Rjmc98
Rango11 Nivel 52 (7601 ptos) | Artista reconocido
#1

El deber moral de cualquier ser humano es compartir todo conocimiento que pueda ayudar al mundo. Hoy más que nunca, con este mundo cayéndose a pedazos, creo que debo de compartir contigo la enseñanza más grande que me ha sido entregada, por un sujeto no más grande que un alfiler.

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#2

Esta historia no empieza como todas las demás, no es la historia de un héroe matando a un monstruo o rescatando a una damisela en apuros, esta historia no termina bien para nuestro protagonista, esta es la historia de cómo unos cuantos seres, no más grande que un alfiler, llegaron más alto que cualquier gigante.

Empecemos… Un tarde como cualquier otra, me encontraba sentado en mi barca, navegando al horizonte, cuando de repente (como por arte de magia)  justo frente a mí se apareció una isla, así sin previo aviso. Atribuí este hecho a mi falta de atención, suponiendo que siempre estuvo ahí y simplemente no había notado su presencia. Sin embargo hoy al escribir todo esto, creo que no estaba ahí y apareció de la nada, porque era mi destino contar esta historia.

Al llegar a la orilla, me baje de mi barca y la amarré a la palmera más cercana. Me adentre en la isla, (debí caminar como dos horas) y al notar que esta despoblada decidí pasar la noche, nada en este agitado mundo se compara con la sensación de no tener compañía nada más que de la luna y una conciencia tranquila, esa fue la noche que mejor dormí en mi vida. Al despertar recuerdo que sentía que flotaba y todo era perfecto hasta que mire mi pecho y para mi sorpresa, ahí sentado sobre mí había una personita tomando el desayuno. Me debió haber confundido con una roca o un animal muerto que llego a la orilla, casi se le para el corazón al ver que yo estaba vivo.

Al cabo de un corto  periodo  de tiempo (aunque en el momento fue el más largo de mi vida) de miradas con miedo y duda al mismo tiempo, se presentó, me dijo su nombre, apenas puedo pronunciarlo y mucho menos escribirlo, así que para fines de la historia le llamaremos: Miguelito el enanito. Me conto que era el único habitante de la isla de los gigantes, recuerdo que en su momento me hizo mucha gracia ya que él era un enanito. Reí tanto que de una carcajada lo saque volando por los aires. También me conto que él era el último de su especie: los Pequeñas voces, así les habían apodado los gigantes que antes caminaban por esas tierras. El apodo se lo debían a que la única manera de ser notados por los gigantes, los Pequeñas voces debían gritar muy fuerte para ellos supieran que estaban ahí. Para los gigantes el ruido de sus gritos no era más fuerte que el ruido que hace un mosquito

Agusdidier
Rango6 Nivel 26
hace casi 2 años

Muy buena historia, saludos. Nos leemos. 👋👋👋


#3

Al contrario de lo que se creería de los gigantes, lejos de ser buenas personas, les encantaba ver sufrir a los Pequeñas voces, (Miguelito el enanito mencionó algunos nombres de los gigantes, que para ser sincero eran bastante ridículos, algunos se llamaban Argoldo, Sumoki, Ferran, Oferleo)  Los gigantes que al parecer no tenían ni una pizca de conciencia, se regocijaban al ver el sufrimiento de los Pequeñas voces, los torturaban de distintas maneras: algunos se mofaban de ellos, burlándose por su manera de ser, tan distinta a la de los demás. Otros incluso sentían un odio irracional por ellos, llegaban a pisarlos, causándoles graves heridas o matándolos. Y los gigantes que quedaban no les hacían nada, solo se sentaban a verlos como eran torturados por sus semejantes, en estos  casos la indiferencia era tan mala como los golpes  o las burlas.   Muchos de los Pequeñas voces nacían y crecían en medio de la confusión y el miedo: “¿Cómo puede ser que los gigantes nos odien tanto si nunca hemos hecho algo para ofenderlos?” era la pregunta que más se hacían, y la desconcertante respuesta a la que siempre llegaban era: “Nos odian tan solo por estar vivos”. Muchos Pequeñas voces se mataban porque creían que de verdad eran algo malo, cuando en realidad los malos eran los gigantes.

#4

Generaciones de Pequeñas voces habían muerto sin lograr nada. Hasta que un día ante un inminente ataque de los gigantes, Miguelito el enanito le hablo a todos sus hermanos y les dijo que si se paraban uno encima del otro, podrían llegar a ser tal altos como los gigantes. Así lo hicieron y con ramitas, rocas puntiagudas y muchos años de ira reprimida, derribaron a muchos gigantes. Los que quedaron se dieron a la fuga al ver su inminente derrota. Y así fue como la isla de los gigantes se convirtió en la isla de los Pequeños Gigantes.

Los Pequeñas voces olvidaron su apodo, porque era para oprimidos y ellos ahora eran libres. Muchos de ellos murieron por las heridas, murieron con honor ya que al fin (aunque sea por un breve instante) habían logrado respirar sin temor en el corazón

#5

Poco a poco todos fueron muriendo, todos excepto Miguelito. Al finalizar su historia Miguelito me pidió mi mano para poder recostarse por última vez.  Antes de partir me pidió que llevará esta historia a todos los Pequeñas voces del mundo, para poder recordarles que unidos pueden derrotar a cualquier gigante.

Miguelito el enanito murió en mi mano, murió como un hombre libre. Se fue de este mundo como el Pequeño Gigante más valiente que ha existido.

andres24
Rango6 Nivel 28
hace casi 2 años

Agradable historia y buena enseñanza. 😊