WhiteCrows_98
Rango7 Nivel 31 (1664 ptos) | Autor novel
#1

Esa casa me hacia sentir intranquila.
La primera vez que vi la casa me pareció un asco, lo mismo que pensé cuando vi la foto una semana antes, y lo mismo que me imagine cuando mi esposo me lo menciono hace un mes, una charla normal de marido y mujer, huevos y tostadas en la mesa, mis dedos en el ipad, viendo las noticias "cariño, hubo otro atentado terrorista, en Bogotá", el gruñó con la boca llena de pan y entendí que le tenia sin cuidado el asunto, hasta que deje de escucharlo masticar, "debemos mudarnos" dijo. Pasaron tres días con tres grandes discusiones sobre el tema, yo: el trabajo, el apartamento, los amigos, la familia; él: Las deudas, la hipoteca, el trabajo a distancia y el aire puro. No cedí hasta que llego a la puerta la carta del banco quitándonos el apartamento, esa semana mi esposo me mostró la foto de la casa de su familia que hace mucho tiempo no usaban, y yo entendía por qué, estaba alejada de toda la civilización, tres pisos, con ático y sótano, incluso en la foto la madera de las paredes se veía podrida y una ventana en lo alto me daba escalofríos. Esa fue mi primera advertencia.
Decidí no volver a hablarle durante una semana, me introduje de lleno a intentar recuperar un poco de trabajo perdido, soy escritora independiente e ilustradora, y esa casa me quería hacer la guerra, no había lugar que no estuviera cubierto en sombras, las ventanas estaban dañadas y mi único lugar era el ático, puse mi mesa de dibujo junta a la ventana y solo bajaba para comer. Mi esposo pareció entender pues no volvió a molestarme. Esa fue mi segunda advertencia.
En las noches las ramas golpeaban la casa, parecían lamentos, juraría que veía figuras moverse en los alrededores, esa fue la primera vez que hablamos "tengo miedo" recuerdo haber dicho, pero el se limitó a mirarme, "solo toma una pastilla para dormir" me dije a mi misma, me había vuelto adicta a ellas, las saque de la gaveta junto a la cama y baje a buscar agua, la cocina era lo mas decente de la casa pero no dejaba de ser tétrica, tome un vaso.
YA VIENE - escuche el grito detrás de mi.
El vaso cayó y se hizo añicos en el suelo, comencé a llamar a mi esposo y a subir las escaleras, sobre el había una figura oscura y hecha de humo que a penas se dio cuenta de mi presencia se esfumó, mi esposo estaba cubierto en sudor y sus ojos blancos. Le suplique que abriera los ojos y que debíamos salir de ahí pero cuando fui a agarrar el teléfono el me sostuvo la mano y me arrojó al otro lado de la habitación.

Había una marca en mi brazo, eran sus dedos al rojo vivo en mi piel, entonces levante la vista, la habitación parecía mas alta, las paredes se acercaban y justo sobre la cama, mi esposo se erguía, escuche que cantaba, por absurdo que pareciese era la letra de la bella y la bestia, cantada en ambas voces, su boca se abría de forma inhumana y cuando se acerco comenzó a cantar la canción del titanic, las venas en sus brazos sobresalían y su rostro estaba rojo por la presión, lagrimas salían de sus ojos.

- Mi papá no quiere que te vayas como lo hizo mamá - dijo al detenerse a un metro de mi. - por eso... - mas lagrimas salían de sus ojos - CORRE - gritó.

Eso basto para despertar a mi cuerpo, me levanté y fui a la puerta de la habitación, escuche como mi esposo forcejeaba y se golpeaba con las paredes, la casa estaba a oscuras, los pasillos eran cada vez mas largos, las escaleras rechinaban bajo mis pies, la puerta estaba tan cerca, pero había visto suficientes películas de terror para entender que no llegaría a ella, fui a la cocina sin recordar que iba descalza, los pies me sangraban pero tome un cuchillo, el corazón me palpitaba cada vez mas fuerte, estaba mareada.

A la primera señal de movimiento di un mandole con el arma, que quedo incrustada en el brazo de mi esposo, no podía sacarla, lo próximo que supe fue que me había golpeado con el suelo después y que tenia un gran dolor en la mandíbula, entonces vi la cocina de gas, una de las tantas cosas de las que me quejaba al llegar ahí, el no dijo una palabra.

- Esto no es tu culpa - dije - tu en realidad no querías venir aquí - siempre fue él.
- No te oye - eran al menos tres voces diferentes.
- Quiero decirle algo - me levante.
- Quieres encender el gas y hacer que la casa explote - dijo la voz de mi esposo - pensé que ya te habrías dado cuenta de que tienes que matarme.
-No me hablas en todo este tiempo y lo primero que me dices es que te mate - ahora la que lloraba era yo - eres un idiota
- Mientras bajabas llame a la policía, quiero que te vayas ahora, no se cuanto pueda aguantar.
- No tienes derecho a dejarme
- Pero si la obligación, mi padre mato a mi madre y a mi hermana para siempre estar juntos, yo apenas escape, y ahora vuelvo a ser el mismo, no te arrastrare conmigo.

El olor a gas llego a mi nariz, mis piernas me decían que me fuera pero quería estar mas tiempo con él quería saber si de verdad le gustaban mis tostadas, si de verdad le gustaba mi corte de cabello, si no estaba cansado de despertar a mi lado, que había pensado de mi en el último mes.

-No quiero dejarte
-Hasta que la muerte nos separe - dijo tomándome del brazo y sacándome de la casa con un empujón, me miro fijamente a los ojos y cerro la puerta. Grité su nombre y quise ir a la puerta pero una luz me levanto y me llevo varios metros lejos de la casa, para cuando desperté, había humo por todos lados, el cielo apenas se veía, no podía dejar de toser, figuras pasaban a mi alrededor, eran bomberos, mi voz trataba de salir, decirles que buscaran a mi esposo, pero no podía hablar.

Detrás de mi, habían cintas policiales, reporteros se estaban aglomerando, vi la casa por primera vez, para ser de madera no había fuego, todo se había caído, me sorprendía que ninguna tablas se hubiese incrustado en mi cuerpo, la ventana del ático era lo único que no se había destrozado, ahí se reflejaban todas las personas detrás de mi, un oficial me ayudo a levantarme, me hablaba pero yo no podía escucharlo, algo sobre una llamada anónima de una mujer, una niña gritando, al final uno de los bomberos se acercó a mi, y esta vez si pude escuchar perfectamente lo que dijo.
-No encontramos ningún cadáver en la casa.

Un escalofrío me recorrió la espalda, al mismo tiempo que veía que de los ojos del bombero salia sangre y se desplomaba a mis pies, el policía saco su arma, pero su mano tenia mente propia y termino disparando a los reporteros, solo para terminar matándose. Volvía a estar sola, vi la ventana de la casa, del otro lado ya no me daba asco.

Al final nunca dije cual era la familia de mi esposo o su nombre, podría ser cualquiera.
Dime, ¿Has pensado en mudarte?

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 2 años

Interesante, intensa y angustiosa.

Tiene un gran ritmo

Suerte y saludos