IreneaGR
Rango7 Nivel 32 (1826 ptos) | Autor novel
#1

“Nunca había sentido la soledad. Jamás en mi vida había conocido la tristeza, el abandono, la muerte….”
Percibo frío en mi cuerpo. Muevo ligeramente los dedos para avivarlos y recorro con las yemas las piedras del suelo sobre el que yazgo. Consigo apoyar los brazos e incorporarme, aunque me hace falta más de un intento. Apoyo la cabeza en la pared y respiro entrecortado por el esfuerzo.
Oteo lo que me rodea: poca luz ilumina la estancia en la que me encuentro, pudiendo solo intuir que se trata de algún tipo de habitación para prisioneros a juzgar por la cantidad de espacio libre y por los barrotes de la ventana. Intento levantarme despacio, pero vuelvo a caer y descubro que uno de mis pies está encadenado a la pared más cercana a mi cuerpo.
“¿Por qué estoy aquí?” pregunta mi cabeza una y otra vez
Mis recuerdos se entremezclan con sueños pasados, haciéndome dudar hasta de mi propio nombre… pero resulta que ni lo recuerdo. No sé quién soy, ni tampoco donde estoy ni el motivo de mi prisión.
Escucho pasos cercanos y mi cuerpo se llena de terror e impaciencia. Suena el cerrojo de la puerta…

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SaraSerrat
Rango7 Nivel 33
hace más de 3 años

Te dejo mi voto, buen comienzo. Me gustaría seguir leyendo. Te invito a que leas mi historia 'aquella chica del barrio' y me digas que te parece. Un saludo y suerte

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 3 años

Tienes un buen dominio del lenguaje, y se nota en todo el texto. Quizá darle ese dominio a tu protagonista puede no resultar, pero depende de qué clase de persona sea.

Buena elección la de los "recuerdos bloqueados," hace que en muy poco tiempo el lector se plantee preguntas y esté ávido por las respuestas.

AnaMM513
Rango8 Nivel 38
hace más de 3 años

Me parece una historia bastante atractiva, así que aquí tienes mi voto. Si lo deseas, pásate a leer mi obra. Un saludo y suerte!

PrueHolmes
Rango11 Nivel 53
hace más de 3 años

Has plasmado la intriga que embarga al lector a desear continuar con la lectura. ¿Qué habrá llevado al protagonista a tal situación? Dejo mi voto con la esperanza de una continuación. Mucha suerte! Si gustas, puedes pasar por mi historia en concurso: Beso mortal. Saludos :)

Yocasta
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

Tienes mi voto. Si gustas puedes leer mi historia, se llama Reflejo, y ayudarme con tu voto.

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

No puedes terminar la caja así @IreneaGR! Tienes i voto para seguir! Quiero ver qué hay tras la cerradura! Espero que puedas pasarte por mis relatos y decirme qué te parecen. Mucha suerte!

jlvq
Rango6 Nivel 29
hace más de 3 años

Excelente manera de envolver al lector, me gustó mucho....quién eres y quién está detrás de esa puerta! Si quieres puedes leer mi relato, un abrazo!

DreamxAlchemist
Rango13 Nivel 64
hace más de 3 años

Para ser sincero, he leído muchas veces este tipo de inicios, y lo que hace especial a cada historia es el camino que se le da en el nudo y desenlace. Así que esperaré paciente a la siguiente caja para saber de qué va realmente la historia. Te dejo mi voto :) @IreneaGR ¡Saludos!

faviodegradable
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

muy buen inicio, deja intriga! tienes mi like, pasa por la gran pausa y apoyame si es de tu gusto!

sinesand01
Rango11 Nivel 50
hace más de 3 años

Me gustó muchísimo, espero poder verte en la segunda ronda y leer lo que le sigue. Te dejo totalmente mi voto. Si quieres pásate por mi perfil y lee el que yo tengo para el concurso a ver si te gusta. Mucha suerte y éxito, un saludo. :*

Kicye
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Continúa así, el relato es bueno. Si deseas te invto un poco de patatas con manzana. Pasate por mi perfil. Me gustaría contar con tu comentario y corazón. Si lo merezco, claro.

Robe_Ferrer
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Acabi de descubrirte. Solo un inciso. En los primeros puntos suspensivis has puesto 4, te sobra uno. Tienes mi voto. Sigo a ver si el resto también lo merece.


#2

La puerta se abre y una luz cegadora me hace entrecerrar los ojos, sólo permitiéndome intuir a una figura que entra en la sala. Esa persona se queda de pie, mirándome por segundos que me parecieron horas mientras yo intento luchar con la claridad para poder vislumbrar su rostro; sin embargo, para cuando puedo divisar algo, el terror inunda de nuevo mi cuerpo al observar que mi nuevo acompañante lleva puesta una máscara veneciana que le oculta por completo el rostro y me impide ver los sentimientos que se esconden detrás de sus ojos.

Tras varios minutos sin hacer ni un solo movimiento, esa persona enmascarada vuelve tras sus pasos y sale de la habitación apenas unos segundos para volver a ella sosteniendo una bandeja; camina hacia la mesa que hay en el centro de la estancia y la deja de un golpe sordo sobre ella. Vuelve a mirarme y por el gesto con el que gira la cabeza podría decir que está enfadado o compungido por algo; no obstante, y para mi sorpresa, introduce su mano en el bolsillo y me lanza un pequeño juego de llaves.

Lo miro con sorpresa mientras trago saliva una y otra vez buscando las palabras exactas que reflejaran lo que siento, ya que decirle gracias no era lo más adecuado para ninguno de los dos. Agarro el llavero con fuerza y desconfianza, pues, a pesar de haberme entrado algo de libertad, no sé quién es mi carcelero ni qué piensa hacer conmigo. Sin más, el o la enmascarado/a comienza a andar hacia la puerta y sin dirigirme ni una vana mirada de despedida, cierra la puerta tras sí y echa el cerrojo.

Una vez sus pasos se pierden por el pasillo, miro el llavero para darme cuenta que las llaves son demasiado pequeñas como para poder abrir la puerta, por lo que serán la clave para liberarme de mis cadenas y poder acercarme a la mesa. “Semilibertad” pienso sin quejarme mientras me deshago de la prisión de mis pies.

Trato de incorporarme, pero, como la otra vez, necesito más de un intento y varios minutos para conseguir ponerme en pie sosteniéndome en la pared. El hormigueo de mis piernas dormidas hace sentirme vivo de nuevo. Poco a poco y tras suspirar, coloco un pie delante y me impulso para empezar a caminar, suerte que al menos eso no lo he olvidado; consigo dar otro paso más, y otro más, tanto que empiezo a motivarme para dar el siguiente, pues casi podía tocar la mesa con los dedos y alcanzar la bandeja, pero ese ímpetu hace que me precipite en mis avances y que caiga al suelo, arrastrando conmigo la mesa y, por ende, esa bendita bandeja que tanto ansiaba.

Maldigo una y mil veces mi tozudez y la manera de calcular las cosas erróneamente, pero algo llama mi atención más que el simple hecho de estar en el suelo y casi toda la comida sobre él. Entre los alimentos que mi carcelero había dejado, había colocado una fotografía no muy antigua, pero dudo que fuera reciente. La sostengo en mi mano pero no tengo la claridad suficiente para poder ver con claridad que hay en ella. Me apoyo en la mesa tumbada y me pongo de pie para caminar hacia la ventana por la que entra unos tibios rayos de luz que anunciaban la llegada de la noche.

Esta vez voy con más precaución, no quiero volver a caer, mas intento no mirar a la foto, pues el simple hecho de tenerla sobre mis manos hace que mi corazón lata con mucha rapidez. Por fin llego a la ventana y muevo la fotografía para poder verla con nitidez. En ella, una familia de cuatro miembros se muestra sonriente en el porche de su casa: la madre, sentada en las escaleras, sujeta a un bebe de menos de un año sobre su regazo, mientras el padre sostiene en sus hombros a una pequeña de 4 ó 5 años sonriente.

Esa fotografía hace que se mueva algo en mi interior, pero estoy tan colapsado que no puedo ni describir esos sentimientos. No conozco a esas personas, pero algo me dice que son la clave y motivo de mi captura.

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 3 años

De nuevo mantienes el buen uso del lenguaje y avanzas la trama con nuevos interrogantes y más interés. Es un fragmento muy bueno. Algunas cositas que modificaría o que no me terminan de convencer:
- El cambio de tiempo verbal: si todo es en presente, diría "que me parecen horas" en lugar de "parecieron."
- A pesar de desconocer el género del enmascarado, queda mejor decir claramente que desconoces el género aunque uses el masculino como género neutro que decir "el/la," gramaticalmente es farragoso y entorpece la lectura.
- Por coherencia, si entra luz por la ventana, la luz de la puerta al abrirse no debería cegar. Quizá lo puedes arreglar si el enmascarado de género desconocido abriera una persiana al entrar ;)

IreneaGR
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Gracias por tu comentario, a lo mejor debi aclarar que la luz de la ventana nunca fue ni será lo suficientemente fuerte para iluminar todo (tal vez su habitación esta elegida estrategicamente?) pero la luz del pasillo ha sido la luz más potente que ha recibido sus ojos desde que despertó. Mil gracias por tu correccion

talos_brun
Rango5 Nivel 20
hace más de 3 años

Buen relato, las dos partes, y efectivamente plantea muchos interrogantes que despiertan la curiosidad del lector. Suerte.

jlvq
Rango6 Nivel 29
hace más de 3 años

Intrigante y en esa fotografía, esta su salida... si es que recuerda! Me gustó, muy buena, un abrazo!

Yocasta
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

Excelente tu narración, muy descriptiva.

Robe_Ferrer
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Estoy con @Tritio en lo que tw dice. También señalar que SOLO no escribe acentuado en ningún caso desde 2010. Lo ddmás me ha parecido correcto. A la tercera caja que voy.

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 3 años

@Robe_Ferrer es uno de los cambios en el que RECOMIENDAN no ponerlo, pero hacerlo no es incorrecto.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

ENHORABUENA COMPAÑERA POR EL TALENTO QUE ATESORAS, PLENAMENTE EVIDENTE EN ESTAS DOS PRIMERAS CAJAS.
UN ABRAZO. Nuevo micro, pasa si quieres a leerlo.


#3

No puedo dejar de mirar la fotografía. No sé si han pasado minutos u horas, pues me abstraigo en aquella imagen y pierdo la noción del tiempo. Si cierro los ojos, puedo recordarla tal como es cuando los abro; la tengo memorizada como si me fuera la vida en ello. Conozco cada fragmento de la escena, cada sombra, cada detalle de los personajes que en ella están: fantaseo con cuál será el motivo que llevó al padre de familia a coger en hombros a su hija, tal vez fuera un saco de nervios; ideo el porqué de su cicatriz en la frente del progenitor e imagino toda una vida de aquella familia con la simple percepción de sus rostros. Todos se ven felices, llenos de vida, sin problemas aparentes en su día a día.

La foto resbala de mi mano, como por azar, y cae en el suelo bocabajo, mostrándome una anotación en el reverso: familia Montblanc. La cojo con suavidad y vuelvo a girarla para mirarles de nuevo. Aquellos desconocidos ya tenían nombre para mí… no obstante, aún seguía sin saber por qué me eran tan familiares y, aún más, qué tenía que ver ellos con mi encarcelamiento.

Oigo pasos acercándose en el pasillo y me giro a esperar a que el enmascarado entre a saber Dios sabe qué. Para mi sorpresa, se abre una pequeña solapa en la parte baja de la puerta y, por ella, introducen una nueva bandeja de comida. Hambriento, pues, aunque haya pasado tiempo observando la foto, mi cuerpo no es inmune como lo había sido hasta entonces mi mente, la cojo con rapidez y me siento en el suelo a devorar lo que sea que hubiera preparado para mí. Cierro los ojos mientras la ansiedad por la comida me atrapa y mastico con furia todo lo que estaba en la bandeja. Tan ensimismado me encontraba por la comida que no había reparado en que aquella solapa se había bajado y que mi carcelero se había marchado, no sin antes dejarme un nuevo presente.

Con las manos aun llenas de comida, previamente lavadas en mi ropa, cojo aquel objeto como si fuera la primera vez en la vida que lo viera. Era ni más ni menos que un diario. Me levanto y me acerco a la ventana con barrotes, aprovechando la caprichosa luz del sol que entraba vagamente por ella. Lo abro y me quedo sorprendido por la autoría de aquel libro: “Este libro pertenece al doctor George Montblanc”

-George Montblanc… -susurro mientras paso la yema de mi dedo por encima de la letra.

Oteo de nuevo en mi habitación de esclavo y agarro una silla para acercarla a la ventana. Comienzo a leer:

“Lo que están a punto de leer son las anotaciones sobre la investigación que voy a realizar para encontrar una cura para la enfermedad de mi hijo.

James, mi hijo pequeño, nació como un niño corriente, mas enfermó a la edad de tres años y, tras casi cinco años, aún no hemos encontrado cura para él. Estoy desesperado. Solo me queda poner mis conocimientos en ciencias naturales para poderlo ayudar. Espero que todo salga bien…”

Aquellas palabras parecían de una persona desesperada y llegaron al fondo de mi corazón como si las hubiera escrito yo mismo. El doctor describe la enfermedad de James como un fallo del sistema inmunológico que afecta a su aparato nervioso, provocándole convulsiones y pérdida de conocimiento, y que poco a poco van alcanzando a su capacidad de autonomía; además, explica en qué se basará su investigación y la metodología para hacerlo, empezando por analizar la muestra de sangre de su hijo.

Con sus palabras, me pierdo durante lo que sé que han sido días, parando únicamente para devorar la comida que mi carcelero, sin entrar en mi habitación, me dejaba por la parte baja de la puerta y cuando el sueño me atrapaba entre las páginas.

Cada anotación nueva del doctor me hace acercarme más a su sufrimiento: puedo notar su ansiedad dentro de mí al saber que la enfermedad de su hijo es vírica y crónica, sintiendo el peso de encontrar una solución para sus dolores en la mayor brevedad de tiempo; percibo la impaciencia con la que dice tratar a sus ineptos ayudantes al ver que cada uno de sus intentos son fallidos; noto la desesperación al leer cómo los ataques de su hijo se han más repetidos y con mayor intensidad.

Así, el doctor me muestra en sus palabras su plan alternativo para encontrar la solución: nadie podría hacerlo nada más que él, por lo que debía y quería trabajar solo en esto. No le faltaba nadie, no necesitaba a nadie. Sólo él.

A partir de ese momento, los escritos del doctor se hacen más incongruentes, más difíciles de seguir, no por el contenido en sí, que lo entiendo perfectamente, sino porque parece que el exceso de trabajo le ha afectado hasta el punto de rondar la locura. Su letra se ve nerviosa, precipitada, en ocasiones frustrada.

Llego a un punto en el que varias páginas en blanco son las que visualizan mis ojos en el diario, haciéndome sentir vacío e impaciente por saber más del doctor y su investigación. Paso las páginas con rapidez, doblándolas incluso hasta que, tras un salto de dos días en el trabajo de escribir diariamente en su libro, la letra de George aparece de nuevo, tranquilizando a mi bestia interior.

“He conseguido crear un medicamento capaz de parar la enfermedad de mi pequeño James. Después de varias pruebas realizadas con medicinas naturales, ha sido necesaria la fusión en el laboratorio del virus con bacterias encontradas en la planta del Datura Stramonium para neutralizar los efectos que este mal hace en el cuerpo de mi hijo. Por fin, lo he logrado”

Busco con desesperación en las páginas posteriores a esa, pero la letra del doctor no vuelve a aparecer más en el diario: con esas palabras, la historia de George Montblanc termina para mí. Empiezo a sentirme mal, como si algo de mí se muriera con esas páginas en blanco. El aire comienza a faltarme y me levanto de la silla en un burdo intento de ayudar a mis pulmones. Dentro de mi cabeza se enlazan pensamientos creando un bucle con tres vértices: ¿Qué ocurrió con la investigación del señor Montblanc? ¿Por qué mi carcelero quería que lo leyera? ¿Está relacionado con el hecho de que esté preso?

Cada vez me encuentro más nervioso, camino de un lado a otro de la sala y noto como mi cuerpo empieza a sudar. Reparo en un vaso de agua que hay en la mesa y lo bebo sin demora, como si esperara que aquello aliviara mi fuego interior. Obviamente, me equivocaba. Tomo de nuevo la foto entre mis manos, intentando ver en la cara de aquel hombre una respuesta a esas preguntas que me quitaban la vida. La observo por minutos, escudriño de nuevo cada milímetro de ella, pero no hay respuesta. Frustrado, cojo el vaso vacío y lo tiro contra la pared a la vez que suelto un grito de desesperación.

Para mi sorpresa, escucho algo caer al suelo. Miro en la dirección en la que he tirado el vaso y mis ojos se contraen de la sorpresa: un espejo redondo de latón plateado había caído de la pared hasta el suelo. Con impaciencia me acerco a él, pues estaba seguro de que lo habían colocado en las últimas horas, que no estaba allí desde que llegó. Cojo el espejo y lo coloco encima de la mesa.

Siento como mi cuerpo se hiela, como mi corazón se paraba para volver a latir más rápido y fuerte que nunca, mis piernas tiemblan y mi garganta se seca ante la mirada que le devolvía aquel objeto; después de varios días de encarcelamiento, me había vuelto a mirar al espejo: tenía barba de, al menos, una semana, los ojos cansados y algo más delgado de lo que solía ser. Dirijo mi mano a aquella señal de su frente, culpable de su sensación de desesperación: tras tocarme la cicatriz que tenía arriba de la ceja, no me cabía ninguna duda. Sé quien soy, ya conozco mi nombre. Yo soy George Montblanc.

De repente, como si aquella revelación fuera la clave, giro la cabeza para ver cómo la puerta de la habitación se abre lentamente…

Maria_CS
Rango3 Nivel 10
hace más de 3 años

Yo creía que él sería sujeto de un experimento, no el médico :O. Es muy interesante, espero ansiosa la continuación. Sólo una cosa, al final, corrige “dirigió" por “dirijo". :)

Sigue pronto reina

Aferjim
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Tienes un relato interesante y bien escrito salvo algunos errores en los tiempos verbales como te hace notar@Maria_CS, detalles a corregir.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

! Realmente interesante y apasionante tu texto ! . ! Me encantó ! ! Mucha suerte ! ...

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 3 años

Es curioso, pero la velocidad de la narrativa, la temporalidad de la descripción y la manera de pasar el tiempo es muy inestable, variando mucho a lo largo del relato. A veces hay mucho detalle para un vaso de agua y de pronto el resto de las cosas de la "cárcel" no tiene tanta importancia, no sé, me parece poco uniforme. Lo demás es, cuanto menos, correcto ^^

IreneaGR
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Tritio al tratarse de microrrelatos pienso que se le debe de dar importancia a las cosas que sean indispensables para la historia y dejar el resto en un plano segundario. Con respecto a la velocidad de la narración, tienes razón en que es muy lenta en algunas partes y en otras más rápidas, pero reitero: creo que un microrrelato no se debe extender mucho y solo me extiendo en lo que creo que puede hacer que el lector visualice mejor al personaje y su vivencia. No se trata de inestabilidad en la historia, sino en la capacidad de agrupar los aspectos básicamente importantes a la vez que se intenta no perder el hilo de la historia.

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 3 años

Desde luego, no digo que la historia sea inestable, simplemente que la sensación que me dieron los cambios de ritmo fue de cierta brusquedad, cuando en otros relatos la sensación que me transmiten es diferente. Es decir, el cambio de ritmo no es malo en sí, ni es algo que esté mal en este relato

Robe_Ferrer
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

“Con impaciencia me acerco a él, pues estaba seguro de que lo habían colocado en las últimas horas, que no estaba allí desde que llegó.” En esa frase estás hablando en primera persona y de gole, y sin sentido, pasas a la tercera. Eso te sucede un par de veces. Corrígelo.
Por lo demás apenas he visto errores. Te has ganado el tercer voto. Tengo ganas de saber más sobre el doctor, su familia y su encarcelamiento.
Échale un vistazo a mi Biohazard y comenta que te parece.

Pierluigi
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

Me gustó tu relato paisana, eres capaz de mantener la tensión en todo el proceso.


#4

Espero pacientemente unos minutos a ver si alguien entra en la habitación, pero mi desilusión es que nadie cruza la puerta. Camino dubitativo hacia ella, sintiendo cada latido en mis oídos al pisar, notando las gotas de sudor recorrer mi frente y deslizándose por mis sienes. Toco la puerta como si probara a si hubiera alguna trampa en ella, más mi corazón se tranquiliza al ver que se trata de una puerta normal y corriente; asomo con prudencia la cabeza por el dintel de la puerta, incluso cierro los ojos esperando algún golpe, pero mi sorpresa es que está completamente vacío.
Esta incertidumbre al no comprender el comportamiento de mi carcelero no hace más que mi terror sea aún mayor si cabe, pues la espera de cualquier ataque o la misma muerte era algo que corrompía mi interior. Sacudo mi cabeza varias veces para refrescar mis ideas y centrarme en lo más importante: por fin sé quién soy, George Montblanc, y ahora soy libre de la prisión en la que me habían encerrado. Ahora sólo queda por saber el porqué de mi encarcelamiento y quien me había tenido recluido por un tiempo indefinido para mí.
Suspiro profundamente y me decido a poner marcha por aquel lúgubre pasillo, no sin antes regresar a la habitación y coger la foto que tanto tiempo me había acompañado y qué mi interior me decía que debía llevar. Camino con paso firme, pero prudente: la cantidad de posibilidades que se me ocurría sobre qué podría ocurrirme me bombardeaba hasta el punto de llegar a la conclusión de que o me tranquilizaba o aquello acabaría matándome de la manera más ridícula jamás pensada. Además, pensé, de haberme querido matar, ya lo habría hecho.
El pasillo, recubierto de tuberías y algunos insectos, finalizaba en una escalera coronada por una puerta de la que se podía deducir algo de luz tras ella. Peldaño a peldaño, trato de calmar el escándalo que en mi cabeza había y abro la puerta decidido a encontrarme con lo que quiera que haya tras ella.
Para mi sorpresa, no es que no hubiera nadie esperándome tras ella, es que no había nadie en la casa en la que parece ser he estado viviendo durante varios días. Es más, al recorrerla me doy cuenta de que las paredes parecen desgastadas por algo que las ha arañado y manchado con pintura roja, quizás sangre; de los pocos muebles que había en las estancias, algunos estaban arrumbados en el suelo o en alguna esquina, otros destrozados. En una mesita de una pequeña habitación, un marco roto en el suelo me hace parar mi recorrido y andar hasta donde se encontraba; no obstante, para mi sorpresa, una nueva foto mía es la que se encuentra en ella, acompañado de nuevo por aquella mujer y los dos niños. De repente, al verles de nuevo el rostro, empiezo a sentir afecto por ellos y los recuerdos empiezan a surgir poco a poco en mi cabeza. Estaba claro, ellos eran mi familia, mi mujer y mis hijos, y la casa donde me encuentro me pertenece. Seco mis lágrimas que surgen sin motivo aparente para mi cerebro, aún torpe, y me pongo en pie para seguir recorriendo la casa.
Pero mi atención repara en algo aún más importante: la ventana de la habitación estaba bloqueada por listones de madera, como otras muchas de la vivienda, a modo de fuerte para protegerse de algo del exterior, aunque alguna de las tablas yacían en el suelo.
Como algo instintivo, recorro el resto de la casa corriendo hasta alcanzar la entrada principal y recaer en que, a pesar de que se notaba que había estado bloqueada, la puerta de la casa estaba abierta, impactando en mí la luz del sol, cegándome, pues hacía tiempo que una luz tan fuerte me alcanzaba tan de lleno. Algo había ocurrido en la casa donde me encontraba, en mi casa. Y aún más preocupante era que no sabía dónde se encontraba mi familia, por lo que decido salir a correr por el enorme césped de la casa en dirección al pueblo para buscar respuestas.
Mientras recorro las calles del lugar, me doy cuenta que mi casa no ha sido la única dañada pues lo que quiera que fuera aquello había ocasionado un destrozo aún mayor en el resto del pueblo: a pesar de que las viviendas, a priori, parecían normales, blindadas como estaba la mía, aquello que intuyo que es sangre decora las fachadas, había cubos de basura convertidos en hogueras improvisadas, escaparates de tiendas rotos y un inquietante silencio sólo roto por mis pasos al correr. Aquello era una escena propia de una película de terror.
Paro para coger aire, apoyándome en mis rodillas, y mi atención se centra en un papel bocabajo que cojo cuidadosamente para leer, aunque hubiera deseado no haberlo hecho jamás: mi cara aparecía en el centro del cartel, con un rostro más malévolo del que recordaba tener, y con ellas una palabra escrita en mayúsculas que me heló el cuerpo. Culpable.
Si ya estaba desconcertado por mi pérdida de memoria, aquello acababa por confundirme completamente. Podía, entonces, entender el motivo de mi clausura, algo había hecho mal; pero, ¿qué fue aquello que provocó que todos me señalaran? ¿Tendría algo que ver con la situación del pueblo?
En mi cabeza vuelven a surgir pensamientos incoherentes, recuerdos de mi trabajo en el centro de investigación, luces rojas que se encendían y se apagaban, el sonido de una mujer llorando... Sacudo mi cabeza de nuevo y dirijo mi mirada al frente, justo para ver como un incipiente humo asomaba por los árboles del bosque que colindaban con el final del pueblo, por lo que me dirijo allí a toda prisa.
El olor que comienza a inundar aquel lugar hace que mi estómago gruña, pues hace bastantes horas que no tomo nada, pero ese impulso queda totalmente bloqueado, no es el momento. Corro y corro con todas mis fuerzas, recorriendo las calles del pueblo desierto a la vez que oteo más papeles con mi cara por el suelo y pegados en la pared al lado de mensajes ofensivos hacia mí. Definitivamente, algo hice mal.
Cuanto más me acerco al lugar del fuego, el sonido de chasquidos hace que me plantee mil cosas que puedo toparme en aquel sitio; sin embargo, lo que encuentro ante mis ojos es algo tan surrealista que provoca que caiga de bruces al suelo y mi estómago se retuerza hasta el punto de vomitar: hasta donde me alcanza la vista, cuerpos de personas apilados están siendo calcinados a escasos metros de mí, haciendo que sus huesos chasqueen con el calor y derrochar un olor apeteciblemente nauseabundo.
Visualizo sus caras durante minutos, recordando sus nombres a medida que veía sus rostros: reconoczco al señor Hanks, el carnicero del pueblo, a la señorita Middle, la profesora de mis hijos, a Jack Spencer, mi ayudante en el laboratorio… Me encuentro en estado de shock, tanto que no puedo pensar en qué hacer, si debo apagar el fuego o debo marcharme del lugar. Sus caras son familiares, mas no encuentro la de mis familiares; algo en mi interior se enciende como una pequeña llama de esperanza, pues tal vez pudieron escapar de lo que fuera que ocurrió aquí y aún sigan con vida.
Vuelvo a mi andadura, intentando buscar alguna pista más que responda a mis preguntas o que, tal vez, me diga que debo de hacer ahora o a dónde dirigirme. Paso cerca de mi laboratorio, destruido por lo que intuyo que debió ser la ira de las personas que vivían aquí. Me mantengo dubitativo sobre si debo entra o no, pero finalmente decido seguir andando, en aquel lugar destruido pocos datos podría encontrar.
A la tranquilidad que me acompañaba en mis pasos, se le añadió el silencio característico de los cementerios al pasar por su lado. Reparo en que es el único lugar de todo el pueblo que sigue estando tal y como lo recordaba, pues nadie había mancillado aquel lugar sagrado. En aquel valle de césped verde y mármol blanco, un ramo de flores rojas en una de las tumbas alejadas hace que me interese por saber más, ya que era la única sepultura que no tenía las flores marchitas.
Camino y algo dentro de mí empieza a ir mal; mi corazón late muy fuerte, mi respiración se entrecorta, vuelvo a sudar, me tiembla el cuerpo… y no es para menos, pues al leer el nombre de la tumba, caigo de rodillas al suelo, golpeando el mármol con rabia: aquí yace James Montblanc. A su lado, la lápida en la que citaba el nombre de mi mujer, Mary, y mi hija Margaret, no hizo más que pudrirme más por dentro si cabe. Habían pasado de estar salvados en mi cabeza a estar muertos ante mis ojos.
Inesperadamente, el sonido de una pistola al cargarse hizo que mi dolor cesara por un momento y mi cuerpo se tensionó, pues estaba seguro de que la persona que se hallaba detrás de mí era mi carcelero. Quise girarme para ver su rostro por primera vez, pero mi cerebro no podía mandar ninguna señal a mis músculos. Estaba tan colapsado por recuerdos y las vivencias ocurridas minutos antes que no podía procesar nada.
-Ellos están muertos por tu culpa.
Mi carcelero se había dirigido a mí, por primera vez, pero no era algo por lo que debía de alegrarme, pues si me quedaba algo de cordura en mi cabeza, acabó rota por aquella voz femenina que se había dirigido a mí. Reconocí esa voz, pero era imposible que estuviera allí, no si acababa de leer su nombre en la lápida.

#5

-Margaret… -susurro aliviado.
-¡No! –me dice a modo de orden, aunque sonaba más a una imposición hacia sí misma.
El silencio reina entre nosotros durante varios minutos en los que mi mente estaba completamente en blanco, haciéndome sentir estar entre el sueño y la vida. Finalmente, suspiro y sin girarme, le pregunto:
-¿Qué hice mal, Margaret?
-Todo –contesta sin dudarlo.
-No recuerdo nada, hija…
-Yo no soy tu hija. Yo no tengo padre, no tengo familia, ¡no tengo nada!
Decido mantenerme callado ante aquella afirmación, pues se la nota bastante nerviosa y tiene el arma en la mano. La oigo llorar con desesperación y tras gritar desconsolada, me dice:
-Mamá te dijo que pararas… que era muy peligroso lo que estabas haciendo…
-¿Qué estaba haciendo? –pregunto con tranquilidad.
-Oh, venga ya lo sabes, te dejé el diario para algo…
-Buscar la cura para James.
-¡¿Crees que si hubiera sido la cura para la enfermedad de James hubiera ocurrido todo lo que ha ocurrido?!
Puedo escuchar el arma temblar en su mano y mi instinto de supervivencia me hace temer a la muerte, aunque creo que en el fondo la deseo.
-Jugaste con la ciencia –sigue hablando Margaret- Te creíste Dios y no eres nadie.
-Cuéntame que ocurrió.
La escucho soltar una carcajada sarcástica y no puedo evitar esbozar una sonrisa en mis labios, pues siempre me había gustado esa actitud de prepotencia femenina tan propia suya.
-No creo que puedas vivir soportándolo, pero, a fin de cuentas, acabarás muriendo…
“Te obsesionaste con buscar esa medicina absurda para salvar a James, tanto que te olvidaste de los que te rodeaban… Te encerrabas día y noche en el laboratorio, sin importarte mucho si tus ayudantes te decían que era un trabajo sin salida. Tú seguías empeñado en esa maldita cura…
Siempre dijiste que para que un experimento salga, has de tener la mente abierta y despejada, y tú no la tuviste…
Era lógico que algo saldría mal, pero no que aquello que, sin querer, creaste sería aquello que destrozaría nuestro pueblo y toda la humanidad
Creaste un virus que afectaba al organismo de la manera más cruel posible, te destruía desde dentro, podías sentir como tu cuerpo se iba descomponiendo y dejabas poco a poco de vivir… y lo peor de todo era ver cómo todos los que te rodeaban se iban mientras los veías sufrir suplicándote la muerte…
El primero de todos fue James, pero tú estabas más ocupado en seguir desarrollando esa “cura milagrosa”, era de entender, entonces, tu ausencia en su entierro… Después vino mamá, ya que era la que más tiempo había pasado a su lado en sus momentos finales, y tras ella todo el personal que trabajaba en casa, sus familias y, a fin de cuentas, todo el pueblo…
Tardamos tiempo en darnos cuenta que el virus se propagaba por el aire, la saliva y, por supuesto, los propios cadáveres; para cuando entendieron la situación y procuraron solucionarlo la mayoría o estaban enfermos o muertos… y lo que quedaban sanos fueron a casa a buscarte para asesinarte. Fui más listas que ellos: los escuché como planeaban asaltar la casa a la noche y esa misma tarde hice una gran hoguera en el patio central que atrajo a los que quedaban por la zona. Les dije que habías muerto víctima del virus y que había quemado tu cuerpo para evitar que yo misma me contagiara. Se lo creyeron como buenos idiotas.
Poco a poco, los demás pueblerinos fueron muriendo, quedándome cada vez más y más sola…”
-¿Cómo me mantuviste con vida? –le interrumpo mientras intento asimilar todo lo que me ha contado- ¿Por qué no recuerdo nada?
-Cuando supe que te pensaban matar, me adelanté a ellos y te golpeé la cabeza mientras dormías para tenerte bien a recaudo… lo que no sabía es que te dejaría en coma durante varias semanas.
-Gracias…
-No me lo agradezcas. Te recuerdo que te estoy apuntando con una pistola en la cabeza.
Tenía razón y, por mucho que fuera mi hija, algo me decía adentro que no iba a tener compasión de mí. Pasamos varios minutos en silencio, en los que mi cabeza me devolvía los recuerdos nítidos que poco tiempo antes me había narrado Margaret, pero, finalmente, ella vuelve a hablar con su noto irónico:
-¿En serio no vas a preguntarme cómo es que yo no me he contagiado?
-No hace falta, ya lo sé… El virus estaba creado a partir de la mutación de células sanas de tu organismo, no puede afectarte porque está hecho de ti.
-Exactamente. Creaste el virus a partir de mí, pero no se lo dijiste a nadie…
-Por lo que nadie podía saber que tú eras la clave para crear el antídoto que los salvaría a todos.
-Lo que te convierte en más culpable aún si cabe.
Sonrío escondido encogido en mi cuerpo, pues adoraba su forma de hablar cuando tenía razón, igual que yo.
-Por tu absurdo intento de ser un brillante científico, ahora estamos en la miseria. James muerto, mamá muerta… -puedo sentir la frialdad del arma en mi cabeza y cierro los ojos ante una muerte inminente- Y tú la única persona viva junto conmigo… ¡Es injusto!
-No lo hagas, Margaret, por favor. Lo siento mucho, yo no quería…
-¿Lo siento mucho? Deberías tener la muerte más dolorosa del mundo. Me pasé días pensando cual sería la más adecuada y creo que di con la clave…
-¿Una simple bala?
-Venga, padre, sabes que soy mucho más retorcida que eso. Te entregue la foto para que intentaras pensar un poco, casi incluso recordar algo, pero fue el diario lo que más te ensimismó y con lo que más disfruté. Seguro que te preguntabas una y otra vez por qué esas anotaciones y qué tendrían que ver contigo. Cuando comprendiste quien eras, te dejé en libertad para que vieras en lo que te había convertido y cuál fue la conclusión de tu trabajo de mierda. Ahora ya lo sabes todo, así que sólo me queda por hacer una cosa más…
-No, Margaret, hija, por favor –suplico mientras me agachó más y más, temiendo la muerte.
-Adiós, padre.
-Margaret, no…
Un tiro resonó con un eco sordo en el cementerio, tan cerca de mí que siento como los oídos me pitan. Mis manos tiemblan, estoy sudando, apenas puedo controlar mi respiración… pero aún así no estoy muerto.
Dudo varios minutos hasta que decido girar la cabeza para ver la escena más terrorífica que podía esperar: Margaret yacía en el suelo, muerta, con la pistola en la mano derecha y la sangre brotando del orificio abierto de su sien.
Lloro desconsoladamente al lado de su cadáver, suplicándole que vuelva a la vida, que no me abandone. Ahora entiendo su plan: no hay mayor dolor que ver a tu propia hija muerta delante de tus ojos, aún más sabiendo que eres la única persona viva y que todos tus seres queridos han fallecido por tu culpa.
Comienzo a desquiciarme, una voz dentro de mí me habla como si fuera Margaret, escuchando como se ríe desde Dios sabe donde por ver mi sufrimiento. La mando callar una y mil veces pero no cesa... ya que sólo puede parar de una sola manera. Desenredo los dedos de Margaret de la pistola y la sujeto delante de mi rostro.
-¡PARA DE UNA VEZ! –grito mientras me disparo en la boca.
Noto como el frío se va de mi cuerpo, como los dedos empiezan a dormirse, así como mis piernas, me falta el aire, la visión se nubla, y siento como con cada latido de mi corazón, cada vez más débil, mi vida se va yendo, pero aún se me escapa un último pensamiento antes de abrazar a la muerte:
“Nunca había sentido la soledad. Jamás en mi vida había conocido la tristeza, el abandono, la muerte….”

CyanPeople_33
Rango5 Nivel 22
hace más de 3 años

Me gustó que finalizaras tu relato con la misma frase con la que lo iniciaste. Saludos.