JL_Quijano
Rango7 Nivel 30 (1436 ptos) | Autor novel
#1

Cansado de que vivamos escondidos, mi padre nos dijo:

— Saldré a luchar.
— ¿De qué hablas? —dijo mi hermano mayor— ¿qué haré con el bebé y mi hermanita?
— Ellos están bien contigo. Si no hacemos algo, nos encontrarán tarde o temprano.
— Pero los alemanes ya tomaron casi toda la ciudad, si sales te matarán.
— Lo sé, hay riesgo de no volver. Pero…
— ¿Pero qué? ¿Cuántas razones necesitas?
— Pero, te digo, si me quedo, nos encontraran, y eso sí es seguro.
— No puedo creer. Te rindes así de fácil.

Un estruendo interrumpió la discusión. En seguida, pequeños trozos de techo cayeron sobre nosotros. Las luces titubearon y el bebé rompió en llanto. Mi padre lo tomó entre sus brazos y miró nuevamente a mi hermano mayor.

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#2

— No me rindo, por eso salgo a pelear.
— ¿Para qué? ¿Para morir y que, a nosotros, en el mejor de los casos, nos lleven a los campos de concentración?
— No, para que ustedes tengan al menos una esperanza.
— Egoísta, siempre lo has sido. Ahora nos pierdes, como perdiste a mamá.

Mi padre no le respondió y dejó de mecer, por un momento, al bebé. Miró al techo, suspiró, y, antes de que el bebé siguiese llorando, lo meció nuevamente. Mi padre no fue el mismo desde la muerte de mi madre. Se culpaba todos los días por no llevarla al hospital esa noche. Las vecinas que huyeron con nosotros no tenían la experiencia ni el material suficiente para un parto. Poner la vida de mi madre en la inexperiencia de ellas fue, según él, su peor error. Pero él no tenía opciones, los bombardeos ya habían empezado. No había un camino seguro al hospital.

Gabriel dio la espalda a mi padre y se corrió el pedazo de tela que delimitaba el dormitorio.

A la mañana siguiente mi padre se despidió de mí y me encargo al bebe. Me dijo que cuidara de el. Antes de salir fue a hablar con Gabriel y le dijo:

— Me voy ahora.

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Luce_
Rango5 Nivel 24
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Que pasará? 😱


#3

Gabriel siguió acostado de lado, fingiendo estar dormido, con la espalda hacia mi padre.

— Sé que esto no es fácil para ustedes. No tienes idea cómo es para mí.
— Tú no eres el que se queda en la incertidumbre —dijo Gabriel entre sollozos.
— Escúchame, tengo un plan para salir de esto.
—¡No me toques! Ya te dije que hagas lo que quieras.
— Solo necesito que me prometas una cosa.
—¿Ah sí? —dijo mi hermano incorporándose, con una sonrisa sarcástica y los ojos llenos de lágrimas —¿Cuál es tu plan? a ver.
— No te lo puedo decir aún. —dijo, y me miró a mí y al bebé en mis brazos. Miró nuevamente a Gabriel— Prométeme algo: permanecerás aquí hasta que yo vuelva.
— Ah no pues, que plan tan genial, ¡aplaudamos!
— No es momento de bromas. Prométemelo.
— Has lo que quieras.
— Escucha
—¡Ya te dije que no me toques!
—¡Prométemelo!

Gabriel lo miró con sus ojos aun rojos, pero ya sin llorar. Me vio a mí, a mi hermano, a mi padre nuevamente. Dio un suspiro y asintió con su cabeza.

Las siguientes dos semanas aumentaron la impaciencia de Gabriel. Caminaba de un lado al otro con una mano en la cintura y la otra en su mentón. Miraba al suelo y decía palabras incomprensibles. Finalmente, una mañana, vi su cama vacía. En ella había una nota que decía: Buscaré a papa.

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#4

***
Pasaron los días y los meses. Me las arreglé para sobrevivir junto a mi hermanito. Las raciones de comida que nos dejó papá fueron apenas suficientes. A punto estábamos de quedarnos sin comida cuando llegó a mí la noticia del fin de la guerra. Habíamos ganado. Al salir del sótano con mi hermano en brazos vi la ciudad destrozada. No quedaba casi nada en pie. Solo había escombros, humo, cuerpos, pero ni un rastro de mi hermano Gabriel ni de mi padre.

No supe nada más de ellos hasta el día en que los soldados agruparon a los sobrevivientes. Entre los soldados se pronunció el nombre de mi hermano.

—Fue valiente ese Gabriel Scharoo, un hombre muy valiente, muy valiente. ¿Por qué se pegaría un tiro?

¿Un tiro? Me estremecí y traté de escuchar la respuesta del otro.

—Dicen que ese día su grupo acabó con un pelotón de soldados enemigos. Al acercarse vio que dentro de ese pelotón estaba un grupo de holandeses que se sumaron al bando alemán. Entre los cuerpos mutilados reconoció el de su padre.
— ¿Por qué se pasaría su padre al otro bando?
— Ve tu a saber —dijo mientras se encogía de hombros— pero no fueron pocos los desertores. No los culpo, muchos lo hicieron para salvar a sus familias. Esta guerra estaba perdida, esta victoria fue un milagro.

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