Zyanya_JC
Rango6 Nivel 26 (965 ptos) | Novelista en prácticas

¿Por qué nadie quiere ver la verdad? Yo nunca me metí con el novio de mi amiga, y mucho menos he hablado de ella a sus espaldas; pero como siempre, les gusta armar un alboroto y creerle a las chismosas del salón... Como si todavía me juntara con ellas.
Sé que he cometido errores en el pasado, pero, ¿Quién no?
Solo soy una chica, y según mi madre es normal estar metiendo la pata a mi edad, ¿o no?

Derechos, dedicatoria y un anuncio
Todos los personajes y lugares ficticios descritos en este apartado, poseen la licencia All rights reserved. Por ello, queda prohibido cualquier copia, adaptación y/o reproducción. © 2015 Safe Creative.

Número de registro: 1605257852892

Para quien deseé conocer los subgéneros de la historia, antes de comenzar a leer; estos son: Juvenil, No ficción, Historia de vida y Romance. Los puse en orden, de más aparición dentro de la trama a menos.
Espero que disfruten la lectura. Voy a estar actualizando cada viernes.

~* ~*~
¡Sorpresa! Dije que iba a subir algunos cuentos, pero me acordé que tenía esta historia conmigo y me dije, ¿Por qué no?
Espero que les guste.

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#2

1.

"Ya me aburrí de que siempre me estén molestando con lo mismo. Por Dios ¿Cuándo van a entender que cuando digo no es no? Por favor. No es tan difícil de comprender, simplemente cuando no quiero hacerle caso a un niño, es porque no me interesa..."

Con ese párrafo por escrito en su diario, Lilly cerró el libro y lo dejo en el cajón de su mesita de noche. Ya se le estaba haciendo tarde para ir a la escuela, y no podía llegar después de la hora. Sobre todo por que quien le daba matemáticas tres a primera hora, era el profesor Valdez. El director de la escuela.

Con una gran mueca de fastidio en su rostro, bajo las escaleras y salió de la casa, en donde su madre ya la estaba esperando, con el auto en marcha y lista para arrancarlo.

—¿Ahora por qué tan tarde Lilly? ¿Qué escusa vas a poner?

La jovencita le sonrió con ganas a su progenitora y suspiro.

—Fui al baño.

—Si, como no.

Con esa frase, su madre se puso en marcha y acorto las distancias entre ellas y la escuela de su hija.

—¿Y bien? ¿Ya conseguiste solucionar el problema con tu amiga? Esa que dijo que le querías robar al novio.

—¿Mimí? No. Le dije que quien me estaba buscando era Luis, pero ella sigue de necia que yo soy quien quiere algo con él.

—Ah, Lilly. Yo no entiendo porque no le buscas una solución a esto. En vez de estar soñando con tus cosas, deberías buscar un chico amable y bueno, para que le platiques tus cosas y dejes de pasar tiempo con los novios de tus amigas. Por eso se hacer los malos entendidos.

Lo último lo dijo la señora, con una mueca severa en su rostro. La mujer era madre soltera, y le costaba mucho trabajo sacar adelante a su hija y ver por la casa donde vivían.

Por ello, no quería seguir perdiendo el tiempo con cosas, que desde su punto de vista eran problemas típicos de cualquier chica de secundaria.

—¿Un chico que me escuche?

—Si Lilly. Deberías darle la oportunidad de conocerte, a alguien que no tenga ningún compromiso y que estés segura, pueda ser digno de tu confianza. Yo creo que así, los otros muchachos van a dejar de buscarte y tus amigas te volverán a hablar.

Su mamá quería decir, que conociera a alguien poco a poco y compartiera algo de ella con esa persona; pero la conclusión a la que Lilly llego, fue que necesitaba conseguirse un novio con urgencia. Quien fuera. Lo único que importaba es que tuviera uno, para que las chicas de su clase dejaran de aplicarle la ley del hielo, y volviera a tener amigas.

—Sólo piénsalo linda. Estoy segura de que debe de haber alguien en tu salón o en tu grado, que tenga los mismos gustos que tú tienes.

—Si ma, creo que voy a hacer lo que me dijiste. Voy a ir, y voy a encontrar a alguien que le guste lo mismo que a mí.

—Esa es mi chica. Ve con la frente en alto, y no dejes que ninguna de las muchachas se meta contigo mientras lo encuentras... Estoy segura de que lo conseguirás.

Aparcando en la fila para dejar a los muchachos en la secundaria, la señora le dio dos besos y su bendición a Lilly. Dedicándole una gran sonrisa, al tiempo que seguía sus pasos y veía que entrara a la escuela.

En el salón, Lilly dejo sus cosas sobre el pupitre y se sentó. Estaba dedicándoles un vistazo a varios de los muchachos que ya estaban ahí, contemplándolos y calificando, para ver cuál de ellos era apto para ser su novio temporal.

Una de sus amigas entro a la clase, y como siempre desde hacía unos días, no le prestó atención y tomo asiento en la parte de atrás. Aquella actitud en Mónica, hizo que Lilly por fin le pusiera una fecha límite a su búsqueda de novio.

Necesitaba encontrar a alguien simpático, pero que a la vez fuera bueno con ella y no se intentara propasar con sus intensiones. Y si se podía, que no estuviera de mal ver y que fuera de su mismo grado.

Claro que los primeros requisitos, descalificaban a la mayor parte de sus compañeros de segundo. Casi todos eran unos aburridos, que sólo les gustaba hablar de futbol y salir con sus amigos a cada rato.

Con ese pensamiento en su cabeza, se pregunto el por qué para sus amigas era tan importante tener un novio, sobre todo viendo la clase de chicos que abundaban en su grado. Ese era uno de los motivos, por los que necesitaba elegir al candidato idóneo.

No quería ser asociada con un bruto, que la exhibiera como si se tratara de un trofeo de campeonato.

Graciosamente, aquello le trajo a la mente la figura de Antonio.

Si había alguien que no se pareciera en nada a los otros chicos, ese era el pequeño Antonio. A pesar de ser más joven que todos ellos, les demostraba todos los días el por qué había sido promovido de grado hacia unos meses.

El chico era inteligente y considerado, pero como era uno de primero que se había saltado un grado, pocos eran los que se acercaban a conversar con él. La mayor parte, muchachos que no pertenecían a ningún grupo, o que no podían ser considerados populares con los demás.

Aquel chico siempre le pareció algo serio. Por eso se sorprendió tanto, cuando le regalo aquel libro y la caja de bombones con fresa, en san Valentín.

Una de las políticas de Lilly era no rechazar los obsequios que le daban, sobre todo en esa fecha. Sin embargo, la mayoría eran rosas y cartas, cosas que con el tiempo se iban desgastando y morían, al igual que el interés por ella.

Estaba consciente de que sólo la buscaban por cómo se veía. Nadie se acercaba a preguntarle como estaba, o le pedía la tarea o un consejo en algo. Ella era tratada como cualquier chica banal, y por eso le impacto tanto aquel regalo de parte del muchacho.

Al principio no esperaba mucho del libro, pero se sorprendió con creces. Aquella novela en verdad captó su atención. Era intensa, pero tenía un par de momentos en los que el autor, le permitía respirar con tranquilidad.

Por supuesto, los bombones tampoco fueron un regalo al azar. Aquellos dulces la hicieron sentirse como cualquier chica normal, sin tener que pensar en los kilos de más. Estaban muy ricos, y de verdad agradecía el gesto por parte de Antonio.

Con sorpresa, se pregunto qué pasaría si le diera una oportunidad al chico. Pero no una como su tapadera temporal, sino algo real entre ellos.

Desecho la idea de inmediato.

El muchacho no le había hecho nada malo, y era claro que sentía algo por ella. Aunque fuera una mínima parte, no le parecía bien jugar con él y con sus sentimientos.

No obstante, el decirle que si a alguno de los tontos del salón, le atraía aun menos.

Por eso, y tras meditar aquello toda la primera parte de la mañana, llego a la conclusión de que se acercaría a Antonio e intentaría hacerse su amiga, pero si veía que el comenzaba a apegarse a ella, entonces lo dejaría por la paz y se alejaría de el cuanto antes.

#3

2.

—Lilly, ¿Podrías decirme cual es la función de la literatura en la sociedad de la antigua Mesopotamia?

La muchacha se le quedo viendo a la profesora, como si de un extraterrestre se tratara. Había estado pensando en el plan para poder acercarse a Antonio sin verse tan obvia, cuando la maestra interrumpió sus pensamientos con aquella pregunta.

Era raro que ella respondiera a algo de forma correcta, y fue por eso que sorprendió a todos cuando abrió la boca para decir lo siguiente.

—En la antigua Mesopotamia, la literatura era usada para dejar testimonio sobre los hechos cotidianos y sus costumbres, para describir las hazañas de los héroes, y para dar una visión más completa de sus deidades.

Tanto la profesora como la mayoría de sus compañeros, la miraron con expresiones que iban, desde bocas abiertas hasta ojos bien amplios por la sorpresa.

Lilly no estaba acostumbrada a que la vieran de esa forma, por lo menos no por dar a conocer lo que aprendía. Estaba mirando a varios de sus compañeros, cuando la visión de su amiga Mimí la sacó de su corta euforia.

Tanto ella como otras chicas, le veían con ojos furiosos y bocas torcidas. Parecían listas para soltar algún comentario hiriente hacia ella, cuando la maestra se acerco a la muchacha diciendo.

—¡Lilliana! Veo que si pones atención a la clase. Me alegro... Creo que bien, podrías entrar al programa de ayuda extracurricular.

Aquello fue la gota que derramo el vaso.

Con eso la muchacha se arrepintió de haber contestado, y se agachó un poco sobre su asiento. Se encontraba a punto de pedir que la dejaran ir al baño, como un pretexto para alejarse de todo, cuando una mirada atrajo su atención.

Era Antonio, y le miraba con una media sonrisa en el rostro. El chico asintió y elevó la ceja, lo que hizo que esta se sintiera un tanto mal por lo que quería hacer aunque, tras recordar que solo se acercaría a él para ser amigos, se tranquilizó y le devolvió la sonrisa.

La expresión del chico cambio de súbito y dejo ver algo de sorpresa en sus facciones, por lo que ella se dio cuenta de que había hecho su primer movimiento demasiado pronto.

Con eso comprendió que lo mejor era que saliera del salón cuanto antes, o terminaría cometiendo algún otro error.

—Profesora Ruiz, ¿Puedo ir al baño?

—Eres una tonta. No puedo creer que primero te pones a responderle esas cosas a la maestra, y para colmo vas y te pones a sonreírle a Antonio como si nada—, la muchacha se golpeó la cabeza con la palma abierta.— ¿Qué parte de moverme poco a poco no comprendí? Si quiero que esto funcione y que mis amigas vuelvan a hablarme, tengo que hacer las cosas bien.

Lilly se hecho un poco de agua en la cara para despejar su cabeza. El frío líquido le trajo una sensación de frescor e hizo que dejara de sentir tanto calor.

Ya no estaba tan dispersa y sus pensamientos parecieron enfocarse un poco más.

—Eso me gano por no dormirme temprano. Ya debería de haberlo comprendido—, se quitó un mechón castaño de la cara. —... Tengo que hacer esto bien. De verdad quiero que las chicas me hablen de nuevo... Sería una tortura pasar el resto de la secundaria sin ellas, y más en los descansos porque, ¿Con quien estaría si ellas ya no me hacen caso? No quiero ni pensarlo.

Con un ligero agitar de su cabeza, Lilly miro su reflejo en el espejo rectangular de los lavabos y sonrió. Sus ojos almendrados le devolvieron el gesto, pero se notaban apagados.

—No tengo por qué preocuparme; no creo que me dejen de hablar por mucho tiempo... Además, son mis amigas de quienes estoy hablando. Hemos estado juntas desde primero y me conocen, saben que soy incapaz de meterme con los novios de cualquiera de ellas, así que todo lo que tengo que hacer es apegarme al plan que ya tengo pensado y moverme con cuidado... La cosa va a salir bien. Lo sé.

Con esas palabras la joven salió del baño y regreso a su salón. Estaba abriendo la puerta cuando la campana del primer receso sonó, provocando que la mayor parte de sus compañeros la empujaran mientras intentaban salir para llegar a tiempo a la fila de la cooperativa y, comprar su comida.

Lilly intentó quitarse del camino, pero unos cuantos la empujaron y terminó en los brazos de quien menos quería.

Luis. El novio de su amiga Mimí.

—Hey Lilly, ¿estás bien?... Que barbará, nunca pensé que te me fueras a lanzar así, y menos frente a todos los demás.

La castaña intentó apartarse de él, pero el chico la rodeó con sus brazos y le susurró al oído, muy cerca de su rostro.

—Ya sabes. Si quieres algo de diversión o te sientes solita, estoy para lo que necesites.

—¡Déjame ya!

Con un golpe en su costado, la joven consiguió alejar a su acosador aunque en el proceso terminó en el piso.

Luis le dedicó una burlona mirada y se fue, sobándose en donde le había pegado la chica.

Lilly apenas se estaba poniendo de pie, cuando sus ex amigas salieron del salón. Como siempre, Erika fue la encargada del comentario cruel.

—¿Lo ves Mimí? Yo siempre te advertí que hay personas con las que no puedes juntarte, sobre todo porque no sabes cómo van a actuar en ciertos casos...

—Sí, ya entendí. Quien es lanzada se queda así.

El grupito se alejo de Lilly mientras seguían hablando de ella. La muchacha sentía unas incontrolables ganas de acostarse en el piso y ponerse a llorar, pero no estaba dispuesta a dejar que la vieran de esa forma.

Su orgullo era mucho más grande que cualquier insulto que pudieran decirle.

—Ven. Te ayudo.

La castaña levantó la mirada para encontrarse con Antonio. Este seguía tan serio como la mayor parte del tiempo, pero Lilly pudo detectar que sus pupilas grises se veían menos amenazantes que en otras ocasiones.

Hasta podía decirse que se había entibiado su mirada.

eleachege
Rango17 Nivel 81
hace casi 2 años

Me gustan las historias de amores colegiales, porque asoman en mis recuerdos entrañables momentos. Un saludo @Zyanya_JC y nos leemos.

Zyanya_JC
Rango6 Nivel 26
hace casi 2 años

Gracias, eleachege. Claro. Eres bienvenido a leer cuando gustes.

AdyLuna
Rango5 Nivel 20
hace 8 meses

Me va gustando tu historia, la tienes terminada?

Zyanya_JC
Rango6 Nivel 26
hace 7 meses

Una disculpa por la tardanza AdyLuna. La app me esta fallando y no me notifico los mensajes.
Claro. La historia ya esta terminada, pero la estoy subiendo capítulo por capítulo.


#4

3.

—Quédate quieta o te va a doler más.

—Pero me duele mucho... No creo que pueda doler más de lo que estoy sintiendo ahorita.

Con el labio tembloroso, Lilly hizo para atrás la cabeza e intento pensar en lo que fuera, preguntándose por qué demonios la enfermera no se daba prisa y la curaba más rápido.

Cada que pasaba la gasa con agua oxigenada sobre su rodilla, la chica sentía que la piel en esa zona estaba a nada de un incendio.

—Ya casi estas. Nada más déjame te pongo una bandita en esa herida y te puedes ir.

Al principio Lilly no le puso mucha atención a sus palabras, pero cuando su cerebro proceso la información se reclinó a una velocidad impresionante y, tomando el dobladillo de la falda se tapó la herida.

—No, gracias. Así estoy bien señorita Sánchez.

— ¿Cómo que bien? Si no te cubro, ese raspón se te puede infectar.

—De verdad. Estoy bien así.

—Claro que no. Haber dime, ¿Por qué razón no quieres que te ponga una bandita? —, la mujer se cruzó de brazos y espero por la respuesta de la muchacha. Esta llegó con el volumen del vuelo de una mosca.

—Es que... Tengo que mantener mi reputación. No puedo aparecerme con una cosa pegada en la pierna; me voy a ver horrible.

La señorita no pudo evitar la carcajada que salió de su boca. Sin perder tiempo, tomó la bandita de su escritorio y se la puso a Lilly.

—Lo siento por tu reputación, pero no puedo dejar que andes por la escuela así. Es mi última palabra.

~*~*~

—Demonios, ¿No podía haberme puesto una gasa más pequeña? Esta cosa cubre casi toda mi rodilla—, la joven se pasó una mano por esta, rascando el material con ganas—. Además, esta cosa hace que me pique la piel... Este día ha sido de lo más out; solo espero que ya se haya cumplido mi cuota de accidentes.

Sin prestar atención a los demás compañeros, la chica se sentó en una de las jardineras de la escuela y desenvolvió el sándwich que se había ido a comprar a la cooperativa. Apenas y tenía tiempo para comer, antes de que comenzara la siguiente clase.

Matemáticas.

Con solo pensar en esa simple palabra, su corazón se aceleraba y las manos iniciaban una temblorosa danza. Si había una materia en la que nunca había sido buena, esa era Matemáticas.

Los profesores siempre intentaban ayudarla, ya fuera con asesorías o trabajos extra, pero ella parecía haber nacido con un repelente a prueba de números. Lógico, como nada se le quedaba en la cabeza ellos terminaban por desistir a sus intentos de ayudarla y, casi siempre se veía en la necesidad de presentar trabajos o exámenes extraordinarios.

—Mugrosos jueves. Los odio.

Lilly le dio una buena mordida a su comida y sacó su celular. Se había quedado en una parte interesante del libro que estaba leyendo, y a falta de compañía, todo lo que se le ocurrió hacer fue retomar la lectura.

Ya estaba abriendo el archivo para adentrarse una vez más a las aventuras de los protagonistas, cuando una ronca voz la sacó de sus intensiones.

—¿Cómo está tu pierna? ¿Te sigue doliendo?

Lilly no esperaba hablar tan pronto con Antonio, pero al ver que este había tomado la iniciativa se quitó el complejo de culpa que sentía cada vez que lo veía y le respondió con una gran sonrisa.

—Ya está mejor, gracias—, la muchacha paseo los ojos por el chico, descubriendo aquel grueso tomo con imágenes que, sin que se lo propusiera, llamo su atención por completo e hizo que olvidara por unos momentos su fachada de perfección y seriedad.

—¡No inventes! ¿Es el libro especial de "La torre oscura"? ¿El que tiene un montón de ilustraciones?

Sorprendido, el muchacho asintió al tiempo que le tendía en libro para que lo pudiera ver con mayor detenimiento. Lilly no se espero y lo abrió con los ojos como canicas. Había escuchado de aquel extraño tomo del que, sabía, solo habían unos cuantos.

Pasó los dedos por una de las páginas en donde se mostraba a Roland con pistola en mano y, con una media sonrisa, agregó.

—Nunca creí que podría ver uno de estos en persona. Son casi una leyenda urbana.

—Lo sé. Me costó un ojo de la cara, pero mientras más lo leo más me doy cuenta de que valió la pena.

Lilly le dedicó una amplia sonrisa al muchacho y lanzó un suspiro, devolviéndole el tomo.

—Bueno, te agradezco que me dejaras ver el libro. La verdad, no esperaba que me dejaras ojearlo.

—¿Por qué? Solo es un libro, y los libros debemos leerlos... Si no, ¿para que los compramos?

La jovencita asintió sin dejar de ver a su acompañante.

Iba a decirle algo, pero una tercera voz se dejo escuchar cerca de ellos, baja pero lo suficientemente clara como para que la oyeran.

—Antonio, vamos al salón de dibujo técnico, ¿Vienes?

El chico asintió a su amiga y, con una ceja en alto, le hizo una seña a Lilly para que fuera con él. De inmediato, la muchacha alzó las palmas y negó, diciendo.

—No te preocupes. Estoy bien aquí, además, yo no he comido y no creo que me dejen entrar al salón con el sándwich en la bocota—, a lo último, la chica le dio una gran mordida a su comida y sonrió a medias.

El chico parecía estar dispuesto a insistir en el tema, cuando la primera campanada desde la dirección les anuncio que faltaban cinco minutos para que terminara el receso.

Aquello fue suficiente para que la amiga de Antonio lo tomara de la mano y lo arrastrara al salón casi corriendo; dejando a Lilly con una mueca falsa en la cara, y una extraña sensación de soledad en sus hombros.

#5

4.

—... ¿ya llegaste? Qué bueno. Necesito que me ayudes con esto, Lilly.

Cuando la joven vio a su madre con aquellas dos cajas sobre sus brazos, se apresuró en aventar su mochila y tomó uno de esos pesados paquetes mientras le decía, regañándola.

—¿Qué te dijo el doctor de estar cargando cosas tan pesadas? Tú no entiendes. A veces pienso que te quieres lastimar a propósito, para que te den unos cuantos días extra de vacaciones.

—Ah, Lilly. No digas esas cosas—, la mujer llevó a su hija hasta la barra del comedor, en donde dejo su caja y se estiró un poco antes de agregar—. Lo que pasa es que no puedo dejar de hacer las cosas; ni siquiera por las sugerencias del doctor. Necesitamos el dinero.

La chica lanzó un suspiro y dejo su caja con un fuerte golpe.

—Lo odio. Si mis abuelos no fueran tan...

—¡Lilly! Basta —. Su madre tomó asiento en uno de los bancos—. Ahora no quiero pensar en eso, así que por favor no los traigas a la plática.

La chica alzó una ceja y habló.

—Déjame adivinar, ¿Otra vez te hablo el abuelo?

Su madre negó y se levantó rápido de su lugar. Su rostro no demostraba ningún sentimiento, pero sus ojos dejaban ver que no estaba tan tranquila como parecía.

—¿Quieres comer un subway? Yo invito.

Lilly lanzó un último suspiro y asintió. Sabía que en esos momentos, lo que necesitaba su madre era alejarse de sus problemas.

—Ok. Me quito el uniforme y nos vamos.

Una hora después, las dos se encontraban disfrutando de su comida en la terraza de un centro comercial. Hacía tiempo que el sol se había alejado de donde estaban sentadas, y aun así Lilly seguía sintiendo tanto calor como cuando el astro las castigo con su brillo.

—No hagas eso Liliana—, la chica dejo de rascarse el brazo y siguió comiendo, como si nada—. No sé porque, pero sigo creyendo que esa manía que tienes no es normal... Ninguna niña se pone a jalarse la piel con tanto ímpetu como tú.

—No puedo evitarlo. Tengo comezón en el brazo—, dijo la mencionada, con la boca bien llena de queso, albóndigas, pimientos y pan. Su subway favorito.

—Pues entonces intenta no hacerlo en público. Cada que te pones a rascarte, me dan ganas de atarte las manos a la mesa.

—Pero así no podría comer.

—jaja chistosita—, Lilly sonrió y siguió comiendo su enorme bocadillo.

A comparación de su madre, que siempre pedía los platos más sencillos que podía ver, ella prefería comer como si la vida se le fuera en ello. Adoraba la comida, y gracias a que había heredado la misma constitución de su padre, podía disfrutarla cuantas veces quisiera y sin engordar mucho. Aunque para estar segura, seguía asistiendo a clase de educación física por lo menos 3 veces a la semana. Algo que muchas de sus compañeras habían dejado por la paz, cuando esta se convirtió en clase optativa.

—¿Y bien? ¿Cómo estuvo tu día? ¿Pudiste hablar con tus compañeras?

La muchacha lanzó un puchero y torció la boca, a lo que su madre le dijo.

—¿Qué? ¿Ahora que dije?

Cuando Lilly terminó de pasarse el bocado, poso su mirada en el piso y habló.

—Siguen igual... no, más bien creo que se están poniendo peor.

—¿Tan mal está el asunto?

La chica asintió y le dio un gran trago a su refresco.

—Bueno, ¿Y qué paso con lo de hacer un nuevo amigo?

En ese punto, la castaña bajo la mirada y murmuró.

—Ya le estoy hablando a un chico del salón, pero hoy me invitó a ir con sus amigos y me dio pena...

—Así que no fuiste—, terminó su madre por ella, tomándose la cabeza—, Hay Lilly, ¿Qué demonios voy a hacer contigo?

—Quererme—, dijo la chica con una gran sonrisa, mostrando parte de la comida que se había atorado en sus dientes.

La mujer frente a ella elevó la mirada y dio por terminado el tema.

—Tú sabrás. Nada más no me vayas a llegar llorando un día con que no te di ni un solo consejo, porque si no te voy a acomodar un buen par de zapatillazos en...

—Obvio no, ¿Cuándo te he llegado así?

La mujer alzó una ceja y la señalo con el tenedor de plástico que traía en la mano.

—Ya te dije. Más te vale.

La puerta de la casa se abrió con un ligero rechinido. Tanto madre como hija se habían resistido a volver a su realidad, pero cuando el sol se oculto y se hizo claro que no podían seguir huyendo a sus problemas, volvieron al hogar con los ánimos un tanto decaídos.

Cada una pensando en sus propios problemas, pero sin manifestarlos en voz alta. Lilly había heredado mucho más de su madre de lo que creía, y esa era la prueba definitiva.

Dentro, la chica no tardó en correr al baño, alegando que había tomado demasiado refresco.

Cuando estuvo segura de que la puerta estaba bien cerrada, tomó asiento en la tapa del baño y enterró la cara en las palmas de sus manos. Se sentía demasiado confundida con lo que estaba viviendo, pero no estaba dispuesta a decirla más a su madre.

Podía notar que tenía unos cuantos problemas de más, y lo que menos quería era agobiarla.

Con esa resolución, se puso de pie y le jalo al baño para terminar frente al espejo de medio cuerpo, que reposaba arriba del lavabo.

—Bien, Lilly. Tú puedes hacerlo, solo apégate al plan y volverán a confiar en ti—, con un firme gesto y un asentimiento, la chica salió del baño; deseando que lo que estaba haciendo fuera lo correcto.

#6

5.

—No puedo creerlo, de verdad que tu si eres una descarada de primera—, un grupo de chicas se había juntado frente a Lilly, encabezadas por Erika—, ¿Cómo te atreves a presentarte a la práctica? Creí que te había quedado claro, que no te queremos cerca de nosotras.

Sobándose el brazo, la joven se levantó de piso y dijo.

—Yo también tengo derecho a venir. Soy parte del equipo de voleibol.

—¿Qué no te lo dijeron?—, la sonrisa de Erika era tan grande que, por un momento Lilly pensó que iba a terminar lastimándose la mandíbula—. Estas fuera.

—¿Cómo?

—Sí. Hablamos con la maestra Romina y le dijimos que te sacábamos del equipo por estar faltando tanto.

—Pero eso no es cierto. He estado viniendo a todas las prácticas desde...

—¿Qué no escuchaste? ¡Estas fuera! ¡Lárgate de la cancha ya, y dejamos jugar!

Aquellas palabras provenientes de la boca de Mimí, hicieron que los ojos de su amiga se fijaran en ella. A pesar de los problemas que antes habían llegado a tener, la chica nunca le había hablado de esa forma tan grosera.

Hasta ese momento.

—¿Y bien? ¿Te vas a ir o tenemos que sacarte entre todas?

Con la injusta desventaja frente a sus ojos, Lilly no pudo hacer otra cosa más que asentir y apartarse del camino del que fuera su ex equipo de voleibol.

Algunas chicas de otros grados, le dedicaban miradas que iban de la curiosidad a la extrañeza. Pero sus compañeras de aula solo la pasaron de largo, bromeando sobre la caída que había sufrido el profesor de matemáticas, en la mañana.

—Demonios. Eso sí que no se vale, ¿desde cuándo las chavas del equipo pueden sacar a una así? Ni siquiera me dejaron ir a hablar con la maestra... me late que no quieren que lo haga, para no hacerlas quedar como unas mentirosas de primera.

—Vaya, hasta que por fin usaste las neuronas que te dieron tus papas.

De la jardinera salió Monserrat García, con su típica tez blanca y sus labios enmarcados con el lápiz de labios más oscuro que pudo conseguir.

Lilly retrocedió por inercia, a lo que la muchacha la detuvo con desganado ademan.

—Relájate linda. No tengo nada en contra tuya, solo quería saber si los rumores que habían estado circulando por el salón eran ciertos... y por lo que veo, parece que sí lo son.

—¿Qué? ¿Cuáles rumores?

Monse sacudió su lacia y oscura melena, diciendo.

—¿De verdad no lo sabes? Erika, Sandra y Mayra dicen que tú eres una cualquiera y que te encanta buscar hombres para llevártelos a tu casa. Si hasta Luis dice que te le has insinuado varias veces con...

—¡Eso no es cierto! ¡Odio a los niños! ¡No soporto que sean tan engreídos!

Ante aquel grito de guerra, Monse sonrió y abandono su lugar, acercándose peligrosamente a donde estaba su interlocutora.

—¿No te gustan los niños? Qué raro. Siempre te me hiciste la clase de persona que le iba más a los hombres, aunque no serías la primera guapita que prefiere a las chicas.

Tragando con fuerza, Lilly la detuvo mientras negaba con violencia.

—¡No! No quise decir que no me gustaban los hombres, sino que nunca andaría con alguien como ellos. Son demasiado inmaduros para mí.

Con la boca torcida en una clara muestra de decepción, Monse cruzo los brazos sobre su pecho, haciendo que resaltaran sus atributos al tiempo que hablaba.

—Vaya, y yo que creí que por fin había encontrado a una nueva amiguita... supongo que toca volver a buscar—, Lilly tragó con fuerza, gesto que su acompañante ya no pudo ignorar. Monserrat terminó sosteniéndose el estomago mientras reía con fuerza—. Lo siento. De verdad no pude evitarlo... es que te vez tan inocente que tenía que decirlo.

Superando las expectativas de su compañera, Lilly no se mostro enojada por la tomada de pelo. Lanzó un fuerte suspiro y acompaño a Monse en su carcajada.

—Demonios. Por un momento pensé que estabas hablando en serio.

—Para nada... y no es que tenga algo contra los que tienen otros gustos, pero no le tiro para ese lado.

—Entiendo.

Cuando dejaron de reír, Monse le pasó una mano por el hombro a Lilly y la sacudió con fuerza.

—Te juzgue mal; no eres como Erika y sus amigas... Me caíste bien.

La muchacha le sonrió a su interlocutora y permitió que se la llevara de las canchas. De lejos, tanto Erika como Mimí habían estado viendo a ambas, sorprendiéndose cuando notaron que la chica gótica estaba riendo con Lilly.

—Ven Mimí. Tenemos mucho que hacer y todavía no hemos podido acomodar a las nuevas en una posición.

—Sí—, algo cabizbaja, la mencionada apartó sus grandes ojos marrones de su ex amiga y prestó atención a la práctica de ese día.

Sin saber a donde la llevaba, Lilly se limitó a seguir a Monse por entre los salones y lockers de esa zona. La mayoría de las aulas ya se encontraban vacías y cerradas, por lo que le extraño que en cierto momento la muchacha doblara una esquina y entrara a una de estas.

Era claramente el salón de cómputo, y por la poca luz que había, apenas y podía distinguir las maquinas de hasta atrás.

—Ya llegue... traje a una nueva compañera para jugar.

—Muy bien. Mientras más seamos, mejor.

Las luces se encendieron con un fuerte clic, segando a Lilly de forma temporal.

Apenas estaban acostumbrándose sus ojos al brillo, cuando una voz ronca dijo.

—¿Es en serio Monserrat? ¿Trajiste a miss perfecta de hielo?

#7

6.

Lilly se había quedado con la boca entreabierta.

Como siempre tomaba las optativas que tuvieran que ver con deporte o actividades al aire libre, pocas veces había podido entrar al salón de computación, y mucho menos estaba enterada de la existencia de aquel extraño y variopinto grupo, que se juntaba dentro de esas cuatro paredes.

La primera que llamo su atención fue Graciela. Pocas veces había tenido la oportunidad de hablar con ella, pero siempre que lo hacia se daba cuenta de que la chica era mucho más amable de lo que los otros creían, y que, a pesar de ser catalogada como la más bonita de todo el tercer año, era una persona muy simpática y no se creía lo que le decían.

Por otro lado, el ver a Lorenzo y Eduardo la puso un poco nerviosa. Los hermanos tenían fama de ser rudos y no aguantar las tonterías de nadie. Incluso Luis y su grupo los evitaban cuando se encontraban con ellos en el receso, y es que se notaba a ciencia cierta en sus cuerpos, que de verdad habían reprobado un año.

Encogiéndose por su presencia, Lilly estuvo a punto de pasar a la pequeña Sonia, algo que por fortuna no hizo. Y es que la chica era tan bajita que costaba trabajo distinguirla, sobre todo porque había tomado asiento junto a Eduardo, que la tapaba casi por completo. Nunca había tenido la oportunidad de hablar con ella, pero la chica le parecía amable, aunque muy penosa.

Un carraspeo atrajo la atención de Lilly, a lo que esta dirigió su vista a Ignacio, lo que la hizo retroceder un par de pasos.

A él sí que lo conocía. Lo había rechazado un par de ocasiones cuando estaban en primero, y es que, a pesar de ser uno de los más inteligentes del salón, la miraba de la misma forma que los otros chicos. Algo que la entristeció en su momento, por que llego a pensar que nadie vería jamás su verdadero ser.

Eso hasta que llego el último integrante de aquel raro grupo.

Antonio la miraba con su clásico gesto serio, pero cuando la castaña miro sus ojos, pudo ver un curioso brillo en estos. Parecía que no estaba molesto con Monse por haberla traído.

Algo que para nada compartía con algunos de ellos.

—No inventes Monse. De todas las personas que podías haber traído, se te ocurrió cargar con la más ególatra de todas—, las palabras de Ignacio hicieron que Lilly bajara la mirada.

—No seas así. Ella merece estar aquí, tanto como cualquiera de nosotros—, dijo Graciela, con el ceño fruncido—. Además, no recuerdo que conmigo te pusieras tan grosero.

—Ya lo dijiste. Eres tú—, hablo Lorenzo. Este no miraba mal a Lilly, pero tenía los ojos entrecerrados mientras la escudriñaba—, y no es porque tenga algo contra ella, pero no creo que quiera estar aquí, y mucho menos unirse a la partida... No es de las que les gusta pasar el tiempo encerrada.

—Eso es por que sufro de claustrofobia—. Lilly no supo que fue lo que la impulso a revelar aquel secreto tan bien guardado, pero cuando lo hizo, su voz sonó firme—. No me gustan los espacios cerrados, por eso prefiero estar al aire libre... pero claro, es mejor prejuzgar a la gente antes de investigar el porqué de sus acciones.

El hermano se quedó con la boca entreabierta. Tanto él como los demás ya no se sentían con la seguridad de seguir atacando a la castaña.

—Lo ven. Les dije que ella no era como ustedes pensaban—, esta vez fue el turno de Antonio para hablar. Lo hizo con su tono monocorde, pero Lilly pudo detectar un leve matiz de regaño en su voz—. Siempre es lo mismo. Cada que llega alguien nuevo, ustedes se ponen a molestarlo hasta que se cansa y se va.

—Así nunca podremos ser suficientes como para terminar el juego—, agregó Sonia, encogiéndose en su asiento—. Si ella se quiere quedar, por mi no hay ningún problema.

—Tampoco conmigo—, dijo Graciela, dedicándole una gran sonrisa a Lilly—. Ya he cruzando unas cuantas palabras con ella, y nunca se me ha hecho una mala persona.

Eduardo se paso una mano por los cabellos y suspiró.

—Pues, la verdad, yo tampoco tengo mucho problema con que se nos una. No me ha hecho nada ni tampoco a ustedes, así que supongo que está bien.

Lorenzo asintió y volteó a ver a Ignacio. Este no tardó en soltar un fuerte quejido mientras agitaba la mano, sin darle mucha importancia al tema.

—Lo que sea, pero yo no la quiero en mi equipo... No me va a hacer perder con su torpeza.

Las mejillas de Lilly se pintaron de un fuerte tono ciruela. Ya se estaba cansando de estar escuchando al chico, y algunos lo veían.

Sus puños se habían cerrado sin que ella lo notara, haciendo que sus manos se tornaran casi blancas por la presión que estaba ejerciendo en las palmas.

—Bien, ya está decidido... Lilly, eres bienvenida a nuestro grupo de...

—Todavía no—, agregó Ignacio con una sonrisa torcida—. Sugiero que primero se le haga una prueba, para ver si de verdad está de nuestro lado o...

—¡Ya basta!

Las palabras que salieron de boca de Antonio se escucharon tan fuera de lugar que, por un momento, todos se preguntaron quien había sido el que hablo.

Cuando el muchacho se puso de pie, miro a su compañero con firmeza y arqueó una ceja.

—Si vas a seguir molestándola te sugiero que te vayas, ya cuando estés más tranquilo vuelves.

Los ojos de Ignacio terminaron como platos. Varios de los presentes miraba la escena con las bocas entreabiertas y sendas miradas de impresión, pero fue Lilly la encargada de terminar con todo ese asunto.

—No se preocupen. La verdad es que yo solo seguí a Monse por que fue muy amable conmigo, pero no puedo quedarme a jugar—, con una pequeña sonrisa, la castaña dio media vuelta y agregó—. No he terminado la tarea de física, y si no la entrego el profesor ahora si me va a reprobar.

—Lilly...

Antes de que Antonio pudiera decir algo más, la muchacha ya se encontraba saliendo del salón. Con la cola de caballo ondeado al ritmo de sus pasos.

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#8

7.

La castaña estaba jugando con su lápiz. Una de las orillas mostraba la marca que habían dejado sus dientes sobre la madera, y la goma estaba a punto de llegar a la parte metálica. Por supuesto, Lilly tenía otras cosas en la cabeza que el estado de su lápiz.

Hacía dos días desde que había tenido aquella accidentada plática con el grupo de amigos, y como suponía, tras todo ese asunto ninguno se había dignado a acercársele. Ni siquiera Antonio.

Los descansos se habían vuelto aburridos. Incluso la compañía de las historias que había estado leyendo por su celular, era insuficiente para alguien que había vivido tanto tiempo siendo apreciada por los que la rodeaban.

A pesar de ello no se dejo vencer. No quería la lastima de nadie, y mucho menos estaba lista para pedir perdón a las demás chicas por algo que no había cometido. Lo iba a afrontar y superaría las dificultades, aunque tuviera que hacerlo sola.

—Disculpa, ¿Tienes un lápiz que te sobre? Mi lapicero acaba de romperse y no traigo otro.

La afelpada voz hizo que la castaña alzara la vista. Quien le había dirigido la palabra era Sonia.

—Eh, un lápiz. Déjame ver en mi estuche—. Lilly tomo su estuche y rebusco en el con renovadas esperanzas. Tal vez no estaba todo perdido... o puede que sí—. Lo siento, ya no me queda otro.

—No hay problema. Gracias de todos modos—. La tímida sonrisa de la muchacha hizo que el corazón de la castaña se encogiera.

Era la primera vez que Sonia le dirigía la palabra en clase, y le había quedado mal.

—Toma Sonia. Puedes usar este.

Desde la segunda fila de hasta adelante, Antonio volteó y le tendió un lápiz nuevo a su compañera. La tímida morena asintió y se lo aceptó, mientras Lilly le dedicaba una rápida mirada al chico.

No estaba segura, pero le dio la impresión de que el procuraba mucho a Sonia.

Esos pensamientos hicieron que bajara la mirada y se concentrara en los ejercicios de matemáticas que les había puesto el profesor. Como siempre, las letras y los números saltaron por toda la hoja, burlándose de ella y de su incapacidad para resolver un problema de algebra.

Tras varios minutos, Lilly ya estaba a punto de romper la hoja del cuaderno, y lanzársela al profesor en la cara. Por fortuna, la campaña del descanso le quito esas intensiones.

La mayoría salió del salón corriendo, pero ella se encontraba tan deprimida que guardo sus cosas y, tras sacar el dinero para su comida, siguió a los demás.

La castaña no perdió tiempo y fue hacia la cooperativa. No quería quedarse sin los enchilamolletes que tanto se le habían antojado. Además, su madre le había avisado que ese día iba a llegar tarde a la casa, por lo que necesitaba comer lo más fuerte posible para poder esperarla.

El cielo le sonrió a Lilly cuando la señora de la cooperativa le dijo que todavía tenía la comida de su elección, así que pidió dos enchilamolletes, un jugo de mango y un paquete de galletas con chispas de chocolate.

Estaba a punto de pagar, cuando un fuerte empujón hizo que soltara su dinero. La mayoría cayó en el puesto de la cooperativa, pero una parte se perdió por entre las piernas de los demás alumnos.

Se estaba agachando para recogerlo, antes de que se perdiera o lo agarraran, cuando una sonora carcajada la hizo alzar la mirada.

Erika y Mayra estaban señalándola y la primera se desternillaba de la risa mientras que la otra le decía, con la ceja arqueada.

—Vaya, y yo que creí que no podías caer más bajo Liliana... pero por lo que veo, te subestimamos. Tú solita te encargaste de acabar con tu reputación.

La joven ya iba a preguntarles el porqué de sus palabras, pero en ese momento notó la posición tan reveladora en la que estaba.

A gatas. Buscando entre las piernas de sus compañeros. Con la falda medio alzada.

Eso último hizo que abandonara esa posición con una velocidad impresionante. No obstante, el daño ya estaba hecho. A ellas se habían unido otras chicas más, y todas se estaban encargando de revelar el color y las figuras que tenían sus bragas.

El dinero dejo de ser su prioridad. En esos momentos, lo único que la castaña quería era salir corriendo y esconderse en los baños más cercanos. Su cara estaba toda roja y el labio superior temblaba, pero nunca dejo que las lágrimas salieran.

Eso era lo único que no estaba dispuesta a darles.

—Bueno, ¿Y a ustedes qué carajos les pasa con Lilly? Dejen de estarla fregando o me encargare de todas y cada una, a mi manera.

Aquella voz llamo la atención de todos los que estaban presenciando el espectáculo.

De haber sido otra persona, las chicas jamás hubieran cedido su diversión, pero con ver la furibunda figura de Monse acercándose a donde estaba la castaña, estas se alejaron y los curiosos volvieron a sus asuntos.

—¿Estás bien? ¿Te tiraron? —, la castaña negó y se puso de pie, sacudiéndose la falda para quitarse el polvo que se había alojado en el dobladillo de esta—. Cada vez me caen más mal esas tipas. No puedo creer que te juntaras con ellas antes.

—Tú lo dijiste, antes—. Lilly lanzó un fuerte suspiro y agregó­—. Demonios, ya se me desacompleto el dinero para mi comida... Soy una burra. No tenía que haberles hecho caso.

—No te preocupes. Ten.

La suave voz de Sonia atrajo la mirada de las dos. La muchacha le tendió las monedas que se le habían caído, con una pequeña sonrisa.

—Creo que alcance a recoger todas, pero si quieres puedes revisarlas.

—Gr... Gracias.

—No es nada.

Con una pequeña inclinación, tanto Sonia como Monse se alejaron de ella. La última agito su mano para llamar su atención y dijo.

—Si quieres, vamos a estar en las jardineras junto al edificio de maestros.

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#9

8.

"¿Qué rayos se supone que estoy haciendo? Soy una wey, y nada más me estoy buscando que me dé un empacho por tanto enojo"

Mientras caminaba por el jardín, con su comida en mano, Lilly le daba vueltas una y otra vez a las palabras de Monse. Le habían sonado como una invitación, pero después de todo lo que le había pasado con sus ex amigas y los comentarios de Ignacio, ya no estaba segura de que fuera a bien recibida en ningún lugar.

Se encontraba dando la tercera vuelta en el patio frente a los salones de primaria, cuando una voz la hizo voltear con violencia.

— ¿Qué haces aquí? Y tan solita.

Eran Luis y la bola de chavos que se juntaban con él, para jugar futbol en el descanso.

Varios eran de otros salones o de grados diferentes, pero el chico y otros tres más iban con ella. Por eso no le sorprendió que le hablaran con tanta confianza.

—Vamos Lilliana. Te invito a pasar a mi oficina, y hay podemos hablar sobre los términos de tu contrato.

—¿De qué rayos estás hablando? Lárgate y déjame tranquila.

La castaña estaba a punto de irse, cuando la mano de Luis se cerró con dolorosa fuerza en su muñeca. A Lilly se le vino a la mente un grillete, como los que había visto en el libro de historia.

—No, querida. Si tu jefe te pide que pases a su oficina, entonces vas y empujas tu trasero a donde él quiere que vayas.

—Tú no era mi jefe y no estamos en una oficina, así que, ¡Déjame tranquila!

Aquel grito surtió el efecto que ella buscaba. Algunos de los chavos que iban caminando por ahí, se le quedaron viendo a la bola de chicos. Lilly aprovecho eso para salir corriendo de ahí, aunque su velocidad no era mucha ya que todavía traía la comida sujeta, y en verdad estaba haciendo lo posible por que nada se le cayera.

—¿En dónde está? No pudo haberse alejado mucho.

—Búsquenla, antes de que nos acuse con alguno de los maestros.

La castaña no había tenido la intención de ir con algún profesor, pero al oírlos se le ocurrió que no era tan mala idea.

Podía ser que así la dejaran de molestar.

Con cuidado para no ser descubierta, Lilly camino por entre las jardineras y las canchas de los de primaria. Esperaba que a los chicos no se les ocurriera buscar por ahí, sobre todo porque sus zapatos negros se estaban patinando con la humedad del pasto.

—Rayos. Creo que no fue buena idea venir por aquí. Mis pierna no...

Mientras se quejaba, el tacón del zapato se hundió en aquel terreno fangoso. Lilly estaba jalando su pie para soltarse, cuando una voz detrás de ella hizo que estuviera a punto de soltar su mallugada comida.

—¿Qué haces aquí? Creí que estarías con los demás, ¿No te dijo Monse en donde estaríamos?

Antonio entro a la jardinera, para ayudar a la muchacha a salir de su prisión.

—Comenzaba a preocuparme. Pensé que otra vez te habías encontrado con Erika y las otras.

—No inventes, ¿Tú también lo viste?... Es oficial. Este día esta de la fregada.

—¿Por qué? ¿Te hicieron algo más?

La castaña sonrió a medias y suspiro con fuerza.

—Ellas no, pero podría decirse que hoy todos quieren hacerme sentir mal.

—Yo no quiero que te sientas mal—, mientras hablaba, Antonio sacó a Lilly de la jardinera y no le soltó la mano en todo el proceso. La castaña pronto sintió que un calor nacía sobre sus mejillas, al tiempo que la boca se le secaba—. No generalices.

Ningún hombre había sido tan caballeroso con ella, como el chico a su lado.

—No, ¿qué?

—Olvídalo. Mejor nos vamos de aquí, antes de que a alguna otra persona se le ocurra hacerte sentir mal—, lo último lo dijo el chico con una media sonrisa, que le duro poco más de diez segundos.

La chica le devolvió el gesto y los dos se alejaron del lugar. Ya se encontraban cruzando la puerta de dividía la primaria con la secundaria, cuando una voz detrás de ellos los puso sobre aviso.

—¡Chicos, aquí esta! ¡Va con el cerebrito!

—¡Rápido! ¡Corre, Lilly!

A la advertencia de Antonio, la muchacha asintió y pronto estuvo cruzando los salones y lockers a su lado, a una velocidad considerable. No había soltado la mano del chico en ningún momento, porque no quería dejarlo tan atrás. Pocas veces había tenido la oportunidad de verlo correr, y sabía que no era tan veloz como Luis y compañía.

—Rápido, ¡No los vayan a perder! —. La voz de Luis sonó fuerte y clara, desde atrás.

La castaña hacia todo lo que podía para dejar al grupito atrás, pero por más que lo intentaba no conseguía ir con suficiente rapidez. Aun así, se negó a soltar al chico.

Había visto a Antonio en clase de educación física, y estaba consciente de que el chico no podía con todos, él solo.

—Lilly. Tenemos que distraerlos o no llegaremos a ningún lado, ¿Por qué no nos separamos y...?

—¡No! —, el grito de la castaña tomo por sorpresa al muchacho—. Podemos dejarlos atrás. Ya verás que sí.

—Pero...

Sin dar tiempo a que Antonio dijera algo más, Lilly aceleró el paso tanto como pudo. En el proceso, noto de reojo que sus enchila-molletes se estaban desbaratando dentro de la bolsa transparente.

"Ni modo. Hay cosas más importantes que hacer... Ah, mis molletes"

El último pensamiento hizo que la chica lanzara un fuerte suspiro.

—¡Los tenemos! ¡Ya los encontramos!

De enfrente salieron un par de chicos, los cuales les cerraron el paso al tiempo que Luis y los otros llegaban por detrás.

Lilly tragó con fuerza y apretó los labios. Era hora de ponerse serios.

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9.

—Bien, bien. Esto sí que es gracioso, ¿De verdad creyeron que los dejaríamos ir tan rápido? —. Varios de los presentes asintieron, y aunque los de otros grados no parecían saber de qué iba la cosa, le siguieron la corriente a Luis—. Bueno, a el no... Es más, ¿Qué carajos hace el aquí?

El muchacho señalo a Antonio. Tanto su boca torcida como sus ojos entornados, daban a entender que no lo había estado tomando en cuenta, hasta ese momento.

—Venía corriendo con ella. Creímos que también lo buscabas—, dijo uno de los chicos.

—¿Y para que voy a querer yo a el? Con quien quiero ajustar cuentas es con la lindura aquí presente, no con este wey... Eh, tú. Lárgate antes de que me ponga rudo.

Lilly tragó con fuerza. Antonio había soltado su mano hacia unos segundos y se había alejado de ella unos cuantos pasos.

Estaba segura de que la iba a dejar en ese problema. Ya se encontraba preparándose para golpear algunos idiotas, cuando el chico volvió a tomarla de la mano y dijo, con un tono calmo.

—No te preocupes. Vamos a estar bien.

A Luis, aquel gesto no le paso por alto. Elevo una ceja y su boca se transformó en una línea casi recta. Lilly podía palpar la tensión que pronto los envolvió.

—Te lo dijo por última vez, chaparro. Lárgate o te las vas a ver con todos nosotros.

El ex chico de primero se encogió de hombros. No parecía estar dispuesto a dejar a Lilly sola.

Aquello removió el corazón de la castaña. Ningún hombre había hecho algo así por ella, ni siquiera su padre. Había aprendido a defenderse mientras crecía, y para ella era tan nuevo ese gesto que pronto sus ojos se humedecieron.

Haciendo un esfuerzo sobre humano para no ponerse a llorar frente a todos, la muchacha se puso frente a Antonio y dijo, con la mirada más dura que pudo mostrar.

—A el déjalo en paz. Tú bronca es conmigo, así que éntrale. No te tengo miedo.

Los gestos serios se borraron un poco de la cara de Luis. Aun así, el chico no permitió que las cosas llegaran a más.

Antes de que Lilly pudiera decir otra cosa, el tipo acortó la distancia que había entre él y sus dos presas, tomando a la joven del mentón mientras con la otra mano le apretaba el brazo.

La chica nunca demostró que tan doloroso era aquel agarre. Solo se le quedo viendo con el ceño bien fruncido, firme y sin mostrar debilidad.

—Vaya, y yo que creí que eras como todas las bobas que acompañan a Mimí—. Lilly entrecerró los ojos. Gracias a la proximidad de Luis, pudo oler un extraño aroma que no supo identificar. Era como si el chico se hubiera comido todo un expendio de verduras ya caducas—. Me gusta. No eres una dejada como las otras.

—Que bueno, ahora, te doy tres para que me sueltes.

Luis soltó una sonora carcajada que fue imitada por sus amigos. Estaba a punto de contestarle a la castaña, cuando el chico detrás de ellos golpeó la mano que agarraba el brazo de ella.

—Ya la escuchaste. Suéltala simio... Rayos, esa sí que es una ofensa para los pobres animales. Por lo menos ellos no pueden evitar comportarse como lo hacen, pero tú... Con razón sigues en segundo, anciano.

Las palabras de Antonio consiguieron su propósito.

Tanto Lilly como Luis se quedaron callados por un buen rato. Ninguno de los presentes sabía que hacer o decir, y por la palpitante vena que pulsaba en el cuello de su agresor, la muchacha pronto comprendió que las cosas iban de mal en peor.

Antonio se había convertido en el punto a eliminar de Luis, y ya no podía hacer nada por desviar la atención del tipo a su persona.

Luis soltó a la castaña, y mientras se acercaba al serio e imperturbable chico, varios de sus acompañantes hicieron un círculo en torno a ellos.

A pesar de que lo superaban en número, el chico no mostró un cambio en su actitud. Solo observaba a los tipos que lo rodeaban, pendiente de los movimientos que, estaba seguro, Luis haría.

No se equivoco. El muchacho se arqueó con la cabeza baja, mirando a Antonio por entre sus pestañas y entreabriendo la boca de vez en cuando. Daba la impresión de que quería intimidar al chico, pero la media sonrisa que se dibujó en la cara de este, les reveló a los presentes que no estaba consiguiendo su objetivo.

—Bueno, wey. Supongo que ya sabes de qué va la cosa, pero por si las dudas te lo explico—, Antonio se cruzó de brazos y alzó una ceja—. Tú te quedas quietecito en donde estas parado, mientras yo te enseño a respetar a tus mayores... Y por favor, no te muevas. Odio tener que estar correteando a los cobardes.

El muchacho asintió y dijo.

—No te preocupes. No tenía pensado el moverme de aquí.

El semblante de Luis se ensombreció. Tanto Lilly como sus amigos notaron el claro reto en la voz de Antonio, y a pesar de que la mayor parte de ella temía por el chico, algo le decía que sabía lo que hacía.

—Bien chicos, ya saben lo que tienen que hacer—, algunos comenzaron a formar un circulo en torno a los dos, pero la mayoría solo se quedo parada en su sitio.

Con la boca torcida, Luis estaba a nada de ordenarles que se apresuraran, cuando una voz detrás de él lo saco de balance.

—Qué hay, Antonio... ¿Todo bien aquí?

A Lilly casi se le fue el alma, cuando escucho a uno de los hermanos. No sabía si se trataba de Eduardo o Lorenzo, pero el simple hecho de que estuviera hay, hacía la diferencia.

No paso mucho, para que Monse también se dejara ver.

—Lo sabía. Algo me decía que este bruto se traía algo entre manos, sobre todo después de lo que pasó con Lilly—. La muchacha paso a empujones a los chicos que estaban encerrando a sus amigos y, con una seña de su cabeza, agregó—. Vamos. Los está buscando la profesora de historia, y no se veía muy feliz.

Antonio no espero a que dijera algo más. Tomó la mano de la castaña, y ambos salieron de aquella multitud sin perder tiempo.

Antes de que hubieran dado cinco pasos lejos de ellos, el hermano volteó a ver a Luis y dijo.

—Que sea la última vez que veo que friegas a Antonio, ¿ok?

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10.

—¿Viste la cara que puso? El pobre ha de estar llorando en el baño, todavía.

Tanto Monse como Eduardo rieron. La chica se había recargado en el hombro del muchacho sin mostrar indicio de temor, algo que Lilly no paso por alto.

Junto a ella, Antonio caminaba con una media sonrisa bien impresa.

Desde que habían dejado a Luis, la castaña se encontraba en un estado de shock silencioso, que parecía no estar dispuesto a abandonarla. No sabía a dónde la llevaban, y menos, le estaba poniendo atención al camino; todo lo que quería era llegar a un sitio en donde pudiera comer algo, antes de que la campana sonara.

¡Su comida!

Por fin, su cuerpo reaccionó y Lilly alzó la bolsa de plástico que todavía traía en la mano. Sabía lo que se encontraría, pero no estaba preparada para ver la magnitud de los daños con sus propios ojos.

Ambos enchilamolletes se habían convertido en una masa uniforme en el fondo de la bolsa, volviéndose uno con la servilleta que le habían puesto, y manchando el paquete de galletas y el empaque del jugo de mango.

Reprimiendo las lágrimas de coraje que amenazaban con hacer de las suyas, Lilly lanzó un fuerte suspiro y abrió la bolsa, metiendo la mano y sacando un trozo de uno de sus enchilamolletes, para llevárselo a la boca con dificultad. Una parte de la comida se desmoronó antes de entrar, pero por lo demás, la comida tenía buen sabor.

Con esa certeza, la castaña buscó un lugar donde sentarse y, acto seguido, sacó la humedecida servilleta de la bolsa; está se fue a la basura junto con una buena porción de crema, queso y salsa, pero no le importó.

Tenía mucha hambre. La persecución y el estrés vivido, habían hecho que le doliera el estomago.

Se encontraba terminándose lo que suponía, era el otro trozo del enchilamollete que había tomado, cuando la voz de Antonio la sacó de sus intensiones.

—¿Por qué te detuviste? Luis todavía podría estar cerca, y...—. Al ver el estado en el que se encontraba la comida de la muchacha, él chico arrugó la frente—. ¿En verdad vas a comerte eso? Está más batido que un licuado.

Lilly se encogió de hombros y dijo.

—Ya no me da tiempo de ir por otros. Además, seguro ya se los acabaron. Quedaban pocos en la cooperativa cuando compre estos.

Antonio iba a decirle algo más, pero Monse tomó al chico del brazo y lo detuvo, dedicándole una rápida mirada a la castaña.

En no se había percatado de ello, pero los ojos de Lilly estaban fijos en un punto lejano. Se había desconectado de la realidad, en un intento por hacer más soportable la situación que estaba viviendo.

Monse se alejó del chico, acercándose a Lilly al tiempo que le robaba un trozo de comida y decía.

—Demonios. Tú sí que eres buena consiguiendo estas cosas—. Con la frente arrugada, la castaña volteo a ver a la muchacha y espero a que dijera algo más—. Sí. Siempre que quiero comer uno de estos, llego a la cope y me encuentro que ya no tienen ni una torta.

Para afianzar aquella declaración, Monse le robo otro trozo de pan con salsa a su amiga, comiéndoselo con ganas.

Lilly le sonrió a medias y asintió.

—No te creas. Hoy era uno de esos días en los que había tenido algo de suerte... Claro que no contaba con que Luis y su bola de idiotas me siguieran y los arruinaran.

—¿De qué hablas? Estas cosas saben bien, y, como mi hermano siempre dice, si esta bueno, comételo.

Ante las caras que Monse le hizo a Lilly, la castaña no tuvo más que reírse de ellas y de sus palabras. Una sensación de alivio la invadió de inmediato, y se dio cuenta de lo cerca que estaba de ponerse a gritar.

—Gracias, Monse.

—¿Por qué? —. La mencionada le dedicó una mirada inocente y después la tomó de la mano, levantándola de su lugar para terminar detrás de ella, en donde la empujó mientras le decía—. Vamos. Sonia y los demás deben de estarse preguntando, en donde rayos estamos.

A la mención de la chica, se le vino a la mente lo que había pasado en la sala de cómputo. No quería tener que lidiar con Ignacio una vez más, y menos en esos momentos que todavía se encontraba molesta por lo que había ocurrido con Luis.

Monse pareció sentir como se tensaban sus hombros, ya que acercó su rostro al oído de la chica y susurro.

—No te preocupes. Hoy no vinieron algunos a la escuela. Te aseguró que vas a poder comer en paz, y mientras te explicamos el juego en el que necesitamos que nos ayudes.

—Pero, la campana.

—No te preocupes por eso. Acuérdate que hoy y mañana es el torneo de futbol de la escuela, así que la campana nada más va a sonar cuando empiecen con los partidos.

Lilly se mordió el labio. Había olvidado por completo lo del torneo. Ahora ya no tenía pretexto para dejar acompañar al grupo a la sala de cómputo.

—Vamos. Te prometo que te va a gustar—, esta vez fue Antonio el encargado de animarla. El muchacho seguía junto a Eduardo, con las manos dentro de las bolsas del pantalón. Aquel gesto le daba una vista mucho más misteriosa de lo que ya era—. Además, seguro hay algo de comida extra en el salón. Sonia siempre lleva de más, por cualquier cosa.

Lilly torció la boca ante esa revelación. Era cierto que la persecución le había abierto aun más el apetito, pero en verdad no quería lidiar con comentarios mal intencionados.

—Anda. Ya dudaste, así que no hay problema—. Eduardo sorprendió a todos, cuando tomo a la castaña del brazo y la llevo con ellos. Lilly no opuso resistencia—. Apúrense todos, porque tengo un buen de hambre, y lo que menos quiero es terminar del lado de donde van a estar jugando. Capaz que nos pasa lo que a Sonia y Graciela el año pasado, cuando ya no las dejaron ir a los salones hasta que terminó el primer tiempo.

Con esas palabras, tanto Monse como Antonio los siguieron.

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#12

11.
Los días siguientes, Lilly y los chicos del salón de computo comprobaron el cambio que empezaba a darse, tanto en la castaña como en ellos.

El grupo no estaba muy acostumbrado a dejarse ver fuera del salón, sobre todo cuando eran los tiempos de descanso; no obstante, Lilly les animaba a pasar tiempo en el exterior, y a cambio, hacía lo posible por aprender a jugar aquel extraño videojuego de computadora en el que necesitaban ayuda.

Su relación se basaba en un dar y recibir que los mantenía bien a todos, lo que en poco tiempo fue haciendo que la chica se sintiera cómoda con esas personas.

Si alguien le hubiera dicho que iba a terminar comiendo junto a Sonia, Graciela o Eduardo, lo primero que le habría dicho a esa persona es que estaba loco y necesitaba una revisión de la cabeza.

Por fortuna, había comprobado en esos días que las cosas no siempre eran como parecían y que, a pesar de lo extrañas que se habían tornado, podía decir con total seguridad que le alegraba haberle dado una oportunidad a ese peculiar grupo de amigos.

—Lilly, ¿Puedes ayudarme con la lección de Historia? De verdad que no entiendo porque los franceses terminaron matando a sus reyes, como si fueran gallinas listas para un caldo.

La mirada de Eduardo pronto se suavizó. Un factor que, los primeros días, desconcertó mucho a Lilly.

Nunca había pensado, que el chico pudiera comportarse de esa forma que, asociaba más con Sonia, para poder recibir algo a cambio.

Su hermano no se quedaba atrás, pero este prefería persuadir por medios más convencionales.

—Vamos, Lil. Que dices, ¿Nos ayudas? —. Lorenzo se acercó con lentitud, a donde la chica estaba sentada. A pesar de su imponente imagen, ella había descubierto que ambos eran bastante simpáticos, y, por qué negarlo, poseían cierto atractivo de chicos rebeldes—. A cambio, nosotros podríamos hacer algo por ti.

A su lado, Sonia se llevo la mano a la boca y reprimió la risita que amenazaba con salir de su boca. La chica también había aprendido a convivir con Lilly y viceversa, lo que había hecho que los silencios incómodos entre las dos se hicieran menos largos.

Poco a poco, todos comenzaban a confiar en ella.

Todos menos Ignacio.

Desde su llegada al salón de cómputo, el chico la había estado evitando. Solo entraba al aula cuando tenían una partida del juego o cuando necesitaba hablar con otro de sus compañeros, pero nada más.

Era claro que el todavía no la aceptaba dentro de su grupo, por lo que ella, en varias ocasiones, le había expresado su malestar a Monse y a Graciela.

La primera siempre le restaba importancia al asunto, y la segunda, cuando vio que las palabras de la chica cobraron fuerza, se la llevo al baño de mujeres y le contó su historia.

—No te preocupes por él. Cuando comencé a pasar los recesos con todos ellos, el fue el último que dejo de molestarme. Siempre ha sido un celoso de lo peor con sus amigos, así que no le des mucha importancia—. La chica de mechas rubias le sonrió—. Ya verás que poco a poco se le va a ir pasando.

Eso esperaba Lilly.

No quería ser responsable de otra separación entre amigos. Suficiente tenía con Mimí.

—Les voy a ayudar, pero primero deben prometer que van a poder atención a lo que les voy a decir, ¿Ok? —, la castaña se llevo las manos a la cintura—, y eso significa que no pueden distraerse con celulares, en las computadoras o con cualquier cosa que tengan cerca.

—¡Sí, señora! —, dijeron los tres al unisonó.

Lilly arrugó el ceño y suspiró.

—¿Tú también, Sonia?... Ok. Sera mejor que me ponga a explicarles, el segundo parcial de Historia es el jueves, y si no pasan estoy segura de que la profesora los va a mandar a extra.

—Siempre—, dijeron ambos hermanos—. Lo que es ella, el de mate y la de ingles, siempre nos lanzan a hacer los extras de sus materias.

—Bueno, y si siempre les pasa, ¿Por qué no han hecho algo?

—¿Cómo qué? —, preguntó Lorenzo.

—Podrían pedir una que otra asesoría, o trabajos adicionales.

Ante sus palabras, Lorenzo soltó una ruidosa carcajada y su hermano negó un par de veces, antes de hablar.

—No eres la primera que nos dice eso. El problema es que los maestros nunca tienen tiempo para nosotros.

Abriendo los ojos un poco más, la castaña arrugó en ceño.

—¿Cómo? ¿Ya han pedido ayuda, y se las han negado?

Lorenzo se rascó la cabeza.

—Yo no diría negado; más bien, tenemos la teoría de que nos tienen miedo—. Su hermano lo señalo con el índice y asintió—. Sí. Creo que los rumores sobre nosotros se han vuelto un poco exagerados.

—¿Y no han intentado aclarar las cosas? Porque algo así podría causarles problemas, sobre todo si llegan a cambiar de escuela una vez más.

—Na. Eso no va a pasar—, dijo Eduardo mientras se alborotaba los cabellos—. El sub director es un buen amigo de papá, además, el sabe cómo somos. No se deja llevar por lo que dicen los demás.

Lilly suspiró.

—Bueno, eso está bien, pero, ¿No se sienten mal de que les tengan miedo?

Lorenzo negó, pasándole una mano por los hombros a Sonia.

—No, ¿Por qué tendríamos que sentirnos mal? Mientras nuestros amigos sepan cómo somos y nos acepten, no hay ningún problema... ¿O tú qué dices, Toño?

La voz de Antonio resonó en el oído derecho de Lilly. No se había percatado de que el chico había llegado, por lo que su cercanía le erizó la piel.

—Totalmente de acuerdo contigo.

#13

12.

Lilly caminaba sobre la línea amarilla que delimitaba la calle con el terreno de la secundaria. La castaña se encontraba esperando a que Sonia y Graciela salieran, para irse con ellas a la parada del camión.

Su madre otra vez le había dicho que no podría ir por ella, así que ya se le estaba haciendo costumbre el salir de la escuela en compañía de las dos. De vez en cuando las acompañaba alguna compañera del curso de Graciela, pero casi siempre eran solo las tres; un hecho que llamaba la atención de Lilly, ya que, a pesar de ser querida entre sus compañeros, parecía ser que nadie esperaba mucho de su compañera de juego.

Cada que la miraba, sentía que estaba viendo un reflejo de su persona.

—Ya estoy aquí—. Desde atrás, Graciela le tapó los ojos a Lilly y rió—. Por cierto, no te dijimos pero creo que hoy nos vamos a ir con otros más.

Con la ceja en alto, la castaña apartó las manos de su amiga y vio que, en efecto, iban con ella Lorenzo, Eduardo, Antonio, y un chico de primero al que pocas veces había visto, pero que parecía llevarse bien con el último ya que de vez en cuando había notado que cruzaban unas cuantas palabras.

—¿Qué paso con el señor que siempre los recoge? —, pregunto Lilly señalando a los hermanos—, ¿Y el carro negro que viene por ti? —, esta vez fue el turno de Antonio para ser cuestionado.

—Uh, si no querías que nos fuéramos con ustedes, solo tenías que decirlo—, el tono que Eduardo uso para hablar casi la engaño. Si no hubiera sido por las innumerables bromas que le había conocido en esos días, bien podría haber caído.

—Bueno. No quiero que vayas con nosotras —. Graciela chocó cinco con Lilly, y mientras Sonia llegaba a donde estaban todos.

De inmediato, el chico tomó a la pequeña por los hombros y dijo, señalando a ambas con un gesto de fingida ofensa.

—Por fin llego mi salvadora. Van a ver, Sonia las va a poner en su lugar.

—¿Yo? ¿Por qué? ¿Qué hiciste Eduardo?

La pregunta no tardó en surtir efecto. Tanto Lorenzo como el chico de primero terminaron desternillándose de la risa, Graciela se había tapado la cara, pero aun así todavía se podían escuchar las carcajadas que propinaba. Incluso Antonio se estaba riendo de su amigo, aunque él era más discreto en sus movimientos.

—¡Sonia! Se supone que me tenías que defender, no echarle más leña al fuego.

—Lo-lo siento—, dijo la aludida mientras se secaba una lágrima e intentaba ya no reírse del muchacho—. Es tú culpa por haberme dicho eso, cuando yo apenas iba llegando.

—Ok, ok. Te perdono, pero nada más porque venías llegando, eh—, con abrazo, tanto la chica como su amigo terminaron riendo junto con los demás.

—Bueno, y entonces, ¿Por qué no esperamos a Monse?

Lilly se encontraba sosteniéndose de la barra de seguridad que tenía el camión. La mayoría de sus amigos estaban sentados, y aunque le habían dicho que se uniera a ellos, esta se negó con el pretexto de que pronto iba a bajar del vehículo.

—Otra vez la castigaron—, dijo Sonia mientras le robaba una papa a Lorenzo—. De nuevo se puso a aventar bolas de papel con jabón en el baño, hubieras visto como dejo el techo, parecía una cueva a la que solo le faltaban los murciélagos.

—No inventes, ¿de nuevo? Esa mujer solo se está buscando una expulsión—, suspiró Graciela, tomándose el puente de la nariz mientras negaba. — ¿Y quien descubrió su gran obra? Ojala no haya sido uno de los maestros, sino ya puede irse despidiendo de su trasero.

—No—, dijo el amigo de Antonio, haciendo que los demás lo miraran—. Escuche que quienes la acusaron fueron Erika y Mayra, de segundo.

Ante la mención de esas dos, Lilly no pudo evitar torcer la boca mientras declaraba.

—No me sorprende. La vida de esas dos es ver que hacen los demás.

—Sí, y por lo que he escuchado de Monse, ni ella se lleva bien con las dos ni las chicas la soportan—, dijo Graciela, llevándose un dedo al mentón—. Lo mejor es que ya no les haga caso y se mantenga con perfil bajo, sino de verdad van a terminar expulsándola.

—Como si eso fuera a suceder. Es más fácil que corran a esas dos a que Monse termine fuera, ¿no es cierto, Toñito?

El mencionado se removió en su asiento, pero no dijo nada. Aquello llamo la atención de Lilly. No entendía por qué había dicho eso Eduardo, pero le dio la impresión de que su compañero sabía algo que ella ignoraba.

—Oye Lilly, ¿no te vas a bajar por aquí? —, la mencionada salió de su ensoñación ante las palabras de Sonia, y posó su vista al frente.

El camión estaba a punto de llegar a su parada, así que con un rápido ademan de su mano se despidió de todos y se apresuró a acercarse a la parte de atrás del camión.

En ningún momento notó que se le caía el monedero y unas llaves, de la mochila.

—¡Bajan, señor! —, el conductor miró de mal modo a la joven, por el retrovisor. La castaña no le dio importancia y apretó una vez más el timbre.

Cuando la puerta del vehículo estuvo abierta, Lilly salió y se llevó una mano a la frente. Estaba tan distraída que había estado a nada de pasarse la parada, lo que le hubiera originado que caminara unas cuantas cuadras de más.

Lilly estaba comenzando a caminar hacia su casa, cuando una mano de buen tamaño se posó en su hombro haciendo que la chica volteara.

Cuál fue su sorpresa al encontrarse con Antonio, que traía las llaves y el monedero en una mano.

—Se te cayó esto.

La castaña ya le iba a dar las gracias, cuando la voz de Lorenzo llamó la atención de ambos.

—¡Toño! ¡Córrele!

El mencionado se dio la vuelta justo cuando el camión recobró su marcha, dejándolo atrás junto con su acompañante.

#14

13.

Lilly estaba tan apenada con el chico, que se llevó una mano a la cara para cubrirse la parte inferior de está.

—Lo siento. Soy una distraída... Te dejo el camión por mi culpa, y...

—Tranquila. No es nada que no se pueda solucionar. Nada más me subo a otro y ya—, dijo el chico, buscando entre sus cosas un poco más de dinero—. Más bien, la que iba a tener un problema más grande ibas a ser tú, o ¿Cómo pensabas entrar a tu casa sin las llaves? Por que supongo que esas son las que la abren, ¿o no?

—Sí, son esas—, la castaña alzó el llavero junto con el monedero—. Gracias, Antonio.

Los ojos del chico se abrieron un poco más de la cuenta, haciendo que las facciones del chico se suavizaran un poco, dejando ver por unos momentos la verdadera edad que tenía.

Lilly se dio cuenta y se apresuró a agregar.

—Lo siento, ¿dije algo malo?

—Para nada. Es que es la primera vez que me das las gracias y me llamas directamente por mi nombre.

La castaña sonrió con ganas y se quitó un mechón que bailaba frente a su campo de visión. De repente un escalofrío azotó su columna, enviándole ligeras sacudidas que esta asoció con el fuerte viento de otoño que ya estaba azotando a la ciudad.

—Bueno, como fue mi culpa el que te bajaras del camión me voy a esperar hasta que pase otro, y mientras podemos platicar un poco sobre el trabajo bimestral de biología. Ni siquiera sé lo que voy a hacer y ya estamos a nada de entregarlo.

Así, los dos dieron inicio a una conversación que duro largo tiempo. Cada que pasaba un nuevo camión tanto Lilly como Antonio buscaban pretextos para dejarlos ir, alegando que estaban discutiendo un punto de suma importancia.

Se encontraban tan entretenidos que cuando sonó el celular del chico, ambos se sorprendieron y terminaron riendo por un rato antes de que este contestara.

—Bueno... ¿Si?... Sí... Estoy viendo lo que un trabajo, con una compañera... Oh, ya... Entiendo... Está bien. Nos vemos.

Cuando el muchacho colgó, Lilly pudo darse cuenta de que su alegría se había apagado un poco. Habían pasado tanto tiempo platicando y riéndose, que se le hacía raro verlo otra vez con su clásica pose seria.

—¿Qué te dijeron? ¿Te regañaron?

El chico negó y se pasó una mano por los cabellos, alborotándoselos al tiempo que se quitaba las gafas y procedía a guardarlas en el estuche dentro de su mochila. Para Lilly fue raro verlo sin sus lentes. Parecía otra persona; mucho más joven y accesible que el Antonio de las clases.

—No. Nada más me preguntaron qué en donde estaba y me dijeron que me apurara, porque si no se iba a hacer oscuro.

Para dar fuerza a sus palabras el chico señalo al cielo. El sol había adquirido la tonalidad naranja, que delataba el tiempo que le faltaba para ocultarse.

—¡Demonios! ¿Pues qué hora es? Seguro que mi mamá ya llego a la casa... Ahora si me va a ir mal—, para dar mayor fuerza a sus palabras, el celular comenzó a sonar dentro de su mochila.

La castaña bailoteo en su lugar.

—¿No vas a contestar?

—No. Hazme caso, cuando mi madre se enoja da más miedo que la profesora Morales.

Ante la comparación, Antonio no pudo evitar reír.

—Eso sí que es llegar a extremos... Entonces, mejor me despido; no quiero que tú mamá Morales te regañe.

La castaña le dedicó una media sonrisa y asintió.

—Pues sí, pero que no te quepa duda que mañana seguiremos con la plática.

—Está bien. Nos vemos.

Con un rápido movimiento de manos, Antonio jaló a Lilly y le dio un rápido abrazo. El camión se estaba acercando a paso rápido.

—Nos vemos—, susurró Lilly. No se esperaba aquel gesto de su acompañante, pero no le desagrado.

Con una cabezada, Antonio se despidió y le hizo la parada al camión, subiendo a él. Este no tardo en ponerse en marcha de nuevo.

Este aun no se perdía entre los demás autos, pero Lilly ya se encontraba corriendo cual posesa, hacia su casa. La mochila rebotaba detrás de ella, y estaba casi segura de que su botella con agua estaría casi de cabeza por entre los libros y cuadernos.

Rogando para que su contenido no mojara nada, la castaña cruzó a caseta de vigilancia y saludo al policía en turno. Se metió en la segunda calle y con un fuerte jadeo, se detuvo en modesta casa beige de un piso, en donde vivía con su madre.

El carro de su progenitora ya estaba estacionado en la entrada, así que redujo su carrera a una caminata y se preparó para dar el montón de pretextos que, estaba segura, tendría que usar para que la señora no se enojara tanto con ella.

Apenas estaba girando el pomo de la puerta, cuando la voz de su madre sonó. Esta provenía de la cocina.

—Bonita hora de llegar. Pásate y ven a comer... Ya hablaremos luego.

Lilly lanzó un resoplido y cerró. Dejo la mochila junto a la puerta del baño y sacó su termo; por fortuna no se había abierto como otras veces. Un problema menos de que preocuparse.

Ahora faltaba el otro.

La comida fue más tensa que en otras veces. Lilly no sabía que había pasado con su mamá, pero suponía que era algo malo porque la mujer no había hablado en todo el rato.

Incomoda, tomó uno de los flanes que se encontraban en la nevera y se lo llevó a la mesa. Fue en ese momento que su progenitora por fin le dirigió la palabra.

—No sé qué te está pasando Lilly, pero no me gusta el giro que están tomando las cosas—, la chica alzó una ceja. — ¿Es cierto que abandonaste el equipo? Además, recibí una llamada de la madre de Mimí, diciendo que tú y tus nuevos amigos han estado amenazando a su hija... ¿Qué rayos te pasa? Tú no eres así, y no voy a permitir que otra vez te comportes como una rebelde, o peor, una abusadora.

—Mamá, eso no es...

—¡Basta! ¡No quiero más excusas! O te alejas de esos chicos o yo voy a tomar cartas sobre el asunto.

AdyLuna
Rango5 Nivel 20
hace 8 meses

Que mal... Una madre que conoce poco a su hija y sedeja influenciar por abladurias de los demás y sin dejarla hablar!

Estaré esperando gustosa el siguiente capítulo.

Zyanya_JC
Rango6 Nivel 26
hace 7 meses

Gracias, AdyLuna. Me encanta que te este gustando la historia y que la sigas.
No te preocupes que hoy tengo planeado subir dos capítulos. No me he olvidado de ella, y la voy a colgar toda en la página.


#15

14.

—¿Qué te pasa Lilly? Hoy estas muy callada.

—¿Te volvieron a molestar Erika y las demás? Tú nada más dime y yo me pongo en su lugar a esas urracas.

—Eh, no. No me han dicho nada —, la castaña lanzó un fuerte suspiro y siguió jugando con la pluma sobre el cuaderno.

Desde hacía dos días estaba algo apagada, pero ninguno de los chicos había querido presionar para saber qué era lo que le ocurría. No obstante, tanto Sonia como las demás chicas comenzaban a preocuparse por su amiga.

Era claro que algo le había pasado.

—Hey, ¿Te vas a quedar hoy a la partida que está armando Lorenzo? Se ve que se va a poner genial la cosa.

Lilly negó y recostó la cabeza sobre la palma de su mano.

—No puedo. Mi madre va a venir a recogerme. Quiere que vaya con ella a un lugar.

—Oh, bueno. Supongo que entonces será para otro día... Lo único bueno es que no vamos a estar desparejados. Con eso de que Toño no ha venido a la escuela...

A la mención de su compañero, Lilly fijó su vista en el pupitre, ahora vacio, donde se sentaba Antonio.

Desde que se habían quedado platicando no lo había vuelto a ver. En secreto, pregunto por él en la coordinación y a cuanto maestro les daba clase, pero nadie le decía nada, así que se tenía que conformar con lo que comentaban sus compañeros.

—Estoy casi segura de que otra vez se lo llevo su papá a alguno de sus viajes. Qué suerte tiene Toño.

—¿Viaje? ¿Su papá se lo lleva de viaje?

Monse asintió y torció la boca.

—Uh, si vieras. El señor se la vive llevándolo a cuanto sitio tenga que ir. Es genial.

—Pero pierde clases, ¿No le importa eso?

Sonia se llevó una mano a la boca y acalló la risita que amenazaba con salir de su boca. Después le dijo.

—Antonio no es de los que reprueban solo por perder unos cuantos días de clase. Ya veras, cuando vuelva no se va a tardar ni dos días en ponerse al corriente con todo.

Lilly amplió sus ojos, pero ya no dijo más. En vez de eso, fijó su vista hacia enfrente.

Tenía muchas ganas de quedarse y jugar un rato con sus amigos, pero su madre había sido muy clara y se había apegado a sus palabras. No dejaba que se fuera sola y había pedido un cambio de horario en su trabajo, así podía pasar más tiempo con ella. La mujer decía que era para que su hija no se sintiera sola, pero Lilly estaba bien consiente que solo lo había hecho para tenerla vigilada.

Al ser madre soltera, ella tendía a preocuparse más de la cuenta por lo que decían los demás de su hija.

Lilly y sus compañeros, salieron del salón como si hubieran sido lanzados de este. La castaña iba platicando con Monse y Sonia, como siempre, por lo que no le ponía mucha atención a su entorno.

Por ello fue que no pudo ver cuando Erika se le acercó. Fue hasta que la empujó, que notó su presencia.

La chica estaba a punto de caer, cuando unas manos la detuvieron.

—Oye, ¿No te parece que esas actitudes son un poco infantiles?

—Y que lo digas. Odio a las chicas que se portan como unas mimadas o que se la pasan molestando a los demás; es fastidioso estar lidiando con ellas.

Tanto Eduardo como Lorenzo lograron su cometido. Atraparon a Lilly a tiempo e hicieron que Erika retrocediera como si le hubieran lanzado un balde de agua, haciéndose para atrás hasta que casi choco con Mimí.

Lilly fijó su vista en su ex mejor amiga, la muchacha se veía pálida y un tanto temerosa de estar tan cerca de los hermanos; quería decirle que no tenía por qué temerles, que eran buenas personas, pero Mimí se fue con Erika antes de que pudiera abrir la boca.

—¿Estás bien?

Con una rápida cabezada, la castaña asintió y se apartó del brazo de Eduardo. De repente se sentía incomoda el compañía de ellos.

No sabía porque, pero la mirada de Mimí había provocado en ella cierto rechazo hacia sus nuevos amigos. Aquel pensamiento hizo que Lilly agitara la cabeza con violentos movimientos y que se cuestionara. ¿En qué momento se habían convertido esos desconocidos en sus amigos?

Eso no era posible. ¿Qué hacia ella con ellos? No pertenecía a su grupo. Su lugar era al lado de Mimí y las demás. Junto a las chicas que conocía desde que estaba en primaria.

Mientras su cabeza se veía invadida por esos pensamientos, una vocecita interior respondió a sus preguntas con sorna.

"Es en serio. ¿Todavía dudas del por qué estas con ellos? ¿Tengo que recordarte que estas personas no te han tratado como tus "amigas"?... Si aun dudas de tu decisión, entonces ya estás muy mal".

Eso último hizo que Lilly lanzara un suspiro a la par que sonreía para sus adentros. Tenía razón; ella había elegido estar con ellos, y si los demás no podían ver las buenas personas que eran, entonces los que tenían que cambiar eran los otros. No sus nuevos amigos.

—Vamos Lilly. Aunque sea acéptanos una paleta de aquí afuera—, dijo Monse, picándole las costillas mientras hablaba—. Tal vez así cambies de parecer y te quedes a...

La voz de su amiga fue interrumpida por su madre. No se había dado cuenta, pero desde que se había alejado de Eduardo había estado avanzando hacia la puerta de salida. Sus amigos no iban muy lejos, y tanto Monse como Sonia se habían acomodado junto a ella.

De inmediato, la sonrisa de la castaña murió en sus labios.

—¡Lilliana! Vámonos.

Tanto el ceño arrugado como la línea casi recta que había adoptado la boca de su progenitora, le dijeron que su madre estaba lista para otro buen regaño. Para su fortuna, a ella nunca le había gustado llamarle la atención en público.

Se alejó de ambas chicas arrastrando los pies y, señalando a su madre que ya se encontraba yendo hacia donde había dejado el auto, les dijo.

—Creo que la paleta tendrá que esperar... Nos vemos mañana.

—Órale. Nos vemos. Haces tú tarea de historia, ya sabes, por si no entiendo nada y terminó necesitando de tu cabeza.

La chica rió ante las palabras de Monse y asintió, alejándose del grupo.

#16

15.

Su madre no le dirigió la palabra en todo el trayecto hasta su casa. La mujer solo veía hacia enfrente, y de vez en cuando dejaba salir algún quejido.

Era claro que estaba molesta, pero no podía imaginarse el porqué de su enojo. No había hecho nada, como para que estuviera así con ella.

Ya se encontraba estacionando el auto en la entrada de la casa, cuando la señora por fin se decidió a hablar.

—Hoy llegue por ti al cuarto para las dos, y mientras salías me encontré con las madres de tus amigas...

—¿De mis amigas? Pero si tú no conoces a...

—De tus otras amigas. Tus primeras amigas, ¿O qué? ¿Ya se te olvido Mimí o Sandra? ¿Erika?

Lilly se llevó una mano a la cabeza y negó.

—Ma. Tú bien sabes que nunca me he llevado bien con Erika. Acuérdate que ella fue la que hizo que Mimí me dejara de hablar y...

—¿Y te has preguntado por que ya no te hablan?... Esos chicos que iban contigo hacen rato, ¿Son con los que te llevas ahora? ¿Los que están amenazando a tus amigas?

—Espera, eso no es cierto. Ellos no...

La mujer volteó a ver a su hija. En los ojos podía verse como su furia crecía, a la par que sus palabras subían de volumen.

—¿Sabes que me dijeron las madres? Me preguntaron si estaba teniendo problemas contigo de nuevo. Dijeron que no podían creer como una niña tan buena se había vuelto la amiga de unos pandilleros como esos. ¡Pandilleros!... ¿Es en serio, Lilliana? ¿Cambiaste a tus amigos por ese tipo de personas?

—Tú no los conoces. Ellos me...

—¡Cuestionaron mi forma de educarte! Vamos, si hasta la mamá de Erika dijo que su hija le había llamado al teléfono hacia unos momentos, porque uno de tus amigos la amenazó y tenía miedo de que le fueran a hacer algo si se iba sola... ¡No es posible! ¡¿Te juntas con esa clase de personas?! Chicos que lastiman a las niñas, ¡Eso es el colmo!

—Que no, pero...

—¡Basta!

La palma de su madre temblaba. Pocas veces había visto a la mujer así de alterada, pero Lilly no quería que ella pensara así de sus amigos. No cuando lo que le habían dicho sobre sus amigos eran puras mentiras.

—Te dije que tuvieras cuidado y que te buscaras un nuevo amigo, no que terminaras juntándote con los revoltosos de la escuela... Lilliana, esto no puede seguir así. Ya no eres una niña de tres años a la que puedo estar cuidado a diario. Vas a alejarte de esas personas...

—No. Déjame explicarte lo que...

—¡Vas a alejarte de ellos!, ¿Ok? O si no me vas a obligar a tomar otras medidas.

—Pero déjame hablar. Tú no sabes cómo...

—No. No quiero saber nada más de ellos. Ahora, baja del auto. Le dije a mi supervisora que llegaría a tiempo.

Con la boca torcida y el ceño arrugado, Lilly hizo lo que madre le pidió y salió del auto. Ya se estaba abriendo la casa, cuando la mujer volvió a hablar.

—Hay comida en el refrigerador. Llego a las ocho.

Sin más, el vehículo revivió y la señora se alejó de su hija. Dejándola con un regusto amargo en la boca.

~*~*~

—Es que no lo entiendo, ¿Por qué demonios no me escucha? Desde hace días que esta toda molesta, y parece como si me estuviera echando la culpa de sus problemas.

—Dale tiempo. Tal vez está estresada por el trabajo.

Lilly se paseaba por la sala de su casa, como si fuera un león enjaulado. Habían pasado un par de horas desde que su madre la había dejado, y aun no conseguía que se le bajara el enojo.

Por ello, se decidió a hablarle a la única persona a quien le podía confiar lo que sentía.

Su tía Carolina.

Aunque no tenían lazos sanguíneos, la mujer se había ganado su confianza con el paso de los años; sobre todo porque llevaba más de quince años conociendo a su madre.

—Pero, ¿Por qué se pone así conmigo? No es mi culpa que Mimí y Erika sean unas mentirosas.

—Bueno, ¿Y le dijiste que todo eso que le habían comentado eran puras mentiras? Tal vez ella se lo creyó porque...

—No me dejo, tía. Nada más llegó y me dejo, como si fuera un bulto.

La chica no tardó en cruzarse de brazos, al tiempo que arrugaba la boca.

—Entiendo... El problema es que no se si sea buena idea que yo me meta en esto, Lilliana. Tú mamá siempre ha sido muy discreta con estas cosas, y si comentó algo podría tomárselo a mal.

La muchacha lanzó un fuerte suspiro.

—No, tía. Yo sé eso —, paso a paso, se acercó al teléfono —. En realidad, solo quería pedirte un consejo sobre mis amigos.

—Oh, de acuerdo, ¿Qué me quieres preguntar?

La chica tomó aire y habló.

—No voy a alejarme de ellos. Me caen bien. El problema es que mi mamá me prohibió acercármeles—. La mujer al otro lado de la línea emitió un sonido de afirmación. — Ahora, ¿Tú crees que mi ma se enojara mucho cuando se entere de mi decisión? ¿Qué crees que haga? Y lo más importante, ¿Crees que estoy haciendo lo correcto? Yo... En verdad no quiero alejarme de mis nuevos amigos.

La mujer guardó silencio por un buen rato. Cuando Lilly pensó que Carolina ya no iba a decirle nada, la mujer lanzó un fuerte suspiro y dijo.

—La verdad... Creo que haces bien en defender a tus amigos de las habladurías de las que están siendo víctimas; pero de ahí a contradecir a tú mamá —. La señora carraspeo del otro lado del teléfono. — No sé si sea correcto el hacer eso. Si tú madre esta tan presionada y la relación entre ustedes se está volviendo difícil, tal vez, lo mejor sería explicarle lo que está sucediendo con tus antiguas amigas; es más fácil que le digas eso, a que la intentes convencer de que tus nuevos amigos no son como ella piensa.

—¿Tú crees? Bueno, ¿Y qué hago con mis amigos?

—Haz lo que tu creas correcto. Si quieres seguirles hablando, yo creo que estas en todo tu derecho.

#17

16.

Con un plan maquilándose en su cabeza, Lilly obedeció a su madre en casi todo.

Iba a la escuela y regresaba a buena hora. Le ayudaba con algunas cosas de la casa y, de vez en cuando terminaba yendo por algo para que las dos comieran.

En general no tenía ningún problema con ella o con alguno de sus compañeros, y gracias a la ayuda que le había pedido a Antonio, sus calificaciones estaban subiendo de forma considerable.

Su madre estaba segura de que sus regaños habían servido y que ya no estaba viendo a "esas malas influencias".

Lo que no sabía es que si en algo no había obedecido Lilly era justo en ese punto. A pesar de que estaba consciente de los problemas que podía buscarse, ella no estaba dispuesta a dejar que unos cuantos comentarios y mentiras la intimidaran.

Ese grupo se había ganado su confianza, y no iba a dejar que unos cuantos rumores deshicieran eso.

—Lilly, ¿Ya estas lista? Se no hace tarde.

—Ya voy.

La joven tomó su mochila del sillón de una plaza y salió de la casa, directo hacia el golf rojo que conducía su madre. Esta ya se encontraba dentro, junto con un batido de fresas y avena que se estaba tomando mientras su hija llegaba.

—¿No se te olvida nada? No quiero que a medio camino me regreses.

—No, ma. Ya traigo todo.

—Conste.

La castaña llego a la escuela casi derrapando. El portero se aguantó las ganas de reír, sobre todo al ver como la muchacha se pasaba una mano por los cabellos, haciendo un intento por que estos volvieran a adoptar su lugar.

—Hola, señor Ortiz, ¿Esta feo el día, verdad?

El señor asintió y alzó la mirada.

—Y que lo digas, Lilliana. Se ve que va a llover fuerte... Mas te vale haber traído un paraguas, porque si no...

La joven sonrió y palmeó su mochila.

—No se preocupe. No se le olvido.

Con esa frase, Lilly entró a la escuela y, con un ritmo que estaba entre correr y caminar rápido, se apresuró a llegar a su salón.

Ya no había muchos chicos afuera, y uno que otro profesor caminaba por los pasillos, así que aceleró todo lo que pudo. Para su buena suerte, llego justo cuando el profesor de matemáticas estaba a punto de cerrar la puerta.

—Señorita Quintero. Qué bueno que llego a tiempo; la clase de hoy es muy importante para el examen semestral.

—S-sí señor —, jadeando, la chica entró al salón y se ubico justo detrás de Sonia.

Su amiga le paso en forma disimulada, una de las tantas toallitas húmedas que cargaba en su mochila. Lilly le apretó la mano en agradecimiento y se paso el paño aromático por la cara, limpiando los hilos de sudor que corrían por su frente y cuello.

Desde su lugar, Monse alzó un pulgar en señal de aprobación y Antonio le sonrió a la castaña. Lilly hizo el signo de "amor y paz", y después se apresuró a sacar sus cosas.

Los martes eran sus peores días, y mucho se debía a la clase que estaba a punto de tomar.

—Bien, chicos. Ya saben cómo es el asunto... —, el profesor sacó una lista de su portafolio y, a la par que tomaba lista, fue haciendo su clásico examen-dictado.

La mayor parte de los chicos lanzó quejidos y una que otra negativa. Lilly no fue la excepción.

Estaba casi segura de que, por culpa de esos dichosos dictados, su calificación en esa materia terminaría en el bote de la basura.

Como odiaba las matemáticas, y sobre todo con ese profesor.

No importaba que tan bueno fuera, ella no comprendía nada con él al mando de la materia. Y menos le ayudaba, el hecho de que el sujeto no se detenía a explicar las lecciones pasadas, a quienes no le comprendían.

Eso sí que la hacía enojar.

—Me lleva. Si sigo así en Mate, definitivamente me van a llevar la fregada y...

—Ah, ya ni me recuerdes esa mugrosa materia. Cada vez que veo al tipo ese, me dan ganas de ahorcarlo con sus horrorosas corbatas —, dijo Monse, rascándose la cabeza al tiempo que lanzaba un bufido. — Me choca. Siempre es lo mismo con ese sujeto.

Sonia se llevó una mano a los labios y habló, con su típico tono quedo.

—A veces creo que no repite las lecciones, para que solo sus favoritos pasen la materia. ¿No se han dado cuenta que el profe solo recibe a Katia, María, Daniela, Juan e Iván? A nadie más le deja estar en su cubo más que a ellos... Bueno, y a Toño.

Monse soltó un par de carcajadas y apoyó una mano en el hombro de Sonia.

—Bueno, pero es que el caso de Antonio es especial. Claro que no se puede decir lo mismo de los otros... A esos aprovechados, lo que les gusta es estarles haciendo la barba a los profes... Así hasta yo podría sacar buenas calificaciones.

Algo en el comentario de Monse dejo a Lilly pensando. Estaba confundida por sus palabras.

¿Qué tenía que ver Antonio en el asunto de los profesores? Además, ¿Cómo es que el chico faltaba tantos días y los profesores no le decían nada?

Con esas preguntas en la cabeza, Lilly se llevó una mano a la boca y dijo, a media voz, intentando sonar lo más inocente que pudo.

—Bueno, entiendo que el caso de Antonio es especial pero, ¿No crees que a veces nuestros compañeros son un poco... mala onda con él? De no ser por nosotras estaría solo. Los demás compañeros hacen como si no existiera.

Monse le dio una gran mordida a su galleta y asintió.

—¿Qué esperabas? A todos les da miedo el tomar clases con el sobrino del director. Toño es genial, pero nadie se da la oportunidad de conocerlo.

#18

17.

El sobrino del director. Eso explica muchas cosas de... Me lleva. Debo haber parecido una tonta a su lado; sobre todo cuando me la vivía fregándolo con mis dudas de biología y mate... Y Monse. Todavía no puedo creer que no me percatara de eso antes. Con razón se llevan tan bien ella y Toño; sus papas son compadres.

Lilly caminaba hacia la escuela con la cabeza baja. Ese día no había podido llevarla su madre, así que se había levantado una hora más temprano. Por supuesto, aquello solo le ocasiono que terminara con una cara larga que pocas veces había mostrado, desde que entrara a la secundaria.

Odiaba los días que tenía que tomar mate. Y también en los que el profesor de bilogía los torturaba. Pero no había nada que aborreciera más que tener esas dos clases en el mismo día.

En definitiva, ese día no le iba a ir nada bien.

Con esos pensamientos en su cabeza, la castaña entró a la escuela y se dejo caer en una de las bancas de cemento que daban a las jardineras de su sección. Desde donde estaba podía escuchar las pláticas de los chicos de preparatoria; era tan temprano que solo ellos habían llegado.

Esto es el colmo. Gracias, mamá. Por eso me encanta que me mandes sola a la secu... para eso, mejor ni hubiera venido. Bendita la hora en la que al viejo de bilogía se le ocurrió cambiar su clase, con la del profe de redacción. Me llevan todos los demonios...

Lilly lanzó un fuerte suspiro al aire y sacó su celular del bolsillo de la falda. Se había quedado en una parte interesante de la novela que estaba leyendo, y si no podía hacer mucho para mejorar sus clases, lo menos que podía hacer era darse un tiempo para ella y entretenerse con algo que si le gustara.

Se ajustó la ligera chamara que traía y dio inicio a su lectura. El sol apenas estaba clareando en el firmamento, por lo que al principio tuvo que poner el texto en modo nocturno; pero pasados los primeros veinte minutos, se decidió a quitarlo.

Lo cierto es que esos días estaba pasando más tiempo con sus libros digitales que con sus amigos, y eso la tenía algo irritada. Desde que se había enterado del parentesco entre Antonio y el director, o del que tenía Monse con él chico —un factor que, gracias a Sonia había descubierto—, las cosas se habían ido enfriando un poco.

Ya no se sentía con la confianza de hablar con ninguno de ellos, y por consiguiente, sus visitas al salón de cómputo se hicieron cada vez más y más espaciadas.

Ella sabía que no era la culpa de ninguno de ellos el ser quienes eran, pero ahora que sabía de dónde venían, sentía que la hija de una asistente, que además tenía cierto pasado oscuro, no tenía derecho a convivir con ambos.

—Lilly, ¿Qué haces aquí? Y tan temprano.

Portando un grueso abrigo marrón, Graciela se acercó a la chica a paso rápido y se sentó junto a ella, al tiempo que le dedicaba una pequeña sonrisa, la cual terminó ocultando cuando sus manos viajaron a su cara y le taparon la roja nariz.

—Grace. Creí que hoy tampoco vendrías —, la muchacha cabeceó con desgana, pero no la interrumpió. — Como Lorenzo dijo que tenías una gripa de... que estaba fuerte, supuse que te quedarías en tu casa unos días más.

—¿Y aburrirme en la sala, mientras mi madre está viendo sus novelas? Qué horror. Ni loca iba a seguir soportando ver a "Carlos Alberto" una vez más.

Lilly soltó una carcajada y asintió.

—Sí. Supongo que es mejor verle la cara al profe Ibáñez.

Graciela codeó a su acompañante y arrugó la boca.

—Ándale. Síguete burlando; pero te recuerdo que el año que viene te va a tocar tomar clases con él. A ver si sigues tan alegre como ahora.

Lilly interrumpió sus risas y dijo, con la cabeza baja.

—Rayos. Tenias que recordármelo —. La joven lanzó un fuerte suspiro. — Sí ya tengo mis problemas con "don Sánchez", no quiero ni imaginarme el infierno que voy a vivir cuando me toque con Ibáñez.

—Ah, ¿verdad que no es bonito andarse burlando de los demás?

Lilly lanzó un quejido y asintió.

—Bueno. Ya me entretuve un rato metiéndote miedo, así que ahora toca la ronda de preguntas y respuestas —, extrañada por las palabras que había usado su amiga, la castaña esperó a que dijera algo más. —Dime, ¿Por qué llegaste tan temprano? Apenas son las 6:10. Fácil, faltan unos cuarenta minutos para que comiencen tus clases.

—Ah, eso. A mi mamá se le ocurrió la grandiosa idea de avisarme, justo ahorita, que no podía traerme; así que me levante y me vine en camión.

—Pero muy de madrugada... Lilly, ¿Has tenido algún problema con los demás chicos? ¿Alguien te ha molestado en estos días?

La castaña negó, con una gran arruga en su frente.

—No. Ni siquiera Ignacio me ha hecho algo en estos días... ¿Por qué lo preguntas?

Graciela sonrió y dijo.

—Lo que sucede es que Sonia me dijo que has estado un poco alejada de todos estos días, y me preocupo que alguien te estuviera molestando. Por eso...

Lilly agitó la cabeza de un lado a otro. Era lógico que alguien notara pronto su incomodidad, pero no esperaba que fuera tan rápido. Solo habían pasado tres días.

—¿Yo? No. Creo que Sonia ya se equivoco... Me encuentro muy bien, y nadie me está haciendo...

—Sabes. La primera vez que me junte con ellos, yo me sentía como un pez fuera del agua —, Graciela se acomodó un mechón rebelde y suspiró. — Tú y yo nos parecemos mucho, Lilly. Ambas estábamos rodeadas por personas que decían ser nuestras amigas, y que a final de cuentas nos terminaron abandonando.

—¿Qué? ¿A ti también...?

—Lo mío fue un poco diferente, sobre todo porque yo fui quien se apartó de sus amigos; pero podría decirse que mis motivos son parecidos a los tuyos. Solo querían estar conmigo por cómo me veía. Nunca les importo conocerme.

Lilly se encogió en su asiento y fijo la vista en el piso. Su acompañante le puso una mano en el hombro y habló.

—Cualquier problema que tengas, lo mejor es que lo hables con quienes les concierne, y pronto. Si no podrían terminar malentendiendo tu situación.

#19

18.

Ella tiene razón. Si me siento incomoda con algunos de ellos, entonces tengo que decírselos.

Lilly caminaba rápido por los pasillos. El receso había llegado mucho más temprano que en otras ocasiones, y eso se debía a que el semestre estaba próximo a terminar.

La mayor parte de los maestros ya solo estaban dando un repaso de los temas que se verían en los exámenes, y gracias a que el festival cultural estaba a una semana de dar inició, se había llegado a la conclusión de que los alumnos necesitaban un poco más de tiempo para prepararlo.

Por suerte para Lilly, ella no pertenecía a ninguno de los clubs que organizaban aquello, así que para ella solo era tiempo libre que podía emplear de la mejor forma posible. Y qué forma. Esperaba que las palabras que quería decirle a Antonio no estuvieran llegando tarde; por el bien de la amistad que se había fabricado entre ellos.

—Hola, chicos. Lamento la tardanza, es que... —, varias miradas se posaron en su figura. El salón de cómputo estaba lleno, y aunque reconoció a algunos de sus nuevos amigos entre las personas, también pudo comprobar que había muchas caras desconocidas. Demasiadas para su gusto. — Yo. Lo siento... Creí que estaban unos chicos...

—¿Lilly? —. Sonia se levantó de uno de los asientos y se acercó a ella, sonriente. — Lo siento. Vuelvo en un momento.

La niña tomó a su amiga de la mano y la sacó del salón, alejándose lo suficiente de este antes de iniciar la conversación.

—¿Qué pasa Lilly? ¿Venias a ver si estábamos jugando?

—Sí. Algo así —. La castaña no sabía que otra cosa decir. Había entrado a un salón ocupado. Varios chicos la miraron feo. Y lo que era el colmo, no había encontrado a quienes estaba buscando. Estaba más que avergonzada. — ¿Dónde están los chicos? Quería... preguntarle a Toño sobre unos problemas de Algebra, que nada más no me entran en la cabeza.

Sonia asintió. Por su cara, parecía no sospechar sus verdaderas intenciones, para con su amigo. Lilly agradeció por lo bajo.

—Pues... creo que Toño se fue con Lorenzo y Lalo, pero no me dijeron en donde iban a estar —, la chica se llevó un dedo a la boca y le dio unos cuantos toques a su labio, antes de decir algo más. — ¿Por qué no los buscas en la sección de prepa? A Lalo le gusta ir a jugar fut, con un grupo de chavos de por ahí.

Lilly tragó saliva con violencia. No esperaba esa respuesta, y menos el tener que entrar a la sección de los más grandes en la escuela.

—Eh, ¿Estás segura de que están ahí? ¿No es más fácil que se encuentren en otro lugar?

Sonia negó, con los ojos bien abiertos. Era visible la sinceridad en sus ojos; no le estaba jugando ninguna broma.

—Rayos... Bueno, entonces tocara ir a ver si los encuentro. Gracias, Sonia.

La jovencita le sonrió y se despidió de ella con un breve ademan de su mano.

Cuando estuvo sola, Lilly lanzó un fuerte suspiró y dijo, para sí misma.

—Bien. No puedo rajarme.

La boca de la castaña se arrugó y esta asintió. Paso a paso, Lilly se fue acercando a la sección de preparatoria, sin prestar especial atención a su entorno.

Apenas había cruzado la reja que dividía la secundaria con los mayores, cuando un chiflido la hizo saltar sobre su lugar. Un par de muchachos la miraban con sendas sonrisas, y una chica cercana a ellos le dijo a la castaña.

—¿Se te perdió algo, niña? Parece que te saliste de tú lugar.

—N-no. Estoy buscando a uno-s amigos.

La joven elevó una ceja, pero no le dijo más.

Mientras se adentraba entre los mayores, Lilly se imaginaba que estaba en el país de las maravillas, y que ella era la Alicia pequeñita.

La boca se le había secado y, por más que buscaba con la mirada, no podía ver a ninguno de sus amigos. Estaba a punto de volver a la secundaria, cuando los mismos chicos que la habían estado viendo cuando entró, se acercaron a ella. El más alto le dijo.

—¿Qué pasa, nena? ¿Te perdiste o estas buscando a alguien?... Si quieres, podemos enseñarte el lugar.

—No... Yo —, en un intento por sonar normal, Lilly tomó aire y sonrió, lo más natural que pudo. — Estoy aquí, porque me dijeron que uno de mis amigos viene a jugar futbol con otros chicos.

—¿Tú amigo?

De inmediato, el otro muchacho arqueó una ceja y habló.

—Un momento... ¿Tú amigo es de prepa? ¿O va en la secundaria?

—Va en la secundaria. Se llama Eduardo.

La sola mención de ese nombre, hizo que ambos cambiaran las sonrisas que portaban. El más alto se llevó una mano a la cabeza y torció la boca, diciendo.

—No inventes. Estuvimos a punto de cometer un buen error... ¿Te imaginas si la hubiéramos sacado? Entre Lalo y su hermano nos habrían masacrado.

—Y en chiquito que viene con ellos. No te olvides de el —, suspiró su amigo. — Cuando recuerdo como se le puso a Bruno por su amiga, me dan ganas de rascarme. Tiene una mirada de miedo.

—Cierto.

—Eh, perdón... —, las miradas se trasladaron una vez más a Lilly. — Entonces, ¿ustedes saben donde están mis amigos? En verdad necesito hablar con ellos.

El chico más alto asintió, y el otro le puso ambas manos en los hombros, diciendo.

—Sí. Ya debe de estar terminado el partido, pero Lorenzo y tú amigo chiquito están por aquí.

Con ligeros empujones, la castaña fue llevada por aquellos gigantes hasta donde se encontraba la cancha de futbol, que usaban los de preparatoria.

Esta era, por mucho, más grande que la de secundaria. El pasto artificial relucía con los restos de agua que, seguro habían echado para limpiarlo; pero solo en algunas secciones, ya que la mayor parte del sitio había sido ocupada por los estudiantes más avanzados, para su entretenimiento.

Hay, entre todas esas caras hoscas, Eduardo se hallaba corriendo. Parecía uno más entre todos, y a Lilly le dio la impresión de que el muchacho se sentía más a gusto hay, que en la sección de secundaria.

—Mira. Ahí están los dos.

El chico más bajito señaló un punto casi frente a ellos, justo del otro lado de donde estaban jugando. Hay, platicando con algunos muchachos de prepa, se encontraba Lorenzo. Antonio estaba a su lado, con un libro en mano.

Lilly no pudo evitar sonreír ante la visión. El chico no cambiaba, ni aun en medio de todo ese montón de fuerza bruta.

Tras despedirse de sus acompañantes, la castaña rodeó la cancha y, cuando estuvo frente a su amigo se aclaró la garganta y dijo.

—Toño.

La mirada del mencionado se elevó. A pesar de que su rostro estaba calmo, Lilly notó que su labio inferior temblaba por momentos.

Aquello desconcertó a la chica. Nunca había visto que las defensas de su amigos se resquebrajaran, y mucho menos en tan poco tiempo. Se maldijo para sus adentros y, jalándose las mangas del suéter del uniforme, le dijo.

—¿Podemos hablar? Yo... Necesito decirte unas cosas.

La boca de Antonio se movió, pero no salió ningún sonido. Lorenzo fue el encargado de hablar.

—Claro que va a hablar contigo. Vamos, Toño... —, el muchacho le quitó el libro a su amigo y, dándole un empujón, lo levantó de su asiento y lo instó seguir a Lilly.

#20

19.

Ambos se alejaron de la cancha casi arrastrando los pies. Lilly iba jalando un par de hilos que se habían descocido de su suéter y, a su lado, Antonio miraba el piso como si fuera la cosa más interesante del mundo.

Era claro para la chica que su acompañante no se sentía cómodo con su presencia, el problema era que no comprendía sus motivos para estar así. Suponía que había sentido el rechazo de su parte, sobre todo los últimos días, pero no estaba del todo segura y, aunque una parte de ella esperaba que ese no fuera el caso, una pequeña porción le decía que tal vez era justo eso lo que lo tenía tan callado.

Estaban llegando a la reja que dividía la preparatoria con la primaria, cuando la chica se detuvo y tomó a Antonio del brazo, frenando sus pasos a la par que hablaba.

—Aquí está bien. No creo que nos molesten en este lugar.

—De acuerdo. — El chico alzó la cabeza, mostrando su ya clásica frialdad al tiempo que se situaba frente a su acompañante y decía, con tono monocorde. — ¿Qué me querías decir, Lilliana? ¿Tienes algún otro problema con una materia?

La última pregunta la desconcertó. No esperaba que tocara ese tema.

—¿Por qué tendría que tenerlo?

—Bueno. Solo me hablas cuando se te dificulta una tarea o trabajo.

De inmediato, la muchacha arrugó el ceño y dijo, elevando la voz una octava.

—¡Eso no es cierto! ¡¿Qué hay de la vez cuando nos quedamos platicando en la parada del camión?! ¡¿O cuando fuimos a la visita grupal al...?!

Antonio le sonrió a su acompañante, desconcertándola aun más y provocando que se callara de súbito.

—Relájate, Lilly. Solo quería asegurarme de que volvieras a ser tú.

—Eh. No entiendo.

Antonio se llevó las manos a los bolsillos y encogió los hombros.

—¿Qué? ¿Ahora me vas a decir que no te paso nada y que no estabas actuando raro en estos días?

La castaña bajo la mirada. Se había dado cuenta.

Estaba tan avergonzada, que el rubor cubrió por completo su cara. No sabía que era peor, que el chico supiera que algo la había alejado de ellos, o el hecho de que tenía que decirle él porque de su actitud.

—Yo... Es cierto. No me sentía a gusto con ustedes... Contigo.

Ante esa última palabra, Antonio arrugó la frente pero no la interrumpió. A pesar de que el chico era un par de años más joven que ella, Lilly solo lo superaba por unos diez centímetros; así que no tuvo que alzar mucho la cabeza para poder ver como la castaña intentaba hablar.

—Lo siento... Ya sé que fue una tontería el que me apartara de ustedes, pero... Cuando me entere de... Tú... No —. En un intento por que se calmara, Antonio puso sus manos sobre las de ella y le dedicó una media sonrisa. Esa era de las pocas veces que lo había visto mostrar alegría, así que se quedo callada por un buen rato, antes de volver a retomar el hilo de la conversación. —Me sentía incomoda contigo y con Monse.

—Pero, ¿Por qué? No te hemos hecho nada para...

—¡No! Ninguno me hizo algo. Más bien era porque no me sentía... Porque no estoy a su altura.

—Lilly, vas a tener que ser más clara. No estoy captando ni media palabra de lo que dices.

La castaña tomó aire y, tras cerrar los ojos, comenzó a decir.

—Me entere del parentesco que tienes con el director, y de que tú y Monse son casi primos, y yo, bueno... Estoy bien bruta... Seguro crees que soy la chica más tonta del curso... Ni siquiera creo que te convenga el que me siga juntando con ustedes.

—No creo que seas una tonta —. Las palabras de Antonio hicieron que Lilly levantara el rostro. La sonrisa del chico estaba mucho más grande que hacía unos momentos, al grado que la castaña juró que había llegado a sus ojos. — En cuanto a mi parentesco, eso no tiene que ver con que seamos amigos.

—Pero, ¿No te da pena estar conmigo?

—No —. El muchacho puso la mano en la barbilla de Lilly, levantando su rostro al tiempo que decía. — Si me diera pena estar cerca de ti, no me habría acercado a hablarte en primer lugar... Ni tampoco te habría dado los bombones y el libro.

Ante la mención de los obsequios, Lilly arrugó la frente y dijo.

—Cierto. Siempre quise preguntarte, ¿Por qué me diste eso en San Valentín? Bien podías haberme dado una flor como todos los demás, y en vez de eso me obsequiaste algo que me gustaba... ¿Cómo sabías que no iba a tirar el libro o que le regalaría los bombones a alguien más?

Ahora fue el turno de Antonio de colorearse en tonos carmesí.

—¿Me creerías si te dijera, que te había estado observando desde mucho antes de que sucediera lo de tú problema? Desde que entre a la secundaria, para ser exactos.

El labio de Lilly tembló ante la revelación del chico. No podía creer que alguien tan inteligente y considerado se hubiera fijado en ella, y mucho menos que este lo admitiera.

—Yo... No sé qué decir.

—No tienes que decir nada. No quiero que aceptes algo que no esperabas escuchar; además, yo se que si se diera algo entre los dos, eso acabaría por sumir tú posición en la secundaria.

Lilly bajo la cabeza. Esas palabras la hirieron mucho más de lo que esperaba, pero no estaba dispuesta a admitirlo. Estaba consciente de que lo peor que le podía pasar a Antonio, era andar con alguien como ella.

Miss perfecta de hielo era vista por todos como una desgraciada, y si de por si el chico tenía problemas para que le hablaran, si se daba algo más solo conseguiría convertirlo en un marginado. Y más con el asunto pendiente que tenía con Mimí, Erika y compañía.

A pesar de la promesa que se hizo, de conseguir a alguien para que las demás le volvieran a hablar, no estaba dispuesta a usar a Antonio para un fin tan bajo. No ahora que conocía lo bueno que era. Prefería alejarse de él y hacerle frente a las tipas esas; a usarlo como escudo y que todo recayera en su persona.

Con esa resolución en mente, le sonrió al muchacho y dijo.

—Qué bueno que lo piensas así, y ahora que ya está todo claro, me voy. Tengo varios trabajos que entregar y poco tiempo para hacerlos.

—¿No quieres que...?

—Déjalo. Así está bien.

#21

20.

—Odio mi vida.

—Genial. Ya somos dos.

Tanto Lilly como Monse tenían las cabezas recargadas en la madera de sus respectivos pupitres. Ninguna se veía con ánimos de seguir haciendo los trabajos de final de semestre, pero, como bien les recordó Sonia hacía unos minutos, las fechas de entrega estaban a punto de llegar y no podían darse el lujo de salir con promedios bajos. No si querían que su trasero, orejas y brazos salieran victoriosos de los castigos que seguro les darían sus madres.

En el caso de Lilly, ella le tenía especial miedo a las uñas de su progenitora. Había recibido suficientes pellizcos como para que un escalofrío recorriera su columna, cada vez que pensaba en ello.

—Vamos, Monse. Por lo menos hay que terminar los ejercicios de física. Ya si quieres, después nos damos un tiro o lo que quieras.

Ante las palabras de la castaña, su amiga lanzó varias carcajadas y asintió, secándose una lagrima mientras decía.

—Un tiro. Tú sí que estas mal, Lilly. Se dice: ya después nos damos a la fuga, no un tiro... ¿O qué? ¿Quieres pelear un rato conmigo?

Para dar mayor énfasis a sus palabras, la chica alzó los puños e hizo un par de movimientos de box. Lilly ya se estaba riendo con ella, cuando una voz al lado de ellas llamó su atención.

—¿Lilly? ¿Puedes venir un momento?

Mimí. Hacia tanto que no escuchaba su voz tan cerca, que a la castaña le pareció un buen engaño de su mente, por lo menos al principio. Cuando aquel dedo tocó su hombro, la mencionada volteó y se le quedo viendo a su ex mejor amiga.

Traía el labio roto y un moretón que poco a poco estaba tomando color, en la clavícula.

Ambas cesaron sus risas y, mientras Lilly tomaba la mano de la chica y la sentaba en el lugar junto a ella, Monse rebusco en su mochila y sacó un par de curitas.

—No inventes, ¿Qué te paso?

—Rayos. Parece como si hubiera salido de un ring de pelea.

Mimí lanzó un fuerte quejido cuando su amiga le puso el primer curita en la clavícula. Tras unos segundos, Lilly se llevó una mano al mentón y chasqueo los labios con fuerza.

—Esto no va a funcionar. Monse, ¿No traes entre tus cosas un poco de alcohol?

—¿Y luego? ¿Me viste cara de farmacia o qué?

Ante las palabras de la muchacha, Mimí emitió un par de risas que pronto se vieron sustituidas por quejidos.

—No te rías. Esos golpes que traes en la cara están muy feos, y si sigues solo vas a conseguir que te duelan más.

—Lo siento. No puedo evitarlo.

Con cuidado de no lastimar a su amiga, Lilly mojó un poco de papel con el agua que traía en su mochila y lo pasó por el labio de su ex mejor amiga. La chica lanzó un quejido, pero después de un rato se quedó quieta y permitió que la castaña trabajara en sus heridas.

Apenas estaba viendo lo podían hacer con el golpe en su clavícula, cuando Monse le tendió una pomada a su amiga al tiempo que decía.

—Es árnica. La uso para los golpes que me meto, cuando estoy jugando básquet —, Lilly asintió y tomó el tarro. —Nada más ponle en el moretón, porque mi mamá dice que esa cosa no se puede acercar a la saliva.

—Ok.

Mientras la castaña se ponía a ello, Monse entrecerró los ojos y preguntó.

—¿Se puede saber cómo te lastimaste? Por lo que se ve, ese no parece un golpe cualquiera.

Mimí desvió la mirada. Parecía estar dispuesta a no revelar nada del asunto, no obstante, cuando Lilly terminó de ponerle la pomada, la chica bajo la cabeza y habló.

—Erika y las demás se enojaron conmigo porque yo no... Querían hacer algo que a mí no me parecía, y ella y Mayra dijeron que necesitaba una ajustadita, que porque ya me estaba volviendo igual de rebelde que tú.

—¿Qué? ¿Cómo que rebelde?

Mimí intentó morderse el labio, pero al sentir la punzada de dolor, desistió y lanzó un fuerte suspiro.

—Sí. Ya ves que Erika y las otras se sienten las mejores de todo el grado, y tras lo que paso... Con nosotras, ellas empezaron a hacer planes para que dejaras de ser popular. ¿Te acuerdas de la vez que se te cayo el dinero frente a la cope? ¿o cuando estuviste a punto de no subirte al autobús, de regreso del museo? Ellas hicieron esas cosas para bajarte y que te convirtieras en su juguetito.

—No entiendo, ¿Para qué querían hacerlo?

Monse, que tenía la mano un dedo sobre su labio inferior, fue la encargada de iluminar a su amiga.

—Fácil. Sin tú reputación cae, entonces cualquiera puede abusar de ti... Al grado de que te fastidien tanto que podrías terminar dejando la secu.

Los ojos de Lilly casi se desorbitaron. No podía creer que alguien a quien no le había hecho nada, tuviera esa clase de intenciones hacia ella.

—Pero, ¿Por qué? Yo no les hecho nada a ellas, como para que quieran hacerme algo así.

—Seguro están celosas de la atención que recibes —, susurró Monse. Las mencionadas estaban en el salón de enfrente y, parecían estarle contando algo a las chicas del otro segundo.

—¿Cuál atención? Desde hace medio año que ya no me junto con casi nadie del... —, Lilly iba a agregar algo más, pero en ese momento vio algo que la hizo enfurecer.

Desde donde estaba, podía ver a la perfección como Erika actuaba cierta escena de golpes, usando a Sandra como su ayudante. Las chicas del otro grado rieron con fuerza, al tiempo que la insufrible chica de rizos cobrizos imitaba los lloros de alguien. Seguro de Mimí.

De pronto, Sonia entró dentro de su perímetro de visión. La muchacha estaba platicando con Laura, una chica a la que apenas estaban convenciendo de que se uniera a su grupo de juegos de rol. La chica estaba tan entretenida con la otra que no se dio cuenta de que estaba a punto de chocar con Erika. Cuando Sonia pego con el hombro de la odiosa muchacha, esta la empujó con fuerza, tirándola al piso.

Aquello fue la gota que derramo el vaso.

—Ya me harto...

Con paso firme, Lilly salió del salón. Ni Mimí ni Monse habían visto lo que pasó con Sonia, así no estaban preparadas para verla de esa forma. Los ojos de la castaña echaban chispas y, cuando entró al salón del otro segundo, quienes la miraban a la cara se apresuraban a apartarse de su camino.

En esos momentos, era claro que miss perfecta de hielo estaba lista para atacar.

—¿Cuál es tú problema, Erika? Sonia no te hizo nada para que la estés tirando.

—Ah, ¿Mira quien vino a visitarnos? Si es la destronada señorita popularidad. Dime, ¿qué se siente haber terminado en el hoyo, junto con ellos? —, para dar mayor énfasis a sus palabras, la chica señalo a Sonia con los ojos.

Lilly dio media vuelta y ayudo a la muchacha a levantarse. Para ese momento, tanto Mimí como Monse ya habían llegado al salón y se encontraban contemplando a escena con sendas miradas de confusión.

La castaña le hizo una seña a Sonia para que se fuera a donde estaban Laura y Monse, después, volteó a ver a Erika y dijo en un sinceo.

—Me siento de lo mejor, gracias por preguntar... Sin embargo, creo que extraño ser una desgraciada de vez en cuando —. Esas palabras surtieron efecto casi de inmediato. Tanto Erika como sus amigas retrocedieron un par de pasos.

Pocos eran los chicos que conocían el porqué del apodo "mis perfecta de hielo", y por lo que veían, parecía ser que por fin se revelaría el gran misterio en torno a esas palabras.

Erika arrugó el ceño. Se envalentono una vez más y se llevó una mano a la cintura, diciendo.

—No te atreverías. Ya no eres señorita popularidad, así que si haces una de las tuyas solo vas a provocar que todos dejen de hablarte... Aunque pensándolo bien, hazlo. De esa forma me ahorras trabajo.

Lilly se mordió el labio por inercia. No esperaba aquel súbito golpe de valentía, por parte de ella.

—¿Estás segura? Tal vez tengas razón en cuanto a mí, pero la humillación nadie te la va a poder quitar.

—Voy a correr el riesgo, de todos modos ya no tienes los mismos contactos que antes... Vamos, ¿Qué esperas? Estoy lista.

"¿Qué hago? Si me desdigo va a seguir desquitándose con ellas, pero si le pongo un alto ahora si me va a ir mal... Tengo que hacerlo. Ni Sonia ni Mimí merecen ser tratadas así."

Lilly ya estaba preparándose, cuando una voz desde atrás la detuvo.

—Por dios, ¿Te puedes callar de una vez, Erika? Hay gente aquí que si está preocupada por sus calificaciones... No como otras, a las que les encanta estar reprobando.

Desde los asientos pegados a la puerta, tanto Ignacio como Antonio se encontraban viendo aquella escena con enormes muecas tirantes. El segundo había sido el encargado de hablar, pero cuando tuvieron la atención de todos, el primero agregó.

—Es increíble, ¿Cómo puede darse el lujo de estar tratando a las personas de esa forma? ¿O qué? ¿Ahora resulta que ya no se acuerda de su tiempo en primaria, cuando traía ese horroroso aparato en...?

Antes de que Ignacio pudiera seguir hablando, Erika corrió hacia donde estaba y le puso una mano en la boca, callándolo al mismo tiempo que miraba a los presentes con cara de pocos amigos.

—¿Qué ven? El show ya se terminó... ¡Largo!

#22

21.

Lilly volvió al salón de clases, seguida de cerca por Monse, Sonia y Mimí. La última iba siguiendo el andar de su amiga, al tiempo que una mueca tirante se formaba en su boca.

No podía creer lo que la castaña había estado a punto de hacer. La última vez que miss perfecta de hielo hizo su aparición, Lilly juró que nunca más volvería a portarse tan bajo como en esos momentos. A pesar de esas palabras ella había estado dispuesta a revivirla, solo para que dejaran de molestar a su nueva amiga.

Una parte de ella sintió envidia de Sonia. Aunque después recordó la mirada de preocupación que Lilly le dedico, cuando vio como la había dejado Erika. Con ese recuerdo, un pensamiento hizo sentir a Mimí como una desgraciada.

A pesar de todo lo que le había hecho, su amiga todavía cuidaba de ella.

—Este... Adelántense. Tengo que ir a lavarme las manos, o voy a manchar mi cuaderno.

Tras una rápida mirada a los parches de sangre, suciedad y árnica que portaba, la chica se alejó de todos a paso rápido, con dirección a los baños.

Sonia iba a seguirla, pero Monse la detuvo.

—Déjala. Se ve que necesita estar sola un rato.

Con un breve asentimiento, la muchacha y sus amigos pasaron al salón de clases. Solo Mimí se quedó fuera, viendo como su ex mejor amiga se iba.

—Ven. Hay que terminar de curarte esos golpes, sino...

—¿Mimí? ¿Qué...?

Luis se acercó casi corriendo a donde estaban las dos. El chico no perdió tiempo y comenzó a revisar la cara de su novia, al tiempo que tensaba la mandíbula y decía.

—¿Quién te lo hizo? ¿Fue Mon...?

—¡No! —, se apresuró a decir la chica. — Erika creyó que necesitaba un ligero cambio de actitud...

—¿Cambio de actitud? ¡Esa mujer está loca! Mira como te dejo... Esto no se va a quedar así. De mi cuenta corre que...

—¡No! ¡No puedes hacerlo! —, mientras Mimí hablaba con su novio, Ignacio, Antonio y Sonia se acercaron a donde estaba Monse. Querían asegurarse de que no la hicieran enojar. — Lilly se metió a defenderme. Si la amenazas, va a ir a decirle al director lo que paso con ellas, y ahora sí, seguro la expulsan.

Ante la mención de la castaña, el muchacho chasqueo los labios con inusitada fuerza y resoplo.

—Me lleva, y justo ahora que ya le estaba agarrando odio, va y se comporta como santa Lilliana... Está bien, no diré nada.

Mimí le sonrió a su novio y le paso una mano por los cabellos, alboreándoselos.

—Oigan... Disculpen —, desde su lugar, la vocecita de Sonia desconcertó a los presentes. — ¿En verdad no van a acusar a Erika de lo que le hizo? Porque si necesitan ayuda, nosotros podemos decir que la vimos burlándose de Mimí.

Luis se llevó la mano a la barbilla meditando las palabras de la chica, sin embargo, Mimí bajo la mirada y negó, diciendo.

—No. Ya veré que le invento a mi mamá, pero lo mejor es que no digan nada sobre lo que pasó, y mucho menos vayan a decir que Lilly estuvo involucrada... Esto no puede salir de aquí, ¿Entendieron?

El grupito ya iba a asentir, pero Antonio arrugó la frente y dijo.

—¿Por qué? Ella ni siquiera actuó. No creo que le hagan nada si revelamos que...

—Olvídalo. Ella tiene razón —. La voz de Ignacio interrumpió a su amigo. — Si no quieren que Lilliana se ve metida en el asunto, mejor no comenten nada.

Con esas palabras, el chico le asintió a Mimí y Luis y entró al salón seguido por sus amigos.

—¿Crees que les diga? —, la muchacha suspiró y se encogió de hombros.

—Seguro, pero supongo que es mejor que estén enterados. De todos modos, eso era algo que Lilliana sabía que podría salir a la luz.

—Sí. Lo sabíamos todos.

—¿Ignacio?... Espérate tantito, caminas como desesperado.

Desde atrás, tanto Monse como Sonia y Antonio lo iban siguiendo. El muchacho había recogido sus cosas del salón, y ahora se dirigía a la sala de cómputo completamente en silencio.

Desde que habló con Mimí y su novio se había estado comportando de esa forma, y aunque la mayor parte de las veces se limitaba a estar callado en un rincón, en ese momento los tres estaban demasiado interesados en lo que había pasado con su amiga, como para dejar que este se saliera con la suya y no dijera nada del tema.

—Ignacio... Con demonio, ¡Ignacio! —, el grito de Monse hizo que la mayor parte de los presentes en el pasillo la voltearan a ver. No le importó. Solo tenía ojos para su amigo. — ¿Qué? ¿Ya te vas a dignar a decirnos lo que paso con Lilly, o tengo que sacártelo a la fuerza?

La muchacha golpeó su palma con el puño. Atrás había quedado la Monse sonriente y despreocupada; en esos momentos se veía como una abusadora profesional, lista para hacer valer su autoridad ante los débiles.

A pesar de las muecas amenazadoras que hacía la chica, el mencionado alzó las pupilas y retomó su camino sin dirigirle la palabra a ninguno de ellos.

Cuando llegaron al salón de cómputo, ya los estaban esperando Lorenzo, Eduardo, Graciela e Iván. El último era un buen amigo de los hermanos y, aunque no tenía la misma reputación que ellos, algunos chicos le temían debido a su hermano. Un tipo alto, fornido y con un par de perforaciones que estaba a punto de salir de la prepa.

—¿Y luego? ¿Por qué vienen todos así? Parece como si estuvieran compitiendo en un maratón.

—Ahórrate la broma, Lalo. No estamos de humor...

—Ah, perdone usted señorito Antonio. No quería molestarlo con mi enorme y fea bocota.

—¿Y Lilly? ¿No vino con ustedes?

Monse lanzó un par que gruñidos y Sonia bajo la mirada. En ese punto, ya nadie podía callar a Antonio. Se plantó frente a los hermanos y dijo, alzando la voz con cada palabra.

—¿Lilly? Sabes que, eso es justo lo que me gustaría saber, ¿Por qué rayos nadie está con Lilly? Pero al señor aquí presente no se ha dignado a decirnos que es lo que pasa con ella —, señalo a Ignacio. — Así que si preguntas por ella, lo mejor es que sea a él, ya que es el único que entiende qué demonios está pasando...

—¡Cálmate, Toño!... Qué onda, ¿Ahora que le hicieron para que este así?

La pregunta de Graciela fue contestada por Sonia.

—Hubo un problema con Lilly... Parece que Erika lastimo a su amiga Mimí, además ella me empujo mientras estaba hablando con Laurita... La verdad es que no me dolió el golpe, pero...

—Sonia, corta el rollo —, dijo Monse.

—Perdón... Bueno, el chiste es que Lilly se metió a defendernos y Erika la amenazó. Le digo que si algo le pasaba, toda la culpa caería en ella y sería sacada de la escuela. Lilly le dijo que no importaba, y supongo que algo iba a hacer pero en ese momento la interrumpieron Toño e Ignacio.

—Un momento, ¿Lilliana de 2do A se iba a pelear con Erika? —, la pregunta de Iván desconcertó a varios. El chico torció la boca y agregó. — ¿Qué? ¿No saben la de cosas que se dice de esa niña? Es algo así como una leyenda urbana.

—Ah, no. La verdad es que no creo que sepan... —, Graciela volteó a ver a Ignacio. El chico asintió, a lo que la muchacha se cruzó de brazos y dijo. — Creo que necesitan saber unas cuantas cosas sobre Lilly.

#23

22.

Lilly se talló la cara con fuerza. No podía creer que había estado a punto de revivir a miss perfecta de hielo. Si no hubiera sido por sus amigos, en ese momento sería una completa abusadora. Como hace un año.

No quería volver a vivir algo así. Aun le perseguían las lágrimas de Viridiana por las noches, y a pesar de la cantidad de charlas que tuvo con el psicólogo, ya nada era como antes. Había perdido a una gran amiga, y todo por su miedo a ser rechazada... Igual que cuando su padre las abandono.

"No. Deja de recordar esas cosas y piensa en lo bueno, solo en lo bueno... Olvídalo. Eso ya es pasado."

Con un fuerte movimiento de su cabeza, la castaña intentó sacar de su mente todo aquello que le estaba afectando. Miss perfecta de hielo no había salido a la luz, así que todavía tenía una oportunidad de olvidar a la muchacha que hace un año había sido.

—Un momento, ¿Ustedes están diciendo que Lilliana fue una abusadora en su primer año de secundaria?... Eso si no se los creo. Esa mujer tiene de abusadora lo que yo tengo de chica buena —. Monse tenía la boca torcida y parecía estar a unas cuantas palabras de reírse.

—No, Monse. No estás entendiendo bien las cosas... No es que ella fuera una abusadora. Más bien, ella era algo muy parecido a lo que es Erika. Se metía con la gente que ella le decía, y por lo que se, esta le inventaba que hablaban mal de ella.

—No entiendo, ¿Por qué lo hacía? Ella no se ve que sea de las personas que disfrutan molestando a los demás, o por lo menos no a propósito —, la vocecita de Sonia sonó tan fuera de lugar, sobre todo porque se encontraba rodeada de un montón de gigantes. Al ser la más pequeña, siempre parecía estar fuera de lugar. — Más bien, por lo que dices, siento que Erika la manipulaba para que atacara a esas personas.

—Sí. Yo también creo lo mismo... Claro que no era un ataque como tal el que lanzaba Lilly, o por lo menos yo nunca la vi golpeando a alguien.

—Ni yo —, dijo Ignacio. — Todo lo que hacía, lo hacía con la boca.

—¿Con la boca?

—Quiere decir que atacaba verbalmente a la gente, Monse —, dijo Antonio, torciendo la boca al tiempo que casi se unían sus cejas en una línea recta. — Los insultaba. Se burlaba de ellos.

—Algo así. Sí —, la voz de Graciela salió casi tan baja como la de Sonia. Los gestos de su amigo eran demasiado fríos en esos momentos, como para pasarlos por alto. — Así fue como Lilly se gano ese apodo. Le tenían miedo a su boca y a aquella chica tan cruel que se mostraba. En ese entonces, ella actuaba super correcta; parecía una muñeca de porcelana toda...

—Perfecta —, terminó la frase Sonia.

—Sí. Había rumores que quienes se metían con ella terminaban hartos de la escuela y se salían, por eso les pregunte si era la misma de la que había escuchado hablar —, la voz de Iván atrajo la atención de todos. El muchacho había estado callado todo ese tiempo.

Al mencionar ese asunto, tanto Graciela como Ignacio se voltearon a ver. El chico fue el encargado de develar ese asunto.

—Es cierto. Una de sus víctimas se fue de la escuela. Eso fue unos días antes de que Lilly se alejara de Erika, y comenzara a juntarse solo con Mimí.

—Cierto. La pobre chica estaba siendo molestada todo el tiempo, al grado que un día una de las amigas de Erika; Sandra, me parece, la acorralo en el baño y le quito el suéter y los calcetines, para meterlos en la taza del baño. La pobre se quedó horas atrapada en uno de los cubículos, recuerdo que cuando la sacaron tenía los ojos bien hinchados y no paraba de gritarle a Lilly que eso era su culpa.

"...Tú las ayudaste. Preferiste hacerle caso a ella, que escucharme... Te odio."

Las palabras de Viridiana resonaron en su cabeza, como si en ese momento las hubiera pronunciado. Aquello asustó a Lilly e hizo que diera un salto en su lugar. Tras voltear un par de veces, se llevó las manos a la frente y dijo.

—Tranquila. No pasa nada... Ella no está aquí.

—¿Con quién rayos estás hablando? —, desde afuera, la voz de Erika se burló de la castaña. — ¿Por fin te volviste loca, o qué?

—Lárgate y déjame en paz.

—Wow. Valientes palabras las tuyas, Lilliana, sobre todo después de estarme amenazando como loca. Todavía no puedo creer que no te hayan sacado de la escuela, por estar abusando de la gente... Tú sí que eres una manzana podrida.

Irritada por sus palabras, Lilly se secó la cara y salió. Lista para enfrentar a la molesta muchacha.

—¿Te puedes callar? ¡Deja de estarme molestando, o...!

—¿O qué, señorita Quintero?

Afuera la estaban esperando Erika, el profesor Sánchez y la señorita Gutiérrez. Esa última era la secretaria del director.

Con un fuerte jadeó, Lilly tomó aire y pensó.

"Demonios. Otra vez no."

—Rayos, ¿En verdad le hicieron eso a la pobre chica?

—Sí —, dijo Graciela a media voz. — Yo estuve ahí cuando su mamá vino por ella y se la llevo. La pobre estaba temblando y su madre parecía una olla a punto de explotar; yo creo que ya poco le faltaba para gritar.

—¿Y todo eso por Lilly?... No puedo creer que ella haya provocado eso —, dijo Sonia bajando la cabeza.

—No lo provoco ella sola.

Desde la puerta, Mimí se encontraba viendo al grupo con tristeza. La muchacha entró al lugar y continúo hablando.

—Es cierto que Lilly no es la mejor persona del mundo, pero ella ha hecho lo posible por cambiar y alejarse de los errores que ha estado cometiendo.

—¿Y tú como estas tan segura? Le dejaste de hablar desde hace varios meses —, dijo Monse, entrecerrando los ojos. —Podría haber fingido que le caíamos bien, para después hacernos lo mismo que a esa pobre chica.

—¡No hables de lo que no sabes! —, aquel grito por parte de la recién llegada hizo que los presentes se tensaran. Nunca habían visto a Mimí tan molesta. Le temblaban las manos. — El asunto con Viridiana ha sido una espina para Lilliana, desde hace más de un año. No sabes lo arrepentida que esta por eso, así que no tienes derecho a juzgarla de esa forma... Creí que ustedes mejor que nadie, comprenderían lo que ha estado pasando ella, pero creo que tenía mis expectativas muy altas.

—¿Cómo esperas que comprendamos algo así? Una chica terminó yéndose de ya escuela, por ella —, las palabras de Antonio eran calmadas, pero su tono destilaba hielo puro.

Mimí arrugó el ceño y entrecerró los ojos, diciendo a media voz.

—¿Ustedes saben de dónde viene Lilliana? ¿Alguna vez les ha hablado de su familia, o algo de su pasado?

Confundidos por las preguntas, todos se miraron y negaron. Mimí dibujo una media sonrisa en su rostro, que no alcanzó a llegar a sus ojos.

—Entérense de la situación antes de estar haciéndola de jueces, y después van y me dicen que es lo que...

—¡Mimí!—, el grito de Luis asustó a todos por igual. Parecía que al chico lo estaban torturando. — ¡Mimí! Qué bueno, por fin te encuentro. Tienes que venir conmigo rápido.

—¿Qué pasa?

—Erika... Acuso a Lilliana con unos profes y se la acaban de llevar a la dirección. ¡Dicen que la van a expulsar!

#24

23.

—Pero le digo que yo no hice nada, director. Ella fue la que empujó a mi compañera y la tiro... Si la llama, ella le va a decir cómo fue que pasaron las cosas.

—Señorita Quintero, ya me canse de estar recibiendo quejas de usted de parte de todos —, el hombre tenía entre sus manos unos cuantos papeles, que extendió en la mesa al tiempo que decía. — Primero sus problemas de conducta cuando estaba en primer año, luego los reportes de la profesora de educación física por su abandono de actividades en el equipo de voleibol, las quejas que recibí de otro par de sus compañeras y ahora la señorita Alcántara. Esto no puede seguir así. Es demasiado problemática para la escuela.

—Pero director, le digo que yo no...

—Lo siento, pero su conducta no me está dejando más alternativa que la expulsión... Se le advirtió cuando hubo ese problema en su primer año. Le dije que no iba a tolerar que estuviera comportándose de esa forma con sus compañeros y maestros, pero parece que usted no entiende con palabras.

—Sí lo entiendo. Yo no hice nada de...

—¡Basta! Voy a mandar a llamar a su madre, y le voy a explicar la situación. Lo siento señorita, pero quiero que vaya por sus cosas y se quede en el salón de espera, mientras vienen por usted.

Viendo que no lograría convencer al director, Lilly bajo la cabeza e intentando reprimir las lagrimas, se fue a sentar en los asientos que estaban fuera de la dirección. Hay, la señorita Gutiérrez tecleaba con violencia, a la par que no quitaba los ojos de un documento que estaba transcribiendo. La mujer tenía la boca firmemente apretada, y por la falta de conversación, Lilliana estaba segura de que la mujer seguía molesta por lo que le había escuchado decir, cuando iba saliendo del baño.

"Es una chismosa. Primero va y se mete donde no le llaman, y como me escucho hablándole así a Erika, luego luego se puso como loca y me fue a acusar con el director. Odio este sitio... Ni siquiera quería entrar aquí, en primer lugar. Todos son iguales."

Endureciendo la mirada todo lo que pudo, Lilly se puso en pie y pasó a la mujer con una mirada altiva en la cara. Bien, si querían verla llorar no iba a darles el gusto. Aunque miss perfecta de hielo no volviera del todo, una pequeña parte se reflejaría en ella. No iba a bajar la cabeza, y menos por algo que no había hecho.

Con orgullo, Lilly salió del edificio y fue a su salón sin detenerse. Pocos fueron los compañeros que le dirigieron la mirada, y aunque uno que otro la señalo por lo que había pasado hacía una hora, no les devolvió la mirada. Solo quería tomar sus cosas y regresar a la fría sala, antes de que su madre llegara. Necesitaba explicarle como habían sucedido las cosas, antes de que la envenenaran con sus cuentos y suposiciones.

Entró al salón con el mismo aire de superioridad, sorprendiendo a los pocos que estaban dentro y haciendo que se apartaran de su persona con rapidez. Se encontraba guardando sus cosas, cuando la voz de Sonia llamo su atención.

—¿Lilly? ¿En dónde estabas? ¿Te encuentras bien? Dicen que Erika te acuso y...

Por unos momentos, la castaña se olvido de su orgullo y volteo a ver a su amiga con un rápido movimiento. La pequeña Sonia retrocedió, a la par que los demás chicos se acercaron a ella.

Fue ese movimiento el que le dijo todo.

Ya lo sabían. Conocían lo que había pasado con Viridiana.

Como si se tratara de cámara lenta, sus ojos se endurecieron y la boca se apretó en una mueca rígida. Lo que menos quería en esos momentos, era lidiar con algo como eso.

Dejo de ver a sus amigos y siguió guardando sus cosas. Ninguno hizo un intento por hablar con ella, ni siquiera Graciela e Ignacio, que eran los que sabían desde un inicio todo. El grupo sentía que estaba frente a una extraña.

—¡Lilly! Qué bueno que te encuentro. Ya me contó Luis lo que la bruta esa dijo de ti —, Mimí cruzó la tierra de nadie, sorprendiendo a todos con sus gestos. Se abrazo a su amiga con fuerza y dijo, con los ojos chispeando de furia. — Esa no se va a salir con la suya... Ven. Si quiere guerra la va a tener.

Tomando de la mano a su amiga, Mimí la sacó del salón de clases y salieron casi corriendo, directo al edificio de la dirección. Apenas habían salido del salón, cuando la voz de Monse las detuvo.

—¿Lilly? ¿Es cierto que...? —, la chica se interrumpió, como si se hubiera dado cuenta de que ese no era el mejor lugar para hablar de eso. Sin voltear, Lilly bajo la cabeza y habló.

—Lo es. Por mi culpa, Viridiana se fue de la escuela... Yo provoque todo eso.

Reprimiendo las lágrimas que estaban a punto de desbordarse de sus ojos, Lilly tiro de su amiga y ambas se internaron por los pasillos de la secundaria.

—Oigan, ¿Fue mi imaginación, o su voz se escucho más grave de lo normal?

—No lo fue Eduardo, yo también lo oí. Estaba a punto de llorar cuando habló de esa chica —, dijo Sonia, mordiéndose el labio.

—Rayos. Creo que Mimí tenía razón... Debimos hablar con ella, antes de ponernos todos paranoicos —, suspiro Ignacio, tallándose el cuello con bríos.

—Oigan, a mí ni me vean. Yo no me porte como loco, ustedes fueron los que sacaron conclusiones a lo bestia —, dijo Iván. Este se veía más relajado que los demás.

—Entonces, ¿Qué hacemos? Si es cierto lo de Erika, son capaces de correrla.

Monse y los demás chicos se vieron entre ellos. Parecían estar meditando la situación, pero la voz de Antonio no les dio mucho tiempo.

—¿Qué hacemos? ¿Es en serio, Monse? —, el muchacho se cruzó de brazos. — Tenemos que ir y decir la verdad de lo que ocurrió con ellas. Ya después podemos preguntarle a Lilly lo que paso, pero ahora, lo primero es desmentir a la víbora de Erika.

Hace alrededor de 1 mes

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#25

24.

—Les digo que Lilliana no me hizo nada. Esto que tengo me lo hizo Erika Alcántara, de 2do A.

—Pero, ella asegura que quien la lastimó fue la señorita aquí presente. Incluso vinieron varias señoritas a corroborar sus palabras. Dijeron que se puso muy violenta y que empujo a otra de sus compañeras y la tiro al piso.

—¡Ella no lo hizo!

Aquel grito salió de la boca de Mimí como si se tratara de una explosión. La vena de su cien punzaba cada cierto tiempo, y por lo molesta que se veía, Lilly le puso una mano en el hombro y le dijo.

—Cálmate. Te va a dar algo si sigues poniéndote así.

—¿Qué no estás molesta? Te están acusando de algo que ni siquiera hiciste.

La castaña se llevo una mano a la cabeza y rechino los dientes. Era obvio que se encontraba molesta, pero lo que más le enojaba no era la chica y sus mentiras, sino que los adultos frente a ella prefirieran creerle, en vez de investigar bien la situación y conocerla a fondo.

Todos eran iguales. Ella había cometido muchos errores en el pasado, pero de eso a seguir haciéndolo había mucho de diferencia. Pero eso no lo entendían ellos. Para esas personas, Lilliana seguía siendo la chica cruel y desconfiada que había sido antes.

—Señoritas, esta plática se está prolongando mucho más de la cuenta. Si no tienen como demostrar que la jovencita Quintero no fue la que causo esos problemas, entonces les sugiero que salgan —, lo último lo dijo viendo fijamente a la castaña. Ella pudo detectar que el hombre no creía ni una sola palabra de lo que le había dicho Mimí, y que esta solo estaba defendiéndola por ser su amiga.

Eso ya era el colmo. Estaba a punto de decir eso, cuando la secretaria del director entró.

—Señor, la señora Quintero Ortega está afuera.

—Dile que pase —, con una ceja en alto, el hombre les hizo una seña a las chicas para que se retiraran de la oficina.

De inmediato, el color se desvaneció de las mejillas de Lilly. Ese día no podía ser peor. Su madre había salido del trabajo para ir a ver qué había pasado con ella, y cuando el tipo ese le dijera que estaba expulsada, estaba segura de que habría una batalla campal en cuanto llegara a su casa.

Mientras su madre entraba, ella y Mimí salieron. A pesar de topársela frente a frente, la mujer no hizo ningún movimiento de querer ver que había pasado con su hija. Esta solo entró y cerró la puerta tras de sí.

—Me lleva. Ahora sí me va a ir como en feria —, con un fuerte resoplido, la castaña se llevó una mano a la cabeza y enterró los ojos en la fría piel de esta. —... Por dios, ¿Qué hice? No puedo creer que haya caído en las palabras de Erika tan fácil.

—No eres la única —, dijo Mimí, pasándole una mano por los hombros. — Yo de muy tonta le creí todas las locuras que me dijo... Si no lo hubiera hecho, tal vez no estaríamos aquí ahora.

Lilly volteó a ver a su amiga. Esta tenía una media sonrisa sobre sus labios, y a pesar de los moretones que ya se le estaban formando, se veía igual de linda que siempre.

—Bueno, por lo menos algo bueno salió de esto.

—¿El qué?

La muchacha le sonrió a Mimí y le dio un ligero empujón con su brazo.

—Por fin aclaramos lo que paso hace unos meses.

Ante las palabras de su amiga, la morena le paso un brazo por el hombro a Lilly y la sacudió, diciendo.

—Siento no haberme dado cuenta antes de los engaños de Erika. Luis incluso puso de su parte con la farsa, que porque no quería que estuviera mucho tiempo contigo —, la castaña arrugó la frente. — Según él, dice que sentía que...

Mimí no pudo terminar. En ese momento, el grupo de juegos de Lilly entró al edifico en tropel, ignorando olímpicamente a la secretaria y armando un alboroto para que el director los recibiera. Al ver a Lilly y a Mimí, estos se detuvieron y, la primera en cruzar el espacio que se había formando entre las dos fue Monse.

La muchacha estrujo a Lilliana entre sus brazos, y con una gran sonrisa, le dijo.

—Ya llego la caballería a su rescate, señorita.

—¿Qué? Pero...

—Ahora no. Primero deja que hablemos con el director sobre lo que paso —, dijo Antonio. Este era el único que no se había dignado a mirarla a la cara. Sin esperárselo, ese gesto de su parte hizo que su corazón se encogiera. — Ya después platicamos con más calma.

—¡Les digo que no pueden entrar! No se lo va a perdonar el señor, ni siquiera a usted alumno Valverde —, señalo a Toño con la mirada. — Mejor váyanse y después viene a verlo para...

—Lo siento señora Constanza. Esto no puede esperar.

Con el rostro inexpresivo y la determinación brillando por entre sus pupilas, tanto el chico como sus compañeros pasaron de largo a ambas muchachas y a la señora, abriendo la puerta y entrando en tropel a la oficina del director.

Los minutos pasaron y ninguna de las tres podía escuchar lo que se estaba hablando ahí adentro. Ni siquiera la madre de Lilly había salido. Todo eso era muy extraño.

—Haber si no te buscan más problemas, niña. Al director nunca le ha gustado que lo estén interrumpiendo.

—Si le creo —, dijo Lilly hundiéndose aun más en su asiento. — ¿Y si aun así no sale bien? No han ni llamado a Erika para preguntarle por lo que ocurrió.

—Cálmate. Estoy segura de que están haciendo lo posible por ayudarte... Sobre todo Antonio—, ante la mención del chico Mimí le dio un codazo a su amiga. — ¿Quién lo hubiera dicho? Tú y el cerebrito de la clase.

—¿De qué hablas? Él solo es mi amigo... Además, ¿Quién rayos va a querer andar conmigo? Sobre todo sabiendo lo que le hice a Viri.

Conforme hablaba, la voz de la castaña fue descendiendo. Su acompañante notó aquel cambio de humor y la abrazó, diciendo.

—Lo de Viridiana fue un error, y no te puedes estar culpando por todo. Tanto ella como Erika también tuvieron su parte.

—Pero, mira lo que le hice. Por mis miedos, hice que una de mis mejores amigas se fuera de la escuela.

—Ya te dije que no fuiste solo tú, así que...

La puerta de la dirección se abrió con un chirrido, callando las palabras de Mimí. Todos los chicos salieron con las cabezas bajas y una que otra boca torcida, detrás de ellos, la madre de Lilly salió con una expresión confundida y algo temblorosa. El último fue el director, que señalo al grupo y dijo.

—... Desde hoy comienza su castigo, así que los espero en el salón de 3ero B después de las 3.

—Sí, señor.

El hombre estaba a punto de entrar, pero al ver a Lilly, la señaló con insistencia y dijo.

—Señorita Quintero, puede volver a su salón... Señorita Gutiérrez, ¿Podría ir por las jóvenes Alcántara, Fernández y Valencia? Necesito hablar con ellas.

—S-sí señor.

A paso rápido, la mujer hizo lo que se le ordeno y el grupo salió del edifico justo detrás de ella. Antes de que Lilly siguiera a sus compañeros, su madre la detuvo.

—Lilly... Espera.

La castaña asintió y se separó de sus amigos, acercándose a donde se encontraba su madre. La señora parecía haber recuperado la facultad del habla, porque en cuanto estuvieron solas, se llevó una mano a la cabeza y dijo, a media voz.

—¿Por qué nunca me dijiste lo que te habían estado haciendo Erika y las otras chicas? Tú dijiste que las cosas ya estaban bien, pero no era cierto.

—Mamá, yo...

—No te creí. Tras las quejas de las demás madres y tus llegadas tarde a la casa, pensé que en verdad te estabas destrampando de nuevo. Jamás se me paso por la cabeza que quienes te estaban haciendo a un lado eran ellas... Incluso hoy, cuando me llamaron, estaba segura de que habías hecho lo que dijeron.

Los ojos de la mujer se pusieron húmedos. Lilly estaba segura de que encontraba a palabras de soltarse a llorar, así que la tomó de la mano y tranquilizo tanto como pudo.

—Oye, es lógico que pensaras así. No he sido una linda palomita en estos años, sobre todo el último... Por cierto, ¿Cómo llegaste tan rápido? Dijiste que hoy tenías muchas cosas que hacer, y estas perdiendo un montón de tiempo.

—Eh, mientras sea contigo no estoy perdiendo el tiempo... ¿Ya te avergoncé lo suficiente, verdad?

La castaña asintió.

—Bueno, siendo así será mejor que me vaya. Hablamos en la casa al rato... —, la mujer ya se dirigía a la reja de salida, cuando volteó una vez más y dijo. — Por cierto. Me cayeron bien tus amigos. Se ve que te aprecian, todos... Dales mis saludos y mi agradecimiento por defenderte. Son buenos chicos.

—Sí.

Con esas últimas palabras, la mujer se despidió de su hija y se retiró del lugar.