leferace
Rango8 Nivel 36 (2563 ptos) | Poeta maldito
#1

Nunca había pensado en mí como una persona vulnerable... hasta ese día.
Desde pequeña, siempre pensé que era una persona fuerte. Yo misma decidí que debía ser así.
Podía estar triste, pero los demás no me verían llorar; mis problemas eran míos y yo era quien tenía que salir de ellos. Eran algunas de las reglas que yo misma me había auto impuesto con el tiempo, y hasta entonces todo había ido bien.
Cierto, algunas personas me calificaban de fría pero, desde mi parecer, iba bien al ser capaz de mantener mis propias reglas. Es por esa razón que no entendí lo que ocurría.
Sólo tengo recuerdos vagos. Mis manos... temblando tanto que no podía sostener el bolígrafo, mucho menos escribir. La falta de aire y la necesidad de sujetarme a mi asiento para no caerme.
Fue mi primer ataque de ansiedad y cuando conseguí la suficiente estabilidad para estar sentada por mi misma, mis primeras palabras hacia la persona que me había salvado de caerme fueron tan habituales que no me costó nada decir tal mentira. ·Estoy bien·.
Cuántas veces lo había dicho a lo largo de mi corta vida. Cuántas más antes de romperme.

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DreamxAlchemist
Rango13 Nivel 64
hace casi 3 años

Creo que es una situación mucho más común de lo que uno llegaría a pensar, buen comienzo :) Te invito a pasarte por mis relatos, ¡Saludos!

Amapola
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

Me gusta la trama! !Suerte.

Vanny
Rango5 Nivel 20
hace casi 3 años

Aun hay mucho por revelar!! Apoyame tambien a mi te espero en VOLVERSE A ENAMORAR Quiero continuar c: Gracias

OrchidWhales_72
Rango1 Nivel 0
hace casi 3 años

Me ha gustado de verdad, quiero ver que pasa con esta historia.....en primera persona?

lasourise
Rango11 Nivel 50
hace casi 3 años

¡Muy bien! merece subir un escaloncito.buen manejo de la tensión del relato, corrección gramatical, argumento interesante. Veremos cómo sigue.
Si quieres, visita "El candelabro de Richard"; ojalá te guste.

sinesand01
Rango10 Nivel 49
hace casi 3 años

Me gustó muchísimo, espero poder verte en la segunda ronda y leer lo que le sigue. Te dejo totalmente mi voto. Si quieres pásate por mi perfil y lee el que yo tengo para el concurso a ver si te gusta. Mucha suerte y éxito, un saludo. :*

MayFierro
Rango7 Nivel 33
hace casi 3 años

Muy bueno, me gusto, te dejo mi voto... Si deseas lee mis textos UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD Y UN NUEVO MUNDO

MayFierro
Rango7 Nivel 33
hace casi 3 años

Muy bueno, me gusto, te dejo mi voto... Si deseas lee mis textos UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD Y UN NUEVO MUNDO

Jupyter
Rango12 Nivel 57
hace casi 3 años

Me gusta lo profundo que es! Cuenta con mi voto! Espero verte por mi historia "nunca" y votes si te gusto^^


#2

Apenas había pasado un año del día que me di cuenta que no era tan sólida como creía y sólo podía describir la situación en la que me encontraba con dos adjetivos: ridícula y patética.
El día de mi primer ataque llegue a casa, me encerré en mi habitación y aproveché que me habían dejado sola unos días para llorar. Hice algún intento de comer, pero incluso beber agua me producía nauseas. Y así, sin más, lloré hasta dormirme ese día... y el siguiente... y el siguiente. No apagué el teléfono porque mi familia no sabía nada y no quería preocuparles, pero tampoco respondía a su llamada inmediatamente; y sólo contestaba alguna vez si eran ellos.
Después de esos tres días desaparecida decidí salir con mis amigas. Sonreía, bebía, bailaba... y todos veían que "estaba bien". Todo estaba en orden. Podía hacer que las cosas volvieran a ser como antes.
O eso pensaba. No fue así.
Aunque a menor escala, después de ese primero tuve otro ataque de ansiedad al recordar que debía volver al lugar en el que había ocurrido. Uno más de camino al lugar, lo cual hizo que aplazara mi visita... Comenzaron a sucederse, al principio con cosas relacionadas con aquel lugar, situado en otra ciudad, y se fueron incrementando en frecuencia, intensidad... hasta llegar el punto en el que el mero hecho de desplazarme a esa ciudad me enfermaba: conseguía un ataque y una gastroenteritis nerviosa que me duraba alrededor de una semana.
Dejé mi trabajo para evitar dicha ciudad. Salía cada fin de semana con mis amigas; bebía, reía, bailaba...y me dormía llorando al llegar a casa.
Pero hacer eso tampoco me ayudaba. Cada vez era mayor la sensación de que me ahogaba en los locales y aumentaba el tiempo que me salía a la puerta. No importaba que mis amigas se quedasen dentro, sólo quería respirar.
Estar dentro y bailar también suponía que te rozasen, tocasen... algo con lo que empecé a sentirme muy incómoda. La gran revelación de ello no podía dejarme más perpleja. Estaba bailando con mis amigas como siempre pero, cuando una me fue a coger de la cintura para hacerlo en pareja, mis manos se movieron y antes de saber lo que estaba haciendo la empujé para alejarla de mí. Le dije que me había hecho cosquillas e intenté reírme... Ella me devolvió la sonrisa, pero ambas sabíamos que era mentira. Lo vi en sus ojos. Esa noche fue una de las más difíciles a la hora de aguantar las lágrimas hasta llegar a casa.
Empecé a poner excusas cada vez que me decían de salir por la noche. Más tarde añadí algunas otras quedadas a la lista, pues me di cuenta de que cada vez que salía con alguien estaba más pendiente del tiempo que pasaba que de lo que decían o hacían; cada vez era mayor la necesidad de volver a casa cuanto antes.
Esa necesidad de estar en casa pronto se convirtió en necesidad de estar sola en la habitación.
No comía. Al principio lo intentaba cuando creía tener hambre, pero mi estómago se negaba a que nada entrara.
No bebía. No tenía sed y hasta el agua me producía nauseas.
No dormía. De primeras lloraba hasta quedarme dormida... con el tiempo ni siquiera eso funcionaba. Si conseguía dormir era por agotamiento.
Tan solo me acurrucaba en la cama y me quedaba allí todo el día.
Y así llegué a la situación en la que me encuentro hoy. Escondiéndome de mi familia no sólo en mi propia casa, sino en mi propia habitación, mientras no paro de llorar.
¿Cómo había llegado a esto?Hubo un tiempo en el que quería hacer cosas, tenía esperanza, expectativas... Tenía sueños.
Ahora... Todo lo que quería se había venido abajo. Lo único que me quedaba era la sensación de fracaso, culpabilidad por fallar a los que esperaban algo de mí, por fallarme a mí misma.
"Quizás nunca había merecido conseguir todo eso, quizás nunca he merecido nada", era uno de los pensamientos que más se repetían en mi cabeza.
Si quiero algo en este momento es que se cumpla la plegaría que hago cada noche: no volver a despertar.

ladyv
Rango6 Nivel 25
hace casi 3 años

Tenes mi voto!!

leferace
Rango8 Nivel 36
hace casi 3 años

@Imamesis gracias por pasarte y apoyar mi relato. Seguiré el tuyo también, quiero saber si en la siguiente caja contestará Leonor

RedOgres_48
Rango1 Nivel 0
hace casi 3 años

Eleeeeena Eleeeeena, vamos por màs.

CyanPeople_33
Rango5 Nivel 22
hace casi 3 años

Buena historia, tienes mi voto y espero puedas pasarte por mi relato: "Mi amigo Martín"


#3

Sabes que has tocado fondo en el momento en el que no sólo piensas que las personas que quieres estarían mejor sin ti, sino que decides ponerlo en práctica.
En los últimos seis meses todo mi mundo había caído por completo. Ya ni siquiera era capaz de mentir como solía diciendo que estaba bien, en cuanto la pregunta era formulaba, mis ojos se llenaban de lágrimas. Para entonces llorar era algo que hacía donde y cuando fuera, era parte de mi día a día... Una parte de mí que mi familia y amigos quería que dejara atrás. Algo difícil cuando la persona se a dado por vencida y se niega a luchar y, como es lógico, algo que puede hacer a cualquiera perder la paciencia.
Mis amigas siguieron insistiendo en verme de vez en cuando, a pesar de encontrar únicamente negativas y excusas por mi parte.El día que me veían era de casualidad. No lo decían abiertamente, al igual que yo no hablaba del tema, pero sabían perfectamente lo que pasaba... aunque no la razón.
Mis hermanas, por su parte, se turnaban para venir a verme al menos una de ellas al día de lunes a jueves y los fines de semana intentaban hacer algún plan familiar por lo general. Había intentado decirles que no varias veces, pero no funcionaba. Traté que pillaran la indirecta cerrando la puerta con pestillo, pero tampoco funcionó... tenían demasiada práctica abriéndolos.
Realmente no entendía por qué seguían adelante con todo aquello cuando todo lo que salía de mis labios eran palabras de ingratitud hacia ellas. Es cierto que nada más soltarlo me arrepentía... pero nunca pedía disculpas. Había llegado un punto en el que no creía que un mero "lo siento" fuese suficiente para solventar el daño que estaba haciendo. Simplemente, el sentimiento de culpabilidad que cargaba desde hace más de un año iba aumentando más y más a medida que veía sus expresiones doloridas.
Lo más duro era tratar con mis sobrinas. Tenía miedo a hacerles daño, por lo que no me acercaba, y mucho menos las tocaba. Eran pequeñas, sólo tenían cinco y siete años, por lo que no entendían qué pasaba. Su madre, mi hermana mayor, les había dicho que "estaba malita del corazón" y por eso lloraba tanto.
El día que decidí que habían tenido bastante de mí fue durante una de esos planes familiares que hacían. Habían decidido que era el día perfecto para dar una paseo por centro y tener una comida casera después.
Durante el paseo me abracé a mí misma, para evitar dar la mano a alguna de las niñas, y me mantuve a distancia del grupo. Cuando paramos a tomar algo en una terraza, mientras las niñas jugaban con otros niños que había cuando llegamos, su padre me dijo que debería intentar sonreír un poco ya que se habían molestado en sacarme de casa. Sabía que lo decía en broma, que trataba que me animara, pero mi respuesta inmediata fue "no lo pedí". Enseguida me dí cuenta de mi error, se mostraba en el rostro de todos, pero era lo que realmente pensaba; yo ni siquiera había querido salir. Aún así, la punzada de culpabilidad estaba ahí nuevamente.
Volvimos a casa. Las niñas comenzaron a jugar al pilla pilla, pasando al rededor nuestro... y pasó.
Valeria, la pequeña, corrió hacia mí y me rodeó con los brazos desde atrás, por lo que no la vi venir. Sin pensarlo, mi cuerpo reaccionó y lancé a la niña lejos de mí. Por suerte no sé dio contra ningún mueble, mi hermana pequeña estaba cerca y pudo evitar que se diera con la cabeza en el suelo. Valeria lloraba, más por el susto que por el daño, mi hermana seguía sosteniéndola en los brazos e intentaba calmarla. Los demás estaban sorprendidos e imaginaba que horrorizados con lo que acababa de hacer... Al menos yo lo estaba.
No aguantaba más, no podía seguir así.
Corrí hacia la puerta y cogí mi bolso. Antes de que nadie se diera cuenta estaba cerrando las puertas del ascensor y girando la llave para que me dejara en el garaje. Subí al coche y me dirigí a una carretera que sé es poco transitada y con bastantes curvas. Una vez llegué al tramo de bajada del puerto, y después de asegurarme que no había ningún otro conductor cerca que podría sufrir por mis actos, pisé el acelerador al máximo y dejé que el coche se saliese por una de las curvas.
No tenía dudas... eso era lo mejor para todos. No se merecían lo que estaban pasando por culpa mía.

Desperté en una habitación blanca que no conocía. Alguien gritaba junto a mí, pero el dolor que sentía por todas partes de mi cuerpo hacían difícil que me enfocara en reconocer a su dueño. Al final vi que mis hermanas estaban sentadas junto a mi cama.
Pedro, el marido de Andrea y padre de mis sobrinas llegó con una enfermera. La voz que había oído antes era la suya.
- El doctor llegará enseguida. - Dijo la enfermera a mis hermanas. - ¿Cómo te encuentras Isabel? Supongo que dolorida, te rompiste algunas costillas en el accidente.

El doctor dijo que había tenido suerte. Había sufrido heridas, habían pasado casi dos días desde el accidente cuando desperté y claramente tendría que quedarme una temporada en el hospital, pero si comparábamos como estaba mi coche... no tenía nada.

A final de la semana, aprovechando un momento en el que nos quedamos solas, Andrea decidió que era momento de que hablásemos.
- No me es fácil... pero tengo que preguntarlo. - Comenzó. - El accidente... ¿lo provocaste tú? ¿Hiciste que el coche se saliese en esa curva a propósito? - Aparté la vista de ella y supo que era así. empezó a sollozar y volví a mirarla. - ¿Por qué? Sé que estás mal pero... nos tienes a nosotros.
- Pensé que era lo mejor.
- ¿Lo mejor para quién? Explícamelo porque no lo entiendo... Ninguno de nosotros lo hace.
- Era lo mejor para todos. Ya viste lo que le hice a Valeria.
- Fue un accidente y Valeria está bien. Se asustó, pero eso es todo.
- De no ser por Carla se habría golpeado fuertemente la cabeza. Sólo os causo problemas y lo sabes.
- Isa... Estás enferma. Todos nos hemos dado cuenta hace tiempo y no sabemos qué hacer para que mejores... Creo... creo que deberías ver a un especialista. Debería haberlo sugerido hace mucho, pero sé tu opinión sobre los psicólogos; debí llevarte aunque fuera a la fuerza... Ahora no estarías aquí.
Quedamos en silencio unos minutos y volvió a hablar ella.
- Las niñas preguntan cuándo volverás a contarles uno de tus cuentos casi todos los días...
- No puedo...
- Lo sé. Por eso estoy aún más segura de que esta vez aceptarás ir al especialista como digo. Has salido viva del accidente, sé que quieres a tus sobrinas y que no quieres volver a hacerles daño involuntariamente y estoy segura de que te gustaría ser capaz de escribir cuentos como antes. Tienes una segunda oportunidad para empezar Isa.
Después de todo lo que habían pasado por mí, era lo menos que podía hacer, así que asentí dando mi consentimiento.
Andrea cogió mi mano y comenzó a llorar hasta quedarse dormida a mi lado.

LosBigotesDelPUMA
Rango10 Nivel 45
hace casi 3 años

me ha gustado toda la historia, es muy interesante. Tienes mi voto

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

@leferace que dramática escena tan bien llevada. Cuando ya no se puede caer más, sólo se puede subir. Es un topicazo, pero no por eso, deja de ser cierto! Espero la siguiente caja! Mucha suerte!

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

! Apasionante , inteligente , y bien redactado relato ! . ! Merece mi apoyo ! ...

leferace
Rango8 Nivel 36
hace casi 3 años

@Jinova ten por seguro que me pasaré antes de que cierren las votaciones de esta ronda

CyanPeople_33
Rango5 Nivel 22
hace casi 3 años

Me gusta el hecho de que su familia se preocupa por ella y no la abandonan. Tienes mi voto


#4

A pesar de que mis hermanas no dijeron la verdad sobre mi accidente a mi médico, pidió que me realizarán una evaluación al departamento de salud mental. La sugerencia, al parecer, provino más de las enfermeras que de mi familia al ver que apenas comía o dormía.
La doctora que se presentó me pidió que le contará qué me pasaba y que escribiera una breve biografía mía para la próxima vez que me visitara. Había prometido a mis hermanas poner de mi parte, así que lo hice.
En su segunda visita me hizo rellenar un test mientras ella leía lo que había escrito. Antes de marchar me miró de arriba a abajo y dijo: "para no comer no estás extremadamente delgada, por lo que no veo que sea un gran problema". Cierto, no estaba tan delgada como una persona con anorexia por ejemplo, pero no pasaba de cincuenta kilos...Me pregunté si aquello era algo apropiado para decir por parte de un médico.
Cambiaron mi psicólogo. En el que debía ser nuestro tercer encuentro apareció un médico mayor que la doctora, la cual estaba de baja por maternidad. No me convencía por completo lo que me decía, pero me gustaba más que su predecesora.
En su cuarta visita me sugirió empezar a tomar medicación. Acabé aceptando.
El psiquiatra que me asignaron era un hombre mayor que me hizo volver a contar lo que me ocurría; estaba harta de ese proceso... principalmente porque sólo hacía que volviera a llorar cuando quizás había conseguido calmarme un poco. No me gustó desde el principio ese hombre. Al entrar, no había leído mi historial, me pidió que le contara cuando en lugar de escuchar que dedicaba a leer y hablar con la enfermera y a los cinco minutos ya estaba escribiendo una receta con las pastillas que debía tomar. Aún así, pensé de nuevo en mi promesa a mis hermanas... y acepté tomar las pastillas.
En total eran tres medicamentos diferentes, pero dijo que era la dosis más baja que se recetaba. Debía empezar tomando media de cada y aumentar la dosis a una entera a la semana.
La enfermera me dijo que hasta que mi cuerpo se hiciera a la medicación en esa semana, cabía la posibilidad de que no me encontrara demasiado bien y por eso precisamente no le di importancia a los síntomas.
En el octavo día de medicación, me levanté a hacer café tras terminar de comer con mis hermanas cuando mi corazón empezó a acelerarse y cada vez se me hacía más difícil respirar, algo que había experimentado los últimos días pero supuse que era porque mi cuerpo aún no se había acostumbrado a los medicamentos. Mis hermanas corrieron hacia mí y lograron sujetarme antes de que cayera al suelo.
Carla llamó al teléfono del departamento de salud mental que nos había dado la enfermera por si algo iba mal con la medicación para preguntar si era normal. Nos dieron cita para dos días después.
Entré acompañada de Andrea, como la vez anterior. El médico no sabía quién era de nuevo. Cuando le conté lo que me ocurría, me tachó de ser una neurótica y una histérica. Según él, no era posible que lo que estaba tomando me causara estar así en ese periodo. Tras cinco minutos de discusión me di cuanta que había apuntado mal la fecha de mi cita anterior en el informe y se lo dije, no llevaba sólo dos días de medicación como decía. A partir de ahí, se dedicó a ignorarme y a hablar únicamente con mi hermana. Dijo que era la dosis más baja que podía recetarme, que era eso o nada; así que le dije que prefería no tomar nada y me fui.
Dos meses después del incidente con el psiquiatra, mi psicólogo me preguntó si quería participar en un grupo de terapia. Acepté de nuevo.
El día que empezaba estaba muy nerviosa. No estaba segura de si podía hacerlo o no.
Me senté en una silla vacía sin decir nada a la gente que había en aquella habitación y esperé a que llegara el doctor. Lo primero que hizo al entrar fue explicarnos unas normas básicas que debíamos cumplir, como guardar el anonimato y no hablar con otros sobre lo que se hablaba allí; me parecieron normas razonables. Una vez todos estuvimos de acuerdo, nos presentamos uno por uno, diciendo por qué estábamos ahí. Fue la única vez que hablé ese día. Sin embargo, supe que si me decidía a contar lo que sentía sería algo que más de uno de ellos entendería.
Con el tiempo me fui abriendo. Comencé a hablar de mí y comprendí que había personas que habían sufrido mucho más. Cuanto más oía sobre algunos de mis compañeros, más los respetaba... ellos no lo sabían, pero eran fuertes; yo también quería ser fuerte.
Llevaba dos meses de terapia cuando decidí pedirle a Carla que me acompañara de compras a la ciudad donde antes trabajaba. Sabía que no podría hacerlo sola, pero si alguien me acompañaba quizás podría soportar el viaje y unas horas en aquel lugar.
No se hizo de rogar. Al día siguiente fuimos en su coche a pasar el día allí. Necesité más de una tila con miel y alguna valeriana, pero conseguí aguantar cinco horas, sin contar el viaje. Estuve tensa todo el tiempo, no dejé que me tocara y no paraba de temblar... pero conseguí pasar el día allí sin romper a llorar o tener un ataque de ansiedad.
Fue mi primer pequeño logro. A partir de ese momento, me puse pequeños objetivos a corto plazo...y los fui consiguiendo poco a poco: acercarme a mis sobrinas, jugar con ellas, quedarme a cargo de ellas como hacía antes. Eran logros pequeños para otros; para mí eran grandes barreras que iba cruzando. Y todo era gracias a ellos.
Mi familia me había apoyado desde el principio, pero era diferente. La gente del grupo entendía de verdad cómo me sentía, mis dificultades, porque ellos sentían muchas de esas cosas. Saber que ellos podían avanzar me daba fuerzas para intentarlo yo misma.
Aún tenía ataques y días en los que no paraba de llorar... pero cada vez eran menos. Las cosas estaban cambiando. Tras mucho tiempo, volvía a querer hacer algo... a ser algo.
Y así, sin más, decidí mi primer objetivo de mayor dificultad: conseguir un trabajo.
Pasaron seis meses antes de que recibiera una respuesta afirmativa a alguna de las entrevista que había hecho. Cuando me llamaron de Kissandra S.A. quise llorar de júbilo. No sólo acababa de conseguir trabajo, sino que empezaba de nuevo en lo mío dentro de una de las mayores editoriales del país.
El comienzo fue duro. Había estado mucho tiempo en las sombras, apartada de todo, y debía ponerme al día en muchas cosas. Me gustaba el trabajo, pero aún me costaba socializar como antes y eso debía cambiar; como editora, debía mantener una buena relación con mis autores si quería conseguir un trabajo bien hecho.
Finalmente conseguí encontrar un punto adecuado que me permitía relacionarme tanto con mis autores como con mis compañeros de manera que no me sintiera incómoda.
No había sido de inmediato, pero el accidente me hizo cambiar. Se convirtió en un punto de inflexión en mi vida. Como dijo Andrea en el hospital, tenía una segunda oportunidad para empezar y la había tomado. Ahora... casi podía decir que era feliz. Casi.

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

@leferace qué emotivo final! Como dije en la caja anterior, cuando no se puede caer más, sólo queda subir! Mucha suerte!

leferace
Rango8 Nivel 36
hace casi 3 años

@HJPilgrim en realidad ese no era el final... como puedes ver, he añadido una caja más (la cual finaliza la historia). Quizás no haya sido para bien, es posible que hubiese sido mejor dejarlo como estaba... pero desde el principio quería esta caja y este final; debía estar.
¡Gracias por el apoyo y mucha suerte a ti también! Enseguida me paso a leer el final de tu relato

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

@leferace estaba en la duda si sería definitivo! El mejor final siempre será el que tú decidas. :)


#5

"¿Qué está pasando? No lo entiendo..."
-¡Isa, aguanta!
"¿Por qué gritan?"
-¿Carla, has llamado?
-Sí, pero dicen que tardará en llegar la ambulancia. Hay mucho tráfico y atasco en la Avenida...
-¡Me importa una mierda! Mi hermana se está muriendo en mis brazos... Si no llegan...
-Dicen que debemos mantenerla consciente y no moverla mucho...
-¿Y la herida? ¿Qué hacemos? Hay mucha sangre...
-Presiona, dicen que presionemos.
"Ah... ahora lo entiendo... el coche..."
-¡Isa, no te duermas! ¡No cierres los ojos! ¿Ni se te ocurra cerrar los ojos!
"Estoy cansada..."

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Por qué estoy así? Tirada en la carretera... mientras llueve. Hoy era un día importante para mí, un día de celebración. ¿Qué ha pasado para que acabe aquí?

Ha pasado año y medio desde que comencé en la editorial. Medio año desde que se terminaron las reuniones con el grupo de terapia, aunque aún nos juntemos para desayunar y hablar al menos una vez al mes... Todo iba bien.
Hace casi un año tuve mi última gran crisis de ansiedad. Sucedió en el trabajo, un día en el que todo parecía ir de mal en peor... uno de esos en los que piensas que habría sido mejor no levantarse de la cama.
Pensé que me había controlado lo suficiente para que mis compañeros se dieran cuenta. Me equivoqué.
Estaba llorando en las escaleras, un lugar por el que nadie pasa cuando Lucas se acercó con una taza humeante en una mano y un pañuelo en la otra. Se sentó a mi lado, en silencio, y alargó la taza hacia mí para que la tomara. Después el pañuelo.
No sabía cómo reaccionar a aquello, por lo que simplemente lo miré desconcertada. Me hizo un gesto para que bebiera y obedecí. Sujetando la mano en la que yo tenía el pañuelo, la acercó a mi rostro y comenzó a limpiar lágrimas que no habían parado con su aparición como yo pensaba. Entonces empecé a llorar más fuerte. Él mantenía una mano en mi espalda dando palmaditas para consolarme de vez en cuando... siempre en silencio.
Fue el comienzo de mi relación con Lucas.
Después de ese día, cuando me veía baja de moral, algo triste... dejaba sobre mi mesa una taza de chocolate caliente.
Al cabo de un mes, empezamos a quedar fuera del trabajo. Se convirtió en un amigo. Quedábamos para ir al cine, tomar café... era divertido y podía hablar con él sobre cualquier cosa.
En el tercer mes, fue su cumpleaños. Lo celebramos juntos... solos; él lo quiso así. Me pidió salir. Lo rechacé. Arruiné la cena.
Quería estar con él, lo quería... pero no podía perder a mi amigo Lucas, no sabía si podría con eso. Tenía miedo.
Estuvimos una semana sin hablarnos. Seguía dejando sobre mi mesas tazas de chocolate, pero evitaba quedarse a solas conmigo. Le echaba de menos. Había rechazado su propuesta por temor a perderlo... y lo había perdido justo por eso. Debía arreglar aquello.
Fueron necesarias varias llamadas para que contestara. Le pedí vernos en mi casa para hablar el fin de semana.
La tarde del sábado llegó rápido. Había preparado chocolate caliente y me había tomado una tila antes para prepararme. Nos sentamos en el salón y le conté todo mientras bebíamos el contenido de nuestras tazas.
Como aquel día en la escalera, se quedó en silencio mientras hablaba... aunque esta vez sí me miraba.
- Te diste cuenta que no eras fuerte... que a veces necesitas ayuda. Me echas de menos cuando no me tienes... - Dijo cuando terminé. - ¿No puedo ser yo?
No necesité que dijera más. Realmente quería que fuera él.
Durante los siguientes meses habíamos peleado, reído y compartido muchas cosas. Él había sido paciente y aprendió que a veces era mejor no presionarme con algunas cosas. Yo, por mi parte, intenté no ponérselo muy difícil.
Hoy habíamos comido juntos en nuestro restaurante favorito y me había pedido que me casara con él. Acepté.
No había sido una propuesta muy romántica ni en un sitio lujoso... y el anillo no tenía un gran diamante que hiciese cerrar los ojos a quien lo mirara. Había sido en un sitio pequeño y acogedor, con un anillo discreto y elegante... y las palabras perfectas para alguien como yo: "¿Te gustaría volverme loco el resto de nuestras vidas?"
Llamé eufórica a mis hermanas para contárselo y quedamos para celebrarlo todos juntos.
Me reuní con Andrea, Carla y las niñas en Siracusa, un bar que había a diez minutos de casa cruzando la calle.
Todo pasó muy rápido... pero este el el resultado.
Valeria salió corriendo sin mirar, cruzando la calle cuando el semáforo aún estaba en rojo para nosotros. Llegué a ella justo a tiempo para empujarla antes de que le diera el coche.
Supongo que no tuve tanta suerte.

-¡Isa está aquí la ambulancia! ¡Te vas a poner bien! ¡Todo va a ir bien!
"Estoy cansada... y todo está oscuro. No puedo oír bien a Andrea.
Al menos sé que Valeria está bien.
Tuve una segunda oportunidad para empezar y la aproveché. Me esforcé y lo había conseguido.
Había pasado muchos días llorando a oscuras... pero durante el último año, y especialmente hoy, había conseguido algo que pensé no lograría tener. Había recuperado la esperanza, la confianza en mí misma... y había sido feliz."

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

@leferace tú me quieres hacer llorar no? Hermosamente dramático. Enhorabuena. Ahora sí, te deseo lo mejor para la decisión del jurado. :)