en el pie derecho. No sé qué clase de animal abordó a vuestro amigo, ni si vosotros sabéis algo al respecto, pero la policía está avisada, así que no podéis iros de aquí hasta que vengan a tomaros declaración.
-¿Y si él no quiere presentar denuncia?
-No quiero… -logró articular el Rojo desde la cama, el doctor se giró hacia él y luego se encogió de hombros.
-Tendréis que hablar con ellos igualmente, sois menores. De momento se quedará ingresado esta noche en observación y mañana le volveremos a hacer pruebas, podéis quedaros con él si queréis.

Hace alrededor de 2 años

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#22

El doctor abandonó la sala y Hades cerró la puerta detrás de él, se acercó enseguida a la cabecera de la cama, donde ya estaba ella, que le apartaba los rizos desechos de la cara al Rojo, no podía evitar fijarse en el lugar tras las vendas donde intuía que estaba la quemadura.
-¿Qué vamos a hacer ahora? -preguntó, dado que ninguno de los dos hablaba.
Se había desprendido de toda la turbación que la había embargado durante los angustiosos minutos que duró el traslado en cuanto vio al Rojo tendido en la cama con la cara limpia, sin toda aquella sangre y con las heridas cubiertas para que no lloraran más ante sus ojos. Hades sin embargo ya estaba de aquí para allá en el otro extremo de la cama, mordiéndose las muñecas, la mirada fija en la nada, de nuevo al borde de caer preso de sí mismo. La rabia volvía. Y la embestida era terrible. Lo veía luchar contra las imágenes que había podido imaginar durante el diagnóstico del médico, intentaba mantenerse en la superficie, que el fuego no le abrasara...
-¿Hades?…
Los dos le miraban expectantes. Apoyó ambas manos en la cama del Rojo y las crispó estrangulando las sábanas, respiró hondo varias veces de forma controlada para dejar salir su rabia poco a poco. Pero no lo consiguió.
-¿Qué coño te han hecho? -su voz era apenas un susurro y su mirada verde como la de una serpiente.
Se puso a andar otra vez de un lado para otro, frenético, la furia alimentaba su vaivén, ahogó un grito mordiéndose el puño y lo dejó caer, pesado y rabioso, contra el sillón, que se balanceó y chirrió como si tuviera vida propia.
-¿QUÉ COÑO TE HAN HECHO? -gritó.
Y no le dejó ir más allá. Rodeó la cama y luego con su brazo lo rodeó a él por los hombros, se resistió, pero logró que se dejara caer contra la pared hasta el suelo, enmarañaba su pelo y sus pensamientos, el Rojo los observaba; cogió su rostro entre las manos para que dejara de evitar su mirada y apoyó su frente en la de él, estaba ardiendo, él puso sus manos sobre las suyas, temblaba de nuevo; cerró los ojos con terrible esfuerzo, líquidos pero venenosos, y simplemente dejó que su respiración, rebotando en sus labios, como un metrónomo, le indicara el camino de vuelta a la calma y la cordura; se quedaron así durante unos minutos hasta que sus pechos se fueron acompasando, esperaron también a que las imágenes horribles que su cerebro había generado se esfumaran por completo de los latidos de su corazón… la tensión se fue disipando como la niebla, nunca del todo, pero lo suficiente para poder ver. Abrieron los ojos. Él asintió lentamente con ellos y ella dejó de tener miedo, pues allí estaban de nuevo sus ojos verdes, sólidos e impenetrables, fieros, impregnados por aquel brillo que siempre la tranquilizaba. Ahí estaba por fin el Capitán que llevaba días esperando. Le apretó las manos levemente en señal de reconocimiento y él fue a besarlas, pero recordó que estaba el Rojo y las dejó caer. Lo miró en silencio durante unos instantes, y el Rojo a él, aún sorprendido de que su fuego se hubiera quedado sin oxígeno tan fácilmente, reducido a rescoldos bajo el tremendo poder de aquel vínculo mudo y extraño…
-Lo siento… -suspiró y se acercó a la cama; el Capitán había vuelto y la mirada que le dirigió al Rojo fue una miada dirigida a su segundo, una mirada que era una mano tendida que le hizo sonreír a sus espaldas: la rabia había logrado fundir el hielo- Lo que ha dicho el médico… me pongo a imaginar y… gracias por haber protegido a la tripulación como lo has hecho, ahora nosotros te protegeremos a ti. Pero antes… -volvió a suspirar y a enmarañarse el pelo- necesito que me perdones, perdóname, perdóname por haberte dejado solo -sus miradas parecían hablar más que los labios- por mi culpa no hemos estado donde deberíamos estar y ahora la tripulación también está en peligro, y ella… ¿entiendes? -los dos miraron en su dirección, y el Rojo pareció captar en aquel instante la magnitud de lo que su Capitán le estaba a punto de pedir- Sabes que sé cómo acabar con esto, pero no puedo hacerlo yo solo, te necesito… a mi lado, como antes -se detuvo en sus ojos- como siempre y sin rencores -el pelirrojo le estrechó la mano al instante sin apartar la mirada de la de su Capitán, hizo una mueca pero aguantó con firmeza- Está claro que esto no funciona si nosotros no somos solo uno… sin que estés allí donde yo no puedo estar, ni observando lo que no puedo ver…
-… entendido mi Capitán -de nuevo parecían estar hablando en un código que no comprendía; le guiñó el ojo sano y Hades sonrió, mirándoles a ambos; la rabia se había disipado por fin: había conseguido equilibrar su balanza.
-El Rojo no está para inventarse una de sus historias ahora mismo, a ti se te da bien así que piensa algo creíble -le ordenó, su cabeza ya no burbujeaba: ahora maquinaba.
-¿Vamos a mentir? -la voz apenas le salía del pecho, le costaba hablar por el terrible golpe en el costado.
-¿Qué sugieres que le digamos a la policía? ¿Qué te han zurrado unos neonazis porque creen que tienes su hachís?
-Podemos decirles que le han pillado por la calle y le han pegado; si son tan peligrosos no deberíamos jugar con ellos.
-Mneme… esta tripulación no delata a nadie, ¿entendido? Eso nunca, ni si quiera a esos hijos de puta neandertales de mierda… las cuentas de la calle se saldan en la calle.
-Nosotros no jugamos con sus mismas reglas, ¿recuerdas?
-En esto sí…
-¿A qué te refieres? –preguntó el Rojo, aunque le daba la sensación de que conocía la respuesta.
-No vamos a seguir huyendo de esos cabrones, han pasado muchos años… ahora podríamos hacerles frente.
-¿Estas loco? -intentó incorporarse pero cayó rendido entre gemidos; le ayudó a acomodarse de nuevo- aún es demasiado pronto.
-¿De qué nos ha servido mantenernos alejados? ¡ellos ya están en todas partes! No vamos a poder seguir escondiéndonos y mucho menos después de esto… ahora ellos creen que tenemos el hachís ¿entendéis? No se van a detener hasta encontrar el dinero o la mierda, así que solo nos queda la posibilidad de atacar; lo de pasar desapercibidos se ha acabado.
-Pues se lo damos todo y punto, no queremos problemas por un puto malentendido.
-No -la volvió a mirar con dureza- si se lo damos luego nos pedirán otra cosa, y luego otra y otra, y en cuanto nos neguemos como descubran dónde está el local se lo quedan, sin contar lo que nos podría pasar mientras tanto… no podemos escondernos más -de nuevo iba para el Rojo.
-Ahí vienen -unas botas se acercaban por el pasillo- ¿has pensado en algo?
-¿Qué coño me invento yo en cinco segundos para justificar ese pedazo de golpe? -suspiró señalando al costado.
-Dejadme a mí… -el Rojo dirigió sus ojos a Hades y él pareció entender.
-…pero mira como estás… si apenas puedes hablar -le interrumpió ella.
-No tendré que decir mucho -intentó sonreir- pero tenéis que salir, Hades tú…
-Tranquilo -le susurró apretándole la mano, las botas habían llegado.
Les dijeron sus nombres a la pareja de policías, uno preguntaba y el otro anotaba. Hades se apresuró a decir que lo había encontrado así en casa y que no quería contar nada de lo que le había pasado; sacó a relucir su habilidad como actor, se mostraba agitado y contrariado, suspirando continuamente mientras reiteraba una y otra vez que no sabía qué le había podido pasar, tal vez esto o lo otro… ella entró en la pantomima intentando calmarle a la vez que montaba más escándalo, el policía, harto de sus espavientos, les invitó a esperar fuera.
-¿A qué te referías con dejar de seguir huyendo?
-Ahora no, Manish, y aquí no -se dirigió a los asientos más alejados y le siguió, se sentaron.
Había más gente esperando en las sillas por lo que se acercó a ella para hablarle, estaba claro que no quería que nadie les escuchara.
-La prioridad ahora es proteger al Rojo esta noche, solo espero que no sepan que estamos aquí…
-…me asustas cuando hablas así de ellos, y más sabiendo que ahora tienes la magnífica idea de hacerles frente.
-No tiene por qué pasar nada si me haces caso -no pudo escapar de su mirada, muy seria y tajante- Desde que pasó eso, hace años… ya imaginé que no acabaría en ese momento, ¿te crees que he estado todos estos años sin pensar en nada cuando tengo una diana en la espalda?
-Hades…
-…no tengo tiempo para contártelo ahora…
-… por qué no lo has hecho antes…
-… porque tenía que protegerte -le cogió la mano- y para hacer eso cuanto menos supieras mejor, igual que el resto. Te lo explicaré, lo prometo. Pero ahora tienes que ser Mneme ¿Vale?
Ahí estaba sin duda la mirada de su Capitán, una mirada que no le tenía miedo a nada ni a nadie, segura de sí misma y de las posibilidades a su alcance. Ya no había vulnerabilidad en sus ojos, ya no se perdían desamparados, se fijaban con furia en un objetivo: proteger a toda costa a la tripulación, y vengar a su segundo al mando, a su mejor amigo.
-¿Qué quieres que haga, Capitán?
-La prioridad es el local, su localización podría estar en peligro, si el Rojo no logró despistarles. Baja y habla con Horus, que vaya a su casa y revise las cámaras, y que te cuente con quién ha logrado contactar; ha de extremar las precauciones, él lo entenderá. Me tengo que quedar para despachar a estos -señaló hacia la habitación- ten cuidado, por favor… -volvió a coger sus manos y esta vez sí que las besó- mira a tu alrededor, fíjate con quién te cruzas, más tarde puede servirnos de ayuda, y procura estar siempre rodeada de gente... No tardes más de 10 minutos, a los 10 minutos bajaré, ¿está bien?
-Está bien; en seguida vuelvo.

Hace alrededor de 2 años

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#23

Lo dejó sentado y emprendió el camino que les había mostrado el enfermero, aunque en esta ocasión bajó por las escaleras y dejó a un lado los estímulos que le brindaba muy amablemente su nariz para centrarse en la gente con la que se cruzaba. Inspeccionaba sus rostros, memorizaba el que intuía sospechoso, no había lugar para razonamientos, solo para la intuición más primitiva. La suya rara vez solía fallar, no en vano había seleccionado casi la mayoría de objetivos a los que habían atacado en el último año, todos habían tenido la cualidad de ser discretos y cuantiosos, las operaciones habían acabado en éxito sin excepción y sin riesgo para la tripulación… salvo la última, pero eso ya le parecía una menudencia, dados los últimos acontecimientos.
Tenía buen ojo para calar a la gente, el Rojo solía decir que a veces creía que podía leer las mentes, Hades siempre reía ante la insinuación, él mejor que nadie sabía hasta qué punto se podía introducir en el interior de una persona… hasta lo más profundo y visceral; sin embargo, también era el único que sabía la verdad, “comprendes a todo el mundo menos a ti misma”, esa era su ventaja respecto al Rojo, y de ahí a la vez surgía su inseguridad. El Rojo en realidad no podía evitar percibirla como ella le había mostrado que era, y ese reflejo era tan deslumbrante que sin duda había acabado por cegarle, privándole de poder ver algo más allá de él. Esa era la situación en la que estaban, pero ellos por fin se habían estrechado las manos, dejando a un lado la inseguridad y la curiosidad por un bien común… proteger a la tripulación, y protegerla a ella. No necesitaba protección, pero si creer lo contrario les hacía firmar la paz… mejor que colaboraran para protegerla que no que conspiraran para derrocarse.
La gente era vaga de cojones, las escaleras estaban desiertas a pesar de encontrarse tan solo en la segunda planta. Entró en el vestíbulo de la entrada, seguía en oposición casi tan lleno como lo habían dejado; hizo un barrido rápido de la sala antes de entrar, había bastantes personas mayores, algunas con familiares, dos familias de mediana edad, una familia numerosísima de gitanos acababa de llegar, algunas parejas jóvenes, cuatro monjas y personas sueltas que no podía asegurar si estaban solas, esperando a que alguien viniera, o si formaban parte de un mismo grupo poco dado a la comunicación o demasiado preocupados como para ello.
Avanzó hasta una de las máquinas de café situadas más o menos en el centro de la sala, se preocupó por hacerse visible fingiendo que la moneda se le había quedado atascada a la vez que sondeaba la sala para comprobar las reacciones; solo se ganó la breve atención de dos o tres personas, las que estaban más cerca de la máquina, y una muchacha joven al otro lado de la sala. Piel blanca, pelo castaño perfectamente liso, vestido ligero de color limón, uñas a juego, cuñas de esparto, sin bolso, una chica como aquella no era de las que no llevaban bolso. Cogió su café de la máquina y se fue a la calle, en la entrada pasó al lado de un señor con una agenda en la mano, iba hablando con otro hombre, al paso cogió la pluma estilográfica enganchada en las anillas, ya casi nadie escribía con pluma, la metió en el bolsillo despacio y lo tapó con la camiseta. Traspasó la puerta. Era de noche cerrada y no había dicho nada en casa… la bronca sería monumental si su madre no la había cubierto. Bajó las escalinatas y oteó a su alrededor, Horus estaba sentado en uno de los bancos que había enfrente del hospital, al otro lado de la avenida, aún con la capucha puesta y hablando por teléfono. Se dirigió hacia él, sintió la presencia de la muchacha a sus espaldas, pero no se dio la vuelta. Luego dejó de escuchar los pasos, por lo que dedujo que se habría quedado a pocos metros de la entrada. El semáforo estaba en rojo. Esperó.
-Perdona, ¿tienes un cigarrillo?
… mal, chica, mal, siempre tienes que estar preparada para contar una buena historia…
Su voz era dulce y suave, como un suspiro, pero le erizó el cabello, el semáforo se puso en verde. Cruzó. Horus la vio venir pero no alzó la cabeza, desde lejos solo se podía ver su boca, una fina línea siempre hacia abajo, el resto de su rostro permanecía en la oscuridad que le proporcionaba la capucha de la sudadera. Se sentó a su lado, él colgó, aprovechó para mirar en la dirección donde suponía que estaría la chica. En efecto. Se fumaba el cigarrillo con elegancia y recato a pocos metros del hospital, pero desde un punto donde los tenía perfectamente controlados.
-La chica del vestido -hablaba sin mover apenas los labios, tomó un largo trago del café- es de ellos.
-Oído ¿Alguna orden?
-Quiere que vayas a casa y compruebes las cámaras; no está seguro de que el Rojo pudiera despistarles. Dice que extremes las precauciones.
-Iré ahora mismo -le deslizó el móvil apenas imperceptiblemente por el banco para que lo cogiera, ella lo guardó en el otro bolsillo.
-También quiere saber con quién has logrado contactar.
A la chica se le acababa el cigarrillo pese a la parsimoniosa sensualidad de sus caladas.
-Blue Jeans se apunta sin dudarlo.
-Es lógico -otro trago igual de largo que el anterior.
-Pero tendrá que hablar con Jey el Negro, no ha querido hacerlo conmigo. Anka está dispuesta, pero quiere negociarlo.
-¿Quiere negociarlo?
-Los chinos ni me han cogido el teléfono, pero se mueven por el negocio, no sería difícil persuadirlos.
-Si tú lo dices… me tengo que ir -acabó el café- ten cuidado por favor.
Sus ojos se cruzaron, sonrió, esa sonrisa triste y lacónica, huidiza y serpenteante que en su idioma significaba “tú también”. Se levantó y apretó el paso, el semáforo estaba en verde; tiró el vaso vacío a la papelera y cruzó al trote. La chica había matado el cigarrillo en cuanto se levantó del banco y se dirigía ya al interior. Llegó a la otra acera. Observó la colilla al pasar, levemente manchada de carmín claro. Entró en el edificio, la localizó en las máquinas de refrescos más cercanas al ascensor, evitó tocar la estilográfica, pero lo sentía en su pierna, bailando en el bolsillo. Se dirigió a las escaleras. La botella de Nestea cayó por el hueco de la máquina y ella la recogió con sus uñas color amarillo. Subió el primer peldaño, luego el siguiente, el siguiente y el siguiente, luego la notó detrás; la escalera estaba desierta como la vez anterior. Llegó a la primera planta, se dirigió al siguiente tramo de escalera; ella seguía detrás, el leve sonido de las cuñas marcaba su paso al andar de manera inconfundible. Justo al pie de las escaleras había un tablón de anuncios, se detuvo a leer, de repente le interesaba mucho un panfleto sindical pinchado en el corcho con una chincheta metálica, de esas de toda la vida; como supuso, la chica no se arriesgó a pararse y continuó subiendo las escaleras; llevaba la botella en la mano derecha. Dejó que ascendiera unos peldaños más y fue tras ella, su vestido se movía de forma hipnótica entre sus piernas, suave y vaporoso, el pelo por debajo de los hombros se balanceaba acariciando su espalda al descubierto. Había iniciado el tramo con energía para que le diera la sensación de que la iba a adelantar, pero justo cuando estuvo a su altura, poco después de la entreplanta, sacó la pluma del bolsillo y se la puso debajo de las costillas, más o menos donde el Rojo había recibido su herida, arrinconándola así contra la pared, completamente inmovilizada; presionó levemente cuando quiso girarse para que no descubriera el engaño.
-No te muevas… pollito.
-¿Estás loca?, ¿qué haces?, ¿quién eres?
-¿Tú que crees?, ¿después de lo que le habéis hecho a mi camarada crees que vamos a ir de buenas?
-Quítate de encima o gritaré.
-No lo harás… pollito; está prohibido piar -apretó la pluma contra su carne y ella se encogió- vas a subir las escaleras, muy despacio, y luego te pondrás a mi lado igual de despacio ¿No querías saber la habitación? pues te llevaré hasta ella.
-Yo no sé lo que ha pasado, solo me dijeron que os vigilara.
-Claro… tú solo obedecías órdenes. Tira. Y calladita.

Hace alrededor de 2 años

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#24

Ahora le puso la estilográfica justo en la médula espinal y la obligó a ir delante lo que quedaba de escalera. Ya en la planta se colocó lentamente a su lado, guardando la pluma en el bolsillo a la vez que le avisaba con la mirada de que cualquier movimiento brusco o inesperado sería fatal. Ella estaba amedrentada, o eso parecía, y se mantuvo a su lado, aferrando con ambas manos la botella de Nestea. No la perdió de vista ni un segundo pero la chica tampoco le quitaba ojo de encima.
-¿Cuántos años tienes?
-Te podría hacer la misma pregunta. No hables y sigue.
-Solo me dijeron…
-Me da igual -sentenció y su mirada la achantó, o eso o era una actriz fabulosa.
Recorrieron el resto del trayecto en silencio, le llevó dando una vuelta por un camino más largo para que se desorientara; aprovechó para observarla, aparentemente estaba asustada, sus ojos iban y venían de una persona a otra, pero su paso, ese sonido de las cuñas al andar… seguía siendo igual de constante y firme que cuando ella tenía el control.
-Entra -213.
Habían llegado.
-Ya iba a salir a… bus…carte, ¿quién es esa?
-Un pollito al que he cazado -el Rojo rió en la cama pese al dolor.
-Te dije que vigilaras, no que tomaras rehenes -Hades tampoco pudo evitar que se le escapara una sonrisilla.
-No me gusta el amarillo, trae mala suerte -la sentó en el mueble para guardar la ropa, la firmeza y brusquedad de sus movimientos ya decían por ella que no se atreviera a moverse de allí.
Hades estaba apoyado a los pies de la cama, observaba el proceso divertido, ella se colocó a su lado de tal forma que también bloqueaba la salida.
-¿Dónde estaba?
-En el vestíbulo.
-¿La viste cuando entramos?
-No. Estoy segura.
-Bien… -eso significaba que probablemente desconocían la localización del local y sus alrededores.
-Dice que solo tenía que vigilarnos… pero no sé -la miró de arriba abajo y luego al Rojo- Ese vestido es demasiado vaporoso ¿no crees?
Aguantó la risa como pudo, Hades abandonó su posición y avanzó hacia ella muy despacio, mirándola también de arriba abajo; ella se quedó donde estaba, la chica intentaba seguir fingiendo que no sabía lo que pasaba, que todo aquello la superaba claramente, pero con Hades eso no le valdría.
-Me pregunto… dónde tendrá el tatuaje ¿eh Rojo? Por lo que se puede atisbar por aquí… -ya estaba muy cerca, miraba a través del vestido, dibujando con los ojos sus curvas, ella, lejos de intentar cubrirse como cabría esperar si estuviera asustada o lejos de evitar incómoda su mirada, fijó sus ojos azules en él y se irguió apenas perceptiblemente- debe tenerlo en un lugar muy íntimo -susurró muy cerca de ella que aún así no apartó su mirada- ¿Estaba ella presente? -se giró teatralmente hacia la cama.
-No… no creo que pudiera olvidarme de alguien como ella.
-¡Perfecto! -exclamó chocando las manos, la chica pegó un bote, Hades se alejaba sonriente mientras le guiñaba un ojo- eso simplifica y mucho las cosas para ti ¿sabes? -la pobre estaba completamente descolocada, aunque intentaba aparentar lo contrario- De haber tenido algo que ver con… en fin, eso -señaló al Rojo- no podría haberte dejado salir de la habitación, querida, pero supongo que hoy es tu día de suerte…
-¿Pero qué coño os creéis? ¡Si sois unos micos!
La situación era tan extravagante que decidió dejar a un lado su papel e intentar salir de allí, solo necesitó un paso para impedírselo y la pluma de nuevo en su tripa, atrapó su mirada ejerciendo más presión antes de que pudiera bajarla, ese brillo no era precisamente de candidez.
-¡Ahí está! -exclamó Hades pegando un salto- ¡eso es lo que yo quería ver! Sabía que tenías unas garras por ahí escondidas, querida, pero ven…-la cogió con firmeza por los brazos y la volvió a sentar en su sitio- aún no hemos terminado de hablar, y es de mala educación dejar a alguien con la palabra en la boca…
-¿Qué queréis?
-No, qué querías tú; qué quiere tu mierda de tribu -ahora se había puesto extremadamente serio, ella le aguantó la mirada, aunque estaba confusa por los continuos cambios de registro; Hades se lo estaba pasando en grande.
-Somos una Hermandad, gilipollas…
-… ¡oh sí! La Hermandad de la esvástica santa, sí… ya la conocemos ¿Qué coño queréis de nosotros?, ¿pensáis que tenemos vuestra mierda de hachís adulterado? En realidad me importa una mierda lo que penséis, lo que me importa es esto -volvió a señalar al Rojo girándose hacia él y luego avanzando hacia ella muy despacio- Os creéis muy superiores… sí, eso creéis… os creéis que por ser muchos ya lo tenéis todo ganado, que por estar en todas partes lo tenéis todo controlado, que vigiláis pero nadie os vigila… -había llegado hasta ella- pero os equivocáis… Pensasteis que él estaba solo y no lo está -la cogió por la cara para obligarla a que le mirara de muy cerca- No lo está -dijo muy despacio y la soltó con brusquedad- Ayer luchó solo, en clara desventaja porque ni siquiera tenéis honor, vosotros que os creéis más que el resto… pero mañana, pasado, al otro, el mes que viene… por él, por esto que habéis hecho… lucharéis contra una auténtica pesadilla.
-¿Vosotros? -cometió el error de reír y de hablar con demasiada condescendencia, Hades hundió el puño en la pared justo a su lado… de no haberse apartado en el último segundo.
-Nosotros… -su media sonrisa fue espeluznante.
-Queremos una reunión con el animal que os gobierna; mañana en la cafetería, a la una, por si se le ocurre hacer alguna tontería -eso lo dijo el Rojo desde su posición, esta vez sin dejar traspasar a su rostro el dolor que le suponía.
-Tienes taaaaanta suerte de que no te haya visto hace tan solo unos minutos… -la rabia coleaba de nuevo, verde y lasciva, alrededor de su pupila- No habría fallado ese puño.
-Vete -ella fingió no escucharla y le siguió aguantando la mirada a Hades de forma desafiante, pese a que aún estaba acorralada por su cuerpo, tenso a la espera de saltar por cualquier pretexto- FUERA -gritó, y se esfumó.
El sonido que hacían las cuñas… ahora sí que era distinto.

Hace alrededor de 2 años

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#25

Cuando cerró la puerta tras la chica se quedaron en silencio unos instantes, mirándose entre sí, luego sin saber por qué rompieron a reír descontroladamente. Sus risas se fundían y rebotaban en las paredes de la habitación, la tensión de todos aquellos días se esfumaba con cada carcajada, cuando uno creía serenarse lo retomaba otro y vuelta a empezar; el Rojo entre maldiciones pero sin poder parar, Hades se apoyaba en el mueble agarrándose la tripa de tanto reír, y ella acabó dejándose caer a los pies de la cama por no poder seguir sosteniéndose en pie.
-Ha sido genial, no puedo negarlo -logró articular el Rojo por fin, aún sujetándose el costado con dolor, pero feliz.
-O no es muy lista, o lleva poco tiempo -apuntó ella que permanecía tendida en la cama y mirando el techo, con los músculos completamente relajados tras el esfuerzo de tanto reír.
-O nos ha subestimado, lo que es aún mejor, porque eso quiere decir que el resto de su mierda de tribu también lo hará ¡Un punto a nuestro favor! -Hades vitoreaba entre silbidos.
-¡AAAAAAAAAAH! ¡se me calienta la sangre camaradas! -gritó el Rojo a la vez y volvieron a romper en carcajadas descontroladamente porque todo el jaleo había atraído a una enfermera, alarmada ya por el escándalo.
-No es recomendable que le hagáis reír con esa herida que tiene en el costado -les echaba la bronca mientras corría a pasitos para ver la quemadura, la venda se había empapado de sangre- ¿veis? -su voz era bastante chillona y eso les hizo reír aún más, el Rojo intentaba parar sin conseguirlo- mira que no perder el humor tal y como estás… -al final la pobre señora acabó sonriendo.
El proceso del cambio de vendas logró serenarles. El Rojo quedó sentado en la cama, con la cara sonrosada y la mirada fiera y brillante, los ojos de Hades destilaban adrenalina, ella si embargo tras el tremendo hartón de reír se había quedado relajada y como flotando, como si todos los problemas se hubieran evaporado con las risas. Los miraba a los dos, ya en perfecta armonía, y no podía sino dejarse arrastrar por su potencia, por ese torrente arrollador y cristalino de energía pura que tanto les caracterizaba a ambos.
-Mañana empezaremos a moverlo todo -ya era de madrugada pero ninguno podía dormir, ni el Rojo. pese al cansancio; estaba sentada con él en la cama, Hades permanecía repantingado en el sillón, les acababa de contar el reporte de Horus- Cuando te den el alta te llevaremos al local, en tu casa solo no estás seguro, y plantearemos la nueva situación a la Cubierta. Mario se quedará contigo por la mañana, por la tarde lo hará Caesar. Llamaré a Jey el Negro para concertar una cita e iré con Mneme, necesito que Horus siga rastreando la calle.
-¿Y Anka? -preguntó ella, él se reincorporó.
-De esa bruja nos ocuparemos pasado mañana, aún tengo que atar algunos cabos antes de ir a abordarla. Si se mostrara intransigente, su negativa nos proporcionaría el apoyo de los chinos…
-…¿por qué?
-Porque tengo un plan -sonrió- pero en el caso de que acepte… seguiríamos teniendo el problema de los chinos; no quiero elegir entre unos y otros, los quiero a los dos, los necesitamos a los dos… solo así nos aseguramos de controlar todo el cuadrante.
-Entiendo… -murmuró el Rojo que parecía saber ya lo mismo que Hades del supuesto plan- En ese caso, aunque consiguiéramos convencer a los chinos, también tendríamos que convencerles de asociarse con Anka ¿no crees?
-¿Podéis hablar, por favor, para que yo también os entienda? -en realidad, lejos de molestarle no entender nada, le encantaba, le encantaba que en cuestión de segundos hubieran recobrado su acostumbrada complicidad; realmente los últimos días se habían esfumado por completo.
-¿Te acuerdas del golpe ese que dimos al almacén del portón verde?, ese que estaba al lado de una zona de apicultores.
-Sí… la primavera pasada ¿no?
-Sí… -ahora miró para el Rojo- pues no era de unos granjeros aficionados al opio; era de los chinos.
-No me jodas… ¿por qué no lo dijisteis? -volvió a mirar hacia Hades, era información que debió compartirse en la Cubierta.
-Porque entonces los fuertes eran ellos. Los chinos estaban en lo alto, sospecharon de Anka, pero no podían probar que fuera ella, la puta bruja nos amenazó con revelar que habíamos sido nosotros si decíamos algo…
-… no quería caer sola -apuntó el Rojo.
-Es una zorra interesada… lo ocultamos porque la tripulación habría querido explicaciones de Anka y eso nos hubiera colocado en el punto de mira de los chinos, que la vigilaban. Nosotros teníamos nuestra parte y los chinos no sabían nada, así que… decidimos que era lo mejor, dadas las circunstancias.
-¿Entonces por qué nos odian los chinos si no saben que fuimos nosotros?
-Porque al poco tiempo se empezó a correr la voz… -se removió en la cama para poderlos mirar mejor, ella le recolocó la almohada.
-… de que, básicamente, existía cierto grupo que se dedicaba a robar a otros de su misma calaña -sonrió Hades con evidente satisfacción- y bueno… ya sabes lo que pasó entonces.
Lo que pasó fue un enorme periodo de sequía en el que tuvieron que permanecer en la clandestinidad para salvaguardar sus identidades. No dieron un solo golpe en cinco meses hasta que el rumor se disipó (también se encargaron de enturbiarlo un poco). El tema se llevó a la cubierta ¿qué iban a hacer ahora? Si seguían robando a los del cuadrante al final los pescarían, se decidió por unanimidad el cambio de objetivos, dejaron de expoliar a los delincuentes reconocidos del cuadrante y pasaron a objetivos más prudentes, alejados de la calle, se puede decir que más escogidos y selectos. Ella había sido la elegida para inaugurar esa nueva fase en la historia de la tripulación, a partir de ese momento fue la encargada de seleccionar los futuros golpes; hasta entonces lo había sido el Rojo, ya le extrañó en su momento que cediera ese privilegio tan a la ligera, pero enseguida olvidó el asunto ahogada por la cantidad de nuevas tareas que tenía que abordar.
-¿El cambio en el modus operandi fue para protegernos de los chinos?, ¿por eso me cediste sin rechistar el trabajo de selección? ¿No creísteis que era una información a tener en cuenta?, ¿y si hubiéramos votado que no a ambas cosas?
-No lo hicisteis -sonrió el Rojo sin más ante el torrente de preguntas.
Y no lo habían hecho; se habían tragado la historia tal y como ellos se la habían vendido: “es necesario protegernos de los rumores por un tiempo porque de saber quiénes somos todos nos odiarían y el negocio acabaría siendo inviable”… eso había dicho el Rojo, “la mejor opción para esta tarea es sin duda Mneme”, eso dijo Hades… Lo que no decían es que un grupo concreto les quería fuera del juego cuanto antes mejor. Otro más. Ni siquiera se preguntaron por el origen de esos rumores, quién los había propagado y por qué, ni se plantearon la posibilidad de plantarles cara en vez de huir de ellos, asumieron su existencia tal y como ellos se la pintaron y luego ella asumió su nuevo puesto y el resto se acostumbró sin más a la nueva situación; a ella misma le llegó a chirriar la absoluta obediencia del Rojo pero también la dejó pasar, se habían encargado de mantenerla bien ocupada para que no le diera vueltas al coco… Del mismo modo, la tripulación había olvidado el asunto con la Esvástica de hace años tan solo por el hecho de que a Hades le molestaba hablar del tema; si la memoria no le fallaba, siempre era el Rojo el que se encargaba de recordar lo que molestaba y lo que no molestaba al Capitán.
Sonrió. Le pareció brillante. Espeluznante, pero brillante.

Hace alrededor de 2 años

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#26

Cuando los dos iban por la misma senda eran imparables, podían hacer que lo blanco pareciera negro, adaptaban el contexto a sus palabras, no al revés, tenían la capacidad de convencer a cualquiera de cualquier cosa, de cambiar cualquier situación a su favor, y lo más importante, tenían la capacidad de captar voluntades… Los dos juntos generaban tanta sensación de seguridad a su alrededor que una palabra suya bastaba para que te enrolaras con ellos en una misión suicida. Da igual lo que pensaras, da igual lo que sintieras, capturaban tu voluntad porque al lado de ellos te sentías libre… libre y con la promesa firme en sus ojos de serlo aún más.
-Entiéndelo, Mneme… -comenzó a decir el Rojo para excusarse- los chinos no sabían a quién buscaban, pero sí qué buscaban: un modus operandi concreto. Era necesario cambiarlo a toda costa y levantar el menor polvo posible, la situación era delicada y… ¿qué? -se interrumpió él solo, Hades sonreía mirándola a ella.
-Que no le importa, idiota… -le contestó con la mirada divertida, disfrutaba cuando demostraba saber más de ella que él, ahora lo veía.
-¿No te molesta? -el pobre diablo no podía creerlo.
-Sí… pero hay más cosas que me agradan de las que me desagradan en este asunto. Venga ahora lo entiendo, retomemos el tema.
-Tú te encargarás de los chinos -el Rojo aún la miraba sin creérselo del todo, ¿qué era lo que no le desagradaba?, pero devolvió la atención a su Capitán- eres el único que tendrá tiempo para pensar en algo que pueda interesarles.
- ¿Tanto como para que perdonen nuestras ofensas como acaba de hacer ella?
-Con que no quieran descuartizarnos ni matar a Anka… me vale.
-Mucho más fácil todo -aceptó con una sonrisa, aún mirándola entre las pestañas desde la almohada.
-Bien, pues ya estamos organizados para los próximos días; dependiendo de cómo avancen las reuniones con las Cabezas tomaremos las siguientes decisiones.
-Algo me dice que ya están tomadas, solo una pregunta… -los miró a ambos- ¿desde cuándo lleváis elaborando este plan? -el Rojo no pudo evitar sonreír y Hades ya sabía que ahora tocaba la ronda de respuestas y responsabilidades… había llegado el momento, así que se limitó a contestar.
-Ya te dije que esto no volvería a pasar -con “esto” se refería a lo que había pasado con el Rojo- que nunca volvería a dejar desprotegida a mi tripulación, y en especial, que siempre guardaría tu espada.
-¿Desde cuándo?
-Desde la misma noche de la pelea -se irguió en el sillón y sonrió, esa media sonrisa suya- Todas las relaciones que la tripulación tiene con el exterior, contactos, socios, enemigos, rivales, espías, topos, inversores, clientes… todo, absolutamente todo, gira en torno a este plan. Hilos y más hilos tejidos a través de los años que controlarán a los peones traicioneros de este juego. La zancadilla de Anka es solo un contratiempo, pero una vez que lo solucionemos… está todo pensado y no hay de qué preocuparse. La victoria será sencillamente nuestra.
-¿Y qué haremos mientras nos recuperamos de la zancadilla?
-Tocar los hilos adecuados, preparar la munición y esperar a que al Rojo se le ocurra una de sus geniales historias, una oferta que los chinos no puedan rechazar.
-Sois unos bribones, los dos -no pudo evitar que se le cayera una sonrisa, Hades se levantó y se asomó a la ventana que estaba abierta, hacía calor, también imaginaba lo que vendría ahora, había tenido muchos años para pensarlo- Pero no apruebo los medios y lo sabéis… ese secretismo… la clandestinidad, el silencio… sabéis que van en contra de los pilares…
-… lo sabemos -la cortó sin dejar de mirar al otro lado del cristal- qué propones.
-Cuando acabe todo, cuando todo esté hecho… tendréis que llevar la verdad a la Cubierta…
-… pero Mneme eso…
-… Lo sé, Rojo, lo sé; pero les tendréis que dejar decidir alguna vez de verdad ¿no creéis? Me asusta que toméis por hábito pensar por los demás; entiendo las circunstancias, pero eso no quiere decir que vaya a consentir vuestra actitud fuera de ellas.
-Sabemos que tienes razón -Hades hablaba por los dos- yo al menos lo sé y no voy a evitar ese momento. He aprendido como tú las enseñanzas del Maestro, Mneme, sé que él no aprobaría nada de como he llevado todo esto y eso me avergüenza, pero… tenía que ser así si quería protegeros a todos sin fracasar como lo hice la primera vez. Había más cosas en juego a parte de la verdad.
-No estoy cuestionando tus decisiones, solo la forma de llevarlas acabo, pero en tiempos de guerra eso poco importa; yo pensaba que la guerra se había desencadenado hoy y resulta que lleva años gestándose. Necesariamente tengo que cambiar mi perspectiva, transigir con esto por el momento por el bien de la tripulación, porque lo que habéis hecho durante años en la clandestinidad es ahora nuestra única baza para ganar, sería una estupidez ponernos a todos en peligro por cuestiones de forma. Eso sí. Ni se os ocurra volver a dejarme fuera -eso último lo dijo muy seria.
-Es peligroso Manish…
-Ni se os ocurra volver a dejarme fuera -ahora los miraba a los dos con tal dureza que tuvieron que callar, pero sabía que eso no implicaba que estuvieran de acuerdo.
Extendió la palma de la mano hacia arriba delante de ellos y miró a Hades con una sonrisa, luego al Rojo.
-Rojo… ¿conoces la sangrienta historia de los zorros y las gallinas?
El pelirrojo los miró a ambos con la ceja interrogante, Hades se volvió a sentar y se acomodó en el sillón, era su forma de decir que no le moslestaba que compartiera eso con el Rojo; ella miró al muchacho, los párpados le pesaban cada vez más por el cansancio pero había echado tanto de menos estar de buenas con su Capitán que seguía ahuyentando el sueño pese al dolor. Lo volvió a mirar con nuevos ojos, él era fuerte, tenaz, irreductible… ¿con qué clase de animales se había encontrado para acabar así?
-Es una buena historia para irse a dormir esta noche -sonrió- pero no solo eso, al menos para nosotros. Esta historia es el origen de una promesa muy especial, cuando se completa el gesto, la promesa se hace inquebrantable, indestructible… garantiza a las partes no solo el compromiso y la confianza, sino también la sinceridad y el respeto de quienes completan el gesto ¿Podrás aguantar hasta el final?
-Hace mucho tiempo que alguien no me cuenta un cuento para dormir -sonreía, pero su mirada era tremendamente triste tras el velo de sus pestañas, tan triste que le fue imposible disimularlo como hacía siempre, tal vez tampoco quería hacerlo- así que creo que disfrutaré hasta el último segundo.
-Entre dos hermosas colinas había un bosque precioso -comenzó modulando la voz como hacía el Maestro, él sonreía- lleno de árboles frondosos, hogar del zorro; animal curioso, astuto y ágil. Los zorros de este bosque se alimentaban de los pollitos de un gallinero cercano. El gallinero lo había construido un hombre al que le encantaban los huevos que dan las gallinas.
Las gallinas estaban muy preocupadas, ellas estaban encerradas en el gallinero, donde eran felices, pero los zorros se comían los pollitos, y aunque hacían guardias por las noches y los protegían, eran muy pocos los que llegaban a adultos. Dada esta tesitura, las gallinas decidieron emprender una guerra contra los zorros, todas juntas se apilaban cada noche en las rendijas de la valla que los zorros usaban para entrar y picoteaban sin parar cada vez que algún intruso trataba de entrar. El plan de las gallinas funcionaba a medias, pues, aunque ciertamente los zorros no llegaban a los pollitos, eran muchas las gallinas que salían heridas en los intentos de evitar a los zorros. Estos por su parte sentían el paso de los días sin comida, los pocos trozos de gallina que conseguían arrancar en sus intentos de conseguir jugosos pollitos no eran suficientes para saciar su hambre.
Hartos de la situación, el líder de los zorros decidió hablar diplomáticamente con la líder de las gallinas para así poder llegar a un acuerdo, pues no era justo que los zorros murieran de hambre. Tras aceptar la invitación, ambos líderes se reunieron y explicaron la situación cada uno desde su punto de vista. Ambos entendieron que no era justo que los zorros muriesen de hambre y que era ley natural que se alimentaran de gallinas; pero tampoco era justo que todos los pollitos de aquel gallinero muriesen para saciar el ávido apetito de los zorros.
Los líderes convocaron a las dos comunidades y frente a todos los miembros firmaron el siguiente acuerdo: de ahí en adelante cada semana saldrían del gallinero todas las gallinas y pollitos que estuvieran enfermos a sabiendas de que los zorros se alimentarían con sus carnes; a cambio, los zorros no volverían a atacar el gallinero.
Para sellar el pacto, el zorro extendió su pata y la gallina la puso encima para que el resto de animales recordara la importancia de aquella promesa, que garantizaba la supervivencia de todos bajo un compromiso libre al margen de la ley natural.
Las palabras habían acunado la tristeza de sus ojos hasta casi cerrarlos, por fin se había relajado pese al dolor y podría jurar que se sentía feliz, feliz de que compartieran con él un trocito de ese vínculo tan especial y extraño que solo ellos podían comprender; ella quería hacerlo, quería protegerle, que no sufriera más… pero de momento solo le podía dar cobijo. Por cómo lo miraba Hades, ese cobijo era lo más que había tenido en mucho tiempo, ya no le quería fuera, solo quería protegerle, no volver a fallar ni a dejarle solo.
Extendió de nuevo la mano delante de los dos y Hades completó el gesto poniendo tres dedos sobre su palma, el Rojo los miró a través del sueño y la añoranza e imitó a Hades. Se miraron entre sí, el Rojo apretó sus manos con la suya y le dejó hueco en la cama para que se durmiera; Hades se acomodó en el sillón y cayó rendido al instante, ella se zambulló en las rígidas sábanas del hospital, el sueño la abrazó como una avalancha, el Rojo ya estaba profundamente dormido a su lado.

Hace alrededor de 2 años

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#27

La mañana empezaba a clarear cuando se despertó sobresaltada por una pesadilla, había olvidado por completo que estaba en el hospital y con el Rojo, el pobre se despertó entre quejidos por el golpe que le había dado sin querer en el pie.
-Lo siento, lo siento… -musitó reincorporándose en la cama y apartándose el pelo de la cara, intentando reordenar sus ideas y las imágenes horribles que acudían a su mente- tenía una pesadilla… ¿dónde está Hades?
No estaba en el sillón ni tampoco en el baño; la pesadilla le había dejado una sensación horrible en el cuerpo, un vacío insoportable, un agujero en el corazón de soledad infinita ¿Dónde estaba Hades?, ¿no se le habría ocurrido salir?
-Eeeeh… ¿tan mala ha sido? -evitó mirarle- Ven -le pasó un brazo por encima y se dejó caer sobre su pecho, era tan grande que se sentía como una pequeña flor en manos de un gigante, él no pudo evitar acariciar su pelo, y ella tampoco le paró… eso la tranquilizaba; dejó de tiritar, él seguía ardiendo.
-¿Dónde está Hades? ¿no habrá salido verdad? -la urgencia de su voz denotaba por ella el miedo que quería ocultar.
-Habrá ido a dar una vuelta por el hospital para pensar…
-… pero eso es peligroso… -se irguió para mirarle, sus ojos la miraban de una forma que no sabría descifrar.
-Estará bien… ¿por qué no me cuentas qué has soñado, Manish?
Era lo último que quería hacer, bastante tenía él con lo que tenía; volvió a hundir la cabeza en su pecho y a dejar que le siguiera acariciando el pelo, no tardaría en quedarse dormida otra vez, y cuando volviera a despertar la pesadilla le parecería estúpida y lejana…
-¿Ha sido sobre lo que me ha pasado? -no se atrevió a mirarle y él siguió sondeando con preguntas- ¿Iban a por ti? ¿Cogían a Hades también? -no pudo evitar estremecerse entre sus brazos como una hoja a merced del viento- Si estaba conmigo, nada podía pasarle eso seguro -le sonreía desde las alturas para intentar tranquilizarla.
-No podías salvarle… y yo no podía salvar a ninguno de los dos.
-Ese no es tu cometido -quería replicarle pero lo había dicho como si fuera una obviedad, decidió dejarle seguir, sus ojos se perdieron más allá de la ventana, en la mañana, y luego volvieron silenciosos a ella- tú tienes que seguir hacia delante, siempre hacia delante…
-¿Y quién os protegería a vosotros?
-¿Eso es lo que te preocupa? Sabes que yo protejo a Hades… por muchas cosas que pasen o no pasen -sonrió lacónicamente- eso nunca cambiará.
-¿Y quién te protege a ti?
-Soy un superviviente, no necesito que nadie me proteja -sonrió, su mirada díscola y fiera parecía avalar sus palabras-, estoy acostumbrado a tener que vigilar mis espaldas… ¿Esto? -se señaló- no los vi venir y eran demasiados, la próxima vez no me pillarán por sorpresa.
-Necesito saber qué te hicieron Rojo… yo… -calló sin poder continuar.
-¿Te sientes culpable y por eso tu subconsciente te juega malas pasadas?
-¿Por qué estás tan tranquilo? ¡Mira lo que te han hecho…!
Intentó reprimir la risa y eso le hizo toser.
-Es solo dolor Manish… hay cosas peores.
-No creo que sean peores que lo que imagino que te han hecho...
Suspiró y se reincorporó un poco para poder verla mejor, sus ojos la miraban, pero le daba la sensación de que se perdían mucho más allá, justo en ese punto al que él quería llegar pero nunca le dejaba, ahora por fin podía atisbar el laberinto.
-No eres una persona que esté hecha para la guerra, Manish, y sin embargo aquí estás ¿por qué?
-Porque no quiero huir de ella… porque no quiero esconderme más.
-¿Por qué quieres sentir ese dolor? -era verdadera curiosidad… estaba aporreando su reflejo, quería ver más allá, ¿era buena idea dejarle? Sus ojos se escaparon de nuevo a la herida del costado y no pudo evitar desembuchar.
-Porque de no hacerlo… ¿cómo podría comprender lo que me rodea? A Hades… a ti… a mí…
-Manish… -la cogió de las manos, parecía que intentaba convencer a un niño pequeño de que su postura era absurda y estaba mal- los días que se avecinan no van a ser un juego… -el aro de toro en su nariz se balanceaba levemente al respirar- El plan de Hades… no está dispuesto a dejar ningún cabo suelto, su plan… joder, ¿sabes lo cabreado que estaba cuando lo ideó?
-¿Por qué se cabreó tanto por una derrota?
-No fue la derrota… fue el encontronazo que hubo después; pero no te puedo contar nada, formuló la Petición -soltó sus manos.
-No me jodas Rojo… yo no estaba entonces.
Miró hacia la puerta con ojos nerviosos, se separó de su pecho y lo miró muy seriamente, sabía que cedería, ella le acababa de confesar algo también, era lo justo, y él siempre hacía lo justo.
-Amenazaron a sus hermanos y con hacerte daño a ti…
-¿Qué hiciste para detenerle? -realmente quería una respuesta, no imaginaba nada que pudiera pararle tras escuchar una amenaza así.
-Convencerle de idear un plan para el futuro, cuando fuéramos lo suficientemente fuertes… -suspiró y se enmarañó el pelo- pero no le podía pedir que no fuera sangriento… si hubieras visto sus ojos Manish… -los suyos lo decían todo- No era él.
-Lo sé…ni siquiera me explico cómo conseguiste convencerle… -se quedaron en silencio durante unos instantes- Por eso también tengo que estar a su lado, ¿lo entiendes?
-Sí… -le costó contestar, pero la respuesta era evidente, si Hades explotaba la misión se iba a la mierda, eso estaba claro, el Rojo mejor que nadie entendía que ella era tan fundamental como él para equilibrar la balanza de su Capitán- Simplemente no quiero que estés allí cuando todo comience…
Sabía exactamente las palabras que tenía que decirle para engrasar la maquinaria antes de la batalla final y que el equilibrio no se fuera a pique, sin embargo, tenía tanto miedo de pedírselo… la palabra del Rojo era inquebrantable pero él era mortal, sangraba, y su sangre, sin saber por qué, cada día le dolía más. Aún así, la idea de que le pasara algo a Hades se le antojaba impensable… Él, el Rojo, no sabía qué era, si la nueva información que sabía sobre su vida, o el hecho de verle allí con todas aquellas heridas como si nada, pero confiaba en él, quería confiar en él… y era la única persona a la que podía encomendar una misión como aquella, porque al parecer ya la había empezado sin permiso. Solo una voluntad como la suya podía doblegar a la de su Capitán, sólo una fuerza como la suya podría canalizar la ira de Hades cuando empezara la batalla ¿Ella? Qué podría hacer cuando la sangre corriera, si nada más salir la haría vomitar con su hedor…
-Si quieres protegerme Rojo… -no se atrevió a evitar su mirada, no después de lo que le iba a pedir- tienes que protegerle a él… -¿ya sabía lo que iba a decir?
-Eso ya lo sé; y si quiero protegerle a él… tengo que protegerte a ti; el límite que nos separa cada vez es más fino y mi trabajo al parecer cada vez más difícil… ¡y con menos botín! -no pudo evitar que se le escapara una pequeña sonrisa- Así que si estás decidida a venir a la guerra… tendrás que aprender algo más que esos cuatro puños que sabes… no podré estar en dos sitios a la vez continuamente -la intentaba picar para que olvidara la pesadilla, pero las imágenes recurrían una y otra vez a su cabeza, el paraje era desolador, y aquellas figuras… al principio no las había reconocido.
Había percibido su jugada de forma cristalina, no sabía por qué pero en aquel momento supo que al igual que no podía ocultarle nada a Hades… tampoco podría hacerlo de aquí en adelante con el Rojo. Sin haberle dado permiso había firmado un vínculo de sangre y no le quedaba más remedio que unirse a él; si algo había sacado en claro de aquella pesadilla es que ella era incapaz de proteger a Hades sola, igual que era incapaz de protegerse a sí misma de aquel hombre desgarrado… aquella suerte de Vitrubio que la miraba desde su subconsciente con ojos irónicos.
-¿Ah si?, ¿tú me enseñarías a sobrevivir? -¿por qué narices había usado aquella palabra?, él también era cristalino para ella y supo que la había cagado en cuanto volvió a mirar en sus ojos.
-¿Eso es lo que buscas?
Se levantó de un salto y fue al baño a lavarse la cara, el agua fría logró ahuyentar la figura del espantajo y la de Hades y el Rojo cuadrando el círculo a su lado; sus pieles totalmente quemadas lloraban sangre, y sus ojos, perdidos en el vacío y en sus cuencas, habían olvidado aquella voluntad que todo lo arroya a su paso… simples peleles torturados colgados del vacío, que ni siquiera se atrevían a dar el último paso hacia la muerte…
-No sé si podría enseñarte a sobrevivir… -se había arrancado el gotero del antebrazo y se había acercado cojeando al baño, ahora estaba detrás de ella; no se giró, lo miraba por el espejo. Él tampoco se acercó más- igual que tú no sabes si podrás ayudarme como lo hiciste con Hades… Me parece un buen trato.
-La pesadilla…
-Es solo una pesadilla, Manish… no es real…
-Tú… hasta hace unos días solo contabas historias y ahora eres real…
-Puedo volver a las historias si quieres…
-… no creo que fueras capaz de inventar una que ahuyentara esta pesadilla.
-Quizás mi historia sí que pudiera -la miraba tan profundo que se tuvo que girar, y allí estaba, vendado y maltrecho, sangraba por la herida reciente del gotero, nada de eso parecía importarle- aunque sería una historia diferente a las que suelo contar…
-¿Estás seguro de querer hacerlo?
-La pregunta es si estás segura tú, Manish -se dio la vuelta y volvió a la cama.
Hades entró por la puerta al instante siguiente; colocó la toalla y salió, estaban con el médico, que le echaba la bronca al Rojo por quitase el gotero, salió del baño, Hades miraba por la ventana, el Rojo le explicaba muy convincentemente al Doctor Garrovillas que se le habría arrancado por la noche, no había dormido muy bien por el dolor.

Hace alrededor de 2 años

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