Rjmc98
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#1
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Un bosque de más de 100 hectáreas cuya inmensidad se percibía a kilómetros. En el centro se hallaba el monumento a los Siete Reyes. Siete puros de corazón enviados por EL ÚNICO hace miles de años para dirigir al mundo y bajo sus mantos descansaría la Paz. El monumento estaba compuesto por 7 pilares formando un circulo perfecto y sobre ellos una gigantesca esfera blanca simbolizando la Paz. La mera existencia de ese valle le recordaba al mundo la inmortalidad y poder de los Siete.

A lo lejos se observaba un grupo de más de Cien guerreros acercándose a toda velocidad rumbo al Valle. Dirigidos por Uriel a quien su reputación precedía. Los guerreros quemaron todo desde afuera hacia adentro. Viendo el Valle arder, Uriel junto con el esfuerzo de otros guerreros derribaron un pilar del monumento, porque solo uno era necesario que cayera para tirar la esfera blanca y verla convertida en escombros.

Al ver el Valle de los Reyes desaparecer, sin una nota de exaltación en la voz, Uriel se dirigió a sus guerreros y pronunció las palabras que resonarían por toda la historia: “Hoy empieza la Era del AZAR”

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#2

El mundo olvidará a Uriel, olvidará todos sus actos, sus sacrificios, olvidarán las canciones que se escribieron, las historias de sus batallas. El mundo convierte al héroe en leyenda, la leyenda en mito, el mito en tenues recuerdos y los recuerdos se olvidan. El mundo olvidará incluso su nombre, pero hay algo que el mundo nunca olvidará, la razón de su lucha: La Libertad.

Los grandes héroes son forjados por la vida con dolor, tragedias e inevitablemente muchas muertes. Uriel destinado a ser héroe, nació en la aldea olvidada por el mundo, por los reyes y también los Dioses. Una aldea parecida a lo que hoy llamamos Infierno. Una aldea donde morir era la única salida y matar lo único por hacer.

Cuando Uriel apenas contaba con los suficientes años para recordar, vio a su madre morir a manos de un extraño que quería robarle la comida que llevaba. Uriel pasó incontables días llorando, rezando a todos los Dioses que conocía para que trajeran devuelta a su madre. Soñó innumerables veces con alguien que hiciera justicia. Hasta que un día algo dentro de Uriel se encendió o quizás se apagó, lo cierto es que ese día Uriel entendió que si había un Dios, no era bueno, y un Dios que no le importa uno de los suyos merece morir. Ese día Uriel supo que debía matar a todos los Dioses y junto con ellos a todos los Reyes.