danduay
Rango8 Nivel 39 (2983 ptos) | Poeta maldito
#1

Nunca había pasado tanto sueño... En fin: quería hacerles partícipes de un extraño suceso. Desde hace tiempo, me despierto por las noches y escucho un golpeteo sordo y suave, apenas audible. Hay un polígono industrial cerca, así que pensé que sería alguna máquina pesada, golpeando sin parar. Sin embargo, una noche de insomnio especialmente desesperante, me di cuenta de que el ruido no seguía un ritmo. Normalmente en una fábrica se mantiene una frecuencia de trabajo determinada, así que aquello me intrigó. Presté un poco de atención y me vino a la mente la imagen del típico telégrafo en las películas del oeste. Desvelado como estaba, a pesar de que me parecía una idiotez, me dediqué a transcribir un rato: punto-raya, raya-punto-punto... hasta que, agotado, me dormí. Al día siguiente busqué en internet el código Morse. ¡Bingo! No sé si hay algún vecino desequilibrado y un poco capullo que se dedica a hacer el indio por las noches o el ruido viene de otra parte. Que yo sepa, no hay manicomios cerca. Así que, ya que es imposiblepegar ojo, me dedico a copiar puntos y rayas. Luego transcribo: -.-...

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72
BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace más de 4 años

Buena narración, me gustó. Te felicito por tu talento. Espero que te guste la mía. Espero tu visita.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu apoyo y por tu felicitación. Me gusta tu relato, sí. ¡Suerte!

Egoclastia
Rango12 Nivel 56
hace más de 4 años

Me dejas con la intriga, pero viendo que la temática será de terror, supongo que el mensaje no será nada bueno. Más bien algo terrible.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Vas bien encaminado egoclastia...

Yocasta
Rango6 Nivel 27
hace más de 4 años

Interesante, muy buena narrativa. Te dejo mi voto y me gustaría contar con el tuyo.

pukk
Rango8 Nivel 38
hace más de 4 años

Un relato muy original @danduay, intrigado por conocer el mensaje en código Morse y el modus operandi de los ladrones de auras...

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu apoyo, Yocasta. Tienes mi voto. Me has hecho recordar el frío de la soledad...

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Espero que tu curiosidad quede pronto satisfecha, Pukk. No mires detrás de ti por si acaso.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu apoyo, SEXYLOVER. Tú también juegas con la intriga... Suerte. Para tí y para el estudiante de tu relato.

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 4 años

Al inicio parecía un texto un tanto banal, pero al finalizar la caja con el tema del morse de por medio la trama anuncia un aumento de tensión. Va mi voto! Suerte @danduay !

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu comentario, por tu voto y por tus buenos deseos @Rurba_741.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias, Launavel. Tienes mi voto. ¡Suerte!

EscritoraDeBolsillo
Rango8 Nivel 36
hace más de 4 años

Me has dejado intrigada con el comienzo, y más aún cuando he visto que será de terror. ¡Qué ganas de ver cómo sigue! Tienes mi voto, mucha suerte :)

Jinova
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Muy bueno e interesante. Tienes mi voto :)
Te invito a pasar por mi historia "Diario de un busca ayuda" y dejarme tu opinión en los comentarios. Muchos saludos y éxitos ;)

sinesand01
Rango10 Nivel 49
hace más de 4 años

Me gustó muchísimo, espero poder verte en la segunda ronda y leer lo que le sigue. Te dejo totalmente mi voto. Si quieres pásate por mi perfil y lee el que yo tengo para el concurso a ver si te gusta. Mucha suerte y éxito, un saludo. :*

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por el apoyo de todos los que os habéis pasado por aquí. Suerte para todos...

Jupyter
Rango12 Nivel 57
hace más de 4 años

Me gusta lo profundo que es! Cuenta con mi voto! Espero verte por mi historia "nunca" y votes si te gusto, lo espero;D

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu comentario, Jupyter. No esperes más, ve a por lo que esperas y consíguelo...

yosoyelquetubuscas
Rango6 Nivel 25
hace más de 4 años

Uao parece el relato de un personaje esquizofrenico, paranoico. quiero ver el resto.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias a todos los que habéis hecho posible que el relato siga adelante. Espero que esta nueva parte no defraude vuestras espectativas. Sigo pasando las noches en vela, transcribiendo sin descanso los desvaríos que me llegan en forma de golpeteo suave y frenético...

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Ahora que he aprendido cómo funciona lo de "mencionar", gracias a todos los que hacéis que esta historia siga adelante, especialmente a los que aportáis comentarios (por orden de visita):
@BILLY_WELLS
@RosaDeSharon
@Egoclastia
@MaarLopez
@Yocasta
@pukk
@Rurba_741
@WriterFancy
@EscritoraDeBolsillo
@Jinova
@nikkylove8kiss
@sinesand01
@Noah_Munoz
@Jupyter
@PedroSuarez_80
@yosoyelquetubuscas
@Sixto_GS
@CERNUDA
@Maria_
@Mar52
@marcelacay
Lo dicho, GRACIAS! Espero no haberme dejado a nadie...

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

Estilo directo totalmente y en primera persona. Te diriges al lector captando su atención, es una baza tremenda. Yo tengo un relato en el que hago lo mismo es uno de los más antiguos, creo que comienza con un "Hola, qué tal". Un saludo, @danduay. :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Acabo de leerlo, @the_one_eyed . Supongo que es
MARGARET LINBY REPRISE . Me ha gustado.
Es cierto, es una buena baza "atacar" en primera persona. Me gustan los detalles cotidianos con los que enriqueces tu historia. Le dan verosimilitud y cercanía. Por criticar algo (aunque entra dentro del gusto personal más que de la crítica estricta): siempre que veo nombres o referencias anglosajonas en un relato en castellano me "chirrían" un poco. Pero ya digo: para gustos, los colores... Saludos...

Lightning
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

Me llamó la atención, será algún espanto que salió

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Tan real como los golpeteos sordos que suenan en mi habitación las noches largas y silenciosas, @yosoyelquetubuscas ... Gracias por tu comentario.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias por tu comentario, @Lightning . Cuidado con las tormentas. Rayos y truenos traen algo más de lo que imaginas. Atento a los relámpagos si hay próximas cajas...

Lightning
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

Tranquilo @danduay no le temo a los relámpagos. Le temo a eso que no tiene rostro.. No vaya a ser que me Hale los pies cuando duerma

Robe_Ferrer
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 4 años

Empieza bien, sigo y al final ncomento

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me temo que he tenido que redistribuir el texto para aprovechar el espacio. Desconocía que las cajas tenían un límite máximo y me temo que voy a necesitarlo todo. Si no, con tanto punto y tanta raya no va a entrar todo. Así que, los que seguís la historia, tendréis que retroceder un poco para no perderos nada. Disculpad las molestias, por favor.


#2

—¿Pero es que no os dais cuenta? ¡Os chupan el alma!
La voz se quiebra en un chirrido histérico, aplastado por los sanitarios. Los infantiles ojos aterrados miran cómo su padre es reducido sin miramientos por los recién llegados.
A su alrededor, en plena calle, caras indiferentes o burlonas cierran un círculo opresivo que le aplasta sin piedad. Quiere escapar, huir con su padre. Si le encierran, le van a chupar también a él.
Un último y titánico y el torso se elva un poco dentro de la camisa de fuerza. Mira con ojos desorbitados a su hijo. Detrás. Y guiña un ojo. El pequeño le mira, también. Detrás, no a la cara. Le devuelve el guiño. Tienen sus razones.
Las pupilas enloquecidas se velan, vidriosas. Se apagan. Los sanitarios resoplan, la piel bañada en sudor. Sedantes inyectados con violencia y generosidad hace efecto al fin, termina la función. El círculo se abre y los espectadores se marchan.
Ellos y lo que llevan a sus espaldas.

Un bocinazo le sobresalta. Vuelve a la realidad. Saca la mano y hace un gesto desganado, para que el vehículo con prisa le adelante. No tiene intención de moverse todavía.
¿Hacia dónde tirar? Ignora al conductor que le recrimina mientras pasa. Parece desprecio o indiferencia, pero no lo es. Simplemente, no quiere mirarle. Ojos que no ven...
Se tranquiliza un poco cuando el coche desaparece a lo lejos. La mente le devuelve al pasado de nuevo. Últimamente piensa mucho en su padre. No ha vuelto a verlo desde aquella última vez. Apenas sabe de él. Sigue recluido, anestesiado. Por lo menos así no sufre.
Eso supone.
O eso quiere creer. Es lo que se repite en estas ocasiones, para quedarse tranquilo. La mala conciencia le asalta cuando se acuerda de él. Debería ir a visitarle, pero...
Agarra el volante de nuevo. Siempre huyendo de todo. De lo que tiene delante. De lo que tiene detrás... Sirve de poco; bueno, sobrevive. De nuevo se pregunta si merece la pena. El coche tiene combustible suficiente para acelerar y empotrarse contra algo. Terminar de una vez. Seguramente su padre está mejor que él. Por lo menos ya no los ve por todas partes.
Derecha, izquierda o hacia delante. No quiere mirar el mapa. Le agota. Anda escaso de fondos, quizá tenga que buscar trabajo. Sólo de pensarlo se le agarrota la nuca. Nota una gota descolgándose de su axila. Miedo destilado en forma de sudor... Cuanta más gente, más ladrones. Por eso prefiere las aldeas. Los puebluchos.
Se decide. La pista de la izquierda parece demasiado rural. No quiere exigirle demasiado a su camioneta. Bastante maltratada está, debe cuidarla: es su casa. La carretera sigue hacia delante. Antes o después le llevará a una carretera general. A una autovía. A una ciudad. La vía cementada de la izquierda llegará hasta algún villorrio de mala muerte. Hay una señal medio caída. No quiere ni mirar el nombre.
Tiene toda la pinta de que el vial muere en el pueblo. Está bien, le conviene. Igual es hora de que él también llegue al final de su propio camino. A la izquierda, entonces. Nada de sitios grandes, tampoco hoy.
La camioneta traquetea, pero avanza sin quejarse demasiado. Ningún ruido nuevo aparte de crujidos en las ballestas, chirridos de muelles, cacharros de cocina en la mini despensa...
El paisaje tiene buena pinta. La pena es que no va a durar. Lo sabe. En cuanto se acerque al núcleo habitado, los campos de cultivo dejarán paso a huertas y granjas. Alguna nave industrial. Talleres... Y dentro de ellos, gente. Cada vez más gente.
Y colgados de sus espaldas, los parásitos. Siempre sorbiendo. Robando...
¿Por qué nadie más los ve?
De nada sirven las preguntas, ahí tiene el ejemplo de su padre. Su lucha. Buscando información. Consejo. Aliados. Una cara amiga, simplemente... Nada: ignorancia, burlas e indiferencia. Un manicomio es todo lo que ha logrado.
De nuevo se pregunta si no estará mejor así. Cabecea. Resopla y se envara. Comienza el desfile ante sus ojos. Bosques y campos quedan atrás, aparecen las huertas. Las primeras chabolas. Al fondo, el pueblo.
Y desde las casas, la estela multicolor que sube. Sube y se pierde en la distancia. Nada nuevo... O quizá sí. Se acerca cerca, ahora puede ver cómo asciende la energía. No se pierde a lo lejos, en dirección a las ciudades, en busca de los grandes centros de expolio. Curiosamente, describe un arco que vuelve a caer cerca del pequeño núcleo urbano. Parece haber alguna propiedad cerrada. Al fondo, tras los viñedos. Un muro de piedra, quizá. Árboles grandes y añosos. Una finca...
Algún cacique local, supone. Nunca ha visto uno con tanto poder. Y lleva años recorriendo los caminos... El arco empieza y termina en la misma comarca. No distingue ninguna pérdida que escape hacia otra parte. Da la impresión de que toda la esencia áurea termina en la finca y ésta, a su vez, no es tributaria de ninguna otra autopista de luz. Quizá está demasiado lejos para verlo. Es extraño. Incluso los fuertes entre los fuertes deben pagar peaje.
Le intriga, pero tiene otras prioridades. Debe alimentar su propio cuerpo. De alguna forma él también es un parásito, no puede vivir del aire. Se prepara. Detiene la camioneta a la entrada del pueblo. Debe hacerse a la idea. El plan es simple. Entrar al colmado y comprar provisiones.
Según cómo lo vea, tanteará el tema laboral. Los ahorros se agotan. Por mucho que trate de estirarlos, no darán mucho más de sí. El combustible no es barato...
Avanza de nuevo. Busca un sitio lo más cercano a la puerta de la tienda. Prefiere tener la camioneta a la vista, le da seguridad. Apaga el motor, inspira y sale. Aparta la cortina y entra en la tienda, con las mandíbulas en tensión.
Que no haya mucha gente, por favor...
Hay suerte, da la impresión. El local es pequeño y no hay nadie a la vista. Ni siquiera un dependiente. Si pudiera servirse él mismo, dejar el dinero y largarse... Una voz cansada llega desde el fondo, ahogada por una cortina pesada que cierra el umbral de la trastienda. Suena a mujer joven.
Ya sale, dice. No va a librarse de ver el triste espectáculo, entonces... Puede ganar tiempo. Reducirlo al mínimo. Se da la vuelta en cuanto se mueve la cortina. Empieza a servirse por su cuenta.
—Tranquila, cojo lo que necesito.
—No es molestia, para eso estoy.
La voz es agradable, tentadora. Niega con la mano, de espaldas. Ella no insiste. Harina, aceite... Lo más básico y a salir pitando. Empieza a ponerse nervioso antes de tiempo. Ya debería estar acostumbrado. Y sin embargo...
Los brazos ya no pueden cargar más. Hora de irse. Agacha la cabeza. La vista fija en el suelo, esa es la consigna. Comienza a darse la vuelta para ir al mostrador y pagar. De ahí, a la camioneta. Luego, conducir hasta algún descampado y parar para cambiarse. Sólo puede pensar en quitarse la camiseta, pringosa de miedo y ansiedad.
No puede completar el giro. Unas manos amables se posan con suavidad en los brazos agarrotados y los liberan de alguno de los artículos. Él no se resiste. Agradece el breve contacto y el gesto. Su vida de ermitaño prófugo no es fácil.
Demasiado solitaria.
El olor a jabón y a piel limpia de mujer le afecta de tal manera que no puede evitar levantar la cabeza. Sabe que no debe, pero necesita verla. Sólo un momento. Las manos largas y delicadas. Un mundo de curvas suaves encerradas en la bata de loneta azul.
Entonces, empieza. La luz que la rodea y...
De golpe, agacha la cabeza de nuevo. Ella se aleja hacia el mostrador. Debe pensar que es un tipo raro. La sigue. Intenta controlarse. No levanta vista. Paga y se da la vuelta, con una bolsa en la mano y el ánimo por los suelos. Antes de salir, se detiene. Sabe que no debe, aunque es incapaz de resistirse. Pagará el precio. Seguro que ella sonríe. Quiere sentir la sonrisa de una mujer en su corazón. Por favor, sólo un instante...
—¿Se le olvida algo?
La voz sigue sonando cansada. Él sabe por qué. Aun así, en sus oídos resuena como la melodía más dulce que ha escuchado jamás. Alimenta su alma, también. Derrotado se gira y levanta la vista.
Ahí está. Delicada y bien formada, joven y atractiva, incluso en ropa de trabajo. Le mira y sonríe con suavidad. Lo sabía, sabía que estaba sonriendo... Por detrás también es hermosa. La luz que la rodea es colorida y alegre, parece una flor. Una margarita hecha de aire y luz la rodea. Enmarca su precioso rostro.
Y revoloteando sobre su aura, la sombra. El parásito que succiona y envía lejos su esencia, hacia el cielo... Lo intenta. Es tarde, ya. Sabe que no va a poder dejar de mirar hasta que se muestre. Además, no quiere. La chica es guapa y no quiere renunciar a verla. Está harto.
La mancha detiene su deambular. Nota algo. Al que la mira, claro. A él. Ahora comienza lo bueno... La flor se oscurece. La sonrisa se apaga un poco. El rostro femenino está un poco más pálido ahora. También nota algo, no sabe qué. Ve el rostro de él, cada vez más serio. En tensión.
Él se maravilla una vez más del irónico y despiadado horror que muestran las criaturas. El aura de la chica es como una flor. El parásito se muestra entonces como un insecto, claro. Repulsivo y horrible. La belleza y el colorido que lo alimentan aún lo hacen parecer más aterrador. Crece y engorda, cada vez más definido y maligno. Le busca a él. La flor mengua y se marchita, la chica palidece. Se apoya en el mostrador.
Él no puede ayudarla. Tiene sus propios problemas. Sabe que el ladrón le busca. Siempre es así. Rastrean sin encontrar... No sabe por qué. Siempre ha sido así. Así era con su padre. Él también está limpio. O lo estaba. Y los malditos bastardos se dan cuenta. Notan cerca un manantial fresco y limpio, lleno de energía. Sin nadie bebiendo de él.
Se excitan. Alargan sus cuerpos etéreos. Rebuscan por todas partes, pero no encuentran. Ve al insecto hecho de aire y sombra volar hacia él. Le atraviesa. Regresa. Le rodea. El sudor le corre como un arroyo viscoso por la espalda. Las rodillas se quejan.No va a poderlo soportar mucho más. Sabe que la maldita criatura se dará por vencida antes o después; pero eso, a su miedo le da igual.

Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace más de 4 años

@danduay Lo he leído, he parado, he releído. Cada vez me da más miedo.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

¡Ja, ja ja! Me alegro, @Sixto_GS de eso se trata... Gracias por tu voto y por tu comentario.

CERNUDA
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Interesante, aunque el título igual nos dice demasiado. Habrá que esperar para ver si es así. Suerte.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu comentario @CERNUDA quizá tengas razón, sí. O quizá no...

Maria_
Rango9 Nivel 40
hace más de 4 años

Es rara tú historia, pero me gusta.

PedroSuarez_80
Rango12 Nivel 55
hace más de 4 años

Espeluznante @danduay Muy bien llevado, me gusta mucho tu creatividad. Aprendiendo de ti para mejorar mi escrito. Te Felicito, veamos que viene en tu tercera caja. Cuenta con todo mi apoyo.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias @Maria_ . Quién sabe si la historia será más o menos rara a medida que avance..

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu comentario, @PedroSuarez_80 . Espero no defraudarte si la historia sigue adelante

Mar52
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

La vedad es que te deja en tensión. Espero seguir leyendo más. Un saludo y mucha suerte.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias a todos los que habéis hecho posible que el relato siga adelante. Espero que esta nueva parte no defraude vuestras espectativas. Sigo pasando las noches en vela, transcribiendo sin descanso los desvaríos que me llegan en forma de golpeteo suave y frenético...

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

@danduay peque-ño, Force-jeo, suena un poco raro, ¿no serán pequeño y forcejeo? :) Me gusta como despliegas tus batallones en el tablero, sabes jugar tus cartas. Dejas la intriga como hacía Agatha Christie en cada final de capitulo, en su punto de ebullición máximo. Buen relato, maestro. :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Fallo del corta pega, @the_one_eyed . Me di cuenta cuando subía la tercera caja. Voy a corregirlo, gracias.

Lightning
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 4 años

me emocioné, es relmente aterrador, pero así me gustan

Marian_Sanoja
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 4 años

menos mal es de día. muy buena la historia.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me alegro que te guste, @Lightning . El sudor frío sabe mejor en la solitaria oscuridad de la noche, @Marian_Sanoja . Pruébalo si quieres, gracias por tu valoración.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me temo que he tenido que redistribuir el texto para aprovechar el espacio. Desconocía que las cajas tenían un límite máximo y me temo que voy a necesitarlo todo. Si no, con tanto punto y tanta raya no va a entrar todo. Así que, los que seguís la historia, tendréis que retroceder un poco para no perderos nada. Disculpad las molestias, por favor.


#3

Los policías son amables. Le miran con compasión, sin embargo unas golosinas y palabras amables no sustituyen a un padre. Pregunta y pregunta por él. Nadie responde lo que quiere oír. Aburrimiento y cansancio vencen, al fin.
Despertar en un banco duro no es agradable. Sobre todo si es para que alguien que no conoces te lleve a un lugar que no sabes dónde está, para esperar a no se sabe qué, hasta que pase no se sabe cuánto tiempo. Así una y otra vez, de una institución a otra. De unos padres de pega a otros. Siempre igual, hasta la náusea. Hasta la asfixia.
Salta como un muelle y aspira por la boca con ansiedad. Un sonido hosco y reseco responde a su demanda. El aire pasa con dificultad, como atrapado entre lija y madera seca. Mira a su alrededor. Las sienes laten desbocadas. Es de día. Está tumbado en una cama. En un cuarto. Una alcoba, más bien. Le parece que la palabra se ajusta mejor a un dormitorio antiguo. No a la moda “vintage”. La estancia es vieja, sin más.
Limpia, eso sí. Huele a jabón. Como la chica de la tienda... Comienza a recordar. Supone que no ha podido soportarlo. Le sucede a veces. El horror es demasiado vívido en ocasiones. La forma demasiado malévola o insistente.
El despertar no siempre es tan agradable, entre sábanas suaves y perfumadas. La gente no suele ser tan comprensiva. Sobre todo cuando alguien con aspecto de pordiosero se desmaya en medio de la calle con la mirada perdida y la garganta bramando enloquecida por el terror. A veces los esfínteres se relajan, también...
Sobresaltado, deshace la cama y se levanta. ¿Le habrá pasado esta vez? No soportaría la idea de haberse ensuciado delante de la dependienta. Una sonrisa salvaje le cruza la cara. En medio de semejante locura lo que más le preocupa es una nimiedad...
Por lo menos la cama está limpia, aunque puede haberse manchado antes. De hecho lleva un pijama que no sabe de dónde ha salido. Su ropa está doblada y limpia sobre una mesa.
Y seca. Han pasado horas, seguramente habrá unido el desmayo matutino con un estado comatoso hasta la noche. El cuerpo no descansa igual en una camioneta que en una cama, siempre le da la sensación de andar falto de sueño... Debe haber recuperado una buena porción de horas. Ahora se siente bien. Hambriento. ¿Quién lo habrá llevado hasta allí?
Se viste despacio. Tiene preguntas, pero no quiere respuestas. Lo que desea es salir de allí sin ver a nadie más. Su bolsa de comida también está en el cuarto. Quizá pueda escabullirse hasta la camioneta sin malos encuentros en el camino.
Mira hacia la calle con precaución, apartando un poco el visillo. Lo justo para poder ver la calle. Lo que tiene delante no le dice nada, la camioneta no puede verse desde aquí. Supone que la habitación está justo encima de la tienda, las casas de pueblo suelen ser así.
Camina con precaución hacia la puerta. Va a ser difícil pasar desapercibido. Da la sensación de que todo cruje a su alrededor. Seguro que la puerta chirría como un demonio. Vaya, pues no: está bien engrasada.
Lo que no hay forma de silenciar son los escalones. La madera resuena igual que un tambor ceremonial en una caverna. Aun así, sigue avanzando despacio. Las escaleras le llevan hasta el zaguán. Vacío. Igual hay suerte.
La puerta de la calle a su izquierda. Adelante.
— ¿Va a ir sin despedirse?
Por el rabillo del ojo adivina la cocina. Amplia y grande. Puede ver a alguien sentado frente a la lumbre. Un hombre de edad, seguramente. El que ha hablado. Ve la luz del día ante sí. La salida.
La vergüenza puede más. Es curioso, piensa. Las emociones más primarias tienen relaciones complicadas entre sí. En ocasiones, el miedo vence. En otras, la atracción sexual. Ahora, sin embargo, el bochorno de no mostrarse agradecido ante quienes le han ayudado, gana la partida.
Hará de tripas corazón. Puede controlarlo. Lo ha hecho otras veces. Con los ancianos suele ser más fácil. Tienen menos energía que robar. Los parásitos suelen ser más débiles. Incluso han desaparecido, si presienten el final. Supone que no quieren estar cerca cuando la última chispa regresa al origen o se esfuma para siempre. Algo deben temer, ellos también. Si supiera qué es. Si fuera capaz de plantarles cara... Suspira y se dirige a la cocina.
— No quería molestarles más.
El anciano no contesta y señala con un gesto una silla a su lado. Todavía aparenta vigor, aunque es sólo un recuerdo: ya se adivina la cercanía del fin a su espalda. El aura parece de un solo color, terroso. Se extiende tras de sí como un tronco de formas imprecisas y oscilantes. Tembloroso... Mutilado en varios lugares. Una o dos ramas todavía vivas oscilan despacio, despacio... Poco van a sacar de este hombre ya, piensa.
Aunque no le han abandonado del todo.
Puede ver un muñón emborronado y oscuro que todavía bombea una finísima hebra de luz. Malditos rácanos. Exprimiendo hasta la última gota... La criatura parece en estado latente. No desperdiciará sus últimas energías en despertar.
Eso le da ánimos y se sienta, agradecido y relajado. Frente a la lumbre se está bien. La cocina es como las de antes y el anciano que le acoge, igual: de otra época. No tiene prisa, no le atosiga con preguntas indiscretas. La conversación fluye sin que ninguno de los dos la fuerce. Uno se interesa por la vida del pueblo, la cosecha. El otro por la camioneta, la vida errante...
Él sabe que el anciano es un buen hombre. No le hace falta leerle el aura para saberlo. Ha trabajado toda su vida y se le nota. No es un gorrón como esa maldita pulpa nauseabunda que bombea su energía vital sin descanso, para que otro aprovechado la disfrute sin merecerlo. Le gustaría contárselo. Tiene derecho a saber la verdad. Todos deberían conocerla. Aunque, para qué... qué iban a hacer.
Y nadie le creería. El anciano ni siquiera iba a entenderle. En vez de decirle que la camioneta necesita un buen repaso querría contarle que unos pocos se aprovechan de la mayoría. No podría explicarle cómo; pero sabe que es así. Lo ve. Los bichos sorbiendo y resoplando... Bombeando constantemente la energía, robada, que desaparece en las alturas y vuelve a caer en tromba sobre unos pocos privilegiados.
No entiende cómo ni por qué. Sólo, que pasa en todas partes. Cuando alguien se siente débil, enfermo, triste... otro engorda a su costa. Viajan en coches caros. Salen por televisión. Cualquiera puede distinguirlos, no hace falta ver lo que él ve. Todas las personas que poseen más de lo que pueden disfrutar, los que ganan más dinero del que pueden gastar, quienes se aprovechan del trabajo de otros...
¿Cómo iba a explicarle que todos estos aprovechados, no tienen aura propia? A su alrededor sólo se extiende un vacío ávido y oscuro que absorbe y absorbe sin parar ni saciarse nunca. Sólo sus caras ahítas y orgullosas parecen satisfechas. Sonríen y se sienten seguras. A salvo.
Pero qué le va a contar a este hombre de campo, si él mismo tiene más preguntas que respuestas... Bastante anormal debe parecerle ya que un forastero aparezca en este lugar perdido y se desmaye en su tienda. A ver quién le cuenta que tiene un aura (“¿una... qué?”). Y un ente fantasmal la absorbe, la manda no se sabe dónde y algún gorrón rico y famoso se aprovecha de ella...
Casi hasta le dan ganas de sonreír. Perdido en sus pensamientos apenas se da cuenta de que la conversación decae y el anciano comienza a cabecear. Se está bien, al calor del fuego. También él dormiría bien a gusto al abrigo, sin embargo la carretera le espera. Le da pena no darle las gracias a la chica de la tienda. Un último vistazo al bulto deforme y etéreo. El parásito también parece dormir. Ojalá pudiera reventarlo a patadas...
Entonces, algo cambia. La finísima y sutil hebra de energía que la mancha extrae del anciano, se agita. Vibra como una cuerda de guitarra. Se detiene tan rápido como ha empezado a moverse. Una diminuta burbuja comienza a formarse entonces. Le da la impresión de que el hilo áureo exuda algún tipo de fluido. No recuerda haber visto nada parecido jamás. El globo se oscurece y crece. Gira hacia los lados. Le recuerda al movimiento de los radares de los barcos.
Nota cómo el terror se vuelca en su corazón, una cascada negra y amarga lo ahoga de golpe: sea lo que sea, “eso” le busca. De súbito, la burbuja se contrae. La imperiosa orden parece despertar al muñón residente de su sueño. El parásito se hincha con violencia, como pillado en una falta. Él se siente desfallecer. Por favor, otra vez no...
El anciano despierta entonces, tosiendo y resollando. El parásito ha exigido demasiado a las minadas fuerzas del cuerpo envejecido. Demasiada energía extraída de una sola vez... La burbuja estalla y se desvanece en la nada, el fantasmal inquilino se recoge sobre sí mismo. Da la impresión de que trata de agarrarse con desesperación al gastado tronco etéreo, temeroso de que se rompa antes de tiempo.
Él mira la forma oscura con desprecio e intenta ayudar con un vaso de agua. Las manos trabajadas por el campo niegan y señalan una alacena. Hay miedo en esas manos. Más del que produce una simple tos. Rebusca y encuentra: la medicina milagrosa. Las pastillas que permitirán al cansado corazón trabajar un rato más. Entrega una al rostro congestionado, que cierra los ojos y espera a que la química obre el milagro. El ladrón, agazapado y cada vez más pequeño parece rezar, también.
En la soledad de la noche, piensa. Ha dormido bastante más de lo que acostumbra y ahora está desvelado. Tiene motivos. Rememora una y otra vez la imagen de la burbuja. La ve en su mente como una flema infecta, amorfa y llena de aire, oscilando de lado a lado. ¿Qué era?
Se da cuenta de que, en el fondo, sabe muy poco de esos seres. Casi nada, en realidad. Siempre ha procurado no fijarse en ellos, pasar desapercibido. De esa forma pierden interés y dejan de buscarle. O eso había pasado hasta ahora.
El nauseabundo esputo parecía algo distinto. Surgió de la nada. Bueno, de la esencia áurea que escapaba del anciano.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias por tu apoyo y por el comentario, @marcelacay . Acepto la crítica, pero no tengamos prisa. Imagínate si la tuviera yo, que voy raya-punto punto-raya transcribiendo... Golpecito a golpecito. Letra a letra, línea a línea, hora tras hora en estas noches largas y desquiciantes...

PedroSuarez_80
Rango12 Nivel 55
hace más de 4 años

Es impresionante como logras mantener el hilo de todas las metáforas.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 4 años

! Este relato no tiene desperdicio ! . ! Está genial ! .

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Me alegra que te guste, @SEXYLOVER122 . Espero poder seguir adelante y que lo que sigue no te defraude.

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

pero eso, al su miedo le da igual..., será "a su miedo…" Bueno, bueno, muy largo. Se me he hecho muy extenso. La historia cada vez me recuerda más al estilo de Stephen King, eso es bueno, es un estilo muy personal. Supongo que tenéis ciertas diferencias de estilo, pero va en esa onda. ¿Lees mucho a Stephen King? Me gusta como explicas todo con pelos y señales, pero quizás te entretienes demasiado en eso, piensa que esto no es una novela, aquí la gente se cansa rápido. Por lo demás, es magnifica, está cargada de una tensión arrolladora, la historia te atrapa y no te suelta (como te digo, es muy King). Un saludo, @danduay :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Vaya, está visto que si esto sigue adelante voy a tener que repasar mejor el texto, ja ja ja. Gracias de nuevo @the_one_eyed , por la minuciosidad de tu lectura y tu crítica sincera. Tienes razón, fallo tipográfico, lo corrijo. Hace años tuve una larga "temporada de lectura monográfica Stephen King", aunque me "desenganché" hace tiempo. Supongo que algo habrá quedado como poso. La verdad, no pensé nunca que nadie me iba a comparar con semejante maestro, menudo halago. ¡Ójala fuera mi cuenta corriente la que se pareciera a la suya y no mi estilo al escribir! ja ja ja... Sobre la extensión y los detalles, tienes razón; pero es que este relato es así. Debo correr el riesgo y ser fiel al estilo y al contenido, tal y como me ha llegado punto a punto. Raya a raya.

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

Era un simple consejo, pero no me hagas caso. Me gusta mucho la historia, me ha recordado a "La Invasión de los Ultracuerpos", sip. Y esa no es de King, también me ha recordado a otra gran novela de ciencia ficción, "El día de los Trifidos ", seguro que te suenan ambas, @danduay :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Y qué buenos ratos me han hecho pasar las dos, cada una en su estilo. Ya me hubiera gustado escribirlas a mí, ya... "La invasión" clásica la vi de pequeño y me "acongojó vivo" ja ja ja. La otra la he leído recientemente y la disfruté un montón, la verdad. ¿No serás psicoanalista, no? Es broma. La verdad es que no me había dado cuenta, pero sí que debo reconocer un montón de influencias. ¡Gracias a los buenos maestros!

_SH
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

Pero que me haz dejado sin aliento. Vaya señor relato. Creo que hasta ahora, ninguno me habia encantado, asustado, fascinado y puesto los pelos de punta como éste. Créeme si te digo que quiero seguir leyendote, no solo este relato, sino todo lo que tengas para darme, sere tu parásito y te succionaré todas las letras que pueda.

Apuesto por tus puntos y por tus rayas. Se que a mi madre le fascinará tambien.

Un abrazo.

_SH
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

Pero que me haz dejado sin aliento. Vaya señor relato. Creo que hasta ahora, ninguno me habia encantado, asustado, fascinado y puesto los pelos de punta como éste. Créeme si te digo que quiero seguir leyendote, no solo este relato, sino todo lo que tengas para darme, sere tu parásito y te succionaré todas las letras que pueda.

Apuesto por tus puntos y por tus rayas. Se que a mi madre le fascinará tambien.

Un abrazo.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Gracias @_SH por tu entusiasmo. Me alegra un montón que te guste tanto. Espero que no sorbas demasiado, que tengo pocas carnes, ja ja ja.

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 4 años

Si bien es cierto que la descripción quizá se pueda acortar, no es menos cierto que lo etéreo a decribir, o el miedo, cuesta, por lo que yo la dejaría tal y como está, pues puede identificarse como estilo de [email protected] o como estilo propio de este relato. Es una buena historia. Adelante.
Por mi parte, acabo de subir la #3. Si gustas sabes donde está. Un saludo!

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

No había caído en lo de la sinestesia, buena apreciación, @LaMiradadeMAM , sí. Desconocía el concepto hasta hace un año o dos y me sorprendió saber que podía pasar algo así. Gracias por tu aportación.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias por el comentario, @Rurba_741 . Me pasaré por tu caja. Por aportar mi opinión sobre el tema de las descripciones: desde mi punto de vista, forman parte de la acción. Son la acción misma, de hecho. Diría casi que son descripciones narrativas, "descriacción", si me permitís. En cualquier caso, si se hacen largas, imaginaros lo largas que se les hacen a las personas que las sufren en sus propias carnes. Punto a punto, raya a raya...

Mish
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 4 años

Muuuy buen relato, me encantó, te dejo mi voto. Ojalá pases a la siguiente ronda :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias, @Mish . Buena suerte para ti también: tu relato la merece.

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Me recuerda al rollo babosas espaciales de Futurama, en versión terror. Me gusta :). Mi crítica gratuita, que pienso que en un género como el terror -al menos tan difícil como el humor-, creo que si el lector no comprende el miedo del personaje, con el que se supone tiene que empatizar, en este caso, hace falta comprender porqué el personaje teme mirar a la chica. No me queda claro el daño que le causa sólo por mirarla, el porqué del mismo vaya. Y creo que eso me estropea un poco el rollete terror.

El concepto me gusta mucho, y su ejecución me parece bastante buena. Like al canto :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias por tu comentario, @Nexus_7 . El protagonista teme mirar a la chica porque sabe que detrás de ella va a encontrar algo que no quiere ver. Algo oscuro y amenazante que no debería estar ahí, pero está.

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

@danduay tal vez lo que me ha confundido es que, en mi opinión, el prota ya debería estar aburrido de ver esas cosas tras la gente. Lleva toda la vida viéndolas y o bien ya estaría acostumbrado, o bien enloquecido (en mi opinión de experto terrorólogo, claro está). Cuando leí la última parte, pensé que el temor a mirar era que la chica le gustaba, pero que además al hacerlo de alguna manera la criatura pegada a ella le haría más daño al ser vista. Y ese porqué sin respuesta fue el que me fastidió un poco el rollo. Aunque claro está, he podido interpretarlo mal.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Tus comentarios son atinados, @Nexus_7 . Igual adelanto un poco, pero el protagonista ha sido incapaz de superar su miedo y desconoce cómo actúan las criaturas. No tiene la seguridad de que él mismo no lleve una tras de sí. Y, si no la lleva, le aterra la posibilidad de que las que ve en otros decidan cambiar de huésped. Por eso pasa la vida aislado, mirando al suelo. Lógicamente, tal aislamiento traslada el miedo a las criaturas, a todo lo demás. A la relación con los demás, especialmente.

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

@danduay Mmmm ahí veo un par de cosas: (oye, por rallar del tema eh? jejejeje)
1) Estas criaturas, o se ven a través de espejos, cámaras, móviles u otros dispositivos, o no se ven (o a través de unos sí, pero de otros no). Si se ven, el personaje ya ha salido de dudas sobre si tiene uno o no. Y si no se ven (y entiendo que no, porque si no ya no tendría dudas), entonces el personaje ya tiene una forma de mirar a las personas sin tanto temor. Podría complicarse un poco más, si -tanto si se ven como si no- esas criaturas reaccionan a ser miradas -aunque no vistas-.

2) En la historia se entiende que el personaje y su padre pueden ver a esas criaturas (y que de alguna forma éstas se sienten detectadas y se "agitan" por decir algo), y que además son, de algún modo, difíciles de detectar por estos bichos ¿Se supone que no pueden ver a sus propios bichos? Ese punto no queda claro, como tampoco si su padre tenía o no bicho, cosa que probablemente tenga influencia en la historia y el miedo del protagonista... digo yo.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Estimado @Nexus_7 : hay miedos que no se llegan a superar en toda una vida (tanto en la vida real como en los relatos). También hay textos (y muchas otras cosas) que resultan mejor si son ambiguos, borrosos y poco definidos. Es mejor no intentar desmenuzarlos al detalle, limpiarlos hasta dejarlos brillantes y diáfanos, porque pierden parte del atractivo que pudieran tener. Con esto no quiero coartar tus comentarios, al contrario. Me halaga la minuciosidad con la que diseccionas el texto. Gracias por el trabajo que te tomas. Parte del encanto de escribir, creo, es que los lectores siempre enriquecen los textos con interpretaciones que van más allá (mucho más alla, en ocasiones) de las aspiraciones que tenía en un principio el escritor.

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

@danduay bueno, espero haberte sido de ayuda. Creo que también he olvidado desearte suerte y mencionar que a la que salga la siguiente caja (el 30, espero :)) me encantará leerla.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias, @Nexus_7 . Espero no defraudarte si esto sigue adelante.

Robe_Ferrer
Rango7 Nivel 32
hace alrededor de 4 años

Magnifica estructura, magnífica puntuación y magnífica ortografía.
Al principio me parecía una obra de terror-comedia, pero luego se me ha ido quitando esa sensación. Es una buena obra.
Visita mi Biohazard, también es de terror, pero de diferente estilo.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias por tu valoración y por tu comentario, @Robe_Ferrer . Me gusta tu historia, manejas bien la tensión narrativa y el ritmo, ¡buena suerte! ¿Qué tendrán las historias de zombis que nos gustan tanto?

JM18
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 4 años

Me ha parecido interesante tu historia, tiene ese toque a leyenda urbana que llama la atención... Te dejo mi like!

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me alegra que te guste, @Iota18 . Interesante, tu percepción, sí...

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace alrededor de 4 años

Pues no, más bien vengo del mundo del diseño, amigo @danduay. Ahora he visto ese comentario. Jajajaja :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me temo que he tenido que redistribuir el texto para aprovechar el espacio. Desconocía que las cajas tenían un límite máximo y me temo que voy a necesitarlo todo. Si no, con tanto punto y tanta raya no va a entrar todo. Así que, los que seguís la historia, tendréis que retroceder un poco para no perderos nada. Disculpad las molestias, por favor.


#4

El recuerdo es impreciso. Intenta escarbar en su mente. ¿Qué ha visto exactamente? El esfuerzo termina por cansarle, el sueño lo arrastra suavemente hacia el blando colchón. Se resiste.
Los ojos entreabiertos le muestran el techo. Por mucho que se limpie es difícil mantener las esquinas a salvo de arañas en una casa de pueblo. Una de ellas teje y teje. Se descuelga y oscila. La imagen le llega poderosa, clara y diáfana. La burbuja ha hecho lo mismo. Se ha descolgado del aura. Lo ve claro ahora. Luego se ha hinchado, con la energía que le llegaba del anciano.
Venía de fuera, del otro lado de la línea de poder. De la finca que hay en la distancia. Si al llegar no le engañaron sus ojos, toda la energía del pueblo tributaba hacia allí.
¿Qué demonios era aquel maldito escupitajo? Otra vez más preguntas que respuestas, pero se nota distinto. Hasta este momento se había contentado con huir y esconderse. Evitar a la gente para no tener que verles a ellos. Lo que ha presenciado hace un rato le hace reflexionar.
No es sólo la fantasmal burbuja. El muñón residente... Realmente le dio la sensación de que el maldito bicho tenía miedo. Por primera vez en su vida cree haber presenciado un momento de debilidad. Después de todo, ¿qué pasa con los parásitos cuando el ser humano del que se alimentan muere?
Ha visto cadáveres más de una vez. No hay nada allí. La vida ha desaparecido, sin esencia que chupar, tampoco hay ladrones cerca. Lo que no ha visto nunca es el momento mismo de la muerte. ¿Qué ocurre entonces? ¿El último hilo de energía se desvanece en el infinito? ¿Lo aprovecha algún vividor, desparramado en su gran mansión?
Quizá la sombra residente se agarra a él como un clavo ardiente y parasita el alma del difunto durante toda la eternidad... Semejante pensamiento le aterra, tirita convulsamente bajo la manta.
No... Hace un rato ha observado al ente de otra forma. Como si fuera humano. Cree que ahora los comprende mejor. Sigue sin saber gran cosa de ellos, pero duda de que tengan semejante poder. Más bien le parece que el bicho simplemente morirá, cuando desaparezca su despensa. En todo caso, quizá pueda seguir agarrado al último hálito humano y escapar hacia las alturas, como una araña que se cuelga de su tela y echa a volar, en busca de una nueva fuente de vida.
La imagen le desagrada y se revuelve en la cama con furia, deshaciéndola. Ahora tiene calor. Los gastados muelles se quejan. Él no se da cuenta de que el suelo también cruje bajo la cama. Nota las arrugas de las sábanas clavándosele en la espalda. La tela del suave pijama empiezan a picarle por todo el cuerpo. Su mente juega con él en la penumbra de la noche. Le muestra una maraña de piojos invisibles volando a merced del viento, por todas partes. Agrupándose en nubes negras y amenazantes sobre las ciudades, acechando. Esperando su oportunidad para descolgarse y esclavizar a un nuevo ser humano.
A él.
Su agarrotado estómago se queja y comienza a formar un gruñido que lucha por escapar hacia la boca, en forma de aullido rabioso y bronco. Lucha y se resiste. Abre los ojos. La araña del techo ha desaparecido. Cree tenerla en la cara. ¡Sobre los ojos!
A duras penas consigue contener el aullido que escapa de garganta, transformándolo en un gemido lúgubre. Se incorpora. Oye pasos ligeros por el pasillo. Maldita sea, ha despertado a alguien.
Unos golpecitos suenan en la puerta. Muy bajito, como si temieran despertar al que no puede dormir. Él se levanta y abre. La mujer de la tienda. Envuelta en una bata de andar, despeinada y con cara de sueño, sigue pareciéndole atractiva.
Le conmueve su consideración. En las manos lleva una bandeja con leche y galletas. Para ayudarle a dormir, dice. Pasa y deja la bandeja sobre la mesa, con gracia y dulzura. Ni siquiera hace crujir el suelo cuando cruza la habitación. A su espalda, su aura se muestra ahora en forma de capullo. Una delicado brote recogido sobre sí mismo, como si durmiera. Bajo las primorosas hojas que lo cierran, un bulto que también da la impresión de descansar... Ojalá pudiera extraer el quiste y aplastarlo bajo sus pies.
Ella le da las gracias por haber ayudado al abuelo cuando ella estaba en la tienda. Está delicado. Vive de milagro, cualquier sofoco puede ser el último. Se contiene, aunque él puede ver que la chica se emociona. El aura no engaña, aunque esté dormida. Él le devuelve la cortesía. No hay de qué, es él quien debe estar agradecido. Espera no haber causado molestias. Mañana mismo se marcha. Está sólo de paso. Buscando trabajo, siempre de un lado a otro.
La chica coge la frase al vuelo, le pilla desprevenido. En un pueblo nunca faltan cosas que hacer. Ella misma, entre la tienda y la huerta, apenas da abasto. Y está el abuelo, además... Ellos no pueden permitirse emplear a nadie, pero en la Casa Grande siempre están a deseo de contratar a mozos jóvenes y saludables.
Él la ve animarse conforme habla y no se le escapa cómo el aletargado capullo comienza a florecer. Y el nebuloso quiste, a bombear desde su interior... Corta la conversación en seco, agradece de nuevo y pide quedarse solo, todos necesitan descansar. Nota en su interior la decepción de quien se ha portado tan bien con él, pero prefiere ser descortés a volver a enfrentarse a ellos.
De nuevo solo, lamenta profundamente haberla herido con su brusquedad. Tanto, que pasa la noche en vela. Tiene cuidado esta vez de no revolverse en el viejo camastro, aunque los ruidos que le llegan desde otro cuarto le informan de que no es el único que vela. Ella tampoco duerme. Maldice una vez más a las criaturas que le amargan la vida. Después se da cuenta de su egoísmo. ¿Cómo puede quejarse? Por lo menos él está limpio.
O eso supone. Hace tiempo que su padre no está con él para confirmárselo, desde aquella última vez que le guiñó el ojo. Nunca ha podido ver su propia imagen espectral. No se refleja en los espejos, ni la capta ningún dispositivo electrónico. Que él conozca, al menos. Echa de menos los guiños cómplices, sin embargo no le dicen nada que no sepa, en realidad. Lo nota. Nunca le falta energía. No depende de nadie. Vive a salto de mata, libre y sin ataduras. Cree que si no estuviera limpio, los espectros ladrones no le buscarían con tanto afán.
Es curioso... Ahora que lo piensa, su padre nunca le dijo cómo era su propia imagen áurea. Qué forma tenía, qué colores... Tampoco recuerda con claridad cómo era la esencia de él. No es capaz de visualizarla en su memoria, por mucho que lo intenta. La luz de la aurora comienza a colarse entre las viejas persianas. Será mejor levantarse y largarse de una vez. Otra vez huir sin despedirse. Dejar gente buena detrás, sin ser capaz de hacer nada por ellos.
Engulle la leche y las galletas a toda velocidad. Aun así tiene tiempo para darse cuenta de lo ricas que están. Tienen toda la pinta de ser caseras... Se permite un último momento de dicha antes de escabullirse como un ladrón. Deja que su imaginación se desboque mostrándole una existencia plácida en aquella casa, con la mujer que lo ha acogido. Trabajando en el campo, ayudando en la tienda. En un hogar, compartiendo mesa. Y cama, con el tiempo. Formando una familia...
Alguien trasteando en la despensa le saca de su idílica ensoñación. Suelta una maldición en voz baja. Se ha despistado, ahora no va a tener más remedio que despedirse. Y esas malditas abominaciones estarán despiertas, bien despiertas. Buscándole. Acechando...
En la cocina, ella le sonríe y le ofrece café. Tiene ojeras. Aun así, se afana sin quejarse para dejar la comida preparada. Luego no tiene tiempo. Él la observa moverse con gracia, aunque no disfruta. Está demasiado pendiente del oscuro abejorro que da vueltas y vueltas al rededor de la mujer, como si estuviera guardándola. Vigilando lo que es suyo.
Es casi como pudiera oírle zumbar. Amenazante y orgulloso. Desvergonzado...
Tiene la firme voluntad de despedirse y largarse. En vez de eso, se dirige al fregadero. No traga todo lo que debiera. Se ofrece a arreglarlo, por lo menos con la cabeza allí abajo dejará de ver al maldito bicho zumbón. Ella sonríe encantada, agradecida de verdad. Debería haber soltado el sifón hace tiempo para limpiarlo. Es que no le da la vida...
Posa durante un instante la mano sobre la de él. Es sólo un momento, apenas una muestra de agradecimiento. Sin embargo él nota cómo el calor y la bondad de gesto le llega hasta la última célula del cuerpo. La agradable sensación se desvanece en cuanto recuerda la esclavitud a la que está sometida la joven.
Se centra en la tarea. La postura es incómoda y el trabajo ingrato. Eso sí, no ve nada salvo la tubería. Poco le dura la paz. Acaba enseguida: soltar, limpiar y volver a encajar dos piezas.
— Eso es trabajar rápido, sí señor.
El abuelo da los buenos días. No le ha oído bajar, ocupado debajo del fregadero. Antes, también tenía las manos ágiles. Los años no perdonan... Él sabe que no sólo son los años. No dice nada, de todas formas. Qué va a decir.
El anciano se ha levantado de buen humor, parece. Bromea con su nieta. No sería mal partido el mozo éste, no. Sobre todo no teniendo fontanero en el pueblo. Desde que el herrero se mudó a la Casa Grande para trabajar de chófer, nadie se ocupa ya de desatascar cañerías. Quizá podría darse una vuelta también por la escuela. La maestra debe tener algún caño obstruido, con esa cara de alma en pena que lleva a todas partes.
Ella le riñe con suavidad. Aparenta escandalizarse, sin embargo su voz cantarina suena contenta y aliviada. Se alegra de que su abuelo todavía tenga ganas de hacer el tonto. Bajo el fregadero, él se prepara para salir. Nota como el miedo vuelve a anunciar su llegada, un escalofrío le agarrota la nuca. Recuerda qué pasó ayer...
Él no tiene valor para negarse. Ni quiere. Siente el calor de una familia, de personas a su alrededor. Algo que había olvidado. Suspira y coge fuerzas. Antes de levantarse del todo, mira de reojo con precaución. Se pregunta qué acompañará al anciano esta vez.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias a todas las personas que habéis pasado por aquí, haciendo posible que esta historia siga adelante. Punto a punto, raya a raya.

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace alrededor de 4 años

Tienes una pequeña falta: "Un hombre de edad", ¿ahí no falta nada? Luego, "pulpa" puede ser confundido con la pulpa de las frutas, pero es una pequeña observación. Podrías usar sanguijuela, lamprea, garrapata, etc. Me ha gustado el no-final, es un final muy abierto. Deja muchas preguntas en el aire, y también es un poco esperanzador. Ahora que lo pienso, esos bichos resulta que son de la gente con pasta, interesante. Sigo pensando que escribes como King con reminiscencias de los primeros genios de la ciencia ficción en clave de new age. Tiene tirón, y creo que puede ser una gran historia todavía más grande. Un saludo, @danduay.

Ya llegó a su fin el "shock medicamentoso", jajaja.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace alrededor de 4 años

! Sensacional relato ! . ! Te felicito por llegar hasta aquí !. ! Te deseo la mejor de las suertes ! ...

CyanPeople_33
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 4 años

Interesante historia. Tienes mi voto.

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Desde luego tiene gancho :). Digo yo que la seguirás ¿no?

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Hola de nuevo, @the_one_eyed , espero que ese "shock" no deje resaca, ja ja ja. Lo del "hombre de edad" es coloquial, se refiere a "un hombre de cierta edad", entrado en años, digamos. Lo de la "pulpa" va en sentido figurado, por el aspecto "blandurrio" o viscoso. ¡Muy bueno lo de la lamprea! La historia es bastante más larga, espero poder colgarla toda. Igual tengo que redistribuirla desde el principio para que entre.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Perdonad que os responda a los cuatro, pero ando justo de tiempo. Gracias por seguir este relato y por vuestros comentarios, @SEXYLOVER122 , @CyanPeople_33 , @Nexus_7 , @Lightning . Espero poder terminarlo, pero no sé si no me va a dar problemas. Acabo de intentar subir una nueva caja y no me entra. Quizá pruebe a redistribuir las que ya están subidas para tener algo más de espacio, y llenar las siguientes. Romperá un poco el ritmo, pero...

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace alrededor de 4 años

Pues no sé, depende de lo canijo que seas, supongo. Es que lo de la lamprea me suena más a tus robadores de aura, que a una pulpa (que debe ser la hembra del pulpo), me suena más a parásito. Pues la espero con ganas, porque ahora comienza a ponerse muy interesante. Me gustan esos dilemas metafísicos del protagonista, y cómo se cuestiona todo. Es inquietante y jugoso, como una buena novela de King. Aunque ya te dije que tienes algo de los primeros escritores de ciencia ficción, lo de la new age es irremediable, no se puede hablar de aura sin recurrir a la new age. Un saludo, @danduay :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me temo que he tenido que redistribuir el texto para aprovechar el espacio. Desconocía que las cajas tenían un límite máximo y me temo que voy a necesitarlo todo. Si no, con tanto punto y tanta raya no va a entrar todo. Así que, los que seguís la historia, tendréis que retroceder un poco para no perderos nada. Disculpad las molestias, por favor.

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Muy buenas!
1) Gracias mil por aclarar lo de los espejos y los dispositivos. Manías mías, pero no verlo me rallaba xD.
2) digo yo, que si la cuestión espacio está empezando a ser un problema -y parece que con 40K caracteres no te va a llegar :)- ¿qué tal si hacemos un esfuerzo por aguantarnos, intentas resumirlo para llegar a ese número o, si ves que no es posible, continuarla en otro relato aparte una vez hayas llegado al límite de éste? Vamos, yo al menos tengo ganas de saber como acaba la cosa xD.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Hola, @Nexus_7 . Mi intención era dejarlo tal y como lo finalizo en la caja nº 8. No quería resumirlo para mantenerme lo más fiel posible al relato original (registrado en 2014), que espero publicar completo algún día. Tomo nota de tu petición, no quiero dejarte con las ganas. Es posible que siga tu consejo. O que haga una pequeña edición de éste y otros "relatos-morse" por mi cuenta. En cualquier caso, te tendré en cuenta. Un abrazo, compañero...

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Espera, jajajaja, que se ve que pasa algo con la vista móvil del sitio que no había visto que la cosa sigue!. Ya te contaré, al final del día, que me ha parecido la cosa... :)


#5

Alza las cejas y mira. El anciano sonríe complacido como diciendo, “todavía aquí”. Tiene buen aspecto. Él sabe por qué. Puede verlo. El parásito ya no está. La rata abandona el barco a punto de naufragar...
Le entristece saber que la muerte del abuelo está cerca. Al menos disfrutará de sus últimos momentos en plena libertad. Las fuerzas que le queden serán sólo para él de aquí hasta el final. Lógico que se encuentre bien: nadie le gorronea ya. Los parásitos no se arriesgan a quedarse sin suministro de repente. ¿Eso es lo que hacen? ¿Retirarse a sus malditas nubes-albergue, para esperar un nuevo huésped?
Miedo y dudas es todo lo que le traen los parásitos. El aura no engaña, en cambio. Débil y envejecida, la del anciano se muestra limpia, al fin. Un último momento de esplendor antes de apagarse. Toda una vida reflejada en esa carcasa luminosa de aspecto entrañable y añoso, el interior de un tronco hueco en una noche de tempestad...
Se relaja. Disfruta de un segundo desayuno en buena compañía. El abuelo está parlanchín. Batallitas, chismes... La Casa Grande se menciona varias veces. Le da la impresión de que algo más que un cacique rural habita allí.
¿Cuántos años habrán pasado? Ha olvidado la última vez que tuvo un desayuno así. Demasiado tiempo escondiéndose... La acogedora cocina, la cháchara despreocupada. El estómago caliente y relajado; satisfecho. Una alegría lánguida le invade. Quiere quedarse allí, dejar de huir. Olvidar el miedo. ¿Qué ha de hacer, pasarse toda la vida acompañando moribundos? ¿Es la única forma de alejarse de las bestias?
El anciano nota cómo el forastero va encerrándose en sí mismo. Le deja reposar un rato más, ambos en silencio. En cuanto nota el sueño cerca, se levanta. Un paseo les entonará. Hay que hacer sitio para la comida de su nieta. Merecerá la pena llegar con apetito. Además se ha comprometido a llevarle a la escuela. Así cumple y los dos se ganan el convite hoy.
Desganado, él se levanta. Disimula, con una sonrisa. El anciano no tiene por qué participar de su desasosiego. Que sea lo que Dios quiera. En el camino se cruzan con algunos lugareños. Ocupados en sus labores, poca atención les prestan. Tiempo habrá de conocer al forastero. Cotilleos y habladurías ya les han puesto al corriente. Tendrán ocasión de formarse una opinión cuando lo tengan delante. Antes o después pasará por la Sociedad a tomar algo.
Él tampoco se muestra demasiado interesado, por sus propias razones. Demasiados bichos a su alrededor. Aun así no puede evitar sentirse fascinado una vez más por el imaginativo despliegue que la naturaleza ofrece a sus ojos. Las auras se muestran caprichosas y espléndidas, a pesar del abuso al que son sometidas. Abundan las formas y colores vegetales, arbóreas. Supone pues, que la ocupación principal del pueblo es la agricultura, el monte...
En otros lugares, ha tenido tiempo de observar que los cuerpos áureos tienden a reproducir la ocupación de sus dueños; aunque no siempre sucede. Ahora mismo, sin ir más lejos, observa una gloriosa excepción. Uno de los pueblerinos, rústico y hosco, acarrea tras sus anchas espaldas un magnífico cuerpo astral de apariencia arquitectónica. Da la impresión de arrastrar tras de sí una catedral entera, que se pierde a lo lejos en una niebla invisible que la devora poco a poco.
Parece fuera de lugar en este pueblo perdido. Quizá por eso tiene cara de pocos amigos. Es posible que en una gran ciudad, dentro de una buena familia, hubiera triunfado como arquitecto, como constructor. Él se pregunta si las auras muestran el verdadero yo de las personas o si cambian según el entorno o las vivencias de su dueño.
De su dueño legítimo, no de las nauseabundas criaturas que las esclavizan. Debe ser enorme, la bestia ponzoñosa que hace desaparecer en la nada el magnífico templo hecho de luz.
Se vuelve entristecido, no quiere ver más. La escuela aparece frente a ellos enseguida. Nota una palmada del anciano, que le anima a seguir. No hace muchas migas con la maestra, así que le espera en la Sociedad. Hace bien. Que disfrute mientras pueda...
Sigue andando despacio. El edificio no tiene nada de particular: una casa de pueblo con alguna ventana más de lo normal. Lo extraño es lo que sobresale del tejado. En un edificio lleno de niños, él espera ver escapar una enorme porción de luz y color, un arco iris espléndido. Toda una vorágine de energía fresca, recién saqueada de cuerpos jóvenes y saludables. Así es en otros lugares. Aquí, sin embargo, un único hilo se descuelga desde el cielo y entra en el edificio. Entra, no sale. Una gruesa hebra gris parece agitarse y vibrar llevando algo en su interior, transportándolo hacia la escuela. Desconcertado, la sigue con la mirada para ver de dónde viene. Se aleja hasta perderse de vista. Juraría que sale desde la finca. La famosa Casa Grande...
El coro de voces infantiles llega hasta la calle. Sabe que lo va a lamentar, pero ha dado su palabra. Se acerca. La curiosidad vence al miedo, aunque no del todo. Primero, mira por la ventana. El espectáculo es magnífico. Varios grupos de niños, repartidos por edades, ocupados en actividades diversas. En torno a ellos, por todas partes, la maravilla de la vida en todo su esplendor. Un jardín de colores desconocidos y brillantes agrupados en formas imprecisas y cambiantes que se combinan unas con otras en fogonazos de increíble resplandor.
Jamás en la vida ha visto algo tan majestuoso. Embobado, observa tras el cristal el potencial humano en toda su grandeza, sin que la vida lo haya encauzado todavía en formas reconocibles o definidas. Había visto niños antes, pero semejante maravilla... Entonces se da cuenta. Ahora entiende la riqueza del vendaval áureo...
¡No tienen parásitos!
Ninguno de esos seres horribles a la vista, todos los pequeños están limpios. Así se explica el brillo, la luminosidad y riqueza de los colores. Las formas dinámicas y vigorosas que se mueven y danzan en torno a la chiquillería.
No lo comprende... Todos los adultos que ha visto en el pueblo llevan la infecta carga a cuestas. Y si...
Confuso y esperanzado se despega de la ventana. ¿Será posible que haya más personas como él? Aturdido, entra de sopetón, sin llamar. Lo que aparece ante sus ojos congela la sonrisa apenas esbozada de su rostro, que toma el color del cartón viejo. El aliento rechaza entrar en sus pulmones. Nota cómo la sangre enloquece dentro de sus oídos y lucha por escapar, aplastando su cabeza.
Intenta desviar la vista; es incapaz. Se da cuenta de que los niños miran extrañados su cara de terror. No ven lo que él ve. Ignoran lo que hay en el techo. Por toda la estructura. Acechando, espiando. Escogiendo. Deleitándose con cada requiebro de las auras pletóricas e inocentes.
Antes de caer sobre sus rodillas, vencido por la desesperación, observa paralizado e impotente la morbosa monstruosidad que se descuelga y se recoge complacida desde las esquinas, entre las escayolas. Tras las lámparas.
La fantasmal hebra gris que atraviesa el tejado se deshilacha en innumerables fibras sucias y viscosas de las que cuelgan multitud de gotas informes. Palpitantes y bulbosas, vuelan acercándose y alejándose de los niños. Como escogiendo su presa. Disfrutando por anticipado del banquete.
En el centro del techo, una masa burbujeante y volátil, que parece alimentarse de sí misma, absorbe y regurgita hilos y gotas una y otra vez. Como si el número de criaturas famélicas fuera infinito, no hubiera seres humanos suficientes para alimentarlas y todas ellas esperaran turno, desesperadas por encontrar un huésped.
Alguien se le acerca. Apenas distingue ya lo lo tangible de los fantasmagóricos entes áureos que atenazan su razón. Supone que es la maestra quien intenta sacarle de tal estupor. Ni la mira. Sobre su cabezas, la forma maligna se oscurece, volviéndose más difusa. De improviso, en un único espasmo monstruoso, absorbe la materia ectoplásmica, que deja de gotear por todas partes.
El borrón burbujeante se recoge sobre sí y cobra forma una raquítica y temblorosa línea negra, quebrada y deforme, que se mueve y toquetea, temblorosa. Palpando. Buscando. Él cae boca arriba, con los ojos en blanco. La maestra intenta auxiliarle. Le tumba de medio lado. Intenta que no se muerda la lengua, en medio de las convulsiones.
Los chicos observan aterrados al desconocido. Fascinados. Nunca han visto nada igual. El fantasmagórico espasmo de energía oscura que se agita desde el techo, tampoco. Escudriña y tantea desatado, enfurecido. Intenta alcanzar lo que no puede ver, pero sabe que está ahí. A él.
Oye los susurros cerca. Hace rato que está despierto, aunque no quiere abrir los ojos. Crisis epiléptica. Es lo que diagnostica el médico. Él no va a contradecirle. Más fácil de justificar es la enfermedad que un ataque de terror pánico ante lo que sólo él puede ver.
Mejor eso que una camisa de fuerza. De nuevo recuerda a su padre. Se lo imagina solo, atado. Encerrado en una habitación mugrienta y acolchada. Las imágenes, dolorosas, se agolpan en su mente, le hacen agitarse. Ella lo nota. Una mano que pasa despacio, apenas rozando el pelo, es el mejor de los calmantes.
Se queda quieto. Quiere más. El doctor se da cuenta, le llama por su nombre. Insiste. No va a darse por vencido. No va a tener más remedio que volver a la vida. A su mundo de horror... Su mente se defiende con un chispazo de humor amargo: se admiten apuestas. ¿Será el médico del pueblo un pozo sin fondo, un ladrón? O, por el contrario, ¿tendrá un aura parasitada y enferma?
Se rinde ante la voz, le parece la de un buen hombre. Diría que está realmente preocupado por su salud, deseoso de atenderle. Abre los ojos al fin. Le cuesta un poco enfocar. Debe haber estado apretando los párpados, intentando evitar lo inevitable. Las imágenes se muestran confusas y desenfocadas. Sonríe un poco, el mundo físico también parece fantasmal y etéreo ahora mismo.

Hace alrededor de 4 años

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danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me temo que he tenido que redistribuir el texto para aprovechar el espacio. Desconocía que las cajas tenían un límite máximo y me temo que voy a necesitarlo todo. Si no, con tanto punto y tanta raya no va a entrar todo. Así que, los que seguís la historia, tendréis que retroceder un poco para no perderos nada. Disculpad las molestias, por favor.

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace alrededor de 4 años

Exactamente, ¿dónde comienza la cuarta caja? O era la quinta… @danduay :(

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Lo siento, @the_one_eyed . Casi te diría que empezaras por el penúltimo párrafo de la tercera caja tal y como está ahora ("En la soledad de la noche, piensa"). Lamento un montón todas estas molestias. No sé exactamente dónde había hecho la partición 4ª / 5ª. De hecho esas dos cajas forman un todo en el relato original. El ritmo se resiente un poco, pero no había forma de "embutir" el texto de otra forma que no fuera redistribuyéndolo (empecé a resumirlo, pero perdía mucho).

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace alrededor de 4 años

Eso es lo malo de meter textos ya creados, que luego no sabes cómo meterlos en las ocho cajas. Intentaré encontrar donde me quedé. Un saludo, @danduay :)

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

De la experiencia se aprende (ya está aquí el modo pequeño saltamontes...). El caso es que pensaba que entraba bien, porque el relato tiene justo ocho partes. Lo que no sabía era que las cajas tenían un tope, como las de verdad. En fin... Espero que encuentres pronto el sitio y no pierdas mucho tiempo. Un abrazo, @the_one_eyed .


#6

La ilusión dura poco. Un rostro afable y desconocido aparece frente a él más claro con cada parpadeo. Parece aliviado al ver la sonrisa en la cara del enfermo. Ella está cerca. Trata de sonreír también, pero se la nota preocupada.
Ha acertado en su apuesta.
El médico tiene compañía. Y es uno de los gordos. Alma grande, piojo grande. El aura del doctor es una de las más claras y brillantes que ha visto en su vida. No tiene una forma definida, sin embargo. Se irradia desde detrás como un chorro luminoso blanco y potente. Casi diría que ve la figura humana de su propietario a contraluz, enmarcada por una claridad tan fuerte.
En un reflejo físico, encoge un poco los ojos, intentando evitar ser deslumbrado. A la leve sombra que provocan sus párpados entrecerrados, se muestra también el huésped. En medio del fulgor, es una mancha negra y oscura, arremolinada entorno al cuerpo del médico. Se diría que Dios cometió un error el día que repartió las sombras y al doctor le puso una varias tallas mayor.
Él sabe que no es así, no se trata de una silueta humana.
Tiene vida propia, no mueve los brazos cuando los mueve el médico. No cabecea cuando él lo hace. No se muestra amable. Se agita nerviosa detrás del cuerpo que la enmascara, como queriendo ver sin ser vista. Le espía. Acecha, intentando localizarle. Preguntándose por qué no puede verle.
El abejorro de la mujer también está inquieto. Ronda sin cesar por la habitación, registrando sin encontrar. Los bichos le asustan, pero lo que de verdad le preocupa es lo que pueda venir a través de los haces de energía que les conectan con la finca de las afueras.
Cierra los ojos de nuevo, pide que le dejen. Necesita descansar. Hay suerte, le hacen caso. Solo, no corre peligro. Eso cree, al menos. Si no hay auras cerca, nada podrá descolgarse hacia él y atraparle. Sorberle hasta la médula.
Se estremece. Reposa en un sueño inquieto y desvalido. A ratos, se despierta. Su imaginación trabaja, lucha contra la razón. Emociones y miedos se disparan. Sopesa alternativas, visualiza monstruosidades dentro de su cabeza. Toma una decisión, finalmente.
No se marcha. No sin haber visitado la Casa Grande de marras.
Ya está bien de huir. Si se va una vez más a la carretera, todo volverá a ser igual. Con el recuerdo añadido de una nueva pérdida, la de esta familia que no es la suya. Abuelo y nieta... Pronto va a quedarse sola. Le gustaría llenar el vacío que va a dejar el anciano.
Ha llegado la hora de luchar. Es posible que perder no sea tan malo, después de todo. ¿Acaso sufren todas estas personas? Trabajan para algo que no les da nada a cambio, pero pueden hacer una vida normal. Lo que él hace no puede llamarse así. Siempre moviéndose. Siempre asustado. ¿Es eso vivir, ser libre?
Quizá en este pueblo, en esta casa, esté su destino. Casi, le gustaría encontrar una criatura a la que apacentar con su propia sangre si así puede descansar al fin. Lo que habite a las afueras del pueblo, sea lo que sea, no es algo que se haya cruzado en su camino hasta ahora. Está dispuesto a rendirse, si hace falta.
O a luchar.
Está confuso. Cansado. Emociones contradictorias le marean. De nuevo se da cuenta de que se agita sobre el colchón. Una vez más, pasos en la casa. Como un niño bueno, se detiene y espera con devoción a que un ángel le traiga un poco de consuelo y leche con galletas.

Despierta de nuevo en cuanto siente movimientos en la cocina. Se está acostumbrando a la acogedora cama, aunque sigue teniendo el sueño ligero. Demasiadas noches de duermevela en la camioneta... Disfruta unos momentos más antes de levantarse, rememorando el refrigerio nocturno.
También se está aficionando a los momentos de intimidad con la mujer que le da cobijo. Recuerda la penumbra de la noche... Con el alba cerca, da la impresión de que los parásitos están adormecidos. Al menos, el que ella alimenta se mantiene tranquilo dentro del capullo áureo. La mancilla con su presencia, pero al menos no da señales de vida. Tampoco desciende nada desde el puente energético.
Hablan un rato. Con naturalidad. No hay nada malo en acoger a un enfermo, aunque esto sea un pueblo y ella sea una mujer en edad de merecer. Además está el abuelo en casa. Él disfruta de la compañía, de que le mimen. Apenas recuerda nada parecido, ni aún en la niñez. Ni siquiera puede acordarse de su madre...
Ella sonríe. El abuelo está mejor, ha pasado un buen día. Se ha apenado un poco por el ataque epiléptico del forastero. Aun así ha comido y cenado con apetito. Él sabe que le queda poco tiempo. Le entristece.
Se le ocurre una idea.
Ha tenido antes otros ataques, no es cosa de importancia. Se recupera enseguida, es joven todavía. Y se siente en deuda. ¿Qué le parece si luego abre él la tienda? Así, nieta y abuelo pueden disfrutar del día entero con tranquilidad. Haciéndose compañía, recordando tiempos pasados.
Ella se escandaliza. Una cosa es tenerlo en casa y otra distinta, aprovecharse. Qué van a pensar los vecinos. Bastante cuchichean ya. Él insiste, le vendrá bien trabajar un poco, conocer a los del pueblo. Está pensando en quedarse una temporada.
Esto la desarma. Lo ve en su aura. La flor dormida se agita y comienza a desplegarse, suavemente ruborizada. Esto alerta al bicho, que se agita, entumecido todavía bajo los pliegues del capullo. Él cierra el trato y la acompaña a la puerta. Necesita dormir un par de horas más, así que cada uno a su cuarto. Mañana, luego, una explicación un poco por encima, durante el desayuno. Él a la tienda. Nieta y abuelo, a disfrutar de un día de fiesta.
Ya está bien de recrearse con recuerdos... Se despereza y salta de la cama. Ha llegado el momento, basta de ensoñaciones. Debe prepararse si quiere enfrentarse a lo que haya en la finca, así que va a entrenarse con los del pueblo. En realidad, ¿qué han podido hacerle hasta ahora los bichos? Nada. Nada que haya notado, al menos, excepto asustarle y obligarle a huir continuamente.
Así que... adelante. A ver qué pasa.
En la cocina, ella se afana. Intenta resistirse un poco, sin éxito. Él se impone, hoy se encarga de la tienda. Pregunta por el anciano, para dar por concluido el tema. No se ha levantado todavía. Está un poco más flojo y se ha quedado escuchando la radio un rato. Luego bajará.
Él sabe que la energía no acompañará mucho al envejecido tronco áureo. Recomienda a la joven que le prepare un desayuno especial al abuelo. Algo que le guste. O un almuerzo, si le parece mejor. Quizá puedan compartirlo los dos en la cocina. Luego, dar un paseo... O quedarse charlando frente al fuego. Lo que les apetezca. Queda inaugurado el día de la nieta y el abuelo.
Ella sonríe. Le brilla la mirada. Él la nota radiante. Su reflejo áureo oscila con suavidad hacia los lados, cálido e insinuante. Incluso el espectral bicho negro parece contento. Él lo mira con fijeza, desafiante. Se siente bien, pletórico. Capaz de enfrentarse a un pueblo entero lleno de formas infectas.
Está seguro de que todos los paisanos va a desfilar hoy ante sus ojos. En cuanto aparezca la primera chismosa a comprar el pan, va a correrse la voz de que el forastero atiende hoy la tienda. Mejor. Cuantos más, mejor.
Ya está bien de esconderse como un conejo.
Ella baja con él un momento. Abre, le explica cómo funciona la máquina registradora. Dónde están los principales artículos. Qué hacer con los proveedores, si aparece alguno... Él es listo y coge las cosas al vuelo. Además, sonríe, seguro que hoy la gente viene más a chafardear que a comprar. Un guiño cómplice hace que la mujer se ruborice un poco. Su aura se estremece con suavidad, complacida.
Al marcharse, se gira un momento antes de desaparecer en la trastienda. Él saluda con la mano y sonríe. Además de fijarse en las insinuantes caderas, ha notado un detalle curioso. Durante un instante, le ha parecido que el canal de energía saliente se ha oscurecido, como si fuera a formarse de nuevo una de esas amenazadoras burbujas. No lo ha visto bien, estaba más interesado en disfrutar del rostro radiante de ella, pero... Casi diría que la burbuja ha intentado hincharse una o dos veces, sin coraje para mostrarse del todo. Ver sin ser visto... ¿Será posible que los bichos puedan tener miedo de él, para variar?
Tal y como preveía, en cuanto ha aparecido la primera comadre la mañana se ha transformado en un rosario de lugareños que han sentido la necesidad de comprar algo. Todos, el mismo día. Incluso la maestra, aprovechando el recreo, deja a su aire a los niños y pasa a interesarse por la salud del improvisado tendero. Él lo agradece. Se siente especialmente impresionado por el aura de esta mujer. Se diría que es una mariposa cruelmente mutilada, a la que le falta un ala entera.
Le da la impresión de que ha habido una gran pérdida en su vida y nunca se ha recuperado del todo. Sin embargo, el miembro amputado trata de regenerarse una y otra vez. Y ahí es donde entra el maldito bicho que lleva a cuestas... Algo parecido a un esbozo impreciso en forma de lengua, lame una y otra vez el ala de luz que intenta volver a nacer sin conseguirlo, dejando un rastro de suaves chispas de colores que se derraman sobre el suelo, apagándose para siempre. Le recuerda a una enorme masa de carne bovina chupando sin descanso la pizarra de la escuela, borrando una y otra vez un dibujo primoroso...
Cada recién llegado acarrea su particular drama... y el glorioso portento de su imagen esencial. Ante los ojos de él, más fascinados a cada momento, desfila una variedad infinita de figuras, luces, colores y texturas que desafían en originalidad a las formas corpóreas más extravagantes y ricas que ha visto jamás. Por primera vez, está disfrutando del espectáculo y procura no fijarse demasiado en las voraces manchas que acompañan a los prodigios etéreos.
Y en las burbujas, que aparecen y desaparecen de vez en cuando. Ahora está seguro. Alguien le espía desde la Casa Grande. O lo intenta. No sabe si esas babas tumefactas pueden verle, realmente. Que miren, si quieren. Ya no le importa. Él sí las ve.

Hace alrededor de 4 años

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_SH
Rango7 Nivel 31
hace alrededor de 4 años

Me tienes totalmente embobado.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Jajaja, gracias, @_SH , espero que se te pase... Un abrazo.


#7

La mañana vuela y comienza a pensar en cerrar, le llega un aroma desde la trastienda que le anuncia trabajo con esmero en los fogones. Entonces, de improviso, se le amarga el plan. Ante sí, un ser humano vacío, sin aura. El primero en mucho tiempo.
Siempre que ve alguno nota cómo la bilis se inyecta directamente en su estómago y el amargor asciende veloz hacia la garganta. Quizá los bichos ya no le aterroricen, pero los jetas siguen irritándole hasta la náusea. Éste, no obstante, tampoco se parece a los potentados que ha visto hasta ahora.
Tiene aspecto de chófer de pueblo, un “mecánico” al servicio de algún cacique venido a menos. No obstante, la característica más sobresaliente de su apariencia es la que no se ve. Lo que sólo desaparece ante sus ojos...
Normalmente a estos desalmados les rodea un espacio tenebroso, vacío y oscuro. En él se vuelca en forma de torrente el tributo vital enviado por los parásitos, que alimenta esos personajes insaciables, incapaces de generar luz propia. Sin embargo, alrededor del recién llegado no hay nada. Apenas una finísima línea negra lo perfila, como si fuera un dibujo animado, la caricatura de una marioneta que parece colgar de un finísimo filamento gris. Tiene toda la apariencia de ser un esclavo, sin nada que ofrecer salvo su trabajo. Alguien lo utiliza y lo mantiene vivo con un flujo raquítico, pero constante, de energía: diminutos puntos de luz se descuelgan con parsimonia del fantasmagórico cordel, que lo sostiene como si fuera un siniestro adorno de Navidad.
El recién llegado saluda con desgana y desprecio contenido. Servir a alguien importante hace creerse a algunos así, también. Invita al forastero a la Casa Grande. Al Marqués le gusta ser cortés con la gente de fuera, es de la vieja escuela. Y un gran anfitrión. Él, chófer y ayuda de cámara, está a su disposición para llevarle y traerle cuando le parezca oportuno. Adelanta una mano fuerte, recuerdo de sus tiempos de herrero: la tarjeta del Marqués, con el teléfono de la Casa.
Él agradece el detalle. Le avisará. Hoy no puede, celebran algo. Como ve, la tendera no está. Y no hace falta que se moleste en venir a buscarle, tiene su propio vehículo.
El recién llegado se despide con frialdad y desdén, ya ha visto la camioneta, ya... Cuando se marcha, como una mascota bien enseñada, una de las chispas de luz que le alimentan salta del cordel etéreo, como escupida hacia el mostrador. En el aire, se oscurece y crece hacia los lados, intentando formar una especie de red. En un movimiento reflejo, él espanta el brillo oscuro como si se tratara de una mosca. La entidad a medio formar, estalla en el aire y desaparece.
Sacude la mano sobresaltado, con espanto. La mira una y otra vez. La palma, el dorso. Los dedos. Directamente, en el reflejo que le devuelve un aparador con puertas de cristal... Se frota los brazos, la cabeza. En su imaginación, una telaraña invisible ha caído sobre él pegajosa, asfixiante; pero no la ve.
Nada. Sólo está en su mente asustada...
Una voz familiar le llega desde la trastienda. Hora de cerrar, la comida espera. La entonación jovial le tranquiliza. Nadie le ha cazado todavía. El terror da paso a la euforia: se ha enfrentado a sus miedos y ha vencido. Además, algo ha intentado atraparle y no lo ha conseguido.
Su buen humor se une al ambiente que reina en la cocina. Aunque la nieta quiere usar el comedor, el abuelo insiste quedarse allí. Nada de hacer viajes por los pasillos con la comida a cuestas. Todos juntos, todo el rato al amor de la lumbre. Ella consiente, aunque no se libran de usar la vajilla buena y el mantel fino...
La sobremesa se alarga. El abuelo está parlanchín y entre todos deciden tomarse la tarde libre. Ella baja y pone una nota en la puerta de la tienda: cerrado esta tarde por acontecimiento familiar. Los cotillas que no han pasado por la tienda a la mañana tendrán que esperar a otro momento para conocer al forastero.
Arriba, ríen y disfrutan. Ella se levanta, se les va a juntar la comida con la cena. A ninguno le importa, pasarlo bien abre el apetito. Él la observa mientras trajina, al ritmo marcado por las historias del anciano, que la mujer debe haber escuchado decenas de veces. El bicho casi no se muestra, le tiene intrigado. Parece intentar esconderse entre los pétalos de colores que bailan con gracia e iluminan la estancia hasta el techo. Ninguna forma espectral nueva aparece. El encuentro con el chófer ha debido dar qué pensar a los habitantes de la finca. Al famoso Marqués...
Por fin, tras una cena espléndida en su sencillez, acaban por irse a dormir, ya de madrugada. Él cae rendido y feliz. Antes de abandonarse al sueño, tiene un último pensamiento que le hace sonreír. Va a dormir profundamente, sin moverse. Nada de ruidos. Nada de leche y galletas esta noche. Qué pena...

Despierta poco a poco. Nota la luz que se cuela por la ventana. Remolonea un momento. Se está bien en una cama, no tiene nada que ver con el camastro de su camioneta. Le extraña no oír el trasteo en la cocina. Qué pronto se acostumbra uno a la rutina, sobre todo a las cosas buenas...
Le parece notar algo. Aguza el oído. Una especie de sollozos ahogados. Como si alguien contuviera el llanto para no molestar. Se levanta de un salto. Un par de días durmiendo sobre un colchón cómodo no le han ablandado, después de todo... En tensión, se viste en un momento. Años de despertares súbitos enseñan le a uno a prepararse con rapidez.
Sale al pasillo, el sonido viene desde el cuarto del anciano. Avanza despacio hacia allí. Ya sabe lo que va a encontrarse. Los crujidos del suelo le preceden. El anuncio de que ya está despierto hace que el llanto se desborde en una cascada de gemidos. Abre la puerta y entra sin llamar.
Ella llora con sentimiento. Acaricia con dulzura las maños rígidas y frías. El vaporoso tronco seco y gastado ya no está. Él quiere creer que el último brote verde se ha marchado a un lugar mejor, donde nadie va a chupar su savia vital. Se acerca despacio. No quiere estorbar. Ella se le abraza y llora hasta empaparle el cuello de la camisa.
Su aura aparece gris y apagada, empañada por la escarcha fría del dolor. Le cuesta un rato darse cuenta de que el parásito ha desaparecido. Nota cómo la sangre escapa de su rostro.
¿Ella también va a morir?
Las piernas le fallan un poco y la mujer lo nota. Está más tranquila, aunque sigue llorando. Se aparta un poco de él. Tiene cosas que hacer. Los muertos dejan trabajo tras de sí. Le pide que la deje ahora. Ella se ocupa, ya tiene experiencia.
Se marcha. Avanza por el pasillo como un autómata. Muerta... ¿Por qué si no va a desaparecer el bicho? Siempre se marchan antes del final. Pero su aura no parecía enferma, tan sólo entristecida...
Toda la alegría y la felicidad del día anterior se transforman ahora en un vacío gris que siente en el corazón. Desayuna pastas que se transforman en ceniza amarga en su garganta. Pone un cartel en la tienda. Cerrado por defunción. Sube y se ofrece para ayudar. Ella le pide que se quede abajo y deje pasar a los que lleguen. Ya ha dado aviso al párroco, la gente del pueblo no tardará mucho en comenzar a venir.
Obedece. Se sienta en el zaguán y espera. La oye al poco rato, en la cocina. Habrá que ofrecer un refrigerio a las visitas, supone... Va a levantarse para ayudarla, entonces llaman a la puerta. El párroco entra, profesional y conmiserativo al mismo tiempo. Se presenta y da el pésame. Pregunta por la mujer. Ella ha oído las voces y sale a recibirle. Ambos desaparecen escaleras arriba.
Él los observa con fijeza atónito. Aturdido y esperanzado, al mismo tiempo. El sacerdote tampoco tiene ningún residente visible en los filamentos lanosos que componen su aura. Pastor de almas, claro... Sin lobos fantasmales acechándole.
Esta ausencia le da que pensar. Le parece poco probable que dos personas más vayan a morir en breve. Especialmente si no tienen señales de debilidad. El alma del sacerdote parece fuerte y saludable. Apenada por la pérdida de uno de sus fieles, sí; pero no enferma.
Siempre había dado por hecho que las personas sin bicho iban a morir en breve, pero nunca ha estado demasiado tiempo en un lugar para comprobarlo. Tampoco para ver qué pasaba luego, en el entorno del fallecido. Nunca ha asistido a un velatorio. Ni a un funeral. Bastante triste y solitaria era su vida como para frecuentar semejantes acontecimientos. ¿También tendrán miedo de la muerte las criaturas fantasmales y huyen de ella, aunque no vaya a afectarles directamente? Y luego... ¿vuelven otra vez?
La puerta suena de nuevo. Dos ancianas entran. A una ya la conoció ayer. Saben dónde dirigirse. Las mira mientras suben las escaleras con trabajo, penosamente. Sus estelas añosas y envejecidas tampoco tienen nadie que las habite. La mañana pasa, el día entero. Uno tras otro, prácticamente todos los vecinos del pueblo desfilan ante sus ojos. Todos solos, ninguno viene escoltado por malas compañías.
Ella no va a morir entonces, no todavía. Da las gracias, aunque no sabe a quién ni cómo hacérselas llegar. Se siente agradecido porque la mujer que lo ha acogido no vaya a dejarle solo.
¿Qué pasará mañana en el cementerio?
Esta noche es él quien prepara leche y galletas. O lo que toque. Las penas, con pan son menos, le dicen. La noche es larga y los refranes ayudan a pasarla. Tópicos, lugares comunes… Incluso alguna que otra chismosa se atreve a opinar. Más vale que hay otro hombre en casa, ahora que ha muerto el que había. Él no dice nada, aunque no le hace gracia el comentario; ella lleva a las visitas con elegancia y dignidad. Ignora las murmuraciones.

Hace alrededor de 4 años

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#8

El entierro será mañana. Depués, el funeral. Él se pregunta qué pasará con los espectros. ¿Cuándo volverán? ¿De qué manera? Está seguro de que regresarán, no recuerda haber visto auras limpias, excepto la de su padre. Y recuerda cómo los parásitos acechaban a los niños del colegio. ¿Será capaz de mantener limpia la floreada aura de la mujer? ¿Cómo? En medio del sosiego de cuerpo presente, su mente viaja sin cesar. Sin embargo, no le lleva a ninguna parte.
El último visitante se marcha. La mujer se despide, está agotada. Él vuelve a su cuarto. De nuevo le tienta la idea de huir. Esta misma noche. No quiere volver a presenciar cómo un abejorro glotón mancilla el alma pura y generosa. Es inútil. La idea de no ver a la mujer nunca más, se le hace insoportable. Para bien o para mal, no la abandonará. Nunca.

El cielo matutino amenaza tormenta. La misma tristeza plomiza y gris llena la casa. Varios hombres aparecen dispuestos a ayudar. Él también echará una mano. Entre cuatro bajan el féretro para llevarlo al cementerio. Reconoce al “arquitecto” entre los voluntarios.
Fuera cada vez hay menos luz, aunque la mañana avanza. Se diría que todo el pueblo espera para despedir al anciano. La ceremonia es sencilla y breve. El párroco se da prisa. La nube negra que hay sobre sus cabezas no augura nada bueno. El viento sopla con fuerza y comienzan a caer las primeras gotas, grandes y espesas.
El anciano se reúne con sus antepasados y los vecinos comienzan a marcharse. Empieza a descargar con fuerza. Bajo el paraguas con el que intenta proteger a su anfitriona, él comienza a darse cuenta de algo. La manta de agua que cae a pozales no es lo único que llueve del cielo.
¡Ellos!
Como sombras voraces, se descuelgan desde las alturas sobre los lugareños, que corren a resguardarse en la iglesia. Algunos relámpagos iluminan la masa oscura que cubre la comarca. Desde la distancia, él es capaz de ver una multitud de entes hambrientos y voraces que esperan su turno para lanzarse sobre la gente.
No habrá para todos.
Sólo los parásitos más rápidos van a conseguir comer hoy. El resto se quedará quién sabe dónde, esperando otra oportunidad. Los ve luchando entre ellos mientras caen, disputándose a las presas, igual que chuzos venenosos, lanzados a tumba abierta entre ríos de lluvia; granizo sucio, escondido tras el granizo blanco que comienza a golpear con fuerza.
Se apresuran. Intentan llegar a la iglesia cuanto antes. Ella, sin mojarse demasiado. Él intentando protegerla de algo más que del agua. Los parásitos se descuelgan por todas partes. Se diría que cada gota de agua arrastra a uno, al menos. ¿Qué va a hacer un paraguas frente a legiones enteras de criaturas?
Y aunque fuera una sola... ¿Qué hacer, sin saber qué hacer?
En tropel, la gente se agolpa bajo las arcadas de la iglesia. Entran con prisas, sacudiéndose el agua. Él observa con horror que eso sirve de poco. Muchos tienen compañía ya. Y los que no, no tardarán mucho en tenerla. Sombras enzarzadas luchan por hacerse con las escasas auras vacantes.
La de ella, ya no lo está.
Un nuevo inquilino sorbe la flor con fuerza y desesperación, con hambre de años, quizá. Ni siquiera tiene forma definida todavía. Es simplemente un bulbo de aire que se hincha y se hincha. Enseguida, comienza a bombear. De los cuerpos mojados que van dejándose caer pesadamente en los bancos, se elevan poco a poco hilos de energía vital que ascienden.
El poderoso de turno vuelve a cobrarse su tributo...
Él se rebela, hastiado y enfurecido. Casi juraría que puede oír a esas bestias fantasmales chupar, relamerse, masticar la esencia etérea arrebatada a sus legítimos dueños. No puede soportarlo. Sale a la calle y grita a los cuatro vientos, en medio de la tempestad. Clama venganza. Si supiera a quién maldecir, al menos... La lluvia le empapa, la nube oscura le envuelve. Los rayos descargan a su alrededor. Ninguno le alcanza.
Tan súbitamente como empezó, la tormenta escampa. Ya no hay más plazas disponibles en el abrevadero humano. Tiritando de frío y humedad, se vuelve hacia la iglesia. Un chorro colorido y luminoso sale desde el techo, como un arco iris tras la tormenta y se pierde en la distancia, en dirección hacia la finca de las afueras.
La Casa Grande...
Está bien. Ha llegado el momento. Allí va a ir él también, basta de esperar. Una voz detiene sus pasos. Ella, extrañada por su comportamiento, ha salido de la iglesia. Él, por respeto, con amor, acude a la llamada y vuelve dentro.
El funeral transcurre largo y lúgubre. El aire pesa, oprime el ánimo; las cabezas caen sobre el pecho. Los cuerpos crujen al arrodillarse. Él sabe por qué todos tienen un aire triste y cansado. No es sólo por la pérdida, al fin y al cabo el anciano era una persona que había vivido lo que le correspondía. Es el banquete que tiene lugar a su costa lo que les aturde.
Las famélicas criaturas sorben y bombean como autómatas. Sin cesar, con gula. Sólo al final del oficio algunas comienzan a detenerse. Saciadas, gordas, repletas de vida casi hasta reventar. Se fija en el hombre-catedral. Sus hombros están más cargados que nunca. No está cansado por haber llevado a cuestas el féretro. Lo que le agota es el parásito que habita ahora su construcción áurea. La catedral parece ahora un viejo monasterio gris, polvoriento y en ruinas. Un vaporoso borrón hinchado dormita voluptuosamente sobre una torre caída, igual que un Quasimodo borracho y destructor.
Todas las auras tienen el mismo aspecto alicaído y fúnebre. Sus parásitos, en cambio, se muestran satisfechos y bien cebados. Él nota la amargura de la impotencia en su interior, transformada en una náusea que se le asienta en el estómago, mareándole. Siente pálpitos violentos en las sienes, la furia viaja por su cuerpo como un río ardiente que le quema. Le gustaría convertirse en un dragón y vomitar fuego sobre esos entes inmundos que le rodean. Suda y se agita, cree que la sangre va a comenzar a hervirle dentro de las venas, se ve a sí mismo como una olla sobrecalentada, de la que escapa vapor a presión por cualquier resquicio mal cerrado.
El sudor le corre por la espalda. La sensación le refresca y va calmándole lentamente. La ira se apaga poco a poco dejándole las entrañas resecas, convertidas en mojama rebozada de polvo. Casi siente su regusto acre en el fondo de la garganta: el sabor de la derrota.

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...y con esto termina el relato, hasta donde yo sé. Desconozco si esta pesadilla continúa. O quizá no quiero saberlo. Ni seguir adelante, dado lo que he llegado a entrever en algún fragmento que ni siquiera me he atrevido a transcribir. Tampoco tengo la certeza de haber seleccionado bien. Entre la avalancha de golpeteos, muchas veces se entremezclan las historias y debo tomarme grandes trabajos para separarlas. Aun así, no estoy seguro de haber escogido bien; tanta es la alucinación, el desvarío que surge toque a toque en el silencio de la noche y transcribo con paciencia. Punto a punto, raya a raya. Sin sosiego, hasta la madrugada... Bueno, hecho está, no soy capaz de ver más allá de lo que he incluido aquí. Ni quiero. Espero que, quien perturba mi sueño por las noches, haya quedado satisfecho con este testimonio. Necesito descansar en paz. Nunca había estado tan cansado. Nunca había tenido tanta necesidad de dormir. Nunca había...

Hace alrededor de 4 años

15

6
Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace alrededor de 4 años

Es de los relatos que más he disfrutado danduay, desde la primera caja estaba intrigado y se agradece que hayas decidido subir las últimas del tirón. La estructura con el narrador/transcriptor que recoge la información me parece un acierto y creo que enriquece aún más el sentido que yo le encuentro a la historia que cuentas. Dejas en manos (en la mente) del lector "entender" la historia (o eso me ha parecido) y se agradece. En la forma de contarlo queda muy bien reflejado el agobio, la angustia y la soledad del protagonista. Un placer haber detectado tu punto punto raya raya. Un saludo!

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Me alegra que hayas disfrutado, @Sixto_GS . Gracias por tu tiempo. La verdad es que pensaba ir subiendo las cajas una a una, pero ando justo de tiempo. Y no he querido ser puñetero con los que estáis siguiendo la historia, ja ja ja... Saludos, compañero: ¡SUERTE!

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Por correo me llega un aviso de que @CyanPeople_33 ha comentado esta última parte, pero no lo veo. No sé si el aviso es correcto o el ordenador tiene vida propia, como en la historia de @Nexus_7 ...

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Igual lo ha eliminado, @danduay .

En general el relato está muy bien :).

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

No había caído, @Nexus_7 . Será eso, sí. Gracias, me alegro de que te haya gustado "en general" ja ja ja. Un abrazo, compañero...

Nexus_7
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Es que estoy en el trabajo y no puedo meterme en demasiados detalles xD

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Tranquilo, @Nexus_7 . Es broma. Bastante "caña" me has metido ya. Gracias. Y como decía mi abuela: trabaja, pero no demasiado, para que te quede siempre algo que hacer al día siguiente.

_SH
Rango7 Nivel 31
hace alrededor de 4 años

A mí no me piedes dejar así D:< Me haz convertido en parasito de tus letras.... y quiero más. Quiero imaginar que se ha quedado ahí por falta de eapacio. Espero, en verdad, que continue en algun lugar, si es así dímelo, porque no me puedes dejar así.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Culpa mía, @_SH . Perdón. No sabía que las cajas tenían un límite y no me di cuenta de que no iba a entrar todo. Como le decía a @Nexus_7 mi intención es publicar el relato completo en algún momento. Quizá en formato mini-libro y/o directamente en ebook, con otros relatos-morse. Te pido paciencia. Eso sí, he de decirte que la parte que continúa tiene un final relativamente abierto.

CyanPeople_33
Rango5 Nivel 22
hace alrededor de 4 años

Interesante historia medieval. Me gustó mucho.

danduay
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Gracias, @CyanPeople_33 . Igualmente, suerte para ti también. Por cierto, ¿qué es eso de medieval? Si salen fregaderos, camionetas, chóferes ja ja ja

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace alrededor de 4 años

Enhorabuena y felicidades :D