ibeauchamp
Rango7 Nivel 32 (1857 ptos) | Autor novel
#1
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Dicen que escuchemos al corazón, que ahí está la respuesta para ser felices.
El corazón es el juez que decide la condena que debemos efectuar.
A veces ganamos la sentencia y tenemos la fortuna de ser amados, correspondidos. Todo gracias a que el corazón falló a nuestro favor.
Otras veces, en cambio, somos condenados al suplicio, calvario, martirio, pesar... El dolor tiene tantos apelativos diferentes, pero todos y cada uno de ellos se perciben de la misma manera. No importa el seudónimo del que se sirva, el trago se siente cáustico igual. Sin importar qué, el dolor siempre quema y destruye.
Somos condenados a beber de ese ácido que expulsa por los poros un alma con alambres de púas, consecuencia de un mal arbitraje del corazón.
Dicen que hagamos caso omiso al cerebro porque es racional y ser racional es de cobardes. Arriesgarse es de locos y el amor es la locura más bella que se puede experimentar; de ahí parte la idea de que los locos son felices. Los racionales somos miserables y envidiosos de esa felicidad, que discrimina a quienes tienen sus facultades mentales ilesas. [...]

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#2

La idea de oír al bombeador de sangre es la preferida porque éste nace con todos los pecados perdonados. Nadie culpa al corazón de nada porque el pobre es indefenso ante promesas falsas y almas de alambres de púas. Él solo sabe elegir algo sin saber nada. El corazón es un loco más que siempre despierta con el presentimiento de que va a ganar la lotería y ni aunque pierda centenares de veces, se da por vencido.
No hay que escuchar al controlador paranoico; para él lo que tiene certidumbre es lo correcto y el amor es todo menos eso.
El controlador paranoico es así ¡Paranoico! Sólo se ocupa de crear armaduras anti almas de alambres de púas. ¿Pero qué pasa si no todas tienen alambres de púas? ¡No importa! Mejor prevenir que lamentar. Esa es su primera ley, la que rige sobre todas las cosas, sin excepción.
La razón es poco romántica y detesta "Orgullo y prejuicio" un sábado por la tarde.
Nos dicen que escuchemos al corazón pero no sé si quiero volver a dejarlo a cargo... ¿Otra vez?
No sé si quiero seguir practicando paracaidismo; la última vez, el paracaídas no se abrió.
No quiero volver a estar meses reponiendome de una mala caída y que mi terapeuta sea mi almohada.
No quiero seguir masajeandome el alma para aliviar los dolores que provocan las otras almas, las de alambres de púas.
Quiero amar la lluvia y el frío por los placeres terrestres que son dormir y una taza de café caliente aromatizando la habitación. No quiero amar la lluvia y el frío por ser el mejor escenario para pasar gasas sobre las heridas aún abiertas, aún doliendo.
No quiero más que un alma de alambres de púas vuelva a hincar en las cicatrices, porque no estoy segura si es que todavía me queda algo por sangrar.

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