Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64 (18915 ptos) | Premio de la crítica
#1
    Partes:
  • #2

Sopla el viento ligero y suave por entre mis cabellos, mientras la luz del sol cae sobre mi piel como tibios copos de nieve, así la siento. Hace frío. He estado sentado bajo este árbol desde hace más de dos horas, tal vez más… Ya no sé, he perdido la cuenta. He jugado con la yerba, he sido travieso y he arrancado un par de flores silvestres para deshojarlas con lentitud… De pronto, me sentí un poco malo por lanzar los pétalos al suelo sin nada más que una sonrisa en los labios. Han sido años los que han pasado sin que maltratara a la naturaleza como lo hice hace sólo unos minutos. Suspiro profundamente; lo hago de tal manera que siento a mis pulmones expandirse con sutil satisfacción. El sol sigue brillando tras las nubes blancas y ese cielo azul que parece mirarme con desconcierto. No quiero irme de aquí, amo este lugar; me da un sentimiento de paz, de una soledad que me abraza con ese silencio musical que viaja con las hojas que caen al suelo y con las aves que surcan el cielo. Vuelvo los ojos a mis manos, aún sostengo en ellas el tallo de la flor que acabo de deshojar…

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Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace casi 2 años

¿Cómo algo que parece tan insignificante a simple vista puede conllevar a un sentimiento profundo de culpa? Un alma noble seguramente.


#2

Lo miro con fijeza, con profundo interés, con una inquietud que me hace latir el alma. No le busco explicación a lo que estoy sintiendo, sólo me cautivo con lo que estoy observando.

¿Le habré causado dolor al arrancarla de la tierra?

No sentí placer al hacerlo… Si lo hice fue por que me sentía molesto… Aturdido…

Lo siento…

Llevo a mis labios el tallo de esa flor asesinada por mí, mientras miro hacia el otro tallo que yace en el suelo. Fueron dos flores las que mancille esta mañana… Las arranqué de la tierra sólo por mi aspaviento… Mi locura… Mi absurda molestia. Ahora yacen, una en el suelo y la otra en mis manos, siendo besadas por mis ojos y labios.

Camino de regreso a casa, llevo los bolsillos de mi pantalón llenos de mis manos y a mi mente vacía de mí. El viento continua soplando, me enfría la piel al tanto que el sol trata de entibiarme. ¡Vaya paradoja!

Apresuro el paso, no por el deseo de llegar pronto a casa, sólo quiero calentarme un poco al andar… Recuerdo el motivo de mi salida, mas no tengo una razón para volver. ¿Vale la pena llegar a casa? ¿En realidad quiero llegar? ¿Acaso no tengo todo un cielo sobre mí que hace ya de mi hogar?

Me detengo frente al aparador de un estudio fotográfico; está cerrado. Miro las grandes fotografías que yacen ahí dentro con esos marcos robustos y elegantes… Me sumerjo en los rostros de las personas que yacen paralizadas ahí, en esos cuadros lúdicos… De pronto, un escalofrío… La fijación de mi mirada se prenda del reflejo mío sobre el cristal…

Ahí estoy, también, intacto… Pausado en el tiempo sobre ese vidrio que me dibuja como en una fotografía.

Vuelve el escalofrío… Me recorre los poros… Me eriza los vellos… Me hace tragar saliva con ligero pesar.

Una imagen… Un recuerdo… ¿Eso soy?

Nace una lágrima de mi ojo derecho, la veo brotar en la imagen que me da el cristal, pero yo… Yo la estoy sintiendo salir de mí, así como estoy sintiendo el ahogo que apresa a mi garganta… Un nudo que arde, que lacera, que flagela, que quema…

La gota sigue su curso… La veo resbalar por mi mejilla… Lentamente… Suavemente… No tiene prisa… Pero, mi llanto corre por mis venas… Ese dolor que castra a las arterias en un sollozo de sangre que explota en el pecho como un latido agitado, despavorido, asustado…

La gota llega al mentón, se pasea por su suavidad, por su lozanía… Quiere caer, pero tampoco quiere hacerlo… Tiembla… Necesita de un ligero empujón que yo no le doy a pesar de sentir el grito en mi garganta… Quiero ver hasta dónde puede aguantar… Sin embargo, el viento…

Una ráfaga azota en mi cuerpo, roza mi rostro y arranca de tajo a la lágrima tímida que no quería dejarse ir.

Cierro los ojos… Dejo salir un par más… Las siento correr por mi rostro… Abro los ojos, vuelvo a toparme con mi reflejo…

Tímido… Callado… Pálido… Flaco… Nada parecido al de la fotografía que yace ante mis ojos y que, por él, me he detenido aquí… Ése que me mira desde allá, con la sonrisa pintada en los labios, con el brillo descarado en los ojos… Ése que pareciera que aún vive, que aún respira… Ése que dejé de ser… Y que ahora, yace aquí, ante el cristal, con la edad en la que se quedó antes de cerrar los ojos para siempre… No, ya no soy el de la fotografía… Esa materia ya no respira… Aquí, en este espacio, sólo late un fantasma… Un niño de siete años que llora ante el cristal al ver al adulto en esa fotografía… Ahora entiendo porqué no tengo razón para volver… Dios, no lo recordaba… Ya no tengo lugar al qué volver… ¡Ya no!

Despego los ojos nublados del cristal para ver a mi rededor y encontrarme con el vacío… Todo desaparece ante mí dejándome solo… Me observo las manos… Transparentes… Traslucidas… Dejan pasar la luz de la vacuidad… De pronto, las lágrimas se tornan en cristal diamantino… Me deshago en pequeños fragmentos de diamantes… Mi voz se apaga… Mi latido se desvanece… Mi esencia se esfuma…

El último suspiro me sabe a sal… Mi última palabra…

Gracias.