Dixie
Rango7 Nivel 34 (2291 ptos) | Autor novel
#1

La música lo hundió en un momento indefinido de su mente, el ritmo hipnotizante y la voz del cantante parecían decir en música lo que callaba su mente.

–¿Qué sientes cada que la vez?– la voz de su mejor amigo lo sacó de su letargo, parpadeo y dió un largo sorbo a su cerveza.

Pero, ¿cómo definir todo eso? No sólo era una sensación parecida a los nervios, eran ganas de sonreír sin razón, era necesidad de sentirla entre sus brazos, era desesperación de besar sus labios.

–Demasiado...
–Irving, ¿Me estás escuchando?
–¿Quién canta esa canción?

No le interesaba enriquecer su bagaje musical, pero seguía pensando en el efecto clarificador que tenía en sus recuerdos, en todos, ella estaba ahí. Sonriendo, mirándole a los ojos, y tomando su mano mientras lo invitaba a seguirla.
Sinceramente, le diría mil veces sí a ese primer beso clandestino...

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#2

–Lanza la moneda y pide un deseo, pero no me lo digas.

Irving miraba a Karla, el sonido del agua fluyendo en el lago artificial lo paralizó un momento. Ella permanecía con una expresión neutra, meditando, hasta que sonrió, cerró sus ojos con fuerza y lanzó la moneda con entusiasmo.

No entendía como alguien tan linda como ella podía guardar tanto dolor en su interior, hace unos minutos lloraba en sus brazos, desahogando sentimientos y pensamientos tan agobiantes que su propio peso se transformó en agua salina que bajaba por sus mejillas.

Un detalle llamó su atención, desviando por completo su tren de ideas, una pato con sus pequeños nadaba del otro lado del estanque.

–Mira pequeña, hay una familia de patos por allá.

La muchacha corrió como una niña a mirarlos de cerca, mientras sacaba unas pocas migajas de pan, haciendo que las aves se acercarán a ella. La escena por sí misma logró dar en el fondo de un sentimiento que había dejado de sentir, una ternura inusitada, la misma manera en que esa dulce mujer parecía tan fuerte, también se miraba frágil. Bajo ningún concepto se atrevería a lastimarle, no tendría el valor de hacer que su rostro se llenará de sombras, y defendería esa brillante sonrisa a cualquier costo.

–Son tan lindos, ¿no crees? ... ¡Ah! ¿Qué haces?

Ahora, Irving clavaba sus dientes en el brazo de Karla, de manera juguetona, mientras ella fingía estar molesta, pero su risa delataba cuanto amaba esas sorpresas inesperadas.
Cuándo la soltó una pequeña marca de su mandíbula había quedado en su piel, que ahora limpiaba del rastro de su saliva.

–Que te quede claro, está será la única forma en la que voy a lastimarte. ¿Comprendes?

En ambos un rubor subió por las mejillas, ninguno supo que decir, y es que, tras las decepciones anteriores se había perdido la noción de lo que podían considerar "amor romántico", pero en ese momento no necesitaban que fuera perfecto, sino que fuera real y sincero.

#3

–Odio que haga eso.

Irving se dejó caer en la cama con frustración, su hermano Bastián lo miro de reojo intentando no descuidar su videojuego en la pantalla.

–¿Qué odias?

Por un momento sintió una punzada de dolor en su pecho, no quería volver a ver a su hermano hundido en la depresión total por culpa de una mujer. Había pasado poco más de un año desde esos días, verlo llegar ebrio diariamente, maldiciendo una y otra vez su suerte, oía las peleas de la familia debido a su causa.
Representaba todo aquello que quería alcanzar, deseaba ser tan bueno en matemáticas, su facilidad para dominar idiomas con una naturalidad sorprendente, y esa rapidez al ir a clases de natación.
En pocas palabras, era su ídolo, probablemente con muchas heridas de guerra y ultrajes, pero que se mantenía firme ante todo.
Y aunque no eran hermanos biológicos, había cuidado de él incluso a costa de su vida, procuro guiarle y corregirle con todo el amor que un hermano mayor puede dar.

–Esa forma de hacerme sentir, de hacer que baje la guardia de mis sentimientos y dejarla entrar. Lo más gracioso es que ella no sabe cómo lo hace, pero es tan espontánea que me desarma sin que yo pueda defenderme.

No la conocía, apenas cruzaban palabra, pero podía ver que era una chica tímida, callada y que se sentía nerviosa aún por tratar de ganar un lugar en la familia.

–¿Qué te ha dicho?

Irving mostró frente a él la pantalla de su teléfono donde mantenía la conversación con Karla por mensajería.
Incluso a Bastián sorprendió lo que leía, no era cursi pero tenía lo suficiente para dar en lo más hondo de sus sentimientos.

"No necesito que seas un superhéroe.
Pero quiero que seas tú quien me muestre el alcance de su propio poder y magia."

Quizá no confiaba mucho aquella chica de cabello largo, pero estaba dispuesto a darle la oportunidad de demostrar que era bien intencionada.