SergioMaestri
Rango13 Nivel 61 (15523 ptos) | Premio de la crítica

PRÓLOGO

Sin lugar a dudas, una de las historias más interesantes y ricas que tuve la fortuna de recabar en mi larga trayectoria como cronista de la revista “Perfiles”, fue la serie de entrevistas que realicé al doctor Sebastián Winter, magnífico médico rural de la ciudad de Ceibales, en la provincia de Buenos Aires, quien fuera durante años integrante de la red de Médicos sin Fronteras y un eminente cirujano.
Una tarde de otoño me recibió en su antigua casona de Ceibales, el casco viejo de una casa campestre, heredada de sus padres. Un paraíso rural con un vergel de coloridas y fragantes flores y una pequeña granja, circundada por añosos pinos, sauces, naranjos y ciruelos, en donde se refugiaba para leer y descansar.
El doctor Winter era un individuo amable, de aspecto quijotesco. Alto, desgarbado, un poco vencido de hombros, de largos y escuálidos brazos terminados en dos rústicas y laboriosas manos de dedos huesudos, finos, delicados. Su estampa evocaba uno de esos hidalgos de la prosapia de los caballeros andantes.

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SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Esta historia está basada en un personaje creado por mi padre, también escritor, hace muchos años para una obra de teatro. Refiere una serie de relatos relacionados con el pasado de ese personaje y su experiencia como médico de fronteras. Espero les gusten las historias que vendrán. Saludos a todos:
@Carlos_59
@SandyTorres
@ValdiviesoDaniel3264
@TinadeLuis
@TealOxen_98
@YessGuill
@Jose_Mierez
@JoaquinGodoy
@GiSanz_
@AlPolvoVamos
@HernanCalvo
@Ignus
@Romahou
@SergioPR
@Ulises
@G-Rurba
@PabloDV1979
@LoViTux
@DayDreamingLastNight
@Troyler_Larry_1994
@Frank_Coyote
@SDA_LOVE50

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

Buen prólogo. Se presume una historia interesante @Prometeo
Un saludo.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Hermoso principio @Prometeo, su antigua casona es como tu bien dices un paraíso rural, un refugio sin lugar a dudas.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace alrededor de 2 años

Sólo con la narrativa que magistralmente extiendes como prólogo ya estoy enganchada, allá vamos... @Prometeo

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Espero que te guste @Chica_Purpura Es una historia larga, de varias cajas, pero creo que hay algunas páginas interesantes. Saludos.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 años

Amigo @Prometeo este prologo promete-o mucho. Me encantó tu descripción de el lugar y del médico. Sigamos.

Berniramoa74
Rango7 Nivel 31
hace alrededor de 2 años

Me gusta este estilo literario porque es muy realista

DayDreamingLastNight
Rango20 Nivel 99
hace alrededor de 2 años

Me impresionan tus dotes de escritor para describir de forma tan perfecta los personajes,que llegan a tocar el alma del lector.


#2

En su angulosa cabeza se destacaban una profusa cabellera plateada que alguna vez fue rubia y un par de ojos claros y profundos sobre unos pómulos salientes. Tenía una tez curtida y bronceada y una figura esquemática, taciturna, insondable, inaccesible. Su atuendo personal, entre desaliñado y pulcro, remarcaba su exótica personalidad. Pero esta triste figura de ciprés solitario era el receptáculo de un alma en extremo sensible y elevada, proclive a volverse anónima detrás de la máscara de cinismo que adoptaba ocasionalmente y que no era más que el disfraz de su “personaje mundano”. Era un ser preocupado por ocultar su verdadera identidad, pero que vivía prodigándose en una permanente cruzada en aras del bienestar colectivo, brindándose a los demás con un desinterés rayano en la abnegación.
A lo largo de varios meses, en los que el doctor Winter accedió a recibirme, y gracias a lo cual fuimos construyendo una incipiente amistad, íntima y sincera, me narró sus extraordinarias crónicas que me propongo relatar, resultado de treinta años de servicios como médico sin fronteras, abnegada y sacrificada labor que dejó en su acervo cultural un bagaje de anécdotas, experiencias e historias inigualables, profundas y aleccionadoras.
Su rico vocabulario, su impecable memoria y su capacidad de análisis hizo que mi tarea fuera muy sencilla al momento de la recopilación, razón por la cual transcribiré sus relatos tal y como me los contó, en primera persona, sólo agregando alguna digresión que considere necesaria para contribuir con la cabal comprensión de la historia.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Triste figura de ciprés solitario, alma en extremo sensible y elevada, proclive a volverse anónima detrás de la máscara de cinismo que adoptaba, disfraz de su " personaje mundano". Cuantos doctores Winter habremos conocido sin apenas haber reconocido. Extraordinario @Prometeo.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Y para mi es un verdadero placer leerte @ Prometeo.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 años

Amigo @Prometeo realmente estoy leyendo escritura de primera. Tenias que ser argentino para escribir tan bien. Otro fanfarron igual que yo compatriota. Jaja. realmente viene de diez.

Soul17
Rango5 Nivel 22
hace casi 2 años

Me encanta la frase de: "proclive a volverse anonima detras de la mascara de cinismo que adoptaba ocasionalmente"


#3

GENOCIDIO DE BIAFRA

A mediados de 1.971 yo era un joven médico, de apenas 25 años, recientemente recibido, que había iniciado mi carrera como médico rural en mi pueblo natal, Ceibales, una pequeña localidad bonaerense ubicada a orillas del río Salado. La medicina del lugar era precaria. El Hospital más próximo estaba a 30 kms de distancia. Sólo teníamos entonces una Sala de Primeros Auxilios comandada por un viejo médico de campo, el doctor Izarriaga, quien sintió un enorme alivio cuando me destinaron como médico ayudante de su Sala. Mi tarea era básicamente vacunar, cuando el Ministerio de Salud nos enviaba las vacunas, hacer tareas administrativas, ir al pueblo a comprar insumos y, eventualmente, atender a algún enfermo o accidentado. Recetar un medicamento, entablillar una pierna, atender una herida o un golpe e, incluso, asistir en un parto.
Cuando la gravedad de la patología o el diagnóstico nos superaba, por no tener la infraestructura necesaria para atenderla, enviábamos al chofer con la ambulancia, acompañado de un enfermero, para trasladar al paciente al Hospital Central.
En aquel entonces tenía un espíritu aventurero y humanista, características que el tiempo y las circunstancias de la vida, fueron aplacando.
Por esta razón en cuanto pude emprender el vuelo hacia nuevas latitudes, lo hice, sin pensarlo demasiado.
Máximo, el hijo del doctor Izarriaga, joven médico de Ceibales, quien se especializaba en cardiología, y con quien cursé algunas materias en la Universidad de Buenos Aires, me hizo el ofrecimiento de enlistarnos en la Cruz Roja Argentina, institución que estaba requiriendo médicos jóvenes y emprendedores con distintas especialidades.
Y así lo hicimos, con el fervoroso deseo de asistir a quien nos necesitara en el remoto lugar al que nos destinaran.
Y nuestra primera misión fue en Biafra, una región al noroeste de Nigeria, devastada por la reciente guerra civil, donde la pobreza, la hambruna y la peste asolaban como chacales famélicos.
Cuando descendimos del helicóptero nos encontramos con una ciudad destruida por la guerra, devastada por las necesidades básicas, como el agua, la comida, los medicamentos. Inundada de olores putrefactos, de rostros temerosos, de fuerte presencia militar.
Juro que en tantos años de vivencias profesionales y luego de haber recorrido gran parte del mundo, jamás estuve en un sitio donde la miseria y la desolación estuviesen tan presentes, donde la ignorancia y la fatalidad se visualizaran de modo tan descarnado.
Ver a niños raquíticos, semidesnudos, descalzos, desnutridos, con su mirada extraviada, buscando un mendrugo en los cestos de basura o aguardando la migaja de un alma caritativa, era un panorama hondamente doloroso, lacerante para el alma, inmoral para la visión.
Descubrir en medio de aquellas aldeas esas tristes almas escondidas de hombres y mujeres, con temores por la reciente guerra, sucios, sufriendo hambre, enfermos, lacerados, sin trabajo, sin casa, era como ingresar al infierno más oscuro del Dante.

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

@Prometeo Parece que todo sigue igual en el tercer mundo. Tal y como lo cuenta el doctor Winter. Una labor encomiable la de "médicos sin fronteras". Mi pequeña aportación a esta O.N.G, la doy por bien empleada...

TinadeLuis
Rango13 Nivel 62
hace más de 2 años

Una situación desmoralizador y una labor encomiable la de quienes se vuelcan en ella de forma altruista. Un tema profundo, de gran interés, @Prometeo.

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

@Prometeo ciertamente la miseria en la que viven muchas personas llega a impactar tanto que cambian el modo de ver la vid; gran relato.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Más ese Infierno de Dante @Prometeo sigue como tu narras imperando en el mundo, tal vez la mezcla de ignorancia por parte de tierras malditas, tal vez por fatalidad o bien sea porque la miseria y la desolación son endémicos y han hecho de aquellas almas escondidas tradición y costumbres, para unos y los otros.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Y no hay esperanzas de que este infierno cambie @TealOxen_98 mientras existan terribles intereses creados para mantener la ignorancia y la desolación

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

No va a cambiar y lo sabemos @ Prometeo prevalecen los interéses económicos, estratégicos y como no aquí no existe la famosa frase " Darle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios". Están para morir y sufrir, claro reflejo de la inmoralidad humana, un reflejo en el espejo al que miramos y no nos vemos. Ellos son nuestro lado más oscuro.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 años

Amigo @Prometeo como escrito sigue genial aunque te sugeriría que en algunas palabras busques algunos sinonimos. Asi y todo muy pero muy bien expresado. Desde el punto de vista humano desolador. Esperemos no caer en estas cuestiones. Despues de una acción viene una reacción.


#4

Había tanto que hacer en ese lugar que todo esfuerzo resultaba escaso. La jornada de asistencia duraba entre 12 y 14 horas, de trabajo constante y de sacrificios increíbles, agobiados por el intenso calor, las moscas y tábanos zumbantes, la falta de agua potable y el traslado permanente por caminos barrosos, entre paisajes hostiles de casas derruidas, de negocios callejeros, de humedad y lluvias tropicales.
Cuando volvíamos al campamento sólo teníamos deseos de comer algo y dormir profundamente, intentando olvidar esos rostros huesudos, esas miradas suplicantes, esas bocas anhelosas.
Los lugareños, de etnia igbo en su mayoría, muchos sobrevivientes de la guerra que los asoló desde 1967 hasta principios de 1970, nos narraban, en un tortuoso inglés, las peripecias dramáticas de sus experiencias bélicas, cuando su pueblo proclamó su independencia de Nigeria para ser una república autónoma (luego de largos conflictos raciales y de una crisis económica sin precedentes), y su problemática y breve subsistencia como pueblo independiente hasta la capitulación oficial de las fuerzas biafranas en enero de 1970, cuando volvieron a pertenecer al gobierno nigeriano, luego de ser arrasados militar y socialmente.
Recuerdo que me llamaba poderosamente la atención la fortaleza moral de aquellas personas de rostros demacrados, con heridas de guerra y cuerpos extremadamente delgados y frágiles. Almas de acero en cuerpos de cristal.
Veíamos muchas injusticias, personas mutiladas física y moralmente, desolación y extrema violencia.
Las fuerzas militares nigerianas, de razas fulani y yoruba, eran muy hostiles con la etnia igbo, por el reciente conflicto, instigándolos constantemente y ejerciendo presiones de índole policial, con tintes discriminatorios.
Una tarde, junto con mi amigo el doctor Izarriaga, acabábamos de llevar tanques de agua potable a un barrio en las afueras de Biafra, en una de las camionetas de la Cruz Roja y aprovechamos para vacunar a los niños contra la difteria, gripe y tétanos.
Volviendo por la ruta, encontramos, caminando por la orilla, a una pareja que, presurosa, arrastraban unas bolsas que parecían pesadas. Nos arrimamos para ver si necesitaban ayuda o podíamos alcanzarlos hasta el pueblo. Se asustaron cuando paramos. Ella estaba embarazada, con un vientre a punto de estallarle.
Bajamos y se apaciguaron cuando vieron que éramos de la Cruz Roja. Pero en ese instante, entre la tupida arboleda, surgieron tres militares armados y se pusieron a discutir con ellos en una lengua ignota para nosotros. Tratamos de mediar, pero nos encañonaron con sus fusiles, mientras gritaban “Down, down”. Nos arrojamos al piso, junto a Máximo. Ellos dejaron las bolsas y entonces le dispararon al joven. Una descarga fue suficiente para que quedara tieso en el piso, entre un charco de sangre. Cuando le apuntaron a ella y ví su enorme vientre preñado de vida, me levanté como un resorte del piso y me interpuse entre ella y los militares, mostrando mi credencial médica. Me gritaron pero no me amedrenté. Entonces recogieron las bolsas. Era comida. Sólo bolsas de comida que ellos habían robado del campamento militar para llevarle a su familia. Por esa razón mataron a ese hombre.
Cuando se fueron, la mujer, entre llantos incontenibles, se arrojó sobre su hombre, ya muerto, mientras gritaba con horribles alaridos.
Su desesperación le produjo una profunda contracción, entonces comprendimos que su parto estaba próximo. Cerca del cadáver de su esposo, en el pasto, la asistimos, con pocos elementos, sin higiene, shockeados por la dramática situación.
El parto fue complejo. Tenía poca dilatación y el cordón se había enroscado en el cuello del bebé. Ella estaba muy nerviosa y nosotros intentábamos estar serenos pero no lo lográbamos.
Gritaba mucho en una lengua que no comprendíamos. El bebé era enorme. No lográbamos sacarlo. Máximo le tomaba la mano y le hablaba en inglés. Yo intentaba tomar al bebé, pero la madre comenzó a tener una copiosa hemorragia, sudaba y lloraba, se agitaba mucho y su corazón parecía querer escapársele del pecho. Las moscas zumbaban alrededor. Yo le gritaba “¡Come on, come on!” y ella pujaba y pujaba.
Al cabo de varios minutos, que me parecieron eternos, pujó una vez más, con su última gota de energía, y el bebé nació, llorando con un llanto que jamás oí en mi vida, como si fuera un grito de dolor desgarrador, por el sufrimiento de su madre, por la muerte de su padre, por su oscuro destino.
Corté el cordón umbilical con mi cuchillo y envolví el bebé en un trapo. Era una niña, de enormes y preciosos ojos negros.
La coloqué sobre el pecho de su madre, exhausta y desangrada. La miró un instante con una triste alegría, la besó y cerró los ojos para siempre.
Junto con mi amigo tomamos a la beba y cargamos los cadáveres en la camioneta.
Al llegar al campamento, bañé a la criatura, la revisé y se la entregué a una enfermera para que la alimentara.
Esa noche no dormí. En la madrugada me levanté y fui a ver a la beba. Dormía plácidamente, como un ángel de ébano. No pude dejar de llorar por horas, hasta que amanecí dormido en una silla junto a la niña.
La enfermera que la cuidaba, me vio y con una sonrisa me preguntó:
- ¿Qué nombre le vamos a poner, doctor?
Lo pensé un instante.
- Milagros – le dije.
- Sí –asintió-. Hermoso nombre.

EPÍLOGO

Muchos años después, en la ciudad de Abuya, capital de Nigeria, siendo ya Jefe de cirugía del cuerpo especial de Médicos sin Fronteras, dictaba una capacitación para jóvenes residentes médicos, estudiantes avanzados nigerianos y de otras regiones de África, en el Hospital Central. Y en aquel seminario, narré esta anécdota que acabo de relatar, con profunda emoción. Los alumnos escucharon conmovidos la historia, con los ojos llenos de lágrimas. Nos quedamos un instante en silencio y, de pronto, una muchacha pequeña, delgada, de hermosos y grandes ojos negros, se levantó de su asiento y dijo, a viva voz, con una sonrisa preciosa en su rostro y llorando a mares: “Yo soy Milagros, doctor. La niña de su relato. Decidí ser médica por usted”.
Bajé del estrado, caminé lentamente por el pasillo, en tanto ella hizo lo propio. Cuando la miré a los ojos la reconocí de inmediato. Nos dimos un abrazo interminable, reparador, efusivo. Por segunda vez en la vida la tenía en mis brazos. Sólo escuchaba el aplauso y vítores de la concurrencia y el latir atropellado de nuestros corazones.
Pasamos la tarde juntos, charlando intensamente, contándonos qué había sido de nuestras vidas, llorando, riendo, intentando entender aquel extraordinario milagro que la vida nos ofrecía.
Hoy es una eminente cirujana, sumergida en el corazón doliente de África, intentando restañar el dolor de su pueblo con sus manos pequeñas y solidarias.
Todavía estamos en contacto. A veces hablamos por teléfono o nos enviamos un e-mail. Hace un tiempo fue madre de una niña. Me llamó por teléfono para contármelo, con emoción. Me dijo: “tú serás su abuelo y ella sabrá que me salvaste, de todas las maneras que una persona puede ser salvada. Y le contaré nuestra historia, querido amigo, aquella extraordinaria tragedia de Biafra”.

Fin de la 1º historia

TinadeLuis
Rango13 Nivel 62
hace más de 2 años

Siento escalofríos al leerlo, @Prometeo. Crudo, pero de calidad. Lecturas así conviene leerlas. Saludos.

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

Dramático ese asesinato del padre del no nato. Y valentía del doctor Winter interponiéndose entre el militar y la mujer para evitar el disparo.

Trágica y entrañable a la vez. Se fue una vida y vino Milagros, que permaneció unida, de alguna manera, toda la vida a su salvador y doctor Winter.

Un saludo @Prometeo

Mjuls_21
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

Muy conmovedor. No pudo haber otro nombre mas acertado que Milagro; lo conecto con la esperanza. Pienso fue lo que motivo al Dr. Winter en su labor, y provoco que esa alma de acero naciendo totalmente frágil transformara su oscuro destino en uno plegado de luz.

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

"Almas de acero en cuerpos de cristal" @Prometeo quedé tan impactado que me faltó poco para llorar. Felicidades.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias @Sheikof por tu amable comentario. Espero sigas leyendo las historias que vendrán.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

De la muerte nace la vida, de las religiones crecen la guerras, de las propias razas se erige la muerte. Nunca lograré comprender cómo un país es desolado por su mismo pueblo, llámense yoruba la etnia preferente cuyo Dios es Odin, o etnia distinta cuyo Dios es un símbolo puesto que todos y cada uno de ellos han nacido en la misma tierra y en ella vertido la misma sangre. En tierra hostil la Unión crea la Muerte. Magnífico @Prometeo.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Gracias a ti @Prometeo por escribir lo que el mundo no quiere oír, quedará grabado en tus letras, y en nuestra memoria.

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

emocionante hasta las lágrimas. la buena acción que solo el amor por la vida se hace posible también posibilita esta clase de milagros, excelente historia

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

realmente excelente gracias por citarme para que pudiera leerla, se pierden muchas buenas historias sin q podamos llegar a ellas

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace alrededor de 2 años

No recuerdo la última vez que un escrito hizo que las lágrimas asomaran a mis ojos y me conmoviera de tal manera.
Afortunada de haber conseguido ésta maravillosa historia @Prometeo

carnaval
Rango5 Nivel 24
hace alrededor de 2 años

A través de esta lectura presencié el nacimiento de Milagros

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 años

Amigo @Prometeo nuevamente te pasaste y no vi ninguna necesidad de sinonimos. Tal vez en la caja anterior me pareció. Muy buena y dolorosa la primera parte y ni que hablarte del epilogo. Nos los haces vivir y estar acompañando a nuestro bendito médico. Mejor descripción y situación no pudo haber pasado en la vida de que el ser que salvó se transformo en una abnegada cirujana y al final con una hijita. Parece de cuento de hadas, pero la vida muchas veces la supera. Te felicito amigo.

Sarym
Rango16 Nivel 75
hace alrededor de 2 años

Éste relato me erizo al punto de las lagrimas querido, excelso en realidad, continuaré leyendo y deleitándome con esa maravillosa forma en que relatas, saludos querido.


#5

Ambos nos quedamos callados, luego de concluido su relato. Me lo imaginé como entonces: joven, rubio, ojos claros, delantal blanco, en medio de aquel horror, con su enorme decencia y esa modestia que era su marca registrada.
Se levantó de su viejo sillón de pana y sirvió dos café.

- ¿Leche o crema, estimado amigo? –convidó
- No, gracias, doctor. Café solo por favor. Y dos terrones de azúcar.
Mientras revolvía su infusión, preguntó, con una extraña melancolía en su rostro:
- ¿Alguna vez se enamoró?
- ¿Cómo? –inquirí, sorprendido.
- Sí, si se enamoró. ¿Sintió alguna vez que el alma le explotaba en mil pedazos, que el pulso se le aceleraba hasta límites insospechados, que una mirada furtiva podía llenarlo de dudas, de sortilegios, que una sonrisa al pasar podía encender su corazón como una hoguera, que no era dueño de su alma, que sus emociones se disparaban como briosos corceles sin freno?
- Sí, creo que sí.
- Pues a mí me pasó muy pocas veces, pero recuerdo con frescura y minucioso detalle la primera vez que experimenté esa sensación molesta y extraordinaria a la vez. Le cuento.
- Soy todo oídos, doctor.

ENTRE EL AMOR Y LA MUERTE

La guerra y la masacre de Biafra determinaron un hecho de suma importancia. Muchos médicos que trabajaban en el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), fueron testigos del genocidio de la minoría igbo y, de acuerdo a las normativas del Comité, debían guardar silencio ante aquellas aberraciones, ya que la Cruz Roja sólo tenía por finalidad institucional brindar ayuda humanitaria, y no podía denunciar las violaciones a los derechos humanos perpetrados por el gobierno nigeriano.
Aquel grupo de médicos que prestaran servicios en Biafra, junto a otro nutrido grupo que acababa de llegar de socorrer a las víctimas de las inundaciones que asolaron Paquistán Oriental (la actual Bangladesh), se reunieron en Paris, comandados por médicos y periodistas, entre los que destacaban Bernard Kouchner y Jacques Mabit, y entendiendo que el escenario internacional se estaba modificando, y que ya no bastaba con atender a las víctimas de las catástrofes, sino que era necesario comenzar a denunciar las violaciones flagrantes a los derechos de las personas, creando corrientes de opinión y profesionalizando los equipos de trabajo, decidieron fundar “Médecins Sans Frontières” (Médicos sin Fronteras), una organización médico-humanitaria, sin fines de lucro, creada para dar asistencia a poblaciones en situaciones de crisis, sin discriminaciones raciales, religiosas ni políticas.
Encolumnado con estos valores abandoné la Cruz Roja y comencé a prestar servicios en esta nueva institución.
Luego de descansar unos días en Paris y recorrer sus puntos neurálgicos: la torre Eiffel, el museo del Louvre, el Arco del Triunfo, el río Sena, me alisté para emprender mi nueva misión.
En la década del 70’ hubo en Galicia un brote muy crítico de meningitis. Esta infección meningocócica produce alteraciones vasculares y sanguíneas tan severas que puede provocar una muerte fulminante en pocas horas. Afecta principalmente a jóvenes y niños, quienes, de evitar la muerte, pueden quedar con graves secuelas, como trastornos sensoriales, parálisis o incluso mutilaciones.
Al día siguiente ya nos encontrábamos en territorio gallego, en la ciudad de Santiago de Compostela, una de las regiones más flageladas por aquel brote epidémico.
Mi grupo estaba integrado por cinco médicos, cuatro hombres y una mujer. Éramos dos pediatras, un cardiólogo, una infectóloga y yo, como cirujano.
Si bien teníamos equipos propios, decidimos trabajar en conjunto con un magnífico médico local ourensano, el doctor Martinón Sanchez, Jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos, con quien establecimos un protocolo unitario, con criterios de diagnóstico, profilaxis y tratamiento, gracias al cual rebajamos notoriamente las cifras de mortalidad infantil.
Trabajamos durante varios días vacunando, trasladando niños al hospital, haciendo algunas investigaciones y asistiendo a aquellos que habían sido afectados gravemente, presas de fiebre, vómitos y rigideces en los miembros y el cuello.
Hubo miles de afectados e, incluso, nos tocó enfrentarnos cara a cara con la muerte de niños cuya enfermedad se hallaba muy avanzada.
Fueron días terribles y dramáticos, de jornadas interminables, que siempre concluían indefectiblemente con algún occiso en el haber.
Afortunadamente la epidemia se fue conteniendo y fueron más los que salvamos que los que nos arrebató la muerte.
Los momentos de crisis y tragedias unen a las personas de un modo particular y único. Pero jamás me sentí más unido y enlazado a alguien como con la doctora en infectología Abril Sanchez Viña, la única mujer de mi equipo de trabajo.

TinadeLuis
Rango13 Nivel 62
hace más de 2 años

Auténticos héroes en medio de toda esa miseria, @Prometeo. Emotivo desde todos los ángulos.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Y entre tanta miseria y dolor, tambien el amor se hace presente en esta historia @TinadeLuis

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

Un trabajo exhaustivo, con pocos medios e inapropiados, riesgo para su propia salud por contagio...En fin, todo un alarde de valentia y compromiso con los más débiles.
Muy sensible y conmovedor amigo @Prometeo

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Médicos sin Fronteras....y que no falte decir sin límites, de corazón grande, cuerpos de acero y almas de frágil cristal. Una historia sin Fronteras @Prometeo.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 años

Amigo @Prometeo el amor es un bicho que nos pica a todos los seres humanos. En este caso, lo bueno es que se ve hasta el alma a la persona de la cual uno se enamora.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

@HernanACalvo y a veces pica tanto que nos rascamos por el resto de nuestras vidas ja ja Un abrazo


#6

Debo confesar que me gustó desde el primer momento en que la vi. Una morena de ojos negros, con un cabello azabache, lacio y largo. Una boca menuda y bermeja, enmarcada por una sonrisa que condicionaba su espíritu barcelonés, pero que cuando permitía su despliegue le iluminaba el rostro con un fulgor indescriptible. Sus manos delicadas y suaves parecían dos gorriones en pleno vuelo. Su cuerpo era la conjunción perfecta entre las curvas flamencas y el más íntimo espíritu gitano. Su galanura catalana, entre soberbia y gentil, resumía la fragancia profunda del Mediterráneo, la majestuosidad del Montjuic y la calidez de las Ramblas. Su figura grácil y llena de delicadeza contrastaba con su espíritu enérgico y altivo. Su escote era un regalo para el alma y los ojos.
Pero además de sus llamativos atributos físicos, era una mujer culta, ingeniosa, cálida aunque a veces distante, de enorme profesionalidad y dedicación a su labor. Poseía una vocación humanista extrema, aún a riesgo de su propia integridad física.
Reconozco que no le pasó desapercibida mi presencia. Notaba su mirada intrigante buscándome con cierta persistencia y me dedicaba sonrisas que no solía regalar con facilidad.
Tenía una inteligencia activa y suspicaz. Parecía estar siempre un paso adelante de los acontecimientos, minimizando riesgos. Apasionada por la química, desarrolló pruebas de fármacos microbianos que, con los años, la convirtieron en una pionera de la infectología viral y bacteriana.
Pero más que sus cualidades médicas lo que me apasionaban eran sus profundos ojos negros que parecían penetrar la piedra, disolver el hielo, incursionar en los rincones más turbios de mi alma.
Tenía 28 años, se había casado y a los 6 meses se separó. La pasión por su trabajo, decían, no le permitía enamorarse. Y yo estaba dispuesto a averiguar si aquella presunción era cierta.
Una tarde asistimos a un pequeño de 5 años, muy infectado por la meningitis. Sus padres lo trajeron al hospital en estado crítico, casi desahuciado. Tenía una enorme rigidez en su cuello. Lo revisamos, le sacamos una muestra de sangre para analizarla, le aplicamos antibióticos, le suministramos líquidos intravenosos y oxígeno. Le costaba mucho respirar. Era un niño muy bonito, con unas mejillas sonrosadas. A pesar de que sabíamos que se sentía muy mal, se portaba maravillosamente bien, incluso sonrió cuando le hice una pequeña broma.
La doctora me miró con esos ojos que derretían, con una sonrisa ladeada.
Hicimos todo lo que pudimos por él pero estaba muy avanzada la enfermedad y no lo pudimos salvar. Nos partió el alma. Abril se tomó la cabeza y se quedó sentada en un rincón, con los puños cerrados y un rictus de congoja en su rostro.
Salí a la sala de espera y hablé con los padres. Los consolé. Se abrazaron, llorando.
Cuando entré nuevamente, Abril seguía en su rincón, con los ojos humedecidos.
- Gracias –me dijo.
- ¿Por qué?
- Por avisarle a los padres. No hubiese podido hacerlo.
- De nada.
Hice el acta de defunción y dejé que el enfermero se llevara el cuerpo de aquel angelito.
- ¿Querés tomar un café? –le dije.
- Hablas de una forma rara. ¿Eres argentino?
- Sí.
- Me imaginé.
- ¿Por qué? ¿Por lo interesante? –bromeé, intentando levantarle el ánimo.
Sonrió.
- No. Por la forma en que maltratas la lengua española.
- Ja ja!! Sólo le doy un toque personal. Algo de lunfardo rioplatense mezclado con un castizo neologístico.
- Sí. Un verdadero despropósito idiomático.
Serví dos cafés y le alcancé uno.
- No veo por qué hablas castellano – acoté-. Debería escucharte hablar en catalán.
- Sólo hablo catalán en Cataluña.
- ¿De dónde eres?
- Barcelona. La ciudad más hermosa de la tierra.
- Se nota que no conocés Buenos Aires.
- Los argentinos se parecen mucho a los catalanes. Tienen su lengua particular, son talentosos, engreídos, les gusta cocinar y comer bien. Aman la libertad.
- Y nos encantan las españolas – me atreví a decir.
Hizo un breve silencio y me dijo:
- Me voy a pegar una ducha. Fue un día demasiado largo.

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

@Prometeo no hay foto de esa belleza española. Jijiji.
Bromas aparte, es una profesión que tiene ese tipo de desgracias. La impotencia de no poder salvar una vida, y en este caso la de un niño de 5 años, todavía más traumático.
Una vida apasionante la del doctor Winter.

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

Excelente, solo puedo decir que sigo atento.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Ja ja. Lamento no llevar una foto suya en mi bolsillo @Carlos_59 Lo que puedo asegurarte es que nuestro amigo Winter va a disfrutar de esos encantos muy prontamente. Un abrazo

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Y de aquí se puede decir que el amor no tiene fronteras ni las conoce, juega entre la vida y la muerte como si con el no fuera, es de carácter persistente y aparece sin cita previa. @Prometeo nos estas dando una de cal y otra de arena.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 años

Amigo @Prometeo desgraciadamente no pudieron hacer nada por el chiquito. La profesión de los medicos es así y peor con una epidemia. Se ve por otro lado que nos hace quedar bien a los argentinos, tan capaz en la medicina como con las mujeres. Te felicito genio.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Son los gajes del oficio de la profesión médica @HernanACalvo Debe ser dificil perder a un paciente, sobretodo siendo un niño!!! Gracias por los conceptos!!!

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace alrededor de 2 años

Si amigo @Prometeo lo que te escribí antes en parte es un chiste, porque el médico tambien es argentino. Bueno pero claro que es muy doloroso pasar constantemente por situaciones por las que debe atravezar un médico.


#7

Decidí salir a dar una vuelta para despejarme. Me fui del Hospital, con la mente repleta de sensaciones encontradas. Caminé unas cuadras y llegué a la plaza de la Quintana, pasé por el casco histórico y arribé a la Catedral de Santiago de Compostela, un templo de culto católico, convertido en destino de una famosa peregrinación que se realiza desde la Edad Media, conocida como el camino de Santiago, ya que acoge los restos del apóstol homónimo.
Su construcción concluyó en 1211 con un estilo gótico y barroco. Una maravilla arquitectónica que, lamentablemente, alberga escabrosas historias de confabulaciones religiosas, cruzadas cristianas y matanzas en nombre de la fe.
Mis ojos habían visto tanta miseria y dolor en los últimos tiempos, que aquella lujosa construcción me hacía dudar de los designios místicos y de los misteriosos propósitos divinos.
Nada ha causado tanto mal en este mundo como el fanatismo religioso. No existe hipocresía mayor que la de los eclesiásticos viviendo en sus cárceles de oro, mientras en las calles la miseria, el hambre y el desamparo arrasan la vida de esos pobres creyentes que alimentan con su incomprensible fe el boato y el lujo de unos pocos elegidos.
Si aquel pobre carpintero de Galilea viera en qué viles manos cayeron sus enseñanzas místicas, embestiría contra sus representantes con la misma furia con la que expulsó a los mercaderes del Templo de Jerusalén, a golpes y latigazos limpios.
Cuando regresé al Hospital, me di un baño y me cambié. Ya se había armado la guardia para esa noche, así que estaba libre. Pensaba distraerme un rato, caminar y tal vez tomar un trago.
Antes de salir me crucé a Abril. Llevaba un vestido floreado, el cabello recogido, se había pintado los labios y realmente estaba preciosa. Una verdadera diosa pagana.
- ¿Tenes algún plan para esta noche? –le pregunté, al pasar.
- En realidad… ninguno.
- ¿Te gustaría ir a tomar una copa conmigo?
Me miró profundamente y su rostro se iluminó con una sonrisa.
- Por qué no.
Salimos y nos pusimos a caminar. La noche era fresca y agradable. Las estrellas parecían puntos de luz en un negro tapiz. Una luna inmensa y amarillenta nos observaba desde su balcón celestial.
- ¿Qué hacías antes de enlistarte en Médicos sin Fronteras? –le pregunté para romper el hielo.
- Trabajaba en una Clínica de Barcelona, en el laboratorio. Hacía experimentaciones con cepas virales. Preparaba vacunas. Hacía estudios clínicos.
- ¿Y por qué dejaste eso? Parecía un buen trabajo.
- Me aburría. Quería conocer el mundo. Ayudar a la gente. La vida acomodada te aisla de los problemas del mundo, te insensibiliza. Te anestesia la conciencia. Y yo necesitaba volver a sentir.
- ¿Volver a sentir?
- Sí. Había tenido un desengaño amoroso importante. Me casé enamorada, pero al poco tiempo sentí que ese trabajo y esa vida monótona no eran para mí. Y estuve mucho tiempo insensible y ausente, con un hueco profundo en el corazón.
- ¿Y ahora cómo está tu corazón? –indagué.
- Hace mucho que no voy al cardiólogo.
Reímos y sentí que ella se iba relajando, que su rostro adusto aflojaba su musculación y se permitía un momento de relax.
- Y tú, argento, ¿qué hiciste antes?
- Fui médico rural en mi pueblo, Ceibales. Y recientemente médico de la Cruz Roja.
- ¿Casado, hijos?
- No. Mi religión no me lo permite.
Lanzó una hermosa carcajada. Su dentadura era blanca y perfecta, resaltando ese suave tono púrpura de sus labios.
Al cabo de unos minutos entramos en un bar y nos sentamos en una mesita esquinera. Pedimos una fritanga de frutos de mar.
- ¿Qué quieres beber? –pregunté.
- Pues, hombre. Si vienes a Galicia debes beber queimada.
- Bueno… entonces dos… queimadas –le dije al mozo.
Al rato nos trajeron el pedido. Abril se tomó la bebida de un trago. La miré con asombro. Me apresuré a beber. Era realmente fuerte.
- ¿Qué es esto? -pregunté, intrigado, haciendo un gesto de repulsión.
- Básicamente aguardiente y azúcar. Algunos le agregan cáscara de limón o naranja, e incluso granos de café. Ese brebaje se calienta en una sartén.
- Es… potente.
- ¡Ja ja! Después del tercero va a empezar a gustarte.
Pedimos otra ronda.
- Dicen los lugareños –comentó- que esta bebida tiene facultades curativas y que, luego de pronunciar un conjuro, se bebe y funciona como protección contra maleficios.
- Deberíamos pronunciarlo entonces.
- Vamos a tener que tomar muchos, doctor Winter, para quitarnos tanto maleficio de muertes y miserias.
- No me digas doctor Winter. Sólo Sebastián. Y yo te diré simplemente “Abril”.
Sonrió y asintió con la cabeza.
La charla se fue poniendo muy amena e interesante. Comenzamos hablando de música, luego de libros, de películas e, incluso, hasta de política. Era culta y con sensibilidad para el arte. En sus ratos libres pintaba acuarelas. Yo le comenté que escribía cuentos de ficción y que me gustaba el coleccionismo. Me dijo que le gustaban mucho las canciones de una nueva promesa catalana, Joan Manuel Serrat, y que su padre había vivido en su juventud a dos calles de la casa del cantautor, en Poble Sec.
Cuando ya íbamos por la quinta ronda de queimadas, bastante alegres y despojados de las ataduras que impone el protocolo, oí una hermosa canción que sonaba en la radio como música de fondo. Me incorporé y la invité a bailar. Miró hacia los costados y dudó un instante. Le extendí la mano, con una de mis sonrisas irresistibles, me miró y tomó mi mano. Sentí la suavidad de su piel, sedosa como un terciopelo. Una corriente eléctrica subió desde la punta de mis dedos directamente hasta mi corazón y me corrió un escalofrío por toda la superficie de mi cuerpo. Se incorporó y salimos a bailar.
La nutrida y bulliciosa concurrencia nos miró con curiosidad, pero con rostros cómplices. El dueño del local, levantó el volumen de la música y se quedó acodado en el mostrador, con una sonrisa pícara en el rostro. Los mozos se quedaron a un costado, cuchicheando silenciosamente.
La conduje al medio del salón, la tomé de la cintura con mi mano izquierda y entrelacé mi mano derecha entre sus dedos delgados, finos, de largas uñas. La traje con mi mano hacia mí y me arrimé a su cuerpo, percibiendo la dulce fragancia de su piel, la frescura de sus pómulos sonrosados, el olor limpio y fresco de su cabello suave y retinto.
Ella apoyó su cabeza en mi hombro y la abracé más fuerte. Sentí que mi virilidad explotaba, que un torrente incontenible de pasión me embargaba. No quería que esa canción se terminara jamás. Quería congelar ese instante y perpetuarlo incesantemente.
Levantó su cabeza y me miró a los ojos. Nunca había visto una mirada tan profunda, tan misteriosa, tan transparente.
No pude contenerme. La música, el aguardiente, el cosquilleo en el estómago, sus ojos. Entonces arrimé mi boca a sus labios dulcemente, en un imperceptible roce, en una libación sublime de su esencia, en un íntimo intercambio de fluidos, en un choque cálido y húmedo.
No se resistió. También lo deseaba. Le comí la boca de un beso apasionado. Cerré los ojos. Era como volver a la infancia, a los juegos pueriles. Como retornar a un lugar en el que fuimos felices alguna vez.
Pagué la cuenta y nos fuimos, abrazados, por las callecitas gallegas.
Fue una decisión rápida y tácita. Lo acordamos con la mirada. Con los sentidos.
Entramos al hospital en silencio y buscamos una sala solitaria y escondida. No encendimos la luz. La luna se asomaba por la ventana y alumbraba tenuemente el ámbito. Nos desnudamos con lentitud, disfrutando de aquel momento de felicidad anticipada. Le solté el cabello, que cayó sobre sus hombros con suavidad. Sus pechos, blancos y turgentes, eran un regalo para mis manos. Me quité la camisa y el pantalón, buscando su boca desesperadamente.
Nuestros cuerpos ardían como hogueras. Ya desnudos, la tomé por debajo de las nalgas y la subí a la camilla. Era tan hermosa. La perfección hecha mujer. Una diosa morena escapada del Olimpo.
Accedí a su cuerpo, a su intimidad. La besé en el cuello, en los hombros, en la boca. Busqué sus pezones redondos, como quien busca un arcano. Mis manos fueron piratas de sus mares, mi boca, conquistador de sus tierras. Acaricié su pubis, buscando los abismos de su placer. Y entonces me adentré en lo más profundo de su ser. Sentí su humedad, su tibieza. Escuché sus gemidos, su respiración agitada, sus súplicas pidiéndome más y más.
El roce de nuestros cuerpos, sudorosos y calientes, en un frenético vaivén, hacía rechinar las bisagras oxidadas de la camilla.
La oía gritar y reír y llorar y maldecir con su boca menuda y ya no podía contenerme más.
Entonces, en una ofrenda mutua, mágica y apasionada, sentí que mis entrañas explotaban con la fuerza de un volcán y que mi simiente regaba el campo de batalla con una furia incontenible, febril, derrumbándome como un árbol talado por el hacha feroz de un leñador.
Y no podía dejar de decir su nombre, una y otra vez. Como un mantra, como un conjuro, como una invocación.
“Abril, mi dulce Abril”.

Fin de la 2da. historia

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

@Prometeo Tiene razón el doctor. Nada ha causado y sigue causando tanto mal en el mundo como el "fanatismo religioso. Ojalá se tuvieran en cuenta los legados y doctrinas que engrandecen al hombre para considerarlo como humano. Vengan de donde vengan (en este caso del pensamiento Cristiano, tal y como lo predicó su fundador, Jesús de Nazaret, no como se ha manipulado a lo largo de la historia...).

Sensual descripción del cortejo amoroso, precalentado por las copas de queimada (una tradicional bebida gallega que quema, no solo los malos espíritus, si no todo el aparato digestivo. Jijiji), y desembocando en la consumación sexual lógica, producida por un calentamiento excesivo de la fricción de ambos cuerpos. Jajajaja. Una máquina el doctor Winter.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Ja ja. Un tipo pasional. Además hay que entender el contexto. En esas circunstancias el amor es urgente, una cura para tanto dolor @Carlos_59

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

La descripción de La Catedral de Santiago de Compostela, no hay un detalle perdido, donde su arquitectura alberga escabrosas historias de confabulaciónes religiosas. Tanto lujo y tanta miseria, entre muros donde no existe la humildad. Y en su nombre se erigió pobre carpintero de Galilea, para dar rienda suelta a un Imperio de jerarcas y dinero, que de caridad no hay más que migajas y estas son de vergüenza, más ni la invitan ni la conocen. Tu historia sigue con costumbres y tradiciones arraigadas en lo profundo de España, es asombroso estamos repletos de tantas entremezcladas entre la superstición y la religión y porque no creencias tribales y las cumplimos a rajatabla, es pueblo de incógnito pensamiento. Y no tengo palabras para la última parte, un baile de Cisnes parece donde la pasión roza el aire hasta el límite, un preámbulo que más bien pocos han podido experimentar en está vida, pues no saben bailar como Cisnes. Enhorabuena @Prometeo, es una Obra Maestra. No hay Fronteras en la vida, en la muerte, en el amor, ni en la guerra. Extraordinaria!!!!.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Muchas gracias @TealOxen_98 . Valoro mucho tus comentarios tan halagadores, siempre tan reflexivos!!! Saludos

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

Impresionante. A mitad del relato recordé un poema de Benedetti, los Formales y el frío, para luego terminar en la noche de los feos.
Es una poética descripción del encuentro de dos amantes, la imaginación vuela. Felicitaciones.

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

excelente, todo un placer leerte

DayDreamingLastNight
Rango20 Nivel 99
hace alrededor de 2 años

Sugestivo y sensual final para una bella historia de amor 😍😶☺

Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64
hace casi 2 años

Excelente manera de hacer sentir al lector.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace casi 2 años

Amigo @Prometeo te pido disculpas por no haber seguido con tu relato, aparte tan genial. Estuve ocupado en otras cosas y luego seguí con cuentos de otros. Bueno coincido en todo respecto a lo que expresas de religión. Respecto a Abril, por fin a nuestro abnegado medico le vino una buena y pasó una noche envidiable para cualquiera. Desde el primer momento se ve que hubo mucha quimica y en el hospital a media luz termino explotando todo. Genial.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Gracias, amigo @HernanACalvo por seguir la historia en los escasos tiempos de los que dispones. Agradezco el esfuerzo y tus halagadores comentarios


#8

Después de su relato, nos sumimos en un silencio denso. La historia era tan apasionada que nos quedamos pensativos y envueltos en extrañas sensaciones. Al cabo de un instante, sólo atiné a comentar, con una sonrisa cómplice, meneando la cabeza afirmativamente:
- ¡Usted sí que no ha perdido el tiempo! ¿Eh?
Largamos una carcajada al unísono, rompiendo aquel clima meloso que había quedado sobrevolando el ambiente.
- ¡De eso se trata la vida, mi querido amigo! –afirmó el doctor Winter-. La vida está hecha de instantes, de pequeños y maravillosos instantes. Usted debe entender que la vorágine de aquellas experiencias tan dolorosas y dramáticas que vivíamos a diario, nos llevaba a disfrutar intensamente los remotos momentos de felicidad que la vida nos regalaba en pequeñísimas dosis.
- Y aquel fue un momento muy intenso…
- Una experiencia única, estimado escriba –comentó, con un brillo particular en la mirada.
- ¿Y cómo terminó esa historia? ¿Se siguieron viendo?
- Esporádicamente. Las historias más interesantes no siempre tienen un final feliz.
- ¡Es cierto! –afirmé.
- Pero a principios de 1.972 nos volvimos a ver.
- ¿Otra misión?
- Nos encontramos en la sede de Médicos sin Fronteras de Barcelona. Concurrimos a una Jornada de Capacitación, dictada por algunos de los líderes de aquel momento. Un impasse antes de destinarnos a nuestras respectivas misiones.
- Y… disculpe el atrevimiento… ¿pasó algo?
- Pasó de todo, mi amigo.
- ¡No me deje sobre ascuas, doctor!…
- Bueno –aceptó, con una carcajada-. Le voy a contar cómo siguió la historia.

BARCELONA Y YO

En febrero de 1.972 concurrí a una Jornada de Capacitación Profesional, dictaba por algunos de los más eminentes médicos de la Organización “Médicos sin Fronteras”, como por ejemplo Jacques Mabit, uno de los fundadores de la ONG y reconocido investigador de la medicina tradicional amazónica, además del doctor Williams Bennett, prestigioso epidemiólogo y catedrático de la Universidad de Cambridge.
En aquella Jornada, dictada en la Sede de Barcelona, un antiguo edificio ubicado en la calle Nou de la Rambla 26, concurrí junto a mi estimado amigo el doctor Máximo Izarriaga, un aventurero y porteño por adopción, amante del tango rioplatense y destacado cardiólogo.
En el Salón Dorado, se organizó el desayuno previo. Mientras algunos tomaban chocolate con churros o un suizo con melindros, nosotros decidimos sólo beber café con leche acompañado con medialunas de manteca.
Fue entonces, mientras charlábamos animadamente, cuando la vi. Un trajecito de color natural, con zapatos al tono. Una camisa floreada, cubierta a medias por su chaqueta, un prendedor en forma de flor, realizado en filigrana con hilos de plata y una piedra en el centro. Su cabello suelto y cepillado y un suave maquillaje le daban ese aire de natural belleza, sin mayores ornamentos.
Desde nuestra misión en Galicia, hacía ya seis meses, que no sabía nada de ella.
Me acerqué, haciéndome el distraído, y me coloqué delante suyo. Levantó su mirada y se sorprendió al verme. Nos miramos un instante, sin saber qué decir, y entonces la saludé y le di un beso en la mejilla. Su perfume, de esencias florales, me embriagó, con sus reminiscencias a orquídeas y lirios.
- ¡Abril! ¿Cómo estás?
- ¡Sebastián! ¡Qué gusto verte!
- ¡El gusto es todo tuyo! –bromeé, para romper el hielo.
Lanzó una risa fresca y cristalina, que iluminó sus ojos.
- Siempre el mismo…
- ¿Qué ha sido de tu vida? –inquirí.
- Estuve en Jalón, en Valencia. Por el brote de cólera. No fue tan grave. Me sirvió para investigar mucho. ¿Y tú? ¿Por dónde anduviste?
- Vengo del terremoto de Illapel, en Chile. Algunos muertos y muchos heridos. Construcciones precarias de adobe y madera. Muchas viviendas destruidas. Lesiones graves, amputaciones. Mucho trabajo de cirugía y curación.
- ¡Más de lo mismo! La pobreza no atrae más que desgracias.
- La pobreza es una desgracia en sí misma. Y las clases dirigentes, que siempre miran para otro lado, mientras se llenan los bolsillos con el dinero del pueblo –sentencié, disgustado.
- Pero nosotros no podemos cambiar el mundo, sólo ponerle paños fríos.
- Es muy cierto. Sólo le aportamos un poquito de glamour al ámbito médico.
Volvió a sonreír, con su preciosa sonrisa de inmaculada blancura.
- ¡Ay, Sebastián, Sebastián! ¿Todos los argentinos son así?
- ¿Asi cómo?
- Atrevidos… charlatanes… pícaros…
- “Chantas” es la palabra que estás buscando. Pero pertenece a la jerga lunfarda, que sólo los argentinos conocemos. Igual en mi país hay “chantas” mucho más importantes y conspicuos que yo. Incluso algunos llegaron a ser presidentes de la nación.
- Ja ja. ¡Qué ocurrencia!

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

"La vida está hecha de instantes, de pequeños y maravillosos instantes" Me gusta esta reflexión del doctor. Se dice que la felicidad completa no existe (y es verdad), solo hay momentos felices. Cuantos más haya, mejor @Prometeo. Es lícito que el doctor compensara sus ratos (bastantes) de sacrificio y penuria, con otros de expansión y ocio...

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

Me gusta la naturalidad de los diálogos, reflexiones profundas y amenas. Aprendo de ti. Saludos fraternos @Prometeo

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias, amigo @Sheikof Me alegra saber que te gusta y puedo transmitirte algún aprendizaje. Un abrazo grande

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Cuanta riqueza en tu historia @Prometeo, la vida está hecha de instantes, es cierto. Describes el desayuno con detalle meticuloso, chocolate con churros o un suizo con melindros, me hace gracia imaginar esos platos y tazas, ese aroma y el placer de esa mañana. Cuando te refieres a ella es como si la describiera deleitandose en modo y forma como admirar una estatua buscando belleza en cada rincón y hueco. Conversación amena más cruel y cierta " La pobreza no atrae más que desgracias" Es una desgracia en si misma.....Verdad. Extraordinaria @Prometeo más que historia parece realidad.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Qué gusto verte por aquí @TealOxen_98 Gracias, como siempre, por tus amables comentarios, tan valiosos para mí.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Gracias a ti @Prometeo, más valioso es para mí leerte, sacas de la miseria la vida, de la muerte un nacimiento, de las lagrimas esperanza...en efímeros momentos, así es la vida, más esos momentos serán y quedarán perpetuos.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Un placer @TealOxen_98 Ahí estoy subiendo la parte final de esta 3º historia del doctor Winter.

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace casi 2 años

Amigo @Prometeo muy buena la descripción de este encuentro. Se nota muy natural y como siempre los medicos estan por todo el mundo ejerciendo su sacerdocio con la gente. Me refiero a la gente que esta muy mal. Los que nunca estan mal son los politicos que no se cansan de roban a nuestros pueblos (Argentina 23/12/17) te dice algo esta fecha.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Los políticos de Argentina y del mundo le han robado al pueblo en todas las épocas @HernanACalvo Son una de las 7 plagas de Egipto. Gracias por comentar


#9

Terminó el desayuno y fuimos a la sala de capacitación, donde, luego de una introducción del doctor Mabit, un psicólogo habló de los riesgos de la involucración con las víctimas y, posteriormente, un médico clínico nos indicó procedimientos seguros de trabajo y nos explicó algo sobre legislación médica a fin de que tuviésemos un panorama del marco legal de la medicina comunitaria. A mediodía hicimos un break y almorzamos juntos con Abril. Mi amigo Máximo, entre tanto, intentaba convencer a una joven médica sueca que lo acompañara a comer, pero estaba claro que sus intenciones no eran precisamente profesionales.
Por la tarde, la capacitación continuó con el doctor Bennett, quien se refirió a cuestiones epidemiológicas, cuáles son los procedimientos más seguros, la aparición de nuevas cepas y cómo tratarlas. Riesgos y precauciones. Avances tecnológicos.
Reconozco que en cierto momento me aburrí y mi mente comenzó a divagar por vaya uno a saber qué extraños mundos. Indudablemente lo mío no era la teoría médica ni el conocimiento técnico. No era un digno discípulo de Hipócrates ni de Galeno. Para mí la medicina era una pasión y no una ciencia exacta.
Alrededor de las 5 de la tarde la Jornada terminó. Saludamos, nos despedimos y a otra cosa. Tenía dos días para disfrutar Barcelona. Era una ciudad que hacía mucho tiempo quería conocer.
Busqué a mi amigo Máximo. Estaba bastante acaramelado con la médica sueca.
Abril iba saliendo y se me acercó.
- ¿Dónde estáis parando? –me inquirió.
- En el Hotel Condal Barcelona Ramblas.
- Ah, en el centro de la ciudad, en la calle Boquerías. Un hotelito de 2 estrellas.
- Sí, creo que sí.
- No es el mejor hotel de Barcelona, pero es pintoresco, uno de los más antiguos. ¿Qué vais a hacer esta noche? –me preguntó.
- Pensaba quedarme encerrado en la habitación a leer la biblia.
Se quedó sorprendida, mirándome con los ojos muy abiertos.
- Mujer, es una broma. Pienso salir a reventar la noche.
- ¡Ah! Ja ja. A veces no sé cuándo hablas en serio.
- Es muy sencillo. Nunca hablo en serio.
- Bueno, entonces te invito a conocer la noche de Barcelona. Te paso a buscar por el hotel a las 8 de la noche.
- Sé puntual. No me gusta esperar –le dije.
Sonrió y se marchó.
Me fui al hotel, acomodé la ropa, me dí un baño, me vestí, me perfumé y me apresté a pasar una noche de jolgorio.
A las 8 PM en punto, Abril pasó a buscarme por el hotel con su auto, un Seat 124 color rojo, modelo 1970, de estilo deportivo.
- ¿Y Máximo? –preguntó Abril.
- Me dijo que salía con la Sueca, creo que se llama Ingrid.
- ¿Él habla sueco?
- No, ella tampoco habla castellano. Se entendían un poquito en inglés. Máximo habla inglés como Tarzán, así que no sé cómo van a comunicarse.
- ¡Ja ja! Ya encontrarán la manera.
Subí al auto y salimos por la calle Boquerías hasta el Mercado de San José o de La Boquería. Allí estacionamos el auto y a partir de ahí hicimos el camino a pie. Atravesamos las callecitas del Mercado, una llamativa atracción turística con más de trescientos puestos de frutas, embutidos, dulces, cervezas artesanales, licores y demás productos regionales. Un laberinto de más de 2.500 metros cuadrados.
Salimos luego por la Plaza de Sant Josep y bajamos hasta la Biblioteca de Catalunya en el carrer de las Floristes de la Rambla, un antiguo edificio con fachada de piedras. Bajamos hasta el carrer del Carme y tomamos el carrer del Dr. Dou.
- Voy a llevarte a comer a un precioso restaurante de cocina franco-catalana. El restaurant en Ville. Te va a encantar –me advirtió.
Caminamos unas cuadras y finalmente llegamos al lugar. La fachada era antigua, de piedra, con toldos blancos que lucían el nombre del restaurante. Sobre las arcadas colgaban maceteros redondeados, llenos de potus y helechos.
Cuando ingresamos me quedé maravillado. Los techos de piedra abovedados descansaban sobre colosales columnas pintadas de azul grisáceo. Largas mesas de mármol al tono rodeadas de sillas de madera o de esterilla con almohadones azules, se ubicaban enfrentadas a los enormes ventanales de vidrios espejados. Una mesa redonda de madera, pintada de blanco, albergaba arreglos florales y cristalería. Un espejo ojival descansaba sobre la chimenea. Enfrentado a la barra de mármol, un cuadro de grandes dimensiones con marco de madera, representaba un lecho marino en donde podían verse variedades de peces multicolores y algas. Las luminarias, blancas y negras, daban un ambiente cálido y luminoso a aquel recoleto lugar.
Nos sentamos, en una mesa pegada a los ventanales. Fina cristalería, mantelería blanca y cubiertos de plata, ornamentaban la mesa, coronada por un arreglo floral con orquídeas sobre una pequeña lecherita de mango de madera, pintada de blanco.
Un ámbito extraordinario, refinado, romántico. Una música suave y melancólica sonaba de fondo.
El mozo, vestido con camisa blanca, saco negro y moño, nos dio la bienvenida y nos trajo la carta de vinos. Elegimos un Priorato Finca Dofí y solicitamos la entrada. Abril pidió un timbal de salmón ahumado macerado con aceite de eneldo y aguacate fresco. Yo pedí carpaccio de ternera con rúcula, parmesano y aceite de oliva.
- No sé quién va a pagar todo esto. Mi sueldo de médico no me permite ni pagar el vino –bromeé-. ¿Habrá descuentos promocionales?
Largó la carcajada, atragantándose con un pellizco de pan saborizado con ajo.
- Querido doctor. Esta invitación corre por mi cuenta. Pura hospitalidad catalana.
- ¡Uf! ¡Qué alivio! ¡Ya me estaba preocupando!
Reímos un instante. Ella estaba radiante. Se la veía feliz. Sus ojos no tenían ese aire melancólico de otras veces. Aquel vestido blanco y el cabello levantado le daban un aire de princesa de cuento.
- Debo confesar que te extrañé –se sinceró.
- Es que soy inolvidable.
- Ja ja. Y modesto.
- Sobre todo eso–aseguré-. Y yo pensé mucho en vos y en aquella noche maravillosa.
Le tomé la mano. Otra vez esa electricidad recorriendo mi cuerpo.
Nos trajeron la entrada. Los platos estaban exquisitamente presentados.
- Vamos a brindar –dije, llenando las copas de vino.
Chocamos las copas, que vibraron un instante
- Por nosotros – anuncié.
- Por nosotros –ratificó.
Bebimos y comenzamos a comer. Los platos estaban deliciosos. Una mezcla de sabores mediterráneos, con un tenue toque francés.
Mientras comíamos charlamos sobre nosotros. Me contó sobre su infancia. Su padre catalán, tornero fresador, quien trabajó en metalurgia muchos años. Su madre, aragonesa, cocía para afuera y horneaba pasteles para contribuir con la economía familiar. Un hermano mayor y un tío que había perdido una pierna en la guerra civil.
Le conté de mi infancia en Ceibales, pescando a orillas del Salado y jugando a la bolita y a la payana. Mi padre, un hombre rústico y laborioso. Mi madre, una mujer cálida y con talentos artísticos, que cantaba y pintaba paisajes campestres.
Me contó de su primer novio, cuando tenía 15 años, con el que estuvo a punto de fugarse en un impulso adolescente.
El vino, delicado y espirituoso, fue soltando nuestras lenguas y destrabando nuestras ataduras morales.
Así fue que le conté mi primera experiencia amorosa cuando tenía 16 años, con una vecina en un galpón de heno.
Se rió de mi anécdota. Le acaricié la mejilla y el cabello. Me sonrió con ternura. Creo que me estaba enamorando de esa bella mujer.
Pedimos el plato principal. Ella pidió un confit casero de pato, con ciruelas al cava y patatas estilo “pont neuf”. Yo me animé con un solomillo de buey con graten de patata frutada y crema de foie gras.
La tensión fue bajando al mismo ritmo que el vino en la botella.

- ¿Nunca pensaste en casarte, Sebastián?
- ¡Dios me libre de semejante sacrilegio! No suelo tener pensamientos suicidas.
- ¡Ja ja! ¡Eres terrible! Lamentablemente, teniendo en cuenta mi cercana experiencia, tengo que darte la razón respecto de tus sensaciones sobre el matrimonio. Igual todavía eres joven.
- Si, es cierto. Pero para cometer errores no hay edad, ni época, ni clase social. Los errores nos igualan a todos.
- Yo cometí uno muy grave con mi matrimonio –se sinceró-. Me dejé llevar por la atracción, por el embeleso, por la pasión. Y me olvidé de algo fundamental.
- ¿Qué cosa? –pregunté.
- Del amor.
- Perdón,,, No entiendo. ¿No te casaste enamorada?
- Eso creía. Pero, ¿qué es el amor en definitiva? No es leer poemas a la luz de la luna, ni sexo desenfrenado…
- ¿No?
- ¡Ja ja! ¡Sebastián!
- ¡Perdón! Fue un lapsus –me disculpé, entre risas.
- Es sentir al unísono. Preocuparse por los intereses del otro. Ponerse en los zapatos de la persona que amas y entenderlo, o al menos intentarlo. Compartir momentos, estar en las malas, saber que vendrán unas de cal y otras de arena. Aceptar los errores y defectos. Amar a pesar de todo y de todos. Saber que apostamos a un proyecto a largo plazo. Encontrar alguien con el que, después de la pasión o el sexo, tengamos algo interesante para contarnos, para charlar. Que nos acepte con nuestro malhumor, con las lagañas de la mañana, con nuestros olores peculiares, con nuestras pequeñas locuras cotidianas.
Se quedó un instante en silencio, entre triste y melancólica. Reconozco que me conmovieron sus ambiciones tan sentidas, su fragilidad, su enorme corazón solidario.
Me puse de pie y me senté a su lado. Le acaricié el cabello, con una sonrisa y los ojos humedecidos por la emoción.
- Sos una mujer sorprendente. No sé cómo era tu ex marido, pero puedo asegurarte que era un imbécil si dejó que te fueras.
- ¿Tú crees?
- En realidad no. Sólo lo dije para parecer gentil.-
- ¡Ja ja! ¡Eres un tonto!
La tomé del cuello y la besé. Su boca era un manantial para apagar mi sed incontenible. Era un oasis en el desierto de mi desamor.
- ¿Quieres venir a mi departamento a pasar la noche?
Pagamos y nos fuimos. La noche me regalaba otra dosis de felicidad, tal vez como compensación de tanto sufrimiento y sacrificios. Una suave y fresca brisa de primavera en el helado invierno de mi vida.

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

Ah! l' amour. Profundas reflexiones. Dicen en la fantasía que el amor es la magia más poderosa. Y tal vez tengan razón, pero también es difícil de manejar, suele ser esquiva, juguetona y hasta torpe

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Eres un gran escritor @Prometeo, tu habilidad para jugar y enlazar la historia es asombrosa. Me encuentro en ese pequeño restaurante, El restaurant en Ville imaginando todo lo descrito tan rústico, ameno, cálido. Timbal de salmón ahumado macerado con aceite de eneldo y aguacate, me llama la atención tu forma de detallar los alimentos, condimentos y la simbiosis que crean estos haciéndolos especiales, únicos. Un diálogo abierto, y sincero que difícil por no decir casi imposible encontrar amor verdadero, este no es de leer poemas a la luz de la luna, ni sexo desenfrenado...no se en realidad lo que es, puesto que lo cotidiano se hace monótono dicen algunos y otros lo llevan como contrato perpetuo, con sus manías, charlas cotidianas y el saber el uno del otro.....Excelente @Prometeo, maravilloso escritor.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias @TealOxen_98 Creo que en literatura los detalles son muy importantes. Son los que permiten darle veracidad y realismo a una historia. Espero sigas el próximo relato. Saludos

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

@Navesirio Cada cual tiene su visión del amor, pero sin dudas debe impactarnos directamente al corazón

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace casi 2 años

Amigo @Prometeo nos regalas otra parte de la historia de tu medico que por fin nuevamente pudo pasar otro dìa y otra noche espectacular con cena incluida con tu adorada amiga y tal vez màs que eso, Abril. Genial amigo, nos haces vivir de la historia como si estuvieramos dentro de ella.


#10

Al día siguiente, amanecimos tarde en su departamento, luego de una noche inolvidable. La invité a desayunar y me quedaban unas horas para pasear por la ciudad.
Así que hicimos un mini tour por Barcelona en su auto, charlando animadamente.
Visitamos el Passeig de Gracia, una de las avenidas principales de Barcelona, con sus áreas comerciales y su escaparate de obras maestras del Modernismo, que conecta la Plaza de Catalunya con la Calle Mayor de Gracia. Abril era una conocedora del arte moderno y me asombró con sus conocimientos.
Enfilamos hacia el mar, por el barrio de la Barceloneta hacia el Port Vell y la Plaza Colón, puerta de acceso a Las Ramblas. Me imaginé con ella corriendo descalzos por la arena.
Divisamos el Montjuic, la montaña más famosa de la ciudad, pasando por el Palau Sant Jordi y por las tiendas y bares del “Poble Espanyol”.
Ya volviendo al centro barcelonés atravesamos la preciosa Plaza de España, las Torres Venecianas y el Museo Nacional de Arte de Catalunya.
Bajamos hacia la Plaza de Catalunya y pasamos por el centro histórico y el barrio gótico, desembocando en el Ayuntamiento.
Luego de almorzar algo liviano en el centro, al fin concluimos en la Basílica de la Sagrada Familia, la obra cumbre de Gaudí y paso obligado de todo turista que haya visitado alguna vez Barcelona.
Ingresamos a aquel extraordinario templo de sorprendente arquitectura, iniciado en 1.882 y aún en construcción. Su estilo es de aluvión, transmutado a través del tiempo. La cripta y el ábside tienen un estilo neogótico, en tanto el resto de la construcción posee un estilo orgánico, imitando las formas de la naturaleza, Sus columnas arborescentes inclinadas, de forma helicoidal, semejan un bosque. El ábside tiene 7 capillas y 3 fachadas dedicadas al Nacimiento, Pasión y Gloria de Jesús. Las bóvedas de la cripta son de estilo gótico con una nave central decorada con anagramas e imágenes de ángeles. El altar posee un retablo en relieve y las puertas de cada portal (Caridad, Esperanza, Fe) son de una belleza y colorido extraordinarios.
Los bajorrelieves que representan La última Cena, El Beso de Judas. El Juicio o La crucifixión, realizados en piedra blanco, son de una minuciosidad sorprendente.
Realmente una obra arquitectónica sin precedentes, que habla a las claras del enorme poderío económico de la Iglesia Cristiana.
- Y siguen invirtiendo dinero en esta obra faraónica –le comenté a Abril, saliendo del Templo.
- Y lo harán por muchos años más.
- Cuántos niños morirán de hambre en el mundo mientras construyen esta parafernalia.
- Es injusto. Nuestros ojos han visto demasiada miseria y pobreza para poder entender todo esto –razonó Abril, acongojada.
- Reconozco que mi ateísmo tiene sólidos fundamentos. La hipocresía y la falsedad de la Iglesia es alarmante. Viendo la injusticia y la inequidad desplegada por la humanidad, no puedo más que descreer de toda creencia religiosa y de cualquier potestad divina. ¡Qué más quisiera que arrodillarme ante la magnificencia de un Dios misericordioso y justo! Pero ver la desolación, el hambre, la peste, la ignorancia y las miserias de la guerra me arrebatan la última pizca de esperanza que pudiera albergar de ser algún día un hombre de fe.

Me quedaban apenas un par de horas antes de mi retorno a Buenos Aires. Ambos sabíamos que nuestras horas juntos estaban contadas. Y que no podíamos precisar cuándo nuestras misiones profesionales podrían volver a hacernos coincidir en el tiempo y el espacio. Nos fuimos poniendo melancólicos y tristes. Dejamos casi de hablar. Sólo queríamos abrazarnos, acariciarnos, besarnos bajo el sol de aquella tarde catalana. Tenía ganas de decirle tantas cosas, de llevarme aquellos profundos ojos negros enganchados como un abrojo en un rincón del alma. Quería decirle que la amaba, que volveríamos a estar juntos muy pronto, que me estrujaba las entrañas saber que en unas horas estaría a miles de kilómetros de su boca, de su cabello, de su cálida voz.
Me acompañó al hotel a buscar mi equipaje y me llevó al aeropuerto. Fuimos todo el camino en silencio.
Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando nos despedimos. Intenté ser fuerte y sonreír, pero no lo logré. Nos besamos y le dije adiós.
Me alejé para abordar la aeronave, sin mirar hacia atrás. Despaché la maleta y estaba a punto de ingresar en la manga de abordaje, cuando me detuve abruptamente.
Volví sobre mis pasos, a toda velocidad, atropellando a la gente que intentaba abordar el avión. Corrí, con el corazón agitado, sudando, y la busqué con la mirada. Quería decirle que la amaba. Que volvería a buscarla.
Pero ya no estaba. Se había marchado. No sabía en aquel momento que nunca más volvería a verla.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Un profundo silencio nos embargó. Su tristeza y mi desconcierto vibraron al unísono.
- Perdón, doctor. Pero, ¿nunca más supo nada de ella?
- No dije que no tuviera noticias suyas. Sólo dije que no volveríamos a vernos jamás.
- Pero… usted la amaba… No entiendo.
- No quiera entender lo inentendible, mi amigo. El destino es caprichoso. El azar entreteje su madeja de maneras misteriosas. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. Ya llegaremos a ese punto y todo se aclarará en su mente.
- Está bien. Seré paciente. ¿Cómo sigue la historia entonces?
- Cuando volví a Argentina tuve algunas misiones de menor relevancia y pasé algún tiempo en Ceibales, junto a la familia. Transcurrieron varios meses hasta que volví a viajar al extranjero a asistir en otra trágica y recordada misión: el terrible terremoto de Nicaragua a fines de 1.972
- Sí, lo recuerdo –comenté-. Una gran tragedia.
- Exacto. Paralelamente supe que Abril, por sus conocimientos de infectología y epidemiológicos, fue destinada a Irak, a asistir en el gran envenenamiento originado en semillas de trigo Mexipak y cebada importada desde México y EE.UU. que habían sido tratados con diciandiamida metil-mercurio, por lo cual eran tóxicos. Pero los paquetes estaban rotulados en inglés y por lo tanto no podían ser utilizados como alimento, cosa que los agricultores nunca supieron.
- ¡Por Dios! –exclamé-. ¡Qué imprudencia!
- Las personas sólo son a veces conejillos de indias. Y no profundicemos en las políticas farmacológicas, porque le aseguro, mi amigo, que nunca en la vida vuelve a tomar un medicamento. En fin… Pero esa es otra historia. Volvamos a Nicaragua y aquella terrible tragedia que nunca olvidaré.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

La hipocresía y falsedad de la iglesia es cierta @Prometeo, más no por ello debe juzgarse a un carpintero que de fariseo no era creyente ni discípulo, más bien la magnificencia y justicia está en cada uno de nosotros que nos lanzamos la pelota sin saber a quien devolverla. Y como humanos que somos como tal actuamos, empresarios, nobles, monarcas, obispos, políticos, organizadores, organizados, herencias y herederos. Pues no hay Museos, Palacios, Grandes estatuas y Mausoleos y nos recreamos en ellos con nuestra embelesada mirada???. Y magnos acontecimientos de gran atracción que nos deleitan con pasión y en todo ello no nos recuerda a los que mueren de inanición, tal vez sólo escojamos un lugar para cada sitio cuando la miseria no tiene sitio y menos lugar, pero complace al alma pensar que su origen está en otro lugar. Mi opinión es que el Mundo es tan egocéntrico e individualista que etiqueta hasta la muerte, fariseo como la Reina del ajedrez, mentiroso como el Loco del Tarot, cobarde y perpetúa en su ideología de Santurron pues es descarado como un bufón. Preciosa historia.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace alrededor de 2 años

Las despedidas y su inevitable dosis de dolor :(
@Prometeo Ésta historia es magnífica.
Seguiré leyendo...

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Me alegra que te guste, amigo @EsuEmmanuel Es un poco larga la historia, pero creo que es llevadera y tiene algunos valores. Gracias por seguirla

HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace casi 2 años

Amigo @Prometeo nos hiciste hacer turismo por toda la ciudad. Ir a una iglesia que sigue en construcción despues de 150 años casi. De un lado del plato los gastos fastuosos y del otro el hambre, la desnutrición, la guerra, las enfermedades letales y la muerte. Por ùltimo tu despedida con Abril en el aeropuerto y cuando vuelves corriendo para decirle que la vendrías a buscar y no la viste nunca más. Vamos a ver que pasa en Nicaragua. Genial y atrapante.


#11

TERREMOTO EN NICARAGUA

El 23 de diciembre de 1.972, un movimiento sísmico, de magnitud 6.2 en la escala de Richter, tuvo su epicentro en el lago Xolatlán, en el centro de Nicaragua, un país castigado por guerrillas y diversas catástrofes climáticas y ecológicas.
Este país centroamericano, se encuentra en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, un área de más de 40 mil kilómetros de extensión, en forma de herradura, que concentra la mayor cantidad de volcanes activos del planeta y con constantes movimientos telúricos de gran asiduidad y magnitud.
En aquella madrugada de vísperas de Navidad nadie podía prever una tragedia semejante, que a su vez tuvo dos réplicas en un término de 45 minutos.
Recuerdo que llegamos por la tarde a las afueras de la ciudad de Managua, cuyo centro fue destruido casi en su totalidad.
¿Cómo describir el panorama con el que nos encontramos al bajar de los helicópteros en las proximidades de la ciudad?
Nada había quedado en pie prácticamente. Las edificaciones eran guiñapos de escombros y metales retorcidos, mezclados con arboledas tumbadas, postes de luz derrumbados, principios de incendios y humaredas diseminadas por doquier. No había servicios de ningún tipo. Ni agua potable, ni luz, ni líneas telefónicas activas. Las tuberías de gas habían sido cerradas por seguridad. Soldados de la Guardia Nacional patrullaban las calles, intentando evitar los saqueos.
Todavía no había cifras de víctimas fatales y heridos, pero sólo bastaba remover escombros para encontrarse con decenas de muertos e infinidades de heridos graves.
Todos los hospitales estaban derruidos. El único que quedó en pie y operable fue el Hospital Militar, que sirvió de Base de Operaciones médicas, tanto para Médicos sin Fronteras, como para la Cruz Roja y los médicos locales.
Destacamentos de poblaciones vecinas, como Carazo, Granada o Matagalpa enviaron sus cuerpos de bomberos para combatir el fuego que se expandía de manera alarmante.
La infraestructura urbana prácticamente había desaparecido. La mayoría de las casas eran de taquezal, un sistema de construcción compuesto de madera, cal, barro, talpuja, piedras, alambres y tejas de barro, de extrema precariedad, que fue utilizado luego del gran terremoto de 1931, para reparar las paredes. Pero al no haber sido reparados los cimientos, el nuevo y furibundo terremoto destruyó con mucha facilidad la endeblez de las edificaciones.
Daba pena ver el estado calamitoso del Palacio del Ayuntamiento, del Mercado Central, de la Casa Presidencial, de estilo árabe, y de la fachada del Banco Central de Nicaragua.
En las inmediaciones del Hospital Militar, instalamos nuestro campamento, provisto de baños químicos, generadores eléctricos y agua potable.
Junto a mi inefable amigo Máximo Izarriaga y un grupo de voluntarios salimos a patrullar las calles y a colaborar con la tarea de los bomberos y de la Guardia civil. La tarea principal era la remoción de los escombros, intentando hallar sobrevivientes entre la devastación edilicia.
Se hallaban muchos muertos y heridos graves, pero afortunadamente lográbamos salvar infinidad de personas, con heridas leves, contusiones, quebraduras y amputaciones, atrapados entre las piedras, las chapas y los postes de luz, a veces sin fuerzas para moverse o gritar, otras veces desvanecidos o con politraumatismos.
Entre aquella maraña de escombros, enseres y personas, oímos el quejido lastimoso de un hombre, que gemía de dolor y de miedo. Removimos un montículo de piedras y hierros y allí lo encontramos, supino y sangrante. Apenas un despojo humano. Una pesada columna de material había caído sobre sus piernas, atrapándolo. Al remover la columna, hallamos sus miembros inferiores destrozados, apenas un guiñapo de huesos quebrados, sangre ennegrecida y carne desgarrada.
Lo trasladamos al hospital. Sus piernas estaban gangrenadas. Sólo quedaba una opción si queríamos salvarle la vida.
Recostado en la camilla, intercambiamos una mirada de inteligencia. No necesité decir una sola palabra.
-¡Hágalo, compadre! –me dijo de pronto, con una voz ronca y lastimera, pero que denotaba una inquebrantable decisión.
Nos miramos con Máximo, tomé con fuerza la mano de aquel hombre y asentí con la cabeza. Nunca olvidaré sus profundos ojos negros y su tez curtida por el sol y las miserias de la vida.
Luego de la anestesia, procedimos a la amputación de ambas piernas. La infección había avanzado tanto que debimos hacer el corte debajo de los genitales.
Ya entrada la noche, luego de cenar e higienizarnos, fui a ver cómo evolucionaba el paciente. Recién había despertado. Parecía no tener conciencia de lo que había pasado. A través del brazo le suministraban morfina.
Me miró a los ojos y recién entonces advirtió su situación. Observó sus muñones vendados y su mirada se llenó de lágrimas.
-Siento un cosquilleo, como si todavía tuviera las piernas, doctor.
-Es normal –atiné a decir -. Va a tener esa sensación durante algún tiempo.
Se quedó callado y reconcentrado.
-Perdí a toda mi familia. Mis padres, mi esposa, mis hijos. –me reveló, y acotó, con pesar-. También tengo un cosquilleo en el corazón. Debe ser una sensación, ya que sólo tengo un hueco profundo en el pecho. No es posible que duela la nada.
No pude decirle palabra. No había consuelo posible para tanto dolor. Lo acompañé un rato en silencio, hasta que cerró los ojos y se quedó dormido.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Tierras acostumbradas al azote de climas devastadores que se ciernen sobre la pobreza una y otra vez, tierras de dolor, y por tradición devastadas sin compasión. No se cierto si es Nicaragua @Prometeo quien dos veces cambio su capital a los aledaños por sus frecuentes terremotos lo que si sé es que parece que la miseria trae más miseria y con ella canto de Sirena llamando a los fenómenos más terribles para unirse en compañía. Excelente.

Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64
hace casi 2 años

Se me dibuja cada detalle de una manera tan fluida. Es, simplemente, fabuloso a pesar de la crudeza de la historia.


#12

En la quietud de la noche, ya casi de madrugada, bajo un cielo preñado de rubias estrellas, nos juntamos en el campamento un grupo de personas a beber café y cognac. Estaba Máximo, con su constante buen humor, siempre predispuesto a generar un ambiente cálido y apacible con sus chistes ocurrentes y sus humoradas sarcásticas. También había otros médicos, algunas enfermeras jóvenes, voluntarios nicaragüenses, y el ingeniero Carlos Berroterán, un estudioso de la sismología y gran conversador, quien nos contó que el día anterior al terremoto, él intentó alertar sobre el inminente riesgo sísmico que acechaba el lugar.
-¿Cómo supo, ingeniero, que esto iba a pasar? –le pregunté, intrigado.
-Mire, amigo. La historia es cíclica. Los hechos están ante nuestros ojos y si sabemos analizarlos podemos sacar conclusiones fehacientes e incluso premonitorias. Las condiciones climáticas previas al sismo eran muy semejantes a las del gran terremoto de 1.931. La enorme sequía que estamos sufriendo, con escasísima pluviosidad, el inmenso calor, el cielo rojizo y algunos leves temblores casi imperceptibles, semejaban las características del día anterior a aquel antecedente también muy dramático. A iguales condiciones, iguales resultados, nos marca el análisis científico.
-¿Intentó alertar al periodismo? –inquirió Máximo.
-El día previo estuve en las oficinas del diario La Prensa para decirle a su director, el doctor Pedro Chamorro Cardenal, el resultado de mis investigaciones. Le solicité que publicara la noticia en primera plana en la tirada vespertina, alertando a la población. Pero no le dio mayor importancia. Publicaría solo una esquela en la tirada del día siguiente.
- ¿Y le avisó a las autoridades?
-Hablé con un asesor del presidente Somoza por teléfono. Me dijo que no podía movilizar al pueblo por una “premonición sin mayores fundamentos”.
- Claro. Me imagino –asentí, negando con la cabeza-. El pueblo nunca es prioritario para ningún funcionario público. Quisiera saber qué piensan ahora.
- Se hacen los desentendidos, doctor. Esto nunca se va a saber. Lo van a ocultar.
- Típico. La ineficiencia de los funcionarios públicos es proporcional a sus jugosos sueldos.

Los días siguientes fueron de arduo y extenuante trabajo. Además de luchar contra las inclemencias del clima, las moscas, las ratas, los perros que comían cadáveres en las calles y las miserias atroces que sufría aquel pueblo castigado por los avatares de la naturaleza, también se debía luchar a brazo partido contra la brutal represión militar, la inoperancia de los funcionarios, los saqueos y la escasez de recursos.
El calor sofocante y el paso de las horas poblaron de una agobiante pestilencia las calles y las edificaciones, invadidas de basura putrefacta y de un penetrante y nauseabundo hedor a muerte. Sólo recién con las lluvias de mayo comenzó a evaporarse el asfixiante olor a putrefacción que invadía el ambiente.
La remoción de escombros se realizó hasta que resultó imposible acceder a ciertos lugares, motivo por el cual se tomó la decisión de abandonar esa tarea y dedicarse a socorrer a los sobrevivientes. Cientos de muertos anónimos quedaron sepultados para siempre entre la maraña de piedras, huesos, metales y carne tumefacta.
Los incipientes incendios tardaron dos semanas en poder extinguirse, debido a la rotura de las cañerías de agua.
Más de 600 manzanas quedaron destruidas por el sismo, por lo cual se produjo el éxodo de miles de personas, que abarrotaban las carreteras, escapando de la miseria, el saqueo y las epidemias.
Se decretó la Ley Marcial y las fuerzas somistas no dudaron en fusilar a los saqueadores y en enterrar en fosas comunes a los miles de víctimas fallecidas.
Se creó un Comité Nacional de Emergencia que además de asistir a los damnificados, hicieron un recuento de daños, muertos, heridos y desaparecidos.
Hubo más de 20.000 heridos y 19.300 muertos, sin contar los cadáveres que quedaron atrapados en los escombros.
Creo que nunca asistí a tantas personas necesitadas como en aquel lugar remoto de Centroamérica. Amputaciones atroces, heridas profundas, traumatismos craneanos irreparables, rostros desfigurados.
Estuvimos un mes en Managua. No tenía tiempo casi para comer ni afeitarme. Bajé 5 kilos de peso y mi piel se tornó oscura y resquebrajada por los efectos del sol recalcitrante.
Antes de marcharme de Nicaragua, visité al hombre de las piernas amputadas, que rescatáramos entre los escombros.
Le habían dado de alta del hospital y vivía en un precario refugio, instalado en el Teatro Nacional Rubén Darío, viejo edificio que sobreviviera al terremoto gracias a que estaba construido con un sistema antisísmico japonés de rodos.
Le habían asignado una silla de ruedas, estaba delgado y con constantes dolores en la columna. Había perdido a su familia, su modesta casa, su trabajo y su motricidad. Toda su vida estaba destruida.
-¿Qué tal, doctor? ¿Cómo está usted? –me preguntó al verme, con una amplia sonrisa y un fuerte apretón de manos.
-A punto de marcharme, mi amigo. Vuelvo a mi país. Las cosas están empezando a normalizarse por aquí y ya no requieren de mis servicios. ¿Y usted cómo está?
- Bien –dijo, para mi sorpresa-. Estoy vivo. Me dan de comer. El sol brilla sobre mi cabeza. Todo se irá acomodando, si Dios así lo quiere.
Me quedé un instante en silencio, desconcertado. Lo miré largamente.
-¿Puedo hacerle una pregunta? –me animé a decir.
-Claro.
-Hay algo que no entiendo. Que no logro comprender. Perdió todo lo que tenía en la vida, quedó inválido, no tiene medios de subsistencia ni futuro. ¿De dónde saca tanto optimismo? ¿Por qué motivo cree que todo va a mejorar? ¿Por qué cree en Dios a pesar de todo lo que está sufriendo?
-¿Por qué? –preguntó, con un brillo peculiar en los ojos y una sonrisa ladeada en su rostro.- Porque todavía conservo mi alma. Y el alimento más importante del espíritu.
-¿Cuál es?
-¡La esperanza! Sé que no tengo pies para andar, pero me quedan alas para volar. Sé que perdí a mi familia, pero conservo sus maravillosos recuerdos. Sé que no tengo hogar, pero tengo fe, una fe inquebrantable. Puedo hablar, pensar, sentir, aprender, enseñar, amar. ¿Qué más necesito para ser feliz? Además, doctor, cuando uno toca fondo sólo queda empezar a levantarse. ¿Qué más puedo perder? ¿Qué más me puede dañar? ¿El hambre, el dolor, la miseria? Siempre pasé privaciones. Nunca tuve nada. ¿Qué puede perder el que nunca tuvo nada?
Sus argumentos eran tan sólidos que no pude rebatir una sola de sus palabras. Sólo le dí un fuerte abrazo y le deseé suerte.
Aquel mismo día partí de Nicaragua para nunca más volver. Sólo quería regresar a Ceibales, a mi lugar preferido en todo el mundo.
Tal vez aquel hombre era más rico, más feliz y más poderoso de lo que yo había sido en toda mi vida. Sólo tenemos lo que llevamos puesto. Sólo nos tenemos a nosotros mismos.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Me ha sobrecogido @Prometeo de toda tu extensa y detallada historia de la que se podría sacar tanto, lo que más me ha impactado ha sido el hombre de las piernas amputadas y no se el motivo. Tal vez porque no soy el, tal vez porque iba a criticar al mundo por no ser tal mundo sin darme cuenta que yo pertenezco a él. Tal vez porque esa esperanza es más valiosa que la vida y sólo la poseen los que viven con alas para volar, los que atesoran maravillosos recuerdos entre los perdidos escombros, aquellos que saben soñar, sentir, aprender, amar y hablar entre las ruinas y es un tesoro que solo ellos poseen. No se el porque ni el motivo, no entiendo lo que les impulsa a esa fuerza vital más la admiro y con ello me quedo. Gracias @Prometeo tu historia es toda una lección de humildad y humanidad, en el Tren de la Vida es fácil subirse, lo difícil es saber disfrutar del viaje por exigentes y soberbia cuando sólo se trata de saber que hay una ida y un paisaje. Una historia que no es para olvidar.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Allí estaré @Prometeo, ando un poco liada en el trabajo, pero estar, estaré. Un saludo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Muchas gracias @TealOxen_98 como siempre por tus maravillosos conceptos y tu análisis detallado. Me alegra poder despertar en vos con mis crónicas esos sentimientos tan profundos y esas sensaciones extraordinarias. Gracias por Seguir la obra. Pronto vendrán nuevas historias. Te mandó un saludo muy cálido

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Gracias a ti @Prometeo, me quedo con la última parte pues es un resumen de toda la Obra, y se que cuando la necesite la podré releer para poder abrir la ventana de ese vagón que me ha sido asignado, y será entonces cuando volveré a ver lo maravilloso de todo lo que me rodea y en vez de bajar la vista, alzare la mirada y admirare esa esperanza que me acompañará en mi Tren de la Vida. Un saludo muy cálido, escritor de la Vida.

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

Como siempre nos proporcionas un deleite literario, gracias por hacerme partícipe de tu trabajo. Felicitaciones. @Prometeo

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias a tí, amigo @Sheikof por seguir la historia y por tus amables comentarios!!! Un abrazo.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace alrededor de 2 años

Cómo decirte @Prometeo... que tu historia es fascinante, digna de ser admirada y admirar a quien la escribió.

DayDreamingLastNight
Rango20 Nivel 99
hace casi 2 años

Me asombra el gran conocimiento que posees y cómo lo plasmas magistralmente en tus escritos.
Impresionante!!! @Prometeo

Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64
hace casi 2 años

Fascinante. Al estar leyendo las condiciones en las que quedó el personaje, me llegó a la mente “hubiera sido mejor morir.”. Leer lo que respondió, con esa chispa de esperanza y fe en los ojos, calló a mi juiciosa mente.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

La fe es una increíble herramienta, y te lo dice alguien que no es nada religioso @EsuEmmanuel pero hay cosas innegables, aún para los seres más descreídos.


#13

LA GUERRA DE OCTUBRE

El doctor Winter había estado ausente de su hogar durante varios días. Luego de realizar su comisión, me llamó por teléfono y nos reencontramos en su casona campestre.
Me recibió con su proverbial amabilidad, en esa fría tarde del otoño bonaerense, signada por el fuerte viento sureño y por la abundante hojarasca multicolor que cubría aquellas amplias callejas pueblerinas.
Me convidó un café y se sentó en su viejo sillón de pana. Su quijotesca figura se hundía en la molicie de aquel asiento acogedor y arcaico.
Mientras revolvía su café, bautizado con un chorro de leche, para aminorar los efectos de su incipiente gastritis, inició su relato.

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A lo largo de mi vida he presenciado innumerables catástrofes, pero la guerra es el compendio de una conjunción de complejos e intrincados sucesos catastróficos, ya que la muerte no deriva de inclemencias climáticas ni de epidemias resultantes de la extrema pobreza, de experimentos químicos o de equivocaciones bacteriológicas. En la guerra todos los desastres son provocados por el hombre y su intolerancia crónica.
En octubre de 1.973, estalla en medio oriente la Guerra de Octubre, también conocida como Guerra de Yom Kipur o del Ramadán. Una contienda bélica que enfrentó a Israel con la coalición de países árabes liderados por Egipto y Siria.
Todas las guerras medio orientales tienen, de un modo u otro, alguna connotación de origen o marco religioso. Y esta guerra no fue la excepción, ya que justo coincidió cronológicamente con dos acontecimientos místicos de suma importancia para la región.
El Yom Kipur es una celebración hebrea que conmemora el día de la expiación,
el perdón y el arrepentimiento sincero.
Por otra parte, el Ramadán corresponde al noveno mes del calendario musulmán, en donde, de acuerdo a la fe y creencias de los devotos seguidores del Corán, se practica un ayuno diario desde el alba hasta la puesta del sol. Este rito es vinculado por estas culturas al perdón de los pecados.
Haciendo una breve abstracción de los hechos y sus motivaciones relacionadas con la defensa o recuperación de territorios en disputa, es interesante y paradójico comprobar, una vez más, la incongruencia de la toma de decisiones, cuando éstas se encuentran teñidas de fanatismo religioso o político.
Tal vez aquellos contendientes, y sobre todo sus líderes, tuvieron la peregrina intención de creer que una acción bélica como aquella podía iniciarse en ese particular momento de supuesto recogimiento místico, y que el “perdón de los pecados” y el “arrepentimiento sincero” que imponían sus creencias eran suficientes para expiar los vejámenes atroces de una guerra feroz y absurda.
La fe, puesta al servicio del fanatismo, es una clara muestra de la imbecilidad humana.
El conflicto estalló a comienzos del mes de octubre y se extendió por casi un mes. Era una clara secuela de la Guerra de los Seis días, ya que el foco de la cuestión radicaba en la exigencia de Egipto de recuperar el Sinaí, en tanto Siria pretendía retomar las tierras de Altos del Golán, ambos territorios usurpados por Israel. Egipto a su vez pretendía reabrir el canal de Suez.
A pocos días de iniciada la guerra, me convocaron para formar parte de la delegación médica que viajó a Medio Oriente para asistir a las víctimas.
Un nutrido campamento, conformado por médicos, enfermeros, personal técnico y voluntarios, se asentó al pie del Monte Sinaí, enclavado en la península del mismo nombre, en la zona neutral de “alto el fuego”, según los convenios internacionales.
Pocas veces estuve en un sitio donde las condiciones climáticas fueran tan hostiles. Un inmenso desierto de arena, caracterizado por el calor agobiante y las escasísimas lluvias, sumado al caprichoso viento, representaba un paisaje desolador y monótono.
No podía imaginar un peor lugar para que Jehová entregara a Moisés las tablas con los 10 Mandamientos, según la versión narrada en el Antiguo Testamento.
Los camiones y unidades médicas triangulaban constantemente entre los focos de conflicto, ubicados en Sinaí, Altos de Golán y el paso del Canal de Suez.
La arena caliente, el mortificante sol y el estruendo de las metrallas conformaban un panorama incómodo y desolador.
Aviones y helicópteros sobrevolaban la zona como aves de rapiña. Los enormes tanques se movían con la torpeza y la aparatosidad de un anciano cachaciento, dejando a su paso profundos surcos en la arena.
Era difícil hablar y escucharse entre el zumbido de las bombas, el clamor de los cañones y el disparo incesante de los fusiles. Aquel ensordecer y desafinado concierto de estruendos y gritos era como el horrendo murmullo de dolientes engendros infernales.
Los heridos y muertos desfilaban por el campamento como convidados de piedra. Visitantes no deseados, acribillados por ametralladoras y esquirlas de granadas. Con profundas laceraciones, brutales golpes y amputaciones atroces. A veces, sólo despojos humanos, guiñapos sanguinolentos.
Convergencia de razas, ignotas lenguas de Babel, disímiles historias, se fundían y acrisolaban en aquel coincidente flujo del tiempo y el espacio.
No había rito, versículo ni plegaria posible para sanear tanto dolor. Ningún día del perdón, expiación o arrepentimiento podría lavar tanto pecado, tanta barbarie, tanta crueldad.
Algunos soldados eran casi adolescentes, arrancados de sus pueblos natales para morir solos y atemorizados en un recóndito pedazo de la nada, en un infierno dantesco, en el Averno hebreo o en el Yahannam islámico, según sus respectivos credos.
Sus ojos asustados, su boca desencajada, su temblor espasmódico los hermanaba.
La visión de la muerte nos iguala. En ese instante postrero no importan las jerarquías, los ideales, las creencias, la raza. Todos somos iguales ante la incertidumbre de la muerte.
Entre aquel desfile incesante de víctimas, trajeron a un joven soldado egipcio. Había sido alcanzado por una granada y su cuerpo estaba sembrado de lacerantes esquirlas, que le habían causado heridas casi mortales. Sangraba copiosamente. Sin dudas estaba sufriendo mucho.
Me llamó la atención su profunda mirada y su enorme estoicismo y resistencia al dolor. Tenía entre sus manos un objeto, que apretaba con fuerza contra su pecho. Intenté asistirlo, curarle las heridas, pero se negó. Creo que sabía que cualquier esfuerzo ya era inútil.
Me sorprendió cuando se dirigió a mí, en un rústico inglés, y me dijo, abriendo sus manos, para que viera el talismán que protegía contra su cuerpo.
- ¡Ankh! Debes cuidarlo por mí.
El objeto era un amuleto en forma de cruz, pero que tenía un lazo en la parte superior
- No entiendo –le dije.
- Para ti. Era de mi mejor amigo. Ya está muerto.
- ¿Por qué me lo regalas? –pregunté.
- Es el destino. Debes guardarlo. Viene de los dioses. Y ellos te lo confían. Es un honor.
- ¿Por qué a mí?
- Por tu alma pura. Sólo un alma buena puede poseerlo.
- Entonces no es para mí –aseguré.
- Los dioses no se equivocan. Pasó por cientos de manos antes de llegar a mí. Fue creado por Isis.
- Es tuyo –le dije. Déjame que te cure y podrás conservarlo.
- Mi hora llegó. Debes prometerme que lo cuidaras y que al momento de morir se lo darás a alguien que lo merezca.
Lo miré un instante, en silencio, y entendí que le quedaba sólo un hilo de vida. Asentí con la cabeza.
- Me lo dio mi mejor amigo. Yo estaba en la trinchera. Y él en el frente de batalla. Sentí que moría, que me necesitaba. Y a pesar de las órdenes de mi superior, me lancé al campo de batalla para buscarlo. Esquivando la balacera lo encontré, herido de muerte. Me dijo “sabía que vendrías” y me entregó el amuleto. Luego murió. Entonces cayó la granada cerca de nosotros.
Tomé el talismán entre mis manos. Era una hermosa pieza de oro, de notable orfebrería. Parecía muy antigua.
- ¿Qué es? – le pregunté, intrigado.
- La Cruz Ansada o Ankh. La cruz de los dioses egipcios. Te dará vida eterna después de la muerte. Representa la inmortalidad divina y es la llave de la Sabiduría Oculta. La llave de la puerta al Más Allá.
- No creo en el Más Allá –sentencié.
- Ya creerás.
Apretó mi mano con fuerza, sentí su último estertor en la garganta y cerró los ojos para siempre.

Dos semanas después la guerra terminó. Tras la negociación de la ONU y las potencias mundiales, Israel entregó las tierras usurpadas a Siria y Egipto y se firmó un acuerdo de paz, intercambiando prisioneros y delimitando las condiciones territoriales. Egipto levantó el bloqueo en el mar Rojo y permitió que circulasen buques a través del canal de Suez, que suministrase material no militar a Israel.
Desde entonces no me alejé del talismán nunca más. De alguna extraña manera aquel joven despertó en mí un sentimiento inédito. Algo que nunca había experimentado. No sabría cómo calificarlo. Algún espíritu ingenuo y desprevenido podría decir que aquello era Fe. No, no lo creo. Era algo distinto. No tenía que ver con ningún sentimiento místico o religioso. No involucraba a ninguna deidad divina. No estaba relacionado con creencias ni dogmas.
Creo que simplemente había hecho un descubrimiento inédito y sorprendente para mí. Había descubierto que tenía un alma y que era eterna.

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Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

felicito tu exquisita pluma ha sido todo un goce leerte

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Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

espero me avises la próxima gracias

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Siempre @Prometeo he pensado que las guerras fueron, son y serán provocadas por los hombres y por su no ya intolerancia si por su condición humana que tal vez sea una de ellas intolerancia crónica. En tu magnífica historia bien relatas el fanatismo de ambas religiones cuyo fin es el perdón de los pecados y cuyo lema es el derramamiento de sangre cual cruel superstición perpetúa se tratase en un akelarre de brujas al servicio de Satanás, si es que para estos sujetos existe, más incongruencia lo llamo yo que de perdones se transforman en posesiones y de estas en dominar. Como bien dice está historia la imposición de sus creencias eran y son suficientes para expiar los vejamenes atroces que se cometan en su nombre, más son el perdón de los pecados, expiación y arrepentimiento. Si, recuerdo haber leído sobre la guerra de los Seis días y si, recuerdo haber pensado que entre los unos y los otros no había más diferencia que la absurda codicia, como igualdad la muerte que los une como hermanos, imbecilidad compartida pues denominan religión a lo que no osan llamar soberbia y avaricia. Y de entre el infierno surge la verdadera esencia humana, sentí que moría, que me necesitaba...era un alma pura. Como siempre Magnífico @Prometeo, excelente.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias, amiga @TealOxen_98 Siempre muy amable en tus comentarios y con un grado muy alto de reflexión!!! Saludos.


#14

EL TIFÓN NINA

- Doctor, me resulta difícil creer que alguien como usted, se haya aferrado a un objeto relacionado con la fe o la mística de un pueblo como el egipcio, tan lejano a nuestras costumbres y creencias.
- ¿A qué se refiere cuando dice “alguien como usted”? –preguntó, con una pícara sonrisa y su mordacidad habitual a flor de piel.
- Una persona sin fe, sin religión. Un ateo. ¿O acaso me equivoco con mi apreciación?
- Si y no, mi estimado escriba. Sin dudas soy una persona sin religión. Usted sabe perfectamente lo que pienso de las creencias religiosas y del fanatismo que provocan. Pero no soy una persona sin fe y mucho menos un ateo.
- Me sorprende su comentario –le dije, con cierta consternación.
- Le explico. ¿Qué es la fe? No es solamente creer en la existencia de un Ser Superior. La Fe también está determinada por la creencia en un conjunto de normas de comportamiento social e individual y en una determinada actitud vital. Lo cual me parece mucho más cercana a la ética que a la fe, mi querido amigo. Y creo que mi vida siempre estuvo cimentada en la moral, en las más estrictas normas éticas. Por otro lado soy ateo sólo porque no creo en aquella visión de Dios o deidad divina que pregonan las religiones. Mi pensamiento al respecto está mucho más emparentado con la visión oriental. Creo que existe una Fuerza, una Potestad, una Energía que imbuye todas las cosas, que las nutre y las une. Creo que cada ente, cada ser es sólo una gota en el Gran Océano de la Vida. Y que algún día nos uniremos definitivamente a él, no sólo para dejar de ser una gota sino para transformarnos en océano.
- Muy profundo su concepto, doctor. Pero me resulta extraño escucharlo decir eso.
- No he inventado nada, mi amigo. Lea a los pensadores y místicos antiguos. Toda la verdad del universo deriva de las culturas antiguas. Lea el Bhagavad –Gita, el Chilan Balam maya, el Kybalión, el I-Ching, el Ramayana. Después de aquellas ideas tan profundas expresadas con tanta poesía, la filosofía occidental le parecerá un juego de niños.
- No sabía que le interesaba el orientalismo.
- De alguna manera aquel joven egipcio y su legado cambiaron mi forma de pensar. Usted se sorprende de que me haya aferrado a ese talismán. Jamás me he aferrado a posesiones terrenales. Pero ese objeto representa la voluntad de un hombre y tal vez la decisión más importante de su vida. Muchas veces me pregunté por qué ese amuleto llegó hasta mí.
- ¿Todavía lo conserva?
Desabotonó los primeros botones de su camisa y descubrió, colgado de su cuello, aquella sorprendente cruz dorada.
- Es hermosa –admiré.
- Y muy extraña –añadió-. Cuando regresé a Buenos Aires recorrí variadas joyerías, tiendas de antigüedades y museos, a fin de conocer algo más sobre aquel objeto. En todos y cada uno de los lugares a los que asistí, se sorprendieron de esa pieza de oro y la admiraron con devoción. Todos, indefectiblemente, quisieron comprármela. Me llamaron decenas de coleccionistas interesados. Incluso entidades esotéricas se contactaron conmigo, ofreciéndome cifras muy elevadas de dinero para que les cediera el talismán.
- ¿Entidades esotéricas?
- Sí. Masones. Distintas órdenes: Rosacruz, Martinista, la Orden del Pergamino, Francmasones.
- ¿Y cuál era su interés en aquella pieza?
- El origen de la masonería deriva del Antiguo Egipto. Los primeros masones eran constructores. Por eso sus símbolos son elementos de arquitectura: la escuadra, la plomada, el compás.
- Comprendo.
- Aquel objeto era muy antiguo. Los especialistas en egiptología me dijeron que la pieza podía haber sido forjada hace cerca de 3.000 años.
- ¡Es imposible!
- Eso creí yo también, hasta que un eminente geólogo egipcio hizo una prueba química y aseguró que en la composición de la pieza, además de oro genuino de los faraones existe otro metal muy antiguo y ya extinguido llamado “Anupirita” o el “metal de Anubis”.
- ¡Increíble! ¡Usted es una caja de sorpresas, doctor! Entiendo ahora su apego por aquel objeto
- Creo que entiende que mi apego no es material. Su valor para mí no es económico. Me sorprende que haya llegado hasta mí en tan extrañas circunstancias y que el destino me haya elegido, (si es que existe algo denominado destino) para ser guardián de esa pieza singular.
- Sí, es llamativo.
- Siempre creí que nada es casual, compañero. Sino que todo es causal. Cada misión que emprendí a través de mi oficio representó algo más que un trabajo profesional, que una tarea estrictamente médica. Significó una conexión con lo humano, un llamado hacia mi ser interior. Representó un escalón hacia mis logros personales y hacia mi íntima espiritualidad.
- Indudablemente –afirmé, haciendo un rápido racconto mental de sus extraordinarias crónicas.
- Por eso cuando me convocaron de Médicos sin Fronteras en 1.975 para asistir a los damnificados del Tifón Nina en China, sentí que tenía no sólo una nueva oportunidad de ayudar a las personas, sino que aquel hecho me posibilitaba seguir creciendo como individuo, conocer nuevas culturas, ahondar en los profundos vericuetos del devenir humano.
- Cuénteme, doctor.
- Allá vamos, amigo.

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hace más de 2 años

a vos gracias por tan bella historia y tan bien escrita, muy buena ti ortografía y sintaxis, realmente es un goce leerte

EvJa
Rango6 Nivel 27
hace más de 2 años

Impresionante historia, siempre es un gusto leerte, continúa, no me dejes con la intriga.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Me choca tu historia @Prometeo, pues es cierto que la verdadera fe es la creencia que nosotros le damos a nuestro yo interior, la capacidad de hacer las cosas lo mejor posible, el ímpetu en la creencia de aportar de nosotros mismos lo mejor. Fe en religiones es ingrato, más en todas ellas y digo todas si te das cuenta comienzan con un prólogo similar, senda central, tradiciones o costumbres, mandamientos sagrados derivados de otros que han de cumplirse, seguir un camino al igual que el Iluminado etcétera. Todos en manada en alza para a su vez imponer al Supremo y si es menester morir por deidad encarnada. Siempre pensé que fetichismo era llevar tal cruz como símbolo y no actuar más bien orar perdiendo mi tiempo en la oración en vez de intentar entender o llegar a comprender si alguien se desmarcaba de todo esté circo mediático, y si, logré minimamente y sorprendida quedé cuando en mi opinión pensé que la fe a las religiones sólo era una manera de controlar al ser humano, nunca siendo hermano, jamás darse la mano sin plena autorización del Supremo Mentor. De ahí que cuando los heridos y muertos de Hiroshima pidieron ayuda a sus hermanos en Dios se les denegó por estar infectados, los renegados muy religiosos ellos viendo agonía latente en frontera que no hay que pisar, acudieron a rezar al pie de la montaña Sagrada en notitas de perdones y contemplaciones. Como siempre una Obra Maestra @Prometeo, espléndida tu historia y verdades del ser humano que no quiere oír por no sentir.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Me alegro que coincidamos en nuestras ideas @Navesirio Gracias por seguir la historia!!


#15

En Agosto de 1.975, a 30 años de la bomba de Hiroshima, otra colosal tragedia asoló el oriente asiático.
Un Super Tifón, bautizado con el nombre de Nina, cuyos vientos huracanados alcanzaron los 250 kms. por hora, devastó la costa del Pacífico, en las poblaciones chinas de Jinjiang, Changde, Hunan y Fujian, produciendo intensas lluvias e inundaciones. Cayeron 104 centímetros de lluvia en un solo día (más del promedio anual) y esto contribuyó al rompimiento de la Presa de Banqiao y de 62 represas más, produciendo lagos temporales que arrastraron construcciones, vegetación y miles de personas.
En las afueras de Fujian se construyó, en altura, un campamento médico asistencial, al que podía accederse a pie desde las montañas y en embarcaciones desde la región de las represas.
Por medio de los helicópteros y barcos de la Prefectura, nos adentramos en la zona de las inundaciones para colaborar con el rescate de las personas, aferradas a los picos de los árboles, refugiadas en altos tejados o naufragando en endebles botes o en objetos flotantes.
Cientos de cadáveres, tumefactos y sangrantes, boyaban sobre la superficie pantanosa del agua, que arrastraba ramas, animales, mobiliarios, camalotes con ponzoñosas alimañas y restos de edificaciones.
Por fortuna muchos damnificados eran rescatados, aunque a veces en deplorables condiciones físicas y psicológicas.
Entre mi grupo de rescate estaba Máximo Izarriaga, mi entrañable amigo de Ceibales, quien estaba cumpliendo con su última misión, ya que había aceptado un puesto en la Fundación Favaloro, recientemente fundada.
Además nos acompañaba un virtuoso médico tibetano, el doctor Siddhartha Tathagata, eminente neurocirujano y amante de la herboristería y la medicina natural. Era un hombre amable, callado, con un enorme corazón y un sentido muy arraigado de lo que significa ayudar y servir. Tendría unos 40 años cuando lo conocí. Era delgado, lampiño, tranquilo, pero sumamente ágil y activo. Su mirada bondadosa y profunda hablaba a las claras de un mundo interior de extrema riqueza e introspección.
Nos hicimos amigos con total naturalidad y rapidez. Apenas intimamos, entendimos que había una simbiosis inexplicable entre nosotros, una conexión supralógica e intensa. Un tácito pacto de amistad que estaba por encima de nuestras propias voluntades.
Si bien ambos éramos huraños al momento de socializar y veníamos de culturas tan disímiles, era evidente que compartíamos pasiones e intereses comunes que construían un puente muy sólido entre nosotros y aunaban nuestros mundos, en un enlace natural y extraordinario.
No sólo nos unía la vocación médica y específicamente la cirugía, sino también la afición por la lectura, por la música clásica, por el whisky escocés y por el coleccionismo. Raras coincidencias.
Si bien la lluvia había menguado, el cielo estaba habitado por oscuros y densos nubarrones y la humedad era agobiante.
Llegaban muchos pacientes con traumatismos y heridas cortantes muy profundas, algunos en estados de inconciencia o shock psicológicos severos.
A veces, primero, había que sedarlos o estabilizarlos emocionalmente, y luego asistir sus lesiones.
El doctor Tathagata, quien estaba al mando del equipo médico de cirugía, se sorprendió gratamente ante mi pericia para asistir con premura y eficiencia la variedad de casos que aparecían constantemente.
Creo que por esta razón, no dudó en pedir mi asistencia cuando arribó al campamento aquel niño de escasos 5 años, con severo traumatismo de cráneo. Venía en brazos de su madre, una joven china que no dejaba de llorar y gritar con una voz aguda y penetrante. La enfermera la condujo con paciencia a la sala de espera y la sedó para que se tranquilizara.
Le hicimos una tomografía y detectamos que tenía una hemorragia incipiente en el cerebro, que requería una urgente intervención quirúrgica, si es que queríamos salvarle la vida.
- ¿Qué opina, doctor Winter? ¿Se anima? –consultó el médico tibetano.
- ¿Qué chances existen de salvarlo, doctor? –inquirí, sabiendo que él era el especialista y quien tenía la última palabra.
- No más de un 10 % -dijo, lacónico.
- Para mí es suficiente. Cuente conmigo.
Me miró sonriendo. Era sin dudas la respuesta que esperaba.
- Manos a la obra entonces.
El anestesista aplicó la dosis clorofórmica, en tanto nosotros acomodamos las bandejas con el instrumental esterilizado. Aquel quirófano de campaña no era precisamente el ambiente más propicio para una intervención de tamaña magnitud. Pero estábamos tan acostumbrados a trabajar en las más difíciles y extremas condiciones que nuestra capacidad de adaptación era asombrosa. Nuestro sentido de resiliencia estaba desarrollado de manera superlativa.
Luego de colocarnos los barbijos, afeité y desinfecté el extremo parietal derecho del niño. Aquel neurocirujano de perfecto pulso, efectuó un hábil corte con el filoso bisturí. Sequé la herida con rapidez y canalicé un drenaje que permitiera trabajar con un aceptable grado de visualización.
Al abrir la corteza detectamos de inmediato un inmenso coágulo, que estaba produciendo un efecto de masa en el cerebro, ejerciendo una presión que desplazaba las estructuras dentro de la cavidad cerebral y que inhabilitaba las funciones normales. Era necesario quitar cuanto antes aquel coágulo, para que no dañara la masa encefálica. La manera ortodoxa de proceder a la extracción del líquido es la trepanación del cráneo y un lavado con suero fisiológico. Pero, en las actuales condiciones, no poseíamos los medios necesarios ni el instrumental adecuado para efectuar la perforación, razón por la cual debíamos buscar una alternativa salvadora. La presión del drenaje y la inaccesibilidad a la zona en la que se hallaba el coágulo, nos hizo dudar del éxito de la operación. Intentamos limpiar la zona, pero la masa sanguínea se encontraba ubicada de tal forma que era casi inaccesible.
Nos miramos un instante, con preocupación. Entonces metí mi mano entre mis ropas y apreté con fuerza el talismán, como buscando una respuesta, una ayuda, un instante de iluminación.
Como un rayo, una idea cruzó mi mente. Me acerqué al lavamanos y tomé un sorbete, de los que se utilizan para beber gaseosas o refrescos. Lo desenvolví y miré al doctor Tathagata, quien con una mirada de inteligencia, asintió con la cabeza.
Entonces, con extrema delicadeza introduje el sorbete en la zona del coágulo, que se estaba licuando, y succioné suavemente, llenando la pajita de sangre y expulsándola a un recipiente. Esa operación la realicé varias veces, hasta limpiar la zona por completo.
La intervención había sido un éxito. Una hora después bebíamos whisky escocés y reíamos como dos viejos amigos.
Teníamos una inmensa felicidad. El niño se recuperó en pocos días y no tuvo secuelas neurológicas.
La inundación fue menguando lentamente. Y a medida que esto ocurría, la ciudad de Fujian fue emergiendo de entre sus propias ruinas, descubriendo la desolación de edificaciones arrasadas, sembradíos devastados, epidemias que se multiplicaban y expandían como un reguero de pólvora y dejando un saldo de más de 229.000 muertos.
Este tipo de catástrofes naturales, despierta un sentimiento de indefensión e impotencia tan grande, que nos hace dudar del libre albedrío y nos arrastra a cuestionar nuestra íntima concepción de aquello que llamamos Destino. La fortuna a veces sólo parece el fatídico juego de un Dios caprichoso y pueril que deja librado a nuestra suerte los avatares de nuestras vidas, a través de un azaroso y fatal juego de dados.

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace más de 2 años

Tengo una deuda pendiente con esta historia

Me pondré al día.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias, amigo @Romahou Me encantaría tu opinión. Es un poco larga, pero creo que algunas historias tienen cierto valor. Saludos.

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

EXCELENTE , ME FASCINA COMO VAS LLEVANDO LA HISTORIA Y LA VERDAD LA PINTAS CON TUS PALABRAS SE VEN PERFECTAS LAS IMAGENES QUE CREAS , GRACIAS POR INVITARME

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Es difícil @Prometeo cuestionarse si es el Destino el culpable, o el fatídico juego de un Dios caprichoso y pueril que deja librado a nuestra suerte los avatares de nuestras vidas, tal vez a través de un azaroso y fatal juego de dados. Yo me pregunto muchas veces si el Destino lo labramos los humanos, pues no comprendo como y leyendo tus historias me lo planteo más que la fortuna ya estaba en dicho juego y si ese Dios la dejó caer no era para unos pocos más para repartir que para minorías a costa de mayorías. También me pregunto como es posible que estas catástrofes ocurran mayoritariamente en países miserables, donde la densidad de población es mayor pues debería ser lo contrario puesto que si humanos nos consideramos, no como tal actuamos, no explicandome el motivo ni razón de procrear para aumentar dolor en herencia perpetúa trayendo al mundo más miseria y con ello más sufrimiento. Otra cosa que no me explico es que todas estas terribles catástrofes, en las que deberían tener prioridad sobre todas las demás en un mundo denominado civilizado, pasan desapercibidas por no dañar sensibilidad global " imágenes que pueden dañar la sensibilidad del espectador" es decir la verdad que se esconde y no se comparte para seguir disfrutando de un mundo "mejor". Y con prioridades más elocuentes como entretener al planeta con una farsa mediática al que se apunta encantado ingrato planeta....Siento este rollo que te he soltado, pero no me podía callar. Con tres euros al mes no se salva a un negrito de África, ni se ayuda a un Inticable indio, ni se paraliza nada....Todo sigue igual y es el capricho destino de la fortuna que los humanos deseamos sin pensar que es el vecino y no a nosotros a quien el dado le puede tocar. Excelente como siempre @Prometeo. De hecho vi un documental de la guerra de los Seis días gracias a ti, no tengo palabras, la bestia es el propio humano.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Lo único que sé es que desde que el mundo es mundo se ha invertido más dinero, esfuerzo, tiempo en crear y motivar guerras y desolación que en hacer de este un mundo justo, donde la unión es prioridad y la vida es la esencia de nuestro Destino.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Te sigo leyendo @Prometeo, ahora con menos tiempo por motivos de trabajo, pero es todo un placer leer lo que no puedes comprender. Lo que denominó una Obra Maestra.


#16

CONFESIONES DE OTOÑO

Reconozco que cada vez que el doctor Winter concluía una de sus jugosas historias, quedaba sobrevolando en el ambiente un cúmulo de sensaciones que me conmocionaban sobremanera. Pero, sin dudas, también lo afectaban a él emocionalmente, dejándolo absorto, pensativo, alcanzado por algún recuerdo íntimo y profundo, que no siempre lograba exteriorizar.
La tarde agonizaba y sentí que ya era hora de marcharme. Acomodé mis papeles, apagué mi vieja grabadora y me disponía a emprender la partida cuando Winter me detuvo:
- Sergio -me asombró que me llamara por mi nombre-. ¿Le gustaría quedarse a cenar?
- Es usted muy amable, doctor, pero no quiero importunarlo ni abusar de su hospitalidad.
- ¡Déjese de tonterías, hombre! –reprochó-. Está decidido. Aproveche que hoy estoy de buen humor y con ganas de charlar. Cosa que no siempre sucede. Tal vez un buen vino, en la sobremesa, le aporte alguna nueva historia en su haber.
- Le agradezco la invitación. Acepto gustoso.
- ¡Matilde! –gritó.
Al rato una matrona, entrada en años, de aire campechano y aspecto servicial, apareció por la puerta, con un delantal de cocina anudado a la cintura y el cabello recogido.
- Sí, don Sebastián. ¿Me llamaba?
- El caballero me va a hacer el honor de cenar en mi compañía. Coloque otro par de cubiertos y traiga de la bodega un Luigi Bosca Cabernet Sauvignon. Hay uno de etiqueta marrón cosecha 2012.
- Entendido, don Sebastián –aceptó la matrona, retirándose.
- ¿Con qué exquisitez vamos a homenajear a mi invitado? –la detuvo.
- Estaba haciendo pollo a la portuguesa. ¿Le gustará al señor?
- ¡Bocatto di cardinale! –exclamé, por toda respuesta.
Matilde sonrió y se retiró, satisfecha por mi expresión.
- Gracias –dijo Winter y luego, dirigiéndose a mí:- ¡Cocina como los dioses! A ella le debo algún kilo de más.
- ¡Está impecable, doctor! –alabé.
- Discúlpeme un instante –dijo, levantándose del sillón y dirigiéndose hacia la puerta-. Ya vuelvo. Siéntase como en casa.
Cuando me encontré sólo en aquel ámbito, me puse de pie y recorrí con la mirada el amplio living, confortable y cálido, sin ostentaciones ni lujos.
Un sillón de pana de colores apacibles, algo gastado por el tiempo. Una mesa ratona de vidrio, con una base de madera rústica y consistente. Un butacón de cuerina, mullido, de color natural. Un vetusto mueble de campo, con puertas de vidrio repartido, saturado de adornos y cristalería. Algunos cuadros rumbosos y numerosas fotografías en las que se veía a Winter en innumerables paisajes del mundo, siempre con su uniforme médico.
Pero lo que captó mi atención con mayor interés fue la nutrida biblioteca, cargada de volúmenes ajados por el uso y el paso del tiempo. Clásicos de la literatura universal, colecciones de medicina de tapas duras, volúmenes sobre esoterismo y ciencias ocultas, tratados de filosofía oriental y occidental, novelas de aventuras, textos en inglés, francés e italiano, una selección de cuentos completos de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, novelas de Cronin, Somerset Maugham, Dostoievsky, colecciones de obras de teatro: García Lorca, Pirandello, Wilde, Chéjov.
Casualmente había muchos libros de escritores que, además habían ejercido la profesión médica, como Cronin, Freud, Jung, Conan Doyle, Somerset Maugham, Pío Baroja, Chéjov y otros.
Había una galería notable de libros sagrados muy antiguos, blancos y negros. Y no me refiero a los colores de las tapas, precisamente.
- Veo que está admirando mis libros –dijo Winter, ingresando al living, con una sonrisa de satisfacción.
- Es mi debilidad –confesé.
- Y la mía, amigo –retrucó-. Las mejores horas del día las paso en mi sillón, leyendo. Estuve durante muchos años demasiado ocupado y me negué ese íntimo placer.
- Veo que tiene una interesante colección. Incluso me asombra encontrar en su biblioteca algunos títulos.
- ¿Cómo cuáles?
- La Biblia, el Corán, el Talmut, los Vedas.
- Mire, Sergio. Para opinar sobre algo primero hay que interiorizarse. No puedo criticar las religiones si en primer término no conozco de qué tratan. He discutido por horas con eximios exégetas y le aseguro que nunca salí mal parado. Sé de lo que hablo. Conozco los puntos débiles y las incongruencias falaces de esos tomos que compendian la historia religiosa del mundo.
- Claro. Estoy de acuerdo con usted. Veo también que tiene algunos libros “prohibidos”, por decirlo de algún modo. Oscuros o maléficos.
- ¡Ja ja! No será acaso un cruel miembro de la Inquisición, cazador de brujas, ¿verdad?
- No, doctor. Por favor. Si hay algo que deploro son las cruzadas religiosas.
- Tengo algunos volúmenes “oscuros”, como usted los llama, que son verdaderas reliquias, difíciles de encontrar. Halladas en antiguas librerías de las más remotas regiones del planeta, sitios que ni siquiera puede imaginar.
- Sí, ya veo. Incluso tiene una copia muy ajada del Necronomicón. Pensé que era un libro inexistente, apenas el delirio tortuoso de la imaginación de Lovecraft.
- También pensé lo mismo durante muchos años, hasta que encontré esta versión castellana en una antigua librería de Sevilla, traducida directamente del árabe.
- Dicen que el autor estaba loco y se suicidó –recordé.
- Así cuentan las más antiguas historias orientales. Su autor, el árabe Abdul Alhazred, escribió este Grimorio o Libro Mágico, en un estado de posesión demoníaca. Dicen que el texto original fue manuscrito con sangre en papiros de piel humana.
- ¡Aterrador! ¿Y lo leyó?
- Por supuesto.
- ¿Y qué le pareció?
- No sé quien lo escribió realmente, si Lovecraft, aquel vesánico árabe o el mismísimo Diablo, pero quien lo escribió, le aseguro, estaba muy desequilibrado.
Reímos largamente. Nunca dejaba de sorprenderme este personaje tan singular.
- También tiene una copia del “Malleus Maleficarum”, según veo.
- Exacto. El “Martillo de los brujos”, escrito en 1486 por dos monjes domínicos. La Biblia de la Inquisición. Un verdadero manual del horror. Usado por jueces, magistrados y sacerdotes católicos y protestantes para luchar contra la brujería europea medieval.
- ¡Qué espanto! –exclamé.
Luego de una charla literaria sumamente interesante, Winter me invitó a pasar al comedor, donde Matilde ya había dispuesto la mesa para cenar. Una fina mantelería blanca, platos de porcelana, cubiertos de alpaca y copas de cristal conformaban un encantador conjunto gastronómico, distribuido en la amplitud de una solemne mesa de algarrobo de patas torneadas.
- ¿Siempre cena con este maravilloso boato aristocrático? –pregunté irónicamente, conociendo de algún modo la respuesta.
- ¡Oh, no, mi amigo! Ostentaciones de Matilde, sólo porque usted se quedó a comer –contestó el doctor, con una sonrisa mordaz-. Generalmente como en un plato de campaña, en un rincón de la cocina.
No pude contener la risa, atragantándome con la miga del pan.
- ¡Me lo imaginé!
- No suelo recibir visitas muy a menudo. Soy un insociable ogro que disfruta de su soledad. Pero cuando tengo a mano a alguien interesante con quien hablar, sobretodo acompañado de una espirituosa copa de buen vino, puedo ser casi un ser humano amable y conversador.
Rió con ganas, con una risa fresca y contagiosa.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Lástima de éste pobre hombre afectado emocionalmente, absorto, pensativo, alcanzado por algún recuerdo íntimo y profundo que es difícil exteriorizar. Detallas a la perfección detalles de su casa, comfortable más no ostentosa típico de una personalidad que no destaca por lo material si por su manera de ser, práctico y cálido. Un sillón de pana de colores apacibles, algo gastado por el tiempo. Un vetusto mueble de campo, con puertas de vidrio repartido, saturado de adornos y cristales. Su amplia galería de libros, nutrida biblioteca, el saber es poder y la información es comprender aunque no se llegue a entender. Libros de religión, cristiana, musulmana, judía y budista. Y cierto, no se puede ni opinar ni hacer crítica de algo de lo que desconoces, precisamente un doctor que ha visto la muerte por las tres grandes religiones y las demás que son miles y con millones de practicantes. Cabía esperar que tuviese otros libros, grandes libros de los denominados " prohibidos" el Necronomicon y el Martillo de los brujos, que para el caso son hermanos, los cuatro jinetes de la Apocalípsis humana miedo, terror, sufrimiento y muerte derivado de las santas religiones o devoción a las supersticiones. Y como final la fina manteleria blanca, los platos de porcelana, cubiertos de alpaca, y las copas de cristal, todo tan bello y en la imaginación tan vivido que puedes oler ese mantel a ropa lavada, acariciar los gruesos platos de pocelana, admirar el brillo de los cubiertos gastados de alpaca y contemplar las impecables copas de cristal. Espléndido @Prometeo, un verdadero placer leer tan hermosa y verdadera historia.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Muchas gracias por tu detallado análisis @TealOxen_98 Es agradable que aquello que uno escribe desde la emoción y el placer puede brindar a otros sensaciones semejantes. Un saludo para tí.


#17

- Hace unos años, ya retirado de médicos sin Fronteras, de vuelta en Ceibales, solía tener cierto roce social. Concurría a conciertos y obras de teatro en mis fugaces visitas a la Capital, escapando de este pueblo de mala muerte inculto y aburrido. Por aquel entonces tuvimos en el pueblo un acontecimiento sin precedentes. Una extraordinaria exponente de la clase alta de nuestra aristocracia lugareña, la diputada Marisa Montes, emprendió una verdadera cruzada política en Ceibales, que sacudió las fibras más íntimas del pueblo, desempolvando los valores más genuinos de nuestra sociedad. Una mujer maravillosa, culta, solidaria, repleta de ideas progresistas, dueña de una valentía pocas veces vista y de una belleza inigualable.
- ¡Una verdadera amazona, según parece!
- Usted lo ha dicho, amigo. Su coraje era casi tan grande como su belleza –agregó-. Se enfrentó sola a una dirigencia política corrupta y vil, que intentaba frenar sus impulsos por medio de calumnias infundadas y chicanas políticas.
- Parece que la conocía bastante, ¿verdad?
- No tanto como hubiese deseado. Pero puedo decir que fui su amigo. Tal vez el único amigo leal que tuvo hasta el fin de sus días.
Hubo un silencio embarazoso. Winter intentaba sobreponerse al trance emocional que le había generado el recuerdo de aquella misteriosa mujer.
- Ella impulsó los mejores proyectos que tuvo Ceibales en toda su historia. Gracias a sus acalorados discursos parlamentarios y a la promulgación de leyes sociales muy bien fundamentadas, logró fundar escuelas, hospitales, centros culturales, lugares de recreación, involucrando no sólo al Intendente, sino también a los sectores populares más jóvenes, que la apoyaban masiva y fervorosamente.
- La exponente de una estirpe política extinta, imposible de encontrar en nuestros días –razoné.
- Indudablemente –concordó el doctor Winter y agregó:- Fue la mujer más honrada e íntegra que conocí en mi vida.
- La admiraba mucho –afirmé, intencionadamente.
- Era mucho más que admiración. Confieso que la amaba en mi más secreta intimidad. Reunía todas las características que me fascinan en una mujer: belleza, inteligencia, rectitud, buen humor, carisma, sensibilidad.
- Parece que era muy bella, según se desprende de sus palabras.
- Sí –afirmó, con indisimulado arrobamiento--. Era una cabal exponente de la belleza indo-latina. Morena, espigada, airosa. Una aureola de enigmática y principesca arrogancia enmarcaba sus mínimos gestos. Sus finos rasgos, sus enormes y melancólicos ojos azabaches y sus largos y lacios cabellos retintos, eran un elocuente testimonio de una juventud perpetuada a despecho del implacable paso del tiempo.
- Y dígame, doctor, ya que estamos en confianza. ¿Alguna vez le expresó esos profundos sentimientos suyos?
- Nunca. Por lo menos no de manera explícita, aunque creo que ella lo sabía.
En ese instante ingresó Matilde con una fuente rebosante de comida, cuya maravillosa fragancia nos abstrajo momentáneamente de aquel clima. Nos sirvió dos abundantes platos de pollo a la portuguesa y llenó nuestras copas de vino.
- Brindemos, Sergio –dijo Winter, levantando su copa de vino
- ¡Por la vida! –propuse, chocando mi copa en la suya.
- ¡Por el amor! –redobló.
- ¡Y por muchas historias más, estimado doctor!
- Ja ja. Desde luego.
Comenzamos a cenar. La comida estaba exquisita. Confieso que tenía mucho apetito y que aquel aroma a especias y laurel estaba martirizando mis sentidos.
Probé el vino. Un cabernet sauvignon de color rojizo brillante e intenso, con un aroma frutal y a pimienta y un carácter sobrio en el paladar.
- ¿Qué le parece, amigo? –preguntó el doctor.
- Maravillosa combinación de sabores y fragancias. El pollo está muy sabroso y el vino tiene un bouquet extraordinario.
- Me alegra que le guste.
- Desde luego. Y volviendo a la historia, –comenté, no pudiendo escapar a mi genio periodístico- ¿cómo es eso de que nunca le expresó sus intenciones a aquella mujer que le despertaba tan profundos sentimientos?
- Mire, Sergio. Marisa Montes era una mujer púbica, con grandes obligaciones y sin tiempo para los avatares del amor. Confieso que le hice muchas veces proposiciones solapadas, siempre en el marco del respeto y del humor que me caracteriza. Proposiciones que se encargó sistemáticamente de rechazar con la mayor de las gentilezas.
- Un corazón clausurado al amor –reflexioné.
- Si, hasta que apareció en Ceibales Roberto Reinhart –dijo, con cierto indisimulado pesar.
- ¿Quién?
- Un joven pianista porteño que vino a Ceibales para dar un concierto en la inauguración del Centro Cultural. Una promesa instrumental en la que muchos diletantes y críticos musicales pusieron sus fichas. Venía precedido por buenas críticas y recomendaciones. Pero su vuelo resultó más raso y efímero de lo que se podía presuponer.
- Y deduzco de sus palabras que Marisa Montes se doblegó ante el encantamiento de este joven artista.
- Supone bien. Marisa por aquel entonces era una mujer de alrededor de 40 años, pero su hermosura y lozanía disimulaban su edad. Una verdadera “rosa de otoño”.
- ¡Lindo título para una pieza teatral! –comenté, sin poder esconder mi íntimo escritor frustrado.
- Pero este joven pianista sólo tenía 26 años –aclaró Winter-. Y la verdad que era un joven encantador y talentoso. De buenos modales. O al menos esa fue la primera impresión que nos dio a todos.
- ¡Una gran diferencia de edad! Resulta extraño relacionar a la bella amazona de sus sueños con un artista tan joven.
- El amor es caprichoso, estimado amigo. No se rige por ninguna norma ni estatuto. Responde solo al libre albedrío del corazón. No piensa, no razona, no discrimina, no tiene parámetros establecidos ni lógica alguna. Y, ante su influjo, aún las almas más racionales y libres, sucumben.
- Es muy cierto. Y Marisa Montes sucumbió.
- De un modo que nadie hubiese imaginado jamás. Y ese amor fue su perdición, ya que, como todo lo que emprendía en la vida, se abocó con verdadera pasión y entrega a ese amor.
- ¿Y fue correspondida por este simpático joven?
- Por un tiempo sí. Tuvieron un apasionado romance. Pero resultó ser un fatuo, un niño bien, acostumbrado a los halagos de la suerte. Nunca la mereció. Abusó de su hospitalidad, de su entrega, de sus pródigos cuidados. Mancilló su honra, destruyó su carrera e, incluso, llegó hasta la infidelidad.
- ¿Y ella, con toda su inteligencia y su valentía, permitió eso? ¿Por qué?
- Por amor. El ser humano comete tremendas incongruencias en nombre del amor.
- ¿Y entonces? –inquirí.
- Se convirtió en su perrito faldero, soportando desplantes e inequidades por una migaja de amor –comentó, dolido por aquel recuerdo lejano-. Tiempo después él se alejó de su vida y ella enfermó gravemente. Y ya no pudo recuperarse. Su corazón se debilitó paulatinamente y se fue marchitando, como una rosa de otoño. Ni mis cuidados solícitos ni la atención del doctor Navarro, su cardiólogo de cabecera, pudieron rescatarla de su profunda tristeza.
Winter estaba visiblemente conmovido. Esas remembranzas removieron sus fibras más íntimas.
- Lamento no haberle dicho nunca que la amaba profundamente. Que hubiese dado mi vida por ella. No existe mayor cobardía que la del que ama en silencio, escondiendo en el arcón de su alma los tesoros más valiosos de su pobre corazón.
Luego de estas reflexiones, nos dirigimos al living. Me ofreció un whisky escocés y un habano cubano “Montecristo N° 5”, los mismos que fumaba el Che Guevara. Evidentemente quería ahogar en el alcohol su infinita pena.
Fumamos y bebimos en silencio durante algunos minutos.
- ¿Usted cree que la vida tiene algún sentido, estimado Sergio? –dijo, profanando aquel silencio denso y necesario.
- Quiero creer que sí, doctor.
- Admiro su optimismo. Luego de más de 45 años de ejercer la medicina y de presenciar de cerca las peores atrocidades del mundo, me siento inclinado a pensar que todo carece de sentido. Que no puede haber un propósito en tanto dolor, en tanta miseria, en tanta injusticia.
- Tal vez sólo venimos a aprender y experimentar y necesitamos pasar por una serie de pruebas, sucesos y sufrimientos para lograr ese cometido –argumenté.
- Sí, la famosa Ley de Causa y Efecto. Si realizamos determinados actos vamos a tener determinadas consecuencias. ¿Y dónde está la justicia en todo eso?
- ¿Quién dijo, doctor, que la vida es justa y equitativa, que todo crimen recibe su castigo, que si amamos con desesperación vamos a ser amados? –repliqué.
- Siempre intenté ayudar a las personas. No sé por qué. No soy un filántropo, ni un samaritano ni un alma caritativa. Pero siento que hacer algo por los demás es hacer algo por uno mismo.
- ¿Y usted me pregunta si la vida tiene sentido? –inquirí, con ironía-. ¿Justamente usted? ¿Cuántas vidas salvó? ¿A cuánta gente le llevó esperanza? ¿Cuántas veces depositó su fe en las personas y los ayudó a salir adelante?
- Pero no fui feliz y eso, como decía Borges, es el peor de los pecados.
- ¿No le causó felicidad su denodada tarea humanista? ¿Ayudar y servir como lo hizo siempre?
- Me brindó la sensación del deber cumplido. Calmó los demonios acusadores de mi conciencia. Me dio algo de paz, en remotas ocasiones. Pero no me hizo feliz.
- ¿Y qué le hubiese hecho feliz?
- No lo sé. Tal vez haber hallado el amor de una mujer que comprendiera mi compleja personalidad. Haber tenido hijos. Formado una familia. Quizás haber aprendido a tocar el piano.
- Para eso todavía está a tiempo –sonreí.
- Sí, creo que es lo único para lo que estoy a tiempo. Ya no podría tocar como Franz Liszt seguramente, pero algunos arpegios le sacaría al condenado piano –comentó, con una breve risa.
- Bueno, usted siempre se pone la vara muy alta. Y creo que ahí está la causa de su infelicidad. Siempre quiere más. Es exigente consigo mismo, como lo es con los demás.
- ¿Usted cree?
- Miré, doctor. No la voy a jugar de psicólogo. Pero creo que su caso encuadra dentro de los síntomas del “síndrome de la soledad crónica”.
- ¿Cómo es eso? –consultó, intrigado.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Me alegro que te guste @SDA_love50 Faltó un pedacito final de esta historia, pero no entró.

SDA_love50
Rango19 Nivel 94
hace más de 2 años

No quiero molestar @Prometeo y si lo hago lo siento solo quiero saber si leíste las nuevas cajas de "Selene" y si te gustaron.

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

@Prometeo espero ese final, vuelvo a reetir excelente tu trabajo, lo mejor que leí ultimamente que me dan ganas de seguir leyendo y disfrutando

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Esta parte de la historia es muy significativa @Prometeo, nunca le hizo feliz al Doctor ejercer como tal y en las peores circunstancias, si lo calmó, en cierto modo cumplió con su conciencia, le proporcionó cierta paz consigo mismo más no lo hizo feliz, es como querer expiar pecados en tierra sin esperar recompensa en cielo. Tal vez y hace mención a los años, largos años de presenciar las peores atrocidades del mundo él un minúsculo grano de arena entre un gran desierto donde es imposible acabar con sequía perpetúa, todo carece de sentido. La famosa Ley Causa y Efecto, no, no lo convence que efecto ha producido al darlo todo por causa pérdida??? Tanto esfuerzo para parches, no hay Causa y Efecto para el inframundo, no hay efecto para las infrahumanas leyes de los humanos, se siente traicionado, no hay justicia. No fue feliz, y eso, como dice Borges, es el peor de los pecados. Se enamoró de una hermosa mujer de principios arraigados, y por amor ni inteligencia ni valentía sobrevivió al peor término denominado amor, un tremendo e incongruente virus que arrasa si compasión, dejando inteligencia y valentia fallecer en tal a veces maldito amor. Como en todas tus historias es realmente brillante los detalles de la gastronomía, tan bien relatado que los aromas del pollo y el paladar al probar el vino parecen llevarte a la mesa de los personajes. Como siempre felicidades @Prometeo, que gusto da leerte. Un Saludo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Insisto en que los detalles son lo más importante de un relato porque permiten brindarle realismo. Gracias por tus comentarios @TealOxen_98

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Muchas gracias @Prometeo, por historia tan emotiva y al mismo tiempo humana, te sigo en las siguientes, todo un placer. Un saludo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias por tu concienzuda y atenta lectura @TealOxen_98 Me ayudas a tener una visión más amplia de lo que escribo y cómo repercute en el otro. Saludos.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace alrededor de 2 años

El Dr. Winter es un gran hombre, dentro de sus imperfecciones.
Creo que de ahora en adelante será uno de los personajes más queridos que he tenido la dicha de conocer.
Excelente, como siempre @Prometeo


#18

- Se acostumbró tanto a convivir consigo mismo, a sus hábitos, a sus lecturas, a su coleccionismo, que se encerró en su propia burbuja, escapando seguramente de sus recuerdos y desamores.
- Sí, lo sé. Tiene razón. Y ahora soy el ogro del cuento, viviendo solo en la cabaña del bosque.
Reímos largamente.
- Gracias, estimado escriba, por quedarse hoy a hacerme compañía. Me hizo mucho bien hablar con usted.
- No tiene por qué, doctor. Cuente conmigo para lo que guste. Me agrada mucho su compañía.
- ¿Sabe qué? Es usted un gran amigo. Lo cual me hizo recordar a uno de los amigos más maravillosos que me dio la vida. Y de él habla nuestra próxima historia.
- Ardo en deseos de escucharla, doctor.
- Hagamos un viaje a las profundidades del Tibet, uno de los lugares más extraordinarios que conocí en mi vida.
- Lo acompaño.

LAS TIERRAS ALTAS DEL TIBET

Luego de la misión de China, pasaron dos cosas importantes. Una, que mi buen amigo Máximo Izarriaga se desvinculó de Médicos sin Fronteras, para aceptar un puesto de trabajo en la Fundación Favaloro, convocado nada más y nada menos que por el mismísimo René Favaloro, el más eminente cardiocirujano que diera este bendito país.
El otro hecho de importancia que ocurrió, fue que había descubierto en el doctor Siddhartta Tathagatta a un ser extraordinario, con el que comencé a cimentar una amistad que duró hasta su desafortunado deceso, en cumplimiento de su profesión y de su juramento hipocrático.
Este destacado neurocirujano tibetano, dueño de una cultura sólida y de una profunda espiritualidad, basada en sus valores morales y en un estoico trabajo interno, me invitó a conocer su país, aprovechando que teníamos unos días libres de vacaciones antes de tener que reportarnos a nuestras respectivas misiones.

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

aquí esperando amigo, interesante la vida del Dr, había tiempo que no me atrapaba nada como tu escrito gracias por invitarme


#19

En septiembre de 1.975, arribamos a la ciudad de Lhasa, en Tibet, uno de los sitios de mayor espiritualidad de todo el mundo.
El Palacio de Lhasa fue la sede del Dalai Lama hasta 1.959, cuando se produjo la invasión china, que derivó en la huida de Tenzin Gyatso (actual Dalai Lama) y de miles de monjes y seguidores que lo acompañaron hasta su nueva sede, en la frontera con India, en la ciudad de Daramsala, enclavada en el valle de Kangra, al pie de los Himalayas.
Desde aquel año el eminente Dalai Lama radicó la sede de su gobierno y su residencia oficial en aquella ciudad, perdida en el medio de las montañas más altas del mundo.
En las afueras de Lhasa se encuentran los tres monasterios más importantes del Tibet, en las ciudades de Ganden, Sera y Drepung. Estos templos budistas pertenecen a la denominada “Escuela Gelugpa”, escuela tradicional del budismo tibetano, conocida también como “La Orden de los Gorros Amarillos”, de la cual deriva el Dalai Lama, el mayor líder espiritual de oriente.
Luego de conocer la ciudad y hacer una visita al Templo de Potala, viajamos hacia la ciudad de Drepung, en aquel cálido día de septiembre.
- Doctor Winter –me contó el médico tibetano-. Yo nací en esta ciudad antigua y mística, poblada de monasterios y envuelta de misteriosas leyendas y tradiciones. A la edad de 6 años ingresé en el Monasterio de Drepung, fundado en 1.416 por Tashi Palden, hijo de un poderoso Lama Tántrico. Para poder ingresar debí pasar una prueba que demuestra la entereza y la valentía del espíritu.
- ¿Qué tipo de prueba?
- Debí estar durante 3 días y 3 noches sentado en la puerta del templo sin moverme, sin comer y sin beber.
- ¡Qué extraordinario! –comenté, asombrado.
- Luego de superada la prueba, un amable monje me ayudó a levantarme del piso, me dio de beber y de comer y me hizo una serie de preguntas rituales, que solo de responder correctamente, garantizaría mi entrada definitiva al monasterio.
- ¿Y qué le preguntaron, doctor –inquirí, con creciente intriga.

- No sea curioso, Winter. ¿Acaso cree que le revelaré un rito secreto preservado durante casi 600 años?
- Bueno. Tenía que hacer el intento –bromeé.
Lanzó una estruendosa carcajada y no pude evitar acompañarlo en su hilaridad. Luego continuó diciendo:
- Durante quince años fui un monje budista y en aquel monasterio se reveló mi verdadera vocación. Junto al médico del lamasterio, el maestro Chang, aprendí medicina natural, herboristería y filoterapia, además de primeros auxilios y tratamientos alternativos del dolor, como acupuntura, digitopuntura y diagnósticos a través de la lectura del aura y la armonización de los chakras.
- ¡Muy interesante! Pero evidentemente no aprendió neurocirugía en el monasterio.
- No, desde luego –aclaró-. El maestro Chang intercedió con el Lama Superior para que me enviaran a estudiar a la Universidad de Nanjing, en China, sobre las costas del Pacífico y allí, con 20 años, dejé el Lamasterio y me aboqué a estudiar medicina, durante 6 años, en aquella lejana población. Reconozco que mi formación anterior en el monasterio me facilitó mucho el aprendizaje. Egresé de la Universidad con honores y un promedio de 9.25. Ya recibido volví al monasterio y al poco tiempo comencé a trabajar en el Hospital Zhebengsi de Lhasa, y posteriormente, en 1.971 me uní a Médicos sin Fronteras.
- Y ahí me conoció a mí, cuyo promedio universitario apenas alcanzó a 7.5.
El doctor Tathagata rió con ganas, dándome una palmada en el hombro.
- Usted es incorregible, Winter –comentó, con una amplia sonrisa.
Hizo una pausa y entonces me dijo:
- ¿Le gustaría visitar el Monasterio de Drepung? Nunca en la vida va a conocer algo igual.
- Sí, por supuesto, doctor –acepté de inmediato, entusiasmado por la ´propuesta.
Caminamos algunos minutos, entre aquellos paisajes colosales, rodeados de esas cadenas montañosas gigantescas, cubiertas de tupida y espinosa vegetación. Ascendimos algunas calles hasta llegar a las enormes y antiguas escalinatas del Templo de Drepung. ¿Cómo describir semejante portento arquitectónico? Era un gigantesco dzong (Palacio Fortaleza), emplazado en lo más alto de un acantilado rocoso, con imponentes muros de ladrillo y piedra pintados de blanco, coronados por torres talaya, amarillas y rojas (los colores sagrados de los lamas). Innumerables ventanales y un pórtico de lujosa confección arquitectónica, sostenido sobre colosales columnas, era la majestuosa entrada a un pasillo brilloso y reluciente, enmarcado por columnatas de formas cuadriculadas, que conducían al altar, en donde descansaban imágenes doradas del Buda y otras deidades budistas. El color rojo predominaba en aquel imponente ámbito, manchado por figuras construidas con pequeños cerámicos multicolores, que representaban imágenes de la vida y obra de Siddhartha Goutama.
Decenas de monjes, con sus túnicas rojas y sus rapadas cabezas, nos saludaban con movimientos de cabeza y amables sonrisas. Algunos oraban, otros conversaban casi sin querer profanar aquel silencio majestuoso.
El doctor tathagata saludó a muchos monjes que conocía y a algunos de los líderes espirituales del monasterio.
Salimos a los enormes patios internos del Palacio, en donde los monjes realizaban sus faenas y actividades.
Un numeroso grupo oraba, entonando sus guturales mantras, tan profundos e inquietantes, cuyos sonidos parecían llegar a lo más recóndito del alma, acompañados por vibrantes trompetas tibetanas, por las cuerdas de las tungunas y la suave percusión de las damarus. Los músicos lucían los gorros amarillos que caracterizan a la escuela Gelugpa.
Lejos de este grupo algunos monjes practicaban el wu-shu, el arte marcial tibetano, con una plasticidad asombrosa.
Mientras tanto otras nutridas agrupaciones practicaban otras actividades que no lograba entender, a pesar de hacer esfuerzos supremos de comprensión. Finalmente me decidí a consultar al doctor tathagata.
- Disculpe, doctor. ¿Qué hace ese grupo de monjes, moviendo sus brazos como si fueran pájaros?
- Están aprendiendo a volar, Sebastián.
Me quedé consternado.
- ¿Cómo a volar? No entiendo. ¿y de qué sirve eso? ¿Esperan que les crezcan alas?
El doctor Tathagata sonrió. Se alejó un momento y me trajo un extraño objeto, parecido a un catalejo.
- Observe –me dijo, con una sonrisa divertida.
Miré al grupo con aquella especie de largavistas y quedé consternado con lo que ví.
- ¡Es imposible! –exclamé, sin poder creer lo que veía.
- Aquí nada es imposible, doctor.
- No puedo creerlo –reafirmé-. ¿Cómo es posible?
Aquel mágico catalejo me reveló algo extraordinario. A través de su lente descubrí que aquellos monjes que movían sus brazos acompasadamente, tenían unas maravillosas alas blancas.
- Este objeto le permite ver el cuerpo astral de las personas, sus energías cósmicas, su verdadero yo.
- ¡Increíble!
- Aquellas personas que han desarrollado la visión del Tercer Ojo pueden ver aquello que los ojos físicos no pueden ver.
- ¿Cómo es posible eso, doctor?
- Venga, Winter. Acompáñeme.
Caminamos algunos metros y llegamos hasta la presencia de un monje con rango de Lama. Poseía una sonrisa maravillosa y su rostro parecía irradiar luz. Era ciego. Me saludó con amabilidad en un correcto inglés.
- El maestro Yi Pong es invidente de nacimiento –dijo Tathagata-. Y no necesita sus ojos para saber exactamente como es usted.
- ¿A qué se refiere?
- Él podría describirlo sin haberlo visto jamás, no sólo físicamente sino sobretodo espiritualmente.
- ¿Cómo podría hacer semejante cosa?
- ¿Quiere apostar? –me incentivó, con una sonrisa suspicaz.
- Acepto –le dije-. El que pierde paga la cena esta noche.
El doctor aceptó meneando afirmativamente su cabeza.
El maestro Yi Pong cerró sus ojos, respiró profundo, extendió su palma abierta haciendo un recorrido alrededor de mi rostro y mi cabeza, pero sin tocarme y dijo, con una voz suave y profunda.
- Usted viene de muy lejos. Ha recorrido el mundo y visto mucho dolor. Intenta sanar las heridas del cuerpo creyendo que puede sanar aquel dolor infinito del alma. No cree en dioses ni religiones, pero cree poderosamente en el hombre y sus posibilidades. Su espíritu es un pozo insondable de soledad. Se prodiga con desinterés por las personas, pero intenta que no lo sepan. Anhela amar con desesperación, pero no quiere atarse a relaciones formales, porque teme perder su libertad. Le apasiona la lectura, la música, la colección de objetos. Ama los goces de la vida. Es un amigo fiel y leal. Esconde la pureza de su alma con un manto de cinismo y de humor ácido. Desdeña los halagos y el materialismo. Sueña con encontrar al amor de su vida, pero teme hallarlo. No es feliz, y no lo será hasta que entienda que hay algo muy profundo e íntimo dentro suyo, que debe explorar y sacar a la luz. Creer en algo es una forma de no sentirte tan solo en el inmenso mundo de la duda y la desolación.
Dicho esto, hizo una reverencia y se marchó, dejándome con el alma en carne viva, con los ojos humedecidos y una extraña sensación de desnudez absoluta.
- ¿Y? ¿Qué me dice ahora, Winter?
- ¿Qué le digo? Que claramente perdí la apuesta, doctor.

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

que decirte @Prometeo que ya no te dije, me encantó , es realmente increíble tu pluma, gracias ...gracias por tu invitación, por escribir, por ser parte del mundo de la literatura

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Increíble descripción de tradición y costumbres de la vida de los Lamas, los famosos donzg creo que antes utilizados como escuelas y centros gubernamentales ahora recuperadas en su origen para su verdadero propósito, la morada de los monjes. Los brillantes pasillos, la amplitud del espacio, los colores sagrados es todo un arte en está historia. Las trompetas tibetanas, ese sonido tan profundo que rompe un silencio casi imposible perturbar. El movimiento de los monjes moviendo sus brazos acompasadamente, pues se dice que los Lamas cuando mueren son entregados a las montañas para que su cuerpo sea alimento de las grandes aves, es un honor para ellos, más no lo se cierto, y el peor castigo enterrado bajo la propia tierra, tal vez desean volar en su camino final. Es espectacular @Prometeo, toda la definición que narras de los monjes tibetanos y una maravilla, un mundo mágico más veraz por ser tan poco conocido y tan atractivo por la misma razón. Excelente historia. De nuevo nuestro Doctor Winter se reedescubre a si mismo, aunque a mi entender el se conoce lo suficiente otra cosa es no reconocer que la verdad es complicada...aun siendo verdad absoluta. Felicidades...te sigo leyendo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias @TealOxen_98 Sí, es un mundo fascinante este que describí en la historia. Me atrae mucho y me alienta a interiorizarme. Justo hoy compré un libro escrito por el Dalai Lama: El arte de la compasión. Y la próxima historia tiene que ver con él. Espero te gusten los próximos relatos. Agradezco tu lectura y tus jugosos comentarios. Saludos.

Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64
hace casi 2 años

Me pongo de pie ante tan majestuosa caja, me atrevo a decir es mi favorita hasta el momento. ¡Sublime!

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Gracias, amigo @Esu_Emmanuel Es una caja que a mí me gustó mucho escribirla. Ojalá te guste lo que sigue.


#20

Cuando salimos del monasterio me marché con extrañas sensaciones en mi interior. Ese lugar estaba repleto de vibraciones muy poderosas de amor y felicidad, que eran imposibles de soslayar, aún para un espíritu renuente a lo místico y lo religioso como el mío.
- Tengo una propuesta para hacerle, Winter. El doctor Kriya Deva, médico personal del Dalai Lama, es un gran amigo y antiguo compañero de estudios, con quien nos conocemos desde la infancia. Hace mucho tiempo me hizo una invitación para visitarlo en el Palacio y conocer al supremo Dalai Lama. Finalmente acepté su invitación. ¿Le interesaría acompañarme?
Quedé sorprendido por la propuesta. Aquel mundo oriental me parecía fascinante, repleto de mística sabiduría.
- Desde luego que sí, doctor. No me lo perdería por nada del mundo. ¿Y cómo vamos a llegar hasta ahí?
- Tomaremos un avión desde el aeropuerto de Lhasa hasta Nueva Delhi y de allí una avioneta hasta Dharamsala.
- ¡Perfecto! Nunca deja de asombrarme, doctor –le dije al médico tibetano.
En menos de una hora estábamos a bordo del avión, aprestándonos a levantar vuelo.
Partimos, bordeando el imponente cordón montañoso de los Himalayas. Era emocionante ver las laderas nevadas de aquella cadena de montañas, mientras la aldea se empequeñecía a nuestros pies.
Atravesamos las nubes, que eran como pompas de algodón, y por encima de la nubosidad, emergían los picos más altos de esas colosales cumbres.
Jamás hacía visto un cielo más límpido y azul ni había percibido un aire tan puro y energizante.
- ¿Conoce al Dalai Lama, doctor? –pregunté, intentando no pensar demasiado en que estábamos a más de 10.000 metros sobre el nivel del mar.
- No personalmente. Pero siento una gran admiración por ese líder religioso.
- ¿Cómo es elegido un Dalai Lama? Los papas cristianos y los popes hebreos son elegidos por un Consejo de Eminentes –consulté.
- Los budistas creemos que los Dalai Lama son reencarnaciones del Buda. Por eso cuando muere un Dalai Lama, un Regente se hace cargo transitoriamente del poder e inicia, junto con los grandes líderes de los monasterios más importantes, la búsqueda de la reencarnación, a través de ciertas señales. Esta búsqueda tarda algunos años, ya que puede demorar cierto tiempo en reencarnar y dos o tres años más en ser encontrado y reconocido.
- ¿Y cómo pueden reconocerlo?
- A través de diversas pruebas, como el reconocimiento de personas y objetos que le pertenecieron en su vida pasada, por ejemplo. Pero existen otros métodos más secretos, que no se pueden revelar.
- Entiendo. ¿Y es cierto que los nombres de los lamas y monjes siempre tienen alguna significación simbólica?
- Es cierto. El Dalai Lama fue nombrado Tenzin Gyatso, que en sánscrito significa “Océano sustentador de enseñanzas”.
- Interesante.
- Mi amigo el doctor Kriya Deva, tiene un nombre muy significativo: “poder de la actividad celestial”.
- ¿Y su nombre que significa? –consulté, intrigado.
- Siddhartha es nada más y nada menos que el nombre del Buda (Siddhartha Goutama) y significa “El que ha cumplido su propósito”. Tathagata quiere decir “el que conoce las cosas como son”.
- Es decir que su nombre puede significar algo así como “quien conoce las cosas y cumple su propósito”.
- Exacto.
- Muy apropiado –acepté.
- Para los tibetanos y budistas los nombres son importantes. Nos identifican y nos representan.
- En occidente no es así. Mi nombre no tiene ninguna significación –aclaré.
- La tiene. Que no la conozca es otra cosa –argumentó-. Fíjese. Sebastián es un nombre de origen griego, que significa “honrar o reverenciar”. Y su apellido en inglés significa “invierno”.
- Es cierto. “Honrar el invierno”. Nunca lo había pensado así. ¿Pero qué significación puede tener?
- Estimo por su apellido que sus orígenes son ingleses.
- Mis abuelos paternos eran ingleses.
- En la ciudad de Stonehenge, en Inglaterra, existe una ceremonia de honra al invierno. Miles de personas se disfrazan de druidas y acuden al monumento prehistórico de Stonehenge para ver el amanecer con motivo del solsticio de invierno, que es el día más corto del año en el hemisferio norte. Ese rito se realiza desde hace cerca de 5.000 años y a ese monumento se le llama “El Templo del Sol”.
- Nunca deja de asombrarme, doctor. Es increíble lo que me está diciendo.
- ¿Se da cuenta que su nombre tiene una poderosa y ancestral significación?
Me quedé sorprendido por aquel hallazgo. Aprovechamos el extenso viaje, de alrededor de 18 horas, para charlar larga y profundamente, para leer y descansar.
Creí que se me haría tedioso y cansador el vuelo, pero realmente me sentí tranquilo y cómodo. El doctor tathagata era una fuente infinita de saber, un gran conversador, una persona de una cultura asombrosa y de pensamientos concienzudos y bien fundamentados. Además nos llevábamos de maravilla, como si nos conociéramos de toda la vida.
En cuanto nos descuidamos, el avión arribaba al aeropuerto “Indira Ghandi” de Nueva Delhi, en la India, un gigantesco y multitudinario lugar, plagado de personas de todas las razas y colores.
Desde allí hicimos un transbordo en una avioneta que, en un par de horas, nos depositó en la ciudad sagrada de Dharamsala.
Esta ciudad del norte de la India, ubicada en el distrito de Kangra, toma su nombre de los antiguos refugios o casas de descanso para los peregrinos espirituales. Una ciudad ubicada a orillas de los Himalayas, a 1.800 metros sobre el nivel del mar.
Un pequeño centro comercial, repleto de típicos mercados orientales, confluye en una carretera estrecha y empinada por la que un micro turístico nos condujo hasta las afueras de la ciudad, en donde se encuentra la residencia oficial del Dalai Lama.
Era un día cálido y presagiante de lluvias. Septiembre es en esa región la estación del Monzón, casi arribando al otoño indio.
En los alrededores del Palacio, en el barrio McCleod Ganj, varios millares de tibetanos se establecieron durante la migración, fundando monasterios, templos y escuelas.
Esta región, conocida como “La Pequeña Lhasa”, se ha convertido en un destino turístico importante, con numerosos hoteles y restaurantes.
Al cabo de unos minutos arribamos al Monasterio del Dalai Lama, residencia personal y centro del poder religioso tibetano.
Mucho más humilde que el Palacio de Potala, en Tibet, esta nueva residencia se esconde detrás de una reja y un puesto de guardia que protege la entrada. A su lado, se encuentra el templo budista Tsug Laklang, donde los visitantes hacen el Kora, que consiste en girar los rodillos de oración en un circuito que sigue la dirección de las manecillas del reloj.
- Llegamos, Winter. Vamos a anunciarnos.
Reconozco que sentí una enorme emoción cuando arribamos a la residencia. Estaba por conocer al más importante líder espiritual de oriente, la mismísima reencarnación de Buda Goutama.

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

@Prometeo el doctor Winter tuvo una vida de dedicación al prójimo, de hacer felices a los demás...Quizá fue eso lo que ocasionó su infelicidad. No tuvo tiempo de ocuparse de su bienestar. De ocuparse de cuidar el amor... Lo que si está claro es que su vida profesional estuvo cargada de experiencias y fuertes emociones. Conoció culturas diferentes y salvó muchas vidas. Eso le tenia que haber satisfecho en todos los sentidos...

Amigo, un relato excepcional que atrapa desde el principio. Cargado de infinidad de detalles que hacen al lector tener una imagen real de la situación. Una sintaxis perfecta encadena los acontecimientos de manera magistral.

Mis felicitaciones. Afectuoso abrazo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Muchas gracias por tus conceptos @Carlos_59 Me alegra que te guste la historia. Un abrazo grande y gracias por pasar por mi perfil.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Es fascinante la historia, precisamente porque dista de las tres religiones oficiales, muy diferentes entre las religiones asiáticas. En las asiáticas le dan un significado a los nombres, como Buda era " el Iluminado", me llama la atención que entre estas no se hayan producido tantas muertes como en las tres grandes, más bien las han producido ajenos a las mismas. Por otra parte los sacerdotes poseen un alto nivel cultural pese a estar prácticamente aislados del mundo, en tierra inhóspita rompiendo la tranquilidad con sus instrumentos de percusión, instrumentos religiosos. Y cada Monasterio, ritual tiene un nombre con lo que lo hace parecer un mundo totalmente diferente, opuesto al nuestro, mágico, a veces incomprensible pero de una belleza y un hechizo muy especial. Felicidades @Prometeo, el leer está historia es una forma de ver, entender y sentir la vida de los Lamas y en su conjunto otras religiones que para mi son tan grandes como las denominadas oficiales. Un abrazo. Te sigo leyendo...

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias @TealOxen_98 como siempre por tomarte el tiempo de seguir la historia y por tus comentarios. Ese es el fin de está historia: ahondar en las distintas culturas e ideologías de pueblos y culturas disímiles a través de la visión crítica de un personaje que razona y cuestiona, intentando encontrar la verdad.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Me encantan los detalles @Navesirio Creo que es mi característica, como así también la profundización de las culturas y las ideas ancestrales. Algunos autores, como Hermann Hesse, Lobsam Rampa o Tagore inspiraron ese aire místico de mis escritos!!! Saludos.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace alrededor de 2 años

Quedé impresionada con el significado de los nombres.
Sobra decir que me sigue encantando la historia @Prometeo

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

A veces no nos damos cuenta de la significación de nuestros nombres @Chica_Purpura y tienen muchas veces un potente significado. Gracias por Seguir la historia

Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64
hace casi 2 años

Todo tiene un profundo significado, no dejamos de ser un símbolo nosotros mismos. Encantado estoy con esta historia, muchas gracias por compartir tan excelso escrito.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Sí, hay mucho simbolismo escondido en nuestras vidas. A veces andamos tan distraídos que no los percibimos, pero allí están si queremos verlos @Esu_Emmanuel Me alegra mucho que te guste la historia


#21

Mientras el doctor Tathagata hablaba amablemente con los guardias del palacio, eché un vistazo entre los barrotes de la reja blanca hacia la residencia amarillenta.
- Vamos, Winter. El doctor Deva nos espera –dijo el galeno tibetano, en tanto las hojas de la reja se abrían lentamente.
Ingresamos por un patio gris que tenía dibujado un enorme mandala en el piso.
Avanzamos hacia la residencia, pintada de distintos tonos de amarillo, de dos pisos, con grandes terrazas y dos escalinatas ubicadas a los costados de la morada. Un amplio portón pintado de un amarillo fuerte, con vidrios repartidos, era la entrada hacia un mundo místico y misterioso.
Al transponer la puerta nos encontramos con una espaciosa recepción. Algunos bancos de madera eran los depositarios de múltiples devotos, que meditaban a la espera de ver al Dalai Lama.
Varios monjes reponían el aceite de las variadas lámparas desperdigadas por doquier.
Una edificación de altos techos, numerosas columnas y estatuas de deidades budistas, daban un ambiente de profunda religiosidad.
Una enorme figura del Buda en oro, con incrustaciones de piedras preciosas, acaparaba la atención de los visitantes y la devoción de los monjes.
Nos salió al encuentro un hombre pequeño, de alrededor de 40 años, con una amplia sonrisa.
Se saludaron con mucho afecto con el doctor Tathagata, cruzando algunas frases en lengua tibetana.
- Le presento al doctor Kriya Deva, médico personal del Dalai Lama y uno de mis más entrañables amigos y colegas –dijo el doctor Tathagata-. Él es mi amigo el doctor Winter.
Nos estrechamos la mano.
- Es un gusto que nos visite, doctor Winter. Espero esté disfrutando su estadía –me dijo el doctor Deva.
- Desde luego. Me siento honrado de estar aquí.
- El Dalai Lama podrá recibirlos sólo unos minutos –nos aclaró, amablemente-Comprenderán que es una persona sumamente ocupada.
- Por supuesto –reconoció Tathagata-. Es un gran honor que pueda brindarnos unos minutos de su tiempo.
- Mientras se desocupa les mostraré la residencia.
Entonces nos ofreció una rápida recorrida por los interiores del palacio. Una sala de reuniones muy colorida y con una mesa de madera lustrada; la biblioteca, con más de 5.000 volúmenes; el pequeño museo con papiros antiguos, figuras de dioses budistas, fotografías y cuadros y, por último, la íntima sala donde el Dalai Lama recibía a sus invitados, con un sillón con estampados en amarillo y bordó, algunos butacones de cuero y una abigarrada decoración en la que destacaban un calendario tibetano, figuras de bronce de Buda, quemadores de incienso, algunos dorjes y cortinados típicos del Tibet.
- Cuando ingrese el sumo Dalai Lama –comentó el doctor Deva, dirigiéndose a mí- no debe extender su mano para saludarlo ni tocarlo en ningún momento. Sólo colocar sus palmas sobre el corazón e inclinar la cabeza. Él le hablará en inglés. Es políglota. Habla más de 30 idiomas.
Asentí con la cabeza y nos quedamos un momento en silencio.
De repente, la puerta se abrió y un monje vestido con su típica tonka roja y su namjar amarillo, colores típicos de la sabiduría y de cómo alcanzarla, se aproximó hacia nosotros con una hermosa sonrisa y un paso tranquilo. Su rostro era luminoso y de cálidas facciones. Tendría unos 40 años y llevaba unos lentes de marcos grandes.
- Tashi Deley –dijo, levantando su mano derecha en una clara bendición, en tanto nosotros juntábamos nuestras palmas sobre el pecho e inclinábamos nuestra cabeza.
- Tashi Deley –contestaron los doctores tibetanos.
Luego sabría que ese saludo significa “propicia y buena salud”.
- Tomen asiento, por favor –solicitó el Dalai Lama, con una voz sorprendentemente grave, sentándose en su sillón en la posición del loto.
- Él es el doctor Tathagata, de quien le hablé. Y el caballero es su amigo el doctor Winter –nos presentó Deva.
- Es un honor recibirlos en mi humilde morada –dijo, sonriendo.
- El honor es nuestro, Eminencia –comentó Tathagata, juntando sus palmas, en un gesto de devoción.
- Kriya me habló de ustedes. Me dijo que vienen de Lhasa.
- Correcto.
- ¿Y qué le pareció, mi amigo? –dijo el Dalai Lama, dirigiéndose a mí.
- Todo me parece muy sorprendente y misterioso en oriente. Lhasa me pareció una ciudad increíble, al igual que el monasterio de Drepung.
- Supongo que nuestra cultura le debe resultar extraña desde su óptica occidental.
- Sí. Mucho –afirmé.
- Sé que realizan una gran labor en Médicos sin Fronteras –nos dijo, demostrando estar muy informado-. Afortunadamente hay grandes organizaciones que ayudan a hacer el bien en el mundo y se prodigan por el otro. Porque, amigos, de eso se trata la vida simplemente. Ayudar, servir, amar.
Un joven monje se acercó con una bandeja en la que llevaba una tetera y cuatro tazas.
- ¿Gustan té? – nos preguntó.
Todos aceptamos.
- ¿De qué región es usted, doctor Winter? –preguntó el Dalai Lama.
- De Argentina –respondí-. El país más austral de América.
- Tengo pensado visitar Sudamérica a futuro. Es una región que, al igual que el Tibet, ha sufrido muchas intervenciones militares y actos de violencia –comentó-. Tibet fue una nación pacífica hasta que la China de Mao intentó quitarnos nuestros derechos, nuestras tierras, nuestra cultura. Lamentablemente debimos emprender un duro éxodo hacia la India, a través de los tortuosos caminos del Himalaya, junto a miles de fieles que nos acompañaron. Por fortuna el pueblo Indio nos recibió con los brazos abiertos y pudimos trasladar un trozo de Lhasa a este lejano territorio hindú.
- Debe hacer sido muy difícil, Su Santidad –dijo el doctor Tathagata-. Fue un verdadero desarraigo.
- Cuando nos vamos de este mundo, estimado doctor –reflexionó el Dalai Lama-. ¿Qué llevamos con nosotros?
- Sólo lo que somos y aprendimos –contestó el doctor Tathagata.
- ¿Entonces dónde está el desarraigo? No podemos adueñarnos de aquello que no nos pertenece. No dejamos nada de donde nos fuimos. La tierra, los palacios, las riquezas son solo cosas, que no podremos llevar en nuestra mortaja mortuoria. Y no deben atarnos. Ningún objeto terrenal debe amarrarnos. Ni siquiera nuestros afectos, porque también son transitorios. Nuestra cultura vino con nosotros, en nuestras costumbres, en nuestra filosofía, en nuestro conocimiento. Sólo eran necesarios algunos pequeños testimonios de nuestro legado cultural: papiros, libros, objetos rituales. Nada más. El hogar es donde te sientes en tu casa y te tratan bien.
- ¿Y no tiene miedo de que esa cultura ancestral desaparezca cuando usted ya no esté? –pregunté, intrigado.
- Mire, amigo. Las profecías más antiguas del Tibet predijeron todo lo que está ocurriendo, incluso una posible extinción de nuestra cultura. Por eso mi tarea principal es recorrer el mundo y predicar mis enseñanzas y hablar de mis ancestros y de mi cultura. Mi espíritu reencarnó 14 veces como Dalai Lama, como Bodhisattva, pero en realidad ésta es mi reencarnación número 85. Por lo tanto no sé si volveré a la tierra cuando muera o simplemente me acogeré mansamente en el Nirvana, junto a los seres angélicos del Reino de los Devas.
- Un gran poeta argentino, Jorge Luis Borges, expresó alguna vez “no esperes otro cielo ni otro infierno” –comenté, con ánimo de polemizar.
Tathagata y Deva me miraron consternados.
El Dalai Lama me miró a los ojos y rió con una risa casi pueril y desinhibida.
- Extraordinario concepto, querido doctor. Tan cierto como razonable, porque todos los planos están aquí y ahora. No debemos hacer un viaje extenso para arribar al plano astral, al devachán o al plano nirvánico o paranirvánico, ni tampoco a su cielo o a su infierno occidental. Todo está presente en el aquí y el ahora.
Sonreí, triunfal, en tanto a los doctores tibetanos les volvía el alma al cuerpo.
- Creo que debo leer a su compatriota Borges.
- Le aseguro que lo va a disfrutar, Eminencia –acoté.
- Siempre intento conocer culturas nuevas, visiones diversas de la realidad, leer libros de distintos países y épocas. Creo sinceramente que la verdad es un poliedro de infinitas caras, por lo cual es imposible conocer la Verdad Absoluta. Sería un acto de inmodestia y presunción creer que conocemos la Verdad, ya que la misma varía de acuerdo a la percepción que tenemos de la realidad y la realidad de cada ser humano es distinta.
- La mayoría de las religiones del mundo no tienen muy claro este concepto –afirmé-. Creen que lo que dicen sus Libros Sagrados son Verdades Absolutas y caen sistemáticamente en el más abyecto fanatismo.
Tathagata me miró extrañado, en tanto Deva parecía querer dar un giro a la conversación.
- Me encanta su manera de pensar, Winter –expresó el Dalai Lama, con una bella sonrisa, interrumpiendo al doctor Deva-. ¿Sabe por qué? Porque la duda es el principio de la sabiduría. ¿Pero sabe una cosa? Todos los grandes libros sagrados del mundo, de distinta manera y en distintas épocas, dicen lo mismo. Buda nació 500 años antes de Cristo y Mahoma 500 años después de Cristo. Y todos se nutrieron de las mismas ideas: el amor al prójimo, la búsqueda de la espiritualidad, la necesidad de abandonar las posesiones terrenales, el seguimiento de normas morales. El problema, y de ahí deriva el fanatismo que usted señala, es que hay enseñanzas que no son para todos. ¿Por qué cree que existen tantas sectas secretas en el mundo? Por la necesidad de preservar la esencia del conocimiento más oculto y ancestral. Cristo decía a sus discípulos que no debían “arrojar perlas a los cerdos”, en clara alusión a sus enseñanzas secretas, que indudablemente no eran para todos. El mismo Buda jamás reveló a la plebe el Sutra de las 4 Verdades Supremas ni los Secretos para alcanzar la Iluminación. Ni Mahoma ni Confucio ni los antiguos egipcios revelaron sus misterios sagrados. Por eso las religiones son básicamente simbólicas.

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

Me encanto este pasaje, amigo @Prometeo. Cuanta sabiduría la del Dalai Lama: "No podemos adueñarnos de aquello que no nos pertenece. No dejamos nada de donde nos fuimos. La tierra, los palacios, las riquezas son solo cosas,... Nuestra cultura vino con nosotros, en nuestras costumbres, en nuestra filosofía, en nuestro conocimiento."

Me quedo con estas palabras. Son la esencia de su filosofía.

Un abrazo, amigo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias amigo @Carlos_59 por Seguir la historia. Ya estoy agregando el desenlace del capítulo. Un abrazo

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

ATRAPANTE , ME TENES EN LAS REDES QUE DIBUJA TU PLUMA

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias @Anngiels_54 Es un tema sobre el que me apasionó escribir, ya que se encuentra muy cercano a mi sentir y a mi pensamiento.

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

ESTAS MUY EN EL TEMA, SE VE POR COMO LO VAS LLEVANDO, ME ENCANTÓ

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace más de 2 años

Sorprendente, es una cultura increíble, me llama la atención los colores llamativos, ya que se trata de relajar el espíritu estos son chillones y fuertes, admiró tanta sabiduría en tierras lejanas donde parece que el fin del mundo tenga su origen y meta. Por otra parte es la religión más antigua que la cristiana y musulmana por lo tanto debería estar dentro de las llamadas tres grandes oficiales, y sin embargo, relegada como parte de cultura, arte, tradición y costumbres un dogma y una forma de vida más que una religión que castiga y premia, con pecados e infiernos, ángeles y recompensas, supersticiosas más que devotas. Fanáticas ellas y autodestructivas, normas enrarecidas donde reina ambiente perdido. Gran reflexión por otra parte, no se atesora más que la propia esencia de la existencia, vienes al mundo sin nada y con ello debes marchar dejando de atesorar lo que a la tumba no te puedes llevar. Verdad Absoluta...totalmente cierto, quien dice saber tal Verdad cuando la realidad y percepción de cada uno es libre de pensar su verdad aunque está ni siquiera sabemos que exista???. Pues que es la Verdad si no una mentira más creada por la misma Verdad. Maravilloso mundo y una inmensa riqueza en está historia de sabia religión y cultura. Excelente @Prometeo, como siempre un tiempo para reflexionar.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias @TealOxen_98 Realmente es una cultura de la que tenemos mucho que aprender, con valores y profundidades absolutas. Me alegra que sigas la historia. Saludos.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace alrededor de 2 años

Como siempre, he quedado impresionada. Maravillosa manera de aprender. Concuerdo con lo dicho por el Dalai Lama.


#22

- ¿Qué opina, Santidad, de las Logias masónicas, maestros del simbolismo?
El doctor Deva se agarró la cabeza, en tanto Tathagata, sonrió resignadamente.
- La masonería tiene orígenes muy antiguos, ya que deriva de los constructores templarios –comentó el Dalai Lama, demostrando una vez más su enorme conocimiento y el profundo interés en la conversación-. Hay ramas que son muy orientalistas y son, sin duda, los maestros de lo oculto, de lo esotérico. He conversado largamente con Maestros Secretos Rosacruces y Martinistas y, más allá de sus indudables ambiciones políticas y económicas, poseen valores éticos y conocimientos ocultos muy destacables y valiosos. Creo sinceramente, que con el tiempo, la humanidad sólo tendrá una religión, que será un resumen póstumo de todas las religiones del mundo.
- ¿Cree eso posible, Su Santidad? –preguntó Tathagata.
- Estoy convencido de que en un futuro las religiones, las fronteras políticas y los idiomas se van a unificar y surgirá una nueva civilización, que será llamaba “La Raza de Bronce”, pero posiblemente surja luego de un holocausto ecuménico, después de guerras mundiales, pandemias bacteriológicas y de catástrofes climáticas sin precedentes.
- El apocalípsis –aclaré.
- Claro, el Juicio Final hebreo y cristiano, que habla de la llegada del Mesías. También el hinduismo relata en los Puranas la finalización de los Ciclos Cósmicos y la llegada de Kalki, el Mesías indio. El Budismo, a su vez, habla del final de los tiempos y de la llegada de Maitreya, que reemplazará a Buda en su mandato. Los tibetanos poseen profecías sobre el fin del mundo actual, en donde el rey Shambhala destruirá a Hanumanda (el equivalente tibetano del Anticristo). El Islam habla también de “La Hora”, el final que vendrá a través de terribles terremotos y nombra a Dajjal, suerte de anticristo que será destruido por Mahdi.
- ¡Cuántas coincidencias! –comentó el doctor Tathagata.
- ¿Se dan cuenta de que todas las religiones hablan de lo mismo, de distintas maneras? –preguntó el Dalai Lama-. Porque, aunque queramos diferenciarlas, las Verdades son únicas.
Todos nos quedamos pensativos durante un instante. Se respiraba una atmósfera de misticismo sorprendente. Mi espíritu estaba rebosante de emoción y de vibraciones positivas.
- Amigos, en un momento debo atender a una comitiva de lamas de distintos monasterios, así que deberé despedirlos –nos aclaró el Dalai Lama, con una enorme amabilidad y su sonrisa que parecía la de un niño-. Sólo quiero decirles, antes de que se marchen, de que el verdadero propósito de la vida es la felicidad y que ésta deriva de las propias acciones. Que siempre se puede ser amable y que la visión positiva siempre lleva a acciones positivas. Siempre debemos ayudar al otro, y si no puedes por lo menos no lo dañes. El amor y la compasión son necesidades, no lujos. Sean tolerantes y calmos. Piensen que a veces no conseguir lo que se quiere, es un golpe de suerte. La paz del mundo sólo depende de nuestra paz interior. Hay que ser agradecido y comprensivo. Podemos vivir sin religión, pero no sin afecto humano. Y recuerden que sólo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama Ayer y el otro Mañana. Hoy es el día correcto para amar, creer, hacer y vivir.
Se incorporó de su asiento y nos saludó con una inclinación de cabeza. Pero lo más asombroso de todo fue cuando se acercó a mí, me tomó de la mano y me dijo:
- No cambie nunca, Winter. Es un gran hombre. Sólo intente ser feliz. Es lo mejor que puedo aconsejarle.
Entonces se marchó, con su andar sereno, como un simple hombre recorriendo un mercado o una calle, sin apuro, disfrutando del día, lleno de simpleza y de una paz infinita. Había conocido a un hombre que cambiaría mi concepción de la vida para siempre.

Carlos_59
Rango14 Nivel 67
hace más de 2 años

"el verdadero propósito de la vida es la felicidad y que ésta deriva de las propias acciones. Que siempre se puede ser amable y que la visión positiva siempre lleva a acciones positivas."

Envidia sana me da el doctor Winter. Tuvo que ser una experiencia inolvidable esa reunión con el Dalai Lama. La paz que transmite y la sabiduria que regala...

Está bueno, pibe @Prometeo
Saludos.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias @Carlos_59 Sin dudas debe ser una experiencia única. La escribí desde la admiración y poniéndome en el lugar del doctor, a veces crítico y a veces sólo obnubilado ante el conocimiento. Un abrazo grande, amigo!!!!

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

REALEMENTE INTERESANTE Y ATAPANTE, JAAA ME VUELVO REPETITIVA PERO ME DEJAS SIN PALABRAS

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Me agrada mucho que puedas disfrutar la historia. Ese es el mejor premio para un escritor @Anngiels_54 Gracias por tus comentarios y por seguir la obra. Saludos.

EvJa
Rango6 Nivel 27
hace más de 2 años

Como siempre me dejas a la espera de más, sigue así. 😉

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

vamos por más, y si , nada mejor para alguien que escribe con el corazón que lo lean y sigan su obra

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Podemos vivir sin religión, pero no sin afecto humano. Sólo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama Ayer y el otro Mañana. Es impresionante @Prometeo como me parece nos has dejado a todos, sinceramente desconocía tal Sabiduría si sabia que vivían en aislamiento, y de sus conocimientos sobre religiones y yo diría teología, humanidad y humildad, más me quedo realmente sorprendida de donde procede tanta inteligencia y a la vez comprensión humana. Si las Verdades son únicas y el verdadero propósito de la vida es la felicidad y que está deriva de las propias acciones, quiere decir que seremos los propios humanos quienes con nuestras propias acciones crearemos, o en éste caso estamos creando el Apocalípsis, nuestra autodestrucción, siendo responsables de nuestros propios actos. Que mundo más extraño y complejo pudiendo ser tan sencillo y humano....Espléndido @Prometeo!!!

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace casi 2 años

Casi puedo sentir la energía positiva que se llevó consigo el Dr. Winter

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Imagino que sí. Debe ser una experiencia única @Chica_Purpura Gracias por darte una vuelta por esta historia

Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64
hace casi 2 años

Admiro tus manos, tu mente y tu alma, porque saben hablar a través de las palabras. 🙏

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Muchas gracias @Esu_Emmanuel Este capítulo me gusta particularmente. En él volqué mucho de lo que pienso y siento respecto de la vida. Gracias por leer y comentar.


#23

ÉBOLA, EL VIRUS DE LA MUERTE

A la semana siguiente de haber almorzado en casa del doctor Winter, nos reencontramos en una tarde fría y lluviosa.
Cuando arribé a su vieja casona, lo encontré sumergido entre sus libros, realizando apuntes en un cuaderno de tapas duras, con una lujosa lapicera estilográfica, ensimismado y con evidentes signos de un exultante entusiasmo.
- ¡Pase, mi querido amigo! –me dijo, afectuosamente-. ¡Qué gusto verle! ¿Qué trae en ese vistoso envoltorio?
- Un obsequio para usted, doctor.
- ¡Pero, hombre! ¡No se hubiese molestado! ¿A ver qué es? ¡Uh, maravilloso! ¡Un whisky escocés! ¡Nada menos que Johnnie Walker Platinum! ¡El elixir de los dioses! ¡Muchas gracias, estimado escriba!
- No tiene nada que agradecer. Es en retribución a la extraordinaria cena de la otra noche y a las historias que vendrán.
- Que serán muchas, amigo, se lo aseguro –presagió.
- Me quedé impactado con su última historia. No sabía que había conocido al Dalai Lama.
- Sí, una experiencia sin igual. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Él ya cumplió más de 80 años, renunció a sus cargos políticos, pero no al de líder espiritual. Recibió el premio Nobel de la Paz y, tal cual prometió, viajó varias veces a América, incluso vino cuatro veces a la Argentina. La última vez, en 2.011, lo fui a ver al teatro.
- Muy interesante. ¿Y qué anda haciendo con tantos libros desplegados sobre la mesa, realizando apuntes en su cuaderno?
- Trabajo de investigación. Uno de mis pasatiempos.
- ¿Y se puede saber en qué consiste su investigación?
- Sobre la misteriosa Atlántida.
- Mire usted.
- ¿Usted sabía que las primeras referencias sobre la Atlántida aparecen en dos libros de Platón? “El Timeo o de la Naturaleza” y, posteriormente, en el “Critias”. En el primero de ellos se hace referencia a la invasión Atlante a la región del Ática. En la segunda, se habla de la naturaleza del continente de la Atlántica, formas de gobierno, costumbres, geografía, economía e incluso sus orígenes divinos.
- No lo sabía ciertamente.
- Sin embargo Solón, quien vivió 300 años antes de Platón cuenta que en el antiguo Egipto ya se hablaba de una civilización avanzada conocida como Atlántida, narrado en un antiguo papiro llamado “Satni Khamoi”.
- Sus investigaciones siempre son muy extrañas, doctor. No me diga que su próxima aventura va a transcurrir en la Atlántida.
El doctor Winter rió largamente ante mi ocurrencia, en tanto servía dos tazas de café y traía dos vasos para probar el whisky.
- ¡No, amigo! ¡No soy tan viejo!
- Ya me estaba asustando.
- No, nuestra próxima aventura –aclaró- transcurre en el África, a mediados de 1.976, con la aparición de un brote epidémico que cobró demasiadas vidas: el Ébola, el virus de la muerte. Una trágica historia sin duda.

- Lo escucho, doctor.

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Cuando nos convocaron de Médicos Sin Fronteras aquel día de agosto de 1.976, nos informaron que habían surgido brotes epidémicos de una enfermedad desconocida, en áreas remotas del ecuador africano. Pronto descubrimos que aquellos brotes simultáneos se dieron en la ciudad de Nzara (Sudán) y Yambuku (Zaire, actual República Democrática del Congo).
Poco se sabía de esta novedosa epidemia, que fue bautizada con el nombre de Ébola, por haber surgido en las proximidades del río homónimo, cerca de la ciudad de Yambuku.
Se sabía que este virus era transmitido al ser humano por animales salvajes y era propagado en su transmisión de persona a persona. Surgido de la selva tropical se expandió rápidamente a las aldeas y poblaciones de mayor densidad.
Dos grupos numerosos, de alrededor de 50 personas cada uno, entre médicos, enfermeros y personal técnico y logístico, nos dividimos para cubrir ambos focos epidémicos.
Mi grupo, arribó a la ciudad de Yambuku, Zaire, cerca del mediodía. En dos horas armamos el campamento, en las inmediaciones de aquel pequeño pueblo en la provincia de Mongola, a más de 1.000 kilómetros al noroeste de la capital del país, Kinshasa.
Este pueblo, que no poseía agua corriente ni electricidad, tenía un pequeño hospital carente de las necesidades básicas que debe poseer un centro asistencial. Sin radio, teléfonos ni ambulancias, la comunicación era realizada por mensajeros en moto. Aquel era el estado de abandono y decrepitud de ese pueblo perdido en el medio de la nada.
Cuando nos contactamos con los escasos médicos del hospital, a través de un intérprete lugareño, comenzamos a entender la enfermedad. Nos dijeron que al aparecer los primeros casos creyeron que se trataba de malaria, por lo que la trataron con quinina. Pero al no surgir efecto la medicación e ir apareciendo nuevos síntomas, comprobaron que estaban ante la presencia de un nuevo virus.
Los síntomas eran visibles: fiebre muy alta, debilidad, sangrado profundo de orificios, vómitos, diarrea aguda, dolores de pecho, cefalea y estados de agitación y delirio.
El equipo médico, formado por 15 personas, era bastante joven, salvo por dos epidemiólogos de trayectoria que lideraban el grupo.
Junto con un joven médico pediatra colombiano y un cardiólogo español, conformábamos una agrupación de apoyo y de salvataje, una especie de grupo de choque para efectuar los primeros controles y atacar los síntomas.
Nos habían recomendado estrictas normas sanitarias de precaución, ya que nos enfrentábamos a un virus que todavía no se sabía cómo respondía, razón por la cual toda medida era escasa. Barbijo, guantes, gorro, permanente higiene de manos, limpieza del calzado e incluso un profiláctico contacto con el paciente, nos permitía minimizar riesgos y prevenir infecciones.
Pero cuando salimos con los camiones, visitamos el hospital y transitamos aquellas miserables aldeas, plagadas no sólo de enfermedades, sino también de pobreza, hambre y abandono, nos resultó imposible eludir el contacto humano. ¿Cómo hacíamos para negar un alimento a un niño desnutrido, evitar una caricia a un anciano enfermo o dejar de preguntar por el estado de una joven embarazada?
Los manuales de la medicina tradicional hablan claramente de la necesidad de tomar distancia con el paciente, ya que el involucramiento personal puede significar una traba emocional al momento de la atención.
Pero la realidad nos dicta que antes de ser médicos somos personas, por eso era sumamente difícil mantenerse al margen de las secuelas de aquella nueva enfermedad, que apenas sabíamos cómo tratar.
Aún hoy día no se ha descubierto una vacuna para curarla, así que entonces nos encontrábamos inermes ante sus mortales efectos. ¿Qué sabíamos realmente de la enfermedad? ¿Qué fueron descubriendo los epidemiólogos en medio de esa crisis pandémica? Que sólo se podía realizar un tratamiento sintomático, con medidas de apoyo. Es decir, ante la fiebre se suministraron aspirinas, pero luego se determinó que el ácido acetilsalicílico de su composición generaba riesgos hemorrágicos. Por lo tanto comenzó a utilizarse acetaminofén para bajar la fiebre, ya que esta droga no presentaba contraindicaciones. Ante los síntomas de hemorragias se administraron líquidos por vía endovenosa, como así también concentrado de plaquetas o transfusiones de sangre. Además era necesario llevar un estricto control de los signos vitales, como frecuencia cardíaca, pulso o presión arterial, a fin de evitar un estado de shock.
Uno de los epidemiólogos, experimentó con un suero hiperinmune, a base de plasma sanguíneo de aquellos que experimentaron síntomas leves o estuvieron en contacto directo con enfermos, y sin embargo no contrajeron la enfermedad. Pero los resultados no fueron los esperados.
Era la primera vez que me pasaba de no saber cómo reaccionar ante una catástrofe. No había vacuna, píldora, suero ni protocolo establecido para tratar la enfermedad.
Nos dimos cuenta sin embargo, que la detección prematura de los síntomas y el ataque rápido de las consecuencias minimizaba tangencialmente el avance del virus.
Las pruebas de laboratorio, sobretodo hemogramas, nos aportó un método eficiente de detección del virus, ya que era notoria la disminución de los glóbulos blancos en los infectados. A su vez, se observaba la elevación de la cifra de hematocrito, determinando el estado de deshidratación del paciente.
Así que, en vista de estos hallazgos, fuimos creando un protocolo de detección, control y tratamiento del virus que nos permitió salvar muchas vidas.
Pero la muerte, siempre implacable y feroz, se alzó con más del 60 por ciento de los pacientes infectados.
Cientos de cadáveres, con imparables hemorragias internas y externas, eran amontonados como bolsas de basura en las inmediaciones del campamento, produciendo olores pestilentes y generando nubes de moscas y aparición de amenazantes alimañas.
Además, aquel acopio de occisos representaba un foco infeccioso de alta peligrosidad.
Por esta razón decidimos cavar fosas comunes, arrojar los cadáveres y echar cloro sobre ellos, ya que este elemento elimina el virus. Posteriormente, cubrirlos de cal para favorecer la desaparición de las partes blandas y evitar la emanación de malos olores. Y por último, cubrir con tierra las fosas.
Creo que es innecesario aclarar lo difícil y doloroso que significó realizar esta tremenda tarea, tanto para el grupo de Médicos sin Fronteras como para los voluntarios autóctonos que nos ayudaron tan generosamente.
Ver a los familiares y amigos de las víctimas llorar con desconsuelo ante la pérdida irreparable de sus hermanos, hijos, esposos, amigos y vecinos, era un espectáculo sobrecogedor y doliente.
El pueblo africano se desgarraba en llanto ante aquella tragedia inesperada y fatal, que arrasó más de 11.000 vidas.

continua...

Cinderink
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hace más de 2 años

Siempre consigues sorprenderme gratamente, @Prometeo. No solo lo impecable del relato, sino la exactitud de la información con la que nos provees hacen de ésta y otras de tus historias verdaderas piezas de coleccionista dentro del insondable océano de sttorybox. No hace falta que diga que es un gran trabajo. Espero impaciente su continuación.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Muchas gracias @Cinderink Me alegra mucho que te guste la historia. Sólo un like y cuelgo el final de la historia, que creo te va a gustar. Siempre intento dejar en cada relato un mensaje que haga reflexionar. Espero conseguirlo. Saludos

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

has plasmado con tu pluma cada imagen, leerte es ver cada uno de los cuadros que vas pintando con cada letra, cada palabra cada oración , pintas con letras @Prometeo

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

como no seguirla, me atrapó desde el principio, hace tiempo que nada me atrapa así, y me llena de emoción como cuando leía en mi adolescencia

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Parece mentira, siempre he pensado que el Ebola era endémico de la República Democrática del Congo y otros dos países de África, siendo la malaria endémica de Sudán. Otra cosa que no alcanzó a entender es que se dice que el virus es primigenio, y sólo se encuentra en lugares remotos de aquellas tierras donde parece que las sombras de la muerte y desesperación moran a sus anchas, y que no son en si peligrosos si no se remueven de sus recónditos lugares, más se sabe que el continente africano es muy valioso, rico en minerales, abundante en oro y piedras preciosas, petróleo, recursos naturales como el agua, en ciertos lagos y ríos, animales, árboles cuya madera es muy valiosa etc....Cada vez que te leo y disculpa mi comentario @Prometeo, me asalta una especie de ira, sobre todo cuando tus historias se refieren a la hambruna, y enfermedades de estos países, ya que todos sabemos en pleno siglo XXI las grandes riquezas de los mismos son explotadas por franceses, ingleses, holandeses, norteamericanos, belgas etc...y estos a su vez untan al Presidente de cada país miserable para que éste a su vez explote y reviente a su propia gente con el beneplácito de la ONU y millones de Organizaciones Pro Vida. Pero claro, si los indígenas acompañan a los majestuosos turistas de punta en blanco a lugares donde poder cazar Buenas piezas de marfil a cambio de dos bricks de vino aguado...Que más da, que el mundo no dejará de girar por el tercer mundo, que gracias a éste se vive y se vive muy bien. No se como el Dr.Winter no explotó jamás de desolación y furor...estaba intentando meter el océano en un poza de agua. Lo siento @Prometeo, lo pienso cuando lo leo y lo escribo como lo siento. Excelente e impresionante!!!!

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

@TealOxen_98 Gracias por Seguir la obra y por tus precisos comentarios. Entiendo la irá que pueden despertarte ciertas historias. En realidad la idea es que despierte en los lectores reflexión y conciencia del mundo en el que vivimos que sin duda entre todos podemos mejorar. Posiblemente al dr. Winter le pasen cosas semejantes y tenga esos sentimientos. Pero el decidió enfrentarlos sirviendo y ayudando. Un abrazo


#24

Por la noche, en el campamento, se organizó un fogón, dando comida y cobijo a muchos refugiados, niños y adultos, que no podían volver a sus hogares hasta que se desinfectaran las viviendas y comercios de la aldea.
Entre todos, aún sin entender el idioma, los rituales o las costumbres del otro, trabajamos juntos para limpiar, cocinar y organizar aquella comilona pública.
Puedo asegurar que no existe en el mundo un corazón más fuerte, aguerrido y esperanzado que el de los pueblos africanos. Acostumbrados a la pobreza, la hambruna, las enfermedades, las represiones militares, la falta de recursos y de trabajo, e incluso a ser sometidos a la esclavitud y a la ignorancia impuesta por cruentos regímenes de gobierno, han desarrollado una fortaleza anímica y una resiliencia de acero para sobreponerse a cuanta catástrofe natural, debacle política o avatar del destino que osara cruzarse por su camino.
Luego de haber comido y bebido, entre rostros cansados y sonrisas de esperanza, un grupo de aldeanos entonó una serie de cantos de estilo “negro spiritual”, con unas voces increíbles, de extraordinaria afinación y sentido musical. Parecía que esa música íntima y ancestral brotaba de su sangre, de sus entrañas, de la esencia de sus propias almas.
Todos, en círculo, bajo un cielo abigarrado de rubias estrellas, con lágrimas en los ojos, acompañamos con acompasadas palmas esos cantos antiguos que emergían de lo profundo de la tierra, del corazón mismo del África, esa tierra desafiante que aún espera una oportunidad de ser libre por siempre y para siempre.

Yosoydanygodoy
Rango11 Nivel 50
hace más de 2 años

Oh querido doctor winter... Cada aventura me llena de sorpresa, genial :3

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

excelente amigo espero otra anécdota de este Dr tan humano que me hace sentir que los médicos de hoy debieran leer tu historia, porque el bolsillo les ha enceguecido el corazon

Sheikof
Rango8 Nivel 36
hace más de 2 años

@Prometeo agradezco que me mantengas al tanto de tu trabajo, como ves, estoy muy atrasado con la lectura del mismo; por ahora no dispongo de mucho tiempo; pero haré un apartado estos días para leer cumplidamente. Saludos mi amigo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace más de 2 años

Gracias, amigo @Sheikof Es un gusto que puedas pasar cuando quieras. Las puertas están abiertas!!! ja ja Un abrazo

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

No lo entiendo @Prometeo, lo siento, tal vez no sea quien para juzgar más pienso que el pueblo africano como los aborígenes australianos, los indios nativos norteamericanos fueron y siguen siendo despojados de su libertad, tratados como escombro, mirados como útiles residuos del primer mundo. Ellos y más en África ya que los restantes se están auto extinguiendo a través de la natalidad, no queriendo dejar herencia a dominio impuesto, que los somete a la esclavitud perpetúa, siguen trayendo al mundo a seres que a su vez serán esclavos de los que se hacen llamar Naciones Unidas, Pro Vida en Derechos humanos y milongas varias para financiarse un negocio sin precedentes. Pienso y así lo escribo que África es de los africanos, con sus tradiciones, cultura, riquezas y muchas, sus costumbres, más también con personas que den a Continente tan castigado y explotado lo que le pertenece. No un mendrugo de pan y anuncios en la televisión que falta no les hace, si presidentes no manipulados ni comprados por un chavo para seguir en lo que es su verdadera pandemia endémica...Una mentira que vende y compra almas a la atención grata de los países denominados primer mundistas que de humanos tienen hasta que les tocan el bolsillo....Que agónico es éste salvaje humano!!!


#25

DESPIDIENDO A UN AMIGO

Cierta noche, mientras hilvanaba algunas de las historias de mi entrañable amigo el doctor Winter, sentado frente a mi notebook, oí el insistente timbre del teléfono. Era tarde. Me extrañó que alguien pudiera llamarme a esas altas horas del día. Imaginé que sólo un espíritu noctámbulo, proclive al desvelo y la vigilia podría profanar la quietud de esa noche apacible.
- Buenas noches –dijo una voz quejumbrosa al otro lado del teléfono.
- ¿Doctor Winter? –indagué, reconociendo el inconfundible tono de su voz.
- Sí, estimado amigo. Disculpe que lo moleste a estas horas. ¿Acaso dormía?
- No, doctor. Soy como los vampiros. Me despierto cuando cae el sol en el horizonte. La noche es mi hábitat natural y el mejor momento del día para mí. Sobre todo cuando deseo leer y escribir.
- Coincidimos en eso, Sergio.
Hizo un largo silencio. Aguardé en vano que explicara el motivo de su llamado.
- ¿Pasó algo, doctor?
- Me temo que sí, mi amigo. Una fatalidad.
Hubo otro largo y pesado silencio. Sentí que debía sacarle las palabras con tirabuzón.
- ¿Se siente bien? ¿Puedo ayudarlo en algo?
- Me avisaron hace unas horas que falleció mi querido amigo el doctor Máximo Izarriaga.
- ¡Oh! ¡Lo lamento mucho! –exclamé, sabiendo lo que significaba esa noticia para Winter.
- ¡Gracias! Era un viejo amigo, muy entrañable para mí. Vivimos juntos grandes historias. Momentos imborrables.
- Lo sé, doctor –afirmé-. ¿Estaba enfermo?
- Sufría de cáncer pulmonar. Sólo lo supe hace dos días atrás, cuando me llamó y me pidió que lo visitara en su casa, antes de ser internado. Quería despedirse y entregarme un sobre con cierta documentación que me confió de manera muy personal e íntima. Era una persona muy reservada.
- ¿Un sobre? –pregunté, con curiosidad.
- Sí. Un sobre que contenía su más sagrado arcano. Un secreto que ocultó hasta su muerte y que ahora solo yo conozco.
- ¡Muy intrigante! Presumo que debe haber una apasionante historia detrás de ese secreto.
- No le quepa la menor duda. Y si promete mantener el “secreto de confesión” tal vez se la cuente luego. Pero ahora lo llamo para pedirle un favor.
- ¡Sí, claro, doc! Dispare nomás.
- Mire, no soy muy afecto al protocolo. Detesto los eventos sociales, sobretodo de esta índole, pero no puedo evitar darle el último adiós a mi amigo y presentar mis condolencias a su familia.
- Desde luego. Son trámites ingratos, pero a veces hay que pasar el mal trago. No queda otra posibilidad.
Nuevamente hizo una larga pausa en el teléfono.
- ¿Usted quiere que lo acompañe al velatorio?
- ¿Haría eso por mí? –preguntó, aliviado.
- Por supuesto. En 20 minutos paso a buscarlo con el auto y lo acompaño.
- Muchas gracias. Es usted un verdadero amigo.
Colgué el auricular del teléfono y me apresté a vestirme para la ocasión. La vida se encarga de repartir las barajas de manera sorprendente y azarosa. Esa noche, terminó siendo mucho más interesante de lo que podía presumir cuando comenzó. El doctor Winter siempre se las ingeniaba para mantenerme entretenido.
Cuando pasé a buscarlo por su casa, ya se encontraba listo, vestido con un ambo negro, corbata gris y un chaleco de franela escocesa de donde pendía la cadena de su viejo reloj de bolsillo. A pesar de su edad, en el albor de los 70 años, su estampa quijotesca mantenía aún su refinada elegancia y su distintivo aire de dandy británico.
Estaba algo circunspecto y callado. Sin dudas, sumido en un estado de melancólica tristeza.
Arribamos a la casa de velatorio al filo de la medianoche.
Reconozco que esos ámbitos funerarios jamás despertaron mi simpatía. Ese gran negocio que se genera alrededor de la muerte me parece de una mendacidad intolerable. Lucrar con el ritual mortuorio, ante la indefensión de los deudos, resulta casi una ofensa a la moral y a los mejores valores de la condición humana.
El doctor Winter, personaje ilustre de aquel pueblo chico de provincia, era casi una celebridad, no sólo por su enorme trayectoria profesional sino por el reconocimiento de la gente ante sus cotidianos actos de abnegación y sacrificio por la comunidad. Por este motivo, no hubo persona que no se acercara a saludarlo durante el tiempo que permanecimos en la cochería fúnebre.
- ¡Querido doctor! –lo saludó el intendente de Ceibales, dándole un fuerte apretón de manos.
- ¿Cómo está, Valladares? –replicó Winter.
- Aquí estamos. Despidiendo al amigo Izarriaga. Una gran pérdida sin dudas.
- Claro que sí –asintió Winter, compungido.
Un caballero regordete, de gruesos bigotes, se acercó a nosotros, sumándose al grupo.
- Winter, querido amigo. ¡Qué gusto verlo! –dijo, palmeándole el hombro.
- Marín, ¿cómo está? ¿Cómo va la dirección artística del Auditórium?
- No tan bien desde que dejó de asistir a nuestros conciertos, doctor.
- Salgo poco, como usted sabe –se disculpó Winter.
- Creo que desde la época gloriosa de la inauguración, cuando todavía estaba con nosotros la finadita Marisa montes (¡que en paz descanse!) que no lo veo por allí.
- Puede ser –afirmó Winter, con aire distraído.
- Justamente la señora Margaret, la tía de Marisa, acaba de llegar hace unos instantes. Apreciaba mucho a Máximo, sobre todo desde que se transformó en su cardiólogo de cabecera.
- ¿Está aquí la tía Marga? –consultó Winter.
Apenas dijo esto, una mujer de alrededor de 80 años, alta y elegante, se acercó a saludar.
- Mi queridísimo doctor. ¡Qué gusto verlo! ¡Me tiene abandonada! Hace mucho que no asiste a mis loterías de beneficencia ni a mis eventos sociales.
- Hace mucho que no asisto a ningún lado en realidad, querida Marga –contestó Winter, dando un beso en la mejilla a la dama-. Los compromisos sociales se han convertido para mí en un trámite molesto e intolerable.
- Se ha transformado, según veo, en un viejo y protestón ermitaño –bromeó la tía Marga-. ¿Qué me cuenta de esta desgracia? Mi pobrecito y querido doctor Máximo. Sé que lo apreciaba mucho y él solo hablaba maravillas de usted.
Winter sólo atinó a mover su cabeza negativamente, con un gesto de tristeza y desconsuelo.
Aquel ámbito me empezaba a resultar sofocante. La calefacción estaba alta y el olor de las flores de las coronas y los floreros me asfixiaban.
Recorrí el ambiente con la mirada. Sillones de cuerina blancos y negros y algunas mesas ratonas provistas de platos con sándwich y galletitas y carameleras de vidrio, representaban el sobrio mobiliario. Algunas pinturas antiguas y de dudoso gusto pictórico y los amplios y pesados cortinados, sucios y rumbosos, contrastaban con el empapelado de flores de las paredes.
Una mujer joven se acercó a convidarnos café, que ambos aceptamos. Estaba muy caliente y empalagosamente dulce.
- Venga, Sergio. Vamos a saludar a los deudos –propuso Winter.
Nos acercamos al pequeño grupo familiar: su esposa, su hija, hermanos, sobrinos.
- Gracias, Sebastián, por venir – dijo Grisel, su esposa-. Valoro tu presencia. Sé lo mucho que lo querías y lo difícil que te resulta estar aquí.
Winter la abrazó un largo rato y le murmuró algo al oído, que ella agradeció con una sonrisa y un movimiento de cabeza.
- ¿Cómo no me dijeron antes? –reprochó Winter.
- El no quiso preocupar a nadie. Ya sabes cómo era. No le gustaba molestar –argumentó su esposa-. A mí me habló de su enfermedad casi sobre el final. La soportó con mucho estoicismo y en soledad.
Me alejé un instante del grupo, dando espacio para que hablaran en intimidad y para que Winter se acercara al féretro de su amigo a darle el adiós definitivo. Casi sin querer quedé detrás de un par de matronas, damas de la alta sociedad pueblerina, sesentonas y conocidas en el pueblo no sólo porque habían enviado a sus respectivos maridos al cementerio hacía mucho tiempo, sino también por su fama de chismosas.
La señora Brandy, una dama distinguida, muy ceremoniosa y afectada, famosa por su prodigiosa memoria, y la señora Antier, de apariencia contrastante, obesa y pintarrajeada, quien tenía la costumbre de escrutar a las personas con un arcaico impertinente de carey, eran un par de mujeres sumamente peculiares y disparatadas. Me entretuve un instante atendiendo su grotesca y graciosa conversación.

continua...

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Reconozco que como el personaje de tú historia los ámbitos funerarios no sólo no son de mi simpatía, intento no asistir y gracias a mis turnos tan dispares prefiero cubrir a un compañero las veinticuatro horas que asistir una hora a un festín donde el que menos honores tiene es que se va. Siendo provecho de muchos para cotilleo de mal gusto, de morbosidad, de conversaciones más sustanciosas y como no, gran negocio el de la muerte que ni muerto te dejan tranquilo. Como bien dices, lucrar con el ritual mortuorio, ante la indefension de los deudos, resulta una ofensa a la moral y a los mejores valores de la condición humana. Describes el ambiente propio de un evento asfixiante, la calefacción demasiado alta, el tremendo olor empalagoso de las flores de las Coronas y floreros que muchas veces son entregados por invitados no deseados.Platos con sándwich y galletitas junto a las carameleras de vidrio, pues sinceramente tras la pérdida de un ser querido un tentempié es un atragantó que un gusto al cuerpo en un momento tan doloroso. Si te das cuenta @Prometeo en todas o casi todas las religiones incluyendo las religiones tribales se da más importancia al acontecimiento de un velatorio que no al propio muerto que a un nacimiento, a veces pienso que deberíamos evolucionar en muchos aspectos, en mi opinión seríamos un poco más coherentes con nuestros principios, menos fariseos con nuestros actos, más humanos con nosotros mismos. Excelente como siempre @Prometeo, tus historias son un verdadero lujo!!!!. Un abrazo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Gracias @TealOxen_98 como siempre por tus profundos comentarios. Es un mal trago sin dudas asistir a un velatorio. Un acto de una morbisidad terrible y como siempre herencia de nuestros hábitos religiosos. Gracias por Seguir la historia

Anngiels_54
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hace alrededor de 2 años

estuve distanciada de este mundo y he vuelto a leerte

Anngiels_54
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hace alrededor de 2 años

voy por "el hombre que murió dos veces", sigue encantándome el dr Winter


#26

- ¡Hace tiempo que no nos veíamos, querida! –se lamentó la sra. Antier.
- Sí, exactamente desde el 17 de agosto próximo pasado, el día del ágape de la familia Álzaga Etchegaray con motivo del bautismo de una de sus hijas y que tuvo aquel imprevisto y deplorable desenlace, cuando la mayoría de los invitados acabaron zambulléndose en la piscina de la finca a consecuencia de la general borrachera.
- ¡Cierto! ¡Espantosamente cierto! ¡Qué espectáculo bochornoso!
- ¡Y aleccionador! –agregó la sra. Brandy-. Ya que fue un escarmiento para la insufrible ama de casa, quien vino a dar con su paquidérmica humanidad dentro de la pileta, empapando su flamante estola de chinchilla con la que hizo ostentación durante toda la velada.
- ¡Cierto! ¡Justicieramente cierto! –aprobó la sra. Antier -. En mis 49 años de vida nunca había visto un espectáculo tan lamentable.
- ¿49 años? –dudó la sra. Brandy, con una sonrisa – Y dígame, querida Gertrudis, ¿en qué ha estado matando el tiempo?
- ¡Oh, en nada importante, querida Violeta! Observando a la gente… y haciéndome cruces. ¡Qué depravada es la gente! –comentó la sra. Antier, persignándose-. ¿Querrá creerme si le cuento que acabo de ver a nuestra común amiga, la viuda de Marino Iturberea, coqueteando descaradamente con un jovencito imberbe que podría ser su hijo?
- La lozana, rozagante y atractiva viuda de Marino es una dignísima cultora de nuestro folklorísimo arte de la mala memoria. Yo diría que lo practica en grado amnésico.
- ¿En grado amnésico? –preguntó la sra. de Antier-.
- Sin dudas. No hace aún dos meses que quedó viuda, ¿verdad?
- ¿Dos meses? –dudó la sra. Antier, tratando de recordar.
- Sí. El deceso de Marino se produjo el 28 de abril a las catorce horas y quince minutos –aseguró la sra. Brandy, apelando a su impecable memoria.
- ¿Si?
- Recordará usted lo desconsolada que se hallaba la pobre, jurando que jamás volvería a poner los ojos en otro hombre.
- ¡Cierto! ¡Lastimosamente cierto! En mis 49 años de vida no había visto tanta congoja por una muerte.
- El caso es que transcurrida la primera semana, empezó a fallarle la memoria. Sus lagunas se transformaron en caudalosos lagos. Y hoy día no existe un hombre soltero en varias millas a la redonda que no haya visitado la alcoba de la desconsolada viuda.
- ¡Cierto! ¡Escandalosamente cierto!
Mientras me divertía escuchando como aquellas matronas diseccionaban retóricamente a la viuda de Iturberea, lo vi al doctor Winter acercarse. Ambas señoras fueron a su encuentro.
- ¡Queridísimo doctor! ¡Qué gusto enorme verlo! –lo saludó la sra. Brandy, con un doble beso a la francesa.
- ¡El gusto es todo mío! –replicó Winter y preguntó, con marcada ironía:- ¿Cómo andan las damas más finas y elegantes de todo Ceibales?
- ¡Ay, doctor! ¡Qué cosas dice! –exclamó la sra. Antier, con marcada coquetería-. Ya con mis 49 años de vida he ido perdiendo la elegancia.
- ¿49 años? –volvió a marcar la sra. Brandy, arrugando los labios.
- Está impecable, estimada sra. Antier –aduló el galeno, mordazmente-. Y evidentemente gozando de excelente salud, lo cual atenta sin dudas contra mi bolsillo, ya que no ha padecido durante los últimos cinco años ni siquiera de un fugaz constipado que me reditúe una mísera ganancia.
- ¿Cinco años? –consultó la sra. Antier, distraídamente.
- Sí, exactamente desde aquella ocasión en que acerté a curarle una úlcera estomacal. ¿Lo recuerda?
- ¿Cinco años ya?
- Creo que sí. A ver… -afirmó Winter, buscando algo en el bolsillo de su saco-. Mire. Aquí tengo esta preciosa cigarrera de plata que usted me obsequió en aquella oportunidad, en agradecimiento a mis servicios profesionales.
- ¡Todavía la conserva usted! ¡Qué gentileza! –exclamó la sra. Antier, con emoción-.
- Sí. Y aquí está la fecha en su reverso. Agosto del año 2012. ¡Me parece que celebraba usted por esos días, por tercera o cuarta vez, sus famosos 49 años!
No pude aguantar la risa cuando escuché esa magnífica ocurrencia de aquel sarcástico e ingenioso caballero andante.
La sra. Antier se retiró muy enojada, sin saludar, en tanto la sra. Brandy no podía contener su hilaridad.
- ¡Qué poco tacto el suyo, doctor! –comentó entre risas la sra. Brandy-. Le ha inferido usted la peor ofensa que la pobre pueda soportar. Es seguro que cambiará de médico.
Luego de aquel episodio nos retiramos de la casa de velatorio. A pesar de su evidente tristeza, relacionada con la muerte de su amigo Máximo, reímos todo el camino de vuelta, recordando la reciente anécdota.
- ¿Está cansado, amigo? –preguntó Winter, cuando llegamos a su casa-. Hoy será sin dudas una larga noche de insomnio para mí. ¿Gusta tomar un café? Le prometo una jugosa historia para agregar a su haber.
- Si es así, acepto gustoso.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Jajajajajaja típicas conversaciones de un velatorio, y es que deberían inventarse uno a la semana para entretenimiento de los más adeptos, pues hay quien viste sus mejores galas, despliega como lenguas viperinas, ríe como en un Circo de Contorsionista, y se muestra tal y como es...Patético. Pobre Doctor Winter, que largo camino arrastra y bien conoce la condición humana, pues en la cara le ha dado a la remilgada Dama con un humor de desparpajo y sorpresa desgarbada. Está parte de tu historia es una de mis preferidas @Prometeo con que sutileza ha dejado a la rapiña en su estado. Jajajajajaja. Espléndido!!!

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Ja ja. Si @TealOxen_98 Un toque de humor y un escarmiento para castigar lo fatuo y la bajeza humana.


#27

SECRETOS EN LA MADRUGADA

Sin dudas sería aquella una larga y fructífera noche para mí, ya que el doctor Winter, presa de su insomnio y su impulso de repentina confesión, me daría sobrado material para aportar a mis crónicas.
Entre café, amarettis y whisky, el diálogo fluyó como un manantial fresco y abundante.
La noche, fría pero apacible, sólo era profanada por el viento cansino que silbaba entre la ramazón de las arboledas y por el lejano ladrido de algunos perros barulleros.
Winter atizó los leños de la vieja chimenea, que crepitaron con un crujiente chisporroteo.
Nos quedamos mirando el fuego, hipnotizados. Las lenguas ígneas bailoteaban como en una danza macabra, consumiendo los troncos de quebracho que alimentaban el hogar.
- ¿Qué habrán pensado los primeros hombres que descubrieron el fuego? –comentó Winter, como siguiendo el hilo de mi pensamiento-. ¿Habrán sentido curiosidad? ¿Miedo? ¿Habrán creído que era magia o hechicería?
- Los pueblos antiguos tenían muchos rituales relacionados con el fuego. Lo consideraban sagrado –agregué.
- Porque el fuego es símbolo de vida, de energía en movimiento. Es una fuerza mágica de la naturaleza. Los alquimistas le daban una preponderancia especial en la búsqueda de la piedra filosofal y en el proceso de mutación de los metales.
- Existen muchos ritos tribales, de sacrificios, de consagración, de iniciación secreta que incluyen el fuego como elemento primordial -aporté.
- Pero el fuego, como los hombres, también se apaga. Y sólo queda de él cenizas, tibias pavesas. ¿Qué quedará de los hombres cuando nos apagamos, cuando se consume nuestro fuego interno?
Ambos nos quedamos ensimismados, siguiendo la línea de nuestras propias elucubraciones. Sin dudas, la idea de la muerte y de lo que vendrá nos rondaba con sus insondables y misteriosos presagios.
- No tengo miedo a la muerte, querido amigo. He lidiado con ella durante muchos años. Le vi la cara en más de una oportunidad frente a frente. Pero me causa, por un lado, una intriga acuciante y, por otro lado, un sentimiento de impotencia ante los estragos que ocasiona y las consecuencias que genera.
- Es lógico que tenga estos pensamientos luego de perder a su gran amigo.
- Todavía no lo puedo creer, Sergio. Saber que no podré charlar con él, pedirle una opinión médica, prestarle un libro, recibir una llamada suya, escuchar sus ingeniosos chistes, recibirlo en mi casa con un asado y un buen vino. A veces no nos veíamos por mucho tiempo, cada uno con sus ocupaciones. Pero sabía que podía verlo cuando quisiera. Y que contaba con él para lo que necesitara. Sólo tenía que levantar el teléfono o enviar un mensaje de texto. Eso es lo más terrible de la muerte. Que nos arrebata la disponibilidad del tiempo, la ocasión de compartir momentos y experiencias.
- Pero le quedan hermosos recuerdos, doctor. Anécdotas para rememorarlo. Sólo tiene que abrir el cajón correspondiente y buscarlo. Y allí estará, como siempre.
- ¿Se da cuenta que frente a la muerte somos todos iguales? Los que tienen fe, los que no creen en nada, los que sueñan con el Paraíso, los que temen el Averno, los adinerados, los pordioseros, los buenos, los malos. Padecemos la muerte de igual modo y tenemos las mismas terribles incertidumbres frente a ella –argumentó Winter.
- Tal vez, querido doctor, la fe tiñe de esperanza el momento supremo de la muerte y crea otras expectativas. Quizás, incluso, nuestras acciones terrenales determinen efectos bien distintos para cada persona ante la inminencia del día final.
- Siempre y cuando exista el Bien y exista el Mal y aquello que algunos incautos denominan “Justicia Divina” –corrigió Winter-. Y todo eso corresponde sólo al campo de la pura especulación.
- Puede ser, doctor. Pero quiero creer que un médico abnegado, comprometido y honesto como usted merece ante cualquier opinión o jurado, terrenal o celestial, una consideración distinta de la que merece el médico que sólo se dedicó a lucrar con la enfermedad ajena y se olvidó de los verdaderos principios y juramentos que su investidura le impone.
- ¿Eso pretendió ser un halago? –dijo Winter, con una sonrisa.
- Sin dudas lo fue –afirmé.
- Bueno, no importa. Ya nos enteraremos a su debido momento de qué se trata este trámite tortuoso e inevitable de la muerte. Vayamos a lo nuestro.
- De acuerdo. ¿Y qué es lo que me tiene reservado?
- Una gran historia, relacionada con mi querido amigo Máximo Izarriaga. Su más grande historia. Su más grande secreto.
- Lo escucho.
Sorbió un trago de café, se cruzó de piernas en su mullido sillón y reclinó su cuerpo buscando la comodidad del respaldar.
- Máximo, además de un gran amigo y un excelente cardiocirujano, era una persona con muchas inquietudes. Músico, filatelista, amante e investigador de la historia del tango, escritor furtivo, gran contador de tradiciones autóctonas argentinas, exquisito cocinero.
- Desconocía que tuviera tantas habilidades –comenté.
- Sí, las tenía –afirmó Winter y continuó diciendo-: Hace dos días atrás, ya sabiendo que su hora había llegado, me llamó y me dijo que quería confiarme algo. Yo desconocía la gravedad de su enfermedad. Casi se lo ocultó a su familia, incluso, hasta el final. Así era él. Nunca quería molestar. Me dijo su esposa que dejó organizados todos los preparativos de su sepelio y pagado hasta el último peso.
- ¡Increíble! –exclamé.
- Cuando fui a visitarlo me dijo que se iba de este mundo con la conciencia en paz, que había hecho todo lo que deseó y que fue feliz. Que lo lamentaba por su familia, pero que no debían preocuparse por nada, ya que él se había ocupado para que pudieran vivir sin sobresaltos por el resto de sus vidas.
- ¡Qué previsor! –consentí.
- Por eso después de hablar con él y de despedirnos me entregó dos sobres de papel madera, lacrados. Uno, para entregarle a su esposa después de su muerte. El otro, para mí.
- ¿Y qué contenían esos sobres?
- El que era para su esposa, tenía una póliza de seguro a su nombre por un millón de dólares, una cuenta secreta donde guardaba sus ahorros y títulos de propiedad de varios terrenos ubicados en Ceibales, que fue comprando a lo largo de su vida.
- Realmente sí que le allanó el camino a su familia –afirmé-. ¿Y su sobre qué contenía?
- Dos cartas, una fotografía y un relato.
- ¡Qué extraño! –dije, desorientado.
Se puso de pie, se acercó hasta el mueble cristalero y sacó el sobre de uno de sus cajones. Se sentó y vació el contenido del mismo sobre la mesa ratona. Abrió una de las cartas y me la entregó para que la leyera.
- En esta carta Máximo me cuenta, de manera resumida, una historia que vivió en Colombia en 1.975, que jamás le había contado a nadie y que lo marcó para siempre.
Mientras leía la carta en voz baja, Winter amplió, acercándome una carpeta con un escrito:
- Este relato, presentado a modo de cuento, narra la historia que Máximo refiere en su carta.
- ¿Y esta foto? –pregunté, extrañado.
- Es el protagonista de la historia.
Miré la fotografía autografiada y me quedé mudo, sin comprender.
- No entiendo, doctor. Si esta foto es del protagonista de la historia y el autógrafo y la fecha son auténticos, entonces eso significa…
- Que la historia que cuentan las crónicas de la época no son ciertas.
- ¡Por Dios! Ahora sí que me ha sorprendido, doctor! ¿Y la otra carta?
- La otra carta es una breve esquela, fechada en abril de 1.976 y dirigida a Máximo por el protagonista de la historia.
- ¡Es imposible! –dudé.
- En ella se anticipa el misterioso final de esta particular e increíble historia.
- ¿Podemos leer el relato? –pregunté, ansioso y desorbitado.
- ¿Para qué cree que lo invité a pasar, querido amigo? –dijo Winter, con una jovial carcajada, entregándome la carpeta con el cuento de Máximo.

(El relato escrito por Máximo Izarriaga es el cuento "El hombre que murió dos veces", que podrán encontrar en mi perfil de SttoryBox, publicado hace algún tiempo. Sólo con la lectura de ese cuento podrán entender la historia de la que hablan el dr. Winter y su amigo el periodista). Saludos...

TealOxen_98
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hace alrededor de 2 años

Sabes que tardo porque no tengo el tiempo que me gustaría, pero te leo...como me voy a perder tan divina lectura. Muchísimas gracias @Prometeo siempre dejas huella en cada historia, y un sentimiento en cada relato. Un abrazo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Gracias a ti por Seguir la historia con tanta atención y por tus permanentes e interesantes comentarios. Pronto habrá nuevas historias del doctor Winter. Saludos y gracias por visitar mi perfil

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

No me des las gracias @Prometeo, las gracias te las doy yo a ti, por escribir palabras que forman historia, que llegan al alma, que tocan el sentido y están repletas de sensibilidad, humanas siempre y eternas en la memoria. Un abrazo.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Con que serenidad aceptó la muerte el amigo del Dr. Winter, pues cierto es que no importa condición, rango o religión, es para todos el mismo camino y con la inmensa incertidumbre de saber que hay tras ella, y aunque es sabida y conocida parece que nos sorprenda cada día, increíble de asimilar, más con ella hemos de lidiar sin poder de ningún modo escapar. La única diferencia entre unos y otros es simple más muy compleja, los que nos dejan primero marcan en nuestro reloj una hora que como alarma despierta un escozor y agudo dolor, mientras nuestro reloj va marcando sin perdón un camino que llevará a tener el mismo horario con alarma, unos las escucharán, otros las ignoraran, en miles de casos hay relojes que suenan sin oyentes pues ya marcaron alarmas y no quedan más que relojes parados en la misma hora, y otros miles lloran las alarmas dejando en horas marcadas herencias de alarmas que sonarán generación tras generación....Cierto es que se dice murió como vivió, buen ejemplo la de Máximo, fiel amigo del doctor que marcó su reloj con estoicismo y con valor. Admirable @Prometeo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

@TealOxen_98 Dicen que la muerte es la justificación de la vida, el broche de oro de nuestro derrotero. Tal vez sin la muerte nuestra vida no tendría sentido. Por eso hay que aceptarla y naturalizarla. Creo además que la forma en que morimos tiene relación con la forma en que vivimos. Hay un lado íntimo entre un hecho y otro que nos identifica. Gracias como siempre por Seguir la historia. Saludos

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

@Navesirio Debo decirte que la historia del "Hombre que murió dos veces" es bastante particular, ya que cuenta la crónica de un personaje muy querido y un gran artista fallecido hace varios años, que representó un mito del arte argentino y mundial. Te aconsejo, para tu mayor comprensión, que te informes sobre el mismo cuando descubras quien es. Saludos!!!!

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Cierto @Prometeo, siempre he pensado que la muerte es la justificación de la vida, la vida es en sí una pequeña muerte. Y que hay que aceptarla más temprano que tarde, y bien cierto es que se muere como se vive, es algo que nos diferencia de los demás en la misma muerte, que morirse se muere pero de distinta manera y no para todos igual, es lo único que podemos elegir de un final que como la vida no elegimos, nacemos y morimos sin elección más por imposición. Espero encontrar un sentido al irme pues es un enigma que ya no me quita el sueño.


#28

PROCESO INTERIOR

La semana siguiente al fallecimiento de Máximo Izarriaga, visité al doctor Winter en su casona de campo para saber cómo estaba. Lo encontré con un semblante entristecido y un aire desaliñado y distraído.
Un desorden mayúsculo reinaba en su sala de estar. Libros por doquier, papeles con anotaciones, su colección de pipas desperdigada sobre la mesa y la botella de whisky con un vaso de vidrio junto al sofá, representaban los protagónicos elementos de su ocio.
Escuchaba la Sonata para piano “Patética” de Beethoven, con un volumen casi ensordecedor.
Tenía un marcado desaliño indumentario y una barba incipiente, canosa e hirsuta.
Ni siquiera se levantó de su sillón para saludarme. Sólo me extendió la mano displicentemente. Parecía haber bebido de más. Me hizo un leve ademan, señalándome el sillón para que tomara asiento.
El volumen de la música estaba tan alto que apenas podíamos entender lo que decíamos.
- Ahora comprendo por qué Beethoven quedó sordo –comenté, con ironía.
Rió, con una risa estridente, e intentó ponerse de pie, con el propósito de bajar el volumen de la música, pero no logró hacerlo.
Me levanté del sillón y giré la perilla del potenciómetro de volumen del equipo de audio.
- Ahora sí –exclamé-. Que el amigo Ludwig me perdone, pero así está mejor.
Sonrió, con una sonrisa entre mordaz y tristona, y acomodándose el cabello alborotado, comentó:
- Esta extraordinaria pieza musical la escuché por primera vez en el teatro Colón, interpretada nada más y nada menos que por Antonio De Raco, una gloria de la música argentina, tal vez el más grande pianista que dio nuestra cantera musical.
- ¡El maestro De Raco! –asentí-. ¡Qué lujo!
- ¿Y sabe con quién asistí a ese concierto, a fines de los años 70?
- ¿Con quién? –inquirí.
- Con Máximo Izarriaga –dijo, apesadumbrado.
Hizo una pausa significativa y agregó:
- ¿Sabía usted que Beethoven compuso esta sonata para un amigo?
- No lo sabía.
- Sí, para su amigo el príncipe Karl von Lichnowsky. Decían que Beethoven tenía un carácter muy fuerte y huraño, pero que era un gran amigo.
- Ah, me hace acordar mucho a alguien que conozco –bromeé.
Sonrió con ironía, empinando el último sorbo que descansaba en el fondo del vaso de whisky.
- Sí, es cierto. No soy precisamente un cascabel en los últimos tiempos. Tengo un pesimismo sartreano, casi lindante a Schopenhauer.
- Es una etapa, doctor. Ya se le pasará. Igual que la hermosa borrachera que lo tiene atrapado entre sus redes etílicas
- ¿Tanto se me nota? –aceptó, con una carcajada.
- Un poquito. Además dígame… ¿cuánto hace que no se da una ducha y se cambia de ropa? Y esa barba desprolija le queda realmente espantosa.
- Entiendo. ¿Y qué me sugiere, estimado escriba? –consultó, algo divertido.
- Le sugiero que mientras yo me entretengo un rato con su nutrida biblioteca, usted se pegue una ducha, se afeite y se cambie de ropa, así de paso se le van los efectos inequívocos de su estado de embriaguez.
- Usted sí que no manda a decir las cosas, ¿eh? –me dijo-. Los amigos siempre dicen las verdades sin anestesia, aunque duelan.
- Vaya nomás. Lo espero.
Se levantó de su asiento con bastante dificultad y, entre carcajadas, desapareció tras la puerta, bamboleándose en un gracioso andar.

Hace alrededor de 2 años

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TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Como siempre estaré aquí con el Dr. Winter, aprendiendo de un hombre sabio, similar a esos mudos árboles milenarios que contemplas y sabes cuantas vidas han pasado, las historias que han vivido, la muerte que han rozado, y ahí siguen tan hermosos y fuertes, nostálgicos y quien sabe fuertes por sus raíces que de buena semilla fueron plantados. Gracias @Prometeo, así veo a tú querido Dr. Winter. Un abrazo.

SergioMaestri
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hace alrededor de 2 años

Gracias @TealOxen_98 Hay una nueva caja que incursiona en una etapa oscura de la historia argentina!!! Saludos y gracias por seguir la historia.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Que estado de tristeza, de desasosiego y de desapego a todo lo que le rodea, parece que el Dr. Winter, se deje llevar por esa mal llamada marea mortal, recuerdos más sombríos, oscuras sombras, mirada que ahoga en la cálida bebida que lo embriaga. Hombre tenaz, fuerte y persistente, humano y coherente y ahora se encuentra abrazado por el sufrimiento, el abandono y una sonata que le repite que la muerte lo acompaña. Que extraña es está vida, tanto camino andado, que recorrido tan repleto de tormentas, hombres sabios, manteniendo el temple de una roca y la humildad de una flor y ahora se encuentra entre un paso al abismo y la desazón. Cierto que se dice que Beethoven poseía un carácter huraño, más también se dice que era sordo de un oído debido a un brusco golpe que le dio su padre siendo niño, y que lo dejó sordo de por vida, tal vez no perdonó tal castigo que fue injusto por ser niño. Tal vez ha perdido tanto que no sabe que al darlo todo se ha quedado sólo. Y si, los amigos, de verdad, te cuentan sin anestesia lo que realmente aprecian, no necesitan más que una verdadera amistad. Vuelvo y me encuentro al Dr. Winter de este modo, sinceramente no esperaba que hombre tan fuerte cayera, tal vez @Prometeo nos aferramos a una figura para pensar que si ella pasa por tal andadura sin tropiezos ni caídas nosotros podemos ser un pedacito de ella, no nos damos cuenta que se trata de un ser humano y al verlo de esa manera le tomas cariño pensando que no es inmortal, las lágrimas son para todos igual. Excelente @Prometeo, está vez has sacado el lado más humano del Dr. Winter.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Si @TealOxen_98 Winter es esencialmente humano. Su humanidad le gana a todo y eso lo hace vulnerable frente al propio dolor e indefensión

Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 2 años

estaré esperando q vuelva de su baño y nos cuente otra historia interesante


#29

Al cabo de media hora, que aproveché para beber una medida de whisky y curiosear aquella nutrida y vetusta biblioteca, el doctor Winter, duchado, afeitado y con ropa limpia, volvió a la sala, con un aire renovado, luciendo su típico chaleco escocés de franela y una impecable camisa blanca almidonada. Consultó su reloj colgante de bolsillo y acomodó sus pipas en un elegante porta pipas de madera, en el que cabían siete pipas apoyadas en la parte superior y que tenía además un cajón con tres compartimientos para los distintos tipos de tabaco.
- ¡Qué hermoso porta pipas! –le dije, mientras veía su meticuloso ordenamiento.
- Perteneció a mi padre. Él tenía el hábito de fumar en pipa.
- Jamás fumé en pipa. Veo que tiene una buena colección –observé.
- Sí. Todas son distintas –respondió, con cierto entusiasmo-. Ésta por ejemplo es una pipa estilo Apple, con caño redondo y la boquilla aplastada. Es de brezo, la raíz de un arbusto que crece en la zona del Mediterráneo. La traje de Barcelona. Ésta otra es de estilo Author, la cazoleta es esférica, con un caño redondo y curvado y la boquilla afilada. Es de espuma de mar, un silicato de magnesio que se extrae de Turquía. La compré hace muchos años en Tanzania. Es muy liviana y delicada. Esta otra pipa, mientras tanto, es la típica Billiard, muy detectivesca. Es curvada y con una boquilla muy afilada. Está realizada con mazorcas de maíz y se fabrican en la zona de Missouri, en Estados Unidos.
- No sabía que existían tantos estilos de pipas.
- Sí, mi amigo. Cuando uno incursiona en cualquier tema determinado se encuentra, generalmente, con todo un universo. Mire. Ésta es mi pipa preferida. Perteneció a mi padre. Él la compró a un coleccionista de la avenida Corrientes, en Buenos Aires. Está hecha por un fabricante artesanal argentino, diseñada en roble, allá por los años 70’. Ideal para tabaco achocolatado.
- Tuve un tío, hermano de mi padre, que fabricaba pipas hace muchos años –recordé.
- ¿No me diga? ¿Ya no las fabrica? –consultó el doctor Winter.
- No. Mi tío desapareció durante la dictadura militar, allá por 1.978 –le comenté, recordando aquel episodio dramático para nuestro entorno familiar.
Winter se tomó la barbilla y se quedó pensativo, con el ceño fruncido y un aire reconcentrado. Se levantó de su sillón y me preguntó:
- ¿Desea tomar un café?
- Sí, le acepto uno. Dos terrones de azúcar por favor.
Hizo un largo silencio, con un rostro demudado, como si repentinamente algo le preocupara o hubiese cruzado su mente algún recuerdo desagradable.
- Nunca se lo comenté –se animó por fin a decir, sincerándose-. Estuve preso en un Centro de Detención Clandestino durante el Proceso de Reorganización Nacional, a mediados del año 1.977.
- ¿Me está usted hablando en serio? –pregunté, tomado por sorpresa.
- Sí, mi amigo. Durante tres meses permanecí en un centro de detención y tortura, ubicado en una quinta sobre la ruta Nacional N° 5, en las inmediaciones del partido de Suipacha. Era un caserón de dos plantas, escondido entre una añosa y frondosa vegetación, en cuyo sótano había una gran cantidad de calabozos y cuartos de tortura. Mucho tiempo después me enteré que en el pasado en aquella quinta funcionaba un burdel y una casa de juego, centro de entretenimiento de cierta elite pueblerina.
- ¡Nunca deja de asombrarme, doctor! –exclamé, sorprendido-. ¿Y cuál fue el motivo de la detención? ¿Era militante político, montonero o algo por el estilo?
- ¡No, estimado Sergio! No simplifique tanto las cosas. Para ser enemigo de la Dictadura bastaba sólo con tener un razonamiento crítico, algún ideal de libertad o atreverse a disentir sobre sus tortuosos métodos fascistas.
- Comprendo. Fue condenado por pensar.
- Correcto. Y por emitir opiniones delante de las personas equivocadas.
- Claro. Y estimo que hay una interesante historia detrás de esa anécdota.
- Interesante y doliente, querido amigo. ¿Quiere escucharla?
- Desde luego, doctor. Tiene toda mi atención.

Hace alrededor de 2 años

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TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Que alivio tener a ese amigo en esas situaciones donde no sabes si hay un abismo, que amistad más verdadera, sincera y eterna, compartiendo historia, dolor y gloria. Era de imaginar que el Dr.Winter fumase en pipa, me lo imaginó sentado muy bien acomodado en ese gastado sillón con un vaso de cristal tallado una pequeña cantidad de whisky escocés, escuchando música clásica y con la otra mano sosteniendo la pipa con sabor a tabaco achocolatado. Es un hombre de valiosos principios, no era de extrañar que quedase mudó pues aunque es cauto y de razonamiento más por conocimiento de la condición del ser humano bien sabe que es inútil luchar contra el mundo sin que éste te vaya a castigar. Me hace en parte gracia los términos que utilizamos para no dañar oídos matando el espíritu del ser vivo " Reorganización Nacional", suena estupendamente, un deleite para la gente, una renovación en reorganización y si es nacional tanto mejor, pues ambas unidas dan a entender que reorganizan el orden para nuestro bien. Más no, en toda "Reorganización" hay trampa y sumisión, es "Organización de masas para sucumbir ante la dominación" y si es apoyada y subvencionada por altas potencias tanto mejor, que el mundo no olvidemos se mueve por codicia y poderes nunca por ser humano y actuar como humano que de ahí deriva la humildad y de ella se pierden los cuartos y las posesiones no merece la pena la moral....Como siempre Extraordinario @Prometeo, parece que hables en boca del Dr. Winter, como una reivindicación a un pasado que perverso fue y ya está olvidado, que se sigue repitiendo en el presente y que no aprenderán en el futuro, o tal vez si se aprende y se llega a la conclusión que es mejor callarse que gritar lo que un pasado no puede ni debe perdurar. Un abrazo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

@TealOxen_98 Si. Me pareció pintoresco el detalle de la pipa, del mismo modo que otras características como su chaleco escocés de franela o su reloj colgante de bolsillo.
Respecto de la historia, la política se ha encargado sistemáticamente de enmascarar enmascarar sus procesos con nombres rimbombantes que escondieron sus terribles vejamenes e ineficiencias.
Gracias, como siempre, por comentar y por seguir el relato. Saludos


#30

En mayo de 1.977 regresaba a Ceibales luego de una breve misión en Chile, como consecuencia de un terremoto que dejó un numeroso saldo de víctimas y un estrago mayúsculo en las afueras de Santiago.
Era mi propósito descansar algunos días en mi amable refugio pueblerino, antes de ser convocado nuevamente por Médicos sin Fronteras para asistir a alguna nueva misión.
Por esos días de fines de mayo, el otoño nos regalaba un clima soleado y agradable, que aprovechaba para mis largas caminatas vespertinas, mis lecturas debajo de los sauces de la quinta, el cuidado de mi huerta y la cansina visita a mis viejos pacientes lugareños.
En una de mis tantas tardes de ocio enfilé hacia el bar más emblemático del pueblo, un tugurio conocido como “El Caburé”, refugio de borrachines, contadores de cuentos, jugadores de truco y artistas de la vagancia.
Aquel bodegón, antiguo y pintoresco, parecía detenido en el tiempo. Un largo mostrador de estaño, estanterías con bebida blanca, grupos de mesas con abigarrados ramilletes de vecinos bebiendo ginebra, suisé o vino barato, conformaban ese paisaje oscuro, pringoso y bullanguero.
Me senté en una mesa solitaria y pedí una cerveza. En un rincón don Nicanor despachaba una milonga con su voz aguardentosa y su guitarra desafinada. Un grupo bullicioso se trenzaba en una partida de truco, riendo e insultando entre envidos y vale cuatro.
Sólo quería disfrutar de mi cerveza y no pensar en nada. Dejar volar mi pensamiento hacia donde quisiera ir, sin atarlo a la noria del raciocinio ni las preocupaciones cotidianas. Pero el destino tenía reservado otros planes para mí en aquella apacible tarde.
Dos agentes de policía ingresaron en el boliche, cautelosamente, y recorrieron el ambiente con la mirada. Noté que uno le hacía un gesto con la cabeza al otro y se acercaron hacia la barra, rodeando a un joven que bebía su vaso de vino en silencio, acodado en el mostrador.
Le solicitaron documentos y le pidieron que los acompañara a la seccional de policía. El joven, asombrado, preguntó el motivo de la detención. Tomándolo del brazo, argumentaron que le informarían el motivo en la comisaría.
Ante el silencio repentino de la concurrencia, el joven, quien era delegado de una pequeña fábrica de Ceibales, intentó resistirse. Entonces uno de los agentes policiales extrajo su cachiporra del cinturón con gesto amenazante.
Yo conocía al joven, un muchacho trabajador, de una humilde familia del poblado. Su padre, hombre de trabajo, era paciente mío. Pertenecían a una familia modesta y honrada. Personas de bien, con hábitos sencillos y buena reputación en el pueblo.
Una vez más, no pude con mi genio y sentí que me hervía la sangre ante la prepotencia de la autoridad. Me levanté de la mesa y me acerqué, con una sonrisa.
- Buenas tardes, estimados agentes. No quisiera interrumpir el óptimo desempeño de sus funciones pero me interesaría saber cuál es el motivo por el cuál pretenden detener al joven. Como verán, este es un lugar pacífico, lleno de amables parroquianos, que sólo intentan pasar un momento ameno y beber una copa.
- Buenas tardes, doctor Winter –dijo uno de los agentes, reconociéndome-. Tenemos órdenes de arrestar al caballero por averiguación de antecedentes.
- ¿Órdenes de quién? –pregunté, con decisión.
- Del Poder Ejecutivo Nacional –alegó.
- ¡Entiendo! –exclamé, y agregué, con ironía-. ¡Qué interesante! Así que usted me asegura que recibió órdenes directas, nada más y nada menos, que del usurpador del poder ejecutivo.
Hubo un denso silencio en el boliche. Los agentes se miraron, sin saber qué decir.
- Entiéndanos, doctor. Sólo cumplimos órdenes.
- Y lo hacen muy bien, caballeros. Pero yo respondo por el joven. Es una persona de bien y les aseguro que no ha cometido ningún acto delictivo. Así que los invito a beber una copa y a retirarse en paz por donde vinieron. Si es necesario iré personalmente a hablar con el comisario Álvarez, para aclarar este malentendido.
Soporté estoicamente el embate de sus miradas, con una firme determinación. Ya parecían decididos a aceptar mi ofrecimiento cuando una voz grave y altitonante se elevó en el fondo del bodegón.
- Eso no va a ser posible, doctor Winter.
Un hombre robusto, de pelo corto y gruesos bigotes se puso de pie y se aproximó a la barra. Era el coronel Bengoechea, un militar que cumplía funciones en el Regimiento de Infantería Mecanizado de Mercedes y que se hallaba con una licencia prolongada por un problema de salud. Estricto y sagaz, era un flemático defensor del proceso dictatorial.
- ¡Coronel!
- ¡Doctor!
- Un gusto verlo –dije, con una sonrisa ladeada, dándole un fuerte apretón de manos.
- Mire, doctor. Me voy a tomar el atrevimiento de darle un amable consejo, ya que es un personaje conspicuo de nuestra sociedad. No se involucre en estos asuntos. Siéntese en su mesa, bébase su cerveza y váyase a casa tranquilo. Deje que estos servidores públicos cumplan su valiosa misión.
- ¿Sabe qué pasa, coronel? No es mi estilo esconder la cabeza bajo la tierra como el avestruz.
Nuestras miradas se cruzaron con dureza. Reinaba un silencio sofocante. El ambiente podía cortarse con el filo de un cuchillo.
- Está bien, doctor –interrumpió entonces el joven al que querían detener-. No se haga problemas. No he hecho nada ni tengo antecedentes. Iré a la comisaría y cuando se compruebe todo esto me dejarán libre y se termina la historia.
- No me parece tan sencillo el asunto –Insistí-. Los parámetros de justicia se han desvirtuado escandalosamente en los últimos tiempos. No quisiera que ingrese a la comisaría por una averiguación de antecedentes y no le veamos nunca más el pelo.
Bengoechea me miró con desprecio y con ira.
- Llévenselo –ordenó.
Los policías lo tomaron del brazo y se lo llevaron a la fuerza.
- Hágame caso. No se entrometa, doctor. No son tiempos para hacerse el valiente –me advirtió el coronel, pagó su cuenta y se retiró.
A la mañana siguiente me presenté en la seccional para conversar con el comisario Álvarez. No me atendió. El detenido, según me informaron, ya había sido trasladado a otro lugar. Nunca más lo volvimos a ver.
Dos días después el coronel Bengoechea y dos agentes se presentaron en mi casa y me detuvieron. Estaba a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

Hace alrededor de 2 años

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TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Es escalofriante esta parte de tú historia, pues cierto es que no por masas se denomina " genocidio" al que comete asesinato por ser el más fuerte imponiendo sus dominios. A veces me pregunto si es torturada una sola persona y está es por causa injusta se le denomina asesinato, y le siguen con cuenta gotas otras cientos para llegar al mismo destino, más no es " genocidio" es un simple error cometido por error de eslabones en una cadena que todos van aportando un eslabón en ella. Al final como es cadena de varios no es juzgado y si enterrado no vaya a ser que el primero quien lo puso sea el que manda al " Tribunal de la Haya" lo que más le convenga, sí por dinero se paga para buena propaganda. En Chile se que hubo un Régimen muy estricto más sinceramente no sé si fue el de Pinochet, más ya se sabe y bien debería saber nuestro querido amigo el Dr. Winter que estos son intocables en países donde las gentes no pueden ni saben como enfrentarse. Es hombre valiente y si por ello es castigado mil veces lo volvería a hacer que más alto no lo dice pero claro lo deja caer que no es su estilo esconder la cabeza como las avestruces, y mirar hacia otro lado, él responde con su palabra y con ella la mantiene. La contestación del coronel aún está a la orden del día " No son tiempos para hacerse el valiente" y es que el valiente es mártir en tiempos del medievo y en pleno siglo XXI que por ello hay pocos héroes y más borregos. @Prometeo parece que le estés dando un varapalo a la historia de la humanidad, que salga en boca y hechos del Dr. Winter desmontando las grandes mentiras y transformándolas en verdad. Magnífico. Extraordinario.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Si @TealOxen_98 Está fue una dura y dramática etapa de la historia Argentina. Al igual que en Chile y otros países de Latinoamérica durante la década del 70 los regimes militares, a través de gobiernos de facto, perpetraron horrendas violaciones a los derechos humanos y utilizaron su poder para secuestrar, torturar y matar a miles de personas que no compartían su ideología. Gracias por seguir la historia


#31

Y entonces comenzó la pesadilla. Me esposaron, me vendaron los ojos y, a empujones y golpes, me introdujeron en un vehículo y me trasladaron por casi dos horas en el piso de una camioneta.
Cuando me quitaron la venda estaba en un calabozo, húmedo y oscuro, sin ventanas, sin luz, sin aire, a merced de la brutalidad de aquello que denominaban “Grupo de Tareas”, es decir fuerzas militares y policiales encargadas del secuestro, detención y tortura en los Centros de Detención Clandestinos.
Luego de algunas horas, la puerta del calabozo se abrió y dos hombres me tomaron del brazo y me condujeron hacia una habitación en la que había una pequeña mesa y dos sillas. Me esposaron, me dijeron que me sentara y en ese instante ingresó por la puerta un hombre canoso, moreno, de gruesos bigotes, con uniforme militar. Traía una carpeta en su mano, que depositó encima de la mesa al sentarse. Sin siquiera mirarme ojeó las escasas hojas de aquel documento.
- Sebastián Winter, 31 años, médico, domiciliado en Los Palmares 642 de la ciudad de Ceibales, soltero. ¿Sabe por qué está aquí?
- Realmente me gustaría saberlo –respondí, con calma.
- Acusado de traición a la patria, sedición, terrorismo, atentar contra los valores del Proceso de Reorganización Nacional y faltarle el respeto a la autoridad competente. ¿Qué tiene que decir al respecto?
- Yo sé perfectamente por qué estoy acá. Y no es por ninguna de las imbecilidades que acaba de enumerar. Sólo estoy acá porque le toqué los huevos al coronel Bengoechea y es tan cobarde que en lugar de arreglar el asunto como un hombre se escudó detrás de su poder y decidió vengarse de mí como un gallina.
Hubo un silencio denso y sofocante. El militar miró a los dos patovicas que lo acompañaban y me dijo:
- Vamos a ver si tenés tantos huevos como parece.
- Mire, caballero. Todo esto es un malentendido. Yo trabajo para una organización internacional, Médicos sin Fronteras que, entre otras cosas, se encarga de denunciar la violación a crímenes de lesa humanidad. Cuando esto se sepa usted y todos sus secuaces van a tener gravísimos problemas con la ONU y otros organismos internacionales. Así que le aconsejo que lo reconsidere. Todavía está a tiempo.
- Mirá, mequetrefe –me dijo-. Yo me cago en tus organizaciones de derechos humanos. ¿Sabés por qué? Porque acá ya no sos un ser humano. No sos nada. Sos menos que un sorete.
Hizo un gesto y los patovicas comenzaron a propinarme golpes de puño y patadas certeras hasta que quedé rendido en el piso, chorreando sangre por la boca y la nariz.
- Llevenlo al calabozo para que reflexione. Después me voy a encargar personalmente de él.

Hace alrededor de 2 años

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TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Pues cierto es @Prometeo que bien es sabido que los derechos humanos son y fueron creados por humanos y como tal actúan escogiendo sin mojarse las manos porque fueron subvencionados por los que mecen el mundo, y si se llama ONU o cualquier sigla es para que la moral del humano no se perturbe sin pensar que vive con tanto individualismo, que ya otros se encargarán de curar y arreglar las penas que no son injusticias, son sólo errores que cometemos por codicia. Me hace gracia por otra parte la acusación al Dr. Winter...traición a la patria, cuando la patria es para estos un medio de opresión, un término muy utilizado por analfabetos que no teniendo más lectura que propaganda barata, y los bolsillos bien llenos son vasallos de un amo que parece formar tribus y entre ellos se matan pagando la injusticia los más pequeños, débiles y vulnerables. Sedición, terrorismo, ya me muero de risa si no fuera tan realista que utilizada dicha jerga se consigue un pase con derecho a matar por ser un traidor a tu propia condición de inmoral. Atentar contra los valores del Proceso de Reorganización Nacional.... y habla de valores, mejor me calló que la mentira está tan presente en este mundo que a veces me pregunto si algo es verdad y está frase es mía. Y muy cierto es que ahí el Dr. Winter no es nada, no es nadie puesto que de todos es conocido que la verdadera esclavitud existe y se practica, que la tortura es para los grandes, que los niños son y serán siendo moneda de cambio, que en este mundo lo que impera son las siglas. Y que es tan real y verdadero que el dinero y el poder es el que mueve la vida y se da el gusto de quitarla. Siempre @Prometeo cuando leo tus historias pienso en algún que otro acontecimiento y se me revuelve el alma de pensar que nada va a cambiar. Excelente!!!! Como siempre.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Gracias por tus comentarios @TealOxen_98 Ese es el sentido de la historia: que revuelva en los lectores sentimientos encontrados, que se experimente el dolor, la pena, la desazón, la impotencia que ésta y otras historias pueden despertar en el alma humana. Sin duda que son muy atinadas tus apreciaciones sobre los derechos humanos y sobre la hipocresía de aquellos que dicen defender bastiones de patriotismo, de libertad y que se adjudican el derecho de decidir qué está bien o qué está mal. Seres viles que distribuyen injusticia, brutalidad y estupidez a mansalva!!! Saludos


#32

Me arrastraron por el piso y me arrojaron nuevamente al calabozo. Confuso y dolorido, entendí, en la oscuridad de aquel húmedo y pestilente cuarto, que me esperaban días dramáticos y difíciles.
Sediento, temeroso y aterido de frío, me quedé en silencio, sentado en el piso, apoyado contra la pared, intentando reponerme de los golpes y del shock emocional.
Pasé mucho tiempo, tal vez horas, sentado en el suelo, intentando darme calor con mis brazos. En ocasiones, escuchaba ruidos y gritos, puertas que se abrían y cerraban y después el más absoluto silencio.
Me había dormido cuando oí el sonido de la puerta y vi a los dos matones entrando bruscamente a mi celda, entre gritos y golpes certeros.
Me llevaron a una sala y me ataron a una silla. Una lámpara, que irradiaba una luz potente, me daba de lleno en la cara. Cegado por la extrema luminosidad, no alcanzaba a ver más que las borrosas siluetas de algunas personas que se hallaban en el cuarto. Además de los patovicas y del oficial de la entrevista, al que reconocí por la voz, había otro hombre, corpulento, rapado, cuyos brazos desnudos mostraban una copiosa geografía de tatuajes. Se acercó a mí y me tomó fuertemente de la mandíbula. Aproximó su cara a mi oído y me dijo:
- ¿Sabés con que nombre me conocen en este lugar? Me dicen “La Bestia”.
- Lindo apodo. Muy tierno –comenté-. Me gustaría decirle que es un gusto, pero le estaría mintiendo.
Los matones comenzaron a reír, lo cual pareció enojar mucho a “La Bestia”, quien me aplicó un fuerte golpe de puño en medio del rostro, haciéndome arrepentir rápidamente del uso de mi humor ácido.
- ¿Así que sos gracioso? Te voy a sacar la sonrisa de la cara –me amenazó.
Y realmente era un hombre de palabra, porque cumplió con su promesa. No sólo me sacó la sonrisa de la cara, sino también un par de dientes.
Comenzó un interrogatorio que no tenía ningún sentido, ya que, desde un primer momento, sabían claramente que no tenía nada que confesar, que no era un terrorista, que no militaba en ningún partido político ni sindicato, que no era montonero, activista, comunista ni nada que se le pareciera.
Pero creo que mi visión de la realidad, mi compromiso con lo social y mi postura ante la vida representaba para ellos una ofensa y una amenaza. Mi sentido crítico ante la autoridad, mi defensa de los derechos humanos y mi oposición ante el atropello a la libertad de las personas me convertían en un ser peligroso y despreciable.
Y realmente me lo hicieron saber con total contundencia en cada golpe, en cada laceración, en cada insulto, en cada flagelo.
Sólo recuerdo que en un momento me desmayé y, al despertarme, estaba tirado en el calabozo, hecho un guiñapo sanguinolento y tumefacto.
En los días siguientes era normal que los patovicas ingresaran en el calabozo de improviso, me golpearan brutalmente o me mojaran con una manguera, dejándome totalmente empapado y helado de frío.
Hacía días que no consumía alimentos y apenas me acercaban un tazón de agua, que en ocasiones escupían delante mío antes de entregármelo.
Un día, vaya uno a saber cuándo, ya que había perdido por completo la noción del tiempo, me llevaron hasta otra sala, me desnudaron y me ataron al elástico metálico de un catre. Luego me mojaron y “La Bestia” se entretuvo durante largo rato torturándome con una “picana eléctrica”, faena que parecía disfrutar con exacerbado sadismo.
Lo peor de esta tortura fue cuando colocaban la picana en las encías y en la lengua, pero sobre todo cuando introdujeron un fierro en mi ano y aplicaban electricidad a través de él, en tanto me sometían a un interrogatorio absurdo, haciéndome preguntas que no podía responder.
En ese momento me desmayé. El dolor era insoportable.
Horas después desperté en el calabozo, tendido, desnudo, mojado, impotente y desgarrado de dolor.
Estas y otras torturas, como el “submarino seco”, cortes en las yemas de los dedos, laceraciones en los genitales y otras aberraciones infrahumanas, me fueron transformando en un muerto en vida, sin esperanzas, temeroso, desnutrido y debilitado física y moralmente.
Calculo que habrían pasado algo más de dos meses desde mi detención. Mi vida era una total pesadilla. Oía ruidos en el pasillo y temblaba como un niño en un rincón de mi sucia y pestilente cárcel.
Era espantoso escuchar los horribles alaridos de otros detenidos sufriendo las mismas torturas que yo. Era casi tan terrible como sufrirlo en carne propia.
Pero un día algo pasó que cambió mi destino.
Me llevaron a la sala de tortura y ese día estaba el coronel Bengoechea. Cuando me vio llegar, se quedó serio. No esperaba encontrarme en esas condiciones. Creo que se dio cuenta de que se les había ido la mano.
Habían estado torturando a un joven, que se hallaba totalmente lacerado y lleno de moretones. Lo levantaron de la mesa de tortura, casi desmayado y lo estaban por llevar a su calabozo, cuando algo increíble ocurrió.
El muchacho, sacando fuerzas de donde no tenía, se soltó de sus captores, se abalanzó sobre una mesa donde estaban los elementos de tortura y, tomando un filoso cuchillo, lo clavó sobre el estómago de Bengoechea, produciéndole un corte profundo que le ocasionó un sangrado viscoso y abundante.
Mientras se llevaban al joven, comenzaron a pedir auxilio. Pero el médico no se encontraba en el Centro de detención.
- Vamos a llevarlo al hospital –gritó alguien, tratando de auxiliarlo.
Todos corrían, en tanto Bengoechea se desangraba en el piso.
Entonces, viendo la situación, dije:
- Si lo llevan al hospital, va a llegar muerto. Se va a desangrar en el camino.
Todos se detuvieron y me miraron con asombro.
- Yo lo puedo salvar.
Se miraron con estupefacción, dubitativos.
- Déjenlo que me ayude –clamó entonces Bengoechea, con un hilo de voz-. Es un gran cirujano.
- Colóquenlo sobre la mesa –ordené.
Se quedaron mudos y expectantes.
- ¡Háganle caso! –bramó Bengoechea, desangrándose y en un grito.
Los patovicas lo tendieron sobre la mesa. Me lavé las manos y busqué sobre la mesada las herramientas que podrían servirme para atenderlo. Había potentes analgésicos de vía intravenosa, que procedí a suministrarle y, al cabo de un rato, comencé a limpiar la herida con cuidado, en tanto Bengoechea gemía de dolor.
- ¡Las vueltas de la vida, coronel! –dije, mirándolo a los ojos, con cierta ironía - Tal vez ninguno de los dos salgamos vivos en el día de hoy.
Reconozco que su mirada de terror me brindó cierta satisfacción. Ahora estaba en mis manos.
A pesar de mi debilidad y mis manos temblorosas, realicé una aceptable cirugía. La zona fue esterilizada con extremo cuidado y la costura fue perfecta. Entre el dolor y los efectos de los analgésicos, Bengoechea entró en un estado profundo de sueño. Recomendé antibióticos y una hemodonación, a fin de que se repusiera de la enorme pérdida de sangre.
Luego de este hecho, me condujeron al calabozo y me trajeron abundante comida, agua y ropa limpia.
En los días siguientes ya no me torturaron ni me trataron mal. Comí y bebí decentemente, reponiéndome de mi cansancio y mis dolores.
Una semana después se abrió la puerta de mi calabozo por última vez. Me condujeron hacia una habitación, me hicieron sentar y me sirvieron un tazón de café con leche con una hogaza de pan.
Unos minutos después, ingresó por la puerta Bengoechea, me saludó y se sentó frente a mí. Me miró largamente. Su mirada trasuntaba un hondo arrepentimiento.
- Me salvó la vida, Winter. Si usted no me hubiera atendido no hubiese sobrevivido jamás.
- Estoy seguro de eso –asentí.
- ¿Por qué lo hizo? Me podría haber dejado morir. Podría haberme visto cómo me desangraba delante suyo. Hubiese sido un buen escarmiento. ¿Por qué, Winter?
- Porque soy mejor que usted, Bengoechea. No importa cuánto me hubiesen torturado, flagelado. No importa incluso si me hubiesen matado. Seguiría siendo mejor que usted.
Agachó la cabeza, con sincera compunción.
- Además… ¿sabe una cosa? He hecho un voto inclaudicable de defensa de la vida, de la salud, de la condición humana. Jamás podría atentar contra la vida de una persona. Es mi deber. Es mi destino.
Se puso de pie y les dijo a los carceleros, en tanto se aproximaba a la salida.
- ¡Déjenlo libre!
Se arrimó a la puerta, tomó el picaporte y dándose vuelta me miró y me dijo:
- Váyase del país, Winter, hasta que toda esta locura se calme. No quiero verlo por Ceibales.
Esa misma tarde, me vendaron los ojos, me subieron a la camioneta y un par de horas después me dejaron en la puerta de mi casa.
Cuando ingresé a mi hogar, me arrodillé sobre el piso y lloré desconsoladamente.
Creo que allí empezó mi verdadero proceso interior.

Hace alrededor de 2 años

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SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Triste pero esperanzador @imdanygodoy Pinta una etapa deleznable de la historia argentina. Esas cosas pasaban de verdad. Gracias por seguir la historia.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Las personas siempre son lo que son, a pesar de las circunstancias de la vida @Navesirio. Gracias por tu lectura y comentarios

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Su visión de la realidad, su compromiso con lo social y su postura ante la vida es lo que él defiende porque para su moral y principios no hay vida sin un respeto, una base que no es más que la defensa de los derechos humanos por encima de cualquier ideología, política, grado, jerarquía. Sin embargo, bien sabe el Dr.Winter que el atropello a la libertad de las personas es el oro y el maná del poder y de quien manda, es la sangre derramada el miedo, terror, tortura y pavor, el instrumento con el que se domina el principio de un alma y en cuanto a la defensa de los derechos humanos mucho hay que discutir, pues parece repartida sólo para los que con privilegios pagan tales derechos. El acto del muchacho desesperado de sacar fuerzas de donde no tenía e ir al que sabía que bien lo merecía me estremece, pues es como saber que tu vida no vale la pena y te la quitan por ser uno más de la manada, sólo, indefenso, injusto y cobardía, que mejor que llevarte a quien se cree más poderoso?. Pobre muchacho...Buena contestación por parte del Dr. Winter " Porque soy mejor que usted, no importa cuanto me hubiese torturado, flagelado. No importa incluso si me hubiesen matado. Seguiría siendo mejor que usted. Se dice que las palabras no mueven el mundo, yo digo @Prometeo que hay palabras que hacen temblar el mundo, que de ellas se mueven masas, que arrastran y pueden o bien destruir o por el contrario construir. Las palabras del Dr. Winter demuestran que de ellas se convierten en actos y estos en otros y tal vez está historia la lean muchas personas y reflexionen sobre lo que realmente es la vida. Excelente e impresionante como siempre @Prometeo.


#33

El relato del doctor Winter sobre su dramática odisea como integrante de la lista de desaparecidos de la dictadura militar, me dejó consternado.
Como siempre me acontecía al escuchar este tipo de dolorosas historias, narradas por sobrevivientes a los vejámenes perpetrados por el autoproclamado “Proceso de Reorganización Nacional”, me invadió una sensación de impotencia e ira inconmensurable.
Esos aberrantes actos de violencia, de torturas y violación a los derechos humanos constituyen, sin dudas, las páginas más negras y dolientes de la historia política argentina.
- ¡Me ha dejado sin palabras, doctor! –exclamé, apesadumbrado.
- Por fortuna –comentó- he podido sobrevivir a la experiencia y contar el cuento. Lamentablemente existen infinidad de compatriotas que no tuvieron la misma suerte, y hoy moran en fosas comunes, en descampados o en las profundidades del mar, ignorados por la historia y recordados por sus seres queridos que jamás volvieron a verlos.
Ante su relato, vino a mi mente el recuerdo de mi tío, el fabricante de pipas, desaparecido durante el proceso militar. Yo tenía cerca de veinte años cuando se lo llevaron. Me acuerdo el llanto de mis abuelos y el enojo de mi padre. Fue la única vez en la vida que lo vi llorar. Me destrozó el alma verlo derrumbarse sobre la mesa de la cocina, derramando amargas lágrimas como un niño. Recuerdo también el interminable periplo de mi padre y mis abuelos por comisarías, regimientos, despachos de funcionarios y hospitales, en busca de una pista, un indicio, una noticia sobre su paradero. Jamás lo volvimos a ver. Vaya uno a saber las atroces circunstancias en que pasó sus últimos días.
- ¿Y qué hizo, doctor, cuando lo liberaron? –inquirí.
- Notifiqué la situación a Médicos sin Fronteras. Sus autoridades efectuaron una denuncia a la ONU y a otros organismos de Derechos Humanos, pero lamentablemente estas acciones no prosperaron. Siguiendo el consejo del coronel Bengoechea, abandoné mi hogar, me exilié en México y luego en España, hasta que todo se calmó y pude retornar al país luego de la guerra de Malvinas, en 1.982.
Se quedó callado un instante, como congelado en un remoto estadío de sus recuerdos. Lo observé largamente. Era un hombre notable. Iba por la vida como si tal cosa, como esas personas que avanzan sin prisa pero sin pausa, que calan hondo en cada persona que tiene el honor de conocerlo, que dejan huella en cada lugar por el que pasan, que hacen “camino al andar”, como dice el poeta. Realmente lo admiraba. Había enfrentado la muerte tantas veces, como quien batalla solo frente a un ejército imbatible. Había salvado tantas vidas, con esa dedicación, profesionalismo y vocación de servicio que lo caracteriza. Había hecho tanto bien con sus acciones cotidianas, silenciosas, valientes, siempre fiel a sus valores más íntimos y arraigados. Se había enfrentado estoicamente a la injusticia, a la adversidad, a la perpetua desventaja. Había convivido con el dolor, con la miseria, con el hambre, con la desgracia como quien convive con una jauría de perros amenazantes que mordisquean una y otra vez el sucio dobladillo del alma.
- Fue duro aquel período de exilio –dijo de pronto, como pensando en voz alta-. El desarraigo es como si te arrancaran el corazón y lo guardaran en una cámara frigorífica, que congela tu sentir, tus vivencias, tu emoción. Tus sentimientos quedan lejos. Confiscados. Tus lugares, tus seres queridos, tus olores, tus paisajes se diluyen, se alteran, se desdibujan como los bosquejos de una carbonilla. Y el alma comienza a morir. Al principio no te das cuenta. El proceso es imperceptible. Un día perdemos un recuerdo, otro día olvidamos como era la calle de nuestra infancia, tiempo después se confunden los rostros del pasado, olvidamos el timbre de voz de nuestra madre, el perfume de una glicina, no recordamos si la Avenida principal de nuestro pueblo es mano hacia la ruta o hacia el río. Y así, un día, nos olvidamos de quienes somos, de dónde venimos, y perdemos nuestra identidad.
Frotó su rostro con la palma de su mano, en un gesto de cansancio. Largó un hondo suspiro y se levantó de su viejo sillón de pana.
- ¿Toma un café, amigo?
- Está bien –acepté.
- Sí, ya sé. No me diga nada. Negro y con dos terrones de azúcar.
Sonreí, en tanto Winter me acercaba la taza de café y luego agregaba una cucharada de crema de leche a su negra infusión.
- Pero, como de costumbre, el trabajo rescata a la gente de sus miserias. Así que me aboqué, aún en el exilio, a mi torpe oficio de matasanos. En 1.979 fui destinado por Médicos sin Fronteras a una misión en Colombia, en la ciudad de Tumaco, que fuera víctima de una de sus peores catástrofes: un tsunami que arrasó las costas colombianas y que dejó un saldo de más de 1.000 víctimas, entre muertos, heridos y desaparecidos. Durante el tiempo de estadía en aquel maravilloso país sudamericano, viví experiencias extraordinarias que nunca olvidaré y que dejaron profundas huellas en mi espíritu.
- Parece ser, doctor, que me tiene reservada una jugosa crónica para sumar a mi haber.
- Se lo aseguro, amigo.
- Soy todo oídos, doctor.

Hace alrededor de 2 años

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Yosoydanygodoy
Rango11 Nivel 50
hace alrededor de 2 años

Oh holis Dr. Winter, lo estaba esperando.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Esos aberrantes actos de violencia, de torturas y violación a los derechos humanos, no constituyen un período concreto de la historia de un pueblo, en cierto modo están y siguen constituyendo y agrandando páginas y más páginas de la historia de éste mundo, pero que más da a la humanidad si no es a uno al que le toca mejor no alzar voces ni meterse en otra cosa que no sea el deleite de un individualismo inmoral e incoherente. Y como bien dice el Dr. Winter, hoy moran en fosas comunes, en descampados, en las profundidades del mar, quien sabe ni quiere saber, son los olvidados e ignorados por la historia que mueve a su antojo lo que le conviene y destapa lo que le gana en voto, que de Organizaciones sordas montadas en pro de Derechos Humanos hacen negocio a costa de miles de torturas, más olvidados y millones de ignorados. Cierto, es hombre que hace " camino al andar" fiel a sus valores más arraigados, perpetuos como una roca que aunque frágil parece al intentar derrumbarla no hay quien la mueva, más está arraigada con toda su fuerza. El desarraigo en todos los niveles y en todos los sentidos y especialmente en el caso del Dr. Winter si, es como perder la propia identidad, no pueden cambiar lo innato más modifican lo adquirido, es como si todo lo vivido fuese visto desde otro punto de vista, una vida que pensabas que era labor, vocación lo transforma tu memoria en niebla y confusión, se congela tu sentir en cierto modo @Prometeo, pues tal vez al no poseer más que desarraigo, no dándote cuenta que sin desearlo pierdes tu alma en proceso lento y amargo, en mi humilde opinión si va creciendo a la vez una especie de rencor, tal vez imperceptible, sin quererlo, más al congelarse el corazón el enojo invade la razón, lenta y con precisión. Quien le robó la identidad? No fue un general, tampoco un Régimen, menos una Nación, sabe bien que los culpables de no cumplir los Derechos humanos, de permitir la violación fundamental son los mismos que exclaman " Organizaciones Humanas". Y cada uno que piensa que sus acciones, actos y palabras que se convierten en gritos son castigados por defender en lo que más cree, más cuando los gritos son callados con puño de malvado e ingrato inmoral que asiente al pelele de turno, siendo una espiral de bufones se pregunta si vale la pena callar, pues nadar en contra de las tormentas del mar puede ser tu muerte....uno más en las profundidades del mar. Siempre me pongo de mal humor cuando leo la historia del Dr. Winter, @Prometeo porque sé que es cierto y me siento impotente y necia, al pensar que tanto valor, y tanta moral sólo te lleva a un lugar y precisamente no es un camino triunfal. Magnífico!!!

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

La violencia y la perversidad no es patrimonio de ninguna época ni nación @TealOxen_98 Siempre existió y siempre existirá. Igualmente más allá del poco éxito que las almas buenas y los valores morales puedan tener frente al dolor, la injusticia o la violencia, son batallas necesarias que nivelan el fiel de la balanza para que todo no se eche a perder. Las cadenas de oración, la misericordia, la solidaridad, las acciones de las organizaciones comunitarias y de los hombres como individuos pensantes contribuyen lenta y estoicamente para evitar que todo lo perverso y angustiante de la vida se alivie y sane. No todo está perdido. A veces hay derrotas y a veces triunfos. Lo importante es seguir luchando, creyendo y apostando por las cosas buenas de la vida. Un saludo cordial. Y gracias por leer la historia y por tus comentarios.


#34

El 12 de diciembre de 1.979, la ciudad colombiana de San Andrés de Tumaco, sufrió los efectos de un terremoto de 7,9 en la escala de Richter, desencadenando un poderoso tsunami que azoló las costas de Colombia, proveniente del corazón mismo del Pacífico.
Esta ciudad ubicada en el suroccidente del departamento de Nariño, es conocida como la Perla del Pacífico. Su puerto constituye la salida al mar de una pequeña población de construcciones antiguas, bajas, a medio terminar, con modestas viviendas, coloridas y pintorescas, pobladas de vistosas rejas forjadas, con ladrillos artesanales, enclavadas sobre angostas calles empedradas, con nutridos comercios callejeros y vendedores ambulantes.
Su carretera principal, conocida como “la vía al mar” une la localidad de Tumaco con la ciudad de San Juan de Pasto.
A 4 kilómetros del centro municipal, se encuentra el Aeropuerto La Florida, única salida aérea para los habitantes de aquella antigua población.
Dos días después de aquellos dramáticos acontecimientos, el equipo de Médicos sin Fronteras arribó a las proximidades de Tumaco.
La zona fue declarada como Área de Desastre. Soldados del ejército y de la marina colombianas, como así también funcionarios de Defensa Civil habían comenzado las operaciones de rescate. La zona carecía de corriente eléctrica y tampoco funcionaban las líneas telefónicas. Sólo un par de días después pudieron ser restablecidos estos servicios.
Los lugareños nos contaron que el tsunami había sido tan potente que hundió la pequeña isla de Guano, arrastrada por olas de hasta 5 metros de altura, con una velocidad de alrededor de 250 kilómetros por hora.
Alejado del área de desastre, se instaló el campamento médico, gracias a la valiosa colaboración de los voluntarios autóctonos.
El panorama era desolador. Alrededor de 10.000 viviendas de la región habían sido arrasadas, atrapando a centenares de personas, que eran rescatadas con gravísimas heridas o, en incontables ocasiones, sin vida.
El clima tropical húmedo, con temperaturas promedio de 29°, representaba un factor agobiante, que se sumaba a la dura tarea de la búsqueda y traslado de las cuantiosas víctimas de aquella catástrofe climática.
Desgraciadamente la mayoría de las víctimas eran mujeres y niños, ya que los hombres, dedicados principalmente a la pesca de camarones y al cultivo de palma, arroz y cacao, trabajaban lejos de las zonas urbanas.
Como había visto en tantas oportunidades, lo más llamativo era el aire desolado y lastimero de los sobrevivientes, que caminaban como zombies, con la mirada perdida, las ropas hechas harapos, con heridas y moretones, preguntando por sus seres queridos, shockeados por el caos reinante. Eran sombras silentes, arrastrando sus frágiles almas como quien arrastra grilletes con cadenas y pesadas esferas de metal.
Luego de ocho años de servicios ininterrumpidos en Médicos sin Fronteras, había sido promovido a Jefe de Cirugía, por lo cual tenía a mi cargo a un grupo de cinco jóvenes médicos de distintas nacionalidades que colaboraban con pasión y denuedo en aquella compleja tarea de la medicina asistencial de crisis.
Una tarde, trajeron al campamento al único sobreviviente del naufragio de un barco camaronero, encontrado en las inmediaciones del puerto de Tumaco. Era un joven de alrededor de 30 años, moreno, muy delgado y de rasgos huesudos. Había llegado desmayado, con una profunda herida sangrante en el vientre. Tenía desgarrada la musculación de la zona abdominal y seriamente comprometidos el intestino grueso y el hígado, ambos perforados por una astillada viga de madera, que lo atravesó durante el naufragio.
Su situación era extremadamente delicada. Sus signos vitales estaban debilitados, por la gran pérdida de sangre. Se hallaba casi desahuciado. Pero si hay algo que me enseñó esta profesión es que nunca hay que dar una causa por pérdida y que la muerte sólo es definitiva cuando se ha resignado la última pizca de esperanza y el aliento postrero se atraganta en la garganta.
Contra todo pronóstico, estaba decidido a que aquel joven no moriría aquel día. Seguramente yo era, como tantas veces, el instrumento del azar, y el Destino manejaba mi mano con la pericia que sólo impone la experiencia y la certidumbre absoluta.
Luego de tres horas de una compleja intervención quirúrgica, que requirió la extracción de restos de viga y la reconstrucción del hígado y del intestino, además de una limpieza minuciosa y de milimétricas y precisas costuras, logramos, junto con mi equipo médico, ganarle una nueva batalla a la Muerte.
Una vez más sentí la satisfacción del deber cumplido.
En la sala de espera estaban sus familiares. Su hermana, una preciosa mujer de cabello castaño oscuro y ojos pardos me recibió con gesto de preocupación. A su lado, un hombre de rasgos orientales y aspecto tosco, la acompañaba en silencio.
Me presenté y les di el parte médico, que sin dudas era bastante alentador. Ella me escuchó con atención y finalmente, con una hermosa sonrisa de inmaculada dentadura, me abrazó y me dio las gracias.
Reconozco que, a pesar de la situación, aquella majestuosa mujer de alrededor de cuarenta años, me impactó profundamente. Sus facciones suaves, su cabellera lacia y su sonrisa encantadora representaban un verdadero deleite para la visión.
Cuando se marchó me dejó inmerso en vertiginosas sensaciones. Había atravesado tantos mundos de dolor en los últimos años, que aquella mágica visión me traía, con su angelical figura, un atisbo del milagro de la naturaleza, una chispa del fulgor inmarcesible de la Belleza Pura, un trozo del Paraíso Perdido para aliviar mi pobre vida terrenal.

Hace alrededor de 2 años

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SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Gracias @Navesirio Pronto estará la continuación y la historia de esa sorprendente mujer!!

Yosoydanygodoy
Rango11 Nivel 50
hace alrededor de 2 años

Melancolía y amor, perfecta combinación.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

@Prometeo, pronto empezaré con mi querido Dr. Winter, pues no es fácil de olvidar una figura cuyos principios y valores, cuya humanidad es un ejemplo y admiración. Cómo voy a dejar a quien tanto da sin desear recibir más que paz y una justicia que es casi imposible de llevar. Un saludo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Gracias @TealOxen_98 creo que esta historia te va a gustar. Hay un poco de todo en ella: dolor, misterio, amor... Gracias por tomarte tu tiempo para seguir la historia. Te envío un saludo cordial.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Es extraño y no tanto que muchas y miles de veces me pregunto porque las peores catástrofes medioambientales ocurren en lugares donde el hambre y la penumbra reinan por doquier. Siempre pierde el que menos tiene, el que más sufre, el que menos recursos posee, el que más expuesto está por ser humano de inferior superioridad. Y siento decirlo, pero lo expresó como lo siento, pues bien se sabe que hay miseria, muerte y guerra y parece que al mundo sólo le importe la foto de turno. Más en mi opinión acabar con el problema de raíz parece que no interesa, debe ser que los seres humanos tenemos un precio, y lo llevamos pegado para que se nos haga distinguir entre los que valen más y los que no merecen la pena. Si, el siempre positivo y luchador Dr. Winter que ve y siente que mientras hay vida hay esperanza, más seguro que en el fondo de su alma alguna vez se ha cuestionado la reacción de aquellas personas que viven para luchar constantemente para sobrevivir, y otras que viven a costa de estas, que viven la vida porque en la condición del los humanos están las jerarquías. Y que importa mujeres y niños primero si el mundo no se paraliza para proteger a los más vulnerables es porque el alma en el es para unos pocos y no para el mundo entero. Entre tanta desolación, años de duda e incomprensión, caminos que obstáculos fueron espinas y momentos donde la muerte era para el Dr.Winter la mejor compañía, surge una chispa que lo altera, conmueve y parece que lo despierta en un mundo de sensaciones donde el se recrea. Una sonrisa angelical, una dulce mirada, tal vez sea que se siente despierto tras años y años de tener el corazón en entrega de dolores y llantos. Es muy especial y para mi como si lo conociese @Prometeo, más es admirable como persona, fuerte como el roble y sabio. Espectacular, siempre sacando lo peor de mí, y es que la verdad es difícil de digerir más me prefiero leer la verdad que vivir en una mentira constante. Felicidades!!!


#35

Fueron días difíciles aquellos. El repaso del estado de situación y el recuento de víctimas daba un saldo bastante negativo. Cerca de 450 muertos, alrededor de 1.800 heridos y casi 2.000 desaparecidos, sumado a los incalculables daños materiales, brindaban un panorama desolador.
Aquel pequeño paraíso colombiano, la “Perla del Pacífico”, se había transformado en un infierno de dolor, muerte y desamparo.
Frente a semejantes catástrofes siempre se me ocurrían pensamientos recurrentes. ¿Cuál era la razón por la que me hallaba en medio de aquellas tragedias? ¿Por qué no me había dedicado a la peluquería, al fútbol, al comercio, al arte? ¿O al menos por qué no había instalado un tranquilo consultorio en Ceibales, dedicándome a curar gripes, dispepsias o migrañas?
Y siempre me respondía lo mismo. Lo hacía porque en el fondo amaba mi profesión. Me llenaba el alma poder ayudar a las personas. Y además tenía un espíritu aventurero que me arrastraba una y otra vez hacia los rincones más remotos del planeta, hacia las desventuras más complejas y dolorosas.
Estaba convencido de que, en el fondo, todo aquello estaba relacionado con una búsqueda permanente y febril de mí mismo, de mi esencia, de mi YO interior.
Un par de días después de aquellos acontecimientos, fui a visitar al paciente que se había salvado del naufragio, el de la riesgosa y exitosa operación.
Cuán grande y agradable fue mi sorpresa cuando, al llegar a la habitación, no sólo lo encontré satisfactoriamente recuperado y con buen semblante, sino que además lo hallé en compañía de su preciosa hermana, aquel ángel de enormes y bellos ojos pardos.
Pareció muy complacida de verme. Estrechando mi mano con inquietante calidez y mirándome a los ojos, me dijo:
- Es un gusto saludarlo, doctor…
- Winter… -me apuré a aclarar-. Pero… puede llamarme Sebastián.
Sonrió con una sonrisa radiante y bellísima, como un acariciante amanecer.
- Muy bien, Sebastián. Mi nombre es Stella Márquez. Y realmente no tengo palabras para agradecerle lo que hizo por mi hermano.
- No tiene nada que agradecer. Es mi deber –dije, con un leve además de cabeza.
- Lo sé. Pero su pericia fue asombrosa. Si mi hermano hubiese caído en manos de algún médico lugareño, seguramente no habría sobrevivido. Es un milagro que se halla cruzado en su camino.
- ¿Usted cree en los milagros? –me animé a preguntar, risueño.
- Sólo en aquellos que generan las personas con sus acciones cotidianas. Es usted ciertamente un milagro en sí mismo.
- Me halaga –contesté-. Pero creo que no existe milagro mayor que el de la belleza. Y ante él me rindo.
Hice una pequeña reverencia y le regalé una de mis mejores sonrisas.
- Es usted todo un seductor, por lo que veo –comentó, sonriendo dulcemente.
- Sólo cuando la causa lo amerita –respondí, en un abierto coqueteo.
Hubo un silencio muy significativo, luego del cuál comentó, encaminándose hacia la puerta.
- Esta noche haremos una reunión en la quinta de veraneo, a fin de juntar fondos para las víctimas de la tragedia. Me encantaría contar con su presencia.
- Será un placer. No me lo perdería por nada del mundo.
La vi alejarse y no pude abstraerme a su influjo, como un metal atraído por la fuerza de un poderoso imán.
Cuando se fue, su hermano se quedó mirándome, con un gesto muy divertido.
- ¡Usted sí que no pierde el tiempo, doctor! ¿Eh?
Lanzó una contagiosa carcajada, que reprimió inmediatamente cuando sintió dolores por las heridas de la operación.
- Es realmente una mujer bellísima –afirmé.
- Sí que lo es –asintió-. Evidentemente usted no sabe quién es. No tiene la menor idea. ¿Verdad?
- ¿Cómo quién es? –pregunté, confundido.
- Mi hermana es una famosa modelo. Fue Miss Colombia en 1.959 y la primera ganadora del concurso Miss International 1.960. Nació aquí, en Tumaco.
- ¿En serio? ¡Con razón! No me sorprende en absoluto.
- Ella vive en Filipinas, junto a su marido, quien es un conocido comerciante y empresario. Están de visita, tratando de ayudar a las víctimas del tsunami. Es muy generosa y solidaria. Eso sí –me aconsejó-. No se haga ilusiones. El marido es muy celoso y no la deja a sol ni a sombra.
- Claro. Es el que la acompañaba el día de la operación. Lo entiendo. Debe ser difícil estar al lado de una mujer semejante.
- Es un buen hombre. Pero muy tosco. Ella tiene una sensibilidad muy especial, que él nunca entendió. Le ha dado lujos y comodidades, pero creo que en el fondo no supo hacerla feliz.
- Dios le da pan al que no tiene dientes –sentencié y me marché, en tanto mi paciente reía, sosteniéndose el vientre para contener los dolores producidos por su risa.

Hace alrededor de 2 años

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SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Ya veremos @Navesirio Winter es pasional y a veces no mide consecuencias!! Saludos

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace alrededor de 2 años

Cierto, así es el Dr. Winter no sólo porque ama su profesión que es vital en su vida, parte por querer ayudar a las personas, casi imprescindible ser alma aventurera recorriendo todos lo rincones de la tierra y como una esponja absorbiendo cada escena, visión del mundo que le rodea como historiador que vive experiencias ajenas y sabe que encontrarlas entre el dolor y la miseria humana para poder se parte de ella y sentir que forma su propia esencia. Es tal vez porque es innato en el y una parte adquirida que nace y crece a medida que se sumerge en cada rincón de este extraño mundo donde reina la penumbra, el hambre y la injusticia, y es declarada justa por aquellos que viven a costa suya. Por otra parte creo que esa belleza va a causarle más problemas que dulzura, más si está es presa de un celoso marido que no la deja y la sigue como su propia sombra, me temo que el Dr. Winter tendrá que tener tanto tacto y destreza como si prácticase una operación manejando con gran precisión bisturí y la incisión, pues bien debería saber que en el amor no todo son rosas y encantos, no todo es ternura y cariño, ni pasión por un latido, hay se dice que amores que matan, aunque Dios de pan al que dientes no tiene, será porque el que le pidió pan se olvidó de decirle que no podía comerse el pan. Es enamoradizo este Dr. Winter, una lástima que no tuviera compañera aventurera pues se merece una mujer...mujer de bandera. @Prometeo en está parte me da la sensación de que se encuentra más relajado, más divertido, como enamorado y me hace gracia entre tanta desgracia...Espléndido!!!

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Si. Es cierto @TealOxen_98 Winter es enamorados y es mi intención no sólo mostrar si lado humanitario y responsable, sino mostrarlo como una persona con debilidades, pasiones y errores. Jamás se detiene ante aquello que la vida le ofrece ofrece dadivosamente. Gracias por leer

TealOxen_98
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hace alrededor de 2 años

Me alegra verlo como humano, con errores y encantos, débil ante amores que pueden llevarlo a una situación de íntima emoción, donde duele más el corazón que un fallo por ser de principios y valores firme como un bastión. En está situación @Prometeo has mostrado su lado más humano, Chapó!


#36

Esa noche, cálida y agradable, junto a uno de mis colaboradores, el doctor Carranza, de nacionalidad mexicana, un joven agradable y de buen humor, nos vestimos para la ocasión y enfilamos hacia las afueras de Tumaco, respondiendo a la amable invitación de Stella Márquez.
La casa quinta se hallaba en un recoleto barrio colonial, en donde casi no habían llegado las secuelas del terrible tsunami. Un imponente parque de palmeras, coloridas matas de flores y copiosas arboledas circundaba el casco de aquella antigua casona de tejas coloniales, aberturas de madera y arcadas señoriales. La copiosa iluminación resaltaba las paredes pintadas de blanco con detalles de azulejos multicolores y lajas en tonos grises y ocres.
Sin dudas que la alta sociedad colombiana se hallaba en aquel lujoso salón, de pintoresco mobiliario, antiguas luminarias y delicados arreglos florales, ostentando sus elegantes Jackets, sus costosos tapados de visón, sus vestidos de soireé y su llamativa bisutería.
Aquel boato y ostentación eran tan contrastantes con la miseria y la terrible destrucción del poblado que me causó una desagradable impresión. Sólo me alentó la idea de que aquellos invitados pudientes y de encumbrada alcurnia pudieran sanear, con su humanitaria beneficencia y su generosa caridad, parte del desamparo y el dolor ocasionado por aquella inclemencia climática.
- ¡Qué gusto que haya venido, doctor Winter! –nos recibió la anfitriona, con su sonrisa cristalina y un vestido infartante, tomando mi mano con delicadeza.
- El gusto es todo mío, estimada señora. Debo decirle que está usted maravillosa esta noche.
- Es usted muy amable… y muy galante –dijo, con un leve sonrojo.
Tenía un aire principesco, pero a su vez una modestia sin alardes en su modo de conducirse. La sobria y natural elegancia de una reina.
Inmediatamente su esposo se acercó a nosotros y nos saludó con forzada amabilidad.
- Gracias por venir. Estamos muy agradecidos por lo que hizo por mi cuñado –comentó, dándome un excesivo apretón de manos, en tanto me miraba a los ojos.
Soporté el embate de su mirada y la fuerza de su mano. Reconozco que el ejercicio diario y mis clases de tenis habían dado bastante potencia a mi brazo derecho.
- Por favor siéntanse como en casa y sírvanse lo que gusten –nos alentó Stella.
Entre tanto trabajo ingrato de los últimos días, aquella reunión representaba para nosotros un oasis de placer en el inmenso desierto del dolor. Así que aprovechamos para comer y beber a destajo, con un deleite que no habíamos experimentado en mucho tiempo. El champagne corría por nuestras sedientas gargantas como el burbujeante torrente de un abundante manantial. Y aquellos manjares exquisitos despertaban en nuestras papilas gustativas sentires inéditos, con sus cremosas texturas, sus regustos agridulces, sus crocantes apetencias, sus deliciosas frescuras. Canapés de salmón ahumado, caviar, tacos de gambas con mango, sushi, conos de tártar de atún picante, carne wagyu tipo kobe y el foie gras entre otras exquisiteces, poblaban las nutridas mesas con sus sabores y fragancias embriagantes.
Mi colega mexicano no sólo arremetía con avidez sobre aquellas gustosas comidas, sino que además parecía dispuesto a catar cada uno de los tragos autóctonos que el barman preparaba con envidiable pericia: agua de panela, lulada, canelazo, chicha, aguardiente, chirrinchi y cuanto elixir se cruzara por su camino.
Debo confesar que a pesar de haber probado aquella noche algún que otro trago tradicional, me aboqué casi exclusivamente al champagne, diría que con obstinada vocación etílica.
Así que ambos ostentábamos un talante entre alegre y moderadamente ebrio. Siempre he gozado de aquello que se conoce como “cultura alcohólica”, aunque reconozco que me hallaba en ese estadío que está a medio camino entre el envalentonamiento y la felicidad exacerbada.
Por este motivo no apartaba mi mirada de la bella anfitriona, que paseaba su elegancia y su finura por el amplio salón, meneando su grácil figura de diosa olímpica, saltando de grupo en grupo y amenizando la charla con su simpático don de gente de mundo.
Y como el destino maneja su endiablado cubilete de azarosos dados, la vida me dio una oportunidad sutil y remota para acercarme a la morocha de mis ensueños.
Una pequeña orquesta de cámara que habitaba uno de los rincones del salón, comenzó a interpretar un vals de aquellos con que la familia Strauss animara los alegres salones vieneses de mediados del siglo XIX.
Algunas parejas comenzaron a danzar con cierta pompa y algarabía. Entonces el dueño de casa sacó a bailar a la sonriente anfitriona, quien demostró una envidiable plasticidad de movimientos que contrastaba con la torpeza de su marido.
Los observamos un instante en silencio, en tanto algunos invitados aplaudían y vitoreaban con entusiasmo.
- Es muy hermosa –exclamó entonces mi colega Carranza, mirándome con una peculiar sonrisa-. Y qué bien baila.
- Preciosa –asentí, embelesado.
- Pero no te animas a sacarla a bailar –apostó mi compañero.
- Sería una falta de respeto –insinué, sonriendo.
- Puede ser –convino-. Pero… no te animas… ¿verdad?
Lo miré fijamente, dejé mi copa sobre una mesa, esbocé una sonrisa y un guiño cómplice y le dije:
- Veo que todavía no conocés a Sebastián Winter.
Y enfilé mis pasos hacia la pista de baile.

Hace alrededor de 2 años

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TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace casi 2 años

Cierto, no olvidemos @Prometeo que los seres humanos practicamos la " cadena alimenticia del poder" a costa de la vida de otros seres humanos, por lo tanto todo ese boato y lujo, esa ostentosa vida de riquezas y placeres, todo ese esplendor que rodea a quienes son y se alzan en derecho de vivir a costa de sangre y sudor, miseria y desesperación, es porque la moral les falta y se impone la corona de la codicia humana. Más como ser humano actúa y si no es él será otro el que lleve tal corona que entre ricos se entienden y la miseria es parte de está especie extraña. Me hace gracia la actitud del Dr. Winter, de nuevo comportándose como un chiquillo sinceramente creo que se le está yendo de las manos pues ya sabe que la Dama aunque casada no por amor este con tan celoso marido, ella ha elegido tal destino, que se casa por riquezas y debe afrontar que un precio tiene que pagar por vivir como Reina y no como mujer de corazón fiel. Y por lo que leo su marido parece que se ha percatado de la osada mirada del Dr. Winter hacia su esposa, más parece que al sacarla a bailar es como si le demostrase que todo tiene un precio, y que fue un trofeo que bien caro pagó y es su objeto y no de otro, que quien se vende tan a la ligera no es dueño de su vida más la entregó con gusto y causa canjeando alma por riquezas y placeres que bien gasta. Bien debería saber el Dr. Winter que pisa sobre tierras movedizas y sabedor del camino de está vida tan ingrata, jugar con fuego basta para quemarte con las brasas. Sinceramente está parte me gusta bastante, reiteró que me complace verlo actuar como un alocado enamorado. Espléndido @Prometeo.


#37

Y enfilé mis pasos hacia la pista de baile. Mi rumbo fue preciso y certero, con una decisión inclaudicable, con una vehemencia intrépida y feroz. Me acerqué a la pareja y me paré a su lado, inquiriendo, con un ademán de cabeza:
- ¿Me permitiría esta pieza?
Ambos quedaron asombrados, él con el ceño fruncido y una odiosa seriedad, ella con una imperceptible sonrisa y un brillo peculiar en los ojos. Hubo un silencio denso.
- No pueden negarle ese placer a este modesto y sacrificado servidor de la medicina –me animé a insistir, con marcada ironía.
Su esposo la miró fijamente, como aguardando una respuesta que se empeñaba en digitar con su fulminante mirada.
- Desde luego, doctor. Será un placer –dijo ella, finalmente.
Entonces él se alejó a toda velocidad, con un rictus de desagrado en el rostro. Tomé su mano derecha y coloqué mi mano izquierda alrededor de su grácil cintura.
- Espero no haberte ocasionado un momento desagradable con mi atrevimiento –me disculpé, optando por el tuteo.
Lanzó una carcajada, que parecía el tintineo melodioso de sonoras campanas y aceptó mi propuesta de soslayar el protocolo en el lenguaje.
- De ninguna manera. No tienes por qué disculparte. Aunque debo reconocer que fue muy osada tu decisión, pero ciertamente me halaga mucho. Sé lo que significa cruzar el salón y animarse a tomar esta resolución. Reconozco que me fascinan los hombres que no tienen temor a tomar lo que desean.
Me asombró su comentario, pero a su vez me alentó a seguir adelante.
- ¿Cuántas chances puedo tener en la vida de bailar un vals con una famosa reina de belleza?
Rió con su risa cristalina, mostrando aquella dentadura de marfil.
- Ninguna seguramente – aceptó, divertida.
- Entonces era ahora o nunca, aún a riesgo de que tu esposo me muela a trompadas.
- No. No hay peligro. Es como los perros guardianes. Ladra, pero no muerde.
- Me alegro. No estoy vacunado contra la rabia.
Reímos un instante. Ella se relajó y a mí se me fue aclarando la mente, algo embotada por el alcohol.
- ¿De dónde eres? –me preguntó.
- De Buenos Aires, Argentina.
- Dicen que es una hermosa ciudad. Conozco Brasil y Chile, pero no he llegado nunca a Argentina.
- Creo que ahora tienes un motivo para visitar mi país.
- No creo que mi esposo esté muy dispuesto a satisfacer ese capricho –comentó, sonriendo.
- ¿Sólo haces lo que tu esposo te permite?
- No. Realmente me satisface en casi todos mis gustos –confesó y luego inquirió-: ¿Así que eres de Argentina? ¿El país de Silvina Suarez, la actual Miss Universo?
- Sí, Claro. Es cierto. ¿Y qué haces de tu vida?
- Vivo en Filipinas, con mi esposo. Soy directora del certamen Binibining Pilipinas (o sea, Miss Filipinas). Y también hago modelaje.
- ¿Y es cierto que fuiste Mis Universo?
- Fui Miss Colombia en 1.959 y gané el primer certamen de Miss International que se efectuó en California.
- Pero volviste a tu pueblo.
- Sí, pero sólo por unos días. Cuando me enteré del tsunami vine para asistir a mi familia y recaudar fondos para los damnificados. Pero en un par de días volvemos a Filipinas.
Mientras la escuchaba, me percaté de un detalle que me llenó de asombro.
- ¡Esto es increíble! –exclamé, mirando el objeto que colgaba de su cuello.
- ¿Qué cosa? –me preguntó.
- La cruz que llevas en tu cuello.
- Ah, es la cruz tumaca, el símbolo de la Vida, utilizada por los antiguos chamanes colombianos.
Desanudé mi corbata y le mostré mi cruz Ansada, que colgaba de mi cuello.
- ¡Son iguales! –dijo, con desconcierto y fascinación.
- Me dijeron que pertenecía a la tradición egipcia. Representa un jeroglifo, denominado Ankn, que significa “llave de la Vida” -aclaré.
Nos miramos fijamente y sentimos una conexión inmediata. Creo que ambos presentimos que nuestro encuentro no había sido casual, que algún extraño designio había alineado nuestros destinos.
- Ven, acompáñame –me dijo, conduciéndome de la mano fuera del salón.
Subimos unas escaleras y me guió hacia un escritorio, una especie de sala de lectura con una nutrida biblioteca y algunas obras de arte pictóricas y escultóricas. Se aproximó a un buró antiguo de persiana, fabricado en roble, sacó una llave de un cajón y abrió la persiana del mueble, dejando a la vista diferentes huecos portapapeles y un amplio escritorio.
De uno de los huecos, extrajo un conjunto de vetustos pergaminos, escritos en una lengua antigua, cifrada, con bocetos y simbología, que me recordaba a algunos tratados de ocultismo que alguna vez cruzaran por mis manos, relacionados con símbolos de la antigüedad.
- La cruz y estos pergaminos tumacos me los entregó mi padre antes de morir. Pertenecían a mi abuelo, que había sido chamán, y éste lo había recibido de sus ancestros. Estos objetos tienen más de 2.000 años.
Me quedé en silencio, sorprendido.
- En estos pergaminos –continuó diciendo- se cuenta la historia de la Cruz de la Vida, llamada por otras culturas, cruz Ansada. Su origen inicia en el Egipto de los faraones. En el siglo II, con la difusión del cristianismo, las misiones de monjes cristianos difundieron el símbolo a regiones muy remotas. Así se originó la cruz irlandesa y la cruz armenia. Y posteriormente, el neocanareo, de origen cartaginés. Guarda a su vez una íntima relación con el Golem y el símbolo Oth de la cábala hebrea. Así es como este símbolo llega a Perú, incorporándose a la cultura Mochica y finalmente a Ecuador y Colombia, en la cultura Tumaco.
Se quitó su cruz y me pidió la mía. Las colocó juntas sobre el escritorio y, tomando una lupa, observó los detalles, las semejanzas y las diferencias.
- Fíjate –me dijo-. Son idénticas en forma, tamaño y materiales. Pero su simbología es distinta. La tuya lleva el ojo de Osiris y jeroglifos egipcios. La mía en cambio tiene la máscara chamánica y símbolos tumacos. Sin embargo coinciden en el águila, que es representativo para ambas culturas.
Observé con detenimiento las cruces, utilizando la lupa. Ese hallazgo era increíble. Otra vez la vida me hacía un guiño, como intentando decirme algo trascendente. Tomé los pergaminos y los analicé con gran curiosidad. Eran realmente muy antiguos. Estoy seguro que un coleccionista hubiese pagado fortunas por esas rugosas hojas de papel amarillento.
- Es sorprendente –dije, finalmente-. Veo que sabes mucho del tema.
- Soy la portadora de objetos muy preciados para mis antepasados. La depositaria de un conocimiento ancestral, de un legado profundo que fue transmitido de boca en boca durante dos milenios. Llevo en mis venas la sangre de los antiguos chamanes, guardianes del conocimiento de la Vida después de la Vida.
- ¡Y pensar que creí que solo eras una reina de belleza, una simple cara bonita! –me sinceré.
- Eres la única persona que sabe de la existencia de estos objetos. Sin dudas el destino te trajo hasta mí, con un propósito que sólo los dioses pueden conocer.
- ¿Nadie más conoce tu secreto? –pregunté, azorado.
- Y nadie más debe saberlo. Me lo debes prometer. Cuando me marche de este mundo deberé dejar este legado a alguien que sea digno.
- Lo sé. Quien me dio esta cruz me lo aclaró –le dije-. Y puedes quedarte tranquila. Tu secreto está a salvo conmigo.
Me sonrió, con su luminosa sonrisa y me besó en los labios, con un beso dulce y prolongado. Un cosquilleo de placer me corrió por todos los poros de mi cuerpo.
- Creo que si no me das otro beso le contaré a todo el mundo tu secreto.
Largó una breve carcajada, me acarició la mejilla y me volvió a besar. La tomé del cuello y nos besamos apasionadamente.
En ese momento sentimos pasos en la escalera.
- ¡Debe ser mi esposo! –exclamó, alarmada.
- ¡Estamos en el horno!
- Sígueme –me ordenó, tomándome de la mano.
Entonces me condujo por otra salida que daba a un largo pasillo de innumerables puertas y que desembocaba en la escalera de servicio. Bajamos apresuradamente. Ya en la planta baja y antes de atravesar la puerta que nos conduciría nuevamente al salón, se detuvo, me volvió a besar, dejándome sin aliento, y me dijo:
- Debes irte, Sebastián. Tal vez algún día volvamos a vernos.
Y sin esperar mi respuesta atravesó la puerta. Aguardé un minuto y también volví al salón.
Mi colega mexicano bailaba con una chica, bastante acaramelado.
- Tenemos que irnos, Carranza –le dije, arrastrándolo del brazo.
Mientras nos marchábamos, vi de reojo a Stella discutiendo con su esposo, quien gesticulaba acaloradamente.
- ¿Qué pasó? –preguntó mi colega.
- ¡Vamos! Después te cuento.

Un par de días después abandoné Colombia y volví a mi hogar transitorio, en Madrid, aún condenado al exilio, con un par de anécdotas en mis alforjas y con el regusto en mi boca de los labios más dulces que besé en toda la vida.

Hace alrededor de 2 años

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SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Gracias @Navesirio Todo está más relacionado de lo que creemos en este mundo!! Saludos

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace casi 2 años

El amor y la historia, la historia y amor, una mezcla de superstición en medio de una pasión. Pues siendo hombre de mundo @Prometeo, entiendo que el Dr.Winter quedé prendado de tan bella mujer, teniendo principios es un poco osado al poner en riesgo el puesto de ella por un arrebato de tenerla un instante en casa del marido con ese talante. Él seguirá su camino y puede que sean los labios más dulces que han besado en su larga vida, más esos mismos labios no le pertenecen ya están ocupados en otros que bien la mantienen, y repito que siendo tan racional se comporta como un alocado airado deja al marido por probar tan gusto bocado. Por otra parte y en mi opinión, viviendo tantas experiencias extraño que crea que una cruz, objeto o talismán ya sea bendito, hechizo de creencia tribal pueda dirigir y servir al que lo porta, pues es hombre libre de supersticiones, magias y maldiciones, pienso que casualidades no existen en está vida y todo sucede por alguna causa, más no creo que los sufrimientos humanos y menos el dolor de éste mundo irracional se curen con magias y objetos, si con ser parte de ellos, pensar que uno sólo nunca los va a parar, más si levanta conciencias y nos metemos en ello cortando el juego de una historia que se repite sin aprender y volviendo a ser de nuevo canalla por humana ser, los más ricos no portarán más que lo correspondido siendo los miserables los que les toque ser ese objeto de culto, pues no hay mayor recompensa ni chaman que lo detenga que el equilibrio entre la riqueza y la cruel pobreza. Excepcional, como siempre éste Dr.Winter me tiene anonadada, se ha comportado como un chiquillo enamorado! Felicidades @Prometeo.


#38

INVASIÓN EN AFGANISTÁN

Sobre fines del invierno, el doctor Winter estuvo en cama algunos días, aquejado por una persistente bronquitis. Lo visité en varias ocasiones para interiorizarme de su estado de salud, ver si precisaba algo y, de paso, controlar que tomara su medicación.
Una hermosa mañana, en la que se vislumbraban los aires inequívocos de la primavera, lo encontré muy recuperado y de excelente humor. Así que se levantó de la cama, se pegó una ducha y me pidió que lo acompañara a dar un paseo por las viejas calles de Ceibales.
Un agradable y tibio sol nos besaba apaciblemente, mientras recorríamos las anchas veredas de aquel pintoresco pueblo de provincia, poblado de abigarradas arboledas, antiguas construcciones y sencillas liturgias pueblerinas.
Atravesamos la feria callejera, con sus ofertas de hortalizas, vinos pateros y embutidos de cerdo.
Pasamos por el frente del boliche “El Caburé”, centro de recreación popular y concilio de los más conspicuos borrachines de la zona.
Avistamos el Club “El Progreso”, vieja sociedad de fomento de índole deportiva y social, el elegante Auditórium, el Palacio Municipal, la seccional de policías, la brigada de bomberos voluntarios y el Hotel Paradiso, con su antigua fachada colonial. Finalmente desembocamos en la Plaza Carlos Gardel, con sus vistosos faroles, la fuente de los deseos, el viejo Carrusel y sus añosos sauces, eucaliptus y nogales.
Nos sentamos en un banco de la plaza, cerca de los juegos infantiles. A Winter le encantaba ver jugar a los niños, columpiarse en las hamacas y tirarse de los toboganes. Sonreía al verlos, como si él mismo estuviese disfrutando de aquellos juegos pueriles.
- ¡No hay tiempo más feliz que el de la infancia! –dijo finalmente, con una sonrisa-. ¡Todo es tan sencillo!
- Tiene sus bemoles –comenté-. Yo era muy tímido y eso me traía muchos problemas.
- Yo tuve una hermosa infancia. Inolvidable –rememoró, con nostalgia.
- Sí. Yo también, doctor. Pero la inexperiencia y la hipersensibilidad nos hace sufrir muchas veces.
- Es lógico. Debemos aprender y sólo se aprende equivocándonos y sufriendo –reflexionó-. He estado en lugares donde los niños conviven con la extrema pobreza, con la guerra y el desamparo. Maduran con increíble premura. Pierden la inocencia y la candidez muy rápidamente, casi sin darse cuenta. Tienen terribles responsabilidades siendo muy pequeños y su niñez es apenas un tránsito apresurado que los conduce a la madurez sin escalas.
- Amargo panorama el de un niño solo y triste –me lamenté.
- Muy amargo. Esto me recuerda a la historia de Nawab, un niño afgano, que tuve la suerte de conocer en 1.981, durante la invasión rusa a Afganistán y que, a pesar de sus escasos 10 años, me brindó uno de los ejemplos más grandes y valerosos que recibí en mi larga y fructífera vida.
- Parece, doctor, que tiene para mí una nueva crónica.
- Sí, amigo, una dura y conmovedora historia.

Hace alrededor de 2 años

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SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 2 años

Gracias @Navesirio eres muy amable!!! Me alegra que pueda despertar tu imaginación!!! Saludos.

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace casi 2 años

@Prometeo, no sé porqué no has hecho del Dr. Winter una novela y has intentado publicarla, porque detalle no le falta en ninguno de sus aspectos, tiene historia, está repleta de sentimientos, hay para hacer sonrojar al más diestro, y todo ello a través de un ser humano que de nombre le has puesto Dr. Winter. Yo de ti me plantearía aunque tardase años, enviar estás historias en una sóla y estoy segura que veríamos en un libro al Dr. Winter y como autor...Prometeo.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Es una novela @TealOxen_98 . Sólo me faltan 4 capítulos para terminarla e intentaré publicarla. Te prometo que si la publico te enviaré un ejemplar ejemplaroor haberla seguido tan fielmente!!

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace casi 2 años

Prometido lo has dejado escrito @Prometeo, y con una dedicatoria de tu puño y letra, para decirle a la ingenua gente que mira y se lamenta, que dice y no hace, que mucho se lamenta más se queda quieta que existen personas y que yo tengo al Dr. Winter, es de los que hacen porque quieren y su moral es humana, habla porque callar es mejor más él posee alma, y lucha por valores en los que tiene fe y no se para a rezar diariamente en misa que es más cómodo y limpio para conciencia tener tranquila, es de los que se ensucian las manos de sangre, los que pisan fuerte sabiendo que hay bajo sus pies minas, y salva entre el fuego cruzado, además de ser un osado y travieso enamorado. Muchísimas gracias.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Me alegra que te guste el personaje @TealOxen_98 Realmente es un personaje muy querido para mi, con una significación y una impronta muy especial. Creo que en el fondo coincidimos con los valores, pero él se animó a vivir esas historias a pesar del dolor y la impotencia que generan las terribles injusticias que vive y sufre cada día en su profesión médica. Gracias por seguir la historia y por tus bellos comentarios


#39

En el marco de la Guerra Fría, a fines de los años 70’, la Rusia comunista invadió Afganistán, a fin de apoyar a las fuerzas de la revolución socialista afgana contra los insurgentes muyahidines, grupos de guerrilleros afganos islámicos, quienes eran apoyados por numerosos países extranjeros, liderados por Estados Unidos.
Esta guerra, que duró aproximadamente 10 años, hasta los Acuerdos de Ginebra, representó una clara estrategia de las potencias mundiales para medir fuerzas y posicionarse estratégicamente en la región, ya que éste es un puente neurálgico entre Asia y Medio Oriente.
A principios de 1.981, Médicos sin Fronteras permaneció en Afganistán por medio de misiones clandestinas, materializando así el derecho de acceso de las organizaciones humanitarias a las cuantiosas víctimas y, a su vez, el derecho inclaudicable de las víctimas a recibir asistencia, independientemente del consentimiento del gobierno reinante.
De este modo, nuestro accionar, por ser secreto y encubierto, representaba un acto riesgoso, ya que a pesar de nuestra investidura médica y de formar parte de un organismo internacional con fines humanitarios, nuestras vidas corrían serio peligro y debíamos tomar importantes precauciones.
Por esta razón, nuestros campamentos médicos eran precarios y nómades, yendo de Kabul a Paghman, luego al valle de Panjsher y también a Nagrahar.
Las fuerzas rusas, quienes fracasaran en sus ofensivas con grandes cantidades de soldados y armamentos, decidieron comenzar a usar pequeños grupos de soldados aerotransportados por helicópteros, copiando la táctica utilizada por EE.UU. en Vietnam. Además aplicaron la estrategia de “tierra quemada” fuera de las ciudades, arrasando las zonas agrícolas rurales y los sistemas de irrigación para causar hambre entre los rebeldes escondidos en las montañas.
Por eso, en el campo de batalla, en los campamentos o en las zonas aledañas nos tocaba atender a soldados y civiles con quemaduras de alto grado, amputaciones, heridas de esquirlas y de balas, cortes profundos y traumatismos de extrema gravedad.
El grupo que dirigía estaba integrado por médicos de diversas nacionalidades. Había un hematólogo francés, un infectólogo colombiano, un cardiocirujano afgano, un traumatólogo español y un neurocirujano japonés. Un grupo ecléctico pero homogéneo.
Jamás vi en toda mi vida tantas personas de tan diversas nacionalidades, lenguas y culturas en un mismo lugar, como en aquella recordada misión.
A su vez, era complejo saber quién era quien y a qué intereses respondía. Por eso a pesar del apoyo de las autoridades de Médicos sin Fronteras y del respaldo de organizaciones internacionales como la O.N.U., las Brigadas Internacionales de Paz o la Comisión Ecuménica de derechos Humanos, teníamos la sensación de estar en un estado de precariedad e inseguridad muy grande.
Además éramos conscientes de que ese país, ubicado en el corazón de Asia, con un fundamentalismo religioso profundo y habituado a guerras intestinas sangrientas y milenarias, era el eje de una disputa internacional, que enfrentaba a las potencias más grandes de occidente en una compleja partida de ajedrez.
Una tarde, luego de un prolongado bombardeo aéreo en las proximidades de Kabul, volvíamos en una camioneta con algunos integrantes de mi grupo médico, cuando divisamos a un niño corriendo por el costado de la ruta, perseguido por dos soldados.
Le pedí al chofer que se detuviera e interceptamos al niño. Tendría unos diez años, de piel blanca, cabello oscuro y unos bellos ojos verdosos, ataviado con el típico chapán y el turbante afgano.
Cuando los soldados, con uniformes socialistas que respondían a las fuerzas rusas, se acercaron, desplegué mi documentación médica y protegí al niño poniéndolo tras mis espaldas. Uno de los soldados, apuntándome con su fusil, me dijo en inglés que el niño había robado provisiones del campamento. Así que procedí a entregarles la alforja que llevaba el pequeño y les dije que a partir de ese momento aquel chico estaba bajo nuestra custodia. Dudaron un instante, se miraron mutuamente y, tomando el bolsón, se marcharon.
El niño, aún asustado y abrazado a mis piernas, comenzó a llorar, en tanto decía algo en una lengua ignota para mí.
El doctor Bogdan, cardiocirujano afgano, se acercó a él y le hizo unas preguntas.
- Dice que llevaba medicamentos y comida para sus hermanos, que viven en la aldea y que si no lleva algo su padre lo castigará –tradujo nuestro compañero.
- Pregúntale como se llama –solicité.
- Nawab – dijo el niño al ser consultado.
Lo cargamos en la camioneta y lo llevamos al campamento, en donde le dimos comida, asistencia médica y un lugar donde descansar. Estaba herido y exhausto. Durmió con un sueño de piedra, como si durmiera por primera vez. Por la noche, antes de ir a la cama, lo cubrí con una cobija y me quedé observándolo un instante. Su vestimenta estaba rotosa y sucia, con una carita tiznada y marcada por las inclemencias climáticas y los sinsabores de la vida. ¡Vaya uno a saber cuál habría sido el derrotero de su breve existencia, en medio de la guerra y la miseria!
A la mañana siguiente, no lo encontré en el campamento. Nadie sabía sobre su paradero. Se había esfumado.
Sin embargo, una hora después, cuando habíamos desayunado y estábamos por movilizarnos hacia la zona de conflicto, un soldado soviético trajo a Nawab ante nuestra presencia. Nos dijo que lo encontró corriendo por el campo con dos alforjas llenas de alimentos, ropa y medicamentos y que al preguntarle de dónde lo había sacado, dijo que nosotros se lo habíamos entregado.
- Pero supongo que debe ser mentira –aseguró el soldado-. Este bribón lo debe haber robado. ¿No es cierto?
Hubo un largo silencio. Nawab estaba arrodillado en el piso, con la cabeza gacha, en tanto el soldado lo tomaba del hombro, esperando mi respuesta.
Entré en la cocina del campamento y vine con una bolsa de pan. Extendiéndosela a Nawab dije:
- No, el chico dice la verdad. Es más, olvidaste la bolsa de pan, Nawab.
El soldado me miró un instante en silencio, luego sonrió, soltó al niño y se alejó, meneando la cabeza.
Nawab se abrazó a mis piernas, llorando y se quedó un largo rato en esa posición.
El doctor Bogdan, que presenciara la escena, le comentó algo a Nawab y luego me dijo:
- Se acaba de ganar un amigo para siempre, doctor Winter.
Entonces cargamos el camión con medicamentos, comida y otros elementos y le pedimos a Nawab que nos guiara hacia la aldea.
Nos dedicamos toda la mañana a repartir alimentos, vacunar a los niños, entregar ropa y frazadas y curar numerosos heridos y enfermos. Después de mediodía retornamos al campamento. Nawab nos despidió con una enorme sonrisa y un cálido y conmovedor abrazo.
Los días transcurrieron entre trabajo arduo, estruendos de metrallas, bombardeos e infinidad de muertos que caían como moscas. A veces el olor a muerte era penetrante, se anidaba en nuestras narices, se impregnaba en la ropa, se asía a nuestra piel como una sanguijuela.
Un día, como tantos otros, ocurrió algo extraordinario. Una de esas experiencias que cada tanto se manifiesta en mi vida y me deja un legado, una enseñanza, una señal.
Mientras intentábamos, en el campo de batalla, cargar a un herido en la camilla para llevarlo a la tienda asistencial, sentí un dolor profundo en mi tobillo derecho y caí al piso, como atrapado por las fauces de un terrible animal. Cuando miré mi pierna me di cuenta que había pisado una trampa dentada de metal, semejante a las usadas para atrapar osos. Los poderosos dientes habían atravesado mi tobillo y sangraba copiosamente. Intenté abrirla para liberar mi pie, pero era imposible. No tenía la fuerza suficiente.
Un enfermero ayudó a mi compañero a cargar al herido en la camilla y me dijo que en unos instantes vendrían a liberarme.
Sumido en el dolor y la impotencia del momento, traté de armarme de paciencia, aguardando a mis compañeros que pronto vendrían a socorrerme.
Tirado en el suelo, observaba la humareda de las descargas, oía los gritos y alaridos de los combatientes y el rugir de los aviones que sobrevolaban mi cabeza y olía el acre perfume de la pólvora.
Pero dicen que cuando uno cree que nada puede ser peor, a veces hay circunstancias que nos demuestran lo contrario.
En ese momento una granada cayó cerca de mí, lanzada por un soldado que estaba a unos metros de distancia. No tenía el seguro colocado. Estaba a punto de estallar.

continua...

Hace alrededor de 2 años

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TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace casi 2 años

No sé @Prometeo, siempre que te leo me desconcierta el mundo cada vez más, y no es porque no conozca las vejaciones que bien guarda, y que bien sabe taparlas que se leen en todas partes, se ven diariamente, y en documentales nunca faltan. Pero no es lo mismo, más estar con el Dr. Winter es como vivirlas en primera persona y reconozco que me llena de ira, de rabia e impotencia, pues se que las injusticias por todo humano son conocidas y callan mirando hacía otros lados, y que las Organizaciones se crean, y están muy bien, y que gusto da tenerlas, pero a mi no me vale, es y son justificadas morales de seres humanos para lavarse las manos de actos que ellos han y están provocando. Es como si yo me pongo a disparar a diestro y siniestro por ser Ama y ser Dueña, y porque tengo dinero que compra la vida y paga a la muerte, y para relajar mi moral les pongo unas vendas a los que disparó por medio de un grupo al que yo llamo Vendas por disparar. Que el mundo @Prometeo, no va de éste modo ni forma, que de la más vil historia el ser superior llamado humano, está retrasado en la moral y bastante, que saca a relucir lo que le viene en gana, que todos sabemos que en Oriente Próximo, Asia Central, y con todo lo bestias que son por un fanatismo religioso, no es justo que metan el morro, y no es por defensa de civiles, ni por proteger a poblaciones, es por el Oro negro que se canjea por ríos de sangre y al mezclarlo lo consumimos hasta que esté se acabe. Y por otra parte estas gentes ya bien sean tribus nómadas, por costumbre y tradiciones enfrentadas desde siglos, también sabemos que ellas se apañen, que como en África y Australia y en miles de sitios, Vietnam por ejemplo, las grandes potencias que viven de sangre y de dominio siempre son las que provocan los mayores genocidios....Pero que más nos da, si donando tres euros al mes como Poncio Pilatos, tenemos las manos como la conciencia...manchada de sangre.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Esta historia @TealOxen_98 pretende entre otras cosas denunciar las atrocidades perpetradas por el hombre y sus instituciones políticas y religiosas en el mundo. Por eso es una historia plagada de crueldades y dramatismo. Desde mi humilde visión intento crear conciencia de lo que estamos haciendo o permitiendo que se haga en este mundo. La acción y la omisión son igualmente censurables


#40

Entonces el tiempo se detuvo. Ya no sentí dolor. Toda mi vida pasó por mi mente en una décima de segundo, en cámara lenta. Había sobrevivido a tantas catástrofes y ahora por fin había llegado mi hora. Tantas veces había imaginado las circunstancias de mi muerte, pero nunca creí que sería de este modo.
Cuando me disponía a morir, algo increíble ocurrió. Una pequeña silueta emergió, como un veloz fantasma, de entre la tupida bruma, tomó la granada y alejándose, la arrojó. Sin embargo estalló cerca, despidiéndolo hacia atrás con fuerza.
A unos tres metros aquella silueta salvadora yacía en el suelo, inmóvil.
Unos minutos después, mis compañeros vinieron a auxiliarme. Entre dos personas, abrieron la trampa, liberando mi pie. Rengueando, me acerqué a mi intrépido salvador. Era un niño. El pequeño Nawab.
Lo levanté en mis brazos. Tenía numerosas heridas de esquirlas, pero a pesar de eso abrió sus ojos, me miró profundamente y me sonrió con su triste sonrisa. Luego se desmayó.
Ya repuesto de mi dolencia, al día siguiente, fui a ver a Nawab. Le habían quitado las esquirlas y curado sus heridas. Aún estaba dolorido, pero fuera de peligro.
Me senté a su lado y le tomé la mano. Cuando abrió sus enormes ojos verdes y me vio, sonrió y me dijo algo que no entendí.
La enfermera que lo atendía me dijo:
- Dice que le agradece todo lo que hizo por él.
- Gracias a ti, pequeño –dije, acariciando su cabello.
No tenía dudas que estaba ante el ser humano más valiente y leal que jamás había conocido. Un corazón lleno de abnegación y coraje, que me brindaba una de las lecciones más importantes de toda mi vida. Era mi verdadero ángel de la guarda.
Tiempo después supe que Nawab es un nombre persa, que representa un título honorífico relacionado con la valentía y cuya misión era defender la soberanía del emperador.
Sin dudas, aquel niño afgano hacía honor a su nombre. Otra vez la vida me daba una nueva oportunidad y una nueva enseñanza para agregar a mi haber.

Hace alrededor de 2 años

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BluePenguins_6
Rango3 Nivel 12
hace alrededor de 2 años

Me encanta!!! Eres muy bueno escribiendo sigue así

TealOxen_98
Rango12 Nivel 55
hace casi 2 años

Niño que parece el propio talismán que tiene Magia y está es blanca y dicen que posee Ángel de la Guarda. A veces pienso como bien lo hace el Dr.Winter, que existen Ángeles escondidos que no dicen nada, te siguen y persiguen y parece que te velen en tus peores circunstancias, aparecen de la nada, son tu Ángel de la Guarda. El pequeño Nawab ha nacido bendecido y como tal es humano, ese es verdadero título que yo le daría pues humanidad es lo que innato lleva el pequeño da lo más valioso para proteger a su deidad, que para él es aquel que tiene en sus manos el poder de la verdad. Extraño mundo este que pudiendo ser humano es inhumano de verdad, y no sé porqué se adueña antes la maldad que la grata humanidad, pues guerras ni luchas habrían, hambre ni sufrimiento hallaría, más como el mundo es como es se que humanos hay millones más humanidad entre todos se puede contar con una mano. Este capítulo es especial @Prometeo, y entre todos los recuerdos del Dr.Winter, uno de los más valiosos, pues un niño con alma cede la suya por causa que para el pequeño es justa...Humano es y Ángel también.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace casi 2 años

Es cierto. También la historia @TealOxen_98 pretende dar una visión de esperanza ante tanto dolor, señalando que existen personas con valores, con ética, que buscan la verdad y que defienden principios valiosos, sacrificandose por ellos cada día. Gracias por tus amables comentarios