Trivael
Rango5 Nivel 20 (446 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Brisa de otoño, fría y penetrante, hierba aún cubierta por el rocío, y un sol rojizo que se alzaba en el horizonte. Este fue el terreno de la última batalla de esas dos personas que se hallaban frente a frente, en unas planicies en las que era imposible hacer una emboscada.

Didier, que había estado esperando ese momento desde hacía mucho tiempo, blandió su espada plateada y perfecta cual espejo con su derecha, mientras que con la izquierda sostenía su fiel escudo, que aunque magullado por las incontables batallas, era un orgullo para su dueño ya que poseía el emblema de su largo linaje.

Absolon esperaba que ese día nunca llegase, pero su honor le impedía dar la espalda a aquella persona. Su mandoble se mantenía frente a él, apuntando a un oponente cuyo odio podía leerse en sus ojos.

Cada uno era consciente de las habilidades del otro, así que ninguno llevaba más protección que la tela y el abrigo que los cubría. Debido a ello, los siete segundos siguientes fueron los últimos para uno de ellos.

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David_escritor
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Me encantan este tipo de historias, aunque no suelo ver muchas por aquí. Estoy deseando leer la continuación. Ánimo :)


#2

Didier fue el primero en arremeter. Su espada brilló con las luces del amanecer y su rugido de furia acompañó al silbido del arma descendiendo hacia su objetivo. En ese momento el tiempo se dilató para ambos. El agresivo guerrero estaba poseído por una furia producto de la pérdida, lo que le hizo estar tan concentrado en su objetivo que sus sentimientos se ahogaron en el mar sanguinolento que conformaba su ira.

Su oponente, en cambio, se dio cuenta de ello e intentó mantener la calma. Esto le ayudó a apreciar cada movimiento del atacante. Aferró su fiel espada al sentir que sus manos comenzaban a temblar, pero no sabía si era miedo o emoción. Y tan preciso como siempre lo había sido, Absolon desvió el arma de Didier. El aceró entrechocó con un sonido chirriante mientras el mandoble se deslizaba hacia la garganta de su oponente.

En ese momento, el caballero se encontraba mirando a los ojos a su agresor. Unos ojos coléricos y llenos de lágrimas. Absolon supo entonces que esa persona necesitaba esa venganza, necesitaba esa batalla para que su corazón pudiese estar en paz, y él sabía perfectamente el por qué.

El guerrero vio como la hoja de aquella enorme espada se acercaba a su cuello desde un ángulo desfavorable, ya que venía desde el exterior del brazo. Apretó los dientes para esperar al último momento y se agachó lo más rápido que pudo e intentó girar sobre sí mismo. Absolon instintivamente adelantó su pierna izquierda y la utilizó como apoyo para desviar la espada, su dirección era la nuca de Didier.

El ruido sordo del acero contra la madera del escudo del guerrero marcó el final de un segundo que para ambos había parecido una eternidad.

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David_escritor
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Me gusta especialmente como narras la historia, manejas muy bien la tensión. Felicidades por tu historia!

Trivael
Rango5 Nivel 20
hace más de 4 años

¡Gracias! me alegro de que te guste.


#3

Una distracción, un momento perfecto, eran entre otros lo que necesitaba Didier para asestar una estocada en su posición. Y ese era el instante.

Sin embargo, la experiencia del caballero le ayudó a que casi involuntariamente soltase su espada, haciendo algo completamente inesperado para su contrincante. Sin aparente sentido, Absolon colocó sus manos en el filo de su espada y utilizó el mango para bloquear el ataque inminente. El contacto de la espada de Didier contra la suya hizo que se girara un poco, cosa que utilizó como impulso para intentar asestar un fuerte golpe con la protección de su espada.

El guerrero pudo ver aquel dominio de la espada como algo terrorífico, pero estaba decidido a no morir en aquel prado. Incluso sin tener nada que perder, debía sobrevivir a aquel encuentro, así que inclinó su cabeza y comenzó a retomar su ataque. Sus músculos sentían el inicio de la fatiga, pero no se detuvo, aunque por un momento todo se volviese negro.

El golpe del mango del mandoble había impactado casi por completo en su frente, por lo que no perdió el conocimiento, así que a ciegas, su estocada se dirigió al lugar en el que estaba su oponente. Y en ese momento en el que todo su cuerpo actuaba como una flecha, la imagen de su mujer e hijos, muertos, volvió a su mente al igual que un pueblo en llamas y un caballero con un mandoble, acabando con uno de sus vecinos.

Una ira ferviente le dio fuerzas para aguantar el dolor del golpe que había recibido, y una momentánea satisfacción llegó hasta su corazón cuando sintió que algo ofrecía resistencia al avance de su espada mientras esta se deslizaba a través de ello.

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#4

Absolon sintió el frío filo de la espada atravesando su hombro izquierdo. El dolor le nubló la visión y recordó las situaciones que lo llevaron hasta esa situación, incluyendo la orden de un rey en el cual estaba perdiendo la fe. Su oponente había adquirido una ventaja considerable, aun con el precio de que su frente estuviese sangrando por su frente. Como mucho le quedaban unos segundos antes de que la sangre le cubriese la vista, lo que significaría su final.

Aprovechando el momento, el caballero dio un puñetazo en la cara a Didier con la derecha, sin soltar el mandoble, que colgaba de su brazo izquierdo. Este no le respondía. Unos segundos pasaron mientras ambos volviesen a acometer.

El golpe apenas fue sentido por el guerrero, y aunque su nariz estuviese rota, volvió a recuperar el impulso con la espada para hacer una última estocada con las dos manos, pues en ese mismo instante soltó su escudo. Su oponente vio sus intenciones y llevó su mano derecha al mango del mandoble para defenderse. Absolon deseaba con todas sus fuerzas sobrevivir a ese encuentro, deseaba poder vivir para redimirse de todo el dolor que había causado, deseaba poder dormir una vez más sin que las pesadillas de sus acciones le persiguiesen. Pero entonces se fijó en rostro de su contrincante.

Los dos aceros chocaron una vez más acompañados por el rugido de esfuerzo de ambos. Y estos se alejaron un poco por el impacto, esto dio lugar a los últimos momentos de la batalla, pues Absolon comenzó a dar un ataque con sus últimas fuerzas, alzando el mandoble con una sola mano para aplastar a su enemigo, y Didier aferró su arma con sus dos manos, tan fuerte como pudo, mientras se abalanzaba para dar un último estoque en el que se jugaba todo, ya que la sangre de su frente le comenzaba a impedir la visión.

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#5

El tiempo se detuvo en el instante en que ambos estaban a punto de conectar sus ataques. En ese momento, cada uno lo comprendió todo teniendo aquella pelea como una conversación entre ellos. La ira estaba consumiendo a Didier, que se hallaba estancado en busca de un objetivo que no fuese la oscuridad de la venganza. Necesitaba la victoria para poder ser un hombre libre otra vez, mientras que Absolon la deseaba para poder redimirse. A ese punto, su único deseo era derrocar al señor que le ordenó purgar una inocente aldea, privándole de paz interior.

Estaba claro que Absolon poseía mejores habilidades, mejor técnica, y aquella herida que había recibido en el hombro no había sido más que una sorpresa ante la determinación de su oponente, pero la expresión de Didier, una mezcla de emociones que le destruían nublaban su juicio, le hizo pensar que quizá, esa determinación merecía una segunda oportunidad. De todas formas, ¿qué iba a saber un célibe caballero de lo que era perder todo cuanto se podía perder?

Didier entonces vio cómo su enemigo titubeaba, así que extendió su dolorido cuerpo con un grito que comunicaría a los cuatro vientos que se merecía un nuevo inicio. Absolon vio bajar su mandoble, escuchaba el silbido del metal y podía percibir las vibraciones de este al moverse. Su contrincante en cambio, sentía cómo toda su energía imbuía su ataque desvaneciéndose por el cansancio, y sus cuerdas vocales se destrozaban con la fuerza de su rugido. Vio el amanecer a su derecha con su visión periférica, y luego sintió como su espada atravesaba el pecho de Absolon.

Este momento se prolongó durante unos segundos, ya que la sorpresa de Didier era inimaginable. Por fin la ira se había esfumado, por fin, la pesada carga de todo aquello cuanto había sufrido le abandonaba dejando la tristeza de haber acabado con la vida de una persona que le estaba sonriendo.

Ambos se dejaron caer sobre la hierba, y tras recuperar el aliento, Didier dijo con una felicidad que no había experimentado desde el día en que todo aquello dio inicio:
- Gracias... -mientras que unas cálidas lágrimas recorrían su rostro.

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