OhHannie
Rango5 Nivel 22 (556 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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Recuerdo el día de ayer cuando te prometí un millón de cosas, cuando te dije que me quedaría a tu lado todo el tiempo que me necesitaras, cuando aseguré que estaría feliz de que nunca me soltaras.

Recuerdo todas nuestras conversaciones, todos esos planes a futuro que teníamos para nosotros, los viajes alrededor del mundo que tendríamos y las veces en que simplemente nos quedaríamos tendidos en el sofá, viendo nuestras series televisivas favoritas como los dos perezosos que somos; la idea de alquilar un departamento para nosotros solos y redactar un libro que hiciera sufrir a los lectores con el exceso de drama que pondríamos en cada una de sus páginas, tu idea era matar al protagonista, la mía… hacerlo reencarnar.

Recuerdo las palabras que te dediqué para que buscaras motivación en cada detalle insignificante de tu vida. Yo era tu mayor motivación, en una ocasión me lo dijiste; sólo despertabas para descubrir si habías recibido algún texto mío.

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#2

Nos enviábamos mensajes de texto todos los días. Fue así como nos conocimos ¿no? De un momento a otro ya estábamos conversando de cualquier cosa que carecía de sentido o importancia, sin siquiera preguntar por nuestros nombres. Comenzamos a crear una historia de la noche a la mañana.

Recuerdo cuando lloré como un bebé esa vez que me sentí impotente al no poder estar junto a ti como ambos lo deseábamos, cuando me preocupé el día que decidiste embriagarte, cuando me reí la noche en que decidí enviarte todos esos audios en los que te cantaba opera, cuando me sentía mal conmigo mismo cada vez que lastimaba tus sentimientos con mis palabras hirientes o me enfadaba contigo.

Recuerdo aquella ocasión en que decidí invertir mi dinero en ti y te compré un obsequio que me aseguraría de otorgarte personalmente. Lo hice, un tiempo después logré hacerlo, el día en que finalmente nos encontramos frente a frente. Para entonces ya habíamos hecho una infinidad de planes, luego de hablar durante meses sin parar; tú estabas nervioso, me reía en mis adentros porque resultaba bastante cómico verte retorcer de los nervios mientras yo sólo me mantenía en silencio con la ligera sonrisa en los labios, mirándote. No sé durante cuánto tiempo estuvimos conversando en las escaleras, ni cómo fue que lograste que alguna palabra saliera de mis labios después de ese incómodo silencio que con tanto esfuerzo rompiste.

Aún poseo el recuerdo de tus hermanos dejándome exhausto después de jugar a la pelota, el instante en que tomaste mi móvil y optaste por enviar mensajes a una de mis amigas para tratar de darle celos, y el momento en que acepté fotografiarme a tu lado pese a que detesto las fotografías.

Cuando llegó el adiós, te abracé con fuerza, temiendo romperte por lo delgado que eras y aguantándome las ganas de llevarte conmigo.

Te prometí muchas cosas ¿no es así? Te dediqué una canción en la que te aseguraba que me quedaría a tu lado, te dije que no le temieras al olvido porque ese día nunca llegaría. Pero te mentí. Soy el más grande imbécil que existe en la faz de la Tierra, justo ahora me doy cuenta de ello ¿acaso no puedo hacer nada bien? Soy un monstruo ¿no te lo dije? Lo que te hice no tiene ningún perdón, así que comprendo perfectamente el que me odies ahora.

Y sin embargo, estoy de pie frente a tu puerta luego de hacer una reservación en un hotel, adquirir un vuelo y subirme a un taxi. Las maletas están a mi lado. No sé cómo tengo el descaro de dar la cara después de distanciarnos.

Estoy aguantando la respiración, y cuando finalmente te veo aparecer ante mí, digo lo único que he venido a decirte…

–Perdóname.

Hace alrededor de 4 años

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