Reik
Rango5 Nivel 21 (496 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Nunca había despertado con aquella extraña sensación de sequedad en la boca. Abrí los ojos lentamente y ante mí apareció un escenario que no me resultaba para nada tranquilizador. La habitación estaba decorada con múltiples y coloridas cortinas de seda aunque no tapaban ninguna ventana, tan sólo el desnudo y desgastado ladrillo. Observé como unas velas iluminaban la estancia colocadas en una pequeña mesita a modo de pequeño santuario y en la pared el retrato de una bella mujer cuyas ropas denotaban pertenecer a una época bastante anterior a la actual. Luego, cerca, sobre un mueble a tal uso, se encontraba unas desgastadas ropas y una coraza, más otros pertrechos de armadura y, al pie del mueble, una espada envainada en una funda de cuero negro. Tardé un momento en descubrir que eran mis propias pertenencias y que yo estaba desnudo sobre la cama. Por un momento barajé la idea de haber acabado en un burdel, en uno que no conocía, pero el aspecto inquietante de la estancia me hizo suponer que no era esa la verdad y que ésta, fuera cual fuera, no sería de mi agrado.

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escritora_8724
Rango8 Nivel 38
hace más de 3 años

Bienvenido, te dejo mi voto, todos suman...

akisse
Rango9 Nivel 41
hace más de 3 años

@Reik al inicio pensé que seria una mujer quien narraba pero me he equivocado, y me ha gustado como lo haces. Mi like para EL MAL QUE LOS HOMBRES HACEN. Ah y te espero en mi MUNDO DE CRISTAL.

reflejosenuntejado
Rango6 Nivel 28
hace más de 3 años

Bienvenido, te dejo mi voto. Espero seguir leyédote. Te espero en TIERRA DE MUJERES.

AnaMM513
Rango8 Nivel 38
hace más de 3 años

Bienvenido, me ha gustado, así que aquí dejo mi voto. Si lo deseas pásate a leer mi DESASTRE, yo también participo. Ojala coincidamos en la siguiente ronda. Un saludo y suerte!!

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

Interesante inicio. Me gusta mucho la fantasía épica y este relato tiene buena pinta @Reik. Te dejo mi voto. Espero que puedas pasar. Te invito a El sueño de una noche de Otoño y Sólo un vaso de cerveza más. Me gustaría conseguir tus votos. Mucha suerte!

Serenya
Rango5 Nivel 24
hace más de 3 años

Interesante :D

Rober_9
Rango6 Nivel 29
hace más de 3 años

Quiero leer más, así que toma mi voto.

sinesand01
Rango10 Nivel 49
hace más de 3 años

Me gustó muchísimo, espero poder verte en la segunda ronda y leer lo que le sigue. Te dejo totalmente mi voto. Si quieres pásate por mi perfil y lee el que yo tengo para el concurso a ver si te gusta. Mucha suerte y éxito, un saludo. :*

yosoyelquetubuscas
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

@Reik Creo que abusas del -Y-. -Y - esto, -Y- lo otro. Haz un ejercició. Tomate la molestia de contar cuantos -Y- tienes en tu texto. Súmalos, te darán en total 8. Es una manera fácil de conectar. Intenta a suprimir 4 de los -Y- o por lo menos 3. Eso te dará trabajo, el premio es mejor ritmo en el texto, mayor fluidez. Así mismo puedes hacer con las comas planteate si puedes eliminar algunas, por lo menos dos o tres, esto significara hacer algunos cambios al texto. Significará, trabajo.

Eso en cuanto a la forma, en cuanto al fondo de lo que me relatas, veo que con habilidad has sabido crear una atmósfera de misterio hacia el personaje que se pregunta así mismo donde está, en que circunstancia y en que tiempo. Es valido. Sigue asi. Cultiva el misterio.

JonathanPonce_
Rango5 Nivel 22
hace más de 3 años

Tiene elementos descriptivos interesantes, y más o menos ofrece un buen comienzo. Escribir en primera persona permite al lector empatizar mejor con el personaje. Desde mi punto de vista te mereces el voto, pero le falta algo que enganche.


#2

Me obligué entonces a mantener la calma. Recordé primero mi nombre, Hannibal Bruch, y luego mi rango de capitán de la décima cohorte de espadachines al servicio del Gran Emperador de Damnedheim. Cerré los ojos durante un momento. Recordé a mis hombres, aquella casa, aquella anciana. Sentada, ya muerta, marchita. Entonces nos atacaron los muertos, cadáveres frescos que se tambaleaban. Vi a la muerte en persona. Luché contra ella, espada contra espada. ¿Vencí? Abrí los ojos de inmediato y miré mi brazo, un corte ya seco recorría mi brazo izquierdo. Lo toqué pero no dolía, ya no, parecía que se curaba, que la sangre seca lo había curado.
No esperé un momento más, me encontraba en buena forma. Tomé mis pertenencias. No necesitaba más para salir. Rasgué un trozo de sábana, el lienzo era antiguo, valioso. Se vendría conmigo. Abrí la puerta con sumo cuidado cuando el corazón casi se me salió de la boca. Intenté no hacer ruido pero Peter me miró, mi antiguo compañero, desgarrado, muerto, sin ojos. Aún así, me miró.

Tragué saliva durante un instante. El cadáver de mi otrora compañero estaba justo delante de mí, tambaleándose. Llevé lentamente mi mano hasta la empuñadura de mi espada y apreté el mango. Le tensión impidió que sintiera el frío del mango como otras veces, apenas sentía por los poros de mi piel. Todo se reducía a un instante eterno, se reducía a si era lo suficientemente rápido para atacar antes que el muerto viviente en el que Peter había sido transformado se lanzara sobre mi bajo las ordenes del nigromante al que su cadáver sirviera. Sin embargo, contra todo pronóstico, el no muerto se giró sobre sus pies. Pareció reconocerme. Quizás aún quedara un destello de memoria que recordara que siempre habíamos sido aliados. Desconocía si eso era posible pero no iba a quedarme allí para descubrirlo, ni iba a darle la oportunidad de que cambiara de opinión. El cadáver andante continuó por un pasillo y yo, algo más decidido, anduve por el lado opuesto.

Llevaba la espada ya en la mano, preparada para posibles encuentros. La hoja estaba forjada con hierro meteórico, un extraño metal que hacía que la hoja siempre mantuviera su filo además de hacerla realmente mortífera contra ciertas criaturas sobrenaturales. Me había salvado más de una vez y parecía que pronto sumaría una más. Anduve bastante tiempo por un pasillo aparentemente inmenso. Si bien iba lento, sin emitir ningún ruido, parecía que aquella construcción no tenía fin. Dejaba puertas atrás, decidido a encontrar alguna escalera que subiera. La oscuridad parecía total aunque algo de luz debía entrar en algún punto porque veía con claridad, si bien empezaba a ver todo en una escala de grises apagados. Finalmente, cuando empezaba a pensar que no había salida, o que ésta se encontraba en otra dirección, encontré una escalera de caracol que subía. Me encontré extrañamente apático al pisar el primer escalón. Había estado agobiado hacía un momento pero ahora no sentía la tranquilidad que debía. Sabía que debía sentirla pero sólo en mi mente, mi corazón se encontraba extrañamente apagado. Sin embargo, dejé las dudas filosóficas a un lado, nunca habían sido mi especialidad ni pretendía ahora que lo fueran. Empecé a subir las largas escaleras cuando empecé a escuchar gritos en lo alto, lo que me hizo acelerar mi marcha. Se oían gritos de combates, el inconfundible sonido del acero llenaba el ambiente. Seguí el sonido hasta una gran sala y al llegar observé como los no muertos cargaban contra un grupo de espadachines del ejército, de la doceava cohorte si no me equivocaba. Luchaban contra una multitud de muertos animados entre los que se encontraban muchos de los hombres a los que había comandado antaño.

Entonces la vi. La volví a ver mejor dicho. La vieja en la silla, muerta, apagada, marchita. A sus pies había una armadura antigua que era portada por lo que parecían los restos óseos de un hombre. Observé como los soldados de Damnedheim, mis camaradas, ganaban terreno. Su capitán se acercaba hasta el cadáver de la anciana. Llevaba un par de hachas gemelas con las que dio buena cuenta de un zombi que salió a su encuentro antes de dejarse el camino libre hasta la mujer. Entonces, decidido, cargué.

yosoyelquetubuscas
Rango6 Nivel 25
hace más de 3 años

Al parecer en esta segunda parte lo que te atacan mas que los muertos son de nuevo las -Y- , las comas también. Trabaja eso.

Reik
Rango5 Nivel 21
hace más de 3 años

Mucha razón. Las prisas de no corregirlo. Gracias por el apunte.

Jupyter
Rango12 Nivel 57
hace más de 3 años

Me gusta lo profundo que es! Cuenta con mi voto! Espero verte por mi historia "nunca" y votes si te gusto^^

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

! Està muy interesante ! , pero , por la salud del texto , por favor, corrige lo que te dijo @yosoyelquetubuscas . ! Suerte ! .

Reik
Rango5 Nivel 21
hace más de 3 años

Sí, está corregido en el segundo texto. Sigue pareciendo mal?

Kicye
Rango8 Nivel 37
hace más de 3 años

Puede que las descripciones o las percepciones que tiene un personaje sean muy largas, basta con dar un matiz de lo que se ve con respecto a lo que se siente. De resto me gusta tu tema, podrías pulirlo un poco y quedará fantástico. Si quieres comer un poco de patatas con manzana pasa por mi perfil. Te invito y espero tu opinión. :D.

Alicia_Jaume_DS
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

Me recuerda un poco a las pelis de La Momia. Suerte!


#3

Los pensamientos se me agolpaban en la mente, confusos, mientras con la espada en alto acometía a mis enemigos. Sabía que aquellos eran mis compañeros, de otra división, pero compañeros al fin y al cabo. Sin embargo, los veía como enemigos a los que debía exterminar. Los había conocido en persona a todos, algunos más otros menos, pero nunca había tenido problemas con ellos. Ahora, sin embargo, el solo verlos me producían un asco apenas contenible.

Paré la hoja de un arma con mi espada de hierro meteórico que me resultaba más brillante que de costumbre y miré a los ojos al soldado que me atacaba. Pude ver el miedo en su rostro al reconocerme. Yo también supe quien era. Un torturador, famoso por su “buen hacer” en los interrogatorios. Casi por instinto llevé mi mano izquierda hasta su cuello y comencé a apretar. Noté más fuerza que la que recordaba tener, tal vez impulsado por la ira. Jürguen, que así se llamaba el maldito, intentó zafarse de la presa. Tiró su espada al suelo para golpearme con ambas manos. Apenas sentía lo que me hacía aunque observaba como me arañaba la piel dejando al descubierto sangre reseca. No me importó. Apreté mi mano una última vez notando como la sangre de mi enemigo recorría mi piel. El cuerpo de Jürgen dejó de moverse y lo arrojé con total indiferencia al suelo justo al momento de sentir un cosquilleo en mi nunca. Sentí como la anciana estaba en peligro. Athanasius, el capitán de aquellos hombres, un “amante” de los niños como bien era sabido por todos, se dirigía hacia ella con sus hachas gemelas preparadas. Se solía decir que los soldados eran el reflejo de sus superiores y, sin duda, de todos los aborrecibles hombres que formaban aquella compañía era él el peor de todos.
Le grité captando su atención aunque escuché mi voz extrañamente grave, como si no saliera de mi garganta sino de alguna zona aún más profunda de mi ser. No esperé un solo momento para acometerlo, aparentemente tranquilo pero con una ira apenas contenida dirigí un estocada directamente a su corazón que apenas pudo parar con sus hachas. Athanasius se recompuso tras el susto inicial. Avanzó realizando una serie de golpes cortos e intensos con sus armas haciéndome recular aunque no traspasaba mi defensa. Entonces sentí como mi pie izquierdo perdía el equilibrio al pisar lo que supuse era un cadáver. Trastabillé cayendo de rodillas quedándome a merced de Athanasius que no dudó un instante al atacar con una de sus hachas mi cuello.

Sentí un calor dentro de mi ser no dolor como esperaba. En la mente se me agolparon imágenes de un joven que se reía en esa misma sala mientras abusaba de una joven al tiempo que sus hombres reían y lo vitoreaban. Me pareció que era el propio Athanasius pero lo reconocí entre los soldados que miraban. El joven que estaba al mando abusaba de la joven, la torturaba y se aprovechaba de ella hasta que una anciana intervenía, junto a los muertos que la acompañaban. El joven se enfrentó a ellos pero antes mató a la joven, no iba a dejar que la anciana, ganara o no, saliera victoriosa. Me dí asco a mi mismo. ¿Por qué? ¿Acaso era yo aquel joven?

Entonces abrí los ojos, furiosos. Yo no era así. Athanasius sí, yo no. Desclavé el hacha de mi cuello con facilidad mientras veía como la cara del capitán mostraba el auténtico terror.

- Eres un monstruo – dije con la voz gutural que ahora tenía.
- Pero…mi general, nosotros te servimos a ti….

Clavé mi espada hasta la empuñadura de aquel que osaba nombrarme como su superior, como si fuera a transferir todas sus maldades hacia mi persona. Yo no era un monstruo como ellos. Me giré para observar que no quedaba nadie con vida y luego me encaré con la anciana.

- Mi señora – dije mientras me arrodillaba - ¿qué ordenáis?

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

! Fabuloso relato : y muy bien escrito ! . ! Suerte ! ...

Mish
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

Muy buen relato, me gusta tu historia, tienes mi voto! Ojalá pases a la siguiente ronda :)


#4

Mi señora, como yo la sentía, levantó su mirada hacia mí. No habló ni emitió sonido alguno pero sentí sus palabras en mi mente. Me felicitó por el combate y me agradeció que la hubiese protegido. Ella sabía, como yo ahora, que no hacía falta agradecer nada pues mi honor me impulsaba a protegerla siempre. Tampoco despertó en mí ninguna sensación el agradecimiento más que el trabajo bien hecho y la gratificación de apartar de esta vida a personas deleznables como Athanasius y sus hombres.

Sentí como mi señora me daba permiso para abandonar el lugar y me dirigí de nuevo a mi habitación. Por el camino me fijé en mis heridas. Estaban abiertas pero no dolían. La carne había alcanzado un tono grisáceo pero no sentía la fiebre de la infección; la sangre parecía ya reseca incluso en las heridas recientes. Más por curiosidad que por otra cosa me rasqué una de las heridas pero no conseguí notar nada. Incluso cuando una parte de mi carne se desprendió dejando al descubierto el hueso del brazo no sentí nada, ni dolor, ni preocupación. Nada.

Entré entonces en mi cuarto en el que hacía no mucho había despertado. Lo noté calido, familiar, aunque faltaba algo. Ahora no era capaz de recordar por qué había quitado el lienzo del altar pero lo recoloqué. Miré al ponerlo de nuevo a la mujer joven y un destelló cruzó mi mente. Caí sobre el duro suelo mientras me apretaba la sien con las manos intentando, desesperadamente, que los recuerdos no me envolvieran pero de nada sirvió.

Volví de nuevo a ver a Athanasius. Había desmembrado a un zombi con sus hachas gemelas mientras se reía, pavoneándose. Vi entonces mis manos, sólo mis manos, que agarraban por el cuello a una mujer joven, la mujer del lienzo. No controlaba mis actos pero eran míos, sin duda. Era yo quien golpeaba a la mujer, quien la desvestía a la fuerza mientras le ponía una daga en el cuello para que cooperara. Era yo quien comenzaba el abuso mientras mis hombres me arengaban, orgullosos de su general. Al menos hasta que nos atacaban los muertos. La anciana, que pensamos muerta, se levantaba de su sitio y nos maldecía, por nuestros pecados, nos maldecía. La muchacha forcejeaba. Quería ordenarle a mis manos que la soltaran, era inocente, bastante había sufrido ya pero no me obedecieron, seguían los mandatos de alguien más siniestro, alguien que prefería quitarle la vida antes que soltarla.

Los soldados son el reflejo de su capitán, y sus capitanes son el reflejo de su general. Y yo soy el peor de todos. Maté a la mujer después de abusar de ella. Por supuesto que lo hice. Y no era lo peor que había hecho. Todos y cada uno de mis pecados volvieron a mí, quemándome el alma. Me quité las piezas de armadura mientras me arañaba la piel, desesperado. La carne se desprendía de mi cuerpo con suma facilidad. El dolor era insoportable. Cada vida arrancada, cada familia arruinada y destruida por el solo placer de hacerlo. Todo volvía a mí quemándome el alma.

Hace más de 3 años

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#5

Durante una eternidad sentí el dolor que había causado de vuelta en mi cuerpo. Sentía todo el mal que había hecho como si me lo hicieran a mí. Pero lo peor no era el dolor sino el arrepentimiento. Lo peor era ver una y otra vez los momentos vividos, comprender por fin el significado de la vida sólo para descubrir, en mi desdicha, que yo había representado todo lo contrario a ésta. Y al final, de forma merecida, recordaría mi vida pasada, día tras día, en una eternidad de fiel servidumbre.

Me levanté dolorido, tambaleante, con los recuerdos aún torturándome la mente. En el suelo los restos de mi vieja carne, los órganos marchitos junto a ellos mientras yo me convertía en una pila de huesos sin sentido. Me arrastré hasta la cama y me dejé caer, intentando evadir mi mente de los recuerdos.

Nunca había despertado de forma diferente. Abrí los ojos lentamente y ante mí apareció un escenario tranquilizador. La habitación estaba decorada con múltiples y coloridas cortinas de seda aunque no tapaban ninguna ventana, tan sólo el desnudo y desgastado ladrillo. Observé las velas que iluminaban la estancia colocadas en una pequeña mesita, el santuario de mi amor. En la pared el retrato de mi bella mujer cuyas ropas denotaban pertenecer a una época anterior a la actual, una época en la que fuimos felices. Cerca, sobre un mueble a tal uso, se encontraba mis desgastadas ropas y mi coraza, junto a otros pertrechos de armadura y, al pie del mueble, mi fiel espada envainada en su funda de cuero negro. Me levanté mientras movía la cabeza. Había tenido sueños tenebrosos aquella noche. Cada noche los tenía. Ni siquiera mi condición de no muerto me quitaba aquellas pesadillas. Sueños donde perpetraba actos malvados, donde incluso mataba al amor de mi vida, como si yo hubiera sido capaz de hacer actos como esos. Tenía ciertas lagunas, bien era cierto, tras más de ciento cincuenta años de caminar por este mundo de sombras, ni vivo ni muerto. Pero recordaba una vida en la que fui soldado, en la que comandaba a hombres valerosos y justos. Hombres que eran el reflejo de mi propia vida. Hasta que él me lo quito todo. Hannibal Bruch. Era curioso que no pudiera recordar mi propio nombre, perdido en el tiempo, pero pudiera recordar el de ese monstruo. A veces, tras algunas noches agitadas, llegaba a pensar que yo era el monstruo, que yo era Hannibal Bruch y que mis sueños no eran sino recuerdos.

Pero al mirar el bello rostro de mi amor me volvía a replantear mi existencia. ¿Cómo podría ser el monstruo y seguir viviendo? ¿Cómo podría soportar el daño causado?

Pasé uno de mis dedos huesudos por el rostro de mi amada.

- Él nos separó – me dije convenciéndome – Él nos hizo esto.

Me convencí a mí mismo antes de salir de mi prisión, como hacía cada vez que me despertaba. Me convencí de que nunca hice mal a nadie como única defensa ante la maldición. Pero en el fondo sabía la verdad que nunca dejaría de atormentarme pues el mal que los hombres hacen vive por siempre en sus huesos.

Hace más de 3 años

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SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

! Muy bonito y descriptivo ! . ! Lo apoyo !...