Nubis
Rango12 Nivel 57 (11013 ptos) | Ensayista de éxito
#1
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  • #2

Salvo en mi pueblo, los árboles de la calle están cuidados, bien podados. En mi pueblo los árboles son de ramas altivas aunque retorcidas, podadas de una forma que se forman con el tiempo bultos sobresaliendo un palmo. Evocan películas de Tim Burton de día y de criaturas o zombies por la noche. Una vez imaginé un bosque de árboles gemelos, lo que lo convertía en algo irreal. Justo en el centro, se ubicaba un árbol retorcido: sin follaje, nada de restos por el suelo, de una madera muy clara y llena de bultos… no hace falta especificar o realzar el símil.
Camino por la calle. Acabo de ver True Detective y la “psicosfera” es reciente en mi mente. La realidad (mi percepción) tiene un tono distinto al que poseía dos o tres horas antes; las casas definiendo las calles, los coches, el asfalto… se respiran de otro modo. Las personas que me cruzo miran de modo automático para saludar si acaso eres un conocido. Lo hacen, pero hay un aire de sospecha, como si temieran que fueses ese famoso final repentino del que hablan los ancianos.

(Continúa)

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enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 59
hace casi 2 años

Estimado, por estos lares los pobres árboles también sufren de una plaga muy particular: maléficos funcionarios sin idea alguna de el arte de la arboricultura, ni la sensibilidad de encontrarse ante un ser vivo. Pd: para bosque de árboles gemelos, solo busque alguna forestación de maléficos eucaliptos.


#2

Da la impresión que se giran para observar tu espalda alejándose. Una vez se sienten seguros, vuelven a la máscara. Eso me hace pensar en las capas que forman a las personas, y lo relaciono a su vez con las casas. Las casas poseen rasgos humanos, al igual que los coches (dos ojos, una piel protectora, órganos internos y miembros exteriores que ayudan a desplazarse…). No existen las coincidencias, mas bien los objetos se adaptan a nosotros porque así los creamos. Toda creación humana es un trozo de mente plasmada, y su forma física se basa en nuestro cuerpo y en las necesidades de la voluntad. Temo que la mitad de la pareidolias son lógicas. La mente se ama a sí misma por pura supervivencia. Somos egocéntricos con tal de sobrevivir. ¿Y quién dice todo esto?: la mente, claro. Esa tramposa admira nuestra propia existencia. Somos el único animal que lo hace.
Las casas. Camino y analizo su rostro. Me acuerdo durante un segundo de la casa de los Usher. Compruebo la piel en escamas de ladrillo que resguarda un interior. Protege tanto lo vital como lo secreto; lo tangible y lo que no. Lo que forma a una persona. Allí dentro nos sentimos libres, dejamos de actuar. Dentro encerramos nuestro verdadero yo por algún motivo. ¿Tan frágil es el ego? Sin embargo no existe protección infalible, y los ladrones entran para quitarnos un pedazo y provocarnos daño.
A veces lo ladrones son consentidos.
Las casas también poseen capas, y no sólo físicas. En ocasiones cada capa son los miembros de la familia y sus rangos. En otras son el nivel económico. El dinero es de lo mejor que nos puede esconder porque crea una apariencia propia y ajena, la cual brilla en algunas ocasiones, nos convierte en monstruos en otros casos. No olvidemos el sótano, el subconsciente que no solemos tener en cuenta…
Mi caminata me lleva a cruzarme con un animal muerto en la acera. Las moscas ya comenzaron, y me sorprende el estado de su cabeza pegada contra el pecho. No deseo analizar si es un gato, un perro o una liebre, paso de largo mientras retengo en la retina la zona abultada y violácea donde debería estar su cabeza. Las moscas están inquietas, y por un momento pienso que es debido a mí. Quizá deseen dejar sus huevos en mi piel, sólo por si acaso, por si las moscas… analizo la relación, y no sé cómo reaccionar. Recuerdo al cantante de Have a Nice Life y su filosofía sobre la muerte. Recuerdo esas palabras sobre que a la muerte no hay que temerla, sobre que está en todas partes si nos paramos a analizar alrededor. A mi mente surge la imagen de una avispa ahogándose en un capazo lleno de agua. Sus patas luchan contra el aire, luego contra el agua, logra darse la vuelta de nuevo; luchó hasta el final, o eso creo, no me esperé para comprobarlo. Prefiero pensar en cómo llegó ese animal hasta la acera. Quizá fuera atropellado y del impacto salió disparado hasta allí, lo que explicaría además el estado de su cabeza escondida entre las patas delanteras. Ya no importa, hace rato que pasé de largo.
Ya estoy llegando a casa, así que mi mente se apresura sin permiso a una conclusión sobre el interior de los hogares, lo que conllevará a saber qué hay dentro de las personas. Las personas que me cruzo siguen sospechando en vano, y recuerdo las palabras de ese sabio pesimista sobre que el humano es malo por naturaleza. Indago a pesar del riesgo, arranco capa a capa hasta llegar al centro: no hay nada. Después de toda cavilación concluyo que todo es imaginación mía, y nadie conspira contra nadie de normal. Las casas no resguardan secretos que no sean similares a los de todos, no hay cuchillos lavados con esmero ni tierra removida en el jardín, salvo la de las raíces.
Antes de entrar en casa para volver a ser yo, me pregunto qué forma tendrán las raíces de los árboles de mi pueblo.

Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

Un tanto paranoica la reflexión.
Pero muy bien lograda, @Nubis.

ValdiviesoDaniel3264
Rango13 Nivel 63
hace más de 1 año

Debería ser en afinidad con la idiosincrasia de sus ciudadanos que la pueblan, frágiles o livianas ó profundas y mejor comentadas @Nubis