NoahKato
Rango6 Nivel 28 (1150 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Hacía ya meses que había empezado el curso en aquel recóndito lugar. Los alumnos de aquel instituto situado en medio de un pueblo casi desierto, vivían a las afueras y en casas muy separadas entre sí. Todo era carretera, caminos de tierra o el gigantesco bosque que se extendía adentrándose en aquella aldea abandonada como una gota de tinta en un charco de agua. Teniendo en cuenta que casi 10 kilómetros separaban sus hogares del espeso bosque y lo deshabitado que estaba el sitio, no era el lugar favorito para los padres de los chicos.

Eran las ocho en punto y, Erika como siempre, llegó segundos antes de que cerrarán las puertas. Se excusó con el profesor de matemáticas y se sentó en su sitio junto a Carol, su amiga de toda la vida, la hermana que nunca tuvo.

— ¡Buenos días 'K'! —Dijo Erika en voz baja al sentarse. Sólo la llamaba así cuando temía que le echara la bronca por llegar tarde.
— ¡Cualquier día llegas a la hora del almuerzo! —Dijo Carol con tono maternal.
*Hubo un silencio*
Ambas explotaron en una sonora carcajada.
— ¡Eh, vosotras! ¿Qué es eso tan gracioso?
— Nada, que tengo π (PI)

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#2

La broma no le sentó demasiado bien al señor Pavlovsky.

—Señorita, tiene usted un futuro brillante como cajera simpática del supermercado.
—Y tú como profesor frustrado por no encontrar mejores empleos relacionados con tu licenciatura en matemáticas. —Pensó Erika mientras se sonrojaba ante las risas de sus compañeros.
—Váyase sola a la última fila, y no la quiero volver a escuchar a menos que yo le pregunte algo. ¿Entendido?
—Sí.

Erika se sentó la última fila y al mirar hacia el otro extremo vio a un chico. No lo había visto nunca. Pensó que se habría perdido su presentación por llegar tarde. Y en él vio un motivo para empezar a madrugar un poco más, y que su padre no tuviera que esperarla siempre varios minutos en el coche.

Cuando acabó la clase del señor Pavlovsky, Erika se avalanzó sobre su silla junto a Carol como un león hambriento sobre una gacela.

—¡Carol! ¡Carol!
— Tía estás loca, como se te ocurre vacilarle así al señor Pavlovsky, verás como te suspende en el próximo examen.
—¿¡A quién diablos le importa ese cretino ahora!? ¿¡Quién es aquel chico de la última fila!?
—¿Qué? ¿Quién?
— ¡Ese, joder! ¡El que está solo!
— No lo había visto nunca. — Dijo extrañada Carol.
— ¿No se ha presentado esta mañana?
— Yo no lo he visto, como no llegara antes que yo...
— ¡Joder! En momentos como este me gustaría hablarme con la gente de clase, pero luego recuerdo que son idiotas y se me pasa.

Erika y Carol se auto-marginaban del resto de compañeros de clase, no encontraban
nexos de unión entre ellos y se sentían mucho mas cómodas solas.

—Carol, ese chico es guapísimo.
—Sí, a mí también me gusta. —Dijo Carol ruborizándose.
— ¿A ti? Si nunca te he visto con chicos, pensé que serías lesbiana, jaja. —Bromeó Erika.
— No me habrás visto, pero yo también tengo mis historias. —Respondió Carol tímidamente.
— No conocía esa faceta tuya Carol, mi más sinceras disculpas, 'rompecorazones'.
— ¡Pues ya lo sabes!
— Bueno, ¿cómo lo hacemos?
— ¿El qué?
— ¿Quién se queda al guaperas misterioso?
— Al salir de clase lo seguimos hasta su casa y le dejamos una nota en su buzón, que él elija.
— ¡Perfecto! — Dijo Erika viéndose claramente ganadora.

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#3

Erika era una chica muy atractiva, tenía una larga melena color chocolate y unos ojos enormes de un azul tan pálido, que habitualmente era confundido con gris. Tenía piel de porcelana y un cuerpo completamente estilizado. A sus 16 años no tenía nada que envidiarle a una top model.

Solía salir con chicos que andaban varios kilómetros hasta su casa sólo para verla. Pero no todos tenían la suerte de salir con ella. Algunos eran descartados sin tener en cuenta el detalle. Esto le había creado muchos enemigos y enemigas, ya que algunos chicos la pretendían aún teniendo pareja. Ninguno le había durado más de una semana, se aburría rápido de ellos.

Pero ese chico, le pareció diferente, no la miró ni un instante. Eso desató sus ganas de conquistarlo y tener al fin un chico a su altura, que no se desmaye cuando lo besen, como ya le pasó en alguna ocasión.

Carol era pelirroja y tenía el pelo corto a la altura de los hombros. Su piel era una vía láctea de pecas y su delgadez le acomplejaba hasta el punto de no arreglarse nunca.

Era una chica muy madura para su edad, perder a su madre con seis años le hizo echarse a la espalda a sus dos hermanas pequeñas y el hogar familiar, con todo lo que ello conlleva. Jamás descuidaba sus estudios, y era tan organizada que siempre sacaba tiempo para leer, sacar a su perro Billy o llamar a Erika e ir a dar un paseo juntas.

Carol era muy insegura y su sentido común le decía que la apuesta con Erika, no haría otra cosa que bajarle aún más la moral. ¿Quién iba a decir que no a la gran Erika? Pero vio algo en el chico que le dijo que era su momento, y que esta vez sería Erika la que tendría que sacar a su familia de casa para que pudiera tener una cita a solas con un chico, como ella hacía todos los fines de semana.

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