GoldBirds_19
Rango12 Nivel 58 (12826 ptos) | Ensayista de éxito
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Todos estamos conectados.
Al igual que los animales, o mejor dicho, todos los individuos de una misma especie tienen la facultad de poder comunicarse. Esto podría hacer pensar en el habla, en el caso de los humanos, pero ya había seres humanos antes de que aprendieran a hablar para poder comunicarse. En el caso de las especies animales, además de su lenguaje, más simple o más complejo, las especies poseen otros mecanismos para orientarse, que fueron desarrollando con el paso del tiempo. En el caso concreto del hombre, al orientar todo su potencial específicamente en el desarrollo de algunas de sus facultades, otras quedaron inevitablemente, olvidadas. Sin embargo, la naturaleza que todo lo transforma, en su infinita sabiduría, no osó desechar esos sistemas y los relegó a un segundo plano, en lo profundo de su subconsciente, donde aún permanecen en estado latente...
El hombre no le ha conferido nunca a los sueños más que una credibilidad alegórica, sin embargo, las conexiones nerviosas de su cerebro operan invariablemente al margen de su opinión...
Esta emisión no es segura, debo desconectar...

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Chileno70
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 2 años

Me gusta esta reflexión verdad,,,🐦🐦🐦🐦


#2

Introducción

La comunicación nunca ha dejado de ser un intercambio de señales. Si bien es cierto que ciertas especie utilizan su potencial para orientarse a grandes distancias mediante campos magnéticos, el ser humano no carece de esos mecanismos. Sólo que, desconoce que los posee. Y aún así ha logrado imponerse al resto de especies, pero su hegemonía está próxima a su fin. Es algo que él siempre ha sospechado, una rencilla personal con el destino que le ha impulsado desde tiempos inmemoriales a buscar mil y una formas de postergar su legado.

Sólo soy un hombre o lo fui… El último, y por eso estoy aquí… Aún recuerdo cuando, como vosotros, escuché por vez primera hablar del fin de la civilización y recuerdo cuál fue mi reacción. Miedo, rechazo… Pero el pasado quedó atrás. Me embarco en una viaje de ida como un día lo fueron la vida, la muerte... A estas alturas utilizar el vínculo por si alguien pudiera estar escuchando no me parece descabellado. Atrás quedó el recuerdo de una mundo en silencio, herido, maltrecho…
A veces añoro aquellos días en los que nadaba en un mar de ignorancia....

Establecer el vínculo no es cosa fácil y eso no es más que el principio. Quien me iba a decir con todo lo que habría de lidiar. Antes que vosotros hubo otros, del mismo modo que después de mí vendrá alguien más, pero esa es otra historia. No se trata de si estábamos solos en el universo sino de qué hicimos para que nos exiliaran a un mundo del que no podíamos escapar. Lo que denominamos la Tierra, nuestro hogar; un paraíso. No pretendía ser otra cosa que nuestra tumba.
Como toda especie tuvimos padres y madres. Y del mismo modo que el huevo surgió la gallina, nosotros surgimos de nuestros mayores. También tuvimos hermanos, eran nuestros semejantes, pero no nuestros iguales y todos sabemos el temor y el rechazo que inspira lo desconocido, lo diferente...

Por aquel entonces la raza humana ya había llegado a su edad adulta, con todos los defectos que eso conlleva. Y he de remontarme a aquellos días para hablaros de ellos, aquellos de quienes huyo, pues pueden rastrear la transmigración del pensamiento. Mis ellos son conocidos como el Claustro. No son más que una aberración, sin embargo, no conviene despreciar su poder y digo poder en más de un sentido.
También nuestros mayores descendían a su vez de otros seres arcanos, a los cuales mencionaré llegado el momento. El vínculo nació con ellos y lo heredó su linaje. Nuestra raza, sin embargo, olvidó sus enseñanzas. Pretendía labrarse su propio porvenir y en su ciego empeño de progresar sin medida, perdió más de lo que siquiera alcanzó a imaginar.

Entre los hombres nacieron aquellos a los que llamaban Durmientes. Aparentemente hombres normales pero con una idiosincrasia, su cerebro estaba invertido y potenciaba su inconsciente, mientras que su consciencia había quedado relegada a un segundo plano.
La vida transcurría ajena a los planes que se urden en las sombras, a las traiciones, las envidias y la premeditación. Pero lo cierto es que los hombres miraban con desprecio a los que denominaban con sorna: invertidos. Detestaban su indiferencia y lo que con su enorme potencial eran capaces de lograr. Actos inauditos nunca antes contemplados, que les deslumbraban y les asustaban, y por ello, les despreciaban. Y ese sentimiento fue en aumento pues los Durmientes no colaboraban ni se integraban en la sociedad. Por lo que estaban mal vistos.
El tiempo transcurrió y la comezón interior les llevó a la segregación, al odio, el asedio y por último a la purga. Cuyo propósito no era el de sanar o corregir aquellas mentes alteradas que, arrancaban un gesto de desprecio de todo el que se los cruzaba por la calle. Pasaron los tiempos de las trepanaciones y las lobotomías, que una vez se consideraron como una alternativa viable para tratar su enfermedad. Pero aquellos métodos medievales de tortura sólo dejaban tras de sí, seres vegetales babeantes que rebosaban en los manicomios y las en las cárceles su esperanza de vida eran relativamente corta. Eran un lacra y una pesada carga social, además de inútil. Había llegado el momento de tomar medidas. Debían ser borrados de la faz de la Tierra, para que su estirpe no volviera a florecer. Fueron tiempos oscuros. Disfrazada de cruzadas, guerras santas, cazas de brujas y tribunales de la inquisición, la "purga" perseguía a los durmientes que eran juzgados, condenados y asesinados en el mismo día, sin importar su condición. El miedo se había apoderado de los corazones de las gentes y había nublado su juicio.

Un pequeño grupo de Durmientes, disidentes de toda causa, se mantenía apartado. Se trataba de una congregación formada por sólo trece miembros, que más tarde serían conocidos como: el Gremio. Lo que lograron esos trece seres no tiene precedentes y no fue conocido por ningún hombre hasta muchísimo tiempo después. Ellos fueron los primeros en completar el Sueño Primigenio.
Desaparecieron de la noche a la mañana sin dejar rastro y nunca más se supo de ellos...
El recuerdo de la purga fue durante mucho tiempo una lacra para sociedad, pero necesaria. Algunas generaciones después sucedió que, a raíz de la aparición de los Durmientes, la psicología había indagado y realizado descubrimientos que incidían en el hecho de que el hecho de que la naturaleza hubiera creado aquella aberración tan similar a nosotros, abría la posibilidad a que una pequeña parte de la sociedad se viera afectada en mayor o menor medida por una serie de alteraciones que, si fuera el caso, podrían nublar su juicio. Por ello se llevaron a cabo una serie de estudios que experimentó con algunos sujetos. Sea como fuere comenzaron a haber casos de pacientes con alteraciones que recibían nombres como: demencia, esquizofrenia...
Aún siendo humanos, estos sujetos a los que sometieron a crueles procesos, lograron de forma inconsciente establecer lo que llamamos el “vínculo”. Fue así como entraron en contacto con el Gremio, que se hacía llamar así mismo: la Hermandad.
Establecer el vínculo es como ver a un pulpo adulto entrar en el interior de una botella de cristal y luego salir. Es algo que no se puede aprender, un estado que no se puede forzar y al que sólo se tiene acceso cuando la consciencia cesa su función y el inconsciente toma el relevo. Lo que les pidieron en sueños, fue que buscaran entre sus iguales a trece miembros para constituir el Gremio. Y a medida que fueron dominando el vínculo, comenzaron a rastrear un espacio virgen por el que transitaba el pensamiento. Una vez completado este requisito. Ellos les entregarían su legado; el sueño primigenio.
Así se constituyó el Claustro. Y cuando fueron trece, en sus mentes comenzó a emerger un sueño sinfín común a todos sus miembros que se desarrollaba sin descanso. Y cuando el sueño hubo concluido, desaparecieron al igual que sus predecesores.
Pero el Claustro estaba constituido por hombres, no por durmientes. Cuando la Hermandad incurrió en su error, ya era demasiado tarde. Por eso no han vuelto a establecer contacto con ningún otro ser humano.
Les entregaron la posibilidad de trascender a un nuevo estado, diferente de la vida y de la muerte, pero al igual que los humanos deberían habitar la Tierra, no les dejaron ir más allá. Habían dejado de ser hombres. El tiempo ya no podía consumirlos, pero sí el fuego que ardía en su interior.
Al igual que las moscas no conocen el cristal y no entienden porqué no pueden atravesarlo, los humanos no saben que es la realidad ni porqué están atrapados en ella. Ahora el Claustro estaba al otro lado de ese cristal, un mundo invertido, como el reflejo de un espejo, sólo que inerte. El resto de especies parecía poder saltar a su antojo de un lado a otro, sin embargo, ellos no podían ejercer poder alguno sobre ellos. El tiempo pasaba y su rabia crecía. Habían cambiado de celda, pero seguían aprisionados.

La Hermandad no volvió a establecer contacto con ellos y durante eones, permanecieron atentos a los cambios que tenían lugar al otro lado, pero apenas lograron rastrear el resplandor del vínculo en un puñado de seres humanos.
La configuración del cerebro humano sufriría una serie de comunicaciones a lo largo de su evolución. El mayor potencial había recaído sobre la desaparecida estirpe de los durmientes, mientras que sus hermanos humanos, tan sólo poseían un intrincado laberinto de conexiones nerviosas que les resultaba propicio para sus menesteres, pero completamente obsoleto para su verdadera misión. Pero qué es la vida, sino adaptación. No obstante con cada descubrimiento, con cada reflexión, con cada avance que realizaban, una parte de su cerebro se potenciaba mientras que otra apenas podía emerger más que durante el sueño de la razón. Aquella parte escondida entre la confusa configuración de su cerebro, luchaba por volver a emerger, reclamaba oxígeno y el organismo reaccionó, se convulsionó y respondió a esa degradación.
El Claustro rondaban los sueños de los locos buscando a todos aquellos capaces de desarrollar el vínculo. Buscando conocer el alcance de su poder. Pero aquellos seres desquiciados no podían ayudarles en sus propósito, así que los confundían y los consumían hasta hacerlos enloquecer y desear la muerte.
Sin embargo las edades del hombre se sucedían y llegó un momento en el que la tecnología llegó a formar parte íntima de sus vidas y cuando se dieron las condiciones óptimas pudieron acceder a ellos a través de sus implantes. Por supuesto aquella forma artificial de comunicación no era recíproca, pero ellos eran capaces de hallar la frecuencia de sus pensamientos y adentrarse en ellos. Había llegado su momento, se introdujeron en sus mentes y los dominaron con sus propias armas.
De la noche a la mañana hubo gente que no despertó, gente atrapada en un sueño sin descanso, abocada a un estado de coma. La Hermandad buscaba una forma de entrar.

Hace alrededor de 2 años

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Chileno70
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 2 años

Maravillas, te leooo,,,👍👍👍🐦🐦🐦🐦🐦

GoldBirds_19
Rango12 Nivel 58
hace alrededor de 2 años

Y aquellas palabras que vertí ya no necesitaron papel en el que reposar, ni eco que las propagara... Al hacerlas tuyas, las elevaste por encima de la dimensión personal, de la dimensión temporal y flotaron en un espacio al que todos los que desearan podrían acceder. Gracias a tí.

Chileno70
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 2 años

Guauuuu, hasta tus conebtarios rebozan poesía🌀🌀👏👏👏👏👈