Freazburn
Rango10 Nivel 49 (5676 ptos) | Fichaje editorial
#1

Así pasaba Lucy, las últimas noches desde el momento en que nacieron sus sospechas días atrás, cerveza en mano, viendo hasta el agotamiento los noticiarios, sea dónde sea que pudiera hacerlo, al principio solo por las noches, en el bar, luego, cuando se volvió toda una ermitaña lo hacía solo en su casa, inclusive estando en su trabajo, su mente deambulaba por el mundo, y le resultaba tan difícil concentrarse, que su estadía como abogada en el estudio jurídico más respetado del distrito, corría peligro. Su última cliente, no era otra que la mismísima esposa del reciente fallecido gobernador Farias Gómez, acusada de asesinato. Si lograba demostrar su inocencia, pondría al estudio en el más prestigioso y acaudalado lugar, como el mejor de todo el país. Pero todo se reduciría a nada si el fallo era negativo, y pese a la presión impuesta, seguía utilizando su tiempo libre, para explorar la televisión, cada minuto de cada noticiario, esperando poder ver la tan ansiada noticia.
Lucy, afrontaba las semanas más duras de toda su vida. Su madre llevaba internada en terapia intensiva desde la noche del jueves 4 de Abril, cuando fue a visitarla después de no hacerlo por casi 4 meses, y la encontró en su cama, pálida, sin poder decir palabra alguna, mirando hacia un rincón del cuarto, y allí encontró a su padre, que para sorpresa y temor de Lucy, estába otra vez, asesinando a un perro de la calle, ahorcandolo con un cinturón de cuero, tal como había pasado tiempo atrás, antes de ser internado en el geriátrico. Lucy, solo reaccionó en tomar en brazos a su madre de la manera que pudo y subirla al auto para llevarla al hospital, carecía ya de fuerzas. Por el espejo retrovisor veía a su padre corriendo por detrás de ellos mientras se alejaban, gritando, con la voz al borde del llanto, hasta que lo perdieron de vista. No supo nada de él, sino hasta la tarde del 7 de Abril, en que fue a visitar a su madre y lo encontró sentado junto a ella, con una caja de madera en las manos. Una enfermera, que desconocía todo lo sucedido, dijo que el hombre había pasado cada noche desde que la internaron, junto a ella. No se dirigieron la palabra respecto a lo sucedido, el hombre le entrego la caja que llevaba consigo y le dijo:
- En casa hay más cajas, dejalas ahí, y llevate ésta contigo, yo me quedo aquí.
Lucy estába confusa, pero a esas alturas su mente seguía entusiasmada con su nuevo caso a defender, que prometía una fortuna en su cuenta bancaria, nada le importaba más por aquéllos días. No volvió a visitar a su madre, su agenda a penas lo permitía, pero hablaba todos los días sin falta con ella por teléfono. Cada día a las diez de la noche, su madre le hacía sonar el tubo y ella le dedicaba por fin, unos pocos minutos para que durmiera tranquila.
Los periódicos del 3 de Abril decían: "Gobernador asesinado, su esposa, la principal sospechosa"
En efecto, sus huellas estaban en el arma, se había hallado sangre de su esposo en sus prendas, ella le aseguraba a Lucy que todo era una conspiración para derrocar al gobernador, que ella solo quiso protegerlo la noche de la tragedia y el único testigo, el difunto que descansaba en la morgue, esperando tranquilo el día de su autopsia. Solo Lucy tuvo el coraje de tomar el caso, ya que estába casi perdido. Pero comenzó a temer de ello al recibir algunas llamadas intimidantes, sugiriendole que se apartara del caso por su propio bien. Era la primera vez entonces, en que creía en la versión de su defendida, pero aún así no tenía fundamentos para comprobar tal relato de conspiración, decidió que su coartada sería la de "legítima defensa" tal como lo habían acordado.
Su madre sufrió dos infartos durante la madrugada, era un milagro que aún estuviera con vida le dijeron, pero estába delicada como para recibir visitas, su corazón estába muy debil. Esa mañana Lucy, se encontró con su padre en la cafetería del hospital. Parecía haber enloquecido en verdad:
- Mira, hija mía, ¿no es una maravilla? - decía, señalando la televisión.
No le prestó atención, se sentía enojada.
- Mamá empeoró, ¿lo olvidó usted?
- Jamás - dijo con voz firme - tú nos olvidaste a nosotros, en cambio yo, yo por ella hice todo. Mira las noticias hija, y ventila la casa cuando puedas.
Lucy, no volvió a verle.
Ésa noche, la sorprendió recibir la llamada puntual de su madre como todos los días. Ella, le habló con la misma dulzura que de costumbre, pero la confundió al decirle:
- Tu padre no está loco - su voz parecía como si supiera todas las respuestas de la vida y la muerte - mira las noticias hija.
Ésa fue la primera noche en que se desveló mirando los noticiarios, esperando ver alguna novedad, pero sin saber ¿cuál? o ¿cómo sería?, sintiéndose tonta por ello. Lo sentía un juego, sentada a la mesa, cerveza en mano, como en el bar, en plena oscuridad. Pasada las doce de la noche, sonó el teléfono. Ésta vez lo miró con tal desconfianza, que lo atendió sólo en el sexto timbre.
- Vé a casa y verás - decía la voz, al otro lado de la línea.
Era la inconfundible voz de su padre. No lo dudó, puesto que ésta vez sentía mucha curiosidad, subió al auto y fue a casa de sus padres, la casa en que creció. Abrió la puerta con su juego de llaves, y una peste nauseabunda la impactó de lleno en la cara, recordó de inmediato a aquél perro infeliz, talvez aún se encontraba tirado en algún lado de la casa, como aquella vez. Acercándose a la habitación matrimonial, lo oyó. Abrió grandes los ojos al sentir el llorisqueo, su piel se erizo al poner su mano sobre la fria perilla. Estába ahí, no concebía cómo, pero ahí estába. Sus huesos sujetos al cuero por desnutrición o talvez por la presión de la cabeza, balanceadose de un lado a otro desde el momento en que la vio entrar por la puerta, no lo comprendió, pero aquél perro callejero, aún colgaba con vida de aquél cinturón de cuero. El olor no provenía de él, lo tomo en brazos y le desató el lazo mortal del cuello, entonces el perro, con muy poca fuerza pero desesperado por el hambre, se apresuró en ir al origen de la peste. Bajo las escaleras, habían más de veinte cajas y un tufo insoportable. Lucy, dudo por un momento antes de desenroscar el perno de seguridad de una de ellas. Sintió mucha confusión al abrirla, era una indescifrable caja, casi como un laberinto, asi como siempre imaginó que era la imaginación de su papá. Pero sin dudas la peste provenía del interior. La arrojó contra el suelo. Se partió en varias partes, y para su sorpresa, escondía en su interior un pequeño pajarito azul, de ésos que llegaban en bandadas al árbol de nísperos, detrás de la casa. Partió casi todas las cajas, todas tenían un diseño intrincado y único, casi admirables, pero cada una llevaba dentro un pequeño pájaro azul. Solo por curiosidad, fue a echar un vistaso al árbol. Entonces vió el horrible espectáculo. El patio trasero estaba minado de lo que parecían ser tumbas. Fue desesperada a hurgar en una de ellas, corriendo la negra tierra con sus manos. Envuelto en unos viejos arapos y con mucho malestar, encontró otro perro, desfigurado ya por los gusanos, y así, después de escarbar en otras dos, encontró horrorizada lo mismo. No pudo contra las náuseas, comenzó a llorar, víctima de la confusión, pensando enn que antes de los resultados de los estudios de su madre, todo estába bien. En total, habían más de veinte tumbas.
La mañana del 12 de Abril, le informó a su jefe que no iria a la corte, el caso estába casi perdido, había dejado su trabajo de lado por primera vez en su vida, en el momento más importante de su carrera. No atendió ninguna llamada al móvil ese día, solo la de las diez de la noche, como cada día, para oír a su madre y ser ahora ella, Lucy, la que se sintiese tranquila.
Dias despues sentenciarían a la viuda del gobernador a 25 años de prisión. Lucy fue despedida por incumplimiento. Lo curioso fue que de entre todas las noticias que vió ese día, una por fin le llamó la atención. No fue la de el robo al banco catalán, tampoco la de la mujer a la que le crecían ramas de los dedos, no. En una ciudad del sur, un sismo redujo a escombros 2 edificios. Se creía que el número de heridos ya llegaba a mil, pero no se habían hayado víctimas fatales, todos sobrevivieron, aunque muchos agonizaban en los hospitales, esperando su hora. La palabra era correcta: curioso. Hizo un repaso en su memoria de las noticias que había visto ésas semanas, fue en busca de sus periódicos y observó cada página, pululaban las noticias del gobernador, y halló varias noticias sobre atentados en el oriente, sin número de muertes. ¿Era una locura considerar al menos lo sobrenatural?, especular con que no habían habido muertes en el mundo, inocentes o no, desde hacía algunos días.
En su última charla de las diez, con voz débil, cansada, pero alegre, su madre le dijo:
- Me duele el corazón.
- ¿Mamá? ¿Que le pasó a papá? ¿Por qué las cajas, los perros? ¿Que mierda es todo ésto?
- A veces creo hija, que el cuerpo humano está hecho para más años de los que uno quisiera vivir, y no al revés, como dicen por ahí.
Durmió por fin. Horas después la despertaron las insistentes llamadas de su jefe al movil. No atendió. Encendió la televisión, y vio un revuelo enorme en cada uno de los canales de noticias. No podía creer lo que estába viendo, recordó entonces que en su casa aún se hallaba la última caja, ésa que le entregó su padre. Estába sobre la mesita de luz desde que la trajo aquél dia, la tomó con ambas manos y desesperada la arrojó al suelo partiéndola en pedasos. Había también en ella un pequeño pájaro azul. Siguió mirando la noticia durante horas, perdió incluso la noción del tiempo, fue entonces cuando el reloj de pared, anunció la media noche. No cayó en la cuenta de que el teléfono debía haber sonado desde hacía dos horas ya, como de costumbre, pero no lo hizo. La mañana del 17, no hubo periódico ni noticiario que no hablara de éso: "El Gobernador está vivo".

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