Anngiels_54
Rango10 Nivel 45 (4458 ptos) | Fichaje editorial
#1

Germán entró primero y ella quedó en el hall del hotel, quería asegurase que había disponibilidad, cuando le preguntaron cuantos días, respondió
–Solo por esta noche-
El conserje le pidió los documentos y se los entregó de bastante mala gana. Pensó rápidamente que era una tontería lo que hacía, por demás peligroso, nunca iba a un hotel, siempre trataba de estar con mujeres que tuvieran su propio espacio, ni siquiera le gustaba que los amigos le prestaran sus departamentos particulares.
Volvió al hall y le hizo señas a la mujer para que subiera por la pequeña escalera que estaba frente a la recepción. Ella iba adelante, la seguía a unos tres escalones de distancia, desde donde observaba sus largas piernas y el cimbrear de sus caderas, mientras la minifalda dejaba ver desde su lugar las nalgas firmes donde se perdía aquella prenda interior tan diminuta.
Sentía su sexo estimulado queriendo saltar de su celda cerrada con aquel Zip reforzado, y un leve temblor subía por sus piernas, le proporcionaba excitación esa situación y la lujuria hervía en su sangre.

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#2

La muchacha conocedora de lo que producía subía lentamente erguida en tremendos tacos aguja que empinaban sus pies pequeños y marcaban las pantorrillas perfectas.
En el primer piso el hombre buscó la llave y miró EL número de habitación, la 13, maldito número se dijo, como no me di cuenta debí pedir otra alcoba pensó, su superstición le encendía constantemente una luz roja, porque siempre algo le pasaba o a él le parecía, con los números 13, los gatos negros y algunas otras tonterías que siempre temía, pero esta vez no pasará nada, no tiene por qué pasar.
Abrió la puerta, se corrió para dar paso a la mujer y volvió a cerrar con llave. La habitación estaba en penumbras era de categoría tres estrellas, pero para una noche de placer tenía lo necesario.
Ella se sacó el abrigo, y se acercó a Germán como gata mimosa, y tras besar suavemente sus labios lo empujó suave contra la pared, mientras con una mano acariciaba su cabello lacio y corto con la otra desabrochaba su camisa y hundía la lengua en la boca del hombre que poco necesitaba ya para entrar en clima, su virilidad se notaba detrás de la tela del jeans; cuando su camisa cayó al suelo tomó el cabello negro ensortijado de ella y sus dedos se enredaron en aquella oscura maraña mientras ella jugaba con su boca lamiendo su pecho apenas velludo, y con maestría desabrochaba el pantalón para dar libertad al enardecido sexo de aquel hombre que la contratara en la esquina de la plaza.
Ya a esas alturas su diminuta ropa caía al suelo junto con los jeans de Germán. La tomó en sus brazos y besando su cuello la tiró en la cama para penetrar su cuerpo, era tanta su excitación que olvidó cuidarse, raro en él, porque temía no solo a las enfermedades también sentía pánico a los embarazos no deseados, mucho menos él que era casado y tenía hijos adolescentes.
Estas escapadas no eran porque sí, se daban siempre que discutía con Julia y ella por semanas obviaba hacer el amor con su marido hasta que éste no accediera a sus caprichos, lo cual después de alguna de estas escapadas Germán accedía porque se sentía culpable.
Esa noche había estado de asado con los amigos del club, la cena terminó temprano y de regreso al pasar por la plaza paró en el semáforo y quedó enajenado con aquella bella mujer, que desde el cordón lo invitaba con su sonrisa y su pose embaucadora mostrándole sus abultados senos escapando de una blusa escotada y transparente.

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#3

Miró su reloj y al ver que aún no eran las 0 horas la invitó a subir, tenía al menos unas tres horas a su favor, Julia no sospecharía nada, sin mediar palabras giró y fue al hotel que más cerca estaba, el “Hotel Avenida”.
La mujer le sugirió que tomaran algo, Germán pidió un champagne y mientras lo traían fue al baño, se metió debajo de la ducha como acostumbraba.
Al volver, las copas ya estaban servidas, apenas terminó su copa cayó desplomado. Cuando despertó era casi mediodía, la muchacha ya no estaba y sus bolsillos vacíos. Sobre la mesa había una esquela, que decía “Bienvenido al club”, lo tomó como un chiste de mal gusto. Ahora debía preparar la excusa por no haber retornado a su casa. Llamó a Juan su amigo, casi hermano y pidió que llamara a Julia y le dijera que lo habían detenido por manejar ebrio y que ya lo llevaba, que había perdido los documentos y por eso no la habían llamado.
Todo salió casi a pedir de boca, aunque Julia enojada extendió su negativa de ser su mujer por un tiempito más, él trató de hacer buena letra, lo sucedido en el hotel lo frenaba un poco. Pasaron unos años en los que Germán estaba mucho más calmado y salvo alguna vez a la perdida con alguna clienta del buffet, o alguna amante conocida no volvió a levantar a nadie por la calle, culpando al maldito 13 de todo lo sucedido aquella noche.
Un día después de sentirse mal por varios días y perder peso, una bronquitis rebelde lo llevó a ver a su médico de confianza quien lo sometió a varios exámenes aprovechando de hacer un chequeo completo. Al llevar los resultados al médico su sorpresa fue mortal, el examen de HIV, dio positivo, y en milésimas de segundo recordó aquella noche, el número 13, la huída de la muchacha y aquella esquela que rezaba “bienvenido al club”, palideció de golpe, y quedó mudo al borde de un infarto, el médico no podía volverlo en sí, había quedado paralizado, mudo por el pánico.
Hubo que internarlo, sugerencia de su médico y amigo, nunca recobró el habla, a la semana lo encontró Julia ahorcado en el baño de su habitación.

Hace más de 2 años

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teff_pg
Rango16 Nivel 76
hace más de 2 años

Dios mio, que fuerte. Relatas una verdad que muchos tratan de tapar con un dedo.
Me encantó, sentí que estaba allí, sintiendo todo. Tu forma de escribir es muy hermosa.

Saludos afectuosos.